{"id":32875,"date":"2022-11-21T08:20:07","date_gmt":"2022-11-21T07:20:07","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/04\/espiritualidad-vicenciana-castidad\/"},"modified":"2022-08-09T22:12:20","modified_gmt":"2022-08-09T20:12:20","slug":"espiritualidad-vicenciana-castidad","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-castidad\/","title":{"rendered":"Espiritualidad vicenciana: Castidad"},"content":{"rendered":"<h2>Situaci\u00f3n<\/h2>\n<p>En los \u00faltimos a\u00f1os ha habido cambios pro\u00adfundos y desconcertantes en la comprensi\u00f3n de la castidad; se ha pasado de una visi\u00f3n domina\u00adda por el pudor a una situaci\u00f3n de plena permi\u00adsividad. La virtud de la castidad ha roto el marco estrecho del sexto mandamiento y se ha coloca\u00addo en el punto clave para esclarecer temas tan importantes como el del amor, el de la amistad, el de las relaciones interpersonales y el de las re\u00adacciones de la persona humana ante los est\u00edmu\u00adlos exteriores del orden afectivo. La castidad, co\u00admo ha dicho el Vaticano II, \u00abtoca las capas m\u00e1s profundas de la persona humana\u00bb (Perfectae Ca\u00adritatis n\u00ba 12).<\/p>\n<p>La virtud de la castidad es la virtud del amor y la que tiene como fin principal capacitar a la persona humana a amar, a amar m\u00e1s y a amar me\u00adjor e impedir que elementos extra\u00f1os impidan a la persona realizar plenamente su capacidad de amar.<\/p>\n<p>Pretender buscar esta visi\u00f3n de la castidad en san Vicente es pretender algo imposible. San Vicente en esto, como en otras cosas, fue hijo de su tiempo. Y si en otros aspectos de la vida sa\u00adcerdotal, consagrada y apost\u00f3lica aport\u00f3 ele\u00admentos importantes, de antemano tenemos que decir que en el campo de la castidad no ha apor\u00adtado novedades especiales, si no es el valor de la experiencia que se palpa en sus palabras y en sus consejos.<\/p>\n<p>La lectura de los escritos que conservamos de san Vicente sobre el tema de la castidad deja la impresi\u00f3n de que era excesivamente moralizan\u00adte, desconfiado de las personas, de tener un gran temor al pecado de impureza. Llama igualmente la atenci\u00f3n de que no aborde el tema del celi\u00adbato sacerdotal. Seg\u00fan los historiadores, parte considerable del clero dejaba mucho que desear en este campo, sin embargo, san Vicente no alu\u00addi\u00f3 a esa situaci\u00f3n. Tampoco desarroll\u00f3 los aspectos teol\u00f3gicos que la patr\u00edstica y escol\u00e1stica ve\u00edan en el consejo evang\u00e9lico de la castidad por el reino de los cielos y en la virginidad.<\/p>\n<p>San Vicente se comport\u00f3 como un buen pre\u00addicador: exager\u00f3 un poco sus expresiones, aler\u00adt\u00f3 fuertemente ante los peligros y abund\u00f3 en me\u00addios para evitar el pecado contra la castidad.<\/p>\n<div>\n<h2>\u00a1Qu\u00e9 virtud tan hermosa!<\/h2>\n<\/div>\n<p>En la conferencia del 12 de diciembre de 1659, san Vicente trat\u00f3 el tema de la castidad. Se hizo esta pregunta: <em>\u00bfen qu\u00e9 consiste esta virtud? Y <\/em>\u00e9l mismo respondi\u00f3: \u00ab<em>Todos los ni\u00f1os oyen hablar a sus padres de la malicia del pecado contrario a esta virtud. \u00a1Qu\u00e9 virtud tan hermosa! Hay dos o tres especies de castidad: la castidad conyugal que modera los afectos del placer carnal y la que arranca del coraz\u00f3n todos esos afectos. Esta \u00fal\u00adtima es una virtud muy excelsa, ya que lleva a quienes la practican a vivir con toda pureza\u00bb. <\/em>En su explicaci\u00f3n descart\u00f3 la castidad conyugal por\u00adque, como es obvio, no interesaba a aquel grupo de misioneros: sacerdotes y hermanos que hab\u00edan optado por el celibato. \u00ab<em>La castidad conyugal mo\u00addera los placeres de la carne y nosotros no debemos tener ninguno\u00bb. <\/em>Por tanto, es la otra castidad la que interesa. <em>\u00abEs la virtud que pide de nosotros que arranquemos del coraz\u00f3n todos los afectos hacia las acciones de impureza, las ma\u00adlas inclinaciones y todo lo dem\u00e1s\u00bb. <\/em>Y corno si hu\u00adbiera dicho mucho, a\u00f1adi\u00f3: <em>\u00abNo voy a hablar m\u00e1s de ello, ni en concreto de sus actos particulares. \u00a1Qu\u00e9 virtud tan singular y c\u00f3mo procura el de\u00admonio hacer que la perdamos!\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Si analizamos esta exposici\u00f3n de san Vicen\u00adte, parece como si la hubiera preparado en un manual de moral tradicional, y como los manua\u00adles tradicionales de entonces no ofrec\u00edan muchos elementos espirituales, dej\u00f3 a un lado la mayor parte de lo que en ellos ley\u00f3 y se centr\u00f3 en el as\u00adpecto que m\u00e1s interesaba a sus oyentes: la cas\u00adtidad del coraz\u00f3n, la virtud que pide <em>\u00abarrancar los malos afectos, no s\u00f3lo de nuestra fantas\u00eda y de nuestro esp\u00edritu, sino de nuestro coraz\u00f3n, y las afecciones a la impureza\u00bb. <\/em><\/p>\n<p>Entre las divisiones que los manuales de mo\u00adral daban de la castidad, san Vicente se fij\u00f3 en dos: la castidad: pureza de cuerpo y la castidad: pure\u00adza de esp\u00edritu. Dej\u00f3 a un lado la primera, porque para hombres que profesan la castidad perfecta, la pureza de cuerpo se da por descontada. Insis\u00adti\u00f3 sobre la pureza de esp\u00edritu, porque es el ele\u00admento esencial de esta virtud; ella es la que echa del pensamiento, del esp\u00edritu, de la memoria y de la fantas\u00eda todos los malos afectos.<\/p>\n<p>No es desde\u00f1able la insistencia de san Vi\u00adcente sobre el elemento interior de la castidad, pues, como dijo nuestro Se\u00f1or, \u00abdel coraz\u00f3n salen las intenciones malas\u2026\u00bb (Mt 15, 19). No pue\u00adde haber castidad verdadera si no tiene sus ra\u00ed\u00adces en un coraz\u00f3n casto, ni puede haber castidad exterior, si no hay una higiene espiritual del co\u00adraz\u00f3n.