{"id":38340,"date":"2017-03-13T08:45:07","date_gmt":"2017-03-13T07:45:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/espiritualidad-vicenciana-espiritu-santo\/"},"modified":"2016-12-28T15:40:31","modified_gmt":"2016-12-28T14:40:31","slug":"espiritualidad-vicenciana-espiritu-santo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-espiritu-santo\/","title":{"rendered":"Espiritualidad vicenciana: Esp\u00edritu Santo"},"content":{"rendered":"<h2><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"399859\" data-permalink=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/jesus-ora-al-padre-movido-por-el-espiritu\/jesus-ora-al-padre\/\" data-orig-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/jesus-ora-al-padre.jpg?fit=1200%2C630\" data-orig-size=\"1200,630\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"jesus-ora-al-padre\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/jesus-ora-al-padre.jpg?fit=300%2C158\" data-large-file=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/jesus-ora-al-padre.jpg?fit=846%2C444\" class=\"alignnone size-medium wp-image-399859 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/jesus-ora-al-padre.jpg?resize=300%2C158\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"158\" srcset=\"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/jesus-ora-al-padre.jpg?resize=300%2C158 300w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/jesus-ora-al-padre.jpg?resize=768%2C403 768w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/jesus-ora-al-padre.jpg?resize=1024%2C538 1024w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/jesus-ora-al-padre.jpg?resize=100%2C53 100w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/jesus-ora-al-padre.jpg?resize=846%2C444 846w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/jesus-ora-al-padre.jpg?resize=1004%2C527 1004w, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/09\/jesus-ora-al-padre.jpg?w=1200 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>I. San Vicente de Pa\u00fal<\/h2>\n<h3>El Esp\u00edritu Santo en sus escritos<\/h3>\n<p>Como la generalidad de sus contempor\u00e1neos, san Vicente de Pa\u00fal no pone al Esp\u00edritu Santo como centro de su vida ni como din\u00e1mica expresa de su espiritualidad. La mayor\u00eda de los espiritua\u00adles de entonces eran teoc\u00e9ntricos o cristoc\u00e9ntri\u00adcos. Las veces que Vicente acude al Esp\u00edritu San\u00adto no nos inducen a clasificarle como un hombre neumat\u00f3logo. Un manuscrito de la \u00e9poca nos in\u00addica que en los diez \u00faltimos a\u00f1os de su vida tan s\u00f3lo cuatro conferencias tienen como tema al Es\u00adp\u00edritu Santo -siempre con ocasi\u00f3n de la fiesta de Pentecost\u00e9s-, sobre las disposiciones para recibir al Esp\u00edritu Santo, desear sus efectos y sobre los dones y gracias. Pero s\u00f3lo est\u00e1n enunciadas y no conocemos su exposici\u00f3n. Conservamos 145 in\u00adtervenciones suyas a los misioneros: conferen\u00adcias, repeticiones de oraci\u00f3n, cap\u00edtulos, etc. ; m\u00e1s 98 fragmentos, conservados en Abelly todos me\u00adnos dos, y 58 m\u00e1ximas que recogi\u00f3 un misione\u00adro. Ninguna intervenci\u00f3n lleva como tema al Es\u00adp\u00edritu Santo. Solamente aparece el Esp\u00edritu Santo en siete fragmentos y una docena de citas en las conferencias. De todos ellos s\u00f3lo unos diez tro\u00adzos encierran cierta importancia para conocer al\u00adgo la mentalidad del santo acerca del Esp\u00edritu Santo. Por otra parte, de las 120 intervenciones conservadas para la direcci\u00f3n y formaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad, \u00fanicamente una tiene como tema al Esp\u00edritu Santo, y no en exclusiva, sino compartido con la oraci\u00f3n [31 de mayo de 1648, domingo de Pentecost\u00e9s], y la copista resalta que el tema fue propuesto por Luisa de Marillac. En esta conferencia todas las Hermanas, inclu\u00edda san\u00adta Luisa, dedican una parte al Esp\u00edritu Santo. San Vicente, nada. Toda su intervenci\u00f3n la dedica a la meditaci\u00f3n y contemplaci\u00f3n. San Vicente es cris\u00adtoc\u00e9ntrico con un color berulliano y el \u00ablugar de su teolog\u00eda\u00bb es el pobre real de la sociedad. No es extra\u00f1o, ya que el siglo XVII franc\u00e9s est\u00e1 do\u00adminado por la rivalidad entre cat\u00f3licos y hugono\u00adtes calvinistas, y por las disputas sobre la gracia y la naturaleza de la Iglesia. La moral ocupaba un tiempo importante a los cat\u00f3licos y a los janse\u00adnistas para dilucidar en concreto sobre la pr\u00e1cti\u00adca rigurosa o !exista de la vida. La irrupci\u00f3n del Es\u00adp\u00edritu Santo en la Iglesia occidental comenz\u00f3 con la enc\u00edclica Mistici Corporis de P\u00edo XII y se afian\u00adz\u00f3 con la Lumen Gentium del Vaticano II, sin lle\u00adgar a cuajar completamente. A\u00fan en la actualidad el Esp\u00edritu Santo, en cierto modo, est\u00e1 ilvidado en la Iglesia cristiana de Occidente. En nuestra men\u00adtalidad hemos suplantado al Esp\u00edritu Santo por la persona de Cristo, a pesar de decirnos Jes\u00fas que enviar\u00eda al Esp\u00edritu Santo para que diese testimo\u00adnio de El, le glorificara y guiase a los hombres a la verdad completa (Jn 16, 13-15). Es la acusaci\u00f3n que nos hace la Iglesia cristiana de Oriente.