{"id":38004,"date":"2014-08-02T08:22:57","date_gmt":"2014-08-02T06:22:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/susana-guillemin-virtudes-caracteristicas-de-las-hijas-de-la-caridad\/"},"modified":"2014-08-02T08:22:57","modified_gmt":"2014-08-02T06:22:57","slug":"susana-guillemin-virtudes-caracteristicas-de-las-hijas-de-la-caridad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/susana-guillemin-virtudes-caracteristicas-de-las-hijas-de-la-caridad\/","title":{"rendered":"Susana Guillemin: Virtudes caracter\u00edsticas de las Hijas de la Caridad"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_33649\" style=\"width: 247px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/04\/susana_guillemin.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-33649\" class=\"size-medium wp-image-33649\" title=\"Susana Guillemin, H.C.\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/04\/susana_guillemin-237x300.jpg?resize=237%2C300\" alt=\"Susana Guillemin, H.C.\" width=\"237\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-33649\" class=\"wp-caption-text\">Susana Guillemin, H.C.<\/p><\/div>\n<p>Quisiera terminar esta ser\u00ede de instrucciones habl\u00e1ndoles de lo que en general suele llamarse <em>\u00ablas virtudes propias de nuestro estado\u00bb, <\/em>porque son especialmente necesarias para nosotras. Es verdad que lo son tambi\u00e9n o deben serlo para todo cristiano, ya que la simple vida cristiana supone la presencia en el alma de esas virtudes de las que la principal es la <em>caridad.<\/em><\/p>\n<p>De ella apenas diremos nada, porque en el transcurso de esta semana hemos tenido muchas ocasiones de hablar acerca de la caridad. Todo, todo, en la vida religiosa y en la vida cristiana est\u00e1 en relaci\u00f3n con la caridad. En cualquier tema que se trate o se intente profundizar, siempre hay que referirse a la caridad, ya sea bajo un aspecto, ya bajo otro; a esta caridad, que es Dios mismo, no lo olvidemos, sobre todo nosotras que, por designio de la Providencia somos Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Reflexionemos de vez en cuando en estas palabras que sit\u00faan la caridad en su aut\u00e9ntica realidad: <em>\u00abDios es Caridad\u00bb, <\/em>la Caridad es Dios mismo, vivir en caridad es hacer a Dios presente. Si la caridad mora en nuestra alma, si vivimos en el amor de Dios, del pr\u00f3jimo, de los hombres, si ese amor anida en nuestro coraz\u00f3n y en nuestro esp\u00edritu, Dios est\u00e1 en nosotros. Si vivimos fuera de la caridad, Dios no est\u00e1 en nosotros.<\/p>\n<p>Si en nuestras relaciones con el pr\u00f3jimo nos dejamos impulsar por la caridad, hacemos a Dios presente. Si, por el contrario, son sentimientos de rencor, de antipat\u00eda, los que nos arrastran, si utilizamos malos procederes, en cierto modo echamos a Dios, Dios no est\u00e1 ah\u00ed.<\/p>\n<p>Hay algo en que deber\u00edamos reflexionar incesantemente. Nuestras disposiciones interiores de caridad deber\u00edan ser siempre el primer punto de nuestros ex\u00e1menes de conciencia. <em>\u00bfReina <\/em><em>en nosotras la caridad?<\/em><\/p>\n<p><em>Si todas juntas, en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, <\/em><em>form\u00e1semos el prop\u00f3sito de fomentar en nosotras la caridad in<\/em><em>terior, de trabajar en ella de manera pei&#8217;manente, animosa, per<\/em><em>severante (es decir, sin desanimarnos por las ca\u00eddas), la renovaci\u00f3n <\/em><em>de la Comunidad se llevar\u00eda a cabo casi sin sentir, sin esfuerzo. <\/em><em>Hasta en los m\u00e1s pequen&#8217; os detalles exteriores, porque la Caridad <\/em><em>es todo, ya que es Dios.<\/em><\/p>\n<p>Tomemos esa resoluci\u00f3n de mantenernos en una caridad universal, profunda para con Dios y sobre todo para con el pr\u00f3jimo. Y digo \u00absobre todo\u00bb, porque aludiendo a una palabra b\u00edblica: \u00abNo es dif\u00edcil amar a Dios a quien no se ve\u00bb, no cuesta demasiado. No es mucho peso ese Dios a quien no vemos y sabemos que es bueno y nos ama. Pero la forma bajo la que Dios pesa m\u00e1s, es el Pr\u00f3jimo. S\u00f3lo que es Dios a quien, en ese pr\u00f3jimo se lleva o no se lleva, a quien se acepta o no se acepta, o se rechaza.<\/p>\n<p>Es tambi\u00e9n una mirada de fe lo que debemos pedir, de lo que debemos penetrarnos. Ese continuo interrogante, esas incesantes llamadas que Dios nos dirige por los labios de los que nos rodean o que se cruzan en nuestro camino Que toda nuestra vida quede poco a poco penetrada por esa caridad, que esa caridad llegue a dominar nuestra vida toda por dentro y por fuera.<\/p>\n<p>Pero esta caridad no puede existir si no se basa en las otras dos virtudes que se nos proponen como espec\u00edficas de nuestro estado, pero que lo son sencillamente del cristianismo bien comprendido; la sencillez a la que yo equiparo con la verdad y la humildad que podemos muy bien unir, en la realidad, con la pobreza.