{"id":387457,"date":"2016-05-09T08:07:51","date_gmt":"2016-05-09T06:07:51","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387457"},"modified":"2016-07-26T17:07:18","modified_gmt":"2016-07-26T15:07:18","slug":"federico-ozanam-1813-1853-iii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-1813-1853-iii\/","title":{"rendered":"Federico Ozanam (1813-1853) (III)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-387450 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/Federico-Ozanam-1-268x300.jpg?resize=268%2C300\" alt=\"Federico Ozanam-1\" width=\"268\" height=\"300\" \/>LOS A\u00d1OS DE JUVENTUD<\/p>\n<p>Pocas veces la vida de un hombre habr\u00e1 estado tan se\u00f1alada por la influencia de sus padres y por la precocidad de su inteligencia. Criado en una familia sin gran riqueza material, por un padre de fuerte personalidad, y una madre de gran piedad, dotado de una vasta cultura desde la adolescencia, en la madurez a los diecisiete a\u00f1os, el joven Federico conservar\u00e1 una verdadera nostalgia de su juventud. Sus or\u00edgenes familiares se sal\u00edan un poco de lo com\u00fan, sus padres se entend\u00edan de maravilla, adoraba a sus dos hermanos, se apasionaba por los estudios y se re\u00eda mucho: toda esta felicidad le dejar\u00e1 hermosos recuerdos. En una oraci\u00f3n que redact\u00f3 en abril de 1853, escrib\u00eda: \u00abDios m\u00edo, el primer favor que me hicisteis es haberme dado unos padres as\u00ed. Hab\u00e9is hecho algo m\u00e1s, al otorgarles el secreto de educar bien a sus hijos. En medio de sus fatigas, \u00bfpodr\u00e1 alguien acusar a mi padre de descuidar nuestros estudios? Y a mi madre, \u00bfle falt\u00f3 alguna vez la paciencia, la dulzura dentro de la firmeza? No perd\u00eda nunca las riendas, y con todo no sent\u00edamos el peso de su mano, Si un d\u00eda mi hija educa a hijos, le recomiendo esta conducta: de esta forma es como se llega a inspirar sentimientos generosos, se dan alas al esp\u00edritu, y se le habit\u00faa a inclinarse al bien por un impulso del que se siente orgulloso'\u00bb.<\/p>\n<p>LA FAMILIA OZANAM<\/p>\n<p>\u00abA mi padre le gustaban las ciencias, el arte, el trabajo\u00bb, dec\u00eda Federico; \u00abnos inspiraba el gusto por lo grande y por lo bello. Era tambi\u00e9n de fuerte personalidad que dej\u00f3 una impronta profunda en sus tres hijos.<\/p>\n<p>Juan Antonio Ozanam hab\u00eda nacido el 19 de julio de 1773 en Bourg, cerca de Lion, en la Bresse. Su padre, Benedicto (1729-1800), era magistrado: notario real (es decir juez de primera instancia) en los Dombes en 1756, ocup\u00f3 diversos cargos en la regi\u00f3n y llego a ser gentilhombre. Casado en 1762 con una joven de la baja aristocracia local, lleg\u00f3 a ser notable de categor\u00eda y consejero tenido en mucho por sus conciudadanos.<\/p>\n<p>En 1793, el Terror le despoj\u00f3 de todo y le meti\u00f3 en la c\u00e1rcel, pero pudo librarse del cadalso y recuperar una responsabilidad administrativa. Su mujer, Elisabeth, tan bajita y vivaz como alto y afable era \u00e9l, se hac\u00eda estimar de todos y ejerci\u00f3 una gran influencia sobre su hijo Juan Antonio.<\/p>\n<p>\u00c9ste entr\u00f3 en el colegio de Bourg en 1784, luego, despu\u00e9s del curso de ret\u00f3rica, parti\u00f3 para estudiar la filosof\u00eda en Lion. En 1792, comenz\u00f3 su formaci\u00f3n de cobrador del registro, sin llegar a ocupar el puesto que hab\u00eda logrado: los sobresaltos de la Revoluci\u00f3n y la guerra que estallaba le obligaron a tomar las armas.<\/p>\n<p>En primer lugar movilizado all\u00ed mismo, entra en 1794 en el primer regimiento de h\u00fasares y sale para el Delfinado, no sin tratar, con terrible inconsciencia, de hacer liberar a su padre penetrando, con las armas en la mano, en la sala del tribunal revolucionario. La muerte de Robespierre los salva a los dos, y el joven h\u00fasar sale de campa\u00f1a. Su carrera militar va durar cinco a\u00f1os, y llegar\u00e1 a conocer la mayor parte de los campos de batalla de Italia. Subteniente en 1795, se distingue en Mondovi, en Rivoli y en el paso del Tagliamento tras el cual Bonaparte lo condecora.<\/p>\n<p>Pero se cansa de esta vida militar, y el deseo de crearse una posici\u00f3n le acucia. Adem\u00e1s, sue\u00f1a con la medicina: su padre quer\u00eda hacer de \u00e9l un magistrado, y \u00e9l hab\u00eda renunciado con tristeza a esta vocaci\u00f3n. Un c\u00famulo de circunstancias le va a permitir volver sobre sus pasos: liberado en 1799, comienza por instalarse en Lyon para hacer comercio. No es lo que se dice un acierto, y ha de explorar r\u00e1pidamente otros caminos.<\/p>\n<p>Se cas\u00f3 en 1800, alg\u00fan tiempo antes de la muerte de su padre, tiene dos hijos, su madre acaba de desaparecer a su vez: todo le empuja a intentar una nueva aventura.