{"id":38007,"date":"2014-08-28T08:22:57","date_gmt":"2014-08-28T06:22:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/susana-guillemin-la-santidad-de-una-hermana-sirviente\/"},"modified":"2014-08-28T08:22:57","modified_gmt":"2014-08-28T06:22:57","slug":"susana-guillemin-la-santidad-de-una-hermana-sirviente","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/susana-guillemin-la-santidad-de-una-hermana-sirviente\/","title":{"rendered":"Susana Guillemin: La santidad de una hermana sirviente"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_33649\" style=\"width: 247px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/04\/susana_guillemin.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-33649\" class=\"size-medium wp-image-33649\" title=\"Susana Guillemin, H.C.\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/04\/susana_guillemin-237x300.jpg?resize=237%2C300\" alt=\"Susana Guillemin, H.C.\" width=\"237\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-33649\" class=\"wp-caption-text\">Susana Guillemin, H.C.<\/p><\/div>\n<p><em>Ejercicios espirituales a Hermanas Sirvientes. Instrucciones. Ascensi\u00f3n-Pentecost\u00e9s, 1967<\/em><\/p>\n<p>Cuando nos dimos a Dios, despu\u00e9s de una resistencia m\u00e1s o menos larga, comprendimos por lo menos confusamente que el paso que d\u00e1bamos, el comprom\u00edso que tom\u00e1bamos con Dios no era otra cosa que un compromiso a perseguir la santidad. En el seminario se nos enseri\u00f3 con toda claridad, y tambi\u00e9n en los ejercicios espirituales que hemos ido haciendo, que la persecuci\u00f3n de la santidad, de la perfecci\u00f3n es una obligaci\u00f3n para el alma consagrada. Un alma consagrada que consintiera, de manera plenamente voluntaria, el permanecer en la tibieza, el no esforzarse por adelantar en la vida interior y en la uni\u00f3n con Dios, se pondr\u00eda en peligro de pecar gravemente.<\/p>\n<p>Ahora bien, vivimos en una \u00e9poca en que la noci\u00f3n de pecado puede decirse que ha caducado. Hoy en d\u00eda, los j\u00f3venes ya no creen en el pecado. En tanto que en los siglos que nos han precedido se exager\u00f3 la posibilidad de cometerlo, en nuestra \u00e9poca ya no se cree en el pecado: ese es el motivo por el que muchos j\u00f3venes y otras personas no se confiesan. Y sabemos muy bien que en los seminarios tenemos que volver a enseriar a las j\u00f3venes a que comprendan lo que es la confesi\u00f3n y a acercarse al sacramento de la penitencia como el Se\u00f1or lo quiso.<\/p>\n<p>En cuanto a nosotras, guard\u00e9monos bien de ser de esas almas consagradas que no piensan ya en que pueden pecar.<\/p>\n<p>Por lo que a nosotras, Hermanas Sirvientes, se refiere, el peligro es acaso mayor que para muchas de las otras Hermanas. Por una parte, es cierto que hemos hecho bastantes esfuerzos, hemos tratado de dominarnos, y como no vemos en nuestra conducta faltas verdaderamente graves, pecados mortales, f\u00e1ciltnente llegamos a considerarnos como no pecadoras. Por otra, el hecho de ser Hermanas Sirvientes hace que nuestras Compa\u00f1eras nos traten como si hubi\u00e9ramos alcanzado cierto grado de perfecci\u00f3n, con lo que corremos el riesgo de imaginarnos que no somos lo que somos en verdad.<\/p>\n<p>Y sin embargo, \u00a1es tan importante que delante de Dios nos consideremos en esa situaci\u00f3n de pecadores, que es la nuestra! No creamos que sea esto una humildad exagerada. La humildad de San Vicente nos parece tan extraordinaria, que a veces estamos tentadas de llamarle exagerado. Pero pienso que respond\u00eda sencillamente a la verdad.<\/p>\n<p>Cuando una es veraz, cuando se mira delante de Dios, ve que verdaderamente est\u00e1 sumida de pies a cabeza en el pecado, aun cuando no sea cuesti\u00f3n de pecado grave. Tratemos de mantenernos as\u00ed en una verdadera actitud de humildad interior.<\/p>\n<p>Consider\u00e9monos capaces de pecar. Por lo dem\u00e1s, esa es la primera condici\u00f3n para evitar el pecado: creer que uno es capaz de cometerlo. Pienso que una Hermana que se imagina que ella no puede tener ca\u00eddas graves, se encuentra en gran peligro, aun cuando est\u00e9 revestida de autoridad, aun cuando desempe\u00f1e el cargo que sea. Consideremos que somos profundamente d\u00e9biles y que tenemos constante necesidad de la gracia de Dios, de su ayuda, de sus auxilios particulares para no caer. Recordemos, de vez en cuando, la presunci\u00f3n del pobre San Pedro, tan confiado en s\u00ed mismo, tan seguro de su amor a Nuestro Se\u00f1or, que no vacilaba en decir: \u00abAun cuando todos te abandonaran, yo no te negar\u00eda\u00bb. Unas horas despu\u00e9s, ca\u00eda en la m\u00e1s lamentable de las faltas.<\/p>\n<p>Contra el pecado, puede decirse que no hay m\u00e1s que un remedio: la humildad y la oraci\u00f3n. Hemos de permanecer en esa actitud constante, en esa convicci\u00f3n de nuestra debilidad, que ser\u00e1 la que engendre en nosotras la humildad; en esa actitud de oraci\u00f3n incesante, nacida de la humildad y del temor al peligro; peligro del pecado mortal, por supuesto; pero tambi\u00e9n peligro del pecado venial que est\u00e1 m\u00e1s pr\u00f3ximo a nosotras; y sobre todo, el gran peligro de la tibieza.<\/p>\n<p>Cuando al cabo de cierto n\u00famero de a\u00f1os transcurridos en la comunidad, se han acumulado esfuerzos para vencerse una misma, cuando se ha hecho todo lo posible por adquirir una vida interior m\u00e1s profunda, para yugular los defectos reconocidos, se llega a un punto de la vida espiritual en el que se tiene la impresi\u00f3n \u2014y es una impresi\u00f3n cierta\u2014 de que es imposible, humanamente imposible, de dar un paso m\u00e1s hacia adelante. Sabemos que todos los esfuerzos que intentemos hacer no nos har\u00e1n superar cierto grado de rectitud interior, de dominio de nosotras mismas, de entrega de nosotras a Dios, que ese grado es el maximum de nuestras posibilidades humanas.