{"id":34797,"date":"2020-05-28T03:22:57","date_gmt":"2020-05-28T01:22:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/04\/susana-guillemin-circular-sobre-los-votos-1967\/"},"modified":"2020-04-03T18:53:25","modified_gmt":"2020-04-03T16:53:25","slug":"susana-guillemin-circular-sobre-los-votos-1967","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/susana-guillemin-circular-sobre-los-votos-1967\/","title":{"rendered":"Susana Guillemin: Circular sobre los votos, 1967"},"content":{"rendered":"<p>Par\u00eds, 2 de febrero de 1967<\/p>\n<p>Mis car\u00edsimas Hermanas:<\/p>\n<p>\u00a1La Gracia de Nuestro Se\u00f1or sea siempre con nosotras!<\/p>\n<p>La admirable instituci\u00f3n de nuestra Renovaci\u00f3n anual me proporciona hoy la inmensa alegr\u00eda de transmitirles, junto con la bendici\u00f3n de Nuestro Muy Honorable Padre, la autorizaci\u00f3n que ha tenido a bien darnos para reanudar los lazos que nos ligan al Se\u00f1or. En este a\u00f1o 1967, haremos nuestra renovaci\u00f3n, en uni\u00f3n con el Fiat de Mar\u00eda, el 3 de abril, lunes de Cuasimodo. \u00a1Quiera el Se\u00f1or otorgar en ese d\u00eda a cada una de las Hijas de la Caridad, corno respuesta al don renovado de s\u00ed misma, una poderosa gracia de renovaci\u00f3n espiritual!; gracia de luz para comprender mejor la naturaleza <em>y <\/em>exigencias de nuestros Santos Votos; gracia de fortaleza para asumirlos plenamente; gracia de perseverancia para mantener el esfuerzo a lo largo de la nueva etapa iniciada por el camino del amor.<\/p>\n<p>El orden l\u00f3gico que hemos adoptado para fijar los temas de nuestras Circulares anuales nos conduce hoy providencialmente a hablar de la obediencia. Digo \u00abprovidencialtnente\u00bb porque el importante trabajo de renovaci\u00f3n emprendido por la Compa\u00f1\u00eda no puede efectuarse con seguridad sino llev\u00e1ndolo a cabo dentro del orden y la unidad que proceden de la obediencia. Con gusto repito, aplic\u00e1ndolo a la Peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda, lo que su Santidad Pablo VI dec\u00eda en octubre \u00faltimo hablando de la Iglesia: \u00ab&#8230;a vosotros que sent\u00eds el est\u00edmulo del Esp\u00edritu Santo para salir del conformismo, de la inercia, de la tibieza, para hacer algo bueno y \u00fatil en favor de la Iglesia, os presentamos una vez m\u00e1s una pregunta que es nuestra y vuestra: \u00bfqu\u00e9 necesita ahora la Iglesia? Hoy daremos una respuesta sencill\u00edsima, que vosotros, por ser buenos, fieles y fervorosos, pod\u00e9is comprender y aceptar: La Iglesia necesita obediencia. S\u00ed, hijos e hijas que am\u00e1is a la Iglesia, obediencia. Y m\u00e1s que una obediencia externa y pasiva, una obediencia interna y espont\u00e1nea&#8230; \u00bfC\u00f3mo renovar esp\u00edritu, obras y estructuras en la Iglesia, si no es solidaria consigo misma?&#8230;\u00bb (S. S. Pablo VI, 5 octubre 1966.)<\/p>\n<p>Es sumamente importante el que en este momento tan transcendental para la historia de la Compa\u00f1\u00eda se renueve en todas las Hijas de la Caridad un sentido profundo de la obediencia y del papel que debe desempe\u00f1ar en su vida: la obra de renovaci\u00f3n, ya sea personal o comunitaria, es obra de obediencia. Y no creamos que hablar as\u00ed restringir o despersonalizar la obra de renovaci\u00f3n; al contrario, es darle toda su dimensi\u00f3n coloc\u00e1ndola en su verdadero nivel que es el de la voluntad de Dios.<\/p>\n<p><em>Hay que distinguir la obediencia social y la obediencia religiosa<\/em><\/p>\n<p>No se puede hablar de la obediencia religiosa sin disipar antes un prejuicio demasiado extendido a este respecto. La obediencia que podemos llamar social se encuadra a la vez en el marco del derecho natural y del derecho civil, interviene en la vida de todo hombre, regula las relaciones de los hijos con sus padres, de los individuos en la sociedad; est\u00e1 al servicio del orden en todos los dominios. Es necesaria por razones de tipo puramente humano y natural: los imperativos de la educaci\u00f3n, el bien de la sociedad, la eficacia del trabajo, etc&#8230; Podemos decir con Karl Rahner: \u00abEn muchos detalles de la vida diaria la obediencia no es en realidad nada m\u00e1s que esto: un m\u00e9todo racional para que puedan vivir juntos seres racionales.\u00bb<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil juzgar el grado de madurez y de sociabilidad de un hombre por la libertad con que ajusta voluntariamente su vida al orden establecido y a la autoridad leg\u00edtima, en los terrenos que le son propios. Esta obediencia \u00abde raz\u00f3n\u00bb es buena en s\u00ed misma y todos tenemos que practicarla: constituye el soporte natural de nuestra obediencia cristiana y religiosa. Pero no es la obediencia religiosa.