{"id":34667,"date":"2020-08-01T09:40:29","date_gmt":"2020-08-01T07:40:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/04\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-7\/"},"modified":"2020-08-01T09:38:14","modified_gmt":"2020-08-01T07:38:14","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-7","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-7\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 7"},"content":{"rendered":"<p><strong>Asistencias y servicios prestados a los monasterios de las Religiosas de la Visitaci\u00f3n de Santa Mar\u00eda de la di\u00f3cesis de Par\u00eds por el Sr. Vicente durante el tiempo en que fue su Superior y Padre espiritual<\/strong><\/p>\n<p>Las asistencias y los servicios que las religiosas de la Orden de la Visitaci\u00f3n de Santa Mar\u00eda de la di\u00f3cesis de Par\u00eds han recibido del Sr. Vicente durante los treinta y ocho a\u00f1os en que ha sido su Superior y Padre espiritual merecen tener su sitio en este segundo Libro, porque es una obra que, no solamente manifiesta la extensi\u00f3n de su caridad, sino tambi\u00e9n da a conocer cu\u00e1n iluminado estaba su esp\u00edritu por la luz del cielo para el discernimiento de las cosas espirituales, y cu\u00e1l era su prudencia, su mansedumbre, su entereza y dem\u00e1s excelentes virtudes para la direcci\u00f3n de las almas.<\/p>\n<p>No es nuestro prop\u00f3sito extendernos aqu\u00ed sobre este tema, tanto como lo merece, sino referir sencillamente lo que hemos recogido de algunas memorias que han puesto en nuestras manos, y que en su mayor parte nos las han proporcionado las religiosas de dicha Orden.<\/p>\n<p>El Bienaventurado Francisco de Sales, obispo de Ginebra, fundador de la Orden de la Visitaci\u00f3n de Santa Mar\u00eda, y la Venerable Madre, Juana Francisca Fr\u00e9miot, fundadora y primera Madre y religiosa de esa Orden, y Superiora del primer monasterio de la Visitaci\u00f3n de la ciudad de Par\u00eds, conociendo como conoc\u00edan las raras cualidades que se daban en el Sr. Vicente para una prudente y santa direcci\u00f3n, resolvieron rogarle que fuera el primer Superior y Padre espiritual de las casas de ese santo Instituto en esta ciudad, y se lo rogaron una y otra vez. Y al mismo tiempo procuraron que el difunto Sr. Cardenal de Retz, entonces obispo de Par\u00eds, el a\u00f1o 1622, le ordenara que aceptase aquella ocupaci\u00f3n y se encargara de la direcci\u00f3n de aquellas virtuosas monjas.<\/p>\n<p>La Venerable Madre Fundadora experiment\u00f3 bien pronto en la persona del digno Superior el valor del regalo que Dios les hab\u00eda hecho: concibi\u00f3 tal aprecio hacia \u00e9l que se aconsejaba casi solamente de \u00e9l para el buen orden y el progreso de su Instituto, como as\u00ed lo han hecho las otras Superioras que le han sucedido: siempre han seguido la direcci\u00f3n del virtuoso Superior sin buscar en otra parte nuevas luces. Y las dem\u00e1s religiosas han hecho lo mismo. De ah\u00ed se han seguido grandes bendiciones de Dios, tanto para la conservaci\u00f3n de la uni\u00f3n y de la regularidad, como para el progreso interno y la multiplicaci\u00f3n externa de las religiosas y de las casas de su Instituto.<\/p>\n<p>El primer monasterio form\u00f3 poco despu\u00e9s uno nuevo, e, inmediatamente, un tercero: aqu\u00e9l se estableci\u00f3 en el arrabal de SaintJacques, y \u00e9ste, en la ciudad de SaintDenis; ambos bajo la direcci\u00f3n del Sr. Vicente, y por medio de ella Dios quiso comunicarles las mismas gracias que al primero. Hace ya algunos a\u00f1os el monasterio de SaintJacques ha originado otro en Par\u00eds, que est\u00e1 situado en la calle Montorgueil, y como tambi\u00e9n hab\u00eda tenido al Sr. Vicente por su primer Superior, ha experimentado de igual modo los efectos de sus buenos consejos. De esta manera, ha estado encargado del cuidado y de la direcci\u00f3n de estas cuatro casas hasta su muerte. Emple\u00f3 as\u00ed treinta y ocho a\u00f1os al servicio de ese santo Instituto con tanta bendici\u00f3n y \u00e9xito, que, de las dos primeras casas de Par\u00eds, se han originado mediata o inmediatamente unas treinta m\u00e1s en diversas ciudades del Reino y en otras partes, adonde las Hijas de un Padre espiritual tan sabio han ido a difundir el olor de sus virtudes, y a comunicar el esp\u00edritu de su Bienaventurado Fundador, y por ese medio a atraer otras j\u00f3venes al partido de su celestial Esposo.<\/p>\n<p>El Bienaventurado Francisco de Sales, que hab\u00eda conocido en Par\u00eds y frecuentado muy particularmente al Sr. Vicente, dec\u00eda que no conoc\u00eda un hombre ni m\u00e1s prudente ni m\u00e1s virtuoso que \u00e9l. El difunto Sr. Coqueret, doctor en teolog\u00eda por la facultad de Par\u00eds, de la Casa de Navarra, que le hab\u00eda o\u00eddo hablar de ese modo es quien ha dado ese fiel testimonio. El Bienaventurado Prelado, luego de confiar al Sr. Vicente la direcci\u00f3n de sus queridas monjas de la Visitaci\u00f3n en la primera ciudad del Reino, march\u00f3 pronto al cielo, muy consolado por haber puesto en tan buenas manos la obra de su piedad, que amaba con especial predilecci\u00f3n entre todas las dem\u00e1s.<\/p>\n<p>En cuanto a la Venerable Madre Fundadora, sobrevivi\u00f3 cerca de veinte a\u00f1os al Bienaventurado Fundador de su Orden. Y como se ve\u00eda obligada a ir y venir a diferentes sitios por exig\u00edrselo as\u00ed los asuntos y por el bien general de su Congregaci\u00f3n, se pon\u00eda a menudo en comunicaci\u00f3n con el Sr. Vicente por medio de cartas a prop\u00f3sito de su direcci\u00f3n interna particular y de la de su Instituto; y siempre recibi\u00f3 de \u00e9l mucha luz y mucho consuelo. El mes de noviembre del a\u00f1o 1627, mientras trabajaba en algunas misiones, ella le escribi\u00f3 una carta relacionada con su interior. En ella aparece suficientemente la confianza particular\u00edsima que ten\u00eda en el prudente Superior, y la presentaremos aqu\u00ed para edificaci\u00f3n del lector cristiano.<\/p>\n<p><em>\u00abConque est\u00e1 comprometido, mi querid\u00edsimo Padre \u2014le dice\u2014 a trabajar en la Provincia de Lyon y, por consiguiente, tendremos que vernos privadas de verle durante alg\u00fan tiempo. Pero nada hemos de oponer a lo que Dios hace, sino bendecirle por todo, como yo lo hago, mi querid\u00edsimo Padre, por la libertad que su caridad me concede de mantenerle mi confianza y de importunarle. Lo seguir\u00e9 haciendo con toda sencillez\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHe hecho cuatro d\u00edas de Ejercicios, y no m\u00e1s, a causa de los muchos asuntos que me han surgido. He visto la necesidad que tengo de trabajar en la humildad y en la caridad con el pr\u00f3jimo, virtudes que hab\u00eda tomado como pr\u00e1ctica el a\u00f1o pasado y que Nuestro Se\u00f1or me ha concedido la gracia de practicar un poco. Pero es El quien lo ha hecho todo y lo seguir\u00e1 haciendo seg\u00fan su voluntad, ya que me ofrece tantas ocasiones. Respecto a mi estado, me parece que me encuentro en una simple espera de lo que Dios quiera hacer conmigo. No tengo ni deseos ni intenciones: nada me preocupa sino el deseo de dejar obrar a Dios. No lo veo todav\u00eda, pero me parece que eso es lo que est\u00e1 en el fondo de mi alma. No tengo proyectos ni sentimientos para el porvenir, pero en estos momentos hago lo que me parece que es necesario hacer, sin pensar m\u00e1s all\u00e1\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abMuchas veces anda todo revuelto en la parte inferior, lo cual me hace sufrir mucho, y permanezco as\u00ed, sabiendo que por la paciencia poseer\u00e9 mi alma. Adem\u00e1s tengo un mont\u00f3n de preocupaciones por mi cargo, ya que mi esp\u00edritu aborrece grandemente la acci\u00f3n, y al obligarme a actuar en la necesidad, mi cuerpo y mi alma quedan abatidos. Mi imaginaci\u00f3n, por otro lado, me molesta grandemente en todos mis actos de piedad con un hast\u00edo muy grande. Nuestro Se\u00f1or permite tambi\u00e9n que tenga