<\/p>\n<h3>Esp\u00edritu de la C.M. y de la Compa\u00f1\u00eda<\/h3>\n<p>A pesar de todo, el Esp\u00edritu Santo estaba pre\u00adsente, de alguna manera, en la vida de Vicente de Pa\u00fal y en su esp\u00edritu. Ciertamente, la obsesi\u00f3n de san Vicente fueron los pobres y ellos con\u00addicionaron su mentalidad y su acci\u00f3n. Si no tie\u00adne una ideolog\u00eda ni un sistema intelectual sobre el Esp\u00edritu Santo, s\u00ed practica una antropolog\u00eda y una visi\u00f3n del pobre que, sin exponerlas, vemos apo\u00adyadas en el Esp\u00edritu Santo. El fundamento de la actividad vicenciana es el convencimiento de que, tanto las Hijas de la Caridad como la Congrega\u00adci\u00f3n de la Misi\u00f3n contin\u00faan la misi\u00f3n de Jesucristo \u00abAdorador del Padre, Servidor de su designio de amor y Evangelizador de los pobres\u00bb: su Regla es Nuestro Se\u00f1or Jesucristo (Const. HH. C. 1. 5). Aun\u00adque san Vicente presenta a Jesucristo como el ide\u00adal del misionero y la causa din\u00e1mica de su <em>apos\u00adtolado, <\/em>sin embargo, declara que, sin la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, la evangelizaci\u00f3n de la mi\u00adsi\u00f3n no es ni eficaz ni misionera (IV, 114; VIII, 167). Las circunstancias humillantes de la persona del pobre y la visi\u00f3n de su situaci\u00f3n oprimida exigen al misionero y a la Hija de la Caridad tener las mismas entra\u00f1as de compasi\u00f3n que mostr\u00f3 Je\u00adsucristo. San Vicente los llama revestirse del es\u00adp\u00edritu de Jesucristo, que no es otro que el Esp\u00ed\u00adritu que procede del Padre y del Hijo: el Esp\u00edritu Santo, que se posesiona de ellos como inund\u00f3 el alma de Jes\u00fas, aunque no <em>\u00abcon la misma per\u00adfecci\u00f3n\u00bb, <\/em>aclara el Santo (XI, 411). En los conti\u00adnuadores del carisma vicenciano se da una presencia operativa del Esp\u00edritu de Jes\u00fas, pero no s\u00f3lo en su actuar, sino tambi\u00e9n en su ser, en su naturaleza y en su existencia. El Esp\u00edritu Santo es\u00adtablece con ellos una relaci\u00f3n que implica una es\u00adpecial configuraci\u00f3n con Jesucristo. Revestidos del esp\u00edritu de Jes\u00fas, quienes viven el carisma vi\u00adcenciano son el reflejo actual y sensible del Je\u00ads\u00fas de la historia. De acuerdo con la exposici\u00f3n que hace Juan del discurso de Jes\u00fas en la \u00falti\u00adma Cena, san Vicente da al Esp\u00edritu Santo la mi\u00adsi\u00f3n de prolongar la presencia y la misi\u00f3n de Je\u00ads\u00fas a trav\u00e9s de la historia. La persona de Jes\u00fas se hace presente en la presencia del Par\u00e1clito. La misi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, sin embargo, no est\u00e1 subordinada a la de Jes\u00fas, sino que la completa, como escribe expresamente Luisa de Marillac (E 98, n. 262}. Podemos concluir que los continua\u00addores de la obra de san Vicente reflejan el rostro humano del Esp\u00edritu Santo entre los pobres.<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu Santo, que llev\u00f3 a Jes\u00fas al desier\u00adto y le ungi\u00f3 para desempe\u00f1ar su misi\u00f3n de en\u00adviado del Padre (Le 4, 1. 18), le llen\u00f3 de las cuali\u00addades y virtudes necesarias para evangelizar a los pobres. Ese mismo Esp\u00edritu de Jes\u00fas actua\u00adliza en los misioneros y en las Hermanas id\u00e9nti\u00adcas cualidades, virtudes o disposiciones que les son tambi\u00e9n necesarias para atender a los indi\u00adgentes. Y as\u00ed, por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, son continuadores del Enviado del Padre a los humildes. A trav\u00e9s de ellos, Jes\u00fas se hace pre\u00adsente entre los pobres. De todas las disposicio\u00adnes de que el Espiritu Santo llen\u00f3 a Jes\u00fas, san Vicente elige para sus fundaciones dos: la caridad perfecta y la adoraci\u00f3n-sumisi\u00f3n al Padre, que se convierten as\u00ed en el esp\u00edritus propio de los pa\u00fa\u00adles e Hijas de la Caridad; es decir, en la fuerza di\u00adn\u00e1mica para actuar y en el modelo vital de su existencia. El esp\u00edritu es la sangre del vicenciano y las huellas dactilares que deja en todas sus ac\u00adciones, es su documento de identidad. Son dos aspectos de la espiritualidad vicenciana que los paules expresan con las cinco virtudes de humil\u00addad, sencillez, mansedumbre, mortificaci\u00f3n y celo por las almas, y las Hijas de la Caridad con sus tres virtudes: humildad, sencillez y cari\u00addad (XI, 411s; conferencias del 13. dic. 1658 a los misioneros y del 2, 9 y 24. feb. 1653 a las Hijas de la Caridad). En la medida en que los hijos de san Vicente act\u00faan revestidos del Esp\u00edritu de Jes\u00fas, son signos de la presencia del Esp\u00edritu Santo en\u00adtre los pobres.