{"id":32633,"date":"2020-04-09T11:19:43","date_gmt":"2020-04-09T09:19:43","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=32633"},"modified":"2020-03-27T11:48:48","modified_gmt":"2020-03-27T10:48:48","slug":"enciclica-deus-caritas-est","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/","title":{"rendered":"Enc\u00edclica \u00abDeus Caritas est\u00bb"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center\"><strong>CARTA ENC\u00cdCLICA<br \/>\nDEUS CARITAS EST<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><strong>DEL SUMO PONT\u00cdFICE<br \/>\nBENEDICTO XVI<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><strong>A LOS OBISPOS, A LOS PRESB\u00cdTEROS Y DI\u00c1CONOS<br \/>\nA LAS PERSONAS CONSAGRADAS Y A TODOS LOS FIELES LAICOS<br \/>\nSOBRE EL AMOR CRISTIANO<\/strong><\/p>\n<h2>Introducci\u00f3n<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/03\/deus_caritas_est.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-32634\" title=\"deus_caritas_est\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/03\/deus_caritas_est-216x300.jpg?resize=216%2C300\" alt=\"\" width=\"216\" height=\"300\" \/><\/a>1. \u00abDios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en \u00e9l\u00bb (1 Jn 4, 16). Estas palabras de la Primera carta de Juan expresan con claridad meridiana el coraz\u00f3n de la fe cristiana: la imagen cristiana de Dios y tambi\u00e9n la consiguiente imagen del hombre y de su camino. Adem\u00e1s, en este mismo vers\u00edculo, Juan nos ofrece, por as\u00ed decir, una formulaci\u00f3n sint\u00e9tica de la existencia cristiana: \u00abNosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos cre\u00eddo en \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p>Hemos cre\u00eddo en el amor de Dios: as\u00ed puede expresar el cristiano la opci\u00f3n fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisi\u00f3n \u00e9tica o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientaci\u00f3n decisiva. En su Evangelio, Juan hab\u00eda expresado este acontecimiento con las siguientes palabras: \u00abTanto am\u00f3 Dios al mundo, que entreg\u00f3 a su Hijo \u00fanico, para que todos los que creen en \u00e9l tengan vida eterna\u00bb (cf. 3, 16). La fe cristiana, poniendo el amor en el centro, ha asumido lo que era el n\u00facleo de la fe de Israel, d\u00e1ndole al mismo tiempo una nueva profundidad y amplitud. En efecto, el israelita creyente reza cada d\u00eda con las palabras del Libro del Deuteronomio que, como bien sabe, compendian el n\u00facleo de su existencia: \u00abEscucha, Israel: El Se\u00f1or nuestro Dios es solamente uno. Amar\u00e1s al Se\u00f1or con todo el coraz\u00f3n, con toda el alma, con todas las fuerzas\u00bb (6, 4-5). Jes\u00fas, haciendo de ambos un \u00fanico precepto, ha unido este mandamiento del amor a Dios con el del amor al pr\u00f3jimo, contenido en el Libro del Lev\u00edtico: \u00abAmar\u00e1s a tu pr\u00f3jimo como a ti mismo\u00bb (19, 18; cf. Mc 12, 29- 31). Y, puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4, 10), ahora el amor ya no es s\u00f3lo un \u00abmandamiento\u00bb, sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro.<\/p>\n<p>En un mundo en el cual a veces se relaciona el nombre de Dios con la venganza o incluso con la obligaci\u00f3n del odio y la violencia, \u00e9ste es un mensaje de gran actualidad y con un significado muy concreto. Por eso, en mi primera Enc\u00edclica deseo hablar del amor, del cual Dios nos colma, y que nosotros debemos comunicar a los dem\u00e1s. Quedan as\u00ed delineadas las dos grandes partes de esta Carta, \u00edntimamente relacionadas entre s\u00ed. La primera tendr\u00e1 un car\u00e1cter m\u00e1s especulativo, puesto que en ella quisiera precisar \u2014al comienzo de mi pontificado\u2014 algunos puntos esenciales sobre el amor que Dios, de manera misteriosa y gratuita, ofrece al hombre y, a la vez, la relaci\u00f3n intr\u00ednseca de dicho amor con la realidad del amor humano. La segunda parte tendr\u00e1 una \u00edndole m\u00e1s concreta, pues tratar\u00e1 de c\u00f3mo cumplir de manera eclesial el mandamiento del amor al pr\u00f3jimo. El argumento es sumamente amplio; sin embargo, el prop\u00f3sito de la Enc\u00edclica no es ofrecer un tratado exhaustivo. Mi deseo es insistir sobre algunos elementos fundamentales, para suscitar en el mundo un renovado dinamismo de compromiso en la respuesta humana al amor divino.<\/p>\n<h2>Primera parte: La unidad del amor en la creaci\u00f3n y en la Historia de la Salvaci\u00f3n<\/h2>\n<h3><strong>Un problema de lenguaje<\/strong><\/h3>\n<p>2. El amor de Dios por nosotros es una cuesti\u00f3n fundamental para la vida y plantea preguntas decisivas sobre qui\u00e9n es Dios y qui\u00e9nes somos nosotros. A este respecto, nos encontramos de entrada ante un problema de lenguaje. El t\u00e9rmino \u00abamor\u00bb se ha convertido hoy en una de las palabras m\u00e1s utilizadas y tambi\u00e9n de las que m\u00e1s se abusa, a la cual damos acepciones totalmente diferentes. Aunque el tema de esta Enc\u00edclica se concentra en la cuesti\u00f3n de la comprensi\u00f3n y la praxis del amor en la Sagrada Escritura y en la Tradici\u00f3n de la Iglesia, no podemos hacer caso omiso del significado que tiene este vocablo en las diversas culturas y en el lenguaje actual.<\/p>\n<p>En primer lugar, recordemos el vasto campo sem\u00e1ntico de la palabra \u00abamor\u00bb: se habla de amor a la patria, de amor por la profesi\u00f3n o el trabajo, de amor entre amigos, entre padres e hijos, entre hermanos y familiares, del amor al pr\u00f3jimo y del amor a Dios. Sin embargo, en toda esta multiplicidad de significados destaca, como arquetipo por excelencia, el amor entre el hombre y la mujer, en el cual intervienen inseparablemente el cuerpo y el alma, y en el que se le abre al ser humano una promesa de felicidad que parece irresistible, en comparaci\u00f3n del cual palidecen, a primera vista, todos los dem\u00e1s tipos de amor. Se plantea, entonces, la pregunta: todas estas formas de amor \u00bfse unifican al final, de alg\u00fan modo, a pesar de la diversidad de sus manifestaciones, siendo en \u00faltimo t\u00e9rmino uno solo, o se trata m\u00e1s bien de una misma palabra que utilizamos para indicar realidades totalmente diferentes?<\/p>\n<h3><strong>\u00abEros\u00bb y \u00abagap\u00e9\u00bb, diferencia y unidad<\/strong><\/h3>\n<p>3. Los antiguos griegos dieron el nombre de eros al amor entre hombre y mujer, que no nace del pensamiento o la voluntad, sino que en cierto sentido se impone al ser humano. Digamos de antemano que el Antiguo Testamento griego usa s\u00f3lo dos veces la palabra eros, mientras que el Nuevo Testamento nunca la emplea: de los tres t\u00e9rminos griegos relativos al amor \u2014eros, philia (amor de amistad) y agap\u00e9\u2014, los escritos neotestamentarios prefieren este \u00faltimo, que en el lenguaje griego estaba dejado de lado. El amor de amistad (philia), a su vez, es aceptado y profundizado en el Evangelio de Juan para expresar la relaci\u00f3n entre Jes\u00fas y sus disc\u00edpulos. Este relegar la palabra eros, junto con la nueva concepci\u00f3n del amor que se expresa con la palabra agap\u00e9, denota sin duda algo esencial en la novedad del cristianismo, precisamente en su modo de entender el amor. En la cr\u00edtica al cristianismo que se ha desarrollado con creciente radicalismo a partir de la Ilustraci\u00f3n, esta novedad ha sido valorada de modo absolutamente negativo. El cristianismo, seg\u00fan Friedrich Nietzsche, habr\u00eda dado de beber al eros un veneno, el cual, aunque no le llev\u00f3 a la muerte, le hizo degenerar en vicio.<span id='easy-footnote-1-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-1-32633' title='Cf. Jenseits von Gut und B\u00f6se, IV, 168.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span> El fil\u00f3sofo alem\u00e1n expres\u00f3 de este modo una apreciaci\u00f3n muy difundida: la Iglesia, con sus preceptos y prohibiciones, \u00bfno convierte acaso en amargo lo m\u00e1s hermoso de la vida? \u00bfNo pone quiz\u00e1s carteles de prohibici\u00f3n precisamente all\u00ed donde la alegr\u00eda, predispuesta en nosotros por el Creador, nos ofrece una felicidad que nos hace pregustar algo de lo divino?<\/p>\n<p>4. Pero, \u00bfes realmente as\u00ed? El cristianismo, \u00bfha destruido verdaderamente el eros? Recordemos el mundo precristiano. Los griegos \u2014sin duda an\u00e1logamente a otras culturas\u2014 consideraban el eros ante todo como un arrebato, una \u00ablocura divina\u00bb que prevalece sobre la raz\u00f3n, que arranca al hombre de la limitaci\u00f3n de su existencia y, en este quedar estremecido por una potencia divina, le hace experimentar la dicha m\u00e1s alta. De este modo, todas las dem\u00e1s potencias entre cielo y tierra parecen de segunda importancia: \u00abOmnia vincit amor\u00bb, dice Virgilio en las Buc\u00f3licas \u2014el amor todo lo vence\u2014, y a\u00f1ade: \u00abet nos cedamus amori\u00bb, rind\u00e1monos tambi\u00e9n nosotros al amor.<span id='easy-footnote-2-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-2-32633' title='X, 69.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span> En el campo de las religiones, esta actitud se ha plasmado en los cultos de la fertilidad, entre los que se encuentra la prostituci\u00f3n \u00absagrada\u00bb que se daba en muchos templos. El eros se celebraba, pues, como fuerza divina, como comuni\u00f3n con la divinidad.<\/p>\n<p>A esta forma de religi\u00f3n que, como una fuerte tentaci\u00f3n, contrasta con la fe en el \u00fanico Dios, el Antiguo Testamento se opuso con m\u00e1xima firmeza, combati\u00e9ndola como perversi\u00f3n de la religiosidad. No obstante, en modo alguno rechaz\u00f3 con ello el eros como tal, sino que declar\u00f3 guerra a su desviaci\u00f3n destructora, puesto que la falsa divinizaci\u00f3n del eros que se produce en esos casos lo priva de su dignidad divina y lo deshumaniza. En efecto, las prostitutas que en el templo deb\u00edan proporcionar el arrobamiento de lo divino, no son tratadas como seres humanos y personas, sino que sirven s\u00f3lo como instrumentos para suscitar la \u00ablocura divina\u00bb: en realidad, no son diosas, sino personas humanas de las que se abusa. Por eso, el eros ebrio e indisciplinado no es elevaci\u00f3n, \u00ab\u00e9xtasis\u00bb hacia lo divino, sino ca\u00edda, degradaci\u00f3n del hombre. Resulta as\u00ed evidente que el eros necesita disciplina y purificaci\u00f3n para dar al hombre, no el placer de un instante, sino un modo de hacerle pregustar en cierta manera lo m\u00e1s alto de su existencia, esa felicidad a la que tiende todo nuestro ser.<\/p>\n<p>5. En estas r\u00e1pidas consideraciones sobre el concepto de eros en la historia y en la actualidad sobresalen claramente dos aspectos. Ante todo, que entre el amor y lo divino existe una cierta relaci\u00f3n: el amor promete infinidad, eternidad, una realidad m\u00e1s grande y completamente distinta de nuestra existencia cotidiana. Pero, al mismo tiempo, se constata que el camino para lograr esta meta no consiste simplemente en dejarse dominar por el instinto. Hace falta una purificaci\u00f3n y maduraci\u00f3n, que incluyen tambi\u00e9n la renuncia. Esto no es rechazar el eros ni \u00abenvenenarlo\u00bb, sino sanearlo para que alcance su verdadera grandeza.<\/p>\n<p>Esto depende ante todo de la constituci\u00f3n del ser humano, que est\u00e1 compuesto de cuerpo y alma. El hombre es realmente \u00e9l mismo cuando cuerpo y alma forman una unidad \u00edntima; el desaf\u00edo del eros puede considerarse superado cuando se logra esta unificaci\u00f3n. Si el hombre pretendiera ser s\u00f3lo esp\u00edritu y quisiera rechazar la carne como si fuera una herencia meramente animal, esp\u00edritu y cuerpo perder\u00edan su dignidad. Si, por el contrario, repudia el esp\u00edritu y por tanto considera la materia, el cuerpo, como una realidad exclusiva, malogra igualmente su grandeza. El epic\u00fareo Gassendi, bromeando, se dirigi\u00f3 a Descartes con el saludo: \u00ab\u00a1Oh Alma!\u00bb. Y Descartes replic\u00f3: \u00ab\u00a1Oh Carne!\u00bb.<span id='easy-footnote-3-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-3-32633' title='Cf. R. Descartes, \u0152uvres, ed. V. Cousin, vol. 12, Par\u00eds, 1824, pp. 95ss.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span> Pero ni la carne ni el esp\u00edritu aman: es el hombre, la persona, la que ama como criatura unitaria, de la cual forman parte el cuerpo y el alma. S\u00f3lo cuando ambos se funden verdaderamente en una unidad, el hombre es plenamente \u00e9l mismo. \u00danicamente de este modo el amor \u2014el eros\u2014 puede madurar hasta su verdadera grandeza.