{"id":34665,"date":"2020-07-29T08:48:29","date_gmt":"2020-07-29T06:48:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/04\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-6\/"},"modified":"2020-07-07T18:29:33","modified_gmt":"2020-07-07T16:29:33","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-6","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-6\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 6"},"content":{"rendered":"<p><strong>Los pensionarios encerrados en San L\u00e1zaro<\/strong><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la relaci\u00f3n de las misiones expuesta en el primer Cap\u00edtulo del Libro segundo, hemos hablado en los cuatro siguientes de cuatro grandes obras en las que el Sr. Vicente, fortalecido por el esp\u00edritu de Dios, ha trabajado con celo y bendici\u00f3n para el servicio del estado eclesi\u00e1stico, a saber: de los Ejercicios de la Ordenaci\u00f3n, de las Conferencias, de los Retiros Espirituales y de los Seminarios. En cierta manera podemos decir que vienen a ser como cuatro r\u00edos m\u00edsticos que, manando de un mismo manantial, contin\u00faan siempre fluyendo felizmente para regar y fertilizar el jard\u00edn de la Iglesia. Ahora vamos a ver las dem\u00e1s obras; a ellas se dedic\u00f3 impulsado por el mismo Esp\u00edritu, y han extendido su utilidad a toda clase de personas y de estados.<\/p>\n<p>Empezaremos por la que parece de menor entidad a los ojos de los hombres, aunque sea muy \u00fatil para la sociedad, y, lo que es m\u00e1s, muy preciosa ante Dios, ya que la humildad y la caridad, que son las virtudes que m\u00e1s le agradan, han brillado aqu\u00ed de forma muy especial. A esta caritativa ocupaci\u00f3n se dedic\u00f3 el Sr. Vicente desde el momento en que empez\u00f3 a habitar la casa de San L\u00e1zaro, cuya puerta siempre ha mantenido abierta para recibir en ella a dos clases de personas. Los primeros son los j\u00f3venes incorregibles en su desordenada vida; los podemos llamar hijos de dolor para sus padres y sus madres, oprobio y ruina de sus casas que, por haber frecuentado malas compa\u00f1\u00edas y haberse entregado y abandonado a toda clase de vicios, excesos y libertinajes, han terminado cayendo en una situaci\u00f3n digna de l\u00e1stima. Sus padres, despu\u00e9s de haber empleado in\u00fatilmente todos los remedios que se les han podido ocurrir para volverlos a raz\u00f3n, han reconocido finalmente que no les quedaba otra soluci\u00f3n que privarlos de la libertad tan mal administrada por ellos, y encerrarlos en San L\u00e1zaro. Aqu\u00ed son recibidos con el permiso del juez, y tratados seg\u00fan pensi\u00f3n, tanto para su alojamiento como para su alimentaci\u00f3n, y no se les permite ver a nadie de fuera, sino con el consentimiento de los que los han hecho encerrar, y tampoco los ven ni conocen los de casa, sino solamente los que est\u00e1n puestos para prestarles alg\u00fan servicio. Hay unos Hermanos destinados para las necesidades corporales de ellos, y sacerdotes para las del alma. Aqu\u00e9llos cuidan de su alimentaci\u00f3n y de otras necesidades externas; y \u00e9stos los visitan, consuelan y animan a cambiar de vida, a dejar el vicio, y a iniciarse en el bien y en la virtud, haci\u00e9ndoles ver las desgracias temporales y eternas de su vida desordenada, y el provecho que sacan para su honor como para su salvaci\u00f3n los hijos obedientes y los hombres prudentes y temerosos de Dios. El encontrarse solos y humillados es muy \u00fatil para hacerles abrir los ojos, y aprovechar tantos consejos saludables como se les da, igual que las buenas lecturas espirituales que les obligan a hacer. Se les mantiene all\u00ed de ordinario hasta que se noten en ellos se\u00f1ales seguras de una verdadera conversi\u00f3n, y se les vea dispuestos para vivir m\u00e1s dignamente y para portarse con m\u00e1s