<\/p>\n<p>En ese momento es cuando nace el peligro m\u00e1s temible.<\/p>\n<p>Es en ese momento cuando las almas se separan en dos categor\u00edas:<\/p>\n<p>\u2014 las que van a continuar el camino hacia la santidad,<\/p>\n<p>\u2014 y las que van a volverse sobre s\u00ed mismas, caer en la tibieza y aun a veces, retroceder m\u00e1s all\u00e1 de la tibieza.<\/p>\n<p>En ese momento es cuando hay que comprender y pedir a Dios que nos haga darnos cuenta de que s\u00ed, es verdad, hemos llegado al l\u00edmite de nuestras posibilidades personales, pero que es precisamente entonces cuando va a empezar la verdadera acci\u00f3n de Dios. Entonces, si tenemos la valent\u00eda y la voluntad de continuar unos esfuerzos que juzgamos in\u00fatiles y de los que humanamente no podemos esperar ning\u00fan resultado nuevo, es cuando nos situamos realmente, en el camino de la santidad. Y cuando, acaso durante largos a\u00f1os todav\u00eda, seg\u00fan el designo de Dios sobre nosotras, hayamos continuado ese esfuerzo diario, esa prueba de amor de todos los d\u00edas que Dios espera de nosotras (porque la prueba de amor que espera no es que ganemos una victoria, cosa imposible, sino que mantengamos y repitamos los esfuerzos aun cuando no veamos resultado alguno), cuando Dios nos haya visto, durante el n\u00famero de a\u00f1os que El tenga previstos, continuar as\u00ed luchando por su Amor, ese d\u00eda, fijado de antemano en su plan eterno, nos dar\u00e1 la victoria.<\/p>\n<p>Pienso que es as\u00ed como los santos han llegado a la santidad. Ning\u00fan santo, llegado al fin de su vida y al ir a entrar en la gloria eterna, ha tenido la ocurrencia de decir: \u00abHe vencido al mundo, he derrotado mis defectos, he superado las tentaciones humanas\u00bb. Pienso que todos los que han llegado a la verdadera santidad, porque se han dejado iluminar por la verdad, han podido decir al vislumbrar el encuentro con Dios: Yo no he hecho nada (es lo que dec\u00eda San Vicente); lo \u00fanico que he hecho ha sido estropear la obra de Dios; lo que a m\u00ed me pertenece es el pecado, pero Dios ha sido Todopoderoso en m\u00ed y, como dice la Sagrada Escritura, \u00abcantar\u00e9 eternamente sus misericordias\u00bb, y no mis triunfos. Es la misericordia de Dios la que har\u00e1 nuestra santidad. Pero lo que s\u00ed nos corresponde a nosotros es mantener el esfuerzo todos los d\u00edas de nuestra vida hasta nuestro \u00faltimo suspiro.<\/p>\n<p>Vamos a ver todav\u00eda uno o dos consejos, completamente ordinarios, que entran en lo m\u00e1s vulgar, que ustedes mismas se dan de vez en cuando, pero que nunca se repetir\u00e1n bastante. Cuanto m\u00e1s caen de su peso, cuanto m\u00e1s ordinarios son y m\u00e1s normales, tanto m\u00e1s dif\u00edciles son de aplicar y de llevar a la pr\u00e1ctica con toda honradez y perseverancia.<\/p>\n<p>Dec\u00edamos el otro d\u00eda que antes de ejercer la misi\u00f3n de Hermana sirviente en lo que tiene de verdaderamente importante que es lo relacionado con la vida religiosa, con la direcci\u00f3n espiritual de las Hermanas, etc., era necesario que la Hermana Sirviente se aplicase a ponerse ella misma en una relaci\u00f3n constante con Dios. Dicho de otro modo: \u00abHay que ser antes que hacer\u00bb. Por otra parte cuando decimos \u00abser antes que hacer\u00bb, no quiere ello decir que hay que llegar, haber llegado, a la perfecci\u00f3n del ser que queremos constituir.<\/p>\n<p>Toda funci\u00f3n de autoridad religiosa requerir\u00eda por s\u00ed misma la santidad. No podemos ser santos, pero s\u00ed podemos tender a la santidad. Entonces, que por lo menos en nuestra convicci\u00f3n interior, en nuestro trabajo de cada d\u00eda, ese esfuerzo sobre nosotras mismas sea el que pase en primer lugar. \u00abSerantes que hacer\u00bb no quiere decir haberlo conseguido, pero s\u00ed pretende indicar una urgencia, una prioridad en la intenci\u00f3n y en la inquietud.<\/p>\n<p>Preocuparse de ser ante todo una misma lo que se quiere que las dem\u00e1s sean. Practicar antes que ense\u00f1ar Lo que equivale a decir: formarse una misma al mismo tiempo que se intenta formar a las compa\u00f1eras. Llegar a considerar que estamos en formaci\u00f3n continua, que tenemos que aplicamos a nosotras los consejos que damos a las dem\u00e1s, que hemos de tener esa honradez radical que consiste en no dar nunca un consejo sin tener la firme voluntad de recibirlo para una misma y de tratar de hacerlo pasar a nuestra acci\u00f3n, a nuestras convicciones \u00edntimas, a nuestras actitudes. Eso es esencial.<\/p>\n<p>Creo que en ello reside la actitud fundamental de autenticidad que es absolutamente necesaria a la acci\u00f3n de la Hermana Sirviente. Nunca nos conveceremos bastante de ello.<\/p>\n<p>Dos actitudes del alma, dos elementos esenciales hacen a Dios presente all\u00e1 donde nos encontramos: Son la verdad y la caridad. Es preciso que todo nuestro individuo, toda nuestra persona, todo nuestro ser est\u00e9n, por decirlo as\u00ed, amasados con verdad y caridad. Creo que podr\u00edamos reducir nuestros ex\u00e1menes de conciencia a esas dos actitudes; y ser\u00eda suficiente. Pregunt\u00e9monos todas las noches: .<\/p>\n<ul>\n<li>\u00bfhe sido hoy veraz, aut\u00e9ntica?<\/li>\n<li>\u00bfen mis actitudes?<\/li>\n<li>\u00bfen mis palabras?<\/li>\n<li>\u00bfen los consejos que he dado a mis compa\u00f1eras?<\/li>\n<li>\u00bfen mis relaciones con Dios?<\/li>\n<li>\u00bfen la forma en que me he considerado yo misma?<\/li>\n<li>\u00bfen la forma en que he considerado a los dem\u00e1s?<\/li>\n<li>\u00bfhe vivido la verdad?<\/li>\n<li>\u00bfhe estado llena de caridad?<\/li>\n<li>no s\u00f3lo en mis actitudes exteriores, pero \u00bfen mis pensamientos \u00edntimos?<\/li>\n<li>\u00bfen la forma en que he considerado a los dem\u00e1s?