{"id":34773,"date":"2014-05-04T07:02:21","date_gmt":"2014-05-04T05:02:21","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=34773"},"modified":"2016-07-27T12:07:59","modified_gmt":"2016-07-27T10:07:59","slug":"julien-guerin-c-m","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/julien-guerin-c-m\/","title":{"rendered":"Julien Guerin, C.M."},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/antoine-morando-1650-1694\/biografias-paules-346\/\" rel=\"attachment wp-att-130116\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-130116\" alt=\"Biografias Pa\u00fales\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/03\/Biografias-Pa%C3%BAles.jpg?resize=232%2C300\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>T\u00fanez, al fondo de una amplia bah\u00eda del Mediterr\u00e1neo, sirvi\u00f3 por mucho tiempo, como Argel, de guarida a los piratas que iban a vender las presas que hab\u00edan hecho en sus carreras mar\u00edtimas. Desde su cautividad en esta ciudad, san Vicente de Pa\u00fal no se hab\u00eda olvidado de los pobres esclavos cristianos cuya triste suerte hab\u00eda compartido y se hab\u00eda hecho la promesa de socorrerlos por todos los medios que la divina Providencia pusiera a su disposici\u00f3n. Pero durante mucho tiempo, s\u00f3lo pudo rezar por ellos.<\/p>\n<p>Era en efecto una obra dif\u00edcil, no pudiendo tolerar los turcos la presencia de un sacerdote cristiano m\u00e1s que en el estado de esclavitud o de tributarios de su codicia. San Vicente se convenci\u00f3 por el estudio que hab\u00eda mandado hacer de los tratados entre Francia y el Gran Se\u00f1or, de que nuestros reyes estaban autorizados a mantener, en todas las ciudades mar\u00edtimas dependientes de la Puerta, a algunos de sus s\u00fabditos con el t\u00edtulo de c\u00f3nsul, y los propios c\u00f3nsules a recibir a un capell\u00e1n para el servicio religioso de su casa. Hac\u00eda mucho tiempo ya los reyes de Francia hab\u00edan usado de una parte de este derecho y, en inter\u00e9s tanto del comercio como de los cristianos esclavos, hab\u00edan establecido consulados en las principales ciudades mar\u00edtimas del levante y de la berber\u00eda. San Vicente resolvi\u00f3 sacar partido de esta situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para situarse de alguna manera en la necesidad de llevar lo antes posible a los esclavos de Berber\u00eda los socorros que reclamaba su triste posici\u00f3n, quiso que en el contrato de la fundaci\u00f3n que hizo la Sra. duquesa de Aiguillon, de una Misi\u00f3n permanente sobre las galeras de Marsella, pasado el 25 de julio de 1643, se mencionara el env\u00edo de los sacerdotes de la Misi\u00f3n a la costa de \u00c1frica; era como un compromiso tomado y una carga impuesta a la Compa\u00f1\u00eda. Entre tanto la fundaci\u00f3n estaba de lejos de abastecer a las dos obras, y la caridad de san Vicente de\u00a0 Pa\u00fal le hizo buscar los medios de comenzar la Misi\u00f3n de Berber\u00eda, lleno de confianza en que la divina Providencia vendr\u00eda en su auxilio. Nueve o diez mil libras que el piadoso rey Luis XIII le envi\u00f3 por esta \u00e9poca le comprometieron a no diferirla ya m\u00e1s, y a enviar algunos Misioneros a T\u00fanez, en la primera ocasi\u00f3n que se presentara. Luis XIII se muri\u00f3 enseguida y la ocasi\u00f3n no se present\u00f3 hasta dos a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Los poderes pedidos a Roma hab\u00edan llegado para el Misionero asignado por \u00e9l, y el santo escribi\u00f3 a Lange Martin, c\u00f3nsul de Francia en T\u00fanez para pedirle si se le har\u00eda agradable recibir en su casa, en calidad de capell\u00e1n, a un Misionero, a\u00f1adiendo que ni el sacerdote ni el hermano que le acompa\u00f1aba ser\u00edan carga para \u00e9l; y a la respuesta favorable del c\u00f3nsul, mand\u00f3 partir a Julien Gu\u00e9rin, sacerdote, y al hermano coadjutor Fran\u00e7ois Francillon. Los dos misioneros llegaron a T\u00fanez el 22 de noviembre de 1645.<\/p>\n<p>El hermano Fracillon deb\u00eda coronar m\u00e1s tarde cerca de medio siglo de trabajos en el suelo de \u00c1frica, con el martirio. Veamos cu\u00e1l hab\u00eda sido la preparaci\u00f3n y cu\u00e1les fueron los trabajos del Sr. Julien Gu\u00e9rin en la Misi\u00f3n de T\u00fanez.<\/p>\n<p>I.- El Sr. Julien Gu\u00e9rin, nacido en la parroquia de Selles, di\u00f3cesis de Bayeux, en el a\u00f1o 1605, fue recibido en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, el 30 de enero de 1640. El Se\u00f1or que le llamaba a una alta santidad y que quer\u00eda servirse de \u00e9l para la santificaci\u00f3n de un gran n\u00famero de almas, le hab\u00eda dado excelentes padres de quienes recibi\u00f3 una educaci\u00f3n muy cristiana. Desde sus m\u00e1s tiernos a\u00f1os, se alist\u00f3 en la carrera de las armas; a pesar de los peligros inherentes a esta profesi\u00f3n, supo siempre mantenerse en el camino\u00a0 de la virtud conservando la saludable pr\u00e1ctica de algunos ejercicios de piedad a los que sus padres le hab\u00edan acostumbrado. No s\u00f3lo evit\u00f3 siempre los duelos, las blasfemias y dem\u00e1s excesos tan comunes entre las gentes de guerra; sino que tambi\u00e9n sus ejemplos y sus exhortaciones\u00a0 fueron \u00fatiles a muchos de sus compa\u00f1eros quienes, a la vista de su conducta edificante, pisotearon el respeto humano y se mantuvieron o entraron en los senderos de la virtud. El recuerdo de la bondad del Se\u00f1or que le hab\u00eda protegido visiblemente en medio de tan numerosos peligros, penetraba su alma con los sentimientos de la m\u00e1s viva gratitud, y le gustaba repetir que cuando era joven, aunque fuera, dec\u00eda \u00e9l, el peor de todos los hombres, el buen Dios le inspiraba el deseo y le daba la gracia para oponerse al mal y a las ofensas que se comet\u00edan contra su santa Majestad.<\/p>\n<p>De regreso del ej\u00e9rcito, entr\u00f3 en el estado eclesi\u00e1stico, aceptando el curato de Saint-Mamens, que le traslad\u00f3 su hermano mayor. \u00c9ste, queriendo dedicarse por entero a su propia santificaci\u00f3n, abrazaba el Instituto de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Esta resoluci\u00f3n emocion\u00f3 profundamente al Sr. Juli\u00e1n y le hizo concebir un ardiente deseo de seguir el ejemplo de su hermano; tres meses despu\u00e9s, renunci\u00f3 \u00e9l mismo a este curato, vendi\u00f3 sus bienes, distribuy\u00f3 su importe a los pobres, seg\u00fan el consejo del Evangelio, y entr\u00f3 tambi\u00e9n \u00e9l en la familia de san Vicente de Pa\u00fal, a la edad de treinta y cinco a\u00f1os. Se entreg\u00f3 con el mayor ardor a todos los ejercicios del Seminario, sin dejar ninguno, por peque\u00f1o que fuera, por encima de todo se entreg\u00f3 a la mortificaci\u00f3n y a la humildad.