<\/p>\n<p>Estos aspectos van unidos y coinciden:<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">Sencillez\u2013Verdad<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">Humildad\u2013Pobreza<\/p>\n<p>Son los dos puntos esenciales de nuestras actitudes espirituales que han de orientar toda nuestra vida interior profunda, as\u00ed como todos los gestos, actitudes y decisiones de nuestra vida exterior, de la que pueden percibir los hombres.<\/p>\n<p>Son puntos esenciales de nuestro testimonio evang\u00e9lico y de nuestra acci\u00f3n apost\u00f3lica. No nos imaginemos que podemos tener cualquier tipo de influencia sobre una persona si no obramos con sencillez y verdad, en humildad y pobreza, en caridad. Todo el alcance evang\u00e9lico de nuestra vida reside ah\u00ed. No se trata de peque\u00f1as virtudes de adorno que nos hemos acostumbrado a enumerar como cuando decimos, por ejemplo: las virtudes cardinales son cuatro&#8230; Las virtudes teologales son: Fe, Esperanza y Caridad. Har\u00edamos as\u00ed peque\u00f1os compartimentos y escoger\u00edamos las virtudes que m\u00e1s nos gustaran de la enumeraci\u00f3n. No es eso. Es el conjunto de todas esas virtudes el que tenemos que practicar. En primer lugar, las virtudes teologales, pero luego \u00e9stas tambi\u00e9n: caridad, sencillez, humildad. Es ese bloque entero el que hace que pertenezcamos a Dios o bien que nos pertenezcamos a nosotras mismas si no lo practicamos, si nos dispensamos de esas virtudes.<\/p>\n<p>Si pensamos y consideramos lo que es la base misma de la <em>Sencillez: la Verdad, <\/em>podemos decir de ella, como de la Caridad, que la verdad es Dios. Por lo dem\u00e1s de cualquier virtud de ese orden podr\u00edamos decir lo mismo: \u00abEs Dios\u00bb. Dios es el resumen de todas las perfecciones, o mejor Dios es la perfecci\u00f3n completa, y para comprenderle, nosotros, en la debilidad de nuestra inteligencia humana, nos vemos obligados a detallar esa perfecci\u00f3n infinita que es Dios y que lo abarca todo.<\/p>\n<p>La sencillez es, pues, la irradiaci\u00f3n de la verdad; no es otra cosa. La Verdad no es vulgaridad en el porte, ni derta simpleza de esp\u00edritu que hace pensar a los dem\u00e1s: \u00abno es muy completa\u00bb, ni ausencia de inteligencia. No, la sencillez es la irradiaci\u00f3n en toda una vida de la verdad. Por eso, esa sencillez es luminosa, lleva consigo a Dios.<\/p>\n<p>San Vicente tiene una expresi\u00f3n magn\u00edfica para explicar esto. Pocas veces explica lo que dice con un desarrollo teol\u00f3gico, pero suele emplear palabras muy expresivas y gr\u00e1ficas que superan cualquier razonamiento Palabras que se graban y no se olvidan en la vida. <em>La sencillez, <\/em>d\u00edce, <em>yo la llamo mi evangelio. <\/em>Dicho de otra forma: con ella llega hasta Dios, con ella lleva a Dios consigo. Eso es el Evangelio. El Evangelio es Palabra de Dios, que nos revela a Dios, es Palabra que lleva consigo a Dios.<\/p>\n<p>Ser verdadero. Porque siempre hay que empezar por SER antes de decir, de hacer, de expresar. Antes de la acci\u00f3n, el estado: SER.<\/p>\n<p><em>Seamos lo primero verdaderas interiormente, <\/em>antes de tratar de ser verdaderas y santas exteriormente.<\/p>\n<p>Seamos verdaderas en nuestras actitudes interiores. <em>Con <\/em><em>Dios, en primer lugar. <\/em>Tenemos que repudiar todo lo que pudiera parecer amanerado, artificial, todo lo que pudiera ser forzado. Esto entra muy dentro de la l\u00ednea actual, hasta el punto de que a veces llega a extralimitarse en este sentido.<\/p>\n<p>Seamos ante Dios lo que somos exactamente. Si al llegar a la oraci\u00f3n, empezamos por repetir una f\u00f3rmula de amor ardiente, inflamado, que hemos sacado de la vida de un santo, pero que no corresponde en absoluto a nuestro estado interior, pues yo dir\u00eda que no nos hemos colocado en la verdad. No es eso verdadera sencillez. Por supuesto, puede hacerse. F\u00edjense que puede servirnos para despertar nuestro fervor. Ahora, quiz\u00e1 sea mejor decirle sencillamente al Se\u00f1or: \u00abDios m\u00edo, aqu\u00ed me tienes tal como soy, m\u00edrame. No ha s\u00eddo muy brillante que digamos el d\u00eda de hoy, pero por lo menos, aqu\u00ed estoy, vengo en tu busca, y <em>te pido de todo coraz\u00f3n la gracia de que te reveles a <\/em><em>m\u00ed, de que restablezcas el contacto entre T\u00fa y yo\u00bb. <\/em>No hay nada m\u00e1s hermoso que esto.<\/p>\n<p>Vean c\u00f3mo la oraci\u00f3n de la Iglesia es m\u00e1s sana, m\u00e1s verdadera que toda otra oraci\u00f3n personal de los grandes santos.<\/p>\n<p>Esas oraciones respond\u00edan a estados de alma pasajeros, particulares&#8230;<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n de la Iglesia que rezamos en los Salmos, podr\u00eda decirse casi siempre que corresponde a lo que pensamos (a parte de ciertos pasajes un tanto extraordinarios cuya explicaci\u00f3n podemos pedir a especialistas en Sagrada Escritura). Hay una verdad; en esos vers\u00edculos de los Salmos que permite que podamos siempre aplicamos directamente uno u otro de ellos y ponernos en el estado de alma del Salmista cuando elev\u00f3 aquella oraci\u00f3n el Se\u00f1or. Hay una verdad que se desprende de esta oraci\u00f3n de los Salmos <em>y <\/em>que dif\u00edcilmente encontramos en otro lugar Seamos muy sencillas en nuestras relaciones con Dios.