{"id":387061,"date":"2019-08-22T08:37:29","date_gmt":"2019-08-22T06:37:29","guid":{"rendered":"http:\/\/vicencianos.org\/?p=387061"},"modified":"2019-06-08T13:37:34","modified_gmt":"2019-06-08T11:37:34","slug":"luisa-de-marillac-encuentra-a-vicente-de-paul","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-encuentra-a-vicente-de-paul\/","title":{"rendered":"Luisa de Marillac encuentra a Vicente de Pa\u00fal"},"content":{"rendered":"<p>Desde la muerte de Antonio Le Gras, el 21 de diciembre de 1625, Luisa vivi\u00f3 una nueva \u00e9poca. Fue como una vida distinta despu\u00e9s de un segundo nacimiento. Hoy podemos dividirla en cuatro etapas: de 1625 a 1633, de 1633 a 1639, de 1639 a 1650 y de 1650 hasta su muerte el 15 de marzo de 1660.<\/p>\n<p>Luisa ignoraba su futuro, pero, seg\u00fan se iba presentando en el presente, se convenc\u00eda de que tambi\u00e9n se realizaba como su infancia y su juventud: decretado desde la eternidad, y ella se sent\u00eda obligada a colaborar.<\/p>\n<p>Conviene examinar la situaci\u00f3n econ\u00f3mica de esta peque\u00f1a familia, porque fue el marco en que se realice su futuro. La situaci\u00f3n econ\u00f3mica tuvo importancia capital, porque hasta 1650 estuvo pendiente de afianzar el patrimonio de su hijo. No podr\u00e1 liberarse del miedo ni del remordimiento injustificado de ser la causante de la penuria humillante de su casa. Lo quit\u00f3 el tiempo, comprometi\u00f3 a Vicente de Paul, y su espiritualidad se desarroll\u00f3 en medio de las preocupaciones por la fortuna de su hijo.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n precaria en que los dejo Antonio Le Gras al morir, la marc\u00f3 duramente. El amor ardiente que ten\u00eda a su hijo le gritaba que el porvenir del hijo de sus entra\u00f1as era incierto. Luisa sufri\u00f3 f\u00edsicamente, especialmente durante los siete a\u00f1os que van de 1643 a 1650, desde que el joven abandono el seminario y, sin empleo, vivi\u00f3 de las pocas rentas que le quedaban, hasta que se case en 1650.<\/p>\n<p>Es dif\u00edcil saber cu\u00e1ntos eran los bienes de madre e hijo a la muerte del se\u00f1or Le Gras. Las familias procuraban ocultar la situaci\u00f3n real de su fortuna para que no influyera negativamente en contratos o negocios, si se romp\u00edan las negociaciones antes de llegar al acuerdo. Ni por los testamentos o contratos matrimoniales, podemos deducir la totalidad de las fortunas. Tocante al capital de los Le Gras, \u00fanicamente se pueden indicar cuatro pistas que pueden ayudarnos a sospechar someramente la cuant\u00eda de sus bienes:<\/p>\n<p>Todas las fortunas del siglo XVII, consideradas seguras, estaban formadas por tierras, oficios y rentas. Sin embargo, despu\u00e9s de vender el oficio de secretario de Maria de M\u00e9dicis, los bienes de madre e hijo, se compon\u00edan \u00fanicamente de rentas. Y esto era muy inestable y peligroso, dada la devaluaci\u00f3n continua del dinero y las inseguridades que ocasionaban las guerras y las revueltas: amenaza contin\u00faa de ruina.<\/p>\n<p>Es cierto que Luisa de Marillac se manifest\u00f3 como una administradora aguda, tanto en los bienes de la Compa\u00f1\u00eda como en los personales: se conservan las cuentas intachables del asilo del Nombre de Jes\u00fas; San Vicente varias veces dijo que muchos conventos de Paris se hab\u00edan hundido econ\u00f3micamente, pero que las casas de las Hijas de la Caridad estaban desahogadas, gracias al buen hacer de la Se\u00f1orita en los negocios.<\/p>\n<p>Antonio Le Gras, sin embargo, hombre de buen coraz\u00f3n y, sin duda, como una inversi\u00f3n pol\u00edtica en la casa noble de los Marillac, no se interes\u00f3 tanto en aumentar su fortuna cuanto en administrar bien los negocios de sus sobrinos. Luisa record\u00f3 a su hijo, poco despu\u00e9s de morir su padre, al presentarle las cuentas ante los magistrados de Justicia, que le quedaba deudor de casi cuatro mil libras. Lo cual parece indicar que, de las 6.000 libras que Luisa hab\u00eda llevado de dote, se hab\u00edan gastado las 2.000 que entraron en comunidad de bienes y las 4.000 que se reservaba para ella; o, m\u00e1s seguro, que disminuidos los bienes del se\u00f1or Le Gras, no se reserve Luisa, durante los trece arios de matrimonio, las 300 libras anuales que hab\u00edan sido estipuladas en el contrato matrimonial para sus gastos personales.