{"id":34851,"date":"2022-12-01T08:02:07","date_gmt":"2022-12-01T07:02:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/04\/espiritualidad-vicenciana-consejos-evangelicos\/"},"modified":"2022-08-09T22:17:03","modified_gmt":"2022-08-09T20:17:03","slug":"espiritualidad-vicenciana-consejos-evangelicos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-consejos-evangelicos\/","title":{"rendered":"Espiritualidad vicenciana: Consejos evang\u00e9licos"},"content":{"rendered":"<h2>I. Status quaestionis<\/h2>\n<h3><strong>1. Consejos evang\u00e9licos y vocaci\u00f3n vicenciana<\/strong><\/h3>\n<p>Poco aparece la expresi\u00f3n \u00abConsejos evan\u00adg\u00e9licos\u00bb como tal en los escritos y las conferen\u00adcias que nos han llegado de s. Vicente de Pa\u00fal.<span id='easy-footnote-1-34851' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-consejos-evangelicos\/#easy-footnote-bottom-1-34851' title='As\u00ed, por ejemplo, en las conferencias a los Misione\u00adros (tomos XI\/1 y 2), apenas se encuentra el t\u00e9rmino &amp;#8216;con\u00adsejos evang\u00e9licos&amp;#8217; propiamente dicho m\u00e1s que 8 veces y en 3 conferencias muy relacionadas, las del 14 de febrero, 22 y 29 de agosto de 1959 (XI, 418. 584. 585. 593). Es sig\u00adnificativo que estas tres conferencias traten de las M\u00e1xi\u00admas Evang\u00e9licas y las virtudes fundamentales.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span> Prefiere hablar de \u00abM\u00e1ximas evang\u00e9licas\u00bb y, en\u00adtre ellas, no hay duda de que da una importancia particular a la pobreza, a la castidad y a la obe\u00addiencia. La prueba es que cada una de ellas constituye el objeto de un cap\u00edtulo tanto en las Reglas Comunes de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n, como en las de las Hijas de la Caridad.<span id='easy-footnote-2-34851' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-consejos-evangelicos\/#easy-footnote-bottom-2-34851' title='Las Reglas Comunes de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n se las distribuy\u00f3 el mismo s. Vicente el 17 de mayo de 1658 (XI, 321ss). Por Reglas Comunes de las Hijas de la Caridad se en\u00adtiende habitualmente las que fueron codificadas por el P. Alm\u00e9ras, Superior general y Sor Maturina Gu\u00e9rin, Superio\u00adra general, en 1672. Nosotros preferimos remitir al texto de las Reglas comunes y de las Reglas particulares que s. Vi\u00adcente comenta en sus conferencias, a partir del 29 de sep\u00adtiembre de 1655 (IX, 733ss), y de las cuales nos queda una copia en los archivos de la Casa-Madre. El tomo X de la traducci\u00f3n espa\u00f1ola (pag. 874) ofrece un texto similar con una presentaci\u00f3n y una numeraci\u00f3n un poco diferente.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>\n<p>A partir del Concilio Vaticano II, de nuevo se presentan los tres Consejos Evang\u00e9licos en el orden adoptado por Gregorio de Nisa (castidad, pobreza, obediencia), porque \u00e9l consideraba la castidad perfecta como el elemento clave de la \u00abvida consagrada\u00bb. Nosotros conservaremos aqu\u00ed lo m\u00e1s posible la presentaci\u00f3n de san Vicente por fidelidad a su pensamiento y a su expresi\u00f3n. Por otra parte, es perfectamente indicado que una vocaci\u00f3n orientada hacia los pobres d\u00e9, en su propia l\u00ednea, una cierta prioridad a la pobreza. De todos modos, el compromiso de vivir radicalmente estos Consejos evang\u00e9licos tiende a seguir y a imi\u00adtar, bajo formas diversas, al Verbo encarnado en su abajamiento, por nuestra salvaci\u00f3n, dimensi\u00f3n que tambi\u00e9n est\u00e1 en el coraz\u00f3n de la vocaci\u00f3n vi\u00adcenciana.<\/p>\n<p>Pero lo m\u00e1s importante es notar de conjunto que <em>pobreza, castidad y obediencia est\u00e1n situa\u00addas siempre por s. Vicente en el contexto propio de la vocaci\u00f3n: <\/em>De su finalidad, de su esp\u00edritu y de su naturaleza es de donde ellas reciben su significaci\u00f3n precisa y las modalidades de su pues\u00adta en pr\u00e1ctica. Ciertamente, ellas son la expresi\u00f3n tradicional del don total a Dios en la Iglesia y se\u00adg\u00fan el Evangelio, pero no vamos a discutir aqu\u00ed ni el buen fundamento ni la historia de esta \u00abtr\u00eda\u00adda\u00bb.<span id='easy-footnote-3-34851' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-consejos-evangelicos\/#easy-footnote-bottom-3-34851' title='Ac\u00fadase para este tema a las obras especializadas, por ejemplo, al &lt;em&gt;Dictionnaire de la Vie Spirituelle, &lt;\/em&gt;du Cerf, Paris, 1983, o &lt;em&gt;Diccionario Teol\u00f3gico de la Vida Consagra\u00adda, &lt;\/em&gt;Claretlanas Madrid, 1989.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span> De todas formas, es evidente que la organizaci\u00f3n propiamente dicha de la vida seg\u00fan los Consejos evang\u00e9licos, de cualquier modo que se la conciba o se la presente, es muy posterior a los tiempos de la Iglesia primitiva. La verdadera cuesti\u00f3n es la del origen evang\u00e9lico y apost\u00f3lico de estos modos de vida que, indudablemente, hunden sus ra\u00edces y encuentran sus primeras ex\u00adperiencias en la vida del mismo Cristo y de los ap\u00f3stoles o disc\u00edpulos que le siguieran m\u00e1s de cer\u00adca bajo el signo formal del radicalismo y de la koi\u00adnon\u00eda evang\u00e9licos. De suyo, este ideal se dirige a todos los cristianos seg\u00fan su estado de vida y, en ciertas circunstancias, se impone a ellos, por ejemplo, cuando hay que elegir entre la fidelidad a Cristo y la negaci\u00f3n de la fe. Toda esta ense\u00ad\u00f1anza ha sido reemprendida y renovada por el Concilio Vaticano 11, que hace de la \u00abvida consa\u00adgrada\u00bb, en el sentido m\u00e1s general de esta pala\u00adbra y en la extrema diversidad de sus formas, una presentaci\u00f3n <em>esencialmente carism\u00e1tica <\/em>en el Misterio de la Iglesia.