{"id":34671,"date":"2020-08-06T08:54:29","date_gmt":"2020-08-06T06:54:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/05\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-9\/"},"modified":"2020-08-01T09:42:57","modified_gmt":"2020-08-01T07:42:57","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-9","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-9\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 9"},"content":{"rendered":"<p><strong>Fundaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad, servidoras de los enfermos pobres.<\/strong><\/p>\n<p>No repetiremos aqu\u00ed lo que hemos dicho en el primer Libro sobre el origen de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad destinadas al servicio de los enfermos pobres, y sobre la ocasi\u00f3n de la que Dios se vali\u00f3 para hacerla nacer, ni c\u00f3mo el Sr. Vicente, que contribuy\u00f3 a aquella fundaci\u00f3n con una fiel correspondencia a los designios de Dios en cuanto le fueron manifestados, se hall\u00f3, casi sin pensarlo, Autor de esta caritativa empresa y Padre espiritual de estas virtuosas Hermanas.<\/p>\n<p>Solamente referiremos en este cap\u00edtulo algunas cosas dignas de nota de las que no se ha hablado en el primer Libro, referentes a esta Comunidad piadosa, que ha sido erigida en Compa\u00f1\u00eda o Congregaci\u00f3n y Sociedad particular por la autoridad del difunto Sr. Arzobispo de Par\u00eds, cuyas Letras de erecci\u00f3n contienen los t\u00e9rminos siguientes:<\/p>\n<p><em>\u00abY puesto que Dios ha bendecido los trabajos que nuestro querido y apreciado Vicente de Pa\u00fal ha emprendido para conseguir este piadoso proyecto, le hemos confiado y encomendado expresamente, y por las presentes le confiamos y encomendamos el gobierno y la direcci\u00f3n de dicha Sociedad y Cofrad\u00eda, mientras \u00e9l viva, y despu\u00e9s de su muerte, a sus sucesores en el cargo de Superiores Generales de dicha Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, etc.\u00bb <\/em><\/p>\n<p>Posteriormente el Rey quiso conceder unas Letras patentes para autorizar y confirmar esa funci\u00f3n, que fueron verificadas y registradas en el Parlamento.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente, vi\u00e9ndose encargado de aquella direcci\u00f3n por una orden tan clara de la Divina Providencia, pens\u00f3 que deb\u00eda centrar sus ideas y sus preocupaciones en perfeccionar la obra que Dios le hab\u00eda hecho la gracia de empezar. A tal efecto, antes que nada propuso a las virtuosas Hermanas, como norma fundamental, considerarse como destinadas por la voluntad de Dios a servir a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo corporal y espiritualmente en la persona de los enfermos pobres, tanto hombres como mujeres y ni\u00f1os, fueran vergonzantes o menesterosos. Y para hacerse dignas siervas de tal Se\u00f1or en una ocupaci\u00f3n tan santa, trabajar con todo cuidado en su propia perfecci\u00f3n, haciendo todos los actos en esp\u00edritu de humildad, sencillez, caridad y en uni\u00f3n de los que Nuestro Se\u00f1or Jesucristo hizo en la tierra, y con ese mismo fin, que excluye toda vanidad o respeto humano y todo amor propio y satisfacci\u00f3n de la naturaleza.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n les encomend\u00f3 especial\u00edsimamente otras virtudes que consider\u00f3 las m\u00e1s necesarias para su estado, como la obediencia a los Superiores y a los Sres. P\u00e1rrocos; la indiferencia en cuanto a los lugares, a las ocupaciones y a las personas; la pobreza, para tomar gusto a vivir pobremente como siervas de los pobres; y la paciencia, para sufrir de buen \u00e1nimo y por amor de Dios las incomodidades, contrariedades, burlas, calumnias y otras mortificaciones que se les presenten, incluso despu\u00e9s de haber hecho el bien, acord\u00e1ndose de que todo eso es s\u00f3lo una parte de la Cruz que Nuestro Se\u00f1or quiere que lleven tras de \u00e9l en la tierra para merecer vivir un d\u00eda con El en el cielo.No es necesario que nos adentremos m\u00e1s en los detalles de su Reglamento, que solamente es cosa de ellas, y que las invita a la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n mental, a la frecuentaci\u00f3n de los sacramentos, a los Ejercicios anuales, a las Conferencias espirituales entre ellas, a la uni\u00f3n y caridad mutuas, a la uniformidad de vida, de vestido y de forma de actuar, y a una modestia muy singular.