{"id":38006,"date":"2014-08-19T08:22:57","date_gmt":"2014-08-19T06:22:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/susana-guillemin-la-vocacion-de-la-compania\/"},"modified":"2014-08-19T08:22:57","modified_gmt":"2014-08-19T06:22:57","slug":"susana-guillemin-la-vocacion-de-la-compania","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/susana-guillemin-la-vocacion-de-la-compania\/","title":{"rendered":"Susana Guillemin: La vocaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_33649\" style=\"width: 247px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/04\/susana_guillemin.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-33649\" class=\"size-medium wp-image-33649\" title=\"Susana Guillemin, H.C.\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/04\/susana_guillemin-237x300.jpg?resize=237%2C300\" alt=\"Susana Guillemin, H.C.\" width=\"237\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-33649\" class=\"wp-caption-text\">Susana Guillemin, H.C.<\/p><\/div>\n<p><em>Ejercicios espirituales a Hermanas Sirvientes. Instrucciones. Ascensi\u00f3n-Pentecost\u00e9s, 1967<\/em><\/p>\n<p>Antes de hablar directamente de la misi\u00f3n de ustedes como Hermanas Sirvientes de la Compa\u00f1\u00eda y en su casa, quisiera decirles una palabra de la <em>Vocaci\u00f3n de la Comunidad de las Hijas <\/em><em>de la Caridad, en la Iglesia.<\/em><\/p>\n<p>Ayer dec\u00edamos que el primer de acto de la renovaci\u00f3n que nos ped\u00eda el Concilio era precisamente el de reencontrar, en toda su pureza, la inspiraci\u00f3n primera de los Fundadores y la verdadera vocaci\u00f3n de un Instituto en la Iglesia, no para copiar de manera estrictamente servil lo que los Fundadores hicieron, sino para adaptarlo, trasladarlo al contexto actual.<\/p>\n<p>Todo el mundo sabe lo que tenemos que hacer y no merece mucho la pena extenderse en ello. Todo el mundo lo sabe, pero lo que no sabe nadie es c\u00f3mo hacerlo. Eso es lo dif\u00edcil. Todo el mundo sabe que no hay que hacer exactamente lo que hizo el Fundador, sino lo que \u00e9l har\u00eda hoy. Y ah\u00ed est\u00e1 la pregunta complicada: \u00bfqu\u00e9 har\u00eda hoy? \u00bfQu\u00e9 har\u00edan San Vicente y Santa Luisa si, hoy, estuvieran implicados en las situaciones en que nos hallamos nosotras?<\/p>\n<p>Es evidente que no tengo la pretensi\u00f3n de responder a tal pregunta. Pero pienso que lo que har\u00edan San Vicente y Santa Luisa se destacar\u00e1 poco a poco en nuestro pensamiento y en nuestro coraz\u00f3n si nos convertimos a su verdadero esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Tenemos se\u00f1ales por donde guiarnos, tenemos unos tesoros que nos envidian la mayor\u00eda de las Comunidades. Confieso que qued\u00e9 profundamente conmovida en una Asamblea de Superioras Generales de Francia, cuando una Superiora General vino a decirme: \u00ab\u00bfNo podr\u00eda venir usted a tener una reuni\u00f3n con nosotras, para que busc\u00e1ramos juntas cu\u00e1l puede ser nuestra espiritualidad? He descubierto \u2014me dec\u00eda\u2014 que estamos aqu\u00ed unos cincuenta institutos religiosos que tuvieron su origen en la \u00e9poca de la Escuela francesa, es decir, m\u00e1s o menos en tiempos de San Vicente de Pa\u00fal. Y no sabemos en absoluto c\u00f3mo definirnos; no sabemos lo que somos. Todas estamos en plan de busca, tenemos devociones fundamentales&#8230;\u00bb. A\u00f1ad\u00eda: \u00abLa mayor\u00eda de entre nosotras hemos sido creadas por coadjutores de parroquia o por un religioso que, en un momento dado, quisieron ver surgir una orden para responder a una necesidad local m\u00e1s o menos definida&#8230;\u00bb, de suerte que ese conjunto de Comunidades no saben c\u00f3mo definirse en la Iglesia. Es muy doloroso, ya se dan ustedes cuenta. Por eso dec\u00edan: \u00abTratemos de unimos para ver si a trav\u00e9s de nuestros rasgos comunes, puesto que hemos nacido m\u00e1s o menos en la misma \u00e9poca, llegamos a ver lo que somos en la Iglesia de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Nosotras, tenemos verdaderos tesoros. Casi me dan ganas de decir que demasiados, porque tendr\u00edamos que poder leerlos, asimilarlos, volverlos a recorrer desde el principio hasta el fin, para tratar de desprender de ellos el esp\u00edritu de nuestros Fundadores. No creo que haya muchas Hijas de la Caridad que hayan le\u00eddo en toda su extensi\u00f3n todos los escritos de San Vicente, todas sus conferencias a las Hermanas y a los Misioneros; estas \u00faltimas son de una gran riqueza, m\u00e1s que las dirig\u00eddas a las Hijas de la Caridad, y en ellas descubrimos lo profundo del alma de San Vicente.<\/p>\n<p>En los escritos de Santa Luisa, en sus cartas, se la ve vivir. Iba a decir que se la siente respirar d\u00eda tras d\u00eda. Se puede apreciar que acaba de haber una tormenta y que se ha resentido de sus efectos. Se ve c\u00f3mo contesta a sus hijas, c\u00f3mo les escribe, c\u00f3mo las levanta de sus faltas, c\u00f3mo las consuela en sus tentaciones, c\u00f3mo siente en su coraz\u00f3n de madre todos los sufrimientos que ellas padecen. Y se ven tambi\u00e9n su preocupaci\u00f3n continua, incesante, por que ellas adelanten en los caminos del Se\u00f1or y respondan a esa vocaci\u00f3n que Dios ha dado a la Comunidad. Ah\u00ed encontramos realmente la Verdad, el fondo de lo que somos.