<\/p>\n<p>Comienza por marcharse a Mil\u00e1n con su familia y una criada. All\u00ed se encuentra con un cirujano lion\u00e9s quien le presenta a unos profesores de medicina. Juan Antonio Ozanam toma entonces sus libros y, con m\u00e1s de treinta a\u00f1os, comienza sus estudios de medicina. Su trabajo tenaz se ver\u00e1 recompensado en diciembre de 1810 con el diploma de doctor en medicina por la universidad de Pav\u00eda: ya puede ejercer, no sin abandonar sus investigaciones. Hasta el final de su vida, no dejar\u00e1 de publicar trabajos y art\u00edculos sobre la medicina, la qu\u00edmica, la historia, la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>Su hijo Federico se sent\u00eda particularmente orgulloso de todos estos trabajos paternos de los que, es preciso decirlo, no queda nada de importancia hoy. Condecorado por su acci\u00f3n incansable entre los millares de heridos repatriados hacia Mil\u00e1n en 1814, decide volver a Francia despu\u00e9s de la ocupaci\u00f3n de la Lombard\u00eda por los Austriacos. Llegado a Lyon en 1816 con su mujer y sus cinco hijos, entre los que se cuenta Antonio Federico, nacido en 1813, el doctor Ozanam es nombrado m\u00e9dico en el Hospital General. Este puesto, que ocup\u00f3 durante quince a\u00f1os, no le impidi\u00f3 proseguir incansablemente sus trabajos y, sobre todo, ejercitar una caridad que dejar\u00e1 un sello indeleble en el alma de su hijo: \u00abC\u00f3mo extra\u00f1arse\u00bb, escribe Alfonso Ozanam en la biograf\u00eda de su hermano, \u00abde la especie de culto que Federico tributaba a su padre; de la estima que ten\u00eda por su ciencia y sus talentos; del amor tan tierno de que le rodeaba! Esta vida tan laboriosa de la que hab\u00eda sido testigo iba a convertirse en el modelo de la suya.\u00bb<\/p>\n<p>A menudo, cuidaba de los pobres gratuitamente y hasta les ayudaba con su propio dinero. Nunca faltaba a misa: como miembro de la cofrad\u00eda del Sant\u00edsimo Sacramento, nunca se perd\u00eda una procesi\u00f3n, le\u00eda la Biblia, algo relativamente raro por aquella \u00e9poca, y dirig\u00eda cada noche la oraci\u00f3n de su peque\u00f1a familia (de sus catorce hijos s\u00f3lo hab\u00edan sobrevivido tres ni\u00f1os). En estas condiciones, nada tiene de extra\u00f1o que Alfonso fuera sacerdote, Federico cat\u00f3lico comprometido, y Carlos m\u00e9dico&#8230;<\/p>\n<p>Cuando su padre muri\u00f3, el 12 de mayo de 1837, de una ca\u00edda est\u00fapida en la casa de un indigente, Federico escribi\u00f3 a su amigo Amp\u00e9re: \u00abLos que no lo han experimentado no pueden decir qu\u00e9 vac\u00edo produce la privaci\u00f3n de un solo hombre, cuando lo rodeaba tanto respeto y tanto amor, [&#8230;] cuando \u00e9l era con toda verdad entre los suyos la presencia visible de la Divinidad.\u00bb<\/p>\n<p>A la muerte de su marido, Mar\u00eda Ozanam ten\u00eda cincuenta y cinco a\u00f1os. Nacida en<\/p>\n<p>Lyon el 15 de julio de 1782, era hija de un comerciante de sedas que fue administrador del Hospital General de Lyon antes de la Revoluci\u00f3n, luego capit\u00e1n de la guardia nacional, Mateo Nantas. Cuando iba a ser nombrado juez de la ciudad, el Terror le empuj\u00f3 a tomar las armas contra el poder central. Pero el ej\u00e9rcito de la Rep\u00fablica puso sitio a la ciudad, y cuando Lyon cay\u00f3, Nantas y su hijo Juan Bautista fueron arrestados inmediatamente.<\/p>\n<p>S\u00f3lo una evasi\u00f3n permiti\u00f3 al padre de Mar\u00eda Ozanam escapar de la muerte: su mujer y su hija lograron unirse a \u00e9l en Suiza, mientras que el pobre Juan Bautista fue pasado por las armas con varias decenas de compa\u00f1eros suyos. Contaba diecinueve a\u00f1os. Los Nantas regresaron a Lyon en 1795, y el padre de Mar\u00eda pudo reanudar el curso de sus asuntos. Su hija, afectada por el recuerdo de los ca\u00f1onazos, de las masacres, del miedo, segu\u00eda triste e inquieta. La educaci\u00f3n que le dio su madre, austera y sin alegr\u00eda, no arregl\u00f3 apenas las cosas, y conoci\u00f3 toda su vida los tormentos de la angustia.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de su matrimonio con Antonio Ozanam, a los dieciocho a\u00f1os, se consagr\u00f3 a su vida interior y a sus hijos. Tuvo la desgracia de perder a once, entre ellos a su hija mayor Elisa, muerta a los dieciocho a\u00f1os de una meningitis fulminante y cuyo recuerdo permaneci\u00f3 vivo en la familia.<\/p>\n<p>Conservaba el recurso de la religi\u00f3n: como todas las mujeres de su generaci\u00f3n, hab\u00eda adquirido la experiencia de las persecuciones, del odio, de la traici\u00f3n, de la violencia ciega. Era evidente que educar\u00eda a sus hijos en el respeto absoluto a los preceptos de la religi\u00f3n y en la compasi\u00f3n por los pobres y los enfermos. Ella los rode\u00f3 tambi\u00e9n de una solicitud a toda prueba, hasta en la edad adulta. Federico, que padec\u00eda de ansiedad, disfrutaba con ello. \u00abMi buena madre, le escrib\u00eda de Par\u00eds, tengo que agradeceros en primer lugar los buenos consejos de todo g\u00e9nero que ten\u00e9is a bien darme.[&#8230;] Qu\u00e9 buena sois al preocuparos por mis tardes de domingo.[&#8230;] Oh! os aseguro que os echo mucho en falta, sobre todo en esos momentos [&#8230;]. Ya se acerca Navidad: pedir\u00e9 por vos, vos pedir\u00e9is por m\u00ed, querida madre. Dios nos escuchar\u00e1 a los dos.\u00bb Pero la solicitud materna pod\u00eda hacerse pesada: \u00abOs quej\u00e1is, pobre mam\u00e1, de que vuestro hijo os abandona, de que ya no tiene con vos aquellas conversaciones cordiales, aquellos momentos de sinceridad de otro tiempo, de que ya no os hable de lo que hace ni de lo que siente: os limit\u00e1is a &#8216;imaginaros&#8217; que ten\u00e9is un hijo, y no ten\u00e9is otra prueba de su existencia que el dinero que se ha de pagar por \u00e9l todos los meses&#8217;.