{"id":33668,"date":"2020-05-06T03:22:57","date_gmt":"2020-05-06T01:22:57","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/04\/susana-guillemin-circular-de-ano-nuevo-1967\/"},"modified":"2020-04-03T18:31:21","modified_gmt":"2020-04-03T16:31:21","slug":"susana-guillemin-circular-de-ano-nuevo-1967","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/susana-guillemin-circular-de-ano-nuevo-1967\/","title":{"rendered":"Susana Guillemin: Circular de A\u00f1o nuevo, 1967"},"content":{"rendered":"<p>Par\u00eds, 1.\u00b0 de enero de 1967<\/p>\n<p>Mis car\u00edsimas Hermanas<\/p>\n<p>\u00a1La gracia de Nuestro Se\u00f1or sea siempre con nosotras!<\/p>\n<p>Por un designio particular de la Divina Providencia, el alba de cada a\u00f1o entronca con la dulce fiesta de Navidad. El Ni\u00f1o Dios se nos presenta en ella con un halo de pobreza, de humildad y de amor, como prenda de toda misericordia, como raz\u00f3n de ser de nuestra esperanza y como manantial de vida, donde la Iglesia va a beber <em>y <\/em>a renovarse, recobrando juventud y fuerza para recorrer un nuevo ciclo lit\u00fargico tras las huellas de su Divino Esposo.<\/p>\n<p>Al Ni\u00f1o Jes\u00fas he confiado hoy los destinos de la Peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda en el a\u00f1o que empieza y la obra de renovaci\u00f3n interior que tiene que llevar a cabo con perfecta fidelidad a los designios especiales que Dios tiene sobre ella. \u00a1Que todas nosotras, con la gracia de Dios, reemprendamos con valor ese combate espiritual que constituye el capital trabajo de cada una de nuestras jornadas. A todas y cada una de ustedes dirijo la exhortaci\u00f3n de San Pablo a su disc\u00edpulo preferido: <em>\u00abTe amonesto que reavives la gracia de Dios que est\u00e1 en ti\u00bb <\/em>(Timoteo, II, 1).<\/p>\n<p>Porque los tiempos en que vivimos no son tiempos f\u00e1ciles ni de descanso, sino de trabajo <em>y <\/em>de lucha; y para ser fieles al llamamiento incesante de Dios en este per\u00edodo posconciliar, tenemos necesidad de una fuerza singular que s\u00f3lo de Dios puede venirnos.<\/p>\n<p>Ha sonado una hora crucial en la que todo lo que vive en la Iglesia ha de renovarse a morir. Comprender\u00e1n, pues, f\u00e1cilmente mi ruego encarecido de que lean esta circular con coraz\u00f3n \u00e1vido y sincero, y, sobre todo, de que emprendan animosamente la obra de renovaci\u00f3n espiritual a la que les invito, que la consideren como la gran tarea de este a\u00f1o 1967, que ha de ser a\u00f1o de realizaciones. Va en ello la salvaci\u00f3n eterna de cada una de nosotras y la suerte de la Compa\u00f1\u00eda en la Iglesia. Los pr\u00f3ximos a\u00f1os deben ser a\u00f1os de renovaci\u00f3n espiritual. En este per\u00edodo tan rico de la vida del mundo y de la Iglesia, todo lo mediocre est\u00e1 llamado a desaparecer; la Iglesia no necesita para nada Hijas de la Caridad mediocres, la Iglesia y el mundo necesitan santos. En este sentido hemos de orientar el trabajo del a\u00f1o.<\/p>\n<p>Esto mismo ha querido sugerir el Decreto \u00abPerfectae Caritatis\u00bb, en el art\u00edculo 2: <em>\u00abOrden\u00e1ndose la vida religiosa sobre <\/em><em>todo a que sus miembros sigan a Cristo y se unan a Dios por la <\/em><em>pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos, hay que pensar seriamente <\/em><em>que las mejores acomodaciones a las necesidades presentes no <\/em><em>surtir\u00e1n efecto, si no se vivifican con una renovaci\u00f3n espiritual a <\/em><em>la que siempre hay que atribuir la fuerza principal en la ejecuci\u00f3n de las obras exteriores.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>La primera y m\u00e1s perentoria raz\u00f3n para emprender sin dilaciones nuestra renovaci\u00f3n espiritual es, pues, <em>hacer un acto de <\/em><em>obediencia a la Iglesia, <\/em>que ha hablado oficialmente acerca de la cuesti\u00f3n. Toda duda, toda vacilaci\u00f3n, fruto del temor o de la pereza deben caer por su base ante esta orden de la autoridad suprema, <em>y <\/em>la certidumbre de responder a la obediencia debe duplicar nuestras fuerzas y servirnos de garant\u00eda.<\/p>\n<p>No hace falta a\u00f1adir que, para nosotras, Hijas de la Caridad, es adem\u00e1s <em>cuesti\u00f3n de lealtad y de gratitud. <\/em>La Iglesia ha hecho a la Compa\u00f1\u00eda el insigne honor de invitarla al Concilio, lo que ha sido fuente de innumerables gracias, cuya extensi\u00f3n y alcance s\u00f3lo imperfectamente podemos medir a\u00fan. Esto implica para nosotras el imperioso deber de hacer fructificar esas gracias por una exacta comprensi\u00f3n, una adhesi\u00f3n filial y una leal pr\u00e1ctica de las Actas Conciliares. Y ning\u00fan pasaje de estos Derechos nos ata\u00f1e m\u00e1s directamente que aquel que ordena la renovaci\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p>Mis car\u00edsimas Hermanas, tenemos que trabajar con ardor y perseverancia para renovarnos espiritualmente.<\/p>\n<p>Y \u00bfen qu\u00e9 consiste esta \u00abrenovaci\u00f3n\u00bb que se nos pide? Consiste, en primer lugar, en encontrar de nuevo la gracia del primer llamamiento, de la que surge impetuosa el agua de vida; esa frescura de sentimientos, esa visi\u00f3n deslumbradora de las cosas sobrenaturales, esa capacidad para buscar a Dios incesantemente, propios de la juventud espiritual y que encontramos a veces tan vivos en algunas Hermanas ancianas que han conservado el ardor de sus a\u00f1os juveniles. Juan XXIII es modelo perfecto de esta juventud de alma, renovada sin cesar, capaz de mantener a un hombre hasta en su vejez en una disponibilidad total a la gracia y de hacerle apto, por el desprecio de s\u00ed mismo, para el m\u00e1s alto servicio de Dios.