{"id":34682,"date":"2020-08-23T08:55:29","date_gmt":"2020-08-23T06:55:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-12\/"},"modified":"2020-08-01T10:00:18","modified_gmt":"2020-08-01T08:00:18","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-12","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-12\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 12"},"content":{"rendered":"<p><strong>Lo que hizo el Sr. Vicente para extirpar los nuevos errores del jansenismo<\/strong><\/p>\n<p>Este humilde y fiel Siervo de Dios pudo decir, \u00abTimor, quem timebam evenit mihi; et quod verebar, accidit\u00bb. Job, 3imitando al Patriarca Job, a prop\u00f3sito de los nuevos errores que han perturbado a la Iglesia en este \u00faltimo siglo, que le hab\u00eda acaecido lo que m\u00e1s tem\u00eda, y que se hab\u00eda hallado cogido en una ocasi\u00f3n, que siempre hab\u00eda evitado como la m\u00e1s peligrosa<\/p>\n<p><em>\u00abDurante toda mi vida \u2014dec\u00eda en una ocasi\u00f3n a la Comunidad\u2014 he tenido mucho miedo de encontrarme en el origen de alguna herej\u00eda. Ve\u00eda el gran desastre que hab\u00eda causado la de Lutero y Calvino, y c\u00f3mo muchas personas de toda clase y condici\u00f3n hab\u00edan succionado su peligroso veneno, al querer saborear las falsas dulzuras de su pretendida reforma. Siempre he tenido mucho miedo de verme envuelto en los errores de alguna nueva doctrina, sin darme cuenta de ello. S\u00ed, durante toda mi vida, he tenido miedo a esto\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Sin embargo, Dios, por una actuaci\u00f3n especial de su Providencia, quiso que, lo que \u00e9l tem\u00eda llegara durante su vida, al permitir que en su tiempo naciera el jansenismo en la Iglesia, y tambi\u00e9n que antes de que esta nueva herej\u00eda apareciera, el Sr. Vicente se encontrara, como atado con cierta ligadura, con uno de sus primeros autores.<\/p>\n<p>Pero eso no era m\u00e1s que para hacer brillar m\u00e1s la fortaleza de su fe y el vigor de su celo; y para ponerlo en la Iglesia como una columna de hierro y como una muralla de bronce \u2014tal como se dice en un Profeta antiguo\u2014 para sostener y para defender la verdad.<\/p>\n<p>Dios, pues, queri\u00e9ndolo preparar y prevenir con antelaci\u00f3n contra el contagio de los nuevos errores, permiti\u00f3 que, antes de que se hubieran producido, \u00e9l contrajera una particular amistad con un Abad, natural de su Provincia, quien, despu\u00e9s de una larga estancia en la universidad de Lovaina, ya vuelto a Francia, y tra\u00eddo consigo a Jansenio, compa\u00f1ero suyo de estudios y confidente de sus proyectos, empez\u00f3 a propalar poco a poco, y s\u00f3lo en conversaciones particulares, la nueva doctrina que hab\u00eda concebido y planeado para reformar \u2014eso era lo que pretend\u00eda\u2014 la Iglesia, tanto en la disciplina, como en varios puntos de la fe.<\/p>\n<p>Este Abad, despu\u00e9s de haber viajado a su tierra y a alguna otra Provincia de Francia, no hall\u00f3 un lugar m\u00e1s a prop\u00f3sito donde sembrar sus errores que la ciudad de Par\u00eds. All\u00ed encontr\u00f3 a varios esp\u00edritus dispuestos a escucharle, ya movidos por vana curiosidad, ya por deseo de hacerse dignos de nota, aprendiendo de \u00e9l una doctrina nueva desconocida, como \u00e9l dec\u00eda, desde hac\u00eda siglos a los Doctores escol\u00e1sticos.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente, viendo el aprecio que algunos ten\u00edan a su compatriota a causa de la erudici\u00f3n y de otras buenas cualidades intelectuales que cre\u00edan hab\u00eda en \u00e9l, se persuadi\u00f3 de que su trato pod\u00eda serle muy provechoso, as\u00ed como a su Compa\u00f1\u00eda, \u00a0que a\u00fan estaba entonces en la cuna. Por eso se dispuso a frecuentarle, y el trato hizo nacer entre ambos una amistad bastante \u00edntima. El Sr. Vicente, como una abeja m\u00edstica, s\u00f3lo intentaba libar de \u00e9l la miel de la buena doctrina y de algunos consejos provechosos, que, pensaba, encontrar\u00eda. Y el Abad, por el contrario, queriendo servirse de aquel trato y amistad para hacerle asimilar el veneno de sus errores y de sus m\u00e1ximas perniciosas, y, a continuaci\u00f3n, comunic\u00e1rselos a toda su Compa\u00f1\u00eda, por cuyo medio los podr\u00eda extender por otros lugares. Por eso, como lo ve\u00eda en plan de escucharle, empez\u00f3 por descubrirle poco a poco algunas de sus opiniones particulares, que dejaba correr con tan buenos pretextos, que un esp\u00edritu menos despejado que el del Sr. Vicente dif\u00edcilmente lo habr\u00eda notado.<\/p>\n<p>El fiel Siervo de Dios al principio qued\u00f3 sorprendido al o\u00edr una doctrina y unas m\u00e1ximas tan poco comunes, y cuanto m\u00e1s iba descubri\u00e9ndolas, tanto m\u00e1s sospechosas, y hasta peligrosas, le iban pareciendo las ideas del Abad. Uno de tantos d\u00edas, habiendo incidido, cuando discut\u00edan, sobre un punto de la doctrina de Calvino, qued\u00f3 el Sr. Vicente muy sorprendido, al ver al Abad mostrarse partidario y sostener el error de aquel heresiarca. Por eso, le hizo notar que aquella doctrina de Calvino estaba condenada por la Iglesia, y el Abad le respondi\u00f3 que Calvino no hab\u00eda propuesto una causa tan mala, sino que la hab\u00eda defendido mal. Y a\u00f1adi\u00f3 las palabras latinas: \u00abBene sensit, male locutus est\u00bb.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n, el Abad se iba acalorando al defender una doctrina que hab\u00eda sido condenada por el Concilio de Trento. El Sr. Vicente, pensando que la caridad le obligaba a hacerle alguna advertencia, le dijo:<\/p>\n<p><em>\u00abSe\u00f1or, va usted demasiado lejos. \u00bfQu\u00e9? \u00bfQuiere usted que yo crea antes a un doctor particular, como usted, expuesto a equivocarse, que a toda la Iglesia que es la Columna de la verdad? Ella me ense\u00f1a una cosa, y usted sostiene otra que le es contraria. \u00a1Se\u00f1or! \u00bfc\u00f3mo se atreve a preferir su juicio a las mejores cabezas del mundo, y a tantos Prelados santos reunidos en el Concilio de Trento, que han tomado una decisi\u00f3n sobre este punto? \u2018No me hable de ese Concilio \u2014respondi\u00f3 el Abad\u2014, que fue un Concilio del Papa y de los escol\u00e1sticos; all\u00ed s\u00f3lo hubo intrigas y cabildeos\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Esas palabras temerarias de un esp\u00edritu engre\u00eddo de su propia estima, y que comenzaba a desviarse del camino recto de la verdad obligaron desde entonces al Sr. Vicente, quien ten\u00eda un singular respeto a todas las decisiones de la Iglesia, a andar con m\u00e1s circunspecci\u00f3n en el trato de aquel hombre, que \u00e9l consideraba muy peligroso, y hasta se determin\u00f3, si aqu\u00e9l continuaba en su actitud, a separarse de \u00e9l del todo. Y se confirm\u00f3 a\u00fan m\u00e1s en aquella decisi\u00f3n por otro encuentro que tuvo con \u00e9l<\/p>\n<p>Un d\u00eda fue a verle, y lo encontr\u00f3 en su habitaci\u00f3n leyendo la Biblia, y despu\u00e9s de estar un rato sin dirigirle la palabra por miedo a interrumpirle la lectura, el Abad, volviendo los ojos hacia \u00e9l, \u00ab\u00bfVe, Sr. Vicente lo que estoy leyendo? \u2014le dijo\u2014 Es la Sagrada Escritura\u00bb. Y se extendi\u00f3 mucho sobre eso para darle a entender que Dios le daba una inteligencia perfecta de ella, y muchas hermosas luces para su explicaci\u00f3n. Y despu\u00e9s, lleg\u00f3 a decir que la Sagrada Escritura era m\u00e1s luminosa en su esp\u00edritu, que lo que era en s\u00ed misma. Esas son sus propias palabras, que el Sr. Vicente ha contado repetidas veces<\/p>\n<p>Otro d\u00eda, el Sr. Vicente, despu\u00e9s de haber celebrado la misa en la iglesia de Notre Dame, fue a visitar al Abad. Le encontr\u00f3 encerrado en su habitaci\u00f3n; cuando sali\u00f3 de all\u00ed al cabo de un rato, el Sr. Vicente le dijo sonriendo con su dulzura y educaci\u00f3n habituales:<\/p>\n<p>\u00ab<em>Dice usted que acaba de escribir algo de lo que Dios le acaba de comunicar en su oraci\u00f3n de la ma\u00f1ana\u00bb. Despu\u00e9s de invitarle a sentarse, el Abad le respondi\u00f3: \u00abLe confieso que Dios me ha concedido y me concede grandes luces. Me ha hecho conocer que la Iglesia no existe\u00bb. \u2014<\/em>Y como vio al Sr. Vicente muy extra\u00f1ado por aquella afirmaci\u00f3n, prosigui\u00f3:<em>\u2014 \u00abNo; ya no existe la Iglesia. Dios me ha dado a conocer que hace m\u00e1s de quinientos o seiscientos a\u00f1os que no existe la Iglesia. Antes de eso la Iglesia era como un gran r\u00edo, que llevaba las aguas claras. Pero ahora lo que nos parece Iglesia, no es m\u00e1s que cieno. El cauce de este hermoso r\u00edo es todav\u00eda el mismo, pero las aguas no son las mismas\u00bb. \u2014\u00bb\u00a1Qu\u00e9, Se\u00f1or! \u2014<\/em>le dijo el Sr. Vicente<em>\u2014 \u00bfPrefiere creer m\u00e1s a sus ideas particulares, que a las palabras de Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que dijo que edificar\u00eda su Iglesia sobre roca, y que las puertas del Infierno no prevalecer\u00edan contra ella? La Iglesia es su esposa; El no la abandonar\u00e1 nunca: y el Esp\u00edritu Santo la asiste siempre\u00bb. \u2014<\/em>El Abad respondi\u00f3<em>: \u2014\u00bbEs cierto que Jes\u00fas ha edificado su Iglesia sobre roca; pero hay tiempo de edificar y tiempo de destruir. Era su esposa, pero ahora es una ad\u00faltera o una prostituta. Por eso, la ha repudiado, y quiere que la sustituya otra que le sea fiel\u00bb.\u2014<\/em> Habi\u00e9ndole replicado el Sr. Vicente que se estaba separando mucho del respeto debido a la verdad, a\u00f1adi\u00f3 que deb\u00eda desconfiar totalmente de su propio esp\u00edritu, que estaba tan lleno de sentimientos errados. Y despu\u00e9s de unos dimes y diretes se separaron.<\/p>\n<p>Todas estas cosas las ha dicho el mismo Sr. Vicente en diferentes ocasiones, tanto a algunos de su Compa\u00f1\u00eda, como a varias personas externas, que las han dado a conocer. Mas \u00e9l siempre habl\u00f3 de eso con dolor, y solamente cuando se ve\u00eda obligado por alguna raz\u00f3n de caridad para desenga\u00f1ar o para prevenir a las personas contra las sorpresas de los nuevos dogmatistas.<\/p>\n<p>Pero temiendo desde entonces que el Abad, cegado por la vana opini\u00f3n de su propia suficiencia, e impulsado por el esp\u00edritu de presunci\u00f3n y de soberbia, se fuera a precipitar en el abismo de una nueva herej\u00eda a la que podr\u00eda arrastrar consigo a muchos otros, pens\u00f3 que estaba obligado, tanto por la obligaci\u00f3n de su antigua amistad, como por la ley de la caridad cristiana, a hacer un \u00faltimo esfuerzo para sacarle de ella, y a usar con \u00e9l el remedio de la correcci\u00f3n fraterna.