<\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n, es cierto que tanto Luisa como su hijo Miguel ten\u00edan bienes suficientes para poder vivir de sus rentas y para pagarse ella una sirvienta y el un lacayo, pero sin holguras; lo cual pod\u00eda llevarlos a la ruina en cualquier descuido. Ten\u00edan para vivir solo justamente: ya que Vicente le rogaba a Luisa que no hiciera regalos por encima de sus posibilidades, y eran regalos peque\u00f1os; y, cuando quiso hacer el importante regalo de tres cuadros en 1646, se vio obligada a vender algunas sortijas que le quedaban. Indican sus estrecheces, las dificultades que tuvo para pagar la pensi6n del internado de su hijo en el colegio de los jesuitas. Pero es que, adem\u00e1s, ella misma lo confeso a sus parientes, como cosa sabida, y tuvo que aceptar una pensi\u00f3n de los Marillac. Como una angustia contenida, sali\u00f3 a flote en el momento de casar a su hijo. Surgieron serias dificultades a causa de la insuficiencia de bienes para mantener dignamente una familia.<\/p>\n<p>No obstante, en la etapa que va de 1625 a 1633, aunque sin lujos, madre e hijo tuvieron para vivir con tranquilidad, aunque el recelo del porvenir estaba presente cada d\u00eda.<\/p>\n<p><em>Miguel seminarista.<\/em><\/p>\n<p>Pero el peque\u00f1o Miguel entr\u00f3 en el seminario y, como escrib\u00eda su madre a Vicente de Paul, por este lado le desapareci\u00f3 la inquietud; y, si continuaba, ella quedaba muy tranquila.<\/p>\n<p>Para cualquier madre con un alma piadosa, como la de Luisa, tener un hijo sacerdote era un regalo embriagador, pero no cabe duda que, mirado humanamente, tambi\u00e9n el futuro econ\u00f3mico del hijo quedaba solucionado con el ingreso en el seminario.<\/p>\n<p>Sorprende que Miguel comenzara tan tarde los estudios en un colegio en septiembre de 1627, cuando iba a cumplir catorce a\u00f1os. No era raro ciertamente, pero tampoco era lo com\u00fan. Muchas circunstancias pudieron influir en la tardanza: la situaci\u00f3n pol\u00edtica que en-volvi\u00f3 a la familia Marillac por esos a\u00f1os, la enfermedad de Antonio; tampoco se puede rechazar el que a Luisa, demasiado encari\u00f1ada con el hijo, le costara desprenderse para que entrara en un internado. O m\u00e1s sencillamente, que fuera demasiado cara la pensi\u00f3n de un colegio, escogido acorde con la categor\u00eda social de la familia Marillac.<\/p>\n<p>A los cuatro meses de estar en el seminario, Miguel se manifest\u00f3 como un chico consciente de lo que es una vocaci\u00f3n sacerdotal y, responsable de sus actos, le declare a su madre que no deseaba ser sacerdote. La vocaci\u00f3n de Miguel fue un pu\u00f1al que incesantemente tuvo Luisa delante del pecho, y ahora se lo clavaba sin piedad. Desolada, acudi\u00f3 a su amiga Catalina de Beaumont, superiora del convento de la Visitaci\u00f3n, y a su director Vicente. San Vicente no dio importancia a las vacilaciones de un adolescente y felicit\u00f3 a la madre por haberlo hecho entrar en raz\u00f3n y por haberlo convencido de tomar la sotana.<\/p>\n<p>Animado de nuevo el chaval, sigui\u00f3 los estudios de humanidades. Era buen estudiante y se manifestaba contento. Durante las vacaciones y fiestas, se alojaba en casa de los padres Pa\u00fales.<\/p>\n<p><em>Vicente de Pa\u00fal, nuevo director de Luisa.<\/em><\/p>\n<p>Sin mayores preocupaciones econ\u00f3micas en estos primeros a\u00f1os de viudez, y Miguel en el seminario, la etapa de 1625 a 1633, a pesar de aparecer como transitoria e irrelevante, es transcendental para la persona de Luisa de Marillac.<\/p>\n<p>Son los a\u00f1os en los que descubri\u00f3 la vocaci\u00f3n y su misi\u00f3n en la tierra. Ahora s\u00ed, pod\u00eda avanzar hacia el futuro, sabiendo que hacer y a donde ir. Ahora, le parec\u00eda, como una excepci\u00f3n, que era ella quien decid\u00eda en su vida de la mano de su nuevo director, Vicen\u00adte de Paul.