{"id":32037,"date":"2021-11-17T07:59:51","date_gmt":"2021-11-17T06:59:51","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=32037"},"modified":"2021-07-15T12:24:57","modified_gmt":"2021-07-15T10:24:57","slug":"tres-reformadores-de-desde-en-para-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/tres-reformadores-de-desde-en-para-la-iglesia\/","title":{"rendered":"Tres reformadores de, desde, en, para la Iglesia"},"content":{"rendered":"<p>Reformadores de la Iglesia ha habido muchos. Son incon\u00adtables y sus reformas muy distintas, seg\u00fan el estilo y el tiempo, seg\u00fan las necesidades. Ha habido reformadores escatol\u00f3gicos, ut\u00f3picos, carism\u00e1ticos, radicales, revolucionarios, incendiarios, belicosos, perfeccionistas, intimistas, moralistas, espiritualistas, elitistas, cerebrales, moderados, oficiales&#8230; Larga y dram\u00e1tica lista de reformas y reformadores de la Iglesia.<\/p>\n<p>Pero reformadores de la Iglesia y <em>desde la Iglesia, <\/em>acep\u00adtando las leyes de la encarnaci\u00f3n prolongada de Cristo; desde el Esp\u00edritu y cuando el Esp\u00edritu lo diga; desde el amor entra\u00ad\u00f1able, desbordante, desde el amor que no descansa ni deja descansar, desde el amor que es fuego que purifica, empezando por el propio reformador \u2014\u00bbreformatores reformentur\u00bb, que dir\u00eda P. de Grassis en el Lateranense V\u2014; desde la caridad \u2014que eso es al fin la Iglesia\u2014, no desde la rabia o el fanatismo o el orgullo.<\/p>\n<p>Reformadores <em>en la Iglesia, <\/em>sin romper la comuni\u00f3n, dentro de la Koinon\u00eda del Esp\u00edritu; en la Iglesia, aunque sienta todav\u00eda el peso del pecado o la cruz de la incomprensi\u00f3n o la agon\u00eda de la frustraci\u00f3n; en la Iglesia, sin f\u00e1ciles escapismos, sin heroicas rupturas o brillantes liderazgos; en la Iglesia, humil\u00addes y obedientes siempre hasta la muerte.<\/p>\n<p>Reformadores para <em>la Iglesia, <\/em>hombres para-los-dem\u00e1s, como Cristo, para-los-otros, nunca para s\u00ed o para su instituci\u00f3n; hombres para la comunidad, dispuestos siempre a servir, a curar, a dar, a morir para dar vida.<\/p>\n<p>Reformadores eclesiales, m\u00e1s eclesiales que individuales, que se definan m\u00e1s por la relaci\u00f3n que por su propio nombre, que vivan de esta relaci\u00f3n, que sean m\u00e1s el \u00abde-en-para\u00bb que ellos mismos.<\/p>\n<p>Tales reformadores son pocos. Vamos a presentar tres ejemplos distintos entre s\u00ed por el tiempo y los espacios y los matices. Pero cercanos por el esp\u00edritu. Muy distintos en sus nombres, pero muy iguales en sus profundas y dram\u00e1ticas rela\u00adciones con la Iglesia.<\/p>\n<h2>Francisco de As\u00eds<\/h2>\n<p style=\"text-align: right\">\u00abAll\u00ed donde se hace suave la pendiente,<br \/>\nnaci\u00f3 para el mundo un sol\u00bb.<br \/>\n(Dante, Divina Comedia. Para\u00edso XI)<\/p>\n<h3><strong>1. Ra\u00edces de la reforma franciscana<\/strong><\/h3>\n<p>Cuando nace Francisco a finales del siglo XII, hace ya 800 a\u00f1os, la Iglesia \u2014o la Cristiandad, como se dec\u00eda antes\u2014 a nadie satisfac\u00eda, a pesar de sus \u00e9xitos pol\u00edtico-religiosos. Cuando nace Francisco de As\u00eds \u2014en Oriente, como gusta decir Dante\u2014, la Iglesia era m\u00e1s fuerte y poderosa que nunca, brillante en sus jerarcas, en sus templos, en sus escuelas y universidades. Enton\u00adces, los obispos y can\u00f3nigos pose\u00edan magn\u00edficos palacios, los monasterios eran ricos, Ios templos de todos los pueblos resul\u00adtaban chicos. Entonces, el Papa, que representaba a Cristo, no s\u00f3lo mandaba m\u00e1s que nadie, sino que de \u00e9l proced\u00eda, seg\u00fan pensaban algunos, lo aut\u00e9ntico de todo poder. Entonces, por aquellos mismos arios, el Papa Lucio III se pon\u00eda de acuerdo con el emperador Federico I Barbarroja para \u00abcastigar debida\u00admente\u00bb a algunos herejes insensatos.