\u00bb<\/p>\n<p>El estilo ampuloso de la \u00e9poca no logra enmascarar la irritaci\u00f3n&#8230; Aunque los verdaderos sentimientos de Federico se expresen sin ambig\u00fcedad en el momento de la muerte de su madre: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 p\u00e9rdida para <sup>.<\/sup>los intereses religiosos de mi alma! Dulces exhortaciones, poderosos ejemplos; fervor que calentaba mi tibio coraz\u00f3n, \u00e1nimos que levantaban mis fuerzas! Y tambi\u00e9n era ella cuyas primeras ense\u00f1anzas me hab\u00edan dado la fe, ella que era para m\u00ed como una imagen viva de la santa Iglesia, madre nuestra tambi\u00e9n, ella que me parec\u00eda la m\u00e1s perfecta expresi\u00f3n de la Providencia. Por ello creo sentirme poco m\u00e1s o menos como los disc\u00edpulos deb\u00edan estar despu\u00e9s de la Ascensi\u00f3n del Salvador: estoy como si la Divinidad se hubiera apartado de m\u00ed.\u00bb<\/p>\n<p>La p\u00e9rdida de su marido hab\u00eda alterado la salud de Mar\u00eda: a menudo, ella lloraba a su \u00abpobre Oza\u00bb, y exclamaba: \u00abDios m\u00edo, \u00a1Qu\u00e9 desdichada soy!\u00bb Luego correg\u00eda: \u00abSin embargo, c\u00f3mo os bendigo por haberme dado tan buenos hijos!\u00bb Ella continuaba ocup\u00e1ndose de sus buenas obras, en especial de las \u00abveladoras\u00bb, enfermeras voluntarias en favor de los pobres de cuya instrucci\u00f3n se encargaba. Pero su coraz\u00f3n le fall\u00f3, y se apag\u00f3 despu\u00e9s de una breve agon\u00eda el 14 de octubre de 1839.<\/p>\n<p>En dos a\u00f1os, Federico Ozanam hab\u00eda perdido a su padre y a su madre. Sab\u00eda lo que les deb\u00eda, y nunca dej\u00f3 de rendirles homenaje sincero: \u00abMi padre no os era conocido\u00bb, escrib\u00eda a un amigo, \u00abpero vos me conoc\u00e9is, a m\u00ed, su hijo: y si alguna vez vuestra benevolencia encontr\u00f3 en m\u00ed algo que no os agrad\u00f3, de \u00e9l me llegaba, de sus consejos, de sus ejemplos\u00bb. Y exclam\u00f3: \u00abDichoso el hombre a quien Dios da una madre santa!\u00bb. FEDERICO<\/p>\n<p>Fue el 23 de abril de 1813 cuando vino al mundo en v\u00eda San Pietro en el Orto, Mil\u00e1n, Antonio Federico, quinto hijo del doctor Ozanam, y de Mar\u00eda Nantas. S\u00f3lo sobreviv\u00edan entonces Elisa, nacida en 1801, y Alfonso, de nueve a\u00f1os, que ser\u00e1 el bi\u00f3grafo de su hermano. Federico, quien s\u00f3lo conservar\u00e1 el segundo nombre, era un ni\u00f1o enfermizo cuya fragilidad produc\u00eda inquietudes a sus padres. Sin embargo, era muy vivaz, y habl\u00f3 muy temprano: su hermana le ense\u00f1\u00f3 f\u00e1bulas de Fontaine, y consigui\u00f3 hermosos \u00e9xitos familiares recit\u00e1ndolas con gracia y convicci\u00f3n.<\/p>\n<p>Desde sus primeros a\u00f1os, vivi\u00f3 ba\u00f1ado en una profunda religiosidad, y su sensibilidad a flor de piel le hac\u00eda derramar l\u00e1grimas por los sufrimientos de los ni\u00f1os m\u00e1s desgraciados que \u00e9l o por los enfermos de su padre. \u00c9l mismo sufri\u00f3 a los seis a\u00f1os un acceso de tifus muy grave: durante varios d\u00edas estuvo entre la vida y la muerte, al cuidado de dos m\u00e9dicos llamados por su padre, que no se atrev\u00eda a curarle en persona. Remedios y oraciones se suced\u00edan sin gran esperanza, despu\u00e9s el delirio ces\u00f3 y Federico pidi\u00f3&#8230; cerveza! Le dieron de beber y la enfermedad remiti\u00f3. Su convalecencia fue muy larga pero, al cabo de algunos meses, se encontr\u00f3 con una salud perfecta. Durante cerca de treinta a\u00f1os, no iba a conocer m\u00e1s la menor molestia f\u00edsica, lo que le permiti\u00f3 trabajar sin descanso.<\/p>\n<p>Una vez que le fue posible, emprendi\u00f3, bajo la direcci\u00f3n de su padre y de su hermano mayor, el estudio de la geograf\u00eda, de la historia sagrada, del lat\u00edn y de la geometr\u00eda. El doctor Ozanam so\u00f1aba para \u00e9l con la cerrera de magistrado, como su propio padre, o, mejor todav\u00eda, de matem\u00e1tico, como el antepasado Santiago.<\/p>\n<p>\u00c9ste era el orgullo de la familia. Nacido en 1640 en la Bresse, procedente de una rica l\u00ednea quiz\u00e1s de origen jud\u00edo, algo de lo que Federico se sent\u00eda orgulloso, el tatarat\u00edo abuelo Santiago Ozanam fue un c\u00e9lebre sabio. Destinado por su padre al estado eclesi\u00e1stico, sent\u00eda mucho m\u00e1s inter\u00e9s por las matem\u00e1ticas. La teolog\u00eda no le retuvo mucho tiempo, si bien su piedad no ofrec\u00eda ninguna duda: a los veinte a\u00f1os pudo elegir, y dej\u00f3 el seminario al momento.<\/p>\n<p>Llegado a Lyon para dar clases, le cupo pronto en suerte poder marcharse a Par\u00eds con el fin de consagrarse por entero a las ciencias. Gracias a la protecci\u00f3n del canciller de Aguesseau, obtuvo una c\u00e1tedra en la universidad y, desde ese momento, multiplic\u00f3 los trabajos de investigaci\u00f3n y las obras de vulgarizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En 1701, fue nombrado a la Academia real de las Ciencias, lo que oblig\u00f3 a decir a Fontenelle que la noble asamblea consideraba \u00abuna gloria poseerle\u00bb.