exteriormente muchas dificultades, de suerte que no hay nada que me plazca en esta vida, sino s\u00f3lo la voluntad de Dios, que quiere que permanezca en ella. Conc\u00e9dame Dios su misericordia, que suplico a usted que la pida para m\u00ed con mucho inter\u00e9s; y yo no dejar\u00e9 de pedir a Dios, como lo hago de todo coraz\u00f3n, que le d\u00e9 fortaleza para el cargo que le ha confiado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y comienza as\u00ed una carta escrita en otra ocasi\u00f3n acerca de diferentes asuntos:<\/p>\n<p><em>\u00abAunque mi coraz\u00f3n, mi querid\u00edsimo Padre, sea insensible a cualquier otra cosa que no sea el dolor, jam\u00e1s podr\u00e1 olvidar la caridad que ha tenido con \u00e9l el d\u00eda de su partida; pues, querid\u00edsimo Padre, se vi\u00f3 aliviado en su mal, e incluso robustecido, en las ocasiones con que tropieza y que se presentan de una parte y de otra\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abMe postro en esp\u00edritu a sus pies, pidi\u00e9ndole perd\u00f3n por la pena que le caus\u00e9 con mi poca mortificaci\u00f3n, cuya vileza amo y abrazo tiernamente, cuando me vuelve y la verg\u00fcenza que de all\u00ed me viene, la acepto y abrazo de coraz\u00f3n. Pero, \u00bfa qui\u00e9n puedo dar a conocer y saber mis debilidades, sino a mi \u00fanico Padre, que las sabr\u00e1 soportar? Espero de su bondad que no se canse de m\u00ed\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p>Durante la estancia de la Venerable Madre en Annecy, tuvo cierta esperanza de ver all\u00ed al Sr. Vicente. Y le escribi\u00f3 en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Ay, mi querid\u00edsimo y verdadero Padre!, \u00bfser\u00e1 posible que Dios me conceda la gracia de hacerle venir por estas tierras? Ese ser\u00eda el mayor consuelo que podr\u00eda recibir en este mundo; y creo tambi\u00e9n que ser\u00eda una misericordia de Dios para con mi alma, que podr\u00eda aliviarse de alguna forma, seg\u00fan espero, cierta pena interior que siento desde hace cuatro a\u00f1os y que es para m\u00ed un martirio\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente pasaba la visita de vez en cuando a las casas de Par\u00eds y de SaintDenis para cerciorarse de su situaci\u00f3n en general, y de la de cada una de las religiosas en particular, con el fin de recuperarlas de las p\u00e9rdidas a las que est\u00e1 sujeta nuestra naturaleza, y de animarlas a la perfecci\u00f3n. Actuaba con tanta humildad, recogimiento, prudencia y caridad, que ellas lo ve\u00edan lleno del Esp\u00edritu de Dios, en virtud del cual obraba tan prudentemente en su oficio, que las monjas llegaron a pensar que el santo fervor que lo animaba era una acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, que hac\u00eda fructuosas sus visitas, y que les daba siempre un \u00e9xito muy notable. La Comunidad quedaba perfumada por su devoci\u00f3n, y llena del deseo de perfeccionarse, pero con un deseo firme y efectivo, que se dejaba ver por el fervor en todos los actos de las religiosas. Las animaba a apreciar en gran manera su vocaci\u00f3n, y a llevar una vida en conformidad con el esp\u00edritu de su santo Instituto. Les inspiraba una estima particular\u00edsima de las m\u00e1ximas del Evangelio, y de los preceptos de su Bienaventurado Fundador, contenidos en sus Reglas y Constituciones. A eso iban dirigidos sus buenos consejos y los actos que recomendaba, pues sab\u00eda que en eso consist\u00eda la perfecci\u00f3n de su estado. Alababa mucho los otros escritos del Bienaventurado Fundador de ellas, y de su Madre Fundadora, para que los apreciaran mucho. Tambi\u00e9n \u00e9l los apreciaba hasta el punto de no poder leerlos sin que se le conmoviera el coraz\u00f3n; y se le ha visto derramar l\u00e1grimas, mientras le\u00eda el Libro de las Respuestas de la Venerable Madre Fundadora. Presentaremos aqu\u00ed a continuaci\u00f3n un p\u00e1rrafo de una carta que la Venerable Madre escribi\u00f3 desde Annecy a su querido Superior, el mes de septiembre del a\u00f1o 1631.<\/p>\n<p><em>\u00abUsted es admirable \u2014<\/em>le dice<em>\u2014 en su humildad, de la que yo recibo un consuelo muy grande y muy especial, pero sobre todo por la satisfacci\u00f3n que dice usted haber recibido en la visita que ha hecho a nuestra casa del arrabal. La Hermana Superiora me escribe tambi\u00e9n que ella y todas sus Hijas han recibido con ella un grand\u00edsimo contento. \u00a1Dios sea bendito, alabado y glorificado por todo y quiera dar a mi querid\u00edsimo Padre una gran corona por las fatigas y la caridad que tiene para con nuestras buenas Hermanas! \u00a1Ay, mi querid\u00edsimo Padre! \u00a1Qu\u00e9 bueno es usted siempre con nosotras! Lo conozco por esa porcioncita de l\u00e1grimas que ha derramado al ver nuestras \u00faltimas respuestas\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n de estas cartas de la Venerable Madre Fundadora, pondremos aqu\u00ed los testimonios de las m\u00e1s antiguas y principales Religiosas de los monasterios de esta santa Orden, que est\u00e1n en Par\u00eds, y que m\u00e1s han conocido al Sr. Vicente:<\/p>\n<p><em>\u00abPodemos asegurar con toda certeza \u2014<\/em>dicen<em>\u2014 que varias veces nos han ocurrido cosas casi milagrosas durante sus visitas o poco despu\u00e9s. Desde el momento en que empez\u00f3 a prestarnos ese caritativo oficio, libr\u00f3 casi en un instante a una de nuestras Hermanas de una pena espiritual, que era tan violenta, que redundaba en su cuerpo y la incapacitaba para cualquier servicio en el monasterio; daba mucha compasi\u00f3n a las que la ve\u00edan. Pero despu\u00e9s de su curaci\u00f3n, ha ejercido con gran bendici\u00f3n los cargos de maestra de novicias y de superiora durante varios a\u00f1os; y, al final, ha muerto santamente. En otra ocasi\u00f3n, unas religiosas, que sufr\u00edan penas y tentaciones molestas, se vieron totalmente libres al descubrirlas al caritativo Padre. Otras cambiaron notablemente de costumbres por la comunicaci\u00f3n de la gracia abundante que radicaba en \u00e9l. En fin, todas, en cada una de sus visitas, se sent\u00edan renovadas y caminaban m\u00e1s alegremente que nunca por el camino de la perfecci\u00f3n; y no podemos omitir que sus bendiciones alcanzaron hasta las cosas temporales despu\u00e9s de sus visitas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEste humilde Siervo de Dios ha dejado ver en otras ocasiones la gracia particular\u00edsima que hab\u00eda recibido de Dios para iluminar, consolar y fortalecer las almas, y para devolver la paz a las m\u00e1s atribuladas, y, entre todas, a la difunta Madre Elena Ang\u00e9lica l\u2019Huillier. Dios la probaba con grandes sufrimientos internos, que pod\u00edamos llamar agon\u00edas, ansiedades de coraz\u00f3n y angustias extremas. No pod\u00eda hallar consuelo, despu\u00e9s de Dios sino en aquel Padre querido, que sol\u00eda acudir con mucho cari\u00f1o en socorro de las personas llenas de angustia. En cierta ocasi\u00f3n, que temieron que se le molestar\u00eda mucho, dijo: Que ning\u00fan asunto consideraba tan importante, como el de servir a un alma en aquel estado. A las personas atribuladas les dec\u00eda cosas agradables y palabras regocijantes con una santa alegr\u00eda, para distraerlas de su tristeza y su dolor\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSu caridad para aliviar al pr\u00f3jimo le causaba una pena sensible, cuando sus propias dolencias no le permit\u00edan acudir a visitar y a consolar a las religiosas enfermas que lo echaban en falta. No le bastaba con compadecer a las personas dolientes en el cuerpo o en el alma, sino que hac\u00eda todos los esfuerzos para aliviarlas. Cierto d\u00eda una buena Hermana lega, cuya virtud apreciaba mucho, y que se sent\u00eda muy enferma y con mucha fiebre, le dijo que se sent\u00eda muy contenta de morir. \u00a1Ah, Hermana m\u00eda!