<\/li>\n<li>\u00bfa las que tengo encomendadas?<\/li>\n<\/ul>\n<p>Es de la mayor importancia.<\/p>\n<p>La verdad y la caridad son elementos componentes de Dios: \u00abDeus caritas est\u00bb. Igualmente podr\u00edamos decir: \u00abDeus veritas est\u00bb. Cuando una se mueve en la caridad como en un ambiente, Dios est\u00e1 all\u00ed necesariamente presente. Suelo repetirlo con frecuencia. El sent\u00edr a Dios presente despu\u00e9s de un acto de caridad o de un acto de veracidad, no es una recompensa: Dios vendr\u00eda porque hemos hecho un acto de caridad. Porque nos hemos situado en la verdad. Dios vendr\u00eda para recompensarnos, como con una gracia suplementaria. No es eso en absoluto. Desde el momento en que nos hemos puesto en Dios, hemos, en cierto modo, producido a Dios; le hemos hecho presente por el acto mismo realizado. Dios est\u00e1 ah\u00ed. No tenemos suficiente fe para comprender que la presencia de Dios en un alma hace reinar en ella la verdad y la caridad. Y cuando en una comunidad la Hermana Sirviente vive de esa b\u00fasqueda constante de la verdad y de la caridad, Dios se hace presente. Y en la medida en que cada una de las Hermanas compa\u00f1eras llega a ponerse en esa actitud de b\u00fasqueda de Dios en la verdad y en la caridad, crece la presencia de Dios en la Comunidad, se extiende fuera de ella, irradia. Eso es la acci\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n apost\u00f3lica, por supuesto, viene de las obras, procede de lo que podemos hacer, procede tambi\u00e9n de las palabras. Porque hay que predicar, hay que decir, hay que revelar. Pero es principalmente la revelaci\u00f3n que se desprende de la vida, la revelaci\u00f3n vital, la que descubre a Dios y hace que se le vea a trav\u00e9s de una comunidad que vive en la verdad, en la caridad y por el hecho mismo, en la unidad. Resulta, esa comunidad, una presencia perpetua de Dios en medio de los hombres, como Cristo estuvo presente entre los hombres durante los treinta a\u00f1os de su vida oculta. No podemos imaginar que durante esos treinta a\u00f1os, porque no habl\u00f3, no se revel\u00f3. Se produjo una revelaci\u00f3n, una preparaci\u00f3n para que las almas pudieran recibir el mensaje evang\u00e9lico.<\/p>\n<p>Hemos de tener esa convicci\u00f3n profunda de que somos responsables, en cierto modo, de una presencia de Dios que proviene de nuestras actitudes de alma m\u00e1s \u00edntimas. Y cuando enseriamos a los dem\u00e1s, cont\u00e9monos entre ellos. No digamos nunca algo para los dem\u00e1s \u00fanicamente: a nosotras tambi\u00e9n nos hace falta aquello. Y cuando hablamos de los pecadores, no nos consideremos aparte: estamos entre ellos, formamos en su n\u00famero. Lo estamos quiz\u00e1 de otra forma que las pobres gentes con las que nos cruzamos en la calle, pero acaso no sea mucho mejor nuestra situaci\u00f3n. Ellos tienen menos obligaciones que nosotras, porque nosotras hemos sido colmadas de gracias, llenas de luces del Se\u00f1or y es norrnal que El tenga con nosotras exigencias que no tiene con cierto n\u00famero de otras personas. Cont\u00e9monos en medio de los dem\u00e1s, como unas de tantos, humildemente, aut\u00e9nticamente, caritativamente y no como si hici\u00e9ramos un acto de humildad extraordinario (no s\u00e9 trata de un acto de humildad extraordinario, sino sencillamente de la verdad), pong\u00e1monos entre los dem\u00e1s, con todas las Hermanas, con todos los pecadores con quienes nos tropezamos en la calle o en otras partes. Que no sea esto s\u00f3lo una convicci\u00f3n personal interior, sino una verdad reconocida.<\/p>\n<p>Para ser una buen Hermana Sirviente no es necesario aparentar que no se tienen defectos. Digo&#8217; aparentar, porque no es posible que haya una sola persona sin defectos. Si aparentamos no tener defectos, es que somos un tanto hip\u00f3critas, en un punto o en otro. Tenemos que reconocer que tenemos defectos y en la pr\u00e1ctica saber admitir que podemos equivocarnos, que, como los dem\u00e1s, estamos sujetas a error. Reconocer ante una compa\u00f1era que nos hemos equivocado; no va a menguarnos o disminuirnos. Si un d\u00eda hemos cometido una falta, reconozc\u00e1mosla y repar\u00e9mosla.<\/p>\n<p>Creo que no hay nada m\u00e1s pernicioso que el querer ocultar sus faltas porque una es la Superiora. Por supuesto, no es que haya que tender a escandalizar; no hay que desedificar; no hay por qu\u00e9 hacer una ostentaci\u00f3n de sus faltas. Todo esto ser\u00eda un error. Pero frente a faltas que cometemos habitualmetne, sepamos reconocernos culpables. Somos como las dem\u00e1s. creo que esto es la palabra clave.<\/p>\n<p>San V\u00edcente dec\u00eda que hay como una especie de veneno oculto en la superioridad que se infiltra poco a poco, mes tras mes, a\u00f1o tras a\u00f1o, y se acaba por creerse una mejor que las dem\u00e1s por el hecho de que es Hermana Sirviente u otro cargo. Es algo completamente falso. Estamos revestidas de una autoridad religiosa no porque no tengamos defectos sino a pesar de nuestros defectos. Y el hecho de haber recibido una superioridad no nos quita ning\u00fan defecto. Es prec\u00edso abolir de nuestro esp\u00edritu y del esp\u00edritu de nuestras compa\u00f1eras esa especie de mito de la Hermana Sirvienteperfecci\u00f3n y de la Hermana Sirvienteinfalible. Eso no existe, no es la verdad, y tenemos que situarnos en la verdad.