<\/p>\n<p>Federico admiraba a este sabio <em>y <\/em>piadoso matem\u00e1tico que no dudaba en citar la Escritura para reforzar sus demostraciones, en diseminar por todos sus libros amplios extractos de los poemas de Virgilio, ni en apelar a los Padres de la Iglesia como recurso&#8230;<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de su muerte, acaecida en 1717, los numerosos vol\u00famenes escritos por Santiago Ozanam fueron reeditados varias veces, y, durante el periodo revolucionario, su nombre apareci\u00f3 en almanaques de \u00abgrandes hombres de la naci\u00f3n\u00bb al lado de Bayard, Gast\u00f3n de Foix, Bossuet, Racine o Vauban.<\/p>\n<p>El se\u00f1or B\u00e9lidor, censor real, \u00bfno escrib\u00eda a modo de prefacio, en la edici\u00f3n de 1748 del <em>\u00abDictionnaire de math\u00e9matiques\u00bb, <\/em>que las obras de Ozanam hab\u00edan \u00abservido hasta ahora de escuela a casi todos aquellos que se aplicaron a las matem\u00e1ticas desde que fueron tenidas en Europa como la base de todas las ciencias\u00bb?<\/p>\n<p>En 1823, entr\u00f3 en el Colegio real de Lyon que dirig\u00eda por entonces el abate Rousseau y que ten\u00eda por alumnos a los hijos de familia m\u00e1s dotados de la regi\u00f3n. El joven Ozanam no era por supuesto el m\u00e1s rico, \u00e9l que escrib\u00eda en 1836: \u00abArdo en deseos de dar gracias a Dios por haberme hecho nacer en una de esas posiciones entre la necesidad y el desahogo, que habit\u00faan a las privaciones sin permitir en absoluto ignorar los deleites rico, \u00e9l que escrib\u00eda en 1836: \u00abtengo deseos de dar gracias a Dios por haberme hecho nacer en una de esas posiciones entre la necesidad y el desahogo, que acostumbran a las privaciones sin permitir en absoluto olvidar los deleites; donde no se puede dormir en la saciedad de todos los deseos, sino que tampoco se siente uno distra\u00eddo por los cuidados continuos de la necesidad.\u00bb<\/p>\n<p>El ni\u00f1o delgado de cara fina, inteligente, de frente rugosa por la reflexi\u00f3n, se encontr\u00f3 inmediatamente entre los mejores: dada su fragilidad f\u00edsica, hab\u00eda que frenar su ardor, y \u00e9l impresionaba a sus profesores por su precisi\u00f3n, la concisi\u00f3n de su estilo, la claridad de sus an\u00e1lisis unida a la sobriedad de sus palabras.<\/p>\n<p>Sobresal\u00eda particularmente en los trabajos de s\u00edntesis y en las versiones latinas; Virgilio era de su preferencia, como un eco lejano de los libros del abuelo-t\u00edo Santiago. Pero ya escrib\u00eda frases reveladoras. De esta forma resum\u00eda a los trece a\u00f1os una predicaci\u00f3n escuchada en el colegio: \u00abJ\u00f3venes cristianos, volver\u00e9is al Se\u00f1or. Si os prepar\u00e1is a ser toda vuestra vida buenos cristianos, entonces os dispondr\u00e9is a ser buenos ciudadanos, y a conduciros honrosamente en todas las carreras a las que ser\u00e9is llamados\u00bb.<\/p>\n<p>La religi\u00f3n y el patriotismo estaban a menudo en el meollo de sus ejercicios literarios preferidos, y el martirio de la familia real en 1793 le conmov\u00eda. Llegar\u00e1 incluso a imaginar lo que habr\u00eda podido escribir Mar\u00eda Antonieta en lat\u00edn a su cu\u00f1ada Madame Elisabeth: \u00abQuerida hermana, [&#8230;] voy hacia el triunfo donde me ha precedido mi esposo, poco ha desdichado rey en esta tierra, hoy feliz elegido del cielo [&#8230;] Pero algo me desgarra el coraz\u00f3n: y es verme forzada a abandonar as\u00ed a mi hijo y a mi hija. [&#8230;] Ense\u00f1adles a amar la virtud; otras, \u00a1ay! les habr\u00e1n ense\u00f1ado a sufrir los mayores males. [&#8230;] Que tengan ante todo sus miradas elevadas hacia Cristo, quien, al morir, pidi\u00f3 perd\u00f3n a su Padre por sus verdugos&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Si se examinan sus deberes de escolar y sus poemas de adolescente, se puede preguntar si Ozanam tuvo una juventud. Ciertamente, escribir\u00e1 uno de sus descendientes, estaba lejos de ser el \u00abf\u00f3sil polvoriento\u00bb de imagen \u00abfloja, llorona, beata y un poco almibarada de una escayola sulpiciana\u00bb que trasmitieron sus hagi\u00f3grafos. Le gustaba reirse, montaba farsas y adoraba las tardes en familia en las que con su hermano mayor y su primo Falconnet, jugaba durante horas a la gallinita ciega, dejando el juego s\u00f3lo para humedecer los labios en un vaso de vino blanco y degustar unas casta\u00f1as. Pero lo serio de sus preocupaciones y su sed de aprender le devolv\u00edan pronto a su mesa de trabajo y a sus reflexiones.<\/p>\n<p>\u00abDesde la m\u00e1s tierna edad \u00ab, escribe su hermano\u00bb, \u00abuna educaci\u00f3n eminentemente cristiana\u00bb hab\u00eda hecho \u00abpenetrar profundamente en el coraz\u00f3n de Ozanam la apreciaci\u00f3n de la vanidad de los bienes de este mundo\u00bb. En una oda latina de 1826 justamente titulada <em>De vitae brevitate, <\/em>Federico celebraba \u00abel destino inexorable\u00bb, la \u00abdesgracia del hombre\u00bb que \u00abacaba y muere cuando apenas ha comenzado a vivir [&#8230;]: Creedlo, mis queridos amigos, creedlo; el tiempo posee alas para echarse a volar y huir; no tardar\u00e1 mucho en arrebatarnos con \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>Apenas le gustaban los rom\u00e1nticos y se complac\u00eda en la literatura antigua; pero los primeros ensayos de pluma, con su grandilocuencia impresionante y su ingenuidad verbosa, eran propias de su tiempo&#8230; Mientras compon\u00eda cantidades de poemas latinos del mismo g\u00e9nero y algunas series de piezas en verso franc\u00e9s, al estilo de la \u00e9poca, Ozanam prosegu\u00eda una escolaridad s\u00f3lida y, despu\u00e9s de un brillante curso de ret\u00f3rica coronado, como los precedentes, de numerosos premios, aprob\u00f3 el bachillerato de letras en 1829.