<\/p>\n<p>Ayer hojeaba un poco las conferencias de San Vicente a las Hijas de la Caridad y encontr\u00e9 esta media p\u00e1gina maravillosa que, a mi entender, resume perfectamente lo que somos en la Iglesia de Dios. Acaso no pensamos bastante que la espiritualidad de San Vicente es totalmente cristoc\u00e9ntrica. San Vicente y Santa Luisa est\u00e1n ambos clavados, por decirlo as\u00ed, a Cristo; viven para Cristo; quieren prolongarlo, aqu\u00ed en la tierra, en su persona y en sus congregaciones y quieren servirle en los pobres. Creo que no podemos leer veinte l\u00edneas seguidas sin que aparezca en ellas el nombre de Cristo o el nombre de Jes\u00fas. Cristo est\u00e1 de continuo, perpetuamente, presente en el centro mismo del esp\u00edritu y del coraz\u00f3n de nuestros Fundadores.<\/p>\n<p>Vean lo que dice San Vicente a sus primeras Hijas, j\u00f3venes muy sencillas pero que \u00e9l ha sabido educar poco a poco a una vida admirable en Dios: \u00abEstoy perseguido \u2014dice\u2014 con los perseguidos, maldito con los malditos; soy esclavo con los esdavos; estoy afligido con los afligidos, enfermo con los enfermos\u00bb. No dice: tenemos que hacer esto o lo otro. De ninguna manera. Dice (y es el fondo mismo de su ser): \u00abestoy perseguido con los perseguidos, maldito con los malditos; soy esclavo con los esclavos; estoy afligido con los afligidos y enfermo con los enfermos\u00bb. Se dan ustedes cuenta de ese poder de asimilaci\u00f3n con los pobres, con los que sufren. No es desde fuera como tenemos que asistirlos, es siendo con ellos lo que ellos son. \u00abAs\u00ed es como deb\u00e9is portaros para ser buenas Hijas de la Caridad, para ir donde Dios quiera\u00bb.<\/p>\n<p>Y vean a continuaci\u00f3n la extensi\u00f3n que da a sus palabras: si es a Africa, a Africa, al ej\u00e9rcito, a las Indias, donde se os llame; muy bien, sois Hijas de Caridad y ten\u00e9is que ir. Nuestro Se\u00f1or (f\u00edjense qu\u00e9 hermoso es esto) ha hecho una Compa\u00f1\u00eda m\u00e1s de El que nuestra, y de esa Compa\u00f1\u00eda sois miembros\u00bb. Una Compa\u00f1\u00eda que no es su finalidad en s\u00ed misma. \u00bfPuede darse un esp\u00edritu m\u00e1s conciliar, m\u00e1s Vaticano II? Vean qu\u00e9 desprendimiento el de la Compa\u00f1\u00eda, qu\u00e9 desasimiento de lo que es en s\u00ed: \u00abuna Compa\u00f1\u00eda m\u00e1s de El que nuestra, y de esa Compa\u00f1\u00eda sois miembros: por eso os llam\u00e1is Hijas de la Caridad, es decir, Hijas de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Y de pronto, en su mente de padre surge el temor de que nazca una especie de sentimiento de orgullo por esa llamada, y le sale al paso por una parte con su alma de santo y por otra con ese como soplo de caridad que le anima y le hace superar todo: \u00abhumill\u00e1os, pon\u00e9os por debajo de todo el mundo\u00bb, les dice pensando en c\u00f3mo Dios quiere servirse de ellas, pobres aldeanas, para tan grandes cosas. Pero ecuchen lo que sigue: \u00abhumill\u00e1os delante de Dios: es lo que os corresponde; pero estad dispuestas a abrazaros con todos los empleos que la Divina Providencia quiera daros\u00bb. Dice, s\u00ed, humill\u00e1os, pon\u00e9os por debajo de todo el mundo, pero que esto no os impida responder a la llamada de Dios. F\u00edjense c\u00f3mo hace pasar la caridad por encima de todo, sabiendo muy bien que la caridad comprende todas las dem\u00e1s virtudes: \u00abpero estad dispuestas a abrazaros con todos los empleos que la Divina Providencia quiera daros; no puedo sino recomenci\u00e1roslo, puesto que es el fin de la Comunidad\u00bb. Tenemos, pues, aqu\u00ed la respuesta. Mientras otras se preguntan: \u00bfpara qu\u00e9 hemos sido creadas?, nosotras sabemos para qu\u00e9 hemos sido creadas: para tener esa visi\u00f3n, ese esp\u00edritu, esa mirada abierta a las necesidades del Se\u00f1or, de la Iglesia y delmundo; saber decirnos esta palabra de San Vicente: \u00abpuesto que es el fin de la Compa\u00f1\u00eda, si falt\u00e1is a ello, \u00a1se acab\u00f3!, pod\u00e9is decir \u00a1ad\u00ed\u00f3s! a la Caridad\u00bb. No es posible encontrar pasaje m\u00e1s fuerte ni m\u00e1s hermoso que \u00e9ste.<\/p>\n<p>Traten ustedes, pues, en las respuesta\u00e1 a esos cuestionarios, para las que tienen que animar el pensamiento, el esp\u00edritu de las Hermanas, traten, digo, al orientarlas, de hacer pasar la luz de Dios por el canal de nuestros Fundadores; traten de buscar juntas, de volver a leer juntas no todos los escritos de San Vicente \u2014lo que ser\u00eda imposible\u2014 pero s\u00ed algunos pasajes, algunas conferencias m\u00e1s significativas de lo que debemos ser en la Iglesia. En ellas tenemos que encontrar ese soplo, ese esp\u00edritu que anim\u00f3 a San Vicente y a Santa Luisa e hizo de ellos instrumentos tan d\u00f3ciles en la mano de Dios.<\/p>\n<p>Es lo que pide Pablo VI en su enc\u00edclica \u00abEcclesiam suam\u00bb cuando dice: \u00abha llegado la hora para la Iglesia de profundizar en la conciencia que tiene de s\u00ed misma, de meditar en el misterio que es el suyo\u00bb. Hay que reflexionar, reflexionar para tomar conciencia. De esa conciencia clara y operante brota un deseo espont\u00e1neo de confrontar el rostro real que la Iglesia presenta hoy, con la imagen ideal de esa Iglesia, tal como Cristo la vio, la quiso, la am\u00f3 como su Esposa santa e inmaculada.