<\/p>\n<p>Pero era por eso precisamente por lo que no satisfac\u00eda. Los mejores cristianos de entonces se daban cuenta de que \u00abel esposo Jes\u00fas, el paciente Jes\u00fas\u00bb, que dir\u00eda Abelardo, no era tanto el Cristo Rey Pantocrator, Se\u00f1or de se\u00f1ores, cuanto el amigo cercano y maestro de amor; no tanto el Juez que impone cargas, cuanto el m\u00e9dico que pone b\u00e1lsamo en las heridas. Sab\u00edan ya que \u00abel dulce Jes\u00fas, el fuerte Jes\u00fas, eI crucificado Jes\u00fas\u00bb, seg\u00fan Bernardo, no utilizaba la espada y la corona, sino la mano abierta, amistosa y llagada. Captaban bien que \u00abel pobre Se\u00f1or Cristo\u00bb, \u00abel Cristo desnudo\u00bb, del que hablaba Pedro Waldo, no viv\u00eda en los palacios eclesi\u00e1sticos ni en los riqu\u00edsimos conventos, sino afuera en la tierra desnuda y en todo coraz\u00f3n humano que se le abra. Comprendr\u00edan que \u00abel pobre y libre Jes\u00fas\u00bb de Arnaldo de Brescia deb\u00eda liberar nuevamente a la Iglesia de Dios convertida \u00aben casa de negociaci\u00f3n y cueva de ladrones, que ahora eran los cardenales, sucesores de los escribas y fariseos. El Papa ya no es pastor de almas sino verdugo de las iglesias, que no hace en el mundo m\u00e1s que apacentar su carne, llenar sus bolsillos y vaciar los ajenos\u00bb. Y mucho de verdad deb\u00eda de haber en estas palabras cuando el mismo gran Pont\u00edfice Inocencio III se quejaba de los cl\u00e9rigos que abrazan a Venus por la noche y veneran a la Virgen por la ma\u00f1ana. Y confesaba en la inauguraci\u00f3n del IV Concilio de Letr\u00e1n: \u00abToda la corrupci\u00f3n del pueblo procede principalmente del sacerdote&#8230; Ocurre muchas veces que los obispos, a consecuencia de sus muchas ocupaciones, de sus placeres carnales y sus acciones b\u00e9licas, y tambi\u00e9n por otros motivos, como su falta de conocimientos espirituales y de celo, son incapaces de administrar la palabra de Dios y anunciarla al pueblo&#8230; Perece la fe, la religi\u00f3n se deforma, la libertad se perturba, la justicia se pisotea, pululan los herejes, se insolentan los cism\u00e1ticos, se enfurecen los p\u00e9r\u00adfidos, prevalecen los agarenos\u00bb.<\/p>\n<p>El esp\u00edritu del tiempo, los profetas del tiempo ped\u00edan re\u00adforma. Algunos incluso ped\u00edan revoluci\u00f3n, como el desgraciado Arnaldo, que pretend\u00eda espiritualizar y democratizar la Iglesia. Termin\u00f3 en la horca. O como Joaqu\u00edn de Fiore, que so\u00f1aba con una soluci\u00f3n escatol\u00f3gica, llovida del cielo. \u00abEsta Iglesia tendr\u00e1 que perecer&#8230; Entonces se establecer\u00e1 el reino de la Iglesia virgen\u00bb. Pasada la edad del Padre y del Hijo, el estado de los casados y de los cl\u00e9rigos, est\u00e1 para llegar la edad del Esp\u00edritu, el estado de los monjes. Tendr\u00e1 sucesores fan\u00e1ticos. O como los c\u00e1taros, para quienes la Iglesia, el mundo, todo era malo y luchaban por iglesias angelicales. La Iglesia hab\u00eda ca\u00eddo en la trampa de las tentaciones mesi\u00e1nicas. Era peor que un pe\u00adcado, un error. Cristo pobre, Cristo humilde, Cristo paciente: he ah\u00ed el ideal de aquellos reformadores. Volver a la Iglesia primitiva, a la vida de los ap\u00f3stoles: he ah\u00ed el objetivo. \u00abVida apost\u00f3lica\u00bb: ese fue el slogan. Y vida apost\u00f3lica quer\u00eda decir vida de apostolado, quer\u00eda decir pobreza y predicaci\u00f3n del evangelio. Toda la profunda y vasta corriente reformista de la \u00e9poca se polariza en estas dos exigencias: pobreza y predica\u00adci\u00f3n libre. Se rechaza, por lo tanto, no s\u00f3lo las riquezas y los vicios consecuentes, sino al clericalismo acaparador de la Pala\u00adbra. Conecta esta tendencia con una espiritualidad m\u00e1s subje\u00adtiva, m\u00e1s \u00edntima, m\u00e1s libre y m\u00e1s democr\u00e1tica, que viene ya desde Abelardo.