<\/p>\n<p>Hoy se reprocha a veces al cristianismo del pasado haber sido adversario de la corporeidad y, de hecho, siempre se han dado tendencias de este tipo. Pero el modo de exaltar el cuerpo que hoy constatamos resulta enga\u00f1oso. El eros, degradado a puro \u00absexo\u00bb, se convierte en mercanc\u00eda, en simple \u00abobjeto\u00bb que se puede comprar y vender; m\u00e1s a\u00fan, el hombre mismo se transforma en mercanc\u00eda. En realidad, \u00e9ste no es propiamente el gran s\u00ed del hombre a su cuerpo. Por el contrario, de este modo considera el cuerpo y la sexualidad solamente como la parte material de su ser, para emplearla y explotarla de modo calculador. Una parte, adem\u00e1s, que no aprecia como \u00e1mbito de su libertad, sino como algo que, a su manera, intenta convertir en agradable e inocuo a la vez. En realidad, nos encontramos ante una degradaci\u00f3n del cuerpo humano, que ya no est\u00e1 integrado en el conjunto de la libertad de nuestra existencia, ni es expresi\u00f3n viva de la totalidad de nuestro ser, sino que es relegado a lo puramente biol\u00f3gico. La aparente exaltaci\u00f3n del cuerpo puede convertirse muy pronto en odio a la corporeidad. La fe cristiana, por el contrario, ha considerado siempre al hombre como uno en cuerpo y alma, en el cual esp\u00edritu y materia se compenetran rec\u00edprocamente, adquiriendo ambos, precisamente as\u00ed, una nueva nobleza. Ciertamente, el eros quiere remontarnos \u00aben \u00e9xtasis\u00bb hacia lo divino, llevarnos m\u00e1s all\u00e1 de nosotros mismos, pero precisamente por eso necesita seguir un camino de ascesis, renuncia, purificaci\u00f3n y recuperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>6. \u00bfC\u00f3mo hemos de describir concretamente este camino de elevaci\u00f3n y purificaci\u00f3n? \u00bfC\u00f3mo se debe vivir el amor para que se realice plenamente su promesa humana y divina? Una primera indicaci\u00f3n importante podemos encontrarla en uno de los libros del Antiguo Testamento bien conocido por los m\u00edsticos, el Cantar de los Cantares. Seg\u00fan la interpretaci\u00f3n hoy predominante, las poes\u00edas contenidas en este libro son originariamente cantos de amor, escritos quiz\u00e1s para una fiesta nupcial israelita, en la que se deb\u00eda exaltar el amor conyugal. En este contexto, es muy instructivo que a lo largo del libro se encuentren dos t\u00e9rminos diferentes para indicar el \u00abamor\u00bb. Primero, la palabra \u00abdodim\u00bb, un plural que expresa el amor todav\u00eda inseguro, en un estadio de b\u00fasqueda indeterminada. Esta palabra es reemplazada despu\u00e9s por el t\u00e9rmino \u00abahab\u00e1\u00bb, que la traducci\u00f3n griega del Antiguo Testamento denomina, con un vocablo de fon\u00e9tica similar, \u00abagap\u00e9\u00bb, el cual, como hemos visto, se convirti\u00f3 en la expresi\u00f3n caracter\u00edstica para la concepci\u00f3n b\u00edblica del amor. En oposici\u00f3n al amor indeterminado y a\u00fan en b\u00fasqueda, este vocablo expresa la experiencia del amor que ahora ha llegado a ser verdaderamente descubrimiento del otro, superando el car\u00e1cter ego\u00edsta que predominaba claramente en la fase anterior. Ahora el amor es ocuparse del otro y preocuparse por el otro. Ya no se busca a s\u00ed mismo, sumirse en la embriaguez de la felicidad, sino que ans\u00eda m\u00e1s bien el bien del amado: se convierte en renuncia, est\u00e1 dispuesto al sacrificio, m\u00e1s a\u00fan, lo busca.<\/p>\n<p>El desarrollo del amor hacia sus m\u00e1s altas cotas y su m\u00e1s \u00edntima pureza conlleva el que ahora aspire a lo definitivo, y esto en un doble sentido: en cuanto implica exclusividad \u2014s\u00f3lo esta persona\u2014, y en el sentido del \u00abpara siempre\u00bb. El amor engloba la existencia entera y en todas sus dimensiones, incluido tambi\u00e9n el tiempo. No podr\u00eda ser de otra manera, puesto que su promesa apunta a lo definitivo: el amor tiende a la eternidad. Ciertamente, el amor es \u00ab\u00e9xtasis\u00bb, pero no en el sentido de arrebato moment\u00e1neo, sino como camino permanente, como un salir del yo cerrado en s\u00ed mismo hacia su liberaci\u00f3n en la entrega de s\u00ed y, precisamente de este modo, hacia el reencuentro consigo mismo, m\u00e1s a\u00fan, hacia el descubrimiento de Dios: \u00abEl que pretenda guardarse su vida, la perder\u00e1; y el que la pierda, la recobrar\u00e1\u00bb (Lc 17, 33), dice Jes\u00fas en una sentencia suya que, con algunas variantes, se repite en los Evangelios (cf. Mt 10, 39; 16, 25; Mc 8, 35; Lc 9, 24; Jn 12, 25). Con estas palabras, Jes\u00fas describe su propio itinerario, que a trav\u00e9s de la cruz lo lleva a la resurrecci\u00f3n: el camino del grano de trigo que cae en tierra y muere, dando as\u00ed fruto abundante. Describe tambi\u00e9n, partiendo de su sacrificio personal y del amor que en \u00e9ste llega a su plenitud, la esencia del amor y de la existencia humana en general.<\/p>\n<p>7. Nuestras reflexiones sobre la esencia del amor, inicialmente bastante filos\u00f3ficas, nos han llevado por su propio dinamismo hasta la fe b\u00edblica. Al comienzo se ha planteado la cuesti\u00f3n de si, bajo los significados de la palabra amor, diferentes e incluso opuestos, subyace alguna unidad profunda o, por el contrario, han de permanecer separados, uno paralelo al otro. Pero, sobre todo, ha surgido la cuesti\u00f3n de si el mensaje sobre el amor que nos han transmitido la Biblia y la Tradici\u00f3n de la Iglesia tiene algo que ver con la com\u00fan experiencia humana del amor, o m\u00e1s bien se opone a ella. A este prop\u00f3sito, nos hemos encontrado con las dos palabras fundamentales: eros como t\u00e9rmino para el amor \u00abmundano\u00bb y agap\u00e9 como denominaci\u00f3n del amor fundado en la fe y plasmado por ella. Con frecuencia, ambas se contraponen, una como amor \u00abascendente\u00bb, y como amor \u00abdescendente\u00bb la otra. Hay otras clasificaciones afines, como por ejemplo, la distinci\u00f3n entre amor posesivo y amor oblativo (amor concupiscentiae \u2013 amor benevolentiae), al que a veces se a\u00f1ade tambi\u00e9n el amor que tiende al propio provecho.<\/p>\n<p>A menudo, en el debate filos\u00f3fico y teol\u00f3gico, estas distinciones se han radicalizado hasta el punto de contraponerse entre s\u00ed: lo t\u00edpicamente cristiano ser\u00eda el amor descendente, oblativo, el agap\u00e9 precisamente; la cultura no cristiana, por el contrario, sobre todo la griega, se caracterizar\u00eda por el amor ascendente, vehemente y posesivo, es decir, el eros. Si se llevara al extremo este antagonismo, la esencia del cristianismo quedar\u00eda desvinculada de las relaciones vitales fundamentales de la existencia humana y constituir\u00eda un mundo del todo singular, que tal vez podr\u00eda considerarse admirable, pero netamente apartado del conjunto de la vida humana. En realidad, eros y agap\u00e9 \u2014amor ascendente y amor descendente\u2014 nunca llegan a separarse completamente. Cuanto m\u00e1s encuentran ambos, aunque en diversa medida, la justa unidad en la \u00fanica realidad del amor, tanto mejor se realiza la verdadera esencia del amor en general. Si bien el eros inicialmente es sobre todo vehemente, ascendente \u2014fascinaci\u00f3n por la gran promesa de felicidad\u2014, al aproximarse la persona al otro se plantear\u00e1 cada vez menos cuestiones sobre s\u00ed misma, para buscar cada vez m\u00e1s la felicidad del otro, se preocupar\u00e1 de \u00e9l, se entregar\u00e1 y desear\u00e1 \u00abser para\u00bb el otro. As\u00ed, el momento del agap\u00e9 se inserta en el eros inicial; de otro modo, se desvirt\u00faa y pierde tambi\u00e9n su propia naturaleza. Por otro lado, el hombre tampoco puede vivir exclusivamente del amor oblativo, descendente. No puede dar \u00fanicamente y siempre, tambi\u00e9n debe recibir. Quien quiere dar amor, debe a su vez recibirlo como don. Es cierto \u2014como nos dice el Se\u00f1or\u2014 que el hombre puede convertirse en fuente de la que manan r\u00edos de agua viva (cf. Jn 7, 37-38). No obstante, para llegar a ser una fuente as\u00ed, \u00e9l mismo ha de beber siempre de nuevo de la primera y originaria fuente que es Jesucristo, de cuyo coraz\u00f3n traspasado brota el amor de Dios (cf. Jn 19, 34).<\/p>\n<p>En la narraci\u00f3n de la escalera de Jacob, los Padres han visto simbolizada de varias maneras esta relaci\u00f3n inseparable entre ascenso y descenso, entre el eros que busca a Dios y el agap\u00e9 que transmite el don recibido. En este texto b\u00edblico se relata c\u00f3mo el patriarca Jacob, en sue\u00f1os, vio una escalera apoyada en la piedra que le serv\u00eda de cabezal, que llegaba hasta el cielo y por la cual sub\u00edan y bajaban los \u00e1ngeles de Dios (cf. Gn 28, 12; Jn 1, 51). Impresiona particularmente la interpretaci\u00f3n que da el Papa Gregorio Magno de esta visi\u00f3n en su Regla pastoral. El pastor bueno, dice, debe estar anclado en la contemplaci\u00f3n. En efecto, s\u00f3lo de este modo le ser\u00e1 posible captar las necesidades de los dem\u00e1s en lo m\u00e1s profundo de su ser, para hacerlas suyas: \u00abper pietatis viscera in se infirmitatem caeterorum transferant\u00bb.<span id='easy-footnote-4-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-4-32633' title='II, 5: SCh 381, 196.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span> En este contexto, san Gregorio menciona a san Pablo, que fue arrebatado hasta el tercer cielo, hasta los m\u00e1s grandes misterios de Dios y, precisamente por eso, al descender, es capaz de hacerse todo para todos (cf. 2 Co 12, 2-4; 1 Co 9, 22). Tambi\u00e9n pone el ejemplo de Mois\u00e9s, que entra y sale del tabern\u00e1culo, en di\u00e1logo con Dios, para poder de este modo, partiendo de \u00c9l, estar a disposici\u00f3n de su pueblo. \u00abDentro [del tabern\u00e1culo] se extas\u00eda en la contemplaci\u00f3n, fuera [del tabern\u00e1culo] se ve apremiado por los asuntos de los afligidos: intus contemplationem rapitur, foris infirmantium negotiis urgetur\u00bb.<span id='easy-footnote-5-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-5-32633' title='Ib\u00edd., 198.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span>\n<p>8. Hemos encontrado, pues, una primera respuesta, todav\u00eda m\u00e1s bien gen\u00e9rica, a las dos preguntas formuladas antes: en el fondo, el \u00abamor\u00bb es una \u00fanica realidad, si bien con diversas dimensiones; seg\u00fan los casos, una u otra puede destacar m\u00e1s. Pero cuando las dos dimensiones se separan completamente una de otra, se produce una caricatura o, en todo caso, una forma mermada del amor. Tambi\u00e9n hemos visto sint\u00e9ticamente que la fe b\u00edblica no construye un mundo paralelo o contrapuesto al fen\u00f3meno humano originario del amor, sino que asume a todo el hombre, interviniendo en su b\u00fasqueda de amor para purificarla, abri\u00e9ndole al mismo tiempo nuevas dimensiones. Esta novedad de la fe b\u00edblica se manifiesta sobre todo en dos puntos que merecen ser subrayados: la imagen de Dios y la imagen del hombre.<\/p>\n<h3><strong>La novedad de la fe b\u00edblica<\/strong><\/h3>\n<p>9. Ante todo, est\u00e1 la nueva imagen de Dios. En las culturas que circundan el mundo de la Biblia, la imagen de dios y de los dioses, al fin y al cabo, queda poco clara y es contradictoria en s\u00ed misma. En el camino de la fe b\u00edblica, por el contrario, resulta cada vez m\u00e1s claro y un\u00edvoco lo que se resume en las palabras de la oraci\u00f3n fundamental de Israel, la Shema: \u00abEscucha, Israel: El Se\u00f1or, nuestro Dios, es solamente uno\u00bb (Dt 6, 4). Existe un solo Dios, que es el Creador del cielo y de la tierra y, por tanto, tambi\u00e9n es el Dios de todos los hombres. En esta puntualizaci\u00f3n hay dos elementos singulares: que realmente todos los otros dioses no son Dios y que toda la realidad en la que vivimos se remite a Dios, es creaci\u00f3n suya. Ciertamente, la idea de una creaci\u00f3n existe tambi\u00e9n en otros lugares, pero s\u00f3lo aqu\u00ed queda absolutamente claro que no se trata de un dios cualquiera, sino que el \u00fanico Dios verdadero, \u00c9l mismo, es el autor de toda la realidad; \u00e9sta proviene del poder de su Palabra creadora. Lo cual significa que estima a esta criatura, precisamente porque ha sido \u00c9l quien la ha querido, quien la ha \u00abhecho\u00bb. Y as\u00ed se pone de manifiesto el segundo elemento importante: este Dios ama al hombre. La potencia divina a la cual Arist\u00f3teles, en la cumbre de la filosof\u00eda griega, trat\u00f3 de llegar a trav\u00e9s de la reflexi\u00f3n, es ciertamente objeto de deseo y amor por parte de todo ser \u2014como realidad amada, esta divinidad mueve el mundo\u2014,<span id='easy-footnote-6-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-6-32633' title='Cf. Metaf\u00edsica, XII, 7.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span> pero ella misma no necesita nada y no ama, s\u00f3lo es amada. El Dios \u00fanico en el que cree Israel, sin embargo, ama personalmente. Su amor, adem\u00e1s, es un amor de predilecci\u00f3n: entre todos los pueblos, \u00c9l escoge a Israel y lo ama, aunque con el objeto de salvar precisamente de este modo a toda la humanidad. \u00c9l ama, y este amor suyo puede ser calificado sin duda como eros que, no obstante, es tambi\u00e9n totalmente agap\u00e9.<span id='easy-footnote-7-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-7-32633' title='Cf. Pseudo Dionisio Areopagita, Los nombres de Dios, IV, 12-14: PG 3, 709-713, donde llama a Dios eros y agap\u00e9 al mismo tiempo.'><sup>7<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Los profetas Oseas y Ezequiel, sobre todo, han descrito esta pasi\u00f3n de Dios por su pueblo con im\u00e1genes er\u00f3ticas audaces. La relaci\u00f3n de Dios con Israel es ilustrada con la met\u00e1fora del noviazgo y del matrimonio; por consiguiente, la idolatr\u00eda es adulterio y prostituci\u00f3n. Con eso se alude concretamente \u2014como hemos visto\u2014 a los ritos de la fertilidad con su abuso del eros, pero al mismo tiempo se describe la relaci\u00f3n de fidelidad entre Israel y su Dios. La historia de amor de Dios con Israel consiste, en el fondo, en que \u00c9l le da la Torah, es decir, abre los ojos de Israel sobre la verdadera naturaleza del hombre y le indica el camino del verdadero humanismo. Esta historia consiste en que el hombre, viviendo en fidelidad al \u00fanico Dios, se experimenta a s\u00ed mismo como quien es amado por Dios y descubre la alegr\u00eda en la verdad y en la justicia; la alegr\u00eda en Dios que se convierte en su felicidad esencial: \u00ab\u00bfNo te tengo a ti en el cielo?; y contigo, \u00bfqu\u00e9 me importa la tierra?&#8230; Para m\u00ed lo bueno es estar junto a Dios\u00bb (Sal 73 [72], 25. 28).<\/p>\n<p>10. El eros de Dios para con el hombre, como hemos dicho, es a la vez agap\u00e9. No s\u00f3lo porque se da del todo gratuitamente, sin ning\u00fan m\u00e9rito anterior, sino tambi\u00e9n porque es amor que perdona. Oseas, de modo particular, nos muestra la dimensi\u00f3n del agap\u00e9 en el amor de Dios por el hombre, que va mucho m\u00e1s all\u00e1 de la gratuidad. Israel ha cometido \u00abadulterio\u00bb, ha roto la Alianza; Dios deber\u00eda juzgarlo y repudiarlo. Pero precisamente en esto se revela que Dios es Dios y no hombre: \u00ab\u00bfC\u00f3mo voy a dejarte, Efra\u00edm, c\u00f3mo entregarte, Israel?