<\/p>\n<p>Se podr\u00eda llamar a la obediencia religiosa \u00abla gran desconocida\u00bb. Los que la consideran desde fuera la juzgan partiendo de conceptos falsos de lo que es y de lo que exige; muchos de los que la practican, superiores y s\u00fabditos, encuentran en ella grandes dificultades porque conocen imperfectamente su verdadera naturaleza, y reina en sus esp\u00edritus cierta confusi\u00f3n respecto a ella.<\/p>\n<p>Lo que da car\u00e1cter religioso a la obediencia que hemos consagrado es el estar motivada por la Fe con miras a la Caridad: Para amar a Dios plenamente someto mi vida a su voluntad, expresada, seg\u00fan su promesa, por mis Superiores. Para todo cristiano, la obediencia razonable que debe practicar seg\u00fan su condici\u00f3n se ilumina y se transforma a la luz de la Fe, poni\u00e9ndole al servicio de la voluntad divina a ejemplo de Cristo. Para nosotras, consagradas, es a\u00fan m\u00e1s real y m\u00e1s visible el hecho de que<\/p>\n<p><em>La obediencia religiosa nos hace participar en el misterio de Cristo<\/em><\/p>\n<p>Y bien sabemos que en eso se encuentra la plenitud de nuestra vocaci\u00f3n. Si lo dud\u00e1ramos, nos bastar\u00eda volver a leer estas frases densas de sentido del Decreto sobre la Renovaci\u00f3n de la Vida Religiosa:<\/p>\n<p>\u00abLos religiosos, por la profesi\u00f3n de la obediencia, ofrecen a Dios la total entrega de su voluntad, como sacrificio de s\u00ed mismos, y por ello se unen m\u00e1s firme y tranquilamente a la voluntad salv\u00edfica de Dios. Por eso, a ejemplo de Jesucristo, que vino a cumplir la voluntad del Padre, y, tomando forma de siervo, aprendi\u00f3 por sus padecimientos la obediencia, los religiosos, movidos por el Esp\u00edritu Santo, se entregan confiados a los Superiores, representantes de Dios, y por ellos son conducidos al servicio de todos los hermanos en Cristo, como el mismo Cristo sirvi\u00f3 a sus hermanos en consecuencia de su sumisi\u00f3n al Padre y entreg\u00f3 su vida en redenci\u00f3n de muchos. De esta forma se unen m\u00e1s estrechamente al servicio de la Iglesia y se esfuerzan en llegar a la medida de la plenitud de Cristo.\u00bb (Perfectae Caritatis, Art. 14.)<\/p>\n<p>No busquemos, pues, otro fundamento a nuestra obediencia que las admirables palabras que repetimos cada d\u00eda al besar nuestro crucifijo: \u00abChristus factus est pro nobis obediens usque ad mortem, mortem autem crucis.\u00bb Cristo es el ejemplo, la fuente y la sola justificaci\u00f3n de toda obediencia religiosa. Nuestra obediencia es la continuaci\u00f3n l\u00f3gica, la prolongaci\u00f3n de la que le clav\u00f3 en la cruz. Antes de considerar sus modalidades concretas es preciso situarla en su verdad profunda que es la uni\u00f3n con Cristo. No se trata \u00fanicamente de imitar a Cristo, de hacer lo que El hizo en la tierra, lo que ser\u00eda ya mucho; se trata de entrar desde nuestro puesto en el designio salv\u00edfico de Dios respecto a la humanidad. El voto de obediencia nos entrega totalmente a Dios, en cuanto miembros de Cristo y para que se complete en nosotros su vida y su Pasi\u00f3n. Es la incorporaci\u00f3n a Cristo lo que le da toda su fuerza y significado.<\/p>\n<p>Contemplemos con los ojos de la Fe este destino nuestro, mis car\u00edsimas Hermanas, y busquemos su raz\u00f3n de ser en el amor. Nuestra vida est\u00e1 entregada a la voluntad de Dios expresada por nuestros Superiores, porque Dios ha establecido en su Iglesia que se manifestar\u00eda por medio de los Superiores. Puede decirse que no hay realidad sobrenatural m\u00e1s dif\u00edcil de comprender para las generaciones actuales impregnadas de una mentalidad naturalista. No se les puede dar, sin embargo, ninguna explicaci\u00f3n puramente humana: es un deseo, una voluntad de entrega absoluta, de don total a Dios, lo que nos lleva a hacer esta ofrenda incondicional de nosotras mismas para que venga su reino, a nosotras y a nuestros hermanos.<\/p>\n<p>Esto debe comprenderse en su recto sentido. Es profundamente cierto, y no se insistir\u00e1 nunca bastante sobre ello, que la obediencia religiosa es un absoluto y que no puede admitir restricciones; pero tambi\u00e9n es menester no situarla all\u00ed donde no est\u00e1 y distinguirla de sus falsificaciones.<\/p>\n<p><em>La obediencia religiosa exige un compromiso responsable <\/em><em>de toda la personalidad.