\u2014<\/em>le replic\u00f3<em>\u2014 todav\u00eda no es tiempo; y acerc\u00e1ndose le hizo una cruz con su pulgar en la frente, y al instante la enferma se sinti\u00f3 curada, y desde entonces no volvi\u00f3 a tener fiebre ni dolor\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abComo hab\u00eda experimentado en s\u00ed mismo todos los estados de la vida humana: enfermedades, humillaciones y tentaciones, para consolar a los que se sent\u00edan inquietados por penas semejantes, les dec\u00eda ordinariamente que tambi\u00e9n \u00e9l hab\u00eda tenido unas parecidas, que Dios le hab\u00eda librado de ellas, y que les har\u00eda la misma gracia: Tengan paciencia\u2014les dec\u00eda\u2014 som\u00e9tanse al benepl\u00e1cito de Dios, y usen de tal o cual remedio. A una buena Hermana lega, que le dijo una vez que ten\u00eda una mentalidad demasiado ruda como para dedicarse a las cosas espirituales, porque, estando en su tierra se hab\u00eda dedicado a guardar los animales de su padre, le dijo: Hermana, ese es el primer oficio que he tenido yo: he guardado puercos; pero como eso sirve para humillarnos, as\u00ed nos haremos m\u00e1s aptos para el servicio de Dios. \u00a1Animo!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abOtra Hermana, al descubrirle una tentaci\u00f3n que la atormentaba, le di\u00f3 ocasi\u00f3n para decirle que Dios le hab\u00eda probado con la misma pena durante varios a\u00f1os, sin haber tenido materia de confesarse sobre aquel punto, dando as\u00ed a conocer a aquella Religiosa que su tentaci\u00f3n no era pecado, y que no hab\u00eda por qu\u00e9 turbarse como ella se turbaba, porque estaba muy lejos de consentir en la tentaci\u00f3n. Le confi\u00f3 el secreto de lo que acababa de decir de s\u00ed mismo, porque una de sus grandes preocupaciones era ocultar las gracias que Dios le hab\u00eda hecho, y no hablar nunca de ellas, si no iba en ello la edificaci\u00f3n de un alma, como en esa ocasi\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abCre\u00eda que no era \u00fatil, ni tampoco conveniente, que las Religiosas tuvieran demasiado frecuentes y familiares comunicaciones con los Superiores. Y cuando alguna quer\u00eda hablarle, si no ve\u00eda en ello mucha necesidad, le hac\u00eda esperar largo tiempo para obligarla a meditar bien lo que iba a decir\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDec\u00eda que una cosa era muy de temer y de evitar: dar pie a los inferiores para que promuevan peque\u00f1as intrigas contra el gobierno de las Madres Superioras. Por eso, cuando una o varias Religiosas se le quejaban de la Superiora, examinaba bien la cosa y juzgaba con cordura, si se trataba de un movimiento de la naturaleza o de un celo bueno. Y conocida la causa exacta del descontento, pon\u00eda el remedio, y correg\u00eda en particular a la Superiora; pero no se pon\u00eda nunca del lado de las descontentas contra la Madre de ellas, tratando m\u00e1s bien de excusarla, mientras lo pod\u00eda hacer en justicia, para sostenerla con el aprecio y la autoridad debidas, sabiendo que eso es necesario para un buen gobierno. Recomendaba sobre todo a las casas de Par\u00eds y a todas las que hab\u00edan sido fundadas por ellas, que cuidaran mucho de que los eclesi\u00e1sticos que acud\u00edan frecuentemente donde ellas, no estuvieran infectados de las opiniones nuevas: Porque \u2014dec\u00eda\u2014 los que siguen una mala doctrina, s\u00f3lo buscan extenderla; pero no se suelen declarar al principio. Son como lobos que se introducen mansamente en la majada para destrozarla y perderla\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abGracias a sus consejos la difunta Madre Elena Ang\u00e9lica l\u2019Huillier, Superiora del primer monasterio de Par\u00eds, rechaz\u00f3 una notable cantidad de dinero que una Se\u00f1ora de abolengo ofrec\u00eda a la Comunidad para que le permitieran retirarse a ella, y para permitir que algunos jansenistas la fueran a hablar de vez en cuando a la reja\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abCuando alguna religiosa, o varias juntas, le ped\u00edan la bendici\u00f3n, se arrodillaba y se recog\u00eda para darla a la vista de su nada y de la majestad de Dios; y lo hac\u00eda con palabras muy devotas y conmovedoras, a\u00f1adiendo siempre alg\u00fan deseo de bendici\u00f3n para sus ocupaciones y para sus personas junto con alguna palabra alentadora\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abA pesar de que ten\u00eda una mansedumbre sin par, era en\u00e9rgico al corregir las faltas importantes; pero su prudencia le hac\u00eda esperar el tiempo conveniente, para que la correcci\u00f3n tuviera buen efecto. Un d\u00eda le sugirieron que corrigiera a una religiosa por un defecto que ten\u00eda. A lo que contest\u00f3: No se les da medicinas a los que tienen fiebre sin una gran necesidad. Porque el \u00e1nimo de aquella persona no estaba entonces preparado para recibir el remedio. Les sugiri\u00f3 a las Superioras este m\u00e9todo: que dieran sus avisos con gran circunspecci\u00f3n y caridad, para que resultaran provechosos. Y por lo que tocaba a \u00e9l, s\u00f3lo los usaba cuando se ve\u00eda obligado a imponer penitencias, que daba a entender que le costar\u00eda menos cumplirlas \u00e9l que imponerlas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSe encontr\u00f3 un d\u00eda con unas religiosas que, con el pretexto de una santa libertad, criticaban a las que eran m\u00e1s puntuales y m\u00e1s observantes; pero las sac\u00f3 pronto de aquel abuso, haci\u00e9ndoles ver que no se daba all\u00ed el esp\u00edritu de santa libertad, pues s\u00f3lo se encuentra en la perfecta mortificaci\u00f3n, que hace a la persona due\u00f1a de sus pasiones\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPose\u00eda una habilidad maravillosa para humillar a las almas altaneras, y lo hac\u00eda con cierta gracia, y sin que ellas se dieran cuenta. Pero cuando mostraba un celo m\u00e1s vigoroso era contra las que hab\u00edan desobedecido en alguna cosa importante: las reprend\u00eda de forma tan humillante, que las dejaba anonadadas, y les hac\u00eda pensar lo que ser\u00eda cuando Dios las reprendiera el d\u00eda de su temible juicio, al ver que la palabra de un hombre las abat\u00eda y humillaba tan poderosamente\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abNo hab\u00eda quien se le comparase cuando se trataba de aguantar las enfermedades del pr\u00f3jimo, tanto del alma como del cuerpo. Y, aunque su presencia infund\u00eda mucho respeto, sin embargo, ese respeto en lugar de encoger los corazones, los ensanchaba. Y no hab\u00eda persona alguna que infundiera m\u00e1s confianza que \u00e9l, al manifestarle los pensamientos m\u00e1s secretos y las debilidades m\u00e1s dif\u00edciles de expresar: las toleraba y las excusaba, como hace una madre muy tierna con su hijo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Una de las Madres Superioras mejor dotadas y de mayor val\u00eda de toda la Orden, al excusarse de hablar sobre el Sr. Vicente, puesto que su casa ya hab\u00eda entregado varias memorias, lo ha hecho de esta forma:<\/p>\n<p><em>\u00abComo las cosas \u2014<\/em>dice<em>\u2014 que se han escrito son m\u00e1s o menos las que yo podr\u00eda decir, confieso que me cuesta repetirlas, pues no acabo de decidirme a decir cosas generales, aunque, eso s\u00ed, admirables y que su profunda humildad no pudo ocultar a todo el mundo. Y en cuanto a las cosas particulares, estoy segura que las hemos mandado. Por eso tratar\u00e9 de honrar aqu\u00ed el silencio que le he visto guardar en mil ocasiones, que tanto nos ha admirado. En cuanto a m\u00ed, he admirado frecuentemente la profundidad de su esp\u00edritu. Sal\u00eda de estar con \u00e9l con un sentimiento de peque\u00f1ez del m\u00edo, que confesaba interiormente que no pod\u00eda penetrar hasta donde me parec\u00eda que iba el suyo. Y as\u00ed por la grandeza de las luces que ve\u00eda en \u00e9l, sin que \u00e9l las descubriera por completo, me parec\u00eda que era yo la m\u00e1s pobre y m\u00e1s incapaz del mundo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abInfund\u00eda