{"id":387083,"date":"2016-02-13T08:33:14","date_gmt":"2016-02-13T07:33:14","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387083"},"modified":"2016-07-26T19:17:38","modified_gmt":"2016-07-26T17:17:38","slug":"santa-luisa-se-encuentra-con-los-pobres","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/santa-luisa-se-encuentra-con-los-pobres\/","title":{"rendered":"Santa Luisa se encuentra con los pobres"},"content":{"rendered":"<p><em><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-387062 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2016\/02\/San-Vicente-y-Santa-Luisa-150x300.jpg?resize=150%2C300\" alt=\"San Vicente y Santa Luisa\" width=\"150\" height=\"300\" \/>Preparaci\u00f3n para el encuentro<\/em><\/p>\n<p>De 1625 a 1629, Luisa fue descubriendo su vocaci\u00f3n. Su vida espiritual continuaba la que llevo de casada, con un fondo cercano a la llamada Escuela Abstracta que le inculcaron sus primeros directores. Con el nuevo director, hizo un proyecto de vida sin romper su devoci\u00f3n anterior, centrada en ella y en Dios. Para estar m\u00e1s cerca del director de su conciencia, se instal\u00f3 en una vivienda alquilada en el barrio de San V\u00edctor, cerca del Colegio de Bons Enfants, donde viv\u00eda Vicente de Paul. Abandonar el barrio arist\u00f3crata del Marais, en la margen derecha, residencia de nobles y burgueses, por la margen izquierda, repleta de conventos y de estudiantes, viene a ser el s\u00edmbolo del cambio que realizo.<\/p>\n<p>Las dos primeras cartas, que conservamos dirigidas a San Vicente (3 y 4) nos presentan a una viuda que lleva con su sirvienta una vida tranquila. Realiza para los pobres algunas labores que le ha encargado su director, pero sus mayores preocupaciones son conservar la vocaci\u00f3n sacerdotal de su hijo y la b\u00fasqueda de Dios en la piedad. Se re\u00fane con una amiga y pariente lejana, la se\u00f1orita du Fay; con ella y con la superiora de la Visitaci\u00f3n, habla de Dios y de la vida espiritual. Por las cartas, vemos cierta intimidad en Dios entre el director y las dos se\u00f1oritas. El director suele pedirles algo de dinero y de ropa para los pobres.<\/p>\n<p>A su director, Luisa lo trata de padre m\u00edo, y \u00e9l la llama hija m\u00eda. A su lado, la se\u00f1orita Le Gras contempla sus obras y descubre un nuevo modo de seguir el evangelio y el cristianismo. Junto a \u00e9l, examina el mundo con los mismos ojos que su director. Sin forzarla, solo mostr\u00e1ndole las calles y los pobres, se va haciendo un trasvase de sentimientos, de experiencias y de pensamientos. Al final de estos cuatro a\u00f1os, el viraje de esta mujer fue total. Hasta encontrar a Vicente de Paul, vela el mundo desde ella y en funci\u00f3n de su persona; despu\u00e9s de encontrarlo, se mirara ella desde el destino de los pobres. Fueron cuatro a\u00f1os de conversi\u00f3n. Gobillon los Ramo \u00abuna especie de noviciado\u00bb.<\/p>\n<p><em>Comienzo del encuentro<\/em><\/p>\n<p>En los primeros meses de 1629, la se\u00f1orita Le Gras tom\u00f3 por s\u00ed misma, una decisi\u00f3n que trastoco su vida entera y la convirti\u00f3 en otra mujer: decidi\u00f3 entregarse a los pobres y ofrecerse a Vicente de Pa\u00fal para ayudarle en la marcha de las Caridades. Vicente, aunque lo esperaba, se emocion\u00f3. El 6 de mayo de 1629, la env\u00eda a encontrarse con los pobres por primera vez. Propiamente, llevaba el encargo de visitar las Caridades, observarlas, animarlas y hacer un informe de cada una de ellas. Enternecido, la animo con una carta para ella y otras para los p\u00e1rrocos de los pueblos y para las Caridades:<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1orita: Le env\u00edo las cartas y la memoria que ser\u00e1n menester para su viaje. Vaya, pues, en nombre de nuestro Se\u00f1or. Ruego a su divina bondad que la acompa\u00f1e, que sea su consuelo en el camino, su sombra contra el ardor del sol, el amparo de la lluvia y del hielo, lecho blando en su cansancio, fuerza en su trabajo y que, finalmente, la devuelva en perfecta salud y llena de buenas obras\u00bb.<\/p>\n<p>Y a\u00f1ade una serie de recomendaciones prudentes y consejos cari\u00f1osos.<\/p>\n<p>Desde este d\u00eda, el casi nunca m\u00e1s la llamar\u00e1 hija m\u00eda, sino se\u00f1orita, y ella no le dir\u00e1 ya padre m\u00edo, sino se\u00f1or, y desde comienzos de 1649 lo llamara muy honorable padre. Es la imagen del cambio realizado. Aunque siga siendo su director, para Vicente, Luisa es m\u00e1s que una dirigida.<\/p>\n<p>Es enviada por el Director a visitar las Caridades de los pueblos y es recibida por las Caridades como una Visitadora oficial de parte del fundador y promotor, Vicente de Paul que reside en Paris.<\/p>\n<p>Paris era la ciudad del rey y este la consideraba su ciudad. En su ciudad, se apoyaba en las necesidades del reino, como en 1636, el a\u00f1o de Corbie, y, cuando quer\u00eda castigarla o demostrar su enfado, hu\u00eda de Paris a otra ciudad, como en tiempo de las Frondas. Convendr\u00eda estudiar el papel de Paris en el desarrollo y expansi\u00f3n de las Caridades y de las Hijas de la Caridad. El rey y la corte sienten que toda obra de envergadura que se proyecta sobre la naci\u00f3n debe programarse desde Paris y con Paris: las Damas del Gran Hos\u00adpital de Paris y las Hijas de la Caridad eran una cofrad\u00eda o unas compa\u00f1\u00edas centralizadas en Paris. En un documento atribuido a Luisa, se lee: \u00abLas Damas de la Compa\u00f1\u00eda han reconocido las necesidades de las provincias y Dios les ha hecho la gracia de socorrerlas tan caritativa y magn\u00edficamente que Paris ha servido de admiraci\u00f3n y ejemplo para todo el reino\u00bb.<\/p>\n<p>Paris era adem\u00e1s la capital de Francia. \u00abLutetia parisiorum urbs, toto orbe celeb\u00e9rrima notissimaque, caput regni Franciae\u00bb [Paris, ciudad de los parisinos, celeb\u00e9rrima y conocid\u00edsima en todo el mundo, cabeza del reino de Francia] se lee en los mapas del siglo XVII. Para las provincias, era el centro del progreso y de la cultura, con la gran universidad, que irradiaba todo el saber y los modales a imitar por todo el reino. Su poblaci\u00f3n, masivamente, estaba alfabetizada casi en su totalidad.<\/p>\n<p>Paris, lo sab\u00eda toda la gente, era el estado con todo un mundo de cl\u00e9rigos, religiosos, nobles, burgueses, comerciantes y miles de personas empleadas en la administraci\u00f3n real y ciudadana. Para entonces, era una inmensa urbe de cuatrocientas mil personas.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n los provincianos la consideraban su ciudad por ser la ciudad de su rey. Todo lo que ven\u00eda de Paris, adem\u00e1s de ser estimado como algo superior y moderno, se admit\u00eda como algo de todos, como algo venido de su ciudad.