<\/p>\n<div>\n<h2>Castidad consagrada<\/h2>\n<\/div>\n<p>Si, en general, podemos decir que para san Vicente la virtud de la castidad ten\u00eda como obje\u00adto cumplir el sexto mandamiento: moderar el ejer\u00adcicio de lo ven\u00e9reo y prohibir los malos pensa\u00admientos, las palabras obscenas y las acciones deshonestas, ser\u00eda, sin embargo, un error creer que san Vicente se qued\u00f3 ah\u00ed. Era consciente de que los misioneros y las Hijas de la Caridad eran personas consagradas. Aunque no de una ma\u00adnera abundante, s\u00ed suficiente, expuso algunos va\u00adlores que la teolog\u00eda actual de la castidad consa\u00adgrada pone de relieve.<\/p>\n<p><strong><em>a) <\/em><\/strong><strong>\u00abNunca les tendr\u00e9is demasiado cari\u00f1o\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>Juan Pablo II ha descrito la castidad como la \u00abfuerza espiritual que sabe defender al amor de los peligros del ego\u00edsmo y de la agresividad, y sabe promover el amor hacia su plena realiza\u00adci\u00f3n\u00bb (Familiaris Consortio 33). En otros t\u00e9rmi\u00adnos, la castidad cristiana permite a la persona ser due\u00f1a de s\u00ed misma, de sus instintos y tendencias, y le permite igualmente orientar todos los afec\u00adtos al servicio del amor. Esto es lo que san Vicente vino a decir a las Hermanas que cuidaban de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos: \u00abAdem\u00e1s del m\u00e9rito y recom\u00adpensa que Dios os da por servir a esos ni\u00f1os\u2026 est\u00e1 algunas veces la satisfacci\u00f3n que se siente, y es\u00adtoy convencido de que sent\u00eds muchas veces gran cari\u00f1o hacia ellos. Hijas m\u00edas, nunca les tendr\u00e9is demasiado cari\u00f1o. Estad seguras de que nunca ofender\u00e9is a Dios por amarlos mucho, pues son sus hijos, y el motivo que os ha hecho poneros a su servicio es el amor que le ten\u00e9is a \u00e9l\u00bb. Pa\u00adrece que san Vicente se sali\u00f3 de la l\u00f3gica pesi\u00admista habitual en su doctrina incitando a desple\u00adgar el amor humano hacia los ni\u00f1os abandonados. En esta circunstancia no tuvo miedo a los trucos de la naturaleza humana, confi\u00f3 en las Hermanas y, sobre todo, tuvo fe en la fuerza del motivo que las llevaba a manifestar ese cari\u00f1o a los ni\u00f1os abandonados.<\/p>\n<p><strong><em>b)<\/em><\/strong><strong>\u00abAl entrar en la Compa\u00f1\u00eda escogisteis a nues\u00adtro Se\u00f1or por esposo\u00bb. <\/strong><\/p>\n<p>Al tratar sobre la indiferencia en la conferen\u00adcia del 6 de junio de 1656, san Vicente toc\u00f3 el te\u00adma del amor esponsal: \u00abFijaos, bien, hijas m\u00edas, al entrar en la Compa\u00f1\u00eda, escogisteis a nuestro Se\u00f1or por esposo y \u00e9l os recibi\u00f3 como esposas, o mejor dicho, os prometisteis a \u00e9l; luego, al ca\u00adbo de cuatro a\u00f1os, poco m\u00e1s o menos, os en\u00adtregasteis a \u00e9l por medio de los votos, de forma que sois sus esposas y \u00e9l vuestro esposo. Y co\u00admo el matrimonio no es sino una donaci\u00f3n que la mujer hace de s\u00ed misma a su marido, tambi\u00e9n el matrimonio espiritual que hab\u00e9is contra\u00eddo con nuestro Se\u00f1or, no es m\u00e1s que una entrega que le hab\u00e9is hecho de vosotras mismas\u00bb.<\/p>\n<p>La castidad consagrada y el matrimonio son dos expresiones del amor de Dios, distintas, pe\u00adro se iluminan mutuamente. San Vicente sigui\u00f3 la l\u00ednea de los santos Padres. El amor de la cas\u00adtidad ha de ser como el amor matrimonial en sus cualidades esenciales: indisoluble y exclusivo. Nuestro Se\u00f1or \u00abse ha entregado a vosotras, ya que se entrega a las almas que se dan a \u00e9l por un contrato irrevocable, que nunca jam\u00e1s se rom\u00adper\u00e1\u00bb, la castidad, es por tanto, un amor indiso\u00adluble. Pero tambi\u00e9n la castidad es un amor ex\u00adclusivo, porque \u00abas\u00ed como una mujer prudente no mira a ning\u00fan otro hombre m\u00e1s que a su ma\u00adrido, o se convierte en ad\u00faltera, as\u00ed tambi\u00e9n la Hi\u00adja de Caridad que tiene la dicha de ser espo\u00adsa del Hijo de Dios, es ad\u00faltera cuando prefiere una criatura a Dios. \u00a1Qu\u00e9 pena para un esposo ver a su esposa faltar a la fidelidad que le debe!\u00bb (IX, 784-785).<\/p>\n<p>San Vicente se expres\u00f3 como se ha expresado un autor moderno: \u00abComo el hombre entrega cuerpo, coraz\u00f3n y alma a su esposa, d\u00e1ndose to\u00adtalmente a ella, encontrado en ella su plenitud, as\u00ed la virgen que se da a Cristo, entreg\u00e1ndose plenamente a \u00e9l, encuentra en \u00e9l la plenitud. Y co\u00admo la castidad del hombre est\u00e1 en amar verda\u00adderamente a su mujer con todo lo que es \u00e9l, con un v\u00ednculo sagrado e indisoluble, as\u00ed es la casti\u00addad de la virgen con relaci\u00f3n a Cristo\u00bb (cf. Pigna, A., <em>Consigli evangelici, <\/em>O. C. D. Roma, 1990, p. 193).<\/p>\n<p><strong><em>c) <\/em><\/strong><strong>\u00abVosotras, hijas m\u00edas, sois v\u00edrgenes y madres\u00bb<\/strong><\/p>\n<p>La constituci\u00f3n dogm\u00e1tica <em>Lumen Gentium <\/em>del Vaticano II recoge y actualiza la tesis tradi\u00adcional de que \u00abla continencia por el reino de los cielos, siempre ha sido tenida por la Iglesia en grand\u00edsima estima, como se\u00f1al y est\u00edmulo de la caridad y como un singular manantial de espiri\u00adtual fecundidad en el mundo\u00bb (n\u00ba 42; <em>Presbyte\u00adrorum Ordinis, <\/em>16). En el <em>Perfectae Caritatis, <\/em>el Concilio repite la idea, pero la expresi\u00f3n es dis\u00adtinta. La castidad, \u00abdon eximio de la gracia libera el coraz\u00f3n del hombre de modo singular (cf. 1 Cr. 7, 32-35) para que se inflame m\u00e1s en la cari\u00addad para con Dios y los hombres\u00bb (n\u00ba 12). San Vi\u00adc<em>ente aplic\u00f3 esta doctrina, antigua y nueva, a las Hijas de la Caridad que cuidaban a los ni\u00f1os abandonados: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 consuelo, hijas m\u00edas! Vosotras sois v\u00edrgenes y madres a la vez. S\u00ed, sois madres de esos pobres ni\u00f1os, puesto que cumpl\u00eds con ellos los deberes fundamentales. Sois v\u00edrgenes, puesto que hab\u00e9is dejado al mundo por eso y pa\u00adra conservar ese precioso tesoro\u00bb (el de la virgi\u00adnidad) (XI, 740). El don de la castidad, no s\u00f3lo es fuente de santidad personal para los misioneros y las hermanas, es para ellos una continua exi\u00adgencia de donaci\u00f3n apost\u00f3lica, el mejor modo de manifestar el amor a Dios y a los pobres. Es di\u00adf\u00edcil concebir una castidad fuente de santidad que no sea al mismo tiempo fuente de fecundidad apost\u00f3lica.