{"id":387396,"date":"2016-05-02T08:13:56","date_gmt":"2016-05-02T06:13:56","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387396"},"modified":"2016-08-26T10:42:35","modified_gmt":"2016-08-26T08:42:35","slug":"la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-iii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-provincia-espanola-de-las-hijas-de-la-caridad-iii\/","title":{"rendered":"La Provincia espa\u00f1ola de las Hijas de la Caridad (III)"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-387242 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/LOGO-HHC.gif?resize=161%2C212\" alt=\"LOGO HHC\" width=\"161\" height=\"212\" \/>D\u00eda memorable en la historia de la Beneficencia espa\u00f1ola ser\u00e1 siempre aquel 26 de mayo de 1790, en cuya tarde llegaron a Barcelona las primeras Hijas de San Vicente. Entre una multitud api\u00f1ada, deseosa de contemplar de cerca a las Hermanas, fueron \u00e9stas recibidas de las autoridades y personas de mayor distinci\u00f3n, y en medio de demostraciones de un j\u00fabilo extraordinario, el Capit\u00e1n General las condujo en su coche a la <u>casa<\/u> llamada de Convalecencia, junto al Hospital de Santa Cruz, mientras se les preparaba su vivienda definitiva.<\/p>\n<p>Entre las personas que se regocijaron aquel d\u00eda, y salieron a cumplimentar a las Hermanas, no fueron los \u00faltimos los Padres de la Casa Misi\u00f3n de Barcelona, quienes, al fin, ve\u00edan cumplidos sus deseos y coronados sus empe\u00f1os de implantar en Espa\u00f1a el Instituto de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Ya suficientemente descansadas de tan largo viaje, el d\u00eda 22 de agosto de aquel a\u00f1o de 1790 fue el designado para ponerlas en posesi\u00f3n formal de sus oficios. Al efecto, los muy Ilustres Se\u00f1ores D. Mariano Pou y D. Rafael Llin\u00e1s, ambos Administradores del Hospital y en nombre de la Junta, junto con el Presidente de \u00e9lla, Ilustr\u00edsimo D. Jaime Roig, pasaron al establecimiento, donde los esperaban D. Francisco Javier de Despujol, Marqu\u00e9s de Palmarola y D. F\u00e9lix de Prats y Santos, Bar\u00f3n de Serra, Comisionados del Sr. Prefecto, Asistente y Consultores de la Congregaci\u00f3n de la Natividad de Nuestra Se\u00f1ora, y Administra\u00addores de la Causa P\u00eda de Darder; todos los cuales, constituidos en el portal por donde se va a las salas de las mujeres enfermas, se procedi\u00f3 a la introducci\u00f3n de las Hijas de la Caridad y a la cesaci\u00f3n de las se\u00f1oras Darderas.<\/p>\n<p>Conviene advertir para mejor inteligencia de los sucesos posteriores que la administraci\u00f3n de los grandes hospitales, en aquella \u00e9poca, sol\u00eda ser una m\u00e1quina muy complicada, puesto que giraba sobre multitud de legados o causas p\u00edas, que dentro del establecimiento, conservaban su autonom\u00eda, por voluntad de los donantes. As\u00ed en el Hospital de Barcelona, hallamos varias de estas fundaciones, como la llamada del Devoto An\u00f3nimo, que ten\u00eda a su cuidado el de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos; la de Darder, que sosten\u00eda doce piadosas mujeres para el cuidado de las enfermas; la de los Hermanos Hospitalarios, que cuidaban de las salas de hombres y \u00faltimamente, el p\u00edo legado de Lupi\u00e1, que se aplic\u00f3 al sostenimiento de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Ya desde el primer d\u00eda surgieron dificultades por parte de las \u00abDarderas\u00bb, a quienes ven\u00edan a sustituir las Hermanas. La Direcci\u00f3n del Hospital lo arregl\u00f3 convenientemente, dejando a las Darderas solamente el cuidado del departamento de las mujeres dementes. Las relaciones de la Junta Administrativa con las Hijas de la Caridad no pudieron ser, en un principio, m\u00e1s cordiales.