<\/p>\n<p>Yo dir\u00eda m\u00e1s: <em>seamos muy sencillas en nuestras relaciones <\/em><em>con nosotras mismas. <\/em>No nos sobreestimemos. Siempre tenemos que repet\u00edrnoslo, sobre todo cuando nos hallamos en situaci\u00f3n de superioridad: no nos imaginemos que un cargo, cualquiera que sea, a\u00f1ade una sola pulgada a nuestra estatura espiritual. Somos sencillamente, humildemente, verdaderamente, lo que somos ante Dios. As\u00ed lo dice la \u00abImitaci\u00f3n de Cristo\u00bb. Nada m\u00e1s en absoluto. Somos lo que son nuestros pecados de cada d\u00eda, y bien sabemos, por poco sinceras que seamos, que todos los d\u00edas pecamos y que todos los d\u00edas podemos decir como San Pablo <em>\u00abHago el m\u00bb al que no quiero y no hago d bien que quiero\u00bb. <\/em>Bien sabemos que predicamos a los dem\u00e1s y que nosotros no cumplimos lo que decimos: cuando nos tropezamos con la verdad, sucumbimos.<\/p>\n<p>Tenemos que saberlo y pon\u00e9rselo constantemente delante de los ojos; tenemos que mantenernos en esa actitud de verdad.<\/p>\n<p>Tenemos que conocemos tal cual somos con nuestros defectos y nuestras cualidades tambi\u00e9n. No es un acto de orgullo reconocer lo que Dios nos ha dado. Nos ha dado, pongamos por ejemplo, un car\u00e1cter bueno, afable. Recibir bien a las personas, es algo espont\u00e1neo en nosotras. No est\u00e1 mal, pero no es una virtud, porque acaso no es m\u00e1s que una disposici\u00f3n natural,<\/p>\n<p>que no requiere de nuestra parte muchos esfuerzos para dominarnos. Pero qui\u00e9n sabe si como contrapart\u00edda de ese buen natural que Dios nos ha dado, no tendremos valor para reprender a una Hermana como deber\u00edamos hacerlo, o sencillamente de imponernos cuando sea necesario. Tenemos que saberlo, tenemos que conocernos para tratar de remediarlo, entablando la lucha.<\/p>\n<p>Pong\u00e1monos ante Dios como somos <em>y procurernos ense\u00f1ar <\/em><em>tambi\u00e9n a nuestras Hermanas a que se miren y conozcan en la verdad. <\/em>No hay que desalentarse uno mismo ni dejar que se desalienten nuestras compa\u00f1eras porque se vean con un defecto imposible de vencer. En fin de cuentas, hemos de ver esas tendencias naturales que tenemos como una disposici\u00f3n de Dios respecto a nosotras y como el punto exacto de la lucha que tenemos que entablar por su servicio y su Amor. Y as\u00ed, ayudarnos unas a otras a corregirnos para llegar a ser lo que Dios quiere de cada una. Tenemos que llegar a lo que debemos ser.<\/p>\n<p><em>Hay que tener cuidado, <\/em>sobre todo siendo Hermana Sirviente, <em>del buen ejemplo. <\/em>Tenemos que edificar. Ahora se emplea menos esta expresi\u00f3n, antes se hablaba mucho de ello: \u00abesa Hermana me edifica mucho\u00bb, \u00abtengo que edificar a los dem\u00e1s\u00bb La Hermana Sirviente tiene que edificar a sus compa\u00f1eras. Es exacto si se toma en buen sentido. La Hermana Sirviente tiene que edificar a sus compa\u00f1eras, es decir que, a trav\u00e9s de sus virtudes verdaderas, de sus esfuerzos personales por responder a la voluntad de Dios, tiene que trabajar en la construcci\u00f3n, en la edificaci\u00f3n de su propia personalidad espiritual, y trabajar tambi\u00e9n en la construcci\u00f3n, en la edif\u00edcaci\u00f3n del ser espiritual, de la perfecci\u00f3n espiritual de sus compa\u00f1eras. Es en ese sentido en el que se tiene que edificar, <em>que nuestra ,vida personal de <\/em><em>esfuerzos, de tensi\u00f3n hacia Dios ayude a los dem\u00e1s a construir su propia vida espiritual. <\/em>Eso es edificar. La edificaci\u00f3n no e&#8217;s una especie de ostentaci\u00f3n exterior que pretendiera mostrar unas virtudes inexistentes. Eso ser\u00eda hipocres\u00eda. Tampoco quiere decir que haya que hacer confesiones p\u00fablicas, desvelar una falta que no se ha cometido y que, todo lo contrario, podr\u00eda ser causa de desedificaci\u00f3n. No; el buen sentido es necesario para todas las cosas. No hay que empe\u00f1arse en aparentar ser mejores de lo q4e somos. No creo que eso edifique, porque la gente descubre enseguida a la personalidad espiritual que tiene ante los ojos.<\/p>\n<p>No son s\u00f3lo los hechos concretos los que hablan a nuestro favor. El valor espiritual, sobrenatural, de una persona se revela por imponderables que los que la rodean perciben natural <em>y <\/em>sobrenaturalmente. Vivamos en la verdad, dej\u00e9monos de la man\u00eda de edificar, pero tengamos la preocupaci\u00f3n constante de ser lo que debemos ser, aun cuando nadie nos vea; aun cuando estemos solas, seamos lo mismo que si nos estuvieran observando cien pares de ojos, o veinte, treinta, cincuenta o no s\u00e9 cu\u00e1ntas compa\u00f1eras esperaran de nosotras ayuda para la construcci\u00f3n de su edificio espiritual.