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>d) <\/em><\/strong><strong>Un coraz\u00f3n con las dimensiones del coraz\u00f3n de Cristo<\/strong><\/p>\n<p>La castidad consagrada crea en el coraz\u00f3n del consagrado las dimensiones del coraz\u00f3n de Cris\u00adto. El amor de Cristo es universal, cabe dentro de \u00e9l toda la humanidad. \u00c9l ha venido para salvar a todos los hombres. Para san Vicente, la Hija de la Caridad y el misionero est\u00e1n llamados a ser universales, sin excepci\u00f3n alguna y estar dis\u00adpuestos a ejercer la caridad con todos los pobres. El misionero y la Hija de la Caridad, no se deben recluir en los l\u00edmites de una parroquia o de una di\u00f3cesis \u00abnuestra vocaci\u00f3n consiste en ir, no a una parroquia, ni s\u00f3lo a una di\u00f3cesis, sino por toda la tierra \u00bfpara qu\u00e9? Para abrazar los corazones de todos los hombres, hacer lo que hizo el Hijo de Dios, que vino a traer fuego a la tierra para infla\u00admada de su amor. \u00bfQu\u00e9 otra cosa hemos de desear, sino que arda y se consuma todo? Es cierto que yo he sido enviado, no s\u00f3lo para amar a Dios, sino para hacerlo amar\u00bb (XI, 553). La uni\u00adversalidad de ambas comunidades vicencianas, se consigue, no s\u00f3lo mediante las instituciones, si\u00adno principalmente por la disponibilidad que la cas\u00adtidad crea en el coraz\u00f3n de los hijos e hijas de san Vicente.<\/p>\n<p><strong><em>e) <\/em><\/strong><strong>La castidad realiza ya en este mundo la alian\u00adza entre Dios y los hombres<\/strong><\/p>\n<p>Se trata del valor escatol\u00f3gico de la castidad. La castidad cristiana tiene sentido escatol\u00f3gico, pero de una manera especial la castidad consa\u00adgrada. . Seg\u00fan el Concilio, las castidad consagra\u00adda \u00abrecuerda a todos los cristianos aquel mara\u00advilloso matrimonio establecido por Dios, y que ha de revelarse totalmente en la vida futura por el que la Iglesia tiene a Cristo como \u00fanico esposo\u00bb <em>(Perfectae Caritatis, <\/em>12). Las constituciones ac\u00adtuales de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n recogen este sentido escatol\u00f3gico considerando a la castidad como \u00abla expresi\u00f3n del amor entre Cristo y la Iglesia que se manifestar\u00e1 en la vida futura\u00bb (Constituciones y Estatutos de la CM, CEME, Sa\u00adlamanca, 1985, art. 29 \u00a7 2). Igualmente, las cons\u00adtituciones de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Ca\u00adridad: La castidad \u00abrealiza ya en este mundo la Alianza entre Dios y los hombres, que tendr\u00e1 su pleno cumplimiento en el mundo futuro; es una forma de hacer actual la esperanza\u00bb (Constitu\u00adciones de las Hijas de la Caridad de san Vicente de Pa\u00fal, Madrid, 1984, C 2, 6).<\/p>\n<p>La pregunta es si el sentido escatol\u00f3gico de los textos normativos tiene ra\u00edz vicenciana o no. No me parece f\u00e1cil demostrarlo. No creo que san Vicente tuviera preocupaciones escatol\u00f3gicas. San Vicente cit\u00f3 el texto escatol\u00f3gico de las v\u00edrgenes del Apocalipsis (Ap. 14, 4) en la conferencia sobre la castidad: \u00abPor causa de esta virtud, las v\u00edrge\u00adnes acompa\u00f1ar\u00e1n por todas partes al Cordero can\u00adtando un c\u00e1ntico nuevo\u00bb (XI, 682). Los ex\u00e9getas no est\u00e1n conformes en la interpretaci\u00f3n de este texto, si se refiere a los que en este mundo viven en estado de virginidad o se refiere a los elegidos que gozan de la presencia del Cordero por haber sido fieles y no se prostituyeron con la idolatr\u00eda. De todas maneras, una cosa es cierta, los que vi\u00adven en estado de virginidad expresan un grado de perfecci\u00f3n de la vida cristiana que transciende el hecho de esta vida par. a tener pleno sentido en la otra (cf. Pigna, A., o. c. p. 263-264).<\/p>\n<p>El otro texto escatol\u00f3gico citado por san Vi\u00adcente es el de las v\u00edrgenes sabias y prudentes (Mt 25). La par\u00e1bola pone de manifiesto la actitud de espera al Esposo que ha de venir. San Vicente aprovech\u00f3 la par\u00e1bola para pedir a las hermanas un desprendimiento total para fijar su pensa\u00admiento en el Esposo, no sea que por estar ocu\u00adpadas en otras muchas cosas, venga el Esposo y ellas no est\u00e9n preparadas. No basta esperarle, hay que prepararse para recibir al Esposo. El sentido escatol\u00f3gico posible del texto fue apro\u00advechado por san Vicente para evitar que las hermanas fueran como las v\u00edrgenes necias que esperaron, pero se entretuvieron en cosas ajenas, y tuvieron que o\u00edr aquella reprobaci\u00f3n del Se\u00f1or: \u00abEstabais dormidas en la observancia de vuestras reglas, ya no os conozco como esposas, mar\u00adchaos, os abandono\u00bb (XI, 1144).<\/p>\n<div>\n<h2>Las motivaciones<\/h2>\n<\/div>\n<p>La vida del cristiano tiene como meta princi\u00adpal reproducir lo que fue Jes\u00fas. La vida consa\u00adgrada refuerza esta finalidad y tiende hacer presente a Cristo casto, pobre y obediente. La mo\u00adtivaci\u00f3n, por tanto, del seguimiento de Cristo casto, pobre y obediente no puede ser otra que el mismo Jes\u00fas: sus palabras, su ejemplo y su conducta.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a la castidad, el ejemplo de Cristo fue estremecedor, se hizo eunuco por el reino de los cielos. Jes\u00fas no tuvo reparo en ca\u00adtalogarse entre los eunucos, grupo social des\u00adpreciado en su tiempo como ahora.