&#8230; Se me revuelve el coraz\u00f3n, se me conmueven las entra\u00f1as. No ceder\u00e9 al ardor de mi c\u00f3lera, no volver\u00e9 a destruir a Efra\u00edm; que yo soy Dios y no hombre, santo en medio de ti\u00bb (Os 11, 8-9). El amor apasionado de Dios por su pueblo, por el hombre, es a la vez un amor que perdona. Un amor tan grande que pone a Dios contra s\u00ed mismo, su amor contra su justicia. El cristiano ve perfilarse ya en esto, veladamente, el misterio de la Cruz: Dios ama tanto al hombre que, haci\u00e9ndose hombre \u00e9l mismo, lo acompa\u00f1a incluso en la muerte y, de este modo, reconcilia la justicia y el amor.<\/p>\n<p>El aspecto filos\u00f3fico e hist\u00f3rico-religioso que se ha de subrayar en esta visi\u00f3n de la Biblia es que, por un lado, nos encontramos ante una imagen estrictamente metaf\u00edsica de Dios: Dios es en absoluto la fuente originaria de cada ser; pero este principio creativo de todas las cosas \u2014el Logos, la raz\u00f3n primordial\u2014 es al mismo tiempo un amante con toda la pasi\u00f3n de un verdadero amor. As\u00ed, el eros es sumamente ennoblecido, pero tambi\u00e9n tan purificado que se funde con el agap\u00e9. Por eso podemos comprender que la recepci\u00f3n del Cantar de los Cantares en el canon de la Sagrada Escritura se haya justificado muy pronto, porque el sentido de sus cantos de amor describen en el fondo la relaci\u00f3n de Dios con el hombre y del hombre con Dios. De este modo, tanto en la literatura cristiana como en la jud\u00eda, el Cantar de los Cantares se ha convertido en una fuente de conocimiento y de experiencia m\u00edstica, en la cual se expresa la esencia de la fe b\u00edblica: se da ciertamente una unificaci\u00f3n del hombre con Dios \u2014sue\u00f1o originario del hombre\u2014, pero esta unificaci\u00f3n no es un fundirse juntos, un hundirse en el oc\u00e9ano an\u00f3nimo del Divino; es una unidad que crea amor, en la que ambos \u2014Dios y el hombre\u2014 siguen siendo ellos mismos y, sin embargo, se convierten en una sola cosa: \u00abEl que se une al Se\u00f1or, es un esp\u00edritu con \u00e9l\u00bb, dice san Pablo (1 Co 6, 17).<\/p>\n<p>11. La primera novedad de la fe b\u00edblica, como hemos visto, consiste en la imagen de Dios; la segunda, relacionada esencialmente con ella, la encontramos en la imagen del hombre. La narraci\u00f3n b\u00edblica de la creaci\u00f3n habla de la soledad del primer hombre, Ad\u00e1n, al cual Dios quiere darle una ayuda. Ninguna de las otras criaturas puede ser esa ayuda que el hombre necesita, por m\u00e1s que \u00e9l haya dado nombre a todas las bestias salvajes y a todos los p\u00e1jaros, incorpor\u00e1ndolos as\u00ed a su entorno vital. Entonces Dios, de una costilla del hombre, forma a la mujer. Ahora Ad\u00e1n encuentra la ayuda que precisa: \u00ab\u00a1\u00c9sta s\u00ed que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!\u00bb (Gn 2, 23). En el trasfondo de esta narraci\u00f3n se pueden considerar concepciones como la que aparece tambi\u00e9n, por ejemplo, en el mito relatado por Plat\u00f3n, seg\u00fan el cual el hombre era originariamente esf\u00e9rico, porque era completo en s\u00ed mismo y autosuficiente. Pero, en castigo por su soberbia, fue dividido en dos por Zeus, de manera que ahora anhela siempre su otra mitad y est\u00e1 en camino hacia ella para recobrar su integridad.<span id='easy-footnote-8-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-8-32633' title='Cf. El Banquete, XIV-XV, 189c-192d.'><sup>8<\/sup><\/a><\/span> En la narraci\u00f3n b\u00edblica no se habla de castigo; pero s\u00ed aparece la idea de que el hombre es de alg\u00fan modo incompleto, constitutivamente en camino para encontrar en el otro la parte complementaria para su integridad, es decir, la idea de que s\u00f3lo en la comuni\u00f3n con el otro sexo puede considerarse \u00abcompleto\u00bb. As\u00ed, pues, el pasaje b\u00edblico concluye con una profec\u00eda sobre Ad\u00e1n: \u00abPor eso abandonar\u00e1 el hombre a su padre y a su madre, se unir\u00e1 a su mujer y ser\u00e1n los dos una sola carne\u00bb (Gn 2, 24).<\/p>\n<p>En esta profec\u00eda hay dos aspectos importantes: el eros est\u00e1 como enraizado en la naturaleza misma del hombre; Ad\u00e1n se pone a buscar y \u00ababandona a su padre y a su madre\u00bb para unirse a su mujer; s\u00f3lo ambos conjuntamente representan a la humanidad completa, se convierten en \u00abuna sola carne\u00bb. No menor importancia reviste el segundo aspecto: en una perspectiva fundada en la creaci\u00f3n, el eros orienta al hombre hacia el matrimonio, un v\u00ednculo marcado por su car\u00e1cter \u00fanico y definitivo; as\u00ed, y s\u00f3lo as\u00ed, se realiza su destino \u00edntimo. A la imagen del Dios monote\u00edsta corresponde el matrimonio mon\u00f3gamo. El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en el icono de la relaci\u00f3n de Dios con su pueblo y, viceversa, el modo de amar de Dios se convierte en la medida del amor humano. Esta estrecha relaci\u00f3n entre eros y matrimonio que presenta la Biblia no tiene pr\u00e1cticamente paralelo alguno en la literatura fuera de ella.<\/p>\n<h3><strong>Jesucristo, el amor de Dios encarnado<\/strong><\/h3>\n<p>12. Aunque hasta ahora hemos hablado principalmente del Antiguo Testamento, ya se ha dejado entrever la \u00edntima compenetraci\u00f3n de los dos Testamentos como \u00fanica Escritura de la fe cristiana. La verdadera originalidad del Nuevo Testamento no consiste en nuevas ideas, sino en la figura misma de Cristo, que da carne y sangre a los conceptos: un realismo inaudito. Tampoco en el Antiguo Testamento la novedad b\u00edblica consiste simplemente en nociones abstractas, sino en la actuaci\u00f3n imprevisible y, en cierto sentido inaudita, de Dios. Este actuar de Dios adquiere ahora su forma dram\u00e1tica, puesto que, en Jesucristo, el propio Dios va tras la \u00aboveja perdida\u00bb, la humanidad doliente y extraviada. Cuando Jes\u00fas habla en sus par\u00e1bolas del pastor que va tras la oveja descarriada, de la mujer que busca el dracma, del padre que sale al encuentro del hijo pr\u00f3digo y lo abraza, no se trata s\u00f3lo de meras palabras, sino que es la explicaci\u00f3n de su propio ser y actuar. En su muerte en la cruz se realiza ese ponerse Dios contra s\u00ed mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma m\u00e1s radical. Poner la mirada en el costado traspasado de Cristo, del que habla Juan (cf. 19, 37), ayuda a comprender lo que ha sido el punto de partida de esta Carta enc\u00edclica: \u00abDios es amor\u00bb (1 Jn 4, 8). Es all\u00ed, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de all\u00ed se debe definir ahora qu\u00e9 es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientaci\u00f3n de su vivir y de su amar.<\/p>\n<p>13. Jes\u00fas ha perpetuado este acto de entrega mediante la instituci\u00f3n de la Eucarist\u00eda durante la \u00daltima Cena. Ya en aquella hora, \u00c9l anticipa su muerte y resurrecci\u00f3n, d\u00e1ndose a s\u00ed mismo a sus disc\u00edpulos en el pan y en el vino, su cuerpo y su sangre como nuevo man\u00e1 (cf. Jn 6, 31-33). Si el mundo antiguo hab\u00eda so\u00f1ado que, en el fondo, el verdadero alimento del hombre \u2014aquello por lo que el hombre vive\u2014 era el Logos, la sabidur\u00eda eterna, ahora este Logos se ha hecho para nosotros verdadera comida, como amor. La Eucarist\u00eda nos adentra en el acto oblativo de Jes\u00fas. No recibimos solamente de modo pasivo el Logos encarnado, sino que nos implicamos en la din\u00e1mica de su entrega. La imagen de las nupcias entre Dios e Israel se hace realidad de un modo antes inconcebible: lo que antes era estar frente a Dios, se transforma ahora en uni\u00f3n por la participaci\u00f3n en la entrega de Jes\u00fas, en su cuerpo y su sangre. La \u00abm\u00edstica\u00bb del Sacramento, que se basa en el abajamiento de Dios hacia nosotros, tiene otra dimensi\u00f3n de gran alcance y que lleva mucho m\u00e1s alto de lo que cualquier elevaci\u00f3n m\u00edstica del hombre podr\u00eda alcanzar.<\/p>\n<p>14. Pero ahora se ha de prestar atenci\u00f3n a otro aspecto: la \u00abm\u00edstica\u00bb del Sacramento tiene un car\u00e1cter social, porque en la comuni\u00f3n sacramental yo quedo unido al Se\u00f1or como todos los dem\u00e1s que comulgan: \u00abEl pan es uno, y as\u00ed nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan\u00bb, dice san Pablo (1 Co 10, 17). La uni\u00f3n con Cristo es al mismo tiempo uni\u00f3n con todos los dem\u00e1s a los que \u00e9l se entrega. No puedo tener a Cristo s\u00f3lo para m\u00ed; \u00fanicamente puedo pertenecerle en uni\u00f3n con todos los que son suyos o lo ser\u00e1n. La comuni\u00f3n me hace salir de m\u00ed mismo para ir hacia \u00c9l, y por tanto, tambi\u00e9n hacia la unidad con todos los cristianos. Nos hacemos \u00abun cuerpo\u00bb, aunados en una \u00fanica existencia. Ahora, el amor a Dios y al pr\u00f3jimo est\u00e1n realmente unidos: el Dios encarnado nos atrae a todos hacia s\u00ed. Se entiende, pues, que el agap\u00e9 se haya convertido tambi\u00e9n en un nombre de la Eucarist\u00eda: en ella el agap\u00e9 de Dios nos llega corporalmente para seguir actuando en nosotros y por nosotros. S\u00f3lo a partir de este fundamento cristol\u00f3gico-sacramental se puede entender correctamente la ense\u00f1anza de Jes\u00fas sobre el amor. El paso desde la Ley y los Profetas al doble mandamiento del amor de Dios y del pr\u00f3jimo, el hacer derivar de este precepto toda la existencia de fe, no es simplemente moral, que podr\u00eda darse aut\u00f3nomamente, paralelamente a la fe en Cristo y a su actualizaci\u00f3n en el Sacramento: fe, culto y ethos se compenetran rec\u00edprocamente como una sola realidad, que se configura en el encuentro con el agap\u00e9 de Dios. As\u00ed, la contraposici\u00f3n usual entre culto y \u00e9tica simplemente desaparece. En el \u00abculto\u00bb mismo, en la comuni\u00f3n eucar\u00edstica, est\u00e1 incluido a la vez el ser amados y el amar a los otros. Una Eucarist\u00eda que no comporte un ejercicio pr\u00e1ctico del amor es fragmentaria en s\u00ed misma. Viceversa \u2014como hemos de considerar m\u00e1s detalladamente a\u00fan\u2014, el \u00abmandamiento\u00bb del amor es posible s\u00f3lo porque no es una mera exigencia: el amor puede ser \u00abmandado\u00bb porque antes es dado.<\/p>\n<p>15. Las grandes par\u00e1bolas de Jes\u00fas han de entenderse tambi\u00e9n a partir de este principio. El rico epul\u00f3n (cf. Lc 16, 19-31) suplica desde el lugar de los condenados que se advierta a sus hermanos de lo que sucede a quien ha ignorado fr\u00edvolamente al pobre necesitado. Jes\u00fas, por decirlo as\u00ed, acoge este grito de ayuda y se hace eco de \u00e9l para ponernos en guardia, para hacernos volver al recto camino. La par\u00e1bola del buen Samaritano (cf. Lc 10, 25-37) nos lleva sobre todo a dos aclaraciones importantes. Mientras el concepto de \u00abpr\u00f3jimo\u00bb hasta entonces se refer\u00eda esencialmente a los conciudadanos y a los extranjeros que se establec\u00edan en la tierra de Israel, y por tanto a la comunidad compacta de un pa\u00eds o de un pueblo, ahora este l\u00edmite desaparece. Mi pr\u00f3jimo es cualquiera que tenga necesidad de m\u00ed y que yo pueda ayudar. Se universaliza el concepto de pr\u00f3jimo, pero permaneciendo concreto. Aunque se extienda a todos los hombres, el amor al pr\u00f3jimo no se reduce a una actitud gen\u00e9rica y abstracta, poco exigente en s\u00ed misma, sino que requiere mi compromiso pr\u00e1ctico aqu\u00ed y ahora. La Iglesia tiene siempre el deber de interpretar cada vez esta relaci\u00f3n entre lejan\u00eda y proximidad, con vistas a la vida pr\u00e1ctica de sus miembros. En fin, se ha de recordar de modo particular la gran par\u00e1bola del Juicio final (cf. Mt 25, 31-46), en el cual el amor se convierte en el criterio para la decisi\u00f3n definitiva sobre la valoraci\u00f3n positiva o negativa de una vida humana. Jes\u00fas se identifica con los pobres: los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, enfermos o encarcelados. \u00abCada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis\u00bb (Mt 25, 40). Amor a Dios y amor al pr\u00f3jimo se funden entre s\u00ed: en el m\u00e1s humilde encontramos a Jes\u00fas mismo y en Jes\u00fas encontramos a Dios.<\/p>\n<h3><strong>Amor a Dios y amor al pr\u00f3jimo<\/strong><\/h3>\n<p>16. Despu\u00e9s de haber reflexionado sobre la esencia del amor y su significado en la fe b\u00edblica, queda a\u00fan una doble cuesti\u00f3n sobre c\u00f3mo podemos vivirlo: \u00bfEs realmente posible amar a Dios aunque no se le vea? Y, por otro lado: \u00bfSe puede mandar el amor? En estas preguntas se manifiestan dos objeciones contra el doble mandamiento del amor. Nadie ha visto a Dios jam\u00e1s, \u00bfc\u00f3mo podremos amarlo? Y adem\u00e1s, el amor no se puede mandar; a fin de cuentas es un sentimiento que puede tenerse o no, pero que no puede ser creado por la voluntad. La Escritura parece respaldar la primera objeci\u00f3n cuando afirma: \u00abSi alguno dice: \u2018\u2018amo a Dios\u00bb, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve\u00bb (1 Jn 4, 20). Pero este texto en modo alguno excluye el amor a Dios, como si fuera un imposible; por el contrario, en todo el contexto de la Primera carta de Juan apenas citada, el amor a Dios es exigido expl\u00edcitamente. Lo que se subraya es la inseparable relaci\u00f3n entre amor a Dios y amor al pr\u00f3jimo. Ambos est\u00e1n tan estrechamente entrelazados, que la afirmaci\u00f3n de amar a Dios es en realidad una mentira si el hombre se cierra al pr\u00f3jimo o incluso lo odia. El vers\u00edculo de Juan se ha de interpretar m\u00e1s bien en el sentido de que el amor del pr\u00f3jimo es un camino para encontrar tambi\u00e9n a Dios, y que cerrar los ojos ante el pr\u00f3jimo nos convierte tambi\u00e9n en ciegos ante Dios.