<\/p>\n<p>\u00abMe gusta mucho recordar todo lo que s\u00e9 de mi vida, desde mi infancia\u00bb, escrib\u00eda a su madre en 1834. \u00abEl colegio juega en ella un papel divertido\u00bb: se acuerda de los juegos, de los paseos, de las \u00abserias partidas de ajedrez\u00bb. A lo que a\u00f1ade \u00abde vuestras dulces palabras, cuando yo trabajaba en la mesa a vuestro lado y os consultaba sobre mis temas; cuando yo me hallaba en sexto, y os le\u00eda mis discursos franceses cuando estaba en ret\u00f3rica. Los consejos y a veces las reprensiones ben\u00e9volas de pap\u00e1, las largas correr\u00edas hechas con \u00e9l, sus cuentos que yo escuchaba con tanto placer&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Siendo todav\u00eda bachiller Federico, hab\u00eda que pensar en una carrera: descartadas las matem\u00e1ticas, \u00abdeseo hacer de \u00e9l un abogado, o mejor un consejero, un juez en alguna corte real\u00bb, dec\u00eda el padre a su hijo mayor Alfonso. \u00abPosee sentimientos delicados, puros y generosos, y ser\u00e1 un magistrado esclarecido e \u00edntegro.\u00bb Se decidi\u00f3 pues que el joven estudiar\u00eda la pr\u00e1ctica de la abogac\u00eda con un procurador oficial, luego ir\u00eda a hacer su derecho a Par\u00eds.<\/p>\n<p>Lo menos que se puede decir es que Federico sent\u00eda escaso entusiasmo: la filosof\u00eda, las bellas letras, la apolog\u00eda y la defensa del catolicismo, eso era lo que le apasionaba. El derecho no! Pero a nadie le cab\u00eda en la cabeza que pudiera oponerse a la voluntad paterna, y entr\u00f3 d\u00f3cilmente como pasante en un gran estudio lion\u00e9s. El doctor Ozanam no era sin embargo tonto, y comprendi\u00f3 que deb\u00eda tener en cuenta los verdaderos deseos de su hijo. Por ello le coste\u00f3 unas clases de alem\u00e1n, que revelaron a Federico un universo apasionante y que iba a contar mucho en la continuaci\u00f3n de su carrera y le anim\u00f3 a participar en las justas intelectuales que enfrentaban a cristianos y volterianos por los a\u00f1os de 1829-1830.<\/p>\n<p>Insistiremos m\u00e1s adelante sobre la formaci\u00f3n religiosa del joven Ozanam. Pero desde su adolescencia, se hab\u00eda formado el proyecto de una obra monumental intitulada audazmente \u00abLa demostraci\u00f3n de la religi\u00f3n cat\u00f3lica por la antig\u00fcedad de las creencias hist\u00f3ricas, religiosas y morales\u00bb, nada menos. Y, en medio de las copias fastidiosas de interminables e ins\u00edpidos documentos jur\u00eddicos, no cesaba de pensar en ello. Cuando se le presentaba la ocasi\u00f3n, consultaba a su hermano mayor, sacerdote hac\u00eda poco, y le somet\u00eda los resultados de sus reflexiones. Un poco alarmado, Alfonso intentaba canalizar esta inteligencia ub\u00e9rrima y convencerla, sin gran resultado por lo dem\u00e1s, de que redujera sus intentos sobre \u00abel progreso por el cristianismo\u00bb a dimensiones m\u00e1s razonables.<\/p>\n<p>Siempre se trataba \u00abdel inmenso edificio que se propon\u00eda construir encerraba de alguna manera el resumen de todos sus trabajos, y el pensamiento madre que no ces\u00f3 de cultivar durante toda su vida\u00bb.<\/p>\n<p>El domingo 4 de setiembre de 1831, \u00abal salir de la misa parroquial\u00bb (\u00abaqu\u00ed estoy solo en mi choza. Y qu\u00e9 hacer en una choza como no sea pensar?\u00bb, lo que no es un mal verso&#8230;), aborda su \u00abtema favorito\u00bb: esta obra hacia la cual, seg\u00fan sus propias palabras, convergen todos sus pensamientos, todos sus proyectos, todos sus sue\u00f1os. \u00abDesde que reflexiono sobre la suerte de la humanidad, una idea principal me ha llamado siempre la atenci\u00f3n [&#8230;]: el presente, que viene del pasado, contiene el porvenir.\u00bb Aplicando esta f\u00f3rmula a la religi\u00f3n, concluye con toda naturalidad: \u00abLuego esta cuesti\u00f3n de derecho -\u00bfCu\u00e1l es el porvenir religioso de la humanidad? se desarrolla, se ilumina, y da lugar a esta pregunta de hecho: \u00bfCu\u00e1l fue la religi\u00f3n primitiva?\u00bb Con lucidez, prosigue \u00e9l: \u00abAqu\u00ed es preciso armarse de valor y de resoluci\u00f3n para inmensos estudios: porque fijaos que vamos a dar la vuelta al mundo.\u00bb<\/p>\n<p>Se propone entonces construir una hierograf\u00eda, descripci\u00f3n de todas las religiones antiguas y salvajes; luego una simb\u00f3lica, determinaci\u00f3n de su genealog\u00eda, de sus parentescos y de su descendencia; por fin una hermen\u00e9utica, es decir \u00ablas causas de esta innumerable variedad\u00bb y \u00abel elemento primitivo, universal: el cristianismo\u00bb. Confundi\u00e9ndose el todo en una mitolog\u00eda que, elaborada as\u00ed en un orden anal\u00edtico y racional, llegada a su t\u00e9rmino, puede presentarse bajo la forma de s\u00edntesis o de historia\u00bb.