<\/p>\n<p>Surge as\u00ed un gran movimiento paupet\u00edstico en la Iglesia del siglo XII. Los pobres de Ly\u00f3n o valdenses, los pobres de Lombard\u00eda, los pobres de esp\u00edritu, los pobres de Cristo, los pobres cat\u00f3licos. Cuando nace Francisco, hab\u00eda ya grupos que \u00abno ten\u00edan casa propia, caminaban de dos en dos, con los pies descalzos, sin provisiones, ponen todo en com\u00fan a ejemplo de los ap\u00f3stoles y siguen desnudos a Cristo desnudo\u00bb (W. Mapes, de nugis curialium, pp. 64-65). No son los franciscanos todav\u00eda, son los pobres valdenses. Pero fueron condenados y fueron condenados brutalmente. \u00abS\u00e9pase \u2014dec\u00eda el b\u00e1rbaro Pedro II de Arag\u00f3n\u2014 que si alguna persona descubre en nuestros reinos alg\u00fan hereje y lo mata o mutila, o despoja de sus bienes, o le causa cualquier da\u00f1o, no por eso ha de temer alg\u00fan castigo, antes bien, merecer\u00e1 nuestra gracia\u00bb (M. Men\u00e9ndez y Pelayo, Historia de los heterodoxos III, 149-150). Y fueron condenados por algunas convicciones y exigencias que hoy nos parecen ideales, como defender que todos los disc\u00edpulos de Cristo han recibido la misi\u00f3n de predicar el evangelio y de anunciar la palabra divina en las asambleas eclesi\u00e1sticas, aun los laicos y las mujeres.<\/p>\n<p>Pobres, los pobres valdenses, incomprendidos por la Igle\u00adsia, a la que ellos tampoco comprendieron ni aceptaron. Algo le falt\u00f3 a P. Waldo para ser santo.<\/p>\n<h3>2. <strong>Respuesta <\/strong><strong>de <\/strong><strong>Francisco a las esperanzas del tiempo<\/strong><\/h3>\n<p>Es entonces cuando la Iglesia est\u00e1 en estado de fermenta\u00adci\u00f3n, cuando el evangelio penetra profundamente en la con\u00adciencia de aquella Cristiandad abierta \u2014y la \u00abEuropa abierta\u00bb, que dir\u00eda F. Heer\u2014, cuando aparece Francisco de As\u00eds. Y Fran\u00adcisco ser\u00e1 <em>el gran s\u00ed <\/em>a todas las grandes esperanzas de la \u00e9poca, la encarnaci\u00f3n balbuciente de los mejores ideales, la gran afirmaci\u00f3n que nada niega, sino que abre <em>sus <\/em>brazos a todos y a todo, la gran \u00abY\u00bb con brazos abiertos y crucificados, el gran Alleluia que culmina la obra acabada.<\/p>\n<p>\u00abEs grande alegr\u00eda irradiante, grande dolor irradiante, gran paz y corrosiva inquietud, una sonrisa que acaricia al mundo entero, a todos los hombres, los animales y las cosas, y una seriedad que recuerda el rigor de los antiguos padres del desierto; esp\u00edritu de amor hecho de fuego; el rostro en sangre y en l\u00e1grimas. El rostro de un crucificado\u00bb (F. Heer, El mundo medieval, p. 244).<\/p>\n<p>Recoger\u00e1 de Abelardo su intimidad y su libertad, pero no su independencia; de Bernardo, su dulce y fuerte humanidad, pero no su gloria; de Arnaldo, su fuerza liberadora, pero no su violencia; de Joaqu\u00edn de Fiore, su ardiente espiritualismo, pero no su escapismo. Recoger\u00e1 tambi\u00e9n los deseos de reforma de Gregorio VII, las ut\u00f3picas proposiciones evang\u00e9licas de Pas\u00adcual II, las santas ambiciones de Inocencio III. Concentrar\u00e1 todas las corrientes m\u00e1s o menos subterr\u00e1neas del esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Por eso, Francisco no gusta de l\u00edmites, de estructuras; no reforma \u00abcontra\u00bb nadie. Es de todos y para todos. Es universal. Ha dejado a su padre y su familia para ser el hermano universal. Sus hermanos ser\u00e1n incontables como las estrellas del cielo. Se deja conducir por el Esp\u00edritu, que har\u00e1 de \u00e9l un pobre, un des\u00adcalzo, un desnudo, un enamorado y casado con la \u00abReina Po\u00adbreza\u00bb, un desheredado. Su herencia no ser\u00e1 la de Pedro Ber\u00adnardone, sino la de los leprosos, la de los hermanos, la de las estrellas. Francisco se transciende, se transforma en un cruci\u00adficado viviente y balbuciente que no puede contener tanto dolor, tanto amor y tanta dicha. Ha gustado el mosto de gra\u00adnadas y queda embriagado, dominado por una sublime libertad.