<\/p>\n<p>Y ahora desde Paris, una visitadora, enviada por el se\u00f1or Vicente, visitaba las Caridades de las provincias. A pesar de ser las mujeres m\u00e1s importantes del lugar quienes pertenec\u00edan a las Caridades, todas, excepci\u00f3n hecha acaso de la Se\u00f1ora del lugar, ante una se\u00f1ora de Paris se sent\u00edan provincianas. Y m\u00e1s, si esta se\u00f1ora de Paris, enviada por el se\u00f1or Vicente, ten\u00eda la educaci\u00f3n y la cultura de Luisa de Marillac.<\/p>\n<p>Sin embargo, Luisa no se presentaba a las Caridades con aire de gran se\u00f1ora. Comparando las notas que envi\u00f3 a San Vicente con Ia carta que la Presidenta Goussault escribi\u00f3 al mismo, el 16 de abril de 1633, aparece claramente la diferencia de comportamiento y hasta la diferencia de clase social (1,c.123).<\/p>\n<p>Luisa se presentaba sencilla; no llevaba carroza propia, por el contrario, viajaba en carruaje p\u00fablico o prestado. Su hospedaje era en un albergue o en una casa del pueblo. Las personas que no sab\u00edan qui\u00e9n era no la recib\u00edan como a una se\u00f1ora de la nobleza. As\u00ed, lo notaron las primeras Hermanas y lo reflejo Gobillon.<\/p>\n<p>Pero las se\u00f1oras de las Caridades, los p\u00e1rrocos y los mismos obispos estaban atentos a su persona y a todo lo que realizaba. Todos sab\u00edan que era una colaboradora, la princi\u00adpal, y una enviada de Vicente de Paul desde Paris: presentaba sus credenciales, sus cartas, sus memorias y sus \u00f3rdenes concretas. Estaban enterados que, desde Paris, Vicente de Pa\u00fal supervisaba, dirig\u00eda y controlaba los excesos de la nueva evangelizadora para que nada hiciese sin el parecer del obispo o del p\u00e1rroco.<\/p>\n<p>Fue pasmosa la actividad que desplego, incre\u00edble, si consideramos los malos caminos y la lentitud de los transportes. En pocos meses, viajo sin prisas a Asnieres, Saint-Cloud, Villepreux, Montmirail, Beauvais, Montreuil, Mesnil, Bergieres, Loisy, Soulieres, Sou-deron, Villeneuve-Saint-George, Crosnel, Verneuil, Pont-Saint-Maxence, Gournay, Neuf-ville y Bulles. Pendiente de Luisa, Vicente gozaba con las memorias que le enviaba aquella mujer que hab\u00eda descubierto el, y se alegraba porque se iba realizando como mujer y como cristiana. La historia de Luisa le daba pena y sent\u00eda por ella una mezcla de admiraci6n y de ansia porque cumpliera felizmente la misi\u00f3n que Dios le hab\u00eda encomendado. Vicente Ia amaba en Nuestro Se\u00f1or y le recomendaba que cuidara su salud, necesaria para los pobres. Tambi\u00e9n, amaba a los pobres y present\u00eda que a Luisa le quedaban muchos a\u00f1os de vida para trabajar por ellos y le daba miedo que se destruyera por alguna imprudencia o por el celo de un aprendiz.<\/p>\n<p>La labor de la se\u00f1orita Le Gras era cautivadora. Las se\u00f1oras acud\u00edan en su totalidad a las reuniones, y hasta los hombres ven\u00edan a escucharla, escondi\u00e9ndose para que no los vieran, pues era indecoroso que a un hombre le ensenara la doctrina una mujer. Se la consideraba una santa, de tal manera que surgi\u00f3 la aureola del milagro en el relato del ni\u00f1o que cay\u00f3 debajo de las ruedas de la diligencia y, gracias a las oraciones de Luisa, se levant\u00f3 milagrosamente sano. Todav\u00eda se recordaba cuarenta y seis a\u00f1os despu\u00e9s de sucedido. Gobillon lo recoge como cierto, sin analizar si fue un milagro.<\/p>\n<p><em>Caridades y escuelas<\/em><\/p>\n<p>Dos objetivos le hab\u00eda encomendado Vicente de Visitar las Caridades de las provincias y dar el catecismo a las ni\u00f1as de los pueblos.<\/p>\n<p>No era un trabajo c\u00f3modo: visitaba las Caridades y hablaba con las se\u00f1oras en plan de revisi\u00f3n y de animaci\u00f3n, comentando los reglamentos y dando ideas para renovar la vitalidad. Los informes que redacto sobre la situaci6n de cada cofrad\u00eda son claros y atinados. Delante del papel, quer\u00eda ser objetiva, y escrib\u00eda convencida lo que hab\u00eda visto. Escog\u00eda detenidamente las palabras que indicaban si ella lo aprobaba o lo rechazaba. Sin timidez, suger\u00eda a su director lo que hab\u00eda que cambiar o mejorar, y le indicaba si las se\u00f1oras cumplan o no el reglamento. Es decir, por las Memorias, Vicente de Pa\u00fal sab\u00eda si las Caridades Vivian o languidec\u00edan. Y todo, en pocas limas concisas.<\/p>\n<p>En estos informes, Luisa nos descubre su visi\u00f3n clara de las cosas y su inteligencia practica al dar soluciones, sin querer nunca influir en el Director de las cofrad\u00edas. Tres siglos y medio despu\u00e9s de escritos, dos aspectos nos impresionan aun hoy: La entrega total a los pobres y el trabajo incansable de una mujer que, hasta hada poco, colocaba su persona y la de su hijo en el centro de la espiritualidad; y, lo que es m\u00e1s llamativo hoy, la concepci\u00f3n moderna que tenia del pobre. No andaba buscando al m\u00e1s pobre, sino al verdaderamente pobre en el presente y en cada lugar: \u00abDicen que no ser\u00eda necesaria la Caridad en Sannoy, si no hay que admitir a nadie m\u00e1s que a los que no tienen absolutamente nada, porque son muy pocos o ninguno los que se hallan en tal situaci\u00f3n, y, en cambio, son muchos los que tienen hipotecados sus pocos bienes, que Alegar\u00edan a morirse de hambre antes de poder venderlos y ayudarse con ellos\u00bb. Luisa coincide con la superiora y, para cerciorarse en su delicadeza, to consulto con el P. de la Salle, compa\u00f1ero de Vi\u00adcente de Paul, y este se manifiesta de acuerdo, sin ninguna duda, en que hay que atender a toda persona que \u00abeste enferma en ese momento, con tal que sea pobre\u00bb.<\/p>\n<p>Desde Paris, no obstante, Vicente de Paul le daba consignas y peque\u00f1as directrices a esta seglar, nueva en este modo in\u00e9dito de evangelizar. Aunque tiempo despu\u00e9s, cuando descubra maravillado los valores de esta compa\u00f1era, confiar\u00e1 absolutamente en ella, ahora, en los comienzos, organiza a distancia las Caridades hasta en los menores detalles: que el vicario no guarde el dinero, pues \u00abla experiencia nos hace ver que es absolutamente necesario que las mujeres no dependan en esto de los hombres, sobre todo en el dinero\u00bb; que las se\u00f1oras de las Caridades no descarguen en otras personas los pocos y peque\u00f1os trabajos que les quedan; que se clarifique y concretice el papel de cada miembro de las Caridades, en cuanto al servicio.<\/p>\n<p>Luisa llevaba otro objetivo en su apostolado rural: catequizar a las ni\u00f1as de los cam\u00adpus y, como fundamento indispensable, establecer escuelas femeninas en los pueblos. Si quince a\u00f1os antes, el cura Vicente de Pa\u00fal descubri\u00f3 que los pobres mor\u00edan de hambre y sin religi\u00f3n, andando por aquellos pueblos, la se\u00f1orita Le Gras contemplo que tambi\u00e9n mor\u00edan en la incultura. Las Caridades paliaban el hambre, las escuelas dar\u00edan el saber y la religi\u00f3n a los pobres. Los ricos ten\u00edan dinero suficiente para comprar la cultura por medio de profesores particulares en las casas.