<\/p>\n<p>Con este prop\u00f3sito fue un d\u00eda a verlo a su casa en plan de visita; y despu\u00e9s de haber preparado su esp\u00edritu con algunos temas convenientes para recibir bien el remedio que quer\u00eda aplicarle, le habl\u00f3 de la obligaci\u00f3n que ten\u00eda de someter su juicio al de la Iglesia, y de tener al Concilio de Trento m\u00e1s respeto y deferencia, que el que hab\u00eda manifestado; y bajando a los detalles de algunas proposiciones err\u00f3neas que hab\u00eda sostenido, le hizo ver que eran contrarias a la doctrina de la Iglesia, y que hac\u00eda un disparate comprometi\u00e9ndose con aquel laberinto de errores, y, a\u00fan m\u00e1s, por haber querido comprometerle tanto a \u00e9l como a toda su Congregaci\u00f3n; que le conjuraba en nombre de Nuestro Se\u00f1or que se retirase de \u00e9l lo antes posible.<\/p>\n<p>No se han podido conocer los detalles de aquella conversaci\u00f3n, sino \u00fanicamente que el Sr. Vicente le habl\u00f3 con tanta energ\u00eda, que el Abad qued\u00f3 como desconcertado; de forma que no le respondi\u00f3 ni una sola palabra en aquel momento. Sin embargo, tuvo dificultades para digerir aquella advertencia, que le hab\u00eda quedado grabada en el coraz\u00f3n; y cuando fue despu\u00e9s a su abad\u00eda, escribi\u00f3, casi un mes m\u00e1s tarde, una extensa carta al Sr. Vicente para justificarse. Aqu\u00ed transcribimos fielmente algunos p\u00e1rrafos de ella.<\/p>\n<p><em>\u00abLa disposici\u00f3n de humildad \u2014<\/em>le escribe el Abad<em>\u2014 que tiene usted en el fondo de su coraz\u00f3n para creer lo que se le hiciera ver en los Libros Santos, me da a conocer bastante bien que no habr\u00eda nada m\u00e1s f\u00e1cil que hacerle consentir por el testimonio de sus ojos mismos en lo que ahora detesta como errores. Pero cuando le o\u00ed, tras su amonestaci\u00f3n fraternal, a\u00f1adir la quinta correcci\u00f3n a las otras cuatro, porque yo le hab\u00eda dicho en particular que ten\u00eda ganas de prestarle un buen servicio a usted y a toda su casa redact\u00e1ndole unos art\u00edculos acerca de las cosas que ata\u00f1en a su Instituto, cre\u00ed que aquel no era el momento de defenderme, y eso lo he soportado f\u00e1cilmente de un hombre que me hab\u00eda honrado desde hac\u00eda mucho con su amistad, y que estaba considerado en Par\u00eds como un perfecto hombre de bien. S\u00f3lo me ha quedado en el alma la extra\u00f1eza de que, usted que hace profesi\u00f3n de ser tan manso y discreto en todo, haya tomado pie de una conjuraci\u00f3n que han tramado contra m\u00ed, para unirse usted a esos otros para aplastarme, a\u00f1adiendo a los excesos de ellos, el que usted se decidiera a venir donde m\u00ed a decirme a mi cara y en mi propia casa lo que ninguno de los otros se habr\u00eda atrevido a hacer. Me atrevo a decirle que no hay ning\u00fan Prelado, de los que frecuentan la casa de usted, con quien yo no est\u00e9 de acuerdo y que no autorice con su parecer todas mis opiniones, cuando pueda hablar despacio con ellos; y ni mucho menos que se oponga a ellas, sino que quedar\u00e1n encantados y me las agradecer\u00e1n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y despu\u00e9s de algunos otros arrebatos de bilis enardecida y de la presunci\u00f3n de su esp\u00edritu, que le hac\u00edan rechazar todos los consejos caritativos del fiel amigo, a\u00f1adi\u00f3 al terminar la carta:<\/p>\n<p><em>\u00abPretend\u00eda apartar a usted de ciertas pr\u00e1cticas que siempre he tolerado en su disciplina viendo el apego que les tiene, con una resoluci\u00f3n tanto m\u00e1s fuerte de mantenerlas, cuanto que estaban autorizadas por los consejos de los grandes personajes, que usted consulta. Despu\u00e9s de eso, no me recato en manifestar los pensamientos, que yo ten\u00eda, de que a Dios, seg\u00fan creo, no le agradan, pues s\u00f3lo se las puede practicar con una sencillez verdadera, que es m\u00e1s rara que la gracia com\u00fan de los cristianos, y tan rara, que me atrever\u00eda a decir de ella lo que un Bienaventurado de nuestro tiempo ha dicho de los Directores de las almas: que, de diez mil que hacen profesi\u00f3n de tales, apenas se puede escoger uno. S\u00f3lo esa sencillez \u2014<\/em>he dicho<em>\u2014 es capaz de hacerles excusables ante Dios. Sin embargo, tendr\u00e9 la misma paciencia, que \u00e9l tuvo, de dejar hacer a usted, y permanecer\u00e9 en la misma voluntad que le he manifestado, de servirle por condescendencia, ya que no con entera aprobaci\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Esta carta hace conocer el prop\u00f3sito que ten\u00eda entonces el Abad de atraer al Sr. Vicente a su partido, y de insinuar sus ideas y sus m\u00e1ximas err\u00f3neas en la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Pero Dios, por una gracia especial\u00edsima preserv\u00f3, tanto al Padre como a los Hijos, de aquel contagio de errores, y los ha mantenido siempre en una fiel y sincera profesi\u00f3n de todas las verdades ortodoxas que la Iglesia reconoce y ense\u00f1a. Alg\u00fan tiempo m\u00e1s adelante, el Abad, siempre firme en propalar secretamente su mala doctrina, fue encarcelado por orden del Rey, y los escritos y papeles que encontraron en su domicilio fueron decomisados; entre ellos se encontraba el borrador que hab\u00eda hecho y guardado de la carta de la que acabamos de hablar, y as\u00ed es como se divulg\u00f3; e incluso lleg\u00f3 a ser interrogado por la justicia sobre las cosas que en ella se dice que el Sr. Vicente le hab\u00eda hecho notar. Se esperaba que su detenci\u00f3n podr\u00eda humillar su persona y hacerle abrir los ojos para desenga\u00f1arse; pero no fue lo bastante larga para eso. Porque sus seguidores, a fuerza de influencias, hab\u00edan logrado su liberaci\u00f3n; pero Dios, por un juicio secreto, lo retir\u00f3 poco despu\u00e9s de esta vida.<\/p>\n<p>Por ese mismo tiempo salieron a luz dos libros perniciosos, que hab\u00edan pasado por las manos de ese Abad: uno trataba de demostrar que San Pedro y San Pablo hab\u00eda recibido de Dios igual poder para gobernar la Iglesia, y as\u00ed impugnar por ese medio la unidad de la Cabeza de la Iglesia. El otro era el Augustinus de Jansenio, que despu\u00e9s ha metido tanto ruido y causado tantas divisiones en Francia y en toda la Iglesia. El Sr. Vicente, que conoc\u00eda lo peligrosa que era la fuente de donde proced\u00eda la nueva doctrina, pens\u00f3 que estaba obligado a oponerse a ella y a hacer todo lo que pudiera para procurar su condena<\/p>\n<p>En cuanto al primero, entre otras cosas que el Sr. Vicente realiz\u00f3, escribi\u00f3 una carta a un Cardenal con fecha del 4 de octubre del a\u00f1o 1646. En ella le habl\u00f3 en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abLe suplico muy humildemente a Su Eminencia, que tenga a bien recibir algunos escritos contra el parecer de las Dos Cabezas, San Pedro y San Pablo, escritos por uno de los m\u00e1s sabios te\u00f3logos que tenemos, y de los hombres m\u00e1s honrados, que no quiere que se diga su nombre. Por la Gazetta de Roma se ha enterado que se est\u00e1 examinando el libro que \u00e9l refuta, y que dos doctores de la Sorbona sostienen que la doctrina de ese libro es la de la Facultad. Y habi\u00e9ndose enterado esa misma Facultad que se le atribu\u00eda la opini\u00f3n de las Dos Cabezas, se ha constitu\u00eddo en asamblea, y ha enviado un mandatario al Sr. Nuncio para desautorizar a esos doctores y asegurar que la facultad es de la opini\u00f3n contraria; y al mismo tiempo para rogarle obre de forma que la pr\u00f3xima Gazettamanifieste que se le atribuye (a la Facultad) falsamente dicha doctrina.<\/em><\/p>\n<p><em>Todo esto le ha movido a este buen y virtuoso personaje a traerme hoy esos escritos, con la intenci\u00f3n de que yo los mande a Roma para que sirvan de informaci\u00f3n a los que Su Santidad nombre como examinadores del libro indicado. Ellos encontrar\u00e1n en esa obra los p\u00e1rrafos que se aducen para la pretendida igualdad de San Pablo con San Pedro, refutados por los mismos autores que se alegan, unos despu\u00e9s de otros\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esta carta, el Libro de las Dos Cabezas fue censurado y condenado por la Santa Sede, y el Sr. Vicente tuvo el consuelo de ver el fruto de las gestiones que hab\u00eda hecho en aquel asunto.<\/p>\n<p>En cuanto al libro de Jansenio, el Sr. Vicente conoci\u00f3 muy pronto que era un amasijo de toda la doctrina que el difunto Abad le hab\u00eda propalado por entregas en las conversaciones que hab\u00eda tenido con \u00e9l en diversos momentos, y que el veneno de esta nueva doctrina era tanto m\u00e1s de temer, cuanto que el pretexto con el que lo propagaban, de querer volver la teolog\u00eda a su primitiva pureza, parec\u00eda m\u00e1s especioso.<\/p>\n<p>Por eso, como ya ten\u00eda de ella conocimiento m\u00e1s detallado, pens\u00f3 que estaba m\u00e1s estrictamente obligado a procurar alg\u00fan ant\u00eddoto para prevenir los esp\u00edritus contra aquella peligrosa lectura, en espera de que la autoridad de la Iglesia proporcionara un \u00faltimo y soberano remedio. A tal fin, rog\u00f3 a varias personas de condici\u00f3n y de piedad, que se pusieran a escribir para refutar los errores del perverso libro. Y, entre otros, al difunto Sr. de Raconis, obispo de Lavaur, a quien le dio unos consejos a prop\u00f3sito del libro, y con quien trataba de ponerse de acuerdo para detener el curso de la peligrosa doctrina. Como lo podemos ver en varias cartas que el mismo Sr. Obispo le escribi\u00f3 por ese tiempo. Bastar\u00e1 con que de ellas aduzcamos aqu\u00ed la que sigue; en ella habla en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abDespu\u00e9s de haber tenido ayer el honor de conversar con usted, he visto al Sr. Pr\u00edncipe de Cond\u00e9 a prop\u00f3sito de Jansenio. Lo he encontrado lleno de fervor y de luces contra los errores de ese autor. Me ha animado mucho a proseguir mi trabajo y secundar el celo de usted por la defensa de la Iglesia, de la que le he hablado largo y tendido, y con la que ha quedado entusiasmado. Me ha ordenado dos cosas: la primera, que vea al Sr. Nuncio y le diga de su parte que le gustar\u00eda visitarle en alguna iglesia para hablarle de este asunto, e indicarle la necesidad absoluta que tienen la Iglesia y el Estado de que se responda a ese autor. As\u00ed lo he hecho inmediatamente y he visto al Sr. Nuncio, que, despu\u00e9s de una charla prolongada, ha aceptado que le env\u00ede una lista de los errores de Jansenio que ya han sido condenados por los concilios o por los Papas. Le he prometido que as\u00ed lo har\u00eda. De all\u00ed volv\u00ed a la casa del Sr. Pr\u00edncipe, el cual se ha quedado muy satisfecho de esta decisi\u00f3n, y me ha asegurado que le expondr\u00e1 la gran importancia de este asunto a la Reina y al Sr. Cardenal Mazarino, y me ha renovado la segunda orden que me hab\u00eda dado: asegurarle a usted su celo en este asunto, a fin de llevarlo adelante juntamente con usted\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Mientras esta peligrosa doctrina iba infectando cada vez m\u00e1s a muchas personas que se prestaban f\u00e1cilmente a abrazar novedades, el Sr. Vicente, que fue llamado por la Reina Madre a sus Consejos desde el comienzo de la Regencia, hizo ver 493 desde entonces a Su Majestad y al Sr. Cardenal Mazarino, cu\u00e1nto importaba, para el bien de la Religi\u00f3n y del Estado, no poner en los beneficios ni en los cargos a personas que fueran sospechosas. Y como sab\u00eda que las c\u00e1tedras de los profesores y de los predicadores son como las fuentes p\u00fablicas de donde se toman las aguas saludables para la doctrina y para las costumbres, se aprovech\u00f3 de las ocasiones, en cuanto le fue posible, para que fueran ocupadas por personas bien asentadas en las ideas comunes de la Iglesia, mandando hacer con esa intenci\u00f3n oraciones especiales, y usando de otros recursos que le suger\u00eda la caridad.