<\/p>\n<p>Por obediencia, lo dejaba todo a la menor se\u00f1al de su Superior, para hacer con el mayor ardor lo que se le ordenaba. Sabiendo cu\u00e1nto contribuye la pureza de intenci\u00f3n a honrar al Se\u00f1or, hasta en las acciones de menor importancia en s\u00ed mismas, estaba atento a caminar siempre en su santa presencia; esta pr\u00e1ctica le fue tambi\u00e9n muy \u00fatil para corregirse de cierta vivacidad o prontitud demasiado grande que hubiera podido llevarle a algunas salidas de trono y hacer su celo menos \u00fatil para la salvaci\u00f3n de las almas.<\/p>\n<p>San Vicente llevaba varios a\u00f1os ocupado en llevar por sus limosnas alg\u00fan remedio a los espantosos males\u00a0 que desolaban la Lorena; en 1641, uni\u00f3 a aquellos de sus sacerdotes, ocupados en esta provincia, al Sr. Gu\u00e9rin, que se sinti\u00f3 feliz por una ocasi\u00f3n tan hermosa de acudir en ayuda de los pobres m\u00e1s necesitados.<\/p>\n<p>Dios solo conoce el celo y la ternura con los que se emple\u00f3 en el bien de los desafortunados de esta provincia desolada, la benevolencia y la y la devoci\u00f3n de que usaba en el servicio de los miembros dolidos de Nuestro Se\u00f1or. No contento con prodigar sus cuidados a los que recurr\u00edan a su caridad, buscaba a los m\u00e1s abandonados, los reun\u00eda en alguna pobre choza donde, despu\u00e9s de distribuirles el pan a de palabra divina, les daba una limosna tan abundante como pod\u00eda mezclando sus l\u00e1grimas con las de estos infelices. Iba luego de casa en casa a visitar a los enfermos para distribuirles caldo con las mayores se\u00f1ales de amor y de cordialidad. Acabada la visita, volv\u00eda a sus pobres a los que amaba como a sus propios hijos. Este ejercicio de caridad practicado en un gran n\u00famero de parroquias le atrajo la admiraci\u00f3n y el agradecimiento de toda la comarca, y san Vicente de Pa\u00fal dec\u00eda a prop\u00f3sito \u00abque no se pod\u00eda quitar nada ni desear nada despu\u00e9s de tales trabajos, de tal manera los hab\u00eda realizado\u00bb.<\/p>\n<p>Estas tareas tan multiplicadas y excesivas hab\u00edan alterado notablemente su salud. Con el fin de cuidar a un obrero tan \u00fatil, fue llamado a Paris y enviado poco despu\u00e9s a Richelieu, donde hizo sus votos el 14 de junio de 1642.<\/p>\n<p>Cuando se repuso, san Vicente le emple\u00f3 en la casa de Saintes.<\/p>\n<p>Ces fatigues si multipli\u00e9es et excessives avaient alt\u00e9r\u00e9 notablement sa sant\u00e9. Afin de m\u00e9nager un ouvrier aussi utile, on le rappela \u00e0 Paris et on l\u2019envoya peu apr\u00e8s \u00e0 Richelieu, o\u00f9 il fit ses v\u0153ux le 14 juin 1642. Desde su llagada se entreg\u00f3 a las mismas obras de caridad que en Lorena, d\u00e1ndose sobre todo al cuidado de los prisioneros a los que visitaba, los alimentaba, los vest\u00eda, los instru\u00eda en las verdades de nuestra santa religi\u00f3n y haci\u00e9ndosela amar, a fin de que despu\u00e9s de recobrar su libertad se dedicasen de buen grado a conformarse a sus ense\u00f1anzas divinas. Muchas veces, animado por el arrepentimiento de algunos de ellos o sabiendo que su detenci\u00f3n privaba a su familia del apoyo que era indispensable, les pag\u00f3 sus deudas y les consigui\u00f3 la libertad. Su tierna compasi\u00f3n por estos desdichados, apoyada sobre pruebas tan manifiestas de su caridad, triunfaba de las resistencias que le opon\u00edan los corazones m\u00e1s insensibles, como se vio en una circunstancia que vamos a decir.<\/p>\n<p>Un preso condenado a muerte se obstin\u00f3\u00a0 en negarse a los auxilios de la religi\u00f3n. Le conduc\u00edan ya al suplicio; por el camino se acuerda de la benevolencia de que hab\u00eda sido objeto por parte del Sr Gu\u00e9rin, no puede resistir a este pensamiento; pide le hagan venir para asistirle en sus \u00faltimos momentos. Avisan a toda prisa al primer Sacerdote de la Misi\u00f3n que encontraron; pero este pobre criminal, no reconociendo a su bienhechor en este Misionero, no pudo resolverse a poner en orden su conciencia, y fue indispensable llamar al Sr. Gu\u00e9rin. Llegado \u00e9ste, encontr\u00f3 al criminal ya al pie de la escalera de la horca. Enseguida le abraz\u00f3, le anim\u00f3 a la confianza en Dios, a arrepentirse sinceramente de sus faltas; y result\u00f3 tan bien que la muerte de este desdichado edific\u00f3 a todos los asistentes.<\/p>\n<p>La dulzura con que sazonaba sus charlas le daba un dominio tan fuerte sobre sus oyentes que era pr\u00e1cticamente imposible no dejarse convencer y llevar a la pr\u00e1ctica de la virtud. Hubo no obstante en Saintes dos personas que se resistieron por alg\u00fan tiempo, enga\u00f1\u00e1ndole con vanas promesas; pues bien, un d\u00eda que se ve\u00edan m\u00e1s apuradas para darse a Dios generosamente, , para cortar en seco su conversaci\u00f3n, le hicieron salir bruscamente de casa de ellos. El Sr. Gu\u00e9rin se dej\u00f3 llevar sin manifestar el menor resentimiento; pero adivinando que los procedimientos usados con \u00e9l eran un \u00edndice del combate que estas personas sent\u00edan interiormente entre la gracia y la naturaleza corrompida, no dej\u00f3 de visitarlos de nuevo. En efecto, algunos d\u00edas despu\u00e9s, hab\u00eda ido a verlos, causando su paciencia y su bondad una impresi\u00f3n tan grande que se determinaron a cambiar de vida y a conducirse cristianamente.<\/p>\n<p>A esta dulzura nuestro santo Misionero juntaba un valor poco com\u00fan, como vemos en un viaje en que se vio asaltado por ladrones que, pistola en mano, le detuvieron en seco, y la gritaron: \u00ab\u00bfQui\u00e9n vive? amenaz\u00e1ndole con disparar a la menor resistencia. El Sr. Julien Gu\u00e9rin, sin moverse, tomando su crucifijo, les contest\u00f3: \u00bb\u00a0Viva \u00c9ste! Viva \u00c9ste cuya imagen tengo en las manos!\u00bb Sorprendidos por esta salida y desconcertados, los ladrones le dejaron continuar su camino sin causarle ning\u00fan da\u00f1o.<\/p>\n<p>El celo del que era animado le daba un atractivo particular para los trabajos que ten\u00edan como fin inmediato la salvaci\u00f3n de las almas; con el fin de ganar los corazones a Jesucristo, echaba mano con avidez de todas las ocasiones que se presentaban de darle a conocer y amar. Una se\u00f1ora de calidad peligrosamente enferma habi\u00e9ndole llamado para asistirla en sus \u00faltimos momentos, \u00e9l aprovech\u00f3 de su estancia en su casa para catequizar a toda su familia. Dios acompa\u00f1\u00f3 sus\u00a0 charlas con tantas bendiciones, que esta familia apreci\u00f3 la felicidad de su retorno\u00a0 sincero a la pr\u00e1ctica de los deberes de la religi\u00f3n, y le pidi\u00f3 con las instancias m\u00e1s vivas que diera una misi\u00f3n en sus tierras. \u00c9l se entreg\u00f3 de buen grado a los deseos que le manifestaban, y en la \u00e9poca convenida comenz\u00f3 en esta parroquia, acompa\u00f1ado tan s\u00f3lo de un hermano coadjutor, los santos ejercicios. Bueno pues, predic\u00f3 con tanta eficacia desde el comienzo, que pronto no siendo suficientes los d\u00edas para o\u00edr las confesiones, se vio obligado a dedicarle cinco o seis noches seguidas. Al preguntarle uno de los parroquianos c\u00f3mo pod\u00eda resistir a tantas fatigas y soportar un trabajo tan continuo sin tomar ning\u00fan descanso y casi sin comer, respondi\u00f3: \u00abCre\u00e9is que Dios no sostenga por otros medios a los que se privan de las comodidades corporales para atender la necesidad espiritual del pr\u00f3jimo?