<\/p>\n<p>Los pueblos estaban m\u00e1s desfavorecidos en comparaci\u00f3n a las ciudades. En las ciudades hab\u00eda colegios, ciertamente frecuentados por ricos, pero algunos colegios tambi\u00e9n daban betas a los pobres, con la ignominia de verse marginados por los chicos adinera-dos, temerosos de ser contagiados por las miserias y las enfermedades de los pobres. Si las muchachas ricas no asist\u00edan a los colegios o no recib\u00edan ense\u00f1anza en sus casas o en los conventos, se deb\u00eda a la mentalidad social y al deseo femenino de divertirse y no esforzarse en los estudios; no por falta de medios. Las ni\u00f1as pobres de los pueblos no ten\u00edan ni siquiera oportunidades. Era otra de las pobrezas de los campesinos. Es cierto que el Concilio de Trento hab\u00eda decretado que cada parroquia tuviera una escuela gratuita, pero en los pueblos era un sue\u00f1o irrealizable. El cura, no profesor, era catequista y solamente durante el serm\u00f3n dominical, con un m\u00e9todo sencillo, apropiado a los analfabetos. Explicaba la doctrina y la moral, vali\u00e9ndose de los art\u00edsticos retablos. Pero es que, adem\u00e1s, era corriente encontrar en los pueblos rurales a curas incultos y hasta casi analfabetos.<\/p>\n<p>Generalmente, quienes llevaban la escuela del pueblo eran personas autoformadas, mezcla de obreros, sacristanes y cantores, a quienes se les llamaba maestros. Se contrataban temporalmente y eran pagados conjuntamente por el municipio y los padres, seg\u00fan ense\u00f1aran solamente a leer o tambi\u00e9n a escribir o incluso cuentas. El curso iba de mitad de octubre o primeros de noviembre hasta Pascua. Los dem\u00e1s meses del a\u00f1o, eran \u00e9poca de trabajo en el campo. La edad escolar comprend\u00eda de los 6-7 altos hasta los 10-12 y, a veces, hasta los catorce. Por texto, ten\u00edan cualquier libro religioso que encontraran en casa. En la escuela, se ense\u00f1aba, ante todo, a vivir cristianamente y, por ello, era el lugar pri\u00admordial para la catequesis. Instrucci\u00f3n en el siglo XVI significaba, sobre todo, instrucci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Los padres, cuanto m\u00e1s pobres, menos ilusi\u00f3n mostraban por enviar a sus hijos a la escuela, ya que, adem\u00e1s de necesitarlos para el trabajo y tener que pagan las clases, sab\u00edan que sus hijos nunca saldr\u00edan de campesinos pobres. En general, era un campesinado sin ilusi\u00f3n y sin coraje emprendedor. Era la condena del pobre del campo: vivir siempre pobre y analfabeto en su mayor\u00eda. Prefer\u00edan, por ello mismo, enviar cuanto antes a sus hijos a aprender un oficio.<\/p>\n<p>En peor situaci\u00f3n, estaban las ni\u00f1as. Las familias consideraban un lujo innecesario las escuelas femeninas, y las clases mixtas estaban prohibidas, como un peligro para la moralidad. Lo m\u00e1s titil para ellas y para la madres, que trabajaban en el campo, era emplearlas desde muy ni\u00f1as en las faenas dom\u00e9sticas. Se las privaba as\u00ed de cultura, de la catequesis y del aprendizaje de peque\u00f1os oficios. No es falso que muchos estamentos de la Iglesia se preocuparon de las ni\u00f1as por motivos humanitarios, pero el objetivo preponderante en la Iglesia fue extender la ense\u00f1anza a las ni\u00f1as, porque ser\u00edan ellas quienes educaran cristianamente a los hijos en el enfrentamiento con los hugonotes. Se las instru\u00eda m\u00e1s por su funci\u00f3n de maternidad que por su persona humana.<\/p>\n<p>Este fue el panorama que se le presento a la se\u00f1orita Le Gras. Si a\u00f1os antes lo hubiera conocido, habr\u00eda acudido a Dios; ahora, despu\u00e9s de conocer a Vicente de Paul, se me66 de lleno en la evangelizaci\u00f3n de aquellas pobres muchachas, no solo por su potencialidad maternal, sino porque las sent\u00eda abandonadas. Se constituy\u00f3 maestra y catequista de las ni\u00f1as en los d\u00edas escolares y, apremiada por la prisa de ir a otros pueblos, las tome tambi\u00e9n en los d\u00edas de descanso, con la aprobaci\u00f3n del se\u00f1or Vicente, que le recordaba que, a trav\u00e9s de las ni\u00f1as, evangelizara a las madres, y que procurase \u00abhacer ir a la escuela aun a las que no ten\u00edan ninguna costumbre de ir\u00bb; y que esos d\u00edas lo tomara m\u00e1s como \u00abejercicio de piedad\u00bb que como escuela\u00bb.<\/p>\n<p>Preocupaci\u00f3n constante fue para Luisa asegurar la continuidad de las escuelas, buscando o preparando j\u00f3venes capaces de convertirse en maestras. San Vicente, que no quer\u00eda enfrentarse a las leyes, le especific\u00f3: \u00absolamente para ni\u00f1as\u00bb. A\u00f1os m\u00e1s tarde, se presentar\u00e1 la situaci\u00f3n de pueblos donde no hay escuelas de ni\u00f1os. Con la mentalidad de aquel siglo, Luisa se preguntar\u00e1 ingenuamente: \u00bfSe hace mixta la escuela en estos lugares? El tema lo presentar\u00e1 en el Consejo del 30 de octubre de 1647. Da la sensaci\u00f3n agradable de que la respuesta de Santa Luisa fue afirmativa, apoyada en estas razones:<\/p>\n<p>\u00abEn primer lugar, se puede hacer mucho bien ense\u00f1ando los principios de la piedad a unos ni\u00f1os que, sin ellos, se quedaran quiz\u00e1s sin instrucci\u00f3n. En segundo lugar, parece que hay necesidad de hacerlo as\u00ed, ya que en la mayor parte de los sitios no hay maestros de escuela. En tercer lugar, lo est\u00e1n deseando los padres y las madres y, al parecer, tienen grandes razones para ello, ya que ser\u00eda de desear que sus hijos tuvieran al menos tanta instrucci\u00f3n como sus hijas; por ese motivo, urgen a nuestras hermanas para que los reciban en la mayor parte de los lugares en que est\u00e1n. En cuarto lugar, parece que no hay ning\u00fan inconveniente que temer por parte de la maestra; no puede haber para ella ning\u00fan motivo de tentaci\u00f3n por parte de los ni\u00f1os, ya que son muy peque\u00f1os\u00bb. San Vicente a\u00f1adi\u00f3 otra: Que ya lo estaban haciendo con los ni\u00f1os y ni\u00f1as expositor; y finalmente, Luisa a\u00f1adi\u00f3 una quinta: \u00abque a veces una ni\u00f1a no puede venir a la escuela si no trae a su hermanito con ella, ya que la madre no est\u00e1 en casa para cuidar de \u00e9l\u00bb. \u00a1Se trataba de admitir ni\u00f1os hasta los seis a\u00f1os! Ocho a\u00f1os, parec\u00eda ya mucho.