<\/p>\n<p>Hablaba a menudo con el Sr. Nuncio y con el Sr. Canciller acerca de los medios para detener el curso de aquella peligrosa doctrina; y en una ocasi\u00f3n, en cuanto supo que quer\u00edan defender una tesis sospechosa de jansenismo en una casa religiosa, intervino donde ellos para hacerla suprimir por la autoridad de ellos; como as\u00ed fue en efecto. He aqu\u00ed lo que escribi\u00f3 sobre este asunto a un virtuos\u00edsimo Prelado:<\/p>\n<p><em>\u00abMonse\u00f1or: Un religioso de esta ciudad, ha defendido una tesis, en la cual ha expuesto una proposici\u00f3n contagiada de jansenismo, y que ha sido condenada por la Sorbona. El Sr. Canciller ha hecho prohibir la reuni\u00f3n y las disputas que iban a celebrarse sobre aquel tema. Y cuando el Superior puso para ello alguna dificultad, lo mand\u00f3 buscar, y le dijo que si contraven\u00eda la orden, ya sab\u00eda c\u00f3mo hacerles cumplir, tanto a \u00e9l como a todos los suyos, su deber. Le orden\u00f3 que fuera a ver al Sr. Nuncio. Este le reprendi\u00f3 seriamente por no haber impedido que aquella tesis se defendiera en p\u00fablico, y le amenaz\u00f3 a \u00e9l y a todos los suyos, que favorec\u00edan aquella doctrina, con mandarles castigar, y con escribir al Papa y al General. El Superior y toda su comunidad por su parte, castigaron luego a dicho religioso, declar\u00e1ndolo inh\u00e1bil para todos los cargos y oficios en la Orden, y lo privaron de voz activa y pasiva, y, adem\u00e1s, lo expulsaron de la casa. Esto da motivos para esperar, que, si en adelante se mantiene igual actitud, impidiendo semejantes excesos, podr\u00e1 finalmente disiparse esa doctrina perniciosa\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed es c\u00f3mo el fiel Siervo de Dios no perd\u00eda ninguna ocasi\u00f3n para impedir que dichos errores causaran mayores estragos en la Iglesia.<\/p>\n<p>Pero, como el mal iba siempre creciendo, y a pesar de todos los esfuerzos que se hac\u00edan para oponerse a su progreso, no dejaba de extenderse por todas partes, y empezaba a introducir la divisi\u00f3n no s\u00f3lo en las Escuelas, sino tambi\u00e9n en las comunidades religiosas, y llegaba hasta las familias seglares, e incluso parec\u00eda, en cierto modo, que amenazaba a la tranquilidad del Estado, el Sr. Vicente, al ver esos males y previendo los funestos efectos que pod\u00edan seguirse, gem\u00eda sin cesar ante Dios, y pensaba a menudo en su interior con qu\u00e9 medio se podr\u00eda detener el avance del error. Rez\u00f3 mucho y se mortific\u00f3 mucho para aplacar la c\u00f3lera de Dios y para obtener de su bondad infinita que quisiera alejar los males que eran de temerse de semejantes comienzos. Sus oraciones y sus l\u00e1grimas no quedaron sin efecto, porque se enter\u00f3, al poco tiempo, que varios Prelados del Reino, movidos de un santo celo por la conservaci\u00f3n de la fe y de la Religi\u00f3n cat\u00f3lica, hab\u00edan resuelto acudir a la Santa Sede Apost\u00f3lica para poner un remedio m\u00e1s r\u00e1pido y m\u00e1s eficaz a aquellos des\u00f3rdenes. Qued\u00f3 por ello muy consolado y alab\u00f3 mucho su determinaci\u00f3n. Crey\u00f3 que deb\u00eda informar de todo a otros Prelados que \u00e9l conoc\u00eda, para invitarles a que se juntaran a los primeros. He aqu\u00ed en que t\u00e9rminos escribi\u00f3 a algunos de ellos acerca de este tema el mes de febrero de 1651.<\/p>\n<p><em>\u00abLos malos efectos que producen las opiniones del tiempo han movido a gran n\u00famero de los Sres. Prelados del Reino a escribir a Nuestro Santo Padre el Papa para suplicarle que condene esta doctrina. Las razones especiales que les han movido a hacerlo as\u00ed son las siguientes: En primer lugar, que con este remedio esperan que muchos se atengan a las opiniones comunes, mientras que, de lo contrario, podr\u00edan extraviarse; es lo que ocurri\u00f3 con todos los que vieron la censura de las Dos Cabezas; en segundo lugar, que el mal va cundiendo cada vez m\u00e1s porque parece que se tolera; en tercer lugar, se piensa en Roma que la mayor\u00eda de los obispos franceses siguen las nuevas opiniones, y conviene hacerles ver que son muy pocos sus seguidores; finalmente, esto est\u00e1 en conformidad con el santo Concilio de Trento que quiere que, si surgen opiniones contrarias a las cosas que \u00e9l determin\u00f3, se recurra a los Soberanos Pont\u00edfices para que pongan remedio\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEsto es lo que se pretende hacer, Sr. Obispo, como podr\u00e1 ver usted en la carta adjunta, que le env\u00edo con la confianza de que aceptar\u00e1 usted firmarla, junto con otros cuarenta Prelados que ya la han firmado seg\u00fan la lista siguiente\u00bb. etc<\/em><\/p>\n<p>Adem\u00e1s de la Carta Circular que envi\u00f3 a algunos Prelados, escribi\u00f3 una particular a uno de ellos, pues no hab\u00eda recibido respuesta suya. He aqu\u00ed en qu\u00e9 t\u00e9rminos:<\/p>\n<p>\u00abPar\u00eds, 23 de abril de 1651\u00bb<\/p>\n<p><em>\u00abMonse\u00f1or: Hace alg\u00fan tiempo me tom\u00e9 la confianza de enviarle la copia de una carta que la mayor parte de los Sres. Prelados de este Reino deseaban enviar a Nuestro Santo Padre el Papa para suplicarle que se pronunciara sobre los puntos de la nueva doctrina, a fin de que, si usted quer\u00eda ser de ese n\u00famero, hiciera el favor de firmarla. Como no he tenido el honor de recibir ninguna respuesta, tengo motivos para suponer que no la ha recibido, o que cierto escrito pernicioso, que los de esa doctrina han difundido por todas partes para apartar a nuestros Sres. Prelados de este designio, le retiene a usted suspenso en esta iniciativa. Por eso mismo, Monse\u00f1or, le env\u00edo una segunda copia, y le suplico en nombre de Nuestro Se\u00f1or que considere la necesidad de esta carta por la extra\u00f1a divisi\u00f3n que se ha introducido en las familias, en las ciudades y en las universidades. Es un fuego, que se va encendiendo cada vez m\u00e1s, que altera los esp\u00edritus y que amenaza a la Iglesia con una irreparable desolaci\u00f3n, si no se pone remedio prontamente\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLa situaci\u00f3n de los tiempos presentes no permite que pueda aguardarse a un concilio universal. Adem\u00e1s, ya sabe usted el tiempo que se necesita para reunirlo, y cu\u00e1nto dur\u00f3 el \u00faltimo que se celebr\u00f3. Ese ser\u00eda un remedio lejano para un mal tan urgente\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abAs\u00ed pues, \u00bfqui\u00e9n podr\u00e1 atajar este mal? Es indudable que tiene que ser la Santa Sede, no s\u00f3lo porque no hay otros caminos, sino porque el concilio de Trento, en su \u00faltima sesi\u00f3n, pone en sus manos la decisi\u00f3n de las dificultades que habr\u00edan de surgir sobre lo que se hab\u00eda decretado. Pues bien, si la Iglesia se encuentra en un concilio universal can\u00f3nicamente reunido, como aqu\u00e9l, y si el Esp\u00edritu Santo gu\u00eda a la misma Iglesia, como no cabe dudar, \u00bfpor qu\u00e9 no habr\u00e1 que seguir la luz de ese Esp\u00edritu, que declara c\u00f3mo hay que comportarse en estas ocasiones dudosas, esto es, recurriendo al Sumo Pont\u00edfice? Esta sola raz\u00f3n, Monse\u00f1or, hace que pueda citarle el n\u00famero de sesenta Prelados que ya han firmado esta carta, sin m\u00e1s acuerdo que una simple propuesta, adem\u00e1s de otros muchos que la firmar\u00e1n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSi alguno creyera que no debe hacerse ninguna declaraci\u00f3n de antemano en un asunto del que tiene que ser uno juez, le podr\u00eda responder que por las razones indicadas parece ser que no tendr\u00eda que haber concilio y que, por tanto, no podr\u00eda ser juez en \u00e9l. Pero supongamos lo contrario: el recurso al Papa no ser\u00eda un impedimento, ya que los santos le han escrito en otras ocasiones contra las nuevas doctrinas, y no han dejado de asistir como jueces en los concilios que las han condenado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSi acaso replicaran que los Papas imponen silencio en esta materia no queriendo que se hable, ni se dispute, ni se escriba sobre ella, se les podr\u00eda responder tambi\u00e9n que esto no debe entenderse en lo que se refiera al Papa, que es Cabeza de la Iglesia, con quien todos los miembros deben tener relaci\u00f3n, sino que hay que recurrir a \u00e9l para asegurarse en medio de las dudas y de las turbulencias. \u00bfA qui\u00e9n si no, podr\u00edamos dirigirnos y c\u00f3mo sabr\u00eda Su Santidad las perturbaciones que surgen, si no se le indicaran, para que las remedie?