<\/p>\n<p>Cuando leemos un pasaje de San Vicente, el que acabamos de recordar, por ejemplo, nuestro reflejo instintivo es decirnos: \u00aby yo \u00bfqu\u00e9 soy? \u00bfQu\u00e9 somos nosotras? \u00bfSomos verdaderamente esa imagen que brot\u00f3 del coraz\u00f3n y del esp\u00edritu de San Vicente?\u00bb Esa es la confrontaci\u00f3n. Nuestra conciencia clara y operante nos hace &#8216;decirnos: \u00abeso es lo que tenemos que ser; eso es lo que Dios quiere de nosotras. \u00bfQu\u00e9 somos?\u00bb Confrontaci\u00f3n que debe desembocar en la conversi\u00f3n. Ese es el paso que tenemos que dar.<\/p>\n<p>Traten, en cada una de sus casas, de profundizar en la b\u00fasqueda de lo que es la Compa\u00f1\u00eda realmente en los designios de Dios. Tengamos la convicci\u00f3n de que el Se\u00f1or quiere la perennidad de la Compa\u00f1\u00eda. \u00bfPor qu\u00e9? Una frase del Evangelio se\u00f1ala nuestra supervivencia en la Iglesia, si queremos ser fieles: \u00absiempre tendr\u00e9is pobres entre vosotros\u00bb. Pero a esos pobres hay que ir a buscarlos, hay que encontrarlos, hay que servirlos, hay que saber d\u00f3nde est\u00e1n para ir a responder a sus necesidades. La espiritualidad .de San Vicente no pasar\u00e1 nunca, porque es lo m\u00e1s puro del Evangelio. Es verdaderamente sorprendente, en \u00e9l y en Santa Luisa cluiz\u00e1 m\u00e1s en San Vicente que en Santa Luisa, porque la expresi\u00f3n es m\u00e1s sencilla en San Vicente que en Santa Luisa); ese extraordinario sentido del Evangelio. San Vicente es evang\u00e9lico hasta el fondo de su alina y en cada uno de sus menores gestos. Su vida es verdaderamente el Evangelio puesto en acci\u00f3n. As\u00ed es como debe ser tambi\u00e9n nuestra vida, seg\u00fan la m\u00e1s pura esencia del Evangelio.<\/p>\n<p>San Vicente tiene el sentido de cada uno, el sentido de la persona (ahora se dir\u00eda m\u00e1s bien un sentido del hombre) extraordinario. Porque fue absolutamente evang\u00e9lico, se acerc\u00f3 directamente al hombre tal y como era en su tiempo: es otro de sus parecidos con Cristo.<\/p>\n<p>San Vicente se dirigi\u00f3 directamente a los hombres de su tiempo; se hizo cargo de ellos con su miseria, con su realidad; los am\u00f3 con un sentido de cortes\u00eda, de respeto personal, hacia cada uno, y bien sabe Dios lo bajos que estaban en la escala humana aquellos a quienes \u00e9l se dirigi\u00f3, con una voluntad de preocupaci\u00f3n colectiva absolutamente in\u00e9dita en aquel tiempo.<\/p>\n<p>San Vicente quiso socorrer a cada pobre en particular; nunca, creo, dej\u00f3 de lado una miseria cualquiera sin responder a ella, pero al mismo tiempo quiso elevar colectivamente la clase pobre y quiso responder no s\u00f3lo a las necesidades de los pocos hombres que se encontraban ante \u00e9l, sino m\u00e1s bien conjurar los azotes de aquella \u00e9poca. Esta visi\u00f3n, tan actual dir\u00edamos, es otra de las caracter\u00edsticas extraordinarias de San Vicente.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, quiso para nosotras \u00abuna proximidad, una cercan\u00eda de vida con los pobres\u00bb. Es acaso una de las cosas m\u00e1s dif\u00edciles de conseguir ahora, pero a ella tenemos que tender. Nuestras Santas Reglas nos repiten varias veces: \u00abse contentar\u00e1n con ser tratadas como los pobres a los que asisten\u00bb&#8230; No sabemos hasta d\u00f3nde puede llegar el alcance de tal frase, si queremos, de verdad, ser fieles a ella.<\/p>\n<p>Qued\u00e9monos con esto para la b\u00fasqueda que tenemos que hacer: Nuestra espiritualidad: el Evangelio&#8230;, el Evangelio vivido como San Vicente lo vivi\u00f3, a imagen de Cristo, con un gran sentido de los dem\u00e1s, un gran respeto por ellos, una gran proximidad de vida, en un esp\u00edritu puramente evang\u00e9lico.<\/p>\n<p>A lo largo de los a\u00f1os, se ha mantenido un tipo de Hija de la Caridad: no podemos dejar que se pierda. Con las complicaciones intelectuales de nuestra \u00e9poca, con las investigaciones t\u00e9cnicas y cient\u00edficas, corremos un poco el riesgo de que ese estilo de Hija de la Caridad se complique. En medio de las exigencias actuales, sin dejar de adquirir lo que es necesario para el buen rendimiento de nuestras actividades, tenemos que permanecer<\/p>\n<ul>\n<li>sencillas,<\/li>\n<li>leales,<\/li>\n<li>directas,<\/li>\n<li>abiertas a los dem\u00e1s,<\/li>\n<li>cercanas a todos.<\/li>\n<\/ul>\n<p>En la Hija de la Caridad se da una especie de gracia particular de cercan\u00eda a los dem\u00e1s. No hay que perder esa gracia. Sobre todo, que los estudios necesarios actualmente, el profundizar en determinados aspectos, no nos separen de los sencillos, los pobres, porque es precisamente para \u00abellos\u00bb para quienes hemos sido creadas. Tenemos que seguir siendo desprendidas, claras, sencillas, en medio de todo eso que, sin embargo, tenemos que adquirir: sencillas, sinceras, leales, en una gran pobreza de esp\u00edritu y una gran humildad.