<\/p>\n<p>Sin embargo, el Superior Vicente de Paul lo rechazo con el sencillo argumento de que lo prohib\u00edan las leyes civiles y eclesi\u00e1sticas. Parece un argumento sin raz\u00f3n, viniendo del hombre que rompi\u00f3 con las leyes que estorbaban el progreso de los pobres. Pero San Vi\u00adcente ten\u00eda siempre presente, no solo cada uno de los casos de caridad o beneficencia, sino toda la obra social, en su conjunto, que hab\u00eda montado exclusivamente para todos los pobres. Era el a\u00f1o 1647, y la empresa pod\u00eda ser destruida con un simple decreto, o suprimidas las Hijas de la Caridad. Val\u00eda m\u00e1s no crearse adversarios o tal vez enemigos.<\/p>\n<p><em>El Catecismo de la se\u00f1orita Le Gras.<\/em><\/p>\n<p>No es seguro, pero si probable, que el Catecismo que se conserva en los archivos de la Casa Madre de las Hijas de Caridad (Paris) escrito y, casi con toda certeza, compuesto por Luisa de Marillac, fuera para ense\u00f1ar la doctrina cristiana a las ni\u00f1as de los pueblos. Da la impresi6n que lo escribi6 a\u00f1os m\u00e1s tarde y no hay argumentos para negar que pudo redactarlo para ayudar a las Hijas de la Caridad a ense\u00f1ar la doctrina a los ni\u00f1os exp6sitos o abandonados en los hogares que hab\u00edan creado con ayuda de las Damas de la Caridad del Gran Hospital. 0, acaso tambi\u00e9n, para formar a las primeras Hermanas que llegaban de los pueblos.<\/p>\n<p>El catecismo es sencill\u00edsimo, a base de preguntas y respuestas breves y f\u00e1ciles, con un lenguaje y un estilo similar al de otros catecismos de la \u00e9poca para personas sin muchos conocimientos de su fe.<\/p>\n<p>Toma como inicio una pregunta que directamente suelen hacerse todos los ni\u00f1os: \u00ab\u00bfQui\u00e9n te ha creado y te ha puesto en el mundo?\u00bb De ah\u00ed, pasa a la fe, a Dios, a Jes\u00fas, al pecado original y personal, al infierno, al cielo, al bautismo, al signo de la cruz, etc. Gratamente, nos sorprende por su actualidad el inter\u00e9s que manifiesta por la imitaci\u00f3n y seguimiento de Jesucristo.<\/p>\n<p>Todo en tres p\u00e1ginas y media redactadas con soltura y rapidez; para hacerlo m\u00e1s asequible, emplea frases corrientes y lo adorna con unos pocos ejemplos conocidos. Siguen las oraciones: el Padrenuestro y la Salutaci\u00f3n Ang\u00e9lica. El Padrenuestro lo desmenuza petici\u00f3n a petici\u00f3n, tambi\u00e9n con unos pocos ejemplos de la vida popular. El Avemar\u00eda le sirve como apoyo para explicar el Misterio de la Encarnaci\u00f3n. Pasa al Credo, deteni\u00e9ndose en cada uno de los art\u00edculos, pero pocas y breves l\u00edneas; todo en algo m\u00e1s de una p\u00e1gina, para a\u00f1adir el enunciado de los mandamientos y los dos grandes Misterios de la Trinidad y de la Encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Vienen despu\u00e9s los dos sacramentos tan populares y tan discutidos entonces por los protestantes y, a\u00f1os m\u00e1s tarde, por los jansenistas: la eucarist\u00eda y la confesi\u00f3n. Con un estilo \u00e1gil, se detiene sin prisas en su conocimiento. Mientras lo va escribiendo manifiesta, sin decirlo, el inter\u00e9s por que lo practiquen y lo vivan valientemente. Termina el catecismo explicando todos los sacramentos y los ejercicios piadosos del cristiano.<\/p>\n<p>Este final est\u00e1 algo desordenado y, para publicarlo, ha sido necesario reordenar toda la parte final. Da la sensaci\u00f3n que o bien quiso completar, tiempo despu\u00e9s, las lagunas que fue descubriendo o bien que este aut\u00f3grafo es \u00fanicamente la redacci\u00f3n que hizo un d\u00eda de los apuntes que ten\u00eda guardados de anteriores catequesis.<\/p>\n<p>Todas las dificultades vienen del hecho de no estar fechado, y por la escritura es dif\u00edcil sacar conclusi\u00f3n alguna.<\/p>\n<p><em>Un nuevo modelo de apostolado<\/em>.<\/p>\n<p>Santa Luisa de Marillac es el resumen del apostolado seglar tan corriente en el siglo XVII. Un apostolado seglar nuevo que encierra la vitalidad continuamente renovable del apostolado cristiano. No lo impone ni la di\u00f3cesis ni la parroquia, aunque se realiza dentro de sus t\u00e9rminos, teniendo en cuenta las directrices diocesanas y parroquiales. Sin nacer del obispo o del p\u00e1rroco, es asumido por ambos. No es un apostolado oficial, sino privado y lave: creado por un sacerdote y organizado desde San L\u00e1zaro, es realizado por la parroquia que acepta la supervisi\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal. Y este se apoya enteramente en seglares, especialmente en las mujeres. Pieza clave en este apostolado seglar fue Luisa de Marillac. Visi\u00f3n atrevida de Vicente en una sociedad en la que las mujeres ocupaban un lugar subalterno.<\/p>\n<p>En adelante, y de una manera m\u00e1s definitiva desde noviembre de 1633, la persona del sacerdote Vicente de Paul se desdoblo en director de una mujer a la que dirig\u00eda desde hac\u00eda unos a\u00f1os, con sus problemas personales, espirituales y de familia, y en el Director de una colosal obra de caridad hacia la principal colaboradora y, despu\u00e9s, cofundadora de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac asumi6 con dignidad esta nueva faceta de su vida. Fueron muchas las Caridades que reorganiz\u00f3 y dinamiz\u00f3, y fueron muchos los informes que envi\u00f3 a Vi\u00adcente de Paul, tantos como los reglamentos que redact\u00f3 o corrigi\u00f3. En 1630, fund\u00f3 la Caridad en su parroquia, San Nicol\u00e1s de Chardonnet. Ella fue su primera presidenta, pero a\u00f1o y medio despu\u00e9s abandon\u00f3 el cargo de presidenta para no ser elegida ya m\u00e1s. Sin que aparezcan en ning\u00fan documento concreto las razones, por las expresiones y por el tono de las cartas, parece que las intenciones del Director Vicente era que se ocupase de todas las Caridades y fuera su colaboradora. Desde esta situaci\u00f3n, Luisa de Marillac comenz\u00f3 a ser protagonista al lado de Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>La actividad se apoder6 de aquella mujer que, encerrada en s\u00ed misma a\u00f1os antes, no ten\u00eda m\u00e1s objetivo que estar unida individualmente a la divinidad. De todo era deudora a su director. En el \u00faltimo a\u00f1o de su vida, le recordar\u00e1 agradecida que, gracias a \u00e9l, desde hac\u00eda muchos a\u00f1os estaba segura de conocer la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>Durante estos altos agotadores, acaso por vivir la pobreza del pueblo, acaso fatigada y sintiendo la presencia de Dios en sus entra\u00f1as, la asalto punitivo el voto que hizo en su juventud de encerrarse en un convento. Era tranquilizar por fin a su alma atormentada por el complejo de culpabilidad y aplacar as\u00ed al Dios todopoderoso. Lo consult\u00f3 con su di\u00adrector, pero Vicente se opuso rotundamente: \u00abResista animosamente a todos los sentimientos que le lleguen contrarios a este, y este segura de que estar\u00e1 por este medio en el estado que Dios le pide para hacerla pasar a otro, para su mayor gloria, si as\u00ed lo juzga oportuno\u00bb. \u00abEstado\u00bb en esta \u00e9poca, quiere decir soltera, casada, viuda o religiosa. En este caso, solo se puede interpretar como el paso de viuda a religiosa.