<\/p>\n<p>Renovarse es tambi\u00e9n fortificar nuestra fe en los grandes principios evang\u00e9licos sobre los que hemos cimentado nuestra vida; desprenderlos de las sombras que han podido enmascararlos a nuestros ojos, y descubrir las desviaciones que han podido falsear su verdadero sentido. En una palabra: hacer brillar la luz.<\/p>\n<p>Pero es tambi\u00e9n auscultar nuestro coraz\u00f3n y nuestra conducta, a fin de saber si \u00abcreemos a\u00fan en ellos\u00bb y si creemos con bastante fuerza para obrar seg\u00fan esos principios. Porque \u00bfcu\u00e1l es la firmeza de una convicci\u00f3n que no se traduce en obras?<\/p>\n<p>Renovarse es, por \u00faltimo, comprobar nuestro estado de salud en la vida espiritual, sus manifestaciones, su ritmo, su valor, sus relaciones con nuestra vida profesional y apost\u00f3lica, y prever unas normas de conducta que favorezcan su desarrollo.<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto, vamos a tratar de dise\u00f1ar con algunas reflexiones el trabajo que tenemos que llevar a cabo, a la vez que pedimos al Esp\u00edritu Santo que inspire a cada una de las Hermanas los aspectos en que le conviene profundizar. Las facetas fundamentales de la renovaci\u00f3n espiritual pueden formularse as\u00ed:<\/p>\n<p>\u2014 Redescubrir el sentido de nuestra vida;<\/p>\n<p>\u2014 Vivir de oraci\u00f3n;<\/p>\n<p>\u2014 Vivir en caridad.<\/p>\n<p>La realizaci\u00f3n de tal programa nos conducir\u00eda no s\u00f3lo a la santidad, sino tambi\u00e9n, y merced a esta misma santidad, al descubrimiento de aut\u00e9nticas necesidades de la Iglesia y de nuevas formas de amor a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p><strong>Redescubrir el sentido de nuestra vida <\/strong><\/p>\n<p>En una palabra: saber lo que somos en los eternos designios de Dios y saber lo que tenemos que hacer. Puede parecer extra\u00f1o invitar a una Hija de la Caridad a hacer un descubrimiento al que ha consagrado ya toda su vida, y, sin embargo, \u00bfqui\u00e9n se atrever\u00eda calificarlo de in\u00fatil? \u00bfNo es cierto que corremos el riesgo de dejamos absorber por la multiplicidad de obligaciones materiales que pesan sobre nosotras o de desviarnos un tanto por la presi\u00f3n de opiniones que flotan en el ambiente? Es muy bueno, es indispensable, detenerse de vez en cuando, y a solas con Dios, acalladas todas las cosas exteriores, plantearse delante de \u00c9l los grandes interrogantes:<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfCu\u00e1les son, Se\u00f1or, tus designios sobre m\u00ed?<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfMe ajusto en lo m\u00e1s profundo de mi ser a estos designios divinos?<\/p>\n<p>\u2014 \u00bfConstituye mi vida para los que me rodean un claro testimonio de esas realidades interiores?<\/p>\n<p>Reavivemos el hondo significado de nuestro vivir en Dios, de nuestra consagraci\u00f3n al servicio de los hombres. Mantengamos bien alta la llama de nuestra Fe; la Fe es una antorcha interior que ilumina la mente y abrasa la voluntad, no permitamos que nunca vacile y mucho menos que se extinga. Sirvamos al Se\u00f1or con firme convicci\u00f3n; hoy m\u00e1s que nunca se necesitan esp\u00edritus rectos y corazones firmes.<\/p>\n<p>Nada m\u00e1s sencillo que deducir los fundamentos doctrinales de nuestra vocaci\u00f3n, el Concilio acaba de exponerlos de nuevo de manera convincente: <em>\u00abConsiguientemente, para que los Reli<\/em><em>giosos respondan sobre todo a su vocaci\u00f3n de seguir a Cristo, y sirvan a Cristo mismo en sus miembros, su acci\u00f3n apost\u00f3lica ha de proceder de su uni\u00f3n \u00edntima con El, de donde dimanan el acrecentamiento de la caridad para con Dios y para con el pr\u00f3jimo. <\/em>(Perfectae Caritatis, art. 8).<\/p>\n<p>\u00bfNo es el eco oficial de la m\u00e1s pura doctrina de nuestros Santos Fundadores, de mentalidad tan evang\u00e9lica, que su manera de pensar \u2014prescindiendo de algunas expresiones anticuadas que podr\u00edan inducir a error\u2014 sigue siendo de la m\u00e1s candente actualidad?: <em>\u00abEl fin principal para que Dios ha llamado y reunido <\/em><em>a las Hijas de la Caridad es para honrar a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo <\/em><em>como a manantial y modelo de toda caridad, sirvi\u00e9ndole corporal <\/em><em>y espiritualmente en la persona de los Pobres&#8230; Por lo cual&#8230; <\/em><em>deben vivir santamente&#8230; uniendo los ejercicios interiores de la <\/em><em>vida espiritual a los empleos exteriores de la caridad cristiana. <\/em>(Santas Reglas, Cap. 1.)<\/p>\n<p>Estas palabras fijan de manera bien precisa lo que constituye la esencia de nuestra vida, su raz\u00f3n de ser, su objetivo: <em>la divina <\/em><em>Persona de Cristo.<\/em><\/p>\n<p>\u00bfHemos sabido leer a trav\u00e9s de las ense\u00f1anzas y de la vida de San Vicente lo que Jesucristo signific\u00f3 para \u00e9l y c\u00f3mo, invadiendo poco a poco toda su capacidad de pensar, de amar y de obrar, lleg\u00f3 a estar presente y operante en nuestro Santo Fundador? \u00bfQu\u00e9 es Jesucristo para nosotras? \u00bfQu\u00e9 lugar ocupa en nuestra vida? \u00bfEs un Dios lejano, que hace veinte siglos vino al mundo, pero que volvi\u00f3 despu\u00e9s al Cielo junto a su Padre y all\u00ed s\u00f3lo podemos encontrarle ya con nuestras oraciones, o bien es el Hombre Dios, hermano nuestro, presente sin cesar para atraernos a \u00c9l, para ofrecerse en nosotros a su Padre y por nosotros manifestar su presencia a los Pobres?<\/p>\n<p>S\u00ed nuestras vidas son tan tibias, si languidecen, si a veces sentimos que la alegr\u00eda nos abandona, es porque no hemos captado su verdadero sentido, no sabemos ver cu\u00e1l es nuestro verdadero tesoro, no hemos entrado de lleno en el misterio de Cristo.