\u00bb<\/p>\n<p>Su entrega tan absoluta a la salvaci\u00f3n de las almas le hab\u00eda hecho comprender la importancia de la oraci\u00f3n, no s\u00f3lo para trabajar eficazmente en su propia perfecci\u00f3n sino para sacar en sus charlas con el Se\u00f1or los sentimientos que deseaba llevar al coraz\u00f3n de sus oyentes; por eso,\u00a0 al salir de estas conversaciones con el Se\u00f1or, abandon\u00e1ndose por completo al esp\u00edritu divino que le animaba, sus palabras ten\u00edan una fuerza y una unci\u00f3n que le somet\u00edan todos los corazones.<\/p>\n<p>Siempre preparado para realizar los trabajos que \u00e9l llamaba la santa obediencia, \u00e9l experimentaba no obstante un deseo m\u00e1s vehemente de ocuparse en la obra de las Misiones; su felicidad y su gozo se manifestaban a pesar de \u00e9l por abundantes l\u00e1grimas, cuando era designado para ir a evangelizara los pobres habitantes de los campos. Se encontraba entonces impedido en su lecho por alguna indisposici\u00f3n, el pensamiento de que\u00a0 iba a ir de misiones parec\u00eda servirle de remedio soberano, y por abatidas que estuviesen sus fuerzas, se reanimaban cuando se trataba de ir para ganar almas a Dios. Como parec\u00edan sorprenderse del cambio que se operaba entonces en \u00e9l, por los \u00e1nimos que manifestaba, y por el celo que desplegaba en el curso de las Misiones: \u00abNo veo nada sorprendente en todo esto, dec\u00eda, ya que estos trabajos se emprenden, estas fatigas aliviadas por la salvaci\u00f3n de las almas rescatadas por la sangre de nuestro divino Maestro; mi \u00fanico pretensi\u00f3n es colaborar a la salvaci\u00f3n de estas pobres almas\u00bb.<\/p>\n<p>Desde hac\u00eda tiempo su humildad y su tierna compasi\u00f3n por los pecadores m\u00e1s abandonados le hac\u00edan suspirar por el favor de emplearse en el alivio de los cristianos esclavos o al menos de servir a los forzados de las galeras, si le reconoc\u00edan demasiado indigno para del primero de estos empleos. Como le dec\u00edan un d\u00eda que quiz\u00e1s fuera enviado a Berber\u00eda: \u00abOh Dios, respondi\u00f3, ser\u00eda posible que yo mereciera esa gracia, me siento demasiado indigno, tales favores no son para un pecador tan miserable como yo\u00bb. Esta persuasi\u00f3n de su inutilidad fue sin duda el motivo mismo por el que el Se\u00f1or le otorg\u00f3 ver el cumplimiento de sus deseos. San Vicente teniendo presente en el esp\u00edritu\u00a0 el testimonio que le hab\u00eda dado Mons. obispo de Saintes sobre el piadoso Misionero, \u00abque no conoc\u00eda a nadie m\u00e1s lleno del esp\u00edritu apost\u00f3lico como el Sr. Gu\u00e9rin\u00bb, y al continuar recibiendo a su cuenta informes tan favorables, crey\u00f3 que el momento fijado por la divina Providencia de realizar su pensamiento hab\u00eda llegado por fin, y resolvi\u00f3 enviarle a T\u00fanez.<\/p>\n<p>Esta noticia llen\u00f3 el coraz\u00f3n del ap\u00f3stol novel con tal alegr\u00eda que parec\u00eda ir m\u00e1s bien a un triunfo que a un inminente peligro de muerte. Cuando poco antes de su partida que estaba expuesto a ser colgado, a ser empalado, o a ser colocado en la boca del ca\u00f1\u00f3n, \u00abEso es poca cosa, respondi\u00f3, lo que me consuela es que espero sufrir mucho m\u00e1s\u00bb. Lo pas\u00f3 peor\u2026lo pas\u00f3 mejor: una muerte m\u00e1s oscura, es verdad, pero a pesar de todo verdadero martirio, al servicio de la caridad.<\/p>\n<p>II.-\u00a0 Al llegar a T\u00fanez, el misionero encontr\u00f3 esta pobre iglesia en el m\u00e1s triste estado en lo temporal y en lo espiritual, aunque hubiera sido erigida en prefectura apost\u00f3lica anteriormente.<\/p>\n<p>Desde su llegada, el Sr. Gu\u00e9rin se dedic\u00f3 sin reserva al bien espiritual de los esclavos; por la dulzura de sus palabras, la afabilidad de sus maneras, el tierno inter\u00e9s que manifestaban sus charlas, las limosnas que les distribu\u00eda con prudencia y con acierto, se gan\u00f3 pronto todos los corazones y calm\u00f3 su desesperaci\u00f3n. Despu\u00e9s de prepararlos y hablarles de Dios los llev\u00f3 a disponerse a la recepci\u00f3n de los sacramentos y a gustar las pr\u00e1cticas religiosas.<\/p>\n<p>Al principio todo se hizo en secreto. Mas pronto pudo dar a la religi\u00f3n su aparato externo, con sus cantos y con sus ceremonias. Las mazmorras se transformaron en otros tantos peque\u00f1os templos donde los esclavos pod\u00edan libre y p\u00fablicamente o\u00edr la santa misa y participar en los divinos misterios. Nuestro Se\u00f1or resid\u00eda all\u00ed noche y d\u00eda en su tabern\u00e1culo; en medio de los pobres y de los afligidos, objetos eternos de sus predilecciones, y una l\u00e1mpara ard\u00eda siempre delante de \u00e9l, s\u00edmbolo de la fe de los esclavos y de su amorosa Providencia. Cuando se lo llevaban a los enfermos, le acompa\u00f1aban con la antorcha o el cirio en la mano. En la Fiesta del Corpus, era llevado en procesi\u00f3n seguido de una multitud cuyos lazo y harapos le hac\u00edan para una mirada cristiana, un espl\u00e9ndido triunfo, y durante toda la octava quedaba expuesto a la veneraci\u00f3n p\u00fablica. El domingo y las fiestas, el oficio divino se celebraba en las obres capillas de las mazmorras con menos riqueza, pero con tanta solemnidad como en las iglesias de Par\u00eds. se hac\u00edan con frecuencia fundaciones piadosas a las que contribu\u00eda el denario del esclavo y se establec\u00edan cofrad\u00edas en honor de la sant\u00edsima Virgen o bien para el alivio espiritual de los moribundos y de los muertos. En una palabra, era en una tierra infiel el cumplimiento de la palabra del profeta: \u00abDijo el Se\u00f1or a mi Se\u00f1or: Reinad, triunfad en medio de nuestros enemigos\u00bb. Cada a\u00f1o, la fiesta de san Luis, patr\u00f3n de la capilla consular y protector de esta tierra de T\u00fanez que ha santificado con su muerte, se celebraba con gran pompa. En todas las asambleas religiosas el rey y Francia ten\u00edan su recuerdo. Os encantar\u00eda, escrib\u00eda el Sr. Gu\u00e9rin a san Vicente, o\u00edr todos los d\u00edas de fiesta y los domingos cantar en nuestras iglesias y en nuestras capillas el <em>Exaudiat <\/em>y dem\u00e1s oraciones por el Rey de Francia, por quien los extranjeros mismos muestran respeto y afecto. Y no lo estar\u00edais menos viendo con qu\u00e9 afecto estos pobres cautivos ofrecen sus oraciones por todos sus bienhechores, a quienes reconocen que est\u00e1n en su mayor\u00eda en Francia o vienen de Francia. No es ciertamente un peque\u00f1o motivo de consuelo ver aqu\u00ed a casi toda clase de naciones, en los grilletes y en las cadenas, pedir a Dios por los Franceses\u00bb.