<\/p>\n<p>Precisamente es quiz\u00e1 el valor de lo que hacemos estando solas ante Dios lo que mayor alcance tiene para la edificaci\u00f3n, la construcci\u00f3n de la personalidad espiritual, del ser espiritual de las compa\u00f1eras que tenemos a nuestro cargo. Eso es vivir en la verdad, tenemos que repet\u00edrnoslo continuamente. Es algo muy exigente vivir en la verdad al servicio de Dios, vivir en sencillez.<\/p>\n<p><em>Seamos sencillas y verdaderas tambi\u00e9n en nuestras palabras: <\/em>que jam\u00e1s pase por nuestros labios la m\u00e1s peque\u00f1a mentira, aun en las cosas m\u00e1s insignificantes de nuestra vida. No hablo de grandes mentiras ni siquiera de encubrir la verdad, no podr\u00edamos hacerlo, sembrar\u00eda un malestar. Cuando la Hermana Sirviente no es plenamente sincera, verdadera en todas sug actitudes, un malestar se instala en la Casa. Tienen que ser de tal manera sinceras, que todas las Hermanas que se dirigen a ustedes, est\u00e9n plenamente seguras de haber escuchado la verdad, cuando hayan hablado con ustedes, esa verdad a la que tienen derecho.<\/p>\n<p>Y veo que no hemos hablado mucho de <em>la discreci\u00f3n.<\/em><\/p>\n<p><em>La discreci\u00f3n<\/em><\/p>\n<p><em>Es ciertamente una de las virtudes m\u00e1s importantes que tiene <\/em><em>que practicar una Hermana Sirviente: saber callar lo que no debe <\/em><em>decir, saber callar, sobre todo, lo que no le pertenece, lo que <\/em><em>pertenece a las compa\u00f1eras.<\/em><\/p>\n<p>Hay que tener tal delicadeza de alma y de coraz\u00f3n \u2014no digo, precisamente, de conciencia\u2014 para comprender todo lo que ata\u00f1e a cada una de las compa\u00f1eras, sus dificultades de oficio, con mayor raz\u00f3n, sus dificultades personales, sus defectos, sus ca\u00eddas. Aun cuando sean visibles a todo el mundo, no nos pertenece airearlo, es una propiedad ajena que debe quedar rodeada de la mayor discreci\u00f3n; tenemos que conservar, preservar, guardar, mantener en la discreci\u00f3n m\u00e1s completa lo que pertenece a los dem\u00e1s. Hay en ello, es una exigencia, la necesidad de una gran delicadeza de conciencia, y yo a\u00f1ado, de coraz\u00f3n.<\/p>\n<p><em>La discreci\u00f3n tiene casi la misma importancia que el secreto. <\/em>Cuando una Hermana Sirviente no es discreta, desaparece la alegr\u00eda de la casa, porque cada una se siente como una presa de las dem\u00e1s: es algo muy penoso. Es preciso que cada una de nuestras compa\u00f1eras se sienta en total seguridad con relaci\u00f3n a nosotras, no s\u00f3lo por lo que se refiere al hecho de lo que han de saber los dem\u00e1s, sino tambi\u00e9n a lo que hemos de saber nosotras mismas.<\/p>\n<p>Hay cosas que una Hermana. Sirviente tiene que aceptar no saber. Por ejemplo, si se encuentran ante una Hermana que saben ustedes se ve acechada por una tentaci\u00f3n interior o de otra clase, el deber de ustedes es sencillamente asegurarse de que cuenta con la ayuda necesaria para el caso.<\/p>\n<p>Por ejemplo, sugerirle que se abra al Director de la Provincia, a la Visitadora, a un confesor o director de conciencia. Cuando est\u00e9n seguras de que cuenta con el tutor necesario para llevar su estado interior, no tienen ustedes que intentar sustituirle, ni dejarse llevar por un sentimiento de frustraci\u00f3n interior, dici\u00e9ndose: \u00abMi Compa\u00f1era no tiene confianza conmigo\u00bb. Eso no es verdad. Es que existe cierto pudor de alma, cierta<\/p>\n<p>reserva que son perfectamente leg\u00edtimos y comprensibles, y, en ese momento, no pueden ustedes demostrar a su compa\u00f1era mayor afecto, prestarle mejor ayuda que respetar profundamente su dificultad y las relaciones que tenga con los que la ayudan y sostienen de rnanera leg\u00edtima. Su actitud debe ser, especialmente, la de no hacerle sentir ning\u00fa.n rencor porque no es a ustedes a quien se conf\u00eda. Que, por el contrario, pueda comprender que la ayudan con su silencio, que corresponden ustedes a esa necesidad que ella siente de silencio.<\/p>\n<p>Hay una comprensi\u00f3n de los dem\u00e1s, hasta lo m\u00e1s profundo de su ser, que debe caracterizar a la Hermana Sirviente. Queda claro, pues, que la verdad no consiste en penetrarlo todo, en decirlo todo: eso ser\u00eda m\u00e1s bien una exageraci\u00f3n, una deformaci\u00f3n de la verdad y de la sencillez.<\/p>\n<p>Por otra parte, lo que es objeto de discreci\u00f3n <em>es tan secreto, que no existe. <\/em>Ni siquiera debe percibirse que la Hermana Sirviente lleva el secreto de una Compa\u00f1era, o la dificultad de otra. De tal manera debe no existir, que nadie, alrededor de ustedes, tiene que darse cuenta de ello. Todo debe seguir claro, sin afectaci\u00f3n, sin la menor sombra de que ustedes guardan un secreto. Por lo dem\u00e1s, \u00e9sta es la \u00fanica forma de guardar un secreto. Cuando se deja traslucir o sospechar que existe ese secreto, se ha revelado ya parte del mismo.