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de ese Reglamento que es com\u00fan para todas, el Sr. Vicente les ha dejado otros que se refieren a cada una de sus actividades y a cada oficio particular, se\u00f1al\u00e1ndoles lo que han de hacer en todos los sitios en que se encuentren, en las ciudades y en las aldeas, tanto por lo que toca a las Se\u00f1oras y a otras personas que las emplean, como por lo que toca a los pobres que sirven y que instruyen. Los Reglamentos particulares son seis, todos ellos diferentes. El primero para las Hermanas que asisten a los enfermos de las parroquias. El segundo para las que atienden las escuelas. El tercero para las que cuidan de los ni\u00f1os abandonados. El cuarto para las que ayudan a las Damas a servir a los pobres del H\u00f4tel-Dieu de Par\u00eds. El quinto para las Hermanas que est\u00e1n en el Hospital de los galeotes. El sexto para las que sirven a los enfermos en los dem\u00e1s Hospitales del Reino. Y estos Reglamentos les se\u00f1alan particularmente las ocasiones peligrosas que deben evitar, las precauciones que deben usar, los diversos puntos de vista que deben tener, en fin, todo lo que tienen que hacer o decir, hasta los menores detalles, para alimentar bien, curar, medicinar, limpiar, edificar, consolar y corregir a los pobres, peque\u00f1os y grandes, sanos y enfermos,<\/p>\n<p>Se podr\u00eda decir sin exagerar que los Reglamentos que sal\u00edan de las manos del Sr. Vicente eran pr\u00e1cticamente perfectos, porque nunca ten\u00eda prisa en entregarlos: quer\u00eda que s\u00f3lo Dios fuera el autor y que el esp\u00edritu humano s\u00f3lo tuviera parte en la puesta en pr\u00e1ctica. As\u00ed fueron redact\u00e1ndose a base de una larga experiencia, y de acuerdo con la Se\u00f1orita Le Gras, mujer muy clarividente y siempre entregada al servicio de toda clase de pobres,<\/p>\n<p>Estos Reglamentos hacen que las Hermanas desempe\u00f1en sus peque\u00f1as obligaciones con bendici\u00f3n y a satisfacci\u00f3n de todos. Por eso, son solicitadas de todas partes; muchas ciudades del Reino quieren tenerlas, incluso de las m\u00e1s importantes, sin hablar de la gran cantidad de Se\u00f1ores y Se\u00f1oras que desean instalarlas en sus tierras, y esperan que se les atender\u00e1 a medida que esta peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda se vaya multiplicando, como ya lo est\u00e1 haciendo, gracias a Dios. Es una hermosa ocasi\u00f3n para las solteras y las viudas que quieran retirarse del mundo, para asegurar su salvaci\u00f3n con obras de Caridad, y, sobre todo, para las que quieran ser religiosas y no disponen de suficiente dote, porque pueden entrar en esta Compa\u00f1\u00eda sin dote alguna. S\u00f3lo se les pide lo que es necesario para su primer h\u00e1bito, y, principalmente, una buena disposici\u00f3n de cuerpo y de esp\u00edritu para responder a la gracia de una vocaci\u00f3n tan santa, que es m\u00e1s grande que lo que las personas poco caritativas pueden comprender, y que el Sr. Vicente lo ha expresado en estas pocas palabras:<\/p>\n<p><em>\u00abUna Hija de la Caridad \u2014<\/em>dice<em>\u2014 necesita m\u00e1s virtud que las Religiosas m\u00e1s austeras. No existe una Religi\u00f3n de mujeres que tenga tantas actividades: porque las Hijas de la Caridad tienen casi todas las actividades de las Religiosas, pues: en primer lugar, trabajan en su propia perfecci\u00f3n, como las Religiosas Carmelitas, u otras parecidas; 2. en el cuidado de los enfermos, como las Religiosas del H\u00f4telDieu de Par\u00eds y otras Hospitalarias, 3. en la ense\u00f1anza de las ni\u00f1as pobres, como las Ursulinas\u00bb,<\/em><\/p>\n<p>He aqu\u00ed algunos de los art\u00edculos de las Reglas particulares que el Sr. Vicente ha dado a las Hermanas que sirven a los enfermos pobres en las parroquias:<\/p>\n<p><em>\u00abTendr\u00e1n presente que, aunque no formen parte de una Religi\u00f3n, pues ese estado no es conveniente para las actividades de su vocaci\u00f3n, sin embargo, como ellas est\u00e1n mucho m\u00e1s expuestas que las Religiosas claustradas y enrejadas, al tener por monasterio las casas de los enfermos; por celda, una habitaci\u00f3n pobre y, muchas veces, de alquiler; por capilla, la iglesia parroquial; por claustro, las calles de la ciudad; por clausura, la obediencia; por reja, el temor de Dios; y por velo, la santa modestia; por todas esas consideraciones deben estar dotadas de tanta o m\u00e1s virtud que si fueran profesas en una orden religiosa. Por eso tratar\u00e1n de portarse en todos esos sitios, al menos con tanta discreci\u00f3n, tanto recogimiento y edificaci\u00f3n, como los que usan las verdaderas religiosas en sus monasterios. Y para obtener de Dios esta gracia, deben esforzarse en adquirir todas las virtudes que se les han encomendado en sus Reglas y, especialmente, una profunda humildad, una perfecta obediencia, y un gran desapego de las criaturas; y por encima de todas ellas, usar\u00e1n de todas las precauciones que puedan para conservar perfectamente la castidad de cuerpo y de coraz\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPensar\u00e1n a menudo en el fin principal por