<\/em><\/p>\n<p>Bien saben, mis car\u00edsimas Hijas, que no entra en mi intenci\u00f3n la menor veleidad de incorporarme a esos esp\u00edritus desviados por una concepci\u00f3n err\u00f3nea de las relaciones entre la libertad y la obediencia y por un sentido del hombre mal comprendido; \u00e9stos corren el peligro de comprometer gravemente la obediencia religiosa a fuerza de criticarla ciegamente sin conocerla. Pero es de suma importancia, a causa del mismo clima de confusi\u00f3n reinante, que, sabiendo claramente lo que ella es y lo que no es, adquiramos convicciones s\u00f3lidas capaces de informar toda nuestra conducta.<\/p>\n<p>La obediencia condiciona nuestra vida, como toda vida humana, y la ejercemos en diferentes terrenos: comunidad, profesi\u00f3n, apostolado. Una visi\u00f3n sobrenatural de las cosas viene a dar un sentido cristiano a esta necesidad social, y el voto que hemos pronunciado en la Compa\u00f1\u00eda la transforma en acto religioso. \u00abSometeos todos a las autoridades que os gobiernan. Pues no hay autoridad que no proceda de Dios. Y cuantas existen, por Dios han sido establecidas.\u00bb (Rom. 13, 17.) \u00abSe entregan confiados a los Superiores, representantes de Dios.\u00bb (Perfectae Caritatis, Art. 14.) Pero la adhesi\u00f3n a esta instituci\u00f3n divina, cual es la autoridad establecida, puede ir de la simple rutina a la obediencia de los Santos. Tal vez nos hacemos muchas ilusiones a este respecto. \u00bfDe qu\u00e9 calidad es nuestra obediencia?<\/p>\n<p>No hablar\u00e9 de las Hermanas que viven pr\u00e1cticamente como si la obediencia no les concerniera; son casos raros. Se trata aqu\u00ed o de falta de madurez semipatol\u00f3gica o de inconsciencia engendrada por la tibieza habitual. La l\u00ednea de conducta que ha de seguirse en tales circunstancias debe estar inspirada por una gran caridad. Hablaremos tan s\u00f3lo de los casos m\u00e1s corrientes.<\/p>\n<p>Hay sumisiones que no tienen nada de religioso a causa de sus motivaciones; las hay que deforman la personalidad religiosa manteni\u00e9ndola en falsas actitudes espirituales y psicol\u00f3gicas. Y se descubre en esto una de las causas m\u00e1s frecuentes de la inadaptaci\u00f3n y de la inutilidad de ciertas personas consagradas y hasta de ciertos institutos religiosos.<\/p>\n<p>De buena gana aconsejar\u00eda a las Hermanas Sirvientes que se inquieten cuando se encuentren a Hermanas que obedecen sin ninguna dificultad aparente, que multiplican las peticiones de permisos para bagatelas, que necesitan de continuo recurrir a \u00f3rdenes directas, que parecen estar ajenas a las decisiones que han de tomarse respecto a ellas o a su oficio. La obediencia es virtud de fuertes y no refugio de d\u00e9biles. No es que la autoridad no pueda sostener durante alg\u00fan tiempo la debilidad o el escr\u00fapulo de principiantes y, m\u00e1s a\u00fan, responder a la delicadeza de conciencia de aquellas a quienes el Se\u00f1or inspira la pr\u00e1ctica de una obediencia m\u00e1s estricta. Pero es menester ayudar a las Hermanas a descubrir los impulsos secretos que podr\u00edan exponerlas a mantenerse perpetuamente en estado de infancia, y hay que llevarlas progresivamente al ejercicio de su responsabilidad en la obediencia.<\/p>\n<p>Algunas obedecen con una obediencia infantil por el convencimiento que tienen de su debilidad y de lo que les falta; o bien por impotencia o temor ante una autoridad demasiado fuerte. Por una necesidad de sentirse seguras o por miedo al esfuerzo, se instalan en una especie de infantilismo permanente, huyendo de toda responsabilidad. Es un fracaso del fervor, y sus dones naturales y sobrenaturales pasan a ser el talento enterrado. Que pidan al Se\u00f1or les d\u00e9 una Hermana Sirviente de visi\u00f3n clara y firme que las ayude a salir de su letargo y a comprometerse personalmente.<\/p>\n<p>M\u00e1s peligrosa y falsa que la sumisi\u00f3n por debilidad es la que podr\u00edamos llamar <em>obediencia de sentimiento y de inteligencia. <\/em>En este caso, su motivaci\u00f3n es el afecto que une a una Hermana Sirviente, a una Visitadora, por las cualidades, inteligencia u otros dones que se descubren en ella, o bien porque su modo de pensar est\u00e1 de acuerdo con el propio. Esta clase de obediencia presenta, en general, todos los rasgos exteriores de la obediencia verdadera: apertura de coraz\u00f3n, di\u00e1logo, adhesi\u00f3n cordial a la decisi\u00f3n impuesta, ejecuci\u00f3n pronta y alegre. Es necesario que venga la prueba de la separaci\u00f3n para que se descubra la ra\u00edz completamente