{"id":36944,"date":"2020-08-25T08:22:57","date_gmt":"2020-08-25T06:22:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/susana-guillemin-la-ascesis-de-las-hijas-de-la-caridad\/"},"modified":"2020-08-01T10:03:04","modified_gmt":"2020-08-01T08:03:04","slug":"susana-guillemin-la-ascesis-de-las-hijas-de-la-caridad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/susana-guillemin-la-ascesis-de-las-hijas-de-la-caridad\/","title":{"rendered":"Susana Guillemin: La ascesis de las Hijas de la Caridad"},"content":{"rendered":"<p>Existe una virtud bastante poco comprendida en la \u00e9poca actual; y aun si llega a ser comprendida a nivel intelectual, si se la llega a admitir en teor\u00eda, no ocurre as\u00ed en la pr\u00e1ctica. Su mismo nombre no se admite ya en el lenguaje usual. Cuando se habla de <em>mortificaci\u00f3n, <\/em>le miran a uno como si viniera de otro mundo, como si perteneciera a otra edad. Es una palabra que no tiene pase. Hay palabras como \u00e9sta que ya no quieren dec\u00edr nada, a las que se les presta todo lo m\u00e1s un sentido peyorativo .<\/p>\n<p>Los j\u00f3venes de nuestra \u00e9poca no admiten que se les hable de mortificaci\u00f3n. S\u00ed aceptan, en cambio, que se les hable de ascesis. Estoy un poco de acuerdo con ellos porque, me parece, la ascesis es algo m\u00e1s amplio que la mortificaci\u00f3n propiamente dicha.<\/p>\n<p><em>Una ascesis de vida es como un esp\u00edritu que enfoca, que se <\/em><em>apodera de toda la vida y la ordena con miras a la voluntad de <\/em><em>Dios, a la b\u00fasqueda de Dios, sacrific\u00e1ndole, si es necesario, o al <\/em><em>menos subordin\u00e1ndole (y creo que esta palabra es m\u00e1s exacta) todas las potencias de nuestro ser.<\/em><\/p>\n<p>Eso es la ascesis: otdenar toda la vida, todas las potencias, todas las pasiones, todos los anhelos a Dios, por m\u00e1s sacrificios que ello pueda representar. Y en esto es donde interviene la mortificaci\u00f3n. Cuando, para ordenar nuestra vida a Dios, hay que sacrificar una tendencia de nuestra naturaleza, ah\u00ed interviene la mortificaci\u00f3n.<\/p>\n<p><em>\u00bfPodemos decir que nuestra vida de Hijas de la Caridad lleva <\/em><em>consigo una ascesis? <\/em>Es evidente que s\u00ed: lo sabemos primero por experiencia y tambi\u00e9n porque as\u00ed nos lo han ense\u00f1ado. Pero posiblemente nuestra ascesis, nuestro estilo de mortificaci\u00f3n tengan una peculiaridad con relaci\u00f3n al conjunto de las dem\u00e1s Congregaciones religiosas. Remont\u00e9monos \u2014como siempre tenemos que hacer\u2014 al Evangelio y a San Vicente que nos explica el Evangelio.<\/p>\n<p>San Vicente dec\u00eda a nuestras primeras Hermanas:<\/p>\n<p><em>\u00abAmemos a Dios, hijas m\u00edas, amemos a Dios, pero con el <\/em><em>esfuerzo de nuestros brazos y el sudor de nuestra frente\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>Ah\u00ed encontramos la esencia misma, la caracter\u00edstica de nuestra <\/em><em>ascesis de Hijas de la Caridad. Podemos decir que se halla contenida por completo en el servicio de los Pobres. <\/em>La mortificaci\u00f3n de una Hija de la Caridad, su disciplina, dec\u00eda Sor Chesnelong, es el trabajo, el trabajo al servicio de los pobres; esa es la gran ascesis de nuestra vida, lo que orienta en cierto modo todos los dem\u00e1s aspectos de nuestra mortificaci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>Pero vamos a reservar para el final de nuestra charla esta cuesti\u00f3n de la ascesis a trav\u00e9s del trabajo, porque cabr\u00eda muy bien la tentaci\u00f3n de decirnos: \u00abBien, toda mi ascesis, toda mi mortificaci\u00f3n estriba en el trabajo; por consiguiente, fuera de esto, puedo relajarme, puedo desechar cualquier tipo de reglamento, de prescripciones, de usos y costumbres\u00bb. Y esto ser\u00eda un grave error. <em>Porque nuestro trabajo al servicio de los Pobres no puede ser v\u00e1lido si no parte de una verdadera ascesis de vida, <\/em><em>de una mortificaci\u00f3n que haya penetrado en todos los detalles de <\/em><em>nuestra existencia. De lo contrario, pronto reclamar\u00eda sus derechos <\/em><em>nuestra naturaleza y acabar\u00edamos por estar mucho m\u00e1s a nuestro <\/em><em>propio servicio que al de los Pobres.<\/em><\/p>\n<p>Vamos a ver, por tanto, en algunos apartados <em>c\u00f3mo transcurre <\/em><em>en nuestra vida la mortificaci\u00f3n, <\/em>que, por lo dem\u00e1s, es inherente a toda vida religiosa y esencial para el buen desempe\u00f1o del servicio de los Pobres.<\/p>\n<p>Pongamos, si les parece, en primer lugar \u2014aunque no nos detengamos mucho en ella por haberle dedicado ya tiempo suficiente en d\u00edas anteriores\u2014 <em>la regularidad <\/em>u observancia. No podemos despreciar la regularidad que tiene en nuestra vida la importanc\u00eda de la armadura o esqueleto. Es cierto que se puede vivir sin una parte del esqueleto, que no es lo vital o lo esencial. Lo vital es el coraz\u00f3n, los \u00f3rganos nobles: el cerebro. Los huesos no son absolutamente necesarios para la vida de un cuerpo. Pero empecemos a quitar huesos y veremos en qu\u00e9 situaci\u00f3n queda ese cuerpo. Pues bien, lo mismo ocurrir\u00e1 en nuestra vida si no existe ese esqueleto, esa armadura de la regularidad, de la regularidad exterior que ser\u00e1 el sost\u00e9n de la interior: no podremos llegar muy lejos.