el que Dios ha querido que fueran enviadas a la parroquia en la que se hallan, que es el de servir a los enfermos pobres, no s\u00f3lo corporalmente proporcion\u00e1ndoles alimento y medicinas, sino tambi\u00e9n espiritualmente, procurando que reciban a tiempo los sacramentos, de forma que todos los que est\u00e9n para morir, salgan de este mundo en las debidas disposiciones; y que los que terminan por curarse, hagan una buena resoluci\u00f3n de vivir bien en el futuro. Y para procurarles una mejor ayuda espiritual, pondr\u00e1n de su parte todo lo que puedan, y el poco tiempo que para eso se les permita, y seg\u00fan lo requiera la cualidad y condici\u00f3n de los enfermos. La ayuda que procurar\u00e1n prestarles consistir\u00e1 particularmente en consolarlos, animarlos y ense\u00f1arles las cosas necesarias para la salvaci\u00f3n, invit\u00e1ndoles a hacer actos de fe, de esperanza y caridad para con Dios y para con el pr\u00f3jimo, y de contrici\u00f3n, exhort\u00e1ndoles a perdonar a sus enemigos y a pedir perd\u00f3n a los que han ofendido, a resignarse ante la voluntad de Dios, sea para sufrir, sea para curarse, sea para morir, sea para vivir, y otros actos semejantes, no todos a la vez, sino un poco cada d\u00eda y lo m\u00e1s brevemente que les sea posible, para no cansarlos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSobre todo, se dar\u00e1n a Dios, para prepararlos a hacer una buena confesi\u00f3n general de toda su vida, especialmente si est\u00e1n para morir de aquella enfermedad, mostr\u00e1ndoles la importancia que tiene el hacerla y ense\u00f1\u00e1ndoles la forma de realizarla bien. Entre otras cosas les dir\u00e1n que han de confesar no solamente los pecados cometidos desde su \u00faltima confesi\u00f3n, sino tambi\u00e9n todos los dem\u00e1s que hayan cometido, tanto si est\u00e1n confesados como los olvidados. Y si no estuvieran en disposici\u00f3n de hacer la confesi\u00f3n general de toda su vida, les persuadir\u00e1n a que, al menos, hagan un acto de contrici\u00f3n general de todos sus pecados, con firme prop\u00f3sito de preferir antes la muerte que cometerlos otra vez, con la ayuda de la gracia de Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSi los enfermos, ya convalecientes, recayeran una o varias veces, las Hermanas cuidar\u00e1n de exhortarlos a recibir nuevamente los sacramentos, incluso el de la Extremaunci\u00f3n, y de procurarles este gran bien. Si se encuentran en las \u00faltimas, los ayudar\u00e1n a bien morir, sugiri\u00e9ndoles que hagan algunos actos de los arriba mencionados, y rogando a Dios por ellos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abY si se curan, las Hermanas redoblar\u00e1n sus cuidados para animarles a aprovecharse de su enfermedad y de su curaci\u00f3n, record\u00e1ndoles que Dios los ha puesto enfermos del cuerpo para curar sus almas, y que les ha devuelto la salud corporal para emplearla en hacer penitencia y llevar una vida buena; y que, por consiguiente, deben hacer unas resoluciones decididas de cumplir con todo eso, y renovar las que han hecho cuando estaban en el momento m\u00e1s cr\u00edtico de la enfermedad, sugiri\u00e9ndoles algunos peque\u00f1os actos, seg\u00fan su alcance, como rezar de rodillas por las noches y por las ma\u00f1anas, confesarse y comulgar varias veces al a\u00f1o, evitar las ocasiones de pecar, y cosas parecidas, todo breve, sencilla y humildemente\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abY por miedo a que esos servicios espirituales que ellas les brindan no perjudiquen a los corporales, que ellas les deben (lo que suceder\u00eda, si por entretenerse demasiado tiempo en hablar a un enfermo, hacen sufrir a los dem\u00e1s por no llevarles a tiempo la comida o los medicamentos necesarios), las Hermanas tratar\u00e1n de tomar las medidas adecuadas, distribuyendo el tiempo y sus actos de comunidad, seg\u00fan que el n\u00famero y la necesidad de los enfermos sea grande o peque\u00f1o. Y como las ocupaciones de la tarde no son ordinariamente tan agobiantes como las de la ma\u00f1ana, podr\u00e1n tomar de ese tiempo para instruirlos o exhortarlos en la forma que est\u00e1 se\u00f1alada, particularmente cuando les lleven los remedios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abAl servir a los enfermos, no deben ver en ellos m\u00e1s que a Dios y, por eso, no deben atender ni a las alabanzas que les dirigen ni a las injurias que les dicen, si no es para hacer un buen uso de ellas, rechazando interiormente aqu\u00e9llas, confundi\u00e9ndose en su nada, y recibiendo con gusto \u00e9stas, para honrar los desprecios hechos al Hijo de Dios en la Cruz por los mismos que hab\u00edan recibido de El tantos favores y gracias\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abNo recibir\u00e1n