<\/p>\n<h3>La comunidad<\/h3>\n<p>Sin preocuparse de la teolog\u00eda y partiendo de la experiencia de haber fundado la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Ca\u00adridad \u00fanicamente para los pobres, san Vicente y santa Luisa ponen la comunidad como la forma natural de vivir los misioneros y las Hermanas, co\u00admo la familia lo es de los hombres. Aunque la co\u00admunidad est\u00e1 al servicio y en funci\u00f3n de la misi\u00f3n, ni se oponen ni se enfrentan; ambas son la for\u00adma \u00fanica de vivir su vocaci\u00f3n. En comunidad se vive la misi\u00f3n y en misi\u00f3n se vive la comunidad. Ciertamente la misi\u00f3n determina su estilo de vi\u00adda, ya que la comunidad est\u00e1 subordinada, de\u00adpendiente de la misi\u00f3n: no esntramos en la C.M. para vivir en comunidad sino para misionar a los pobres, pero la comunidad tiene tambi\u00e9n un fin en s\u00ed misma: la vida fraterna de amigos, y unos medios: la uni\u00f3n y la alegr\u00eda (X1, 29. 103ss. 927ss; SL cc. 115. 124. 200. 420. 528. 611\u2026 E. 53. 70, Tes\u00adtamento espiritual). El fundamento y el alma de la vida comunitaria es la vida trinitaria (X, 766s). La vida en la Trinidad es compartida por las tres Per\u00adsonas, al tiempo que la comuni\u00f3n de vida se recoge en la unidad. La diversidad vivida en las Personas se recoge en la unidad de naturaleza res\u00adpetando la diferencia de Personas. La fuente de la comuni\u00f3n divina y de la vida compartida es el Amor mutuo del Padre y del Hijo, es decir, el Es\u00adp\u00edritu Santo que completa eternalmente la Trini\u00addad. Con peque\u00f1os matices, variados en las pal\u00ad\u00f1abras, insiten los fundadores en proponer la unidad trinitaria como modelo de la vida fraterna (IV, 229; XI, 702. 735-737; SL c. 121. 289. 362. 500; E. 47. 53. 55) y considerar al Esp\u00edritu Santo como la causa que origina la uni\u00f3n. Seis veces, al me\u00adnos, san Vicente repite la frase \u00abel Esp\u00edritu San\u00adto, que es la uni\u00f3n del Padre y del Hijo, les una tambi\u00e9n a ustedes\u00bb (IV, 229; V, 62. 553; VI, 555; XI, 702. 735).<\/p>\n<h3>La Iglesia<\/h3>\n<p>Vicente de Pa\u00fal, como es natural, confiesa el mismo concepto de Iglesia que hab\u00eda procla\u00admado el Concilio de Trento (1545-1563) y que Be\u00adlarmino hab\u00eda ense\u00f1ado, reafirmando su aspecto externo frente a los hugonotes calvinistas que consideraban una doble Iglesia: la visible y la in\u00advisible, y resaltaban como la \u00fanica verdadera y ex\u00adclusiva de los elegidos, la Iglesia invisible. Sin embargo, la idea que a veces expone san Vicen\u00adte sobre la presencia del Esp\u00edritu Santo en la Igle\u00adsia es desconcertante.<\/p>\n<p>San Vicente piensa que Jesucristo, al fundar la Iglesia, le dio unos principios de los que no puede prescindir en su andadura terrena, y con\u00adcibe igualmente a la Iglesia encarnada en cada so\u00adciedad y condicionada por la cultura y la historia de cada \u00e9poca. No se extra\u00f1a, por tanto, de que las circunstancias hist\u00f3ricas arranquen a la Iglesia de un lugar o sean la se\u00f1al de que Dios traslada la Iglesia de Europa a Asia o a Africa. La Iglesia de Cristo es una Iglesia en la tierra y en la historia \u00abcompuesta de elegidos y r\u00e9probos\u00bb (III, 37. 143. 167; XI, 243-246. 431). Aunque parece identificar Iglesia con Reino de Dios, no propug\u00adna una Iglesia espiritualista, para llevar \u00fanicamente las almas al cielo alejada del mundo y hasta re\u00adchaz\u00e1ndole. La Iglesia de san Vicente se esfuer\u00adza en dar la felicidad a los hombres tambi\u00e9n aqui en la tierra, en lucha contra las injusticias y en ten\u00adsi\u00f3n, como meta \u00faltima ciertamente, hacia la es\u00adcatolog\u00eda. Vicente de Pa\u00fal lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que la Iglesia no es verdadera si no es la Igle\u00adsia de los pobres y que, si no se evangeliza a los pobres, la Iglesia no es universal.<\/p>\n<p>Fue un hereje calvinista quien se lo hizo com\u00adprender en 1620 en Montmirail y en pocas pala\u00adbras: los pobres no son evangelizados <em>\u00ab\u00bfy quie\u00adre usted convencerme de que esto est\u00e1 bajo la direcci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo?\u00bb <\/em>(XI, 727). Como res\u00adpuesta, san Vicente nos deja tres conclusiones en una frase: que la Iglesia es, ante todo, carism\u00e1ti\u00adca -del Esp\u00edritu Santo-; que la se\u00f1al que pone el Esp\u00edritu Santo para dar credibilidad a su Iglesia es la evangelizaci\u00f3n a los pobres; y que el Esp\u00edritu Santo ha instituido la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n como una de esas se\u00f1ales: <em>\u00abiQu\u00e9 dicha para no\u00adsotros, los misioneros, poder demostrar que el Es\u00adp\u00edritu Santo gu\u00eda a su Iglesia, trabajando como trabajamos por la instrucci\u00f3n y la santificaci\u00f3n de los pobres!