<\/p>\n<p><em>Esa regularidad exterior va a consistir en primer lugar en <\/em><em>respetar el horario. <\/em>No les digo, f\u00edjense bien, respetar un horario universal que fuera el mismo para Jap\u00f3n, Filipinas, Estados Unidos, Francia, Madagascar&#8230; etc.<\/p>\n<p>Ayer por la ma\u00f1ana no pude venir a hablarles porque tuve que asistir a una reuni\u00f3n importante del Consejo de Superioras Mayores. El Padre que preside nos habl\u00f3 del trabajo que va a llevarse a cabo en todas las Congregaciones religiosas. Nos dijo: \u00abEn el Motu Proprio que va a publicarse dando directrices para la aplicaci\u00f3n del Decreto Perfectae Caritatis, podremos apreciar un cierto cambio de \u00f3ptica en la Sagrada Congregaci\u00f3n, en cuanto a la l\u00ednea de conducta de los grandes Institutos internacionales, polivalentes, etc. Se dar\u00e1n ahora facilidades de adaptaci\u00f3n, de flexibilidad para responder (como la m\u00edsma Iglesia lo hace, por lo dem\u00e1s, dando ejemplo) a las exigencias de tiempo, lugar, circunstancias de cada pa\u00eds en que el Instituto est\u00e1 establecido\u00bb. A\u00f1ad\u00eda: <em>\u00abSe tiende con grande empe&#8217;\u00f1o a la unidad, <\/em><em>pero se es mucho menos estricto en cuanto a la uniformidad <\/em><em>material\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Por lo tanto, nuestro respeto al horario no significa un horario \u00fanico para el conjunto de la Compa\u00f1\u00eda, sino el <em>respeto al <\/em><em>horario leg\u00edtimo <\/em>(legal, podr\u00eda decirse) que les se\u00f1alan las orientaciones provinciales, su Visitadora. Ese horario que se establece todos los a\u00f1os de acuerdo con ella, o que ella revisa peri\u00f3dicamente, es para ustedes la garant\u00eda de la regularidad en su propia casa. Una vez que ese horario se ha fijado, despu\u00e9s de discutirlo, razonarlo, hay que aplicarlo, hay que ponerlo en pr\u00e1ctica, o, de lo contrario, no servir\u00eda para nada.<\/p>\n<p>Respeto al horario, por parte de ustedes, de sus compa\u00f1eras, de toda la comunidad, que entra\u00f1a tambi\u00e9n el <em>respeto a la <\/em><em>campana. <\/em>Este toque de campana se cuestiona un poco en algunos lugares. No parece deba d\u00e1rsele tanta importancia. Verdad es que esto proviene de algo externo a nosotras: en no pocos pa\u00edses \u2014y no fahan razones para ello\u2014 se ha prohibido el toque de campanas por la ma\u00f1ana. Antiguamente, en esta casa ten\u00edamos por la ma\u00f1ana tres toques de campana: uno a las 4, hora de levantarse; otro a las 4,25 para recuerdo de negligentes o retrasadas y otro a las 4,30. Despu\u00e9s, se volv\u00eda a tocar, ya no me acuerdo si a las 5 o a las 6 para el Angelus&#8230; Y verdaderamente, uno se pregunta c\u00f3mo pod\u00edan dormir los pobres enfermos hospitalizados en La\u00e9nnec, cuando por lo general es esa hora de la ma\u00f1anita la que proporciona un poco de sue\u00f1o a los enfermos. As\u00ed pues, se han prohibido los toques de campana.<\/p>\n<p>Creo que la m\u00e1s elemental caridad tiene que hacernos comprenderlo. Un timbre basta ahora para despertamos. Pero esto no tiene que hacemos olvidar que <em>la campana es, a pesar de todo, la voz de Dios, <\/em>y a lo largo del d\u00eda si nada especial se lo proh\u00edbe, deben tocar la campana; tienen que ser fieles a esa voz de Dios. En el ritual hay una bendici\u00f3n especial reservada a las campanas y tambi\u00e9n para los que responden a ellas Esas cosas no son pr\u00e1cticas infantiles: es poner por obra la fe en todos los gestos de nuestra existencia. Son esas cosas las que nos ense\u00f1an a vivir en un clima de fe y las que robustecen esa fe, manteni\u00e9ndola viva y vibrante en nuestros corazones. La fe debe estar a la base de todas las acciones y actitudes de nuestra vida.<\/p>\n<p><em>Quedamos, pues, en que debemos tener una campana, tocarla <\/em><em>y hacerle caso cuando toca. <\/em>Pienso que por lo que se refiere a nosotras, superioras, una de nuestras grandes tentaciones es escudarnos en lo sobrecargado de nuestro tiempo, de nuestros horarios. Tenemos, sin duda, un esfuerzo que hacer en este sentido. Cuidar de que toque la campana, responder a ella cuando toca y asegurar as\u00ed la presencia en los ejercicios de comunidad, base de la regularidad de nuestras compa\u00f1eras y de toda la casa. Si por la ma\u00f1ana no se puede tocar la campana, hay que tener, de todas formas, algo que avise. En la mayor\u00eda de nuestras casas, tenemos varios dormitorios, porque todas las Hermanas no caben en el mismo. Si se trata de una comunidad poco numerosa de tres o cuatro Hermanas, no hay problema: basta tener un despertador que todas oyen, levant\u00e1ndose al mismo tiempo. Pero si son varios los dormitorios, junto a la cama de la Hermana Sirviente o de otra encargada de ello, tiene que haber algo que sirva para avisar a todas.<\/p>\n<p>Pueden instalar un timbre que se oiga desde todos los dormitorios. De no ser as\u00ed, saben ustedes tan bien como yo que los despertadores se estropean; que uno adelanta cinco minutos y otro atrasa esos cinco minutos, lo que hace una diferencia de diez minutos en la llegada de las Hermanas a la capilla. Las que est\u00e1n las primeras se impacientan de esperar a las otras; no se sabe cu\u00e1l es el reloj al que hay que atenerse&#8230; Es un desorden. Esas cosas peque\u00f1as son las que dan cuerpo a una comunidad. Por supuesto, no son el esp\u00edritu, pero s\u00ed una ayuda, un est\u00edmulo poderoso. Una buena organizaci\u00f3n es esencial a la vida de una Comunidad: no hay por lo tanto que minimizarla.