<\/p>\n<p><em>La salud de Luisa de Marillac<\/em><\/p>\n<p>Una mujer de tanta actividad debiera tener una salud robusta, y, sin embargo, ha pasado a la historia como una mujer d\u00e9bil y enfermiza. La causa de esta leyenda la han sacado los bi6grafos de los escritos de la \u00e9poca: ella misma habla de sus achaques y enfermedades; en los testimonios que escribieron sobre Luisa despu\u00e9s de muerta, sus compa-rieras Barbara Bailly y Maturina Guerin, leemos come, su delicada salud se resinti\u00f3 al querer vestir como todas las Hijas de la Caridad o al pretender vivir como la pobre gente del pueblo; en las cartas que le escribi\u00f3 San Vicente, se muestra constantemente preocupado por la salud de su entra\u00f1able dirigida y casi no hay carta en la que no se lea enfermedad, salud, poca salud, c\u00farese, cu\u00eddese \u2014en una ocasi\u00f3n le dijo que era hija de la cruz\u2014.<\/p>\n<p>Un retrato minucioso de la salud de la santa lo hizo San Vicente al P. Blatiron en 1647:<\/p>\n<p>\u00abCon raz\u00f3n, me hace pensar que pasa a veces con usted como con la se\u00f1orita Le Gras, a la que considero como muerta en la naturaleza desde hace diez a\u00f1os; al verla, se dir\u00eda que sale de la tumba, tanta es la debilidad de su cuerpo y la palidez de su cara; pero Dios sabe que fuerza de esp\u00edritu posee. No hace mucho tiempo que ha hecho un viaje de cien leguas, y sin las frecuentes enfermedades que padece y el respeto que tiene a la obediencia, a menudo lila de un lado a otro a visitar a sus hijas y a trabajar con ellas, aunque no tiene m\u00e1s vida que la que recibe de la gracia\u00bb.<\/p>\n<p>Examinando detenidamente la vida de Luisa, no se puede sacar tal conclusi\u00f3n. Para determinar su salud, es necesario tener presente el significado del lenguaje en el siglo XVII: Muchas frases de San Vicente eran comunes a los directores de aquel siglo, especialmente cuando el santo la vela trabajar desproporcionadamente y con peligro de su salud. Tem\u00eda por ella, por el \u00abpobre pueblo que tiene necesidad de que viva largo tiempo\u00bb, y por las Hijas de la Caridad, pues \u00bfqu\u00e9 llegar\u00edan a ser sin ella? Y a\u00f1adir que una mujer que viv\u00eda en una comodidad social delicada f\u00e1cilmente ca\u00eda cuando de golpe pretend\u00eda vestirse con poca ropa, como aquellas j\u00f3venes humildes, o intentaba comer como la gente pobre o alojarse y viajar malamente.<\/p>\n<p>La misma sanidad de aquellos altos puede igualmente ayudarnos a cambiar de juicio: Santa Luisa vivi\u00f3 hasta los 69 a\u00f1os en un siglo que eliminaba sin piedad a los hombres d\u00e9biles y solo sobreviv\u00edan los robustos. En aquel siglo, un ni\u00f1o menor de cinco a\u00f1os ten\u00eda de vivir \u00fanicamente veinte a\u00f1os; pasados los cinco altos, su esperanza se<br \/>\nalargaba hasta los cuarenta, y solo quien alcanzaba los diez a\u00f1os, esperaba llegar, como todos los hombres, hasta los cincuenta a\u00f1os. M\u00e1s all\u00e1, solamente los robustos. Luisa de Marillac vivi\u00f3 diecinueve a\u00f1os m\u00e1s que el com\u00fan de sus contempor\u00e1neos. \u00bfQue estaba frecuentemente enferma quien no lo estaba entonces? San Vicente estuvo enfermo<br \/>\ntanto como ella, y se lo considera de constituci\u00f3n fuerte.<\/p>\n<p>La enfermedad era casi tan corriente como la salud, en todos, desde el rey al \u00faltimo de los ciudadanos. La diferencia estaba en la muerte, que golpeaba m\u00e1s r\u00e1pidamente a las naturalezas indefensas. Por eso, la afici\u00f3n generalizada a los m\u00e9dicos. Entre los ricos, se procuraba tenerlos en casa o cerca para que estuvieran a su disposici6n en cada momento. Sus dict\u00e1menes de dietas y remedios eran seguidos como si se trataran de un or\u00e1culo. La gente adinerada se imaginaba que tratando bien al m\u00e9dico ten\u00edan garant\u00eda de conservar una buena salud. La sociedad no ten\u00eda conocimientos de anatom\u00eda ni de enfermedades ni de medicinas. Las cartas de Luisa anunciando sin parar enfermedades de ella, de Vicente y de las Hermanas, sin pretenderlo, se asemejan a un registro de las Hijas de la Caridad difuntas. Y ella vivi\u00f3 69 a\u00f1os. El siglo XVII se ocup6 de una medicina atrasada, mezclada de superstici\u00f3n, magia y charlataner\u00eda. Era una medicina fundamentada en suposiciones de tradici\u00f3n antigua o medieval, con poco apoyo en la ciencia y en la experiencia. Las recetas se hac\u00edan a base de lavativas, purgas y sangr\u00edas. Quien sobreviv\u00eda a las enfermedades, las hab\u00eda vencido generalmente por la sola fuerza de su constituci6n. Luisa de Marillac venci\u00f3 muchas enfermedades.<\/p>\n<p>Durante estos a\u00f1os, numerosas pestes o epidemias de gripe, disenter\u00eda y tisis cayeron sobre Paris y, m\u00e1s concretamente, sobre los barrios donde trabajaban ella y sus hijas. Mientras fundaba la comunidad de Angers, en 1639, la ciudad sufr\u00eda una epidemia de disenter\u00eda, Luisa cay\u00f3 enferma, no se sabe de qu\u00e9, muchos murieron, pero ella san\u00f3 y su vida se alarg\u00f3 hasta el a\u00f1o 1660. Las enfermedades encontraban terreno apropiado para la muer-te en los pobres, mal alimentados, mal defendidos del trio y del calor, y sin higiene en su persona, en sus casas, en las comidas y en las bebidas. El pobre que no mor\u00eda durante la enfermedad, quedaba tan debilitado que fallec\u00eda con facilidad en la convalecencia. Luisa estuvo defendida desde ni\u00f1a: no pas\u00f3 hambre, tuvo habitaci\u00f3n acomodada y nunca le falt\u00f3 la higiene de entonces. Por eso, vivi\u00f3 bastante m\u00e1s que la gente de su alrededor.<\/p>\n<p>Una naturaleza d\u00e9bil y enfermiza no podr\u00eda haber realizado la obra que hizo Luisa de Marillac. Y m\u00e1s, sabiendo que el tiempo de las visitas a los pueblos era en la \u00e9poca de invierno, cuando no se pod\u00eda trabajar en el campo. Tiempo de fr\u00edos, heladas y lluvias.<\/p>\n<p>Se puede concluir que Santa Luisa de Marillac fue una mujer como las mujeres sanas de entonces, sujeta a las enfermedades como la mayor\u00eda de las mujeres sanas que no se quedaban en casa para no enfermar. Mujer peque\u00f1a, delgada y vivaracha. Lo que con cari\u00f1o suele decirse \u00abpoca cosa\u00bb, pero de salud fuerte.<\/p>\n<p><em>Su hijo Miguel.<\/em><\/p>\n<p>Tantos viajes y actividades como emprendi6 no impidieron que se ocupara de su hijo Miguel, a quien amaba entra\u00f1ablemente. Durante muchos a\u00f1os, la vocaci\u00f3n sacerdotal de Miguel fue una cruz psicol\u00f3gica para Luisa.