<\/p>\n<p>El P. Laplace, que es un autor tan espiritual de las cuestiones de la vida religiosa, dice: \u00abHay que bajar a esa profundidad en la que se siente de modo experimental (y no solamente se dice, aunque se diga la verdad: experimentar es algo m\u00e1s que decir) que uno es como los dem\u00e1s, y no darle tanta importancia a esta verificaci\u00f3n\u00bb. Nosotras mismas lo comprobamos, las dem\u00e1s lo comprueban tambi\u00e9n, aunque no nos lo digan por respeto o por temor, pero de sobras ven que tenemos defectos. Aceptemos que Dios&#8217; quisiera comunicarse a trav\u00e9s de instrumentos ir4erfectos, corno somos. Si nos situamos as\u00ed en la verdad y en la humildad, yo dir\u00eda que nuestros defectos no tendr\u00e1n una proyecci\u00f3n perjudicial para nuestras compa\u00f1eras. La tendr\u00edan si trat\u00e1ramos de encubrirlos faltando a la verdad: eso ser\u00eda completamente distinto.<\/p>\n<p>La verdadera raz\u00f3n de toda autoridad religiosa no es nunca una cuesti\u00f3n de mera administraci\u00f3n ni una cuesti\u00f3n de direcci\u00f3n, aun apost\u00f3lica. Es la de la relaci\u00f3n de las almas con Dios. \u00bfPor qu\u00e9 tenemos un puesto de autoridad? Para que la relaci\u00f3n con Dios quede establecida por mediaci\u00f3n de la autoridad designada. Ustedes son ese lazo que une a Dios a cada una de sus compa\u00f1eras, en su vida consagrada al Se\u00f1or. Es por la mediaci\u00f3n de ustedes como podr\u00e1n cumplir su voto de pobreza, su voto de obediencia, como toda la vida consagrada de la Hermana va a poder estar en continua relaci\u00f3n con la voluntad de Dios. Esto debe guiarlas a ustedes en sus reflexiones y hacerles tomar conciencia de la realidad de su cargo. Recuerdo haber visto a algunas Hermanas Sirvientes, buenas sin embargo, pero que en el momento en el que recib\u00edan la patente quedaban mucho m\u00e1s impresionadas, les inquietaba mucho m\u00e1s, la direcci\u00f3n de la casa, la direcci\u00f3n de las obras, que la direcci\u00f3n de sus hermanas. Y es todo lo contrario.<\/p>\n<p>Me parece estar escuchando todav\u00eda a nuestra Madre Decq que me dec\u00eda siendo yo Hermana Sirviente joven: \u00abSepa usted que la cruz de las Hermanas Sivientes no la constituyen ni las casas, ni el dinero, ni las obras: son las Hermanas\u00bb. Y es verdad. La cruz son las Hermanas, pero son tambi\u00e9n la recompensa. Se dan las dos cosas. Ahora bien, el verdadero nudo del cargo es la direcci\u00f3n espiritual de las Hermanas y de la Comunidad que forman esas Hermanas; las Hermanas tomadas individualmente y consideradas en Comunidad. Tienen ustedes esos dos cargos; esos dos cargos, un poco diferentes entre s\u00ed, pero que se complementan mutuamente.<\/p>\n<p>En primer lugar, el cargo \u2014o encargo\u2014 de cada individuo y el de la Comunidad. Esta \u00faltima no debe ser nunca opt,esi\u00f3n para el individuo; pero el individuo ha de ponerse al servicio de la Comunidad. Una Hermana que ha alcanzado su plena madurez (se habla a veces de madurez sin saber de qu\u00e9 se trata), est\u00e1 al servicio de la Comunidad. Una Hermana que se repliega en s\u00ed misma se halla todav\u00eda en estado de adolescencia.<\/p>\n<p>Antes de hablar de la Comunidad, d\u00e1ndole una primac\u00eda, hagamos como el Concilio que ha dado primac\u00eda ante todo (no voy a decir los derechos del hombre porque la cosa tomar\u00eda resonancias un tanto pol\u00edticas) a los derechos de la persona humana, a su dignidad, en supremac\u00eda sobre cualquier otra cosa; antes de pensar en la sociedad, antes de pensar en el mundo, hay que pensar en el hombre sin m\u00e1s, en la persona humana que se ve oprimida por esa sociedad y ese mundo.<\/p>\n<p>Antes de pensar en la Comunidad, empecemos por pensar en las Hermanas, en cada Hermana en particular. De ellas, de cada una de ellas, el Se\u00f1or nos pedir\u00e1,cuenta. Aqu\u00ed tambi\u00e9n se oculta una tentaci\u00f3n para la Hermana Sirviente: llega a una casa, recibe sobre sus hombros la pesada carga de esa casa, quiz\u00e1 grande y complicada, de una obra importante dif\u00edcil de llevar, y se siente abrumada. Despu\u00e9s, ve delante de s\u00ed a 10, 12, 15 \u00f3 20 Hermanas y se dice: \u00bfc\u00f3mo voy a reunir a todo este mundo? El pensar en los individuos es lo \u00faltimo. Y tendr\u00eda que ser a la inversa.<\/p>\n<p>Es necesario llegar a superar esa primera impresi\u00f3n y empezar por ver ante todo a \u00abla hermana\u00bb, a cada Hermana en particular. Ella es la que interesa. Si consiguen ustedes acercar a cada una de sus Compa\u00f1eras a Dios, de verdad que todos los problemas quedar\u00e1n resueltos. Por supuesto, tendr\u00e1n de todas formas que ocuparse de las dem\u00e1s cosas, pero todo quedar\u00e1 muy simplificado. Por el hecho mismo de que cada una de sus Compa\u00f1eras est\u00e1 profundamente unida a Dios, el resto marchar\u00e1 bien porque, entonces, las Hermanas ser\u00e1n buenos instrumentos de esa obra.<\/p>\n<p>Si conceden ustedes toda la atenci\u00f3n al conjunto de su casa y dejan vegetar a sus compa\u00f1eras, si las dejan que se\u00bb instalen en una vida del todo natural, tendr\u00e1n grandes dificultades; no lograr\u00e1n hacer gran cosa. Estoy segura de que ya lo han experimentado de una forma o de otra.<\/p>\n<p>La direcci\u00f3n espiritual de una Hermana supone una atenci\u00f3n a toda su vida, no s\u00f3lo a su vida de oraci\u00f3n (y bien sabe Dios si es importante), sino a su vida de regularidad. Otra tentaci\u00f3n: lo primero las obras, lo segundo la Comunidad, lo tercero la regularidad. En otros terrenos, no puedo ver el interior de cada una; y adem\u00e1s no tenemos que penetrar en \u00e9l inconsideradamente. No nos contentemos tampoco con fijarnos en la regularidad. Consideremos, antes, a cada una como Dios la ha hecho. Me gusta mucho una frase que o\u00ed a Mons. Bonnet, porque la encuentro muy humana, muy llena de realismo. Dec\u00eda un d\u00eda con bastante humor: \u00abhay religiosas que repiten siempre, &lt;quiero ganar almas a Dios&gt;. Yo no he visto nunca un alma; s\u00edempre me he tropezado con personas\u00bb.