\u00bb <\/em>(Xl, 730).<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu Santo gu\u00eda a su Iglesia especial\u00admente por medio de la jerarqu\u00eda y de \u00ablos conci\u00adlios can\u00f3nicos y santas asambleas\u00bb que El pre\u00adside (Xl, 431). Los sacerdotes ocupan un lugar pre\u00ademinente en la esencia de la Iglesia. Su mala vi\u00adda destruye Iglesia; de ah\u00ed que el Esp\u00edritu Santo se esfuerce en convertirlos y su acci\u00f3n en ellos sea abundante. \u00a1Qu\u00e9 dicha para la casa de San L\u00e1zaro poder dar Ejercicios a ordenandos!. \u00abEl Esp\u00edritu Santo desciende aqu\u00ed continuamente\u00bb sobre los sacerdotes <em>\u00abatra\u00eddos por el movimien\u00adto del Esp\u00edritu Santo\u00bb <\/em>(XI, 712. 714), exclam\u00f3 en una conferencia a los misioneros. El Esp\u00edritu San\u00adto ilumina y fortalece tambi\u00e9n <em>\u00aba cada uno de los fieles en particular\u00bb. <\/em>No se puede profundizar m\u00e1s en el pensamiento de san Vicente, ya que unas veces parece indicar que los fieles <em>perte\u00adnecen a <\/em>la iglesia y otras que <em>son <\/em>Iglesia.<\/p>\n<h3>La acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en las personas<\/h3>\n<p>San Vicente califica a los misioneros y a las Hijas de la Caridad como eclesiales o sociales, se\u00adg\u00fan se mire desde dentro de la Iglesia o desde fuera: realizan una misi\u00f3n eclesial-social en favor de los pobres; lo llevan en sus entra\u00f1as: <em>\u00abNo me basta con amar a Dios, si no lo ama mi pr\u00f3jimo\u00bb <\/em>(XI, 553). Pues bien, el Esp\u00edritu Santo es el ani\u00admador del misionero y de la Hermana (IV, 112; VIII, 167). Jes\u00fas ya hab\u00eda anunciado que ser\u00eda el Esp\u00edritu del Padre el que hablar\u00eda por boca de los disc\u00edpulos (Mt 10, 20). En la misma conferencia del 12 de diciembre de 1658, en la que explica la mi\u00adsi\u00f3n como esencia de la Congregaci\u00f3n de la Mi\u00adsi\u00f3n, aclara que el misionero es persona individual que debe interiorizar su vida para vivir la santidad y, si no la alcanza, <em>\u00abdes misionero?. No, falta a lo principal, que es su propia perfecci\u00f3n\u00bb <\/em>(XI, 385; cf. Mt 5, 48). A pesar de las debilidades, si uno se introduce en el interior de una persona, des\u00adcubre <em>\u00abque es templo del Esp\u00edritu\u00bb <\/em>(III, 584; cf. 1 Cor 3, 16s). El cristiano camina en seguimiento de Jes\u00fas y el misionero se compromete a conti\u00adnuar su misi\u00f3n, a representarle ante los pobres. Si le representa se compromete as\u00ed mismo a asu\u00admir sus rasgos, <em>\u00aba imitar a nuestro Se\u00f1or\u2026 a con\u00adformarse con El en su comportamiento, en sus acciones, sus tareas y en sus fines\u00bb <\/em>(XI, 383). Es\u00adta imitaci\u00f3n persona a persona es obra \u00fanica\u00admente del Esp\u00edritu Santo. A El se los atribuye Vi\u00adcente de Pa\u00fal: <em>\u00abEl Esp\u00edritu Santo es el que ha da\u00addo las luces esparcidas por toda la tierra, que han iluminado a los santos, ofuscado a los malvados, disipado las dudas\u2026 y mostrado los caminos por donde la Iglesia en general y cada uno de los fie\u00adles en particular pueden caminar con toda segu\u00adridad\u00bb <\/em>(XI, 431), \u00abel Esp\u00edritu de la verdad os guia\u00adr\u00e1 hacia la verdad completa\u00bb, dijo Jes\u00fas (Jn 16, 13).<\/p>\n<p>San Vicente recalcaba que el Esp\u00edritu Santo mueve los corazones y arrastra a las virtudes (III, 472). Durante todo el seguimiento estamos guiados por el Esp\u00edritu del Se\u00f1or. . A cada acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo hay que responder. Sin acci\u00f3n no hay respuesta y sin respuesta no hay vida de Dios. A las acciones del Esp\u00edritu Santo en el hom\u00adbre, san Vicente las llama inspiraciones (VIII, 351; IX, 495. 567). Dos son los momentos cruciales de la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en el vicenciano: ora\u00adci\u00f3n y desprendimiento. El Esp\u00edritu Santo asu\u00adme la funci\u00f3n trinitaria de iluminar el entendi\u00admiento y mover la voluntad. Hay que examinar bien si los fen\u00f3menos sobrehumanos de la con\u00adtemplaci\u00f3n son no inspiraci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo (suspiros), que son los \u00fanicos verdaderos. La ora\u00adci\u00f3n veradera es un don del Esp\u00edritu Santo, su animador; y si no es presencia del esp\u00edritu San\u00adto, sencillamente es vanagloria y pavoneo (XI, 780). San Vicente no considera aceptable la ora\u00adci\u00f3n que no se refleja en la vida; conforme a la doctrina de la \u00e9poca, a una oraci\u00f3n verdadera hay que exigirle conclusiones pr\u00e1cticas. El hombre de oraci\u00f3n, llevado por el Esp\u00edritu Santo, se esfuer\u00adza, y lo recalca con atenci\u00f3n, por alcanzar el <em>des\u00adprendimiento <\/em>(XI, 341).