{"id":34448,"date":"2013-03-05T07:07:38","date_gmt":"2013-03-05T06:07:38","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=34448"},"modified":"2016-07-26T17:27:31","modified_gmt":"2016-07-26T15:27:31","slug":"santa-luisa-de-marillac-parte-segunda","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/santa-luisa-de-marillac-parte-segunda\/","title":{"rendered":"Santa Luisa de Marillac (Parte segunda)"},"content":{"rendered":"<h2><strong>III. Misi\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p><strong><strong><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/04\/Hijas-de-la-Caridad-14-Luisa1.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-34450 alignright\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/04\/Hijas-de-la-Caridad-14-Luisa1-219x300.jpg?resize=219%2C300\" width=\"219\" height=\"300\" \/><\/a><\/strong><\/strong>Desde la muerte de su marido, el 21 de diciembre de 1625, Santa Luisa va a vivir una nueva \u00e9poca. Es como una vida distinta des\u00adpu\u00e9s de un segundo nacimiento. Hoy la podemos dividir en cuatro etapas: de 1625 a 1633, de 1633 a 1639, de 1639 a 1650 y de 1650 hasta su muerte, el 15 de marzo de 1660.<\/p>\n<p>Ella ignoraba este futuro, pero seg\u00fan se iba presentando en el presente se convenc\u00eda de que tambi\u00e9n se realizaba, como su infancia y su juventud, decretado desde la eternidad, y ella colaboraba tam\u00adbi\u00e9n.<\/p>\n<p>Conviene que examinemos la situaci\u00f3n econ\u00f3mica de esta peque\u00f1a familia, porque es el marco en que se va a realizar su futu\u00adro. La situaci\u00f3n econ\u00f3mica tiene gran importancia, porque hasta 1650 estar\u00e1 pendiente de ella. No podr\u00e1 liberarse del miedo ni del remor\u00addimiento injustificado de ser ella la causante de la penuria econ\u00f3mi\u00adca de su casa. La quitar\u00e1 el tiempo, comprometer\u00e1 a San Vicente, y su espiritualidad se desarrollar\u00e1 en medio de las preocupaciones por la fortuna de su hijo.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n precaria que les deja Antonio Le Gras al morir la va a marcar duramente. El amor ardiente que tiene por su hijo le grita que el porvenir del hijo de sus entra\u00f1as es incierto. Santa Luisa sufrir\u00e1 f\u00edsicamente, especialmente en los siete a\u00f1os que van de 1643 a 1650, desde que su hijo abandona el seminario y sin empleo vive de las pocas rentas que le quedan, hasta 1650 en que se casa.<\/p>\n<h3><strong>1. Bienes<\/strong><\/h3>\n<p>Es dif\u00edcil saber cu\u00e1ntos eran los bienes de madre e hijo a la muer\u00adte del se\u00f1or Le Gras, ya que las familias procuraban ocultar la si\u00adtuaci\u00f3n real de su fortuna para que no influyera negativamente en contratos o negocios. Ni a\u00fan por los testamentos y contratos matri\u00admoniales podemos deducir la totalidad de una fortuna. Tan s\u00f3\u00adlo podemos indicar:<\/p>\n<ul>\n<li>Todas las fortunas del siglo XVII, consideradas seguras, estaban formadas por tierras, oficios y rentas. Sin embargo, des\u00adpu\u00e9s de vender el oficio de secretario de la Reina Madre, los bienes de madre e hijo eran \u00fanicamente rentas. Lo cual era inestable y peligroso, dada la devaluaci\u00f3n continua del dinero y las inseguridades a causa de las guerras y revueltas, amenazando continuamente con la ruina.<\/li>\n<li>Es cierto que Luisa de Marillac se manifiesta como una ad\u00admirable administradora tanto de los bienes de los pobres como de la Compa\u00f1\u00eda: Conservamos las cuentas del Asilo del Nombre de Je\u00ads\u00fas; San Vicente dice varias veces que muchos conventos de Par\u00eds se estaban hundiendo-econ\u00f3micamente, pero que, gracias al buen hacer de la Se\u00f1orita en los negocios, las casas de las Hijas de la Ca\u00adridad todas estaban desahogadas.<\/li>\n<li>Es cierto que Antonio Le Gras, hombre de buen coraz\u00f3n, no se interes\u00f3 tanto en aumentar su fortuna cuanto en administrar bien los negocios de sus sobrinos. La santa recuerda a su hijo que, poco despu\u00e9s de morir su padre, al presentarle las cuentas ante los magistrados de Justicia, le qued\u00f3 deudor de casi cuatro mil libras. Lo cual parece indicar que de las 6000 libras que Luisa llev\u00f3 de do\u00adte, se hab\u00edan gastado las 2000 que entraron en comunidad de bienes y las 4000 que se reservaba para ella; o acaso que disminuidos los bienes del se\u00f1or Le Gras, no se reserv\u00f3 Luisa las 3000 libras anuales durante los trece a\u00f1os de matrimonio (37), estipuladas en el contra\u00adto matrimonial.