<\/p>\n<h3><strong>2. Un \u00abv\u00ednculo\u00bb definido por las Constituciones<\/strong><\/h3>\n<p>Por eso es interesante, a prop\u00f3sito de la es\u00adpecificidad de la vocaci\u00f3n vicenciana y del lugar que en ella tiene la pr\u00e1ctica de los Consejos evan\u00adg\u00e9licos de pobreza, castidad y obediencia, hacer la confrontaci\u00f3n con las Sociedades de vida apos\u00adt\u00f3lica tales como las define hoy el Derecho Ca\u00adn\u00f3nico:<\/p>\n<p>\u00abA los institutos de vida consagrada (se trata aqu\u00ed evidentemente del sentido jur\u00eddico), se asemejan las sociedades de vida apost\u00f3lica, cuyos miembros, <em>sin votos religiosos, <\/em>buscan el fin apos\u00adt\u00f3lico propio de la sociedad y, llevando vida fra\u00adterna en com\u00fan, seg\u00fan el propio modo de vida, aspiran a la perfecci\u00f3n de la caridad por la ob\u00adservancia de las constituciones.<\/p>\n<p>Entre \u00e9stas, existen sociedades cuyos miem\u00adbros abrazan los consejos evang\u00e9licos mediante un v\u00ednculo determinado por las constituciones\u00bb (CIC c. 731, 1 y 2).<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u00ababrazar\u00bb (assumunt) es impor\u00adtante y tendremos que volver sobre \u00e9l. En cuan\u00adto al \u00abv\u00ednculo\u00bb del que se trata aqu\u00ed, est\u00e1 consti\u00adtuido, para los Sacerdotes de la Misi\u00f3n y para las Hijas de la Caridad, por los votos que ilustran bien la manera en que pobreza, castidad y obediencia se inscriben en su ideal y su vida. De hecho, el voto \u00abespecial\u00bb o \u00abespec\u00edfico\u00bb tiene por objeto su fidelidad a su vocaci\u00f3n de \u00abmisioneros de los pobres\u00bb o de \u00absirvientas de los pobres\u00bb seg\u00fan las Constituciones y Estatutos de su Instituto. Po\u00adbreza, castidad y obediencia son, para ellos, <em>las \u00abarmas\u00bb <\/em>\u2013\u00e9sta es la palabra de san Vicente\u2013 <em>con las que ellos se proveen <\/em>para seguir e imitar a Cris\u00adto, enviado del Padre para llevar la Buena Noticia a los pobres, y dejarse impregnar por su Esp\u00edri\u00adtu. As\u00ed, es como Jes\u00fas se hace la \u00abRegla de la Misi\u00f3n\u00bb (XI, 429) as\u00ed como la \u00abRegla de las Hijas de la Caridad\u00bb (Const. I. 5).<\/p>\n<p>\u00abHabiendo sido enviado Jesucristo al mundo para restablecer el dominio de su Padre en las al\u00admas que le hab\u00eda arrebatado el esp\u00edritu maligno por el amor desordenado a las riquezas, al honor y al placer, que hab\u00eda introducido astutamente en el coraz\u00f3n de los hombres, este benigno Salva\u00addor juzg\u00f3 conveniente combatir a su enemigo con armas contrarias, esto es, la pobreza, la cas\u00adtidad y la obediencia, como \u00e9l lo hizo hasta la muerte.<\/p>\n<p><em>Y habiendo sido suscitada en la Iglesia esta peque\u00f1a Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, para traba\u00adjar por la salvaci\u00f3n de las almas, especialmente de los pobres campesinos, ha cre\u00eddo que <\/em>no po\u00add\u00eda utilizar armas mejores ni m\u00e1s apropiadas que aquellas mismas que con tanto \u00e9xito y ventaja uti\u00adliz\u00f3 la eterna Sabidur\u00eda\u00bb (RC CM, II, 18).<\/p>\n<p>Dos precisiones es necesario hacer a\u00fan:<\/p>\n<ul>\n<li>Los votos, tanto para los Sacerdotes de la Misi\u00f3n como para las Hijas de la Caridad, <em>ratifi\u00adcan y urgen el compromiso que se ha adquirido desde la entrada en el Instituto <\/em>y que comporta, de suyo, la pr\u00e1ctica de los Consejos evang\u00e9licos de pobreza, castidad y obediencia en el esp\u00edritu de la vocaci\u00f3n (ver p. ej. IX, 816, a prop\u00f3sito de la pobreza). Es interesante comprobar que se da hoy precisamente un cierto retorno a una refle\u00adxi\u00f3n sobre estos Consejos evang\u00e9licos como tales y no s\u00f3lo sobre los votos. Sin eso, hay el peligro de olvidar, por una parte, la base aut\u00e9nticamente evang\u00e9lica de los votos y, por otra, las exigencias ilimitadas de los Consejos (ver Dic\u00adcionario Teol\u00f3gico de la Vida Consagrada, 418).<\/li>\n<li>Por lo que concierne a las Hijas de la Caridad, hay que tener en cuenta igualmente el papel tan importante jugado personalmente por <em>santa Luisa de Marillac, <\/em>en particular para la adopci\u00f3n de los Consejos evang\u00e9licos y en el tema de los votos. En el marco de este Diccionario y de este art\u00edcu\u00adlo, centrados esencialmente sobre el pensamien\u00adto de san Vicente de Pa\u00fal, nos limitaremos even\u00adtualmente a las referencias indispensables para una comprensi\u00f3n exacta.<\/li>\n<\/ul>\n<h2>II. Consejos evang\u00e9licos y finalidad de la vocaci\u00f3n seg\u00fan san Vicente<\/h2>\n<h3><strong>1. Primac\u00eda de la finalidad<\/strong><\/h3>\n<p>La finalidad es la que constituye toda socie\u00addad, de cualquier orden que sea: si esta finalidad no existe, o si se pierde de vista, o si no se reactualiza constantemente, la sociedad en cuesti\u00f3n pierde su raz\u00f3n de ser o, al menos, su vitalidad. Esto es particularmente verdadero para las So\u00adciedades de vida apost\u00f3lica, de las que hemos vis\u00adto que dice el Derecho Can\u00f3nico que <em>su primer elemento constitutivo es su fin apost\u00f3lico pro\u00adpio: <\/em>Nada hay m\u00e1s importante que hacer de es\u00adta finalidad una realidad, porque ella es el valor principal que da su verdadero sentido a todos los otros, cualquiera que sea su importancia.