<\/p>\n<p>Su condescendencia, su dulzura, su tierna compasi\u00f3n, su celo infatigable que las miserias m\u00e1s repugnantes no eran capaces de cansar, le hac\u00edan tener como a un \u00e1ngel bajado del cielo. Por su paciencia y su valerosa perseverancia consigui\u00f3 hacer desaparecer al menos en gran parte abusos deplorables que se consideraban como incurables, a pesar de los obst\u00e1culos que le suscitaron algunos eclesi\u00e1sticos esclavos cuyas costumbres estaban lejos de responder a la santidad de su estado. Por su longanimidad, su paciencia y sus prudentes consejos, se gan\u00f3 el afecto de estos sacerdotes, los encamin\u00f3 al deber y logr\u00f3 de algunos de ellos auxiliares \u00fatiles ante sus compa\u00f1eros de infortunio.<\/p>\n<p>La piedad de los cautivos se redoblaba, y tambi\u00e9n el trabajo del Misionero, en ciertas circunstancias, como las cuarenta horas y sobre todo el Jubileo. Entonces, eran los regresos a Dios admirables\u00a0 tras largos a\u00f1os de abandono de las pr\u00e1cticas religiosas; eran incluso abjuraciones de la apostas\u00eda hechas con hero\u00edsmo y peligro de la vida; Entonces tambi\u00e9n eran noches enteras pasadas oyendo las confesiones, porque los amos no permit\u00edan a los esclavos perder en el curso del d\u00eda un instante de trabajo.<\/p>\n<p>El Misionero era sostenido por la vista de los frutos maravillosos que la gracia operaba por su ministerio. Esta cristiandad de cautivos parec\u00eda querer reproducir el hero\u00edsmo de los primeros tiempos del cristianismo, y san Cipriano habr\u00eda podido aplaudir\u00a0 tambi\u00e9n a estos confesores de la fe, a estos m\u00e1rtires. El primero que, durante este periodo, la fecund\u00f3 con su sangre fue un joven Portugu\u00e9s de veintid\u00f3s a\u00f1os; \u00e9sta es su historia.<\/p>\n<p>III.- Antolin de la Paix era poco favorecido en bienes de fortuna, pero rico en la fe. Habi\u00e9ndose embarcado en una peque\u00f1a embarcaci\u00f3n comerciante, cay\u00f3 en manos de un corsario de T\u00fanez. Frisaba por entonces los diecinueve a\u00f1os. Fue llevado a esta ciudad, y vendido a un turco. La divina Providencia le permiti\u00f3 de esta manera para dar en su persona un ejemplo de la fe m\u00e1s firme, de la paciencia m\u00e1s rara y de una castidad heroica. Antonin fue en la casa de su amo como otro Jos\u00e9 en la de Putifar, y tuvo que luchar contra los mismos enemigos.<\/p>\n<p>Los primeros meses de su cautividad fueron bastante pac\u00edficos, atento a sus deberes, obediente a sus amos, lleno de atenci\u00f3n y de obsequios en todo lo que le pod\u00eda serles \u00fatil, supo suavizar poco a poco la ferocidad de su patr\u00f3n. \u00c9ste, impresionado por la fidelidad de su esclavo, le dio muestras de confianza. Antonin se vio tambi\u00e9n objeto de las atenciones de su ama; desconfi\u00f3 de ello y mantuvo las distancias dentro de una modestia sostenida. Recurri\u00f3 sobre todo al Se\u00f1or para no dejar que su coraz\u00f3n cayera en los lazos que le tend\u00edan. Humillada por los rechazos que experimentaba, esta mala mujer resolvi\u00f3 vengarse con las persecuciones que le suscitaba cada vez que se encontraban; sus quejas incesantes amargaron pronto a su marido contra Antonin a quien le atrajeron muchas reprimendas y a veces castigos; pero el santo joven lo soportaba todo con la mayor resignaci\u00f3n y pon\u00eda siempre su confianza en Dios. Esta mujer perversa, desesperando de vencer su resistencia, resolvi\u00f3 perderle. As\u00ed que un d\u00eda, hall\u00e1ndose sola con \u00e9l, lanz\u00f3 unos gritos agudos; las gentes de servicio acudieron, y la encontraron en la mayor desolaci\u00f3n tir\u00e1ndose del pelo, ara\u00f1\u00e1ndose la cara y acusando al joven esclavo de querer violentarla.<\/p>\n<p>El marido, demasiado cr\u00e9dulo en las imputaciones calumniosas de su mujer, y transportado de furor, fue a hundirle el pu\u00f1al en el coraz\u00f3n de pretendido culpable, cuando acord\u00e1ndose de los servicios que Antonin le hab\u00eda prestado, la conducta irreprochable que hab\u00eda visto siempre en \u00e9l, se contuvo, queriendo someter a un examen equitativo las acusaciones de las que era objeto. Las respuestas de los criados no pudieron aclararle nada; solo, el relato de su mujer era abrumador para Antonin. No dudando ya de su infidelidad, le carg\u00f3 de cadenas y fue a denunciar al Bey el horrible atentado cometido en su casa por su esclavo cristiano, pidiendo pronta y severa justicia. El Bey se la prometi\u00f3, y envi\u00f3 a unos ujieres para apresar al culpable que fue encerrado en una prisi\u00f3n.<\/p>\n<p>El Se\u00f1or, que velaba por la salud de un alma tan inocente y tan pura, le suscit\u00f3 a uno de sus \u00e1ngeles en la persona del Sr. Gu\u00e9rin, residente en T\u00fanez hac\u00eda casi un a\u00f1o, y que procur\u00f3 al piadoso cautivo consuelo y los socorros que necesitaba. El Misionero, advertido de lo que acababa de suceder, se present\u00f3 en la puerta de la prisi\u00f3n. La actitud desvergonzada de los primeros guardias que prohib\u00edan la entrada, le anunci\u00f3 la dificultad de pasar m\u00e1s adelante; no obstante, apenas hubo hablado cuando le dejaron pasar. Llegado a la segunda puerta, el carcelero no puso dificultades en abr\u00edrsela, y entr\u00f3 al foso oscuro y profundo donde se encontraba Antonin. \u00c9ste, oyendo que le llamaban, crey\u00f3 llegada su \u00faltima hora,; y pensaba que ven\u00edan a arrancarle del calabozo para llevarle al suplicio. Pero tranquilizado por una voz dulce y compasiva, todav\u00eda lo fue m\u00e1s cuando reconoci\u00f3 al Sr. Gu\u00e9rin; entonces el contento sucedi\u00f3 al temor y no pod\u00eda agradecer lo suficiente al Misionero que hab\u00eda tenido la caridad de venir a \u00e9l. El Sr Gu\u00e9rin , al ver a este m\u00e1rtir de la fe y de la virginidad, con los pies estrechamente atados por las trabas de madera, maniatado, encadenado por el cuello y la cintura, no pudo por menos que derramar l\u00e1grimas; acerc\u00e1ndose\u00a0 a \u00e9l con respeto, besando devotamente sus cadenas, \u00ab\u00c1nimo, hijo, le dice, dichosa la madre que os dio a luz y que os ha ense\u00f1ado c\u00f3mo combatir a los enemigos de nuestra salvaci\u00f3n. M\u00e1s dichoso vos mismo\u00a0 por haber sido hallado digno de sufrir por el nombre de Jesucristo y su santa ley. \u00c9l es vuestro Redentor, \u00e9l os ha libertado, su sangre adorable ha sido el precio de vuestro rescate. Que vuestra generosidad persevere hasta el fin\u00bb.