<\/p>\n<p>17. En efecto, nadie ha visto a Dios tal como es en s\u00ed mismo. Y, sin embargo, Dios no es del todo invisible para nosotros, no ha quedado fuera de nuestro alcance. Dios nos ha amado primero, dice la citada Carta de Juan (cf. 4, 10), y este amor de Dios ha aparecido entre nosotros, se ha hecho visible, pues \u00abDios envi\u00f3 al mundo a su Hijo \u00fanico para que vivamos por medio de \u00e9l\u00bb (1 Jn 4, 9). Dios se ha hecho visible: en Jes\u00fas podemos ver al Padre (cf. Jn 14, 9). De hecho, Dios es visible de muchas maneras. En la historia de amor que nos narra la Biblia, \u00c9l sale a nuestro encuentro, trata de atraernos, llegando hasta la \u00daltima Cena, hasta el Coraz\u00f3n traspasado en la cruz, hasta las apariciones del Resucitado y las grandes obras mediante las que \u00c9l, por la acci\u00f3n de los Ap\u00f3stoles, ha guiado el caminar de la Iglesia naciente. El Se\u00f1or tampoco ha estado ausente en la historia sucesiva de la Iglesia: siempre viene a nuestro encuentro a trav\u00e9s de los hombres en los que \u00c9l se refleja; mediante su Palabra, en los Sacramentos, especialmente la Eucarist\u00eda. En la liturgia de la Iglesia, en su oraci\u00f3n, en la comunidad viva de los creyentes, experimentamos el amor de Dios, percibimos su presencia y, de este modo, aprendemos tambi\u00e9n a reconocerla en nuestra vida cotidiana. \u00c9l nos ha amado primero y sigue am\u00e1ndonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder tambi\u00e9n con el amor. Dios no nos impone un sentimiento que no podamos suscitar en nosotros mismos. \u00c9l nos ama y nos hace ver y experimentar su amor, y de este \u00abantes\u00bb de Dios puede nacer tambi\u00e9n en nosotros el amor como respuesta.<\/p>\n<p>En el desarrollo de este encuentro se muestra tambi\u00e9n claramente que el amor no es solamente un sentimiento. Los sentimientos van y vienen. Pueden ser una maravillosa chispa inicial, pero no son la totalidad del amor. Al principio hemos hablado del proceso de purificaci\u00f3n y maduraci\u00f3n mediante el cual el eros llega a ser totalmente \u00e9l mismo y se convierte en amor en el pleno sentido de la palabra. Es propio de la madurez del amor que abarque todas las potencialidades del hombre e incluya, por as\u00ed decir, al hombre en su integridad. El encuentro con las manifestaciones visibles del amor de Dios puede suscitar en nosotros el sentimiento de alegr\u00eda, que nace de la experiencia de ser amados. Pero dicho encuentro implica tambi\u00e9n nuestra voluntad y nuestro entendimiento. El reconocimiento del Dios viviente es una v\u00eda hacia el amor, y el s\u00ed de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto \u00fanico del amor. No obstante, \u00e9ste es un proceso que siempre est\u00e1 en camino: el amor nunca se da por \u00abconcluido\u00bb y completado; se transforma en el curso de la vida, madura y, precisamente por ello, permanece fiel a s\u00ed mismo. Idem velle, idem nolle,<span id='easy-footnote-9-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-9-32633' title='Salustio, De coniuratione Catilinae, XX, 4.'><sup>9<\/sup><\/a><\/span> querer lo mismo y rechazar lo mismo, es lo que los antiguos han reconocido como el aut\u00e9ntico contenido del amor: hacerse uno semejante al otro, que lleva a un pensar y desear com\u00fan. La historia de amor entre Dios y el hombre consiste precisamente en que esta comuni\u00f3n de voluntad crece en la comuni\u00f3n del pensamiento y del sentimiento, de modo que nuestro querer y la voluntad de Dios coinciden cada vez m\u00e1s: la voluntad de Dios ya no es para m\u00ed algo extra\u00f1o que los mandamientos me imponen desde fuera, sino que es mi propia voluntad, habiendo experimentado que Dios est\u00e1 m\u00e1s dentro de m\u00ed que lo m\u00e1s \u00edntimo m\u00edo.<span id='easy-footnote-10-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-10-32633' title='Cf. San Agust\u00edn, Confesiones, III, 6, 11: CCL 27, 32.'><sup>10<\/sup><\/a><\/span> Crece entonces el abandono en Dios y Dios es nuestra alegr\u00eda (cf. Sal 73 [72], 23-28).<\/p>\n<p>18. De este modo se ve que es posible el amor al pr\u00f3jimo en el sentido enunciado por la Biblia, por Jes\u00fas. Consiste justamente en que, en Dios y con Dios, amo tambi\u00e9n a la persona que no me agrada o ni siquiera conozco. Esto s\u00f3lo puede llevarse a cabo a partir del encuentro \u00edntimo con Dios, un encuentro que se ha convertido en comuni\u00f3n de voluntad, llegando a implicar el sentimiento. Entonces aprendo a mirar a esta otra persona no ya s\u00f3lo con mis ojos y sentimientos, sino desde la perspectiva de Jesucristo. Su amigo es mi amigo. M\u00e1s all\u00e1 de la apariencia exterior del otro descubro su anhelo interior de un gesto de amor, de atenci\u00f3n, que no le hago llegar solamente a trav\u00e9s de las organizaciones encargadas de ello, y acept\u00e1ndolo tal vez por exigencias pol\u00edticas. Al verlo con los ojos de Cristo, puedo dar al otro mucho m\u00e1s que cosas externas necesarias: puedo ofrecerle la mirada de amor que \u00e9l necesita. En esto se manifiesta la imprescindible interacci\u00f3n entre amor a Dios y amor al pr\u00f3jimo, de la que habla con tanta insistencia la Primera carta de Juan. Si en mi vida falta completamente el contacto con Dios, podr\u00e9 ver siempre en el pr\u00f3jimo solamente al otro, sin conseguir reconocer en \u00e9l la imagen divina. Por el contrario, si en mi vida omito del todo la atenci\u00f3n al otro, queriendo ser s\u00f3lo \u00abpiadoso\u00bb y cumplir con mis \u00abdeberes religiosos\u00bb, se marchita tambi\u00e9n la relaci\u00f3n con Dios. Ser\u00e1 \u00fanicamente una relaci\u00f3n \u00abcorrecta\u00bb, pero sin amor. S\u00f3lo mi disponibilidad para ayudar al pr\u00f3jimo, para manifestarle amor, me hace sensible tambi\u00e9n ante Dios. S\u00f3lo el servicio al pr\u00f3jimo abre mis ojos a lo que Dios hace por m\u00ed y a lo mucho que me ama. Los Santos \u2014pensemos por ejemplo en la beata Teresa de Calcuta\u2014 han adquirido su capacidad de amar al pr\u00f3jimo de manera siempre renovada gracias a su encuentro con el Se\u00f1or eucar\u00edstico y, viceversa, este encuentro ha adquirido realismo y profundidad precisamente en su servicio a los dem\u00e1s. Amor a Dios y amor al pr\u00f3jimo son inseparables, son un \u00fanico mandamiento. Pero ambos viven del amor que viene de Dios, que nos ha amado primero. As\u00ed, pues, no se trata ya de un \u00abmandamiento\u00bb externo que nos impone lo imposible, sino de una experiencia de amor nacida desde dentro, un amor que por su propia naturaleza ha de ser ulteriormente comunicado a otros. El amor crece a trav\u00e9s del amor. El amor es \u00abdivino\u00bb porque proviene de Dios y a Dios nos une y, mediante este proceso unificador, nos transforma en un Nosotros, que supera nuestras divisiones y nos convierte en una sola cosa, hasta que al final Dios sea \u00abtodo para todos\u00bb (cf. 1 Co 15, 28).<\/p>\n<h2>Segunda parte: Caritas. El ejercicio del amor por parte de la Iglesia como \u00abcomunidad de amor\u00bb<\/h2>\n<h3><strong>La caridad de la Iglesia como manifestaci\u00f3n del amor trinitario<\/strong><\/h3>\n<p>19. \u00abVes la Trinidad si ves el amor\u00bb, escribi\u00f3 san Agust\u00edn.<span id='easy-footnote-11-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-11-32633' title='De Trinitate, VIII, 8, 12: CCL 50, 287.'><sup>11<\/sup><\/a><\/span> En las reflexiones precedentes hemos podido fijar nuestra mirada sobre el Traspasado (cf. Jn 19, 37; Za 12, 10), reconociendo el designio del Padre que, movido por el amor (cf. Jn 3, 16), ha enviado el Hijo unig\u00e9nito al mundo para redimir al hombre. Al morir en la cruz \u2014como narra el evangelista\u2014, Jes\u00fas \u00abentreg\u00f3 el esp\u00edritu\u00bb (cf. Jn 19, 30), preludio del don del Esp\u00edritu Santo que otorgar\u00eda despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n (cf. Jn 20, 22). Se cumplir\u00eda as\u00ed la promesa de los \u00abtorrentes de agua viva\u00bb que, por la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu, manar\u00edan de las entra\u00f1as de los creyentes (cf. Jn 7, 38-39). En efecto, el Esp\u00edritu es esa potencia interior que armoniza su coraz\u00f3n con el coraz\u00f3n de Cristo y los mueve a amar a los hermanos como \u00c9l los ha amado, cuando se ha puesto a lavar los pies de sus disc\u00edpulos (cf. Jn 13, 1-13) y, sobre todo, cuando ha entregado su vida por todos (cf. Jn 13, 1; 15, 13).<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu es tambi\u00e9n la fuerza que transforma el coraz\u00f3n de la Comunidad eclesial para que sea en el mundo testigo del amor del Padre, que quiere hacer de la humanidad, en su Hijo, una sola familia. Toda la actividad de la Iglesia es una expresi\u00f3n de un amor que busca el bien integral del ser humano: busca su evangelizaci\u00f3n mediante la Palabra y los Sacramentos, empresa tantas veces heroica en su realizaci\u00f3n hist\u00f3rica; y busca su promoci\u00f3n en los diversos \u00e1mbitos de la actividad humana. Por tanto, el amor es el servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los hombres. Es este aspecto, este servicio de la caridad, al que deseo referirme en esta parte de la Enc\u00edclica.<\/p>\n<h3><strong>La caridad como tarea de la Iglesia<\/strong><\/h3>\n<p>20. El amor al pr\u00f3jimo enraizado en el amor a Dios es ante todo una tarea para cada fiel, pero lo es tambi\u00e9n para toda la comunidad eclesial, y esto en todas sus dimensiones: desde la comunidad local a la Iglesia particular, hasta abarcar a la Iglesia universal en su totalidad. Tambi\u00e9n la Iglesia en cuanto comunidad ha de poner en pr\u00e1ctica el amor. En consecuencia, el amor necesita tambi\u00e9n una organizaci\u00f3n, como presupuesto para un servicio comunitario ordenado. La Iglesia ha sido consciente de que esta tarea ha tenido una importancia constitutiva para ella desde sus comienzos: \u00abLos creyentes viv\u00edan todos unidos y lo ten\u00edan todo en com\u00fan; vend\u00edan sus posesiones y bienes y lo repart\u00edan entre todos, seg\u00fan la necesidad de cada uno\u00bb (Hch 2, 44-45). Lucas nos relata esto relacion\u00e1ndolo con una especie de definici\u00f3n de la Iglesia, entre cuyos elementos constitutivos enumera la adhesi\u00f3n a la \u00abense\u00f1anza de los Ap\u00f3stoles\u00bb, a la \u00abcomuni\u00f3n\u00bb (koinonia), a la \u00abfracci\u00f3n del pan\u00bb y a la \u00aboraci\u00f3n\u00bb (cf. Hch 2, 42). La \u00abcomuni\u00f3n\u00bb (koinonia), mencionada inicialmente sin especificar, se concreta despu\u00e9s en los vers\u00edculos antes citados: consiste precisamente en que los creyentes tienen todo en com\u00fan y en que, entre ellos, ya no hay diferencia entre ricos y pobres (cf. tambi\u00e9n Hch 4, 32-37). A decir verdad, a medida que la Iglesia se extend\u00eda, resultaba imposible mantener esta forma radical de comuni\u00f3n material. Pero el n\u00facleo central ha permanecido: en la comunidad de los creyentes no debe haber una forma de pobreza en la que se niegue a alguien los bienes necesarios para una vida decorosa.<\/p>\n<p>21. Un paso decisivo en la dif\u00edcil b\u00fasqueda de soluciones para realizar este principio eclesial fundamental se puede ver en la elecci\u00f3n de los siete varones, que fue el principio del ministerio diaconal (cf. Hch 6, 5-6). En efecto, en la Iglesia de los primeros momentos, se hab\u00eda producido una disparidad en el suministro cotidiano a las viudas entre la parte de lengua hebrea y la de lengua griega. Los Ap\u00f3stoles, a los que estaba encomendado sobre todo \u00abla oraci\u00f3n\u00bb (Eucarist\u00eda y Liturgia) y el \u00abservicio de la Palabra\u00bb, se sintieron excesivamente cargados con el \u00abservicio de la mesa\u00bb; decidieron, pues, reservar para s\u00ed su oficio principal y crear para el otro, tambi\u00e9n necesario en la Iglesia, un grupo de siete personas. Pero este grupo tampoco deb\u00eda limitarse a un servicio meramente t\u00e9cnico de distribuci\u00f3n: deb\u00edan ser hombres \u00abllenos de Esp\u00edritu y de sabidur\u00eda\u00bb (cf. Hch 6, 1-6). Lo cual significa que el servicio social que desempe\u00f1aban era absolutamente concreto, pero sin duda tambi\u00e9n espiritual al mismo tiempo; por tanto, era un verdadero oficio espiritual el suyo, que realizaba un cometido esencial de la Iglesia, precisamente el del amor bien ordenado al pr\u00f3jimo. Con la formaci\u00f3n de este grupo de los Siete, la \u00abdiacon\u00eda\u00bb \u2014el servicio del amor al pr\u00f3jimo ejercido comunitariamente y de modo org\u00e1nico\u2014 quedaba ya instaurada en la estructura fundamental de la Iglesia misma.<\/p>\n<p>22. Con el paso de los a\u00f1os y la difusi\u00f3n progresiva de la Iglesia, el ejercicio de la caridad se confirm\u00f3 como uno de sus \u00e1mbitos esenciales, junto con la administraci\u00f3n de los Sacramentos y el anuncio de la Palabra: practicar el amor hacia las viudas y los hu\u00e9rfanos, los presos, los enfermos y los necesitados de todo tipo, pertenece a su esencia tanto como el servicio de los Sacramentos y el anuncio del Evangelio. La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra. Para demostrarlo, basten algunas referencias. El m\u00e1rtir Justino (\u2020 ca. 155), en el contexto de la celebraci\u00f3n dominical de los cristianos, describe tambi\u00e9n su actividad caritativa, unida con la Eucarist\u00eda misma. Los que poseen, seg\u00fan sus posibilidades y cada uno cuanto quiere, entregan sus ofrendas al Obispo; \u00e9ste, con lo recibido, sustenta a los hu\u00e9rfanos, a las viudas y a los que se encuentran en necesidad por enfermedad u otros motivos, as\u00ed como tambi\u00e9n a los presos y forasteros.<span id='easy-footnote-12-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-12-32633' title='Cf. I Apologia, 67: PG 6, 429.'><sup>12<\/sup><\/a><\/span> El gran escritor cristiano Tertuliano (\u2020 despu\u00e9s de 220), cuenta c\u00f3mo la solicitud de los cristianos por los necesitados de cualquier tipo suscitaba el asombro de los paganos.<span id='easy-footnote-13-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-13-32633' title='Cf. Apologeticum 39, 7: PL 1, 468.'><sup>13<\/sup><\/a><\/span> Y cuando Ignacio de Antioqu\u00eda (\u2020 ca. 117) llamaba a la Iglesia de Roma como la que \u00abpreside en la caridad (agap\u00e9)\u00bb,<span id='easy-footnote-14-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-14-32633' title='Ep. ad Rom., Inscr.: PG 5, 801.'