natural de lo que parec\u00eda virtud. Tan pronto como esa Hermana Sirviente sea reemplazada por otra de cualidades y defectos diferentes surgir\u00e1n las reticencias y dificultades. Cuando Dios une por el coraz\u00f3n y por la inteligencia a las llamadas a trabajar juntas en su servicio, lo que es frecuente y muy de desear, es preciso que unas y otras, agradeci\u00e9ndole este beneficio, le pidan todos los d\u00edas, y con insistencia, la gracia de mantener la relaci\u00f3n autoridad-obediencia al nivel de la Fe; es necesario que una disposici\u00f3n interior permanente de desprendimiento asegure la primac\u00eda de la voluntad divina y predisponga a reconocerla a trav\u00e9s de otros intermediarios.<\/p>\n<p>Existen a\u00fan otras falsas apariencias de obediencia religiosa: unas provienen de actitudes correctas, pero puramente naturales, como la obediencia exacta, completamente militar, de ciertos temperamentos apasionados por el orden y la disciplina; otras proceden de sentimientos m\u00e1s o menos confesables que se relacionan con cierta cobard\u00eda: puede uno escudarse en la obediencia para evitar algunas renuncias que no se tiene el valor de hacer y a las que invita la inspiraci\u00f3n interior. \u00a1C\u00f3mo debemos pedir al Esp\u00edritu Santo su luz, y c\u00f3mo hemos de esforzarnos por ser fieles a ella, para llegar a la pureza de intenci\u00f3n necesaria!<\/p>\n<p>Con plena libertad <em>y <\/em>responsabilidad, consciente de lo absoluto de su compromiso, es como una Hija de la Caridad debe renovar de continuo la elecci\u00f3n que ha hecho de obedecer para que la voluntad de Dios se cumpla en ella y por ella. La plena posesi\u00f3n de s\u00ed misma, por una madurez lograda, le permitir\u00e1 dar a su don todo su valor. Cuanto m\u00e1s se depure ella misma, m\u00e1s libre estar\u00e1 para entregarse al Esp\u00edritu Santo y para reconocerle en las \u00f3rdenes de la autoridad. Sus facultades, inteligencia, juicio y voluntad, intervendr\u00e1n continuamente al servicio de la obediencia.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo debemos, pues, practicar la obediencia?<\/p>\n<p><em>Dir\u00e9 en primer lugar que es necesario tener el sentido de la <\/em><em>obediencia y amarla. <\/em>No por el ejercicio de renunciamiento que representa, sino por ser el medio supremo para encontrar a Dios y unirse a \u00c9l. La obediencia es la plenitud del amor. Regula admirablemente nuestras relaciones con Dios en la humildad y la esperanza; es necesario practicarla para descubrir su valor: cada acto realizado acrecienta la luz en nuestra inteligencia, y en nuestro coraz\u00f3n, el deseo de practicarla. Por ella entramos ya en la vida eterna.<\/p>\n<p>Pero si bien es cierto que la obediencia se sit\u00faa en este nivel sobrenatural, no lo es menos que reclama el ejercicio de las facultades humanas que Dios nos ha dado. Por nuestra condici\u00f3n, el alma est\u00e1 unida al cuerpo, la vida sobrenatural est\u00e1 sostenida, animada, expresada por nuestras potencias humanas. <em>La obediencia es el fruto de nuestra libertad, <\/em>requiere un acto libre de nuestro juicio y de nuestra voluntad para adherirse a lo que la Fe nos presenta como voluntad de Dios. Esto es indiscutible; si as\u00ed no fuera, no habr\u00eda en ello obediencia, habr\u00eda subordinaci\u00f3n. Soportar una autoridad que se impone no es obedecer. Es preciso comprender esto, porque toda la grandeza de la obediencia reside en ese ejercicio soberano de nuestra libertad humana que somete nuestra vida a la Fe.<\/p>\n<p>\u00bfQuiere esto decir que cada acto de obediencia debe ir precedido de un examen, de un di\u00e1logo, de una reflexi\u00f3n personal para juzgar si es verdadero acto de obediencia? De ning\u00fan modo, y la primera raz\u00f3n para ello, de sentido com\u00fan, es que la vida se har\u00eda imposible. En la mayor\u00eda de las circunstancias diarias, la adhesi\u00f3n a la orden de la Hermana Sirviente debe ser espont\u00e1nea y emanar de la elecci\u00f3n libre que previamente hemos hecho de obedecer; esto basta para asegurar la calidad de nuestra obediencia.<\/p>\n<p>No debemos confundir libertad con oposici\u00f3n: la libertad no consiste en actuar siempre seg\u00fan la propia opini\u00f3n y, para afirmarse en ella, oponerse a las opiniones contrarias, aunque fueran las de la Hermana Sirviente. Ser\u00eda \u00e9sta una actitud espec\u00edficamente adolescente. La verdadera libertad consiste en liberarse de las miras personales \u2014 las nuestras y las de otros\u2014 y, sobre todo, de las pasiones que inclinan nuestro coraz\u00f3n a hacerles concesiones m\u00e1s o menos razonables, todo ello para adherirse al orden establecido por Dios. Consiste tambi\u00e9n en discernir los actos de obediencia sin problemas de los casos que reclaman un di\u00e1logo.