ning\u00fan obsequio, por peque\u00f1o que sea, de los pobres que ellas atienden, cuid\u00e1ndose mucho de pensar que les est\u00e1n obligados por el servicio que ellas les prestan, cuando, por el contrario, ellas les deben mucho m\u00e1s, porque por una limosnita que hacen, no de sus propios bienes, sino s\u00f3lo de un poco de sus atenciones, se hacen amigos en el cielo, que tienen el derecho de recibirlas un d\u00eda en los tabern\u00e1culos eternos. E incluso en esta vida, ellas reciben de los pobres que atienden m\u00e1s honor y contentamiento verdadero, que nunca se hubieran atrevido a esperar en el mundo, y de los que no deben abusar, sino m\u00e1s bien llenarse de confusi\u00f3n, al ver que son tan indignas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>He ah\u00ed las principales Reglas que el Sr. Vicente ha dado a estas virtuosas Hermanas. Por ellas se puede conocer con qu\u00e9 esp\u00edritu ha ido form\u00e1ndolas, y a qu\u00e9 grado de perfecci\u00f3n las ha llevado, y, con m\u00e1s raz\u00f3n, de qu\u00e9 esp\u00edritu est\u00e1 lleno tambi\u00e9n \u00e9l, y cu\u00e1n abundantes eran las gracias y las luces con que Dios ha colmado su alma, y que \u00e9l difund\u00eda con tanta bendici\u00f3n sobre los dem\u00e1s. En diferentes ocasiones tambi\u00e9n les ha dado varios buenos consejos para que se porten correctamente con personas particulares, por ejemplo, con los Sres. Eclesi\u00e1sticos de las parroquias donde ellas residen:<\/p>\n<p><em>\u00abPor un lado les recomendaba un gran respeto hacia ellos; y por otro, que no los visitaran, ni les hablaran fuera del confesonario sin necesidad; que no fueran nunca solas a las casas de ellos, ni tampoco los recibieran en sus propias casas dentro de las habitaciones; que en las enfermedades no los cuidaran ni les proporcionaran remedios; ni se encargaran de lavar las sobrepellices, albas y dem\u00e1s ropa de Iglesia, ni de la limpieza y la ornamentaci\u00f3n de los templos y los altares, ni del cuidado y entretenimiento de la l\u00e1mpara, y de otras ocupaciones parecidas que, aunque santas, no est\u00e1n de acuerdo con su Instituto, porque las apartar\u00edan del servicio de los Pobres\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abY por lo que respecta a los laicos y seglares de la condici\u00f3n que fueran, les recomendaba que tampoco los visitaran sin necesidad, ni perdieran el tiempo, ni se familiarizaran demasiado con ellos; que no se encargaran, cuando se pongan enfermos, del cuidado de sus personas ni de sus hijos, criados, y, en fin, que no se ocuparan de sus asuntos, menaje, remedios, etc. Porque todo eso no es de su Instituto, que las dedica al servicio de los enfermos pobres, y no de los ricos. Y les recomendaba todas esas cosas como m\u00e1s importantes de lo que parec\u00edan, porque, como esas ocupaciones son de ordinario m\u00e1s f\u00e1ciles, m\u00e1s agradables y m\u00e1s honrosas seg\u00fan el mundo, (las Hermanas) se dedicar\u00edan m\u00e1s gustosamente a ellas seg\u00fan la inclinaci\u00f3n de la naturaleza. Y as\u00ed, poco a poco, se ir\u00edan alejando de lo que Nuestro Se\u00f1or pide de ellas, y de la finalidad para la que fu\u00e9 institu\u00edda su peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Adem\u00e1s de las parroquias en las que estas buenas Hermanas trabajan en el servicio de los enfermos pobres, hay cinco Hospitales en Par\u00eds, y en ellos est\u00e1n empleadas para ese mismo fin: 1. el del H\u00f4telDieu: all\u00ed ayudan a las Damas que van a visitar a los enfermos; 2. el de los Ni\u00f1os abandonados: en \u00e9l su caridad tiene mucho donde trabajar, pues cada a\u00f1o les llevan trescientos o cuatrocientos ni\u00f1os, que ellas cr\u00edan y educan con admirable esmero; 3. el de los criminales condenados a galeras: en \u00e9l practican las obras de misericordia en grado alt\u00edsimo, pues cuidan a los individuos m\u00e1s miserables de cuerpo y de alma, que casi es imposible imagin\u00e1rselos.<\/p>\n<p>Por eso, las Hermanas que est\u00e1n destinadas a este Hospital necesitan de una gracia extraordinaria de Dios, y el Sr. Vicente les ha prescrito unas normas adaptadas a esa necesidad; 4. el de PetitesMaisons: en \u00e9l se encargan de la alimentaci\u00f3n, de la atenci\u00f3n y de la limpieza de los pobres locos. Son muchos, de uno y otro sexo, a los que sirven lo mismo cuando est\u00e1n sanos como cuando est\u00e1n enfermos, y los tratan con mucha dulzura y caridad. Los Sres. Administradores de este Hospital han dado fe de que estas buenas Hermanas hab\u00edan suprimido muchos des\u00f3rdenes, que ofend\u00edan a Dios, arruinaban los bienes de la Casa, y alteraban a los pobres locos, de forma que han quedado muy edificados y satisfechos de su modo de actuar; 5. finalmente, hay un Asilo del Nombre de