juicio en lo futuro. Pero antes de salir, se les obliga a practicar los Ejercicios Espirituales para prepararlos a hacer una buena confesi\u00f3n general y a recibir dignamente la Sagrada Comuni\u00f3n del Cuerpo de Jesucristo. Como consecuencia, se ve que varios llevan una vida buena, y que emplean \u00fatil y cristianamente su tiempo. Hasta hay algunos que han aprovechado de tal modo su estancia en San L\u00e1zaro que, cuando han salido, los han hallado capacitados y dignos de ser elevados a los primeros cargos de la judicatura y de otros oficios de grand\u00edsima importancia, y en ellos, con la gracia de Dios, han logrado triunfar.<\/p>\n<p>Escuchemos, a prop\u00f3sito de eso, a un eclesi\u00e1stico de singular piedad, que conoce bien esta cuesti\u00f3n<\/p>\n<p><em>\u00abUn testimonio dice del celo del difunto Sr. Vicente, y que siempre he considerado como un prodigio de gracia que Dios le concedi\u00f3 a este Santo Var\u00f3n, es que, adem\u00e1s de que recib\u00eda en su casa a toda clase de personas para ganarlas a Dios, lleg\u00f3 hasta a abrirla a los j\u00f3venes disolutos e incorregibles, lo cual no es peque\u00f1o consuelo para sus padres que, de ordinario, no saben qu\u00e9 hacer. Son recibidos y tratados con tanta benignidad como orden, pues viven all\u00ed casi como unos religiosos, en edificio aparte, haciendo puntualmente todos los actos de piedad a las horas se\u00f1aladas. Y algunos han mejorado tanto que, al salir, se han retirado al claustro, y han abrazado el estado religioso\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Adem\u00e1s de esos j\u00f3venes d\u00edscolos, tambi\u00e9n han sido recibidos en la casa de San L\u00e1zaro otros que han perdido la raz\u00f3n, y que, como por eso resultan una carga para sus parientes, y verg\u00fcenza para sus familiares, no hay duda de que sirve de gran consuelo para la gente el que haya un lugar de acogida, como ese de San L\u00e1zaro, donde, con una pensi\u00f3n razonable, son alojados, servidos y atendidos con grand\u00edsima caridad.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente pon\u00eda sumo cuidado en procurar el consuelo a los j\u00f3venes libertinos, y el alivio de los otros, que viven en la amencia y en la confusi\u00f3n de su mente. He aqu\u00ed con qu\u00e9 t\u00e9rminos habl\u00f3 un d\u00eda a su Comunidad:<\/p>\n<p><em>\u00abEncomiendo a las oraciones de la Compa\u00f1\u00eda a los pensionarios de casa, tanto a los que est\u00e1n enfermos de la mente como a los que no lo est\u00e1n, y, entre otros, a un sacerdote, que, despu\u00e9s de estar delirando durante alg\u00fan tiempo, ha vuelto en s\u00ed y estaba mejor, aunque por desgracia ha vuelto a reincidir. Esta enfermedad le viene de un exceso de melancol\u00eda que le env\u00eda al cerebro vapores amargos, con los que ha quedado tan debilitado que ha vuelto a caer en tan mal estado. El pobre hombre siente venir su mal, el cual dice \u00e9l empieza siempre por una negra melancol\u00eda, de la que le es imposible librarse. Los que est\u00e1n en esta situaci\u00f3n son ciertamente muy dignos de compasi\u00f3n. Es verdad que en cierto modo se encuentran en estado de impecabilidad, ya que no son due\u00f1os de su voluntad, ni tienen juicio ni libertad. Por eso, hemos de considerarlos bienaventurados, si, cuando cayeron en ese estado, estaban en gracia de Dios; mientras que, por el contrario, son muy dignos de l\u00e1stima, si ese mal les sorprendi\u00f3 en pecado mortal\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLos dem\u00e1s que tenemos aqu\u00ed, y que est\u00e1n en su sano juicio, pero que usan mal de \u00e9l, me dan motivo para decirles que actualmente se ven en el mundo, entre los j\u00f3venes, muchas rebeld\u00edas y desatinos, que parecen ir creciendo cada d\u00eda m\u00e1s. Hace alg\u00fan tiempo que una persona de condici\u00f3n, uno de