<\/p>\n<p>En esta b\u00fasqueda de Dios, consideremos a la persona por entero; consideremos su cuerpo. No puedo repetirles (porque no soy capaz de hacerlo) una hermosa ense\u00f1anza que dio Mons. G\u00e9raut a las Directoras de Seminarios, en las que mostr\u00f3 esas interferencias del alma en el cuerpo y del cuerpo en el alma. Cuando queramos considerar a nuestras compa\u00f1eras, veamos a cada una tal y como es, tal y como es delante de Dios, tal y como se presenta ante la comunidad, tal y como debemos ponerla al servicio de la Iglesia.<\/p>\n<p>Empecemos por considerarlas en la totalidad de su vocaci\u00f3n. Es muy hermoso lo que llamamos vocaci\u00f3n. Lo decimos y no penetramos suficientemente en lo que es, no vemos todo el alcance que tiene. Es magn\u00edfico pensar lo que ha sido la acci\u00f3n de Dios que ha inducido a un alma a dejar el mundo, a renunciar a todas las esperanzas que se abr\u00edan ante ella. Todas han tenido esperanzas, ilusiones; aun las m\u00e1s humildes ve\u00edan c\u00f3mo se les ofrec\u00eda una vida que pod\u00eda ser la suya, pero a la que han renunciado por amor a Dios. Es una espl\u00e9ndida victoria de la gracia.<\/p>\n<p>Ver a cada alma en el contexto de su historia espiritual, en su vocaci\u00f3n, aun cuando no las conozcamos. Porque no tenemos que forzar las puertas para intentar saber lo que la Hermana no quiere decir; pero s\u00ed sabemos cu\u00e1l ha sido el desenlace. Han llegado hasta Dios a trav\u00e9s de una historia que s\u00f3lo ellas conocen, que es un secreto que debemos respetar. Han llegado hasta Dios, son propiedad de Dios, son una riqueza de Dios, una riqueza de la Iglesia. Cada Hermana es un capital del que somos responsables delante de Dios. Recuerdan ustedes la par\u00e1bola de los talentos; aquellos hombres a quienes su amo hab\u00eda confiado a uno un talento, a otro cinco, a otro diez. A ustedes, Hermanas Sirvientes, se les han confiado tantos talentos como compa\u00f1eras tienen; talentos que no deben enterrar y dejar improductivos. T\u00edenen que hacerles producir para la gloria de Dios, para gloria de la Iglesia, para bien de la Comunidad. Son ustedes responsables de esas riquezas que hay en cada una. Riquezas de esp\u00edritu, de coraz\u00f3n de alma, esos recursos, esas posibilidades, esos dones. Cada una tiene sus dones personales.<\/p>\n<p>Tienen, pues, que conocerlos si quieren valorizarlos. Actualmente, las Hermanas j\u00f3venes llevan eso metido muy dentro. Saben bien que representan un valor y quieren valorizarse, quieren \u00abrealizarse\u00bb. No comprenden la cosa en su realidad. Tienen raz\u00f3n en la expresi\u00f3n, pero no la tienen del todo en el sentido que le dan y en c\u00f3mo la comprenden. Pero nosotras, s\u00ed que tenemos que saber de qu\u00e9 somos responsables.<\/p>\n<p>Hay que descubrir a las Hermanas, pero no indiscretamente. La indiscreci\u00f3n es algo horrible. No tenemos derecho a espiar, a escudri\u00f1ar. Hay diferentes maneras de mirar a las personas. Recuerdo haber o\u00eddo un d\u00eda a una Hermana Sirviente: \u00abYo no otorgo mi confianza; empiezo pr\u00edmero por mirar y luego ya veo\u00bb. Es espantoso&#8230; espantoso.<\/p>\n<p>Llegan ustedes a una casa; tienen ante ustedes diez Hermanas Son diez almas a las que Dios ha llarnado. Deben, desde un primer momento, inmediatamente, otorgar su confianza. S\u00ed hay que dar confianza Hay que darla ,con prudencia, pero esto quiere decir: darla; despu\u00e9s, en el correr de la vida ya ver\u00e1n si su confianza est\u00e1 en buenas manos. Si se ven ustedes obligadas a ponerle un bemol, ya se lo pondr\u00e1n. Pero, lo primero, darla. De lo contrario, tengo la impresi\u00f3n de que har\u00eda un corte de corriente, y las compa\u00f1eras lo advertir\u00edan, pero que muy bien. Ser\u00eda terrible. Ante todo, demos nuestra confianza. Un alma que no se ha entregado a Dios merece confianza. No tenemos derecho a neg\u00e1rsela; ciertamente que no.<\/p>\n<p>S\u00f3lo hay una forma de mirar a las personas para conocerlas de verdad; es amarlas. Si se ama, se ve en la verdad. Siempre marchan unidas la caridad y la verdad. No se conoce verdaderamente si no se mira con los ojos del amor. No de un amor ciego. El amor verdadero no es ciego, porque ve la verdad. Pero hay que amar. Un solo Ser nos conoce a fondo: es Dios, porque nos ama, porque fija en nosotros una rnirada de caridad. Tambi\u00e9n nosotras debemos fijar en nuestras compa\u00f1eras, y por lo dem\u00e1s en todas las personas, esa misma mirada cargada de amor l\u00facido, generoso, desprendido de s\u00ed, de ese amor que, s\u00f3lo \u00e9l, podr\u00e1 darnos el verdadero conocimiento de los dem\u00e1s<\/p>\n<p>Mirarlos con un conocimiento adquirido sin amor, no es andar en verdad. Se dice a veces: \u00abconozco a esta hermana, conozco sus defectos, la he visto actuar\u00bb. Pues no es verdad. Si no la mira usted con amor verdadero, no la conoce. Ese \u00abla conozco\u00bb quiere decir que conoce usted sus defectos. Y eso no es conocerla. Yo dir\u00eda \u00abla conozco\u00bb cuando conociera sus cualidades. Empiecen lo primero por descubrir su cualidades.<\/p>\n<p>En toda alma, en toda persona existe esa parte positiva que hay que conocer. Y en la inmensa mayor\u00eda de los casos, en el conjunto de las Hermanas las cualidades, por lo menos las cualidades de intenci\u00f3n, superan con mucho los defectos. Que el conocimiento de las Hermanas se haga ante todo en el terreno de lo positivo: traten de descubrir lo que Dios ha otorgado a esta o a aquella persona; despu\u00e9s, ya conocer\u00e1n sus defectos. Porque tambi\u00e9n es necesario. Pero a una persona no se le conoce bien si no se tiene la balanza de lo positivo y lo negativo a la vez, los dones personales, las cualidades y tambi\u00e9n los defectos.