<\/p>\n<p>San Vicente es muy claro a este prop\u00f3sito. \u00c9l dice, por ej., a los Sacerdotes de la Misi\u00f3n: \u00abA eso hemos sido llamados. S\u00ed, nuestro Se\u00f1or pide de nosotros que evangelicemos a los pobres: es lo que \u00e9l hizo y lo que quiere seguir haciendo por medio de nosotros. Tenemos muchos motivos pa\u00adra humillarnos en este punto, al ver que el Padre eterno nos destina a lo mismo que destin\u00f3 a su Hijo, que vino a evangelizar a los pobres y que in\u00addic\u00f3 esto como se\u00f1al de que era el Hijo de Dios y de que hab\u00eda venido el mes\u00edas que el pueblo es\u00adperaba. Tenemos, pues, contra\u00edda una grave obli\u00adgaci\u00f3n con su bondad infinita, por habernos es\u00adcogido entre tantos y tantos otros, m\u00e1s dignos de este honor y m\u00e1s capaces de responder a \u00e9l que nosotros\u00bb (XI, 386).<\/p>\n<p>Lo mismo dice a las Hijas de la Caridad: \u00abTe\u00adn\u00e9is que pensar con frecuencia que vuestro prin\u00adcipal negocio y lo que Dios os pide particular\u00admente es que teng\u00e1is mucho cuidado en servir a los pobres, que son vuestros se\u00f1ores. S\u00ed, her\u00admanas m\u00edas, son nuestros amos. Por eso, ten\u00e9is que tratarlos con mansedumbre y cordialidad, pensando que por eso os ha puesto juntas y os ha asociado Dios, que por eso Dios ha hecho vuestra Compa\u00f1\u00eda\u2026 \u00a1Qu\u00e9 felices sois, hijas m\u00edas, por haberos destinado Dios a esto, para toda vuestra vida!\u00bb (IX, 125).<\/p>\n<p>Podr\u00edamos multiplicar citas de esta clase con su consecuencia primordial: Sacerdotes de la Mi\u00adsi\u00f3n e Hijas de la Caridad est\u00e1n llamados a san\u00adtificarse esencial y radicalmente (\u00abprimo, propriae perfectioni studere\u00bb) <em>para, en y por su vida apos\u00adt\u00f3lica misma. <\/em>Es su mismo \u00abministerio\u00bb apost\u00f3\u00adlico el que realiza su condici\u00f3n de disc\u00edpulos de Cristo; no se contenta con reclamarla en cierto sentido como un \u00abprevio\u00bb; la hace acaecer en un acto de participaci\u00f3n en la Misi\u00f3n misma de Je\u00adsucristo, seg\u00fan las perspectivas y seg\u00fan el tipo que les son propios. Propiamente hablando, no hay otro \u00abprevio\u00bb que esta misma Caridad hacia Dios y hacia los hombres, de la que el Concilio Vaticano II dice precisamente que es \u00abel alma de todo apostolado\u00bb (cf. LG n\u00ba 33 y Decreto sobre el apostolado de los laicos n\u00ba 14 y 29). A\u00f1ade adem\u00e1s que \u00abel Esp\u00edritu Santo suscita en la Igle\u00adsia Institutos que se encargan, como por oficio propio, de la misi\u00f3n de evangelizaci\u00f3n que per\u00adtenece a toda la Iglesia\u00bb (Ad Gentes n\u00ba 23).<\/p>\n<p>Hay aqu\u00ed, pues, una llamada a seguir a Jesu\u00adcristo con un acento de radicalidad: <em>no se puede acoger su misi\u00f3n sin acogerlo a \u00e9l mismo; <\/em>no se puede ejercer su misi\u00f3n sin que su propia vida y su propio testimonio pasen a trav\u00e9s del Misionero o de la Hija de la Caridad. Cuando los Consejos evang\u00e9licos de pobreza, castidad y obediencia se asumen expl\u00edcitamente, expresan m\u00e1s a\u00fan esta radicalidad del don total en el tener, el ser y el ha\u00adcer. Esto forma cuerpo, en el pensamiento de san Vicente, con un \u00abapostolado\u00bb (en el sentido m\u00e1s fuerte de la palabra) que nos hace entrar, al mismo tiempo, en el ser mismo y en la misi\u00f3n misma de Jesucristo con los pobres. Se ve qu\u00e9 grado de intimidad hay que tener con \u00c9l para que su vida y su testimonio pasen de este modo a tra\u00adv\u00e9s de nosotros, y para ser signos de Aqu\u00e9l que ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdi\u00addo. Este amor absolutamente gratuito no es otro que el de Dios para con los hombres y es \u00c9l quien nos precede, nos llena, nos impulsa.<\/p>\n<h3><strong>2. Disponibilidad para la finalidad<\/strong><\/h3>\n<p>Tambi\u00e9n es a las Reglas comunes de los Sa\u00adcerdotes de la Misi\u00f3n a las que podemos pedir los textos m\u00e1s sugerentes: \u00abY para que esta con\u00adgregaci\u00f3n llegue, mediante la gracia de Dios, al fin que se ha propuesto, tiene que hacer todo lo posible por revestirse del esp\u00edritu de Jesucristo, tal como aparece principalmente en las m\u00e1ximas evang\u00e9licas, en su pobreza, su castidad, su obe\u00addiencia, su caridad con los enfermos, su mo\u00addestia, su manera de vivir y de obrar que luego prescribi\u00f3 a sus disc\u00edpulos, su conversaci\u00f3n, sus ejercicios diarios de piedad, sus misiones y sus otras ocupaciones para con los pueblos\u00bb (RC de la CM, 1, 3).<\/p>\n<p>N\u00f3tese que la \u00abtr\u00edada\u00bb est\u00e1 encuadrada en las m\u00e1ximas evang\u00e9licas y todo un comportamiento de Cristo y de sus disc\u00edpulos. Pero sigue estando claro, a trav\u00e9s de ello, que la finalidad de la voca\u00adci\u00f3n vicenciana exige una total disponibilidad: \u00abCuando [la compa\u00f1\u00eda] llegue a consumirse y re\u00adducirse a la nada por hacer el bien, entonces ha\u00adbr\u00e1 hecho todo lo que puede pretender hacer. Con\u00adsumirse por Dios, no tener bienes ni fuerzas m\u00e1s que para gastarlos por Dios, es lo que hizo nues\u00adtro Se\u00f1or, que se consumi\u00f3 por amor a su Padre\u00bb (Diario de los \u00faltimos d\u00edas de san Vicente X, 222).<\/p>\n<p>La misma idea se recoge en las actuales Cons\u00adtituciones de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n (III, 28) y a\u00fan m\u00e1s expl\u00edcitamente, en las de ias Hijas de la Caridad: \u00abPara seguir a Cristo m\u00e1s de cerca y para continuar su misi\u00f3n, las Hijas de la Caridad eligen vivir total y radicalmente los Consejos evan\u00adg\u00e9licos de castidad, pobreza y obediencia que las hacen disponibles para la finalidad de su Com\u00adpa\u00f1\u00eda: el servicio de Cristo en los pobres\u00bb (I, 5).