<\/p>\n<p>De modo que, fuera de esas cuestiones de discreci\u00f3n y secreto, nuestra verdad tiene que ser patente para todo el mundo, pura como un cristal, <em>sin excluir el reconocer que podemos equi<\/em><em>vocarnos, que somos falibles. <\/em>Podemos haber incurrido en faltas o errores en el plano profesional o inclusive en el plano de la direcci\u00f3n de la casa. Sepamos sencillamente reconocer un error: \u00abMe he equivocad.o\u00bb; no vacilar en decir: \u00abhe hecho mal\u00bb. A veces, hacemos mal, lo sabemos muy bien y nuestras compa\u00f1eras lo saben veinte veces mejor que nosotras. Sepamos, pues, decir sencillamente, en la verdad y ante Dios: \u00aben esto, he hecho mal\u00bb. En ese momento, yo dir\u00e9 que se trata de un acto de humildad, pero de una humildad verdadera que no hace perder a la autoridad nada de lo que debe conservar, porque es situarse en la verdad. Tengamos o no autoridad, no dejamos de ser, delante de Dios, seres sometidos a error.<\/p>\n<p>Reconocerlo no disminuye para nada la presencia de Dios, la gracia de estado, la acci\u00f3n divina en el mandato que se nos ha confiado. Y eso podemos mantenerlo muy alto ante nuestras compa\u00f1eras, aun cuando hayamos tenido que confesar: \u00abme he equivocado, he hecho mal\u00bb. Aun psicol\u00f3gicamente hablando ser\u00e1 cien veces mejor que querer sostener que tenemos raz\u00f3n cuando todo el mundo sabe perfectamente que no es as\u00ed.<\/p>\n<p>Hay que saber reconocer tambi\u00e9n, fuera de las faltas, un fallo de memoria, un olvido, <em>aceptar que no estamos preparadas <\/em><em>en una ciencia que otra de nuestras compa\u00f1eras posee. <\/em>Cada vez menos son las Hermanas Sirvientes personas universales.<\/p>\n<p>Una Hermana Sirviente no puede ser la especialista de todo lo que se hace en la casa, sobre todo si esa casa es polivalente. <em>En un hospital, <\/em>no puede ser especialista en todos los servicios del centro sanitar\u00edo. Puede, adem\u00e1s, no tener todas las aptitudes que tienen todas sus compa\u00f1eras. Hay Hermanas Sirvientes, por ejemplo, que siendo muy inteligentes, muy preparadas en otros campos, no tienen, sin embargo, el don de la contabilidad. Pues que sepan hacerse ayudar en ese terreno, que reconozcan lo que les falta y lo suplan por medio de otra persona. Que digan sencillamente: no entra dentro de mis conocimientos, no estoy bastante preparada para ello, voy a pedir a alguna que me ayude. Y hay otros ejemplos, quiz\u00e1 m\u00e1s dif\u00edciles de reconocer. Acaso no sea necesario publicarlo a los cuatro vientos, pero s\u00ed reconocerlo de hecho para suplir la falta.<\/p>\n<p><em>Ser educadora<\/em><\/p>\n<p><em>Ser educadora <\/em>es un don, un don natural. Hay Hermanas Sirvientes que no tienen por qu\u00e9 ser educadoras con las ni\u00f1as; que no saben por d\u00f3nde empezar como vulgarmente se dice.<\/p>\n<p>Que tengan la humildad, ante Dios, de saberlo reconocer, de decirse: \u00abpues no, no soy educadora, el Se\u00f1or no me ha dado esa cualidad\u00bb. Que se preocupen de que sus compa\u00f1eras se formen, que sepan discernir cu\u00e1les son las m\u00e1s aptas para ponerlas con los ni\u00f1os, y que ellas se reserven una tarea de supervisi\u00f3n, de apoyo moral a las que act\u00faan. Pero que encomienden a una compa\u00f1era con las aptitudes requeridas esa misi\u00f3n para la que ellas no son aptas. No es (\u00bfc\u00f3mo decir?) no es un fallo tan grande el no tener esas aptitudes. Reconocerlo es sencillamente la verdad, y la verdad salva, la verdad libera siempre. Sepamos ver sencillamente, humildemente, con mucha lucidez lo que hay en nosotras y tratemos de compensarlo. Situ\u00e9monos siempre de cara a Dios y de cara a nuestras compa\u00f1eras en un clima de verdad.<\/p>\n<p><em>La Hermana Sirviente que en su casa llega a crear, a exigir <\/em><em>ese clima de verdad, es una Hermana Sirviente feliz y sus compa\u00f1eras son felices tambi\u00e9n.<\/em><\/p>\n<p>S\u00e9 muy bien que no siempre es f\u00e1cil y que hay situaciones en las que es punto menos que imposible conseguir ese clima de verdad y de sencillez totales. Hay temperamentos contrarios a tal clima. Pero, en fin, en la medida en que lo podamos, hag\u00e1moslo. Ese clima de verdad se manifestar\u00e1 en cosas peque\u00f1as: cosas peque\u00f1as que no s\u00f3lo lo manifestar\u00e1n sino que tambi\u00e9n lo crear\u00e1n.<\/p>\n<p>Por ejemplo, tenemos que tener cuidado, en nuestra vida, con los peque\u00f1os fraudes. A la base de esos fraudes siempre hay una mentira. \u00a1Cuidado! Seguramente les vienen a ustedes al pensamiento algunos ejemplos (a m\u00ed no se me ocurre ninguno). Pero a\u00f1ado tambi\u00e9n: \u00a1Cuidado con los grandes fraudes!. Hay cosas que no son tan peque\u00f1as, que tienen importancia; pongamos por caso \u2014y no har\u00e9 At\u00e1s que aludir a ellas\u2014 las dedaraciones que debemos hacer a la Seguridad Social con respecto a los empleados: en caso de enfermedad, por ejemplo, no debemos efectuar declaraciones que no sean absolutamente exactas; no debemos hacer certificaciones falsas. Bien sabemos que, en un momento u otro, a todas se nos ha solicitado algo por el estilo, que la gente encuentra muy normal.