en los corazones una gran confianza para descubrirle las cosas m\u00e1s penosas, y dicha confianza no imped\u00eda que sintiera una hacia \u00e9l un profund\u00edsimo respeto. Sus palabras causaban un maravilloso efecto en las almas, ya para calmarlas en sus tribulaciones, ya para ponerlas en un suave recogimiento\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEra enorme su tolerancia con las claudicantes, y nos ha parecido siempre muy notable, aunque no estuviera interesada en ello la entereza de su celo. Manten\u00eda la balanza en el fiel, cuando hab\u00eda que corregir a alguna, y cuando el fiel se inclinaba a un lado m\u00e1s que al otro, siempre era a favor de las dos grandes virtudes de su coraz\u00f3n, la humildad y la caridad. Insensiblemente estoy cayendo en repeticiones que quer\u00eda evitar, y eso se debe a la abundancia de mi coraz\u00f3n, que conserva por ese Padre santo m\u00e1s estima, amor y respeto que se pueda expresar ni imaginar\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente no ten\u00eda ning\u00fan respeto humano; aguantaba firme, por los intereses de Dios y por el bien espiritual de las casas religiosas, cualquier desprecio o perjuicio temporal que le pudiera suceder. Eso ocurr\u00eda de modo particular con ocasi\u00f3n de las entradas (al monasterio), pues con frecuencia se ve\u00eda muy importunado por Se\u00f1oras de la m\u00e1s alta alcurnia, hasta de princesas que, por la curiosidad de ver por dentro aquellas santas Comunidades, o bien, por la devoci\u00f3n de ir a pasar un d\u00eda con las religiosas, o por algunos percances a que est\u00e1n expuestos por accidentes de la vida tanto los grandes como los peque\u00f1os, pensaban que se les ten\u00eda que conceder aquello. Pero se excusaba ante todas ellas general y generosamente, dici\u00e9ndoles que no ten\u00edan ning\u00fan derecho a ello, mas con respeto y tratando de que aceptaran gustosamente su negativa con buenas razones, hasta de conciencia.<\/p>\n<p>Y como hab\u00eda algunas que hab\u00edan adquirido ese privilegio, reuni\u00f3 en diversas ocasiones a las Superioras y principales Religiosas de los monasterios para ver qu\u00e9 Se\u00f1oras eran las fundadoras y bienhechoras, a quienes era justo conceder alguna vez la entrada. Puestas de acuerdo, redactaron los nombres, y se resolvi\u00f3 excluir a todas las dem\u00e1s; y eso era lo que \u00e9l deseaba, tanto para decir, llegado el momento, que no pod\u00eda ir contra lo establecido, como para obligar a las religiosas a no dejarse vencer por su parte, porque, cuando ellas no se manten\u00edan decididas, parec\u00eda que se ofend\u00eda a aquellas grandes Se\u00f1oras al no concederles el permiso.<\/p>\n<p>Tem\u00eda much\u00edsimo que el esp\u00edritu del mundo se les colara en las casas, y que las religiosas, despu\u00e9s de haberlo dejado todo a un lado en el mundo, lo recuperaran de nuevo por la vista y el trato con los seglares, que a menudo llevan consigo la vanidad en triunfo hasta los lugares y los actos de piedad. Incluso se mantuvo firme con la Reina Madre del Rey, pero sin faltarle al respeto debido a Su Majestad, para que aceptara de buen grado que una de las Damas de honor no fuera recibida en el primer monasterio, como Su Majestad hab\u00eda deseado.<\/p>\n<p>Y cuando se trataba de dar alguna negativa, no enviaba nunca a las religiosas para no descargar sobre ellas el problema, sino que respond\u00eda \u00e9l, tanto por s\u00ed mismo como por ellas en semejantes ocasiones; pero otras veces no actuaba as\u00ed, pues era de notar en su forma de actuar que no permit\u00eda o no mandaba nada de extraordinario y que fuera de alguna importancia, sin antes aconsejarse de las Superioras, y, a veces, hasta de las Consejeras, deseando en todo, siempre que lo cre\u00eda razonable o posible, obrar de acuerdo con ellas y en conformidad con sus opiniones. Y ellas han hecho notar que todav\u00eda era m\u00e1s cuidadoso en consultar el or\u00e1culo de la Verdad, y que estaba absorto en Dios, cuando ellas le hablaban, porque, para responder a las cosas que le propon\u00edan, ped\u00eda consejo al Divino Esp\u00edritu dentro de s\u00ed mismo. De modo que al verle, cuando volv\u00eda de su recogimiento, recib\u00edan los consejos que les daba como luces enviadas del cielo. Sol\u00eda empezar tambi\u00e9n a menudo sus respuestas con estas palabras: \u00abIn nomine Domini\u00bb,que le resultaban muy familiares y habituales.<\/p>\n<p>Si tuviera que exponer aqu\u00ed al detalle todo lo que est\u00e1 escrito en las memorias de estas buenas Madres en alabanza de su digno Superior, este cap\u00edtulo tendr\u00eda una extensi\u00f3n excesiva. Por eso, nos contentaremos con a\u00f1adir a lo que acabamos de presentar, algunas observaciones m\u00e1s concretas hechas por las religiosas del monasterio de SaintDenis.<\/p>\n<p><em>\u00abSu forma de actuar \u2014<\/em>dicen<em>\u2014 siempre nos ha parecido extraordinariamente desinteresada, pues s\u00f3lo miraba los intereses de la gloria de Dios en todos los asuntos que trataba\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDesde el momento que reconoc\u00eda las \u00f3rdenes de Dios y su voluntad, las acog\u00eda como obligatorias, diciendo en sus reuniones con una suavidad maravillosa que segu\u00eda en todo el paso de la Providencia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn los consejos que daba ante las cuestiones que le planteaban, hemos se\u00f1alado que actuaba con mucha prudencia y con una estimativa tan profunda y tan clara, que no le escapaba ninguna circunstancia a sus luces. Eso nos ha sucedido en ciertos asuntos muy oscuros y embrollados, que hab\u00edan sido consultados a algunos Padres de Religi\u00f3n muy perspicaces y a Doctores muy sabios, que tardaron bastante en poder darnos la soluci\u00f3n. Acudimos a este Padre digno, y nos escribi\u00f3 con tanta claridad y solidez, penetrando en el fondo de este asunto, que nos dio el medio de salir adelante felizmente, sin interesar en ella a nuestra Comunidad, ni a la caridad del pr\u00f3jimo. Por eso, algunos confesaron que ciertamente ten\u00eda que tener el Esp\u00edritu de Dios para hacer un discernimiento tan equitativo y tan atinado. Tambi\u00e9n se ha hecho notar que nunca daba una soluci\u00f3n en el asunto que fuera, sin que se le viera previamente entrar dentro de s\u00ed mismo, como invocando la gracia del Esp\u00edritu Santo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSiempre hemos quedado enteramente satisfechas de su digna direcci\u00f3n, viendo en \u00e9l una gran plenitud de Dios y del esp\u00edritu evang\u00e9lico, con un celo suave, poderoso y abrasado por la gloria de Dios; una entereza dulce, pero inconmovible para mantener la observancia de nuestras Reglas, interes\u00e1ndose siempre de las cosas que ten\u00edamos se\u00f1aladas y de los sentimientos de nuestro Bienaventurado Padre y de nuestra digna Madre, con el fin de hacerlos cumplir con exactitud, haci\u00e9ndonos sopesar las m\u00e1s peque\u00f1as observancias como las m\u00e1s importantes. Nunca se sirvi\u00f3 de su autoridad para introducir alg\u00fan cambio en ellas, sino m\u00e1s bien para confirmarlas y consolidarlas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTenemos un ejemplo memorable, que nos ha edificado en gran manera, en la firmeza que tuvo en preferir la observancia exacta de nuestra clausura a todas las consideraciones humanas y a sus intereses particulares, negando constantemente la entrada en nuestra casa a personas influyentes, cuya categor\u00eda y riqueza habr\u00edan podido servir tanto a \u00e9l como a nosotras de gran apoyo temporal, prefiriendo la incomparable dicha de nuestra soledad a todas las vanas esperanzas del siglo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn sus visitas no ahorraba ni desvelos ni molestias para hacerlas \u00fatiles, haciendo todo con mucha exactitud, paz y amabilidad. Ten\u00eda una benignidad, que traspiraba al Esp\u00edritu