<\/p>\n<h3>La acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo como resumen de vida<\/h3>\n<p>Aunque sea peque\u00f1a la aportaci\u00f3n que hace san Vicente sobre el Esp\u00edritu Santo a las p\u00e1ginas de sus obras completas, manifiesta, sin embar\u00adgo, un convencimiento serio sobre la influencia de la tercera Persona en la misi\u00f3n de sus funda\u00adciones, sobre la necesidad que del Esp\u00edritu San\u00adto tienen las comunidades y cada uno de sus miembros. Sin a\u00f1adir ninguna novedad a la doc\u00adtrina espiritual corriente en aquellos a\u00f1os, hay que resaltar un p\u00e1rrafo de una carta, que escribi\u00f3 s\u00f3lo diez meses antes de morir, sobre un tema tan importante como son los ejercicios a orde\u00adnandos, que se daban por primera vez en Roma. Encierra un resumen de la vida vicenciana: <em>\u00abPe\u00adro, como <\/em>(los ejercicios)es <em>obra del Esp\u00edritu San\u00adto, es necesario que la compa\u00f1\u00eda se vea anima\u00adda por \u00e9l y cada uno en particular se llene de su gracia. A eso hemos de tender. Hemos de obrar de manera que tengamos ese esp\u00edritu y que obre\u00admos seg\u00fan sus inspiraciones, para merecer la gracia de que \u00e9l bendiga nuestras obras; si no, se\u00adr\u00eda abusar de \u00e9l\u00bb (VIII, 167). <\/em><\/p>\n<h2>II. Santa Luisa de Marillac<\/h2>\n<p>El Esp\u00edritu Santo viene a la vida de Luisa por un camino distinto del que tom\u00f3 para llegar a san Vicente. La presencia del Esp\u00edritu Santo en su vi\u00adda espiritual es una consecuencia de su vida hu\u00admana, es fruto de una experiencia personal in\u00adterna. por ello, cuando habla de El se refleja un tono personal \u00edntimo, a veces psicol\u00f3gico, con una penetraci\u00f3n ontol\u00f3gica en la esencia divina.<\/p>\n<h3>Pentecost\u00e9s<\/h3>\n<p>Tampoco el Esp\u00edritu Santo ocupa el centro en la espiritualidad de Luisa de Marillac. Lo que le im\u00adpresiona es la grandeza de la divinidad y, en una \u00e9poca extensa, por influencia de Vicente de Pa\u00fal, el seguimiento de Jesucristo. Pentecost\u00e9s es una fecha que puntualmente se repite en la vida interna de santa Luisa. Comenz\u00f3 en 1623, el 4 de junio. Ese d\u00eda acab\u00f3 la Noche de purificaci\u00f3n m\u00edstica que duraba dos a\u00f1os, y Dios le clarific\u00f3 su desti\u00adno: le comunic\u00f3 el encuentro con un nuevo di\u00adrector, Vicente de Pa\u00fal, y le revel\u00f3 un nuevo es\u00adtado de vida, diferente del religioso y del seglar; pero sobre todo -y en este momento era lo m\u00e1s importante para ella- la tranquiliz\u00f3 en sus angus\u00adtias. Da la sensaci\u00f3n de que, de inmediato, esto fue lo \u00fanico que qued\u00f3 grabado en su alma. Nos causa extra\u00f1eza que Luisa no lo considerara una gracia del Esp\u00edritu Santo. Extra\u00f1a m\u00e1s a\u00fan que en los aut\u00f3grafos de esos a\u00f1os que, de una manera m\u00e1s vivencial pueden mostrarnos su vida interior, nada diga de esa Noche ni se\u00f1ale la gracia: el Ac\u00adto de Protesta, la Oblaci\u00f3n a la Virgen, el Regla\u00admento de Vida y la primera carta; todos, escritos en los cinco a\u00f1os siguientes, no dejan translucir la m\u00e1s peque\u00f1a huella que indique una devoci\u00f3n singular al Esp\u00edritu Santo. Su presencia en la pri\u00admera espiritualidad de Luisa es de paso, su vida es el abandono en Dios. Luisa es teoc\u00e9ntrica; a\u00f1os despu\u00e9s, por influjo de Vicente de Pa\u00fal, se mez\u00adclar\u00e1 con la imitaci\u00f3n de Jesucristo.<\/p>\n<p>La gracia que recibi\u00f3 aquel d\u00eda parece olvida\u00adda r\u00e1pidamente y no volver\u00e1 a recordarla en sus escritos hasta los a\u00f1os que van de 1642 a 1645. Nada escribe sobre ella en los Ejercicios de 1628 a 1631 (SL E 10, 23). En los Ejercicios de 1622, sobre la vida de Jes\u00fas, tiene que meditar el mis\u00adterio de la Ascensi\u00f3n; qu\u00e9 menos que <em>\u00abperseve\u00adrar en la espera del Esp\u00edritu Santo\u00bb, <\/em>pues desco\u00adnoce <em>\u00abel momento de su venida\u00bb, <\/em>pero, y esto es su obsesi\u00f3n,\u00bb<em>para abandonarse enteramente en Dios\u2026 y renunciar voluntariamente a todo pa\u00adra seguirle\u00bb <\/em>(a Jes\u00fas) (SL E 22). Hasta 1642 \u00a1die\u00adcinueve a\u00f1os despu\u00e9s! no aparece el Esp\u00edritu Santo, a pesar de escribir una carta la v\u00edspera de Pentecost\u00e9s de 1640 (SL E 75, c. 127, 128). La v\u00edspera de Pentecost\u00e9s de 1642 sucedi\u00f3 un ac\u00adcidente que la marc\u00f3 profundamente: el suelo de una sala se desplom\u00f3 segundos despu\u00e9s de sa\u00adlir Luisa. All\u00ed se iban a reunir se\u00f1oras de las Cari\u00addades pertenecientes a lo m\u00e1s alto de la socie\u00addad. Haberse suprimido la reuni\u00f3n fue una gracia que impidi\u00f3 muchas muertes, seg\u00fan san Vicen\u00adte, y le impresion\u00f3 tanto que mand\u00f3 a Misione\u00adros e Hijas de la Caridad dar gracias a Dios. Pero hasta tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, Luisa no interpret\u00f3 por escrito el significado que guardaba para ella la fiesta de Pentecost\u00e9s.