><sup>14<\/sup><\/a><\/span> se puede pensar que con esta definici\u00f3n quer\u00eda expresar de alg\u00fan modo tambi\u00e9n la actividad caritativa concreta.<\/p>\n<p>23. En este contexto, puede ser \u00fatil una referencia a las primitivas estructuras jur\u00eddicas del servicio de la caridad en la Iglesia. Hacia la mitad del siglo IV, se va formando en Egipto la llamada \u00abdiacon\u00eda\u00bb; es la estructura que en cada monasterio ten\u00eda la responsabilidad sobre el conjunto de las actividades asistenciales, el servicio de la caridad precisamente. A partir de esto, se desarrolla en Egipto hasta el siglo VI una corporaci\u00f3n con plena capacidad jur\u00eddica, a la que las autoridades civiles conf\u00edan incluso una cantidad de grano para su distribuci\u00f3n p\u00fablica. No s\u00f3lo cada monasterio, sino tambi\u00e9n cada di\u00f3cesis lleg\u00f3 a tener su diacon\u00eda, una instituci\u00f3n que se desarrolla sucesivamente, tanto en Oriente como en Occidente. El Papa Gregorio Magno (\u2020 604) habla de la diacon\u00eda de N\u00e1poles; por lo que se refiere a Roma, las diacon\u00edas est\u00e1n documentadas a partir del siglo VII y VIII; pero, naturalmente, ya antes, desde los comienzos, la actividad asistencial a los pobres y necesitados, seg\u00fan los principios de la vida cristiana expuestos en los Hechos de los Ap\u00f3stoles, era parte esencial en la Iglesia de Roma. Esta funci\u00f3n se manifiesta vigorosamente en la figura del di\u00e1cono Lorenzo (\u2020 258). La descripci\u00f3n dram\u00e1tica de su martirio fue conocida ya por san Ambrosio (\u2020 397) y, en lo esencial, nos muestra seguramente la aut\u00e9ntica figura de este Santo. A \u00e9l, como responsable de la asistencia a los pobres de Roma, tras ser apresados sus compa\u00f1eros y el Papa, se le concedi\u00f3 un cierto tiempo para recoger los tesoros de la Iglesia y entregarlos a las autoridades. Lorenzo distribuy\u00f3 el dinero disponible a los pobres y luego present\u00f3 a \u00e9stos a las autoridades como el verdadero tesoro de la Iglesia.<span id='easy-footnote-15-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-15-32633' title='Cf. San Ambrosio, De officiis ministrorum, II, 28, 140: PL 16, 141.'><sup>15<\/sup><\/a><\/span> Cualquiera que sea la fiabilidad hist\u00f3rica de tales detalles, Lorenzo ha quedado en la memoria de la Iglesia como un gran exponente de la caridad eclesial.<\/p>\n<p>24. Una alusi\u00f3n a la figura del emperador Juliano el Ap\u00f3stata (\u2020 363) puede ilustrar una vez m\u00e1s lo esencial que era para la Iglesia de los primeros siglos la caridad ejercida y organizada. A los seis a\u00f1os, Juliano asisti\u00f3 al asesinato de su padre, de su hermano y de otros parientes a manos de los guardias del palacio imperial; \u00e9l imput\u00f3 esta brutalidad \u2014con raz\u00f3n o sin ella\u2014 al emperador Constancio, que se ten\u00eda por un gran cristiano. Por eso, para \u00e9l la fe cristiana qued\u00f3 desacreditada definitivamente. Una vez emperador, decidi\u00f3 restaurar el paganismo, la antigua religi\u00f3n romana, pero tambi\u00e9n reformarlo, de manera que fuera realmente la fuerza impulsora del imperio. En esta perspectiva, se inspir\u00f3 ampliamente en el cristianismo. Estableci\u00f3 una jerarqu\u00eda de metropolitas y sacerdotes. Los sacerdotes deb\u00edan promover el amor a Dios y al pr\u00f3jimo. Escrib\u00eda en una de sus cartas<span id='easy-footnote-16-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-16-32633' title='Cf. Ep. 83: J. Bidez, L&amp;#8217;Empereur Julien. \u0152uvres compl\u00e8tes, Par\u00eds 19602, I, 2a, p. 145.'><sup>16<\/sup><\/a><\/span> que el \u00fanico aspecto que le impresionaba del cristianismo era la actividad caritativa de la Iglesia. As\u00ed pues, un punto determinante para su nuevo paganismo fue dotar a la nueva religi\u00f3n de un sistema paralelo al de la caridad de la Iglesia. Los \u00abGalileos\u00bb \u2014as\u00ed los llamaba\u2014 hab\u00edan logrado con ello su popularidad. Se les deb\u00eda emular y superar. De este modo, el emperador confirmaba, pues, c\u00f3mo la caridad era una caracter\u00edstica determinante de la comunidad cristiana, de la Iglesia.<\/p>\n<p>25. Llegados a este punto, tomamos de nuestras reflexiones dos datos esenciales:<\/p>\n<p>a) La naturaleza \u00edntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios (kerygma-martyria), celebraci\u00f3n de los Sacramentos (leiturgia) y servicio de la caridad (diakonia). Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra. Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que tambi\u00e9n se podr\u00eda dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestaci\u00f3n irrenunciable de su propia esencia.<span id='easy-footnote-17-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-17-32633' title='Cf. Congregaci\u00f3n para los Obispos, Directorio para el ministerio pastoral de los obispos Apostolorum Successores (22 febrero 2004), 194: Ciudad del Vaticano, 2004, 210-211.'><sup>17<\/sup><\/a><\/span>\n<p>b) La Iglesia es la familia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario. Pero, al mismo tiempo, la caritas-agap\u00e9 supera los confines de la Iglesia; la par\u00e1bola del buen Samaritano sigue siendo el criterio de comportamiento y muestra la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado encontrado \u00abcasualmente\u00bb (cf. Lc 10, 31), quienquiera que sea. No obstante, quedando a salvo la universalidad del amor, tambi\u00e9n se da la exigencia espec\u00edficamente eclesial de que, precisamente en la Iglesia misma como familia, ninguno de sus miembros sufra por encontrarse en necesidad. En este sentido, siguen teniendo valor las palabras de la Carta a los G\u00e1latas: \u00abMientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe\u00bb (6, 10).<\/p>\n<h3><strong>Justicia y caridad<\/strong><\/h3>\n<p>26. Desde el siglo XIX se ha planteado una objeci\u00f3n contra la actividad caritativa de la Iglesia, desarrollada despu\u00e9s con insistencia sobre todo por el pensamiento marxista. Los pobres, se dice, no necesitan obras de caridad, sino de justicia. Las obras de caridad \u2014la limosna\u2014 ser\u00edan en realidad un modo para que los ricos eludan la instauraci\u00f3n de la justicia y acallen su conciencia, conservando su propia posici\u00f3n social y despojando a los pobres de sus derechos. En vez de contribuir con obras aisladas de caridad a mantener las condiciones existentes, har\u00eda falta crear un orden justo, en el que todos reciban su parte de los bienes del mundo y, por lo tanto, no necesiten ya las obras de caridad. Se debe reconocer que en esta argumentaci\u00f3n hay algo de verdad, pero tambi\u00e9n bastantes errores. Es cierto que una norma fundamental del Estado debe ser perseguir la justicia y que el objetivo de un orden social justo es garantizar a cada uno, respetando el principio de subsidiaridad, su parte de los bienes comunes. Eso es lo que ha subrayado tambi\u00e9n la doctrina cristiana sobre el Estado y la doctrina social de la Iglesia. La cuesti\u00f3n del orden justo de la colectividad, desde un punto de vista hist\u00f3rico, ha entrado en una nueva fase con la formaci\u00f3n de la sociedad industrial en el siglo XIX. El surgir de la industria moderna ha desbaratado las viejas estructuras sociales y, con la masa de los asalariados, ha provocado un cambio radical en la configuraci\u00f3n de la sociedad, en la cual la relaci\u00f3n entre el capital y el trabajo se ha convertido en la cuesti\u00f3n decisiva, una cuesti\u00f3n que, en estos t\u00e9rminos, era desconocida hasta entonces. Desde ese momento, los medios de producci\u00f3n y el capital eran el nuevo poder que, estando en manos de pocos, comportaba para las masas obreras una privaci\u00f3n de derechos contra la cual hab\u00eda que rebelarse.<\/p>\n<p>27. Se debe admitir que los representantes de la Iglesia percibieron s\u00f3lo lentamente que el problema de la estructura justa de la sociedad se planteaba de un modo nuevo. No faltaron pioneros: uno de ellos, por ejemplo, fue el Obispo Ketteler de Maguncia (\u2020 1877). Para hacer frente a las necesidades concretas surgieron tambi\u00e9n c\u00edrculos, asociaciones, uniones, federaciones y, sobre todo, nuevas Congregaciones religiosas, que en el siglo XIX se dedicaron a combatir la pobreza, las enfermedades y las situaciones de carencia en el campo educativo. En 1891, se interes\u00f3 tambi\u00e9n el magisterio pontificio con la Enc\u00edclica Rerum novarum de Le\u00f3n XIII. Sigui\u00f3 con la Enc\u00edclica de P\u00edo XI Quadragesimo anno, en 1931. En 1961, el beato Papa Juan XXIII public\u00f3 la Enc\u00edclica Mater et Magistra, mientras que Pablo VI, en la Enc\u00edclica Populorum progressio (1967) y en la Carta apost\u00f3lica Octogesima adveniens (1971), afront\u00f3 con insistencia la problem\u00e1tica social que, entre tanto, se hab\u00eda agudizado sobre todo en Latinoam\u00e9rica. Mi gran predecesor Juan Pablo II nos ha dejado una trilog\u00eda de Enc\u00edclicas sociales: Laborem exercens (1981), Sollicitudo rei socialis (1987) y Centesimus annus (1991). As\u00ed pues, cotejando situaciones y problemas nuevos cada vez, se ha ido desarrollando una doctrina social cat\u00f3lica, que en 2004 ha sido presentada de modo org\u00e1nico en el Compendio de la doctrina social de la Iglesia, redactado por el Consejo Pontificio Iustitia et Pax. El marxismo hab\u00eda presentado la revoluci\u00f3n mundial y su preparaci\u00f3n como la panacea para los problemas sociales: mediante la revoluci\u00f3n y la consiguiente colectivizaci\u00f3n de los medios de producci\u00f3n \u2014se afirmaba en dicha doctrina\u2014 todo ir\u00eda repentinamente de modo diferente y mejor. Este sue\u00f1o se ha desvanecido. En la dif\u00edcil situaci\u00f3n en la que nos encontramos hoy, a causa tambi\u00e9n de la globalizaci\u00f3n de la econom\u00eda, la doctrina social de la Iglesia se ha convertido en una indicaci\u00f3n fundamental, que propone orientaciones v\u00e1lidas mucho m\u00e1s all\u00e1 de sus confines: estas orientaciones \u2014ante el avance del progreso\u2014 se han de afrontar en di\u00e1logo con todos los que se preocupan seriamente por el hombre y su mundo.<\/p>\n<p>28. Para definir con m\u00e1s precisi\u00f3n la relaci\u00f3n entre el compromiso necesario por la justicia y el servicio de la caridad, hay que tener en cuenta dos situaciones de hecho:<\/p>\n<p>a) El orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la pol\u00edtica. Un Estado que no se rigiera seg\u00fan la justicia se reducir\u00eda a una gran banda de ladrones, dijo una vez Agust\u00edn: \u00abRemota itaque iustitia quid sunt regna nisi magna latrocinia?\u00bb.<span id='easy-footnote-18-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-18-32633' title='De Civitate Dei, IV, 4: CCL 47, 102.'><sup>18<\/sup><\/a><\/span> Es propio de la estructura fundamental del cristianismo la distinci\u00f3n entre lo que es del C\u00e9sar y lo que es de Dios (cf. Mt 22, 21), esto es, entre Estado e Iglesia o, como dice el Concilio Vaticano II, el reconocimiento de la autonom\u00eda de las realidades temporales.<span id='easy-footnote-19-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-19-32633' title='Cf. Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, 36.'><sup>19<\/sup><\/a><\/span> El Estado no puede imponer la religi\u00f3n, pero tiene que garantizar su libertad y la paz entre los seguidores de las diversas religiones; la Iglesia, como expresi\u00f3n social de la fe cristiana, por su parte, tiene su independencia y vive su forma comunitaria basada en la fe, que el Estado debe respetar. Son dos esferas distintas, pero siempre en relaci\u00f3n rec\u00edproca.<\/p>\n<p>La justicia es el objeto y, por tanto, tambi\u00e9n la medida intr\u00ednseca de toda pol\u00edtica. La pol\u00edtica es m\u00e1s que una simple t\u00e9cnica para determinar los ordenamientos p\u00fablicos: su origen y su meta est\u00e1n precisamente en la justicia, y \u00e9sta es de naturaleza \u00e9tica. As\u00ed, pues, el Estado se encuentra inevitablemente de hecho ante la cuesti\u00f3n de c\u00f3mo realizar la justicia aqu\u00ed y ahora. Pero esta pregunta presupone otra m\u00e1s radical: \u00bfqu\u00e9 es la justicia? \u00c9ste es un problema que concierne a la raz\u00f3n pr\u00e1ctica; pero para llevar a cabo rectamente su funci\u00f3n, la raz\u00f3n ha de purificarse constantemente, porque su ceguera \u00e9tica, que deriva de la preponderancia del inter\u00e9s y del poder que la deslumbran, es un peligro que nunca se puede descartar totalmente.<\/p>\n<p>En este punto, pol\u00edtica y fe se encuentran. Sin duda, la naturaleza espec\u00edfica de la fe es la relaci\u00f3n con el Dios vivo, un encuentro que nos abre nuevos horizontes mucho m\u00e1s all\u00e1 del \u00e1mbito propio de la raz\u00f3n. Pero, al mismo tiempo, es una fuerza purificadora para la raz\u00f3n misma. Al partir de la perspectiva de Dios, la libera de su ceguera y la ayuda as\u00ed a ser mejor ella misma. La fe permite a la raz\u00f3n desempe\u00f1ar del mejor modo su cometido y ver m\u00e1s claramente lo que le es propio. En este punto se sit\u00faa la doctrina social cat\u00f3lica: no pretende otorgar a la Iglesia un poder sobre el Estado. Tampoco quiere imponer a los que no comparten la fe sus propias perspectivas y modos de comportamiento. Desea simplemente contribuir a la purificaci\u00f3n de la raz\u00f3n y aportar su propia ayuda para que lo que es justo, aqu\u00ed y ahora, pueda ser reconocido y despu\u00e9s puesto tambi\u00e9n en pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>La doctrina social de la Iglesia argumenta desde la raz\u00f3n y el derecho natural, es decir, a partir de lo que es conforme a la naturaleza de todo ser humano. Y sabe que no es tarea de la Iglesia el que ella misma haga valer pol\u00edticamente esta doctrina: quiere servir a la formaci\u00f3n de las conciencias en la pol\u00edtica y contribuir a que crezca la percepci\u00f3n de las verdaderas exigencias de la justicia y, al mismo tiempo, la disponibilidad para actuar conforme a ella, aun cuando esto estuviera en contraste con situaciones de intereses personales. Esto significa que la construcci\u00f3n de un orden social y estatal justo, mediante el cual se da a cada uno lo que le corresponde, es una tarea fundamental que debe afrontar de nuevo cada generaci\u00f3n. Trat\u00e1ndose de un quehacer pol\u00edtico, esto no puede ser un cometido inmediato de la Iglesia. Pero, como al mismo tiempo es una tarea humana primaria, la Iglesia tiene el deber de ofrecer, mediante la purificaci\u00f3n de la raz\u00f3n y la formaci\u00f3n \u00e9tica, su contribuci\u00f3n espec\u00edfica, para que las exigencias de la justicia sean comprensibles y pol\u00edticamente realizables.