<\/p>\n<p>Seguir\u00e1 insegura cuando penetre en su interioridad, pero se mostrara firmemente segura cuando act\u00fae en las inmensas obras del se\u00f1or Vicente. Hab\u00eda llegado el tiempo de necesitar todo lo aprendido en aquel pensionado desde los trece hasta los veinti\u00fan a\u00f1os. De aqu\u00ed en adelante, de la mano de su director, por fin, va a realizar toda la potencialidad creadora que encierra su personalidad. Ella misma se atreve a proponer y a ejecutar. Es otra mujer, y esta mujer nueva es la obra m\u00e1s preciosa que haya desarrollado San Vicen\u00adte de Pa\u00fal. Fue el quien la descubri\u00f3 y el vio el potencial inmenso que encerraba latente en su interior. Y el, gui\u00e1ndola en la libertad, dejo que fuera ella misma quien lo pusiera en pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>El encuentro con el sacerdote Vicente de Paul tuvo para Luisa tanta importancia como tuvo para Vicente el encuentro con el cardenal B\u00e9rulle. De aqu\u00ed en adelante, Luisa quedo unida a Vicente de Pa\u00fal. La persona de este hombre se proyectara continuamente en la santa. Ella lo venero y lo amo profundamente en Dios, y \u00e9l la dirigi\u00f3 y la am\u00f3 tiernamente en nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Ya no se puede examinar a Santa Luisa de Marillac separada de San Vicente de Pa\u00fal. Es muy cercano a la realidad que una faceta de la personalidad de Luisa es la relaci\u00f3n con su director, y que en cada acci6n de esta mujer se descubre la presencia de Vicente de Pa\u00fal ciertamente, como instrumento de Dios. Sin violentarla y sin imposiciones, la fue dirigiendo y realizando. Sin San Vicente, Santa Luisa no ser\u00eda ella.<\/p>\n<p>Cuando Vicente de Paul se encontr\u00f3 con la se\u00f1orita Le Gras \u2014entre diciembre de 1624 y enero de 1625\u2014 ella iba a cumplir treinta y cuatro arios, con un hijo de once y un marido enfermo de muerte. Era una mujer marcada por la marginaci6n y el sufrimiento. Siente como si Dios quisiera que fuera a \u00c9l a trav\u00e9s de la cruz, y est\u00e1 convencida de que esta no la ha abandonado desde la cuna en ning\u00fan momento de su vida. Luisa acepto la cruz. Hada menos de dos arios que hab\u00eda pasado una noche m\u00edstica doloros\u00edsima. Dios la hab\u00eda purificado por El mismo. Tambi\u00e9n el sacerdote la hab\u00eda pasado hada diez almas, y comprend\u00eda el dolor m\u00e1s que humano que penetra en el esp\u00edritu. Cierto, Luisa sufrir\u00e1 como cualquier mujer, cuando su hijo o las Hijas de la Caridad o la misma vida la hieran, y el miedo y la angustia por el porvenir continuaran ocultos a su lado. Pero, cuando la recibi\u00f3 Vicente de Paul para dirigirla, era una mujer serena y tranquila, como lo indican las cartas que envi6 al cartujo Hilarion Rebours, primo de su esposo. Seg\u00fan Gobillon, fue el anterior director, Jean Pierre Camus, quien se la recomend\u00f3 a Vicente, al tener que ausentarse de Paris por una larga temporada (p. 28).<\/p>\n<p><em>La correspondencia<\/em><\/p>\n<p>Nos es bastante dif\u00edcil descubrir como dirig\u00eda Vicente de Paul a Luisa de Marillac. Por las cartas, conocemos la actuaci\u00f3n de Vicente al lado de Luisa en lo referente a las obras. Son cartas para la acci\u00f3n y organizaci\u00f3n de una colosal obra de caridad. A trav\u00e9s de las cartas, nos sobrecoge la epopeya de unos hombres y de unas mujeres encarnados en la liberaci\u00f3n de los pobres. Pero muy poco nos dicen de la direcci6n de un sacerdote en la espiritualidad de aquella mujer concreta.<\/p>\n<p>Primero, porque se han perdido muchas cartas o las destruyeron los interesados por ser demasiado personales en sus detalles o porque a San Vicente no le importaba mucho en aquella \u00e9poca conservar las cartas de una mujer que se preocupaba m\u00e1s de la uni\u00f3n con Dios por medio de la devoci\u00f3n, que a trav\u00e9s de los pobres. Es frecuente leer en algunas cartas: \u00bb Como me consuelan sus cartas y los pensamientos en ella consignados&#8230; En cuanto a la pena que tuvo y que me indica al final de su carta, ya hablaremos de ella&#8230; Y, si la otra pena le sigue afligiendo, escr\u00edbame, que ya contestare\u00bb. Pero estas cartas a las que alude San Vicente, se han perdido.