<\/p>\n<p>Quiere imitar al Se\u00f1or pobre y tambi\u00e9n al Se\u00f1or que pre\u00addicaba y sanaba a los enfermos. Ha escuchado Mt 10, 5-16: \u00abId a las ovejas descarriadas. Por el camino proclamad que el reinado de Dios est\u00e1 cerca, curad enfermos&#8230; De balde lo recibisteis, dadlo de balde\u00bb. Y empieza a predicar por los caminos y los pueblos, y empieza a dar gratis lo que gratis hab\u00eda recibido. Y el pueblo acude a \u00e9l en masa. Se ha iniciado un movimiento de fraternidad que resultar\u00e1 incontenible. Cien a\u00f1os despu\u00e9s de su nacimiento, en 1282, la orden fran\u00adciscana tendr\u00eda 1583 casas. S\u00f3lo que \u00e9l no quer\u00eda orden ni quer\u00eda casas (\u00bb \u00a1Maldito, Pietro Staccia!\u00bb, que por construir una casa confortable estaba a punto de destruir la hermandad de los pobres); no quer\u00eda privilegios; no quer\u00eda propiedades; no quer\u00eda derechos; no quer\u00eda reglas. \u00bfQui\u00e9n puede poner cadenas al Esp\u00edritu? El s\u00f3lo quer\u00eda evangelio, pura y simple\u00admente el evangelio. En esto consistir\u00eda su reforma, en probar a la Iglesia de entonces y de siempre que el evangelio no es utop\u00eda, que es posible y es necesario. \u00abEste hombre pide sola\u00admente que le permitamos vivir conforme al Evangelio; ahora bien, si declaramos que tal conformidad es superior a las fuerzas humanas, afirmaremos que es imposible a los hombres seguir el Evangelio y seremos acusados de blasfemar contra Jesu\u00adcristo\u00bb (Palabras de J. Colonna al Papa y cardenales).<\/p>\n<h3><strong>3. \u00abMirad a mi <\/strong><strong><em>siervo\u00bb <\/em><\/strong><strong>(Is 42, 1)<\/strong><\/h3>\n<p>Hace ochocientos a\u00f1os, la Iglesia estaba en ruinas y hab\u00eda que restaurarla. Muchos en aquel tiempo, de una u otra manera, oyeron la orden misionera: \u00abVe y repara mi casa, que amenaza ruina\u00bb. Y muchos lo intentaron, pero no lo hicieron bien. Se contentaban con hacer alguna chapuza o construir casas gran\u00addiosas, o quiz\u00e1s hacer una <em>casa <\/em>radicalmente distinta. Ni los c\u00e1taros, ni los joaquinistas, ni los valdenses, ni los speronistas, ni Ios cruzados, ni los inquisidores, ni los obispos y abades del Latesanenses IV, ni los cardenales, ni siquiera el gran Papa Inocencio III, lograban restaurar la casa convenientemente. Hab\u00eda que encontrar al hombre m\u00e1s peque\u00f1o, m\u00e1s pobre, m\u00e1s sencillo, m\u00e1s obediente y m\u00e1s ardiente. El Papa lo vio una noche en sue\u00f1os: vio al hombrecillo sosteniendo sobre sus d\u00e9biles hombros a la Iglesia que se arruinaba. El Papa y el pobrecillo llegar\u00edan un d\u00eda a encontrarse y a reconocerse. Francisco era, efectivamente, la persona escogida. Era \u00abuna de las figuras m\u00e1s sencillas de la historia: todo \u00e9l emerge direc\u00adtamente de la gracia y de su propio n\u00facleo interior. Sin em\u00adbargo, supo dar providencialmente una respuesta total a los problemas m\u00e1s profundos de su tiempo\u00bb (J. Lortz, Historia de la Iglesia, p. 284).<\/p>\n<p>Francisco, restaurador de iglesias \u2014 iqu\u00e9 arranque el suyo cuando se pone a restaurar las ruinosas iglesias de San Damiano, San Pedro, Santa Mar\u00eda de los Angeles&#8230;, para lo que tuvo que vender su caballo y algunos pa\u00f1os del comercio de su padre!\u2014. Despu\u00e9s entender\u00eda bien el s\u00edmbolo. Despu\u00e9s tendr\u00eda que vender y dejar muchas cosas, tendr\u00eda que sudar y sangrar muchas veces, tendr\u00eda que morir mucho para llevar a cabo esta misi\u00f3n reformista, este delicado y dif\u00edcil trabajo de alba\u00f1iler\u00eda espiritual.