<\/p>\n<p>Mis queridas Hermanas: es preciso que nos incorporemos a Cristo, que Cristo crezca y obre en nosotras; ah\u00ed reside la clave de nuestra renovaci\u00f3n espiritual; ese es el gran negocio de nuestra vida y si en \u00e9l no alcanzamos \u00e9xito, todo lo dem\u00e1s no ser\u00e1 m\u00e1s que pura ilusi\u00f3n. Jesucristo tiene que invadir poco a poco todos los aspectos de nuestra vida hasta llegar a ser, seg\u00fan la expresi\u00f3n de San Pablo, nuestra vida misma: <em>\u00abMi vivir <\/em><em>es Cristo\u00bb <\/em>(Filipenses, 1, 21).<\/p>\n<p>De acuerdo con la perfecta r\u00e9plica de San Vicente: <em>\u00abNuestro <\/em><em>Se\u00f1or es la regla de la Misi\u00f3n\u00bb <\/em>(17 de diciembre de 1655), y con la de nuestra Santa Madre: <em>\u00abBasta de resistir a Jes\u00fas; basta de <\/em><em>acciones que no sean por Jes\u00fas; basta de pensar fuera de Jes\u00fas; <\/em><em>en fin, basta de vivir m\u00e1s que por Jes\u00fas; a fin de que, en este amor unificador ame todo lo que Jes\u00fas ama, y lo ame por Jes\u00fas que es el centro del amor\u00bb <\/em>(Sta. Luisa de Marillac, Escritos espirituales).<\/p>\n<p>Personas de vida tan activa y rica como San Vicente y Santa Luisa fueron grandes apasionados de Cristo.<\/p>\n<p>Nuestra vida religiosa, caritativa y apost\u00f3lica, puede, por desgracia, arrastrarse en esferas naturales, quedarse en el estadio de la actividad puramente humana y replegarse sobre s\u00ed misma sin obtener grandes frutos: nos dejar\u00e1 entonces, a nosotros y a los dem\u00e1s, insatisfechos y desilusionados. Pero, con la gracia de Dios puede transformarse en Cristo por el conocimiento, el amor, la contemplaci\u00f3n <em>y <\/em>la prolongaci\u00f3n de su Vida en la nuestra; entonces nuestra vida producir\u00e1 frutos de eterna salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Decid\u00e1monos, de una vez para siempre, a buscar a Jes\u00fas <em>y <\/em>a no cejar nunca, ni por cansancio, ni por desaliento, en el empe\u00f1o de encontrarle.<\/p>\n<p>Tratemos de conocer a Cristo. Qui\u00e9n es, qu\u00e9 nos ense\u00f1a, c\u00f3mo vivi\u00f3 en el mundo. Conozcamos mejor al Hombre Dios, nuestro Hermano <em>y <\/em>nuestro Modelo, el Esposo de nuestras almas, profundizando por la reflexi\u00f3n y la meditaci\u00f3n en el Evangelio y las ense\u00f1anzas de la Iglesia. Veamos dibujarse netamente su Personalidad \u00fanica y trascendente de Hijo de Dios, orando a su Padre con oraci\u00f3n todopoderosa, hablando y actuando en su Nombre con un poder <em>y <\/em>una autoridad divinas Descubramos en El al Hijo del Hombre con una plenitud y una autenticidad en su encarnaci\u00f3n que nos confundan; pr\u00f3ximo a nosotros, pobre y humilde entre los pobres, de coraz\u00f3n amable, lleno de una misericordiosa ternura, trabajador ignorado cuyos menores gestos rescatan a la Humanidad, imagen esplendorosa de las Bienaventuranzas. Contemplemos, por \u00faltimo, al Var\u00f3n de dolores, cuya Pasi\u00f3n nos justifica y aclara el misterio del dolor que tanto escandaliza a la raz\u00f3n humana. El \u00abservicio\u00bb a los dem\u00e1s, esencial a nuestra vocaci\u00f3n, adquiere as\u00ed todo su valor; se inscribe, cualquiera que sea la forma que adopte: acci\u00f3n caritativa o misionera, en el acto infinito de la recapitulaci\u00f3n universal en Cristo.<\/p>\n<p>El verdadero conocimiento de Cristo no lo adquirimos mediante una investigaci\u00f3n de tipo intelectual llevada a cabo de manera sistem\u00e1tica; acrecentaremos poco a poco ese conocimiento de Jes\u00fas por el h\u00e1bito de vivir con \u00c9l; de buscar en \u00c9l, en sus ejemplos, la soluci\u00f3n a nuestras dudas; de mantenernos atentas a sus inspiraciones, de buscar con todo nuestro coraz\u00f3n el sentido de sus Palabras y de su Vida.<\/p>\n<p>Tenemos absoluta necesidad de Cristo. Es nuestro Compa\u00f1ero de ruta en la tierra, nuestro Amigo, nuestro Hermano; un Dios que se ha hecho semejante a nosotros, que nos ha dado ejemplo para que le imit\u00e1semos, y que vuelve a recorrer con cada uno de nosotros el camino que conduce al Padre. No podemos prescindir de \u00c9l.<\/p>\n<p>Busquemos a Cristo en nosotros y a nuestro alrededor. Est\u00e1 actuando sin cesar, seamos sensibles a su presencia y a su acci\u00f3n. \u00abSomos un solo Cuerpo en Cristo\u00bb&#8230; y \u00abmiembros los unos de los otros\u00bb (Romanos, 12, 5). Trabajamos en <em>\u00abla edificaci\u00f3n del <\/em><em>Cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos juntos a encontrarnos en la unidad de la Fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a la madurez del var\u00f3n perfecto, a un desarrollo org\u00e1nico proporcionado a la plenitud de Cristo\u00bb <\/em>(Efesios, 4, 1214).<\/p>\n<p>Ponernos al trabajo con Cristo, en el lugar y tiempo que nos corresponde, en esto radica nuestra caridad <em>y <\/em>nuestra misi\u00f3n. La inteligencia humana no puede comprender por s\u00ed sola este misterio, misterio vital, sin embargo; debemos, pues, implorar con ardor y perseverancia al Esp\u00edritu Santo que abra nuestras mentes e ilumine nuestros corazones.<\/p>\n<p>Que este Esp\u00edritu de Amor nos ense\u00f1e todo, nos revele, como a los Ap\u00f3stoles, el misterio de Cristo para que este misterio de amor se convierta en el alma de nuestra existencia.<\/p>\n<p>No creamos, mis queridas Hermanas, que esta doctrina sea demasiado elevada para nosotras, o que est\u00e1 reservada \u00fanicamente a aquellas cuyas formaci\u00f3n intelectual las ha preparado para comprenderla. Captar estas realidades no es cuesti\u00f3n de intelectualidad (aunque una formaci\u00f3n previa puede ayudar mucho), sino de vida interior y de comprensi\u00f3n sobrenatural de nuestra vocaci\u00f3n; es, en una palabra, cuesti\u00f3n de oraci\u00f3n. En la oraci\u00f3n, Dios ilumina los corazones humildes y sencillos, mientras que los orgullosos se ven circunscritos por su mismo orgullo al \u00e1mbito de su ciencia humana, siempre insuficiente.