<\/p>\n<p>Segundo, porque la direcci\u00f3n de su vida interior se hada en conversaci\u00f3n privada, en un dialogo que no ha dejado huellas escritas: \u00abYa hablaremos&#8230; cuando tenga la dicha de verla, ya le dir\u00e9 el pensamiento que tuve un d\u00eda&#8230; Nada le digo de lo que me ha escrito, porque espero verla a finales de este mes y poder hablar juntos\u00bb.<\/p>\n<p>Estas conversaciones tuvieron que ser bastante frecuentes, dada la inseguridad de Luisa en lo tocante a su vida interior. A menudo, lo manifiesta en la correspondencia: \u00ab\u00a1Si pudiera darle a conocer mis temores, cuanto me consolar\u00eda! Todos se fundan en el sentimiento de verme abandonada de Dios&#8230; Se ha olvidado de m\u00ed. No s\u00e9 lo que nuestro buen Dios quiere darme a entender, pero espero que su caridad me lo advertir\u00e1&#8230; Conc\u00e9dame la limosna de una peque\u00f1a visita, que necesito mucho\u00bb.<\/p>\n<p>Por eso, sabemos que, cuando los dos santos est\u00e1n en Paris o cuando van entrando en la ancianidad y ya no pueden ausentarse, las cartas escasean, porque viven cerca el uno del otro y no tienen nada m\u00e1s que cruzar la calle para entrevistarse. A lo m\u00e1s, aparecen peque\u00f1os papeles \u2014las llamadas telef\u00f3nicas de hoy\u2014 que, debido a las prisas o al mal tiempo, ten\u00eda que llevar un criado.<\/p>\n<p>Se conservan m\u00e1s cartas de San Vicente a Santa Luisa que de Santa Luisa a San Vicente. La estima y la veneraci\u00f3n que sent\u00eda por su director la obligaban a conservar cualquier papel escrito de su mano. Sor Maturina Guerin cuenta que Luisa les recalcaba \u00abque vendr\u00eda un d\u00eda en que nuestras Hermanas se consolaran de tener sus escritos\u00bb.<\/p>\n<p><em>La direcci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p>A pesar de todo, estas pocas notas y cartas se\u00f1alan, a veces de paso, a veces como una insinuaci\u00f3n, que existen papeles que pueden introducirnos en las profundidades de la di-recci6n que daba el santo. Son pensamientos o res\u00famenes de la oraci\u00f3n que escrib\u00eda Luisa para su intimidad o para que las Hijas de la Caridad pudieran servirse de ellos o para que los conociera su director. Todos ellos rezuman sinceridad y franqueza, como de una mujer que se abre enteramente al director de su conciencia:<\/p>\n<p>\u00abEsto me obliga a suplicarle, por amor a nuestro Se\u00f1or, que se tome un poco de tiempo para conocerme por completo. No le ocultare nada que pueda impedir ese conocimiento, seg\u00fan la gracia que Dios me ha dado siempre de desear que viera usted con toda claridad todos mis pensamientos, acciones e intenciones\u00bb.<\/p>\n<p>A pesar de esta sinceridad y de esta insistencia, o por eso mismo, San Vicente supo desde el primer d\u00eda que acepto dirigirla, que el solo era un instrumento de Dios. Ten\u00eda la evidencia de que Dios manifestaba designios especiales sobre la mujer que hab\u00eda puesto en sus manos, y a \u00e9l solamente le hab\u00eda encomendado ayudarla. El director era Dios y, cuando Dios estaba presente, \u00e9l se retiraba. No pod\u00eda <em>meter la hoz en la cosecha de Dios<\/em>. En alguna ocasi\u00f3n, tuvo que explic\u00e1rselo a Luisa, que le costaba comprenderlo: \u00abBien. Le gustar\u00eda hacer su revisi\u00f3n y una comunicaci\u00f3n m\u00e1s \u00edntima con aquel con quien nuestro Se\u00f1or le ha dado cierta confianza, y no ha querido Dios que haya podido hacerse as\u00ed, para que la haga usted interior e \u00edntimamente con El mismo, que al honrarlo con su amor excesivo \u2014como dice el ap\u00f3stol\u2014 quiere, por unos celos divinos, ser El con quien haga usted esa ansiada comunicaci\u00f3n. \u00bfTiene usted motivos para quejarse, si es as\u00ed?\u00bb<\/p>\n<p>Luisa lo comprendi\u00f3: \u00abMe siento indigna de esa conducta de la divina Providencia que usted me ha hecho el honor de se\u00f1alarme\u00bb.