{"id":36936,"date":"2014-07-09T08:22:57","date_gmt":"2014-07-09T06:22:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/susana-guillemin-la-hermana-sirviente-y-sus-companeras\/"},"modified":"2014-07-09T08:22:57","modified_gmt":"2014-07-09T06:22:57","slug":"susana-guillemin-la-hermana-sirviente-y-sus-companeras","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/susana-guillemin-la-hermana-sirviente-y-sus-companeras\/","title":{"rendered":"Susana Guillemin: La Hermana Sirviente y sus compa\u00f1eras"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_33649\" style=\"width: 247px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/04\/susana_guillemin.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-33649\" class=\"size-medium wp-image-33649\" title=\"Susana Guillemin, H.C.\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/04\/susana_guillemin-237x300.jpg?resize=237%2C300\" alt=\"Susana Guillemin, H.C.\" width=\"237\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-33649\" class=\"wp-caption-text\">Susana Guillemin, H.C.<\/p><\/div>\n<div>\n<p>Empecemos ahora las reflexiones que debemos hacer acerca de nuestras Compa\u00f1eras, almas que se nos han confiado. Como hemos dicho al principio, no hay Hermanas Sirvientes sino porque hay Hermanas Compa\u00f1eras. Si no hubiera m\u00e1s que obras, no har\u00eda falta m\u00e1s que Hermanas responsables.<\/p>\n<p><em>La Hermana sirviente lo es para garantizar la relaci\u00f3n con <\/em><em>Dios en la vida religiosa y en la vida fraterna. Tiene que contribuir <\/em><em>a que cada una de las almas \u00abse realice\u00bb en Dios; ha de ser un apoyo para cada una de las almas que ha recibido y ayudarla en <\/em><em>su caminar hacia Dios.<\/em><\/p>\n<p>Cuando digo que la Hermana sirviente tiene que ayudar a cada alma, recuerdo una reflexi\u00f3n de Mons. Bonet. Dec\u00eda en una ocasi\u00f3n: \u00abVds. \u00bfse han encontrado alguna vez con un alma? Yo nunca me he tropezado con ninguna alma separada de su cuerpo. No me he encontrado m\u00e1s que con hombres.\u00bb<\/p>\n<p>Tenemos que tener presente esta reflexi\u00f3n: nosotras nos encontramos con Hermanas, Hermanas que t\u00edenen un alma, un alma consagrada a Dios, pero que est\u00e1 encerrada en un cuerpo. La direcci\u00f3n espiritual de cada una supone una <em>atenci\u00f3n a toda <\/em><em>su vida, <\/em>porque la vida del alma de nuestras Compa\u00f1eras est\u00e1 condicionada por la vida de su cuerpo. Somos un todo inseparable, <em>y <\/em>la atenci\u00f3n de la Hermana sirviente debe dirigirse a ese todo que son sus Compa\u00f1eras: a su cuerpo, a sus posibilidades f\u00edsicas, sus dificultades ps\u00edquicas o psicol\u00f3gicas. La Hermana sirviente debe conocer a sus Compa\u00f1eras en ese todo que forman: cuerpo y alma. Ese es su primer deber: ante todo, conocerlas.<\/p>\n<\/div>\n<p><em>Conocerlas, en primer lugar, en un plano general, es decir, lo <\/em><em>que son ante Dios, lo que son para la Comunidad y lo que son <\/em><em>para la Iglesia.<\/em><\/p>\n<div>\n<p>Cuando nos encontramos ante una comunidad que se nos acaba de confiar \u2014 aunque no la formen m\u00e1s que dos, tres o cuatro Hermanas, lo m\u00edsmo que s\u00ed son veinte o treinta\u2014 , no podemos pensar que estamos s\u00f3lo ante individuos, que se dirigen individualmente a Dios, y a los que hemos de ayudar, en ese sentido, a realizar su trabajo espiritual. <em>Nos encontramos ante almas que, por haberse consagrado a Dios, son una riqueza <\/em><em>para la Iglesia, <\/em>pertenecen a la Iglesia, son una riqueza de Dios y una riqueza de la Iglesia. Se nos ha confiado a ese t\u00edtulo, y vamos a tratar de ayudarlas a que den a Dios y a la Iglesia todo lo que pueden dar, a nivel personal <em>y <\/em>a nivel comunitario, desde los puntos de vista espiritual, evang\u00e9lico y pastoral. Tenemos la responsabilidad de que cada una, individualmente y en grupo, el grupo de almas consagradas, respondan verdaderamente a lo que Dios <em>y <\/em>a la Iglesia esperan de ellas. Como ven, supera con mucho el plano individual. Ese talento que se nos ha confiado, tenemos que hacerlo valer.<\/p>\n<p>Esta actitud de nuestro esp\u00edritu frente a la casa y comunidad que nos han encomendado tiene gran importancia. <em>Una vez m\u00e1s, <\/em><em>tenemos que volver a esa \u00abdesposesi\u00f3n\u00bb en que debemos situarnos. <\/em>De esa comunidad, no vamos a hacer lo que queramos. \u00abYo me he ocupado siempre de un Jard\u00edn de Infancia y en esta casa lo voy a hacer tambi\u00e9n\u00bb. Pues no. Lo cierto es que en el lugar concreto donde se encuentran la casa <em>y <\/em>la comunidad de las que se la ha encargado, la Iglesia tiene necesidades, Dios tiene necesidades y dirige llamadas y Vds. tienen que preguntarse: \u00bfc\u00f3mo responder a esas necesidades y a esas llamadas con las aptitudes de mis Compa\u00f1eras? Pueden hacer la catequesis, pueden cu\u00eddar enfermos a domicilio&#8230; \u00bfC\u00f3mo responder a la llamada que Dios nos dirige en este lugar?<\/p>\n<p>No busquemos nuestros propios deseos, nuestros propios gustos. Busquemos la llamada de Dios y de la Iglesia en el lugar concreto en que nos hallamos. Es muy importante en cuanto a la acci\u00f3n que vamos a desarrollar. Pero, con todo, no entra m\u00e1s que en el conocimiento general que podemos tener de la comunidad que se nos ha confiado.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>No responder\u00edamos a nuestro mandato y a nuestro cargo si no conoci\u00e9ramos <em>a cada una de nuestras Compa\u00f1eras en parti<\/em><em>cular.<\/em><\/p>\n<p>No siempre es f\u00e1cil, por supuesto, m\u00e1xime porque hay que guardarse muy bien de hacer una investigaci\u00f3n indiscreta. Para llegar al verdadero conocimiento de las Compa\u00f1eras, se requiere una disposici\u00f3n previa que, ciertamente, es m\u00e1s importante que cualquiera de los dem\u00e1s medios pr\u00e1cticos que pudi\u00e9ramos utiliiar.<\/p>\n<p><em>Si queremos conocer a nuestras Compa\u00f1eras, lo primero que <\/em><em>tenemos que hacer es amarlas. <\/em>Un conocimiento adquirido al margen del amor, es falso. No se conoce a las personas a las que no se arna, porque se ve con parcialidad tal defecto, tal aspecto, y no el conjunto de la persona. No se conoce en verdad.<\/p>\n<p>S\u00f3lo Dios nos conoce verdaderamente, porque nos ama totalmente. Si queremos conocer a nuestras Compa\u00f1eras, como debemos, <em>tenemos que tratar de hacernos participantes del amor <\/em><em>que Dios les tiene.