<\/p>\n<p>Citemos un hecho: Una Hermana va a cuidar a un anciano en su casa. La nuera, all\u00ed presente, le dice: \u00abHermana, \u00bfquiere usted firmar esto? Voy a cargar estos cuidados a mi cuenta para que nos los puedan reembolsar, porque el abuelo no tiene Seguro y yo tengo el de mi marido\u00bb. No podemos hacer eso. La Hermana quiz\u00e1 vacile y se diga \u00ab\u00bfno me obliga la caridad a ayudar a estas personas? O, por el contrario, la justicia y la verdad \u00bfme proh\u00edben firmar ese certificado?\u00bb<\/p>\n<p>No hay vacilaci\u00f3n posible.<\/p>\n<p><em>La caridad no puede existir si no es dentro de la finticia y la verdad. <\/em>Ser\u00eda cometer una falta, una injusticia, una mentira. Y no se puede hacer. Me dir\u00e1n ustedes que esas personas no lo comprender\u00e1n. Es verdad. No lo comprender\u00e1n y se mostrar\u00e1n quiz\u00e1 desagradables con la Hermana, a la que dar\u00e1n un buen disgusto de momento; pero pueden estar seguras de que, en adelante, tendr\u00e1n confianza ciega en las Hermanas. Si cedieran, aunque fuera por darles gusto, m\u00e1s a\u00fan, por hacerles un favor, en su fuero interno <em>y <\/em>para el resto de sus d\u00edas, pensar\u00edan que las Hermanas, que pertenecen a Dios, son como los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>No nos damos cuenta del alcance tan grande que pueden tener ciertas cosas, que a veces calificamos de peque\u00f1as, y que, sin embargo, son \u00a1tan sumamente importantes! No es raro que, en el mundo actual, la opini\u00f3n de los mejores est\u00e9 falseada en ese sentido. Lo que pertenece al Estado \u2014dicen\u2014 despu\u00e9s de todo, es nuestro; marchamos hacia el comunismo y por consiguiente podemos considerarlo como tesoro com\u00fan del que podemos beneficiarnos. No, nosotras debemos conservarnos en actitudes de verdad, en actitudes de sencillez.<\/p>\n<p>Llegar\u00e9 a decir (y es una peque\u00f1a observaci\u00f3n que hago de paso) <em>que hasta en nuestros locales debe reinar como una verdad <\/em><em>ambiental. <\/em>Ya saben ustedes que, antes, todo era estuco, disimulo de lo que hab\u00eda debajo. \u00bfNo han o\u00eddo decirlo? Nuestros altares, por ejemplo, ostentaban oro falso, cirios que no lo eran,<\/p>\n<p>flores artificiales. Todo simulado,.. el m\u00e1rmol no era tal. Ahora, se opera un retorno hacia la verdad en el arte y la decoraci\u00f3n. El aspecto exterior de un edificio muestra el material que se ha empleado en su construcci\u00f3n; se ve lo que el edificio es en verdad. Antes parec\u00eda que se contemplaban bellos m\u00e1rmoles y si se miraba por detr\u00e1s era argamasa, ladrillo, un horror. Ahora, a veces queda al descubierto cemento puro, desnudo. Pues si las l\u00edneas son bellas, puede ser hermoso. Pero es preferible ver el material mismo y no esa simulaci\u00f3n que antes se daba. Pienso que esto no deja de tener importancia.<\/p>\n<p>Guardemos nuestra sencillez, nuestra hermosa verdad en todas partes, en los locales, en el material que usamos. Parezcamos lo que somos, que nuestras casas parezcan sencillamente lo que son. Entonces, rodeadas as\u00ed de ese ambiente de sencillez, de verdad, en todos nuestros actos, podremos tratar de ser sencillas exteriormente. Pero, \u00abantes\u00bb, hay que intentar garantizar la verdad profunda de todas las constantes de nuestra vida.<\/p>\n<p><em>Tratemos de evitar toda afectaci\u00f3n exterior. <\/em>En general, las Hijas de la Caridad suelen ser sencillas. Hay que decirlo: es como una gracia que el Se\u00f1or nos ha concedido. Un d\u00eda, alguien me dijo: \u00abEs curioso, viajo mucho por el mundo entero y por todas partes donde voy, cuando rne encuentro con una Hija de la Caridad, siempre me aborda de la misma manera que otras, en otros pa\u00edses, se han dirigido a m\u00ed: sin afectaci\u00f3n, sin timidez, con amabilidad, sencillamente, pero sin una apertura exagerada\u00bb. Y a\u00f1ad\u00eda: \u00abEs muy bonito y me agrada mucho\u00bb. Tambi\u00e9n a m\u00ed me agrad\u00f3.<\/p>\n<p>Conservemos, por favor, esa gracia; sigamos siendo esas personas sencillas, que lo son \u00absencillamente\u00bb porque no tienen nada que ocultar, porque todo es verdad en ellas. No hay por qu\u00e9 sentirse cohibido cuando se es, se trata de ser, interiormente, lo que se aparenta en lo exterior.<\/p>\n<p>Present\u00e9rnonos con sencillez en nuestra ropa, en nuestro porte y, a\u00f1ado tambi\u00e9n, en nuestra uniformidad. Actualmente, con la ola de cambios, de \u00bfc\u00f3mo dir\u00e9? de iniciativas personales que corre por el mundo y por la Iglesia, se llegan a ver las extra\u00f1ezas m\u00e1s extra\u00f1as germinar en los cerebros cual la estrella que ha de conducir a toda la Compa\u00f1\u00eda. \u00a1No, por favor!<\/p>\n<p>Ateng\u00e1monos a esa hermosa unidad cuando se trate del amor fraterno entre nosotras y de nuestro amor filial a nuestros Santos Fundadores y a la Compa\u00f1\u00eda, para lograr la semejanza o igualdad entre todas.