<\/li>\n<li>Tambi\u00e9n es cierto que Luisa de Marillac y su hijo, Miguel Le Gras, ten\u00edan bienes para vivir de sus rentas, para pagarse ella una criada o \u00e9l un criado, pero sin holgura; lo cual pod\u00eda lle\u00advarles a la ruina en cualquier descuido. Tienen para vivir tan s\u00f3lo justamente, ya que San Vicente escribe a Santa Luisa que no haga regalos por encima de sus posibilidades, y se ve que son regalos peque\u00f1os; ya que para hacer donaci\u00f3n de tres cuadros tiene que vender algunas sortijas que le quedaban, en marzo de 1646; ya que con dificultades puede pagar la pensi\u00f3n del internado de su hijo en el colegio de los jesuitas; ya que tiene que aceptar una pensi\u00f3n de los Marillac; ya que cuando llegue el momento de casar a su hijo surgir\u00e1n dificultades serias, a causa de la insuficiencia de bienes.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Ciertamente en esta etapa que va de 1625 a 1633, aunque sin lujos, madre e hijo tienen para vivir tranquilamente. No tienen an\u00adgustias de dinero, aunque s\u00ed recelan algo en el futuro de Miguel.<\/p>\n<p>Pero \u00e9ste entra en el seminario y, como dice su madre, <em>por este lado <\/em>le desaparece la <em>inquietud. <\/em>Y si contin\u00faa, ella queda muy tran\u00adquila (L. 1). Aunque para cualquier madre con un alma como la de aquella mujer tener un hijo sacerdote era un regalo embriagador, no cabe duda de que, mirado humanamente, tambi\u00e9n la situaci\u00f3n econ\u00f3mica de su hijo quedaba solucionada definitivamente.<\/p>\n<h3>2. Formaci\u00f3n para la Misi\u00f3n<\/h3>\n<p>Sin mayores preocupaciones econ\u00f3micas en estos primeros a\u00f1os y Miguel en el seminario, esta etapa de 1625 a 1633, a pesar de apa\u00adrecer como transitoria y de un parecido sin importancia, es trans\u00adcendental en la persona de Santa Luisa.<\/p>\n<p>Son los a\u00f1os en que descubre su vocaci\u00f3n y su misi\u00f3n en la tierra. Puede avanzar hacia el futuro sabiendo qu\u00e9 hacer y a d\u00f3nde ir. Co\u00admo una excepci\u00f3n, le parece que ahora es ella quien decide en su vida de la mano de su director.<\/p>\n<p>Seguir\u00e1 insegura cuando penetre en su interioridad, pero se mostrar\u00e1 segura cuando act\u00fae en las obras del se\u00f1or Vicente. Ahora necesita todo lo aprendido en aquel pensionado desde los trece a los venti\u00fan a\u00f1os. De aqu\u00ed en adelante, de la mano de su director, va a realizar, por fin, toda la potencialidad creadora que encierra su personalidad. Ella misma se atreve ya a proponer y a realizar. Es ya otra mujer. Y esta nueva mujer es acaso la obra m\u00e1s preciosa de San Vicente de Pa\u00fal. El la descubri\u00f3 y el vio el potencial inmenso que guardaba latente en su interior. Y \u00e9l, gui\u00e1ndola en la libertad, la dej\u00f3 que ella misma lo pusiera en pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p><em>Preparaci\u00f3n, 1625-1629<\/em><\/p>\n<p>En estos a\u00f1os va descubriendo su vocaci\u00f3n. Su vida espiritual sigue siendo una continuaci\u00f3n de la que llev\u00f3 cuando estaba casada, con un fondo cercano a la llamada <em>escuela abstracta <\/em>que le inculcaron los capuchinos y Miguel de Marillac, y aceptada por su \u00faltimo di\u00adrector, J. P. Camus. Con el nuevo director hace un Proyecto de vi\u00adda sin romper su devoci\u00f3n anterior, centrada en ella y en Dios. Aun\u00adque no pertenece a ninguna de las <em>Caridades <\/em>del se\u00f1or Vicente, hace algunas labores para los necesitados y algunas obras de caridad. Habla de Dios con una amiga, la Senorita Du Fay \u2014 entroncada en la misma familia de los Marillac \u2014. Son las dos \u00fanicas dirigidas del se\u00f1or Vicente que conozcamos concretamente por estos a\u00f1os. Por las cartas vemos una cierta intimidad entre los tres y una amistad entra\u00f1able en Dios. El Director les suele pedir algo de dinero y algu\u00adnos vestidos para los pobres.<\/p>\n<p>A su director, Vicente de Pa\u00fal, le trata de <em>padre m\u00edo y <\/em>\u00e9l la llama <em>hija m\u00eda.<\/em><\/p>\n<p><em>Iniciaci\u00f3n en la Misi\u00f3n, 1629-1633<\/em><\/p>\n<p>En los primeros meses de 1629 toma por s\u00ed misma una decisi\u00f3n que cambia el rumbo de su vida y la convierte en otra mujer. Decide entregarse a los pobres y se ofrece a San Vicente para ayudarle en las Caridades. El Santo la acepta como colaboradora. Esta decisi\u00f3n queda realizada por primera vez el 6 de mayo de 1629.<\/p>\n<p>El casi nunca ya la llamar\u00e1 hija m\u00eda, sino <em>se\u00f1orita <\/em>y ella no le dir\u00e1 ya padre m\u00edo, sino <em>se\u00f1or; <\/em>y desde comienzos de 1649 le llamar\u00e1 <em>muy honorable padre. <\/em>Todo es como un signo del cambio realizado. Aun\u00adque siga siendo su director, para \u00e9l, ella es algo m\u00e1s que una dirigida.