<\/p>\n<p><strong>Vivir de oraci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>Porque todo el secreto del progreso espiritual est\u00e1 en la oraci\u00f3n, el empuje con que caminamos hacia Dios viene medido por la energ\u00eda con que oramos. Pero, dir\u00e9is, si me encuentro tan seca, tan desganada durante la oraci\u00f3n, \u00bfc\u00f3mo voy a llegar a orar, a orar bien, a vivir de oraci\u00f3n? \u00bfEs posible lograrlo en nuestra vida activa? Sin duda alguna, pero <em>hay que empezar por <\/em><em>creer en su necesidad.<\/em><\/p>\n<p>Creer en la necesidad vital de la oraci\u00f3n y en el papel que desempe\u00f1a en nuestra vida. \u00abOrar es propio de nuestra naturaleza\u00bb, afirma San Vicente. \u00bfY no es cierto que sentimos en el fondo de nuestro ser una necesidad permanente de oraci\u00f3n?<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n nace de un doble conocimiento: conocimiento de Dios y conocimiento de nosotros mismos. Y cuanto m\u00e1s perfecto sea este conocimiento, m\u00e1s espont\u00e1nea, viva y consciente ser\u00e1 nuestra oraci\u00f3n; y como contrapartida, la oraci\u00f3n que hagamos alimentar\u00e1 nuestra vida teologal y nos dar\u00e1 una visi\u00f3n clara de lo que somos delante de Dios.<\/p>\n<p>Si no pensamos apenas en Dios, ni tratamos de conocerle, content\u00e1ndonos con nuestra escasa ilustraci\u00f3n teol\u00f3gica, nuestra fe en sus misterios, en su trascendencia, en su bondad, ser\u00e1 d\u00e9bil tambi\u00e9n; nuestro deseo de dirigirnos a \u00c9l, ser\u00e1 muy poco intenso y no consideraremos necesaria la oraci\u00f3n de complacencia y de alabanza.<\/p>\n<p>Si, por el contrario, nos preocupamos de alimentar regularmente nuestra fe con lecturas doctrinales: comentarios de la Sagrada Escritura, de las ense\u00f1anzas de la Iglesia y de nuestros Santos Fundadores, como debemos hacer en nuestra lectura comunitaria cotidiana, progresaremos en el conocimiento de Dios y sentiremos que se intensifica nuestro deseo de estrechar en la oraci\u00f3n los lazos que nos unen a \u00c9l.<\/p>\n<p>Tengamos cuidado de no dejar que languidezca nuestra Fe, aliment\u00e9mosla constantemente con estudios apropiados, haciendo alguna lectura personal, aunque s\u00f3lo sea durante breves minutos en los momentos libres.<\/p>\n<p>Nada nos impulsa tanto a recurrir a Dios como la clara visi\u00f3n de nuestra condici\u00f3n humana: nuestra pobreza, nuestra indigencia connatural, nuestra impotencia para corresponder a los reiterados llamamientos de Dios, que tantas veces nos encuentran distra\u00eddas o reticentes, si no llegamos a ser totalmente infieles, pese a los espl\u00e9ndidos designios que Dios tiene sobre nosotras. Estamos destinados a vivir con Cristo en relaciones de filiaci\u00f3n con el Padre; a participar en la Pasi\u00f3n de Cristo, en la edificaci\u00f3n de su Reino; a ser, bajo la direcci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, signo de Dios en el mundo, <em>y <\/em>a perdernos finalmente en la inmensidad infinita de la Trinidad. La comparaci\u00f3n entre estos dos t\u00e9rminos: nuestra indigencia fundamental y el esplendor incomparable de nuestra vocaci\u00f3n cristiana, nos arroja a los pies del Se\u00f1or con el deseo inmenso de recibir de El todo lo que nos falta para responder a su Voluntad eterna. Esta es la oraci\u00f3n de la Esperanza.<\/p>\n<p><em>Es preciso querer orar<\/em><\/p>\n<p>Salvo determinados momentos excepcionales la oraci\u00f3n exige un esfuerzo; es un acto de la voluntad. Lo esencial de la oraci\u00f3n es prescindir de lo humano: atractivos humanos, medios humanos, etc., para arrojarse en Dios cuya supremac\u00eda sobre todas las cosas se reconoce; lo que equivale a afirmar: Dios me basta. Este acto inicial que indica el deseo, la voluntad firme, de darse a Dios, de alabarle, de abandonarse a El confiadamente, es lo esencial de la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero hay que tener el tes\u00f3n de hacer oraci\u00f3n y hacerla perseverantemente a lo largo de toda nuestra existencia. Se trata ante todo de un esfuerzo personal; entre nosotras designamos ordinariamente este esfuerzo con el t\u00e9rmino regularidad, pero quiz\u00e1 no damos a esta palabra todo su contenido, lo reducimos inconscientemente a las dimensiones de una autodisciplina, de una sumisi\u00f3n meritoria a la regla, a un orden establecido. Cosas, todas ellas, necesarias y buenas en s\u00ed, indudablemente, pero simple apoyo externo del esfuerzo que nos lleva a Dios, fuente de nuestra vida.<\/p>\n<p>Este esfuerzo tendr\u00e1 que luchar con los m\u00faltiples obst\u00e1culos que le oponen nuestro temperamento y las circunstancias en que vivimos. \u00a1Qu\u00e9 gran verdad es, mis queridas Hermanas, que nos dejamos arrastrar por la precipitaci\u00f3n, el apresuramiento, la inquietud; que pretendemos hacer frente a todos nuestros problemas con sola nuestra inteligencia, con nuestras propias fuerzas, en vez de confiar en Dios y ponerlos en sus manos durante la oraci\u00f3n! M\u00faltiples operaciones devoran nuestro tiempo, no sabemos c\u00f3mo hacer frente a todos nuestros deberes y sentimos la tentaci\u00f3n de reducir el tiempo consagrado a la oraci\u00f3n. Obrar as\u00ed ser\u00eda condenamos a una asfixia espiritual progresiva y correr el riesgo de morir; nada menos que esto.<\/p>\n<p>Hay que organizar el trabajo de tal forma que se respete el tiempo de Dios; y si para ello es preciso renunciar a algunas obras tengamos el valor de hacerlo por muy excelentes que sean.