<\/em><\/p>\n<p>Por ejemplo, podemos decir que una observaci\u00f3n cient\u00edfica no nos lleva al amor. Hay Hermanas sirvientes que, por otra parte, con muy buena intenci\u00f3n y pensando en cumplir un deber, se dicen al llegar a una casa: voy a observar. Esa no es actitud de amor. No creo podamos decir que Dios nos observa <em>y, <\/em>claro, mucho menos que Dios nos esp\u00eda, que trata de sorprendernos. N\u00f3, Dios no es as\u00ed. Dios nos mira, que es muy distinto. Y esa mirada de Dios se posa de continuo sobre nosotros con el amor inmenso que es el suyo. As\u00ed es como una Hermana sirviente debe mirar, cuando llega a una casa, al conjunto de sus compa\u00f1eras y a cada una en particular. No para observarlas o espiarlas, sino, eso, para mirarlas. No se trata de poner en juego con las Compa\u00f1eras una psicolog\u00eda cient\u00edfica. Ser\u00eda un error.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>No obstante, cuando llegan a la casa que se les ha encomendado, miren, s\u00ed, <em>miren como el mismo Cristo nos mira. <\/em>Es el medio mejor, la mejor forma de describir esa atenci\u00f3n que debemos dispensar a nuestras Compa\u00f1eras. No merece la pena explicarles el c\u00f3mo, porque por instinto sabemos lo que es la mirada que Dios tiene puesta en nosotros. Pues bien, as\u00ed es, de esa misma manera, con ese amor total que ve a la vez el bien y el mal, c\u00f3mo deben mirar a sus Hermanas. No se trata de cerrar los ojos y decirse: no tienen m\u00e1s que buenas cualidades. Eso no ser\u00eda completamente cierto. Se trata de verlas como, sin duda, se ven a ustedes mismas, con sus cualidades y sus defectos, acentuando siempre las cualidades.<\/p>\n<p>Hay que mirar antes lo positivo que lo negativo. Y todo el mundo tiene cualidades.<\/p>\n<p><em>Busquemos las cualidades, <\/em>vemos cu\u00e1l es el punto, cu\u00e1l es la cualidad en la que puede basarse el encuentro con el Se\u00f1or. Porque el Se\u00f1or nos espera desde nuestras cualidades, espera a nuestras Compa\u00f1eras a trav\u00e9s de los dones que El mismo les ha hecho. Si la Hermana sirviente no conoce las cualidades&#8217; de sus Compa\u00f1eras, tampoco puede ayudarlas a elevarse hasta Dios. Por supuesto, no estar\u00eda mal tener ciertos conocimientos de su temperamento, ambiente familiar en que se han criado&#8230; Una Hermana que haya vivido en un medio rural, no ser\u00e1 la misma, ver\u00e1 las cosas de distinta manera que la que haya crecido en la trepidaci\u00f3n de un barrio de Par\u00eds. Esta \u00faltima ser\u00e1 m\u00e1s propensa a enervarse, etc. No est\u00e1 de m\u00e1s conocer lo que ha podido influir en el temperamento.<\/p>\n<p><em>Conocer su trayectoria de comunidad. Es un punto muy delicado. <\/em>Algunas Hermanas sirvientes dicen que cuando se les env\u00eda una Compa\u00f1era deber\u00eda dec\u00edrseles lo que ha sido antes para poder ayudarla mejor y no cometer torpezas o imprudencias con ella&#8230; No se pnecle contestar a esto de una manera terminante.<\/p>\n<\/div>\n<p>Habr\u00e1 casos en los que ser\u00e1 conveniente que la Visitadora, con much\u00edsima discreci\u00f3n, ponga al corriente a la Hermana sirviente de alg\u00fan punto particular de la vida de la Hermana. Eso, a condici\u00f3n de que la Hermana sirviente, a su vez, sea de una discreci\u00f3n total&#8230;<\/p>\n<div>\n<p>Por el contrario, habr\u00e1 otros en que ser\u00e1 mucho mejor dejar que la Hermana llegue a la casa \u00abcompletamente nueva\u00bb, en un clima que pueda permitirle rehacerse por completo, sin que pese sobre ella el prejuicio de su pasado. Esto quedar\u00e1 a juicio de la Visitadora.<\/p>\n<p>Hay Otra cosa de la que debemos guardamos abs&#8217;olutamente y que debemos considerar, yo dir\u00eda, como una falta grave: <em>es el <\/em><em>traer y llevar los defectos de nuestras Compa\u00f1 eras de una casa a <\/em><em>otra. <\/em>Una Hermana sirviente tiene que guardar para ella misma los defectos de sus Compa\u00f1eras, y no tiene, en ning\u00fan caso, derecho de ir a hablar de ellos con una Hermana sirviente cercana, con una Hermana sirviente de quien la Hermana en cuesti\u00f3n ha sido compa\u00f1era o con otra que no la conoce y que acaso tenga que recibirla un d\u00eda en su casa. Los defectos de nuestra casa <em>y <\/em>los defectos de nuestra Compa\u00f1era son para quedar dentro, y la Hermana sirviente tiene que guardarlos en su coraz\u00f3n, en su alma, para Dios; no tiene derecho a sacarlos fuera. Todo esto es muy grave porque podemos encerrar a una Hermana, como en una especie de cerco, en sus fallos, sus deficiencias, sus faltas, quit\u00e1ndole as\u00ed la oportunidad de empezar de nuevo, sin ese lastre, y as\u00ed llegar tal vez a corregirse.<\/p>\n<p>Dir\u00e9 tambi\u00e9n que hay que <em>conocerlas con su carga actual. <\/em>No basta conocer lo que son, ni tener una idea de lo que han sido. Hay que conocer tambi\u00e9n lo que pesa sobre ellas en el momento presente. <em>Hay Hermanas sirvientes que no saben bien lo que <\/em><em>llevan encima&#8217; sus Compa\u00f1eras. <\/em>Hay que conocer el oficio, lo que ese oficio les proporciona como sobrecarga, sus dificultades, lo que puede acarrearles como casos de conciencia, que a veces pesan m\u00e1s que un trabajo f\u00edsico. Por ejemplo, lo que puede suponer para una Hermana de internado el hecho de estar de continuo con las ni\u00f1as, que gritan, que hacen ruido&#8230; Es un cansancio f\u00edsico extraordinario estar siempre en medio de ruido, como le puede ocurrir, por ejemplo tambi\u00e9n, a una Hermana encargada de una Cuna.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Tenemos que saber cu\u00e1l es la carga que llevan encima nuestras Compa\u00f1eras; tenemos que conocer las dificultades de su trabajo, las que tienen con sus empleados. Tenemos que estar al tanto del funcionamiento de todo lo que compone la vida de hoy. No podremos darles consejos espirituales, si no sabemos lo que hacen, lo que tienen que soportar. \u00bfC\u00f3mo podr\u00edamos hacerlo? <em>La carga de la Compa\u00f1era tiene que ser nuestra .carga <\/em><em>tambi\u00e9n, tenemos que llevarla con ella.<\/em><\/p>\n<p>Pero si queremos conocerlas as\u00ed, si queremos mirarlas con toda la carga que llevan encima, tampoco bastar\u00e1 con mirar: tendremos que <em>saber escuchar. <\/em>Es dif\u00edcil escuchar. Escuchar supone, ante todo: saber callar, renunciar en c\u00ederto modo a una misma, saberse poner en segundo plano, retirarse. Cuando recibimos a alguien, cuando recibimos, sobre todo, a una Hermana, lo primero que tenemos que hacer es evadirnos de nosotras mismas. No siempre se consigue. Cuando recibimos a una Hermana, la persona importante es ella, no nosotras.