<\/p>\n<p>Sor Juana David puso en manos de ella una carta de la Madre General, que traducida dice as\u00ed: \u00abSe\u00f1ores, h\u00f3nrome al presentar a Vds. a nuestras queridas Hermanas espa\u00f1olas, a las que debo dar el testimonio m\u00e1s favorable de piedad y buena conducta. Est\u00e1n adornadas de disposiciones las m\u00e1s felices para el desempe\u00f1o de su santo estado, aun cuando no se han ejercitado el tiempo requerido para llegar a la perfecci\u00f3n necesaria, que en su ejercicio, tienen sus Se\u00f1or\u00edas derecho a esperar de ellas: por lo cual hemos resuelto darles una Superiora francesa, del todo instruida en las obras que se nos conf\u00edan. Solamente el feliz \u00e9xito de esta empresa nos ha movido a elegir a una de las asistentas de la Congregaci\u00f3n, persona de mucha virtud. Sacrificio es \u00e9ste para m\u00ed muy costoso, pero lo he hecho por Dios y en honra de esas queridas Hermanas, cuyo regreso a su Patria, sin gu\u00eda que las acompa\u00f1ara en tan largo viaje, no hubiera sido conveniente. Ruego a Vuestras Se\u00f1or\u00edas muy encarecidamente se dignen otorgar a esas queridas Hermanas y a la Hermana francesa su protecci\u00f3n y su benevolencia. Espero que ellas ser\u00e1n dignas de su aprecio por su bondad y disposiciones, y que su conducta merecer\u00e1 la gracia que les pide la que se honra, siendo con el mayor respeto, de Vuestras Se\u00f1or\u00edas, humilde y fiel servidora, Sor Dubois, Superiora General de las Hijas de la Caridad. = Par\u00eds 6 de mayo de 1790. A esta carta respetuosa respondieron los Administradores con otra muy atenta, fecha en 12 de septiembre, d\u00e1ndole cuenta de c\u00f3mo ya las Hermanas asist\u00edan en el hospital y esperaba la Administraci\u00f3n recoger los frutos de su aplicaci\u00f3n, virtudes y trabajo, a la sombra de superiora, por todas circunstancias recomendable.<\/p>\n<p>3.- Con la misma fecha escribi\u00f3 la Junta Administrativa otro oficio al Embajador en Par\u00eds, Conde de Fern\u00e1n Nu\u00f1ez, en los t\u00e9rminos m\u00e1s satisfactorios, al que contest\u00f3 el noble patricio, con fecha 6 de diciembre, con una carta en que manifiesta haber comprendido bien la grandeza de aquella empresa, en que tan celosamente hab\u00eda \u00e9l intervenido y cuyo beneficio deseaba no se redujese al hospital de Barcelona, sino que se dilatase por toda Espa\u00f1a. \u00abLa recompensa, dice, que estoy seguro dar\u00e1n Vuestras Se\u00f1or\u00edas a mi debido celo, ser\u00e1 el continuar promoviendo un establecimiento de utilidad tan reconocida y procurar llegue a di\u00adfundirse por todo el Reino, con lo cual har\u00e1n una obra muy meritoria para con Dios y servir\u00e1n tambi\u00e9n pol\u00edticamente a nuestra patria y as\u00ed conocer\u00e1n que, aunque las cinco o seis Hermanas de la Caridad sean de utilidad en ese hospital, no bastan para asistir a todos los enfermos de \u00e9l y mucho menos para propagar su Santo Instituto, que es a lo que creo deben dirigirse los esfuerzos de Vuestras Se\u00f1or\u00edas\u00bb.<\/p>\n<p>C\u00f3mo honran al noble Embajador frases tan impregnadas de hondo y bienhechor patriotismo. Desgraciadamente los Directores del Hospital de Barcelona ten\u00edan entonces, miras mucho menos amplias y, aunque les cupo la gloria de haber introducido en Espa\u00f1a el Instituto de las Hijas de la Caridad, perdieron la de haber podido ser sus sostenes y propagadores.<\/p>\n<p>Gracias al libro de deliberaciones de la Junta, podemos seguir paso a paso la estancia de las Hermanas y su salida del Hospital de Barcelona. En 5 de noviembre de aquel mismo a\u00f1o de 1790, la Administraci\u00f3n presenta a tres de las Hermanas, Sor Teresa Cort\u00e9s, Sor Clara Bofill y Sor Teresa Colomer para la direcci\u00f3n de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos. Fue elegida la primera.