<\/p>\n<p>M\u00e1s vale hacer menos y orar, que desplegar una actividad considerable sin oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Revisemos nuestra vida y orden\u00e9mosla teniendo en cuenta la necesidad ineludible de orar. Sepamos asegurarnos la colaboraci\u00f3n necesaria para garantizar diariamente el tiempo libre necesario para los diversos ejercicios, sino tambi\u00e9n para disponer cada semana de una o media jornada de descanso que asegurando nuestro equilibrio humano nos proporcionar\u00e1 la libertad de esp\u00edritu necesaria para poder consagrarnos eficazmente a la oraci\u00f3n. Desde este punto de vista hay que considerar esas jornadas de descanso que distienden a la vez que enriquecen; y no como ratos de ocio que se dedican a fantas\u00edas o excursiones, m\u00e1s propias para fatigar el cuerpo y hacer divagar el esp\u00edritu que para restablecer su salud.<\/p>\n<p>Amemos la oraci\u00f3n, pongamos en la oraci\u00f3n nuestra esperanza.<\/p>\n<p><em>Amemos la oraci\u00f3n comunitaria<\/em><\/p>\n<p>La oraci\u00f3n hecha juntas es lo que constituye el alma de toda comunidad religiosa. En estos momentos en que la Iglesia \u00abredescubre\u00bb la Misa concelebrada, esforc\u00e9monos por entrar de lleno en la dimensi\u00f3n comunitaria de nuestra vida de oraci\u00f3n. Vivamos y oremos juntas; celebremos juntas, aunque sea al precio de heroicos esfuerzos para asistir a ellos, los actos religiosos de nuestra vida de Comunidad, sus momentos fundamentales: Laudes, Completas y sobre todo la Santa Misa, polo de nuestra vida.<\/p>\n<p><em>Extendamos nuestra oraci\u00f3n a las dimensiones del mundo<\/em><\/p>\n<p>No seamos de esas almas que se encierran en los estrechos l\u00edmites de su horizonte personal. Hagamos subir hacia Dios las alabanzas y acciones de gracias de la creaci\u00f3n entera; dirijamos hacia \u00c9l el clamor de todos los hombres, nuestros hermanos, en marcha hacia el Reino. Cuando se ha comprendido la caridad de Jesucristo crucificado ya no se puede estar jam\u00e1s solas delante de Dios y no se puede poner ya l\u00edmites a la ofrenda o a la s\u00faplica. Esta oraci\u00f3n universal forma parte integrante de nuestra Consagraci\u00f3n a Dios y reviste caracteres de obligaci\u00f3n que nuestro cuarto voto hace m\u00e1s sagrados a\u00fan. Orar por los Pobres y, por extensi\u00f3n, por todo el mundo, ya que todo hombre ser\u00e1 siempre un pobre ante Dios, constituye un deber esencial para nosotras. Oremos juntas por las necesidades de la Iglesia y de la Comunidad; la gracia tan deseada de nuestra renovaci\u00f3n espiritual la alcanzar\u00e1 nuestra oraci\u00f3n comunitaria.<\/p>\n<p>Somos responsables ante Dios, ante la Iglesia y ante la Comunidad de todo el poder que, en orden a la salvaci\u00f3n del mundo, poseemos con nuestras oraciones. La oraci\u00f3n de las Hijas de la Caridad es un tesoro de la Iglesia, no lo dudemos. S\u00f3lo ella puede obtener fecundidad para nuestras Obras; si se debilitase o llegase a faltar, todas estas Obras, por florecientes que parecieran exteriormente, ser\u00edan est\u00e9riles para el cielo.<\/p>\n<p>La Iglesia \u00absociedad de hombres que oran\u00bb, as\u00ed la defin\u00eda en julio \u00faltimo Pablo VI; que segu\u00eda diciendo:<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfUn cristianismo privado de la vida de oraci\u00f3n profundamente sentida y amada, alcanzar\u00eda jam\u00e1s el esp\u00edritu prof\u00e9tico que necesita para hacer o\u00edr su voz entre los miles de voces que resumen en el mundo, esa voz que clama, que canta, que inquieta, que salva?\u00bb (Castelgandolfo, 207-1966.)<\/p>\n<p>La Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad debe o\u00edr su voz entre los miles de voces que resuenan. S\u00f3lo con esta condici\u00f3n conservar\u00e1 su gracia particular, que es la de mantenerse presente y ser comprendida en el mundo de los pobres.<\/p>\n<p><em>La oraci\u00f3n debe invadir toda nuestra vida<\/em><\/p>\n<p>San Vicente insist\u00eda en ello cuando exhortaba a nuestras primeras Hermanas a la oraci\u00f3n: \u00abDigo \u00abtodos los d\u00edas\u00bb, hijas m\u00edas, pero, si fuese posible, dir\u00eda no dejemos nunca de orar, que no pase un instante sin estar en oraci\u00f3n\u00bb. (Conf. 3151948).<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n es indispensable para la vida espiritual; es el medio por excelencia de encontrar a Dios. Tenemos, pues, obligaci\u00f3n de orar y perseverar en la oraci\u00f3n, aun cuando no sintamos gusto en ella y a pesar de la aparente inutilidad de nuestros esfuerzos.<\/p>\n<p>Hemos de hacer de nuestra vida una oraci\u00f3n Existen momentos espec\u00edficamente consagrados a ella, libres de cualquier otra ocupaci\u00f3n que no sea buscar a Dios; son las dos medias horas de oraci\u00f3n que nos prescribe la Regla; esta oraci\u00f3n se prepara y se prolonga a lo largo de nuestras jornadas y debe conducirnos a una especie de contemplaci\u00f3n permanente de Dios a trav\u00e9s de todo. Y no creamos que esto sea incompatible con nuestra vida activa; no se trata de dedicar m\u00e1s tiempo a la oraci\u00f3n que esas dos medias horas diarias, sino de mantener la intenci\u00f3n elevada hacia Dios; no es cuesti\u00f3n de tiempo, sino de intenci\u00f3n. Vivir en oraci\u00f3n es vivir bajo el influjo de Dios. Si cada una de ustedes examina a fondo su vida descubrir\u00e1 que, en mayor o menor grado, se ha entregado ya as\u00ed al Se\u00f1or. Pero hay que progresar continuamente.<\/p>\n<p>La mejor preparaci\u00f3n a la oraci\u00f3n es la fidelidad a la Voluntad de Dios en las cosas ordinarias, la atenci\u00f3n al deber, el renunciamiento a lo que personalmente nos agrada para elegir lo que m\u00e1s agrada a Dios. La Hermana que observa la ley que le impone su consagraci\u00f3n; que, obedezca o ejerza la autoridad, respeta siempre a los dem\u00e1s; que sacrifica a la paz comunitaria sus puntos de vista personales; que renuncia a poseer algo por amor a la pobreza; esa Hermana se encuentra en estado de oraci\u00f3n, a la escucha de Dios.