<\/p>\n<p>Pentecost\u00e9s s\u00ed fue una parte de su espiritua\u00adlidad, pero no expresamente por la acci\u00f3n del Es\u00adp\u00edritu Santo, sino \u00abpor todas las gracias se\u00f1aladas que Dios ha hecho a su Iglesia\u00bb; es decir: \u00abDios dio a Mois\u00e9s la ley escrita y a la Iglesia su ley de amor\u00bb sobre todo, -y es la primera vez que po\u00addemos leerlo- porque puso, escribe, \u00aben mi co\u00adraz\u00f3n una ley (su santo amor) que nunca ha sali\u00addo de \u00e9l, a pesar de todas mis maldades\u2026, hace ya 22 a\u00f1os, y que me ha hecho tan feliz por ser de El en la manera gue sabe su caridad (san Vi\u00adcente)\u00bb (SL c. 127, 128, 345). Hacia 1652 Luisa va acomodando conscientemente al Esp\u00edritu Santo en su espiritualidad, y va a marcar un camino pa\u00adra el tiempo en que espera su venida: despren\u00adderse de todos los afectos terrenos, como una preparaci\u00f3n para recibirlo.<\/p>\n<h3>La espera del Esp\u00edritu Santo<\/h3>\n<p>Luisa sinti\u00f3 muy a menudo la fuerza y la pre\u00adsencia del Esp\u00edritu Santo en la oraci\u00f3n contem\u00adplativa y en el servicio de los pobres, pero la ex\u00adperiencia neum\u00e1tica no se la atribuye expresa\u00admente al Esp\u00edritu Santo sino a la divinidad, cuan\u00addo la m\u00edstica se considera obra directa del Esp\u00ed\u00adritu de Dios. No obstante, indagaba la menor indicaci\u00f3n del Esp\u00edritu para cumplir su voluntad, y se inquietaba cuando no la descubr\u00eda. Siempre que meditaba el misterio de la Ascensi\u00f3n, llega\u00adba a la certeza de la ignorancia sobre el momen\u00adto de su venida. Ten\u00eda miedo a que llegara y no se diera cuenta. Este era el gran problema para Luisa: la espera. La espera requiere una prepa\u00adraci\u00f3n que comprende: una espera continua y atenta como Mar\u00eda y los ap\u00f3stoles; una espera constante y tranquila, sin angustias; un abando\u00adno total en Dios, y ponerse en estado de no resistencia. De las cuatro disposiciones la domi\u00adnaban las dos \u00faltimas. Le preocupaban las dis\u00adposiciones necesarias a su alma para que el Esp\u00edritu divino la pusiese <em>\u00aben disposici\u00f3n conve\u00adniente para hacer la santa voluntad de Dios, que debe ser su \u00fanico deseo\u00bb. <\/em>Luisa resumi\u00f3 todas las disposiciones en una sola: no poner resisten\u00adcia al Esp\u00edritu Santo, y descubri\u00f3 en la no resis\u00adtencia tres puntos: estar dispuesta a obedecerle; reconocerse verdaderamente pobre, impotente y necesitada, y estar <em>\u00abenteramente despegada de toda criatura y de Dios mismo, en cuanto a los sentidos\u2026; desprenderse hasta de la presencia vi\u00adsible de Jes\u00fas\u00bb. <\/em>As\u00ed en una <em>desnudez <\/em>total <em>el \u00abar\u00addor del amor consumir\u00e1 los impedimentos a las operaciones divinas\u2026 y dar\u00e1 fuerza para obrar por encima de las potencias humanas\u00bb. <\/em>Es lo que llaman <em>operaciones sobrehumanas, <\/em>experimen\u00adtadas siempre por los m\u00edsticos. (SL E 871).<\/p>\n<p>En mayo de 1657 Luisa hizo los Ejercicios Es\u00adpirituales entre la Ascensi\u00f3n y Pentecost\u00e9s. Aun\u00adque son pocos papeles en forma de res\u00famenes para que los leyera su director Vicente, se pueden considerar como el abecedario de su doctrina neu\u00admatol\u00f3gida y de su experiencia vital del Esp\u00edritu di\u00advino. Acaso m\u00e1s que en el Esp\u00edritu Santo se cen\u00adtra en la Trinidad. Escribe que toda la oraci\u00f3n fue contemplativa y no discursiva. Estos Ejercicios muestran la espiritualidad de una mujer madura; su lenguaje es prieto y suelto, al mismo tiempo, es seco y florido algunas veces. Tiene frases de amor m\u00edstico en un esp\u00edritu sereno y enamorado que medita en una mezcla equilibrada pensa\u00admientos de la escuela renanoflamenca y del vi\u00adcencianismo. Aunque es una preparaci\u00f3n para la venida del Esp\u00edritu Santo, medita en armon\u00eda sincera sobre la voluntad de Dios, Jesucristo y la ac\u00adci\u00f3n del Esp\u00edritu de Dios en cada persona, en la Iglesia y en la Trinidad. El Esp\u00edritu Santo est\u00e1 con\u00adtinuamente presente en el pensamiento de Luisa, pero muy pocas veces habla con El. Le gusta m\u00e1s dirigirse a la divinidad o al Padre o a Jes\u00fas o a la Trinidad. El Esp\u00edritu Santo muy frecuentemente aparece tan s\u00f3lo como un tercero en un di\u00e1logo entre dos. Sin embargo, insistentemente se ha\u00adbla de su presencia y de su acci\u00f3n. El lo invade todo, aunque parezca que se olvida de El. La ra\u00adz\u00f3n de todas las p\u00e1ginas es su venida y su obra.<\/p>\n<h3>Recepci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo<\/h3>\n<p>Los Ejercicios de 1657 son un tratadito sobre la recepci\u00f3n del Esp\u00edritu de Dios: impotencia de recibirlo si no se desprende de ella misma; da\u00f1os que se siguen de ello; medios o disposiciones necesarios para recibirlo, y se\u00f1ales indicadoras de haber participado y haberlo recibido.