Jes\u00fas: en \u00e9l tanto los hombres como las mujeres de edad avanzada son servidos, arreglados y atendidos en todos los detalles por esas Hermanas caritativas. Adem\u00e1s de esos cinco Hospitales que las ocupan s\u00f3lo en la ciudad de Par\u00eds, y todas las parroquias, en las que est\u00e1n empleadas, tanto en la misma ciudad como en muchos lugares de Francia, todav\u00eda hay m\u00e1s Hospitales en los que prestan servicios a los pobres, como en Angers, Chartres, Ch\u00e2teaudun, Hennebon, SaintFargeau, Ussel, Cahors, Gex, etc., y hasta en Polonia en la ciudad de Varsovia: en todos esos sitios ellas prestan sus servicios a los pobres con gran bendici\u00f3n. A este prop\u00f3sito presentaremos aqu\u00ed una carta que el Sr. Vicente escribi\u00f3 a la Srta. Le Gras, cuando trataron de destinar a tres Hermanas a trabajar en Poitou.<\/p>\n<p><em>\u00abSuplico a Nuestro Se\u00f1or \u2014<\/em>dice<em>\u2014 que d\u00e9 su santa bendici\u00f3n a nuestras muy queridas Hermanas, y que les haga participar del esp\u00edritu que El di\u00f3 a las santas mujeres que lo acompa\u00f1aban y que cooperaban con El en la asistencia de los pobres enfermos y en la instrucci\u00f3n de los ni\u00f1os. \u00a1Buen Dios! \u00a1Qu\u00e9 felicidad la de estas buenas Hermanas, la de ir a continuar en el lugar adonde han sido enviadas la caridad que Nuestro Se\u00f1or practic\u00f3 en la tierra! \u00a1C\u00f3mo se alegrar\u00e1 el cielo al ver esto! \u00a1Y qu\u00e9 admirables ser\u00e1n las alabanzas que recibir\u00e1n en la otra vida! \u00a1Con qu\u00e9 santa confianza aparecer\u00e1n el d\u00eda del Juicio, despu\u00e9s de tantas obras santas de caridad como han practicado! En verdad, me parece que las coronas y los imperios de la tierra s\u00f3lo son barro en comparaci\u00f3n del m\u00e9rito y de la gloria, con que han de ser coronadas un d\u00eda, pues hay motivo para ello\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abS\u00f3lo falta que se porten con el esp\u00edritu que tuvo la Sant\u00edsima Virgen en su viaje y en sus trabajos; que la vean a menudo con los ojos del alma, y que hagan todas las cosas, tal como se representan en la mente lo que podr\u00eda hacer aquella Sant\u00edsima Se\u00f1ora; que consideren por encima de todo su caridad y su humildad; que sean muy humildes ante Dios, cordiales entre s\u00ed, bienhechoras para todos, y edificantes en todos los sitios; que hagan sus peque\u00f1os actos de piedad todas las ma\u00f1anas, o antes de que salgan los coches, o en el viaje; que recen el rosario, y lleven consigo alg\u00fan libro piadoso para leer; que contribuyan a las conversaciones que traten de Dios, y de ninguna manera a las del mundo, y menos todav\u00eda a las que son demasiado libres; finalmente, que sean rocas contra las familiaridades que los hombres quieran permitirse con ellas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abUna vez llegadas al final del viaje ir\u00e1n, antes que nada, a saludar al Sant\u00edsimo Sacramento; ver\u00e1n al Sr. P\u00e1rroco, recibir\u00e1n sus \u00f3rdenes y tratar\u00e1n de cumplirlas en lo que toca a los enfermos y a los ni\u00f1os que vayan a la escuela; har\u00e1n lo que puedan para servir de provecho a las almas, mientras atienden a los cuerpos de los enfermos pobres; obedecer\u00e1n a los Oficiales de la Caridad, y les animar\u00e1n a practicar gustosamente el Reglamento; se confesar\u00e1n cada ocho d\u00edas, etc.; y continuando de esa manera, se encontrar\u00e1n ante Dios con que han llevado una vida muy santa, y que no siendo m\u00e1s que unas pobres Hermanas en la tierra, llegar\u00e1n a ser grandes reinas en el cielo. Esto es lo que pido a Dios\u00bb, etc.<\/em><\/p>\n<p>Como en todos los Hospitales suele haber a menudo un gran n\u00famero de enfermos que atender, y, por otra parte, ellas de ordinario son muy pocas en cada Hospital, eso suele ser causa de que se encuentren con bastante frecuencia muy sobre cargadas. Precisamente eso es lo que una de las Hermanas, que hab\u00eda sido enviada a un Hospital, le inform\u00f3 cierto d\u00eda por carta al Sr. Vicente en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abSe\u00f1or, estamos agotadas por el trabajo y sucumbiremos, si no nos ayudan. Me veo obligada a escribir estas pocas l\u00edneas de noche, mientras estoy velando a nuestros enfermos, pues de d\u00eda no tengo un momento de descanso, y mientras le escribo, tengo que estar exhortando a dos moribundos: Unas veces voy a uno de ellos, y le digo: Hermano, levante su coraz\u00f3n a Dios; p\u00eddale misericordia. Hecho eso, vuelvo a escribir una o dos l\u00edneas, y luego voy corriendo donde el otro a gritarle: \u00a1Jes\u00fas, Mar\u00eda, Dios m\u00edo, espero en vosotros!. Y vuelvo otra vez a mi carta; y as\u00ed voy y vengo, y le escribo en repetidas veces, y con la atenci\u00f3n totalmente dividida. Por eso le suplico muy humildemente que nos env\u00ede, una Hermana m\u00e1s\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente, al leer la carta, admir\u00f3 el esp\u00edritu de aquella Hermana, con aquel rasgo de su elocuencia natural, que era muy poderoso para manifestar su necesidad, y para persuadirle a que pusiera remedio y le enviara ayuda.