<\/p>\n<p>Recuerdo lo que dec\u00eda un buen misionero. \u00abActualmente se utilizan medios que son ricos, pero de todas formas, hay una manera pobre de servirse de las cosas que parecen, y lo son, ricas\u00bb. Es exacto. Tenemos, evidentemente, que tender a una pobreza exterior; pero hay un estado interior de pobreza que nos permite permanecer indemnes y desprendidas en medio de todo lo que debemos utilizar para bien de los pobres a quienes nos dirigimos. Pienso en ciertas Hijas de la Caridad que viven en hospitales, en cl\u00ednicas, en instituciones provistas de las mejores t\u00e9cnicas, organizadas para hacer la vida agradable a los que en ella se asiste: ni\u00f1os, enfermos, ancianos, etc. Pero permanecen indemnes en medio de todo eso y visiblemente pobres.<\/p>\n<p>S\u00ed, tenemos que tratar de ser visiblemente pobres en medio de todo lo que utilizamos.<\/p>\n<p>La m\u00e1s destacada caracter\u00edstica de ese esp\u00edritu de San Vicente, que por lo dem\u00e1s queda muy bien expresada en la frase que les he le\u00eddo antes, es esa sensibili7aci\u00f3n constante por descubrir al pobre y sus necesidades, esa cercan\u00eda al otro que permite hallar la respuesta que debe d\u00e1rsele. Creo que debe ser algo espec\u00edfico de nuestra Comunidad.<\/p>\n<p>Nuestro gran pesar en la hora actual&#8230; (y es uno de los pesares que tenemos que tratar de reducir organizando la Comunidad) es el de que, por estar encargadas de tantas obras y casas, con una disminuci\u00f3n del personal que se acusa por todas partes, corremos el riesgo de no tener ya la disponibilidad necesaria para responder a las llamadas del momento. Creo que tenemos que tener la valent\u00eda necesaria para suprimir, para cerrar cierto n\u00famero de esas instituciones&#8230; (no digo todas; es un asunto que cada provincia tiene que estudiar) que pueden atarnos, impedirnos la movilidad necesaria para volver a encontrar cierto margen de disponibilidad. No quiero decir con esto que hayan de destruirse las instituciones; de ninguna manera. Pero s\u00ed es necesario poder disponer en la Comunidad de un, digamos, ret\u00e9n proporcionado que pueda acudir al punto donde en un momento determinado se deje sentir una necesidad urgente de la Iglesia y de los pobres.<\/p>\n<p>Creo poder decir que esa gracia de la \u00abcercan\u00eda\u00bb y de la \u00abrespuesta\u00bb a las necesidades inmediatas de los pobres, hasta el presente, el Se\u00f1or se la ha conservado a la Comunidad. He podido comprobarlo muchas veces y en gran n\u00famero de Provincias. Las Hermanas est\u00e1n cercanas a los pobres, los comprenden, se sienten comprendidas por ellos y realizan el gesto espont\u00e1neo de la caridad hacia sus necesidades. Tenemos que conservar esta gracia, hemos; de&#8230;saber que es la nuestra y que tenemos el deber de organizarnos para poder conservarla. Y no s\u00f3lo conservarla sino desarrollarla y hacerla m\u00e1s visible en la Iglesia.<\/p>\n<p>Es el trabajo de renovaci\u00f3n que estamos emprendiendo y que hemos de proseguir a lo largo de nuestra vida&#8230; porque cuando hayamos hecho una, dos o tres sesiones de la Asamblea General, cuando hayamos revisado las Constituciones y la Santa Sede las haya aprobado, cuando hayamos empezado a vivirlas&#8230; no nos imaginemos que ya estaremos renovadas. No, no estaremos renovadas; nunca est\u00e1 uno completamente renovado. Nunca llega uno a convertirse completamente. No pienso que haya una sola entre nosotras que tenga la audacia de decir: \u00abyo, yo estoy convertida\u00bb. Porque no es verdad, no es verdad. Estamos en perpetua conversi\u00f3n. Tenemos una naturaleza, un cuerpo, unas tendencias personales que nos arrastran hacia la vida del mundo, hacia una vida natural, hacia el razonar humano, hacia una forma de vida situada en un plano puramente humano Y por otra parte, tenemos a Dios que traspasa todo eso y nos atrae de continuo a El.<\/p>\n<p>Una vida religiosa es una vida que normalmente se sit\u00faa en perpetua tensi\u00f3n. En tensi\u00f3n, porque desde lo \u00edntimo de la vida humana que lleva, tiene que estar levantando continuamente su nivel al plano sobrenatural y a la ascensi\u00f3n hacia Dios. De continuo tenemos que hacernos cargo de nosotros mismos para orientarnos hacia el Se\u00f1or. Es lo propio de toda vida humana, m\u00e1s a\u00fan de toda vida crist\u00edana.<\/p>\n<p>La vida religiosa se sit\u00faa de manera un tanto diferente, es m\u00e1s absoluta. Ahora, se intenta mucho distinguir lo que es propiamente de la vida religiosa con relaci\u00f3n a los laicos. Lo he o\u00eddo discutir por lo menos dos o tres veces en las Comisiones conciliares. Se dec\u00eda: \u00bfcu\u00e1l es el l\u00edmite en que termina la vida laica y empieza la vida religiosa? Nadie pudo nunca definirlo; no lleg\u00f3 a saberlo nadie. Pero lo cierto es, as\u00ed lo pienso al menos, que la vida religiosa se caracteriza por un absoluto. Hemos escogido, al darnos a Dios, no poner l\u00edmites, no admitir proporci\u00f3n o promedio humano en el don que le hemos hecho.<\/p>\n<p>Hemos querido dar, de verdad, la totalidad de lo que somos y tratar de llevarlo hasta lo absoluto.