<\/p>\n<p><em>Escuchar m\u00e1s que hablar. <\/em>La primera condici\u00f3n para escuchar, a nuestra Compa\u00f1era o a quienquiera que sea, es vaciarnos de nosotras mismas Cuando una de nuestras Compa\u00f1eras llama a la puerta de nuestro despacho, o cuando la llamamos nosotras para los permisos, si no eliminamos con un esfuerzo de voluntad, que a veces tendr\u00e1 que ser grande, la preocupaci\u00f3n que en ese momento tengamos, o si no hemos desechado el sentimiento de rencor que nos ha dejado un acto con el que nos ha faltado, o cualquier otra cosa de ese tipo, si no logramos vaciarnos de todo eso, de nosotras mismas, no estaremos disponibles para escucharla con desprendimiento, imparcialidad, sencillez.<\/p>\n<p>Por lo tanto, lo primero es situarnos ante nuestras Compa\u00f1eras con un gran desprendimiento de nosotras mismas, para poder as\u00ed captar lo que se da en ellas y lo que quieren decirnos. Empecemos, pues, por escuchar antes que hablar.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><em>Si tenemos que hablar, <\/em>y evidentemente tendremos que hablar, hag\u00e1moslo m\u00e1s bien a partir de lo que nos haya dicho que a partir de lo que hab\u00edamos preparado de antemano.<\/p>\n<p>Sin duda, para la comunicaci\u00f3n espiritual, es siempre bueno, mejor, es necesario prepararse por la oraci\u00f3n, previendo lo que tenemos que decir, lo que tenemos que advertir a \u00e9sta o a aqu\u00e9lla, o lo que tenemos que pedirle. Pero, si despu\u00e9s de haberla escuchado, vemos que lo que quer\u00edamos decirle no es absolutamente adaptado o necesario, y que hay algo m\u00e1s urgente, algo que necesita m\u00e1s, no dudemos en cambiar y hablarle, no a partir de lo que hab\u00edamos pensado nosotras, sino a partir de ella. Es una ciencia un tanto dif\u00edcil. Es m\u00e1s f\u00e1cil preparar antes de la comunicaci\u00f3n un \u00absermoncito\u00bb ya hecho, que podremos encajar a todas indistintamente \u2014 eso s\u00ed, con mucho riesgo de que no sirva de nada. Pero si escuchamos a cada una y partimos de lo que nos dice, pienso que nuestra acci\u00f3n ser\u00e1 mucho m\u00e1s v\u00e1lida, por ser m\u00e1s personal.<\/p>\n<p><em>Lo m\u00e1s posible, hay que partir de la preocupaci\u00f3n o de la <\/em><em>dificultad actual <\/em>o del esfuerzo actual de la Hermana que tenemos delante. Hay que tratar de descubir lo que la preocupa. Quienquiera que seamos, tenemos siempre una preocupaci\u00f3n, es decir, algo que nos ocupa antes que nada, que permanece en el fondo del alma, que, en medio de todo lo que hacemos, sigue ocup\u00e1ndonos, pesando sobre nosotras, influenci\u00e1ndonos&#8230; A nuestras Compa\u00f1eras les pasa lo mismo: tienen una dificultad con el jefe de su servicio, un desacuerdo con las monitoras, o un fracaso con las ni\u00f1as. Entonces, todos los esfuerzos espirituales que puedan ped\u00edrseles en el momento se situar\u00e1n, en cierto modo, en el \u00e1rea de influencia de esa preocupaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s esencial ser\u00e1, pues, empezar por saber cu\u00e1l es la preocupaci\u00f3n actual de la Compa\u00f1era y decirnos que constituye no s\u00f3lo una necesidad de orden psicol\u00f3gico sino, incluso, de orden sobrenatural; porque las exigencias que Dios va a tener con esa alma no van a manifestarse de una forma que queden fuera de ella o de su vida, sino precisamente a trav\u00e9s de esa dificultad que experimenta o del esfuerzo que est\u00e1 dispuesta a realizar.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Por ejemplo, hab\u00edamos pensado pedir a esa Hermana que hiciera un esfuerzo de caridad hac\u00eda sus Compa\u00f1eras, cosa que puede ser excelente, pongamos que con su equipo hospitalario o con el grupo de sus monitoras&#8230; Creo que, en este caso, el primer esfuerzo que hay que pedirle es que haga frente a ese problema con que se encuentra. La llamada de Dios hacia ella en estos momentos se centra en ese punto concreto y no podemos nosotras darle otra direcci\u00f3n. Tenemos que situarla en su propia vida, en su dificultad de ahora, y seguir la indicaci\u00f3n del Se\u00f1or que le se\u00f1ala un camino y a nosotras una orientaci\u00f3n. Al escuchar la preocupaci\u00f3n que se adentra en cada una de nuestras Hermanas, estamos escuchando la voz de Dios que habla a cada una, viendo el camino que le abre.<\/p>\n<p>Mirarlas, escucharlas&#8230; <em>todo ello, para tratar de comprenderlas, <\/em>es decir, tomarlas como son <em>y no como querr\u00edamos que fueran. <\/em>Pienso que no ser\u00e1n muchas las Hermanas sirvientes que tengan compa\u00f1eras exactamente como las quieren. Cuando se les pregunta: sus Compa\u00f1eras \u00bfson como usted las quiere? \u00bfest\u00e1n a la altura de su oficio?, suelen contestar: \u00abM\u00e1s o menos\u00bb. Algunas dicen taxativamente: \u00abNo, no est\u00e1n adaptadas a lo que yo quisiera que hicieran, y algunas son verdaderas ni\u00f1as en lo espiritual.\u00bb Lo primero que tenemos que hacer es <em>aceptar a nuestras <\/em><em>Compa\u00f1eras tal y como Dios nos las ha dado, <\/em>al nivel al que nos las ha dado, un nivel que podr\u00edamos llamar la bas\u00e9, es decir, el de las posibilidades humanas. Hay Hermanas que n\u00f3 tienen cultivo espiritual; algunas tampoco cultura humana, y sin embargo, son inteligentes, tienen cualidades, buen juicio, son capaces de llegar a algo. Otras, en cambio, t\u00edenen escasos medios. Tendremos que saberlo y no pedir a cada una m\u00e1s de lo que puede dar&#8230; pero \u00a1tampoco menos!<\/p>\n<\/div>\n<p><em>Aceptarlas con su nivel de progreso. <\/em>Unas han sido cultivadas, han llevado desde hace a\u00f1os una vida espiritual bien dirigida, bastante intensa; otras, por el contrario, est\u00e1n en los primeros balbuceos. No se puede pedir el mismo rendimiento espiritual a un alma que s\u00f3lo desde hace dos o tres a\u00f1os ha intentado vivir vida interior, que a otra que, desde su infancia, se ha visto en un ambiente profundamente cristiano, acompa\u00f1ada por una vocaci\u00f3n precoz, dirigida hacia Dios desde sus primeros a\u00f1os, en relaci\u00f3n con El, y se hallar\u00e1 a cierto nivel de vida interior y de vida espiritual. Tenemos que saber distinguir esos diferentes grados o niveles<em>.<\/em><\/p>\n<p><em>Sobre todo, no nos empe\u00f1emos en que sean como nosotras, <\/em><em>en que se nos parezcan. <\/em>Instintivamente, cuando se habla, por ejemplo, de Hermanas j\u00f3venes, suele surgir la eterna frase, la eterna comparaci\u00f3n: \u00aba su edad, yo hac\u00eda&#8230;\u00bb \u00a1Cu\u00e1ntas Hermanas mayoren hablan en ese tono!: \u00abcuando nosotras \u00e9ramos j\u00f3venes, se nos ped\u00eda esto o aquello, se nos exig\u00eda tal cosa&#8230;\u00bb Como razonamiento, no tiene ning\u00fan valor, es falso. Guard\u00e9monos de caer en ello, porque tambi\u00e9n nosotras, Hermanas sirvientes, tenemos tendencia a comparar lo que \u00e9ramos o hac\u00edamos de j\u00f3venes; tendencia a decir: cuando \u00e9ramos j\u00f3venes, ten\u00edamos que hacer esto o lo otro, se nos ped\u00eda tal o cual cosa.