<\/p>\n<p>Pero lo que colma la caridad de estas buenas Hermanas es el mucho trabajo que han emprendido por obediencia y con sincera ilusi\u00f3n, no s\u00f3lo en todos los lugares de los que hemos hablado, sino tambi\u00e9n en los Hospitales de los ej\u00e9rcitos, adonde las ha enviado el celo de su caritativo Superior con las precauciones necesarias para encargarse de los soldados heridos, y de los enfermos, como en el Hospital de Rethel, durante el \u00faltimo asedio, y despu\u00e9s en Calais, durante el asedio de Dunquerque. As\u00ed han consumido santamente su vida dos de ellas en ese oficio de caridad.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente, al recomendar un d\u00eda a las oraciones de su Comunidad a aquellas buenas Hermanas, dijo las siguientes palabras, que hemos pensado que deb\u00edamos insertar en este lugar:<\/p>\n<p><em>\u00abEncomiendo \u2014dijo\u2014 a sus oraciones a las Hijas de la Caridad, que hemos enviado a Calais para asistir a los pobres soldados heridos. De cuatro que eran han muerto dos, precisamente las m\u00e1s robustas y fuertes de la Compa\u00f1\u00eda; mas han ca\u00eddo bajo el peso de la tarea. Imag\u00ednense, se\u00f1ores, lo que ser\u00e1 aquello. \u00a1Cuatro pobres Hermanas rodeadas de quinientos o seiscientos soldados heridos o enfermos! F\u00edjense un poco por favor en la sabidur\u00eda y la bondad de Dios, por haber suscitado en este tiempo una Compa\u00f1\u00eda de esta clase. \u00bfPara qu\u00e9? Para asistir a los pobres corporal y espiritualmente, dici\u00e9ndoles algunas buenas palabras, que los llevan a pensar en su salvaci\u00f3n, sobre todo, a los moribundos, para ayudarles a disponerse a bien morir, anim\u00e1ndolos a hacer actos de contrici\u00f3n y de confianza en Dios. En verdad, se\u00f1ores, esto es conmovedor. \u00bfNo les parece que es una obra de mucho m\u00e9rito ante Dios, que unas Hermanas se hayan ido con tanto coraje y decisi\u00f3n donde los soldados, para aliviarlos en sus necesidades, y para contribuir a su salvaci\u00f3n? \u00bfQue se vayan a exponer a trabajos tan grandes, y hasta enfermedades tan penosas, y tambi\u00e9n hasta la muerte, por esas personas que se exponen a los peligros de la guerra por el bien del Estado?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abYa vemos cu\u00e1n llenas est\u00e1n estas pobres Hermanas del celo de la gloria de Dios, y de la asistencia del pr\u00f3jimo. La Reina nos ha hecho el honor de escribirnos, para que enviemos otras a Calais, para asistir a aquellos pobres soldados. Y miren: hoy mismo van a salir cuatro para all\u00e1. Una de ellas, de unos cincuenta a\u00f1os, vino a verme el viernes pasado al H\u00f4telDieu, donde yo estaba, para decirme que se hab\u00eda enterado que dos de las Hermanas hab\u00edan muerto en Calais, y que ella ven\u00eda a ofrec\u00e9rseme, para que le destinara a suplir a las muertas, si me parec\u00eda bien. Le dije: Hermana, ya lo pensar\u00e9. Y ayer vino aqu\u00ed para enterarse de la respuesta que le iba a dar. Vean, se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, qu\u00e9 valor el de estas Hermanas: ofrecerse de esa forma, y ofrecerse para irse a exponer su vida, como v\u00edctimas por el amor de Jesucristo y el bien del pr\u00f3jimo. \u00bfNo es esto admirable? En cuanto a m\u00ed, no s\u00e9 qu\u00e9 decir sobre esto, sino que esas Hermanas ser\u00e1n \u00a0nuestros jueces el d\u00eda del Juicio. S\u00ed, ellas ser\u00e1n nuestros jueces, si no estamos dispuestos, como ellas, a exponer nuestras vidas por Dios\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abComo nuestra Congregaci\u00f3n tiene alguna relaci\u00f3n con la Compa\u00f1\u00eda de ellas, y Nuestro Se\u00f1or se ha querido servir de la de la Misi\u00f3n, para que diera comienzo a la de esas pobres Hermanas, tenemos la obligaci\u00f3n de agradecer a Dios todas las gracias que les ha hecho, y de pedirle que les contin\u00fae dando, por su Bondad infinita, las mismas bendiciones en el futuro\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abUstedes no ser\u00edan capaces de imaginarse cu\u00e1nto bendice Dios a estas buenas Hermanas, y en cu\u00e1ntos sitios las desean. Un obispo las pide para tres Hospitales, otro para dos, un tercero tambi\u00e9n las solicita; s\u00f3lo hace tres d\u00edas que me habl\u00f3 de ello, y ya me urge que se las env\u00ede. Pero \u00bfc\u00f3mo podremos hacerlo? No tenemos bastantes. Pregunt\u00e9 el otro d\u00eda a un p\u00e1rroco de esta ciudad, que las tiene en su parroquia qu\u00e9 tal est\u00e1n trabajando. No me atrevo a contarles todo lo bueno que me dijo de ellas. Eso valdr\u00eda tambi\u00e9n para las dem\u00e1s, para unas, m\u00e1s; para otras, menos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abNo es que ellas no tengan defectos. \u00bfQui\u00e9n no los tiene? Pero no dejan de practicar la misericordia, que es esa hermosa virtud, de la cual se ha dicho que la misericordia es la virtud propia de Dios. Nosotros tambi\u00e9n la practicamos, y la debemos practicar durante toda nuestra vida: misericordia corporal, misericordia espiritual; misericordia en el campo durante las misiones, acudiendo a las necesidades de nuestro pr\u00f3jimo; misericordia en casa para con los ejercitantes que est\u00e1n de retiro en nuestra casa; y para con los pobres, y tantas otras ocasiones que Dios nos presenta. En fin, debemos ser siempre personas misericordiosas, si queremos hacer en todo y por todo la voluntad de Dios\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p><em>No debemos omitir aqu\u00ed una cosa digna de menci\u00f3n, a saber, que, como las primeras misiones, que el Sr. Vicente dio en las parroquias de las aldeas, fueron la ocasi\u00f3n para el nacimiento de una Congregaci\u00f3n de Misioneros, igualmente, las Cofrad\u00edas de la Caridad, que \u00e9l fund\u00f3 en las parroquias, produjeron una Compa\u00f1\u00eda de Hijas de la Caridad, sin tener antes premeditado ning\u00fan proyecto, sino por una orden secreta de la Divina Providencia; de forma que, despu\u00e9s de Dios, la Instituci\u00f3n de las dos Compa\u00f1\u00edas, su crecimiento, su utilidad, sus Reglamentos y sus actos de piedad proceden del celo, de la prudencia y de la piedad de este sabio Fundador, que las ha visto nacer de sus trabajos, y que las ha ido formando con una direcci\u00f3n suave, asentada y robustecida sobre soportes y cimientos infalibles, como los del Evangelio, pero con un amor afectivo y pr\u00e1ctico, que abarca todas las obras de misericordia espirituales y corporales. A eso es a lo que \u00e9l se ha dedicado y en lo que ha agotado sus esfuerzos: es el camino que ha abierto a uno y a otro sexo para llegar con seguridad a la perfecci\u00f3n. Y para hacer ver la santa coincidencia que las dos Compa\u00f1\u00edas tienen entre s\u00ed, y con los cristianos de la primitiva Iglesia, expondr\u00e9 aqu\u00ed lo que \u00e9l mismo hizo notar en una carta que escribi\u00f3 a un Sacerdote de su Congregaci\u00f3n, que le hab\u00eda presentado esta objeci\u00f3n: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 los misioneros que tienen por Regla no encargarse de la direcci\u00f3n de las Religiosas llevan la direcci\u00f3n de las Hijas de la Caridad?\u00bb.<\/em> El le dio la respuesta siguiente, importante en esta materia. Est\u00e1 fechada el 7 de febrero de 1660.<\/p>\n<p>\u00abLe doy gracias a Dios por los sentimientos que El le ha dado a prop\u00f3sito de lo que le escrib\u00ed sobre las Religiosas. Estoy m\u00e1s consolado al ver que ha visto usted la importancia de las razones que la Compa\u00f1\u00eda tuvo al dejar su servicio, para no impedir el que debemos al pobre pueblo\u00bb.<\/p>\n<p><em>\u00abY como usted quiere saber las razones que nos han llevado a cuidar de las Hijas de la Caridad, pregunt\u00e1ndome por qu\u00e9 la Congregaci\u00f3n, que tiene como norma no ocuparse de la direcci\u00f3n de las Religiosas, se cuida sin embargo, de esas Hermanas, le dir\u00e9\u00bb: <\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab1. Que no condenamos la asistencia a las Religiosas; al contrario, alabamos a los que las sirven, como a esposas de Nuestro Se\u00f1or que han renunciado al mundo y a sus vanidades para unirse a su soberano Bien; pero no todo lo que es plausible en los dem\u00e1s sacerdotes es conveniente para nosotros\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab2. Que las Hijas de la Caridad no son Religiosas, sino Hermanas que van y vienen como los seglares; son personas de las parroquias bajo la direcci\u00f3n de los p\u00e1rrocos, donde est\u00e1n establecidas y, si nosotros dirigimos la casa en que se educan, es porque los designios de Dios para que naciera su peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda se sirvieron de la nuestra; y ya sabe que Dios utiliza los mismos medios para dar el ser a las cosas que para conservarlas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab3. Nuestra peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda se ha entregado a Dios para servir al pobre pueblo corporal y espiritualmente, y esto desde sus comienzos; de forma que al mismo tiempo que trabajaba por la salvaci\u00f3n