<\/p>\n<p>Es enviada por el Director a visitar las Caridades de fuera de Par\u00eds y es recibida por las Caridades como una especie de <em>visitadora <\/em><em>oficial <\/em>de parte del fundador y promotor, Vicente de Pa\u00fal, que reside en Par\u00eds.<\/p>\n<p>En adelante, y a\u00fan m\u00e1s desde noviembre de 1633, la persona de S. Vicente se va a desdoblar en director espiritual de una mujer a la que dirige desde hace a\u00f1os con sus problemas espirituales, per\u00adsonales y de familia, y en Director de una gran obra de caridad hacia la principal colaboradora y despu\u00e9s, cofundadora.<\/p>\n<p>Santa Luisa asume dignamente esta nueva faceta de su vida. Son muchas las Caridades que reorganiza y dinamiza y son muchos los informes que env\u00eda a San Vicente; tantos como los reglamentos que redact\u00f3 o corrigi\u00f3. En 1630 funda la Caridad de su parro\u00adquia. San Nicol\u00e1s de Chardonnet, siendo su primera presidenta. Al a\u00f1o y medio deja el puesto de presidenta y se extiende a m\u00e1s carida\u00addes. Comienza a ser protagonista al lado de San Vicente.<\/p>\n<p>La actividad se va apoderando de aquella mujer que encerrada en s\u00ed misma no ten\u00eda m\u00e1s objetivo que estar unida a la divinidad individualmente.<\/p>\n<p>Ahora piensa y expone a San Vicente la evoluci\u00f3n de las Cari\u00addades. Tiene j\u00f3venes que ayudan con su trabajo f\u00edsico a las se\u00f1oras de condici\u00f3n. En fin, concibe unas Caridades nuevas formadas por se\u00f1oras de dinero y mujeres trabajadoras. Es lo mismo que estaba pensando San Vicente. Aquellas, burguesas y de la nobleza, ser\u00e1n las superioras; \u00e9stas, generalmente campesinas, ser\u00e1n las sirvientas.<\/p>\n<p>Y m\u00e1s adelante: Conviene reunir y formar a estas campesinas como una rama aparte. Ahora comprende el porqu\u00e9 de su estancia en el pensionado.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n San Vicente va pensando la misma idea; s\u00f3lo que \u00e9l es m\u00e1s cauto y espera los signos de la Providencia. As\u00ed llega el 29 de noviembre de 1933. Pero comprende el valor y el papel de su di\u00adrigida.<\/p>\n<h3>3. Direcci\u00f3n de San Vicente<\/h3>\n<p>El encuentro de San Vicente tuvo para Santa Luisa tanta im\u00adportancia como el que tuvo San Vicente con el cardenal B\u00e9rulle. De aqu\u00ed en adelante Santa Luisa queda unida a San Vicente. La perso\u00adna de este hombre se proyectar\u00e1 continuamente en la santa. Ella le venera y le ama profundamente en Dios y \u00e9l la dirige y la ama tier\u00adnamente tambi\u00e9n en Dios.<\/p>\n<p>Ya no se puede examinar a Santa Luisa separada de San Vi\u00adcente. Casi se podr\u00eda decir que una faceta de su personalidad es la relaci\u00f3n con su director; casi se podr\u00eda descubrir en cada acci\u00f3n de esta mujer la presencia de su director. Ciertamente como un instru\u00admento de Dios.<\/p>\n<p>Sin violentarla y sin imposiciones \u00e9l la va haciendo y realizan\u00addo. Sin San Vicente, Santa Luisa no ser\u00eda ella.<\/p>\n<p><em>Correspondencia.<\/em><\/p>\n<p>Por las cartas s\u00f3lo conocemos la actuaci\u00f3n de San Vicente sobre Santa Luisa en lo referente a las obras. Son cartas para la acci\u00f3n, organizaci\u00f3n o direcci\u00f3n de las obras en favor de los pobres. A tra\u00adv\u00e9s de las cartas descubrimos la epopeya de unos hombres y unas mu\u00adjeres encarnados en la redenci\u00f3n entera del pobre. Pero no nos di\u00adcen casi nada de la direcci\u00f3n de un sacerdote en la espiritualidad de una mujer concreta, no sabemos casi nada de c\u00f3mo dirig\u00eda San Vi\u00adcente el interior de Santa Luisa.<\/p>\n<p>Primero, porque se han perdido muchas cartas de esta \u00e9poca, cuando Luisa de Marillac estaba m\u00e1s preocupada de su uni\u00f3n con Dios por medio de la devoci\u00f3n que a trav\u00e9s de los pobres. Es fre\u00adcuente leer en algunas cartas de San Vicente: \u00abC\u00f3mo me consuelan sus cartas y los pensamientos en ella consignados!\u00bb, \u00abEn cuanto a la pena que tuvo y que me indica al final de su carta, ya hablaremos de ella\u00bb, \u00abY si la otra pena le sigue afligiendo, escr\u00edbame, que ya le contestar\u00e9\u00bb. Pero esas cartas a las que alude, se han perdido.