<\/p>\n<p>No puede ocultar su entusiasmo ante el trabajo que le aguarda: \u00abMagn\u00edfica trilog\u00eda, a donde vendr\u00edan a encontrar su origen el cristianismo, su doctrina, su establecimiento, o, [&#8230;] el laborioso alumbramiento de la humanidad, la exposici\u00f3n de la ley que debe regirla, y sus primeros pasos en esta ley divina\u00bb. Cuando Federico escribe esta carta, ya ha publicado algunos art\u00edculos en los cuales aparece lo esencial de sus ideas. Animado por uno de sus antiguos profesores del colegio real, Urbano Legeay, y por el abate Noirot, de quien volveremos a hablar, colaboraba en un peque\u00f1o mensual literario lion\u00e9s, <em>L&#8217;Abeille frangaise. <\/em>Desde 1829, propuso temas de poes\u00eda o de filosof\u00eda.<\/p>\n<p>Sin duda alguna, estos textos son desiguales, pero son reveladores de una brillante inteligencia en gestaci\u00f3n, y de un pensamiento estructurado, dado que su autor no tiene dieciocho a\u00f1os&#8230;<\/p>\n<p>Sin embargo, no resulta in\u00fatil volver a colocar los primeros trabajos de Ozanam en su contexto. El \u00faltimo a\u00f1o de la Restauraci\u00f3n parece crepuscular, y toda la sociedad francesa est\u00e1 agitada de sobresaltos. El rey Carlos X, anciano r\u00edgido, pagado de s\u00ed mismo y nost\u00e1lgico de la monarqu\u00eda absoluta, pierde poco a poco el control del pa\u00eds sin ver venir ni por asomos la crisis decisiva.<\/p>\n<p>La opini\u00f3n m\u00e1s extendida por el pa\u00eds, excepto claro est\u00e1 entre los legitimistas revanchistas, no deja ning\u00fan lugar a la ambig\u00fcedad: los Borbones han llegado en los furgones del extranjero. Claro que en 1814 todo el mundo aspira a la paz despu\u00e9s de la entusiasta pero catastr\u00f3fica epopeya napole\u00f3nica, y nadie siente disgusto al cerrar definitivamente la p\u00e1gina sangrienta de la Revoluci\u00f3n, sobre todo bajo el cayado tranquilizador del buenazo de Luis XVIII. A este respecto, el otorgamiento de una carta al pa\u00eds, el apoyo a la Legi\u00f3n de honor, la continuidad pronto expresada con el r\u00e9gimen precedente, la apertura tolerada a las ideas nuevas, la discreci\u00f3n de las tropas de ocupaci\u00f3n, todo contribuye a tranquilizar los esp\u00edritus.<\/p>\n<p>Pero apenas unos meses m\u00e1s tarde, el Peque\u00f1o Cabo, el Emperador a quien todos temen terriblemente y admiran descaradamente, vuelve a Francia para una loca aventura. Los Cien D\u00edas van a quebrar el fr\u00e1gil consenso, la especie de paz armada, de cohesi\u00f3n resignada que se hab\u00edan instalado en el seno de la naci\u00f3n. Y despu\u00e9s del regreso del rey a Par\u00eds, el contexto es muy distinto: los aliados endurecen su posici\u00f3n, mon\u00e1rquicos enrabietados se lanzan al Terror blanco de siniestro recuerdo, la Carta queda suspendida, el Antiguo R\u00e9gimen restablecido como si nada hubiera ocurrido desde 1789&#8230;<\/p>\n<p>Por suerte, la personalidad pac\u00edfica de Luis XVIII, la habilidad con la que se sirve de sus achaques para hacerse querer, su convicci\u00f3n de que \u00e9l es el rey de todos los Franceses, en una palabra su inteligencia, van a limar poco a poco las asperezas y restablecer la calma.<\/p>\n<p>Por desgracia, muere en 1824, y, por un lamentable concurso de circunstancias, es su hermano el duque de Artois quien le sucede. Es viejo, limitado, mal aconsejado, y su buen natural, as\u00ed como su entrega sincera al pa\u00eds, no pueden compensar su total incapacidad de comprender a su tiempo. Cuando se sabe que una de sus primeras y grandes decisiones, en 1825, es la de coronarse en Reims, se llegar\u00e1 a medir el desfase entre Carlos X y su \u00e9poca. Para convencerse de ello, basta con escuchar la carga par\u00f3dica de Rossini, el compositor l\u00edrico m\u00e1s c\u00e9lebre de la \u00e9poca, en <em>Le Voyage \u00e1 Reims&#8230; <\/em><\/p>\n<p>En un pa\u00eds que siente confusamente que se prepara un mundo nuevo, los \u00faltimos a\u00f1os de la Restauraci\u00f3n van a ser ca\u00f3ticos. Como lo dice Didier Ozanam en una evocaci\u00f3n de su antepasado: \u00abA nosotros, hombres del siglo XX, nos parece que la historia ha sufrido un aceler\u00f3n y que asistimos a trastornos inauditos\u00bb. Pero por extra\u00f1o que nos parezca, y guardada toda proporci\u00f3n, muchos contempor\u00e1neos de Ozanam ten\u00edan tambi\u00e9n el sentimiento de vivir una \u00e9poca excepcional. De la Revoluci\u00f3n de 1789, de las guerras del Imperio, Europa y sobre todo Francia hab\u00edan salido convulsionadas. Y no se trataba de descansar un poco; ya se perfilaban, para los ojos espabilados, otras y temibles perspectivas: la revoluci\u00f3n industrial \u2014la de las m\u00e1quinas, de los suburbios de la miseria- y la revoluci\u00f3n social que iba a desembocar en una serie de revueltas y de des\u00f3rdenes, como consecuencia de no haber sido encarada con un esp\u00edritu de justicia.