{"id":34678,"date":"2020-08-16T08:40:29","date_gmt":"2020-08-16T06:40:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-11-seccion-2\/"},"modified":"2020-08-01T09:52:11","modified_gmt":"2020-08-01T07:52:11","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-11-seccion-2","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-11-seccion-2\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 11, Secci\u00f3n 2"},"content":{"rendered":"<p><strong>Socorros prestados a Picard\u00eda y a Champa\u00f1a <\/strong><\/p>\n<p>Fue el a\u00f1o 1630 cuando por un secreto juicio de Dios el azote de la guerra, que aflig\u00eda desde hac\u00eda largos a\u00f1os a gran parte de Europa, comenz\u00f3 a hacer sentir con mayor intensidad sus golpes sobre Francia, la cual, desde entonces, siempre ha estado agitada hasta la firma de la Paz General. Entre todas las Provincias de este Reino, Picard\u00eda y Champa\u00f1a han sido las m\u00e1s expuestas a esa tormenta, y han experimentado durante m\u00e1s tiempo la violencia, particularmente desde que a los enemigos del estado, que hab\u00edan querido asediar la ciudad de Guisa, las tropas del Rey, que hab\u00edan avanzado en su ayuda, les obligaron a cambiar de planes, porque la permanencia bastante larga de los dos ej\u00e9rcitos sobre aquella frontera caus\u00f3 en ella una desolaci\u00f3n extrema; y cuando se retiraron de los alrededores de Guisa, dejaron all\u00ed un grand\u00edsimo n\u00famero de soldados muertos de hambre y atacados de diferentes enfermedades; los cuales, queriendo esforzarse en andar para buscar alg\u00fan alivio, ca\u00edan de debilidad a lo largo de los caminos y mor\u00edan miserablemente privados de sacramentos y de todo consuelo humano.<\/p>\n<p>Algunos viandantes, al ver aquel espect\u00e1culo, llevaron la noticia a Par\u00eds, en el momento en que all\u00ed por aquellos d\u00edas todo el mundo se alegraba de la retirada de los enemigos; pero muy pocas personas se apiadaron de aquellos pobres abandonados, que perec\u00edan tan miserablemente sin ninguna clase de socorro.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente, especialmente sensible ante los sufrimientos del pr\u00f3jimo, se conmovi\u00f3 mucho al conocer el estado, digno de compasi\u00f3n, a que estaba reducida aquella pobre gente. Y despu\u00e9s de hablar con la Se\u00f1ora Presidenta de Herse, se\u00f1ora muy inclinada a hacer obras de misericordia, hizo salir inmediatamente de Par\u00eds a dos misioneros con un caballo cargado de v\u00edveres y unas quinientas libras de plata, para ir a salvar la vida a aquellos moribundos, y a preparar para la muerte a los que estaban en situaci\u00f3n desesperada. Los misioneros, cuando llegaron a los sitios se\u00f1alados hallaron a tan gran n\u00famero de personas tumbadas a lo largo de los setos, y de los caminos reales, demacradas y moribundas, que se agotaron r\u00e1pidamente los v\u00edveres que hab\u00edan llevado, por lo que se vieron obligados a acudir a toda prisa a las ciudades m\u00e1s cercanas para comprar m\u00e1s alimentos. Pero quedaron sorprendidos al ver en las ciudades casi las mismas carencias que hab\u00edan encontrado en el campo; por eso, se vieron obligados a escribir con prontitud al Sr. Vicente para darle a conocer: que la desolaci\u00f3n era general en toda la regi\u00f3n, y que los socorros que hab\u00edan llevado no eran nada en comparaci\u00f3n de lo que hac\u00eda falta para remediar algo la situaci\u00f3n; que los ej\u00e9rcitos hab\u00edan recogido todo el grano y despojado a los pueblos hasta de las camisas; que la mayor parte de la gente de campo hab\u00eda abandonado sus viviendas para ir a buscar sustento en las ciudades; y que, como no encontraban all\u00ed a nadie que las pudiera ayudar, porque ni los burgueses ten\u00edan pan para s\u00ed mismos, desfallec\u00edan y mor\u00edan de miseria. El Sr. Vicente, en cuanto recibi\u00f3 las cartas, avis\u00f3 a las Damas de la Caridad de Par\u00eds, y determin\u00f3, de acuerdo con ellas, enviar un mayor n\u00famero de misioneros y limosnas m\u00e1s abundantes. Y todo se llev\u00f3 a cabo r\u00e1pidamente.