{"id":34794,"date":"2020-05-24T03:22:57","date_gmt":"2020-05-24T01:22:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/04\/susana-guillemin-circular-sobre-los-votos-1966\/"},"modified":"2020-04-03T18:50:35","modified_gmt":"2020-04-03T16:50:35","slug":"susana-guillemin-circular-sobre-los-votos-1966","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/susana-guillemin-circular-sobre-los-votos-1966\/","title":{"rendered":"Susana Guillemin: Circular sobre los votos, 1966"},"content":{"rendered":"<p>Par\u00eds, 2 de febrero de 1966<\/p>\n<p>Mis car\u00edsimas Hermanas:<\/p>\n<p>\u00a1La Gracia de Nuestro Se\u00f1or sea siempre con nosotras!<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s, todos los miembros de la Peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda acaban de unirse, en gesto un\u00e1nime, para dar testimonio de su deseo de volverse a entregar por completo al Se\u00f1or de la Caridad, al servicio de la Caridad.<\/p>\n<p>\u00c9sta ha sido la magn\u00edfica ofrenda que he depositado esta ma\u00f1ana a los pies de Nuestro Muy Honorable Padre, con el ruego de que presentara a Dios el deseo de sus hijas y accediese a \u00e9l en su Nombre.<\/p>\n<p>Y ahora, puedo transmitirles con inmensa alegr\u00eda, junto con la Bendici\u00f3n del Sucesor de San Vicente, la autorizaci\u00f3n que, sin tener en cuenta nuestra debilidad, ha tenido a bien concedernos para renovar nuestros santos compromisos, la pr\u00f3xima festividad de la Anunciaci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen.<\/p>\n<p>Lo propio de los votos, consagrarse a Dios, reviste una profunda seriedad. Guard\u00e9monos bien de subestimar esta grandeza y aprovechemos este tiempo de conversi\u00f3n anual para reanimar en nosotras el verdadero sentido de nuestra consagraci\u00f3n. En ese trabajo de renovaci\u00f3n que ha emprendido la Iglesia y en el que nosotras intentamos seguirla, concedamos una atenci\u00f3n particular a los valores esenciales de la vida religiosa: pobreza, castidad y obediencia, y reflexionemos, a la luz de la fe, sobre nuestra entrega al servicio de Dios en el Pobre. Se trata de hacer esfuerzo tras esfuerzo para irnos aproximando a \u00ablo que pretendemos ser\u00bb: Hijas de la Caridad, consagradas sin reserva a Dios. \u00abMe he decidido, Dios m\u00edo\u00bb, dec\u00eda nuestra Santa Madre, \u00aba amaros s\u00f3lo a Vos, y&#8230; mediante vuestra gracia no tendr\u00e9 jam\u00e1s m\u00e1s voluntad ni m\u00e1s amor que el vuestro\u00bb. Este amor exclusivo a Dios se expresa principalmente por la Castidad. Este a\u00f1o quisiera hablar con ustedes de nuestro segundo voto.<\/p>\n<p>En la Constituci\u00f3n \u00abLumen Gentium\u00bb, la Iglesia acaba de ratificar, precis\u00e1ndola, su doctrina acerca de la vida consagrada:<\/p>\n<p>\u00abLos consejos evang\u00e9licos, castidad ofrecida a Dios, pobreza y obediencia, como consejos fundados en la palabra y ejemplos del Se\u00f1or y recomendados por los Ap\u00f3stoles, por los Padres, Doctores y Pastores de la Iglesia, son un don divino que la Iglesia recibi\u00f3 del Se\u00f1or y que con su gracia se conserva perpetuamente.\u00bb<\/p>\n<p>\u00abPor los votos&#8230;, el fiel cristiano se entrega totalmente al servicio de Di\u00f3s sumamente amado, en una entrega que crea en \u00e9l una especial relaci\u00f3n con el servicio y la gloria de Dios. Y como <em>estos consejos evang\u00e9licos&#8230; unen con la Iglesia y con sus <\/em><em>misterios de una manera espec\u00edfica a quienes los practican&#8230;, <\/em>la vida espiritual de \u00e9stos es menester que se consagre al bien de toda la Iglesia\u00bb, etc. <em>(Lumen Gentium, <\/em>Cap. VI.)<\/p>\n<p>Tales textos suministran una base inquebrantable a una forma de vida tan discutida en nuestros d\u00edas, que cabr\u00eda preguntarse si no est\u00e1 llamada a desaparecer.