<\/p>\n<p><strong>a) <\/strong><strong>El ejemplo de Cristo<\/strong><\/p>\n<p>En el ejemplo de Cristo, san Vicente con\u00adtempl\u00f3 una doble faceta. La primera se refiere al designio eterno de Dios sobre el modo c\u00f3mo se encarn\u00f3 su Hijo eterno: \u00abNuestro Salvador nos hi\u00adzo ver claramente cu\u00e1nto estimaba la castidad, y cu\u00e1n ardientemente deseaba introducirla en los corazones, en el hecho de haber elegido nacer, por obra del Esp\u00edritu Santo y al margen de las le\u00adyes naturales, de una Virgen sin tacha\u00bb (XI, 679; RC CM, IV, 1). Este motivo no falla cuando san Vi\u00adcente quiere exhortar a la pr\u00e1ctica de la castidad a la luz de Cristo. Jes\u00fas quiso que hubiera gran distancia entre \u00e9l y todo lo que es contrario a la castidad.<\/p>\n<p>Una objeci\u00f3n aparece de inmediato: \u00bfes que hay algo contra la castidad en el hecho de nacer conforme a las leyes de la naturaleza? Cierta\u00admente no, ni entonces, ni ahora, pero la sensibi\u00adlidad cultural ante este hecho ha cambiado. Otro ejemplo lo da santa Luisa. La santa temi\u00f3 que la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad no subsistiera por los fallos que ve\u00eda en ella. Cita expresamen\u00adte las salidas de algunas hermanas con el prop\u00f3\u00adsito de casarse. Para santa Luisa, pensar casar\u00adse siendo todav\u00eda hermana, era \u00abacercarse a la impureza\u00bb (Luisa de Marillac, Correspondencia y Escritos, CEME, Salamanca, 1985, c. 394).<\/p>\n<p>San Vicente se sumergi\u00f3 en el misterio di\u00adciendo: \u00abHemos de decir que algo grande hay en esta virtud, ya que el santo de los santos rompi\u00f3 el orden de la naturaleza para ser concebido y nacer de una forma que demuestra lo mucho que apreciaba la castidad\u00bb (XI, 680).<\/p>\n<p>El segundo aspecto es el comportamiento de Jes\u00fas que, por amor a la castidad y por horror al vicio contrario, \u00abpermiti\u00f3 que se le imputaran en falso los peores cr\u00edmenes, para quedar saturado de infamia, seg\u00fan sus deseos. No se lee, sin em\u00adbargo, en el evangelio que fuese tachado, no di\u00adr\u00e9 ya acusado, ni siquiera de la menor sospecha de impureza\u00bb. En la conferencia sobre la castidad, san Vicente fue m\u00e1s expl\u00edcito y recogi\u00f3 los \u00abmil reproches y las acusaciones de los jud\u00edos contra Jes\u00fas, llam\u00e1ndole impostor, borracho y ende\u00admoniado\u00bb (XI, 680; RC CM, IV, 1).<\/p>\n<p><strong>b) <\/strong><strong>La ense\u00f1anza de Jes\u00fas<\/strong><\/p>\n<p>La advertencia de Jes\u00fas de que si no se de\u00adja padre, madre o mujer, no es digno de \u00e9l (Lc 14, 26) caus\u00f3 gran impacto en san Vicente. Ley\u00f3 es\u00adte texto del evangelio en clave de castidad y, se\u00adg\u00fan \u00e9l, esta advertencia de Jes\u00fas hizo que los dis\u00adc\u00edpulos que ten\u00edan esposa la dejaran y que las mujeres dejaran a sus maridos y que muchos cristianos no usaran el matrimonio. Es m\u00e1s, pa\u00adra san Vicente, est\u00e1 aqu\u00ed el origen de la huida de los monjes al desierto y de las \u00f3rdenes monaca\u00adles (XI, 680-681).<\/p>\n<p>La ex\u00e9gesis no es correcta, san Vicente apa\u00adrece tocado de la corriente que subestim\u00f3 el ma\u00adtrimonio, sigui\u00f3 la opini\u00f3n de aquellos que ven en el uso del matrimonio la \u00abfetidez del acto car\u00adnal\u00bb, a fin de poner de relieve al hombre espiri\u00adtual.<span id='easy-footnote-1-32875' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-castidad\/#easy-footnote-bottom-1-32875' title='Cf. Colorado, A., Los consejos evang\u00e9licos a la luz de la teolog\u00eda actual, S\u00edgueme, Salamanca, 1965, p. 141- 148. El autor expone la influencia que en la Iglesia han te\u00adnido las ideas maniqueas y la opini\u00f3n negativa de algunos Padres sobre el matrimonio.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span> Pero tampoco se puede excluir, sin m\u00e1s, el impacto que en la vida de los primeros cristianos e inmediatos seguidores de Jes\u00fas caus\u00f3 su ce\u00adlibato, hasta crear cierto desconcierto y confu\u00adsi\u00f3n sobre la instituci\u00f3n matrimonial. San Pablo esclareci\u00f3 el valor del matrimonio, pero termin\u00f3 aconsejando la virginidad. El Concilio de Trento, contra el planteamiento protestante, se declar\u00f3 en favor de la virginidad. Hoy hacemos otros plan\u00adteamientos y la prioridad se da al que mejor res\u00adponda a la propia vocaci\u00f3n, sea matrimonial o de consagraci\u00f3n virginal.<span id='easy-footnote-2-32875' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-castidad\/#easy-footnote-bottom-2-32875' title='Cf. 1 Cr 7. Debido a la pol\u00e9mica con los protestan\u00adtes, en Trento se plante\u00f3 la cuesti\u00f3n de la siguiente ma\u00adnera: \u00abSi alguien dice que se ha de anteponer el estado con\u00adyugal al de virginidad o celibato y que no es m\u00e1s perfecto (beatius) permanecer en la virginidad o celibato que casar\u00adse, sea anatema. (cf. Denz 980). Hoy la cuesti\u00f3n se plan\u00adtea de otra manera: desde el amor, es m\u00e1s perfecto quien m\u00e1s ama, sea casado o c\u00e9libe. No obstante lo dicho, cf. Op\u00adtatam Totius 10: \u00abLos alumnos han de conocer debida\u00admente las obligaciones y dignidad del matrimonio cristiano que simboliza el amor entre Cristo y la iglesia (cf. Ef 5, 32); conv\u00e9nzanse, sin embargo, de la mayor excelencia de la vir\u00adginidad consagrada, de forma que se consagren genero\u00adsamente a! Se\u00f1or, despu\u00e9s de una elecci\u00f3n maduramen\u00adte considerada y con entrega total de cuerpo y alma\u00bb.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span>\n<p>A los motivos cristol\u00f3gicos, hay que a\u00f1adir otros que tienen gran importancia en san Vicen\u00adte, devoto de la voluntad de Dios, claramente sig\u00adnificada. Tales motivos son el mandato de Dios y la ofensa a Dios: \u00ab\u00bfHay un ni\u00f1o, por muy pe\u00adque\u00f1o que sea que no haya o\u00eddo a sus padres que es pecado y es pecado grave cometer acciones impuras?