<\/p>\n<div>\n<p><em>Pero entre nuestra juventud y las j\u00f3venes de ahora se sit\u00faa <\/em><em>todo el desfase de &#8216;una generaci\u00f3n que ha caminado a paso de <\/em><em>gigante. <\/em>Todo el mundo est\u00e1 de acuerdo en decir, todos los que han estudiado psicolog\u00eda o sociolog\u00eda afirman al un\u00edsono, que entre la generaci\u00f3n de nuestros padres y la de las j\u00f3venes de hoy, hay un desfase de diez o veinte generaciones anteriores, tan deprisa ha caminado el mundo, tan grande ha sido la evoluci\u00f3n de mentalidades.<\/p>\n<p><em>Guard\u00e9monos tambi\u00e9n de pedirles que hagan lo que nosotras <\/em><em>har\u00edamos en su lugar. <\/em>Se tiende igualmente a eso. Vemos a una Hermana en su oficio: \u00absi yo fuera la que estuviera encargada de esto&#8230; har\u00eda, dejar\u00eda de &#8216;hacer&#8230; \u00bfpor qu\u00e9 no lo hace ella?\u00bb<\/p>\n<\/div>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9? Pues porque no tiene ni nuestra edad, ni nuestra experiencia, n\u00ed ha recibido todav\u00eda lo que nosotras. La Hermana joven es ella y no nosotras. Tenemos que verla en su realidad y no s\u00f3lo en sus deficiencias \u2014 que las puede tener y debemos conocerlas: ser\u00eda un error no querer ver los defectos\u2014 , tenemos que mirar su lado positivo.<\/p>\n<div>\n<p>Quiz\u00e1 no tenga lo que hubi\u00e9ramos tenido; quiz\u00e1 le falte cierta madurez de ju\u00edcio, c\u00ederta ponderaci\u00f3n, cierta prudencia y discernimiento de lo que la rodea; pero acaso tenga otras cualidades no tan desarrolladas en nosotras: m\u00e1s iniciativa, mayor posibilidad de hacerse responsable. A su edad, no lo ten\u00edamos porque no se nos hab\u00eda formado en ese sentido. Como valor positivo, suelen tener por lo general, una lealtad real: nuestras j\u00f3venes viven en un clima de verdad, aunque a veces no sean coherentes; pero no dejan de querer la verdad de apreciar grandemente la lealtad.<\/p>\n<p>Son \u00e9stos otros tantos puntos en que debemos apoyarnos para tratar de hacer prevalecer en ellas la acci\u00f3n de Dios. Es posible que, cuando ten\u00edamos su edad, la acci\u00f3n de Dios en nosotras pasar\u00eda, por ejemplo, por una aceptaci\u00f3n de la sumisi\u00f3n, de recurrir de continuo a la Hermana sirviente, u otras cosas de ese tipo; mientras que, para ellas, la acci\u00f3n de Dios va a pasar por iniciativas m\u00e1s responsables, por una b\u00fasqueda de su acci\u00f3n personal en el oficio. Sin duda ustedes mismas podr\u00e1n encontrar otros valores que se dan en sus Hermanas y que yo no he tenido t\u00edempo de buscar.<\/p>\n<p>Tendr\u00e1n que descubrir esos valores para ayudarl\u00e1s en ese sentido, y no en el sentido que ser\u00eda el nuestro, que era el nuestro a\u00f1os atr\u00e1s. Se trata de descubrir la acci\u00f3n de Dios en cada una de esas almas y ayudarlas a que Le sigan&#8230; Como ocurre con otras tantas cosas, <em>no se podr\u00e1 ir demasiado aprisa, no rn\u00e1s deprisa <\/em><em>que la luz que el Se\u00f1or les da. <\/em>Ellas no tienen la luz que nosotras tenemos; no se trata, pues, de lo que vemos nOsotras, sino de lo que ellas ven con la gracia actual y con sus posibilidades. No vayamos demasiado aprisa, no las atosiguemos demasiado. Y, sin embargo, no las dejemos tampoco quedarse atr\u00e1s. En cierto modo y de cierta manera, debemos siempre empujarlas hacia adelante. Es dif\u00edcil, muy dif\u00edcil.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Recuerdo una ocasi\u00f3n, hace ya tiempo, en que ped\u00ed consejo sobre algo muy conflictivo: ten\u00eda que escoger entre dos deberes que parec\u00edan absolutamente incompatibles. Y se me contest\u00f3: \u00abresponda a \u00e9ste, pero no descuide el otro&#8230;\u00bb Algo as\u00ed ocurre cuando nos encontrarnos ante las Hermanas j\u00f3venes. No podemos urgirlas demasiado, hacerles perder el aliento, pero, al mismo tiempo, no debemos dejarlas estancadas ni menos que retrocedan. En esto hay que pedir verdaderamente las luces del Esp\u00edritu Santo para que, en los consejos que les demos, no nos salgamos del ritmo de Dios en cada una de ellas.<\/p>\n<p><em>Porque Dios tiene &#8216;un ritmo particular con cada alma. <\/em>A veces insistimos durante a\u00f1os con un alma en el mismo consejo, la misma indicaci\u00f3n. Por ejemplo, le decimos una y otra vez: \u00abEsfu\u00e9rcese por hacer oraci\u00f3n\u00bb. Nos escucha, pero nos damos cuenta de que aquello no cala, no penetra. Y, de pronto, un d\u00eda cualquiera, descubre que puede hacer oraci\u00f3n y que la oraci\u00f3n transforma la vida. Hasta es posible que llegue a reprocharnos no hab\u00e9rselo &#8216;dicho, no haberla ayudado a hacer oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Can\u00f3nigo Giraud citaba un d\u00eda el siguiente ejemplo: Un serninarista, o m\u00e1s bien uti sacerdote joven, ordenado hac\u00eda unos diez a\u00f1os, hab\u00eda ido a verle y a decirle: Mi vida est\u00e1 transformada por completo: ahora hago oraci\u00f3n. \u00bfC\u00f3mo es posible que durante todos los a\u00f1os del Seminario no se nos haya ense\u00f1ado a hacer oraci\u00f3n? \u00bfque no se nos haya dicho nunca lo que era? El Can\u00f3nigo a\u00f1ad\u00eda: Le dej\u00e9 hablar y cuando hubo terminado, dije: \u00abAmigo, en el Seminario la lectura de la tarde se hac\u00eda siempre sobre la oraci\u00f3n y las observaciones o comentarios d\u00e9l Rector giraban siempre en torno a la formaci\u00f3n de la oraci\u00f3n.\u00bb Entonces, no estaba dispuesto, la gracia de Dios no hab\u00eda llegado a \u00e9l para hacerle asimilar una vida de oraci\u00f3n, en aquel momento de su vida de seminarista No se pod\u00eda culpar a los Superiores. En cuanto a \u00e9l, era tan inconkiente, captaba tan p\u00f3co lo que se le daba, que diez a\u00f1os despu\u00e9s fue a reprochar que no se le hubiera ense\u00f1ado. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda ocurrido? Que entonces descubr\u00eda la gracia del Se\u00f1or, que ese d\u00eda el Se\u00f1or le habl\u00f3; que hab\u00eda llegado la hora.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>No perdamos la esperanza con relaci\u00f3n a nuestras Compa\u00f1eras, aun cuando veamos que, durante cierto tiempo, durante meses o acaso durante a\u00f1os, lo que les decimos no pasa de ser letra muerta.