<\/p>\n<p>No me acaban de gustar (aunque a veces hay que utilizarlos) los medios de observaci\u00f3n cient\u00edfica. Se observa a una Hermana, se le hacen \u00abtets\u00bb&#8230; No digo que un test no pueda ser bueno: puede servir para poner de manifiesto aptitudes profesionales, cualidades para dedicarse a esta o aquella rama del saber o a tal orientaci\u00f3n de la actividad. S\u00ed, creo en estos medios. Incluso si una Hermana est\u00e1 realmente enferma o cuando una investigaci\u00f3n psicol\u00f3gica parece necesaria, se puede acudir a ellos, pero a condici\u00f3n de conocer bien a la persona que va a hacer el test, el m\u00e9dico a quien uno se dirige. Sin embargo, no podemos olvidar que el conocimiento cient\u00edfico, cualquiera que sea, tiene siempre la tendencia a quedarse en el nivel natural.<\/p>\n<p>Se adquiere un conocimiento con medios cient\u00edficos y no se va m\u00e1s all\u00e1 del terreno de la raz\u00f3n humana, olvidando que el terreno de la gracia est\u00e1 ah\u00ed, sin ir muy lejos, y que la gracia tiene un poder pacificador y que personas aun muy perturbadoras, con ese poder de la gracia y acerc\u00e1ndose a Dios, pueden recuperarse mucho mejor que con ning\u00fan tratamiento psicol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Recuerdo a cierto m\u00e9dico psiquiatra, gran cristiano, que dec\u00eda a prop\u00f3sito de una Hermana muy perturbada: \u00abse pueden fundar muchas esperanzas en esta Hermana, porque tiene una verdadera cualidad de b\u00fasqueda de Dios: su punto de equilibrio est\u00e1 ah\u00ed; va a recuperarse muy bien. Tiene, es cierto, una especie de traumatismo, pero puede recuperarse muy bien\u00bb. Esto vale mucho m\u00e1s que todos los tranquilizantes. Creo que cuando nos vemos en la necesidad de acudir a observadores cient\u00edficos de este tipo, conviene hacerlo siempre a personas capaces de tener en cuenta el campo de la gracia, lo que es de una importancia extrema.<\/p>\n<p>No se debe, apenas llegadas a una casa, querer conocer en seguida a las Hermanas. Hay que dejar pasar el tiempo necesario para que se establezcan unas buenas relaciones humanas, esa confianza que nosotras hemos debido dar espont\u00e1neamente, pero que quiz\u00e1 las Hermanas no nos hayan dado espont\u00e1neamente a nosotras. Hay que dejar pasar un tiempo y no pretender que desde la primera entrevista nos cuenten toda su historia de Comunidad. De ninguna manera. Es necesario observar un respeto con todas y cada una. Hemos de tener la paciencia suficiente, la bondad dir\u00eda yo, de observar por nosotras mismas. Dejemos que se anuden poco a poco unas relaciones que por el hecho de ser humanas no dejar\u00e1n de ser tambi\u00e9n sobrenaturales.<\/p>\n<p>La historia de comunidad, quiz\u00e1 los antecedentes de familia, incluso los antecedentes de salud, todo eso, lo ir\u00e1n conociendo poco a poco. Sobre todo no pidan informes a las otras compa\u00f1eras. No se los pidan tampoco a las Hermanas Sirvientes que han tenido antes. No. Cuando lleguen ustedes a una casa, lleguen \u00abnuevas\u00bb y reciban a unas compa\u00f1eras \u00abnuevas\u00bb. Es el modo de que todas juntas vuelvan a empezar, en un nuevo per\u00edodo de su &#8216;vida espiritual, de la de ustedes y de la de ellas. No permitan que el pasado tenga influencia alguna. Todas sabemos que en nuestra vida ha habido momentos m\u00e1s o menos buenos, momentos que quisi\u00e9ramos borrar. Pues esa es la ocas\u00ed\u00f3n, o ninguna otra, para borrar lo que antes haya podido ocurrir. Por consiguiente, dejemos perderse en las sombras del pasado todo lo que no sea bueno de traer a la memoria de las Hermanas. No intentemos llevarlo a nuestra propia memoria y empecemos de nuevo todas juntas&#8230;<\/p>\n<p>Lo que s\u00ed deben conocer en seguida es la carga que pesa sobre cada una. Cada una de las Hermanas lleva encima una carga, un peso. Ustedes llevan una m\u00e1s pesada que es la \u00abcarga\u00bb del \u00abcargo\u00bb. Son ustedes Hermanas Sirvientes y llevan la responsabilidad de las dem\u00e1s, tan pesada. Pero las dem\u00e1s no dejan de llevar tambi\u00e9n su propia carga. Tienen su oficio, tienen acaso una sobredosis de trabajo, tienen las relacions entre compa\u00f1eras. Y a un nivel m\u00e1s \u00edntimo, tienen su carga personal: sus tentaciones, sus pruebas, sus dolores, sus penas.<\/p>\n<p>Esta \u00faltima carga, no podr\u00e1n ustedes tratar de penetrar en ella de inmediato; pero la carga exterior, la del oficio, la de la sobrecarga de trabajo que deben asumir, acaso la de la formaci\u00f3n inadecuada para ese oficio&#8230; todo eso deben tomar conciencia de ello en seguida. Y voy a decirles por qu\u00e9 hay que hacerlo en seguida; cuando se llega a una casa con una mirada nueva, se ven las cosas; cuando se lleva cuatro o cinco a\u00f1os en la casa, se acostumbra una y ya no se ve con tanta claridad. Se han asimilado los asuntos, lo que al principio pudo chocar, despu\u00e9s se ve como cosa natural. Por ejemplo, llegan ustedes a una casa, vieja y no demas\u00edado limpia. Al principio, les impresiona. Se dicen ustedes: \u00abest\u00e1 haciendo falta pintar todo esto\u00bb. Si no lo hacen en seguida, al cabo de dos a\u00f1os, ya no lo ven, se han acostumbrado, forma parte del ambiente, del clima habitual, no llama ya la atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo mismo ocurre con todo lo dem\u00e1s. Llegan ustedes a una casa y en seguida piensan: \u00abestas Hermanas tienen demasiado trabajo\u00bb o \u00abestas Hermanas no est\u00e1n formadas debidamente para lo que tienen que hacer\u00bb o, por el contrario, \u00abtodo est\u00e1 bien equilibrado\u00bb. Quiz\u00e1 se digan: \u00abesta Hermana no est\u00e1 en su sitio; no es educadora y est\u00e1 conlas ni\u00f1as; mejor ser\u00eda darle otro cometido\u00bb. No digo que vayan a remediarlo inmediatamente; que, sin m\u00e1s, van a tomar una determinaci\u00f3n. Lo primero, hay que tomar tiempo para reflexionar. Pero s\u00ed hay que ver en seguida y formarse una opini\u00f3n sobre aquello, para tratar de remediar lo que se pueda remediar.