<\/p>\n<p>La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa pol\u00edtica de realizar la sociedad m\u00e1s justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede ni debe quedarse al margen en la lucha por la justicia. Debe insertarse en ella a trav\u00e9s de la argumentaci\u00f3n racional y debe despertar las fuerzas espirituales, sin las cuales la justicia, que siempre exige tambi\u00e9n renuncias, no puede afirmarse ni prosperar. La sociedad justa no puede ser obra de la Iglesia, sino de la pol\u00edtica. No obstante, le interesa sobremanera trabajar por la justicia esforz\u00e1ndose por abrir la inteligencia y la voluntad a las exigencias del bien.<\/p>\n<p>b) El amor \u2014caritas\u2014 siempre ser\u00e1 necesario, incluso en la sociedad m\u00e1s justa. No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor. Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre. Siempre habr\u00e1 sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habr\u00e1 soledad. Siempre se dar\u00e1n tambi\u00e9n situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al pr\u00f3jimo.<span id='easy-footnote-20-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-20-32633' title='Cf. Congregaci\u00f3n para los Obispos, Directorio para el ministerio pastoral de los obispos Apostolorum Successores (22 febrero 2004), 197: Ciudad del Vaticano, 2004, 213-214.'><sup>20<\/sup><\/a><\/span> El Estado que quiere proveer a todo, que absorbe todo en s\u00ed mismo, se convierte en definitiva en una instancia burocr\u00e1tica que no puede asegurar lo m\u00e1s esencial que el hombre afligido \u2014cualquier ser humano\u2014 necesita: una entra\u00f1able atenci\u00f3n personal. Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y que unen la espontaneidad con la cercan\u00eda a los hombres necesitados de auxilio. La Iglesia es una de estas fuerzas vivas: en ella late el dinamismo del amor suscitado por el Esp\u00edritu de Cristo. Este amor no brinda a los hombres s\u00f3lo ayuda material, sino tambi\u00e9n sosiego y cuidado del alma, un ayuda con frecuencia m\u00e1s necesaria que el sustento material. La afirmaci\u00f3n seg\u00fan la cual las estructuras justas har\u00edan superfluas las obras de caridad, esconde una concepci\u00f3n materialista del hombre: el prejuicio de que el hombre vive \u00abs\u00f3lo de pan\u00bb (Mt 4, 4; cf. Dt 8, 3), una concepci\u00f3n que humilla al hombre e ignora precisamente lo que es m\u00e1s espec\u00edficamente humano.<\/p>\n<p>29. De este modo podemos ahora determinar con mayor precisi\u00f3n la relaci\u00f3n que existe en la vida de la Iglesia entre el empe\u00f1o por el orden justo del Estado y la sociedad, por un lado y, por otro, la actividad caritativa organizada. Ya se ha dicho que el establecimiento de estructuras justas no es un cometido inmediato de la Iglesia, sino que pertenece a la esfera de la pol\u00edtica, es decir, de la raz\u00f3n autorresponsable. En esto, la tarea de la Iglesia es mediata, ya que le corresponde contribuir a la purificaci\u00f3n de la raz\u00f3n y reavivar las fuerzas morales, sin lo cual no se instauran estructuras justas, ni \u00e9stas pueden ser operativas a largo plazo.<\/p>\n<p>El deber inmediato de actuar en favor de un orden justo en la sociedad es m\u00e1s bien propio de los fieles laicos. Como ciudadanos del Estado, est\u00e1n llamados a participar en primera persona en la vida p\u00fablica. Por tanto, no pueden eximirse de la \u00abmultiforme y variada acci\u00f3n econ\u00f3mica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover org\u00e1nica e institucionalmente el bien com\u00fan\u00bb.<span id='easy-footnote-21-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-21-32633' title='Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici (30 diciembre 1988), 42: AAS 81 (1989), 472.'><sup>21<\/sup><\/a><\/span> La misi\u00f3n de los fieles es, por tanto, configurar rectamente la vida social, respetando su leg\u00edtima autonom\u00eda y cooperando con los otros ciudadanos seg\u00fan las respectivas competencias y bajo su propia responsabilidad.<span id='easy-footnote-22-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-22-32633' title='Cf. Congregaci\u00f3n para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los cat\u00f3licos en la vida p\u00fablica (24 noviembre 2003), 1: L&amp;#8217;Osservatore Romano, ed. semanal en lengua espa\u00f1ola (24 enero 2004), 6.'><sup>22<\/sup><\/a><\/span> Aunque las manifestaciones de la caridad eclesial nunca pueden confundirse con la actividad del Estado, sigue siendo verdad que la caridad debe animar toda la existencia de los fieles laicos y, por tanto, su actividad pol\u00edtica, vivida como \u00abcaridad social\u00bb.<span id='easy-footnote-23-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-23-32633' title='Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica, 1939.'><sup>23<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Las organizaciones caritativas de la Iglesia, sin embargo, son un opus proprium suyo, un cometido que le es congenial, en el que ella no coopera colateralmente, sino que act\u00faa como sujeto directamente responsable, haciendo algo que corresponde a su naturaleza. La Iglesia nunca puede sentirse dispensada del ejercicio de la caridad como actividad organizada de los creyentes y, por otro lado, nunca habr\u00e1 situaciones en las que no haga falta la caridad de cada cristiano individualmente, porque el hombre, m\u00e1s all\u00e1 de la justicia, tiene y tendr\u00e1 siempre necesidad de amor.<\/p>\n<h3><strong>Las m\u00faltiples estructuras de servicio caritativo en el contexto social actual<\/strong><\/h3>\n<p>30. Antes de intentar definir el perfil espec\u00edfico de la actividad eclesial al servicio del hombre, quisiera considerar ahora la situaci\u00f3n general del compromiso por la justicia y el amor en el mundo actual.<\/p>\n<p>a) Los medios de comunicaci\u00f3n de masas han como empeque\u00f1ecido hoy nuestro planeta, acercando r\u00e1pidamente a hombres y culturas muy diferentes. Si bien este \u00abestar juntos\u00bb suscita a veces incomprensiones y tensiones, el hecho de que ahora se conozcan de manera mucho m\u00e1s inmediata las necesidades de los hombres es tambi\u00e9n una llamada sobre todo a compartir situaciones y dificultades. Vemos cada d\u00eda lo mucho que se sufre en el mundo a causa de tantas formas de miseria material o espiritual, no obstante los grandes progresos en el campo de la ciencia y de la t\u00e9cnica. As\u00ed pues, el momento actual requiere una nueva disponibilidad para socorrer al pr\u00f3jimo necesitado. El Concilio Vaticano II lo ha subrayado con palabras muy claras: \u00abAl ser m\u00e1s r\u00e1pidos los medios de comunicaci\u00f3n, se ha acortado en cierto modo la distancia entre los hombres y todos los habitantes del mundo [&#8230;]. La acci\u00f3n caritativa puede y debe abarcar hoy a todos los hombres y todas sus necesidades\u00bb.<span id='easy-footnote-24-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-24-32633' title='Decr. Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los laicos, 8.'><sup>24<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Por otra parte \u2014y \u00e9ste es un aspecto provocativo y a la vez estimulante del proceso de globalizaci\u00f3n\u2014, ahora se puede contar con innumerables medios para prestar ayuda humanitaria a los hermanos y hermanas necesitados, como son los modernos sistemas para la distribuci\u00f3n de comida y ropa, as\u00ed como tambi\u00e9n para ofrecer alojamiento y acogida. La solicitud por el pr\u00f3jimo, pues, superando los confines de las comunidades nacionales, tiende a extender su horizonte al mundo entero. El Concilio Vaticano II ha hecho notar oportunamente que \u00abentre los signos de nuestro tiempo es digno de menci\u00f3n especial el creciente e inexcusable sentido de solidaridad entre todos los pueblos\u00bb.<span id='easy-footnote-25-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-25-32633' title='Ib\u00edd., 14.'><sup>25<\/sup><\/a><\/span> Los organismos del Estado y las asociaciones humanitarias favorecen iniciativas orientadas a este fin, generalmente mediante subsidios o desgravaciones fiscales en un caso, o poniendo a disposici\u00f3n considerables recursos, en otro. De este modo, la solidaridad expresada por la sociedad civil supera de manera notable a la realizada por las personas individualmente.<\/p>\n<p>b) En esta situaci\u00f3n han surgido numerosas formas nuevas de colaboraci\u00f3n entre entidades estatales y eclesiales, que se han demostrado fruct\u00edferas. Las entidades eclesiales, con la transparencia en su gesti\u00f3n y la fidelidad al deber de testimoniar el amor, podr\u00e1n animar cristianamente tambi\u00e9n a las instituciones civiles, favoreciendo una coordinaci\u00f3n mutua que seguramente ayudar\u00e1 a la eficacia del servicio caritativo.<span id='easy-footnote-26-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-26-32633' title='Cf. Congregaci\u00f3n para los Obispos, Directorio para el ministerio pastoral de los obispos Apostolorum Successores (22 febrero 2004), 195: Ciudad del Vaticano, 2004, 212.'><sup>26<\/sup><\/a><\/span> Tambi\u00e9n se han formado en este contexto m\u00faltiples organizaciones con objetivos caritativos o filantr\u00f3picos, que se esfuerzan por lograr soluciones satisfactorias desde el punto de vista humanitario a los problemas sociales y pol\u00edticos existentes. Un fen\u00f3meno importante de nuestro tiempo es el nacimiento y difusi\u00f3n de muchas formas de voluntariado que se hacen cargo de m\u00faltiples servicios.<span id='easy-footnote-27-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-27-32633' title='Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici (30 diciembre 1988), 41: AAS 81 (1989), 470-472.'><sup>27<\/sup><\/a><\/span> A este prop\u00f3sito, quisiera dirigir una palabra especial de aprecio y gratitud a todos los que participan de diversos modos en estas actividades. Esta labor tan difundida es una escuela de vida para los j\u00f3venes, que educa a la solidaridad y a estar disponibles para dar no s\u00f3lo algo, sino a s\u00ed mismos. De este modo, frente a la anticultura de la muerte, que se manifiesta por ejemplo en la droga, se contrapone el amor, que no se busca a s\u00ed mismo, sino que, precisamente en la disponibilidad a \u00abperderse a s\u00ed mismo\u00bb (cf. Lc 17, 33 y par.) en favor del otro, se manifiesta como cultura de la vida.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en la Iglesia cat\u00f3lica y en otras Iglesias y Comunidades eclesiales han aparecido nuevas formas de actividad caritativa y otras antiguas han resurgido con renovado impulso. Son formas en las que frecuentemente se logra establecer un acertado nexo entre evangelizaci\u00f3n y obras de caridad. Deseo corroborar aqu\u00ed expresamente lo que mi gran predecesor Juan Pablo II dijo en su Enc\u00edclica Sollicitudo rei socialis,<span id='easy-footnote-28-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-28-32633' title='Cf. n. 32: AAS 80 (1988), 556.'><sup>28<\/sup><\/a><\/span> cuando declar\u00f3 la disponibilidad de la Iglesia cat\u00f3lica a colaborar con las organizaciones caritativas de estas Iglesias y Comunidades, puesto que todos nos movemos por la misma motivaci\u00f3n fundamental y tenemos los ojos puestos en el mismo objetivo: un verdadero humanismo, que reconoce en el hombre la imagen de Dios y quiere ayudarlo a realizar una vida conforme a esta dignidad. La Enc\u00edclica Ut unum sint destac\u00f3 despu\u00e9s, una vez m\u00e1s, que para un mejor desarrollo del mundo es necesaria la voz com\u00fan de los cristianos, su compromiso \u00abpara que triunfe el respeto de los derechos y de las necesidades de todos, especialmente de los pobres, los marginados y los indefensos\u00bb.<span id='easy-footnote-29-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-29-32633' title='N. 43: AAS 87 (1995), 946.'><sup>29<\/sup><\/a><\/span> Quisiera expresar mi alegr\u00eda por el hecho de que este deseo haya encontrado amplio eco en numerosas iniciativas en todo el mundo.<\/p>\n<h3><strong>El perfil espec\u00edfico de la actividad caritativa de la Iglesia<\/strong><\/h3>\n<p>31. En el fondo, el aumento de organizaciones diversificadas que trabajan en favor del hombre en sus diversas necesidades, se explica por el hecho de que el imperativo del amor al pr\u00f3jimo ha sido grabado por el Creador en la naturaleza misma del hombre. Pero es tambi\u00e9n un efecto de la presencia del cristianismo en el mundo, que reaviva continuamente y hace eficaz este imperativo, a menudo tan empa\u00f1ado a lo largo de la historia. La mencionada reforma del paganismo intentada por el emperador Juliano el Ap\u00f3stata, es s\u00f3lo un testimonio inicial de dicha eficacia. En este sentido, la fuerza del cristianismo se extiende mucho m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras de la fe cristiana. Por tanto, es muy importante que la actividad caritativa de la Iglesia mantenga todo su esplendor y no se diluya en una organizaci\u00f3n asistencial gen\u00e9rica, convirti\u00e9ndose simplemente en una de sus variantes. Pero, \u00bfcu\u00e1les son los elementos que constituyen la esencia de la caridad cristiana y eclesial?