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n permanente no es otra cosa que la visi\u00f3n de fe, alimentada en la meditaci\u00f3n y proseguida en la acci\u00f3n: contemplar a Cristo en nosotros y en los dem\u00e1s, as\u00ed como en cualquier cosa que acontezca; no es tanto una atenci\u00f3n directa como una \u00edntima convicci\u00f3n que nos anima y que transforma nuestra manera de ver y de obrar. Es una presencia de Dios. No resulta f\u00e1cil alcanzar este estado de oraci\u00f3n, m\u00e1s a\u00fan, es imposible para las fuerzas humanas, es un don de Dios, pero un don que generalmente no se concede m\u00e1s que a aquellos que hacen todo lo que humanamente est\u00e1 de su parte. Y la parte que nos incumbe es desear ardientemente, constantemente, este encuentro con el Se\u00f1or; trabajar para liberamos de los afectos que alejan a Dios; ser fieles a la oraci\u00f3n; alimentar nuestra fe y nuestra esperanza; en una palabra: vivir en Caridad.<\/p>\n<p><strong>Vivir en caridad<\/strong><\/p>\n<p>Ojal\u00e1 que pudi\u00e9semos penetrar el misterio de la Caridad, que no es sino Dios mismo.<\/p>\n<p>El acto de caridad que hacemos mentalmente todas las ma\u00f1anas, al empezar la oraci\u00f3n, no debe quedar en letra muerta, debe transformar y animar toda nuestra vida. La Caridad es el esp\u00edritu. de la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntas meditaciones podr\u00edamos hacer en torno a esta frase, tan cargada de significado y de entrega: <em>\u00abDios m\u00edo, te amo <\/em><em>con todo mi coraz\u00f3n y sobre todas las cosas\u00bb!<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 superficialmente pronunciamos estas palabras y cu\u00e1ntas veces nuestros actos vienen a desmentirlas! \u00a1Qu\u00e9 falta nos hace, mis queridas Hermanas, entrar resueltamente en la Verdad y no permitir que nuestros actos hablen de la falsedad de nuestras palabras ni que nuestro nombre se convierta en una mentira permanente! \u00bfHemos le\u00eddo, meditado, saboreado espiritualmente, las encendidas palabras que brotaron de labios de San Vicente al hablar a los Misioneros sobre la Caridad, en la espl\u00e9ndida Conferencia del 30 de mayo de 1659, pronunciada en el atardecer de su vida, cuando penetrado de Dios por entero se advierte perfectamente que nada vive en \u00e9l m\u00e1s que por la Caridad? Rele\u00e1moslas juntas y tom\u00e9moslas durante alg\u00fan tiempo como tema de meditaci\u00f3n. En ellas descubriremos todos los aspectos de la Caridad en todo su esplendor, desde el amor ardiente y desinteresado a Dios, a Quien se contempla y se alaba en sus misterios, hasta el celo misionero, abierto a las dimensiones del mundo.<\/p>\n<p>Vivir de amor a Dios es en primer lugar complacerse en El. Procuremos salir un poco de ese ego\u00edsmo instintivo que nos hace buscar a Dios casi \u00fanicamente porque sentimos que lo necesitamos, y am\u00e9mosle sobre todo porque es Dios. El Oficio de Laudes, que todos los d\u00edas recitamos, es el ejemplo m\u00e1s elocuente de esta complacencia en Dios; y los Salmos nos inspiran exclamaciones de alabanza, adoraci\u00f3n, acci\u00f3n de gracias, admirablemente mezcladas con la convicci\u00f3n de nuestra miseria humana y el sentimiento de una confianza absoluta. Entremos plenamente en estos sentimientos y hagamos que informen por completo nuestra vida cotidiana. Aprendamos a expresar a Dios nuestro amor.<\/p>\n<p>Este amor, sin embargo, ser\u00eda ilusorio si no nos llevase a adherirnos por completo a la Voluntad divina; a buscarla, amarla y preferirla a todo lo de este mundo. \u00abNadie puede servir a dos se\u00f1ores\u00bb. No podemos amar y buscar continuamente nuestras satisfacciones; sopesar sin cesar lo que est\u00e1 permitido y lo que est\u00e1 prohibido; regatear el don de nosotras mismas y concedernos todo lo que no estamos estrictamente obligadas a rehusarnos; e d\u00f3nde entra la Caridad en tales c\u00e1lculos? Dej\u00e9monos invadir por el Amor; solamente \u00e9l nos iluminar\u00e1, nos ense\u00f1ar\u00e1 lo que exige de nosotras la divina elecci\u00f3n; manteng\u00e1monos a la escucha divina con temor de que nuestras infidelidades acaben por acallar los llamamientos de Dios.<\/p>\n<p>Y hagamos que el clamor de nuestro deseo de Dios ascienda incesantemente hasta El. Desear es amar. \u00bfQu\u00e9 podemos esperar si no deseamos nada o lo hacemos tan d\u00e9bilmente que nada pedimos? Incluso si nos encontramos en la aridez m\u00e1s completa y en la insensibilidad m\u00e1s desesperante, clamemos al Se\u00f1or y El tendr\u00e1 piedad de nosotras; pid\u00e1mosle que encienda santos deseos en nuestros corazones y no nos cansemos de repetir nuestra s\u00faplica hasta que nos escuche, porque nos escuchar\u00e1 indudablemente.<\/p>\n<p><em>\u00abSi, <\/em><em>pues, vosotros, malos como sois, sab\u00e9is dar buenos regalos a vuestros hijos, ;cu\u00e1nto m\u00e1s vuestro Padre celestial dar\u00e1 <\/em><em>desde el Cielo el Esp\u00edritu Santo a quienes se lo pidieren!\u00bb <\/em>(Lc. 12, 13).<\/p>\n<p>Pidamos ese esp\u00edritu que es la Caridad y abandon\u00e9monos a la acci\u00f3n de Dios que nos conduce hacia la Caridad perfecta.