<\/p>\n<p>Antolin, fortalecido con las palabras del ministro del Se\u00f1or confes\u00f3 solemnemente su deseo de seguir fiel a Dios. Hizo luego su confesi\u00f3n con los sentimientos de la m\u00e1s viva piedad y de la confianza m\u00e1s entera en las misericordias del Se\u00f1or. Despu\u00e9s de la confesi\u00f3n tuvo la suerte de alimentarse con el pan de los fuertes que no se esperaba recibir. Este nuevo favor de la bondad divina le llen\u00f3 de consuelo y de un profundo agradecimiento. Despu\u00e9s de algunas palabras m\u00e1s, el Sr. Gu\u00e9rin, a instancias del carcelero, tuvo que dejar al santo confesor de la fe, prometi\u00e9ndole volver al d\u00eda siguiente. Llegado el cuarto d\u00eda, el <em>mezouard<\/em> (verdugo), seguido de sus criados, fue a la prisi\u00f3n; el Sr. Gu\u00e9rin estaba all\u00ed ya y el generoso m\u00e1rtir pudo confesarse otra vez. Disponiendo el Se\u00f1or el coraz\u00f3n de estos b\u00e1rbaros, permitieron al Misionero acompa\u00f1ar\u00a0 a Antonin hasta el lugar del suplicio, gracia que no hab\u00eda sido concedida hasta entonces. Aunque el Sr. Gu\u00e9rin no habla del g\u00e9nero de muerte que hubo de sufrir este santo joven, es de presumir que fue el fuego el empalamiento que eran los suplicios ordinarios de los cristianos esclavos.<\/p>\n<p>Antonin, llegado al lugar de la ejecuci\u00f3n vio los instrumentos de suplicio sin espanto. Tan firme y tan constante en los crueles tormentos que le hicieron pasar como lo hab\u00eda sido en los diferentes bastonazos que hab\u00eda recibido ya. No profiri\u00f3 ninguna queja ni demostr\u00f3 ning\u00fan movimiento de impaciencia. \u00abSoy cristiano, dec\u00eda \u00e9l, la Iglesia romana es mi madre, y yo morir\u00e9 en su seno a pesar de los esfuerzos de mis enemigos y del infierno mismo\u00bb. Las \u00faltimas palabras que pronunci\u00f3 fueron \u00e9stas: \u00abOh Dios m\u00edo, soy cristiano; y muero inocente!\u00bb<\/p>\n<p>Hicieron tal impresi\u00f3n en el amo de este heroico joven que sinti\u00f3 con amargura haber procurado su muerte; convencido de la inocencia de su esclavo y persuadido de la infidelidad de su esposa, \u00e9l no pens\u00f3 ya m\u00e1s que en vengarse. De regreso a casa, la mand\u00f3 estrangular. Despu\u00e9s de esta especie de reparaci\u00f3n hecha a la inocencia, se permiti\u00f3 a los esclavos llevarse su cuerpo. Encerrado con devoci\u00f3n en una caja de madera, se le puso una rosa reci\u00e9n recogida en la boca, y fue transportado como en triunfo a la peque\u00f1a capilla del c\u00f3nsul de Francia. Las exequias que le hicieron el P. Gu\u00e9rin y los esclavos fueron verdaderamente magn\u00edficas. Inhumado fuera de la ciudad en un rinc\u00f3n de tierra sin cultivar y bendita, Antonin all\u00ed descansa, en la paz del Se\u00f1or, hasta que quiera en su bondad manifestar su gloria. Todos los esclavos le reverenciaban ya como a un santo; el Sr. Guerin ten\u00eda hacia \u00e9l los mismos sentimientos. Testigo de sus combates y de sus victorias, lleno de confianza en sus m\u00e9ritos, imploraba su auxilio en todas las penas y las dificultades, inseparables de las funciones del santo ministerio y tan multiplicadas en esta tierra de maldici\u00f3n. \u00abYo le he querido en la tierra, \u00e9l me ha querido a m\u00ed escrib\u00eda a san Vicente (agosto de 1646), \u00bfpodr\u00eda dejar de quererme en el cielo?\u00bb<\/p>\n<p>IV.- Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s, se trataba de un joven franc\u00e9s que era empalado en T\u00fanez por no haber querido, \u00e9l tampoco, prestarse a una infame pasi\u00f3n. En su cruel y vergonzoso suplicio, los papeles se invirtieron. \u00abMientras que \u00e9l se manten\u00eda intr\u00e9pido, entre sus verdugos, algunos de \u00e9stos emprendieron la fuga; y los dem\u00e1s no le ejecutaron, escrib\u00eda el Sr. Gu\u00e9rin, sino temblando como la hoja\u00bb.<\/p>\n<p>Se comprende despu\u00e9s de esto a qu\u00e9 peligros, a qu\u00e9 atropellos deb\u00eda estar expuesta la virtud de las mujeres, sobre todo que un\u00edan la belleza a la juventud. Por esto el Sr. Gu\u00e9rin, con la ayuda de los mercaderes cristianos, no retroced\u00eda ante ning\u00fan sacrificio arrancarlas de las manos de sus infames patronos, sobre todo si eran renegados. Cuando no hab\u00eda podido recoger la suma suficiente, \u00e9l lograba a veces un t\u00e9rmino para su compra y, entre tanto, las pon\u00eda\u00a0 en lugar seguro, al abrigo de toda persecuci\u00f3n culpable. Pero, de vez en cuando, era forzado el asilo era forzado, y eran sometidas a las m\u00e1s crueles violencias para hacerles abjurar de la fe y de la virtud. Una de ellas recibi\u00f3 un d\u00eda m\u00e1s de quinientos bastonazos y su cuerpo magullado fue pisoteado por los b\u00e1rbaros, que le reventaron hasta los pechos y acabaron su glorioso martirio.\u00a0 El Sr. Gu\u00e9rin, al enterarse de estas tristes noticias, redoblaba los esfuerzos para recoger el rescate de estas desdichadas; y cuando lo hab\u00eda conseguido, se apresuraba a concluir con los amos, hacer escribir las cartas de franquicia, y llevarse a las a las v\u00edctimas rescatadas, ya que con frecuencia hab\u00eda entre estos monstruos innobles arrepentimientos, y hab\u00eda que estar en guardia contra el retorno de su pasi\u00f3n feroz.<\/p>\n<p>El Sr. Gu\u00e9rin no pon\u00eda menos empe\u00f1o en\u00a0 rescatar a los j\u00f3venes, expuestos a renegar de la fe o a servir a infames caprichos. Una vez salv\u00f3 a un ni\u00f1o de Marsella, de trece a\u00f1os tan s\u00f3lo, que hab\u00eda recibido mil bastonazos porque no quer\u00eda renunciar a Jesucristo. Tras lo cual, le hab\u00edan desgarrado un brazo, y le hab\u00edan condenado a cuatrocientos nuevos bastonazos; se trataba, en su situaci\u00f3n, de la muerte o de la apostas\u00eda. Ante esta noticia, va r\u00e1pidamente a ver a su patr\u00f3n, se arroja, con las manos juntas y en tres o cuatro ocasiones, a sus pies, y acaba por arrancarle al ni\u00f1o\u00a0 por el precio de doscientas piastras.<\/p>\n<p>Con estos esfuerzos, con estos sacrificios, el Sr. Gu\u00e9rin no s\u00f3lo conservaba a los cat\u00f3licos en la fidelidad y la virtud, sino que devolv\u00eda tambi\u00e9n a la verdadera fe a un gran n\u00famero de protestantes. En una carta a san Vicente del mes de junio de 1646, cuenta la conversi\u00f3n de un joven ingl\u00e9s de once a\u00f1os, apresado por los cosarios en las costas de su patria, vendido luego en T\u00fanez. En una edad tan tierna, hab\u00eda reconocido pronto, a la luz de la desgracia y de la gracia, la verdad y abjurado del error. Es uno de los m\u00e1s hermosos muchachos que se vean, escrib\u00eda el Misionero, y uno de los m\u00e1s fervorosos cristianos que se puedan desear. Su fervor cobra nuevo vigor bajo el bast\u00f3n y en las torturas que le inflig\u00eda su amo para hacerle abjurar de su fe. \u00abGolpea, le dec\u00eda entonces, golpea, , c\u00f3rtame el cuello, si quieres; pero sabe que soy y morir\u00e9 cristiano cat\u00f3lico. Estad tranquilo, Padre m\u00edo, a\u00f1ad\u00eda volvi\u00e9ndose hacia el Sr. Gu\u00e9rin, estoy resuelto a sufrirlo todo, incluso la muerte antes que renunciar a mi divino Salvador\u00bb. Transportado entonces de admiraci\u00f3n, el Sr. Gu\u00e9rin s\u00f3lo ten\u00eda un dolor, no poseer las doscientas piastras exigidas como rescate. \u00abSer\u00eda cual otro Beda para su patria, escrib\u00eda, tanta inteligencia y virtud posee.