\u00bb (XI, 91, 679)<\/p>\n<div>\n<h2>Sentido pastoral de la castidad<\/h2>\n<\/div>\n<p>Todos los motivos dados por san Vicente a los misioneros y a las hermanas tienen una finalidad apost\u00f3lica. No se trata s\u00f3lo de reproducir a Jes\u00fas casto y c\u00e9libe, como elemento de perfecci\u00f3n de la vida espiritual, se trata de seguir a Cristo evangelizador o servidor de los pobres. Los tra\u00adbajos misioneros, las circunstancias de estos tra\u00adbajos, el trato con personas tan diversas exigen el cuidado, no s\u00f3lo de practicar la castidad inte\u00adrior y exterior, sino tambi\u00e9n de no causar ni la m\u00e1s m\u00ednima sospecha, porque de lo contrario ser\u00eda in\u00fatil todo trabajo apost\u00f3lico: \u00abPor eso, es muy de desear que la Congregaci\u00f3n se inflame con un deseo muy vivo de la adquisici\u00f3n de esta virtud y que profese el practicarla con toda perfecci\u00f3n siempre. Esto lo debemos tener tanto m\u00e1s en cuenta, cuanto los trabajos de la Misi\u00f3n nos obli\u00adgan a un trato muy estrecho y continuo con se\u00adglares de ambos sexos. Todos, pues, nos esfor\u00adzaremos por aplicar toda la reserva, diligencia y precauci\u00f3n necesarias para mantener fielmente la castidad de alma y de cuerpo\u00bb (RC CM, IV, 1). \u00abUna sola sospecha, aunque infundada, ser\u00e1 m\u00e1s perjudicial a la comunidad y a sus santos ejerci\u00adcios que todas las dem\u00e1s culpas que falsamente les puedan imputar\u00bb (RC HC, III, 1).<\/p>\n<p>Cuando san Vicente intent\u00f3 motivar a las Her\u00admanas para que fueran fieles a la castidad les propuso, adem\u00e1s del modelo de Jes\u00fas y de la Vir\u00adgen, \u00abque se sorprendi\u00f3 al hablar con un \u00e1ngel en forma de hombre dentro de su casa\u00bb (IX 952), el modelo de las buenas aldeanas: \u00abLas buenas aldeanas tienen una gran pureza, nunca se en\u00adcuentran a solas con los hombres, ni les miran ja\u00adm\u00e1s al rostro, ni escuchan sus galanter\u00edas, no sa\u00adben lo que es un piropo\u2026\u00bb (IX, 96, 1010).<\/p>\n<div>\n<h2>Los medios<\/h2>\n<\/div>\n<p>En el campo de los medios, san Vicente fue abundante. Se nota en \u00e9l la tendencia a descen\u00adder a los medios siempre que aborda el tema de la castidad. Como hombre realista, lo que le inte\u00adresaba era que la virtud de la castidad se practicase.<\/p>\n<p>El mejor compendio de los medios que san Vicente ofreci\u00f3 a los padres y a las hermanas pa\u00adra guardar la castidad son las Reglas comunes, dadas a ambas comunidades. Son los medios tra\u00addicionales que los fundadores dieron a sus se\u00adguidores, garantizados por la tradici\u00f3n secular de la Iglesia. Lo m\u00e1s importante, como ya dije, es la carga de experiencia que lleva cada uno de los me\u00addios que san Vicente propone.<\/p>\n<p>Cuando exhort\u00f3 a las Hijas de la Caridad a guardar la castidad o pureza, les propuso como medios:<\/p>\n<ul>\n<li>La oraci\u00f3n, el medio por excelencia, y el rezo del santo rosario, \u00abuna devoci\u00f3n muy her\u00admosa, particularmente para las Hijas de la Cari\u00addad, que tanta necesidad tienen de la asistencia de Dios para practicar la pureza, que les es tan necesaria. \u00a1Bienaventuradas las almas que se en\u00adtregan a Dios por la pureza!\u00bb (IV, 551; IX, 212-213).<\/li>\n<li>La humildad para vencer la vanidad feme\u00adnina, el deseo de llamar la atenci\u00f3n, el que las ve\u00adan, etc. \u00abporque Dios permite que las personas vanidosas caigan en pecados de impureza para humillarlas\u00bb (IX, 952).<\/li>\n<li>La mortificaci\u00f3n de los sentidos externos, la curiosidad, no mirando por las ventanas (IX, 770. 952), pero sobre todos, la mortificaci\u00f3n de los sentidos internos, como la memoria, no re\u00adcordando ni las caricias de los padres, ni las pro\u00adpuestas de matrimonio (IX, 771).<\/li>\n<li>La modestia a ejemplo de san Francisco de As\u00eds que, el pasear por la ciudad con gran mo\u00addestia, lo consider\u00f3 como una predicaci\u00f3n muda (IX, 952-953);<\/li>\n<li>La sobriedad en el comer y en el beber, por\u00adque \u00abla sobriedad y el buen orden que se obser\u00adva en la comida contribuyen a la buena salud del alma y del cuerpo\u2026\u00bb (IX, 770; P\u00e9rez Flores, M., Reglas comunes. ., o. c. p. 96).<\/li>\n<li>El control de la cordialidad. Especiales ad\u00advertencias dio san Vicente sobre las relaciones con personas del mismo y, sobre todo, del otro se\u00adxo: muestras de afecto, controlar la cordialidad o afectividad, y evitar los tocamientos. San Vicen\u00adte exager\u00f3, sin duda, cuando dijo que las herma\u00adnas no ten\u00edan que besar ni al hermano, ni al pro\u00adpio padre (IX, 770, 953).<\/li>\n<li>Evitar los peligros. Las Hijas de la Caridad pueden tener peligros contra la castidad, mientras prestan los servicios a los pobres. Una hermana le pregunt\u00f3 c\u00f3mo ten\u00edan que comportarse con los soldados en convalecencia. San Vicente res\u00adpondi\u00f3: \u00abHijas m\u00edas, tiene que ser siempre con mucha caridad y modestia; pues como ya no tie\u00adnen m\u00e1s que el cuerpo enfermo, hay que tener mucho cuidado, lo mismo que con todo los de\u00adm\u00e1s hombres. Si por casualidad hubiera alg\u00fan in\u00adsolente, habr\u00eda que reprocharle con severidad. Si volviera a molestar, habr\u00eda que amenazarle con quejarse\u00bb (IX, 812). El temor de san Vicente de que algunas hermanas tuvieran especiales riesgos en la fidelidad a la castidad, le llev\u00f3 a suprimir cier\u00adtos servicios (IX, 1196).<\/li>\n<li>El cuidado en el trato con los hombres. San Vicente no se cans\u00f3 de advertir a las hermanas los peligros que les podr\u00edan venir del trato con los hombres. Posiblemente, esta insistencia fue de\u00adbida a la novedad y a la audacia de la fundaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad, poniendo a j\u00f3venes campesinas en medio del mundo, relacion\u00e1ndo\u00adse con toda clases de personas, prestando ser\u00advicios moralmente peligrosos; quiz\u00e1s, tambi\u00e9n, insisti\u00f3 en estos peligros para evitar objeciones y acusaciones dif\u00edciles de poder responder ante hechos consumados y que podr\u00edan hacer peligrar la conservaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda. Las hermanas de\u00adben tener cuidado con los hombres en la calle, de\u00adben hablar con ellos lo justo y comedidamente, nunca jam\u00e1s deben admitir a hombres en sus ha\u00ad bitaciones, ni a los sacerdotes, ni a los confesores, si no hay necesidad, ni al mismo san Vicente, a quien deben dar \u00abcon la puerta en las narices\u00bb, si lo intentara (VII, 385; IX, 303, 531, 684, 909, 952, 978, 980-981, 983, 990, 1010, 1162, 1166, 1191, 1198, 1201; X, 808, 841; XI, 93).