<\/p>\n<p>Iremos, pues, a buscar \u00fanicamente en los documentos conciliares las grandes l\u00edneas de nuestras reflexiones de hoy.<\/p>\n<p>El Decreto <em>Perfectae caritatis <\/em>aplicando la doctrina de la <em>Lumen Gentium <\/em>declara: \u00abHay que ver en la castidad \u2018por el Reino de los Cielos\u2019 (Mateo, 19, 12), de que hacen profesi\u00f3n los Religiosos, un <em>don eminente de la Gracia.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Deteng\u00e1monos un instante en este pensamiento, rnis queridas Hermanas: la castidad es un don, \u00abun don divino que la Iglesia ha recibido de su Se\u00f1or\u00bb. He aqu\u00ed lo que esclarece perfectamente todo el problema y lo libra de la estrechez de miras en que la oscuridad de nuestra mente correr\u00eda el riesgo de encerrarle. De un solo golpe nos encontramos inmersas en el mismo coraz\u00f3n del misterio de la Iglesia.<\/p>\n<p>Esta castidad, que un d\u00eda, lejano o pr\u00f3ximo de nuestra juventud, cre\u00edmos elegir por iniciativa propia, estaba preparada para nosotras desde hac\u00eda largo tiempo por los designios divinos. Don gratuito que no se concede a todos: \u00abNo todos entienden esto, sino aquellos a quienes ha sido dado\u00bb (Mt. 19, 2). Misterio de la predilecci\u00f3n divina. Don que el Se\u00f1or nos hace a nosotras personalmente sin duda, pero en nosotras, a la Iglesia. Don divino, talento que el Maestro ha confiado a su humilde siervo, a fin de que lo haga fructificar con sus cuidados; un d\u00eda tendremos que dar cuenta de ese precioso tesoro encomendado a nuestra fidelidad para ser gala, nimbo, de la Esposa del Se\u00f1or, \u00abla joya con que adorna su gracia espiritual\u00bb (Cipriano \u00abDe habitu Virginum\u00bb). Faltar\u00eda algo a una Iglesia local que no pudiese presentar, a la vista de todos, sus v\u00edrgenes consagradas.<\/p>\n<p>Nosotras nos hemos consagrado a la castidad <em>\u00abpor el Reino <\/em><em>de los Cielos\u00bb, <\/em>es decir, que nuestra castidad adquiere s\u00f3lo su verdadero sentido si est\u00e1 inspirada en una vida teologal aut\u00e9ntica. La hemos abrazado por Dios, por amor a Dios, para seguir a Cristo. Si no estuviera enraizada en la fe, iluminada por la esperanza, vivificada por la caridad, perder\u00eda su dimensi\u00f3n religiosa, se convertir\u00eda en una especie de mutilaci\u00f3n in\u00fatil de la naturaleza, y no dir\u00eda nada al coraz\u00f3n de aquellos a los que debe hablar del Reino de los Cielos\u00bb.<\/p>\n<p>Existe una estrecha relaci\u00f3n entre la fe y la castidad; Nuestro Se\u00f1or mismo es quien lo proclama as\u00ed en el Evangelio: \u00abBienaventurados los limpios de coraz\u00f3n, porque ellos ver\u00e1n a Dios.\u00bb He entrado por la v\u00eda de la virginidad porque he visto a Dios; pero a medida que me purifico de las ataduras terrestres para entregarme a Dios m\u00e1s plenamente, mi fe se acrecienta <em>y \u00abveo\u00bb <\/em>con una luz mucho m\u00e1s viva las cosas de Dios. Y lo mismo sucede con la esperanza; es en ella donde los corazones castos alimentan continuamente la alegr\u00eda y la paz en medio del renunciamiento cotidiano, y, a la vez, de estos renunciamientos, del amor de preferencia que profesan a Dios, surge cada vez m\u00e1s gozosa y profunda la esperanza.<\/p>\n<p>Consideremos esto con gran atenci\u00f3n, mis queridas Hermanas. Pobreza, Castidad y Obediencia, son una locura seg\u00fan la prudencia humana; s\u00f3lo las justifican la Fe y la Esperanza, con miras a la Caridad.<\/p>\n<p>Si nos quedamos en la mediocridad, rebajando nuestros Santos votos al nivel de pr\u00e1cticas estrechas y sin entusiasmo, en lugar de llegar a esa transformaci\u00f3n en Cristo que constituye su fin supremo, es se\u00f1al de que nuestra vida teologal languidece. Recibimos esta vida en el Bautismo, pero a nosotras nos corresponde aceptarla plenamente, contribuir a que florezca, en una palabra: vivir de ella.