<\/p>\n<p>Estamos en 1631. Vicente vela progresar a Miguel en los estudios y comunico a su madre que era un chico juicioso y con un futuro prometedor. Sin embargo, el joven de nuevo dudaba en su vocaci\u00f3n y manifest6 que no deseaba estudiar en un seminario. Vi\u00adcente aconsejo que pasase \u00ednterin, pero como seminarista, al cotizado colegio de Cler\u00admont, dirigido por los padres jesuitas; el mismo se encarg\u00f3 de los tr\u00e1mites. Logro que el rector, el padre Lallemant, aceptase al alumno, y que, por las dificultades econ\u00f3micas de la viuda, pagase la pensi\u00f3n m\u00e1s baja. Con los padres jesuitas, termin\u00f3 4\u00b0.<\/p>\n<p>Casi con dieciocho a\u00f1os, comenz\u00f3 tercero. El joven iba bien en los estudios y abri\u00e9ndose su car\u00e1cter. Todos estaban contentos con \u00e9l. Hasta el rector del colegio le hizo el privilegio de ponerlo en una habitaci\u00f3n individual sin aumentarle la pensi\u00f3n. Durante las vacaciones o en los d\u00edas que no hab\u00eda clase o cuando ca\u00eda enfermo, se alojaba en casa de los padres pa\u00fales. Miguel asombr\u00f3 y admir\u00f3 a los misioneros pa\u00fales por su capacidad de estudio: hasta seis horas diarias. Se encari\u00f1\u00f3 de tal manera con los padres que se conmovi\u00f3, cuando tuvo que dejarlos para volver al colegio.<\/p>\n<p>Al terminar tercero en 1632, su madre pretendi\u00f3 que se ordenase de Menores, pero se opuso Vicente de Paul.<\/p>\n<p>Con veinte a\u00f1os, comenz\u00f3 1\u00b0, el \u00faltimo a\u00f1o de humanidades. Pero, cuando estaba para terminarlo, en abril de 1634, renacieron las dudas sobre su vocaci\u00f3n sacerdotal. Sab\u00eda que de una vez por todas ten\u00eda que elegir, que era una elecci\u00f3n trascendental, y 61, sincero y responsable, no se vela sacerdote. De nuevo, la herida, entre humana y espiritual, se abri\u00f3 en Luisa de Marillac. Miguel sigui6 frecuentando la comunidad de los misioneros y sigui6 dudando, atormentando a su madre que se alborotaba. Vicente de Paul incansable con ella, la animaba y aconsejaba: que estudie Artes \u2014la filosof\u00eda\u2014 pero con sotana, de seminarista, pues estaba convencido de que el estado eclesi\u00e1stico era lo mejor para el joven Miguel.<\/p>\n<p><em>La tragedia de los Marillac.<\/em><\/p>\n<p>Mientras Luisa viajaba ilusionada por pueblos y aldeas, visitando las Caridades y formando maestras de escuelas, y su hijo estudiaba tranquilo en el seminario, su familia entr\u00f3 fren\u00e9tica en la lucha pol\u00edtica.<\/p>\n<p>En agosto de 1624, el cardenal Richelieu se convirti\u00f3 en Jefe del Consejo del Reino. Era un hombre de la camarilla de Maria de M\u00e9dicis, como los Marillac; se sent\u00eda unido al \u00abpartido devoto\u00bb y a su pol\u00edtica: frenar a los protestantes franceses. Pero, desde fina\u00adles de 1627, sus aliados presenciaban un cambio en su programa pol\u00edtico, enfrentado a Maria de Medicis y a sus dos hombres de confianza: BeruIle y Miguel de Marillac. En los meses siguientes, Richelieu fue presentando en el consejo su programa: luchar por todos los medios contra la Casa de Austria, Madrid primero y luego Viena, que amenazaban con estrangular a Francia y convertirla en una naci\u00f3n sin gloria delante de Euro\u00adpa y de los turcos.<\/p>\n<p>El plan exig\u00eda romper la pol\u00edtica de alianzas matrimoniales llevada hasta entonces y enfrentar a Luis XIII, esposo de Ana de Austria, con Felipe IV de Espa\u00f1a, casado con Isa\u00adbel de Francia. Supon\u00eda adem\u00e1s enfrentarse a los cat\u00f3licos espa\u00f1oles y unirse a los protestantes: el Rey Cristian\u00edsimo contra el Rey Cat\u00f3lico. Parec\u00eda la obra del demonio dirigida por un obispo franc\u00e9s y cardenal de la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Una guerra contra Espa\u00f1a espantaba a los franceses, que aun recordaban los horrores de las recientes Guerras de Religi\u00f3n y escandalizaba a los franceses devotos. Marillac consider6 a Richelieu como un megal\u00f3mano que met\u00eda a Francia en una guerra sin sentido ni salida. Marillac, al igual que Berulle, mayores que el rey y Richelieu, hab\u00eda vivido las guerras de religi\u00f3n, hab\u00eda visto en peligro la religi\u00f3n cat\u00f3lica y la unidad del reino, hab\u00eda conocido por experiencia los horrores de la guerra, los sufrimientos soportados por el pue\u00adblo, la ruina de la agricultura y del comercio, la miseria del pueblo humilde. Se impon\u00eda buscar la paz para que florecieran la agricultura y el comercio, \u00fanicas fuentes de riqueza y de bienestar en aquella \u00e9poca. No necesitaba ser militar para saber que en una guerra la preocupaci\u00f3n \u00fanica seria aumentar los impuestos consumidos r\u00e1pidamente por el ej\u00e9rcito. Propon\u00eda emplear los recursos y consagrar las energ\u00edas vitales a restaurar la naci\u00f3n. La aventura de una guerra era un camino ciego. La miseria del pueblo era real y las revueltas populares se multiplicaban. En 1630, escribi6 a Richelieu palabras que constitu\u00edan una predicci6n de la Fronda:<\/p>\n<p>\u00abNo creo que se pueda imaginar nada m\u00e1s perjudicial a la autoridad del rey, sobre todo en la situaci\u00f3n actual. Todo est\u00e1 en plena sedici\u00f3n en Francia. Los parlamentos no castigan a nadie\u00bb.<\/p>\n<p>Pero Richelieu era un hombre pol\u00edtico y solamente pol\u00edtico, insensible a las necesidades sociales.<\/p>\n<p>Richelieu silenciaba otro objetivo: hacer de Luis XIII un rey absolutista, abatir a los pr\u00edncipes de sangre y dominar a la nobleza. Miguel de Marillac, por lo contrario, defend\u00eda las franquicias municipales y las libertades locales.<\/p>\n<p>Richelieu hu\u00eda del enfrentamiento. Intentaba, a medio camino entre la lisonja y el soborno, atraerse a los principales hombres del partido devoto: en agosto de 1626, in-fluyo ante el rey para nombrar guardasellos a Miguel; en noviembre de 1629, propuso dar el obispado de Saint-Malo al hijo de Miguel, Octavio de Marillac \u2014el Padre Mi\u00adchel\u2014 que lo rechazo por humildad; Berulle fue nombrado cardenal el 30 de agosto de 1627, y Luis de Marillac, hermano de Miguel de Marillac, mariscal de Francia el 1 de julio de 1629<sup>66<\/sup>.<\/p>\n<p>El primer conflicto abierto entre los dos hombres sucedi\u00f3 en el consejo del 26 de diciembre de 1628, a causa de la intervenci\u00f3n francesa en Italia. En setiembre de 1629, la lucha por el poder era agria, y en mayo de 1630, el enfrentamiento fue de destrucci\u00f3n. Las intrigas ante el rey se enmara\u00f1aron hasta llegar a una explosi\u00f3n de enga\u00f1os y trampas el 10 de noviembre de 1630. Este d\u00eda, la Reina Madre logro arrancar a su hijo el rey la sus-tituci6n de Richelieu por Miguel de Marillac. Pero al d\u00eda siguiente, Luis XIII arrepentido asumi\u00f3 plenamente la pol\u00edtica del cardenal y le devolvi\u00f3 el poder.