<\/p>\n<p>Segundo, porque la direcci\u00f3n de su vida interior se hac\u00eda en con\u00adversaci\u00f3n privada, en un di\u00e1logo que no ha dejado huellas escritas: <em>\u00abYa hablaremos\u00bb, \u00abcuando tenga la dicha de verla, ya le dir\u00e9 el pensamiento que tuve un d\u00eda\u00bb, \u00abnada le digo de lo que me ha escrito, porque espero verla a finales de este mes y poder hablar juntos\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Todas estas conversaciones tuvieron que ser bastante frecuen\u00adtes, dada la inseguridad de Santa Luisa en lo tocante a su vida inte\u00adrior: <em>\u00abSi pudiera darle a conocer mis temores, cu\u00e1nto me consolar\u00eda! Todos <\/em><em>se fundan en el sentimiento de verme abandonada de Dios\u00bb. <\/em>Este sentimien\u00adto es bastante frecuente en ella:<\/p>\n<p><em>\u00abSe ha olvidado de m\u00ed en la necesidad que le dije ten\u00eda de hablar con usted. No s\u00e9 lo que nuestro buen Dios me quiere dar a entender, pero <\/em><em>espero que su caridad me lo advertir\u00e1\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPerm\u00edtame que ocupe ante usted el lugar de una pobre vergonzante, que <\/em><em>le ruega por amor de Dios que le haga el favor de concederle la limosna <\/em><em>de una peque\u00f1a visita, que necesito mucho, ya que no puedo se\u00f1alarle el motivo; es algo que me impide hacer muchas cosas y que me obliga a importunarle\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Por eso sabemos que, cuando los dos est\u00e1n en Par\u00eds o cuando van entrando en la ancianidad y ya no pueden ausentarse, las cartas escasean, porque viven cerca el uno del otro y no tienen nada m\u00e1s que cruzar la calle para entrevistarse. A lo m\u00e1s, aparecen pequen<sup>\u2014<\/sup>Os papeles que, debido a las prisas o al mal tiempo, tiene que llevar un criado. Ven\u00edan a suplir las llamas telef\u00f3nicas de la actualidad.<\/p>\n<p><em>La direcci\u00f3n<\/em><\/p>\n<p>Con todo, estas notas y cartas, a veces de paso, a veces como una insinuaci\u00f3n, nos se\u00f1alan que hay papeles que pueden introdu\u00adcirnos en la profundidad de esta direcci\u00f3n. Se conservan bastantes de estos papeles. Son pensamientos o res\u00famenes de la oraci\u00f3n para su intimidad, para las hermanas o para que los conozca su director. Todos ellos rezuman sinceridad. Ella ha sido muy sincera abri\u00e9ndo\u00adse totalmente a \u00e9l:<\/p>\n<p><em>\u00abEsto me obliga a suplicarle, por amor a nuestro Se\u00f1or, que busque <\/em><em>un poco de tiempo para conocerme por completo. No le ocultar\u00e9 nada que pueda impedir ese conocimiento, seg\u00fan la gracia que Dios me ha <\/em><em>dado siempre de desear que viera usted con toda claridad todos mis pen\u00ad<\/em><em>samientos, acciones e intenciones, para que los conozca su bondad\u00bb <\/em>(V, c. 1766).<\/p>\n<p>A pesar de esta sinceridad y de esta insistencia a su director, o por eso mismo, San Vicente sabe que \u00e9l es s\u00f3lo un instrumento de Dios. Sabe muy bien que Dios tiene designios maravillosos sobre esta mujer que ha puesto en sus manos y le ha encomendado a \u00e9l que la ayude, pero el Director es Dios. Por eso se retira cuando sien\u00adte que Dios est\u00e1 presente. No puede <em>meter su hoz en la cosecha de Dios (1, <\/em>c. 530). A veces tiene que explic\u00e1rselo a su dirigida, que le cuesta comprenderlo. El 24 de marzo de 1646 le escribe Santa Luisa:<\/p>\n<p><em>\u00abPadre: Tengo muchos motivos para humillarme al ver c\u00f3mo se porta <\/em><em>Dios conmigo, a pesar de ser tan indigna de esa gracia que deseaba (hablar <\/em><em>con San Vicente) antes de nuestra fiesta tan querida de la Encarnaci\u00f3n. <\/em><em>Le ruego a la bondad de Dios que pueda ser antes de que acabe la Pascua\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>San Vicente le contesta al d\u00eda siguiente:<\/p>\n<p><em>\u00abBien. Le gustar\u00eda a usted hacer su revisi\u00f3n y una comunicaci\u00f3n m\u00e1s <\/em><em>\u00edntima con aquel con quien Nuestro Se\u00f1or le ha dado cierta confianza, <\/em><em>y no ha querido Dios que haya podido hacerse esto, para que la haga usted interior e \u00edntimamente con \u00e9l mismo, que al honrarle con su amor excesivo \u2014 como dice el Ap\u00f3stol \u2014 quiere, por unos celos divinos, ser \u00e9l con quien haga usted esa ansiada comunicaci\u00f3n. e<sup>.<\/sup> Tiene usted motivos para quejarse, si es as\u00ed?\u00bb<\/em><\/p>\n<p>No tiene motivos, y poco despu\u00e9s le responde:<\/p>\n<p><em>\u00abMe siento indigna de esa conducta de la divina Providencia que usted <\/em><em>me ha hecho el honor de se\u00f1alarme\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>A pesar tambi\u00e9n de esta sinceridad en las notas que nos ha de\u00adjado Santa Luisa y aunque descubramos la profundidad de la direc\u00adci\u00f3n vicenciana debemos tener en cuenta que estas notas no est\u00e1n fechadas, y que as\u00ed como las cartas se refieren m\u00e1s a las obras, las conferencias se dirigen m\u00e1s a las Hermanas.