<\/p>\n<p>En 6 de noviembre hicieron los Albaceas del Sr. Marqu\u00e9s de Llupi\u00e1, la escritura de fundaci\u00f3n de Hijas de la Caridad en el Hospital. En 17 n\u00fameros se especifican los deberes y obligaciones de las Hermanas, pero desgraciadamente, algunas disposiciones eran del todo contrarias a sus Santas Reglas. Se daba por descontado que las Hijas de la Caridad hab\u00edan de quedar del todo independientes de los Superiores del Instituto. La admisi\u00f3n de Hermanas quedar\u00eda reservada a los Se\u00f1ores Administradores de la Obra P\u00eda de Llupi\u00e1, y, estando completo el n\u00famero de ellas, la provisi\u00f3n de plazas que fueran vacando, ser\u00eda peculiar de la Administraci\u00f3n del Hospital, excepci\u00f3n de las dos primeras que quedasen vacantes, las cuales deber\u00edan ser provistas, la una por los Marqueses de Lupi\u00e1 y la otra por los de Sarda\u00f1ola. Las Hermanas no har\u00edan voto alguno de perseverancia en la misma casa, ni en sus caritativos servicios y pod\u00edan en uso de su libertad, salirse del Hospital, as\u00ed como tambi\u00e9n podr\u00edan ser despedidas por la Administraci\u00f3n, si, amonestadas cristiana y prudentemente, no se corrigiesen; aunque no sin tener en cuenta para esto el dictamen de la Superiora. La Superiora de la Comunidad ser\u00eda nombrada por la Administraci\u00f3n del Hospital.<\/p>\n<p>Es claro que las Hijas de la Caridad jam\u00e1s podr\u00edan suscribir esos puntos tan opuestos a su vocaci\u00f3n. Esto no pod\u00edan menos de verlo los Se\u00f1ores Albaceas de Llupi\u00e1 y los Directores del Hospital, con la simple lectura de las Santas Reglas de S. Vicente, que acababan de ser traducidas al castellano, por D. Francisco Zamora, Comendador de la Orden de San Juan. Pero se vio que el trato con las Hermanas no hab\u00eda modificado el criterio expuesto por ellos desde el principio, de que no quer\u00edan llevar al Hospital Congregaci\u00f3n alguna ya fundada, sino implantar una nueva, del todo sujeta a su voluntad.<\/p>\n<p>Y lo m\u00e1s inquietante del caso para las Hermanas era que, no s\u00f3lamente los Albaceas y Administradores, sino el mismo Prelado de la Di\u00f3cesis hab\u00eda ya suscrito el nuevo reglamento. S\u00f3lo les quedaba el apoyo de los Misioneros; mas el asunto era muy delicado para ponerse desde un principio en contradicci\u00f3n con tan altas autoridades.<\/p>\n<p>En 18 de febrero de 1791 trat\u00f3 la Junta del Hospital de las constituciones especiales a las Hermanas, pero se juzg\u00f3 que hab\u00eda que esperar para hacerlo a que viniese la real licencia de aplicaci\u00f3n definitiva de la Obra P\u00eda de Llupi\u00e1 a las Hijas de la Caridad, pues mientras tanto todo estaba en el aire.<\/p>\n<p>Con aquella misma fecha se hizo por la Junta la distribuci\u00f3n de oficios entre las 28 Hermanas de la forma siguiente: qued\u00f3 nombrada Superiora Sor Juana David, quien deber\u00eda dar cuenta a la administraci\u00f3n de cuantos caudales entrasen en su poder y de su inversi\u00f3n mensual. Sor Teresa Cort\u00e9s fue destinada al manejo de las criaturas de leche y del gobierno, con las correspondientes muchachas probandas, con obligaci\u00f3n tambi\u00e9n, de dar cuenta de los raudales que manejase en aquel departamento.<\/p>\n<p>A sor Manuela Lecina se le encarg\u00f3 del cuidado de la enfermer\u00eda de las cunas y a Sor Mar\u00eda Blanc y a Sor Luc\u00eda Revent\u00f3s una banda de la sala de Santa Eulalia a cada una, y entre ambas se repartir\u00edan las probandas, tomando cada una las que necesitase.<\/p>\n<p>A sor Josefa Miguel se le encarg\u00f3 la despensa y el cuidado de la Superiora, en cuanto fuese preciso, el guarda ropa y la anotaci\u00f3n de cuentas y caudales.