de Dios. Escuchaba con igual paciencia a la \u00faltima novicia de la casa, como a la m\u00e1s antigua. Cuando reprend\u00eda los defectos, preparaba y dispon\u00eda los esp\u00edritus con tanta caridad y tanta dulzura, que m\u00e1s bien se percib\u00eda la unci\u00f3n de sus palabras, que la amargura de la correcci\u00f3n, tanta era la virtud que ten\u00eda para llevar las almas a Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPara conocer y se\u00f1alar los defectos, nos hac\u00eda entrar en juicio con Dios, y con nosotras mismas (\u00e9sas eran sus palabras). Nos dec\u00eda que las faltas m\u00e1s ligeras eran grandes, compar\u00e1ndolas con los planes y con lo que Dios espera de nosotras\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHemos se\u00f1alado que, a pesar de que sus correcciones eran siempre acompa\u00f1adas con una gran caridad y aguante; con todo, cuando reprend\u00eda las faltas que se comet\u00edan en el Oficio Divino, parec\u00eda hacerse con un esp\u00edritu nuevo, e inflam\u00e1ndose de celo santo, hablaba con tanto vigor y energ\u00eda, que imprim\u00eda en nuestros corazones el temor y el respeto de la Majestad de Dios, como un car\u00e1cter que quedaba grabado en ellos para siempre de manera imborrable. Quer\u00eda que se observaran hasta las menores ceremonias, que estaban se\u00f1aladas, y dec\u00eda que Dios recomendaba a su pueblo que guardara sus ceremonias y sus mandamientos, y que fulmin\u00f3 maldiciones tanto contra los que quebrantaban las ceremonias, como contra los infractores de sus Leyes. Nos mandaba a menudo que ley\u00e9ramos nuestras Reglas y nuestros Directorios, y todo lo que es de nuestro instituto; y quer\u00eda que lo hici\u00e9ramos con las disposiciones de los israelitas, cuando, despu\u00e9s de su cautividad, derramaban l\u00e1grimas de contrici\u00f3n, al o\u00edr la lectura de la Ley de Dios, viendo las faltas que hab\u00edan cometido\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn sus visitas nos recomendaba frecuentemente la uni\u00f3n con nuestras Superioras; pero \u2014<\/em>dec\u00eda\u2014<em> la uni\u00f3n de los corazones y deferencia a sus sentimientos hasta en las cosas indiferentes; el respeto y la condescendencia entre nosotras; y, sobre todo, asentir a los consejos de las antiguas, pues en ellas quer\u00eda que se honrara al Antiguo de d\u00edas. Cuando correg\u00eda alg\u00fan defecto contra la caridad, invocaba sobre nosotras el esp\u00edritu de mansedumbre de nuestro Santo Fundador. Nos ense\u00f1aba que nuestro silencio deb\u00eda honrar el del Verbo Divino en la tierra. Y nos dec\u00eda que nos entreg\u00e1ramos a El por medio de la pr\u00e1ctica de una perfecta obediencia a Dios, a nuestras Reglas y a nuestros Superiores, y que, al hacer el voto de obediencia, nos hab\u00edamos desprendido de nuestra propia direcci\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abQuer\u00eda que despu\u00e9s de las visitas se hiciera un resumen de las cosas m\u00e1s \u00fatiles que hab\u00edan ocurrido, y que se leyera de vez en cuando en el Cap\u00edtulo. Esta lectura \u2014dec\u00eda\u2014 atrae la gracia; y, en efecto, seg\u00fan sus designios, ella siempre ten\u00eda la bendici\u00f3n de renovarnos en las disposiciones de fervor, de puntualidad y de recogimiento, con que hab\u00edan sido impuestas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abOrientaba las casas que gobernaba hacia un gran desapego y a una perfecta abnegaci\u00f3n, y ense\u00f1aba que se evitara todo lo que llevara al brillo, al aprecio de las criaturas y a todo lo que puede exponer y conducir a las religiosas a la comunicaci\u00f3n con los seglares. Nos hac\u00eda disfrutar la felicidad que tenemos de estar fuera de Par\u00eds, y separadas del trato del gran mundo, oblig\u00e1ndonos a mortificar toda clase de curiosidades, como los libros y la comunicaci\u00f3n con las personas espirituales, que pod\u00edan ser sospechosas de las opiniones peligrosas del tiempo; y nos aconsejaba que tuvi\u00e9ramos nuestras mentes fijas en los escritos de nuestro Bienaventurado Padre, hacia quien sent\u00eda una veneraci\u00f3n muy especial\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abCon ese esp\u00edritu de abnegaci\u00f3n nos hizo que di\u00e9ramos una cordial negativa a las Reverendas Madres Ursulinas, que viv\u00edan cerca de nuestro monasterio, para usar del permiso que hab\u00edan obtenido del Sr. Superior de ellas, para visitar a algunas de nuestras Hermanas parientes suyas, y para ver nuestra Comunidad, cuando fu\u00e9 derribada la pared medianera que nos separaba, dici\u00e9ndonos que las Religiosas est\u00e1n muertas al mundo, y que no deben conocer m\u00e1s parientes en la tierra\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abNos hablaba poco, pero, ya lo hemos hecho notar, una sola palabra suya hac\u00eda m\u00e1s efecto que unos sermones enteros por la eficacia del Esp\u00edritu de Dios que hablaba en \u00e9l y por los s\u00f3lidos fundamentos que su vida daba al aprecio que se ten\u00eda de su santidad. Una Hermana nos ha dicho que hab\u00eda tenido la dicha de confesarse con \u00e9l, y que le hab\u00eda dicho en cuatro palabras lo que m\u00e1s necesitaba a prop\u00f3sito de una pena que sent\u00eda, pero tan atinadas, que qued\u00f3 tan sorprendida como satisfecha\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDijo a otra Hermana, al aconsejarle la pr\u00e1ctica de la presencia de Dios, que desde que se hab\u00eda entregado a El, no hab\u00eda hecho nunca a solas nada, que no hubiera querido hacer en un sitio p\u00fablico, porque\u2014<\/em>dec\u00eda<em>\u2014 la presencia de Dios de be tener m\u00e1s poder sobre nuestra alma, que la vista de todas las criaturas juntas\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn cuanto a su caridad, entre un grand\u00edsimo n\u00famero de ejemplos que podr\u00edamos presentar, le hemos visto exponer la salud y el tiempo que le era tan caro y tan precioso, preocup\u00e1ndose, al final de su vida, cuando estaba agobiado por los asuntos y las enfermedades, de venir varias veces aqu\u00ed para disuadir, a una pobre Hermana que ten\u00edamos de tornera para el exterior, del prop\u00f3sito que ten\u00eda de que la dispensaran del voto para poder casarse. El Santo Var\u00f3n, creyendo que en aquel cambio hab\u00eda peligro para su salvaci\u00f3n, le habl\u00f3 con razones tan persuasivas, que hubieran sido capaces de ablandar un coraz\u00f3n de acero\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTrataba con tanta circunspecci\u00f3n las materias relacionadas con la caridad, que nunca dec\u00eda la menor palabra que la pudiera afectar de la forma que fuera. Y cuando era preciso descubrir alg\u00fan defecto del pr\u00f3jimo para asegurarse de la verdad, desde el momento en que lo hab\u00eda descubierto, ten\u00eda una santa habilidad que le hac\u00eda averiguar y manifestar las ventajas de aquella persona, para borrar totalmente la impresi\u00f3n del mal\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSe sent\u00eda una suavidad sin par al verle actuar en los asuntos; les dedicaba el tiempo necesario para tratarlos a fondo. Su igualdad inalterable le daba una presencia de \u00e1nimo en todo, incluso para alegrar a los que \u00e9l trataba, sobre todo, a los enfermos y a las personas atribuladas por las que sent\u00eda una caridad incomparable. Su buen coraz\u00f3n se adaptaba a todas sus debilidades, tanto del cuerpo como del esp\u00edritu. As\u00ed pod\u00eda ciertamente decir con San Pablo: Me he hecho todo a todos para ganarlos a todos para Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSu deferencia y su respeto a toda clase de personas eran admirables, y la atenci\u00f3n que ten\u00eda para hablar bien de ellas tan grande como la que siempre ten\u00eda en despreciarse, en declararse pecador y en humillarse en toda ocasi\u00f3n para mayor gloria de Dios y edificaci\u00f3n del pr\u00f3jimo\u00bb..