<\/p>\n<p>San Vicente la dirige sin forzarla, suavemente la gu\u00eda confor\u00adme a la espiritualidad que la inculcaron sus primeros directores. \u00abYo conservar\u00e9 en mi coraz\u00f3n las (palabras) que me esribe de su genero\u00adsa resoluci\u00f3n de honrar la adorable vida oculta de Nuestro Se\u00f1or, tal como le dio nuestro Se\u00f1or deseos desde su juventud\u00bb, (I, c. 50) le escribe hacia 1630. En esta direcci\u00f3n parece como si el director se propusiera tres objetivos:<\/p>\n<ul>\n<li>Convencerla de que tiene que vivir alegre, a pesar de ha\u00adberla marcado el dolor por su nacimiento, por las dificultades de su hijo, por el abandono de la familia y por la marginaci\u00f3n que le dan las leyes civiles.<\/li>\n<li>Controlar la afectividad hacia su hijo y, al pasar los a\u00f1os, hacia \u00e9l mismo.<\/li>\n<li>Sacarla de ella misma, del encerramiento de llevar una es\u00adpiritualidad para ser una devota, para salvarse, poni\u00e9ndole otro ob\u00adjetivo a su vida, servir a los pobres.<\/li>\n<\/ul>\n<h2><strong>IV. Influencia vicenciana<\/strong><\/h2>\n<p>Cuando la se\u00f1orita le Gras encuentra al se\u00f1or Vicente, llevaba una espiritualidad como tantas mujeres devotas que buscaban a Dios, pero con un sabor plat\u00f3nico y dionisiano.<\/p>\n<p>Los documentos que mejor nos muestran esta espiritualidad son los Ejercicios que hizo en estos a\u00f1os.<\/p>\n<h3><em>1. &#8211; Ejercicios de adviento de 1628<\/em><\/h3>\n<p>San Vicente se los hab\u00eda aprobado. Minuciosamente le indic\u00f3 el orden y el modo de hacerlos; \u00e9l se los revisar\u00e1 cada dos d\u00edas. Le se\u00f1ala las lecturas y las materias de la oraci\u00f3n: las que monse\u00f1or de Ginebra pone al comienzo y al final de la Introducci\u00f3n a la Vida Devota.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac obedece y los cuatro primeros d\u00edas sigue fiel\u00admente a San Francisco de Sales, pero los tres \u00faltimos no puede y aparecen los temas y las ideas de los primeros directores de tenden\u00adcia n\u00f3rdica.<\/p>\n<p>A\u00fan al meditar los temas de la Introducci\u00f3n se escucha un len\u00adguaje distinto. En San Francisco resuena la <em>devoci\u00f3n moderna, <\/em>en San\u00adta Luisa la <em>escuela abstracta. <\/em>San Francisco se dirige a la sicolog\u00eda y a la pr\u00e1ctica; Santa Luisa, a la metaf\u00edsica y a la contemplaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Suenan las ideas de ejemplarismo, emanaci\u00f3n y retorno a Dios, anonadamiento y abandono en Dios, Cristo se presenta como Dios juez m\u00e1s que como hombre.<\/p>\n<p>En un acto de la m\u00e1s pura m\u00edstica renoflamenca, no quiere \u00abbus\u00adcar las ternuras ni consuelos espirituales para excitarse a servir a Dios\u00bb. Siente que \u00abvoluntariamente tiene que dejar todos los con\u00adsuelos sensibles para unirse a la <em>esencia de la divinidad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Cuando aparece Cristo, acent\u00faa \u00abhonrar sus instrucciones\u00bb m\u00e1s que imitarle. Los pobres a\u00fan no aparecen como una parte de su vi\u00adda, metidos en su carne. Parecen algo a\u00f1adido, accidental.<\/p>\n<h3>2. &#8211; <em>Ejercicios de adviento de 1631 y pentecost\u00e9s de 1632<\/em><\/h3>\n<p>Desde el a\u00f1o 1629 se nota un cambio constante en la espirituali\u00addad de Santa Luisa. San Vicente la va llevando lentamente, sin violentarla, a una vida de Dios m\u00e1s humana, no tan especulativa, m\u00e1s centrada en Cristo y en la vida ordinaria.<\/p>\n<p>En los ejercicios de 1631 San Vicente le pone los temas para el domingo, lunes y martes. Ella escoge los del s\u00e1bado. Luisa pre\u00adfiere meditar sobre la muerte y el juicio, \u00e9l le indica la vida de Jes\u00fas. Las oraciones del s\u00e1bado tienen un enfoque m\u00e1s abstracto que las de los d\u00edas siguientes.<\/p>\n<p>Los tres \u00faltimos d\u00edas nos parece asistir a unos Ejercicios distin\u00adtos. Medita en la vida de Jes\u00fas desde el nacimiento hasta la pasi\u00f3n. Jes\u00fas se presenta en todas las meditaciones. Como una fiel hija piado\u00adsa saca resoluciones pr\u00e1cticas.<\/p>\n<p>La influencia vicenciana se hace predominante unos meses m\u00e1s tarde, en los ejercicios de pentecost\u00e9s de 1632. Son de ocho d\u00edas y todas las meditaciones se ocupan de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>En la oraci\u00f3n le invade el que Jes\u00fas se haya unido al hombre por amor, el seguirle e imitarle en su vida humana. Escoge a Jes\u00fas como modelo. Y toma la decisi\u00f3n de \u00abimitar a Jes\u00fas como una es\u00adposa intenta ser conforme a su esposo\u00bb.<\/p>\n<h3>3. &#8211; <em>Unida a la Divinidad<\/em><\/h3>\n<p>Durante todos estos a\u00f1os Santa Luisa se da cuenta que todo su\u00adcede como si Dios tuviera casi determinado desde toda la eternidad que <em>\u00abes su voluntad que vaya a El a trav\u00e9s de la cruz, que su bondad quiso <\/em><em>que la tuviese desde mi mismo nacimiento, no dej\u00e1ndome casi nunca durante todos mis a\u00f1os sin ocasiones de sufrimientos\u00bb <\/em>(A. 29). Y al preguntarse, por qu\u00e9, tiene que ir a buscar la respuesta al seno de la Trinidad, en la eternidad, antes de nacer el tiempo; y all\u00ed descubre el decreto divino.