<\/p>\n<p>Richelieu actu\u00f3 r\u00e1pidamente en actitud vengativa. Encarcelo a Miguel y a su hermano Luis, el mariscal, que estaba en Italia al mando de un ej\u00e9rcito. Los familiares y amigos fueron perseguidos, entre ellos los Attichy. La mujer de Luis, Catalina de Medicis, pariente de la reina madre, fue desterrada a Roul, en las afueras de Paris, el 27 de diciembre, y unos meses despu\u00e9s, su sobrina Ana fue confinada en sus tierras de Attichy.<\/p>\n<p>El 11 de noviembre \u2014la Joumee des Dupes\u2014 sorprendi\u00f3 a Luisa en Montmirail, tierra de los Gondi, a menos de 100 kil\u00f3metros de Paris. Es f\u00e1cil que hasta all\u00ed llegaran las asombrosas noticias de la desgracia de los Marillac, y Luisa, una Marillac, las escuchara de personas compadecidas. Aunque distante en la fortuna, vivi\u00f3 siete a\u00f1os en el palacio de Attichy-Marillac. Cuando viv\u00eda a\u00f1os de paz y de ilusi\u00f3n, reaparece la cruz de la ni\u00f1ez. En las desgracias, la sangre sufre por la familia.<\/p>\n<p>Luisa no abandon6 a aquellos labriegos. Sigui\u00f3 en Montmirail, luego paso Beauvais y retorno a Paris por las Navidades. El mes de abril de 1631, lo paso en Montreuil, cerca de Paris, siempre visitando Caridades y dando el catecismo a las ni\u00f1as. Cuando estaba en Pa\u00adris, trabajaba en su Caridad, redactaba o correg\u00eda reglamentos de otras Caridades y se ocupaba de su hijo. En septiembre de 1631, hizo nuevas salidas a Mesnil, Bergier, Loisy, Montmirail, Soulieres, Souderon y Villeseneux.<\/p>\n<p>No abandon\u00f3 a los pobres, aunque en su cuerpo llevaba un coraz\u00f3n roto por las desgracias familiares. Un d\u00eda, fuera de Paris, recibi\u00f3 una carta de Vicente, comunic\u00e1ndole que su t\u00eda, la esposa del Mariscal, estaba enferma de gravedad. Lo que no sab\u00eda Vicente de Paul era que el mismo d\u00eda en que sali\u00f3 la carta, 13 de septiembre, muri\u00f3 Catalina. Se lo comunic\u00f3 una semana m\u00e1s tarde. El director sent\u00eda el dolor de Luisa, sab\u00eda que era fuerte, pero conmovido la consol\u00f3: \u00abEl hijo de Dios llor\u00f3 por L\u00e1zaro; \u00bfpor qu\u00e9 no va a llorar usted por esa buena se\u00f1ora?\u00bb.<\/p>\n<p>Cuanto m\u00e1s tiempo pasaba, la familia Marillac-Attichy present\u00eda con terror el fin de los dos hermanos. No les asustaba la prisi6n o el destierro, tem\u00edan Ia muerte. Buscaron influencias, acudieron a personalidades amigas, se arrodillaron ante Richelieu y ante el rey, pidiendo clemencia o jueces imparciales. Llamaron a cualquiera que pudiera aportar al camino de salvaci\u00f3n y para ello se reunieron con frecuencia en el destierro de Attichy. A algunas reuniones, le pidieron a Luisa que asistiera. Ella pidi\u00f3 consejo a su director. San Vicente vio bien que acudiera, pero le aconsej6 prudencia y que \u00abcuidara no enredarse en nada\u00bb, y siempre que acudiese a Dios, pues \u00ab\u00c9l no le aconsejar\u00eda nada que no fuera perfecto\u00bb. Con todo, que no olvide que al presente esta la cruz.<\/p>\n<p>Nada sirvi\u00f3 de nada. En un juicio celebrado en Rieul, en el palacio de Richelieu, con jueces escogidos meticulosamente por el cardenal, y que suena a corrupci6n, el mariscal fue condenado a muerte y decapitado el 10 de mayo de 1632 en la Plaza de Greve, la Pla\u00adza mayor de Paris. Vicente manifest\u00f3 a Luisa su dolor y la confort\u00f3 no solo por la muerte sino tambi\u00e9n por la ignominia de aquella muerte. El hermano mayor, Miguel, entregado a la oraci\u00f3n y al anonadamiento, muri\u00f3 en la prisi\u00f3n de Ch\u00e2teaudun el 7 de agosto de 1632.<\/p>\n<p><em>Influencia vicenciana<\/em><\/p>\n<p>Luisa de Marillac caminaba hacia su destino: el a\u00f1o de 1633, comienzo de una etapa nueva. En realidad, la nueva etapa hab\u00eda comenzado el a\u00f1o 1625, cuando se encontr\u00f3 con el sacerdote Vicente de Paul. Desde este encuentro, todo fue cambiando en su vida. Se ye claro con la transformaci\u00f3n que sufre su vida espiritual.<\/p>\n<p>Las notas de sus Ejercicios espirituales del adviento de 1628, reconstruyen d\u00eda a d\u00eda los pensamientos y resoluciones de sus meditaciones. San Vicente se los hab\u00eda aprobado. Minuciosamente, le indico el orden y el modo de hacerlos, y \u00e9l se los revisar\u00eda cada dos d\u00edas. Le se\u00f1al\u00f3 las lecturas y las materias de la oraci\u00f3n: las que Monse\u00f1or de Ginebra pone al comienzo y al final de la Introducci\u00f3n a la Vida devota. La se\u00f1orita Le Gras obedeci\u00f3, y los cuatro primeros d\u00edas sigui\u00f3 fielmente a San Francisco de Sales, pero los dos \u00faltimos no pudo, dominada por los temas y las ideas de los primeros directores de tendencia n\u00f3rdica.<\/p>\n<p>Aun siguiendo las meditaciones de la Introducci\u00f3n, se escucha un lenguaje distinto del de San Francisco. En San Francisco, resuena el parecido con la Devoci\u00f3n Moderna, en Santa Luisa con la Escuela Abstracta. El obispo se dirige a la psicolog\u00eda y a la pr\u00e1ctica, la mujer penetra en la metaf\u00edsica y en la contemplaci\u00f3n. En la meditaci\u00f3n de la creaci\u00f3n, se respira un vaho de neoplatonismo leve, como de emanaci\u00f3n y retorno a la divinidad. El fin de la creaci\u00f3n de las almas es su posesi\u00f3n por parte de Dios y el abandono de aquellas en Dios. Cierto, presenta la Humanidad de Cristo como juez, pero unida a la divinidad.<\/p>\n<p>En los \u00faltimos d\u00edas, se separa radicalmente del Obispo de Ginebra y aparece su propia espiritualidad personal de visi\u00f3n renanoflamenca. Se anonada meditando sobre la divinidad y la humildad. La formaci6n espiritual que acumulaba en su interior la empe\u00f1aba a contemplar la divinidad bajo una visi\u00f3n ejemplarista: \u00abLa infinita perfecci\u00f3n de Dios encierra en ella la perfecci\u00f3n de todas las criaturas, que no obran ni necesaria ni voluntariamente si no es por su solo poder\u00bb. Solo existe un amor y es el amor divino. El amor humano es tan solo una participaci\u00f3n del Amor divino: \u00abEl alma esta libre para ir a sacar del amor de la infinita bondad y sabidur\u00eda de Dios todo el que ella puede contener, pues Dios es tan bueno que libremente se lo comunica a todos\u00bb (d\u00eda 6\u00b0).<\/p>\n<p>Ante la divinidad se vac\u00eda de todo y \u00abacepta todas las insensibilidades y privaciones de consuelo\u00bb para abandonarse enteramente en Dios. En un acto de la m\u00e1s pura m\u00edstica de las esencias, no quiere \u00abbuscar las ternuras ni consuelos espirituales para excitarse a servir a Dios\u00bb. Siente que \u00abvoluntariamente tiene que dejar todos los consuelos sensibles para unirse a la Esencia de la divinidad\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando se detiene en Cristo, acent\u00faa \u00abhonrar sus instrucciones\u00bb m\u00e1s que imitarlo. Los pobres a\u00fan no aparecen como una parte de su vida; parecen algo a\u00f1adido, accidental.