<\/p>\n<p>Sinceridad, por parte de Luisa; instrumento de Dios, en la mente de Vicente. Se podr\u00eda a\u00f1adir la confianza de la Se\u00f1orita y la entrega del director. No es mucho para saborear la direcci\u00f3n vicenciana, pero hay que tener en cuenta que las notas de la santa no est\u00e1n fechadas y se hace dif\u00edcil clasificarlas en orden a concretar m\u00e1s detalles de direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>Santa Luisa de Marillac admiraba la clase excepcional que ten\u00eda San Vicente de Paul para dirigir a cada persona seg\u00fan era ella. A las Hermanas, les dijo un d\u00eda que \u00abhab\u00eda pocos que tuviesen el m\u00e9todo de nuestro honorable Padre, que ten\u00eda el don particular de conocer los caminos por los que Dios lleva a sus elegidos y de dirigirlos por ese camino, a diferencia de muchos directores que, en lugar de esforzarse por conocer lo que nuestro Se\u00f1or pide a cada uno de nosotros, les dan su propia direcci\u00f3n en lugar de la de Dios, la cual, aunque buena, no es apropiada para todos\u00bb. Maturina Guerin aclara: \u00abLo cual dec\u00eda, no quej\u00e1ndose de algunos en particular, sino resaltando a este gran hombre al que intentaba seguir de cerca en esto como en otras muchas cosas\u00bb.<\/p>\n<p>O sea, que Vicente la gui\u00f3 suavemente, sin forzarla, conforme a la espiritualidad que le inculcaron los primeros directores. \u00abYo conservar\u00e9 en mi coraz\u00f3n las [palabras] que me escribe de su generosa resoluci\u00f3n de honrar la adorable vida oculta de nuestro Se\u00f1or, tal como le dio nuestro Se\u00f1or deseos desde su juventud\u00bb, le escrib\u00eda hacia 1630.En la direcci\u00f3n, nos parece encontrar tres objetivos, ya delineados en la primera carta que conservamos de San Vicente a Santa Luisa, fechada el 30 de octubre de 1626: Convencerla de la importancia de vivir alegre, a pesar de haberla marcado el dolor desde su nacimiento y a pesar de los disgustos que le ocasionaron su hijo y su familia, y de la marginaci\u00f3n a que la obligaron las leyes civiles; controlar la afectividad hacia su hijo y, al pasar los a\u00f1os, hacia el mismo; y sacarla de ella misma, del encerramiento de llevar una vi-da espiritual para ser una devota simplemente, present\u00e1ndole otro objetivo a su vida: liberar a los pobres.<\/p>\n<p>De momento, lo va a realizar por medio de las Cofrad\u00edas de la Caridad, llamadas com\u00fanmente Caridades.<\/p>\n<p><em>Las Caridades del se\u00f1or Vicente.<\/em><\/p>\n<p>Las Caridades fueron el primer fruto del carisma vicenciano. Unos meses antes de iniciarse el a\u00f1o 1617, Vicente de Paul termin\u00f3 una noche espiritual de fe. En la oscuridad de la noche, Vicente descubri\u00f3 que Dios le revelaba una misi\u00f3n: entregar su vida para redimir a los pobres. Tan pronto como acept\u00f3 la misi\u00f3n, desapareci\u00f3 la oscuridad de fe. Comenz\u00f3 a cumplir la misi\u00f3n con la Cofrad\u00eda de la Caridad. Todo sucedi\u00f3 en Chatillon-les-Dombes, hoy Chatillon-sur-Chalaronne, donde el sacerdote Vicente de Paul ejerci\u00f3 de p\u00e1rroco desde julio hasta diciembre de 1617. El mismo conto la fundaci\u00f3n de la primera <em>Caridad.<\/em><\/p>\n<p>\u00abEstando en Lyon, en una peque\u00f1a ciudad, a donde la Providencia me hab\u00eda llevado para ser p\u00e1rroco, un domingo, como me estuviese preparando para celebrar la santa Misa, vinieron a decirme que en una casa separada de las dem\u00e1s, a un cuarto de hora de all\u00ed, estaba todo el mundo enfermo, sin que quedase ni una sola per\u00adsona para cuidar a las otras, y todas en una necesidad que es imposible expresar. Esto me toc\u00f3 sensiblemente el coraz\u00f3n; no deje de decirlo en el serm\u00f3n con gran sentimiento, y Dios, tocando el coraz\u00f3n de los que me escuchaban, hizo que se sintieran todos movidos de compasi\u00f3n por aquellos pobres afligidos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de comer, se celebr\u00f3 una reuni\u00f3n en casa de una buena se\u00f1orita de la ciudad, para ver que socorros se les podr\u00eda dar, y cada uno se mostr\u00f3 dispuesto a ir a verlos, consolarlos con sus palabras y ayudarlos en lo que pudieran. Despu\u00e9s de v\u00edsperas, tome a un hombre honrado, vecino de aquella ciudad, y fuimos juntos hasta all\u00e1. Nos encontramos por el camino, con algunas mujeres que iban delante de nosotros, y poco m\u00e1s adelante con otras que volv\u00edan. Y como era en verano y durante los grandes calores, aquellas buenas mujeres se sentaban al lado del camino para descansar y refrescarse. Finalmente, hab\u00eda tantas que se podr\u00eda haber dicho que se trataba de una procesi6n.