<\/p>\n<p>a) Seg\u00fan el modelo expuesto en la par\u00e1bola del buen Samaritano, la caridad cristiana es ante todo y simplemente la respuesta a una necesidad inmediata en una determinada situaci\u00f3n: los hambrientos han de ser saciados, los desnudos vestidos, los enfermos atendidos para que se recuperen, los prisioneros visitados, etc. Las organizaciones caritativas de la Iglesia, comenzando por C\u00e1ritas (diocesana, nacional, internacional), han de hacer lo posible para poner a disposici\u00f3n los medios necesarios y, sobre todo, los hombres y mujeres que desempe\u00f1an estos cometidos. Por lo que se refiere al servicio que se ofrece a los que sufren, es preciso que sean competentes profesionalmente: quienes prestan ayuda han de ser formados de manera que sepan hacer lo m\u00e1s apropiado y de la manera m\u00e1s adecuada, asumiendo el compromiso de que se contin\u00fae despu\u00e9s las atenciones necesarias. Un primer requisito fundamental es la competencia profesional, pero por s\u00ed sola no basta. En efecto, se trata de seres humanos, y los seres humanos necesitan siempre algo m\u00e1s que una atenci\u00f3n s\u00f3lo t\u00e9cnicamente correcta. Necesitan humanidad. Necesitan atenci\u00f3n cordial. Cuantos trabajan en las instituciones caritativas de la Iglesia deben distinguirse por no limitarse a realizar con destreza lo m\u00e1s conveniente en cada momento, sino por su dedicaci\u00f3n al otro con una atenci\u00f3n que sale del coraz\u00f3n, para que el otro experimente su riqueza de humanidad. Por eso, dichos agentes, adem\u00e1s de la preparaci\u00f3n profesional, necesitan tambi\u00e9n y sobre todo una \u00abformaci\u00f3n del coraz\u00f3n\u00bb: se les ha de guiar hacia ese encuentro con Dios en Cristo, que suscite en ellos el amor y abra su esp\u00edritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al pr\u00f3jimo ya no sea un mandamiento por as\u00ed decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual act\u00faa por la caridad (cf. Ga 5, 6).<\/p>\n<p>b) La actividad caritativa cristiana ha de ser independiente de partidos e ideolog\u00edas. No es un medio para transformar el mundo de manera ideol\u00f3gica y no est\u00e1 al servicio de estrategias mundanas, sino que es la actualizaci\u00f3n aqu\u00ed y ahora del amor que el hombre siempre necesita. Los tiempos modernos, sobre todo desde el siglo XIX, est\u00e1n dominados por una filosof\u00eda del progreso con diversas variantes, cuya forma m\u00e1s radical es el marxismo. Una parte de la estrategia marxista es la teor\u00eda del empobrecimiento: quien en una situaci\u00f3n de poder injusto ayuda al hombre con iniciativas de caridad \u2014afirma\u2014 se pone de hecho al servicio de ese sistema injusto, haci\u00e9ndolo aparecer soportable, al menos hasta cierto punto. Se frena as\u00ed el potencial revolucionario y, por tanto, se paraliza la insurrecci\u00f3n hacia un mundo mejor. De aqu\u00ed el rechazo y el ataque a la caridad como un sistema conservador del statu quo. En realidad, \u00e9sta es una filosof\u00eda inhumana. El hombre que vive en el presente es sacrificado al Moloc del futuro, un futuro cuya efectiva realizaci\u00f3n resulta por lo menos dudosa. La verdad es que no se puede promover la humanizaci\u00f3n del mundo renunciando, por el momento, a comportarse de manera humana. A un mundo mejor se contribuye solamente haciendo el bien ahora y en primera persona, con pasi\u00f3n y donde sea posible, independientemente de estrategias y programas de partido. El programa del cristiano \u2014el programa del buen Samaritano, el programa de Jes\u00fas\u2014 es un \u00abcoraz\u00f3n que ve\u00bb. Este coraz\u00f3n ve d\u00f3nde se necesita amor y act\u00faa en consecuencia. Obviamente, cuando la actividad caritativa es asumida por la Iglesia como iniciativa comunitaria, a la espontaneidad del individuo debe a\u00f1adirse tambi\u00e9n la programaci\u00f3n, la previsi\u00f3n, la colaboraci\u00f3n con otras instituciones similares.<\/p>\n<p>c) Adem\u00e1s, la caridad no ha de ser un medio en funci\u00f3n de lo que hoy se considera proselitismo. El amor es gratuito; no se practica para obtener otros objetivos.<span id='easy-footnote-30-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-30-32633' title='Cf. Congregaci\u00f3n para los Obispos, Directorio para el ministerio pastoral de los obispos Apostolorum Successores (22 febrero 2004), 196: Ciudad del Vaticano, 2004, 213.'><sup>30<\/sup><\/a><\/span> Pero esto no significa que la acci\u00f3n caritativa deba, por decirlo as\u00ed, dejar de lado a Dios y a Cristo. Siempre est\u00e1 en juego todo el hombre. Con frecuencia, la ra\u00edz m\u00e1s profunda del sufrimiento es precisamente la ausencia de Dios. Quien ejerce la caridad en nombre de la Iglesia nunca tratar\u00e1 de imponer a los dem\u00e1s la fe de la Iglesia. Es consciente de que el amor, en su pureza y gratuidad, es el mejor testimonio del Dios en el que creemos y que nos impulsa a amar. El cristiano sabe cuando es tiempo de hablar de Dios y cuando es oportuno callar sobre \u00c9l, dejando que hable s\u00f3lo el amor. Sabe que Dios es amor (1 Jn 4, 8) y que se hace presente justo en los momentos en que no se hace m\u00e1s que amar. Y, sabe \u2014volviendo a las preguntas de antes\u2014 que el desprecio del amor es vilipendio de Dios y del hombre, es el intento de prescindir de Dios. En consecuencia, la mejor defensa de Dios y del hombre consiste precisamente en el amor. Las organizaciones caritativas de la Iglesia tienen el cometido de reforzar esta conciencia en sus propios miembros, de modo que a trav\u00e9s de su actuaci\u00f3n \u2014as\u00ed como por su hablar, su silencio, su ejemplo\u2014 sean testigos cre\u00edbles de Cristo.<\/p>\n<h3><strong>Los responsables de la acci\u00f3n caritativa de la Iglesia<\/strong><\/h3>\n<p>32. Finalmente, debemos dirigir nuestra atenci\u00f3n a los responsables de la acci\u00f3n caritativa de la Iglesia ya mencionados. En las reflexiones precedentes se ha visto claro que el verdadero sujeto de las diversas organizaciones cat\u00f3licas que desempe\u00f1an un servicio de caridad es la Iglesia misma, y eso a todos los niveles, empezando por las parroquias, a trav\u00e9s de las Iglesias particulares, hasta llegar a la Iglesia universal. Por esto fue muy oportuno que mi venerado predecesor Pablo VI instituyera el Consejo Pontificio Cor unum como organismo de la Santa Sede responsable para la orientaci\u00f3n y coordinaci\u00f3n entre las organizaciones y las actividades caritativas promovidas por la Iglesia cat\u00f3lica. Adem\u00e1s, es propio de la estructura episcopal de la Iglesia que los obispos, como sucesores de los Ap\u00f3stoles, tengan en las Iglesias particulares la primera responsabilidad de cumplir, tambi\u00e9n hoy, el programa expuesto en los Hechos de los Ap\u00f3stoles (cf. 2, 42-44): la Iglesia, como familia de Dios, debe ser, hoy como ayer, un lugar de ayuda rec\u00edproca y al mismo tiempo de disponibilidad para servir tambi\u00e9n a cuantos fuera de ella necesitan ayuda. Durante el rito de la ordenaci\u00f3n episcopal, el acto de consagraci\u00f3n propiamente dicho est\u00e1 precedido por algunas preguntas al candidato, en las que se expresan los elementos esenciales de su oficio y se le recuerdan los deberes de su futuro ministerio. En este contexto, el ordenando promete expresamente que ser\u00e1, en nombre del Se\u00f1or, acogedor y misericordioso para con los m\u00e1s pobres y necesitados de consuelo y ayuda.<span id='easy-footnote-31-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-31-32633' title='Cf. Pontificale Romanum, De ordinatione episcopi, 43.'><sup>31<\/sup><\/a><\/span> El C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico, en los c\u00e1nones relativos al ministerio episcopal, no habla expresamente de la caridad como un \u00e1mbito espec\u00edfico de la actividad episcopal, sino s\u00f3lo, de modo general, del deber del Obispo de coordinar las diversas obras de apostolado respetando su propia \u00edndole.<span id='easy-footnote-32-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-32-32633' title='Cf. can. 394; C\u00f3digo de los C\u00e1nones de las Iglesias Orientales, can. 203.'><sup>32<\/sup><\/a><\/span> Recientemente, no obstante, el Directorio para el ministerio pastoral de los obispos ha profundizado m\u00e1s concretamente el deber de la caridad como cometido intr\u00ednseco de toda la Iglesia y del Obispo en su di\u00f3cesis,<span id='easy-footnote-33-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-33-32633' title='Cf. nn. 193-198: pp. 209-215.'><sup>33<\/sup><\/a><\/span> y ha subrayado que el ejercicio de la caridad es una actividad de la Iglesia como tal y que forma parte esencial de su misi\u00f3n originaria, al igual que el servicio de la Palabra y los Sacramentos.<span id='easy-footnote-34-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-34-32633' title='Cf. ib\u00edd., 194: p. 210.'><sup>34<\/sup><\/a><\/span>\n<p>33. Por lo que se refiere a los colaboradores que desempe\u00f1an en la pr\u00e1ctica el servicio de la caridad en la Iglesia, ya se ha dicho lo esencial: no han de inspirarse en los esquemas que pretenden mejorar el mundo siguiendo una ideolog\u00eda, sino dejarse guiar por la fe que act\u00faa por el amor (cf. Ga 5, 6). Han de ser, pues, personas movidas ante todo por el amor de Cristo, personas cuyo coraz\u00f3n ha sido conquistado por Cristo con su amor, despertando en ellos el amor al pr\u00f3jimo. El criterio inspirador de su actuaci\u00f3n deber\u00eda ser lo que se dice en la Segunda carta a los Corintios: \u00abNos apremia el amor de Cristo\u00bb (5, 14). La conciencia de que, en \u00c9l, Dios mismo se ha entregado por nosotros hasta la muerte, tiene que llevarnos a vivir no ya para nosotros mismos, sino para \u00c9l y, con \u00c9l, para los dem\u00e1s. Quien ama a Cristo ama a la Iglesia y quiere que \u00e9sta sea cada vez m\u00e1s expresi\u00f3n e instrumento del amor que proviene de \u00c9l. El colaborador de toda organizaci\u00f3n caritativa cat\u00f3lica quiere trabajar con la Iglesia y, por tanto, con el Obispo, con el fin de que el amor de Dios se difunda en el mundo. Por su participaci\u00f3n en el servicio de amor de la Iglesia, desea ser testigo de Dios y de Cristo y, precisamente por eso, hacer el bien a los hombres gratuitamente.<\/p>\n<p>34. La apertura interior a la dimensi\u00f3n cat\u00f3lica de la Iglesia ha de predisponer al colaborador a sintonizar con las otras organizaciones en el servicio a las diversas formas de necesidad; pero esto debe hacerse respetando la fisonom\u00eda espec\u00edfica del servicio que Cristo pidi\u00f3 a sus disc\u00edpulos. En su himno a la caridad (cf. 1 Co 13), san Pablo nos ense\u00f1a que \u00e9sta es siempre algo m\u00e1s que una simple actividad: \u00abPodr\u00eda repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve\u00bb (v. 3). Este himno debe ser la Carta Magna de todo el servicio eclesial; en \u00e9l se resumen todas las reflexiones que he expuesto sobre el amor a lo largo de esta Carta enc\u00edclica. La actuaci\u00f3n pr\u00e1ctica resulta insuficiente si en ella no se puede percibir el amor por el hombre, un amor que se alimenta en el encuentro con Cristo. La \u00edntima participaci\u00f3n personal en las necesidades y sufrimientos del otro se convierte as\u00ed en un darme a m\u00ed mismo: para que el don no humille al otro, no solamente debo darle algo m\u00edo, sino a m\u00ed mismo; he de ser parte del don como persona.<\/p>\n<p>35. \u00c9ste es un modo de servir que hace humilde al que sirve. No adopta una posici\u00f3n de superioridad ante el otro, por miserable que sea moment\u00e1neamente su situaci\u00f3n. Cristo ocup\u00f3 el \u00faltimo puesto en el mundo \u2014la cruz\u2014, y precisamente con esta humildad radical nos ha redimido y nos ayuda constantemente. Quien es capaz de ayudar reconoce que, precisamente de este modo, tambi\u00e9n \u00e9l es ayudado; el poder ayudar no es m\u00e9rito suyo ni motivo de orgullo. Esto es gracia. Cuanto m\u00e1s se esfuerza uno por los dem\u00e1s, mejor comprender\u00e1 y har\u00e1 suya la palabra de Cristo: \u00abSomos unos pobres siervos\u00bb (Lc 17,10). En efecto, reconoce que no act\u00faa fund\u00e1ndose en una superioridad o mayor capacidad personal, sino porque el Se\u00f1or le concede este don. A veces, el exceso de necesidades y lo limitado de sus propias actuaciones le har\u00e1n sentir la tentaci\u00f3n del desaliento. Pero, precisamente entonces, le aliviar\u00e1 saber que, en definitiva, \u00e9l no es m\u00e1s que un instrumento en manos del Se\u00f1or; se liberar\u00e1 as\u00ed de la presunci\u00f3n de tener que mejorar el mundo \u2014algo siempre necesario\u2014 en primera persona y por s\u00ed solo. Har\u00e1 con humildad lo que le es posible y, con humildad, confiar\u00e1 el resto al Se\u00f1or. Quien gobierna el mundo es Dios, no nosotros. Nosotros le ofrecemos nuestro servicio s\u00f3lo en lo que podemos y hasta que \u00c9l nos d\u00e9 fuerzas. Sin embargo, hacer todo lo que est\u00e1 en nuestras manos con las capacidades que tenemos, es la tarea que mantiene siempre activo al siervo bueno de Jesucristo: \u00abNos apremia el amor de Cristo\u00bb (2 Co 5, 14).