<\/p>\n<p><em>Ahora bien, hay otra regularidad distinta de la regularidad ex<\/em><em>terna <\/em>y que consiste en estar haciendo de verdad lo que nuestro cuerpo cumple exteriormente. Saben ustedes tan bien como yo que, cuando tenemos que hacer las notas de fin de a\u00f1o, la respuesta a la pregunta: eEs, piadosa? suele salir espont\u00e1nea, mientras que la apreciaci\u00f3n global nos deja perplejas. \u00bfQu\u00e9 decir?<\/p>\n<p>Hay Hermanas que no dejan lugar a duda, toda su vida lo transparenta: buscan a Dios, aun cuando tengan defectos grandes y hasta ruidosos, por decirlo as\u00ed. Se han dado a Dios, tratan de practicar la virtud, as\u00ed lo muestra toda la trayectoria de su vida.<\/p>\n<p>De otras, en cambio, hay que decirse: est\u00e1n presentes en la capilla, hasta son modelos de regularidad, porque entra en su temperamento, son disciplinadas por esencia; est\u00e1n presentes a todo. Pero \u00bfse dirigen a Dios?<\/p>\n<p>Prediquemos de vez en cuando a nuestras compa\u00f1eras esa <em>regularidad interior, <\/em>pero sobre todo tratemos de practicarla nosotras mismas para poderla transmitir. \u00a1Es algo tan cierto! S\u00ed, se puede formar a los dem\u00e1s con buenos consejos, con ense\u00f1anzas, con el ejemplo. Pero se les forma sobre todo de una manera invisible, sobrenatural, al estilo de Dios, mediante la transmis\u00ed\u00f3n de lo que uno es. La formaci\u00f3n de las almas, sobre todo en el plano religioso, es mucho m\u00e1s un alumbramiento que una c\u00e1tedra. No es una ense\u00f1anza. Hay que tratar de ser, hay que ser. Nunca somos lo que debemos.<\/p>\n<p>Tratar de ser nosotras mismas lo que quisi\u00e9ramos fueran las que nos han sido encomendadas, y entonces, por una especie de transmisi\u00f3n de vida, por una especie de \u00f3smosis, si vale la expresi\u00f3n, se transmitir\u00e1 a las que tenemos a nuestro cargo esa vida sobrenatural, personal, que deseamos vivir. Cuando nos miramos ante Dios, en lo \u00edntimo de nuestra alma, nos decimos: Pues no, no soy lo que ten\u00eda que ser, soy muy indigna de todo esto. Pero aquello que Dios tiene en cuenta es el deseo, es la voluntad constante, esfuerzo tras esfuerzo, levant\u00e1ndose despu\u00e9s de cada ca\u00edda. Eso es lo que cuenta a los ojos de Dios, y no el nivel al que se ha llegado; es la fuerza de la tensi\u00f3n y del deseo hacia El en que nos mantenemos. Creo que de ese foco de deseo y de arnor que tiene que ser el coraz\u00f3n de la Hermana Sirviente es de donde debe partir, poco a poco, la animaci\u00f3n de los corazones de todas sus compa\u00f1eras.<\/p>\n<p>Procuremos, por lo tanto, que nuestra regularidad no sea s\u00f3lo exterior, sino interior, y que, por ejemplo, cuando sea el momento del examen, hagamos de verdad nuestro examen, cuando estemos en la oraci\u00f3n, tendamos a ese contacto \u00edntimo con Dios que es la oraci\u00f3n, cuando estemos en el recreo, aportemos todos los recursos de que el Se\u00f1or nos ha dotado para ser lazo de uni\u00f3n entre todas nuestras compa\u00f1eras, para dar a las dem\u00e1s lo que hemos recibido, para mantener el clima de uni\u00f3n fraterna y ayudar a todas y cada una a que se expansionen, se regocijen, en una atm\u00f3sfera de fraternidad.<\/p>\n<p>Los recreos son esenciales, absolutamente esenciales para una Comunidad. Se necesita alegr\u00eda, comunicaci\u00f3n gozosa con las dem\u00e1s. Tenemos que poner en ello la mayor atenci\u00f3n. En el interior de la comunidad tienen que estar la vida en com\u00fan, la vida fraterna. Tienen que sentirse, que dejar percibir su dulzura, su alegr\u00eda. Poner la mayor atenci\u00f3n y arrastrar a cada una de nuestras Compa\u00f1eras a que tambi\u00e9n ella aporte lo que ha recibido del Se\u00f1or para crear verdaderamente ese clima de expansi\u00f3n, de comuni\u00f3n fraterna en la alegr\u00eda y el amor de Dios, del que nuestros recreos son uno de los momentos m\u00e1s importantes.<\/p>\n<p><em>En la vida com\u00fan se dan dos momentos, dos \u00abtiempos fuertes\u00bb: la oraci\u00f3n, m\u00e1s directamente centrada en Dios, considerado en El mismo, y el recreo, tambi\u00e9n centrado en Dios, pero considerado en el otro, como se dice ahora. Es una expresi\u00f3n de la que se abusa un poco, pero que es muy veradera. Esos son los dos tiempos fuertes.<\/em><\/p>\n<p>Y ya ven qu\u00e9 exigente es todo esto. No siempre se est\u00e1 de buen humor para hacer el recreo, no siempre est\u00e1 dispuesto el \u00e1nimo para recogerse en oraci\u00f3n, precisamente en el momento en que hay que hacerla. Ello supone una disciplina personal, una ascesis general de la vida que da a Dios el primer puesto: eso es amarle, preferirle, preferirle en todas las circunstancias de nuestra existencia.<\/p>\n<p>Otro aspecto, tambi\u00e9n muy denigrado y combatido en la hora presente, es <em>el silencio. <\/em>Sin embargo, no hay nada grande, nada profundo, aun fuera de la vida religiosa, nada \u2014\u00bfc\u00f3mo dir\u00eda?\u2014 \u00abfruct\u00edfero\u00bb, en esta tierra que no se haga dentro del silencio.