<\/p>\n<p>Avivemos en nosotros esa triple llama; cada una de nuestras peque\u00f1as comunidades debe convertirse en foco de vida teologal, donde cada Hermana ayude a las dem\u00e1s a vivir bajo esa luz. \u00abCuando se vive la vida teologal tan naturalmente como se respira\u00bb, dice el Padre Lebret, \u00abtodo habla de Dios, lleva a Dios y une a Dios\u00bb (Dimensiones de la Caridad, P. Lebret, 52).<\/p>\n<p>La castidad vivida en la fe y en la esperanza nos libera para la Caridad. <em>\u00abLibera de manera singular el coraz\u00f3n del hombre <\/em>para avivar en \u00e9l la llama del amor a Dios y a todos los hombres\u00bb. \u00abLa mujer no casada y la doncella s\u00f3lo tiene que preocuparse de las cosas del Se\u00f1or\u00bb (1 Cor. 7, 3234).<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n de nosotras no ha conocido en su vida una de esas Hijas de la Caridad soberanamente libres porque eran perfectamente castas? \u00a1Almas de luz que transparentan a Dios, liberadas de s\u00ed mismas, abiertas a los dem\u00e1s, disponibles siempre a todo requerimiento!<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1nto camino hemos de recorrer a\u00fan para alcanzarlas! \u00bfPor qu\u00e9 nuestra donaci\u00f3n a Dios no consigue tan plena irradiaci\u00f3n? \u00bfPor qu\u00e9 no nos hace gozar de id\u00e9ntica libertad luminosa? Sin duda porque hemos comprendido imperfectamente la amplitud de los designios que Dios ten\u00eda al elegirnos para El: hemos puesto l\u00edmites al amor, nuestro \u00ablanzamiento espiritual\u00bb no ha sido absoluto.<\/p>\n<p>La Castidad tiende hacia la Caridad; la Castidad perfecta tiende a la plenitud de la Caridad. El objeto directo del voto, la integridad moral y corporal, no es m\u00e1s que el punto de partida de una ascensi\u00f3n en el Amor, que no tiene m\u00e1s l\u00edmite que la uni\u00f3n completa con Cristo. Por nuestra parte, no hemos de marcar metas en el camino que conduce a esta uni\u00f3n; s\u00f3lo el Se\u00f1or sabe a qu\u00e9 nivel nos llama. El d\u00eda de nuestros primeros votos no alcanzamos el objetivo; nos limitamos a elegir un camino y emprender la marcha en un sentido determinado. Y ahora tenemos que avanzar, d\u00eda tras d\u00eda, por el camino del amor al encuentro de Dios, superando obst\u00e1culos que se renuevan sin cesar. Liberarnos para abrirnos a la invasi\u00f3n del amor de Dios y extraer del amor de Dios el deseo <em>y <\/em>la fortaleza precisa para liberarnos.<\/p>\n<p>\u00a1Ah! Si realmente hubi\u00e9semos fijado nuestro amor \u00fanica y exclusivamente en Dios, \u00a1c\u00f3mo nos ver\u00edamos liberadas de tantas trabas que nos sirven de r\u00e9mora, de tantas barreras que se interponen entre Dios y nosotras y que enmascaran la presencia de Dios en nosotras a los ojos de los que nos rodean!<\/p>\n<p>Es indudable que el renunciamiento a los v\u00ednculos del matrimonio y de la maternidad es fuente para nosotras de una libertad esencial; pero \u00bfno existen otros lazos que tienden a reconquistar ese coraz\u00f3n liberado para el Se\u00f1or? \u00bfY no habr\u00eda que citar en primer t\u00e9rmino el amor a nosotras mismas, el ego\u00edsmo? Ego\u00edsmo que puede adoptar formas diversas, entre ellas la de una abnegaci\u00f3n caprichosa hacia el pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Auscultemos nuestros corazones, mis queridas Hermanas, en los d\u00edas que preceden a la Renovaci\u00f3n y examinemos lealmente cu\u00e1l es el gran amor que impera en nuestra vida, que ocupa nuestra mente e inspira nuestra conducta.