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSi alguno temiera, Monse\u00f1or, que una respuesta tard\u00eda, o menos decisiva de Nuestro Santo Padre, podr\u00eda aumentar la osad\u00eda de los adversarios, puedo asegurarle que el Sr. Nuncio ha dicho, que tiene noticias de Roma de que, apenas Su Santidad vea una carta del Rey y otra de una gran parte de los Sres. Obispos de Francia se pronunciar\u00e1 sobre esta doctrina. Pues bien, Su Majestad ya ha tomado la decisi\u00f3n de escribirle, y el Sr. Primer Presidente ha dicho tambi\u00e9n que, con tal de que la bula de la Santa Sede no indique que ha sido dada por aviso de la Inquisici\u00f3n de Roma, ser\u00e1 bien recibida y ratificada por el Parlamento\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPero \u00bfqu\u00e9 se ganar\u00e1 \u2014dir\u00e1 un tercero\u2014 con que el Papa se pronuncie, si los que sostienen esas novedades no se le van a someter? Esto puede ser verdad en algunos casos, como en los del grupo del difunto Sr. de N., que no solamente no estaba dispuesto a someterse a las decisiones del Papa, sino que ni siquiera cre\u00eda en los concilios; lo s\u00e9 muy bien, Monse\u00f1or, por haber tratado mucho con \u00e9l; y \u00e9sos podr\u00e1n obstinarse como \u00e9l, cegados por sus propias opiniones, pero los dem\u00e1s que no le siguen m\u00e1s que por el atractivo que sienten por las novedades, o por ciertos lazos de amistad o de parentesco, o porque creen que hacen bien, habr\u00e1 pocos que no se aparten de ellos antes que rebelarse contra su Padre leg\u00edtimo y verdadero. Hemos visto c\u00f3mo ocurr\u00eda as\u00ed con el libro sobre las dos Cabezas y con el Catecismo de la gracia, pues apenas se supo que hab\u00edan sido condenados, ya no se habl\u00f3 m\u00e1s de ellos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPor tanto, Monse\u00f1or, es muy de desear que se aparten muchas almas de ellos, y que se impida oportunamente que otras entren en una facci\u00f3n tan peligrosa como \u00e9sta. El ejemplo de un tal Labadie es una prueba de la malicia de esta doctrina. Es un sacerdote ap\u00f3stata, que pasaba por ser un gran predicador, y que despu\u00e9s de haber hecho mucho da\u00f1o en Picard\u00eda, y m\u00e1s tarde en Gascu\u00f1a, se ha hecho hugonote en Montauban; y por un libro que ha escrito sobre su pretendida conversi\u00f3n, declara que, despu\u00e9s de haber sido jansenista, ha visto que la doctrina que all\u00ed se defiende coincide con la fe que ha abrazado. En efecto, Monse\u00f1or, los ministros se jactan en sus sermones, al hablar de esas personas, de que la mayor parte de los cat\u00f3licos est\u00e1n de su lado, y que pronto vendr\u00e1n los dem\u00e1s. Si esto es as\u00ed, \u00bfqu\u00e9 no habr\u00e1 que hacer para apagar este fuego que da la ventaja a los enemigos jurados de nuestra Religi\u00f3n? \u00bfQui\u00e9n no se echar\u00e1 sobre este peque\u00f1o monstruo que empieza a devorar a la Iglesia, y que acabar\u00e1 destruy\u00e9ndola si no lo ahogamos en su nacimiento? \u00bfQu\u00e9 no querr\u00edan haber hecho ya tantos valientes y santos Obispos que ahora viven, si hubieran vivido en tiempos de Calvino?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abAhora es cuando se palpa la culpa de los de aquel tiempo por no haberse opuesto con firmeza a una doctrina que iba a causar tantas guerras y divisiones. Es que entonces hab\u00eda mucha ignorancia sobre esto; pero ahora que nuestros Sres. Obispos son m\u00e1s sabios, se muestran tambi\u00e9n m\u00e1s celosos. As\u00ed es el Obispo de Cahors, que me ha escrito \u00faltimamente que le hab\u00edan enviado un libelo difamatorio contra dicha carta. Es el esp\u00edritu de la herej\u00eda \u2014me dice\u2014 que no puede tole rar las justas correcciones y reprimendas, y se arroja inmediatamente en manos de la violencia y de la calumnia. Hemos llegado ya a las manos, punto al que yo siempre he cre\u00eddo que se llegar\u00eda.Y como yo le ped\u00eda que se cuidara, debido a un percance que ha sufrido su salud, me dec\u00eda: Le aseguro que lo har\u00e9, con la ayuda de Dios, aunque s\u00f3lo sea para encontrarme en el combate que preveo habr\u00e1 de producirse&#8230; Espero que, con la ayuda de Dios, los venceremos. Estos son los sentimientos de este buen Prelado. Los mismos, se espera, que sean tambi\u00e9n los suyos, Monse\u00f1or, que anuncia y manda anunciar en su di\u00f3cesis las opiniones comunes de la Iglesia, y que, sin duda, estar\u00e1 deseoso de que se pida que el Santo Padre mande hacer lo mismo por todas partes, para reprimir estas nuevas opiniones, que tanta semejanza tienen con los errores de Calvino. Se trata ciertamente de la gloria de Dios, de la tranquilidad de la Iglesia y, me atrevo a decirlo, de la del Estado, tal como lo vemos m\u00e1s claramente en Par\u00eds que en cualquier parte. Si no fuera as\u00ed, Monse\u00f1or, me hubiera guardado mucho de molestarle con un razonamiento tan largo. Le ruego muy humildemente a su bondad que me perdone, ya que ha sido ella, la que me ha invitado a tomarme esta confianza\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p><em>Entre los Obispos a quienes el Sr. Vicente escribi\u00f3 sobre este asunto, hay dos que le dieron una respuesta en com\u00fan; en ella le expon\u00edan algunas razones por las que cre\u00edan que no deb\u00edan firmar la carta. Por eso les escribi\u00f3 la que sigue. En ella se pueden ver unas muestras muy claras de su esp\u00edritu y de su celo.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abMonse\u00f1ores: He recibido con el respeto debido a su virtud y a su dignidad la carta que me han hecho el honor de escribirme a finales de mayo, en respuesta a las m\u00edas sobre el tema de las cuestiones de estos tiempos. En ella veo muchos pensamientos dignos del rango que ustedes ocupan en la Iglesia y que parecen inclinarles a ustedes a seguir el partido del silencio en las presentes circunstancias. No dejar\u00e9, sin embargo, de tomarme la libertad de exponerles algunas razones que quiz\u00e1s puedan moverles a otros sentimientos. Les suplico, Monse\u00f1ores, postrado en esp\u00edritu a sus pies, que excusen mi atrevimiento\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn primer lugar, sobre lo que dicen que tienen miedo de que el juicio que se espera de la Santa Sede no sea recibido con la sumisi\u00f3n y la obediencia que todos los cristianos deben a la voz del Soberano Pastor, y que el Esp\u00edritu de Dios no encuentra suficiente docilidad en los corazones para realizar en ellos una verdadera uni\u00f3n, les manifestar\u00e9 de buena gana que, cuando las herej\u00edas de Lutero y de Calvino, por ejemplo, empezaron a surgir, si se hubiera esperado a condenarlas hasta que sus seguidores hubieran demostrado estar dispuestos a someterse y a reunirse con los dem\u00e1s, esas herej\u00edas seguir\u00edan estando todav\u00eda en el n\u00famero de las cosas indiferentes que se pueden seguir o dejar y habr\u00edan contagiado a muchas m\u00e1s personas de las que contagiaron. As\u00ed pues, si estas opiniones, cuyos efectos tan perniciosos vemos en las conciencias, son de la misma naturaleza, en vano esperaremos que sus seguidores se pongan de acuerdo con los defensores de la doctrina de la Iglesia. Es eso precisamente lo que no se puede esperar y lo que nunca se har\u00e1. Retrasarse en obtener la condenaci\u00f3n de la Santa Sede es darles tiempo para que sigan esparciendo su veneno, y es igualmente arrebatar a muchas personas de condici\u00f3n y de gran piedad el m\u00e9rito de la obediencia que han prometido rendir a los decretos del Santo Padre, apenas aparezcan. Lo \u00fanico que ellos desean es conocer la verdad y, aguardando el efecto de estos deseos, permanecen todav\u00eda de buena fe en ese partido, d\u00e1ndole mayor n\u00famero y fuerza por ese medio, habi\u00e9ndose apegado a \u00e9l por la apariencia de bien y por la reforma que predicen, que es la piel de oveja con que siempre se han cubierto los verdaderos lobos para seducir y aprovecharse de las almas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn segundo lugar, Monse\u00f1ores, lo que ustedes dicen acerca de que el calor que ponen los dos partidos en sostener sus respectivas opiniones deja pocas esperanzas para una nueva uni\u00f3n, a la cual habr\u00eda que llegar por encima de todo, me obliga a decirles que no es posible conseguir esa uni\u00f3n en la diversidad y oposici\u00f3n de ideas en materia de fe y de religi\u00f3n, m\u00e1s que apelando a un tercero, que no puede ser m\u00e1s que el Papa, a falta de concilios; y que el que no quiera unirse de este modo no es capaz de ninguna uni\u00f3n, que lejos del Papa ni siquiera es de desear; porque las leyes nunca podr\u00e1n conciliarse con los cr\u00edmenes, as\u00ed como tampoco la mentira puede estar de acuerdo con la verdad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn tercer lugar, esa uniformidad que ustedes desean entre los Prelados ser\u00eda muy de apetecer, con tal de que fuera sin perjuicio de la fe; porque no puede haber uni\u00f3n en el mal y en el error. Pero cuando tuviera que hacerse esa uni\u00f3n, le tocar\u00eda a la minor\u00eda ponerse de acuerdo con la mayor\u00eda, al miembro le corresponder\u00eda unirse con su cabeza. Y es eso precisamente lo que se propone, ya que por lo menos de cada seis partes hay cinco que se han ofrecido a atenerse a lo que diga el Papa, a falta de concilio, que no puede reunirse por culpa de las guerras. Y a\u00fan cuando se siguiera la divisi\u00f3n y, si ustedes quieren, el cisma, no habr\u00eda que seguir a los que no quieren juez, ni atenerse a la mayor\u00eda de los Obispos, con los que no quieren tener nada que ver, lo mismo que tampoco con el Papa\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abY de aqu\u00ed se sigue una cuarta raz\u00f3n, que sirve de respuesta a lo que ustedes me dicen, de que cada uno de los partidos cree que la raz\u00f3n y la verdad est\u00e1n de su lado. Confieso que as\u00ed es; pero saben ustedes muy bien que todos los herejes han dicho otro tanto y que, sin embargo, eso no les ha librado de la condenaci\u00f3n y de los anatemas que contra ellos han pronunciado los Papas y los concilios. Nunca se ha visto que la uni\u00f3n con ellos haya sido un medio para curar el mal; al contrario, se les ha aplicado el hierro y el fuego, aunque a veces demasiado tarde, como podr\u00eda suceder aqu\u00ed. Es verdad que un partido acusa al otro, pero con la diferencia de que uno pide jueces y el otro no los quiere, y eso es mala se\u00f1al. No desea ning\u00fan remedio, repito, por parte del Papa, del que sabe que es posible, y simula desear el del concilio, porque lo cree imposible en las circunstancias actuales; y si creyera que fuera posible, lo rechazar\u00eda lo mismo que rechaza el otro. Y eso no ser\u00e1 a mi juicio ning\u00fan motivo de burla para los libertinos ni para los herejes, pero s\u00ed de esc\u00e1ndalo para los buenos, el ver divididos a los Obispos; porque, adem\u00e1s de que el n\u00famero de quienes no quieren firmar las cartas escritas al Papa para dicha cuesti\u00f3n ser\u00e1 muy peque\u00f1o, no es nada extraordinario en los antiguos concilios el que no todos sean de la misma opini\u00f3n. Eso demuestra igualmente la necesidad de que intervenga el Papa, ya que, como Vicario de Jesucristo, es Cabeza de toda la Iglesia y, por consiguiente, el Superior de los Obispos\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn quinto lugar, no veo por qu\u00e9 la guerra, extendida casi por toda la cristiandad, le impide al Papa juzgar con todas las condiciones y formalidades necesarias y prescritas por el concilio de Trento en las materias que encomienda a Su Santidad, a quien de ordinario han consultado y apelado muchos Santos y antiguos Prelados en las dudas de la fe, incluso estando reunidos, como vemos en los Santos Padres y en los Anales eclesi\u00e1sticos. Pues bien, la afirmaci\u00f3n de que no se aceptar\u00e1 su decisi\u00f3n est\u00e1 tan lejos de tener motivos para temerla, que m\u00e1s bien puede ser \u00e9ste el mejor medio para distinguir as\u00ed a los verdaderos Hijos de Dios de los obstinados en el error\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn cuanto al remedio que ustedes proponen de prohibir severamente a ambos partidos que sigan dogmatizando, les suplico humildemente que consideren que ya se ha probado in\u00fatilmente, y que eso ha servido solamente para dar m\u00e1s facilidades al error, porque, al verse tratado al mismo nivel que la verdad, ha buscado su expansi\u00f3n y ha sido atacado demasiado tarde, dado que esa doctrina no afecta solamente a la teor\u00eda, sino que, al consistir tambi\u00e9n en la pr\u00e1ctica, las conciencias no pueden ya soportar la vacilaci\u00f3n y la inquietud que nace de esa duda y que se va formando en el coraz\u00f3n de cada uno. Hemos visto a personas que, al o\u00edr que algunos les dec\u00edan a los moribundos, para consolarlos, que tuvieran confianza en la bondad de Nuestro Se\u00f1or, que hab\u00eda muerto por ellos, les dec\u00edan a los enfermos que no se fiasen de sus palabras, ya que Nuestro Se\u00f1or no hab\u00eda muerto por todos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPerm\u00edtanme, adem\u00e1s, Monse\u00f1ores, a\u00f1adir a estas consideraciones que los que profesan las nuevas ideas, al ver que se temen sus amenazas, las exageran y se preparan para una fuerte rebeli\u00f3n. Se sirven del silencio de ustedes como de un poderoso argumento en favor, e incluso se jactan, como resulta de un impreso que han publicado, de que ustedes son de su opini\u00f3n. Y, por el contrario, los que se mantienen en la sencillez y en la antigua creencia se asustan y se desaniman, al ver que no los apoyan ustedes. \u00bfLes gustar\u00eda acaso a ustedes, Monse\u00f1ores, que su nombre sirviera, aunque fuera en contra de sus intenciones, que son totalmente santas, para confirmar a unos en su obstinaci\u00f3n y para debilitar a los otros en sus creencias?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSobre el remedio de dejar las cosas para un concilio universal, \u00bfes que puede convocarse durante estas guerras? Pasaron cuarenta a\u00f1os desde que Lutero y Calvino empezaron a perturbar a la Iglesia hasta que se celebr\u00f3 el concilio de Trento. As\u00ed pues, no hay m\u00e1s remedio a mano que el de recurrir al Papa, a quien nos remite el mismo concilio de Trento en su \u00faltima sesi\u00f3n, cap\u00edtulo final, del que les env\u00edo un extracto\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPor otra parte, Monse\u00f1ores, no hay por qu\u00e9 temer que no se obedezca al Papa, como es justo, despu\u00e9s de que \u00e9l haya pronunciado sentencia, pues, aparte de que esa raz\u00f3n de temer la desobediencia tendr\u00eda lugar en todas las herej\u00edas, a las que en consecuencia habr\u00eda que dejar que reinaran impunemente, tenemos un ejemplo muy reciente en la falsa doctrina de las dos pretendidas Cabezas de la Iglesia, que sali\u00f3 de la misma botica: cuando el Papa la conden\u00f3, se obedeci\u00f3 a su juicio y no volvi\u00f3 ya a hablarse de esa nueva opini\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abCiertamente, Monse\u00f1ores, todas estas razones y muchas otras que ustedes conocen mejor que yo, me gustar\u00eda a m\u00ed o\u00edrselas a ustedes, a quienes reverencio como a Padres, y como a doctores de la Iglesia. Son, por otra parte, las que han hecho que, al presente queden pocos Prelados en Francia que se hayan negado a firmar la carta que les envi\u00e9\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Las cartas del Sr. Vicente, as\u00ed como toda su actuaci\u00f3n en este asunto nos bastan para conocer que el \u00fanico motivo que le mov\u00eda a obrar as\u00ed era la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de las almas. En todo eso tenemos motivos para admirar c\u00f3mo supo concordar tan estupendamente un celo ardent\u00edsimo por todo lo que estaba relacionado con el servicio de Nuestro Se\u00f1or y de su Iglesia, con una humildad profund\u00edsima y un singular respeto por la dignidad sagrada de los Obispos; porque, si por un lado la caridad lo impuls\u00f3 a hablar y a proponerles los sentimientos que Dios le inspiraba en aquella ocasi\u00f3n, la humildad y el respeto lo llevan al mismo tiempo a prosternarse en esp\u00edritu a sus pies, suplic\u00e1ndoles que le perdonen esta libertad, y tambi\u00e9n manifest\u00e1ndoles m\u00e1s con el coraz\u00f3n que con la boca, que los reverenciaba como a sus Padres y como a Doctores de la Iglesia, de los que \u00e9l se consideraba dichoso por aprender las cosas que se atrev\u00eda a presentarles. As\u00ed es como ha actuado siempre, y por ese procedimiento tan humilde como caritativo, hall\u00f3 gracia tanto ante Dios, quien bendijo sus buenos planes, como ante los Obispos, que aprobaron la sinceridad de su celo, que s\u00f3lo trataba de secundar el de ellos, de acuerdo con el ejemplo de santos personajes, quienes, aunque viv\u00edan una vida retirada, no dejaron de acudir en ocasiones semejantes a los Prelados de la Iglesia, d\u00e1ndoles consejos acerca de las herej\u00edas incipientes que descubr\u00edan, para detener su curso.<\/p>\n<p>Mientras que el Sr. Vicente trabajaba de esa forma, los jansenistas, cuando se enteraron de que se pensaba acudir al Soberano Pont\u00edfice para obtener su sentencia sobre la doctrina del libro de Jansenio, hicieron todo lo que pudieron para obstaculizar dicho plan e impedir su efecto.<\/p>\n<p>A ese prop\u00f3sito, difundieron un escrito en forma de carta circular, que enviaron a todos los Obispos del Reino, con el fin de disuadirles de firmar la Carta que estaba planeada para enviar al Papa. Eso no impidi\u00f3 que en muy poco tiempo fuera firmada por m\u00e1s de ochenta Prelados, tanto Arzobispos como Obispos.<\/p>\n<p>Al ver que ese golpe les hab\u00eda fallado, acudieron al Se\u00f1or de N., doctor en teolog\u00eda, que ya hab\u00eda ido a Roma, y le escribieron que hiciera todo lo posible para disuadir al Papa de que se pronunciara sobre aquella consulta de los Obispos. Y adem\u00e1s, temiendo que no tuviera el enviado suficiente fuerza como para conjurar aquella tormenta, que amenazaba al libro de Jansenio y a todos sus seguidores, enviaron r\u00e1pidamente a tres de sus doctores para asesorarle, y para hacer con \u00e9l todos los esfuerzos con el fin de impedir, o al menos, retrasar cuanto pudieran, el juicio del Papa acerca de dicha materia.<\/p>\n<p>En cuanto se divulg\u00f3 lo de la delegaci\u00f3n de los jansenistas, el Sr. Vicente crey\u00f3 que era muy importante que algunos doctores ortodoxos y bien intencionados fueran tambi\u00e9n a Roma para defender la verdad contra todas las iniciativas y los artificios de sus enemigos. Y por una inspiraci\u00f3n especial\u00edsima de la Divina Providencia que vela incesantemente sobre su Iglesia, se encontr\u00f3 con tres de la facultad de la Sorbona, quienes, ya sea por propio impulso, ya por sugerencia de algunos amigos, decidieron emprender el viaje juntos para el servicio de la Religi\u00f3n Cat\u00f3lica. Esos tres fueron los Sres. Hallier, Joisel y Lagault. El primero de ellos fue m\u00e1s tarde nombrado Obispo de Cavaillon por nuestro Santo Padre, Inocencio X, quien quiso con esa dignidad agradecer sus trabajos a sus m\u00e9ritos en favor de la Iglesia. El Sr.Vicente sinti\u00f3 gran alegr\u00eda, cuando conoci\u00f3 la resoluci\u00f3n de esos tres Se\u00f1ores. Y como los conoc\u00eda bien, los anim\u00f3 todo lo que pudo para tan buena acci\u00f3n, y les ofreci\u00f3 todos los servicios que les pod\u00eda ofrecer, ya antes de su partida, ya despu\u00e9s de su llegada de Roma.<\/p>\n<p>No es \u00e9ste el lugar donde debemos dar a conocer todo lo que esos Se\u00f1ores hicieron por el servicio de la Iglesia y por la defensa de la verdad durante su estancia en Roma. Informaban de todo, de cuando en cuando, al Sr. Vicente, y rec\u00edproca499 mente, recib\u00edan de \u00e9l diversos consejos de lo que ten\u00edan que hacer, en el sitio en que estaban, por el bien de la Religi\u00f3n. Bastar\u00e1 con que presentemos aqu\u00ed una carta que \u00e9l escribi\u00f3 al Sr. Hallier el a\u00f1o 1652, el 20 de diciembre, a prop\u00f3sito de ese asunto.<\/p>\n<p><em>\u00abLe doy gracias a Dios por los progresos y los \u00e9xitos que va obteniendo por ah\u00ed. Tambi\u00e9n le agradezco muy humildemente el favor que me ha hecho poni\u00e9ndome al corriente de todo. Le aseguro que no recibo una alegr\u00eda mayor que la que me proporcionan sus cartas, y que no le rezo a Dios por ninguna otra cosa con mayor cari\u00f1o que por usted y por el \u00e9xito de su empresa. Por eso, su Divina Bondad me da grandes esperanzas de que pronto dar\u00e1 la paz a su Iglesia, y que, con la ayuda de sus esfuerzos, se reconocer\u00e1 la verdad, y su celo quedar\u00e1 manifiesto ante Dios y ante los hombres. As\u00ed se lo seguiremos pidiendo. Haga el favor de seguir d\u00e1ndome noticias de todo\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p>Por esta carta se puede deducir que el Sr. Vicente ten\u00eda alg\u00fan presentimiento de dos cosas que iban a suceder: una es la condena de la doctrina del libro de Jansenio contenida en las cinco proposiciones, que vino de Roma unos meses m\u00e1s tarde; otra es la promoci\u00f3n del Sr. Hallier a la dignidad episcopal, de la que ya hemos hablado.