<\/p>\n<p>No se trataba de destruir para construir algo nuevo, sino de restaurar. Deb\u00eda, entonces, ser como el siervo de Yaveh. \u00abMirad a mi siervo, quien sostengo, a mi elegido, a quien pre\u00adfiero&#8230; No gritar\u00e1, no clamar\u00e1, no vocear\u00e1 por las calles. La ca\u00f1a cascada no la quebrar\u00e1, el p\u00e1bilo vacilante no lo apa\u00adgar\u00e1\u00bb (Is 42, 1-3). Eso fue Francisco, <em>siervo paciente: <\/em>\u00abEs\u00adcribe, hermano Le\u00f3n: la perla m\u00e1s rara y preciosa de la corona de Dios es la paciencia. \u00a1Oh!, cuando pienso en la paciencia de mi Dios, me vienen m\u00e1s ganas locas de estallar en l\u00e1grimas\u00bb. <em>Siervo diligente, <\/em>recorre todos los caminos, las monta\u00f1as, los pueblos; se hace cruzado y peregrino, enfermero y juglar, can\u00adtando por todas partes su mensaje alegre de hermandad y de amor. Dec\u00eda en una noche de fuego: \u00abQuisiera abrazar el mundo, amar a todos los hombres, amar y sufrir por ellos. Quisiera cubrir el mundo con el manto de la paz. Esta noche quiero alumbrar con mi l\u00e1mpara a todos los caminantes, cau\u00adtivos y desterrados. Correr con un cesto en la mano sembrando la paz\u00bb. Y <em>siervo obediente <\/em>hasta morir muchas veces con inde\u00adcible agon\u00eda cuando le ped\u00edan su hijo primog\u00e9nito, cuando quer\u00edan destruir su obra recortando sus exigencias, buscando seguridades y reglamentando con prudencia. Lloraba Francisco sin entender, pero obedec\u00eda. \u00abLa fuerza misteriosa de la m\u00e1s viva obediencia heroica jam\u00e1s se ha mostrado en todo el curso de la historia de la Iglesia como en Francisco. Consigui\u00f3 reformar la Iglesia, porque renunci\u00f3 a su voluntad propia\u00bb (J. Lortz, Historia de la Iglesia, p. 286).<\/p>\n<p>Como siempre, cuando Dios quiere salvar a su pueblo, no escogi\u00f3 a los grandes, sabios y valientes de la \u00e9poca \u2014sigui\u00f3 rechazando a los brillantes hijos de Isa\u00ed, porque El no mira las apariencias\u2014, sino que se fij\u00f3 en un hombre que se sent\u00eda el m\u00e1s peque\u00f1o, que no se consideraba digno de recibir el sacerdocio, que no hizo carrera en la Curia o estudios en la Universidad, pero que escuch\u00f3 d\u00f3cilmente la palabra del Se\u00f1or. Y, para vencer de nuevo al gigante, este hombre pobrecillo no quiso aceptar los arreos y armadura de Sa\u00fal, las riquezas y el poder de entonces, porque imped\u00edan el paso libre y confiado. No quer\u00eda m\u00e1s armas que las del evangelio.<\/p>\n<p>As\u00ed se convirti\u00f3 en reparador y sostenedor de iglesias en ruina. Desde su peque\u00f1ez y debilidad sostiene aun a muchos. Quiz\u00e1s en gran medida nos sostenga tambi\u00e9n a nosotros. Porque,<\/p>\n<p style=\"text-align: center\">\u00abpor fraile o por hermano,<br \/>\ntodo el mundo es franciscano\u00bb.<\/p>\n<h2>Teresa de Jes\u00fas<\/h2>\n<p style=\"text-align: right\">A Teresa no se la discute, porque, \u00abhacer mudanza<br \/>\nde las cosas que escribi\u00f3 un pecho en que Dios viv\u00eda,<br \/>\nes atrevimiento grand\u00edsimo y error muy feo\u00bb.<br \/>\n(Fr. Luis de Le\u00f3n)<\/p>\n<h3><strong>1. Era de las reformas<\/strong><\/h3>\n<p>A mitad de camino entre Francisco y nosotros est\u00e1 el naci\u00admiento de Vicente de Pa\u00fal y el \u00abdies natalis\u00bb de Teresa para el cielo.<\/p>\n<p>Cuando nace Vicente y muere Teresa de Jes\u00fas a finales del siglo XVI, hace ya 400 a\u00f1os, la Iglesia tampoco satisfac\u00eda plena\u00admente, a pesar de los \u00e9xitos pol\u00edtico-religiosos.<\/p>\n<p>\u00c9xitos. La Iglesia en expansi\u00f3n hacia nuevos mundos, f\u00e1cilmente conquistados y evangelizados. Papas y soberanos hac\u00edan magn\u00edficas alianzas pol\u00edtico-militares. Todav\u00eda resonaban los ecos de los rosarios y tedeum en acci\u00f3n de gracias por la brillante victoria de Lepanto sobre los infieles.