<\/p>\n<p>Pero todos los d\u00edas hay que volver a empezar. Todos los d\u00edas, podemos decirnos al levantarnos: \u00abAhora empiezo\u00bb. Es as\u00ed como nos mantenemos en el fervor. El d\u00eda en que uno se queda en el mismo estado en que est\u00e1, se tiene la impresi\u00f3n de haber llegado a una altiplanicie y all\u00ed se instala uno. Parece que no hay ya nada importante que hacer: es la tibieza. Le\u00eda yo una frase en el libro del Padre Laplace \u00abla Mujer y la Vida Consagrada\u00bb: \u00abel riesgo que acecha a cada edad de la vida es el dormirse sobre sus laureles\u00bb. Se ha hecho lo que se ha podido, se han medido las propias limitaciones, y uno llega a decir (sin confes\u00e1rselo por completo, pero dici\u00e9ndoselo en la pr\u00e1ctica): \u00abconozco mis defectos, s\u00e9 c\u00f3mo soy, he medido mis fuerzas y no podr\u00e9 pasar de tal l\u00edmite\u00bb. Y entonces, uno se instala donde est\u00e1; la rutina empieza. Y ya no hay nada que hacer, es el fracaso, es la mediocridad, ya ni se piensa en la perfecci\u00f3n. Pero no nos imaginemos que se queda uno donde est\u00e1: lo que hace es retroceder, empieza a caminar hacia atr\u00e1s.<\/p>\n<p>En esta conquista de la santidad, en este trabajo constante de renovaci\u00f3n y conversi\u00f3n de la Comunidad y de nosotras mismas, de ustedes y de cada una de sus compa\u00f1eras, me atrevo a decir que las Hermanas Sirvientes son instrumentos privilegiados. No pienso, no, que los instrumentos privilegiados de la renovaci\u00f3n de las Hermanas y de la Comunidad sean la Curia Generalicia, ni los miembros de los Consejos Provinciales, Visitadoras, etc. Por supuesto, tenemos una misi\u00f3n importante e irreetnplazable que desempe\u00f1ar. Pero los \u00abverdaderos\u00bb art\u00edfices de la renovaci\u00f3n son las Hermanas Sirvientes. \u00bfPor qu\u00e9? Porque est\u00e1n situadas en el centro mismo de la vida de la Comunidad. Est\u00e1n cercanas a la vida, junto a sus compa\u00f1eras, junto a la autoridad (ya sea la Provincial o la Curia Generalicia). Se sit\u00faan en cierto modo en el centro de los intercambios vitales, de las \u00f3rdenes y directivas y de su aplicaci\u00f3n en la vida. Si las Hermanas Sirvientes son buenas y santas, la Comunidad ser\u00e1 buena y santa. Si las Hermanas Sivientes son tibias, la Comunidad se desmoronar\u00e1. Tal es mi convicci\u00f3n profunda y pienso que corresponde a una realidad. La Hermana Sirviente es verdaderamente el instrumento de Dios, el instrumento principal y permanente de la renovaci\u00f3n emprendida y de la conversi\u00f3n general y continua de la Comunidad y de cada una de las Hermanas.<\/p>\n<p>Deben, pues, preguntarse con motivo de estos ejercicios espirituales: \u00ab\u00bfqu\u00e9 soy yo, Hermana Sirviente?\u00bb Del mismo modo que la Comunidad actualmente se interroga para decirse: \u00bfqu\u00e9 soy en el pensamiento de Dios?, ustedes tambi\u00e9n deben preguntarse: \u00ab\u00bfqu\u00e9 soy en el pensamiento de Dios?\u00bb Y no pueden contestarse situ\u00e1ndose s\u00f3lo en relaci\u00f3n con su cargo; no pueden hacerlo de otro modo que situ\u00e1ndose dentro de la gran organizaci\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p>En Lumen Gentiurn encontramos una hermos\u00edsima frase que dice: \u00abEn su cuerpo (es decir, en la Iglesia) Cristo dispone continuamente los dones de los ministerios por los que, gracias a su virtud, nos aportamos mutuamente los servicios necesarios para la salvaci\u00f3n\u00bb. Su misi\u00f3n de Hermanas Sirvientes se sit\u00faa, as\u00ed, como un don hecho a la Iglesia, a la Comunidad, un don de ministerio. Ejercen ustedes en la Iglesia, en la Comunidad, un ministerio que debe proporcionar los servicios necesarios para la salvaci\u00f3n. Es muy importante, es ah\u00ed donde se encuentra la verdadera raz\u00f3n de ser de su cargo de Hermanas Sirvientes.<\/p>\n<p>En el centro de las relaciones de las Hijas de la Caridad con Dios, relaciones de almas consagradas con el Se\u00f1or, se sit\u00faa la Hermana Sirviente que por su ministerio transmite la gracia, ayuda, facilita la posibilidad de la vida consagrada, el ejercicio de la autoridad y de la obediencia, etc. Es un don que Cristo ha hecho a la Iglesia. \u00bfC\u00f3mo determinar ese ministerio? Una frase de Perfectae Caritatis puede darnos la respuesta:<\/p>\n<p>\u00abLos Superiores, por su parte, que han de dar cuenta a Dios de las almas que les han sido encomendadas, d\u00f3ciles a la voluntad de Dios en el cumplimiento de su cargo, ejerzan su autoridad con esp\u00edritu de servicio a sus hermanos, de suerte que expresen la caridad con que Dios los ama\u00bb.<\/p>\n<p>Podemos, pues, determinar las caracter\u00edsticas de nuestro ministerio con relaci\u00f3n a las Hermanas que se les han encomendado.<\/p>\n<ul>\n<li>Es un ministerio de amor,<\/li>\n<li>es un ministerio de autoridad,<\/li>\n<li>es un ministerio de unidad.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Est\u00e1n ustedes s\u00edtuadas en el centro de su Comunidad como una espec\u00ede de testigo visible del Amor que Dios tiene a cada una; como una delegada, una vicaria, podr\u00eda casi decirse, de la autoridad que El ejerce sobre cada una (una autoridad de la que volveremos a hablar para mostrar c\u00f3mo se ejerce en esp\u00edritu de servicio). Ejercen ustedes tambi\u00e9n un ministerio de unidad, a fin de que, en su b\u00fasqueda de Dios, las almas que les est\u00e1n confiadas, vayan al Se\u00f1or reunidas en Comun\u00eddad, vayan juntas y unidas hacia El.