<\/em><\/p>\n<p>He ah\u00ed lo que las virtuosas religiosas de Santa Mar\u00eda han atestiguado acerca de su Padre Superior. Cuando menos, eso ha sido lo principal de lo que hemos recogido de sus Memorias. Omitimos, para abreviar, otros consejos espirituales, contenidos en esas mismas memorias, que el Sr. Vicente dio en diversas circunstancias a sus queridas Hijas, tanto en general como en particular, referentes a la pr\u00e1ctica de las virtudes que les eran m\u00e1s convenientes, y especialmente a la uni\u00f3n y a la caridad que deb\u00edan tener entre s\u00ed, a la obediencia para con las que estaban encargadas de su direcci\u00f3n, a la fidelidad a las Observancias, al recogimiento interior, a la oraci\u00f3n, a la preparaci\u00f3n para los sacramentos, a la pureza de intenci\u00f3n, al amor de la pobreza, a la necesidad de la mortificaci\u00f3n, a la perseverancia, y a otras parecidas.<\/p>\n<p>Como el Sr. Vicente ten\u00eda un coraz\u00f3n abrasado en caridad para con el pr\u00f3jimo no pod\u00eda menos de comunicar alguna chispa de ese fervor a sus queridas Hijas, y llevarlas, en tanto que se lo pod\u00eda permitir su condici\u00f3n, a procurar la salvaci\u00f3n y el consuelo de las almas, no s\u00f3lo con las oraciones de ellas, sino tambi\u00e9n con unas ayudas efectivas. Cre\u00eda que eso estaba conforme con el esp\u00edritu de su Instituto, y con las intenciones de su Bienaventurado Padre y Fundador. No cre\u00eda que fuera bastante con que ellas practicaran su caridad entre s\u00ed, sino que deseaba que la luz y el calor del fuego divino, que \u00e9l trataba de encender en sus corazones, saliera tambi\u00e9n fuera del monasterio para comunicarse a otras, y procurara en \u00e9l el orden, la regularidad, la uni\u00f3n y toda clase de otros bienes espirituales. Precisamente por eso el caritativo Superior ha llevado siempre a las Religiosas de Santa Mar\u00eda a aceptar las ocasiones que se les ha presentado para ir a introducir la reforma en monasterios que estaban necesitados de ella. Solamente aduciremos aqu\u00ed un ejemplo, que bastar\u00e1 para dar a conocer las santas disposiciones del caritativo Padre espiritual y de sus virtuosas Hijas en esta materia.<\/p>\n<p>Hace ya varios a\u00f1os que, por la piedad y por los favores de la difunta Se\u00f1ora de Maignelay, su memoria es bendita, y por la intervenci\u00f3n de otras personas virtuosas y caritativas, se fund\u00f3 el monasterio de Santa Magdalena, cerca del Temple de Par\u00eds, para que sirviera de lugar de acogida a las j\u00f3venes y mujeres, que, habiendo vivido una vida desordenada, tuvieran el prop\u00f3sito de retirarse all\u00ed y convertirse enteramente a Dios. Como desde el comienzo de la fundaci\u00f3n se vio que faltaba la parte principal, a saber, una buena direcci\u00f3n dentro de aquella casa, porque las personas que hab\u00edan sido recogidas all\u00ed, carec\u00edan de experiencia y de otras cualidades requeridas para tal funci\u00f3n, se pens\u00f3 en los medios con que podr\u00eda suplirse dicha carencia, y desde entonces determinaron introducir all\u00ed las religiosas de la Visitaci\u00f3n, y encargarlas de la direcci\u00f3n del nuevo monasterio, porque se las consider\u00f3 m\u00e1s aptas que otras, a causa del esp\u00edritu de su Instituto, que les obliga a hacer profesi\u00f3n particular de caridad y de mansedumbre, virtudes propias para ganarse el afecto de aquellas pobres penitentes y atraerlas con lazos de amor a Jesucristo. Le hablaron tambi\u00e9n del caso al Bienaventurado Obispo de Ginebra, quien predijo que aquello podr\u00eda hacerse alg\u00fan d\u00eda, pero que a\u00fan no hab\u00eda llegado la hora. Por fin, unos a\u00f1os m\u00e1s tarde, le hicieron la propuesta al Sr. Vicente, y despu\u00e9s de haber considerado ante Dios la importancia de la obra, qued\u00f3 firmemente persuadido de que las Religiosas de Santa Mar\u00eda deb\u00edan encargarse de ella. Por eso, habl\u00f3 a la Madre Elena l\u2019Huillier, Superiora del primer monasterio, y la prepar\u00f3 con su comunidad, a pesar del temor que ten\u00edan por ser una empresa tan dif\u00edcil, a hacerse cargo de la casa, anim\u00e1ndolas por el m\u00e9rito de la obra y las ayudas que deb\u00edan esperar de Dios.<\/p>\n<p>El a\u00f1o 1629 destin\u00f3 a cuatro Religiosas del primer monasterio de la Visitaci\u00f3n, para que se trasladaran al de Santa Magdalena, cuyos primeros cargos, a saber, de Priora, Directora, Portera, etc., les fueron encomendados por la autoridad del Sr. Arzobispo de Par\u00eds. De vez en cuando, las han cambiado para aligerarlas del mucho trabajo que all\u00ed tienen. Pues bien, su direcci\u00f3n ha estado acompa\u00f1ada de tantas bendiciones, que han logrado imponer un orden maravilloso en aquella gran comunidad, de forma que, desde hace m\u00e1s de treinta a\u00f1os, todo ha transcurrido con edificaci\u00f3n; y el monasterio de Santa Magdalena ha logrado producir otros dos: uno en Ru\u00e1n, y otro en Burdeos. El Sr. Vicente ha contribuido a todo eso con sus sabios consejos y con sus desvelos caritativos, yendo, o escribiendo a menudo a aquella casa, y procur\u00e1ndole virtuosos confesores, que pudieran contribuir a mantener en ella la paz, la obediencia, y el buen orden de todo lo que est\u00e1 relacionado con el servicio de Dios.<\/p>\n<p>Al principio hubo grandes obst\u00e1culos para la ejecuci\u00f3n de aquel buen proyecto, y mucho que arreglar. Por eso, el Sr. Vicente, usando de su prudencia habitual, procur\u00f3 diversas reuniones de doctores y de otras personas de insigne piedad, para hacerse con medios con los que superar las dificultades y resolver las dudas, con el fin de obrar con mayor seguridad en un asunto de aquella importancia, que afectaba a la edificaci\u00f3n del p\u00fablico y el bien espiritual de tantas pobres criaturas. Gracias a ese medio se las saca del naufragio, y se las lleva a aquel sitio, como a un puerto de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Suelen ser, de ordinario, unas cien o ciento veinte. Algunas hacen los votos solemnes de religi\u00f3n. Otras, no los hacen, pero viven all\u00ed por propia voluntad, y llevan una vida reglada. Tambi\u00e9n hay otras a las que se las mete a la fuerza, y que son retenidas a su pesar. Pero Dios, que es rico en misericordia, a algunas les hace la gracia de pasar del tercer estado al segundo, y del segundo al primero por los caritativos cuidados que tienen con ellas las Religiosas de la Visitaci\u00f3n, que tienen mucho que sufrir, tanto dentro como fuera, desde que han sido encargadas de la direcci\u00f3n. Mas Dios les ha hecho la gracia de superar por su humildad, mansedumbre y paciencia, todas las contrariedades, persecuciones y calumnias, que el demonio y el mundo han promovido contra ellas. Han estado muy ayudadas por el Sr. Vicente, que las ha animado continuamente a la perseverancia, haci\u00e9ndoles ver cu\u00e1nta gloria daban a Dios su paciencia y su caridad, c\u00f3mo adquir\u00edan m\u00e9ritos y atra\u00edan tambi\u00e9n bendiciones para toda su Orden, pues era un gran honor para ellas hacer lo que hab\u00edan hecho los Ap\u00f3stoles, y lo que Jesucristo en persona hab\u00eda venido a hacer en la tierra, que es convertir las almas a Dios. He aqu\u00ed lo que \u00e9l escribi\u00f3 un d\u00eda a este prop\u00f3sito a la Madre Ana Mar\u00eda Bollain, que fue la primera Superiora que se mand\u00f3 al monasterio de Santa Magdalena. En \u00e9l trabaj\u00f3 varios a\u00f1os con gran fruto.<\/p>\n<p><em>\u00abNuestro Se\u00f1or \u2014<\/em>le dice<em>\u2014 que nos llama a lo m\u00e1s perfecto, ver\u00e1 la continuaci\u00f3n de sus servicios en la Magdalena con mayor agrado que si obrara usted de otro modo. La gracia de la perseverancia es la m\u00e1s importante de todas; es la que corona todas las dem\u00e1s gracias. Y la muerte que nos encuentra con las armas en la mano es la m\u00e1s gloriosa y la m\u00e1s deseable.