<\/p>\n<p>\u00c9xitos.La Iglesia estaba en estado de reforma. Se hab\u00eda gestado desde hac\u00eda doscientos a\u00f1os y por fin hab\u00eda llegado la hora del parto, que result\u00f3 m\u00faltiple y distinto. \u00a1Qu\u00e9 abanico de reformas, Dios santo! Por reformar, se reforma hasta el calendario.<\/p>\n<p>\u00c9xitos.Los herejes iban siendo vencidos y aun masacrados en Francia, gracias al apoyo de los papas y las majestades cat\u00f3\u00adlicas. Que los de Inglaterra se fueron preparando, porque la misma majestad, con la bendici\u00f3n pontificia, preparaba una armada a la que no se podr\u00eda resistir.<\/p>\n<p>\u00c9xitos.El Concilio de Trento, recientemente clausu\u00adrado, hab\u00eda unido y potenciado a todas las fuerzas cat\u00f3licas, convirti\u00e9ndose en una central nuclear de reformas, repartiendo energ\u00edas espirituales y dogm\u00e1ticas a papas, obispos, reyes, te\u00f3\u00adlogos y santos. Santos en cantidad y calidad: 30 en el siglo XVI y otros tantos en el XVII.<\/p>\n<p>Pero no satisfac\u00eda. Las reformas, hijas de la misma madre, se hacen entre s\u00ed una guerra cruel y despiadada. Se habla de reforma y de contrarreforma. Se habla de guerras de religi\u00f3n. Se mueven los tribunales a la caza del hereje, y en Espa\u00f1a, en Francia, en Ginebra, se encienden hogueras a la gloria de Dios. Pintan bastos. \u00abTiempos recios\u00bb, que dir\u00eda la santa. Los pu\u00f1ales se mueven certeros, bendecidos, contra los tiranos. La fe se hace intolerante y a Cristo se le pinta con pistolas. No satisfac\u00eda, porque las actitudes de muchos no se hab\u00edan refor\u00admado. Los decretos de Trento se abr\u00edan camino lentamente. Quedaba mucho por reformar. A\u00fan no se hab\u00eda borrado la imagen desgraciada de los papas y la Iglesia <strong>del Renacimiento, <\/strong>de los obispos y cardenales \u00abmontados en buenas mulas y briosos caballos&#8230;, mostrando rollizos mofletes bajo el rojo sombrero y amplia capucha, manteniendo perros de <em>caza <\/em>y gastando mucho en comediantes y par\u00e1sitos\u00bb (P\u00edo II). Por poner s\u00f3lo un ejemplo cercano, en 1573 \u2014nueve a\u00f1os antes que Teresa de Jes\u00fas\u2014 mor\u00eda en la di\u00f3cesis de Plasencia el obispo Pedro Ponce de Le\u00f3n, del que dicen los can\u00f3nigos que fue \u00abtan bueno e principal\u00bb. Ten\u00eda a su servicio, seg\u00fan consta en el testamento: \u00abcamarero, repostero de plata, secre\u00adtario, paje de c\u00e1mara, repostero de estrado, tres maestreslas, portero, letrado de c\u00e1mara, servidor de copa, veedor de co\u00adcina, tres capellanes, alguacil, vicario general, visitador del partido de Trujillo, trece pajes, agente en Roma, m\u00e9dico, caballerizo, cuidador de la capilla, visitador del partido de B\u00e9jar, racionero, fiscal, mayordomo del partido de Medell\u00edn, mayordomo del de B\u00e9jar, notario de su audiencia, repartidor de las raciones de su casa, provisor, veedor, mozo de c\u00e1mara, cazador, lacayo, escribiente, barbero, otros tres lacayos, coci\u00adnero, repostero de ropa blanca, botillero y despensero&#8230; y cinco esclavos\u00bb. \u00abDoy libertad a Pedro, mi esclavo: que sirva seis a\u00f1os a mi contador y despu\u00e9s queda libre\u00bb. As\u00ed se pod\u00eda ser obispo. Es s\u00f3lo una muestra de aquella Iglesia necesitada de reforma.<\/p>\n<h3>2. \u00abUn poquito\u00bb por la Iglesia<\/h3>\n<p>A Teresa de Jes\u00fas le dol\u00eda aquella Iglesia. \u00abCuando veo las grandes necesidades de la Iglesia, \u00e9stas me afligen tanto que me parece cosa de burla tener por otra cosa pena\u00bb (Rel. 3, 7); \u00abno dejan de quebrarme el coraz\u00f3n\u00bb (C. 1, 4).