de las almas en las misiones, busc\u00f3 un medio para atender a los enfermos con las Cofrad\u00edas de la Caridad; esto fu\u00e9 lo que aprob\u00f3 la Santa Sede por medio de las Bulas de nuestra Instituci\u00f3n. Pues bien, como la virtud de la misericordia tiene diversas operaciones, tambi\u00e9n ha llevado a la Compa\u00f1\u00eda a diferentes maneras de asistir a los pobres: el servicio que hace a los forzados de las galeras y a los esclavos de Berber\u00eda, lo que hace por Lorena en medio de su gran desolaci\u00f3n, y luego en las fronteras arruinadas de Champa\u00f1a y Picard\u00eda, en donde tenemos todav\u00eda a uno de los nuestros dedicado continuamente a la distribuci\u00f3n de las limosnas. Usted mismo puede ser testigo de los socorros que han proporcionado a los pueblos de los alrededores de Par\u00eds abrumados de hambre y enfermedad como consecuencia de la estancia de los soldados; usted mismo ha tenido parte en ese gran trabajo y ha cre\u00eddo que iba a morir en \u00e9l, lo mismo que muchos otros, que dieron su vida por conservar la de los miembros doloridos de Jesucristo, que es ahora su recompensa y ser\u00e1 alg\u00fan d\u00eda la de usted. Las Damas de la Caridad son tambi\u00e9n otros tantos testimonios de la gracia de nuestra vocaci\u00f3n para contribuir con ellas a un gran n\u00famero de buenas obras dentro y fuera de la ciudad. Teniendo esto en cuenta y que las Hijas de la Caridad entraron en el orden de la Providencia como un medio que Dios nos da para hacer con sus manos lo que no podr\u00edamos hacer con las nuestras en la asistencia corporal a los enfermos pobres, y decirles con sus labios alguna frase de instrucci\u00f3n y consuelo para la salvaci\u00f3n, tambi\u00e9n tenemos obligaci\u00f3n de ayudarles a que progresen en la virtud para poder dedicarse mejor a sus ejercicios de caridad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abAs\u00ed pues, entre ellas y las Religiosas hay la siguiente diferencia: que las Religiosas no tienen otro fin que su propia perfecci\u00f3n, mientras que estas Hermanas se dedican, como nosotros, a la salvaci\u00f3n y al cuidado del pr\u00f3jimo. Y si dijera que con nosotros no dir\u00eda nada opuesto al Evangelio, sino muy conforme con el uso de la primitiva Iglesia, ya que Nuestro Se\u00f1or se serv\u00eda de algunas mujeres que le segu\u00edan, y vemos en el canon de los Ap\u00f3stoles, que eran ellas las que administraban los v\u00edveres a los fieles y se relacionaban con las funciones apost\u00f3licas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSi se dice que nosotros nos ponemos en peligro al tratar con esas Hermanas, responder\u00e9 que hemos tenido en esto todo el cuidado que se pod\u00eda tener, estableciendo en la Compa\u00f1\u00eda la norma de no visitarlas jam\u00e1s en su casa, en las parroquias, sin necesidad y sin el permiso expreso del Superior. Y ellas tambi\u00e9n tienen como regla mantener la clausura en sus habitaciones y no dejar entrar nunca en ellas a los hombres\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEspero, se\u00f1or, que lo que acabo de responder a su dificultad le parecer\u00e1 bien\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente daba Conferencias espirituales a las Hermanas. En ellas se encontraban las que viv\u00edan en las parroquias y hospitales de Par\u00eds, en n\u00famero de ochenta a cien. Para eso se reun\u00edan en la casa en la que reside su Superiora, siguiendo el aviso que previamente recib\u00edan; y tambi\u00e9n se les mandaba por escrito el tema que se iba a tratar, y sobre el cual deb\u00edan ellas meditar. De ordinario sol\u00eda hacer hablar a varias, tanto para abrir su esp\u00edritu a las cosas espirituales, como para comunicar a las dem\u00e1s los buenos pensamientos que Dios les hab\u00eda inspirado, y para hacerles comprender mejor la importancia de la vida cristiana y perfecta, a la que \u00e9l las quer\u00eda elevar. Y para terminar les sol\u00eda dar todas las veces, durante una media hora, y, a veces, una hora y m\u00e1s, una charla tan adaptada a sus necesidades y a su alcance, tan clara y tan persuasiva, que las Hermanas entend\u00edan y se quedaban con la mejor parte, y se volv\u00edan, gracias a la pr\u00e1ctica de tan santas ense\u00f1anzas, m\u00e1s interiores y espirituales. Incluso han recogido m\u00e1s de cien de las charlas de su buen Padre, que leen, una y otra vez, hasta diariamente en su Casa Madre para alimentarse con ellas, esperando que las hagan imprimir, para que las que viven m\u00e1s lejos, participen de los frutos de esa buena lectura.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fundaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad, servidoras de los enfermos pobres. 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