<\/p>\n<p>Si los sabios no se rodeasen de una zona de silencio, no podr\u00edan, no ser\u00edan capaces de hacer avanzar la ciencia. Es algo que ahora no se comprende bastante. Hay sacerdotes, religiosos inclusive, que han acabado por no comprender el valor del silencio. \u00a1Se ha hablado tanto, y no sin raz\u00f3n, de la necesidad de los intercambios fraternos! \u00a1El Santo Padre ha promovido tanto la cuesti\u00f3n del di\u00e1logo \u2014di\u00e1logo que, por lo dem\u00e1s, \u00e9l enfoca de manera muy distinta a como se interpreta y aplica\u2014!&#8230; que se ha llegado a olvidar lo que es la base: el silencio personal, sin el cual lo otro, es decir, el di\u00e1logo y los intercambios, no pueden existir. Cuando nos reunimos con otros para hablar, el di\u00e1logo no podr\u00e1 establecerse, los intercambios a que lleguemos no tendr\u00e1n valor alguno, a menos de haber sido previamente preparados por una comunicaci\u00f3n interior de cada uno de nosotros con el Se\u00f1or, que es lo que se llama silencio.<\/p>\n<p>Porque el silencio no es otra cosa que eso. El silencio no es el vac\u00edo, algo que se desocupa y se acab\u00f3. El vac\u00edo no es nada, de suyo es negativo. El silencio es esa zona de soledad interior que nos permite encontrar al Se\u00f1or, anudar el contacto con El. No podemos perder en nuestras vidas el valor del silencio.<\/p>\n<p>Empecemos por <em>respetar las zonas de silencio, <\/em>ya sean zonas de horario o zonas geogr\u00e1ficas. \u00bfA qu\u00e9 podemos llamar zonas geogr\u00e1ficas? \u00bfzonas geogr\u00e1ficas de silencio?<\/p>\n<p>El <em>refectorio, el dormitorio: <\/em>no debemos hablar en esos lugares. Es poca cosa y al mismo tiempo es dif\u00edcil de observar en nuestras casas, que est\u00e1n abiertas a los dem\u00e1s, a todo el que llega, como lo est\u00e1 nuestra vida de Hija de la Caridad. Tenemos que observar cierto recato en lo que llamamos \u00abidas y venidas\u00bb, lo que no puede hacerse con los externos. Si encontramos a alguien por los pasillos, las galer\u00edas de nuestros hospitales, no tenemos que observar el silencio como un monje en su claustro; tenemos que ser sencillamente sociables y contestar a quien nos habla, sin que ello signifique entablar conversaciones interminables.<\/p>\n<p>Pero si esto sucede en las idas y venidas dentro de la comunidad, no tenemos por qu\u00e9 iniciar una conversaci\u00f3n. Estemos atentas a lo que Dios nos pide y respetemos esas zonas geogr\u00e1ficas de silencio. En el refectorio y en el dormitorio no tenemos raz\u00f3n alguna para hablar, ning\u00fan otro motivo que nuestra ligereza, nuestra despreocupaci\u00f3n, nuestra falta de mortificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Creo que debemos cuidar de ello de manera muy \u00abconcreta\u00bb; tenemos que conservar en nuestras casas el car\u00e1cter religioso. Ese car\u00e1cter exterior es algo que nos ayuda, nos protege. Si lo suprimimos, \u00bfqu\u00e9 llegaremos a ser? Personas del mundo, ni m\u00e1s ni menos. Hay algo m\u00e1s: la facilidad de comuncaci\u00f3n con Dios que nos proporciona todo ese conjunto de disposiciones exteriores. Tomadas cada una por separado, parecen f\u00fatiles; pero en realidad forman un conjunto. Si llegamos a destruirlas una por una, la consecuencia ser\u00e1 una vida puramente humana, puramente natural. Y en ese caso, estoy completamente de acuerdo con los que dicen: \u00ab\u00bfQu\u00e9 falta hacen las religiosas?\u00bb No hacen ninguna falta, porque ya no dan, no comunican aquello para lo que especificamente las hab\u00eda llamado Dios. Bien, respetemos esas zonas geogr\u00e1ficas de silencio.<\/p>\n<p>Han podido observar, en la hoja del consultudinario en que se habla de las comidas y del refectorio, que, despu\u00e9s de haber reflexionado, nos ha parecido que ya a las 10, ya a las 4, al tomar algo entre horas, las Hermanas podr\u00edan sentarse y hablar. Hemos pensado que en sus vidas hay una tensi\u00f3n a veces muy grande al servicio de los pobres, de los enfermos, de las alumnas, de los ni\u00f1os, de los ancianos .. y que era bueno que en un clima de fraternidad tuvieran cinco o diez minutos de expansi\u00f3n, mientras que rehac\u00edan sus fuerzas, ya a media ma\u00f1ana, ya a media tarde. Pero no en el refectorio. El refectorio tiene que permanecer esa zona de silencio. El dormitorio tiene que seguir siendo esa zona de silencio que debe representar. Con demasiada facilidad nos dispensamos de estas cosas, que no son vanas, no son f\u00fatiles. Y esto es grave, muy grave.<\/p>\n<p><em>Hay que respetar tambi\u00e9n las zonashorario de silencio, <\/em>es decir de las 2 a las 3 de la tarde. Evidentemente, no resulta tan dif\u00edcil guardar esa hora de silencio porque, normalmente, nos encontramos en nuestros oficios sin otras Hermanas a nuestro alrededor. Hablamos por necesidad de esos oficios, es decir, estamos dando clase, hablamos con los enfermos, con los m\u00e9dicos, con los empleados, todo con normalidad. Dir\u00eda que el silencio queda respetado porque hablamos por deber. Pero, s\u00ed en ese momento nos vamos al servicio de al lado para entablar una conversaci\u00f3n con la Hermana, nos salimos de la l\u00ednea de la ascesis de vida, indispensable para nuestra uni\u00f3n con Dios. La fidelidad est\u00e1 compuesta de todas esas cosas peque\u00f1as, que, a lo largo de la vida, a lo largo de las circunstancias del d\u00eda nos permiten, en todo momento, interiormente, manifestar nuestra preferencia por la voluntad de Dios sobre la nuestra, sobre nuestra naturaleza.