<\/p>\n<p>Desear y orar no es suficiente, tenemos que entregarnos por completo a la divina direcci\u00f3n como Cristo se entreg\u00f3 a la Voluntad de su Padre. Amamos a Dios, pero \u00bfno es verdad que no lo amamos bastante para abandonarnos sin reserva a sus designios providenciales? Queremos hacer indudablemente la Voluntad de Dios, pero no aceptar ese cambio o ese oficio que creemos que no est\u00e1 de acuerdo con nuestras aspiraciones o en el que nos parece que no se puede aprovechar toda nuestra capacidad para la acci\u00f3n y el apostolado; querr\u00edamos inspirar a Dios y a nuestros Superiores la manera de dirigirnos en lugar de ponemos, sin condiciones, en manos del Se\u00f1or. No es s\u00f3lo por la noche, en Completas, cuando hemos de decir \u00abEn tus manos encomiendo mi esp\u00edritu\u00bb; hemos de vivirlo todos los d\u00edas y en los menores detalles de nuestra vida. Nuestro propio criterio s\u00f3lo puede conducirnos a nosotros mismos, y esto no vale demasiado la pena; la Voluntad de Dios nos llevar\u00e1 hasta El, que es justamente a lo que aspiramos. Como el Padre celestial traz\u00f3 el camino de su Hijo a trav\u00e9s de la pobreza, la oscuridad o la popularidad, los \u00e9xitos moment\u00e1neos, las contradicciones, las delaciones, las alegr\u00edas y sufrimientos y, finalmente, la Cruz, as\u00ed tambi\u00e9n ha previsto nuestro propio camino: sig\u00e1moslo, poniendo nuestros pies en las huellas de Cristo, nuestro Se\u00f1or y nuestro Hermano. S\u00f3lo \u00c9l sabe por qu\u00e9 purificaciones tenemos que pasar para llegar a conseguir la plenitud del amor. Cuando se ha comprendido que todo viene de Dios, aun lo que parece provenir de la mala voluntad de los hombres, se entra en la senda de la alegr\u00eda y de la paz y se avanza a grandes pasos en el camino del Amor.<\/p>\n<p>Hay que llegar hasta el l\u00edmite de las divinas exigencias sin calcular lo que ser\u00e1 de nosotros. La generaci\u00f3n actual, con la impronta del racionalismo no comprende espont\u00e1neamente que se llegue hasta el don total, absoluto, de s\u00ed, y \u00e9sta es una de las causas de la falta de vocaciones. No se ama verdaderamente cuando se toman precauciones para el futuro, para reservarse algo y garantizar su posesi\u00f3n Amamos cuando nos arrojamos en Dios sin ver y sin comprender.<\/p>\n<p>Quien pueda entender, entienda.<\/p>\n<p>Vivir en Caridad no es \u00fanicamente entregarse a Dios invisible, es tambi\u00e9n entregarse a sus hermanos, al Dios visible y deformado que mendiga incesantemente nuestro amor. Somos responsables en esta vida del amor que Dios profesa a todos los hombres y en especial a aquellos que el Se\u00f1or coloca en nuestro camino. Ante todo, indudablemente, a aquellos que son el objeto de nuestro cuarto Voto, pero tambi\u00e9n a los dem\u00e1s, sin discriminaci\u00f3n de pobreza o riqueza, de simpat\u00eda o antipat\u00eda, de raza, de religi\u00f3n, ni de nada. Tenemos una deuda de amor divino con todos los que encontremos en nuestro caminar terrestre. <em>La caridad que debemos a nuestros hermanos, <\/em>mis queridas Hermanas, <em>es ante todo interior, y <\/em>si no han de retener ustedes m\u00e1s que una sola frase de esta Circular, es \u00e9sta la que deben retener, resume todas las dem\u00e1s, ya que si hacen ustedes esto, \u00abcumplir\u00e1n toda la Ley y los Profetas\u00bb.<\/p>\n<p>Podr\u00eda decirles y les digo que amar a nuestros hermanos es servirles, es obrar con justicia respecto a ellos; es ayudarles a ser art\u00edfices de su promoci\u00f3n humana y sobrenatural; pero todo esto no es nada, todo ello es insuficiente y no se lograr\u00e1 si previamente no estamos unidos a ellos por aut\u00e9ntica Caridad interior. Recordemos la fuerte expresi\u00f3n de San Pablo: <em>\u00abSi en<\/em><em>tregare mi cuerpo para ser abrasado, mas no tuviere caridad, de nada sirve\u00bb. <\/em>(1 Cor., 13, 3).<\/p>\n<p>Si la Caridad reinase como soberana en el pensamiento y en el coraz\u00f3n de cada una de las Hijas de la Caridad, se transformar\u00eda toda la Compa\u00f1\u00eda; ah\u00ed reside la aut\u00e9ntica renovaci\u00f3n espiritual que le devolver\u00e1 la juventud de esp\u00edritu y la potencia creadora que caracteriza a todo lo que es nuevo en el Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Mis queridas Hermanas, ruego a cada una de ustedes que, respecto a la caridad interior, haga el prop\u00f3sito firm\u00edsimo de no aceptar jam\u00e1s ning\u00fan pensamiento suspicaz o malevolente hacia nadie, sino de considerar a todos con amor; que cualquiera que nos aborde pueda tener la seguridad de que nuestro coraz\u00f3n rebosa benevolencia, complacencia, comprensi\u00f3n hacia \u00e9l; la seguridad de que en nosotras encontrar\u00e1 siempre y para todo un compa\u00f1ero, un amigo. En resumen: que Dios, presente en nosotras por la Caridad, le acoge por mediaci\u00f3n nuestra. Esto es <em>\u00abhacer a Dios presente en el mundo de los Pobres\u00bb <\/em>(Pablo &#8216;VI a las Hijas de la Caridad, 1851965).<\/p>\n<p>Que este afecto entra\u00f1able a todos se haga fraternal aun cuando se dirija a nuestras Hermanas, <em>y <\/em>asegure as\u00ed la presencia permanente del Se\u00f1or de la Caridad en cada una de nuestras peque\u00f1as comunidades. Que cada Hija de la Caridad pueda estar segura de que su Hermana la mira con cari\u00f1o.<\/p>\n<p>Nuestros m\u00e1s admirables gestos de caridad no son m\u00e1s que mera ilusi\u00f3n si no provienen de esta caridad interior. Y si la caridad ilumina <em>y <\/em>anima nuestra visi\u00f3n del mundo <em>y <\/em>de los hombres, juzgaremos las personas y acontecimientos con un esp\u00edritu nuevo, seg\u00fan una nueva mentalidad; lo veremos todo en la Verdad. S\u00f3lo se ve c\u00f3mo es aquello que se ama. Dios es el \u00fanico que nos conoce perfectamente, s\u00f3lo \u00c9l nos ama perfectamente.<\/p>\n<p>Nuestra renovaci\u00f3n espiritual radica en la Caridad, Caridad que debe reinar en cada una de nosotras <em>y <\/em>en la Compa\u00f1\u00eda entera; tomemos personal y comunitariamente la resoluci\u00f3n de llegar a ser \u00abHijas de la Caridad\u00bb al precio de una lucha de todos los instantes; que \u00e9sta sea el objetivo espiritual del a\u00f1o que comienza.<\/p>\n<p>No es demasiado tarde para las Hermanas de edad: nunca es demasiado tarde para emprender la marcha hacia la santidad. Tampoco es demasiado pronto para las j\u00f3venes: no hay tiempo que perder. Un mismo esfuerzo debe unimos a todas en Cristo, para caminar en estado de oraci\u00f3n, a la conquista de la Caridad, a la conquista de DIOS.