<\/p>\n<p>Para conocer mejor la magnitud de las obras de misericordia que se ejercieron en aquella ocasi\u00f3n, debemos considerar a qu\u00e9 extremo hab\u00eda llegado la miseria, a la que se vieron reducidas dos pobres Provincias por espacio de diez a\u00f1os, m\u00e1s o menos, y como los ej\u00e9rcitos las iban devastando a\u00f1o tras a\u00f1o, unas veces por un lado, otras por otro, extendieron la desolaci\u00f3n por todas partes. El mejor modo de enterarse de todo esto es leer las cartas, que los misioneros, que estuvieron dedicados al reparto de las limosnas, escribieron al Sr. Vicente desde diversos sitios, d\u00e1ndole fielmente cuenta de las miserias que vieron con sus propios ojos, para que su caridad les pusiera remedio. He aqu\u00ed lo que le escribieron de la parte de Guisa, Laon y La F\u00e8re.<\/p>\n<p><em>\u00abCausa gran compasi\u00f3n ver por doquier una gran multitud de enfermos; son much\u00edsimos los que sufren disenter\u00eda y fiebres; otros est\u00e1n cubiertos de sarna o de p\u00farpura, o de tumores y apostemas; muchos est\u00e1n hinchados: unos en la cabeza, otros en el vientre, y otros en todo el cuerpo. El origen de todos esos males proviene de que s\u00f3lo han comido casi todo el a\u00f1o ra\u00edces de hierbas, frutos en mal estado, y algunos, pan de salvado, que ni los perros quer\u00edan comer. S\u00f3lo o\u00edmos lamentos lastimeros; gritan tras de nosotros, para que les demos pan, y tan enfermos como est\u00e1n, se arrastran en medio de la lluvia y por malos caminos, a lo largo de dos o tres leguas, para conseguir un poco de potaje. Hay quienes mueren en las aldeas sin confesi\u00f3n y sin sacramentos; ni hay personas que los entierren despu\u00e9s que mueren. Y esto es tan verdad, que, estando, hace s\u00f3lo tres d\u00edas en la aldea de Lesquielle, en la regi\u00f3n de Landrecies, para visitar los enfermos, en una casa encontramos una persona muerta, falta de asistencia; su cuerpo estaba medio comido por los animales, que hab\u00edan entrado en la casa. \u00bfPuede haber mayor desolaci\u00f3n que ver a cristianos abandonados de aquella forma durante su vida y despu\u00e9s de su muerte?\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abAcabamos dicen en otra carta de visitar treinta y cinco aldeas del Deanato de Guisa. All\u00ed hemos encontrado cerca de seiscientas personas, cuya miseria llegaba a tal extremo, que se echaban sobre los perros y sobre los caballos, despu\u00e9s que los lobos se han tomado su parte. Y s\u00f3lo en la ciudad de Guisa, hay m\u00e1s de quinientos enfermos refugiados en bodegas y en los agujeros de las cuevas, m\u00e1s propios para albergar animales que hombres\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHay un grand\u00edsimo n\u00famero de pobres de Thierache, que desde hace varias semanas no han comido pan, ni siquiera el que se hace con salvado de cebada, que es lo que m\u00e1s a gusto comen; y s\u00f3lo se alimentan de lagartos, de ranas y de hierbas del campo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn muchas ciudades arruinadas los principales habitantes est\u00e1n en una vergonzosa necesidad: la palidez de su cara muestra bien a las claras qu\u00e9 es lo que necesitan; y hay que socorrerlos en secreto, igual que a la nobleza del campo, que, al verse sin pan y reducida a la miseria, sufre adem\u00e1s la verg\u00fcenza de no atreverse a mendigar lo que necesita para vivir. Y por otra parte, \u00bfa qui\u00e9n se lo podr\u00eda pedir, porque el desastre de la guerra ha igualado las miserias en todas partes?