{"id":34680,"date":"2020-08-19T08:55:29","date_gmt":"2020-08-19T06:55:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-11-seccion-3\/"},"modified":"2020-08-01T09:55:25","modified_gmt":"2020-08-01T07:55:25","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-11-seccion-3","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-11-seccion-3\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 11, Secci\u00f3n 3"},"content":{"rendered":"<p><strong>Efectos m\u00e1s importantes producidos por los socorros prestados a esas dos Provincia. <\/strong><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber presentado las miserias extremas de esas dos Provincias y el estado deplorable a que se vieron reducidos los pueblos, es muy razonable que veamos ahora las bendiciones con las que Dios ha favorecido las caritativas asistencias que el Sr. Vicente les procur\u00f3, y los frutos que produjeron las limosnas de las Damas y de todas las personas virtuosas que contribuyeron a ello, y los trabajos incre\u00edbles de aquellos buenos misioneros que fueron los dispensadores de todo. No es posible traerlas todas aqu\u00ed, mas lo poco que vamos a decir ser\u00e1 suficiente para darnos idea de todo lo dem\u00e1s<\/p>\n<p>Un mes despu\u00e9s de que comenzaron aquellas asistencias caritativas, le escribieron al Sr. Vicente lo que sigue:<\/p>\n<p><em>\u00abLos potajes que gracias a las limosnas de Par\u00eds se han dado a los enfermos refugiados en Guisa, Riblemont, La F\u00e8re y Ham han salvado la vida a m\u00e1s de dos mil pobres, que, sin esa ayuda, hubieran sido expulsados de las ciudades donde estaban refugiados, y hubieran muerto en medio del campo sin ninguna asistencia, ni espiritual, ni corporal\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLas religiosas de La F\u00e8re y de otras ciudades en su mayor parte reconocen que les salvaron la vida con las asistencias que les dieron. Rezan sin cesar por las personas que les han enviado o procurado esos favores\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>He aqu\u00ed algunos p\u00e1rrafos de las cartas escritas desde Laon, Soissons, etc<\/p>\n<p><em>\u00abYa hemos repartido los ornamentos en las iglesias, y las mantas y los vestidos a nuestros enfermos. No se puede decir qu\u00e9 efecto ha producido esto en todas estas fronteras; en ellas s\u00f3lo se habla de estos actos de caridad. Nuestros Obreros han tenido tal cuidado de los enfermos, que, gracias a Dios, s\u00f3lo en la ciudad de Guisa, de quinientos enfermos que hab\u00eda, se han curado m\u00e1s de trescientos, y en cuarenta aldeas de las cercan\u00edas de Laon hay un n\u00famero tan grande de recuperados en perfecta salud, que dif\u00edcilmente se encontrar\u00edan a seis pobres que no est\u00e9n en situaci\u00f3n de ganarse la vida; y hemos cre\u00eddo que estamos obligados a darles el medio para ello, proporcion\u00e1ndoles hachas, podaderas y ruecas para hilar, para hacer trabajar a hombres y mujeres, que no ser\u00e1n carga para nadie, salvo que suceda otro accidente que los reduzca a una miseria parecida\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTambi\u00e9n hemos repartido grano, que nos han enviado desde Par\u00eds a estas comarcas; lo han sembrado y Dios est\u00e1 derramando una gran bendici\u00f3n. Y eso hace que el pobre pueblo soporte sus males con m\u00e1s paciencia, con la esperanza de que la cosecha que est\u00e1 para llegar, les dar\u00e1 un gran respiro\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDamos doscientas libras por mes, para que puedan subsistir, a varios p\u00e1rrocos pobres, y, con esa ayuda, todas las parroquias de los deanatos de Guisa, Marle y Vervins est\u00e1n atendidas, y, cuando menos, en cada una de ellas se celebra la Santa Misa una vez por semana y se administran los sacramentos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>He aqu\u00ed unos p\u00e1rrafos de algunas cartas escritas desde Reims, Fismes, Basoches y otros sitios circunvecinos<\/p>\n<p><em>\u00abNo tenemos palabras con qu\u00e9 expresarle nuestro agradecimiento. Vemos claramente que la mano de Dios ha herido esta Provincia: su abundancia se ha vuelto esterilidad, su alegr\u00eda l\u00e1grimas, sus aldeas, antes pobladas, s\u00f3lo son chozas ruinosas desiertas, y se puede decir que, sin el socorro de personas caritativas que Dios ha suscitado en Par\u00eds, no quedar\u00eda ni el menor rastro de las ruinas de este triste naufragio, y que todos los que han sido salvados, deben su vida a sus liberalidades\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLas treinta y cinco aldeas de este valle y de sus alrededores dan un mill\u00f3n de gracias a sus bienhechores. Hemos repartido los ornamentos por las iglesias, y las ropas a los pobres; varios de nuestros enfermos se han recuperado en su salud y est\u00e1n en situaci\u00f3n de ganarse la vida\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHemos tenido una reuni\u00f3n de los p\u00e1rrocos de los pueblos aleda\u00f1os; en ella hemos repartido, entre veintitr\u00e9s de los m\u00e1s pobres, las cuatrocientas libras que nos han mandado; eso les ayudar\u00e1 a vivir y a atender a sus parroquias; sin ellas les ser\u00eda imposible subsistir\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Le escribieron tambi\u00e9n desde San Quint\u00edn y lugares vecinos varias cartas sobre el mismo asunto. Ah\u00ed van algunos p\u00e1rrafos:<\/p>\n<p><em>\u00abNo podemos decirle cu\u00e1ntos enfermos se han curado, cu\u00e1ntos de los atribulados consolados, qu\u00e9 n\u00famero de pobres vergonzantes han sido sacados de la desesperaci\u00f3n por las ayudas de ustedes; sin ellas habr\u00eda perecido todo, tanto en el campo como en la ciudad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abUna limosna que usted nos ha enviado desde Par\u00eds la Semana Santa ha sacado a varias muchachas del peligro inminente de perder su honor. Hemos pasado la cuaresma en el campo para asistir y hacer asistir espiritual y corporalmente a los pobres habitantes de ciento treinta aldeas. Cuarenta p\u00e1rrocos han recibido una ayuda de diez libras cada uno al mes, y por ese medio han podido residir en sus parroquias y realizar en ellas todas las funciones pastorales\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHemos comprado, con las setecientas libras de sus limosnas, hoces, mayales, harneros y otras herramientas para ayudar a los pobres a ganar la vida con el trabajo de la cosecha. Nuestras cebadas van muy bien, gracias a Dios y gracias a las semillas que nos han enviado; esperamos un gran desahogo para el invierno pr\u00f3ximo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Las cartas de donde se ha sacado lo arriba transcrito fueron escritas el a\u00f1o 1651. Las siguientes fueron escritas el a\u00f1o 1654 desde San Quint\u00edn, Laon, Reims y otros lugares:<\/p>\n<p><em>\u00abEstamos expuestos al peligro de los merodeadores, y hemos visitado m\u00e1s de cien aldeas; nos hemos encontrado con ancianos y ni\u00f1os casi desnudos y muertos de fr\u00edo, y con mujeres desesperadas y ateridas; hemos vestido a m\u00e1s de cuatrocientos, y repartido a las mujeres ruecas para hilar y c\u00e1\u00f1amo para ocuparlas. La asistencia que hemos empezado a prestar a los p\u00e1rrocos se ha seguido manteniendo siempre; y despu\u00e9s de haberlos reunido por deanatos, nos hemos encontrado con que estaban despojados de casi todo; les hemos dado ropa y sotanas. Tambi\u00e9n hemos proporcionado a las iglesias ornamentos y misales, hemos ordenado que se hicieran las reparaciones necesarias en los tejados y las ventanas para impedir que la lluvia cayera sobre la sagrada hostia y que el viento la llevase durante la celebraci\u00f3n de la misa; a eso se debe el que sean muchas las iglesias y parroquias en las que se celebra el santo sacrificio de la misa, y a que los pueblos reciban los sacramentos, porque sin esa ayuda estar\u00edan totalmente desiertas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abAdem\u00e1s de los cuatrocientos pobres que hemos vestido, a\u00fan hemos encontrado en los alrededores de la ciudad de Laon cerca de seiscientos hu\u00e9rfanos, de menos de doce a\u00f1os, en lastimosa desnudez y necesidad. Las limosnas de Par\u00eds nos