<\/p>\n<p>Luisa domina la teolog\u00eda tradicional. El bau\u00adtismo nos incorpora a la Iglesia y a Jesucristo. Pa\u00adra poder vivir como cristianas, adem\u00e1s de las virtudes, en el bautismo se nos infunden los dones. Pero es el Esp\u00edritu divino quien tiene la mi\u00adsi\u00f3n trinitaria de activar los dones; si los dones no se activan, la vida humana es un desorden, co\u00admo ella lo ha experimentado. No se contenta con meditar la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, se detiene en El. Lo considera como una gracia y donaci\u00f3n de la divina Persona a los hombres. El hombre, al re\u00adcibir este <em>\u00abfuego ardiente del divino amor\u00bb, <\/em>que\u00adda herido en una contemplaci\u00f3n m\u00edsitica: <em>\u00ab\u00bfHay algo m\u00e1s excelente en el cielo y en la tierra que este tesoro? \u00bfC\u00f3mo vivir irracionalmente des\u00adpu\u00e9s de haberse entregado toda entera para pre\u00adpararse a este bien infinito? \u00bfNo deber\u00eda yo de\u00adsear morir, \u00a1oh Dios m\u00edo!, al recibirlo? Vivir tanto como T\u00fa quieras, pero de tu vida que es toda de amor. \u00a1Que no pueda derramarme desde este mundo en el oc\u00e9ano de tu Ser divino!. Al menos, \u00a1si fuera tan dichosa de recibirlo! \u00a1C\u00f3mo tengo que desearlo, y de todo coraz\u00f3n! No m\u00e1s vida que pa\u00adra ir por este camino; no m\u00e1s satisfacci\u00f3n que la de amar y querer tu benepl\u00e1cito\u00bb <\/em>(SL E 98).<\/p>\n<p>Luisa de Marillac estaba dotada de un enten\u00addimiento que penetraba con facilidad en la metaf\u00edsica de las esencias. Se siente c\u00f3moda examinando el papel del Esp\u00edritu en la esencia di\u00advina -no dice Trinidad, aunque se refiere a ella-. Construye una armon\u00eda de uni\u00f3n entre el Esp\u00edri\u00adtu de Dios y el esp\u00edritu humano. <em>\u00abLa divinidad no puede ser honrada plenamente en toda la eter\u00adnidad m\u00e1s que por su misma gloria\u00bb. <\/em>Con su es\u00adtilo caracter\u00edstico de saltar de una idea a otra sin explicarla, afirma que es el Esp\u00edritu Santo quien causa esa gloria que honra a Dios plenamente, ya que es <em>\u00abla perfecta uni\u00f3n de los Tres en la uni\u00addad\u00bb. <\/em>Para Luisa la m\u00e1xima perfecci\u00f3n de Dios consiste en su simplicidad y en su amor. De ellas recibe su mayor honor. Simplicidad y amor que la teolog\u00eda tradicional atribuye al Esp\u00edritu Santo, co\u00admo causa de las operaciones ad intra. Esta sim\u00adplicidad se proyecta en el esp\u00edritu humano, si\u00adguiendo el agustinismo de la \u00e9poca. Construye un raciocinio perfecto: En el estado de justicia-santi\u00addad original el hombre estaba totalmente ordenado con su sicolog\u00eda unida en las potencias. En esta unidad el hombre daba a Dios una gloria an\u00e1loga a la que Dios se da a s\u00ed mismo. Con el pecado el hombre rompi\u00f3 su unidad sicol\u00f3gica, y roto y de\u00adsordenado se hizo impotente para glorificar a Dios. El Esp\u00edritu Santo restituye al hombre, en cierto mo\u00addo, al primer estado de unidad interior. Se apoya, para explicarlo, en el ejemplarismo agustiniano: el hombre creado a imagen de Dios es un reflejo de la Trinidad en <em>\u00absus tres excelentes facultades de las que dos est\u00e1n referidas a la tercera que es la voluntad\u00bb. <\/em>Cada Persona divina act\u00faa en cada una de las facultades. El Esp\u00edritu Santo opera en la vo\u00adluntad para que las otras dos obren unidas a <em>ella \u00abperfectamente, de modo que no exista en el al\u00adma ning\u00fan desarreglo, lo que la devolver\u00eda siem\u00adpre a la excelencia de su primer estado en la creaci\u00f3n, haci\u00e9ndola part\u00edcipe de aquella gloria pri\u00admera, que honra la gloria eterna de D\u00edos, despu\u00e9s de la gloriosa redenci\u00f3n del pecado\u00bb <\/em>(SL E 98). Es una premisa l\u00f3gica al punto central de toda su es\u00adpiritualidad: <em>\u00abque el designio de la Santa Trinidad era que el Verbo se encarnase desde la creaci\u00f3n del hombre, para hacerle llegar a la excelencia del ser que Dios quer\u00eda dar por la uni\u00f3n eterna que quer\u00eda tener con \u00e9l, como la m\u00e1s admirable de sus operaciones exteriores\u00bb. <\/em><\/p>\n<p>Con una peculiaridad de su estilo, de no ate\u00adnerse al esquema fijado, sino escribir seg\u00fan le vie\u00adnen las ideas a la mente, escribe sobre la Iglesia y el testimonio que de Jes\u00fas dar\u00eda el Esp\u00edritu San\u00adto. Al razonar manifiesta su pensamiento n\u00f3rdi\u00adco: la trinidad sobrepasa la distinci\u00f3n de personas, recogi\u00e9ndose en la unidad de su naturaleza; por ello, aunque sabe distinguir la doctrina, su lenguaje suena a identidad entre Dios, Padre y Trinidad.