\u00bb<\/p>\n<p>La tierna solicitud del Sr. Gu\u00e9rin no se limitaba a los esclavos de la ciudad; su coraz\u00f3n los segu\u00eda a todas partes donde sus amos b\u00e1rbaros los conduc\u00edan en el mar como en las carreras. Se puede saber por lo que enviaba a san Vicente:<\/p>\n<p>\u00abEsperamos una gran cantidad de enfermos al regreso de las galeras. Si esta pobre gente sufre mucho en las carreras del mar, los que se quedan aqu\u00ed no sufren menos. Se les hace trabajar todos los d\u00edas\u00a0 serrando el m\u00e1rmol, expuestos a los ardores del sol, que son tales que s\u00f3lo se pueden comparar va un horno ardiendo. Es algo sorprendente que el trabajo y el calor excesivo que soportan\u00a0 no ser\u00eda capaz de hacer morir a caballos, y sin embargo estos pobres cristianos no dejan por eso de subsistir, no perdiendo m\u00e1s que la piel\u00a0 que dan como presa a estos calores devoradores. Se los ve sacar la lengua igual que perros, a causa del calor insoportable en el que deben respirar. Ayer, un pobre esclavo de edad, hall\u00e1ndose abrumado por el mal y sin poder seguir m\u00e1s, pidi\u00f3 permiso para retirarse, pero no tuvo otra respuesta que aunque debiera reventar sobre la piedra, deb\u00eda seguir trabajando. Os dejo pensando cu\u00e1nto me impresionan estas crueldades y qu\u00e9 aflicci\u00f3n me producen. Sin embargo estos pobres esclavos sufren sus males con una paciencia incre\u00edble; bendicen a Dios entre todas las crueldades que se ejercen sobre ellos, y puedo deciros de verdad que nuestros franceses lo soportan con bondad y con virtud\u00a0 sobre los dem\u00e1s pa\u00edses. Ahora tenemos dos enfermos muy graves y que, seg\u00fan todas las apariencias,\u00a0 no pueden recuperarse, a los que hemos administrado todos los sacramentos; y, la semana pasada, murieron otros dos como perfectos cristianos, y de quienes se puede decir que su muerte ha sido preciosa a los ojos del Se\u00f1or. La compasi\u00f3n que he sentido por estos pobres afligidos que trabajan serrando el m\u00e1rmol me fuerza a a distribuirles una parte de los refrescos que he destinado s\u00f3lo para los enfermos\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>V.- Los mahometanos mismos, llenos de admiraci\u00f3n a la vista de una entrega tan constante en el Sr. Gu\u00e9rin, acababan por enternecerse y conceb\u00edan la m\u00e1s alta estima por la religi\u00f3n que la inspiraba; muchos incluso quisieron abrazar nuestra santa fe, y el Sr. Gu\u00e9rin no se ocup\u00f3 de esto sino con una prudencia consumada para no comprometer en un instante una obra que no s\u00f3lo promet\u00eda los m\u00e1s hermosos frutos de salvaci\u00f3n sino que ya ten\u00eda los \u00e9xitos m\u00e1s consoladores. Entre los sectarios de Mahoma que se presentaron a \u00e9l para instruirse, se hall\u00f3 a un hijo de Agy-Mohamet, bey de T\u00fanez, llamado Ch\u00e9ruby. Era la noche que este pr\u00edncipe iba a ver al Misionero para instruirse en las verdades santas, y pronto fue digno de recibir el bautismo. Se escap\u00f3 entonces en secreto con tres esclavos, dirigi\u00e9ndose hacia Palermo, que depend\u00eda de Espa\u00f1a, y de all\u00ed se fue a Madrid. Ch\u00e9ruby escogi\u00f3 este pa\u00eds antes que Francia por estar m\u00e1s cerca de T\u00fanez; y quer\u00eda alejar la sospecha de que era por la persuasi\u00f3n del Misionero franc\u00e9s porque hab\u00eda\u00a0 emprendido la huida, y no exponerle, con los cristianos a quienes atend\u00eda, a la ira de su padre y al furor del fanatismo musulm\u00e1n.<\/p>\n<p>Agy-Mohamet, al enterarse de la escapada de su hijo, entr\u00f3 en una c\u00f3lera extrema, que fue compartida por todos los que le rodeaban, y mand\u00f3 dar muerte a una esclava cristiana que le hab\u00edan dicho que se hab\u00eda casado con Ch\u00e9ruby. La prudencia aconsej\u00f3 al Se\u00f1or Gu\u00e9rin no aparecer en p\u00fablico e interrumpir moment\u00e1neamente el ejercicio de la caridad con respecto a los esclavos; nos enteramos en efecto, por una carta de san Vicente del 25 de julio de 1646,\u00a0 que acababa de escapar de un gran peligro, que se hab\u00eda visto obligado a permanecer oculto durante un mes, esperando hora tras hora que vinieran a prenderle para mandar quemarle, a lo que estaba resuelto. Era el martirio tan deseado y que se le escap\u00f3. Al cabo de este tiempo, fue llamado por el bey, como sospechoso de haber ayudado a la evasi\u00f3n de su hijo; pero el Misionero respondi\u00f3 a todas las preguntas con tanta franqueza y prudencia a la vez que el bey qued\u00f3 satisfecho; le dio incluso una amplia autorizaci\u00f3n de visitar en todos los lugares a todos los esclavos cristianos.<\/p>\n<p>El Sr. Gu\u00e9rin, habiendo adelantado m\u00e1s que nunca en la confianza de Agy-Mohamet, se aprovech\u00f3 para pedir la autorizaci\u00f3n de mandar venir a otro sacerdote en su ayuda, puesto que ya \u00e9l no pod\u00eda llegar a la tarea que crec\u00eda de d\u00eda en d\u00eda. \u00abDos y tres, si quieres, le respondi\u00f3 el B\u00e1rbaro, yo los proteger\u00e9 como t\u00fa en todas las ocasiones y nunca te negar\u00e9 nada;\u00a0 pues s\u00e9 que no haces mal a nadie, y que al contrario haces bien a todo el mundo\u00bb. Y considerando a la vez los intereses de su patria y los de la fe, el Sr. Gu\u00e9rin obtuvo incluso de parte del joven Luis XIV una carta, \u00abque tengo aqu\u00ed, escrib\u00eda san Vicente de Pa\u00fal, y no encontramos a nadie que sepa interpretarla\u00bb. En esta carta, el bey, entre otras cosas, agradec\u00eda al rey de Francia que le hubiera enviado en el Sr. Gu\u00e9rin a un hombre tan probo y tan digno de su confianza. El Misionero no tard\u00f3 en informar a san Vicente de la acogida favorable que su petici\u00f3n hab\u00eda obtenido y \u00e9ste se apresur\u00f3 en entregarse a sus deseos envi\u00e1ndole al Sr. Le Vacher a quien m\u00e1s tarde deb\u00edan los musulmanes hacer morir en Argel, en la boca del ca\u00f1\u00f3n.<\/p>\n<p>VI.- A pesar de tantos trabajos, T\u00fanez y los alrededores no eran un teatro bastante vasto para el celo del Sr. Gu\u00e9rin. De vez en cuando hac\u00eda excursiones bien a las costas, bien adentr\u00e1ndose en las tierras, para consolar a los esclavos m\u00e1s abandonados. Una vez lleg\u00f3 hasta Bicetra, la antigua \u00datica, donde acababa de enterarse que dos que hab\u00edan llegado dos galeras de Argel. Era el d\u00eda de Pascua; parti\u00f3 al momento. El viaje fue duro; ya que habi\u00e9ndose negado a llevar escolta de jen\u00edzaros, fue asaltado por \u00e1rabes que le molieron a palos. Uno de ellos habi\u00e9ndole agarrado por la garganta, tanto le apret\u00f3 que crey\u00f3 que le iba a estrangular. \u00abPero como yo no soy m\u00e1s que un miserable pecador, escrib\u00eda, en su deseo siempre enga\u00f1ado del martirio, Nuestro Se\u00f1or no me juzg\u00f3 digno de morir por su servicio\u00bb.