<\/p>\n<p>Pobreza, castidad y obediencia, vividas en es\u00adte cuidado por la fidelidad al designio de Dios so\u00adbre los Sacerdotes de la Misi\u00f3n y sobre las Hijas de la Caridad y en el camino de santidad que de\u00adbe ser el suyo, les permitir\u00e1 \u00abconformar su vida a la que nuestro Se\u00f1or ha llevado sobre la tierra. Vi\u00adno nuestro Se\u00f1or y fue enviado por su Padre a evangelizar a los pobres\u2026 como, por la gracia de Dios, trata de hacer la peque\u00f1a compa\u00f1\u00eda\u2026 pues \u00e9sta es nuestra finalidad\u00bb (IX, 323).<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n <em>\u00abd\u00e9monos a Dios para\u2026\u00bb, <\/em>tan\u00adtas veces repetida por san Vicente, expresa bien esta insistente invitaci\u00f3n a consagrarse totalmente a la misi\u00f3n de Jesucristo, quien, para cumplir la voluntad del Padre llevando la Buena Noticia a los pobres, ha llegado hasta a la cruz: \u00abNo hay amor m\u00e1s grande que dar la vida por aqu\u00e9llos a quienes se ama\u00bb (Jn 15, 13).<\/p>\n<p>Es interesante notar a este respecto que san Vicente valora, sin nombrarlo, el sacerdocio bau\u00adtismal como tal,<span id='easy-footnote-4-34851' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-consejos-evangelicos\/#easy-footnote-bottom-4-34851' title='La contra-reforma cat\u00f3lica, para reaccionar contra el Protestantismo, ha privilegiada indebidamente a veces el Sacerdocio ministerial. El Concilio Vaticano II devolver\u00e1 su honor al Sacerdocio bautismal. S. Vicente y otros miembros de la Escuela francesa de espiritualidad no han perdido nunca de vista la verdadera doctrina de la Iglesia, aunque el vocabulario no es el que nosotros empleamos hoy (cf. IX, 25; XI, 646).'><sup>4<\/sup><\/a><\/span> como consecuencia del don que Jes\u00fas hace de s\u00ed mismo: \u00abLa primera raz\u00f3n que tenemos para estar agradecidos a Dios por el estado en que nos ha puesto, por su miseri\u00adcordia, es que es \u00e9se el estado en que puso a su Hijo, que dice de s\u00ed mismo: Evangelizare paupe\u00adribus misit me. \u00a1Qu\u00e9 gran consuelo encontrarnos en este estado!. \u00a1Cu\u00e1nto hemos de agradec\u00e9rselo a Dios! \u00a1Evangelizar a los pobres como nuestro Se\u00f1or y de la misma manera que \u00e9l lo hac\u00eda, utilizando las mismas armas, combatiendo las pa\u00adsiones y los deseos de tener riquezas, placeres y honores! Es verdad que nuestro Se\u00f1or no te\u00adn\u00eda estos defectos ni estas pasiones, pero prac\u00adtic\u00f3 de forma admirable y eminente las virtudes contrarias a estos defectos, deseos y pasiones, a saber, la pobreza, la castidad y la obediencia. \u00a1Dios m\u00edo! \u00a1Hasta d\u00f3nde llev\u00f3 \u00e9l la pr\u00e1ctica de es\u00adtas virtudes! \u00a1Nacer pobre, vivir pobre y morir po\u00adbre! La pureza y la castidad fueron admirables en \u00e9l. En cuanto a la obediencia, muri\u00f3 por ella: Fac\u00adtus obediens usque ad modem. \u00a1Dios m\u00edo! \u00bfNo tenemos motivos para agradecer a Dios el vernos en este estado?\u00bb (XI, 639).<\/p>\n<p>Los votos refuerzan a\u00fan m\u00e1s esta dimensi\u00f3n de \u00abdon total para\u2026\u00bb, y san Vicente a\u00f1ade: \u00abPido a la compa\u00f1\u00eda que agradezca a Dios la instituci\u00f3n de la compa\u00f1\u00eda y la vocaci\u00f3n de cada uno en ella, por encontrarnos en este estado de la religi\u00f3n de san Pedro o, mejor dicho, de Jesucristo. Salvador m\u00edo, has esperado mil seiscientos a\u00f1os para sus\u00adcitar una compa\u00f1\u00eda que hiciera profesi\u00f3n expresa de continuar la misi\u00f3n que te hab\u00eda encargado tu Padre en la tierra y que utilizara los mismos medios que t\u00fa utilizaste, haciendo profesi\u00f3n de guardar la pobreza, castidad y obediencia\u2026 Se\u00ad\u00f1or, conc\u00e9denos la gracia de hacernos dignos de esta misi\u00f3n y de nuestra vocaci\u00f3n, combatiendo generosamente ese vicio de la pasi\u00f3n y del deseo de riquezas, de placeres y de honores, mediante la pr\u00e1ctica de la pobreza, castidad y obediencia, y de tener siempre en las manos la hoz de la mor\u00adtificaci\u00f3n para mejor conseguirlo y dejar nuestro ejemplo a la posteridad. Es \u00e9sta, Se\u00f1or, la gracia que te pedimos\u00bb (XI, 647).<\/p>\n<h2>III. Cosejos evang\u00e9licos y esp\u00edritu de la vocaci\u00f3n, seg\u00fan san Vicente<\/h2>\n<p>Entre las M\u00e1ximas evang\u00e9licas, san Vicente pide a los Misioneros retener m\u00e1s particularmente, como \u00abesp\u00edritu\u00bb propio, la sencillez, la humil\u00addad, la mansedumbre, la mortificaci\u00f3n y el celo (RC CM, 11, 14). Del mismo modo, dice a las Hijas de la Caridad que la humildad, la sencillez y la caridad deben ser como las facultades del al\u00adma que anima el cuerpo de la Compa\u00f1\u00eda y a ca\u00adda uno de sus miembros (RC HC II&#8217; 3).<\/p>\n<p>Es necesario, pues, que pobreza, castidad y obediencia sean vividas en este esp\u00edritu vivifica\u00addor y unificador y seg\u00fan el carisma que \u00e9l con\u00adfiere a los Fundadores y a sus disc\u00edpulos.<span id='easy-footnote-5-34851' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-consejos-evangelicos\/#easy-footnote-bottom-5-34851' title='A prop\u00f3sito de los carismas, Juan Pablo II escribe, por ej.: \u00abLos carismas se dan a una persona determinada, pero pueden ser participados por otras, de suerte que se mantienen a trav\u00e9s del tiempo como una herencia viva y pre\u00adciosa que engendra una afinidad espiritual particular entre numerosas personas\u00bb (Exh. Ap. Christifideles laici, n\u00ba 24).'><sup>5<\/sup><\/a><\/span> A su vez, ellas contribuyen a conferir en la vida seg\u00fan este esp\u00edritu, absolutamente primordial, su ca\u00adr\u00e1cter de radicalidad para dejarse asimilar cada vez m\u00e1s a Jesucristo y continuar su misi\u00f3n en la l\u00ednea propia de la vocaci\u00f3n en el seno de la Igle\u00adsia.