<\/p>\n<p>Guardemos presente en nuestro esp\u00edritu, tratemos de fomentar en el esp\u00edritu de nuestras compa\u00f1eras, ese aprecio, ese sentido profundo de las medidas que pueden parecernos a veces simplemente externas y de disciplina, pero que t\u00edenen tanta repercusi\u00f3n en el conjunto de nuestra vida.<\/p>\n<p>En tercer lugar, <em>hay otro silencio que respetar con el mayor <\/em><em>inter\u00e9s: el que yo llamar\u00eda \u00absilencio de los dem\u00e1s\u00bb. <\/em>Cuando faltamos al silencio, turbamos siempre el de otros. Y tenemos que tener un gran respeto a las que viven con nosotras, a su vida espiritual, a la voluntad de Dios sobre ellas. Cuando en tiempo, no ya de silencio sino de simple recogimiento, vemos que una de nuestras compa\u00f1eras no demuestra ganas de hablar y s\u00ed de estar en silencio, respet\u00e9mosla, call\u00e9monos. A veces tenemos demasiada tendencia a pensar: estar de mal humor, no quiere hablarme&#8230; Y \u00bfpor qu\u00e9 no decirnos que est\u00e1 unida a Dios, conversando con El? Aunque no sea palpable, aunque no lo descubran sin rn\u00e1s, es muy de desear y tambi\u00e9n muy posible.<\/p>\n<p>Tengamos un gran respeto por los dem\u00e1s. No nos interpongamos entre el Se\u00f1or y nuestra compa\u00f1era, al contrario, ayud\u00e9mosla a observar el conjunto de sus pr\u00e1cticas de silencio, de regularidad, para desarrollar su vida interior. S\u00ed, tengamos un inmenso respeto por los dem\u00e1s, y de vez en cuando examin\u00e9monos acerca de ese respeto.<\/p>\n<p>Todo esto, no cabe duda, supone <em>mortificaci\u00f3n, <\/em>\u00abHay que mortificarse\u00bb. Y hemos llegado a pronunciar esa palabra que tan desagradablemente suena, hoy, a los o\u00eddos, pero que tan verdadera es. Hay que mortificarse; hay que llegar a saber decirse: no, a violentarse en algunos aspectos de nuestra vida.<\/p>\n<p>Y no existe s\u00f3lo la mortificaci\u00f3n personal: hay mortificaciones previstas por la regla. Es cierto que son muy pocas. Si nos atenemos a la expresi\u00f3n concreta: mortificaciones, me parece que haciendo el recorrido de todo lo que se nos impone, nos encontramos s\u00f3lo con la prescripci\u00f3n del ayuno de regla, aparte del ayuno de la Iglesia impuesto a todos los cristianos.<\/p>\n<p>En la Asamblea general se discuti\u00f3 sobre esta cuesti\u00f3n, y antes, lo hab\u00edamos pensado mucho en el Consejo, porque dentro de la tendencia actual nos encontr\u00e1bamos con muchos Misioneros que dec\u00edan: \u00abEs est\u00fapido hacer desayunar a las Hermanas de pie. Es inadmisible ver a las pobres Hermanas desayunar de pie los viernes y durante la cuaresma\u00bb. Bien. Pero si ni siquiera hacemos esto, \u00bfqu\u00e9 quedar\u00e1 como mortificaciones en la comunidad? En toda la historia de la Compa\u00f1\u00eda se ha dado nunca, que yo sepa, el caso de una Hermana que haya muerto por desayunar de pie. Nunca ha ocurrido ni creo que ocurra jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Si hay una Hermana de m\u00e1s de 80 a\u00f1os, o de menos edad, pero enferma, delicada del coraz\u00f3n o de cualquier otra cosa, ah\u00ed est\u00e1n las Hermanas Sirvientes, con bastante cabeza y bastante bondad para hacerla sentar, para impon\u00e9rselo, inclusive, si ella no quiere, para tomar todas las precauciones requeridas por su estado. Pero las dem\u00e1s, podemos perfectamente desayunar de pie.<\/p>\n<p>Hay quien dice: cuesta mucho, es muy inc\u00f3modo&#8230; Pues por eso precisamente se hace. Si no costara, si no exigiera un esfuerzo, no se har\u00eda porque no tendr\u00eda raz\u00f3n ninguna de hacerse. Tengamos, pues, el valor de aceptar esa peque\u00f1a mortificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y no crean que no me doy cuenta de lo que significa, pues s\u00e9 muy bien que la mayor\u00eda de ustedes est\u00e1n de pie toda la ma\u00f1ana al servicio de los enfermos, o en la clase, o atendiendo a domicilio a los pobres; que es, pues, un cansacio suplementario. Pero es que una mortificaci\u00f3n implica siempre una molestia corporal o un cansancio: eso es a lo que se llama mortificaci\u00f3n, que sin ello no existir\u00eda. Seamos, pues, <em>fieles a ese ayuno <\/em><em>de regla. <\/em>Ha quedado reducido a muy poca cosa, ya que dado el desgaste de fuerzas que tienen en su trabajo, en su servicio, hemos pensado que la mortificaci\u00f3n no se centre en la comida, que no se priven de alimento por la ma\u00f1ana. Nos ha parecido que, en conciencia, podr\u00eda traer malos resultados desde el punto de vista de la salud. Pero en ella no influye el desayunar de pie, podemos hacerlo. Es muy poca cosa.<\/p>\n<p>Por la noche, cuando ya no hay que reanudar el trabajo, cuando falta poco para ir a acostarse y como suele decirse \u00abel sue\u00f1o alimenta\u00bb, en ese momento, creo que sin peligro ninguno para la salud, se puede suprimir algo de la cena, y no es una mortificaci\u00f3n tan grande que no podamos impon\u00e9rnosla, aun cuando llevemos una vida de trabajo y cansancio como la nuestra.