<\/em><\/p>\n<p><em>Nuestro Se\u00f1or termin\u00f3 como vivi\u00f3: su vida fu\u00e9 ruda y penosa; su muerte, rigurosa y llena de angustia, sin mezcla de consuelos humanos. Por eso, varios Santos han tenido esa devoci\u00f3n; la de morir solos, y la de ser abandonados de los hombres, con la confianza que ten\u00edan de que s\u00f3lo Dios los socorrer\u00eda. Estoy seguro, mi querida Hermana, que usted s\u00f3lo le busca a El, y que entre las buenas acciones que se le presentan para hacer, usted prefiere siempre aqu\u00e9llas en las que se d\u00e9 m\u00e1s gloria a El y menos al inter\u00e9s de usted\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Adem\u00e1s de las consideraciones precedentes por las que el Sr. Vicente conduc\u00eda con tanto cari\u00f1o a aquellas buenas Hijas de la Visitaci\u00f3n a persistir en aquella empresa caritativa, tal como lo han venido haciendo en adelante, y lo hacen a\u00fan hoy en d\u00eda, hab\u00eda una que \u00e9l consideraba no menos importante que las dem\u00e1s. Era el temor que ten\u00eda, de que si aquellas Religiosas se retiraban o renunciaban a su direcci\u00f3n, se introdujera en aquella casa el veneno de los nuevos errores que algunos intentaban difundir por todas partes. Dec\u00eda que, adem\u00e1s del perjuicio que recib\u00eda la fe y la Religi\u00f3n, se trataba de una ciza\u00f1a muy peligrosa y fuente de divisi\u00f3n para las Comunidades, que el enemigo sembraba secretamente, cuando no se estaba vigilante, como la experiencia lo hab\u00eda dado a conocer con demasiada frecuencia.<\/p>\n<p>Antes de acabar este cap\u00edtulo, hemos pensado que era conveniente para edificaci\u00f3n del Lector, insertar dos p\u00e1rrafos que han sido escritos de pu\u00f1o y letra por el Sr. Vicente, relativos a dos grandes siervas de Dios del Instituto de la Visitaci\u00f3n, que dar\u00e1n a conocer unas gracias notables y extraordinarias que Dios quiso conceder a su fiel Siervo, y tambi\u00e9n manifestar\u00e1n cada vez m\u00e1s la santidad del Bienaventurado Francisco de Sales, Fundador de esta santa Orden y de la Venerable Madre Juana Francisca Fr\u00e9miot, que ha sido su Fundadora. He aqu\u00ed c\u00f3mo habla en el primero:<\/p>\n<p><em>\u00abPlace a la Bondad de Dios realizar a veces milagros por medio de sus Santos para testimoniar su santidad. Referir\u00e9 aqu\u00ed uno del que he sido testigo, que ocurri\u00f3 en la persona de Sor M. M., Religiosa de la Visitaci\u00f3n de Santa Mar\u00eda, en el monasterio del arrabal de SaintJacques, en Par\u00eds\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHac\u00eda unos seis a\u00f1os que la mencionada Religiosa se ve\u00eda atormentada por una horrible tentaci\u00f3n de odio contra Dios, contra el Sant\u00edsimo Sacramento y contra todos los actos de la santa Religi\u00f3n, de forma que blasfemaba contra Dios y le maldec\u00eda tantas veces cuantas se le dec\u00eda que lo alabase o escuchaba las alabanzas de las otras Religiosas. Cuando estaba en el coro, se le o\u00eda proferir en voz suficientemente alta y clara blasfemias y maldiciones extra\u00f1as contra Dios. Su Superiora le quer\u00eda obligar a hacer alg\u00fan acto de ofrecimiento a Dios; ella le respond\u00eda que no ten\u00eda m\u00e1s Dios que el diablo. En una palabra, sent\u00eda tanta c\u00f3lera y rabia en su interior contra su Divina Majestad, que en varias ocasiones estuvo a punto de suicidarse para ir m\u00e1s pronto al infierno, seg\u00fan dec\u00eda ella misma, adonde deseaba ir para poder maldecir a Dios a sus anchas, ya que en eso consist\u00edan todas sus delicias\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDespu\u00e9s de que su reverenda Madre Superiora la present\u00f3 a algunos Prelados, a ciertos religiosos y a otras personas entendidas en cosas interiores, siguiendo sus consejos, orden\u00f3 que la examinaran tambi\u00e9n los m\u00e9dicos, por orden de los cuales le hizo tomar gran cantidad de remedios. Pero todo fu\u00e9 in\u00fatil; por lo que finalmente aquella buena Madre, llena de confianza en que, si le aplicaba un trozo de roquete del Bienaventurado Obispo de Ginebra, lograr\u00eda curarse, hizo efectivamente lo que pensaba. Y al cabo de unos pocos d\u00edas, se produjo la curaci\u00f3n en un instante, de forma que su esp\u00edritu, que hasta entonces se hab\u00eda visto tan perturbado, se tranquiliz\u00f3 de repente; su cuerpo, muy debilitado, recobr\u00f3 las energ\u00edas, recuper\u00f3 el apetito y el sue\u00f1o, que hab\u00eda perdido por completo; y todo esto se realiz\u00f3 en un momento, y desde entonces ha conservado el esp\u00edritu muy fuerte y bueno, e igualmente el cuerpo, como si no hubiera tenido ning\u00fan mal anteriormente, y sin que quedara ning\u00fan rastro del mismo. Y ha llegado a alcanzar un estado tal, que ha podido ejercer con bendici\u00f3n los cargos del monasterio, y en la actualidad es maestra de novicias\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLo que me hace creer que se trata de una curaci\u00f3n milagrosa es que sigui\u00f3 a la aplicaci\u00f3n del roquete del Bienaventurado Obispo de Ginebra, y que los remedios humanos no hab\u00edan servido de nada: su mal aument\u00f3 despu\u00e9s de la aplicaci\u00f3n de aquel roquete, tal como sucede de ordinario en las curaciones milagrosas, pero luego se cur\u00f3 en un instante, seg\u00fan la perfecta confianza de la Madre Superiora, y ella cree, con la misma certeza que si lo viera u oyera por s\u00ed misma, que Nuestro Se\u00f1or le ha concedido esta gracia por los m\u00e9ritos de ese Bienaventurado Obispo y la aplicaci\u00f3n del roquete. Eso mismo lo atestiguo yo por haber hablado con dicha Religiosa durante su enfermedad y despu\u00e9s de su curaci\u00f3n, y por haber sabido los detalles por boca de la Madre Superiora y de la misma Religiosa inmediatamente despu\u00e9s de la curaci\u00f3n, que tuvo lugar el mismo d\u00eda que yo hac\u00eda la visita a dicho monasterio por autorizaci\u00f3n del Ilustr\u00edsimo y Reverend\u00edsimo Sr. Arzobispo de Par\u00eds\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Aunque, despu\u00e9s del testimonio del humilde Siervo de Dios, no hay lugar para dudar de esa extraordinaria y milagrosa curaci\u00f3n ocurrida por los m\u00e9ritos del Bienaventurado Obispo de Ginebra, Fundador de la Orden de la Visitaci\u00f3n, que posteriormente ha obrado tantos milagros; y que es justo que el Santo Obispo sea reconocido como el verdadero autor, despu\u00e9s de Dios, que por ello ser\u00e1 tanto m\u00e1s honrado y glorificado en su Santo; con todo, hay unas circunstancias dignas de notarse, que han acompa\u00f1ado o seguido a dicha curaci\u00f3n milagrosa, y que est\u00e1n relacionadas con el Sr. Vicente, y que dan a conocer que Dios ha querido en primer lugar que aqu\u00e9l tuviera alguna parte en dicho bien.<\/p>\n<p>1. Por eso vamos a se\u00f1alar en primer lugar, que Dios ha querido hacer esa gracia al digno Superior, porque las visitas que ha hecho de vez en cuando a las casas de la Visitaci\u00f3n, seg\u00fan atestiguan las Religiosas, habitualmente han producido en ellas unas gracias particulares. Y, entre otras, que algunas Religiosas que sufr\u00edan penas muy dolorosas y estaban atormentadas por tentaciones muy molestas se hallan totalmente libres de ellas, y, en ocasiones, en un instante, despu\u00e9s que las hubo hablado<\/p>\n<p>2. La Visita, de la que se habla en ese escrito, era la primera de las que hab\u00eda hecho en el segundo monasterio de la Visitaci\u00f3n de Par\u00eds, que fue hacia el a\u00f1o 1623. El a\u00fan viv\u00eda en casa del difunto Sr. General de las Galeras, unos a\u00f1os antes de la fundaci\u00f3n de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n<\/p>\n<p>3. Cuando vio en aquella visita a la buena Religiosa obsesionada de aquella manera, y atribulada por una pena tan espantosa, qued\u00f3 muy impresionado con un gran sentimiento de compasi\u00f3n; y, por un especial movimiento de caridad, se puso a rezar por ella. E inmediatamente aquella Religiosa qued\u00f3 repentinamente libre; as\u00ed que, todav\u00eda (como ya lo hemos dicho), despu\u00e9s de Dios, la principal gloria de la curaci\u00f3n milagrosa corresponde al Bienaventurado Francisco de Sales, Obispo de Ginebra, por cuya intercesi\u00f3n, hay motivos serios para creer, Dios ha liberado a la buena Religiosa de sus horribles penas y tentaciones. Pero, sin quitar nada al honor debido a este santo Prelado, puede afirmarse tambi\u00e9n que, por la intercesi\u00f3n del Sr. Vicente, cuya virtud hab\u00eda apreciado y querido mucho el Santo durante su vida, la pudo invitar de una manera m\u00e1s particular, a emplear sus intercesiones ante Dios, para favorecer a quien le prestaba un servicio tan fiel y tan de su agrado en la persona de sus queridas Hijas.