<\/p>\n<h3><strong>1. Esp\u00edritu que vivifica<\/strong><\/h3>\n<p>Finalmente, no hay m\u00e1s que un \u00ababsoluto\u00bb: la vida en el Esp\u00edritu, la vida bajo la moci\u00f3n del Esp\u00edritu: \u00abLo mismo que un cuerpo, cuando se queda sin esp\u00edritu, est\u00e1 muerto, tambi\u00e9n una Hi\u00adja de la Caridad que no tiene su esp\u00edritu est\u00e1 muerta. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la caridad de esa hermana que no tiene nada de humildad, ni sencillez, y que no sirve a los pobres con agrado y amor? Es\u00adt\u00e1 muerta. Pero si tiene esas virtudes, vive, por\u00adque son la vida de su esp\u00edritu\u00bb (IX, 536).<\/p>\n<p>Se puede aplicar, pues, a estas \u00abvirtudes de estado\u00bb, y a los Consejos evang\u00e9licos en rela\u00adci\u00f3n con ellas, lo que san Vicente dice de las Re\u00adglas que piden unas y otros: \u00abHay que esperar de la bondad de Dios, hermanos m\u00edos, de vuestras disposiciones actuales y de la gracia de la compa\u00f1\u00eda, que ha hecho estas reglas como un resu\u00admen del evangelio, acomodado al uso que m\u00e1s necesitamos para unirnos a Jesucristo y respon\u00adder a sus designios, que nos conceder\u00e1 la gracia de llevar cada m\u00e1xima y cada regla al \u00faltimo grado de perfecci\u00f3n\u2026 As\u00ed pues, por su miseri\u00adcordia, estamos muy dispuestos y obligados a practicar sus m\u00e1ximas, si no son contrarias al ins\u00adtituto.<span id='easy-footnote-6-34851' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-consejos-evangelicos\/#easy-footnote-bottom-6-34851' title='Aqu\u00ed, s. Vicente expresa vigorosamente que cada ins\u00adtituto da prioridad, sin exclusiva, a ciertas M\u00e1ximas evan\u00adg\u00e9licas en funci\u00f3n del carisma propio.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span> Llenemos de ellas nuestro esp\u00edritu, llene\u00admos nuestro coraz\u00f3n de su amor y vivamos en consecuencia\u00bb (XI, 427s).<\/p>\n<p>Igualmente, si las \u00abvirtudes de estado\u00bb son estrictamente necesarias para la Misi\u00f3n y para el Servicio a los pobres, son primero \u2013y por esta mis\u00adma raz\u00f3n\u2013 necesarias en la relaci\u00f3n con Dios a fin de acoger su don y su gracia, comenzando por es\u00adtas mismas virtudes. El \u00abdiscernimiento de esp\u00ed\u00adritu\u00bb exige mucha pobreza de coraz\u00f3n y de esti\u00adlo de vida, una profunda pureza de la mirada, una total disponibilidad a la voluntad de Dios, tal co\u00admo se nos manifiesta por las mediaciones de que \u00e9l usa habitualmente. San Vicente no ha dejado de hacer aqu\u00ed la referencia al serm\u00f3n de la mon\u00adta\u00f1a y sobre todo, a las bienaventuranzas (XI, 419). El Sacerdote de la Misi\u00f3n y la Hija de la Caridad se har\u00e1n disc\u00edpulos de Jesucristo y, en particular, <em>vivir\u00e1n la pobreza, la castidad y la obediencia d\u00e1n\u00addoles el estilo propio del \u00abestado de caridad\u00bb que es el suyo <\/em>y que san Vicente define de este modo: \u00ab<em>Oh, Salvador, que viniste a traernos esta ley de amar al pr\u00f3jimo como a s\u00ed mismo, que tan per\u00adfectamente la practicaste entre los hombres, no s\u00f3lo a su manera, sino de una forma incompara\u00adble, s\u00e9 t\u00fa, Se\u00f1or, nuestro agradecimiento por ha\u00adbernos llamado a este estado de vida de estar con\u00adtinuamente amando al pr\u00f3jimo, s\u00ed, a este <\/em><em>estado y profesi\u00f3n de entrega a este amor, ocupados en el ejercicio actual del mismo o en disposici\u00f3n de ello, abandonando incluso cualquier otra ocupa\u00adci\u00f3n para dedicarnos a las obras caritativas\u00bb <\/em>(XI, 564).<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s t\u00edpico a este prop\u00f3sito que la fa\u00admosa conferencia de san Vicente a las Hijas de la caridad sobre la imitaci\u00f3n de las muchachas del campo, el 25 de enero de 1643 (IX, 91ss). \u00c9l co\u00adloca la pobreza, la castidad y la obediencia en el esp\u00edritu de estas \u00abbuenas muchachas de pue\u00adblo\u00bb. Destacando su sencillez y su humildad, y en\u00adlazada con estas virtudes, insiste sobre su so\u00adbriedad (pobreza), su pureza, su sumisi\u00f3n (obe\u00addiencia). El todo forma una verdadera \u00abfisonom\u00eda espiritual\u00bb y se resume en esta frase caracter\u00eds\u00adtica: \u00ab<em>As\u00ed es, hijas m\u00edas, como ten\u00e9is que ser, si quer\u00e9is ser <\/em>verdaderas Hijas de la Caridad\u00bb (IX, 94).<\/p>\n<p>San Vicente dir\u00e1 m\u00e1s expl\u00edcitamente el 21 de julio de 1651: \u00abTodas vuestras reglas tienden a convertiros en buenas cristianas, buenas siervas de Dios y buenas Hijas de la Caridad\u00bb (IX, 1080).<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s, aparece el enraizamiento bau\u00adtismal de la vocaci\u00f3n. Es antes que la letra, la en\u00adse\u00f1anza del Concilio Vaticano II sobre la vocaci\u00f3n universal a la santidad a trav\u00e9s de los diversos estados de vida: \u00abLos consejos evang\u00e9licos de castidad consagrada a Dios, de pobreza y de obediencia, como fundados en las palabras y ejemplos del Se\u00f1or, y recomendados por los Ap\u00f3stoles y Padres, as\u00ed como por los doctores y pastores de la Iglesia, son un don divino que la Iglesia recibi\u00f3 de su Se\u00f1or y que con su gracia con\u00adserva siempre\u00bb (LG n\u00ba 43).