<\/p>\n<p>Por ejemplo, yo no estar\u00eda de acuerdo en que se dijera a las Hermanas: ya saben ustedes que ahora los d\u00edas de ayuno de regla tenemos permiso para tomar mantequilla, mermelada o cualquier otra cosa. Pero es m\u00e1s perfecto no hacerlo. Yo dir\u00eda: No. Desde el momento en que se nos ha dicho: por la ma\u00f1ana, tomen el desayuno normal, hay que tomar el desayuno normal. Hay motivos para ello y, adem\u00e1s, la mortificaci\u00f3n est\u00e1 en la obediencia. En cambio por la noche&#8230; hay quien se permite no suprimir nada. No seamos demasiado permisivas. Esa peque\u00f1a restricci\u00f3n no tiene demasiadas repercusiones. Tenemos que saber lo que hay que hacer y ser lo suficientemente firmes para mantenerlo.<\/p>\n<p>Hemos visto <em>fidelidad a los ayunos de regla. <\/em>Pero hay otras mortificaciones exteriores que emanan de la naturaleza misma de nuestra vida religiosa y que ahora existe la tendencia de olvidar. Antes, la mayor\u00eda de estas mortificaciones se nos ense\u00f1aban bajo la forma de \u00abusos\u00bb. Ahora ya saben hasta qu\u00e9 punto se cuestionan esos usos o costumbres. Siempre lo mismo: \u00bfY eso por qu\u00e9? \u00bfqu\u00e9 finalidad tiene? \u00bfpara qu\u00e9 sirve? Ya no se comprende porque el esp\u00edritu de fe ha deca\u00eddo en el conjunto de toda la vida cristiana, y lo que antes parec\u00eda natural a una alma impregnada de cristianismo, ahora no tiene sentido para quienes est\u00e1n imbu\u00eddos por el culto de la materia y de una especie de humanismo que a\u00fapa al hombre por encima de todo, inclusive de Dios. Entonces no se comprende nada que pueda significar una peque\u00f1a molestia o represi\u00f3n de la naturaleza, por m\u00ednima que sea.<\/p>\n<p>Hay mortificaciones continuas que, sin embargo, no constituyen propiamente puntos de regla. Por ejemplo, <em>las posturas.Mantener <\/em>posturas de religiosa y no de cualquier muchacha del mundo. No cruzar las piernas, por no decir otra cosa; no arrellanarse, medio tumbada, en una silla o sill\u00f3n. <em>Una serie de <\/em><em>detalles como \u00e9stos que preservan la dignidad de una persona que, <\/em><em>por su consagraci\u00f3n a Dios, le representa de manera especial y <\/em><em>llega a ser ante los dem\u00e1s como una especie de imagen suya.<\/em><\/p>\n<p>No se trata de ser afectada. Puede una tomar posturas muy correctas de forma sencilla y natural. No se trata de llevar la cabeza baja, sin atreverse a mirar a las personas que nos hablan. De ninguna manera. Seamos muy sencillas, muy claras, muy abiertas, pero sin permitirnos lo que no se debe permitir.<\/p>\n<p>Por ejemplo, se nos ha ense\u00f1ado siempre a no apoyarnos en el respaldo de la silla, del banco, .de los sillones. El hacerlo as\u00ed, no nos da una apariencia extraordinaria, no hay por qu\u00e9 hacerlo con ostentaci\u00f3n. Esto nos mantiene en cierta mortificaci\u00f3n y al mismo tiempo en esa especie de dignidad religiosa que se espera encontrar en alguien consagrado a Dios. Y no son pr\u00e1cticas supererogatorias, sino que forman parte del conjunto de nuestra persona religiosa, hasta d\u00edr\u00eda de nuestra personalidad.<\/p>\n<p>Podr\u00edamos <em>hablar tambi\u00e9n de cierta mortificaci\u00f3n en las sa<\/em><em>tisfacciones normales que se permiten las personas del mundo y <\/em><em>que nosotras no nos debemos permitir.<\/em><\/p>\n<p>Aqu\u00ed tenemos un ejemplo: debe cuidarse de la presentaci\u00f3n agradable, art\u00edstica de los locales reservados a las ni\u00f1as, a los enfermos, a los ancianos, de las clases, etc.; pero cuando se entra en las dependencias reservadas a la comunidad, el panorama debe cambiar por completo. Se entra en una zona de restricci\u00f3n, no digo de completo despojo, pero s\u00ed de sobriedad. En esos locales no debe haber nada previsto para af\u00e9grar la mirada, s\u00edn una necesidad funcional, como ahora se dice.<\/p>\n<p><em>Nuestras habitaciones de comunidad deben estar limpias, or<\/em><em>denadas, sobrias, sin decoraci\u00f3n. <\/em>En esto tenemos que ser tambi\u00e9n firmes, estar muy atentas. No busquemos juegos o combinaci\u00f3n de colores. En cierto lugar, los pintores hab\u00edan empezado a pintar de un color distinto cada una de las paredes de la sala de comunidad. Pues no. Por cierto que, aun en el mundo, a m\u00ed me habr\u00eda chocado; pero en la comunidad, ni pensarlo. No pinten sus habitaciones de comunidad de color rosa. Escojan algo extremadamente sencillo: blanco gris\u00e1ceo, blanco con un tinte ocre. Algo claro, limpio, luminoso, siempre con gran limpieza y orden, bien presentado. Aparte de que, en esa sobriedad, se encierra gran belleza. Otras cosas pueden ser bonitas, caprichosas; esto es serio y hermoso. No es lo mismo; pero hay que saber distinguirlo.<\/p>\n<p>Conservemos cierta mortificaci\u00f3n. No nos permitamos comprar una figurita, un objeto de fantas\u00eda, que se va a\u00f1adiendo a lo que ya hay. Porque si cada Hermana Sirviente a\u00f1ade una nueva estatuilla, llegar\u00e1 a haber 30 \u00f3 40 en su despacho. Es espantoso. Y si se trata de objetos piadosos, ea cu\u00e1l de las devociones dar la primac\u00eda?<\/p>\n<p>Sobriedad, pues, en nuestros locales y tambi\u00e9n <em>un recato, <\/em><em>una mortificaci\u00f3n, en lo que pudi\u00e9ramos llamar diversiones. <\/em>Por supuesto, es necesario que las Hermanas tengan momentos de expansi\u00f3n. Bien sabe Dios si lo deseo y si les recomiendo a ustedes, Hermanas Sirvientes, que se los proporcionen de vez en cuando: es su deber. Escuchar una tarde unos discos de m\u00fasica buena; una peque\u00f1a excursi\u00f3n al campo, cosas por este estilo, pero no de continuo, de forma que s\u00f3lo se piense en ellas, que no se pueda presc\u00edndir de ellas, que constituyan como el fondo de la vida.