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a la condena de las cinco proposiciones, el Lector cat\u00f3lico tendr\u00e1 la satisfacci\u00f3n de ver aqu\u00ed dos cartas que fueron escritas desde Roma al Sr. Vicente sobre esa cuesti\u00f3n, cuyos originales est\u00e1n en la casa de San L\u00e1zaro de Par\u00eds. La primera es del Sr. Hallier. Estas son sus palabras:<\/p>\n<p><em>\u00abEl pasado lunes s\u00f3lo tuve tiempo para ponerle unas letras de c\u00f3mo la Constituci\u00f3n hecha contra Jansenio era muy ventajosa para la defensa de la Religi\u00f3n Cat\u00f3lica y la condenaci\u00f3n del error. Los Se\u00f1ores Jansenistas salen hoy de esta ciudad para volver por Loreto, despu\u00e9s de haber estado durante quince d\u00edas preparando sus lacayos. Han prometido obedecer puntualmente al Papa. Tengo motivos para desconfiar de ello, pues les han dicho a sus amigos que no les hab\u00edan condenado, y que su posici\u00f3n, que es la misma que la de Jansenio, se manten\u00eda \u00edntegra. S\u00e9 que resultan rid\u00edculos al decir eso, ya que Jansenio ha sido condenado; que sus proposiciones est\u00e1n como sacadas de Jansenio; que el sentido dado por los jansenistas a la quinta proposici\u00f3n ha sido tambi\u00e9n expresa y espec\u00edficamente condenado, y que todas sus interpretaciones han sido exclu\u00eddas como impertinentes por una condenaci\u00f3n absoluta. Todo eso demuestra su obstinaci\u00f3n en el error, que podr\u00e1 encontrar algunos secuaces tanto por all\u00ed, como por estas tierras. Por eso, hay que trabajar en abrir los ojos a los ignorantes y conseguir decididamente la publicaci\u00f3n de la bula y su legalizaci\u00f3n en los Parlamentos, en las di\u00f3cesis, en la facultad, en presencia del Rey y del Sr. Canciller y Guardasellos, de los Obispos y de los Doctores\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTemo que el Sr. de SaintAmour acuda en seguida, y refiera las cosas de una manera muy distinta de c\u00f3mo han pasado, diciendo que no les han escuchado suficientemente. Varias veces se les ha replicado ya lo siguiente: primero, que la culpa ser\u00eda de ellos, ya que han tenido la libertad de informar oralmente y por escrito a los Cardenales de la Congregaci\u00f3n y a los Consultores durante un a\u00f1o; segundo, que se les comunicaron nuestros escritos, como ellos mismos lo confiesan en el discurso que tuvieron ante el Papa; tercero, que era in\u00fatil escucharles y tambi\u00e9n a nosotros, ya que no se trataba m\u00e1s que de una doctrina sacada del libro de Jansenio, que el Papa ha hecho examinar cuidadosamente, siendo a\u00fan m\u00e1s in\u00fatil el escucharlos, porque no alegan m\u00e1s medios en su defensa que los que est\u00e1n ya ocultos en Jansenio; cuarto, que cuando se condena un libro, no se acostumbra recibir m\u00e1s luz que la que viene del mismo libro y de las personas sabias en la materia que se trata en ese libro; quinto, que se les ha ofrecido a los doctores jansenistas dos, tres, cuatro, cinco audiencias y todas las que fueran necesarias ante los Sres. Cardenales, pero que se han negado a acudir; sexto, que siempre que han entregado alg\u00fan escrito ha sido fuera de cuesti\u00f3n, ya que s\u00f3lo intentaban retrasar y, con ese retraso, impedir que el Papa se pronunciara contra sus herej\u00edas, a fin de sembrarlas a su gusto\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn lo que se refiere a los medios con los que quieren eludir la bula, basta con leerlos para condenarlos. Han venido expresamente a defender las proposiciones presentadas al Papa por nuestros Sres. Obispos, e impedir que fueran condenadas; han querido impedir su censura en la facultad (de Par\u00eds), aunque habr\u00eda sido menos severa; han escrito tres apolog\u00edas en favor de Jansenio; han interpretado las proposiciones en el sentido de este autor, sin que dichas proposiciones puedan tener m\u00e1s sentido que el de Jansenio, si no se altera el significado de las palabras con que han sido concebidas. El Papa las condena todas como her\u00e9ticas, y no pueden tener otro significado. Por tanto, han sido condenadas en el sentido que ellos quer\u00edan darle, y que hab\u00edan presentado al Papa: Ubi lex non distinguit, nec nos distinguere debemus\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abYa sabe usted que el Sr. Nuncio tiene un Breve para Su Majestad, a quien el Papa suplica que se muestre firme en la ejecuci\u00f3n de la Bula. Ya comprender\u00e1 usted su importancia. Tambi\u00e9n hay un Breve para los Sres. Obispos. Nos han pedido que nos quedemos aqu\u00ed hasta que se hayan recibido noticias de c\u00f3mo se han portado en la recepci\u00f3n de esta Bula, ya que tienen la intenci\u00f3n de condenar las Apolog\u00edas en favor de Jansenio, el libro De la gracia victoriosa, la Teolog\u00eda familiar y otros, apenas se vea c\u00f3mo han recibido la Bula. Ver\u00e1 usted por la lectura de la misma que se han suprimido todas las cl\u00e1usulas ordinarias en su estilo, para no perjudicar nuestras pretensiones. Este procedimiento lleno de bondad nos obliga a corresponder con una obediencia respetuosa, y por eso hemos de hacer todos los esfuerzos en este sentido; y como los jansenistas intentar\u00e1n impedirlo con todas sus fuerzas, habr\u00e1 que trabajar por hacer in\u00fatiles sus esfuerzos. Habr\u00e1 que informar a la Reina acerca del inter\u00e9s, la diligencia, el trabajo y la bondad que Su Santidad ha demostrado en este asunto, y exponerle cu\u00e1l es su deber de conciencia, su honor y la seguridad del Estado del Rey, su hijo, que quedan afectados en esta ocasi\u00f3n. Estamos pensando en escribirle, ya que el Sr. Embajador nos ha dicho que no le iba a escribir nada, remiti\u00e9ndose a lo que le \u00edbamos a escribir nosotros. Tambi\u00e9n hab\u00edamos pensado en escribir a Su Eminencia. Al final, hemos decidido no hacerlo, no sea que creyeran que nuestro prop\u00f3sito era interesado, lo cual estamos muy lejos de pretender; pero creemos que ser\u00e1 mejor que otras personas les informen de todo, como juzgue usted conveniente\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abRoma, 16 de junio de 1653<\/em><\/p>\n<p><em>Su muy humilde y muy obediente servidor Hallier\u00bb <\/em><\/p>\n<p>La segunda carta es del Sr. Lagault, escrita en Roma el 15 de junio de 1653, y es como sigue:<\/p>\n<p><em>\u00abSe\u00f1or: En mi \u00faltima tuve ocasi\u00f3n de escribirle ampliamente sobre la manera como concluy\u00f3 el asunto en contra de los jansenistas, ya que la Bula no se public\u00f3 hasta la misma tarde en que sali\u00f3 el correo. No sabr\u00eda explic\u00e1rselo mejor que dici\u00e9ndole con San Pablo: Regi saeculorum immortali, in visibili, soli Deo honor et gloria!, ya que s\u00f3lo Dios es el que ha actuado tan visiblemente en este negocio, que a El solo es al que hay que atribuir toda la gloria. El mismo Papa lo ha reconocido diciendo, en varias ocasiones, que nunca hab\u00eda sentido tanta alegr\u00eda, como la que sent\u00eda en las Congregaciones, en donde ha permanecido, a veces, hasta cinco horas sin cansarse; y hubiera estado ocho y nueve horas, a no ser por la compasi\u00f3n que sent\u00eda por los te\u00f3logos, que ya no pod\u00edan ni tenerse de pie. Adem\u00e1s, lo o\u00eda todo con tanta facilidad, que por la tarde trataba de ello con el Sr. Cardenal Chigi, secretario de Estado, habl\u00e1ndole de todo lo que se hab\u00eda dicho\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abY tambi\u00e9n se ha visto la mano de Dios en que ha habido muy grandes dificultades que superar, y el Papa se ha visto presionado por toda clase de personas, para que dejara este asunto sin decidir. Entre ellas hab\u00eda algunas de consideraci\u00f3n, que intentaban disuadirle con el pretexto de que ten\u00eda que cuidar m\u00e1s de su salud. No s\u00e9, incluso, si ha habido alguna intriga de importancia, que viniera de nuestros barrios. El tiempo lo dir\u00e1 alg\u00fan d\u00eda\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSin embargo, ha permanecido siempre tan firme en su resoluci\u00f3n que, desde que la tom\u00f3, no ha vacilado un solo momento. Siempre ha dicho que, puesto que este asunto concern\u00eda al bien de la Iglesia, quer\u00eda concluirlo. Y lo llevaba tan en el coraz\u00f3n que, cuando iban a verlo sus parientes para entretenerlo, les hablaba continuamente de ello\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abNo ha omitido nada de lo que era necesario, para quitar cualquier pretexto de queja. Despu\u00e9s de m\u00e1s de veinticinco Congregaciones celebradas por los Sres. Cardenales, se han tenido diez en su presencia, de m\u00e1s de cuatro horas seguidas. Luego ha querido escuchar despacio a los Sres. Jansenistas, puesto que lo deseaban, aunque no estaba obligado a ello de ning\u00fan modo, sobre todo, cuando se negaron a ser o\u00eddos por los Sres. Cardenales. Pero actuaron tan mal delante de \u00e9l, que no les concedi\u00f3 ya una segunda audiencia, que ped\u00edan solamente para que pasara el tiempo, pues, seg\u00fan dec\u00edan, quer\u00edan tener hasta veinticinco audiencias. Pero no dijeron ni una sola palabra de lo que se trataba; se entretuvieron en pronunciar injurias contra los Jesu\u00edtas, y en demostrar que eran autores de m\u00e1s de cincuenta herej\u00edas. El Papa, al ver su intenci\u00f3n, se decidi\u00f3, por fin, a pasar por encima de ellos. A\u00fan as\u00ed, no tienen ning\u00fan motivo para estar quejosos de \u00e9l, ya que nosotros ni siquiera hemos tenido una sola audiencia con \u00e9l, y ellos, desde que est\u00e1n en Roma, han tenido m\u00e1s de ocho o nueve. Despu\u00e9s de haberse tomado la decisi\u00f3n, han vuelto a tener otra de m\u00e1s de una hora; en ella han protestado su obediencia. No obstante, le digo con toda franqueza, que dudo mucho de que todos obedezcan. Se han vuelto r\u00e1pidamente a Francia, a pesar del calor. Hay muchas razones para temer que sea solamente para impedir el efecto de la Bula\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEntretanto nosotros nos quedaremos aqu\u00ed durante el verano por orden de los Sres. Cardenales, que nos han dicho que era conveniente que nos qued\u00e1semos, hasta que se tuvieran noticias de c\u00f3mo se hab\u00eda recibido la Bula en Francia, a fin de suplir lo que pudiera faltar, aunque creo que no hay nada que criticar en ella. El Sr. Hallier me ha dicho que le enviar\u00eda un ejemplar de la Bula. Por eso no se la env\u00edo yo. He querido explicarle todo esto por extenso, para que se tome usted la molestia de desenga\u00f1ar a muchas personas, que probablemente estar\u00e1n llenas de prejuicios y falsedades\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abMe olvidaba decirle que aqu\u00ed se han querido ya aprovechar del hecho de que la Bula no apareci\u00f3 hasta dos horas y media despu\u00e9s de haber sido publicada, por orden del Papa. Ya sabe usted, se\u00f1or, que esto se hizo adrede. El Papa quiso que se publicase manuscrita, y no quiso permitir que se distribuyera ning\u00fan ejemplar de la misma, porque deseaba mand\u00e1rsela a los Monarcas y a los Nuncios antes de que las enviaran a los particulares; de manera que la mand\u00f3 quitar seg\u00fan costumbre, cuando ya estaba demostrado que se hab\u00eda publicado y que hab\u00eda estado expuesta en el cartel. Aquel mismo d\u00eda la envi\u00f3 a Francia, con un Breve particular