<\/p>\n<p><em>Porque la obediencia no destruye la responsabilidad personal.<\/em><\/p>\n<p>Aqu\u00ed tambi\u00e9n el Decreto \u00abPerfectae Caritatis\u00bb es taxativo. Hablando a los Superiores dice: \u00abHagan que los Religiosos cooperen con obediencia activa y responsable en el cumplimiento del deber <em>y <\/em>en las empresas que se les conf\u00eden.\u00bb (P. C., Art. 14) Ya sea por adhesi\u00f3n pura y simple a una orden dada, ya participando por medio del di\u00e1logo en la elaboraci\u00f3n de la decisi\u00f3n que debe tomarse, de una u otra forma, la responsabilidad queda siempre comprometida en todo acto de obediencia.<\/p>\n<p>As\u00ed ha sido siempre y permanece cierto en todo tiempo y lugar; pero no siempre ha sido perfectamente comprendido y practicado por todos. La espiritualidad del siglo XIX, fuertemente centrada en el morir a s\u00ed mismo y en el renunciamiento, llev\u00f3 a veces a ciertos esp\u00edritus insuficientemente esclarecidos a considerar la obediencia como una sumisi\u00f3n ciega y sin discusi\u00f3n a la autoridad, suprimiendo as\u00ed la responsabilidad del que obedece. Esta desviaci\u00f3n, seguida con demasiada frecuencia y considerada como norma general por la opini\u00f3n p\u00fablica, ha contribuido a crear la reputaci\u00f3n de infantilismo que tanto nos est\u00e1 costando desterrar. Ahora, el sentido del hombre y de lo que cada uno representa de \u00fanico e insustituible en los designios de Dios, puesto de relieve por el Concilio, ha hecho tomar conciencia de los abusos, sin menoscabo, no obstante, de la obediencia. El fin de la obediencia no es aplastar la persona, aniquilar sus cualidades y su voluntad; como, por otra parte, tampoco el promover el pleno rendimiento de las facultades de cada Hermana tiene por fin \u00faltimo el desarrollo humano en cuanto tal. El fin es la b\u00fasqueda de la voluntad de Dios y su mejor servicio utilizando los recursos que El ha dado a cada una, y esto bajo la gu\u00eda y decisi\u00f3n de los Superiores. Todas las Hermanas son responsables de contribuir a esta b\u00fasqueda con la aportaci\u00f3n de ideas, fruto de sus reflexiones y de su oraci\u00f3n. La decisi\u00f3n final corresponde a la Hermana Sirviente.<\/p>\n<p>La pr\u00e1ctica de la obediencia est\u00e1 influenciada no s\u00f3lo por la evoluci\u00f3n del pensamiento universal, sino tambi\u00e9n por la transformaci\u00f3n de las situaciones y de todo el contexto cultural y social en el que las Hermanas deben ejercerla. Es estrictamente imposible practicar hoy la obediencia como se hac\u00eda anta\u00f1o, con una sujeci\u00f3n directa en todo momento y en todos los detalles. En el pasado bastaba que una Hermana Sirviente poseyera una doctrina segura, una buena cultura general, buen juicio y alguna experiencia para poder asegurar personalmente la direcci\u00f3n, no s\u00f3lo de su comunidad, sino de cada una de las diversas actividades de la casa. Ahora el progreso ultrarr\u00e1pido y continuo de la ciencia y de la t\u00e9cnica en todos los dominios ha transformado cada l\u00ednea de acci\u00f3n en una especialidad. Buen n\u00famero de Hermanas asumen actualmente puestos que llevan consigo responsabilidades profesionales y administrativas que exigen una formaci\u00f3n especializada, de las que se les puede pedir cuenta legalmente y para las cuales s\u00f3lo ellas poseen la competencia necesaria. En tal caso, es claro que tener iniciativas y responsabilizarse es, m\u00e1s que un derecho, un deber, y que entra en las perspectivas m\u00e1s leg\u00edtimas de la obediencia.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es claro que el ejercicio de la autoridad va a encontrar dificultades y a requerir, por parte de los Superiores, una gran abnegaci\u00f3n y amplitud de miras, firmeza, confianza atenta y serena, y por parte de las Hermanas, gran apertura de acci\u00f3n, respeto absoluto de los l\u00edmites fijados a sus iniciativas, una gran confianza y sumisi\u00f3n de esp\u00edritu a las directrices de la Hermana Sirviente y la preocupaci\u00f3n de mantenerse continuamente bajo la influencia de la obediencia.