<\/li>\n<li>El cuidado con los confesores. No menos sensible fue san Vicente con relaci\u00f3n a los con\u00adfesores. Las hermanas deben desconfiar de los confesores, \u00abporque puede originarse una relaci\u00f3n peligrosa entre el confesor y el penitente\u00bb (IX, 421. 951. 980. 1176. 1201).<\/li>\n<li>Descubrir las tentaciones a los superiores y directores. No obstante el peligro antes dicho, san Vicente crey\u00f3 que un buen medio para superar los peligros contra la pureza era descubrir las ten\u00adtaciones al confesor y a los superiores (IX, 421).<\/li>\n<\/ul>\n<p>A los Misioneros les recomend\u00f3:<\/p>\n<ul>\n<li>La oraci\u00f3n a nuestro Se\u00f1or y a la Sant\u00edsima Virgen como los medios m\u00e1s importantes. A un padre le escribi\u00f3 diciendo: \u00abNo se extra\u00f1e de las tentaciones que Vd. sufre, es un ejercicio que Dios le env\u00eda para humillarle y para inspirarle te\u00admor; pero tenga confianza en \u00e9l. Le basta con tal de que huya de las ocasiones, que le manifieste su fidelidad y que reconozca su pobreza y nece\u00adsidad que tiene de su ayuda. Acost\u00fambrese a po\u00adner su coraz\u00f3n en las sagradas llagas de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, siempre que se vea asaltado por esas impurezas; hay all\u00ed un asilo inaccesible al enemigo\u00bb (VIII, 445).<\/li>\n<li>La humildad: \u00abLa humildad es un medio ex\u00adcelente para adquirir y conservar la castidad. Quie\u00adnes conozcan a algunos de la Compa\u00f1\u00eda inclinados a este vicio, tienen que avisar al superior, sobre to\u00addo cuando sean personas a las cuales se quiere en\u00adviar a las Indias o a las islas H\u00e9bridas, y el que no lo haga ser\u00e1 culpable de las faltas que ellos cometan en aquellas misiones y del mal que sobrevenga\u00bb (XI, 94).<\/li>\n<li>La mortificaci\u00f3n de los sentidos, sobre to\u00addo, el de la vista para que no les suceda lo que a David. La mortificaci\u00f3n del tacto, no toc\u00e1ndose unos a otros, ni por juego. La sobriedad en la be\u00adbida, bebiendo poco vino y mezclado con agua, no comiendo manjares exquisitos, porque \u00abla fal\u00adta de templanza es madre y nodriza de la impu\u00adreza\u00bb (XI, 92. 127. 683; RC CM, IV, 3).<\/li>\n<li><em>El trabajo: <\/em>Un misionero debe tener m\u00e1s trabajo que el que puede hacer para evitar la <em>ociosidad <\/em>que es <em>\u00abla madrastra de todas las vir\u00adtudes, en especial de la castidad\u00bb <\/em>(RC CM, IV, 5).<\/li>\n<\/ul>\n<div>\n<h2>Los peligros del ministerio<\/h2>\n<\/div>\n<ul>\n<li><em>El trato con las mujeres. <\/em>No hay que hablar a <em>\u00absolas con una mujer, en lugares o en horas ina\u00adpropiadas\u00bb <\/em>(RC CM, IV, 2). Se admir\u00f3 de c\u00f3mo algunos miembros de la comunidad se comportaban: \u00abNo tengo m\u00e1s remedio que deciros la gran falta que cometen los que hablan en el lo\u00adcutorio peque\u00f1o con una mujer o una joven a so\u00adlas. \u00a1Cu\u00e1nto me disgusta saber que alguno lo hace as\u00ed, ocupando el rinc\u00f3n obscuro, con la otra persona enfrente, d\u00e1ndole la luz, y as\u00ed durante dos o tres horas! Estas son ocasiones muy pe\u00adligrosas\u00bb (XI, 92. 338. 683).<\/li>\n<li>La correspondencia activa y pasiva tambi\u00e9n puede ser fuente de peligros. Hay que evitar es\u00adcribir cartas cari\u00f1osas y el recibirlas. En una car\u00adta a un misionero le dijo: \u00abQuiero creer que esa persona que le ha escrito con tanta ternura no ve en ello ning\u00fan mal; pero hay que reconocer que su carta es capaz de hacer alguna herida en el co\u00adraz\u00f3n que sintiera alguna disposici\u00f3n a ello y no fuera tan fuerte como el suyo. \u00a1Quiera nuestro Se\u00ad\u00f1or guardarnos del trato con una persona que puede causar alguna peque\u00f1a alteraci\u00f3n en nues\u00adtro esp\u00edritu\u00bb (VI, 332; XI, 93. 685).<\/li>\n<li>La confesi\u00f3n de las mujeres puede ser otra ocasi\u00f3n de peligro contra la castidad. San Vicen\u00adte advierte el peligro de arrimarse demasiado al rostro de las mujeres: \u00abTodas las cosas env\u00edan sus reflejos. Lo mismo que esta l\u00e1mpara encendida env\u00eda sus rayos y su resplandor. Tambi\u00e9n de la cabeza, del rostro, de los vestidos de los peni\u00adtentes salen ciertos reflejos que, mezcl\u00e1ndose con los que salen de los confesores, dan fuego a la tentaci\u00f3n y, si no se pone cuidado, hacen verdaderos estragos\u00bb. Hasta pens\u00f3 que deber\u00eda hacerse confesionarios port\u00e1tiles en forma de ta\u00adbique (XI, 93. 684).<\/li>\n<li>San Vicente fue intransigente sobre la pre\u00adsencia de las mujeres dentro de las casas de los misioneros. Hoy, quiz\u00e1s, no haya una casa en to\u00adda la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n que, por raz\u00f3n del servicio, no haya mujeres. San Vicente ha fra\u00adcasado totalmente en su insistencia de que no hu\u00adbiera mujeres en nuestras casas y que no entra\u00adran dentro de ella. Era la doctrina seguida hasta entonces por todos los fundadores. Sin embargo, extra\u00f1a la insistencia y el modo de resolver los casos particulares. \u00abPuesto que ya ha expirado el contrato con su hortelano, no hay que tolerar que las mujeres entren en su recinto. Hasta ahora, no sab\u00eda que gozasen de esa libertad en el pasado, o al menos no me habla fijado en ello. Hay que procurar encontrar otro hortelano que no tenga mujer\u00bb (V111, 234).