<\/p>\n<p>Y se plantea un interrogante \u00bfCu\u00e1l es el plan de Dios en la creaci\u00f3n?<\/p>\n<p>Por primera vez responde sencillamente en adviento de 1628: <em>\u00abDios no ha tenido otro plan, al crear nuestra almas tan relevantes por encima <\/em><em>de todas las criaturas, que el de ser su \u00fanico y entero posesor\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>La creaci\u00f3n entera no tiene m\u00e1s raz\u00f3n de ser que la de servir al hombre a unirse con Dios. Las criaturas <em>\u00abson como los canales que <\/em><em>conducen el agua a la fuente\u00bb <\/em>(A. 19). Y por ello debe <em>\u00abamar las criaturas a causa del designio de Dios en la creaci\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El medio elegido por Dios para llevar a cabo la uni\u00f3n del hombre con la divinidad es la encarnaci\u00f3n del Verbo.<\/p>\n<p><em>La encarnaci\u00f3n del Verbo.<\/em><\/p>\n<p>La encarnaci\u00f3n estaba decretada desde toda la eternidad. No fue el pecado de Ad\u00e1n lo que determin\u00f3 la encarnaci\u00f3n, sino la cre\u00adaci\u00f3n del hombre; y aunque Ad\u00e1n no hubiese pecado, el Verbo se habr\u00eda encarnado para hacer esta uni\u00f3n.<\/p>\n<p>La causa de esta uni\u00f3n es doble: el amor divino, pues Dios no puede dejar de amar al hombre cuando lo mira, ya que en \u00e9l ve <em>\u00abla <\/em><em>excelencia del ser que le ha dado y que participa del suyo\u00bb <\/em>(A. 28).<\/p>\n<p>La otra causa es la grandeza de Dios. Pues no puede recibir gloria verdadera fuera de El, si la humanidad no se une a la divinidad. Hecha la creaci\u00f3n se exige la encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta doctrina debi\u00f3 escucharla a los capuchinos del Faubourg Saint-Honor\u00e9. Desde San Buenaventura y a trav\u00e9s de Scoto era una doctrina familiar a los hijos de San Francisco de As\u00eds.<\/p>\n<p>San Vicente, sin violentar su esp\u00edritu, la ir\u00e1 inculcando la idea de que el Verbo es Jes\u00fas.<\/p>\n<p><em>La Eucarist\u00eda<\/em><\/p>\n<p>La encarnaci\u00f3n ya se hizo y no se repetir\u00e1, pero Dos quiere una uni\u00f3n continua e inseparable, por ello invent\u00f3 <em>\u00abel Sant\u00edsimo Sacramento <\/em><em>del Altar, en el que habita continuamente la plenitud de la divinidad\u00bb <\/em>(A. 14). \u00bb Y <em>como en el cielo Dios se ve en el hombre, por la uni\u00f3n hipost\u00e1tica <\/em><em>del Verbo hecho hombre, ha querido estar en la tierra a fin de que ning\u00fan hombre <\/em><em>estuviera separado de El\u00bb <\/em>(A. 15). Y todo por <em>\u00abpuro amor\u00bb <\/em>(M. 5 bis).<\/p>\n<p><em>Los m\u00e9ritos de Cristo<\/em><\/p>\n<p>Santa Luisa descubre otra uni\u00f3n entre la humanidad y la divi\u00adnidad a trav\u00e9s de Cristo. Es una uni\u00f3n intencional o meritoria, <em>\u00abuna uni\u00f3n continua, aunque invisible, por la aplicaci\u00f3n del m\u00e9rito de sus acciones <\/em><em>sobre las de sus criaturas\u00bb <\/em>(A. 14).<\/p>\n<p>Esta uni\u00f3n est\u00e1 estrechamente unida a la comuni\u00f3n, ya que Dios al verse en nosotros <em>\u00abnos aplica tan eficazmente el m\u00e9rito de su vida y de <\/em><em>su muerte que nos hace capaces de vivir en El, teni\u00e9ndolo vivo en nosotros\u00bb <\/em>(M. 72).<\/p>\n<p><em>Observaciones<\/em><\/p>\n<p>De aqu\u00ed en adelante, en las etapas siguientes, y por influencia de San Vicente, Santa Luisa har\u00e1 de Jes\u00fas el camino para unirse a la divinidad, a trav\u00e9s de la imitaci\u00f3n de su vida, sobre todo de la vida de Jes\u00fas crucificado.<\/p>\n<p>Pero encontramos cierta diferencia en el enfoque dado a la es\u00adpiritualidad que viv\u00eda esta mujer antes y despu\u00e9s de encontrarse con San Vicente:<\/p>\n<ul>\n<li>El designio de Dios se presenta como algo intr\u00ednseco a su naturaleza, como emanando de su experiencia vital. La doctrina de Jes\u00fas, sin embargo, aparece como algo que le ha venido de fuera; sabemos que fue a trav\u00e9s de San Vicente. Aun\u00adque ciertamente la va a asimilar de tal manera que la vivir\u00e1 como vida de su ser personal.<\/li>\n<li>El enfoque de los temas hasta dirigirla San Vicente llevan un sabor especulativo, aunque de vez en cuando, saque algunas conclusiones pr\u00e1cticas, especialmente para humillar su orgullo. La imitaci\u00f3n de Cristo no llevar\u00e1 nada especulativo, todo ser\u00e1 pr\u00e1ctico y ocasional. Sabe a algo de la vida ordinaria de cada cir\u00adcunstancia.