<\/p>\n<p>36. La experiencia de la inmensa necesidad puede, por un lado, inclinarnos hacia la ideolog\u00eda que pretende realizar ahora lo que, seg\u00fan parece, no consigue el gobierno de Dios sobre el mundo: la soluci\u00f3n universal de todos los problemas. Por otro, puede convertirse en una tentaci\u00f3n a la inercia ante la impresi\u00f3n de que, en cualquier caso, no se puede hacer nada. En esta situaci\u00f3n, el contacto vivo con Cristo es la ayuda decisiva para continuar en el camino recto: ni caer en una soberbia que desprecia al hombre y en realidad nada construye, sino que m\u00e1s bien destruye, ni ceder a la resignaci\u00f3n, la cual impedir\u00eda dejarse guiar por el amor y as\u00ed servir al hombre. La oraci\u00f3n se convierte en estos momentos en una exigencia muy concreta, como medio para recibir constantemente fuerzas de Cristo. Quien reza no desperdicia su tiempo, aunque todo haga pensar en una situaci\u00f3n de emergencia y parezca impulsar s\u00f3lo a la acci\u00f3n. La piedad no escatima la lucha contra la pobreza o la miseria del pr\u00f3jimo. La beata Teresa de Calcuta es un ejemplo evidente de que el tiempo dedicado a Dios en la oraci\u00f3n no s\u00f3lo deja de ser un obst\u00e1culo para la eficacia y la dedicaci\u00f3n al amor al pr\u00f3jimo, sino que es en realidad una fuente inagotable para ello. En su carta para la Cuaresma de 1996 la beata escrib\u00eda a sus colaboradores laicos: \u00abNosotros necesitamos esta uni\u00f3n \u00edntima con Dios en nuestra vida cotidiana. Y \u00bfc\u00f3mo podemos conseguirla? A trav\u00e9s de la oraci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>37. Ha llegado el momento de reafirmar la importancia de la oraci\u00f3n ante el activismo y el secularismo de muchos cristianos comprometidos en el servicio caritativo. Obviamente, el cristiano que reza no pretende cambiar los planes de Dios o corregir lo que Dios ha previsto. Busca m\u00e1s bien el encuentro con el Padre de Jesucristo, pidiendo que est\u00e9 presente, con el consuelo de su Esp\u00edritu, en \u00e9l y en su trabajo. La familiaridad con el Dios personal y el abandono a su voluntad impiden la degradaci\u00f3n del hombre, lo salvan de la esclavitud de doctrinas fan\u00e1ticas y terroristas. Una actitud aut\u00e9nticamente religiosa evita que el hombre se erija en juez de Dios, acus\u00e1ndolo de permitir la miseria sin sentir compasi\u00f3n por sus criaturas. Pero quien pretende luchar contra Dios apoy\u00e1ndose en el inter\u00e9s del hombre, \u00bfcon qui\u00e9n podr\u00e1 contar cuando la acci\u00f3n humana se declare impotente?<\/p>\n<p>38. Es cierto que Job puede quejarse ante Dios por el sufrimiento incomprensible y aparentemente injustificable que hay en el mundo. Por eso, en su dolor, dice: \u00ab\u00a1Qui\u00e9n me diera saber encontrarle, poder llegar a su morada!&#8230; Sabr\u00eda las palabras de su r\u00e9plica, comprender\u00eda lo que me dijera. \u00bfPrecisar\u00eda gran fuerza para disputar conmigo?&#8230; Por eso estoy, ante \u00e9l, horrorizado, y cuanto m\u00e1s lo pienso, m\u00e1s me espanta. Dios me ha enervado el coraz\u00f3n, el Omnipotente me ha aterrorizado\u00bb (23, 3.5-6.15-16). A menudo no se nos da a conocer el motivo por el que Dios frena su brazo en vez de intervenir. Por otra parte, \u00c9l tampoco nos impide gritar como Jes\u00fas en la cruz: \u00abDios m\u00edo, Dios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb (Mt 27, 46). Deber\u00edamos permanecer con esta pregunta ante su rostro, en di\u00e1logo orante: \u00ab\u00bfHasta cu\u00e1ndo, Se\u00f1or, vas a estar sin hacer justicia, t\u00fa que eres santo y veraz?\u00bb (cf. Ap 6, 10). San Agust\u00edn da a este sufrimiento nuestro la respuesta de la fe: \u00abSi comprehendis, non est Deus\u00bb, si lo comprendes, entonces no es Dios.<span id='easy-footnote-35-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-35-32633' title='Sermo 52, 16: PL 38, 360.'><sup>35<\/sup><\/a><\/span> Nuestra protesta no quiere desafiar a Dios, ni insinuar en \u00c9l alg\u00fan error, debilidad o indiferencia. Para el creyente no es posible pensar que \u00c9l sea impotente, o bien que \u00abtal vez est\u00e9 dormido\u00bb (1 R 18, 27). Es cierto, m\u00e1s bien, que incluso nuestro grito es, como en la boca de Jes\u00fas en la cruz, el modo extremo y m\u00e1s profundo de afirmar nuestra fe en su poder soberano. En efecto, los cristianos siguen creyendo, a pesar de todas las incomprensiones y confusiones del mundo que les rodea, en la \u00abbondad de Dios y su amor al hombre\u00bb (Tt 3, 4). Aunque est\u00e9n inmersos como los dem\u00e1s hombres en las dram\u00e1ticas y complejas vicisitudes de la historia, permanecen firmes en la certeza de que Dios es Padre y nos ama, aunque su silencio siga siendo incomprensible para nosotros.<\/p>\n<p>39. Fe, esperanza y caridad est\u00e1n unidas. La esperanza se relaciona pr\u00e1cticamente con la virtud de la paciencia, que no desfallece ni siquiera ante el fracaso aparente, y con la humildad, que reconoce el misterio de Dios y se f\u00eda de \u00c9l incluso en la oscuridad. La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y as\u00ed suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor. De este modo transforma nuestra impaciencia y nuestras dudas en la esperanza segura de que el mundo est\u00e1 en manos de Dios y que, no obstante las oscuridades, al final vencer\u00e1 \u00c9l, como luminosamente muestra el Apocalipsis mediante sus im\u00e1genes sobrecogedoras. La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el coraz\u00f3n traspasado de Jes\u00fas en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz \u2014en el fondo la \u00fanica\u2014 que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar. El amor es posible, y nosotros podemos ponerlo en pr\u00e1ctica porque hemos sido creados a imagen de Dios. Vivir el amor y, as\u00ed, llevar la luz de Dios al mundo: a esto quisiera invitar con esta Enc\u00edclica.<\/p>\n<h2>Conclusi\u00f3n<\/h2>\n<p>40. Contemplemos finalmente a los Santos, a quienes han ejercido de modo ejemplar la caridad. Pienso particularmente en Mart\u00edn de Tours (\u2020 397), que primero fue soldado y despu\u00e9s monje y obispo: casi como un icono, muestra el valor insustituible del testimonio individual de la caridad. A las puertas de Amiens comparti\u00f3 su manto con un pobre; durante la noche, Jes\u00fas mismo se le apareci\u00f3 en sue\u00f1os revestido de aquel manto, confirmando la perenne validez de las palabras del Evangelio: \u00abEstuve desnudo y me vestisteis&#8230; Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis\u00bb (Mt 25, 36. 40).<span id='easy-footnote-36-32633' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/#easy-footnote-bottom-36-32633' title='Cf. Sulpicio Severo, Vita Sancti Martini, 3, 1-3: SCh 133, 256-258.'><sup>36<\/sup><\/a><\/span> Pero \u00a1cu\u00e1ntos testimonios m\u00e1s de caridad pueden citarse en la historia de la Iglesia! Particularmente todo el movimiento mon\u00e1stico, desde sus comienzos con san Antonio Abad (\u2020 356), muestra un servicio ingente de caridad hacia el pr\u00f3jimo. Al confrontarse \u00abcara a cara\u00bb con ese Dios que es Amor, el monje percibe la exigencia apremiante de transformar toda su vida en un servicio al pr\u00f3jimo, adem\u00e1s de servir a Dios. As\u00ed se explican las grandes estructuras de acogida, hospitalidad y asistencia surgidas junto a los monasterios. Se explican tambi\u00e9n las innumerables iniciativas de promoci\u00f3n humana y de formaci\u00f3n cristiana destinadas especialmente a los m\u00e1s pobres de las que se han hecho cargo las \u00d3rdenes mon\u00e1sticas y Mendicantes primero, y despu\u00e9s los diversos Institutos religiosos masculinos y femeninos a lo largo de toda la historia de la Iglesia. Figuras de Santos como Francisco de As\u00eds, Ignacio de Loyola, Juan de Dios, Camilo de Lelis, Vicente de Pa\u00fal, Luisa de Marillac, Jos\u00e9 B. Cottolengo, Juan Bosco, Luis Orione, Teresa de Calcuta \u2014por citar s\u00f3lo algunos nombres\u2014 siguen siendo modelos insignes de caridad social para todos los hombres de buena voluntad. Los Santos son los verdaderos portadores de luz en la historia, porque son hombres y mujeres de fe, esperanza y amor.<\/p>\n<p>41. Entre los Santos, sobresale Mar\u00eda, Madre del Se\u00f1or y espejo de toda santidad. El Evangelio de Lucas la muestra atareada en un servicio de caridad a su prima Isabel, con la cual permaneci\u00f3 \u00abunos tres meses\u00bb (1, 56) para atenderla durante el embarazo. \u00abMagnificat anima mea Dominum\u00bb, dice con ocasi\u00f3n de esta visita \u2014\u00bbproclama mi alma la grandeza del Se\u00f1or\u00bb\u2014 (Lc 1, 46), y con ello expresa todo el programa de su vida: no ponerse a s\u00ed misma en el centro, sino dejar espacio a Dios, a quien encuentra tanto en la oraci\u00f3n como en el servicio al pr\u00f3jimo; s\u00f3lo entonces el mundo se hace bueno. Mar\u00eda es grande precisamente porque quiere enaltecer a Dios en lugar de a s\u00ed misma. Ella es humilde: no quiere ser sino la sierva del Se\u00f1or (cf. Lc 1, 38. 48). Sabe que contribuye a la salvaci\u00f3n del mundo, no con una obra suya, sino s\u00f3lo poni\u00e9ndose plenamente a disposici\u00f3n de la iniciativa de Dios. Es una mujer de esperanza: s\u00f3lo porque cree en las promesas de Dios y espera la salvaci\u00f3n de Israel, el \u00e1ngel puede presentarse a ella y llamarla al servicio total de estas promesas. Es una mujer de fe: \u00ab\u00a1Dichosa t\u00fa, que has cre\u00eddo!\u00bb, le dice Isabel (Lc 1, 45). El Magn\u00edficat \u2014un retrato de su alma, por decirlo as\u00ed\u2014 est\u00e1 completamente tejido por los hilos tomados de la Sagrada Escritura, de la Palabra de Dios. As\u00ed se pone de relieve que la Palabra de Dios es verdaderamente su propia casa, de la cual sale y entra con toda naturalidad. Habla y piensa con la Palabra de Dios; la Palabra de Dios se convierte en palabra suya, y su palabra nace de la Palabra de Dios. As\u00ed se pone de manifiesto, adem\u00e1s, que sus pensamientos est\u00e1n en sinton\u00eda con el pensamiento de Dios, que su querer es un querer con Dios. Al estar \u00edntimamente penetrada por la Palabra de Dios, puede convertirse en madre de la Palabra encarnada. Mar\u00eda es, en fin, una mujer que ama. \u00bfC\u00f3mo podr\u00eda ser de otro modo? Como creyente, que en la fe piensa con el pensamiento de Dios y quiere con la voluntad de Dios, no puede ser m\u00e1s que una mujer que ama. Lo intuimos en sus gestos silenciosos que nos narran los relatos evang\u00e9licos de la infancia. Lo vemos en la delicadeza con la que en Can\u00e1 se percata de la necesidad en la que se encuentran los esposos, y lo hace presente a Jes\u00fas. Lo vemos en la humildad con que acepta ser como olvidada en el per\u00edodo de la vida p\u00fablica de Jes\u00fas, sabiendo que el Hijo tiene que fundar ahora una nueva familia y que la hora de la Madre llegar\u00e1 solamente en el momento de la cruz, que ser\u00e1 la verdadera hora de Jes\u00fas (cf. Jn 2, 4; 13, 1). Entonces, cuando los disc\u00edpulos hayan huido, ella permanecer\u00e1 al pie de la cruz (cf. Jn 19, 25-27); m\u00e1s tarde, en el momento de Pentecost\u00e9s, ser\u00e1n ellos los que se agrupen en torno a ella en espera del Esp\u00edritu Santo (cf. Hch 1, 14).<\/p>\n<p>42. La vida de los Santos no comprende s\u00f3lo su biograf\u00eda terrena, sino tambi\u00e9n su vida y actuaci\u00f3n en Dios despu\u00e9s de la muerte. En los Santos es evidente que, quien va hacia Dios, no se aleja de los hombres, sino que se hace realmente cercano a ellos. En nadie lo vemos mejor que en Mar\u00eda. La palabra del Crucificado al disc\u00edpulo \u2014a Juan y, por medio de \u00e9l, a todos los disc\u00edpulos de Jes\u00fas: \u00abAh\u00ed tienes a tu madre\u00bb (Jn 19, 27)\u2014 se hace de nuevo verdadera en cada generaci\u00f3n. Mar\u00eda se ha convertido efectivamente en Madre de todos los creyentes. A su bondad materna, as\u00ed como a su pureza y belleza virginal, se dirigen los hombres de todos los tiempos y de todas las partes del mundo en sus necesidades y esperanzas, en sus alegr\u00edas y contratiempos, en su soledad y en su convivencia. Y siempre experimentan el don de su bondad; experimentan el amor inagotable que derrama desde lo m\u00e1s profundo de su coraz\u00f3n. Los testimonios de gratitud, que le manifiestan en todos los continentes y en todas las culturas, son el reconocimiento de aquel amor puro que no se busca a s\u00ed mismo, sino que sencillamente quiere el bien. La devoci\u00f3n de los fieles muestra al mismo tiempo la intuici\u00f3n infalible de c\u00f3mo es posible este amor: se alcanza merced a la uni\u00f3n m\u00e1s \u00edntima con Dios, en virtud de la cual se est\u00e1 embargado totalmente de \u00c9l, una condici\u00f3n que permite a quien ha bebido en el manantial del amor de Dios convertirse a s\u00ed mismo en un manantial \u00abdel que manar\u00e1n torrentes de agua viva\u00bb (Jn 7, 38). Mar\u00eda, la Virgen, la Madre, nos ense\u00f1a qu\u00e9 es el amor y d\u00f3nde tiene su origen, su fuerza siempre nueva. A ella confiamos la Iglesia, su misi\u00f3n al servicio del amor:<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">Santa Mar\u00eda, Madre de Dios,<br \/>\nt\u00fa has dado al mundo la verdadera luz,<br \/>\nJes\u00fas, tu Hijo, el Hijo de Dios.<br \/>\nTe has entregado por completo<br \/>\na la llamada de Dios<br \/>\ny te has convertido as\u00ed en fuente<br \/>\nde la bondad que mana de \u00c9l.<br \/>\nMu\u00e9stranos a Jes\u00fas. Gu\u00edanos hacia \u00c9l.<br \/>\nEns\u00e9\u00f1anos a conocerlo y amarlo,<br \/>\npara que tambi\u00e9n nosotros<br \/>\npodamos llegar a ser capaces<br \/>\nde un verdadero amor<br \/>\ny ser fuentes de agua viva<br \/>\nen medio de un mundo sediento.<\/p>\n<p>Dado en Roma, junto a San Pedro, 25 de diciembre, solemnidad de la Natividad del Se\u00f1or, del a\u00f1o 2005, primero de mi Pontificado.<\/p>\n<p>BENEDICTO XVI<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CARTA ENC\u00cdCLICA DEUS CARITAS EST DEL SUMO PONT\u00cdFICE BENEDICTO XVI A LOS OBISPOS, A LOS PRESB\u00cdTEROS Y DI\u00c1CONOS A LAS PERSONAS CONSAGRADAS Y A TODOS LOS FIELES LAICOS SOBRE EL AMOR CRISTIANO Introducci\u00f3n 1. \u00abDios &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":399990,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[100],"tags":[],"class_list":["post-32633","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-documentos-pontificios"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Enc\u00edclica &quot;Deus Caritas est&quot; - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/enciclica-deus-caritas-est\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Enc\u00edclica &quot;Deus Caritas est&quot; - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"CARTA ENC\u00cdCLICA DEUS CARITAS EST DEL SUMO PONT\u00cdFICE BENEDICTO XVI A LOS OBISPOS, A LOS PRESB\u00cdTEROS Y DI\u00c1CONOS A LAS PERSONAS CONSAGRADAS Y A TODOS LOS FIELES LAICOS SOBRE EL AMOR CRISTIANO Introducci\u00f3n 1. \u00abDios ... 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