los primeros dignatarios de una corte soberana, se quejaba de un sobrino suyo, joven muy libertino, que hab\u00eda llegado hasta el extremo de amenazarlo de muerte varias veces, si no le daba dinero. Un magistrado de la ciudad le aconsej\u00f3 que lo metiera en San L\u00e1zaro, donde hab\u00eda buen orden, y all\u00ed le podr\u00edan enderezar la vida. Pero \u00e9l respondi\u00f3 que no sab\u00eda que recibi\u00e9ramos a esa clase de gentes. Le di\u00f3 gracias por el consejo, y le dijo que ser\u00eda de desear que hubiera en Par\u00eds cuatro casas semejantes a la de San L\u00e1zaro para impedir estos des\u00f3rdenes\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDemos gracias a Dios, se\u00f1ores, porque ha confiado a esta Comunidad el cuidado de los locos y de los incorregibles. Nosotros no hemos buscado esta tarea; nos la ha confiado su Providencia, lo mismo que todas las dem\u00e1s que tenemos en la Compa\u00f1\u00eda. Con esta ocasi\u00f3n les dir\u00e9 que, cuando entramos en esta casa, el Sr. Prior ten\u00eda recogidos en ella a dos o tres pobres locos; y como lo sustituimos en esta casa, tuvimos que asumir tambi\u00e9n su cuidado y direcci\u00f3n. En aquel tiempo tuvimos un juicio en el que se ventilaba si nos echaban o nos dejaban en la casa de San L\u00e1zaro. Me acuerdo que entonces me plante\u00e9 a m\u00ed mismo esta pregunta: Si hubiera que dejar ahora esta casa, \u00bfqu\u00e9 es lo que te cuesta o te costar\u00eda m\u00e1s? \u00bfqu\u00e9 es lo que te causar\u00eda mayor disgusto y pena?. Y me pareci\u00f3 entonces que lo peor ser\u00eda tener que dejar de ver a esa pobre gente, y verme obligado a dejar su cuidado y servicio\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHermanos m\u00edos: es algo m\u00e1s importante de lo que se cree dedicarse al alivio de los atribulados, pues es una cosa agradable a Dios. S\u00ed, cuidar de estos pobres enfermos mentales es una de las obras que m\u00e1s le agradan, y es mucho m\u00e1s meritoria por el hecho de que la naturaleza no encuentra en ella ninguna satisfacci\u00f3n, pues es un bien que se hace en secreto y con personas que no nos lo pueden agradecer. Pidamos a Dios que d\u00e9 a los Sacerdotes de la Compa\u00f1\u00eda el esp\u00edritu de gobierno para esta clase de trabajos, cuando se les dedique a ellos, y que d\u00e9 fuerzas y \u00e1nimos a nuestros pobres Hermanos para enjugar las penas y sufrir los trabajos que se les presentan cada d\u00eda con estos pensionarios de los que unos son enfermos del cuerpo y otros de la mente, unos dementes y otros ligeros, unos faltos de raz\u00f3n y otros viciosos, en una palabra, todos alienados de esp\u00edritu, pero unos por enfermedad y otros por malicia; aqu\u00e9llos est\u00e1n aqu\u00ed para recobrar su salud, y \u00e9stos para corregirse de su mala vida\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Animo, pues, Hermanos m\u00edos! \u00bfSaben que hubo en otro tiempo algunos Papas que se ocuparon del cuidado de los animales? S\u00ed; cuando los Emperadores persegu\u00edan a la Iglesia en su cabeza y en sus miembros, apresaban a los Papas y les hac\u00edan guardar leones, leopardos y otras fieras semejantes, que serv\u00edan para divertir a aquellos pr\u00edncipes infieles, y que eran como una imagen de su crueldad. \u00a1Y eran los Papas los que cuidaban aquellos animales! Pues bien, los hombres de cuyas necesidades externas est\u00e1n ustedes cuidando no son animales, pero, en cierto modo, son peores que los animales por su desvar\u00edo y sus excesos. Pues bien, Dios quiso hacer pasar a aquellos santos personajes, que eran Padres de todos los cristianos, por aquella humillaci\u00f3n y aquellas aflicciones extraordinarias, para que aprendieran por propia experiencia a compadecer las humillaciones y las adversidades de sus hijos espirituales, porque, cuando uno ha sentido