<\/p>\n<p>Hay que saber dosificar, hay que saber medir estas expansiones. Ah\u00ed est\u00e1 la dificultad, y no se puede hacer en todas partes lo mismo, ni en todos los pa\u00edses ni en todas las circunstancias. Saber mantener dentro de cierta medida los momentos de expansi\u00f3n, sin dejar de proporcionarlos. Lo mismo puede decirse del uso de los medios de comunicaci\u00f3n de que ahora disponemos: la radio, la TV, la asistencia a ciertas sesiones de cine reservadas a las religiosas para mantenerlas al corriente, o cualquier otra circunstancia parecida.<\/p>\n<p>Todo esto es leg\u00edtimo en s\u00ed cuando va encaminado a la finalidad recomendada por el Concilio de estar al tanto de las condiciones de la sociedad actual, de conocer lo suficiente aquello que preocupa a nuestros contempor\u00e1neos, de perfeccionar la cultura personal de forma que podamos responder mejor a nuestros oficios, a nuestra acci\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n<p><em>Todo esto es leg\u00edtimo a condici\u00f3n de que est\u00e9 \u00abordenado\u00bb de que quede salvaguardada la vida de comunidad, y no se convierta en una costumbre de la que no se pueda prescindir, <\/em>llegando, por ejemplo, a matar todos los recreos como a veces ocurre con la TV. No es corriente, pero ha llegado a ocurrir en alguna casa que todos los recreos transcurrieron viendo la TV. Es inadmisible de todo punto puesto que equivale a la p\u00e9rdida de la mortificaci\u00f3n, del sentido religioso, de la vida com\u00fan. No es eso lo que pretendemos. Tiene que darse una especie de buen sentido, a la vez natural y sobrenatural, que oriente sus decisiones, sus opciones de Hermanas Sirvientes.<\/p>\n<p><em>No creamos que surgir\u00e1n vocaciones si nos alineamos de esta <\/em><em>rnanera con la vida de las personas del mundo. <\/em>Existe tambi\u00e9n (y conviene que hablemos de ello) una tendencia en la hora actual a decir: \u00abYa ven c\u00f3mo poco a poco se van salvando todas las distancias para asemejarnos a los seglares\u00bb. En algunos pa\u00edses, llega a decirse: \u00abPero <em>\u00bfpor qu\u00e9 no fuman las religiosas?\u00bb <\/em>Es cierto, lo s\u00e9 por diferentes conductos, y yo misma lo he visto con mis propios ojos. Pues la verdad es que no hay el menor asomo de motivo, ya sea natural, ya sea sobrenatural, para que una religiosa fume, ni uno solo. Es muy sencillo: yo no veo otro pretexto para poder hacerlo que el de un respeto humano muy fuera de lugar. Cuando hayamos ido as\u00ed soltando todas las amarras de nuestra vida religiosa, se nos despreciar\u00e1 <em>y <\/em>se nos dejar\u00e1 de lado. Hay que saber mantenerse. Se empieza por una cosa peque\u00f1a y luego se pasa a mayores. Fumar no conduce a nada, absolutamente a nada.<\/p>\n<p>Hace muy poco me dec\u00edan que unas j\u00f3venes, hablando de religiosas con las que hab\u00edan convivido cierto tiempo por causa de estudios, dec\u00edan: \u00abDespu\u00e9s de todo, \u00bfqu\u00e9 hacen m\u00e1s que nosotras? Tienen la misma manera de vivir, las mismas diversiones, los mismos pasatiempos; \u00bfpor qu\u00e9 son religiosas?\u00bb Y para ellas mismas deb\u00edan a\u00f1adir: \u00bfY por qu\u00e9 ser\u00eda yo religiosa?<\/p>\n<p>Mientras que si la Hermana es la que debe ser, en su porte, en su manera de presentarse; si se advierte en todos sus gestos ese trasfondo de su pertenencia a Dios que la separa con barrera invisible de los dem\u00e1s, aun cuando est\u00e1 tan cercana a ellos por la atenci\u00f3n que les dedica, por su servicialidad, por su sencillez y ausencia de complicaci\u00f3n; por esa manera, tan clara <em>y <\/em>bonita a la vez, de ser religiosa en sus relaciones&#8230; Entonces, es cuando se revela a los dem\u00e1s una presencia de Dios, a trav\u00e9s de esa persona que puede seguir siendo muy alegre, muy abierta (\u00bfc\u00f3mo decir?), muy entregada a todos los problemas actuales.<\/p>\n<p>Guardo como un tesoro estas palabras que Pablo VI dirigi\u00f3 a la Comunidad:<\/p>\n<p><em>\u00abLos Pobres, los pobres no son s\u00f3lo los miserables, los indigentes, sino todos aquellos a quienes nos dirigimos y que tienen <\/em><em>necesidad de Dios porque no lo poseen totalmente\u00bb. \u00abAl hacer a <\/em><em>Dios presente a los pobres&#8230; (ya <\/em>se lo he dicho a ustedes otra vez, van a decir que repito las cosas sin darme cuenta&#8230; pero pienso que la contemplaci\u00f3n es eso: repetir lo m\u00edsmo interiormente delante de Dios). <em>Al hacer a Dios presente a los Pobres, <\/em><em>dais un testimonio sin igual, esa es vuestra fidelidad esencial\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Si en todos los detalles de nuestra vida, hacemos a Dios presente a las personas con las que convivimos, siempre tendremos una raz\u00f3n de existir Nuestro Se\u00f1or dec\u00eda: \u00abSiempre tendr\u00e9is pobres entre vosotros\u00bb. Mientras nosotras les demos a Dios, Dios har\u00e1 subsistir a la Comunidad, viva y pr\u00f3spera, en medio del mundo. Pero para ello tenemos que permanecer ancladas a esta forma de vivir a la vez religiosa y tan cercana a los hombres, que nos legaron San Vicente y Santa Luisa, grandes precursores en su tiempo, y que seguir\u00edan si\u00e9ndolo si vivieran actualmente.