<\/p>\n<p>Apenas llegue, visite a los enfermos y fui a buscar el Sant\u00edsimo Sacramento para los que estaban m\u00e1s graves, no a la parroquia del lugar, porque no habla ninguna, sino que depend\u00eda de un cabildo del que yo era prior. As\u00ed pues, despu\u00e9s de haberlos confesado y dado la comuni\u00f3n, hubo que pensar en la manera de atender a sus necesidades. Les propuse a todas aquellas buenas personas a las que la caridad hab\u00eda animado a acudir all\u00ed, que se pusieran de acuerdo, cada una un d\u00eda determinado, para hacerles la comida, no solamente a aquellas, sino a todos los que viniesen luego; fue aquel el primer lugar en donde se estableci\u00f3 la Caridad\u00bb.<\/p>\n<p>Esta primera reuni\u00f3n tuvo lugar el 23 de agosto de 1617. A la cofrad\u00eda, Vicente de Pa\u00fal le puso como fines, \u00ab1\u00b0 Honrar el amor que nuestro Se\u00f1or tiene a los pobres. 2\u00b0 Asistir a los pobres corporal y espiritualmente\u00bb. El reglamento lo aprob\u00f3 dos veces el arzobispo de Lyon, Dionisio Sim\u00f3n de Marquemont \u2014el mismo que aconsejo a S.Francisco de Sales la clausura para sus hijas\u2014 los d\u00edas 24 de noviembre y 12 de diciembre. El 8 de diciembre, hab\u00eda sido erigida solemnemente la Cofrad\u00eda de la Caridad en la capilla del hospital de Chatillon.<\/p>\n<p>Vuelto Vicente a casa de los Gondi, en las navidades de ese ario, las Caridades se extendieron con rapidez por las tierras de sus se\u00f1ores, como una parte integrante de las misiones. Evangelizar las almas sin rescatar el cuerpo de la pobreza, era un sinsentido disparatado para el esp\u00edritu vicenciano. Vicente vela a los pobres enteros, sin dividir, como cuentan los evangelios que los vio Jes\u00fas. Las Caridades completaban el apostolado <em>misionero <\/em>de los padres Pa\u00fales: cada misi\u00f3n terminaba instituyendo, donde era posible, las Caridades que continuaban la misi\u00f3n ayudando a los pobres y recomend\u00e1ndola a todos los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Pronto tuvieron Caridades Villepreux, Joigny, Montmirail,&#8230; A Vicente de Paul, no cabe duda, le favorecieron las circunstancias sociales: la fe ardiente del siglo XVII y la situaci\u00f3n de inactividad de la mujer en ese siglo. As\u00ed, la aventura de caridad fue esencialmente femenina. Era casi la \u00fanica empresa en la que se pod\u00eda embarcar una mujer virtuosa para saciar sus energ\u00edas y manifestar sus cualidades inadvertidas.<\/p>\n<p><em>Los pobres en el siglo XVII<\/em><\/p>\n<p>Desde el a\u00f1o 1617, los pobres ser\u00e1n <em>el peso y el dolor <\/em>de Vicente de Paul. De tal manera lo absorbieron que, hasta morir, su vida y su persona estar\u00e1n exclusivamente en funci\u00f3n de los pobres. No es de extra\u00f1ar, por lo tanto, que disimuladamente fuese contagiando a la se\u00f1orita Le Gras la inquietud y la preocupaci\u00f3n que sent\u00eda por ellos, ni que Luisa se entregara generosa y sin reservas al mismo ideal.<\/p>\n<p>Los historiadores admiten para el siglo XVII la definici\u00f3n de pobre que dio Jean Pie\u00adrre Camus, obispo de Belley y director de Luisa por unos a\u00f1os. \u00abEs verdaderamente pobre aquel que no tiene otro medio de vivir que su trabajo o su ingenio, sea del esp\u00edritu o del cuerpo\u00bb. Es decir, el que vive al d\u00eda, sin rentas ni r\u00e9ditos, dependiendo de su trabajo y sin empleo fijo.<\/p>\n<p>Desde finales de la Edad Media, se hab\u00eda olvidado la imagen espiritual que se ten\u00eda de los pobres, como el espejo de Jesucristo sufriente, sus miembros doloridos. Se cre\u00eda en la idealizaci\u00f3n franciscana de que el pobre, el humilde, el afligido est\u00e1 cerca de Dios, es un intercesor privilegiado y hab\u00eda que acogerlo como algo sagrado. Los santos Padres trasmitieron a la posteridad el sentido b\u00edblico del pobre, pero el pobre que recibieron en el siglo XVII fue el pobre de los santos de la Edad Media.