<\/p>\n<p>A pesar de todo, <em>eso <\/em>va depositando unos g\u00e9rmenes, y m\u00e1s adelante, cuando llegue la gracia de Dios, lo har\u00e1 fructificar. Nosotras tenemos el encargo de sembrar, pero ninguna puede hacer crecer; enterramos la semilla, pero s\u00f3lo el Se\u00f1or da la vida y hace germinar.<\/p>\n<p>Por eso, no nos dejemos llevar del desaliento; no pensemos que es culpa nuestra el que tal o cual alma no responda. Hagamos sencillamente, acompa\u00f1\u00e1ndolo de oraci\u00f3n y de reflexi\u00f3n ante Dios, hagamos sencillamente lo que creemos que debemos hacer, y no nos atosiguemos, no nos agitemos en tomo a las almas.,Pidamos al Se\u00f1or que las ilumine y que apresure el tiempo de su gracia. Pero ser\u00e1 El, no nosotras, quien pueda apresurarlo. M\u00e1s que imponer esfuerzos u orientaciones que, tal vez, podr\u00e1n quedar al margen de la verdad, nuestra acci\u00f3n debe ser una invitaci\u00f3n continua. Tenemos que invitar, estimular, sugerir.<\/p>\n<p>Personalmente he podido comprobar que tal Hermana a quien se dec\u00eda: haga este esfuerzo, en este sentido&#8230; necesitar\u00eda, en su situaci\u00f3n, esto o aquello&#8230;; pues bien, no pod\u00eda; y, en cambio, s\u00ed pod\u00eda hacer otra cosa. Lo bueno ser\u00eda poder llegar a que cada una descubriera el esfuerzo que Dios le pide en el momento concreto, en vez de imponerle lo que nosotras mismas hemos preparado para ella y que puede no responder a sus posibilidades actuales.<\/p>\n<p>Necesitamos mucha paciencia y mucha condescendencia; tenemos, sobre todo, que invocar mucho al Esp\u00edritu Santo. No se puede decir de antemano: para tal caso hay que hacer tal cosa. Evidentemente, s\u00ed se pueden dar consejos o hacer referencia a experiencias que se hayan tenido. Pero lo importante es pedir al Esp\u00edritu Santo que nos inspire lo que tenemos que decir, lo que tenemos que pedir a nuestra Compa\u00f1era.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><em>Tenemos que saber recibir y guardar las confidencias.<\/em><\/p>\n<p>Pero creo que antes de hablar de confidencias que podemos recibir, hay que hablar de las que \u00abno podemos\u00bb recibir. Lo que es m\u00e1s dif\u00edcil. Ocurre a veces que, durante cierto tiempo, meses, quiz\u00e1 hasta uno, dos o tres a\u00f1os, una Hermana sirviente tenga que decirse ante una Compa\u00f1era: est\u00e1 cerrada, no dice nada, no se abre. S\u00ed, es muy penoso. Es muy penoso, porque se siente que la acci\u00f3n que pudiera ejercerse con ella no resultar\u00e1 y porque, instintivamente, se dice una: \u00bfqu\u00e9 hay en m\u00ed, qu\u00e9 hay en mi conducta o manera de proceder, qu\u00e9 hay en la casa, para que esta Hermana no se abra?, \u00bfpara que no se establezca la comunicaci\u00f3n espiritual entre ella y yo? Ante esto, la reacci\u00f3n humana inmediata es, no dir\u00e9 un sentimiento de orgullo herido, pero s\u00ed se siente una dolida de forma que pudieran quedar comprometidas las relaciones. Hay, pues, que saber aceptar, con mucha paciencia y mucho respeto, el que durante un tiempo m\u00e1s o menos largo, una Compa\u00f1era permanezca cerrada. Precisamente, ser\u00e1 la actitud de respeto y comprensi\u00f3n de la Hermana sirviente la que induzca a la Hermana a ser menos herm\u00e9tica, a llegar poco a poco a unas comunicaciones espirituales normales.<\/p>\n<p><em>Nunca hemos de exigir confidencias. <\/em>Estas deben ser siempre espont\u00e1neas. Cuando recibimos confidencias m\u00e1s o menos fuer, tes, tenemos que asumirlas con el mayor respeto y la mayor discreci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta noci\u00f3n de respeto, trat\u00e1ndose de confidencias, no es s\u00f3lo el respeto de discreci\u00f3n, sino, adem\u00e1s, el respeto <em>al alma <\/em><em>que se nos ha entregado as\u00ed.<\/em><\/p>\n<p>El primer elemento de este respeto es el de <em>no extra\u00f1arse y <\/em><em>nunca escandalizarse. <\/em>Ante una confidencia pesada, grave, que se nos haga, no tengamos nunca una reacci\u00f3n de extra\u00f1eza o desedificaci\u00f3n. Ser\u00eda lo m\u00e1s adecuado para desalentar a un alma. Cuando una Hermana hace el acto de humildad de confesar algo que le cuesta extraordinariamente, no debemos extra\u00f1arnos ni escandalizarnos. Si nos hallamos en la actitud interior de humildad que nos corresponde, es decir, la de estar convencidas de que sontos capaces de cometer todas las faltas si la gracia de Dios no nos sostiene de continuo, no tendremos esa reacci\u00f3n de esc\u00e1ndalo, que tanto da\u00f1o hace a las almas que se deciden a confesar una falta cualquiera.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><em>Una ca\u00edda, una deficiencia, una falta que se nos confiese, desde <\/em><em>ese mismo mornento tendr\u00edamos que hacerla cosa nuestra: no <\/em><em>podemos considerarla como algo exterior a nosotras.<\/em><\/p>\n<p>El hecho de la confidencia recibida lleva consigo el compartir con nuestra Compa\u00f1era el peso que la agobia; ese peso tan doloroso de su ca\u00edda, de su falta, llega a ser nuestro. Es lo que repetimos todos los d\u00edas en esa hermosa frase de San Pablo que decirnos despu\u00e9s de las comidas: \u00abAlter alterius&#8230; etc.\u00bb La carga de nuestros defectos y de nuestras faltas, esa, pesa sobre nosotras, y esa carga es la que la Hermana Sirviente debe, tiene que ayudar a llevar a sus compa\u00f1eras.<\/p>\n<p>En cierto modo, tenemos que hacernos como participantes en las faltas de nuestras compa\u00f1eras. Es lo que hizo Cristo: cargar con nuestras faltas, participar en ellas. No vino a la tierra como un extra\u00f1o, encargado de pagar una cuenta de otros extra\u00f1os; extra\u00f1o a nuestro pecado, desde lo alto de su superioridad, tal no fue la actitud de Jes\u00fas. Salvo, claro, la culpabilidad, se hizo pecador con nosotros, tom\u00f3 sobre El y en El el peso del pecado del mundo. Cuando se present\u00f3 ante su Padre como V\u00edctima, expi\u00f3 en todo su ser como si nuestro pecado hubiese sido suyo.<\/p>\n<p>Con relaci\u00f3n a las faltas de nuestra comunidad, &#8216;con relaci\u00f3n a las faltas de nuestras compa\u00f1eras, pong\u00e1monos en esa misma situaci\u00f3n, en esa misma postura de participaci\u00f3n. De esa forma, cuando se nos haga una confidencia, cuando se nos pida un perd\u00f3n, cuando recibamos la acusaci\u00f3n de una falta, nos encontraremos en seguida con la Hermana interesada, no al margen de ella, no por encima, con una aptitud de juez; estaremoscon ella para compartir su falta. Es completamente diferente. Es otra cosa absolutamente distinta.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><em>Debemos hacer arraigar en nosotras, en profundidad, esas <\/em><em>actividades interiores de participaci\u00f3n en los pecados del mundo, <\/em><em>no s\u00f3lo en los de nuestras compa\u00f1eras, sino en los de todo nuestro <\/em><em>personal, todos los que nos rodean, todos los que tratan con no<\/em><em>sotras.