<\/li>\n<li>Cristo es Dios y hombre, es el Verbo y Jes\u00fas. Seg\u00fan las \u00e9po\u00adcas y las circunstancias de los tiempos los hombres tienen distintas maneras de unirse a Dios. Unos hombres ans\u00edan unirse con la esen\u00adcia divina sin intermediarios creados, aunque sea la humanidad de Jes\u00fas; otros prefieren poner a Jes\u00fas como meta de uni\u00f3n. Para lograrlo, \u00e9stos sienten la necesidad de seguirle e imitar su vida. Santa Luisa comenz\u00f3 a caminar de la mano de los capuchinos y de Miguel de Marillac hacia la esencia de Dios; luego, guiada por San Vicente, descubre la fuerza del hombre Jes\u00fas y le imita. Al final de su vida har\u00e1 la uni\u00f3n de las dos corrientes.<\/li>\n<li>Leyendo la correspondencia hasta 1634 nos penetra un sen\u00adtimiento de sorpresa. El Santo continuamente habla de <em>Nuestro Se\u00f1or <\/em>y apenas nombra la palabra <em>Dios. <\/em>La Santa, por el contrario, en las pocas cartas que conservamos de esta \u00e9poca, incesantemente le habla de <em>Dios, <\/em>pero apenas aparece la expresi\u00f3n <em>Nuestro Se\u00f1or. <\/em><\/li>\n<\/ul>\n<h3>4. &#8211; <em>Uni\u00f3n de voluntades<\/em><\/h3>\n<p>A\u00f1os m\u00e1s tarde, descubrir\u00e1 que la verdadera uni\u00f3n del hombre con la divinidad se hace uniendo la voluntad libre del hombre con la voluntad de Dios, ya que Dios <em>\u00abno ha puesto en nuestro poder nada <\/em><em>m\u00e1s que el simple acto de nuestra voluntad, y es lo \u00fanico que El mira junto <\/em><em>con la acci\u00f3n que procede de \u00e9l\u00bb <\/em>(A. 40).<\/p>\n<p><em>Voluntad de Dios<\/em><\/p>\n<p>En la Francia del siglo XVII la conformidad con la voluntad divina era un sentimiento enraizado, no s\u00f3lo en los hombres piado\u00adsos, sino tambi\u00e9n en la sociedad. Una sociedad que buscaba la solu\u00adci\u00f3n a muchos misterios f\u00edsicos y humanos en la voluntad de Dios; una sociedad formada por clases inamovibles, fijas, admitidas por todos como una cosa normal porque era la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>Como en todas las corrientes ideol\u00f3gicas, los hombres conside\u00adraban la voluntad de Dios de distintas maneras. Sobresalen dos concepciones:<\/p>\n<ul>\n<li>Una es sicol\u00f3gica; se considera m\u00e1s el cumplimiento de los deseos de Dios para ser bueno; lleva un tinte moralista. Es una con\u00adtinuaci\u00f3n de la Devoci\u00f3n Moderna. Las palabras que la determinan pudieran ser: <em>hacer y aceptar.<\/em><\/li>\n<li>La otra concepci\u00f3n es metaf\u00edsica: la voluntad de Dios en s\u00ed misma y en la naturaleza divina. Proyectada en el hombre es para la uni\u00f3n con Dios, para el ser del hombre y de Dios. El hombre se abandona en Dios que le posee. Es una prolongaci\u00f3n del neoplato\u00adnismo dionisiano. Sus palabras pueden ser: <em>designio eterno, abandono, <\/em><em>uni\u00f3n, ser.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p>Cuando Santa Luisa comienza a ser dirigida por San Vicente, camina por esta tierra, como todos sus contempor\u00e1neos, envuelta en la voluntad de Dios. Luisa sabe que desde la eternidad Dios ha dado su decreto sobre ella. A ella s\u00f3lo le toca colaborar. Y por ello, impotente y pobre pecadora se abandona en Dios.<\/p>\n<p>En todos los aut\u00f3grafos de estos a\u00f1os se repiten continuamente las expresiones <em>abandonarse, <\/em>que la voluntad de Dios o el designio divino se cumpla <em>en ella <\/em>o <em>sobre ella<\/em>. Hoy nos asombra esta mentalidad que suena casi a determinismo, pero Luisa viv\u00eda en el siglo XVII.<br \/>\nPenetrando en una profundidad metaf\u00edsica que nos admira por ser de los primeros a\u00f1os, identifica SER con VOLUNTAD LIBRE.<\/p>\n<p>Idea que desarrollar\u00e1 en los \u00faltimos anos de su vida, cuando vuelva a la espiritualidad de su juventud.<\/p>\n<p>Lentamente, durante muchos a\u00f1os, San Vicente ir\u00e1 convenci\u00e9n\u00addola de vivir la voluntad de Dios al estilo de San Francisco de Sales. El 20 de marzo de 1653 le dir\u00e1 a San Vicente: <em>\u00abSu caridad me ha <\/em><em>ense\u00f1ado a amar la voluntad de Dios\u00bb<\/em>. Lo que le ha ense\u00f1ado es otro aspecto de la voluntad divina, el de San Francisco de Sales.<\/p>\n<h3>5. &#8211; <em>Contemplaci\u00f3n<\/em><\/h3>\n<p>Santa Luisa hab\u00eda entrado en la oraci\u00f3n m\u00edstica con la noche pasiva de 1621 a 1623. San Vicente la ayudar\u00e1 a avanzar en la con\u00adtemplaci\u00f3n m\u00edstica. Estos a\u00f1os de 1625 a 1633 son ricos en expe\u00adriencias m\u00edsticas; de ellas nos quedan algunos aut\u00f3grafos. Podr\u00edamos ordenarlos, aunque ella no lo intentara:<\/p>\n<ul>\n<li>en algunos trozos no aparece n\u00edtidamente el car\u00e1cter m\u00edsti\u00adco de la oraci\u00f3n. Son trozos dominados por el verbo <em>sentir: <\/em>sentir con\u00adsuelo, gran sentimiento, le ha dado sentimiento&#8230; Pero todo causa\u00addo por Dios (A. 5, 8, 43&#8230;).