<\/p>\n<p>Aunque la idea de acoger al pobre como a Cristo no se hab\u00eda borrado del todo, la pobreza en esta \u00e9poca era considerada por muchos como una desgracia y una maldici\u00f3n que degradaba al hombre. A los pobres se los consideraba como presa f\u00e1cil de herej\u00edas y agentes de motines y revueltas. Con facilidad, propagaban enfermedades y sin dificultad se los identificaba con los marginados de entonces: vagabundos, vagos, pordioseros que fing\u00edan invalidez, ladrones, bandoleros, etc. Eran sospechosos y daban miedo.<\/p>\n<p>El umbral de la pobreza era fr\u00e1gil y variable. Una helada o una crisis social pod\u00edan introducir en la pobreza a peque\u00f1os burgueses, y en la casta de los marginados a la mayor\u00eda de los pobres. Por supuesto, pobres exist\u00edan en el campo y en la ciudad.<\/p>\n<p><em>Los pobres del campo<\/em><\/p>\n<p>En el campo, todo labrador que no fuera potente estaba pisando el umbral de la pobreza. Bastaba que llegara una helada, una sequ\u00eda o una mala cosecha para que se convirtiera en pobre. Cierto, entre 1631 y 1660 no hubo en Francia grandes sequias, a excepci\u00f3n de 1652, pero no faltaron heladas, granizadas, lluvias torrenciales, etc. que, como en un damero, iban saltando de pueblo en pueblo. A pesar de todo, el mayor peligro lo trajeron las revueltas de la Fronda y las guerras con sus ej\u00e9rcitos de paso que imped\u00edan la siembra y asolaban las cosechas.<\/p>\n<p>Si se presentaba un mal ario, el campesino peque\u00f1o se endeudaba para poder comer y comprar la semilla. Si el segundo ario tambi\u00e9n era malo, ten\u00eda que vender los aperos, el ganado y hasta los campos, para pagar las deudas. Si llegaba un buen a\u00f1o, quedaba mermado en gran parte debido a las deudas, al coste de las semillas, al arriendo de los aperos y al pago de los impuestos. Si no llegaba el tan esperado buen a\u00f1o, se convert\u00edan, en el mejor de los casos, en arrendatarios de los nuevos due\u00f1os de sus tierras: labradores potentes o burgueses de la ciudad. Pero no era raro que terminaran de braceros, engrosando la enorme masa del pauperismo, mal vestidos, alojados en viviendas miserables y repletas de hambre. Como en la ciudad, eran analfabetos, sin cultura y envueltos en una religiosidad mezclada de superstici\u00f3n.<\/p>\n<p>Los braceros \u2014los pobres de verdad\u2014 trabajaban para otros en lo que pod\u00edan encontrar. La principal \u00e9poca de trabajo y casi la \u00fanica se reduc\u00eda al tiempo de siembra, de recolecci\u00f3n y de vendimia. Los otros trabajos que pod\u00edan encontrar, como peones de alba\u00f1iles, no eran nada m\u00e1s que una peque\u00f1a ayuda. Hay que tener presente que se pagaba cada d\u00eda trabajado, y que hab\u00eda que descontar del calendario laboral 80 fiestas anuales, adem\u00e1s de los d\u00edas que el mal tiempo imped\u00eda trabajar. El salario se pagaba una parte en pro-ductos naturales, otra para saldar las deudas con el patr\u00f3n y el sobrante se cobraba en moneda de cobre devaluada.<\/p>\n<p>Las tierras iban quedando en unas pocas manos que un\u00edan las haciendas y disminu\u00edan la mano de obra. El paro aumentaba y, cuando llegaban las malas cosechas, se convert\u00eda en plaga. El precio del pan sub\u00eda y, sin trabajo, las deudas se volv\u00edan impagables. Era el final de una evoluci\u00f3n social: la Justicia venia para apoderarse de lo poco que aun pod\u00eda quedar y encerrarlos en la cartel, si antes no hab\u00edan huido, abandonando mujer e hijos o llev\u00e1ndolos consigo. Iban a engrosar la muchedumbre de vagabundos que merodeaban los caminos. Otras veces se perd\u00edan en las ciudades en busca de ayuda o de limosnas. Se hab\u00edan convertido en marginados.