<\/p>\n<p>El \u00faltimo punto acerca del que quiero decirles unas palabras en relaci\u00f3n tambi\u00e9n con esa ascesis de vida peculiar de las Hijas de la Caridad, es <em>la fidelidad al deber. <\/em>Porque si bien hay mortificaciones de regla en nuestra vida, mortificaciones personales tambi\u00e9n, est\u00e1 sobre todo esa ascesis que nos impone el ejercicio de nuestra vocaci\u00f3n, es decir, <em>el trabaj\u00f3 al servicio de los Pobres.<\/em><\/p>\n<p>Bien saben ustedes que en nuestra \u00e9poca, en la Iglesia y en el mundo, se concede un valor especial al trabajo, a la clase obrera; que en Francia, el episcopado ha dado una prioridad urgente en los objetivos apost\u00f3licos a esta clase de los trabajadores, que tanto est\u00e1 creciendo en el mundo.<\/p>\n<p>Puede preverse que dentro de cien a\u00f1os, de ciento cincuenta, el orden social se habr\u00e1 invertido (no hago pol\u00edtica, no lanzo opiniones, pero veo lo que todo el mundo ve). Vamos a pasar de un r\u00e9gimen, de una era capitalista a una era \u2014no conviene emplear la palabra socialista o comunista\u2014 de propiedad de las cosas por los trabajadores, por los que las producen. Lo que me parece mucho m\u00e1s dentro del orden y de la justicia social Asistimos, pues, a una especie de promoci\u00f3n del trabajo dentro del mundo y dentro de la Iglesia.<\/p>\n<p>Pues bien, nosotras \u2014y me atrever\u00eda a decir: por esa vena original de nuestra vocaci\u00f3n\u2014 nos encontramos completamente a nuestras anchas dentro de esas previsiones de futura evoluci\u00f3n del mundo. En este momento surge en la Iglesia una m\u00edstica del trabajo. <em>Y nosotras debetnos tener esa m\u00ed stica del trabajo <\/em><em>porque nuestro trabajo es nuestra manera de ir a Dios. <\/em>Cuando se oye hablar de religiosas trabajadoras, de religiosas obreras \u2014ya s\u00e9 que no es esa misma idea la que se tiene\u2014 pero nosotras podr\u00edamos dedrnos: \u00ab\u00bfNo estamos ya nosotras insertas en el trabajo, m\u00e1s o menos como los colaboradores profesionales que trabajan con nosotras?\u00bb Llevamos, como la gente, esa carga del trabajo, pero para nosotras es infinitamente m\u00e1s hermosa, porque es un trabajo de caridad, cuya finalidad no es el lucro, sino una fidelidad apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>Sepamos, pues, que <em>ese ejercicio de nuestro trabajo al servicio <\/em><em>de los dem\u00e1s es la forma propia de nuestra ascesis de vida, de <\/em><em>nuestra mortificaci\u00f3n, <\/em>y que debemos aceptar sus condiciones lo primero, <em>con un sentido de uni\u00f3n, de unidad con toda esa masa <\/em><em>de personas a las que queretnos llevar a Dios, <\/em>es decir los Pobres (ya lo sean en cuanto al dinero, ya en cuanto a las condiciones de trabajo), a toda esa masa de trabajadores de hoy.<\/p>\n<p>Es San Vicente quien quiere para nosotras las mismas condiciones de vida que los Pobres para los que trabajamos: el trabajo debe acercarnos a ellos. Como ellos, en efecto, llevamos el peso del cansancio producido por cierto trabajo, el peso de unos horarios. Llevamos la carga de condiciones dif\u00edciles de compaginar, a veces de un exceso de trabajo, tenemos que reemplazar a los empleados que est\u00e1n de permiso&#8230;<\/p>\n<p>No debemos considerarlo como algo fuera de nuestra vida religiosa, ajeno a ella, que padecemos porque no podemos hacer de otro modo. No, son nuestras condiciones de vida, forma parte de nuestra donaci\u00f3n el Se\u00f1or, forma parte de nuestra mortificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El encontrarnos metidas en las condiciones actuales de trabajo, es, en realidad, la base de nuestra mortificaci\u00f3n de Hijas de la Caridad: tolerar a los que nos mandan en los hospitales o en otros lugares; conllevar a nuestros colaboradores, que no son siempre f\u00e1ciles y con los que tenemos que entendernos b\u00eden; soportar a los enfermos, a los ni\u00f1os, a todos los que se dirigen a nosotras, y en medio de todo ello, soportarnos a nosotras mismas, con nuestros propios defectos y nuestras dificultades para insertamos en el equipo de trabajo. Todo esto constituye nuestra mortificaci\u00f3n de todos los d\u00edas. Tenemos que pensar en ello.<\/p>\n<p>Para terminar, podemos decirnos: La fe, el sentido de nuestra relaci\u00f3n con Dios, tiene que iluminar todos los acontecimientos de nuestra vida, todas las circunstancias de nuestra existencia. Cuanto se nos presenta es una manifestaci\u00f3n de la voluntad de Dios sobre nosotras, y de nosotras depende hacer de ello una forma de dirigirnos a El, de descubrirle presente y de darlo a los dem\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Existe una virtud bastante poco comprendida en la \u00e9poca actual; y aun si llega a ser comprendida a nivel intelectual, si se la llega a admitir en teor\u00eda, no ocurre as\u00ed en la pr\u00e1ctica. 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A las Hermanas que van a emitir los Votos por primera vez A imitaci\u00f3n de la Virgen y como un eco a su palabra, van ustedes, Hermanas, a pronunciar ma\u00f1ana su propio \"Fiat\" a Dios. 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