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber vacilado un poco, me decido a seguir el ejemplo de San Vicente, quien no tem\u00eda dirigir a sus Hijas algunos cumplidos \u00abrefiriendo toda la gloria a Dios, que les hab\u00eda concedido tal gracia\u00bb. \u00bfPor qu\u00e9 no reconocer que la gracia de la Libertad de cuerpo y esp\u00edritu es una de las se\u00f1ales caracter\u00edsticas por las que, hoy como ayer, se distingue a las Hijas de la Caridad; a esa Hija de la Caridad siempre al servicio de todos, porque se ha liberado de todo, aun de ella misma, por amor a Dios?<\/p>\n<p>Una Hermana entregada a Dios por entero se reconoce:<\/p>\n<ul>\n<li>por una sencillez especial en su aspecto y manera de expresarse, que le permite aparecer siempre tal y como es, sin timidez, ni deseo de llamar la atenci\u00f3n, ni preocupaci\u00f3n por pasar desapercibida;<\/li>\n<li>por la acogida cordial y la disponibilidad espont\u00e1nea ante las necesidades de los dem\u00e1s; por la manera de prestar o pedir un servicio sin imponerse;<\/li>\n<li>porque vive pendiente de los dem\u00e1s, de sus preocupaciones, de su manera de pensar. Por su sentido de colaboraci\u00f3n, su forma de trabajar en com\u00fan totalmente desprendida de sus opiniones y sus intereses personales;<\/li>\n<li>por su pronta obediencia, que resplandece tanto en su abandono confiado como en la aceptaci\u00f3n de las tareas que se le encomiendan;<\/li>\n<li>por un amor universal, que sabe individualizarse en cada uno de los que el Se\u00f1or pone en su camino. Por esa especial delicadeza en los sentimientos y en el trato con los dem\u00e1s, propia de las almas castas, que hace sentir a todos los que se acercan a ellas como un anticipo del amor divino. No es ya el amor de una criatura, m\u00e1s o menos replegada sobre s\u00ed misma, sino la Caridad de Dios que pasa libremente a trav\u00e9s de este alma entregada a El por completo.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Y es la universalidad de este amor lo que garantiza su autenticidad.<\/p>\n<p>La Hermana, as\u00ed vac\u00eda de s\u00ed misma y llena de Dios, se da a los dem\u00e1s y \u00absobreabunda de gozo\u00bb; esta alegr\u00eda misteriosa revela la presencia de Dios en ella y la convierte as\u00ed en testigo y signo de Dios.<\/p>\n<p><em>\u00abSe\u00f1al caracter\u00edstica de los bienes celestiales <\/em>(los Religiosos), de esta manera, recuerdan a todos los cristianos aquel maravilloso matrimonio establecido por Dios, y que ha de revelarse totalmente en la vida futura, por el que la Iglesia tiene a Cristo por Esposo \u00fanico.\u00bb<\/p>\n<p>Un signo y a la vez ya una realidad: el Reino de Dios se esboza, comienza ya en la tierra, y todos trabajamos, cada uno seg\u00fan nuestra vocaci\u00f3n en la Iglesia, en el advenimiento de este Reino. La santa uni\u00f3n de la Iglesia con su Esposo s\u00f3lo alcanzar\u00e1 su plenitud en la eternidad; pero, aunque de manera imperfecta, se realiza ya en el tiempo principalmente por la uni\u00f3n de las almas consagradas con Cristo. En nosotras debe prefigurarse y cumplirse ya en la tierra el Amor de la Iglesia a su Esposo. Debemos vivir de tal forma nuestra castidad consagrada a Dios que revele a los Pobres (Pobres seg\u00fan el mundo, o Pobres seg\u00fan Dios) el gran misterio de la Salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Mensaje muy sencillo, que todos podr\u00e1n descifrar:<\/p>\n<ul>\n<li><em>Dios ha hablado: <\/em>Cristo nos ha rescatado del pecado y ha merecido para nosotros una eternidad bienaventurada de uni\u00f3n con Dios. Nosotras creemos su Palabra hasta el punto de entregarle nuestra vida.<\/li>\n<li><em>Dios es incomparable: <\/em>El solo basta a los que le aman. Su presencia es por s\u00ed sola la fuente de nuestra dicha; basta para colmar todos nuestros anhelos.