<\/p>\n<p>Desde el a\u00f1o 1629, se nota un cambio constante en la espiritualidad de Santa Luisa de Marillac. San Vicente de Pa\u00fal la fue llevando lentamente y sin violencia a una vida de Dios, de presencia m\u00e1s humana, no tan especulativa, m\u00e1s centrada en Jes\u00fas, en los pobres y en la vida ordinaria.<\/p>\n<p>Son los apuntes de otros ejercicios, los de adviento de 1631, los que resumen las line-as del cambio en su vida espiritual. Su director Vicente tambi\u00e9n le puso los temas para el domingo, lunes y martes. Luisa hab\u00eda escogido los del s\u00e1bado, prefiriendo meditar sobre la muerte y el juicio. Su director le hab\u00eda indicado la vida de Jes\u00fas. Las meditaciones del s\u00e1bado tienen un enfoque m\u00e1s abstracto que las de los d\u00edas siguientes.<\/p>\n<p>Los tres \u00faltimos d\u00edas, nos parece asistir a unos ejercicios de otra \u00e9poca. Se posesiona de la vida de Jes\u00fas desde su nacimiento hasta la pasi\u00f3n. Jes\u00fas presenta en todas las meditaciones y, como una fiel hija piadosa de Vicente, saca resoluciones pr\u00e1cticas. Si antes tomaba las virtudes porque eran una participaci\u00f3n de las perfecciones divinas o porque as\u00ed honraba a la divinidad, ahora quiere adquirirlas para imitar a Jesucristo que vino a este mundo para cumplir la voluntad del Padre y para poner delante de nuestra vida los ejemplos de su vivir.<\/p>\n<p>La influencia vicenciana es predominante unos meses m\u00e1s tarde, en Pentecost\u00e9s de 1632: todas las meditaciones de los ejercicios se ocupan de Jes\u00fas. En la oraci\u00f3n, le inva\u00adde el asombro al considerar que Jes\u00fas haya unido al hombre por amor, y saca la resoluci\u00f3n de seguirlo e imitarlo en su vida humana. Escoge a Jes\u00fas como modelo y toma la decisi\u00f3n de \u00abimitarlo como una esposa intenta imitar a su esposo\u00bb.<\/p>\n<p>Como lo que hoy admitimos por una ferviente disc\u00edpula de San Vicente de Pa\u00fal la se\u00f1orita Le Gras decide dominar su orgullo y asumir la sencillez y la humildad. Pero lo m\u00e1s admirable es el motivo por el que desea imitar a Jes\u00fas: \u00abNo tanto para recibir la gracia de Dios, cuanto para agradecer su amor en la recomendaci\u00f3n de esta virtud, al ense\u00f1arnos que la practiquemos, no a causa de nuestra bajeza, sino porque El mismo es humilde de coraz\u00f3n\u00bb. La presencia de Jes\u00fas se alarga en Maria y en los ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p><em>Desposorio M\u00edstico<\/em><\/p>\n<p>Santa Luisa de Marillac hab\u00eda entrado en la contemplaci\u00f3n m\u00edstica a trav\u00e9s de la Noche pasiva que le sobrevino de 1621 a 1623, humanamente motivada por la enfermedad de su esposo. Su nuevo director, el sacerdote Vicente de Pa\u00fal, supo guiarla hasta lo m\u00e1s alto de la contemplaci\u00f3n, al desposorio m\u00edstico, del que hab\u00eda Santa Teresa de Jes\u00fas con tanto entusiasmo en la sexta Morada, y al que pocos m\u00edsticos han llegado. Como siempre, se lo conto a su director con lenguaje tan natural y en una circunstancia tan ordinaria que nos extra\u00f1a que una oraci\u00f3n sublime pueda presentarse as\u00ed de sencilla. Los bi\u00f3grafos de Luisa no suelen reparar en este incidente y hasta han querido explicarlo como una prolongaci\u00f3n de su matrimonio con Antonio Le Gras, ya que sucedi\u00f3 en el aniversario de su boda.<\/p>\n<p>Identific\u00e1ndose el signo con el carisma, el desposorio m\u00edstico &#8211;cima apetecida de la contemplaci\u00f3n\u2014 se realiz\u00f3 en medio del servicio a los pobres \u2014cima humana de la presencia amorosa de Jesucristo en el pobre\u2014 y, cosa curiosa, hada tan solo unos meses que se hab\u00eda entregado a los pobres. Iba camino de Asnieres y de Saint-Cloud, el 19 de diciembre y el 5 de febrero de 1630. Luisa ten\u00eda 38 a\u00f1os de edad, llevaba 22 arios de oraci6n y hada unos 8 a\u00f1os que en la oraci\u00f3n recib\u00eda la experiencia de la presencia de Dios.<\/p>\n<p>De la visita a la Caridad de Asnieres, ser\u00eda la con candidez: \u00abY a lo largo de todo el viaje, me parec\u00eda obrar sin ninguna intervenci\u00f3n de m\u00ed misma\u00bb. De la visita a Saint-Cloud, escribe embelesada en el incre\u00edble encuentro que hab\u00eda tenido lugar en su alma: \u00abEn la santa comuni\u00f3n, me pareci\u00f3 que nuestro Se\u00f1or me daba el pensamiento de recibirlo como a esposo de mi alma, y aunque esto me era ya una forma de desposorio, y me sent\u00ed tan fuertemente unida a Dios en esta consideraci6n que para ml fue tan extraordinaria; y tuve el pensamiento de dejarlo todo para seguir a mi esposo y de mirarlo de aqu\u00ed en adelante como a tal, y de soportar las dificultades que encontrar\u00eda como recibi\u00e9ndolas en comunicaci\u00f3n de bienes\u00bb.<\/p>\n<p>Todo se presenta como en un desposorio m\u00edstico. Adem\u00e1s del lenguaje impreciso para expresar una experiencia m\u00edstica inefable: \u00abme pareci\u00f3\u00bb.., y del sentimiento convencido del desposorio realizado, est\u00e1n presentes las caracter\u00edsticas del acto contemplativo: aparece el Otro que le comunica algo y Luisa experimenta una sensaci\u00f3n sobrenatural fuera de lo com\u00fan. Es un sentimiento de bienestar que le dura largo tiempo y que le ha graba-do el Otro, Dios o nuestro Se\u00f1or Luisa no interviene, es sujeto pasivo donde Dios realiza, y ella es consciente de que Dios ha realizado algo extraordinario en ella. Este algo le parece un desposorio espiritual y lo considera como ya realizado. Y recalca que, a ra\u00edz de este desposorio hay, como en el matrimonio humano, una comunicaci\u00f3n de bienes. En otro momento, igualmente trascendental, siente que el Otro la hab\u00eda pose\u00eddo y obraba en ella como sujeto de operaciones. \u00bfUni\u00f3n transformante?<\/p>\n<p>Desde 1633, la nueva mujer en que se hab\u00eda convertido la se\u00f1orita Le Gras al lado de Vicente de Pa\u00fal, entr\u00f3 de una manera natural y, al mismo tiempo, misteriosa, en un mundo hasta hac\u00eda poco extra\u00f1o para ella: el mundo de los pobres. Se har\u00e1 una santa tan activa como contemplativa. En su vida espiritual, se introdujo el vicencianismo, pero nunca podr\u00e1 olvidar la formaci\u00f3n espiritual de su juventud. Es la marca que le dejaron su ni\u00f1ez y juventud. As\u00ed, naci\u00f3 su espiritualidad, la propia: una mezcla admirable de vicencianismo y de Escuela Abstracta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Preparaci\u00f3n para el encuentro De 1625 a 1629, Luisa fue descubriendo su vocaci\u00f3n. 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