<\/li>\n<li>Otras veces aparece con claridad la experiencia m\u00edstica. Son p\u00e1ginas en las que se respira la pasividad de la persona humana. La presencia de Dios, de una manera incontrolada por el hombre, la leemos entre l\u00edneas. No son palabras las que traen esa presencia, es todo el ambiente del escrito (A: 15, 19, 30&#8230;).<\/li>\n<li>Hay momentos en que la comunicaci\u00f3n m\u00edstica nos sorpren\u00adde con tanta claridad que quedamos admirados al ver c\u00f3mo una mujer tan activa pudo sentir tales vivencias divinas. Las expresa frecuen\u00adtemente con el modismo <em>me pareci\u00f3. <\/em>Es el lenguaje de lo inefable (A. 8, lunes, a la segunda; 12, 17, 18, 29&#8230;) (55).<\/li>\n<\/ul>\n<p><em>Desposorio m\u00edstico<\/em><\/p>\n<p>Como el fin de todo caminar junto a Dios, San Vicente sabe llevarla hasta lo m\u00e1s alto de la m\u00edstica, al desposorio espiritual del que habla Santa Teresa con tanto entusiasmo en la morada sexta, y al que pocos m\u00edsticos han llegado. Santa Luisa, como siempre, se lo cuenta a San Vicente con lenguaje tan natural y en una situaci\u00f3n tan ordinaria, que nos extra\u00f1a que una oraci\u00f3n tan sublime pueda presentarse tan sencilla. Por eso no se suele reparar en ello, y hasta se ha querido explicar como una prolongaci\u00f3n de su matrimonio con Antonio Le Gras, ya que sucedi\u00f3 en el aniversario de su boda.<\/p>\n<p>El aut\u00f3grafo es un informe enviado a San Vicente sobre las vi\u00adsitas a las Caridades de Asnieres y Saint-Cloud el 19 de diciembre de 1629 y el 5 de febrero de 1630 (A. 50). Ten\u00eda 38 a\u00f1os de edad, llevaba 22 a\u00f1os de oraci\u00f3n y hac\u00eda unos 8 a\u00f1os que en la oraci\u00f3n recib\u00eda la experiencia de Dios. Y cosa curiosa, en mayo de 1629 to\u00addav\u00eda, no se hab\u00eda entregado al servicio de los pobres.<\/p>\n<p>De la visita a la Caridad de Asni\u00e9res \u00bb Y <em>a lo largo de todo <\/em><em>el viaje, me parec\u00eda obrar sin ninguna intervenci\u00f3n de m\u00ed misma\u00bb . <\/em>De la visi\u00adta a Saint-Cloud escribe:<em> <\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn la santa comuni\u00f3n me pareci\u00f3 que nuestro Se\u00f1or me daba el pensamiento de recibirlo como a esposo de mi alma, <\/em>y a\u00fan que esto me era ya una forma de desposorio, <em>y me sent\u00ed tan <\/em><em>fuertemente unida a Dios en esta consideraci\u00f3n que para m\u00ed fue tan extra\u00ad<\/em><em>ordinaria; y tuve el pensamiento de dejarlo todo para seguir a mi esposo <\/em><em>y de mirarlo de aqu\u00ed en adelante como a tal, y de soportar las dificultades <\/em><em>que encontrar\u00eda como recibi\u00e9ndolas en <\/em>comunicaci\u00f3n de bienes\u00bb.<\/p>\n<p>Todo se presenta como en un desposorio m\u00edstico:<\/p>\n<ul>\n<li>Aparece el Otro que le comunica <em>algo <\/em>y ella experimenta una sensaci\u00f3n sobrenatural, fuera de lo com\u00fan.<\/li>\n<li>El Otro, Dios o Nuestro Se\u00f1or, le graba un sentimiento que le dura largo tiempo.<\/li>\n<li>Ella no interviene, ella es sujeto donde Dios realiza.<\/li>\n<li>Y le deja una sensaci\u00f3n de bienestar.<\/li>\n<li>Luisa es consciente de que Nuestro Se\u00f1or ha realizado algo extraordinario en ella.<\/li>\n<li>Este algo, a ella le parece un <em>desposorio y <\/em>lo considera realizado.<\/li>\n<li>Indica que a ra\u00edz de este desposorio hay, como en lo civil, <em>una comunicaci\u00f3n de bienes.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p>Y en un momento ha sentido que el Otro, que le hab\u00eda po\u00adse\u00eddo, obraba en ella como sujeto de operaciones. \u00bfUni\u00f3n transfor\u00admarte?<\/p>\n<h2><strong>Conclusi\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>De 1633 la nueva mujer que es Luisa de Marillas, unida a San Vicente, entrar\u00e1 en un mundo hasta ahora extra\u00f1o para ella, el mun\u00addo de los pobres. Se har\u00e1 una Santa tan activa como contemplativa. En su espiritualidad se introduce el vicencianismo, pero nunca olvi\u00addar\u00e1 la formaci\u00f3n y la espiritualidad de su juventud. Es la marca que le dejeron la ni\u00f1ez y la juventud. Nace as\u00ed su espiritualidad, la propia: una mezcla admirable de vicencianismo y de Escuela abs\u00adtracta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>III. Misi\u00f3n Desde la muerte de su marido, el 21 de diciembre de 1625, Santa Luisa va a vivir una nueva \u00e9poca. Es como una vida distinta des\u00adpu\u00e9s de un segundo nacimiento. 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