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abY lo que es m\u00e1s digno de l\u00e1stima es que el pobre pueblo de las fronteras no s\u00f3lo no tiene ni pan, ni le\u00f1a, ni ropa blanca, ni mantas, sino que est\u00e1 sin pastor y sin ayuda espiritual: la mayor parte de los p\u00e1rrocos han muerto o est\u00e1n enfermos y las iglesias en ruinas y saqueadas. S\u00f3lo en la di\u00f3cesis de Laon hay unas cien donde no se puede celebrar la Santa Misa por falta de ornamentos. Estamos haciendo todo lo que podemos, pero el trabajo es infinito: hay que ir y venir sin cesar, expuestos a los peligros de los bandoleros, para asistir a m\u00e1s de trescientos enfermos que tenemos a nuestro cuidado en esta comarca\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abVarios monasterios de monjas est\u00e1n en gran pobreza, sufren hambre y fr\u00edo, y se ver\u00e1n obligadas o a morir en su clausura, o a romperla para vagar por el mundo buscando con qu\u00e9 vivir\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHemos hecho escriben los que estaban en la di\u00f3cesis de Soissons la visita de los pobres de este lugar y de otras aldeas de este valle. El desastre que hemos visto sobrepasa todo lo que le han escrito. Porque, para comenzar por las iglesias: han sido profanadas, el Sant\u00edsimo Sacramento pisoteado, los c\u00e1lices y los copones robados, las fuentes bautismales rotas, los ornamentos saqueados; de forma que hay m\u00e1s de veinticinco iglesias en esta peque\u00f1a regi\u00f3n en las que no se puede celebrar la Santa Misa\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLa mayor parte de los habitantes han muerto en los bosques, mientras el enemigo ocupaba sus casas; otros han vuelto para acabar all\u00ed su vida. Por todas partes s\u00f3lo vemos enfermos; nosotros tenemos m\u00e1s de mil doscientos, adem\u00e1s de seiscientos escu\u00e1lidos desparramados por m\u00e1s de treinta aldeas en ruinas; est\u00e1n tumbados en tierra, y en unas casas medio demolidas y sin tejado, sin ayuda de ninguna clase. Hallamos a los vivos con los muertos, a los ni\u00f1os junto a sus madres difuntas\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p><em>Escribieron desde San Quint\u00edn lo que sigue: <\/em><\/p>\n<p><em>\u00abQu\u00e9 medio hay para socorrer a siete u ocho mil pobres, que est\u00e1n muri\u00e9ndose de hambre; a mil doscientos refugiados, a trescientos cincuenta enfermos, que no se pueden alimentar m\u00e1s que con potajes y carne; a trescientas familias vergonzantes, tanto de la ciudad como del campo, que hay que atender en secreto para salvar a varias j\u00f3venes del \u00faltimo naufragio, y evitar lo que pudo sucederle el otro d\u00eda a un hombre joven, quien, obligado por la necesidad, quiso matarse con un cuchillo, y habr\u00eda cometido el crimen, si r\u00e1pidamente no se le hubiera impedido; a cincuenta sacerdotes, a quienes hay que dar de comer con preferencia a todos los dem\u00e1s. El otro d\u00eda encontraron a uno muerto en la cama, y se ha descubierto que fu\u00e9 por no haberse atrevido a pedir limosna\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl sufrimiento de los pobres no se puede describir. Si la crueldad de los soldados les ha hecho esconderse en los bosques, el hambre les ha hecho salir de all\u00ed; se han refugiado aqu\u00ed. Han venido cerca de cuatrocientos enfermos, y la ciudad, al no poder atenderlos, ha hecho salir a la mitad, que han ido muri\u00e9ndose poco a poco a lo largo de los caminos reales; y los que han quedado, est\u00e1n tan desnudos, que no se atreven a levantarse de la paja