<\/p>\n<p>Llegado a Bicerta, se encontr\u00f3 con m\u00e1s de cuatrocientos esclavos cristianos en el estado m\u00e1s lamentable. El Misionero, al verlo, se sinti\u00f3 penetrado de una compasi\u00f3n paternal hacia ellos, los abraz\u00f3 tiernamente, y al besar sus cadenas se sent\u00eda feliz por servirles el alimento que les hab\u00eda mandado preparar. Estos pobres desdichados, objeto de tanta ternura, de cordialidad y de atenciones por parte de un hombre\u00a0 a quien no conoc\u00edan, no pod\u00edan contener las l\u00e1grimas, y se encontraron dispuestos a hacer todo lo que deseaba el buen Misionero. Despu\u00e9s de socorrer las necesidades corporales m\u00e1s urgentes, el Sr. Gu\u00e9rin se ocup\u00f3 de su salvaci\u00f3n, y con el consentimiento de su amo, ayudado de un sacerdote que hab\u00eda tra\u00eddo, les dio una peque\u00f1a Misi\u00f3n de diez d\u00edas. Les procur\u00f3 la dulce satisfacci\u00f3n de llegar a tierra, sin cadenas, a o\u00edr todos los d\u00edas la santa misa en la casa de un particular transformada en capilla; con excepci\u00f3n de algunos griegos cism\u00e1ticos, ellos solicitaron hacer una confesi\u00f3n general y participar en la sagrada mesa de la que un buen n\u00famero se hab\u00edan visto privados ocho, diez y hasta veinte a\u00f1os. Un espect\u00e1culo como \u00e9ste\u00a0 edificaba hasta a los turcos que en su enternecimiento y su admiraci\u00f3n corr\u00edan a besar las manos del Misionero siempre que le ve\u00edan pasar. Estos santos ejercicios se terminaron con unos \u00e1gapes cristianos en los cuales el Sr. Gu\u00e9rin reuni\u00f3 a todos los pobres esclavos antes de darles el beso de paz y despedirse. Despu\u00e9s de la partida de las galeras, el misionero pidi\u00f3 la cuenta a su hu\u00e9sped que le hab\u00eda dado la hospitalidad, pero \u00e9ste no quer\u00eda cobrar nada, diciendo: \u00abSacerdote, vete en paz, la caridad que t\u00fa ejerces con los dem\u00e1s merece bien que se ejerza contigo\u00bb. Palabras conmovedoras en la boca de un b\u00e1rbaro infiel y capaz de avergonzar a m\u00e1s de un disc\u00edpulo de Aqu\u00e9l que no es m\u00e1s que amor y caridad.<\/p>\n<p>En este momento referiremos aqu\u00ed lo que leemos en otra carta del Sr. Gu\u00e9rin dirigida a su venerado Padre san Vicente de Pa\u00fal:<\/p>\n<p>\u00abNo puedo por menos de haceros saber lo que me dijo lo que me dijo un turco, no hace mucho tiempo, sobre la confusi\u00f3n de los malos cristianos. Yo me esforzaba en reconciliar a dos que se deseaban mal uno a otro, y al ver que yo sufr\u00eda para ponerlos de acuerdo, me dijo delante de ellos, en su lengua: \u00abPadre m\u00edo, entre nosotros los turcos no nos est\u00e1 permitido permanecer m\u00e1s de tres d\u00edas mal con nuestro pr\u00f3jimo, aunque hubiera matado a uno de nuestros parientes\u00bb. Y en efecto, he visto m\u00e1s de una vez esta pr\u00e1ctica entre ellos; y los he visto abrazarse al instante de haberse peleado. No s\u00e9 si el interior respond\u00eda al exterior; pero no hay duda de que estos infieles no condenan para el d\u00eda del juicio a estos malos cristianos que, no contentos con guardar el odio en sus corazones, lo sacan al exterior con esc\u00e1ndalo, y se glor\u00edan incluso de la venganza que se han tomado, y que se quieren tomar de sus enemigos, raz\u00f3n para que pensemos as\u00ed, y cu\u00e1nta gente que nosotros tratamos de b\u00e1rbaros, consideran el odio como una pasi\u00f3n vergonzosa.<\/p>\n<p>Una entrega tan generosa por parte del Sr. Gu\u00e9rin y de sus cohermanos, que san Vicente acababa de enviar a Argel, eran conocidas en otras muchas ciudades de los Estados berberiscos, y de todas partes se ped\u00eda al santo fundador de la Misi\u00f3n ap\u00f3stoles de la caridad cristiana. A pesar de su vivo deseo de asistir a estos antiguos compa\u00f1eros de infortunio, la escasez de los obreros y de las necesidades urgentes que de ellos padec\u00eda Francia, no le permitieron prestar un o\u00eddo favorable a las peticiones que se le dirig\u00edan; no obstante no pudo resistir a las instancias que le fueron hechas para Sal\u00e9 y, si esta Misi\u00f3n no tuvo lugar, ello se debi\u00f3 a un conjunto de circunstancias ajenas a su voluntad, como leemos en una carta del 25 de julio de 1646 al Sr. Portail. \u00abNos piden en Sal\u00e9 de Berber\u00eda donde existe libertad de predicar a Jesucristo. \u00bfQui\u00e9n podr\u00eda ser apto para ir? Era el c\u00f3nsul de Francia quien se hab\u00eda dirigido a san Vicente; dio lugar a una petici\u00f3n tan cristiana y design\u00f3 a uno de sus sacerdotes que recibi\u00f3 la orden de comunicarse con el c\u00f3nsul en Marsella, y estar a punto para embarcarse para Sal\u00e9. Pero un religioso de otra Comunidad se le adelant\u00f3. San Vicente que tem\u00eda toda falta de inteligencia, escribi\u00f3 al c\u00f3nsul el 5 de octubre, en estos t\u00e9rminos: \u00abOs agradecemos el honor que hab\u00e9is hecho a nuestra peque\u00f1a Congregaci\u00f3n por querer fijaros en ella para emplearla en el servicio de Dios y en la asistencia a los esclavos de Berber\u00eda; pero tenemos por m\u00e1xima ceder a los dem\u00e1s las buenas obras que se presentan para hacer. Estoy persuadido de que ellos lo desempa\u00f1ar\u00e1n mucho mejor de lo que los nuestros podr\u00edan hacerlo. Si por desgracia estos obreros cuyos empleos estar\u00edan tan cerca llegaran a tener alg\u00fan altercado, no dejar\u00edan de producir esc\u00e1ndalo entre los cristianos y los infieles\u00bb.\u00a0 La partida del Misionero qued\u00f3 por lo tanto suspendida y el proyecto de Misi\u00f3n en Sal\u00e9 debi\u00f3 abandonarse.<\/p>\n<p>El Sr. Gu\u00e9rin, animado por el esp\u00edritu de san Vicente que le hab\u00eda ense\u00f1ado a no ver m\u00e1s que al Hijo de Dios mismo en estos pobres esclavos, no poniendo l\u00edmites a su celo, no descuidaba sin embargo, seg\u00fan las recomendaciones que se le hab\u00edan hecho en su despedida de Par\u00eds, la asiduidad a los ejercicios de piedad en uso en la Compa\u00f1\u00eda. Su experiencia por lo dem\u00e1s le convenc\u00eda de que s\u00f3lo recurriendo con frecuencia al Se\u00f1or, con oraciones fervientes y por una uni\u00f3n habitual de su coraz\u00f3n con el de su divino Maestro, pod\u00eda ser en sus manos un instrumento \u00fatil para la salvaci\u00f3n de las almas. Cuando circunstancias que se presentaban con frecuencia le pon\u00edan en la necesidad de apartarse del reglamento que se hab\u00eda trazado, el primer momento libre era empleado en el ejercicio de piedad que se hab\u00eda visto obligado a diferir. La devoci\u00f3n de la que se hab\u00eda visto siempre animado es se\u00f1al suficiente de su asiduidad en el santo ejercicio de la oraci\u00f3n que san Vicente consideraba como un arma indispensable al Misionero, para salir siempre victorioso de las luchas interiores y exteriores que debe sostener contra sus enemigos, y para mantenerse en el esp\u00edritu de fe que debe dirigirle en todos sus actos. Encontraba en la lectura espiritual y en la recitaci\u00f3n un descanso a todas sus fatigas; en la celebraci\u00f3n cotidiana de la santa misa, su alma recobraba un vigor nuevo para sostener los combates del Se\u00f1or por la participaci\u00f3n del pan de los fuertes; crey\u00e9ndose deudor a los esclavos, sus queridos amos, a su tiempo y a su celo, estaba persuadido de que se deb\u00eda m\u00e1s a\u00fan al hermano Francillon, asociado a sus trabajos; adem\u00e1s el mejor medio de hacerle cooperador \u00fatil era que entraran en su coraz\u00f3n los sentimientos de amor a Dios y al pr\u00f3jimo que animaban su propio coraz\u00f3n. La conducta constantemente llena de entrega y de piedad de este buen hermano dice lo suficiente de los cuidados que debi\u00f3 tener de \u00e9l el Sr, Gu\u00e9rin.