<\/li>\n<li>El <em>ministerio con las religiosas <\/em>no fue del agrado de san Vicente, no obstante su compro\u00admiso con las monjas de la Visitaci\u00f3n. Justific\u00f3 su trabajo porque se lo pidieron San Francisco de Sa\u00adles, la Madre Chantal y las autoridades eclesi\u00e1s\u00adticas. Por su gusto, lo hubiera dejado. Posiblemente, el P. Santiago de la Fosse vio cierta incoherencia en la prohibici\u00f3n de atender espiritualmente a las religiosas y no a las Hijas de la Caridad. El 7 de febrero de 1660, san Vi\u00adcente le escribi\u00f3 una larga carta en la que justi\u00adfica la atenci\u00f3n espiritual que se presta a las hermanas. En cuanto se refiere al tema de la castidad, san Vicente le dijo: <em>\u00abSi se dice que no\u00adsotros nos ponemos en peligro al tratar con esas hermanas, responder\u00e9 que hemos tenido en es\u00adto todo el cuidado que se pod\u00eda tener, estable\u00adciendo en la<sup>&#8211;<\/sup>Compa\u00f1\u00eda la norma de no visitarlas jam\u00e1s en su casa y en las parroquias, y ellas tam\u00adbi\u00e9n tienen como regla mantener la clausura en sus habitaciones y no dejar entrar jam\u00e1s a los hombres, especialmente a los misioneros, de forma que si yo mismo me presentase all\u00ed para entrar, ellas mismas me cerrar\u00edan la puerta\u00bb (VIII, <\/em>227; XI, 92. 685).<\/li>\n<li><em>El peligro de las devotas. <\/em>Aunque nuestro Se\u00f1or y los ap\u00f3stoles las tuvieron y otros mu\u00adchos santos, las devotas pueden ser ocasi\u00f3n de peligro contra la castidad. <em>\u00ab\u00a1Pero qu\u00e9 peligroso es eso! Hay que temer por la Compa\u00f1\u00eda cuando vengan devotas alabando a aquel confesor a quien han abierto su coraz\u00f3n y su conciencia. \u00a1Mala cuesti\u00f3n es \u00e9sa! \u00a1Desgraciada la Compa\u00f1\u00eda que tenga que sufrir a semejantes personas!\u2026 S\u00e9 de un lugar donde las mujeres son tan afectuosas con su confesor que m\u00e1s vale no hablar\u00bb <\/em>(Xl, 686).<\/li>\n<li><em>El Ministerio de la penitencia. <\/em>Desde el pun\u00adto de vista pastoral, san Vicente estuvo preocu\u00adpado del comportamiento de algunos de sus mi\u00adsioneros sobre las preguntas que hac\u00edan en las confesiones sobre el sexto mandamiento. En va\u00adrias ocasiones, manifest\u00f3 esta preocupaci\u00f3n y el temor de que de un comportamiento poco cui\u00addadoso vinieran grandes males a la Compa\u00f1\u00eda. Propuso, incluso, sesiones para estudiar este te\u00adma (XI, 685). Al P. Lamberto, le escribi\u00f3 diciendo: <em>\u00abEn nombre de Dios, padre, hay que ser muy cir\u00adcunspectos en la explicaci\u00f3n del sexto manda\u00admiento. Alg\u00fan d\u00eda tendremos que soportar una tempestad por esto\u00bb. <\/em>En otra carta, poco poste\u00adrior al mismo P. Lamberto, le manifest\u00f3 el mis\u00admo temor: <em>\u00abSi no ponemos cuidado en eso, la Compa\u00f1\u00eda sufrir\u00e1 alg\u00fan d\u00eda por ello\u00bb. <\/em>Al P. Co\u00addoing, le prohibi\u00f3 hablar m\u00e1s sobre la castidad: <em>\u00abEn cuanto a lo que me dice del P. Codoing, que se detiene mucho en explicar el sexto manda\u00admiento, le suplico, padre, que le diga que no ha\u00adble m\u00e1s, por muchas razones que le dir\u00e9 y que son de importancia\u00bb <\/em>(I, 456. 463. 466; XI, 684).<\/li>\n<\/ul>\n<div>\n<h2>Las tentaciones contra la castidad<\/h2>\n<\/div>\n<p>Como superior y director de varias comuni\u00addades era casi imposible que san Vicente no tu\u00adviera ocasiones de aconsejar a personas tentadas contra la castidad. Las tuvo y, seg\u00fan las diversi\u00addad de personas y situaciones, les dio los consejos oportunos, tendiendo a no dar mucha importancia a las tentaciones, a liberar a la persona de la angustia y del temor al pecado. La Providencia quiso que se encontrara con un misionero, el P. Tholard, que desde su juventud sinti\u00f3 grandes tentaciones contra la castidad al ejercer el mi\u00adnisterio de la confesi\u00f3n con las mujeres, pero lo malo no era que tuviera tentaciones, lo peor era que el P. Tholard padec\u00eda de escr\u00fapulos y, como todo escrupuloso, era testarudo y sin claridad de conciencia a la hora de actuar. San Vicente acep\u00adt\u00f3 ayudar a este joven que persever\u00f3 en la vo\u00adcaci\u00f3n y lleg\u00f3 a ser Visitador de la Provincia de Francia. No podemos seguir paso a paso el tra\u00adbajo que san Vicente llev\u00f3 a cabo para sacar a flo\u00adte a este hombre tentado contra la castidad y es\u00adcrupuloso. Lo fue llevando como pudo, pero sin dejarlo caer en la cuneta. En primer lugar, lo tran\u00adquiliz\u00f3: confesar mujeres es una cosa buena, no deje de hacerlo porque se sienta tentado, no co\u00admete pecado porque su intenci\u00f3n es recta, no hay pecado si no hay voluntariedad, un escrupu\u00adloso, por serio, no comete pecado, pase por alto esas cosas, Dios le quiere purificar, sea humilde, no pierda la alegr\u00eda. Esto es lo que san Vicente le fue diciendo en su correspondencia. Ordinaria\u00admente, lo anim\u00f3 a que continuase en el ministe\u00adrio de las confesiones, pero otras veces parece que san Vicente se dobleg\u00f3 ante la insistencia de las tentaciones: \u00abSi le aprieta la tentaci\u00f3n fuer\u00adtemente, deje de confesar y ded\u00edquese a ser pa\u00adcificador de las gentes\u00bb.<\/p>\n<p>Casi nunca se sabe cu\u00e1ndo se consigue libe\u00adrar a un escrupuloso y si se ha liberado por los consejos que se le han dado o porque lleg\u00f3 el mo\u00admento de la luz, de la fuerza y de la claridad. Se\u00adguro que san Vicente sufri\u00f3, como se sufre siem\u00adpre con los escrupulosos, pero ayud\u00f3 y salv\u00f3 al P. Tholard como sacerdote.<span id='easy-footnote-3-32875' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/espiritualidad-vicenciana-castidad\/#easy-footnote-bottom-3-32875' title='El Padre Vicente de Dios public\u00f3 un art\u00edculo delicio\u00adso sobre la ayuda de san Vicente al P. Tholard. Sigue paso a paso la correspondencia de ambos. El t\u00edtulo del trabajo es: &lt;em&gt;Santiago Tholard \u00bfmisi\u00f3n imposible? &lt;\/em&gt;y est\u00e1 publicado en la Revista anual privada, escrita a policopia, del Semi\u00adnario Interno de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n de M\u00e9jico, n. 4\u00ba, 1988, p. 81. Cf. II, 17, 89, 112; III, 120; V, 452, VII, 253, VIII, 59.