<\/p>\n<p>En nuestros d\u00edas no es f\u00e1cil mandar ni obedecer, y las almas mediocres corren gran peligro de instalarse en una independencia completamente natural o en un personalismo orgulloso, mientras que la tentaci\u00f3n de las Hermanas Sirvientes ser\u00e1 una actitud de inhibici\u00f3n o de desinter\u00e9s. La salvaci\u00f3n est\u00e1 en la convicci\u00f3n profunda de que Hermana Sirviente y compa\u00f1era est\u00e1n unidas en una obediencia com\u00fan a la voluntad de Dios y que no la lograr\u00e1n sino en la uni\u00f3n de sus papeles respectivos de autoridad y de obediencia. \u00abLa obediencia religiosa nos aparece, dice el P. Tillard, como el punto de incidencia de la obediencia del superior y de la obediencia al superior.\u00bb<\/p>\n<p><em>La obediencia supone el di\u00e1logo <\/em><em>y se vive en comunidad y en Iglesia<\/em><\/p>\n<p>No podemos buscar solas la voluntad de Dios, ya sea para mandar, ya para obedecer; el di\u00e1logo es, podr\u00edamos decir, una de las t\u00e9cnicas de esta b\u00fasqueda. El ejercicio de la autoridad y de la obediencia religiosa vincula nuestra vida a Dios, asegura su uni\u00f3n total a la voluntad divina; nuestra convicci\u00f3n acerca de este punto es inquebrantable; pero Dios no quiere comunicar el conocimiento de su voluntad directamente, y en cierto modo sobrenaturalmente, s\u00f3lo a la persona de la Superiora; la asistencia que presta a \u00e9sta en el ejercicio de su cargo no suprime el empleo de los medios de reflexi\u00f3n y de informaci\u00f3n que \u00c9l ha puesto en abundancia a su disposici\u00f3n.<\/p>\n<p>Todas las Hermanas han recibido de Dios dones naturales y sobrenaturales que, desarrollados por la formaci\u00f3n, son aptos para servir a la b\u00fasqueda com\u00fan, y el conjunto de Hermanas de una casa constituye un tesoro de luz y de energ\u00edas que la Hermana Sirviente tiene la misi\u00f3n de reunir y de aplicar al servicio de Dios, lo que no se puede concebir sin un di\u00e1logo permanente. Una Hermana que, por pereza o indiferencia, no se tomase la molestia de reflexionar sobre sus problemas y buscar personalmente soluciones para proponerlas a la Hermana Sirviente, ser\u00eda culpable ante ella y ante la comunidad, a la que privar\u00eda as\u00ed de los talentos que Dios le hab\u00eda confiado para el bien com\u00fan.<\/p>\n<p>La puesta en com\u00fan de que aqu\u00ed tratamos nos lleva a decir unas breves palabras sobre la verdadera naturaleza del di\u00e1logo del que tanto se habla, que todas desean y que tan pocas Hermanas, sobre todo las que se quejan de estar privadas de \u00e9l, son capaces de llevar a la pr\u00e1ctica. El di\u00e1logo religioso, preparatorio a la obediencia personal y comunitaria, exige ante todo disposiciones interiores de humildad y desprendimiento en cuanto a los propios pensamientos, de acogida y respeto al pensamiento de los dem\u00e1s, de ardiente invocaci\u00f3n al Esp\u00edritu Santo para descubrir sus caminos. Requiere pocas palabras; no son la multiplicidad y extensi\u00f3n de los coloquios los que lo favorecen, sino su sinceridad y la caridad que los anima. Se establece un di\u00e1logo permanente en una comunidad cuando todas las Hermanas se preocupan por su parte, en los intercambios habituales, de comunicar con la conveniente discreci\u00f3n lo que es comunicable de su caminar espiritual y apost\u00f3lico, sin tratar nunca de imponerse. Y tambi\u00e9n cuando, complementariamente, se mantienen atentas a sus Hermanas para admirar la obra de la gracia en ellas e ilustrarse con su ejemplo. La comunidad, unida as\u00ed, constituye el cuadro privilegiado de la obediencia religiosa. Este clima de atenci\u00f3n y escucha a Dios en las dem\u00e1s prepara verdaderos y fructuosos cambios de impresiones en torno a problemas concretos de acci\u00f3n y de apostolado.<\/p>\n<p>En torno a estas cuestiones concretas suelen brotar las dificultades, surgen los problemas de obediencia m\u00e1s agudos, y en las circunstancias actuales se presenta el dilema autoridad religiosa\u2013autoridad profesional, que no puede resolverse dando primac\u00eda a la una sobre la otra, sino asignando a cada una el papel que le corresponde. Es necesario que una apertura confiada por ambas partes esclarezca todos los aspectos de los problemas: necesidades de las personas a las que hay que servir, exigencias espirituales y comunitarias, reglas profesionales y administrativas, repercusiones sociales y apost\u00f3licas de las soluciones que se adopten, etc&#8230;, as\u00ed se informar\u00e1 la Hermana Sirviente antes de dar la soluci\u00f3n definitiva. Porque es a ella a quien corresponde decidir; ella tiene ante Dios, no el derecho, sino el deber estricto y al que no puede renunciar, de fijar la l\u00ednea de conducta que va a seguir la obediencia.