<\/p>\n<p>San Vicente tiene de Cristo una visi\u00f3n selec\u00adtiva, como <em>Adorador del Padre, Servidor de su designio de amor, Portador de la Buena Nueva a los pobres: <\/em>Por este Cristo es por quien se sien\u00adte interpelado para identificarse a \u00e9l y proseguir su misi\u00f3n. Pobreza, castidad y obediencia tienden, de suyo, a esta identificaci\u00f3n tan radical corno sea posible con el Cristo casto, pobre y obediente, pero siempre en la l\u00ednea de la especificidad de la vocaci\u00f3n y de su esp\u00edritu. Hemos visto que las Re\u00adglas comunes hablan de los Consejos evang\u00e9li\u00adcos despu\u00e9s de haber hablado de las virtudes fundamentales que traducen el esp\u00edritu del Insti\u00adtuto y que deben, por consiguiente, impregnar toda su vida, bajo todos sus aspectos, y en par\u00adticular el modo de practicar los Consejos evan\u00adg\u00e9licos. Es, como dice san Vicente, una cuesti\u00f3n de vida o muerte.<\/p>\n<h3><strong>2. Esp\u00edritu que unifica<\/strong><\/h3>\n<p>Recogiendo la comparaci\u00f3n de san Vicente, el alma, principio vital, unifica el organismo que, sin ella, se desintegra, se descompone. De igual mo\u00addo, el esp\u00edritu es fuente de unidad de vida ani\u00adm\u00e1ndonos de un carisma determinado en torno al cual todas las cosas adquieren su verdadero sentido y, al mismo tiempo, es fuente de uni\u00f3n entre los miembros de la comunidad anim\u00e1ndo\u00adlos del mismo soplo. En los dos casos, las \u00abvir\u00adtudes de estado\u00bb \u2013que san Vicente llama a veces \u00abvirtudes de cuerpo\u00bb\u2013 imponen, pues, la manera de vivir la castidad, la pobreza y la obediencia.<\/p>\n<p>Hablando de la fidelidad a Dios en la voca\u00adci\u00f3n, san Vicente dice a las Hijas de la Caridad: \u00abLa primera raz\u00f3n que tenemos para entregarnos a Dios, pero de verdad, para serle fieles, es que os hab\u00e9is entregado vosotras mismas a \u00e9l en la Com\u00adpa\u00f1\u00eda con la intenci\u00f3n de vivir y morir en ella; y cuando entrasteis, as\u00ed lo hab\u00e9is prometido; algu\u00adnas de vosotras incluso lo han prometido solem\u00adnemente\u00bb (IX, 566).<\/p>\n<p>Esta fidelidad comporta, pues, una manera de vivir los Consejos evang\u00e9licos en tanto que miembros del Instituto y en tanto que miembros de una comunidad local. Lo que est\u00e1 en juego es tambi\u00e9n el sentido de pertenencia a la Compa\u00f1\u00eda. Ciertamente, el v\u00ednculo entre la castidad y la vi\u00adda comunitaria ha sido puesto de relieve muchas veces. La castidad del Sacerdote de la Misi\u00f3n y de la Hija de la Caridad as\u00ed como desemboca en la misi\u00f3n y el servicio de los pobres, del mismo modo desemboca en una vida fraterna que par\u00adte y est\u00e1 en funci\u00f3n de esta misi\u00f3n y de este ser\u00advicio de [os pobres, y a su vez recibe el apoyo de una amistad humana y sobrenatural, de una co\u00admuni\u00f3n en el Cristo Servidor y Portador de la Bue\u00adna Nueva a los pobres.<\/p>\n<p>Otro tanto podemos decir de la pobreza y de la obediencia y de su relaci\u00f3n \u00edntima y rec\u00edproca con la vida comunitaria vicenciana en su especi\u00adficidad. Es precisamente esta \u00abespecificidad\u00bb lo que constituye, una vez m\u00e1s, el centro de nues\u00adtra reflexi\u00f3n sobre los Consejos evang\u00e9licos y, en particular, del sentido de pertenencia a la co\u00admunidad a todos sus niveles. La humildad, por ejemplo, se hace aqu\u00ed receptiva al don de Dios y, especialmente, al don de la castidad, de la po\u00adbreza, de la obediencia seg\u00fan la vocaci\u00f3n y dis\u00adponibilidad de humilde dependencia en la verdad. Como dice la Madre Guillemin, \u00abla castidad es pa\u00adra la caridad; la castidad perfecta es para la ple\u00adnitud de la caridad\u00bb (Circular del 2 feb. 1966).<\/p>\n<p>La pobreza \u2013sobre todo bajo su aspecto de \u00abdependencia\u00bb\u2013 est\u00e1 en armon\u00eda con una voca\u00adci\u00f3n en la que se quiere estar \u00abajustado\u00bb a los po\u00adbres. Lo mismo sucede con la obediencia; y a su vez, la obediencia activa y responsable se ve favorecida por una aut\u00e9ntica humildad en uni\u00f3n con Jesucristo que \u00abentra libremente en su pa\u00adsi\u00f3n\u00bb (II Plegaria Eucar\u00edstica).<\/p>\n<p>La sencillez va a la par con la castidad, porque ella proclama la \u00abtransparencia\u00bb de un coraz\u00f3n to\u00adtalmente entregado y totalmente abierto a Dios y a los otros. Es tambi\u00e9n una ruta de claridad y de verdad. En cuanto al v\u00ednculo entre la sencillez y la pobreza, entre la sencillez y la obediencia es, por decir, evidente.<\/p>\n<p>El celo apost\u00f3lico, finalmente, no es aut\u00e9nti\u00adco m\u00e1s que si traduce una ardiente caridad en\u00adraizada en la mortificaci\u00f3n y nos configura a la actitud de Cristo respecto a todos y, en particu\u00adlar, respecto a los peque\u00f1os: \u00abAprended de m\u00ed que soy manso y humilde de coraz\u00f3n\u00bb a\u00f1ade Cristo despu\u00e9s de haber dicho: \u00abVenid a m\u00ed, to\u00addos los que est\u00e1is cansados y agobiados y yo os dar\u00e9 reposo\u00bb (Mt 11, 283).<\/p>\n<p>Pobreza, castidad y obediencia quieren ser signo de radicalidad en el amor y tocan la ley m\u00e1s fundamental de este amor que es la ley de \u00abto\u00adtalidad\u00bb: la medida del amor es amar sin medida (ver la conferencia de SV sobre la caridad X1, 551ss).<\/p>\n<h2>IV. Consejos evang\u00e9licos y naturaleza de la vocaci\u00f3n, seg\u00fan san Vicente<\/h2>\n<p>Hay dos convicciones inseparables. Si el servicio de los pobres debe ser preferido a todo, seg\u00fan la fuerte expresi\u00f3n de san Vicente, es evi\u00addente que esto supone una vida polarizada por este don total en lo que tiene de particular. El es\u00adtatuto \u00aboriginal\u00bb que viven los Sacerdotes de la Misi\u00f3n y las Hijas de la Caridad en la Iglesia, le\u00adjos de minimizar la plenitud y radicalidad de su \u00abconsagraci\u00f3n\u00bb, las postula de un modo impera\u00adtivo, concretamente a trav\u00e9s de los Consejos evang\u00e9licos, pero, como hemos visto, en funci\u00f3n de esa especificidad.