en s\u00ed mismo las debilidades y las tribulaciones, es m\u00e1s sensible a las de los dem\u00e1s. Los que han sufrido la p\u00e9rdida de sus bienes, de la salud y del honor est\u00e1n mucho mejor dispuestos para consolar a las personas que se encuentran con estas aflicciones y dolores, que los dem\u00e1s que no saben lo que es eso. Me acuerdo que un d\u00eda me dijeron de un santo personaje que era de un car\u00e1cter firme y constante, que ten\u00eda un esp\u00edritu valiente, que no se arredraba ante nada y no estaba sujeto a tentaciones, y que, por eso mismo, era el menos indicado para soportar a los d\u00e9biles, consolar a los afligidos y asistir a los enfermos, porque no hab\u00eda pasado nunca por esas situaciones\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abYa sab\u00e9is que Nuestro Se\u00f1or quiso experimentar en s\u00ed mismo todas las miserias. Tenemos un Pont\u00edfice dice San Pablo que sabe compadecer nuestras debilidades, porque las ha experimentado El mismo. \u00a1S\u00ed, Sabidur\u00eda eterna! \u00a1T\u00fa has querido experimentar y tomar sobre tu inocente persona todas nuestras pobrezas! Se\u00f1ores, ya saben ustedes que El hizo todo esto para santificar todas las aflicciones a las que estamos sujetos, y para ser el modelo y el prototipo de todos los estados y condiciones de los hombres. \u00a1Salvador m\u00edo! \u00a1T\u00fa, que eres la sabidur\u00eda increada, tomaste y abrazaste nuestras miserias, nuestras confusiones, nuestras humillaciones e infamias, excepto la ignorancia y el pecado! Quisiste ser esc\u00e1ndalo para los jud\u00edos y locura para los gentiles, quisiste incluso parecerte a un hombre fuera de sus cabales. S\u00ed, Nuestro Se\u00f1or quiso pasar por un insensato, como se nos dice en el Santo Evangelio, para que creyeran que estaba loco. <\/em><em>Exierunt tenere eum; et dicebant quoniam in furorem versus est. Los mismos Ap\u00f3stoles lo miraron a veces como un hombre movido por la c\u00f3lera, y El quiso aparecer de ese modo, no s\u00f3lo para que fueran testigos de que hab\u00eda asumido todas nuestras debilidades y santificado nuestros estados de aflicci\u00f3n y de enfermedad, sino tambi\u00e9n para ense\u00f1arles, a ellos y a nosotros, a tener compasi\u00f3n de los que caen en esas debilidades\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abBendigamos a Dios, se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, y d\u00e9mosle gracias por habernos puesto al servicio de esta pobre gente, privada del juicio y de la raz\u00f3n, pues, al servirles, vemos y palpamos cu\u00e1n grandes y diversas son las miserias humanas. Por este conocimiento nos veremos mejor capacitados para trabajar \u00fatilmente con el pr\u00f3jimo, y cumpliremos con m\u00e1s fidelidad nuestras obligaciones, al saber mejor por nuestra experiencia lo que es el sufrimiento. Entretanto, ruego a los que est\u00e1n encargados de estos pensionarios que tengan mucho cuidado de ellos. Y pido a la Compa\u00f1\u00eda que los encomiende frecuentemente a Dios y que se aproveche de esta ocasi\u00f3n para ejercer la caridad y la paciencia con estas pobres personas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em> \u00abPero, se\u00f1or, me dir\u00e1 alguno, ya tenemos bastante sin necesidad de eso; y no tenemos por Regla acoger a los locos en San L\u00e1zaro, ni tampoco a esas personas dif\u00edciles que son unos peque\u00f1os demonios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abA \u00e9se le dir\u00e9 que nuestra Regla en esta materia es Nuestro Se\u00f1or, el cual quiso estar rodeado de lun\u00e1ticos, de endemoniados, de locos, de tentados y de posesos. Se los llevaban de todas partes, para que los librara y los curara; y as\u00ed lo hac\u00eda con mucha bondad. \u00bfA qu\u00e9 viene censurarnos eso y criticar porque tratamos de imitarlo en una cosa que