podrida para venir a vernos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl hambre es de tal magnitud, que vemos a los hombres comiendo tierra, paciendo hierba, arrancando la corteza de los \u00e1rboles, desgarrando los miserables harapos con los que est\u00e1n cubiertos, para comerlos; pero lo que no nos atrever\u00edamos a decir, si no lo hubi\u00e9ramos visto y que causa horror, se comen sus brazos y sus manos, y mueren desesperados. Tenemos tres mil pobres refugiados, quinientos enfermos, sin que nos metamos a hablar de la nobleza pobre y de los pobres vergonzantes, cuyo n\u00famero va aumentando cada d\u00eda\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>Los misioneros, destinados a la zona de Reims, Rethel, etc. escribieron de la forma que sigue: <\/em><\/p>\n<p><em>\u00abNo hay lengua que pueda expresar, ni o\u00eddo que se atreva a escuchar lo que hemos visto desde el primer d\u00eda de nuestras visitas. Casi todas las iglesias, profanadas, sin respetar lo que hay de m\u00e1s santo y m\u00e1s adorable; los ornamentos, robados; los sacerdotes o muertos, o atormentados, puestos en fuga; todas las casas, demolidas; la cosecha, arrebatada; la tierra, sin cultivar y sin semilla; el hambre y la mortalidad, casi universal; los cuerpos, sin enterrar y expuestos en su mayor parte para servir de carnaza a los lobos; los pobres que quedan en esas ruinas obligados a recoger por el campo algunos granos de trigo o de avena germinados y medio podridos, con eso hacen pan, que es como barro, y tan malo, que casi todos caen enfermos. Se recogen en cuevas o en chozas, y en ellas se acuestan en el duro suelo sin ropa interior, ni vestido, sino con unos miserables andrajos, con los que est\u00e1n cubiertos; sus caras est\u00e1n negras y desfiguradas; y con todo eso, su paciencia es admirable. Hay regiones que est\u00e1n desiertas del todo, en las que los habitantes que escaparon de la muerte, se marcharon lejos a buscar con que vivir, de forma que s\u00f3lo quedan los enfermos, los hu\u00e9rfanos y las pobres viudas cargadas de ni\u00f1os, expuestas al rigor del hambre, del fr\u00edo y a toda clase de molestias y miserias\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Ese era el estado en que se hallaban los pueblos de aquellas dos Provincias y, particularmente, de cuatro o cinco di\u00f3cesis m\u00e1s pr\u00f3ximas a las fronteras, durante casi diez a\u00f1os, es decir, desde el a\u00f1o 1650 hasta despu\u00e9s de la publicaci\u00f3n de la Paz General, que se firm\u00f3 el a\u00f1o 1660. Es cierto que aquella gran desolaci\u00f3n no fue igual en todos los sitios, ni en el mismo tiempo, salvo en los primeros a\u00f1os; sin embargo, durante el resto del tiempo, estuvo siempre asentada en varias regiones de Picard\u00eda y de Champa\u00f1a.<\/p>\n<p>Los lugares que fueron m\u00e1s especialmente asistidos por las atenciones caritativas del Sr. Vicente y por los favores de las Damas de la Caridad de Par\u00eds y de otras personas virtuosas, son los siguientes, a saber: Guisa, Laon, Noyon, Chauny, La F\u00e8re, Riblemont, Ham, Marles, Vervins, Rosay, Plomyon, Orson, Aubenton, Montcornet y otros lugares de la Tierache: Arras, Amiens, P\u00e9ronne, San Quint\u00edn, La Catelet, y unas ciento treinta aldeas de los alrededores, como: Basoches, Brenne, Fismes, y unas treinta aldeas de este valle: Reims, Rethel, Chasteau-Porcien, Neuch\u00e2tel, Lude, Boul-sur-la-Rivi\u00e8re de Suippe, Somme-Py, Saint-Etienne, Vandy, Saint-Souplet, Rocroy, Mesi\u00e8res, Charleuville, Donch\u00e9ry, Sedan, Vaucouleur, y un grand\u00edsimo n\u00famero de pobres pueblos y aldeas, que est\u00e1n en las cercan\u00edas de esos lugares<\/p>\n<p>El Sr. Vicente destin\u00f3 all\u00ed, desde el comienzo, a diez o doce misioneros, que