<\/li>\n<li><em>Dios es amor: <\/em>Cristo ama a la Iglesia. Cada alma consagrada es una respuesta, no solamente simb\u00f3lica, sino real, del amor de la Iglesia a su Esposo.<\/li>\n<li><em>Dios ama a los hombres <\/em>con amor incomparable. Se dio y contin\u00faa d\u00e1ndose por cada uno de ellos, y con predilecci\u00f3n por los peque\u00f1os y los pobres.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Guardar castidad perfecta por amor a Dios no seca ni empeque\u00f1ece el coraz\u00f3n; al contrario, abre sus puertas de par en par ante la inmensa neces\u00eddad de amor de la humanidad entera, es <em>\u00abun medio notable <\/em>para la consagraci\u00f3n fervorosa de los Religiosos al servicio de Dios y a las obras de Apostolado\u00bb.<\/p>\n<p>Mis queridas Hermanas, ojal\u00e1 que nuestra libertad de esp\u00edritu, nuestra disponibilidad total y permanente ante las necesidades del pr\u00f3jimo y las exigencias del apostolado se conviertan en el signo revelador que proclama muy alto el amor exclusivo que reina en nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Las consideraciones que acabamos de hacer nos descubren algo de la grandeza de los designios de Dios al invitarnos a la Castidad, las repercusiones que la Castidad tiene en la Iglesia, sus exigencias y su alcance apost\u00f3lico.<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n no <em>deja lugar a la mediocridad. <\/em>El camino que nos hemos comprometido a seguir no tiene otra salida leg\u00edtima que la santidad; no nos enga\u00f1emos respecto a esto y determin\u00e9monos a vivir lo que hemos prometido en toda su plenitud; es decir, a superar las exigencias obligatorias del voto para atender al \u00f3bjetivo que persigue: la transformaci\u00f3n en Cristo.<\/p>\n<p>Ser fieles al voto no supone \u00fanicamente la ausencia de faltas, cosa que se da por supuesta, sino responder plenamente al querer de D\u00edos. Esto exige tener una visi\u00f3n muy clara de esta Voluntad divina, trabajar incesantemente en la conversi\u00f3n y recurrir de continuo a Dios, que concede lo que manda; en resumen: ver, querer, orar.<\/p>\n<p><em>\u00abCreer en la palabra del Se\u00f1or\u00bb, <\/em>dice el Decreto. Este es siempre el primer paso en toda empresa espiritual: Hay que fijar el objetivo, \u00abver\u00bb, y ver seg\u00fan Dios; como Dios ve; ver a la luz de la Fe. Que el Se\u00f1or nos conceda la gracia de que en esta tarea de incesante conversi\u00f3n que constituye nuestra vida, veamos todo a la luz de la Fe, seg\u00fan el Evangelio, siguiendo el ejemplo que Cristo, nuestra Verdad, nos ha dado.<\/p>\n<p>Esto es necesario de una manera especial en lo que a la virginidad consagrada se refiere. El mundo de hoy apenas si cree ya en su valor, la considera como una limitaci\u00f3n de la personalidad humana y, sin embargo, cuando la encuentra le concede parad\u00f3jicamente una admiraci\u00f3n instintiva. Frente a corrientes del pensamiento tales, que pretend\u00edan se revisase la cuesti\u00f3n del celibato de los Sacerdotes, saboreemos gozosamente la firmeza que muestran en este punto los documentos conciliares y basemos nuestra fe y nuestra confianza en las ense\u00f1anzas de Cristo y de su Iglesia.<\/p>\n<p>Tengamos la seguridad de que <em>el amor exclusivo a Cristo <\/em><em>lleva consigo una plenitud de dicha <\/em>como el mundo no puede ni siquiera sospechar, una inmensa capacidad para darse a los dem\u00e1s, una irradiaci\u00f3n evang\u00e9lica cuyo alcance es dif\u00edcil precisar. Y si, a veces, algunas vidas consagradas parece que se marchitan en una especie de insatisfacci\u00f3n; si parecen confinadas en un estrecho c\u00edrculo de preocupaciones ego\u00edstas, se quedan est\u00e9riles, incapaces de llevar el divino mensaje, es que se han detenido a mitad de camino del don de s\u00ed o que han tenido de \u00e9l una idea equivocada: en suma, que el amor a Cristo no ocupa a\u00fan en ellas el primer lugar.