han dado medios para vestirlos y atenderlos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLa desesperaci\u00f3n ha hecho mella en varias muchachas de condici\u00f3n, que han sido halladas en diversos sitios, cerca de las fronteras de Champa\u00f1a, en necesidad extrema. Hemos pensado que el remedio m\u00e1s seguro era alejarlas del peligro, y hemos empezado a recogerlas en la comunidad de las monjas de Santa Marta de la ciudad de Reims; all\u00ed son instru\u00eddas en el temor de Dios, adiestradas para dedicarse a alg\u00fan peque\u00f1o trabajo. En ese caritativo refugio se encuentran ya treinta hijas de gentileshombres de estas regiones; de ellas algunas han pasado varios d\u00edas escondidas en cuevas para evitar la insolencia de los soldados. El gasto que habr\u00e1 que hacer por esta obra de caridad y para acoger y poner en sitio seguro a todas las dem\u00e1s, que encontramos en peligro parecido, es muy grande, porque, adem\u00e1s de la pensi\u00f3n que habr\u00e1 que pagar por la comida, habr\u00e1 que vestirlas; pero esperamos que la caridad de las personas que han empezado tan bien, continuar\u00e1 y aumentar\u00e1 antes que disminuir\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Los misioneros se ve\u00edan obligados a salir de una ciudad o de una regi\u00f3n, para ir a otra, o para retirarse del todo. Despu\u00e9s de haber provisto a las m\u00e1s acuciantes necesidades de los sacerdotes y de las iglesias; de haber dado el alivio necesario a los pobres; de haber retirado a las j\u00f3venes a sitios seguros; de haber procurado alimento a los hu\u00e9rfanos; y de haber dado a las personas v\u00e1lidas el medio de ganarse la vida; para no abandonar a los que segu\u00edan enfermos, o que pod\u00edan enfermar, dejaban en cada uno de los lugares alg\u00fan socorro para alimentarlos y curarlos, encargando, a tal efecto, a personas virtuosas y fieles, a las que les entregaban dinero y remedios, y les enviaban m\u00e1s, de vez en cuando.<\/p>\n<p>Y en todas las ciudades donde hab\u00eda hospitales abandonados o mal atendidos, los misioneros procuraban dejarlos en buen estado, y se pon\u00edan de acuerdo con los Administradores para recibir en \u00e9l a cierta cantidad de enfermos, con el pago de seis o siete \u00absueldos\u00bb por d\u00eda y enfermo; y les pagaban con toda exactitud, siguiendo las \u00f3rdenes del Sr. Vicente, y gracias a las liberalidades de la Asamblea de las Damas de la Caridad de Par\u00eds.<\/p>\n<p>Y la ciudad de Rethel, como se encontraba tan repleta de soldados y paisanos enfermos, que el hospital del lugar ya no pod\u00eda acoger m\u00e1s, fueron pas\u00e1ndolos en diversas veces (llegaron hasta setecientos) al Hospital de Reims. Y como el n\u00famero de los enfermos iba creciendo cada vez m\u00e1s, y el gasto lleg\u00f3 a ser excesivo, se pens\u00f3 en traer desde Par\u00eds, con los Hermanos de la Misi\u00f3n que se enviaban con los sacerdotes misioneros, diversos remedios para varias clases de dolencias, y especialmente ciertos polvos muy indicados para las disenter\u00edas, las fiebres y otros males cr\u00f3nicos, que el enfermero de la casa de San L\u00e1zaro preparaba, y a los que Dios daba tal bendici\u00f3n, que produjeron efectos que la buena gente consideraba milagrosos, pues hab\u00edan curado a infinidad de enfermos que estaban reducidos al \u00faltimo extremo por enfermedades casi sin remedio, de las cuales algunos se vieron libres en veinticuatro horas, m\u00e1s o menos.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente no contento con prestar asistencia a los vivos, quiso adem\u00e1s ejercer la caridad con los muertos. Nos contentaremos con relatar el ejemplo siguiente: Despu\u00e9s del combate que tuvo lugar en Champa\u00f1a el a\u00f1o 1651 junto a SaintEtienne y SaintSouplet, m\u00e1s de mil quinientos enemigos quedaron muertos en el campo, que serv\u00edan de comida a perros y lobos. Cuando lo supo el Sr. Vicente, escribi\u00f3 a uno de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n que atend\u00eda a los pobres de aquella regi\u00f3n, para que contratara unos hombres a jornal e hiciera