<\/p>\n<p>En 13 de mayo se anota el hecho de haber dado cuenta, por primera vez, Sor Teresa Cort\u00e9s de los caudales que hab\u00edan entrado en su poder. Present\u00f3, adem\u00e1s, dicha Hermana para su aprobaci\u00f3n un plano de parte de la obra proyectada por algunos devotos en la sala del gobierno que estaba al cuidado de ella. Se acord\u00f3 pedir informes sobre este plano al Sr. Administrador D. Mariano Pou.<\/p>\n<p>En 16 del mismo mes se anota que, habiendo manifestado los m\u00e9dicos cu\u00e1n conveniente ser\u00eda a las probandas y a\u00fan a las Hermanas, que salieran por las ma\u00f1anas, un rato, a tomar el aire en aquel tiempo de primavera, resuelve la Junta, que as\u00ed se haga y que vaya siempre con ellas alguna Hermana, seg\u00fan pareciere a la Superiora.<\/p>\n<p>Por acta de 17 de junio sabemos que la Junta hab\u00eda conferido con el Capit\u00e1n General de Catalu\u00f1a acerca de la tardanza con que en la Corte se llevaba la resoluci\u00f3n en el asunto de la Obra P\u00eda de Llupi\u00e1 y su aplicaci\u00f3n a las Hijas de la Caridad, en aquel Hospital, manifest\u00e1ndole, adem\u00e1s, los comisionados los perjuicios que resultaban de esta tardanza, pues no dejaban de experimentarse repetidos lances dimanados de las indisposiciones originadas, desde el principio del establecimiento de dichas Hermanas, entre \u00e9stas y las se\u00f1oras de la causa de Darder. Trataron, tambi\u00e9n, de la conveniencia de dar permiso para que pudieran vestir el h\u00e1bito de Hermanas algunas de las muchas probandas, que justamente lo deseaban. El Capit\u00e1n General les asegur\u00f3 que se aprobar\u00eda aquella fundaci\u00f3n y que la demora s\u00f3lo obedec\u00eda a la multitud de otros asuntos. Se propuso tambi\u00e9n, en aquella sesi\u00f3n, el activar la conclusi\u00f3n de la habitaci\u00f3n de las Hermanas, que ya se estaba construyendo.<\/p>\n<p>El 22 de junio habiendo pedido permiso Sor Luc\u00eda Revent\u00f3s para ir a Sitges a ver a sus padres, le fue concedido por 15 d\u00edas. Luego se le prorrog\u00f3 la licencia 15 d\u00edas m\u00e1s.<\/p>\n<p>En 8 de agosto Sor Teresa Cort\u00e9s expone a la Junta, que ya era llegada la ocasi\u00f3n de poner en mejor estado el departamento o sala del gobierno, que estaba a ella encomendado y que por consiguiente, se deb\u00edan retirar las antiguas sirvientas y colocar en su lugar nuevas probandas y una comadre para cuidar de las mujeres retiradas. Fueron atendidas sus s\u00faplicas, poni\u00e9ndose all\u00ed cuatro probandas y la comadre. Tambi\u00e9n se la autoriz\u00f3 para hacer algunos gastos a favor de los exp\u00f3sitos.<\/p>\n<p>El 24 de octubre resuelve la Junta que seg\u00fan costumbre se costee a las Hermanas el gasto de los Ejercicios que suelen hacer anualmente en la Casa Misi\u00f3n. En 18 de noviembre se da cuenta de una limosna de cien doblones que D. Antonio Venero quiere aplicar a una estancia de exp\u00f3sitos destetados; y que desea corra la obra bajo la direcci\u00f3n de Sor Teresa Cort\u00e9s, encargada por la Administraci\u00f3n de dicho ramo. As\u00ed se acuerda.<\/p>\n<p>En 9 de marzo de 1792, present\u00f3 de nuevo sus cuentas Sor Teresa, pidiendo a la vez permiso para ir a Manresa, por alg\u00fan tiempo, con el fin de recuperar su salud \u00abque es bien notorio la tiene tan quebrantada.\u00bb Despu\u00e9s de hacer inventario de su departamento y de reconocimiento m\u00e9dico, le fue concedida licencia. En ausencia de Sor Teresa, dispuso la Junta se encargara de los departamentos de exp\u00f3sitos y gobierno Sor Manuela Lecina.<\/p>\n<p>En aquella misma sesi\u00f3n del d\u00eda 9 se trat\u00f3 de la tardanza de Madrid en resolver el asunto de la Obra p\u00eda de Lupi\u00e1 y su aplicaci\u00f3n a las Hermanas. Asimismo, de la necesidad de dar el h\u00e1bito a las 17 probandas, que, desde mucho hacia; ven\u00edan ejerciendo su caridad para con los pobres con gran satisfacci\u00f3n de la Administraci\u00f3n. Resolvieron tratar de nuevo el asunto con el Capit\u00e1n General.