\u00bb<\/p>\n<p>A todo ello se ha de a\u00f1adir un debate de ideas extremadamente virulento: por un lado, los liberales \u00abvolterianos\u00bb, herederos de los libertinos del siglo XVIII y del esp\u00edritu de la Ilustraci\u00f3n, decididos a mandar otra vez a las mazmorras de la historia a la monarqu\u00eda y a la religi\u00f3n; por otro, los cat\u00f3licos legitimistas, empe\u00f1ados en volver a 1788 y en olvidar hasta el recuerdo de la \u00abGran Revoluci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Y en medio, en torno a algunos pensadores aislados, j\u00f3venes cat\u00f3licos en busca de una tercera v\u00eda que reconciliara la tradici\u00f3n del pasado cristiano, las conquistas de 1789 y la apertura al mundo nuevo. Sin duda alguna, Federico era de \u00e9stos: \u00abSiento que el pasado se derrumba\u00bb, escrib\u00eda en 1831, \u00abque las bases del viejo edificio se han conmovido y que una sacudida terrible ha cambiado la faz de la tierra\u00bb. Un poco m\u00e1s tarde, a\u00f1ad\u00eda: \u00abValor es cierto <sup>\u00a0<\/sup>que necesitamos para la \u00e9poca en que vivimos, y m\u00e1s todav\u00eda para la que vamos a vivir, todos los esp\u00edritus cultos anuncian que hemos llegado a un periodo de cat\u00e1strofes y de divisiones universales\u00bb. Entonces, es preciso abandonarse a la Providencia y trabajar en el servicio de Dios, de la Iglesia y de los hombres en el mundo tal como es.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de <em>L&#8217;Abeille, <\/em>donde \u00e9l afina su pluma y su pensamiento, Ozanam apunta para s\u00ed cantidad de reflexiones y devora cuantos antiguos papelorios le parecen interesantes: no es nada raro ver a este peque\u00f1o adolescente miope de cabellera \u00abmerovingia\u00bb, como le denomin\u00f3 un testigo, salir de su estudio de magistrado con un libro en la mano y marchar sin rumbo chocando con todo a su paso, del todo absorto en su lectura.<\/p>\n<p>Hacia finales del a\u00f1o 1830, los utopistas sansimonianos, antepasados lejanos de los marxistas del siglo XX, enviaron a Lyon a algunos de sus mejores pros\u00e9litos. \u00c9stos organizaron reuniones p\u00fablicas, difundieron las obras de su fundador, entre ellas <em>Le Nouveau Christianisme, <\/em>y publicaron numerosos art\u00edculos en la prensa local. No consiguieron ning\u00fan \u00e9xito formidable, pero Federico no dej\u00f3 pasar la ocasi\u00f3n de exponer m\u00e1s ampliamente su pensamiento frente a adversarios dignos de \u00e9l.<\/p>\n<p>Dos o tres estudios aparecidos en <em>Le Pr\u00e9curseur <\/em>le sirvieron de esquema para un folleto de cien p\u00e1ginas que mand\u00f3 imprimir en abril de 1831: <em>R\u00e9flexions sur la doctrine de Saint-Simon. <\/em>Comienza por denunciar en \u00e9l la visi\u00f3n sansimoniana de un cristianismo obsoleto, \u00abque absorbe todas las facultades del hombre en la contemplaci\u00f3n de misterios trasnochados y de un culto rid\u00edculo\u00bb. Para \u00e9l, por el contrario, la ciencia y el progreso deben sus mayores \u00e9xitos, a trav\u00e9s de los siglos, a los sabios creyentes. Adem\u00e1s, advierte, lejos de periclitar, como pretenden los sansimonianos, el catolicismo no hace m\u00e1s que crecer en todo el mundo.<\/p>\n<p>Luego se encara con la \u00abIglesia\u00bb sansimoniana misma, especie de \u00abpante\u00edsmo\u00bb est\u00e9ril salido de un revoltijo de \u00abdeshechos amontonados de esas concepciones hel\u00e9nicas en las que se entremezclan\u00bb elementos \u00abtrasnochados, incoherentes, modificados seg\u00fan las exigencias de la \u00e9poca\u00bb. Con pluma acerada, concluye sobre la doctrina sansimoniana: \u00abLa historia la desmiente, la conciencia de la humanidad la reprueba, el sentido com\u00fan rechaza sus dogmas; su revelaci\u00f3n es una f\u00e1bula, su novedad es una decepci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Federico recibi\u00f3 muchos elogios despu\u00e9s de la publicaci\u00f3n de su texto. No se puede negar que su celo y su entusiasmo eran a veces m\u00e1s convincentes que su l\u00f3gica, pero tampoco es menos cierto que, en este peque\u00f1o folleto, hab\u00eda echado el germen que deb\u00eda ocupar toda su vida.\u00bb Ni el gran Lamartine que felicit\u00f3 con calor a este joven desconocido, ni Lamennais, que hizo aparecer una cr\u00edtica halagadora en L&#8217;Avenir, se equivocaron: habr\u00eda que contar un d\u00eda con Ozanam.<\/p>\n<p>Unos meses antes, el 15 de enero de 1831, hab\u00eda enviado a su amigo Hip\u00f3lito Fortoul, antiguo condisc\u00edpulo en el colegio real que ser\u00e1 un d\u00eda ministro de instrucci\u00f3n p\u00fablica, una verdadera carta-programa que es un documento capital para comprender al hombre.<\/p>\n<p>A la pregunta de Fartoul, que estudia derecho en Par\u00eds: \u00abQu\u00e9 se piensa en provincias [los Borbones han desaparecido seis meses antes, el Antiguo R\u00e9gimen se ha desmoronado definitivamente en beneficio de una monarqu\u00eda constitucional y burguesa, los liberales anticat\u00f3licos est\u00e1n en primera l\u00ednea]?\u00bb, Federico responde: \u00abPara hablar de una manera filos\u00f3fica, en provincias, no se piensa, o al menos se piensa muy poco. [&#8230;] El orden material, una libertad moderada, pan y dinero, eso es todo lo que se pide; cansados de las revoluciones, lo que se desea es descanso; en una palabra, nuestros hombres de provincias no son ni hombres del pasado, ni hombres del futuro: son hombres del presente.\u00bb<\/p>\n<p>En este contexto, sin haber cumplido los dieciocho a\u00f1os se consagra a los estudios apartado de la sociedad \u00abpara poder entrar en ella luego de una manera m\u00e1s provechosa para ella\u00bb. Por eso, dice, \u00abtodav\u00eda estamos demasiado verdes, todav\u00eda no estamos bastante alimentados de la savia vivificadora de la ciencia para poder ofrecer frutos maduros a la sociedad. D\u00e9monos prisa, y, mientras la tempestad derriba unas cuantas cabezas, crezcamos a la sombra y silencio, para encontrarnos hombres formados, con plenas fuerzas, cuando hayan pasado los d\u00edas de transici\u00f3n y seamos necesarios.