<\/p>\n<p>Hagamos m\u00e1s firme nuestra confianza en Dios y busquemos en \u00e9l la recta apreciaci\u00f3n de todas las cosas, anclemos firmemente en El nuestra voluntad. A trav\u00e9s de todas las circunstancias hemos de profesar a Cristo, con fidelidad creciente, un amor de preferencia.<\/p>\n<p>Nuestra vida de Hijas de la Caridad en medio del mundo <em>y <\/em>al servicio de toda clase de gentes no deja de tener sus riesgos. Nuestros fundadores necesitaron una santa audacia para lanzar a nuestras primeras Hermanas en medio de peligros que, en su \u00e9poca, parec\u00edan incompatibles con la consagraci\u00f3n religiosa: las calles, posadas, galeras, campos de batalla. Audacia que justificaban la caridad y la confianza en Dios, pero que iba acompa\u00f1ada de la prudencia y la oraci\u00f3n. Nosotras debemos mantenernos fielmente en la misma l\u00ednea de conducta.<\/p>\n<p>Esto supone una <em>ascesis de vida. <\/em>No hay fidelidad posible sin un perfecto se\u00f1or\u00edo de la mente, del coraz\u00f3n y del cuerpo. La ascesis del esp\u00edritu implica una parte positiva: humildad y oraci\u00f3n; fidelidad a los dict\u00e1menes de la Fe en la b\u00fasqueda de la verdad; y una parte negativa: renunciamiento a todo lo que pudiese mancillar o falsear nuestro pensamiento. Que la fe nos ayude a mantenernos sin cesar ante Dios en esa fundamental disposici\u00f3n de pobreza de esp\u00edritu que es la humildad, y en esa actitud de esperanza que cristaliza en la oraci\u00f3n para obtener el \u00abdon eminente de la gracia que es la Castidad\u00bb. Oremos y manteng\u00e1monos vigilantes para reprimir toda curiosidad intelectual reprensible: lecturas, conversaciones, estudios superfluos, etc. \u00a1Qu\u00e9 delicadeza tan exquisita debemos tener! Pero dentro de una santa libertad, sabiendo distinguir lo que no ser\u00eda m\u00e1s que vana complacencia u orgullo sutil, de lo que resulta \u00fatil o necesario para nuestro oficio o para comprender mejor a la gente de nuestra \u00e9poca. Corresponde a la obediencia regular el contenido y la amplitud de nuestra formaci\u00f3n y de la informaci\u00f3n que necesitamos para nuestra vida apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>La doctrina com\u00fan a todos los Maestros de la vida espiritual, de cualquier \u00e9poca que sean, doctrina que recogen con insistencia los Soberanos Pont\u00edfices y los recientes documentos conciliares, nos ense\u00f1a la importancia de la mortificaci\u00f3n en toda vida religiosa, con vistas especialmente a la Castidad: <em>\u00abpracticar <\/em><em>la mortificaci\u00f3n y la guarda de los sentidos\u00bb, <\/em>nos dice el Decreto. Tengamos el valor de aceptar plenamente la doctrina de la Iglesia en este punto, tan poco comprendida en nuestros d\u00edas bajo pretexto de expansi\u00f3n de la personalidad humana. Disciplinemos nuestro cuerpo y todas sus exigencias a fin de que est\u00e9 siempre dispuesto al servicio de Dios y de nuestros hermanos; m\u00e1s a\u00fan, mediante la mortificaci\u00f3n debemos conseguir que el amor a nosotras mismas, a nuestro cuerpo y a nuestra alma, ceda el paso al amor a Dios. Debemos habituarnos a \u00abceder ante Dios\u00bb; a demostrar, contrari\u00e1ndonos a nosotras mismas, que le preferimos siempre. Aunque en nuestro tiempo no son de temer excesos en este terreno, conviene repetir una vez m\u00e1s que para hacer mortificaciones extraordinarias hay que pedir permiso a N. M. H. Padre o al Padre Director General o Provincial. Se dejan a nuestra discreci\u00f3n y fervor las mortificaciones ordinarias; a cada una corresponde ingeniarse para practicarlas y ofrecerlas al Se\u00f1or: se impone un esfuerzo en este punto.