El indic\u00f3 que le agradaba tanto? Si El acogi\u00f3 a los enajenados y a los obsesos, \u00bfpor qu\u00e9 no los vamos a recibir nosotros? No vamos a buscarlos: nos los traen. Y \u00bfqu\u00e9 sabemos si la Providencia, que as\u00ed lo ordena, no quiere servirse de nosotros para poner remedio a la enfermedad de esa pobre gente, a la que el buen\u00edsimo Salvador quiso parecerse tanto, hasta el punto de que parece que la hab\u00eda querido sufrir en s\u00ed mismo, pues quiso mostrarse tal como lo acabamos de decir? \u00a1Oh Salvador m\u00edo y Dios m\u00edo! Conc\u00e9denos la gracia de mirar las cosas como T\u00fa las has mirado!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abUn sacerdote, Oficial de la casa, le hizo notar al Sr. Vicente que uno de los j\u00f3venes d\u00edscolos no se correg\u00eda por m\u00e1s que llevaba ya mucho tiempo encerrado, y que era preferible entregarlo en manos de sus parientes, que tenerlo m\u00e1s tiempo entre nosotros; que profer\u00eda amenazas y que era un hombre como para causar alg\u00fan da\u00f1o tarde o temprano. Pero el Sr. Vicente le cerr\u00f3 la boca con decirle: \u00bfNo cree usted, se\u00f1or, que el fin principal que debemos tener al recibir a los pensionarios es la caridad? D\u00edgame, \u00bfno es mucha caridad para nosotros mantenerlo encerrado, porque si estuviese fuera, seguramente volver\u00eda a causar de nuevo los disgustos que caus\u00f3 anteriormente a todos sus parientes? Ellos son los que lo han tra\u00eddo a encerrarlo aqu\u00ed con permiso de la Justicia, porque, siendo como es, un joven perverso, no pod\u00edan conseguir nada de \u00e9l. Lo han tra\u00eddo aqu\u00ed para poder tener paz en su familia, y para probar, si Dios por este medio tendr\u00eda a bien convertirlo. De forma que si hoy quisi\u00e9ramos mandarlo fuera, estando como est\u00e1 con las mismas intenciones que al principio, ser\u00eda introducir el desconcierto en una familia, que ahora est\u00e1 en paz por estar \u00e9l ausente. Sus amenazas no van en serio, porque por la gracia de Dios, no le ha ocurrido ning\u00fan da\u00f1o importante a la Compa\u00f1\u00eda de parte de ese individuo violento, y debemos esperar que tampoco le ocurrir\u00e1 en el futuro. \u00bfCree usted, se\u00f1or, que ese joven no se da cuenta de que son su padre y su madre los que lo tienen aqu\u00ed? Sabe bien que han sido ellos los que lo han hecho encerrar, y no nosotros\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Frecuentemente, el Sr. Vicente recomendaba a toda la Comunidad que rezara por esa buena obra, y para que los que estaban encargados desempe\u00f1aran bien su oficio:<\/p>\n<p><em>\u00abDe otra forma les dec\u00eda en otra ocasi\u00f3n Dios nos castigar\u00e1. S\u00ed, temamos que caiga la maldici\u00f3n sobre la casa de San L\u00e1zaro, si ocurre que no tenemos el cuidado adecuado que se ha de prestar a esa pobre gente. Sobre todo, les recomiendo que los alimenten bien, y que sea cuando menos tan bien como a la Comunidad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Las oraciones y atenciones caritativas de este Padre de gracia para con los hombres desorientados y privados de juicio, le han conseguido el m\u00e9rito y el consuelo de conseguir a su tiempo una gran cantidad de buenos resultados por las atenciones que les ha prestado; y al p\u00fablico, notables ventajas con sus retiros y por los cambios conseguidos. Porque adem\u00e1s de la tranquilidad que tienen sus familias al verlos en San L\u00e1zaro a recaudo de los peligros que correr\u00edan en el mundo, y en situaci\u00f3n de volver a sus extrav\u00edos, hubo muchos dados a pecados infames: unos a la embriaguez, otros a la impureza y a otros des\u00f3rdenes, que, despu\u00e9s de estar cierto tiempo en esta casa, han salido de ella aborreciendo esos vicios detestables, apart\u00e1ndose en absoluto de