<\/p>\n<p>Lo primero, en el esp\u00edritu que ha de caracterizarnos: caridad, humildad, sencillez; despu\u00e9s, en nueStra manera de ser externa.<\/p>\n<p><em>No inventemos peque&#8217;\u00f1as mejoras en <\/em><em>el h\u00e1bito, <\/em>que acabamos de reformar. El Esp\u00edritu Santo puede soplar, puede inspirarlas que hay que poner un autom\u00e1tico aqu\u00ed en vez de all\u00ed. Y puede que est\u00e9 muy bien, pero d\u00edgannoslo. No rechazamos en absoluto ninguna sugerencia: env\u00edennoslas y&#8230; esperen en paz aunque tardemos un poco, porque tienen todas una imaginaci\u00f3n fecunda y son muchas las sugerencias que llegan y hay que considerarlas todas, o porque nos vemos obligadas a aplazar el examen de la cuesti\u00f3n&#8230; esperen en paz y un d\u00eda se les dar\u00e1 la soluci\u00f3n; pero entre tanto, se lo ruego, qued\u00e9monos todas iguales.<\/p>\n<p>\u00a1Ha sido \u2014me gusta repetirlo\u2014 un ejemplo tan hermoso el que hemos dado en la Iglesia con el cambio de h\u00e1bito, hecho el mismo d\u00eda, a la misma hora puede decirse, en todos los pa\u00edses del mundo! No puedo decirles cu\u00e1ntas personas, prelados, obispos, cardenales me han dicho c\u00f3mo hab\u00edan admirado, sorprendidos, ese gesto, que era a la vez obediencia y b\u00fasqueda de la unidad.<\/p>\n<p>S\u00ed, efectivamente, han sido las dos grandes motivaciones que dominaron ese gesto, considerado como un hermoso ejemplo en la Iglesia y en el conjunto de las Congregaciones. Parece ser que un Obispo dijo: Cuando pienso que en mi di\u00f3cesis hay 1.400 \u00f3 1.500 sacerdotes que no son capaces de obedecer y hacer todos lo mismo, mientras que 45.000 Hijas de la Caridad de todo el mundo, han obedecido el mismo d\u00eda y a la misma hora&#8230; Es una gracia de Dios hecha a la Comunidad, es una gracia que la ha acompa\u00f1ado desde sus comienzos, desde su nacimiento, y que con nuestros esfuerzos, nuestra voluntad hemos de conservar.<\/p>\n<p>Permanezcamos sencillas, claras, limpias en nuestros vestidos, en nuestro porte, y tratemos de conservar la uniformidad.<\/p>\n<p><em>Hablemos con sencillez cuando nos encontremos en una reu<\/em><em>ni\u00f3n, <\/em>en una visita en un contacto cualquiera. Si queremos ser sencillas y humildes, no se trata de que nos callemos siempre. Ser sencilla <em>y <\/em>humilde no quiere decir ni guardar un mutismo persistente ni ser unas charlatanas. Hablar sencillamente cuando se tiene algo que decir. Eso es todo.<\/p>\n<p><em>La humildad no consiste en estar ausente; la humildad c\u00f3nsite <\/em><em>en estar sencillamente donde se tiene que estar y decir y hacer lo <\/em><em>que se tiene que decir o hacer.<\/em><\/p>\n<p>Dicho de otro modo: no tener una en cuenta su propia persona. Porque el meternos en un rinc\u00f3n, el callarnos, el querer desaparecer son otras tantas formas de manifestar la preocupaci\u00f3n por nosotras mismas.<\/p>\n<p>Seamos sencillamente, muy sencillamente, lo que tenemos que ser, como una Hija de la Caridad sierva de los Pobres, que habla sin afectaci\u00f3n <em>y <\/em>sin complejos.<\/p>\n<p>Y hemos llegado a la cuesti\u00f3n de la <em>humildad.<\/em><\/p>\n<p>Precisamente es la <em>humildad interior <\/em>la que nos facilita vivir en sencillez porque cuando se falta a la sencillez es corrientemente por una reacci\u00f3n de orgullo, una especie de temor a parecer menos inteligente, poco apta, a hablar equivocadamente&#8230; Si nos mantenemos en la humildad interior, toda suerte de temores, toda suerte de complejos desaparecen y ya no nos cuesta tanto parecer lo que en realidad somos.<\/p>\n<p>La humildad fue, bien puede decirse, la virtud de San Vicente, \u00bfpor qu\u00e9? Porque su defecto, su tendencia dominante era el orgullo, y entonces con valor y tambi\u00e9n con lucidez de esp\u00edritu, puesto que sab\u00eda que la humildad es la base de toda santidad, fund\u00f3 los comienzos cte su vida espiritual en esa virtud.<\/p>\n<p>Hablando de Santa Luisa, dice \u00abla que ama en alto grado la pobreza\u00bb. <em>\u00abAh\u00ed tenemos esas dos bases que coinciden: la humildad <\/em><em>y la pobreza\u00bb. <\/em>Santa Luisa centr\u00f3 m\u00e1s su humildad en la pobreza y San Vicente m\u00e1s en la propia virtud de la humildad. Y <em>los dos <\/em><em>se dieron a los Pobres en la Pobreza.<\/em><\/p>\n<p><em>Esta actitud de humildad y esta actitud de pobreza snn las que <\/em><em>hemos de mantener en nuestras relaciones con Dios. <\/em>Llegan hasta el coraz\u00f3n del Se\u00f1or. Son las que nos inspiran arrepentimiento, nos sit\u00faan en nuestro verdadero puesto y a Dios en el suyo. Crean el deseo, alimentan la orac\u00ed\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando uno se persuade de que tiene en s\u00ed toda suerte de recursos de inteligencia, de cultura, de virtud, de penetraci\u00f3n de las situaciones, de dones naturales, se apoya en cierta confianza, aborda los acontecimientos, aborda la vida con la seguridad de lo que cree tener. S\u00ed, se pueden poseer dones, cultura, inteligencia; con todo, es un mezquino bagaje para emprender el trabajo.