<\/p>\n<p>Al terminar estas l\u00edneas mi pensamiento se vuelve irresistiblemente hacia Mar\u00eda, Madre <em>y <\/em>Modelo de la Iglesia, Mar\u00eda, nuestra \u00fanica Madre. Que ella siga siendo nuestra Gu\u00eda y nuestra Maestra en estos tiempos tan dif\u00edciles, <em>y <\/em>que, como hizo en el siglo precedente, sostenga a la Peque\u00f1a Compa\u00f1\u00eda en este esfuerzo de renovaci\u00f3n espiritual que ha emprendido para servir mejor a su Hijo en la persona de los Pobres.<\/p>\n<p>Encomend\u00e9mosle tambi\u00e9n las intenciones de Nuestro Honorable Padre, que gu\u00eda en el esp\u00edritu de San Vicente a la doble familia confiada a su solicitud, las de Nuestro Respetable Padre Jamet, Director General, y de Nuestro Venerado Padre Castelin. No olvidemos tampoco a nuestros Misioneros, tan abnegados y celosos por el bien de nuestras almas y de nuestras obras.<\/p>\n<p>Unidas a nuestras Veneradas Madres Blanchot y Lepicard, a nuestras Hermanas Consejeras, Ec\u00f3noma General, Secretaria General y Secretarias, les renuevo la seguridad de mi solicitud y quedo en el amor de Jes\u00fas y Mar\u00eda Inmaculada,<\/p>\n<p>mis car\u00edsimas Hermanas, su humilde servidora y afect\u00edsima,<\/p>\n<p style=\"text-align: right\"><em>Sor Susana Guillemin<\/em><br \/>\nind.h.d.l.c.s.d.l.p.e.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Par\u00eds, 1.\u00b0 de enero de 1967 Mis car\u00edsimas Hermanas \u00a1La gracia de Nuestro Se\u00f1or sea siempre con nosotras! 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A las Hermanas que van a emitir los Votos por primera vez Hermanas, ma\u00f1ana van ustedes a hacer el acto ciertamente m\u00e1s importante de su vida, el que va a determinar a los ojos de Dios su calidad y su valor. Por medio de los votos que\u2026","rel":"","context":"En \u00abEscritos de Susana Guillemin\u00bb","block_context":{"text":"Escritos de Susana Guillemin","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/escritos\/escritos-de-susana-guillemin\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":44187,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/susana-guillemin-repeticion-de-oracion-7-de-diciembre-de-1962\/","url_meta":{"origin":33668,"position":3},"title":"Susana Guillemin: Repetici\u00f3n de oraci\u00f3n, 7 de diciembre de 1962","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"03\/07\/2011","format":false,"excerpt":"Susana Guillemin, H.C. A las Hermanas que van a emitir los Votos por primera vez Hermanas, van ustedes a cumplir el mayor acto de su vida en la fiesta de la Inmaculada Concepci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen: pronunciar los votos que las entregar\u00e1n irrevocablemente al Se\u00f1or. Ella, nuestra Inmaculada Madre,\u2026","rel":"","context":"En \u00abEscritos de Susana Guillemin\u00bb","block_context":{"text":"Escritos de Susana Guillemin","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/escritos\/escritos-de-susana-guillemin\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":44381,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/susana-guillemin-repeticion-de-oracion-2-de-abril-de-1967\/","url_meta":{"origin":33668,"position":4},"title":"Susana Guillemin: Repetici\u00f3n de oraci\u00f3n, 2 de abril de 1967","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"16\/07\/2011","format":false,"excerpt":"Susana Guillemin, H.C. A la comunidad, con motivo de la Renovaci\u00f3n Cuanto m\u00e1s pasan los a\u00f1os, m\u00e1s admirable veo la sabidur\u00eda de San Vicente al instituir nuestra Renovaci\u00f3n anual y con m\u00e1s claridad se me presentan las ventajas que supone. Tambi\u00e9n veo acrecentarse el \u00ednter\u00e9s que suscita en aquellos que\u2026","rel":"","context":"En \u00abEscritos de Susana Guillemin\u00bb","block_context":{"text":"Escritos de Susana Guillemin","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/escritos\/escritos-de-susana-guillemin\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]},{"id":42214,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/susana-guillemin-repeticion-de-oracion-22-de-junio-de-1960\/","url_meta":{"origin":33668,"position":5},"title":"Susana Guillemin: Repetici\u00f3n de oraci\u00f3n, 22 de junio de 1960","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"27\/06\/2011","format":false,"excerpt":"Susana Guillemin, H.C. La mayor\u00eda de los que contemplan la vida de las almas consagradas, las compadecen, porque se las imaginan desprovistas de afecto \u2014solas\u2014 y les atribuyen un coraz\u00f3n. seco. La aparente soledad, el desprendimiento son, sin embargo, la condici\u00f3n necesaria para poseer en nosotras esa Presencia Divina. La\u2026","rel":"","context":"En \u00abEscritos de Susana Guillemin\u00bb","block_context":{"text":"Escritos de Susana Guillemin","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/escritos\/escritos-de-susana-guillemin\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/07\/escritos-guillemin.jpg?fit=1200%2C630&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]}],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/33668","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=33668"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/33668\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":402873,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/33668\/revisions\/402873"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/393749"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=33668"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=33668"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=33668"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}