<\/p>\n<h3><strong>1. Un estatuto original<\/strong><\/h3>\n<p>Hemos dicho que el reconocimiento oficial por la Iglesia, en su Derecho Can\u00f3nico, de las So\u00adciedades de vida apost\u00f3lica nos permite precisar y situar mejor la identidad de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Ca\u00adridad. Es una manera verdaderamente especial de \u00abhacer profesi\u00f3n\u00bb, seg\u00fan la expresi\u00f3n bien co\u00adnocida de las Reglas particulares de las Herma\u00adnas de las parroquias que san Vicente explica en su conferencia del 24 de agosto de 1659 (IX, 1179) y que el P. Alm\u00e9ras hizo pasar a las Reglas co\u00admunes. Las Constituciones de las Hijas de la Ca\u00adridad (1, 9) han recogido el texto primitivo de lo que ellas consideran su \u00abcarta magna\u00bb: <em>\u00abConsi\u00adderar\u00e1n que no pertenecen a una religi\u00f3n, ya que <\/em>ese estado no va bien con las ocupaciones de su vocaci\u00f3n. Sin embargo, como est\u00e1n m\u00e1s ex\u00adpuestas a las ocasiones de pecado que las reli\u00adgiosas obligadas a la clausura, no teniendo m\u00e1s monasterio que las casas de los enfermos y aque\u00adlla en que reside la superiora; por celda, un cuar\u00adto de alquiler;\u2026 y, como no han hecho ninguna otra profesi\u00f3n para asegurar su vocaci\u00f3n m\u00e1s que la confianza continua que tienen en la divina Providencia y la ofrenda que le han hecho de todo cuanto ellas son y del servicio que le prestan en la persona de los pobres; por todas estas razones tienen que tener tanta o m\u00e1s virtud que si hubieran profesado en una orden religiosa\u00bb.<\/p>\n<p>Sin duda, estamos en el coraz\u00f3n de la voca\u00adci\u00f3n y esto vale, positis ponendis, para los Sa\u00adcerdotes de la Misi\u00f3n. El t\u00e9rmino \u00abprofesi\u00f3n\u00bb se emplea aqu\u00ed con todas sus resonancias espiri\u00adtuales. Si otros viven la plenitud de su bautismo a trav\u00e9s de su consagraci\u00f3n (o \u00abprofesi\u00f3n\u00bb) reli\u00adgiosa, para san Vicente y sus disc\u00edpulos, hay una llamada a vivir radicalmente <em>la uni\u00f3n \u00edntima y re\u00adc\u00edproca del don total y del servicio (o de la misi\u00f3n). <\/em>Claramente, se ve aqu\u00ed el primado absoluto del amor a Dios vivido en este servicio o en esta mi\u00adsi\u00f3n.<\/p>\n<p>Si este estatuto equivale a \u00absecularidad\u00bb, lo es precisamente en este sentido. Para los Sa\u00adcerdotes de la Misi\u00f3n, se da tambi\u00e9n el hecho de no ser del clero diocesano. Pero, para ellos, co\u00admo para las Hijas de la Caridad, est\u00e1 especificamente la vocaci\u00f3n a vivir las rudas exigencias del don total en el seno del servicio misionero como tal y a vivir este servicio misionero como pura transparencia del don total.<\/p>\n<p>Este primado de la Misi\u00f3n o del Servicio no se comprende, en efecto, m\u00e1s que si se le ve co\u00admo un ir al encuentro de Jesucristo, o dicho de otra manera, la presencia y la acci\u00f3n de su Esp\u00ed\u00adritu en el coraz\u00f3n y en la vida de los hombres, de los pobres. La conformidad, tan perfecta como sea posible, con la voluntad de Dios se expresa en \u00e9l esencialmente por medio de la Caridad que va al encuentro de las necesidades de estos hombres y de estos pobres. Es lo que escribe san Vicen\u00adte a sor Ana Hardemont: \u00abHermana, qu\u00e9 conso\u00adlada se sentir\u00e1 usted en la hora de la muerte por haber consumido su vida por el mismo motivo por el que nuestro Se\u00f1or dio la suya! \u00a1Por la caridad, por Dios, por los pobres!\u2026 \u00bfY qu\u00e9 mayor acto de amor se puede hacer que entregarse a s\u00ed mismo por completo, de estado y de oficio, por la sal\u00advaci\u00f3n y el alivio de los afligidos? En eso, est\u00e1 to\u00adda nuestra perfecci\u00f3n\u00bb (VI1, 326).<\/p>\n<h3><strong>2. Consumirse por Dios en la persona de los pobres<\/strong><\/h3>\n<p>No nos extra\u00f1ar\u00e1, pues, encontrarnos con un vocabulario propiamente sacrificial : ofrenda, oblaci\u00f3n, incluso holocausto: \u00abEn los antiguos sacri\u00adficios hab\u00eda la diferencia de que el holocausto era un sacrificio hecho a Dios, en donde toda la v\u00edc\u00adtima quedaba consumida por el fuego y de la que no se reservaba nada para el sacrificador ni para quien ofrec\u00eda el sacrificio. Pues bien, una perso\u00adna que hace los votos de pobreza, castidad y obediencia se lo da todo a Dios, renunciando a los bienes, placeres y honores; es un perfecto holo\u00adcausto, hermanos m\u00edos, ya que se le sacrifica a Dios el entendimiento, as\u00ed como el propio juicio y la voluntad propia\u00bb (XI, 643).<\/p>\n<p>Las Constituciones de las Hijas de la Caridad, tomando una expresi\u00f3n de Pablo VI a prop\u00f3sito de Mar\u00eda (cf. Const. 11, 16 <em>y Marialis Cultus <\/em>n. 21), les mandan hacer de su vida un culto a Dios y de su culto un compromiso de vida. Si hay un holo\u00adcausto que sea mucho m\u00e1s agradable al Se\u00f1or que el perfume de los sacrificios rituales y la ob\u00adservancia rigurosa del Sabbat, es el de una vida puesta totalmente, por su amor, al servicio de los m\u00e1s despose\u00eddos y de los m\u00e1s abandonados. Los m\u00e1s humildes instantes, las m\u00e1s humildes ac\u00adciones de nuestras vidas son de este modo va\u00adloradas de un modo incre\u00edble: predicar el Evangelio a los pobres con toda sencillez, lo mismo que la\u00advarles los pies o vaciar las vasijas en seguimien\u00adto de Cristo Servidor, se convierte en participa\u00adci\u00f3n en el sacrificio de Jes\u00fas. Por otra parte, es este sacrificio el que celebramos en la Eucarist\u00eda donde <em>\u00abno es s\u00f3lo el sacerdote el que ofrece el santo sacrificio, sino todos los que asisten a \u00e9l\u2026 es el centro de la devoci\u00f3n\u00bb <\/em>(IX, 24; cf. tambi\u00e9n XI, 646).