<\/p>\n<p>En 20 de aquel mismo mes hizo presente D. Juan Pansich haber reparado que Sor Manuela Lecina no hab\u00eda cumplido en nada el subir a cuidar de las criaturas, en ausencia de Sor Teresa Cort\u00e9s, seg\u00fan se le hab\u00eda prevenido por resoluci\u00f3n de la Administraci\u00f3n, y que, habiendo insinuado algo a la Superiora, Sor David, \u00e9sta le hab\u00eda respondido en tono que tal disposici\u00f3n no era peculiar de la Administraci\u00f3n, lo cual precis\u00f3 a dicho se\u00f1or Pausich a manifestarse sentido y a hacerla entender que conoc\u00eda como tal. Y que de resultas hab\u00eda hecho entender a las dem\u00e1s Hermanas, con una carta que les pas\u00f3, en la tarde de ayer, el disgusto que le hab\u00eda causado la respuesta de la Superiora; a que se le ha contestado, el d\u00eda de hoy, con otro escrito, defendiendo lo ejecutado por la Superiora, y diciendo que deseaban explicarse sobre pretensiones que les parec\u00eda tener acerca de su establecimiento en el Hospital. En vistas de esto, se resolvi\u00f3 tener Junta General con asistencia de ambas Administraciones: la de la causa p\u00eda de Llupi\u00e1 y la del Hospital.<\/p>\n<p>El 25 de marzo se dirigi\u00f3 a las Hermanas un comunicado sobre lo sucedido; contestaron ellas al d\u00eda siguiente, dando cuenta general Sor Juana David y Sor Teresa Cort\u00e9s de todo cuanto hab\u00eda entrado en su poder, desde el d\u00eda 2 de agosto en que se encargaron de los servicios del Hospital.<\/p>\n<p>Con fecha 6 de abril todas las Hermanas, menos Sor Teresa, que estaba ausente, dirigieron con toda precisi\u00f3n un oficio a la Direcci\u00f3n, exponiendo sus pretensiones que reduc\u00edan a cuatro puntos: libertad para poder observar las Reglas de San Vicente de Pa\u00fal y pr\u00e1cticas piadosas de su estado; libre nombramiento por parte de la Comunidad en los empleos de las Hermanas sin que la Administraci\u00f3n intervenga m\u00e1s que en avisar a la Superiora de las deficiencias que hubiese; libre admisi\u00f3n y dimisi\u00f3n de novicias, dejando s\u00f3lo a la Administraci\u00f3n determinar el n\u00famero conveniente al servicio; finalmente, en todo lo temporal cuentas y m\u00e9todo en el servicio de enfermos, ser\u00e1 privativo de la Administraci\u00f3n disponerlo todo y ellas obedecer\u00e1n exacta y puntualmente. \u00abEsto es, muy ilustres Se\u00f1ores, lo que pretendemos, no teniendo en ello, otra mira, que la conservaci\u00f3n del esp\u00edritu de nuestra vocaci\u00f3n, la paz, uni\u00f3n y buen orden de la Comunidad, que todo resultar\u00e1 para mayor alivio de los pobres, gloria de Dios y a\u00fan satisfacci\u00f3n de <u><a href=\"http:\/\/vv.ss.si\/\">VV.SS. si<\/a><\/u> merece su aprobaci\u00f3n, como nos lo prometemos de su caritativo y religioso coraz\u00f3n&#8230; sus atentas y humildes servidoras, las Hijas de la Caridad, sirvientas de los pobres enfermos. Sor David, Sor Josefa, Sor Mar\u00eda, Sor Luc\u00eda, Sor Manuela Lecina.<\/p>\n<p>La respuesta de los delegados D. Juan Ponsich, Administrador del Hospital y del Sr Marqu\u00e9s de Llupi\u00e1 fue conciliadora, pero afirm\u00e1ndose en las disposiciones adoptadas, \u00abpor las cuales, s\u00f3lo se admitieron dichas Hermanas de la Caridad como personas seglares :<sup>&#8211;<\/sup>.ce pendientes de toda Congregaci\u00f3n o cuerpo regular o cuasi regular y bajo este supuesto, e art\u00edculo 3\u00b0 del convenio firmado en Par\u00eds a los 18 de abril de 1790, entre el Superior General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y la Superiora, tambi\u00e9n General, de las Hijas de \u00e1 Caridad, de una parte, y de otra, el Exmo. Sr. Conde