<\/p>\n<p>El di\u00e1logo fraterno entre Hermana Sirviente y Hermanas en la b\u00fasqueda de la voluntad de Dios crea un pensamiento com\u00fan y aporta a la autoridad elementos de soluci\u00f3n de que puede disponer en las diferentes ocasiones que se presenten. Es indispensable, en efecto, dejar bien sentado que no hay necesidad de entablar un di\u00e1logo particular cada vez que haya que dar una orden, y menos a\u00fan constituirlo en una especie de plebiscito de la autoridad. Escuchemos a Su Santidad Pablo VI se\u00f1alando este punto: \u00ab\u00bfPodremos decir que la obediencia se ha disuelto en di\u00e1logo democr\u00e1tico y en la voluntad de la mayor\u00eda num\u00e9rica o de la minor\u00eda destacada? Ciertamente que no; antes confirmamos la necesidad de un sabio ejercicio de la autoridad y de una sincera pr\u00e1ctica de la obediencia. El ambiente y el esp\u00edritu de la vida religiosa quedar\u00edan fatalmente comprometidos, en donde faltara la autoridad y la obediencia. Pero una y otra exigen formas nuevas, m\u00e1s elevadas y m\u00e1s conformes con el esp\u00edritu de Cristo.\u00bb (A los Sup. Mayores de Italia, enero 1967.)<\/p>\n<p>El di\u00e1logo no suplanta, pues, la voz de la Hermana Sirviente, \u00fanico \u00f3rgano de la voluntad de Dios, por la de la Comunidad.<\/p>\n<p>Pero <em>favorece y prepara la dimensi\u00f3n comunitaria de la obe<\/em><em>diencia y <\/em>realiza visiblemente la uni\u00f3n de los esp\u00edritus <em>y <\/em>de los corazones al servicio de Dios y de la Iglesia. Es necesario ver esto, mis car\u00edsimas Hermanas: nuestro voto de obediencia no es un acto aislado destinado a ser vivido individualmente; se hace \u00abal Venerable Superior General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb, que es nuestro Superior leg\u00edtimo, y se sit\u00faa \u00aben la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad\u00bb. El verdadero objeto de nuestra obediencia, con miras al cual se nos dar\u00e1n \u00f3rdenes, es el g\u00e9nero de vida prescrito por \u00abnuestras Constituciones y nuestras Reglas\u00bb, perseguir la santidad seg\u00fan el esp\u00edritu de San Vicente, el servicio de los Pobres en la Iglesia. Por la obediencia que rendimos a nuestro Superior General, a trav\u00e9s de las autoridades leg\u00edtimamente establecidas en la Compa\u00f1\u00eda, comulgamos con la voluntad divina, ofrecemos a Dios la alabanza de unidad que El ama sobre todas las cosas y damos al mundo ese mismo testimonio de unidad en la caridad de la que Cristo hizo el signo evang\u00e9lico por excelencia.<\/p>\n<p><em>Esta obediencia abarca toda nuestra vida. <\/em>Es cierto que el voto, hablando en rigor, entra raramente en cuesti\u00f3n, porque es ins\u00f3lito que se nos mande algo \u00aben nombre de la obediencia\u00bb. Pero si somos fieles en mantenernos al nivel de la Fe, en el don continuo de nosotras mismas, la obediencia penetrar\u00e1 poco a poco en todas las zonas de nuestra vida, como un amor creciente que invade progresivamente todas las facultades de pensar y de obrar. Leamos, pues, de nuevo, medit\u00e1ndolo, el Cap\u00edtulo IV de nuestras Santas Reglas, que descubre a nuestros ojos todo el panorama de nuestra vida, someti\u00e9ndola a la obediencia, a la Iglesia: el Papa, los Obispos, el P\u00e1rroco; a la Compa\u00f1\u00eda: el Superior General, la Superiora y las dem\u00e1s autoridades \u00abseg\u00fan su oficio\u00bb; a las autoridades administrativas y profesionales, m\u00e9dicos, enfermeras; e incluso \u00abal sonido de la campana\u00bb como a la voz de Nuestro Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Este Cap\u00edtulo, en su santa brevedad, se nos presenta como un canto de amor continuo, el de dos santos: San Vicente y Santa Luisa; por amor, su vida estuvo sujeta a la obediencia, en los menores detalles. Una obediencia l\u00facida e inteligente; si queremos comprender las relaciones exactas entre la libertad y la sumisi\u00f3n de esp\u00edritu, el papel del di\u00e1logo en la obediencia y el ejercicio de la autoridad, contempl\u00e9moslos vivir; la obediencia los mantiene en una perpetua presencia de Dios. \u00abEl Se\u00f1or es una comuni\u00f3n continua para los que est\u00e1n unidos a su querer y no querer\u00bb, escrib\u00eda San Vicente a Santa Luisa en marzo de 1634. Pero no hay nada de afectado ni de infantil en su adhesi\u00f3n total a las \u00f3rdenes de los que representan a Dios. Nada les impide expresar sus pensamientos con santa audacia. As\u00ed, San Vicente, tan estrictamente obediente a la Iglesia en el asunto del Jansenismo, y conservando, no obstante, su afecto y protecci\u00f3n a Saint-Cyran hasta su muerte. As\u00ed, Santa Luisa, que se inclina ante la voluntad del Fundador para vincular su Compa\u00f1\u00eda a los Obispos, y no deja, sin embargo, de expresar con entereza su convicci\u00f3n de que es exponerla a la destrucci\u00f3n el separarla de la direcci\u00f3n del Superior de la Misi\u00f3n. Pero una vez expresada su opini\u00f3n, la voz de la autoridad hace caer toda resistencia y pienso que no hay que buscar en otra parte el secreto de la extraordinaria vitalidad de su obra: no es de ellos, sino de Dios.