<\/p>\n<p>Podemos convertir en mortificaciones algunos renunciamientos que impone la prudencia y que, en cierto sentido, vienen a actualizar nuestras Santas Reglas, ya que cada \u00e9poca aporta a nuestro g\u00e9nero de vida su contingente de peligros peculiares. No es in\u00fatil recordar que est\u00e1 prohibido que las Hermanas hagan \u00abautostop\u00bb, as\u00ed como que admitan \u00abautostopistas\u00bb en sus veh\u00edculos, y yo a\u00f1ado que, aparte de los circuitos ordinarios de trabajo o de sitios muy concurridos, una Hermana no debe ir sola en autom\u00f3vil por la carretera. Una gran prudencia debe regular tambi\u00e9n todas las dem\u00e1s circunstancias de nuestra vida.<\/p>\n<p>Ascesis del esp\u00edritu, mortificaci\u00f3n de los sentidos, prudencia. Pero tambi\u00e9n ascesis del coraz\u00f3n; \u00a1cu\u00e1n delicada es la guarda de un coraz\u00f3n consagrado a Dios! Parece superflua toda explicaci\u00f3n en este sentido. \u00bfAcaso no es el mismo Dios el gu\u00eda de aquellas que se han consagrado a \u00c9l, y no es \u00c9l quien les va descubriendo poco a poco toda la extensi\u00f3n de sus exigencias, conduciendo a cada una seg\u00fan su ritmo personal? En este camino del amor, cada ofrenda que se hace, se ve recompensada por un nuevo llamamiento; feliz la Hermana que comprende la divina intransigencia y no le fija l\u00edmites dej\u00e1ndola sin respuesta. Sabr\u00e1 evitar la rapi\u00f1a en el holocausto, las satisfacciones de la vanidad y de amor propio, y lo que se ha convenido en llamar las compensaciones afectivas: apegos ego\u00edstas a una compa\u00f1era, a una ni\u00f1a, a un enfermo&#8230;; que, aun siendo superficiales, apartan a Dios, destruyen el equilibrio de la vida, falsean el testimonio religioso de la castidad <em>y <\/em>contristan al Esp\u00edritu Santo. Estemos atentas a la voz de este Esp\u00edritu de Amor.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 decir entonces de la amistad? \u00bfEs incompatible con la consagraci\u00f3n? Por el contrario, podemos decir que la amistad verdadera es fruto de la verdadera castidad; las amistades m\u00e1s bellas son las que nacen entre personas consagradas a Dios y cuyo lazo es Dios. Solamente esos corazones son suficientemente libres para amar en el verdadero sentido de la palabra, sin ego\u00edsmos y sin limitaciones; se reconocen estas amistades en que son el punto de partida de un avance en la l\u00ednea de la caridad fraterna y un fermento de uni\u00f3n en la Comunidad. Toda amistad que aisla o divide los esp\u00edritus es imperfecta y lamentable.<\/p>\n<p>Esto mismo es lo que sugiere el siguiente texto:<\/p>\n<p>\u00abLa castidad se guarda con m\u00e1s delicadeza <em>cuando entre los <\/em><em>sujetos que hacen vida com\u00fan reina una verdadera caridad fraterna.\u00bb <\/em>Nuestras peque\u00f1as Comunidades deb\u00edan ser esos focos de caridad en los que cada Hermana se siente responsable de personalizar para cada una de sus compa\u00f1eras y para toda la Casa el amor a Cristo que las une a todas. Existe el misterio de la caridad fraterna \u00edntimamente vinculada al misterio de la Virginidad <em>y <\/em>cuya comprensi\u00f3n e inteligencia hay que pedir con instancia al Esp\u00edritu de Amor.<\/p>\n<p>Porque \u2014jam\u00e1s lo repetiremos bastante\u2014 el misterio de la Castidad consagrada es el misterio de la perfecta caridad. <em>La <\/em><em>castidad florece en la caridad.<\/em><\/p>\n<p>Toda vigilancia, toda prudencia, toda ascesis, no son sino el brote incesante y espont\u00e1neo de una vida de intimidad con Cristo.