<\/p>\n<p>Esto trae consigo una gracia particular: la gracia de estado. Sabemos que existe; creemos en ella por esp\u00edritu de fe; al cabo de cierto n\u00famero de a\u00f1os de ejercer el cargo de Hermana Sirviente, creemos en ella por raz\u00f3n, porque la hemos experimentado muchas veces. La gracia de estado no es un mito. Es algo muy real que interviene cada vez que se presenta una dificultad. La Hermana Sirviente recibe esa gracia de estado; la recibe con miras a cada una de las almas, con miras a la Comunidad local, con miras a la Comunidad en general y con miras tambi\u00e9n a la Iglesia.<\/p>\n<p>No tenemos que separar nunca, nunca nuestra acci\u00f3n individual, nuestra acci\u00f3n en la Comunidad local, del gran conjunto en el que est\u00e1 inserta.<\/p>\n<p>Todo lo que hacemos, quer\u00e1moslo o no, tiene una repercusi\u00f3n a veces considerable en la Comunidad y en la Iglesia misma. No siempre tenemos ocasi\u00f3n de comprobarlo; pero a veces quedamos sobrecogidos ante la realidad de la cosa, viendo c\u00f3mo de un peque\u00f1o gesto, de una casa min\u00fascula e ignorada, parten las cosas m\u00e1s grandes, o las peores, que puedan darse en la Comunidad o en la Iglesia.<\/p>\n<p>Sin embargo, nuestra fe en la gracia de estado no puede hacer abstracci\u00f3n completa de nuestras condiciones personales, las nuestras, en el ejercicio de un cargo, cualquiera que sea, de autoridad. Por poco sincera que sea, al encontrarse ante un cargo de autoridad religiosa, se tiene la impresi\u00f3n de una paradoja viva. Una no puede menos de decirse: \u00abEste cargo requerir\u00eda una santa a nivel religioso, una inteligencia superior a nivel humano, unos medios con los que yo no cuento&#8230; \u00a1y soy la que me hallo en este puesto!\u00bb Ve una entonces aparecer los propios defectos, las faltas que han materializado esos defectos, las propias deficiencias, simplemente a nivel humano, las propias carencias desde el punto de vista de la formaci\u00f3n&#8230; etc., y una se dice: \u00abEsto es lo que Dios quiere de m\u00ed. \u00bfQu\u00e9 voy a hacer?\u00bb Evidentemente, en ese momento tiene que intervenir el acto de fe en la existencia de Dios y en la gracia de estado, puesto que una no ha hecho nada por llegar hasta esa carga que se ha colocado sobre sus hombros.<\/p>\n<p>Pero existen tambi\u00e9n, de todas formas, medios humanos que pueden remediar nuestros defectos. Yo dir\u00eda que cuando se recibe un cargo que no se ha deseado, no debemos temer tanto nuestra pobreza personal, con estas condiciones:<\/p>\n<p>1.\u00b0 que reconozcamos esa pobreza: si no se reconocen las propias deficiencias, est\u00e1 uno perdido;<\/p>\n<p>2.\u00b0 que la aceptemos; si se ven las propias deficiencias, pero se pone una en un estado de reacci\u00f3n interior contra ellas, va a resultar as\u00ed una turbaci\u00f3n, una lucha, una agresividad continuas, que van a desbordar sobre los que nos rodean. Nuestra pobreza t\u00edene que ser reconocida humildemente, pero tiene que ser aceptada con la misma humildad;<\/p>\n<p>3.\u00b0 que la combatamos. Que la combatamos con todos los medios a nuestra disposici\u00f3n.<\/p>\n<p>Tenemos que conocer nuestro propio temperamento.<\/p>\n<p>Cada una tenemos un temperamento y, con ese temperamento, una tendencia principal. Ya conocen ustedes las ense\u00f1anzas d\u00e1sicas. Se nos presenta el afecto dominante como el punto sobre el que debe recaer el examen p&#8217;articular. A veces, hemos escuchado esto sin comprender bien toda la prudencia y sabidur\u00eda que encierra, su extraordinaria profundidad, natural y sobrenatural. No voy a darles a ustedes una clase de psicolog\u00eda (no sabr\u00eda hacerlo); pero sepamos que todas tenemos un temperamento con una tendencia dominante y obramos siempre en funci\u00f3n de esa tendencia. Por poca sinceridad que tengamos, hemos de ver en poco tiempo c\u00f3mo se destaca esa tendencia profunda que es la nuestra.<\/p>\n<p>A una misma falta cometida por dos o tres personas, podemos encontrarle dos, tres o cuatro causas distintas.<\/p>\n<p>Tenemos un ejemplo concreto: en una casa o en una comunidad un poco numerosa, tres Hermanas se encolerizan, se dejan llevar del genio, y continuamente manifiestan reacciones de agresividad contra las dem\u00e1s compa\u00f1eras. Las ra\u00edces de tal hecho pueden ser absolutamente diferentes. Una se enfadar\u00e1 porque es orgullosa y no soporta nada que pueda ir en contra de la buena opini\u00f3n que tiene de s\u00ed misma: por orgullo, pues, se enfadar\u00e1 de continuo. Otra, lo har\u00e1 porque es perezosa, y cada vez que se le pide un esfuerzo, tendr\u00e1 una reacci\u00f3n de agresividad contra los que pretendan hacerla salir de su pereza. Otra, se enfadar\u00e1 porque se repliega en ella misma, tiene tendencia a buscar la amistad natural; y tan pronto como tiene la impresi\u00f3n de que \u00e9sta o aquella est\u00e1 menos bien dispuesta en su favor, pensar\u00e1 que no la quieren y de ah\u00ed la reacci\u00f3n de agresividad.