de Fern\u00e1n N\u00fa\u00f1ez, embajador de SM<strong>. <\/strong>Cat\u00f3lica&#8230; En cuanto a lo espiritual solamente estar\u00e1n sujetas al Sr. Obispo Diocesano Ir Barcelona, como seglares&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Por lo que mira a la libertad e independencia de la Superiora en el nombramiento de Hermanas para los empleos, s\u00f3lo la admiten \u00abbajo la precisa condici\u00f3n de que preceda la aprobaci\u00f3n de los propios se\u00f1ores Administradores; as\u00ed como, si estos lo estiman conveniente, deber\u00e1 variar el destino de las que una vez hubiese nombrado\u00bb.<\/p>\n<p>En 20 de abril, ambas Administraciones reunidas tuvieron dos sesiones, concurriendo a \u00e1 segunda de ellas los abogados del Hospital, D. Mariano Oliveras y D. Buenaventura Vallocera. Ley\u00f3se el papel formal de pretensiones presentado a la Administraci\u00f3n por las Hijas de la Caridad, el d\u00eda seis del corriente mes \u00abdel que sin duda, dice el Acta, tienen el cabal conocimiento los Sacerdotes de la casa de la Misi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La Junta resolvi\u00f3 que no se admitiese ninguna probanda m\u00e1s, por entonces, y que se pusiese en conocimiento del Capit\u00e1n General todo lo sucedido. Con fecha 29 del mismo mes se dio por ambas administraciones, la del Hospital y la de la Causa p\u00eda de Llupi\u00e1, contestaci\u00f3n al escrito anterior de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Con respecto a la admisi\u00f3n o exclusi\u00f3n de Hermanas ceden en que sea de la facultad de .a Superiora, pero, siempre, previo consentimiento y aprobaci\u00f3n de los Se\u00f1ores Adminisradores.. se observa de paso que no formando las Hermanas de la Caridad un cuerpo religioso, la pr\u00e1ctica de las comunidades regulares, en este punto no puede servir de regla para su resoluci\u00f3n &#8230; \u00bb<\/p>\n<p>11.- A este escrito replicaron las Hermanas con otro de 16 de mayo, alegando, que sobre las condiciones contratadas en Par\u00eds, entre aquellos Superiores y el Embajador de Espa\u00f1a \u00abse ciment\u00f3 su venida a este Hospital General de Barcelona, como Hijas de la Caridad, con sus establecimientos y reglas, sometidas en un todo a ellas; y, en la parte temporal, a la ilustre Administraci\u00f3n, sin que a \u00e9sta sea l\u00edcito alterar, en punto alguno, la legislaci\u00f3n de aqu\u00e9llas. Bajo este constante concepto, han tra\u00eddo sus Reglas, selladas y firmadas por la Superioridad, y bajo el mismo, se las fueron pedidas por V.S. para traducirlas al espa\u00f1ol, cuya menor alteraci\u00f3n es il\u00edcita, en raz\u00f3n de la buena fe, en la de un solemne contrato, en la intervenci\u00f3n del alto car\u00e1cter de los contratantes y en la del mejor servicio del Hospital, como se acredita en muchos de la Europa a que est\u00e1n adictas\u00bb. \u00abLa fundaci\u00f3n del p\u00edo legado con que se nos arguye, en nada trasciende a nosotras, que posterior a nuestra venida y a la fecha de dichas condiciones, fue ignorada por nosotras; no nos intim\u00f3 entonces y se pretende arg\u00fcimos con ella ahora, como t\u00edtulo derogatorio de nuestras Reglas; mas carece de toda fuerza. En su .aso, hubi\u00e9ramos protestado y lo ejecutamos ahora, que se nos hace saber, en todo lo respectivo al quebrantamiento de nuestras ordenaciones&#8230; \u00bb<\/p>\n<p>Este documento, dictado sin duda por los Se\u00f1ores, de la Casa Misi\u00f3n y suscrito por todas las Hermanas menos Sor Teresa, que segu\u00eda ausente, necesita ser examinado a la luz de los escritos que mediaron entre Par\u00eds y Barcelona, antes de la venida de las Hijas de la Caridad a Espa\u00f1a. Y la realidad es que las \u00faltimas bases trabajosamente aceptadas por una y otra parte, gracias a la laboriosa