al Rey y otro a los Sres. Obispos. El Papa ha enviado un correo expreso a Polonia, para que llegue antes, ya que es el pa\u00eds m\u00e1s lejano. Espero que dentro de poco tiempo podr\u00e9 enviarle una relaci\u00f3n m\u00e1s detallada de lo que ha pasado\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLe conjuro, se\u00f1or, que siga dando gracias a Dios por haber preservado a la Iglesia de Francia de caer de nuevo en el calvinismo, y que no se olvide en sus santos sacrificios de aqu\u00e9l, que es de todo coraz\u00f3n su muy humilde y devoto servidor, Lagault\u00bb. <\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDespu\u00e9s de escrita la presente, hoy d\u00eda 16, hemos ido a dar las gracias a Su Santidad, que nos ha concedido una audiencia de dos horas y media, y nos ha dicho que pod\u00edamos saber todas las cosas que hab\u00eda hecho antes de tomar aquella decisi\u00f3n: que hab\u00eda mandado rezar mucho a Dios, en p\u00fablico y en privado, y nos dijo todas las Congregaciones que hab\u00eda celebrado para su discusi\u00f3n. Adem\u00e1s, nos ha confirmado lo que ya le dec\u00eda en la presente: que hab\u00eda tenido una satisfacci\u00f3n especial en esta discusi\u00f3n, y una asistencia particular y sensible del Esp\u00edritu Santo en esta ocasi\u00f3n, y que no se hab\u00eda propuesto ning\u00fan punto teol\u00f3gico que \u00e9l no lo entendiera ni retuviera con facilidad. Nos estuvo explicando todas las razones de la Bula, punto por punto, y nos dijo que una ma\u00f1ana, despu\u00e9s de haberse encomendado a Dios, mand\u00f3 venir a uno de sus secretarios, y se la dict\u00f3 en una ma\u00f1ana. Nos dijo tambi\u00e9n que esos Se\u00f1ores, a los que ya no me atrevo a llamar jansenistas (pues quiero creer que ya no los habr\u00e1) hab\u00edan ido a darle las gracias por su declaraci\u00f3n y le hab\u00edan prometido someterse plenamente a ella, llegando incluso a derramar l\u00e1grimas. \u00a1Quiera Dios que guarden estos buenos prop\u00f3sitos! A\u00f1adi\u00f3 adem\u00e1s que el discurso de ellos durante la audiencia p\u00fablica que les hab\u00eda concedido antes no hab\u00eda sido m\u00e1s que una terrible invectiva contra los jesu\u00edtas (estas fueron sus palabras), y que todo lo que hab\u00edan dicho hab\u00eda sido un desprop\u00f3sito\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En cuanto llevaron a Francia la Constituci\u00f3n de nuestro Santo Padre el Papa Inocencio X, al Sr. Vicente, pensando en la forma de sacar el fruto que se esperaba de su publicaci\u00f3n, que era la sumisi\u00f3n y uni\u00f3n de las personas que se hab\u00edan dejado sorprender por el relumbr\u00f3n de la nueva doctrina, se le ocurri\u00f3 ir a visitar a los Superiores de algunas casas religiosas y a algunos doctores y a otras personas de categor\u00eda, que hab\u00edan manifestado m\u00e1s celo en aquel asunto, para conjurarlos a contribuir, con el m\u00e1ximo esfuerzo que pudieran por su parte, a la reconciliaci\u00f3n del partido vencido. Les dijo que pensaba que era preciso contenerse y moderarse en las p\u00fablicas manifestaciones de alegr\u00eda, y no afirmar en los sermones, ni en las charlas y conversaciones, nada que pudiera producir humillaci\u00f3n a los que hab\u00edan sostenido la doctrina condenada de Jansenio por miedo a amargarlos a\u00fan m\u00e1s en lugar de ganarlos; que lo m\u00e1s conveniente era prevenirlos con el honor y la amistad en tal coyuntura, que, al ser tan humillante para ellos, podr\u00eda, a pesar de todo, ayudarles a volver, cuando se vieran tratados con respeto y caridad, asegur\u00e1ndoles que, por su parte, \u00e9l actuar\u00eda de esa manera.<\/p>\n<p>De las palabras pas\u00f3 a los hechos, y se march\u00f3 a PortRoyal a visitar a los se\u00f1ores, que se retiraban all\u00ed habitualmente, y a felicitarlos, porque se hab\u00eda enterado que se iban a someter a la decisi\u00f3n del Papa, como efectivamente as\u00ed lo hab\u00edan manifestado al principio, al menos por las apariencias. Charl\u00f3 con ellos durante varias horas, y les habl\u00f3 muy confidencialmente con grandes muestras de aprecio y afecto. Fue despu\u00e9s a ver a otras personas de condici\u00f3n, de las m\u00e1s importantes de aquel partido, que prometieron total sumisi\u00f3n a la Santa Sede Apost\u00f3lica en lo tocante a la doctrina condenada.<\/p>\n<p>Pero todas esas atenciones caritativas del Sr. Vicente no tuvieron el efecto esperado, y las obras no respondieron a las buenas palabras que le hab\u00edan dado: porque, aunque hubo varios de entre los seguidores de Jansenio, que quedaron impresionados al principio, y que, efectivamente, concibieron deseos de someterse al juicio del Jefe de la Iglesia, sin embargo, el disimulo y los pretextos con los que los principales jefes de ese partido simulaban su obstinaci\u00f3n en sostener la doctrina condenada fueron tales, que prevalecieron en muchos individuos contra todas las advertencias externas y todos los movimientos internos que les mov\u00edan a reconocer y confesar la verdad.<\/p>\n<p>A pesar de eso, cuando la nueva Constituci\u00f3n de nuestro Santo Padre el Papa Alejandro VII, por la que confirmaba y explicaba la de Inocencio X, fue publicada a fines del a\u00f1o 1656, el Sr. Vicente, impulsado por su celo habitual, volvi\u00f3 una vez m\u00e1s sobre sus pasos, y repiti\u00f3 las mismas visitas y las mismas instancias ante los personajes m\u00e1s influyentes de ese partido; mas, a pesar de eso, ellos no manifestaron mayor sumisi\u00f3n por la segunda Constituci\u00f3n que por la primera. El fiel Siervo de Dios, cuando vio que no hab\u00eda nada que ganar de unos esp\u00edritus tan mal dispuestos, dirigi\u00f3 sus pensamientos y sus desvelos a trabajar en la conservaci\u00f3n de quienes hab\u00edan mantenido su fe sana y entera, y para prevenirlos contra el contagio de los nuevos errores. Emple\u00f3 sus primeros cuidados, seg\u00fan lo requiere el orden de la caridad, en mantener a los de su Congregaci\u00f3n en la pureza de la fe y de la doctrina de la Iglesia. A tal efecto, les habl\u00f3 varias veces en los actos de comunidad, para invitarles a reconocer cu\u00e1n obligados estaban a la Bondad divina por haberlos preservado de aquellas novedades, capaces de corromper y de perder la Congregaci\u00f3n. Les recomend\u00f3 que rogaran a Dios por la paz de la Iglesia, por la extirpaci\u00f3n de los nuevos errores, y por la conversi\u00f3n de los que hab\u00edan quedado infectados. Les prohibi\u00f3 leer los libros de los jansenistas, y defender directa ni indirectamente la doctrina, ni ninguna de las opiniones que la pod\u00edan favorecer. Y despu\u00e9s de esto, si descubr\u00eda a alguno que era partidario, del modo que fuera, de dicha doctrina, lo cercenaba inmediatamente, como un miembro gangrenado, por miedo a que fuera a infectar y corromper el resto del cuerpo.<\/p>\n<p>As\u00ed es como cuid\u00f3 de la conservaci\u00f3n y seguridad de los suyos. Luego dirigi\u00f3 sus cuidados a procurar el mismo bien a varias comunidades religiosas, que con sus consejos y con sus caritativas intervenciones preserv\u00f3 del contagio de los nuevos errores, y, particularmente, a varios monasterios de religiosas, que deben, despu\u00e9s de a Dios, su conservaci\u00f3n al celo y a la caridad del Sr. Vicente.<\/p>\n<p>Bastar\u00e1 con que juntemos a todo lo que hemos dicho un ejemplo de esa caridad, que aprovechaba con gusto todas las ocasiones que se presentaban para procurar un bien id\u00e9ntico, no s\u00f3lo a las comunidades, sino tambi\u00e9n a las personas particulares, a las que tend\u00eda los brazos con afecto cordial, sea para retenerlas y conservarlas en los sentimientos ortodoxos, cuando las ve\u00eda fieles, sea tambi\u00e9n para sacarlas del error, cuando hab\u00edan ca\u00eddo en \u00e9l, y manifestaban alguna disposici\u00f3n para salir de \u00e9l.<\/p>\n<p>Hab\u00eda un doctor de la Facultad de la casa de Sorbona que se hab\u00eda implicado en el jansenismo, no s\u00f3lo por el apego que sent\u00eda a la nueva doctrina, sino m\u00e1s a\u00fan por algunas relaciones particulares con personas de condici\u00f3n y autoridad que eran de aquel partido. La Constituci\u00f3n de Inocencio X lo hab\u00eda tocado fuertemente, y si no lo hab\u00eda convertido del todo, al menos se hallaba quebrantado. Por eso en las dudas y perplejidades que agitaban su esp\u00edritu, se le ocurri\u00f3 hacer un Retiro en San L\u00e1zaro. All\u00ed, despu\u00e9s de haber considerado una y otra vez todos los pensamientos que le ven\u00edan a la mente acerca de aquel tema, finalmente declar\u00f3 al Sr. Vicente, que ten\u00eda la intenci\u00f3n de abandonar las opiniones de Jansenio, si el Papa le quisiera aclarar todas las dudas que ten\u00eda. Y las expuso en una carta que escribi\u00f3 a Su Santidad. El Sr. Vicente le procur\u00f3 una respuesta favorable, que lo preparaba suavemente a renunciar la doctrina condenada, pero, en lugar de seguir con presteza y sin dudar aquel consejo paternal, y los movimientos internos que Dios le inspiraba, hizo demasiado caso al respeto humano, y prefiri\u00f3 la gloria de los hombres a la que deb\u00eda dar a Dios. Eso no fue obst\u00e1culo para que el Sr. Vicente le hiciera nuevas invitaciones y lo impulsara a declararse. Pero no le respondi\u00f3 otra cosa, sino que no pod\u00eda decidirse a renunciar a una doctrina que, al parecer, Dios aprobaba con milagros que, seg\u00fan dec\u00eda, tuvieron lugar en PortRoyal. Sobre eso, el Sr. Vicente le escribi\u00f3 la carta siguiente, y le mand\u00f3 los papeles de los que habla la carta.