<\/p>\n<p>Manifestaciones exteriores exactamente semejantes pueden proceder de ra\u00edces totalmente diferentes. Y tenemos que conocer esa tendencia nuestra profunda porque va a verterse en nuestra forma de ejercer la autoridad. Si estamos dominadas por el orgullo (todas lo estamos, m\u00e1s o menos), tenemos que saberlo para poder prevenir sus reacciones en nuestras relaciones con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Si, por ejemplo, una compa\u00f1era se llega a decirnos (tiene que ser ella la que venga a dec\u00edrnoslo): \u00abHermana, ayer me dijo usted que hiciera tal cosa; pero me veo en la obligaci\u00f3n de objetarle que me encuentro con tal dificultad\u00bb. Una Hermana Sirviente orgullosa reaccionar\u00e1 diciendo: \u00ab\u00a1C\u00f3mo! hace usted pasar su juicio por encima del m\u00edo. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 su sumisi\u00f3n de juicio, Hermana?\u00bb Ah\u00ed, no es la raz\u00f3n ni lo sobrenatural los que han reaccionado, sino la naturaleza.<\/p>\n<p>Si la Hermana Sirviente est\u00e1 acostumbrada a dominar su orgullo natural (es posible y es normal que sienta una peque\u00f1a reacci\u00f3n interior) lo que har\u00e1 ante todo ser\u00e1 escuchar lo que le dice la Hermana. Si \u00e9sta no tiene raz\u00f3n, le dir\u00e1: \u00abLa he escuchado, pero creo que el motivo que da usted no tiene consistencia; despu\u00e9s de reflexionar, he visto otros aspectos de la cuesti\u00f3n que usted no tiene en cuenta. Por consiguiente, lo mejor es que obedezca\u00bb. Pero si se da cuenta de que la Hermana ha visto un aspecto de la cuesti\u00f3n que ella no conoc\u00eda (cosa que es complamente normal), le dir\u00e1: \u00abLe agradezco que me haga usted ver esto que yo ignoraba\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed es como debe ejercerse la autoridad. Si esa Hermana Sirviente no estuviera con \u00abla atenci\u00f3n puesta\u00bb en su tendencia dominante, se dejar\u00e1 llevar y acabar\u00e1 por ejercer la autoridad con modales que son un desastre para la misma Hermana Sirviente, para la casa y para las Hermanas. Hay que conocerse, conocerse para poder dominar las tendencias profundas, por una parte, y por otra para poder remediarlas.<\/p>\n<p>No somos universales y una Hermana Sirviente no est\u00e1 obligada a hacer ella misma todo lo que ha de hacerse en la casa. En \u00abuna sola cosa\u00bb es insustituible y no puede descargarse de ella: es la direcci\u00f3n espiritual de su casa y la direcci\u00f3n espiritual de sus Hermanas. Eso es \u00ablo suyo\u00bb propio. Somos Hermanas Sirvientes \u00ab\u00fanicamente\u00bb para el aspecto religioso del cargo. Lo dem\u00e1s: debemos organizarlo, pero hemos de hacerlo ejecutar por otras. No hemos de tener ning\u00fan inter\u00e9s personal. Si no existiera esa cuesti\u00f3n de \u00abrelaci\u00f3n con Dios\u00bb, esa parte religiosa del cargo, no ser\u00eda necesario tener Hermanas Sirvientes. Entonces, estar\u00eda yo de acuerdo con la escuela actual que pretende: \u00abNo hace falta Superiora en las casas; basta con una responsable y una fraternidad\u00bb. No falta quien lo piensa as\u00ed. Conozco, incluso, Congregaciones que han empezado esa experiencia. \u00a1Pero eso es una negac\u00ed\u00f3n de la vida religiosa! Es reducirla a la comunidad humana, al equipo humano: ya no hay en ello sentido religioso, Dios no se halla en el centro. Ese es uno de los ejemplos de los que puede decirse: La renovaci\u00f3n emprendida por ciertos Institutos va a llevarlos a su propio suicidio\u00bb. Efectivamente, es una forma de suicidio, porque se acaba con la vida religiosa.<\/p>\n<p>\u2014 Son ustedes Hermanas Sirvientes en funci\u00f3n de esa tarea religiosa de relacionar con Dios.<\/p>\n<p>Lo dem\u00e1s, pueden organizarlo; si les faltan medios, la cosa no tiene demasiada importancia. Vamos a tomar un ejemplo concreto. He o\u00eddo a Hermanas Sirvientes decirme: Madre, no puedo en absoluto ser Hermana Sirviente: soy incapaz de hacer una suma: me equivoco continuamente. Y yo contesto a eso: \u00abno tiene importancia. Encarguen a una de sus compa\u00f1eras el llevar las cuentas o s\u00edrvanse de un contable. Punto y aparte\u00bb. M\u00e1s a\u00fan. Me imagino a una Hermana Sirviente que no tiene las cualidades necesarias para dirigir una reun\u00ed\u00f3n de profesores, en una escuela, por ejemplo. \u00bfY qu\u00e9 importa? No tiene m\u00e1s que designar a una de sus compa\u00f1eras para que haga las reuniones de profesores. La Hermana Sirviente las preparar\u00e1 con ella, sabr\u00e1 de qu\u00e9 se va a tratar, podr\u00e1 asistir incluso si lo estima necesario; y si no, la Hermana le dar\u00e1 cuenta. Ver\u00e1 si las cosas marchan como deben. Y con eso basta.<\/p>\n<p>Necesitamos tener la humildad de reconocer lo que nos falta. A cada una nos faltan bastantes cosas. Junto a nosotras tenemos compa\u00f1eras dotadas con lo que nosotras no tenemos. Esa es la complementariedad de la Comunidad, esa es la riqueza de la Comunidad. \u00abYo no soy capaz de hacer esto o aquello\u00bb&#8230; pues que lo haga mi Hermana, \u00a1y que yo no tenga envidia, por amor de Dios! Al contrario, encarguen a una Hermana que lo haga y ya ver\u00e1n c\u00f3mo la comunidad marcha perfectamente. La Hermana estar\u00e1 contenta de poder ejercer sus talentos, ustedes, porque ya no sentir\u00e1n su deficiencia que quedar\u00e1 salvada, y toda la comunidad vivir\u00e1 en serenidad y paz, porque cada una har\u00e1 lo que tiene que hacer, seg\u00fan la gracia que Dios le ha dado.