<\/p>\n<p>Miremos al m\u00e1s perfecto modelo que pudi\u00e9ramos encontrar en la tierra, la \u00danica que fue perfectamente pura, porque fue la \u00danica que se entreg\u00f3 por completo a Dios: la Virgen Mar\u00eda, Nuestra Madre.<\/p>\n<p>Inmaculada en su Concepci\u00f3n por un privilegio inaudito de la Gracia, no dej\u00f3, sin embargo, de crecer en amor y en pureza; lo que se transform\u00f3 en Ella no fue su integridad \u2014que fue absoluta desde el primer instante de su existencia\u2014, sino la intensidad del amor que animaba a su pureza virginal. La vida de la Virgen transcurri\u00f3 en la intimidad con Cristo. Lo que constituye la fuerza, la dulzura, la riqueza religiosa de nuestra castidad, es el trato ininterrumpido con Cristo; una vida de uni\u00f3n personal e \u00edntima con El.<\/p>\n<p>Para obtener esta gracia, un\u00e1monos fervorosamente a la admirable oraci\u00f3n que brot\u00f3 del coraz\u00f3n de Santa Luisa de Marillac para poner a sus hijas bajo la protecci\u00f3n de la Reina de las V\u00edrgenes:<\/p>\n<p>Sant\u00edsima Virgen: creo y confieso tu santa e Inmaculada Concepci\u00f3n, pura y sin mancha. \u00a1Oh, Pur\u00edsima Virgen! Por tu pureza virginal, tu Inmaculada Concepci\u00f3n y tu gloriosa cualidad de Madre de Dios, alc\u00e1nzame de tu amado Hijo la humildad, la caridad, una gran pureza de coraz\u00f3n, cuerpo y esp\u00edritu la santa perseverancia en mi amada vocaci\u00f3n, el don de oraci\u00f3n, una santa vida y una buena muerte.<\/p>\n<p>Que Nuestra Madre Inmaculada nos guarde y aumente en nosotras, a su ejemplo, el ardiente amor a su Hijo.<\/p>\n<p>Encomend\u00e9mosle tambi\u00e9n las intenciones de Nuestro Muy Honorable Padre, que dirige en el esp\u00edritu de San Vicente a la doble familia que le est\u00e1 confiada, as\u00ed como las de Nuestro Respetable Padre Jamet, Director General, y las de Nuestro Venerado Padre Castelin, sin olvidar a los celosos misioneros que con tanta abnegaci\u00f3n buscan el bien de nuestras almas y de nuestras obras.<\/p>\n<p>Unida a Nuestras Veneradas Madres Lepicard y Blanchot, a Nuestras Hermanas Consejeras, Ec\u00f3noma General, Secretaria General <em>y <\/em>Secretarias, les reitero la seguridad de mi solicitud maternal y quedo en el amor de Jes\u00fas y Mar\u00eda Inmaculada,<\/p>\n<p>mis car\u00edsimas Hermanas, su humilde y afect\u00edsima,<\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>Sor Susana Guillemin,<\/em><br \/>\nInd.h.d.l.c.s.d.l.p.e.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Par\u00eds, 2 de febrero de 1966 Mis car\u00edsimas Hermanas: \u00a1La Gracia de Nuestro Se\u00f1or sea siempre con nosotras! 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A las Hermanas que van a emitir los Votos por primera vez A imitaci\u00f3n de la Virgen y como un eco a su palabra, van ustedes, Hermanas, a pronunciar ma\u00f1ana su propio \"Fiat\" a Dios. 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A las Hermanas que van a emitir los votos por primera vez Han llegado ustedes, Hermanas, a la v\u00edspera de su Consagraci\u00f3n al Se\u00f1or. Ma\u00f1ana por la ma\u00f1ana, en la Santa Misa, pronunciar\u00e1n las palabras que van a unirlas a Aquel que las ha elegido y escogido\u2026","rel":"","context":"En \u00abEscritos de Susana Guillemin\u00bb","block_context":{"text":"Escritos de Susana Guillemin","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/escritos\/escritos-de-susana-guillemin\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":44389,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/susana-guillemin-toma-de-habito-marzo-de-1965\/","url_meta":{"origin":34794,"position":3},"title":"Susana Guillemin: Toma de h\u00e1bito, Marzo de 1965","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"20\/07\/2011","format":false,"excerpt":"Susana Guillemin, H.C. 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