<\/p>\n<p>Y remediar principalmente esa cuest\u00ed\u00f3n tan debatida del exceso trabajo. Una de las mayores responsabilidades que pesan sobre las que tenemos una autoridad, es la de reducir el trabajo de las Hermanas. M\u00e1s vale abandonar un oficio en una casa, vale m\u00e1s abandonar una o varias casas en una Provincia, con tal de que las Hermanas tengan una vida m\u00e1s equilibrada. Es una responsabilidad que pesa directamente sobre nosotras. Podemos exhortar a las Hermanas, podemos ayudarlas; pero no podemos suplir los esfuerzos espirituales que ellas tienen que hacer. S\u00ed podemos, en cambio, ponerlas en condiciones de que puedan hacerlos. Esa es la responsabilidad directa del Superior. Puede que se les objete: \u00absi suprime usted un oficio, quedar\u00e1n abandonados los ancianos, o los ni\u00f1os, o quedar\u00e1n abandonados los enfermos\u00bb. Y a\u00f1adir\u00e1n: eso recaer\u00e1 sobre usted&#8230; nos vamos a condenar&#8230; \u00a1qu\u00e9 s\u00e9 yo! Pueden ustedes o\u00edr cosas espantosas. Pero todo eso es falso.<\/p>\n<p>Tenemos que hacer el trabajo que podamos de tal suerte que las Hermanas tengan la posibilidad de tender a Dios y de llevar una vida religiosa equilibrada. Si las ponemos en una situaci\u00f3n tal que la vida espiritual no puede por menos de bajar de nivel, cargamos con una responsabilidad mucho mayor que si hubi\u00e9ramos abandonado las obras o las casas. Tenemos que tener convicciones claras a este respecto.<\/p>\n<p>No seamos activistas. Hagamos todo lo que podamos, pero no olvidemos que es sobre todo el valor, el valor de nuestra vida religiosa, de nuestra caridad, la que tiene verdadero alcance apost\u00f3lico. Es el talento al que hemos de hacer producir, ese talento depositado en cada una. Si dejamos que se aminore o sencillamente que permanezca infructuoso, tendremos una grave responsabilidad delante de Dios.<\/p>\n<p>Imaginemos que ya nos hemos dado cuenta de la carga que pesa sobre cada una de las Hermanas y que tratamos de hacer todo lo posible por aliviarla. No siempre se pueden remediar todas las situaciones ni, sobre todo, remediarlas inmediatamente. Pero por lo menos que las Hermanas comprendan que lo hemos visto y que nos hemos preocupado de ello, que no lo dejaremos pasar indefinidamente, sino que llegaremos a encontrar una soluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s, hay que tratar de ayudar a cada una en su vida espiritual. Yo dir\u00eda de buena gana: no se esfuercen tanto en predicar. Cuando \u00e9ramos j\u00f3venes se nos dec\u00eda que no deb\u00edamos tratar con una persona sin decirle algo de Dios. Creo que es completamente exacto en la intenci\u00f3n; acaso no lo sea tanto en el acto en s\u00ed. Hay momentos en que hay que no hablar de Dios, y con las Hermanas es lo mismo.<\/p>\n<p>Hay que tener un tacto a la vez natural y sobrenatural. A veces se puede hablar de Dios sin haber dicho una sola palabra, s\u00f3lo con la atenci\u00f3n prestada a lo que la Hermana nos ha dicho, o con el don de nuestra presencia llena de paciencia, llena de bondad.<\/p>\n<p>Pienso que un serm\u00f3n colocado sin m\u00e1s no puede hacer bien. Cuando una Hermana Sirviente se dice de pronto: hemos terminado la comunicaci\u00f3n, ahora tengo que decirle algo de Dios, porque no hemos hablado de Dios; \u00bfqu\u00e9 le digo? No le diga usted nada. Si no se le ha presentado la oportunidad en la conversaci\u00f3n, d\u00e9jela en paz, no importa. Si al final, antes de que se vaya, quiere usted servirle un sermoncito, no le va a resultar bien. Ella no est\u00e1 en postura de receptividad y usted va a salir por la tangente.<\/p>\n<p>\u00bfEntonces, qu\u00e9? Lo primero, escuchar. Si el d\u00eda en que recibe usted a la Hermana usted ha hecho oraci\u00f3n sobre el Esp\u00edritu Santo y tiene deseos sobrenaturales sin duda de hablar del Esp\u00edritu Santo; se dice usted: \u00abTengo la impresi\u00f3n de que hoy podr\u00eda comunicar bien al Esp\u00edritu Santo\u00bb. Pero resulta que ella tiene su receptividad orientada a otra cosa; ella ha hecho la oraci\u00f3n sobre la caridad con los pobres, y quiere hablar de la caridad activa. D\u00e9jela usted hablar de la caridad activa y t\u00f3mela como punto de partida para lo que quiera usted decirle. Creo que lo primero es escuchar.<\/p>\n<p>Pocas personas saben escuchar verdaderamente. Hay que saber escuchar lo que el otro tiene deseos de decir, y partir de ah\u00ed. Pienso que partiendo de lo que ellas han dicho, se puede llegar a dar los consejos convenientes, a ayudarlas dentro de su l\u00ednea. Despu\u00e9s de todo, el Se\u00f1or se comunica a cada alma. Si usted tiene deseos, por ejemplo, de pedir a una que haga esfuerzos en el sentido de la regularidad, o de otra cosa, y el Se\u00f1or, en ese momento, est\u00e1 trabajando en su alma en otro sentido, por ejemplo, en el de la caridad fraterna&#8230; No somos nosotras quienes dirigimos a las almas. Es el Se\u00f1or quien inspira a cada una, cuando quiere, lo que debe inspirarle.<\/p>\n<p>Es dif\u00edcil, lo s\u00e9, no hay nada m\u00e1s dif\u00edcil. Creo que sobre todo hay que orar mucho antes de recibir a las Hermanas, pedir mucho todos los d\u00edas por ellas, y despu\u00e9s tratar de ponerse a la escucha de Dios a trav\u00e9s de lo que ellas dicen. Hay que sostenerlas en el camino por el que El las dirige.<\/p>\n<p>Lo que no quiere decir que de vez en cuando, cuando se descubre verdaderamente una pereza, una mala voluntad o algo de ese tipo, no haya que hablar con firmeza. Hay que saber decir: \u00aben este camino, est\u00e1 usted enga\u00f1\u00e1ndose a si misma, equivocando el camino; tiene absolutamente que hacer un esfuerzo generoso y muy concreto en este o este sentido. Le hablo a usted en nombre de Dios\u00bb. Hay que saber decir la verdad.