enterrar aquellos cuerpos medio podridos. El misionero lo ejecut\u00f3 todo con tal diligencia y tal econom\u00eda, que con trescientas libras dio sepultura a todos aquellos muertos, y libr\u00f3 a los vivos de un espect\u00e1culo tan horroroso, que inficionaba todo el aire. El buen sacerdote le contest\u00f3 acerca de lo que hab\u00eda hecho:<\/p>\n<p><em>\u00abHoy hemos cumplido dice al pie de la letra aquello que dec\u00eda Jesucristo en el Evangelio, que hab\u00eda que amar y hacer el bien a los enemigos, procurando enterrar a los que hab\u00edan arrebatado los bienes y causado la ruina de nuestros pobres habitantes, castig\u00e1ndolos y ultraj\u00e1ndolos. Me siento muy feliz de haber tenido la ocasi\u00f3n de obedecerle en una cosa que tan especialmente se recomienda en la Sangrada Escritura. Le dir\u00e9, sin embargo, que esos cuerpos que estaban dispersos por ac\u00e1 y por all\u00e1, en todo el campo, han sido muy dif\u00edciles de reunir en un solo sitio, ya que el deshielo que acaba de producirse nos ha molestado un poco. En esto vemos c\u00f3mo Dios ha favorecido esta piadosa empresa con el gran fr\u00edo que la ha acompa\u00f1ado; porque, si hubiera que empezar de nuevo ahora que ha venido el deshielo, no habr\u00eda nadie que quisiera contratarse por mil escudos, mientras que ahora s\u00f3lo nos ha costado trescientas libras. De este modo, esos pobres cuerpos, que tendr\u00e1n que resucitar todos alg\u00fan d\u00eda, han sido enterrados ahora en el seno de su madre; y toda la Provincia siente un agradecimiento especial a las personas caritativas que han contribu\u00eddo a esta buena obra, aparte de la corona que Dios les prepara en el cielo, como recompensa de su virtud\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>No debemos omitir aqu\u00ed la ayuda que el Sr. Vicente procur\u00f3 a los pobres irlandeses cat\u00f3licos, expulsados de su tierra por Cromwell y obligados por necesidad a en rolarse en los ej\u00e9rcitos. Dos regimientos compuestos de sus pobres familias, despu\u00e9s de haber sufrido mucho en la guerra de Burdeos, habiendo sido enviados al a\u00f1o siguiente a las proximidades de Arras, tuvieron como lugar de retiro, al volver de las dos campa\u00f1as de Arras, la ciudad de Troyes. All\u00ed llegaron con un triste acompa\u00f1amiento, llevando consigo a m\u00e1s de ciento cincuenta hu\u00e9rfanos y un gran n\u00famero de pobres viudas, con sus pies desnudos, y que s\u00f3lo iban cubiertas con los andrajos de los que hab\u00edan muerto en la guerra. La gente ve\u00eda a aquel pobre grupo desolado ir por las calles de Troyes, recogiendo para su comida lo que los perros no quer\u00edan comer. Informado que fue el Sr. Vicente por los Sacerdotes de su Congregaci\u00f3n establecidos en aquella ciudad, dio cuenta a las Damas de la Caridad de Par\u00eds, e hizo marchar inmediatamente a un Sacerdote de su casa, que era irland\u00e9s, para ir a socorrer a sus pobres compatriotas; y por las \u00f3rdenes del Padre de los pobres hizo que las muchachas y las viudas se retiraran al Hospital de San Nicol\u00e1s. All\u00ed aprendieron a hilar y a coser; se tuvo especial cuidado con los ni\u00f1os hu\u00e9rfanos; y finalmente, todos fueron alojados, vestidos y atendidos all\u00ed. Para eso se envi\u00f3 desde Par\u00eds, la primera vez, seiscientas libras de plata, y muchos vestidos y otras cosas necesarias para poner remedio a las necesidades m\u00e1s urgentes, cosa que se fue haciendo de vez en cuando, en cuanto se ve\u00eda que era necesario. Una ayuda dada tan oportunamente a aquellos pobres exilados, levant\u00f3 sus \u00e1nimos postrados por la tristeza, y los prepar\u00f3 para escuchar de m\u00e1s buena gana las exhortaciones e instrucciones que el Sacerdote misionero les daba en su lengua dos veces a la semana durante la cuaresma, con el fin de disponerlos para la comuni\u00f3n pascual. Y como no hay cosa m\u00e1s fuerte que el buen ejemplo, la vista de aquellas ayudas caritativas despert\u00f3 la caridad de los burgueses de aquella ciudad no s\u00f3lo por lo que tocaba a aquellos pobres extranjeros, sino tambi\u00e9n a todos los dem\u00e1s, que se encontraban entre ellos.