\u00bb<\/p>\n<p>Est\u00e1 convencido de que el mundo cambia: \u00abPero cu\u00e1l ser\u00e1 la forma, cu\u00e1l ser\u00e1 la ley de la sociedad nueva? Yo no pretendo decidirlo. No obstante, lo que creo poder asegurar, es que hay una Providencia y que esta Providencia no ha podido abandonar durante seis mil a\u00f1os a criaturas racionales [&#8230;] al perverso genio del mal y del error, [&#8230;] Es claro que ha habido verdades en el mundo. Estas verdades hay que hallarlas, hay que desprenderlas del error que las envuelve; es preciso buscar en las ruinas del mundo antiguo la piedra angular sobre la que se reconstruir\u00e1 el nuevo.\u00bb<\/p>\n<p>Seguramente que esta \u00abpiedra de espera\u00bb, adaraja, es la \u00abrevelaci\u00f3n primitiva\u00bb: \u00abLa primera necesidad del hombre, la primera necesidad de la sociedad son las ideas religiosas: el coraz\u00f3n tiene sed del infinito. Por otra parte, si existe un Dios, si existen hombres, tiene que haber lazos entre ellos. Y por ello una religi\u00f3n; y una religi\u00f3n primitiva; y m\u00e1s todav\u00eda, existe una religi\u00f3n primitiva, antigua por su origen, esencialmente divina, y por la misma raz\u00f3n esencialmente verdadera. Esta es la herencia, transmitida desde arriba al primer hombre y del primer hombre a sus descendientes, la que me siento obligado a investigar.\u00bb<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de la historia, a\u00f1ade Ozanam, la verdad religiosa \u00abse ha encontrado en todos los pueblos\u00bb, pero \u00abcorrompida, mezclada con todas las f\u00e1bulas y con todos los errores\u00bb. Llegado aqu\u00ed en sus reflexiones, salta de gozo: \u00abNecesitaba algo s\u00f3lido a lo que poder asirme [&#8230;] Y ahora, amigos m\u00edos, mi alma se llena de alegr\u00eda y de consuelo, porque de esta forma, por las fuerzas de su raz\u00f3n, ha encontrado este catolicismo que me ense\u00f1aron hace tiempo [&#8230;], el catolicismo con todas sus grandezas, con todas sus delicias!\u00bb<\/p>\n<p>Si vinieran algunos a agruparse en torno a \u00e9l, dice, \u00abjuntar\u00edamos nuestros esfuerzos, crear\u00edamos una obra juntos, otros llegar\u00edan a unirse a nosotros, y tal vez un d\u00eda la sociedad se reuniera toda bajo esta sombra protectora, el catolicismo.\u00bb Mientras se realiza esta visi\u00f3n, premonitoria en lo que se refiere al reagrupamiento de los hombres, Federico contin\u00faa sus trabajos preliminares: las lenguas (el italiano, el alem\u00e1n, el hebreo, el griego, el lat\u00edn&#8230;), la geolog\u00eda, la cosmogon\u00eda, la astronom\u00eda, la historia universal: \u00abSi quiero hacer un libro a los treinta y cinco a\u00f1os, debo comenzar a los dieciocho a\u00f1os!\u00bb<\/p>\n<p>A Fortoul y a sus amigos, quienes deben de sentir v\u00e9rtigo ante un programa as\u00ed, les lanza: \u00absin duda os pon\u00e9is a gritar, os burl\u00e1is de la temeridad de este pobre Ozanam [&#8230;]. Como quer\u00e1is! Yo mismo me he sorprendido de mi atrevimiento; pero \u00bfqu\u00e9 hacer? [&#8230;]. Cuando una voz os grita sin cesar: \u00abHaz esto, yo lo quiero!\u00bb \u00bfse le puede decir que se calle25?\u00bb<\/p>\n<p>Pero ha llegado el tiempo de marcharse de Lyon: Federico ha cumplido los dieciocho, acaba de pasar dos a\u00f1os con su procurador realizando un trabajo por el que sent\u00eda horror, y tiene que ir a la universidad para preparar su diploma en derecho con vistas a la carrera jur\u00eddica decidida por su padre. Para un joven burgu\u00e9s de provincias y dotado, no existe otra opci\u00f3n que Par\u00eds. Sin entusiasmo, desde luego, ya que la capital es una gran ciudad inquietante, vagamente hostil, con sus distritos ricos y cerrados, sus barrios obreros miserables, su barrio latino agitado y descre\u00eddo.<\/p>\n<p>No es que se sienta muy feliz Ozanam al separarse de los suyos, dejando detr\u00e1s de s\u00ed a sus padres, a su respetado hermano mayor el abate Alfonso, a su hermano peque\u00f1o \u00abCharlot\u00bb, de siete a\u00f1os, a su querido primo Ernesto Falconnet, infatigable compa\u00f1ero de juegos, a su padre espiritual el abate Noirot, pero tambi\u00e9n L&#8217;Abeille, a los sansimonianos y a sus j\u00f3venes colegas ya casi liberados del estudio de magistrado, contra quienes hab\u00eda sostenido con frecuencia pol\u00e9micas encarnizadas cuyas peripecias relataba con regusto.<\/p>\n<p>Al finalizar el mes de octubre de 1831, se pone en camino. Pero antes de verle en Par\u00eds y de emprender las grandes etapas de su vida, quiz\u00e1s haya que volverse a su personalidad, a su vida privada, a su recorrido de creyente, a sus amigos. Este panorama de su existencia nos facilitar\u00e1 conocerle mejor a fin de apreciar mejor la profundidad y la riqueza de su mensaje.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LOS A\u00d1OS DE JUVENTUD Pocas veces la vida de un hombre habr\u00e1 estado tan se\u00f1alada por la influencia de sus padres y por la precocidad de su inteligencia. 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Un semanario de acercamiento. Cuando aborda el siglo XIX, su siglo predilecto, el historiador reacciona como el informador. 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