su vida libertina, viviendo muy sensata y frugalmente. Varios han ingresado en las religiones m\u00e1s austeras para llevar una vida de penitencia; algunos se han dedicado al servicio de Dios y del pr\u00f3jimo en comunidades observantes; otros se han hecho sacerdotes seculares, y ha habido quienes han ingresado en los cargos p\u00fablicos, en los negocios y en otros oficios del mundo, donde han vivido, y todav\u00eda viven ejemplarmente. Varios entregados al bandidaje, a las querellas, a las blasfemias y a otros cr\u00edmenes horribles, por la misericordia de Dios, se han convertido enteramente y han vivido virtuosamente. Y, entre otros, ha habido uno, que, despu\u00e9s de hacerse religioso, ha venido varias veces a San L\u00e1zaro para manifestar su agradecimiento<\/p>\n<p>Otros, que hab\u00edan robado de su casa paterna, y como no hab\u00edan tenido tiempo para gastar su robo, lo hab\u00edan ocultado en un sitio donde no se podr\u00eda encontrar, han manifestado sin dudar y sin verse forzados a ello el escondite donde lo hab\u00edan puesto, muy pesarosos por el da\u00f1o que hab\u00edan hecho a sus padres, y estaban decididos a repararlo.<\/p>\n<p>Se ha visto a algunos, que hab\u00edan sido tan desnaturalizados que llegaron hasta pegar a sus padres y a sus madres; a otros que hab\u00edan atentado contra la vida de ellos y a otros que los hab\u00edan amenazado, que, al salir de San L\u00e1zaro, derramaban l\u00e1grimas ante sus padres, pidi\u00e9ndoles perd\u00f3n, e inmediatamente d\u00e1ndoles satisfacci\u00f3n.<\/p>\n<p>A algunos j\u00f3venes, que hab\u00edan abandonado los estudios para entregarse a una vida desenfrenada, los metieron en esta escuela de Penitencia, y han vuelto a clase, y hacen maravillas.<\/p>\n<p>Y lo que es bastante extraordinario, se ha visto a quienes ten\u00edan el esp\u00edritu casi completamente arruinado cuando los llevaron a San L\u00e1zaro, y que por los desvelos caritativos con que los han atendido, han salido de aqu\u00ed totalmente cambiados, con entera presencia de esp\u00edritu, y tambi\u00e9n m\u00e1s sensatos que nunca; y actualmente frecuentan buenas compa\u00f1\u00edas.<\/p>\n<p>Todos esos bienes han acaecido a menudo y en muchas personas, que, en su mayor parte, eran de condici\u00f3n. Y eso desde hace treinta a\u00f1os o m\u00e1s. Parece que Dios quiso o quiere a\u00fan hacerles gracia y misericordia por la mediaci\u00f3n y la caridad de su Siervo, Vicente de Pa\u00fal, quien, a ejemplo de Jesucristo, trataba as\u00ed a los malos y a los locos para conseguir su enmienda y curar sus enfermedades de cuerpo y de alma. Podemos muy bien a este prop\u00f3sito traer aqu\u00ed las palabras de alabanza que le brind\u00f3 un d\u00eda un hombre de alcurnia, llam\u00e1ndole \u00abrefugio de los pecadores\u00bb.<\/p>\n<p>Y el humilde sacerdote le respondi\u00f3 que \u00abesa alabanza s\u00f3lo se deb\u00eda al Hijo de Dios y a su misericordiosa Madre\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los pensionarios encerrados en San L\u00e1zaro Despu\u00e9s de la relaci\u00f3n de las misiones expuesta en el primer Cap\u00edtulo del Libro segundo, hemos hablado en los cuatro siguientes de cuatro grandes obras en las que el &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-6\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218,143],"class_list":["post-34665","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 6 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-6\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 6 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Los pensionarios encerrados en San L\u00e1zaro Despu\u00e9s de la relaci\u00f3n de las misiones expuesta en el primer Cap\u00edtulo del Libro segundo, hemos hablado en los cuatro siguientes de cuatro grandes obras en las que el ... 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