<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntas veces recibimos la confidencia de pobres muchachas que han ca\u00eddo <em>y <\/em>est\u00e1n esperando un beb\u00e9! Otras veces, podemos comprobar alrededor nuestro faltas muy graves; otras, sin esas confidencias, no llegar\u00edamos a ver ese pecado de la masa pobre o de la masa rica que vive en torno a nosotras, especialmente el de los pobres a los que nos hemos consagrado por voto.<\/p>\n<p><em>Me parece que forma parte de nuestro cuarto voto ese tomar <\/em><em>sobre nosotras las faltas y los pecados de nuestra gente <\/em>y vivir en una actitud de penitencia interior <em>y <\/em>de expiaci\u00f3n ante Dios, porque ese pecado del mundo, y en particular el pecado de nuestras Hermanas, el pecado de nuestros pobres, es nuestro <em>y <\/em>tenemos que expiarlo durante toda nuestra vida, como nuestro propio pecado.<\/p>\n<p>No es s\u00f3lo esa actitud de participaci\u00f3n personal la que redama de nosotras las confidencias que recibimos, <em>tenemos que tener ante ellas una actitud de perfecta discreci\u00f3n. <\/em>Lo que se nos ha confiado, como si no existiera. Por supuesto, lo que se nos ha confiado por nuestras compa\u00f1eras sobre ellas mismas, en relaci\u00f3n con nuestro cargo, por ejemplo, lo relacionado con sus familias.<\/p>\n<p>La intimidad de nuestras compa\u00f1eras les pertenece. No tenemos el menor derecho a ingerirnos en ella. Si ellas lo desean, si tierien &#8216;gusto en qu\u00e9, por ejemplo, leamos algo en que se relata un acontecimiento de familia o cosa por el estilo, entonces, \u00a1perfeCto! Pero a condici\u00f3n de que la iniciativa parta de ellas. Ahora bien, nunca, nunca, por seguras que estemos de que les v\u00e1 a parecer bien, lo hagamos por cuenta nuestra, sin su consentimiento previo, porque puede llegar un d\u00eda en que una lo vea mal y poco a poco se vaya creando un clima de no discreci\u00f3n, de falta de respeto.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Hay que ser extremadamente delicadas en esta cuesti\u00f3n de la <em>discreci\u00f3n. <\/em>Guardemos discreci\u00f3n no s\u00f3lo por lo que se refiere a las confidencias que recibimos, sino tambi\u00e9n a aquello que nosotras mismas descubrimos acerca de nuestras compa\u00f1eras, de su familia, de su salud. No divulguemos a toda la comunidad su secreto de salud. Hay Hermanas que son m\u00e1s o menos reservadas en este punto, que son m\u00e1s o menos delicadas. Cuando recibimos una confidencia nosotras mismas nos damos cuenta de que una de nuestras compa\u00f1eras padece de esto o de lo otro, no vayamos a decirlo en confidencia a las dem\u00e1s. Tenemos que guardar el respeto de la intimidad de cada una. Seamos muy delicadas en todo lo que ata\u00f1e a nuestras compa\u00f1eras. Delicadas tambi\u00e9n en cuanto a sus dificultades de oficio o profesionales. Lo personal debe seguir siendo personal. Lo que no es obst\u00e1culo para que haya un excelente clima de comunidad.<\/p>\n<p>Seamos discretas tambi\u00e9n en relaci\u00f3n con las <em>pobres Hermanas de car\u00e1cter dif\u00edcil <\/em>que tenemos en la comunidad. Hay Hermanas muy dif\u00edciles de soportar en una comunidad. No derramemos por el exterior lo que nos vemos obligadas a soportar dentro de casa. Por supuesto, cuando una Hermana hace escenas desagradables dentro de la comunidad, las dem\u00e1s Hermanas lo ven y no tenemos que ocultarlo entre nosotras. Sin embargo, no nos complazcamos en hablar de ello, y si lo hacemos, que sea siempre con compasi\u00f3n, yo dir\u00eda hasta con afecto. Es una prueba que no s\u00f3lo la Hermana sirviente, sino toda la comunidad tiene que soportar. Debe soportar ese car\u00e1cter dif\u00edcil, esos incovenientes de aquella compa\u00f1era y no debe extenderlos fuera con una falta de discreci\u00f3n. No, no debe nunca revelar las dificultades que se viven en lo interior de la comunidad.<\/p>\n<\/div>\n<p>Cuando hablamos de <em>discreci\u00f3n, <\/em>tenemos que puntualizar al mismo tiempo que esa discreci\u00f3n deber ser tal <em>que no cree en <\/em><em>modo alguno un clima de misterio. <\/em>No hay nada m\u00e1s propio para destruir el esp\u00edritu de comunidad que vivir en una especie de atm\u00f3sfera misteriosa: se manifiesta que se sabe algo sobre esta o aquella Hermana, se deja traslucir que se saben cosas que no se quieren decir. Eso es espantoso. Una de dos: si estamos convencidas de que todo lo que se nos conf\u00eda, todo lo que se nos dice, todo lo que nosotras intuimos en relaci\u00f3n con la intimidad de las dem\u00e1s, es secreto, entonces no tenemos por qu\u00e9 demostrar si sabemos algo o no. Una cosa secreta es como si no existiese y, por tanto, no debe influir en nuestros comportamientos y actitudes y tiene que permitir un clima de absoluta claridad. Que las Hermanas sepan bien que lo que no les decimos es porque no nos pertenece; y que, de no ser as\u00ed, lo dem\u00e1s lo decimos sencillamante porque tenemos confianza en ellas <em>Hay que vivir en comunidad un clinza a la vez de discreci\u00f3n y <\/em><em>apertura. <\/em>A veces, puede ser un poco dif\u00edcil, pero hay que conseguirlo.<\/p>\n<div>\n<p>Cuando hemos vivido alg\u00fan tiempo con nuestras compa\u00f1eras, cuando las conocetnos bien, las comprendemos y las hemos aceptado, <em>tenernos que ayudarlas a que se conozcan ellas <\/em><em>mismas. <\/em>Creo que es una de las misiones, una de las tareas m\u00e1s importantes de la Hermana sirviente: <em>ayudar a cada una de sus <\/em><em>compa\u00f1eras a que lleve la cruz de sus defectos.<\/em><\/p>\n<p>Es una cruz que pesa duramente sobre ella y que puede llegar a desalentarla. Una Hermana que, despu\u00e9s de diez,&#8217; quince o veinte a\u00f1os se da cuenta de que no llega a hacerse due\u00f1a, a dominar sus salidas de genio; otra que, al contrario, comprueba que ,en su vida de comunidad o en su oficio es perpetuamente d\u00e9bil, que no llega a cumplir perfectamente su deber porque le falla la voluntad&#8230;<\/p>\n<p>La Hermana sirviente tiene que ayudar a sus compa\u00f1eras a que conozcan sus defectos y a <em>que los conozcan en la esperanza, <\/em><em>no en el desaliento. <\/em>Debe llevar los defectos de sus compa\u00f1eras con ellas, tiene que ayudarlas a comprenderlos y a aceptarlos, lo que no quiere decir aprobarlos. Darse cuenta de que son defectos, pero no por eso ocuharlos y cubrirse con una m\u00e1scara.