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span>\n<div>\n<h2>San Vicente y las mujeres<\/h2>\n<\/div>\n<p>Como dije antes, llama la atenci\u00f3n lo que san Vicente escribi\u00f3 sobre las relaciones con las mu\u00adjeres y c\u00f3mo se comport\u00f3 con ellas. Su conduc\u00adta niega totalmente lo que escribi\u00f3 y aconsej\u00f3: re\u00adlaciones habituales con toda clase de mujeres, desde las Reinas de Francia y de Polonia y Se\u00ad\u00f1oras de la nobleza hasta campesinas analfabe\u00adtas. Son muchas las cartas que escribi\u00f3 a varias mujeres y con frecuencia manifest\u00f3 sus sentimientos de ternura, cari\u00f1o y afecto hacia ellas, es\u00adpecialmente a santa Luisa: <em>\u00abPerdone que mi co\u00adraz\u00f3n no se explaye un poco m\u00e1s en la presen\u00adte. Le estoy escribiendo a media noche. Sea fiel a su fiel amante, que es nuestro Se\u00f1or<\/em>\u00bb (I, 100).<\/p>\n<p>Podemos preguntarnos: \u00bfsan Vicente hubie\u00adra sido lo que ha sido en la historia de la Iglesia sin las mujeres? Una gran parte de su obra en fa\u00advor de los pobres estuvo en manos de mujeres: santa Luisa, las damas de la caridad y las Hijas de la Caridad. \u00bfQu\u00e9 ten\u00eda aquel sacerdote que atrajo hacia s\u00ed la admiraci\u00f3n, el respeto de tantas mujeres, santas como la Madre Chantal y santa Luisa, nobles como la Se\u00f1ora de Gondi, la Du\u00adquesa de Aiguillon, campesinas como sor Mar\u00adgarita Naseau, sor Mar\u00eda Jolly y sor Ana Harde\u00admont, por mencionar solamente algunas? Humanamente hablando, si estuvo cercano a las hermanas por su origen y ra\u00edces campesinas, se distanciaba de ellas por su saber y su prestigio. Si se distanciaba de las grandes Se\u00f1oras por su origen y decisi\u00f3n de conservar su aire campesi\u00adno, se les acerc\u00f3 por el encanto de su sencillez.<\/p>\n<p>El P. Dodin ha dado respuesta, al menos de una manera global, a estas preguntas en su bre\u00adve estudio: <em>San Vicente y la mujer en la vida de la Iglesia <\/em>(en <em>Lecciones sobre vicencianismo, <\/em>CE-ME, Salamanca, 1978, c. VII, P. 161). El \u00e9xito, por decirlo de alguna manera, de san Vicente con las mujeres ha sido debido a que se dej\u00f3 <em>evangeli\u00adzar <\/em>por ellas, se dej\u00f3 <em>impregnar de sus valores <\/em>y les <em>abri\u00f3 cauces <\/em>para que ellas, como mujeres cris\u00adtianas, se realizaran plenamente dentro del pro\u00adpio estado y situaci\u00f3n social. No les pidi\u00f3 otra co\u00adsa que lo que Dios les ped\u00eda y todo dentro de una sencillez y transparencia que ninguna pudo dudar, ni un solo instante, que s\u00f3lo les ped\u00eda lo que les ped\u00eda Dios y lo que les ped\u00edan los pobres. Puso a Dios y a los pobres en el coraz\u00f3n de aquellas mujeres. En la conferencia a las Se\u00f1oras de la Ca\u00adridad del 11 de julio de 1657, les dijo: <em>\u00abLo m\u00e1s importante es no tener coraz\u00f3n m\u00e1s que para Dios, ni m\u00e1s voluntad que fa d\u00e9 amarle. Si una se complace en su marido es por Dios; si se preo\u00adcupa de sus hijos es por Dios; si se dedica a les negocios es por Dios\u00bb <\/em>(X, 957).<\/p>\n<div>\n<h2>Juicio global sobre la doctrina de san Vicente acerca de la castidad<\/h2>\n<\/div>\n<p>La pregunta que surge es si la doctrina de san Vicente y su comportamiento valen para hoy. Sinceramente, sobre la doctrina son muchos los reparos que se pueden aducir, no porque no sea bueno, ni verdadero lo que ense\u00f1\u00f3, sino porque se qued\u00f3 corto. El tema de la castidad se ha am\u00adpliado mucho. Ha cambiado mucho y profunda\u00admente la sensibilidad ante los est\u00edmulos que vie\u00adnen del mundo envuelto en un pansexualismo degradado y comercializado. Hay conciencia cla\u00adra de la crisis de castidad que el hombre y la mu\u00adjer de hoy sufren, tanto en el estado matrimonial como en el del celibato o virginidad.<\/p>\n<p>No obstante, las limitaciones que la doctrina vicenciana tiene sobre el tema de la castidad, su comportamiento merece ser atendido. Su expe\u00adriencia todav\u00eda puede decir bastante, teniendo presente que el mundo que \u00e9l vivi\u00f3 fue total\u00admente distinto al que se vive actualmente, al me\u00adnos en occidente.<\/p>\n<p>El misionero y la Hija de la Caridad, sin olvi\u00addar lo que su fundador les ense\u00f1\u00f3 y orden\u00f3, sin dejar a un lado su ejemplo, deben incluir en su formaci\u00f3n y vivencia de la castidad y celibato mu\u00adchos otros elementos del orden teol\u00f3gico, social y psicol\u00f3gico, de los que la doctrina, normativa y experiencia vicenciana carecen (Maloney, R., The four vicentian vows: Yesteday and Today, en Vin\u00adcentiana (1990) 230).<\/p>\n<h2><strong>BIBLIOGRAF\u00cdA:<\/strong><\/h2>\n<p>Constituciones, Reglas comunes y Estatutos de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, CEME, Sala\u00admanca, 1985.- Constituciones y Estatutos de las Hijas de la Caridad, 1983, Madrid, edici\u00f3n espa\u00f1ola.- Explanatio votorum quae emittun\u00adtur in Congregatione Missionis, Parisiis, 1911. &#8211; M. P\u00c9REZ FLORES, Reglas comunes de las Hi\u00adjas de la Caridad, siervas de los pobres en\u00adfermos, CEME, Salamanca, 1989.- H. DE GRAF, De votis quae emittuntur in Congregatione Missionis, Nijmegen, 1955.- H. ESCOBAR, Los votos que se emiten en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, Bogot\u00e1, 1962.- Instruc\u00adci\u00f3n sobre los votos de las Hijas de la Caridad, Madrid, 1990.-J. JAMET, Los santos votos hoy, Madrid, Pablo L\u00f3pez, s. d. .- Sor S. GUILLEMIN, Circulares sobre los santos votos. tomos I, II, Madrid, Pablo L\u00f3pez, s. d. .- A. DODIN, Leccio\u00adnes sobre vicencianismo, CEME, Salamanca, 1978.- R. MALONEY, The four vincentian Vows: Yesterday and Today, Vincentiana (1990) 230.-R. MALONEY, El camino de Vicente de Vicente de Pa\u00fal, CEME, Salamanca 1993.- M. LLORET, Castidad, pobreza y obediencia seg\u00fan las Constituciones, Eco (1983)216.- ID, La casti\u00addad perfecta en el celibato, Eco (1984)184.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Situaci\u00f3n En los \u00faltimos a\u00f1os ha habido cambios pro\u00adfundos y desconcertantes en la comprensi\u00f3n de la castidad; se ha pasado de una visi\u00f3n domina\u00adda por el pudor a una situaci\u00f3n de plena permi\u00adsividad. 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