acudieron de todos los lados para salvar la vida a varios miles de personas reducidas al \u00faltimo extremo. Y a tal efecto, se repartieron en varias zonas: unos fueron a la di\u00f3cesis de Noyon, otros a la de Laon, otros a la di\u00f3cesis de Reims, otros a la de Soissons; y cada cual se encargaba de cubrir las necesidades de toda la regi\u00f3n a la que deb\u00eda dedicarse. Situaron en lugares apropiados el reparto diario de potajes, y las dem\u00e1s distribuciones de pan, carnes, mermelada, remedios, ropa blanca, mantas, herramientas, semillas, ornamentos de Iglesia, dinero, etc. Hubo, igualmente, Hijas de la Caridad, que fueron destinadas a varios lugares para atender m\u00e1s en particular a los pobres enfermos. Y como todos los repartos y las limosnas eran muy abundantes, el gasto durante los primeros a\u00f1os ascend\u00eda a diez, doce y hasta diecis\u00e9is mil libras por mes, ya que en aquel tiempo los v\u00edveres estaban tan caros, y la miseria tan espantosa, que sin esas grandes distribuciones de v\u00edveres y de limosnas, aquella pobre gente habr\u00eda perecido casi toda.<\/p>\n<p>Como las asistencias espirituales no eran menos necesarias para las almas, fueron tambi\u00e9n prestadas con suma diligencia y fatigas inconcebibles por aquellos buenos misioneros o, en su defecto, (pues no pod\u00edan estar a la vez en todos los sitios) por otros sacerdotes, que ellos sosten\u00edan en las parroquias, privadas de sus pastores.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de todos esos misioneros que fueron distribuidos por las di\u00f3cesis, el Sr. Vicente nombr\u00f3 a uno muy inteligente, para que fuera como el coordinador de toda aquella empresa caritativa, y para tener una supervisi\u00f3n sobre todos los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>A tal efecto, iba y ven\u00eda incesantemente de un lado para otro: primeramente, para conocer la verdadera necesidad de los pobres y los lugares que sufr\u00edan una necesidad m\u00e1s acuciante de ser asistidos; y despu\u00e9s de elegir a personas piadosas y caritativas en las ciudades y aldeas, en las que los misioneros no pod\u00edan detenerse, con el fin de hacer una distribuci\u00f3n fiel de la comida y de las dem\u00e1s limosnas, que les hab\u00eda destinado. Regulaba el gasto en todas partes, aumentaba o recortaba, seg\u00fan que el n\u00famero de los pobres y de los enfermos iba creciendo o disminuyendo en cada lugar. Daba cuenta de todo por carta al Sr. Vicente, quien, a su vez, informaba de ello a las Damas de la Caridad de Par\u00eds, y \u00e9stas se reun\u00edan todas las semanas para discutir y resolver con \u00e9l acerca de todo lo que hab\u00eda que hacer para el bien de aquella santa obra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Socorros prestados a Picard\u00eda y a Champa\u00f1a Fue el a\u00f1o 1630 cuando por un secreto juicio de Dios el azote de la guerra, que aflig\u00eda desde hac\u00eda largos a\u00f1os a gran parte de Europa, comenz\u00f3 &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-11-seccion-2\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218,161],"class_list":["post-34678","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-etienne"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 11, Secci\u00f3n 2 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-11-seccion-2\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 11, Secci\u00f3n 2 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Socorros prestados a Picard\u00eda y a Champa\u00f1a Fue el a\u00f1o 1630 cuando por un secreto juicio de Dios el azote de la guerra, que aflig\u00eda desde hac\u00eda largos a\u00f1os a gran parte de Europa, comenz\u00f3 ... 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