<\/p>\n<p>Ser buena Hermana Sirviente, es eso. Es conocerse a fondo, con humildad, remediar en lo posible las propias deficiencias y los propios defectos, haci\u00e9ndose completar por las que han recibido dones que nosotras no tenemos.<\/p>\n<p>Pueden tambi\u00e9n tener ustedes disposiciones naturales que no han sido cultivadas. Hay que decir que actualmente esto se siente de manera m\u00e1s dolorosa que antes, porque existe una enorme distancia entre la formaci\u00f3n que se da a las Hermanas j\u00f3venes y la que se dio a las Hermanas Sirvientes cuando eran j\u00f3venes a su vez: a m\u00ed me ha ocurrido lo mismo que a ustedes. S\u00ed, en la vida se siente esa especie de abismo en la formaci\u00f3n, y muchas Hermanas Sirvientes dicen ahora: \u00abNo estamos al d\u00eda\u00bb. Por lo dem\u00e1s, aun las que han recibido buena formaci\u00f3n dicen: \u00abSe ha dado tal evoluci\u00f3n en la doctrina de la Iglesia, en la manera de presentar y recibir los Sacramentos, tal evoluci\u00f3n en todos los campos, que nos sentimos completamente desfasadas con relaci\u00f3n a nuestras Hermanas j\u00f3venes\u00bb. Otras se lamentan: \u00abNo s\u00e9 c\u00f3mo hacer las repeticiones de oraci\u00f3n o c\u00f3mo organizar la Conferencia del viernes\u00bb. Es \u00e9ste un punto importante. Una Hermana compa\u00f1era me confes\u00f3 un d\u00eda con toda humildad: \u00abNuestra Hermana Sirviente nos dice a veces cosas que rozan la herej\u00eda\u00bb. No era la culpa de la Hermana Sirviente, que dec\u00eda, sencillamente, lo que a ella le ense\u00f1aron en otro tiempo. Pero que ya no estaba de acuerdo con lo que debemos entender y practicar.<\/p>\n<p>Hay pues, en toda la medida de lo posible, que tratar de remediar tal estado de cosas. Son muchos los lugares donde constituye una verdadera preocupaci\u00f3n. Hay provincias que han hecho cursillos de adaptaci\u00f3n de \u00abaggiornamento\u00bb; las \u00abuniones\u00bb o federaciones de religiosas han organizado cursos doctrinales, de Sagrada Escritura, de psicolog\u00eda, etc.: en los que las Superioras locales pueden tomar parte. Que se dediquen al aspecto o, rama que m\u00e1s necesiten, no a todo, de forma que puedan poco a poco actualizar la formaci\u00f3n que recibieron hace quiz\u00e1 muchos a\u00f1os. Se pueden tambi\u00e9n colmar las lagunas con lecturas apropiadas, bien dirigidas. Hay que preocuparse de esto. Ya s\u00e9 que en las Provincias existe esta inquietud. Pero ustedes tienen responsabilidad, en cuanto a ustedes mismas y en cuanto a sus compa\u00f1eras, de tratar de actualizar los conocimientos y la formaci\u00f3n recibidos.<\/p>\n<p>Estas son, yo dir\u00eda, las obligaciones m\u00e1s importantes que tienen con ustedes mismas. Conocerse como son, para poder remediar sus deficiencias en lo posible, remediar la formaci\u00f3n que pueden no haber recibido o la que resulta hoy poco actual, y por \u00faltimo tender a Dios de manera constante.<\/p>\n<p>El mayor deber que tienen ustedes hacia sus compa\u00f1eras es el de empezar por ser ustedes mismas lo que quieren que ellas sean. Honradamente no se puede pedir a los dem\u00e1s que hagan un esfuerzo de vida interior, de vida espiritual, un esfuerzo de virtud, si una misma no est\u00e1 determinada a hacer ese mismo esfuerzo. Observen que no digo \u00absi se ha conseguido\u00bb. Por m\u00e1s que hagan, nunca conseguir\u00e1n yugular por completo sus defectos, ser las santas que deber\u00edan ser. Pero, con toda lealtad, tienen que tener esa tensi\u00f3n continua y personal hacia Dios, esa b\u00fasqueda del Se\u00f1or. Si no, los consejos que den ustedes, las relaciones que tengan con sus compa\u00f1eras y con la comunidad se situar\u00edan en un plano de mentira. Ahora bien, Dios no est\u00e1 donde la mentira. Deben ustedes a sus compa\u00f1eras su actitud personal de b\u00fasqueda de Dios. Es el mayor de sus deberes. Que su actitud interior sea un tender continuo a Dios: s\u00f3lo as\u00ed podr\u00e1n inducir a sus compa\u00f1eras a hacer otro tanto.<\/p>\n<p>Son cosas que no pueden expresarse. No ser\u00e1 porque repitan ustedes que buscan al Se\u00f1or por lo que har\u00e1n pasar la corriente. Si en realidad, en el fondo de su alma, lealmente, todos los d\u00edas intentan orientarse a Dios, no s\u00f3lo en sus momentos de encuentro con El: rezos, oraci\u00f3n, Santa Misa, ex\u00e1menes particulares, sino a lo largo del d\u00eda, en todos los instantes del d\u00eda, esto se revelar\u00e1, se percibir\u00e1, porque es una presencia de Dios, Dios est\u00e1 presente. Quiz\u00e1 no creemos bastante que una actitud de verdad \u00abhace\u00bb a Dios presente. Presente en el alma que camina en verdad y caridad. Y esa presencia de Dios act\u00faa en las que nos rodean.<\/p>\n<p>Esa es la m\u00e1s clara, la m\u00e1s evidente de nuestras obligaciones de Superioras.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ejercicios espirituales a Hermanas Sirvientes. Instrucciones. 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