<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino \u00abasumir\u00bb (en lugar de \u00abprofesar\u00bb en sentido estricto) los Consejos evang\u00e9licos que emplea el canon 731, 2, al distinguir las Socieda\u00addes de vida apost\u00f3lica de los Institutos religio\u00adsos, muestra bien que, aunque hay diferencia de identidad, no hay la menor oposici\u00f3n en cuanto a la radicalidad del compromiso.<\/p>\n<p>San Vicente lo dice de un modo que no se pue\u00adde mejorar en claridad: \u00abDe los religiosos, se di\u00adce que est\u00e1n en un estado de perfecci\u00f3n; noso\u00adtros no somos religiosos, pero podemos decir que estamos en un estado de caridad, ya que es\u00adtamos continuamente ocupados en la pr\u00e1ctica re\u00adal del amor o en disposici\u00f3n de ello\u00bb (XI, 564).<\/p>\n<p>En este sentido, es en el que hay que com\u00adprender una frase como \u00e9sta de las Constitucio\u00adnes de las Hijas de la Caridad (II, 4): \u00abPara servir a Cristo en los pobres, las Hijas de la Caridad se comprometen a vivir su consagraci\u00f3n bautismal por la pr\u00e1ctica de los Consejos evang\u00e9licos de castidad, pobreza y obediencia, <em>que reciben de es\u00adte servicio su car\u00e1cter espec\u00edfico\u00bb. <\/em><\/p>\n<p>Hemos tenido ya ocasi\u00f3n de citar aquellas pa\u00adlabras tan claras de san Vicente a prop\u00f3sito de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n: \u00abHace profesi\u00f3n ex\u00adpresa de continuar la misi\u00f3n\u00bb para la que el Padre hab\u00eda enviado a su Hijo y se sirve para ello de los mismos medios. Esto muestra cu\u00e1nto importa no ser simplista cuando se trata del pensamiento de san Vicente. Cuanto m\u00e1s netas son las nervaduras esenciales y constitutivas, tanto m\u00e1s sabe \u00e9l ser realista y pragm\u00e1tico para integrar, \u00abnaturaliz\u00e1ndolos\u00bb de alg\u00fan modo, todos los ele\u00admentos que pueden confirmar su vitalidad y sus exigencias. De todos modos, como hemos visto, hay que insistir al mismo tiempo en la radicalidad de las exigencias evang\u00e9licas en cuanto tales y en la dimensi\u00f3n carism\u00e1tica propia de la llamada a una condici\u00f3n de vida particular en la que la ac\u00adtitud radical se convierte en la norma. As\u00ed, es co\u00admo, hablando de las m\u00e1ximas evang\u00e9licas a sus misioneros, san Vicente les dice: \u00abDebemos des\u00adprendernos de todo lo que no es Dios y unirnos al pr\u00f3jimo por la caridad para unimos con Dios mis\u00admo por Jesucristo\u00bb (XI, 426).<\/p>\n<p>En efecto, aunque todos los escritores espi\u00adrituales recomiendan este desprendimiento, la originalidad consiste aqu\u00ed en que san Vicente hace de ello una condici\u00f3n, una exigencia de la caridad hacia el pr\u00f3jimo y, con ello, un medio pa\u00adra realizar al mismo tiempo la uni\u00f3n con el pr\u00f3ji\u00admo y con Dios en Jesucristo.<\/p>\n<p>Podemos terminar con esta cita de santa Lui\u00adsa de Marillac, que muestra bien su armon\u00eda de pensamiento con san Vicente:<\/p>\n<p>\u00ab<em>Deseo que todas nuestras hermanas est\u00e9n llenas de un amor fuerte que las ocupe tan sua\u00advemente en Dios y tan caritativamente en el ser\u00advicio de los pobres, que su coraz\u00f3n no pueda ya admitir pensamientos peligrosos para su perse\u00adverancia. \u00c1nimo, queridas hermanas, no pense\u00admos m\u00e1s que en agradar a Dios por la pr\u00e1ctica exacta de sus santos mandamientos y consejos evang\u00e9licos, puesto que la bondad de Dios se ha dignado llamarnos a ellos; para lo cual nos debe servir la exacta observancia de nuestras reglas, pero alegremente y con diligencia<\/em>\u00bb (SLM c. 73).<\/p>\n<p>La misma preocupaci\u00f3n se expresar\u00e1 en el testamento espiritual de la Fundadora con la frase <em>\u00abmodo de vida\u00bb, <\/em>tan querida para san Vi\u00adcente, que expresa bien la especificidad de su vo\u00adcaci\u00f3n: <em>\u00abSigo pidiendo para ustedes a Dios su bendici\u00f3n y le ruego les conceda la gracia de per\u00adseverar en su vocaci\u00f3n para que puedan servirle en la forma que El pide de ustedes\u00bb. <\/em><\/p>\n<h2><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA:<\/strong><\/h2>\n<p>El <em>Dictionnaire de la vie spirituelle, <\/em>Cerf, Paris, 1983, en las voces <em>Conseils \u00e9vangeliques, Vie consacr\u00e9e, Voeux <\/em>ofrece una bibliograf\u00eda in\u00adteresante, especialmente en las referencias a los textos eclesi\u00e1sticos y pontificios; igualmente, Diccionario teol\u00f3gico de la vida con\u00adsagrada, Publ. Claretianas, Madrid 1989; J. Bonfils, Les Societ\u00e9s de Vie Apostolique, Cerf, Paris 1990.<\/p>\n<p><em>Circulaires des Sup\u00e9rieurs g\u00e9n\u00e9raux et des Su\u00adp\u00e9rieures gen\u00e9rales, <\/em>particularmente las en\u00adviadas con ocasi\u00f3n de la renovaci\u00f3n anual.- <em>Ecos de la Compa\u00f1\u00eda, <\/em>revista mensual en la que cada a\u00f1o se publican las conferencias de renovaci\u00f3n tenidas en la Casa Madre.- <em>Ins\u00adtrucci\u00f3n sobre los votos de las Hijas de la Ca\u00adridad, <\/em>Madrid 1990.- W. <em>Reflexiones sobre la identidad de las Hijas de la Caridad, <\/em>CEME, Sa\u00adlamanca 1980.- W, <em>Identidad de las Hijas de la Caridad en las Const. y Est. de 1983, <\/em>CEME, Salamanca 1984.- CPAG-1980, <em>La C.M. : sus vo\u00adtos y el v\u00ednculo entre miembros y comunidad, <\/em>en <em>Anales <\/em>85(1977)351-380.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I. Status quaestionis 1. 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