<\/p>\n<p>En 1648 Luisa concibe la Iglesia como plena\u00admente constituida por Cristo y a ella es enviado el Esp\u00edritu Santo por el Padre y el Hijo. Es el con\u00adcepto de Iglesia que hab\u00eda explicado Belarmino. La labor del Esp\u00edritu Santo parece que se reduce a iluminar y a fortalecer a los ap\u00f3stoles en el anun\u00adcio del Evangelio: <em>\u00abLes hac\u00eda decir y ense\u00f1ar con eficacia la grandeza y el amor de Dios\u00bb <\/em>(Conf. del 31 de mayo de 1648). Nueve a\u00f1os m\u00e1s tarde ve sin acabar la fundaci\u00f3n de la Iglesia que hab\u00eda ini\u00adciado Jesucristo. Cristo comenz\u00f3 la fundaci\u00f3n y la Trinidad la acabar\u00e1, primero consolidando la certeza de las verdades que el Verbo encarnado hab\u00eda ense\u00f1ado; segundo, d\u00e1ndole el poder de obrar maravillas para que penetre en las almas el testimonio verdadero que deben dar del Verbo; y tercero, la santificaba por los m\u00e9ritos del Ver\u00adbo encarnado.<\/p>\n<p>Ni a lo largo de la historia la Iglesia est\u00e1 ter\u00adminada. El Esp\u00edritu contin\u00faa la labor del estable\u00adcimiento de la Iglesia, asumiendo las funciones de Jesucristo. \u00c9sta es otra nota de la evoluci\u00f3n de su pensamiento. En 1648 el Esp\u00edritu empuja hacia <em>Dios, <\/em>en 1657 el Esp\u00edritu asume la misma misi\u00f3n de Jesucristo: <em>\u00abEl Esp\u00edritu Santo, por su amor unitivo, se le asociaba <\/em>(al Verbo encarnado) <em>para producir los mismos efectos de su delega\u00adci\u00f3n, dando testimonio a los hombres de la ver\u00addad de su divinidad y de hombre perfecto\u00bb. <\/em>Lui\u00adsa de Marillac comprende bien que el Esp\u00edritu Santo no anula al Hijo. Le presenta con la funci\u00f3n de prolongar la presencia y la acci\u00f3n de Jes\u00fas en el mundo, como la extensi\u00f3n de la persona de Je\u00ads\u00fas y de su presencia entre nosotros. Sin saber\u00adlo aplica la idea de San Ireneo, de que Jes\u00fas y el Esp\u00edritu Santo son las dos manos del Padre en la tierra. El Esp\u00edritu divino lleva a plenitud la obra de Cristo para que los hombres vivan como <em>\u00abhom\u00adbres racionales\u00bb, <\/em>liando tambi\u00e9n ellos testimo\u00adnio de Jes\u00fas con <em>\u00abobras perfectas de verdaderos cristianos\u00bb, <\/em>gracias a la fuerza del Esp\u00edritu. Los cris\u00adtianos, guiados por el Esp\u00edritu de Dios, se sien\u00adten obligados a construir la Iglesia en la que bri\u00adlle la presencia de Jesucristo resucitado.<\/p>\n<h3>Comunidad y pobres<\/h3>\n<p>Tanto en la visi\u00f3n de la comunidad como de los pobres, Luisa sigue las ense\u00f1anzas y las mis\u00admas comparaciones de Vicente de Pa\u00fal, su director y superior: las Hijas de la Caridad deben vivir unidas a imitaci\u00f3n de la Trinidad, Como en\u00adse\u00f1aba el santo; el Esp\u00edritu, que es amor, hace la uni\u00f3n de las Hermanas como realiza la uni\u00f3n en la Trinidad (SL E 53). Entregada sin descanso a los pobres, no es frecuente en ella unir la acci\u00f3n del Espiritu con el servicio a los pobres, pero tam\u00adpoco lo ignora, pues el Esp\u00edritu Santo viene a ella <em>\u00abpara ser m\u00e1s fiel que nunca a Dios en el servi\u00adcio que debe a los pobres\u00bb. <\/em><\/p>\n<h2>Conclusi\u00f3n<\/h2>\n<p>Santa Luisa de Marillac fue una contemplati\u00adva excepcional que experiment\u00f3 la acci\u00f3n y la presencia del Esp\u00edritu Santo en muchos mo\u00admentos de la oraci\u00f3n a lo largo de su vida hasta llegar al Desposorio m\u00edstico (SL E 16). En los pri\u00admeros a\u00f1os, sin embargo, arrebatada por la divi\u00adnidad, su espiritualidad se centra en \u00e9sta y no en el Esp\u00edritu de Dios. Es en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida cuando descubre o, mejor, reconoce la ac\u00adci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo en su contemplaci\u00f3n y en su vida y le dedica momentos largos de su vida y, como para pagar una deuda, p\u00e1ginas hermosas en ideas y sentimientos.<\/p>\n<h2>Bibliograf\u00eda<\/h2>\n<p>Fuentes y biograf\u00eda: ver los art\u00edculos Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac.<\/p>\n<p>Estudios: G. COLUCCIA, Espiritualidad vicenciana, es\u00adpiritualidad de la acci\u00f3n, CEME, Salamanca 1979.- C. J. DELGADO, Luisa de Marillac y la Igle\u00adsia, CEME, Salamanca 1982.- B. MARTINEZ, La se\u00f1orita Le Gras y santa Luisa de Marillac, CEME, Salamanca 1991.- ANALES, 99 (abril-ju\u00adnio 1991).- CLAPVI, 71(abril-mayo-junio) 1991.- P. A. FANZANA y A. VERNASCHI, en ANNALI, 96 (gennaio-giugno 1989) 47-78.- R. P. MALONEY, El camino de Vicente de Pa\u00fal, CEME, Sala\u00admanca 1993.- H. MCEHLEN, El Esp\u00edritu Santo en la Iglesia, Secretariado trinitario, Salamanca 1974.- K. RAHNER, Experiencia del Esp\u00edritu, Nar\u00adcea, Madrid 1978.- Y.-M. CONGAR, El Esp\u00edritu Santo, Herder, Barcelona 1983.- F.-X. DURR\u00adWELL, El Esp\u00edritu Santo en la Iglesia, S\u00edgueme, Salamanca 1986.- L. BOFF, La Trinidad, la so\u00adciedad y la liberaci\u00f3n, Paulinas, Madrid 1987.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. 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