<\/p>\n<p>El segundo escrito contiene las siguientes palabras:<\/p>\n<p><em>\u00abNos, Vicente de Pa\u00fal, indigno Superior General de los Sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, certificamos que, hace unos veinte a\u00f1os, Dios nos concedi\u00f3 la gracia de tratar con la difunta Venerable Madre de Chantal, Fundadora de la santa Orden de la Visitaci\u00f3n de Santa Mar\u00eda, tanto de palabra como por escrito, no s\u00f3lo en el primer viaje que hizo a esta ciudad, hace unos veinte a\u00f1os, sino tambi\u00e9n en otros que hizo luego, en todos los cuales me honr\u00f3 con la confianza de manifestarme su vida interior, que siempre me pareci\u00f3 que estaba llena de toda clase de virtudes, especialmente de fe, a pesar de que durante toda su vida se vi\u00f3 tentada con pensamientos contrarios, y que ten\u00eda una incomparable confianza en Dios y un amor inmenso a su Divina Bondad, un esp\u00edritu justo, prudente, templado y fuerte en un grado eminente, distingui\u00e9ndose tambi\u00e9n en la humildad, la mortificaci\u00f3n, la obediencia, el celo de la santificaci\u00f3n de su santa Orden y de la salvaci\u00f3n de las almas del pobre pueblo, en una palabra, nunca observ\u00e9 en ella ninguna imperfecci\u00f3n, sino un ejercicio continuo de toda clase de virtudes y, que, a pesar de gozar aparentemente de la paz y de la tranquilidad del esp\u00edritu de que gozan las almas que han llegado a tan alto grado de virtud, sufr\u00eda sin embargo penas interiores tan grandes, que me dijo y escribi\u00f3 varias veces que su alma estaba llena de tentaciones y abominaciones, y que ten\u00eda que esforzarse continuamente en apartar la mirada de su interior por no soportar la vista de su alma, tan llena de horrores, que le parec\u00eda la imagen del infierno. A pesar de sufrir de ese modo, nunca perdi\u00f3 la serenidad de su rostro, ni se desvi\u00f3 en lo m\u00e1s m\u00ednimo de la fidelidad que Dios le ped\u00eda en el ejercicio de las virtudes cristianas y religiosas, ni en la solicitud prodigiosa que ten\u00eda por su santa Orden. Por eso, creo que era una de las almas m\u00e1s santas que he conocido en la tierra, y que es ahora bienaventurada en el cielo. No dudo que Dios manifestar\u00e1 alg\u00fan d\u00eda su santidad, como he o\u00eddo que ya lo ha hecho en varios lugares de este Reino de diversas maneras. He aqu\u00ed una que le ha sucedido a una persona digna de fe, de la que estoy seguro que preferir\u00eda antes morir que decir una mentira\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEsa persona me ha dicho que, cuando se enter\u00f3 de que nuestra difunta se hallaba en extrema gravedad, se puso de rodillas para rezar a Dios por ella. El primer pensamiento que le vino a la mente fu\u00e9 hacer un acto de contrici\u00f3n por los pecados que hab\u00eda cometido y comete de ordinario; inmediatamente despu\u00e9s se le apareci\u00f3 un peque\u00f1o globo como de fuego, que se elevaba de la tierra y se fu\u00e9 a unirse, en la regi\u00f3n superior del aire, con otro globo mayor y m\u00e1s luminoso; luego, los dos, reducidos a uno solo, se elevaron m\u00e1s arriba, entraron y empezaron a brillar en otro globo infinitamente m\u00e1s grande y m\u00e1s luminoso que los otros. Entonces se le dijo interiormente a aquella persona que el primer globo era el alma de nuestra Venerable Madre; el segundo, el de nuestro Bienaventurado Padre, y el otro la esencia divina, y que el alma de nuestra digna Madre se hab\u00eda reunido con la de nuestro Bienaventurado Padre, y ambos con Dios, su soberano principio\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abMe dijo tambi\u00e9n aquella persona, que es un sacerdote, que, al celebrar la Santa Misa por nuestra digna Madre, inmediatamente despu\u00e9s de saber la noticia de su bienaventurado tr\u00e1nsito, cuando estaba en el segundo Memento, en que se reza por los muertos, pens\u00f3 que hac\u00eda bien al rezar por ella, pues quiz\u00e1s estaba en el purgatorio por ciertas palabras que hab\u00eda dicho en una ocasi\u00f3n, que parec\u00edan ser pecado venial, y que entonces volvi\u00f3 a ver la misma visi\u00f3n, los mismos globos y su uni\u00f3n, y que le qued\u00f3 un sentimiento interior de que aquella alma era ya bienaventurada y no ten\u00eda necesidad de oraciones. Esto se le qued\u00f3 tan grabado en el alma al sacerdote, que le parece que la ve siempre en ese estado cada vez que piensa en ella\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLo que puede hacer dudar de esta visi\u00f3n es que aquella persona tiene tan gran aprecio de la santidad de aquella alma bienaventurada, que no lee jam\u00e1s sus Respuestas sin llorar, pensando que es Dios quien inspir\u00f3 lo que ellas contienen, y que dicha visi\u00f3n es por tanto un efecto de su imaginaci\u00f3n. Pero lo que le hace pensar que se trata de una verdadera visi\u00f3n es que esa persona no se muestra nunca inclinada a tenerlas, y nunca ha tenido m\u00e1s visi\u00f3n que \u00e9sta<\/em>\u00ab. \u00abEn fe de lo cual firmo la presente con mi propia mano y la sello con mi sello\u00bb. VICENTE DE PAUL<\/p>\n<p>Esta declaraci\u00f3n del Sr. Vicente es del a\u00f1o 1642. Es \u00e9l quien habla en tercera persona, cuando habla de la visi\u00f3n de los globos; es a \u00e9l a quien Dios manifest\u00f3 la bienaventuranza de los Santos Fundadores del devoto Instituto de la Visitaci\u00f3n. Pero antes de escribir nada y de hablar a nadie, acudi\u00f3 donde el difunto Sr. Arzobispo de Par\u00eds, al que refiri\u00f3 la cosa y le dijo todo sencillamente tal como hab\u00eda sucedido, para escuchar su parecer y no equivocarse. Tambi\u00e9n se puso al habla con el R. P.<\/p>\n<p>Don Mauricio, un barnabita, con quien se encontr\u00f3 en el monasterio de Santa Mar\u00eda del arrabal de SaintJacques, y le pregunt\u00f3 si pod\u00eda fiarse de que aquello no fuera un enga\u00f1o del demonio. Y como ambos le afirmaran que ten\u00eda todas las se\u00f1ales que pod\u00edan desearse, para juzgar que era el Esp\u00edritu de Dios el que le hab\u00eda revelado el secreto, y que pod\u00eda estar seguro de ello, pens\u00f3 que deb\u00eda dar parte de aquel consuelo a algunas Religiosas de la misma Orden, a quienes ve\u00eda sensiblemente afectadas por la p\u00e9rdida de su buena Madre, cont\u00e1ndoles detalles de aquella visi\u00f3n, que m\u00e1s adelante puso por escrito, para que perdurara su memoria.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Asistencias y servicios prestados a los monasterios de las Religiosas de la Visitaci\u00f3n de Santa Mar\u00eda de la di\u00f3cesis de Par\u00eds por el Sr. Vicente durante el tiempo en que fue su Superior y Padre &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-7\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218],"class_list":["post-34667","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 7 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-7\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 7 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Asistencias y servicios prestados a los monasterios de las Religiosas de la Visitaci\u00f3n de Santa Mar\u00eda de la di\u00f3cesis de Par\u00eds por el Sr. Vicente durante el tiempo en que fue su Superior y Padre ... 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