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Frente a un defecto inveterado, suele surgir una tendencia por supuesto muy natural: la de ocultarlo, disfrazarlo. Trata una de cerrar los ojos porque sabe que no va a conseguir corregirse por completo. Como es muy duro cargar con \u00e9l, lo disfraza enga\u00f1\u00e1ndose a s\u00ed misma. Reniega de ese defecto del que no puede deshacerse, como si no lo tuviera. No es una buena postura. La Hermana sirviente tiene que ayudar a las Hermanas a que vean claros, pero sin perder la esperanza, sus propios defectos.<\/p>\n<p>Si queremos ayudarlas a que se conozcan de esa forma, tenemos que saber mantener el clima de esperanza, es decir, llegar a hacerles descubrir que Dios, <em>que las ha creado as\u00ed, que <\/em><em>ha permitido que tengan \u00e9sta o aquella tendencza natural, no <\/em><em>quiere salvarlas a pesar de sus defectos; quiere salvarlas a trav\u00e9s <\/em><em>de esos defectos <\/em>y de los esfuerzos que hagan para corregirse de ellos. Los defectos naturales que poseen entran en los designios de Dios sobre ellas.<\/p>\n<p>En este momento se est\u00e1n haciendo investigaciones para probar que se puede ser a la vez loco y santo. En general, no nos tropezamos con casos tan extremos; pero s\u00ed tenemos compa\u00f1eras muy marcadas por defectos naturales grandes, y a las que, sin embargo, Dios llama a la santidad. Tenemos que ayudarlas a tomar conciencia de que ese defecto que tienen no es un obst\u00e1culo mayor, aunque s\u00ed puede ser una dificultad y quiz\u00e1 grande, pero que con ella Dios las llama, y es muy probable que lleguen hasta El con m\u00e1s rapidez y facilidad seg\u00fan la manera en que nosotras, Hermanas sirvientes, y con nosotras la comunidad toda, las comprendamos y las soportemos, no con una indulgencia culpable, sino con la tolerancia \u2014 el <em>soporte <\/em>es la verdadera palabra\u2014 que nos haga llevar con ellas el peso de su falta.<\/p>\n<\/div>\n<p>Me parece que la actitud de la Hermana sirviente, en esos casos, ha de ser <em>la de inspirar siempre confianza en los designios <\/em><em>de Dios y en sus caminos. <\/em>A trav\u00e9s de la actitud de la Hermana sirviente, la Hermana llegar\u00e1 a darse cuenta, a tomar conciencia de la actitud del Se\u00f1or hacia ella. Mientras un alma est\u00e1 en este mundo, Dios la tolera y no pierde confianza en ella; no somos, pues, nosotras las que hemos de hundirla en un clima de desesperanza. Cuando se dice de una Hermana: no hay nada que hacer, es posible que sea cierto, pero no es Dios quien la ha puesto en esa situaci\u00f3n, sino nosotras. Esto es una enorme responsabilidad.<\/p>\n<div>\n<p>Al contrario, es preciso que, a trav\u00e9s del amor de la Hermana sirviente, a trav\u00e9s de su esperanza en lo que la concierne, la Hermana vea el amor y la esperanza que Dios tiene hacia ella.<\/p>\n<p>Creo que esto es muy importante. Aun si llegamos <em>a pedir <\/em><em>el cambio de destino <\/em>para alguna Hermana (puede ser a veces necesario) porque nos demos cuenta de que su persona y sus defectos son un peligro para la comunidad y que, razonablemente, despu\u00e9s de haber orado y reflexionado, nos parece preferible darle esa oportunidad, esa petici\u00f3n de destino <em>no debe <\/em><em>llevar nunca el sentido de un castigo o condena. <\/em>\u00a1Qu\u00e9, quieren ustedes yo no creo en la eficacia como castigo de un destino! S\u00ed creo, en cambio, que debe darse en un clima de amor y de esperanza, como una oportunidad que se le ofrece, <em>COMQ <\/em><em>una <\/em><em>nueva llamada que el Se\u00f1or le dirige.<\/em><\/p>\n<p>Con la ayuda de la Hermana sirviente que la ve marchar y que tiene que ense\u00f1arla a aceptar el destino; con la ayuda tambi\u00e9n de la Visitadora y con la de la Hermana sirviente que va a recibirla, se crea un clima de sostenimiento espiritual, un clima \u2014no creo que hay palabra m\u00e1s adecuada\u2014 de esperanza y de caridad, de caridadamor, que es lo que debe envolver todos los actos de nuestro ejercicio del cargo de Hermana sirviente, sobre todo los relacionados con nuestras compa\u00f1eras. La Hermana sirviente debe sentirse responsable de reflejar la actitud de Dios con cada alma.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>La responsabilidad con relaci\u00f3n a las Compa\u00f1eras comprende todo lo que acabamos de decir y que tan importante es. Podr\u00edamos resumirlo recorriendo esas cuestiones que, por lo dem\u00e1s, emanan de grandes l\u00edneas de orientaci\u00f3n general.<\/p>\n<p>Hay que formar a las Compa\u00f1eras y ayudarlas. Formarlas en su vida consagrada. <em>La formaci\u00f3n no puede darse nunca por <\/em><em>terminada. <\/em>En el cursillo para Hermanas sirvientes recientemente nombradas que se tuvo hace poco, se hicieron varias observaciones en este sentido. Dec\u00edan: \u00abAl llegar a una casa, encuentro Hermanas que llevan 20 \u00f3 25 a\u00f1os en ella \u00bfQu\u00e9 responsabilidad tengo en cuanto a su formaci\u00f3n?\u00bb Por supuesto, es muy delicado, sobre todo si la Hermana sirviente es joven. Pero, \u00bfpuede decirse que no tiene responsabilidad alguna con relaci\u00f3n a Hermanas en esas circunstancias? No, no puede decirse que no la tiene.<\/p>\n<p>Podemos decir que hay un estado de hecho con el que se encuentra la Hermana sirviente <em>y <\/em>del que no es responsable en el momento de llegar a la casa ni en los primeros tiempos que siguen; pero, a medida que van pasando los d\u00edas, la responsabilidad de la Hermana sirviente empieza a entrar en juego. No podr\u00e1, evidentemente, dar marcha atr\u00e1s y volver a empezar la formaci\u00f3n de una Hermana de 20, 25 \u00f3 30 a\u00f1os de vocaci\u00f3n; pero s\u00ed es responsable de continuarla, de ejercer influencia en la Hermana, de tratar de reformarla.<\/p>\n<p>Dicho de otro modo: no es responsable de lo que son las compa\u00f1eras en cuesti\u00f3n pero s\u00ed lo es de tener o ejercitar una acci\u00f3n sobre ellas y <em>no podr\u00e1 dejarlas que vivan en seguridad o <\/em><em>indiferencia si est\u00e1n al margen de su deber. <\/em>Hay toda una serie de matices que a\u00f1adir aqu\u00ed. En todo caso, la Hermana sirviente es responsable de tener una acci\u00f3n sobre las compa\u00f1eras, de invitarlas a otra cosa mejor, de poco a poco, iluminarlas Todo ello requiere m\u00e1s tacto, m\u00e1s prudencia que trat\u00e1ndose de una Hermana joven a la que hay que formar y de la que se puede exigir m\u00e1s.<\/p>\n<\/div>\n<p>Estemos persuadidas de que la formaci\u00f3n de las Compa\u00f1eras no puede darse nunca por terminada, lo mismo que ocurre con la nuestra: estamos siempre en plan de formaci\u00f3n. Tenemos que formarnos siempre y no estaremos perfectamente formadas m\u00e1s que cuando salgamos del Purgatorio para ir la Cielo. En ese momento ser\u00e1 cuando hayamos alcanzado la dimensi\u00f3n que Dios ten\u00eda prevista para nuestra formaci\u00f3n. Pero mientras estemos en este mundo, estamos en formaci\u00f3n continua.