mediaci\u00f3n de nuestro Embajador en Francia, eran tan imprecisas que sobre ellas s\u00f3las nada se pod\u00eda presumir, y todo se dejaba a una posterior y mutua inteligencia. Si las Hermanas espa\u00f1olas, como ellas declaran y es de suponer, no estuvieron al corriente de las propuestas y contrapropuestas que precedieron a su venida, es lo cierto, que, claramente y en \u00faltima respuesta, dijeron los Directores del Hospital que no pretend\u00edan instalar en \u00e9l una Comunidad de Hijas de la Caridad, sino servirse de ellas para fundar una Hermandad a su gusto. Las altas y patri\u00f3ticas miras de nuestro Embajador en Francia, quien deseaba el establecimiento y difusi\u00f3n de las Hijas de la Caridad en nuestra patria mediante su instalaci\u00f3n en Barcelona, no fueron comprendidas por los Administradores de su Hospital, pero justo es confesar que no fueron inconsecuentes ni injustos; y las Her\u00admanas, que estaban en su perfecto derecho de rechazar todo cuanto se opusiera a sus Santas Reglas y estado, no pod\u00edan fundarse para ello en concesi\u00f3n alguna documentada de ellos. S\u00f3lo las circunstancias angustiosas por que atravesaba entonces el Instituto en Francia, fue el motivo de tener que enviar los Superiores a Espa\u00f1a a aquellas primeras Hijas de la Caridad, sin escritura bien determinada, creyendo que, con la venida de la Superiora francesa Sor David y con el trato de las Hermanas, podr\u00eda enderezarse aquel mal entablado negocio. No lo quiso as\u00ed la Divina Providencia y nada pudo alegarse contra su salida del Hospital. Esto era tanto m\u00e1s de sentir cuanto que, por aquellos d\u00edas, la Junta o Sitiada del Hospital de Zaragoza ped\u00eda a la de Barcelona, y por segunda vez, informes sobre las Hijas de la Caridad con idea de instalarlas all\u00ed. Dadas las circunstancias, contestaron dilatando su informe para m\u00e1s adelante.<\/p>\n<p>Con fecha 29 de mayo uno de los dirigentes de la Junta del Hospital escribe a las Hermanas quej\u00e1ndose de un escrito de la Superiora. Contestan ellas dos d\u00edas despu\u00e9s. \u00abNo reconocemos, dicen, motivo alguno de resentimiento y menos que haya contravenido en un \u00e1pice a la atenci\u00f3n y subordinaci\u00f3n que debemos a los Se\u00f1ores Administradores, seg\u00fan lo que se convino con el Sr. Embajador de Espa\u00f1a en Francia y conforme a lo que prescriben nues\u00adtras Reglas, relativo a este asunto\u00bb.<\/p>\n<p>Reunida la Junta en 11 de junio, fueron convocadas las Hermanas ante ella para comunicarles, que dentro de dos o tres d\u00edas, ser\u00edan de nuevo llamadas para que declarasen si se acomodaban, o no, a las disposiciones contenidas en el escrito que les fue dirigido por los Directores con fecha 29 de abril.<\/p>\n<p>Efectivamente el d\u00eda 15 de junio, reunidas en junta extraordinaria ambas Administraciones del Hospital y del Marqu\u00e9s de Llupi\u00e1, acordaron designar a los Se\u00f1ores D. Juan Ponsich y al Sr. Marqu\u00e9s dicho, para resolver el asunto de las Hermanas. En tal virtud, estos se\u00f1ores se fueron a entrevistar con el Capit\u00e1n General de Catalu\u00f1a, quien les manifest\u00f3 \u00absentir vivamente las novedades sobrevenidas a tan \u00fatil establecimiento\u00bb.<\/p>\n<p>En aquel mismo d\u00eda, por la tarde, fueron convocadas las Hermanas ante los Se\u00f1ores Administradores. Preguntadas, cinco de ellas dijeron que no se conformaban a las disposiciones del 29 de abril, y que persist\u00edan en sus respuestas del 16 de mayo; la otra Hermana, Sor Teresa, dijo que s\u00ed se conformaba con las susodichas disposiciones.