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de los tres o cuatro primeros a\u00f1os de asistencias prestadas en las dos Provincias de Picard\u00eda y Champa\u00f1a, cuyos gastos ascend\u00edan a cerca de trescientas mil libras, los habitantes, encontr\u00e1ndose ya en mejor situaci\u00f3n tanto por haberse alejado los ej\u00e9rcitos, como por las caridades que hab\u00edan recibido, el Sr. Vicente llam\u00f3 a s\u00ed a los misioneros, exceptuando algunos que siguieron all\u00ed por orden suya hasta la publicaci\u00f3n de la Paz General, para atender a los pobres y dotar las iglesias de ornamentos y reparaciones necesarias, y a los sacerdotes y p\u00e1rrocos de la subsistencia que necesitaban. Y adem\u00e1s, uno de los misioneros que hab\u00eda quedado, siguiendo los consejos que hab\u00eda recibido del Sr. Vicente, congreg\u00f3, en forma de Cofrad\u00eda de la Caridad, a cierto n\u00famero de burguesas de las m\u00e1s caritativas y mejor acomodadas para cuidar los enfermos, los hu\u00e9rfanos y otros pobres abandonados bajo la direcci\u00f3n de virtuosos eclesi\u00e1sticos. Y as\u00ed lo ejecut\u00f3 con bendici\u00f3n en varias ciudades, especialmente en Reims, Rethel, ChasteauPorcien, La F\u00e8re, Ham, San Quint\u00edn, Rocroy, Mesi\u00e8res, Charleville, Donch\u00e9ry y en otros sitios, y las puso a todas en plena actividad; y por medio de consejos y reglamentos, que \u00e9l les dej\u00f3, contin\u00faan en la actualidad aquella buena obra con gran consuelo de los pobres.<\/p>\n<p>A todo lo que hemos dicho solamente a\u00f1adiremos algunas muestras de agradecimiento que unas personas importantes de los lugares donde se llevaron a cabo asistencias caritativas presentaron por carta al Sr. Vicente. Nos contentaremos con presentar s\u00f3lo algunas, para confirmar m\u00e1s y m\u00e1s la verdad de las cosas narradas m\u00e1s arriba.<\/p>\n<p>El Rev. P. Rainssant, can\u00f3nigo regular de la Orden de San Agust\u00edn y p\u00e1rroco de la ciudad de Ham, le escribi\u00f3 en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abEl misionero que ha enviado usted por estos lugares, me ha dejado el cargo de mantener la Asamblea de nuestras piadosas mujeres, dej\u00e1ndome tambi\u00e9n grano y dinero para atender y alimentar a ni\u00f1as hu\u00e9rfanas, a las que en unos cuantos meses se les ense\u00f1a un oficio con el que puedan ganarse la vida. Yo les doy el catecismo, y una buena religiosa del Hospital les hace rezar y asistir a misa todos los d\u00edas. Viven todas juntas en una misma casa. Todos los enfermos de la ciudad est\u00e1n bien asistidos; hay un buen m\u00e9dico que les visita y que ordena todo lo que necesitan; tenemos cuidado de que no les falte nada; nuestras buenas se\u00f1oras los atienden con afecto. Nunca jam\u00e1s se me hubiera ocurrido ver en esta pobre ciudad de Ham lo que ahora contemplo con gran consuelo y admiraci\u00f3n, debido a la celestial y divina Providencia de Nuestro Se\u00f1or\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHace poco hemos podido sacar de las manos de nuestros herejes a una pobre muchacha, que se porta muy bien. Esto ha movido a una criada hugonote a que viniera a verme para convertirse, al ver c\u00f3mo atendemos a los pobres y la caridad que se practica con los enfermos. La hemos instru\u00eddo ya suficientemente y dentro de unos d\u00edas har\u00e1 la abjuraci\u00f3n\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEse mismo misionero me ha dejado medios para poder atender a los pobres hu\u00e9rfanos y hu\u00e9rfanas, y a los pobres enfermos del distrito de Ham, disponiendo a otros dos virtuosos p\u00e1rrocos para que me ayuden en esta ocupaci\u00f3n hasta que \u00e9l vuelva. Es usted, se\u00f1or, la causa de todos estos bienes y su primer motor, despu\u00e9s de Dios\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p>El Sr. de la Font, lugarteniente general de San Quint\u00edn, le escribi\u00f3 la carta siguiente sobre el mismo tema:<\/p>\n<p><em>\u00abLas limosnas que, gracias a Dios y a su bondad, han sido enviadas a esta Provincia y tan justamente