<\/p>\n<p>Veinte a\u00f1os antes de su muerte, en 1562, cuando su consejero y amigo, el franciscano Pedro de Alc\u00e1ntara, campe\u00f3n de los pobres y abnegados, mor\u00eda vestido de un tosco sayal, cuando Trento iba a deliberar sobre la honestidad de la vida de los cl\u00e9rigos, cuando en Francia se iniciaban terribles guerras de religi\u00f3n y en Espa\u00f1a se echaban los cimientos del Escorial, Teresa de Jes\u00fas decide hacer algo por la Iglesia.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfqu\u00e9 puede hacer ella, \u00abuna mujercilla tan sin poder como yo\u00bb (F. 2, 4); \u00abmujer y tonta\u00bb; \u00abflaca y ruin\u00bb (C. 1, 1); \u00abpobre monja descalza\u00bb?<\/p>\n<p>Puede orar y lo hace llorando: \u00abNo permit\u00e1is ya m\u00e1s da\u00f1os a la Cristiandad\u00bb (C. 1, 2). Puede ofrecer su vida al Se\u00f1or y lo hace: est\u00e1 \u00abdispuesta a dar mil vidas que tuviera\u00bb y \u00abprefer\u00eda renunciar al cielo y quedarse en el purgatorio a trueque de que la Iglesia se aumentase, aunque fuera en muy poquito\u00bb. Ayu\u00addar\u00eda as\u00ed a la Iglesia desde la retaguardia (C. 3, 2).<\/p>\n<p>Pero puede hacer algo m\u00e1s: \u00abDetermin\u00e9 hacer ese poquito que era en m\u00ed, que es seguir los consejos evang\u00e9licos con toda la perfecci\u00f3n que yo pudiese y procurar que estas poquitas que est\u00e1n aqu\u00ed hiciesen lo mismo\u00bb (C. 1, 2).<\/p>\n<p>Es entonces cuando re\u00fane a cuatro mujeres \u00aba fin de desagraviar a nuestro Se\u00f1or por el sufrimiento que entonces le inflig\u00edan los herejes&#8230; y todos los malos religiosos\u00bb. Re\u00fane a su guerrilla particular y les inculca apasionadamente que se <em>dejen coger <\/em>en sus <em>entra\u00f1as <\/em>por la <em>dram\u00e1tica verdad <\/em>de la <em>Encarnaci\u00f3n, Pasi\u00f3n y Redenci\u00f3n <\/em>de nuestro <em>Se\u00f1or Jesucristo, <\/em>y les mostraba el mundo en llamas, la Iglesia dilacerada y el cielo que no estaba lejos.<\/p>\n<p><em>Dejarse coger, <\/em>como ella: \u00abMe cubr\u00eda el Se\u00f1or&#8230; que me parec\u00eda toda me rodeaba y que por ninguna parte pod\u00eda huir, y as\u00ed era\u00bb (V. 24, 2). Como una presa prisionera pudo o\u00edr: \u00abYa eres m\u00eda\u00bb; y tambi\u00e9n lo insospechado: \u00abY Yo soy tuyo\u00bb (V. 39, 21). La caza fue alcanzada y asegurada con clavos: \u00abMira este clavo, que es se\u00f1al que ser\u00e1s mi esposa desde hoy\u00bb (CC. 22).<\/p>\n<p><em>En sus entra\u00f1as, <\/em>como ella, que ten\u00eda un \u00absaber impreso en las entra\u00f1as\u00bb, que \u00abhablaba de lo que el Se\u00f1or le hab\u00eda ense\u00f1ado por experiencia\u00bb, que \u00abno dir\u00eda cosa que no haya experimentado mucho\u00bb, que fue herida certeramente por \u00abun dardo de oro y fuego que se met\u00eda en eI coraz\u00f3n y le llegaba a las entra\u00f1as, arranc\u00e1ndolas, dej\u00e1ndola toda abrasada en amor grande de Dios\u00bb (V. 29, 13); o con un dolor que \u00abllega a lo \u00edntimo de las entra\u00f1as&#8230; que parece desmenuza un alma y la muele\u00bb (V. m. 2, 11).<\/p>\n<p><em>Dram\u00e1tica: <\/em>despu\u00e9s de larga lucha, pasando efectiva\u00admente por angustias de muerte. Porque hay que morir mucho como el gusanillo que aspire a mariposa. Porque la verdad de Cristo se impone avasalladora, quemando como un fuego a la pobre criatura, dej\u00e1ndola hecha polvo: \u00abPorque esto parece un fuego&#8230; and\u00e1ndose este alma abras\u00e1ndose en s\u00ed misma\u00bb (VI. m. 2, 2). Realidad dram\u00e1tica de quien se siente alcanzado por \u00abun rayo que agudamente hiere en lo muy hondo o \u00edntimo del alma&#8230; y todo cuanto halla de esta tierra lo deja hecho polvo\u00bb (VI. m. 11, 2). No es extra\u00f1o que se sintiera obligada muchas veces a dar \u00abquejidos\u00bb.