<\/p>\n<p>Pero de ordinario, hay que caminar m\u00e1s bien en la direcci\u00f3n en la que Dios orienta a cada una. Traten de descubrir qu\u00e9 es lo que le preocupa a esa Hermana. M\u00e1s que imponer, hay que sugerir. Creo que no es buen sistema ofrecer soluciones prefabricadas. Si una Hermana se llega a pedirles consejo: \u00abEn este momento, tengo una dificultad, no s\u00e9 qu\u00e9 hacer con tal hermana que se muestra siempre malhumorada conmigo; es que no puedo verla,&#8230; etc.\u00bb. En lugar de contestar: \u00abva usted a hacer tal y tal cosa; va usted a dar el primer paso, va usted a decir esto o aquello\u00bb&#8230; d\u00edganle: \u00abReflexione usted en la presencia de Dios lo que le parece\u00bb.<\/p>\n<p>Hay que sugerir m\u00e1s que imponer, sugerir un esfuerzo; a partir de la sugerencia de ustedes, la Hermana encontrar\u00e1 lo que verdaderamente debe hacer. Pero no impongan nada. Tambi\u00e9n en esto hemos de pensar que no somos infalibles, que no tenemos toda la ciencia y todas las luces de Dios. No, no las tenemos. Con lo que la Hermana les dice y lo que ustedes piensan, pueden llegar juntas a encontrar la soluci\u00f3n, lo que debe hacerse. Claro, siempre que no se trate de algo que se impone de suyo, que no hay m\u00e1s remedio que hacer.<\/p>\n<p>Hay que saber escuchar al Se\u00f1or que habla a cada una. Ciertamente es \u00e9sta la gran l\u00ednea de conducta para la direcci\u00f3n de las almas. Estar convencidas de que el Se\u00f1or habla e invita a cada una por un camino a ir a El. Al empezar, dec\u00edamos que hab\u00eda que mirar primero lo positivo de cada Hermana. S\u00ed, hay que creer que todas tienen algo bueno y que el Se\u00f1or las llama desde las cualidades que ha depositado en ellas. Es necesario conservar una gran paciencia con las almas; una gran paciencia y una gran esperanza.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or tiene mucha paciencia y mucha esperanza con nosotros. Si tambi\u00e9n en esto nos situamos en la verdad frente a nosotras mismas y sabemos mirarnos con sinceridad, hemos de ver que tenemos defectos contra los que luchamos desde hace diez, quince, quiz\u00e1 veinte a\u00f1os o cuarenta, desde nuestra infancia, y que esos defectos est\u00e1n siempre ah\u00ed, a pesar de los esfuerzos que seguimos haciendo, y que, a pesar de esos defectos, Dios no deja de amarnos.<\/p>\n<p>La Hermana que tenemos delante tiene tambi\u00e9n defectos, pero con la desgracia de que esos defectos saltan m\u00e1s a la vista que los nuestros, son m\u00e1s visibles, aunque acaso sean menos graves. Tiene ca\u00eddas continuas que se dejan ver porque se trata de un defecto externo, y el Se\u00f1or la soporta. El Se\u00f1or nos soporta a todos. Entonces, nosotras tenemos que tolerarla con esos defectos externos y sobre todo hemos de ayudarla a mantenerse en la esperanza.<\/p>\n<p>El gran apoyo de esas Hermanas que tienen defectos exteriores, es la paciencia y la esperanza de la Hermana Sirviente que las tolera. Mientras una Hermana Sirviente conserva la esperanza en la subida espiritual, en la correcci\u00f3n de una Hermana, no hay que desesperar. Porque se puede ascender espiritualmente aun sin liberarse de grandes defectos visibles. Pero hay que saber separar ambas cosas. Sostener a la Hermana en su ascensi\u00f3n espiritual, en medio de sus continuas ca\u00eddas; decirle que a pesar de ellas Dios la llama, y sobre todo no dejarla que se abandone a una especie de desesperanza de la que ser\u00eda muy dif\u00edcil sacarla, y cuya \u00fanica raz\u00f3n ser\u00eda que tiene un defecto del que no puede deshacerse.<\/p>\n<p>Pienso que la paciencia y la esperanza de la Hermana Sirviente son la mayor gracia que Dios puede conceder a una Hermana. Hay que pedir al Se\u00f1or nos ayude a ello, porque a veces es muy dif\u00edcil: soportar a una Hermana dici\u00e9ndole: &lt;nunca conseguiremos nada&gt;. Es posible que no se consiga nada en cuanto al defecto en s\u00ed, pero s\u00ed se lograr\u00e1 mantener a la Hermana en su camino hacia Dios, a pesar de sus defectos y a pesar de sus ca\u00eddas. Esa es la responsabilidad que les incumbe a ustedes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ejercicios espirituales a Hermanas Sirvientes. Instrucciones. 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A las Hermanas que van a emitir los Votos por primera vez El acto de humildad que acaban ustedes de hacer, Hermanas, es el \u00faltimo y meritorio esfuerzo de purificaci\u00f3n, la \u00faltima preparaci\u00f3n antes de la consagraci\u00f3n que de ustedes mismas van a hacer ma\u00f1ana a Dios,\u2026","rel":"","context":"En \u00abEscritos de Susana Guillemin\u00bb","block_context":{"text":"Escritos de Susana Guillemin","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/escritos\/escritos-de-susana-guillemin\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":44377,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/susana-guillemin-repeticion-de-oracion-marzo-de-1965\/","url_meta":{"origin":38007,"position":4},"title":"Susana Guillemin: Repetici\u00f3n de oraci\u00f3n, marzo de 1965","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"14\/07\/2011","format":false,"excerpt":"Susana Guillemin, H.C. Hermanas de Toma de H\u00e1bito El acto de humildad que acaban de hacer, Hermanas, da el \u00faltimo toque a su 'preparaci\u00f3n espiritual para el gran cambio que ma\u00f1ana va a operarse en su vida. Cambio exterior que ser\u00e1 el signo de su transformaci\u00f3n interior. 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A las Hermanas que van a emitir los Votos por primera vez A imitaci\u00f3n de la Virgen y como un eco a su palabra, van ustedes, Hermanas, a pronunciar ma\u00f1ana su propio \"Fiat\" a Dios. 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