distribuidas por sus comisionados han dado la vida a millones de personas, reducidas por las calamidades de la guerra a la mayor pobreza. Por eso, me siento obligado a testimoniarle el humilde agradecimiento que todos estos pueblos sienten por sus bondades. La semana pasada hemos visto hasta mil cuatrocientos pobres refugiados en esta ciudad durante el paso de las tropas, que fueron alimentados diariamente por las limosnas de usted; y hay adem\u00e1s en la aldea otro millar, sin contar los del campo, que no pueden tener m\u00e1s alimento que el que le proporciona su caridad. La miseria es tan grande que los habitantes de las aldeas no tienen ya m\u00e1s que un poco de paja donde dormir, y los m\u00e1s notables de la regi\u00f3n tampoco tienen para comer. Incluso hay algunos que poseen m\u00e1s de veinte mil escudos de renta, pero que en la actualidad apenas disponen de un trozo de pan, y han estado hasta dos d\u00edas sin comer. Esto me obliga, por el cargo que ocupo y por el conocimiento que tengo de ello, a suplicarle muy humildemente que siga siendo el Padre de esta tierra para conservar la vida a tantos y tantos pobres moribundos y enfermos, a los que sus sacerdotes atienden con tanta justicia y esmero\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Simonnet, presidente y lugarteniente general de Rethel, le manifest\u00f3 su agradecimiento en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abPodemos sin duda alguna encontrar en la caridad que usted practica la primera forma de la devoci\u00f3n cristiana, ya que en la primitiva Iglesia los cristianos no ten\u00edan m\u00e1s que un solo coraz\u00f3n, y no permit\u00edan que hubiera entre ellos ning\u00fan pobre sin estar socorrido y atendido. Tampoco usted lo sufre, se\u00f1or, sino que atiende a sus necesidades con tanto orden y tan gran celo por medio de los Sacerdotes de su Congregaci\u00f3n, que mantiene usted por todos estos lugares de alrededor, en donde los pobres se ven reducidos a comer como los animales, hasta llegar a alimentarse de carne de perro, seg\u00fan he podido ver con mis propios ojos. Ellos han salvado la vida a innumerables personas y han consolado y asistido a los dem\u00e1s hasta la muerte. Todo esto es producto de su caridad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. de Y, can\u00f3nigo, y m\u00e1s adelante arcediano de Reims, le escribi\u00f3 la carta siguiente:<\/p>\n<p><em>\u00abCon alegr\u00eda me he encargado de darle las m\u00e1s rendidas gracias en nombre de los pobres de nuestros campos por toda su generosidad para con ellos, sin la cual seguramente habr\u00edan muerto de hambre. Me gustar\u00eda poderle expresar la gratitud que sienten. He de decirle que esa pobre gente emplea las pocas fuerzas que les quedan en levantar las manos al cielo para atraer sobre sus bienhechores las gracias del Dios de las misericordias. Es imposible exponerle en toda su amplitud la pobreza de esta Provincia, pues todo lo que se dijera quedar\u00eda por debajo de la verdad. Adem\u00e1s, seguramente prestar\u00e1 usted m\u00e1s cr\u00e9dito a los informes que le dan los se\u00f1ores Sacerdotes de su Congregaci\u00f3n, cuyo celo y equidad se manifiestan claramente en la distribuci\u00f3n de las limosnas, hasta el punto de que todos est\u00e1n edificados de ellos. En cuanto a m\u00ed, le doy gracias en especial por hab\u00e9rnoslos enviado, y por el buen ejemplo que nos dan\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El difunto Sr. So\u00fcty, baile de la ciudad de Reims, hombre de gran probidad, al escribirle al Sr. Vicente acerca del mismo asunto:<\/p>\n<p><em>\u00abCreo le dice que le ense\u00f1ar\u00e1n la memoria que he enviado a Par\u00eds sobre el estado en que he encontrado aqu\u00ed la obra de su caridad y las ayudas espirituales y corporales, que procuran ustedes a los pobres del campo, a imitaci\u00f3n de nuestro divino Maestro y Salvador, de quien usted se va haciendo, cada vez m\u00e1s, un perfecto imitador. A esta ciudad han venido dos sacerdotes suyos, uno para pedir limosna, ya que es imposible encontrar nada en los lugares donde residen, que est\u00e1n