<\/p>\n<p>Es que su Fe y su Esperanza hab\u00edan alcanzado una plenitud que nosotras estamos lejos de poseer, ya que en nuestros razonamientos tenemos tanta dificultad de prescindir de miras puramente humanas. En este campo de la obediencia, tan dif\u00edcil de descubrir, tan contrario al ambiente que nos rodea, tan poco de acuerdo con las tendencias \u00edntimas de nuestra naturaleza, pero tan \u00abesencial para la vida religiosa\u00bb (Pablo VI), hemos de penetrar poco a poco con la firme convicci\u00f3n de que ah\u00ed est\u00e1 el secreto de la santidad. No es posible valorar en un momento todo su alcance: es una ley de la vida espiritual que cada paso dado en la virtud ensancha el horizonte y hace descubrir nuevas perspectivas y nuevas exigencias. Dios solo sabe a d\u00f3nde nos llevar\u00e1 si somos fieles. \u00a1Ojal\u00e1 seamos fieles!<\/p>\n<p>Cristo vino a este mundo para cumplir la voluntad de su Padre: no ten\u00eda otro plan para su vida terrenal. Se hizo obediente y la obediencia le condujo \u00abhasta la muerte y muerte de cruz\u00bb. No sabemos a d\u00f3nde nos conduce Dios, pero la cruz se halla en las perspectivas normales de los que quieren seguir a Cristo. No seamos, mis car\u00edsimas Hermanas, de las que se escandalizan del misterio de la Cruz. La cruz est\u00e1 prometida a nuestra vida, a cada una seg\u00fan su talla y su llamamiento particular; se presentar\u00e1 bajo formas muy distintas, pero siempre campear\u00e1 en ellas la obediencia. Es algo que entra en los designios de Dios, en el plan universal de salvaci\u00f3n, incluso si la cruz nos viniera de los que est\u00e1n encargados de conducirnos. Ya aceptamos ese riesgo cuando, apoy\u00e1ndonos en la palabra de Dios, empe\u00f1amos nuestra vida en la obediencia: \u00abQuien os escucha, me escucha, quien os desprecia, me desprecia.\u00bb En esto reside el valor y el car\u00e1cter de \u00ablocura\u00bb de nuestra vida consagrada.<\/p>\n<p>Repito que no hay explicaci\u00f3n humana para esto; no hay que pedir una explicaci\u00f3n racional que apunte a fines de eficacia natural. Instintivamente se ofrece al pensamiento esta frase clave del Evangelio: \u00ab\u00a1El que pueda comprender, que comprenda!\u00bb No hay m\u00e1s que sumergirse en el misterio de una vida teologal aceptada en toda su plenitud y con todas sus consecuencias.<\/p>\n<p>Entonces descubriremos con la l\u00edmpida sencillez y alegr\u00eda de un ni\u00f1o, que la obediencia nos mantiene en una perpetua comuni\u00f3n entre nosotras y con Dios, y diremos con San Vicente: \u00abFuerza es confesar que en esta virtud hay algo grande y divino, puesto que Nuestro Se\u00f1or la am\u00f3 desde su nacimiento a su muerte, hasta tal punto, que todas las acciones de su vida las hizo por obediencia.\u00bb (San Vicente, 19 diciembre 1659.)<\/p>\n<p>Encomendamos filialmente a nuestra Madre Inmaculada las intenciones de Nuestro Muy Honorable Padre, que dirige en el esp\u00edritu de San Vicente a la doble familia que le est\u00e1 confiada, as\u00ed como las de Nuestro Respetable Padre Jamet, Director General, y las de Nuestro Venerado Padre Castelin, sin olvidar a los celosos misioneros que con tanta abnegaci\u00f3n buscan el bien de nuestras almas y de nuestras obras.<\/p>\n<p>Unida a Nuestras Veneradas Madres Blanchot y Lepicard, a nuestras Hermanas Consejeras, Ec\u00f3noma General, Secretaria General y Secretarias, les reitero la seguridad de m\u00ed solicitud maternal y quedo en amor de Jes\u00fas y de Mar\u00eda Inmaculada,<\/p>\n<p>mis car\u00edsimas Hermanas, su humilde y afect\u00edsima,<\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>Sor Susana Guillemin,<\/em><br \/>\nInd.h.d.l.c.s.d.l.p.e.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Par\u00eds, 2 de febrero de 1967 Mis car\u00edsimas Hermanas: \u00a1La Gracia de Nuestro Se\u00f1or sea siempre con nosotras! 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