<\/p>\n<p>Pero si una se siente vac\u00eda de virtud, convencida de sus deficiencias vistas a la luz de la verdad, entonces nace en nosotras la necesidad de asirnos a Dios, de recurrir a El. Entonces vivimos en el deseo y la oraci\u00f3n. Sabemos que cuando vamos a nuestro trabajo, cuando reflexionamos en lo que tenemos que hacer, sabemos que no podremos responder de ello si no es uni\u00e9ndonos continua y fuertemente al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Y entonces tambi\u00e9n <em>nos establecemos en la verdadera espe<\/em><em>ranza, la esperanza cristiana, <\/em>\u00fan\u00edca actitud del esp\u00edritu propia para recibir la gracia de Dios. No recuerdo qui\u00e9n ha dicho esto, pero es m\u00e1s o menos as\u00ed: \u00abCuando Dios ve en un alma el vac\u00edo producido por la humildad, se precipita en \u00e9l para llenarlo\u00bb. As\u00ed es. Pero si estamos llenas de nosotras mismas, ya no queda lugar para el Se\u00f1or, y estamos en peligro. Si San Pedro hubiera ahondado en \u00e9l ese vac\u00edo de la humildad, si oyendo la predicaci\u00f3n del Se\u00f1or hubiera quedado convencido y atemorizado de su miseria, la gracia de Dios hubiera penetrado en \u00e9l <em>y <\/em>no hubiera ca\u00eddo, no habr\u00eda negado al Se\u00f1or. Como estaba lleno de confianza en s\u00ed mismo, cierto del amor que en su sensibilidad profesaba a Jes\u00fas, no rog\u00f3, se content\u00f3 con protestar: \u00abno, no, yo ser\u00e9 fiel\u00bb.<\/p>\n<p><em>Esa actitud de conocimeinto propio, inspirada por la humildad, <\/em><em>atrae a nosotras la gracia de Dios. <\/em>Puede decirse que la luz no se concede m\u00e1s que a los corazones humildes. Hay que querer, desear, pedir a Dios que nos establezca en la humildad y en la pobreza. (Es cierto que de la pobreza habr\u00eda otras cosas que decir porque tiene aspectos, sobre todo exteriores, aspectos que recaen en el \u00e1mbito del voto de pobreza, de los que no podemos tratar ahora). Aqu\u00ed nos referimos a la <em>pobreza de esp\u00edritu.<\/em><\/p>\n<p>Tenemos que entregarnos, que ofrecernos a Dios para que El ahonde en nosotras el abismo de la humildad. El Se\u00f1or tiene sus caminos que no son los nuestros. <em>Sabe muy bien c\u00f3mo llegar <\/em><em>a establecernos as\u00ed en esa humildad de esp\u00edritu. <\/em>Por m\u00e1s que nosotras trabajemos no lo conseguiremos, pero el Se\u00f1or sabe c\u00f3mo hacerlo; por eso, a veces, vemos c\u00f3mo se llegan hasta nosotras, enviadas por El, <em>pruebas diversas.<\/em><\/p>\n<p>Esas diversas pruebas siempre nos sentimos tentadas de atribuirlas a las criaturas. \u00bfQu\u00e9 pruebas? Me refiero, por ejemplo, a los cambios de destino en nuestra vida de Comunidad, a las habladur\u00edas que pueden correr sobre nosotras, qui\u00e9n sabe si calumnias, a ciertas incomprensiones, a ciertas desgracias.<\/p>\n<p>Frente a esas pruebas que, indudablemente son muy penosas para la naturaleza, surge a veces la tentaci\u00f3n a decir: \u00abha sido fulano o fulana quien lo ha hecho\u00bb, y ya nos cegamos, no vemos sino a la criatura, no distinguimos ya, no descubrimos la acci\u00f3n de Dios. Entonces, en lugar de entrar en los planes del Se\u00f1or, que lo ha permitido, aun si la criatura es culpable de ello (porque no es imposible que \u00e9ste o aquel nos hayan hecho una \u00abfaena\u00bb, aunque, por otra parte, no siempre es as\u00ed, crean que muchas veces nos imaginamos lo que no es), aun puestos en lo peor de que se nos haya perjudicado gravemente, no es menos cierto que esa persona que ha actuado ha sido instrumento de Dios.<\/p>\n<p><em>Es la acci\u00f3n del Se\u00f1or en nosotras para hacernos entrar en el <\/em><em>verdadero conocimiento de nosotras mismas, en la humildad pro<\/em><em>funda y ponernos en esa actitud de esp\u00edritu de pobreza y humildad <\/em><em>que le permita entrar plenamente en nosotras. <\/em>Es el medio por el cual Dios repara los caminos por donde ha de pasar. Es aqu\u00ed donde tenemos que hacer actuar nuestra fe.<\/p>\n<p>En este punto quisiera que terminaran los Ejercicios.<\/p>\n<p>Cualesquiera que sean las dificultades, las pruebas que nos ocurran, no busquemos nunca la acci\u00f3n de las criaturas, aun cuando sea patente a nuestros ojos. Sepamos, a trav\u00e9s de la fe ver y reconocer la acci\u00f3n de Dios, y una vez conseguido esto, entremos, por nuestra aceptaci\u00f3n, en cooperaci\u00f3n con El. Entonces, esa aceptaci\u00f3n voluntaria, esa cooperaci\u00f3n sincera, nos har\u00e1n entrar en la alegr\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Quisiera terminar esta ser\u00ede de instrucciones habl\u00e1ndoles de lo que en general suele llamarse \u00ablas virtudes propias de nuestro estado\u00bb, porque son especialmente necesarias para nosotras. 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Hoy nos hemos reunido, Hermanas, para ofrecer a Dios los dones que Le han hecho ustedes de su fidelidad, de su vida, de todo su ser. 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