desprovistos de todo; y el otro, para llevarse parte de la cantidad de grano, que ha comprado aqu\u00ed, a SaintSouplet para sustento de los pobres. De este modo cada uno trabaja felizmente bajo sus auspicios de usted para el socorro de los desgraciados, mientras que usted se esfuerza, desde ah\u00ed, en inflamar ese fuego divino, que produce estas llamas que se extienden por Picard\u00eda y Champa\u00f1a para sostenimiento de los pobres afligidos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEstoy esperando aqu\u00ed al Sr. N., a quien ha confiado usted la coordinaci\u00f3n general de obra tan grande, para la creaci\u00f3n de nuestros cuarteles de invierno, esto es, de los Hospitales, y para el alojamiento de los sacerdotes pobres. El almac\u00e9n de la cebada que recogemos como limosna, se va llenando cada vez m\u00e1s, para que luego podamos distribuirla cuando llegue el mal tiempo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSiga usted, se\u00f1or, con sus caritativos esfuerzos, que conservan la vida moral de tantos pobres, y que les procuran la felicidad de la vida eterna, gracias al servicio espiritual que se les presta, especialmente con la administraci\u00f3n de sacramentos, que, sin su ayuda, cesar\u00eda seguramente en muchos lugares de nuestra di\u00f3cesis\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Omitimos muchas otras, que contienen parecidas muestras de agradecimiento; bastar\u00e1 con decir a modo de conclusi\u00f3n de este cap\u00edtulo, que, desde que se empez\u00f3 a visitar esas dos Provincias hasta la publicaci\u00f3n de la Paz General, se les han enviado desde Par\u00eds m\u00e1s de quinientas mil libras en limosnas, ya en met\u00e1lico ya en ropa, ornamentos, etc. Y esas limosnas han sido repartidas bajo la direcci\u00f3n del Sr. Vicente con tanto orden y prudencia, que han bastado no s\u00f3lo para salvar la vida del cuerpo a gran n\u00famero de pobres gentes, mas tambi\u00e9n para mantener a gran n\u00famero de p\u00e1rrocos en sus parroquias, que se habr\u00edan visto obligados a abandonar por no poder vivir sin esa ayuda; para restaurar iglesias que hab\u00edan sido saqueadas y convertidas en ruinas, de modo que se pudiera celebrar la Santa Misa en ellas; para sacar a muchas j\u00f3venes, hasta de familias ilustres, del peligro inminente en que estaban de perder lo que deb\u00edan apreciar m\u00e1s que su vida; para procurar cobijo a un gran n\u00famero de ni\u00f1os hu\u00e9rfanos totalmente abandonados; para procurar la salvaci\u00f3n eterna a un gran n\u00famero de almas por los sacramentos y otras ayudas espirituales, que les han sido administrados en su mayor necesidad por los Sacerdotes de la Misi\u00f3n<\/p>\n<p><em>\u00abCiertamente dec\u00eda el Sr. Vicente, comentando cierto d\u00eda todas estas cosas s\u00f3lo se puede pensar, llenos de admiraci\u00f3n, en las generosas limosnas que Dios ha inspirado que se hicieran, y en el gran n\u00famero de vestidos, s\u00e1banas, mantas, camisas, zapatos, etc., que se han proporcionado a toda clase de personas, hombres, mujeres, ni\u00f1os y hasta sacerdotes, como en la cantidad de albas, casullas, misales, copones, c\u00e1lices y otros ornamentos que se han enviado a las iglesias, que hab\u00edan sido esquilmadas hasta el punto de que sin esos socorros la celebraci\u00f3n de los Santos Misterios y los actos de la Religi\u00f3n cristiana estar\u00edan desterrados y los lugares sagrados s\u00f3lo servir\u00edan para usos profanos. Era realmente un espect\u00e1culo, que nos llenaba de edificaci\u00f3n, ver las casas de las Damas de la Caridad de Par\u00eds llenas de todos esos bultos, y que se hab\u00edan convertido en unos aut\u00e9nticos almacenes y tiendas de mayoristas. Esas Damas seguramente tendr\u00e1n en el cielo la corona de los sacerdotes por el celo y la caridad que han tenido al vestir a Jesucristo en sus altares, en sus sacerdotes y en sus pobres miembros\u00bb. <\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Efectos m\u00e1s importantes producidos por los socorros prestados a esas dos Provincia. 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