<\/p>\n<div>\n<p>Una Hermana sirviente me preguntaba: \u00ab\u00bfTengo verdaderamente obligaci\u00f3n de hacer la &lt;repetici\u00f3n de oraci\u00f3n&gt; en esta casa en que las Hermanas est\u00e1n formadas hace tiempo?\u00bb En primer lugar, las Hermanas no est\u00e1n formadas hace tiempo; han recibido una formaci\u00f3n que han digerido m\u00e1s o menos, pero si se detienen ah\u00ed, ya no hay nada que hacer.<\/p>\n<p>En la vida religiosa, consagrada, no puede hablarse de detenerse, porque desde el momento en que se detuviera una, todo habr\u00eda acabado. Nuestra vida en este mundo es una marcha, debe ser una continua adquisici\u00f3n, debe estar en continua tensi\u00f3n hacia Dios, sin detenerse nunca. Adem\u00e1s, <em>la formaci\u00f3n <\/em><em>recibida hace 10, 20 \u00f3 40 a\u00f1os, <\/em>tiene que experimentar, en la mism\u00e1 medida que nuestra vida espiritual, en la misma medida en que lo hace la Iglesia, <em>cierta evoluci\u00f3n, cierta transformaci\u00f3n <\/em><em>y progreso. <\/em>Tenemos que permanecer en ese estado de marcha, no de agobio, de perder el aliento, pero s\u00ed de continuidad. Podr\u00edamos hacer nuestra, esta jaculatoria: \u00abno detenerme, no estacionarme&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>No, no podemos estacionarnos. Estacionamos supone la opci\u00f3n inmediata por retroceder, mientras que lo nuestro ha de ser avanzar, avanzar siempre.<\/p>\n<p><em>Para resumir, por lo que se refiere a las Compa&#8217;\u00f1eras y su <\/em><em>formaci\u00f3n, las Santas Reglas ponen a nuestra disposici\u00f3n varios <\/em><em>medios:<\/em><\/p>\n<ul>\n<li><em>La comunicaci\u00f3n espiritual. <\/em>Tenemos que darle esa noci\u00f3n espiritual, ese car\u00e1cter que ha de ser el suyo.<\/li>\n<li><em>Los contactos diversos y fortuitos con nuestras Compa\u00f1eras. <\/em>No es que tengamos que tomar la resoluci\u00f3n de decirles \u00abunapalabra de D\u00edos\u00bb cada vez que hablemos cinco minutos con cada una de ellas. Ser\u00eda muy cansado para nosotras y llegar\u00eda a convertirse en odioso para ellas Pero, adem\u00e1s, es que ser\u00eda ficticio, no real. Sin embargo, <em>en nuestros contactos con las Com<\/em><em>pa\u00f1eras, tendr\u00edamos que ser tales que el Se\u00f1or irradiara a trav\u00e9s <\/em><em>de nosotras, se manifestara en nosotras, <\/em>no tanto en el sentido m\u00edstico, sino porque nuestras decisiones estuvieran s\u00edempre orientadas a El, es decir, orientadas en el sentido de la verdad, de la justicia, de la humildad, de la caridad&#8230; El hecho de estar con nuestras compa\u00f1eras, de convivir con ellas, har\u00e1 que, necesariamente, algo se comunique. Sepamos, en esos contactos, escuchar, no s\u00f3lo en el plano de confidencias, sino escuchar sencillamente lo que digan:<\/li>\n<li>las lecturas,<\/li>\n<li>la formaci\u00f3n, no s\u00f3lo a la vida consagrada, sino tambi\u00e9n <em>a la profesi\u00f3n. <\/em>Ahora se hacen grandes sacrificios con miras a los estudios, y no creo es necesario insistir mucho en ello, porque est\u00e1 en la mente de todas. Hay que hacer estudiar a las Hermanas en la medida en que puedan, que sean capaces.<\/li>\n<\/ul>\n<\/div>\n<div>\n<p>A lo que s\u00ed habr\u00eda tal vez que dedicar m\u00e1s atenci\u00f3n, ser\u00eda a <em>la orientaci\u00f3n. Tenemos que llegar a orientar a cada Hermana <\/em><em>seg\u00fan sus disposiciones personales. <\/em>No digo, de manera absoluta, sus gustos; pero sepamos discernir que tal Compa\u00f1era es apta para este oficio y no para aquel otro.<\/p>\n<p>Por ejemplo, no hay que empe\u00f1arse en orientar hacia la vida hospitalaria a una Hermana que tiene especiales cualidades y aptitudes para ser una buena sierva de los pobres a domicilio. Como tampoco hay que pedir a la que es hospitalaria de coraz\u00f3n que vaya a prestar cuidados a domicilio. Las pondr\u00edamos en un estado de tensi\u00f3n continua, en desacuerdo con ellas mismas.<\/p>\n<p>A pesar de los esfuerzos de virtud que hagan, no llegar\u00e1n a dar la medida en su oficio, ni aun en el plano de su vida espiritual, porque, en el fondo, no estar\u00e1n en la l\u00ednea en que Dios las quiere.<\/p>\n<\/div>\n<p>Adem\u00e1s \u2014y ya s\u00e9 que a veces es muy dif\u00edcil\u2014, <em>hay que hacer <\/em><em>po.sible el ejercicio de la profesi\u00f3n, <\/em>tratar de darles el n\u00famero de empleados o auxiliares necesarios para que puedan llevar una vida equilibrada; cuidar de que no est\u00e9n demasiado sobrecargadas, aunque para ello haya que reducir las obras de la casa, contando con la Visitadora.<\/p>\n<p><em>Es preciso que las Hermanas puedan responder plenamente a <\/em><em>lo que se les pide: <\/em>si las cargamos demasiado, no podr\u00e1n. Que las Hermanas sirvientes est\u00e9n atentas a ello. Las Hermanas, dondequiera est\u00e9n destinadas, deben poder llevar una vida profesional con la perfecci\u00f3n requerida y sin detrimento para su vida espiritual. Es una grave responsabilidad que pesa sobre nosotros, la de compaginar para nuestras compa\u00f1eras el ejercicio de su vida profesional y su vida religiosa. Es una de nuestras obligaciones mayores en la hora actual.<\/p>\n<p>Y terminamos diciendo que, tanto para las Compa\u00f1eras como para nosotras, hemos de volver a esta conclusi\u00f3n, que podr\u00eda en cierto modo ser la l\u00ednea directriz de nuestra acci\u00f3n, dentro de la voluntad de Dios: <em>hacer descubrir el fin. <\/em>Y el fin, ya lo sabemos, no es ser una buena enfermera, ni siquiera una buena religiosa enfermera. El fin es SERVIR A CRISTO <em>y <\/em>darlo a&#8217; los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Las Hermanas tienen que estar convencidas de ello. El fin: amar a Cristo, darlo. Hacer, pues, descubrir el fin es despertar el deseo de la voluntad. Saber lo que nos proponemos y quererlo; tener el deseo constante de amar a Cristo y de darlo a conocer. Despertar el deseo de la voluntad y, despu\u00e9s, sostener el esfuerzo, sin extra\u00f1arse ni desanimarse de las ca\u00eddas, los, retrocesos, las deficiencias.<\/p>\n<p>EN LA LINEA DE DIOS:<\/p>\n<ul>\n<li><em>Hacer descubrir el fin,<\/em><\/li>\n<li><em>despertar el deseo de la voluntad,<\/em><\/li>\n<li><em>sostener el esfuerzo.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Empecemos ahora las reflexiones que debemos hacer acerca de nuestras Compa\u00f1eras, almas que se nos han confiado. Como hemos dicho al principio, no hay Hermanas Sirvientes sino porque hay Hermanas Compa\u00f1eras. 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