<\/p>\n<p>En tiempo ordinario, el labrador franc\u00e9s pod\u00eda vivir. Era raro quien no poseyera un peque\u00f1o campo y algunos animales. Pero sobre los campesinos cayeron, como si se tratara de varear casta\u00f1os, los malditos impuestos. Desde 1635, cuando Francia declare, la guerra a la Casa de Austria, los impuestos aprisionaron y exasperaron a los agricultores. De 1635 a 1643, aumentaron un 400%. Hacia 1650, la vida aparec\u00eda insoportable: m\u00e1ximo de impuestos, m\u00e1ximo de arriendo e irregularidades en los precios.<\/p>\n<p><em>Los pobres de la ciudad.<\/em><\/p>\n<p>En las ciudades, tambi\u00e9n abundaban los pobres. Eran los obreros no especializados: pe\u00adones, bateleros, porteadores, descargadores, aguadores, lidiadores, carreteros, marineros, etc., y eran los obreros de la rama textil y los tintoreros y una muchedumbre innominada.<\/p>\n<p>Vivian en barrios concretos o mezclados por la ciudad con gente modesta y ocupando los \u00faltimos pisos. Su vivienda se reduc\u00eda a una sola habitaci\u00f3n para toda la familia. Lo m\u00e1s que lograban a\u00f1adir era una cocina que para algunos hac\u00eda las veces de taller.<\/p>\n<p>Como en el campo, su alimentaci\u00f3n se reduc\u00eda a pan negro. Faltos de vitaminas, era frecuente el raquitismo en los ni\u00f1os, y una falta de resistencia al esfuerzo, al frio y a las enfermedades en todos. La mortandad se cebaba en ellos.<\/p>\n<p>Sin embargo, las ciudades gozaban de ciertas ventajas que atra\u00edan a los pobres del campo en una migraci\u00f3n continua, en especial hacia Paris: m\u00e1s puestos de trabajo, casas de no\u00adbles y burgueses donde colocarse de sirvientes \u2014la ambici\u00f3n de los j\u00f3venes labriegos\u2014, y un campo m\u00e1s amplio para la imaginaci\u00f3n y el ingenio, a veces, de picaros y canallas. Hab\u00eda igualmente mayor preocupaci\u00f3n en las autoridades y m\u00e1s medios para socorrer a los pobres aunque tan solo fuera por miedo a las revueltas en las que los pobres nada ten\u00edan que perder. A los pobres, se los lleg\u00f3 a considerar como un peligro social. Desde mediados del siglo XVI, se hab\u00edan organizado las llamadas <em>Oficinas de los pobres. <\/em>En Paris, Francisco I hab\u00eda creado en 1544 la <em>Gran oficina <\/em>general de los pobres en favor de los menesterosos.<\/p>\n<p>Se a\u00f1ade que en la ciudad se pod\u00eda mendigar. La mendicidad era la ocupaci\u00f3n generalizada de los pobres. Entre pobreza y mendicidad no hay diferencia de grado sino de for\u00adma. Habla mendigos ocasionales, pero tambi\u00e9n de profesi\u00f3n. Quienes ten\u00edan verg\u00fcenza de mendigar, enviaban a sus hijos.<\/p>\n<p>En la sociedad, hab\u00eda dos opiniones sobre los mendigos: unos los consideraban algo indecoroso, molesto y peligroso, que hab\u00eda que encerrar en los Hospitales Generales \u2014 especie de prisi\u00f3n o reformatorio\u2014, y otros defend\u00edan el derecho de los pobres a ganarse la vida pidiendo por falta de bienes y de trabajo.<\/p>\n<p>La masa de mendigos estaba compuesta en su mayor\u00eda por ancianos, viudas, ni\u00f1os y enfermos. Es decir, los que no ten\u00edan ni el trabajo como medio de subsistencia. La mendicidad siempre est\u00e1 en proporci6n directa con el paro.<\/p>\n<p>En todas las ciudades, exist\u00eda adem\u00e1s una tercera clase de pobres que Vivian al margen de la sociedad: vagabundos, desertores, gitanos, prostitutas, vagos de profesi\u00f3n, etc. Eran una amenaza para el orden p\u00fablico; daban miedo aun a los pobres de verdad. En cualquier oportunidad, se convert\u00edan en animadores de motives y se sospechaba que con facilidad se metamorfoseaban en ladrones, salteadores, esp\u00edas y propagadores de epidemias y herej\u00edas. Durante el d\u00eda, era frecuente verlos como lisiados y mutilados, pidiendo limosna, pero se sab\u00eda que por la noche recuperaban la salud en los renombrados <em>Patios de los Milagros. <\/em>Eran gente sin conciencia de la que nadie se fiaba. En el mejor de los casos, se los expulsaba de la ciudad, y en el peor, se los persegu\u00eda y se los encerraba contra su voluntad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde la muerte de Antonio Le Gras, el 21 de diciembre de 1625, Luisa vivi\u00f3 una nueva \u00e9poca. Fue como una vida distinta despu\u00e9s de un segundo nacimiento. 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