<\/p>\n<p>O\u00edda la respuesta, se les manifest\u00f3 a las cinco Hermanas fieles a su estado, que no pod\u00edan seguir al servicio del Hospital, y, en consecuencia, que declarasen el plazo para su salida, a fin de que la Administraci\u00f3n providenciase sus medidas. De todo lo cual se levant\u00f3 acta. Despu\u00e9s de o\u00eddas las Hermanas, fueron llamadas las probandas, de dos en dos, en n\u00famero de diecis\u00e9is, pues dos se hallaban ausentes. Y habi\u00e9ndoles propuesto que si quer\u00edan quedarse en el Hospital, la Administraci\u00f3n estaba dispuesta a admitirlas bajo un reglamento conveniente al buen orden y mejor asistencia de los enfermos y exp\u00f3sitos y bajo la precisa condici\u00f3n de estar enteramente sujetas a las disposiciones de la Administraci\u00f3n, de no haber de hacer voto alguno y de quedar con entera libertad de confesarse y dirigir sus conciencias con cualquier confesor aprobado por el Diocesano; Juana Parcet y Josefa Torrens respon\u00addieron que se conformaban; Ignacia Casasayas, Antonia Borg\u00f3n y Maria Arenas dijeron que se tomar\u00edan unos d\u00edas de tiempo para reflexionar, y que dar\u00edan su respuesta al Prior del Hospital. De las once restantes, C\u00e1ndida Bofil, Mar\u00eda Rosa Grau y Madrona God\u00e1s contestaron que se ir\u00edan al d\u00eda siguiente; Francisca Freixas y Mariana Salvad\u00f3 el domingo; Mar\u00eda Josefa Casasas, el lunes; Mar\u00eda Gras, dentro de cuatro d\u00edas; Jacinta Verges y Antonia Oriol, dentro de los doce d\u00edas inmediatos; Clara Colomer y Paula Puig que se ir\u00edan el d\u00eda en que se separaran las Hermanas. De todo se levant\u00f3 acta. De ellas Rosa Grau y Paula Puig estaban admitidas en la Congregaci\u00f3n desde el 6 de agosto del a\u00f1o anterior.<\/p>\n<p>Informado de todos estos sucesos, el Capit\u00e1n General, manifest\u00f3 a los delegados Se\u00f1ores Ponsich y Marqu\u00e9s de Llupi\u00e1 que conven\u00eda que ambas Administraciones le pasasen por oficio los documentos de todo lo actuado, desde la venida de las Hermanas de Par\u00eds, a fin de poder deliberar acerca de su colocaci\u00f3n, cuando ellas salieran del Hospital. Tambi\u00e9n les propuso, \u00abmeditasen si ser\u00eda conducente a evitar nuevos chismes y conversaciones, de que, en el propio d\u00eda en que se ausentasen del Hospital las Hermanas de la Caridad, lo ejecutase igualmente Sor Teresa, hasta que las cosas estuviesen tranquilas, pues reconoc\u00eda su Excelencia \u00fatil dicha mujer. Esto pod\u00eda hacerlo el Sr. D. Jaime Roig can\u00f3nigo y Administrador, \u00abcon el pretexto de que pudiese recuperar bien su salud\u00bb.<\/p>\n<p>El 22 de junio se pas\u00f3 al Capit\u00e1n General el oficio con los documentos pedidos por \u00e9l, y S.E. manifest\u00f3 a los comisionados que hab\u00edan estado en palacio las Hermanas con su Superiora les hab\u00eda dicho que se dispusieran para volver cada una a sus casas; y \u00abque a la Superiora le proporcionar\u00eda un decente dep\u00f3sito, al parecer en casa de D. Narciso Darr\u00f3 abogado, hasta que volviese a Francia, pag\u00e1ndole el viaje la Causa p\u00eda de Llupi\u00e1. Su Excelencia se encarg\u00f3 tambi\u00e9n de poner al corriente de todo a nuestro Embajador en Par\u00eds, Conde de Fern\u00e1n N\u00fa\u00f1ez.<\/p>\n<p>14.- El 24 de junio de 1792 salieron definitivamente las Hijas de la Caridad del Hospital de Barcelona. Poco despu\u00e9s se fund\u00f3 en \u00e9l la Hermandad, seg\u00fan los deseos de aquella Junta, poni\u00e9ndose al frente de la nueva instituci\u00f3n Sor Teresa Cort\u00e9s con algunas de las probandas. Hoy es una verdadera Congregaci\u00f3n religiosa con el t\u00edtulo de Hermanas del Hospital de Santa Cruz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>D\u00eda memorable en la historia de la Beneficencia espa\u00f1ola ser\u00e1 siempre aquel 26 de mayo de 1790, en cuya tarde llegaron a Barcelona las primeras Hijas de San Vicente. 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