<\/p>\n<p><em>\u00abLe env\u00edo tambi\u00e9n \u2014<\/em>le dice<em>\u2014 la Bula de nuestro Santo Padre el Papa, que confirma las de Inocencio X y las de otros Papas, que han condenado las opiniones nuevas de Jansenio. Creo, se\u00f1or, que la encontrar\u00e1 tal que no le quedar\u00e1 ya ning\u00fan g\u00e9nero de duda, despu\u00e9s de la aceptaci\u00f3n y de la publicaci\u00f3n que de ella han hecho nuestros Sres. Obispos reunidos tantas veces por este motivo y, hace a\u00fan poco tiempo, los Se\u00f1ores de la Asamblea del Clero que han hecho imprimir una relaci\u00f3n de la misma; finalmente, tambi\u00e9n le env\u00edo, la censura de la Sorbona, y la carta que le ha sido escrita a usted por orden de Su Santidad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSeg\u00fan eso, espero, se\u00f1or, que, despu\u00e9s de todo ello dar\u00e1 usted gloria a Dios y edificaci\u00f3n a su Iglesia, tal como todos esperan de usted en esta ocasi\u00f3n, porque, si espera m\u00e1s, es de temer que el esp\u00edritu maligno, que utiliza de tantas argucias para huir de la verdad, le ir\u00e1 poniendo imperceptiblemente en tal situaci\u00f3n que ya no tendr\u00e1 fuerzas para hacerlo, por no haberse abierto a la gracia, que hace tanto tiempo le solicita por unos medios tan suaves y tan poderosos como nunca he o\u00eddo decir que Dios haya utilizado otros semejantes con nadie m\u00e1s\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSi dice usted, se\u00f1or, que los milagros que hace la Santa Espina en PortRoyal parecen aprobar la doctrina que se predica en aquel lugar, ya conoce usted lo que dice Santo Tom\u00e1s, o sea, que jam\u00e1s ha confirmado Dios los errores con milagros, bas\u00e1ndose en que la verdad no puede autorizar la mentira, ni la luz las tinieblas. Pues bien, \u00bfno es evidente que las proposiciones de que se trata, sostenidas por ese partido, son err\u00f3neas, ya que est\u00e1n condenadas? Si Dios hace milagros, no es para autorizar esas opiniones que conducen al error, sino para sacar gloria de ellos de otra manera\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSi espera que Dios le mande un \u00e1ngel del cielo para iluminarle mejor, no lo har\u00e1. El le env\u00eda a la Iglesia, y la Iglesia reunida en Trento le env\u00eda a la Santa Sede en el asunto de que se trata, tal como se puede ver en el \u00faltimo cap\u00edtulo de ese concilio\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSi espera que el propio San Agust\u00edn vuelva a explicarse a s\u00ed mismo, Nuestro Se\u00f1or nos dice que, si uno no cree en las Escrituras, menos creer\u00e1 todav\u00eda en lo que digan los muertos resucitados. Y si fuera posible que ese Santo volviera a la vida, se someter\u00eda de nuevo, como ya lo hizo en otra ocasi\u00f3n, al Soberano Pont\u00edfice\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSi espera el fallo de alguna facultad famosa de teolog\u00eda, que decida de nuevo en esta cuesti\u00f3n, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1? No se conoce en todo el mundo cristiano una m\u00e1s sabia que la de la Sorbona, de la que usted es un miembro digno\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSi, por otro lado, espera que un gran doctor y hombre de bien le se\u00f1ale lo que tiene que hacer usted, \u00bfd\u00f3nde encontrar\u00e1 usted a alguno que tenga esas dos cualidades mejor que la persona a la que estoy hablando?\u00bb \u00abMe parece, se\u00f1or, o\u00edrle que usted opina que no debe declararse tan pronto, a fin de traer con usted a algunas personas de condici\u00f3n. Est\u00e1 bien, pero es de temer que, queriendo salvar del naufragio a esas personas, sean ellas las que le arrastren a usted y se ahogue con ellas. Le digo esto con dolor, dado que su salvaci\u00f3n es para m\u00ed tan querida como la m\u00eda, y dar\u00eda de buena gana mil vidas que tuviera por ellos. Creo que su ejemplo les har\u00e1 m\u00e1s bien que todo cuanto usted pudiera decirles\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTeniendo en cuenta todo eso, en nombre de Dios, se\u00f1or, no retrase esta acci\u00f3n que debe ser tan agradable a su divina Bondad. Va en ello su propia salvaci\u00f3n, y tiene m\u00e1s motivos para temer por usted mismo que por la mayor parte de los que titubean en medio de esos errores, ya que usted ha recibido mejor que ellos una luz especial por parte de nuestro Santo Padre. \u00a1Qu\u00e9 disgusto para usted, si, por retrasar m\u00e1s tiempo declararse, llegaran a obligarle a ello seg\u00fan como lo han resuelto nuestros Sres. Obispos! Por eso le suplico en nombre de Nuestro Se\u00f1or, que se apresure y que no vea mal que el m\u00e1s ignorante y el m\u00e1s abominable de los hombres le hable de esta forma, porque lo que le dice es razonable. Si los animales han hablado y los malvados han profetizado, tambi\u00e9n yo puedo decirle la verdad, aunque sea un animal y un malvado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abQuiera Dios hablarle El mismo eficazmente, d\u00e1ndole a conocer el bien que puede hacer apresur\u00e1ndose a darle gloria en esta ocasi\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPues, aparte de que se pondr\u00e1 usted en la situaci\u00f3n en que Dios quiere, hay motivos para esperar que, con su ejemplo, volver\u00e1 una buena parte de esas personas de sus extrav\u00edos. Y, al contrario, podr\u00e1 ser usted causa de que ellos se obstinen. Si retrasa este proyecto, tengo miedo de que no lo llegue nunca a ejecutar, y eso me causar\u00eda una pena mortal, pues le quiero y le aprecio m\u00e1s de cuanto podr\u00eda decirle y, como he tenido el honor de servirle en varias ocasiones, no podr\u00eda, sin un inmenso dolor, verle salir de la Iglesia. Espero que Nuestro Se\u00f1or no permitir\u00e1 esta desgracia; as\u00ed se lo pido muchas veces, ya que soy en su amor\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p>Por la respuesta que el doctor dio a esta carta, ofreci\u00f3 otra vez alguna esperanza de su retorno, y s\u00f3lo le faltaba, para realizar su plan, hallar el tiempo y la manera conveniente para llevar consigo a otros con \u00e9l. El Sr. Vicente incluso plane\u00f3 un proyecto de qu\u00e9 ten\u00eda que hacer y decir; pero el doctor anduvo con tantos cumplidos que todos sus buenos prop\u00f3sitos quedaron sin efecto de forma que permaneci\u00f3 siempre en sus primeros errores a pesar de todos los esfuerzos de la caridad del Sr. Vicente para sacarle de ellos.<\/p>\n<p>Mas acabemos este cap\u00edtulo con una respuesta digna de su celo, que se la dio a un hombre de honor y de m\u00e9rito, preocupado por el gran aprecio que sent\u00eda, no tanto por los sabios jansenistas cuanto por algunas personas ricas que los apoyaban, al ver las cuantiosas limosnas que hac\u00edan: eso lo manten\u00eda en suspense, y no se atrev\u00eda a condenar en su interior a unas personas que cre\u00eda eran tan caritativas y virtuosas.<\/p>\n<p>Este hombre quien, por otra parte, era amigo del Sr. Vicente, fue un d\u00eda a verlo, y le pregunt\u00f3, si hab\u00eda alg\u00fan medio para moderar el ardor con el que apremiaban a los Se\u00f1ores de PortRoyal.<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00bfQu\u00e9? \u2014<\/em>le dijo<em>\u2014 \u00bfse les quiere hacer perder la paciencia? \u00bfNo ser\u00eda mejor ponerse de acuerdo con ellos amistosamente? Est\u00e1n dispuestos, si se les trata con m\u00e1s moderaci\u00f3n, y no hay persona m\u00e1s adecuada que usted para suavizar la acritud que hay entre ambas partes, y para lograr un buen acuerdo\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente le respondi\u00f3:<\/p>\n<p><em>\u00abSe\u00f1or: Cuando se ha juzgado una controversia, no hay lugar para otros acuerdos: se debe aceptar el fallo. Antes de que esos Se\u00f1ores fueran condenados, han hecho todos los esfuerzos para que la mentira prevaleciera sobre la verdad, y han querido imponer su criterio con tanto ardor, que apenas se atrev\u00edan a resistirles, ni quer\u00edan admitir ning\u00fan arreglo. A\u00fan despu\u00e9s de que la Santa Sede hubo resuelto las cuestiones contra ellos, dieron un sentido distinto a las Constituciones para eludir su efecto. Y aunque, por otra parte, hab\u00edan parecido someterse sinceramente al Padre com\u00fan de los fieles, y de recibir las Constituciones en su verdadero sentido seg\u00fan el cual quedaban condenadas las proposiciones de Jansenio, los escritores de su partido, que han defendido esas opiniones y que han escrito libros y apolog\u00edas para defenderlos, todav\u00eda no han dicho ni escrito una palabra que parezca desaprobarlas. \u00bfQu\u00e9 uni\u00f3n podemos hacer con ellos, si no tienen verdadera y sincera intenci\u00f3n de someterse? \u00bfQu\u00e9 moderaci\u00f3n se puede a\u00f1adir a lo que ya ha decidido la Iglesia? Son materias de fe que no pueden sufrir alteraci\u00f3n alguna, ni admitir componendas y, por consiguiente, no podemos adaptarlas a las ideas de esos se\u00f1ores, sino que les toca a ellos someter las luces de su esp\u00edritu, y juntarse con nosotros por una misma creencia, y por una verdadera y sincera sumisi\u00f3n a la Cabeza de la Iglesia. Sin eso, se\u00f1or, no hay nada que hacer, salvo pedir a Dios por su conversi\u00f3n\u00bb<\/em><\/p>\n<p>He ah\u00ed una peque\u00f1a muestra de la entereza con la que el Sr. Vicente se opuso siempre a todos los que defend\u00edan la doctrina de Jansenio. Despu\u00e9s que la conden\u00f3 la Iglesia, se manifest\u00f3 m\u00e1s abiertamente sobre este asunto, y pensaba que un verdadero cat\u00f3lico deb\u00eda portarse de esa forma, y que era un mal muy grande disimular o tergiversar, y, m\u00e1s a\u00fan, mantenerse en una especie de indiferencia y de neutralidad, cuando se trataba de la fe y de la Religi\u00f3n. Porque, aunque \u00e9l opinara que siempre hab\u00eda que obrar con moderaci\u00f3n, y a\u00fan con una gran caridad para con los que se adher\u00edan a la doctrina condenada con el fin de, si se pod\u00eda, procurar su conversi\u00f3n; sin embargo, quer\u00eda que a eso se le juntara una gran firmeza, y defend\u00eda que una nueva herej\u00eda era un mal que era necesario no halagar ni disimular en la persona que fuera; y que, as\u00ed como no estaba permitido juzgar temerariamente de nadie, as\u00ed tambi\u00e9n era un mal todav\u00eda m\u00e1s peligroso querer por una falsa caridad, o por otro motivo a\u00fan m\u00e1s vicioso, juzgar bien de los que se deb\u00eda tener como herejes o sospechosos de herej\u00eda, y que hab\u00eda no s\u00f3lo temeridad, sino injusticia y tambi\u00e9n impiedad, al querer juzgar a la misma Iglesia, o condenar los juicios que ella dictaminaba por la boca de su Cabeza y de sus Prelados<\/p>\n<p>Aunque el Sr. Vicente hab\u00eda actuado con ese celo contra el Jansenismo, y hab\u00eda hecho todos los esfuerzos para destruirlo; sin embargo sab\u00eda distinguir muy bien los errores condenados de la moral relajada que no pod\u00eda aprobar, como as\u00ed lo manifest\u00f3 abiertamente en varias ocasiones. Siempre hab\u00eda recomendado a los suyos que se mantuvieran unidos fuertemente a la moral verdaderamente cristiana, que se ense\u00f1a en el Evangelio y en los Escritos de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia, alabando en gran manera a los Prelados y a la Sorbona, que hab\u00edan condenado aquella relajaci\u00f3n, as\u00ed como los errores de Jansenio, y recibiendo, con igual alegr\u00eda, lo que la Santa Sede Apost\u00f3lica hab\u00eda pronunciado sobre una y otra cosa.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo que hizo el Sr. Vicente para extirpar los nuevos errores del jansenismo Este humilde y fiel Siervo de Dios pudo decir, \u00abTimor, quem timebam evenit mihi; et quod verebar, accidit\u00bb. 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