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>VII.- Era imposible que el sr. Gu\u00e9rin no sucumbiera a tantos trabajos, si no le ayudaban con prontitud; por eso aceleraba la llegada del cohermano que le hab\u00edan prometido. Fue el 22 de noviembre de 1647 cuando el Sr. Jean Le Vacher abord\u00f3 en T\u00fanez. A pesar de su escasa salud, iba a ser de una gran ayuda y llegaba muy a tiempo; la peste causaba entonces estragos entre los cristianos y los turcos. Los dos Misioneros rivalizaron en celo y dedicaci\u00f3n entre los desdichados atacados de la plaga, hasta que el mes de mayo del a\u00f1o siguiente (1648) el Sr. Le Vacher fue contagiado y reducido a tal extremo que le crey\u00f3 muerto. El Sr. Gu\u00e9rin tuvo entonces que ocuparse\u00a0 de su sepultura y se retir\u00f3, no dejando a su lado m\u00e1s que al hermano Francillon. Al cabo de dos horas, el hermano, cuyos ojos no se apartaban de este querido misionero, advirti\u00f3 un ligero movimiento. En un transporte de gozo contenido todav\u00eda por el temor,\u00a0 pidi\u00f3 auxilio el Misionero viv\u00eda; llegan, y conocida la verdad, tofos dan gracias a Dios.<\/p>\n<p>El Sr. Gu\u00e9rin al comunicar la enfermedad del Sr. Le Vacher a san Vicente, le expresaba al mismo tiempo los llantos, los gemidos de los pobres esclavos, de los comerciantes y del c\u00f3nsul. \u00abLos turcos mismos, dec\u00eda, vienen a visitarnos y los grandes de la ciudad me han ofrecido sus servicios. En fin, Se\u00f1or, veo bien claro que es bueno servir a Dios, ya que en la tribulaci\u00f3n, \u00e9l suscita a sus mismos enemigos para ayudar a sus pobres servidores. Estamos afligidos por la guerra, por la peste y por el hambre, y con todo ello no nos quejamos; nuestro \u00e1nimo es muy bueno, a Dios gracias;\u00a0 no tememos ya a la peste como si no existiera. La alegr\u00eda que sentimos, el hermano Fran\u00e7ois Francillon y yo,\u00a0 por el restablecimiento del Sr. Le Vacher, nos ha vuelto ardientes como los\u00a0 leones de nuestras monta\u00f1as\u00bb.<\/p>\n<p>Esta fuerza no se despleg\u00f3 por largo tiempo; algunos d\u00edas despu\u00e9s, el buen hermano mismo es alcanzado por la peste. Por otro lado, el Sr. Gu\u00e9rin quien, desde el mes de octubre del a\u00f1o precedente, se ve\u00eda cada vez m\u00e1s d\u00e9bil y obligado a multiplicarse en el servicio de los apestados, no teniendo, en la \u00e9poca en que la guerra interrump\u00eda el comercio, en que el hambre se a\u00f1ad\u00eda a la peste, m\u00e1s que malos y pobres alimentos para sostener sus fuerzas, cae enfermo a su vez y los tres Misioneros se vieron simult\u00e1neamente en el lecho. Viendo esto, el hermano Francillon se levanta. En vano tratan de retenerle: \u00abQue Dios haga de m\u00ed lo que quiera, responde, pero en el estado en que se hallan mis dos Padres, yo har\u00e9 por ellos lo que har\u00eda por un hijo. Y en efecto, olvid\u00e1ndose de su mal, va de uno al otro, sin abandonar su cabecera sino para ir a la ciudad en busca de alimentos y medicinas. Dios bendice su caridad; al cabo de algunos d\u00edas se le quita la peste y el Sr. Le Vacher entra en convalecencia; pero el Sr. Gu\u00e9rin sent\u00eda que las fuerzas le abandonaban\u00a0 cada vez m\u00e1s. Los progresos de su mal no le asustaron; suscribi\u00f3 con alegr\u00eda y sumisi\u00f3n perfecta a la\u00a0 voluntad de Dios, mirando a la muerte como el t\u00e9rmino de sus trabajos y la coronaci\u00f3n gloriosa que un obrero fiel debe esperar de la misericordia infinita de su Dios. S\u00f3lo ten\u00eda una pena, la de morir en su lecho, \u00e9l que hab\u00eda contado con\u00a0 la felicidad de ser empalado o quemado vivo por su divino Maestro. Entreg\u00f3 su alma a su Creador, en T\u00fanez, el 13 de mayo de 1648.<\/p>\n<p>Al recibir esta noticia, san Vicente, a pesar de su profunda aflicci\u00f3n, alababa a Dios por la salud de los unos que iba a permitirles \u00abque continuaran sus servicios en la persona de los esclavos enfermos y abandonados, que es el grado de caridad m\u00e1s elevado que se pueda ejercer en este mundo\u00bb; por el fallecimiento de los otros, \u00abporque es un martirio de amor morir por la asistencia espiritual y corporal de los miembros vivos de Jesucristo\u00bb. El Santo dedic\u00f3 dos conferencias, en San L\u00e1zaro, a hablar de las virtudes del Sr. Gu\u00e9rin; mand\u00f3 recoger los detalles de su vida y de su muerte para comunic\u00e1rselos a todas las casas de la Congregaci\u00f3n. \u00abEl asunto bien se lo merece, leemos en una de sus cartas, era una alma de las m\u00e1s puras, de las m\u00e1s desprendidas y de las m\u00e1s entregadas a Dios al pr\u00f3jimo que yo haya conocido nunca. Oh qu\u00e9 p\u00e9rdida para los pobres; pero qu\u00e9 p\u00e9rdida para nosotros por no tener ya este ejemplo de celo y de caridad. A menudo me he servido de \u00e9l como el m\u00e1s eficaz para animar a la Compa\u00f1\u00eda a la pr\u00e1ctica de estas virtudes. Ya no le tenemos, Dios nos lo ha quitado; tal vez sea para castigarnos por el mal uso que hemos hecho; pero como es cierto que la mayor parte se han aprovechado, quiera Dios ayudarnos a una mayor emulaci\u00f3n para ir a establecer por todas partes el imperio de su Hijo Nuestro Se\u00f1or. Este buen siervo de Dios no ha esperado a ir a Berber\u00eda para amar y consolar a los pobres, lo ha hecho siempre en Francia y en Lorena todo lo que pudo, y esto es lo que le ha merecido la suerte de ir a morir en el servicio de los pobres esclavos como lo han visto muchos en nuestra conferencia. Volviendo por \u00faltimo la mirada hacia el futuro, \u00abUna muerte as\u00ed, a\u00f1ad\u00eda el Santo, es preciosa en el cielo y en la tierra, y ser\u00e1, con la ayuda de Dios, la semilla de los Misioneros, como la sangre de los m\u00e1rtires fue la semilla de los cristianos\u00bb.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>T\u00fanez, al fondo de una amplia bah\u00eda del Mediterr\u00e1neo, sirvi\u00f3 por mucho tiempo, como Argel, de guarida a los piratas que iban a vender las presas que hab\u00edan hecho en sus carreras mar\u00edtimas. 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