<\/p>\n<p><em>Verdad, <\/em>como ella, a quien \u00abse le dio a entender una Ver\u00addad que es cumplimiento de todas las verdades&#8230; Qued\u00f3me una Verdad de esta divina Verdad&#8230; Qued\u00f3me muy gran gana de no hablar si no de cosas muy verdaderas y as\u00ed entend\u00ed qu\u00e9 cosa es andar un alma en verdad delante de la misma Verdad\u00bb (y. 40. 1, 3). Esta Verdad no se aprende en los libros. Esta Verdad s\u00f3lo se aprende en el \u00abLibro Vivo\u00bb (V. 26, 5), porque es la verdadera vida.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la experiencia de esta dram\u00e1tica Verdad, todo se le hac\u00eda poco con tal de que \u00abla Iglesia se aumentase\u00bb, todos sus muchos sufrimientos le parec\u00edan \u00abtrabajillos envueltos en mil contentos que se acabar\u00e1n ma\u00f1ana\u00bb, con tal de llevar un poco de su fuego a cualquier rinc\u00f3n de la Iglesia que estuviera oscuro y fr\u00edo, regalar antorchas encendidas, despertar y multi\u00adplicar las luci\u00e9rnagas de la noche y convencer a todos de que Jes\u00fas es \u00abla verdadera calor\u00bb (F. 31, 2).<\/p>\n<p><em>Encarnaci\u00f3n y Redenci\u00f3n de Jesucristo. <\/em>A aquellas cuatro mujeres y a todos ense\u00f1aba Teresa que la verdad y la medicina, la clave y la piedra angular y la puerta est\u00e1n en el Dios encar\u00adnado, en el Dios hombre, en la humanidad de Dios. S\u00ed; era tiempo de humanismo. Los signos de Ios tiempos en aquella \u00e9poca post-renacentista apuntaban hacia lo humano. El hom\u00adbre volv\u00eda a ser el centro de las preocupaciones, el canon y medida de las cosas. Y Teresa asegura que, efectivamente, la salvaci\u00f3n est\u00e1 en el Hombre, en el Hijo del Hombre. Aquel dulce Jes\u00fas, de Bernardo, aquel ni\u00f1o y crucificado Jes\u00fas, de Francisco, es para Teresa \u00abel buen Jes\u00fas\u00bb, que es Gu\u00eda, Ca\u00admino y Puerta. \u00abPorque si pierden el gu\u00eda, que es el buen Jes\u00fas, no acertar\u00e1n el camino\u00bb (VI. m. 7, 6). Y \u00abhe visto claro que por esta Puerta hemos de entrar\u00bb (V. 26, 6). Se r\u00ede Teresa de aquellos que \u00abse apartan de todo nuestro bien y remedio, que es la Sacrat\u00edsima Humanidad de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb (Ib\u00edd.) y que \u00abno pueden pensar en la Pasi\u00f3n&#8230; Yo no puedo pensar en qu\u00e9 piensan\u00bb. Ser\u00e1n tal vez esp\u00edritus ang\u00e9licos. Pero \u00abpara los que vivimos en cuerpo mortal\u00bb, \u00abmientras vivimos y somos humanos, es gran cosa traerle humano\u00bb (V. 22, 9).<\/p>\n<h3>3. El mejor humanismo<\/h3>\n<p>\u00ab\u00a1Mientras somos humanos!\u00bb. Y \u00a1qu\u00e9 humana se nos muestra! Es encantadora, espont\u00e1nea, original, con poderosa capacidad de relaci\u00f3n e influencia, de amor, apasionada, voli\u00adtiva, inteligente, intuitiva, mujer.<\/p>\n<p>Humana. Conoce maravillosamente los secretos del co\u00adraz\u00f3n, como Agust\u00edn. Describe con espont\u00e1nea clarividencia los complejos movimientos, pasiones, ansias y enfermedades del alma. \u00abA su lado, los m\u00e1s agudos analistas del &#8216;yo&#8217; son ni\u00f1os inexpertos\u00bb, se ha dicho de ella. \u00bb iQu\u00e9 grande es: es \u00fanica, es humana&#8230; Irradia en tomo de s\u00ed la llama de su vita\u00adlidad humana!\u00bb (Pablo VI).<\/p>\n<p>Humana. Doctora y educadora del hombre, a quien ense\u00f1a magistralmente el camino de su liberaci\u00f3n, el camino de su perfecci\u00f3n. Y lo hace mejor que el mismo Erasmo, pr\u00edncipe de los humanistas, que tambi\u00e9n quiso reformar la Iglesia. Erasmo escrib\u00eda con m\u00e1s elegancia pero no ard\u00eda, pod\u00eda hacer re\u00edr pero no arrastraba. A Teresa la siguen con entusiasmo. \u00abNo hab\u00eda quien pudiese despedirse de ella\u00bb. \u00abllevaba tras de s\u00ed a la parte que quer\u00eda y al fin que deseaba a todos los que la o\u00edan y parece que ten\u00eda el tim\u00f3n en la mano para volver los corazones\u00bb.<\/p>\n<p>Humana. Teresa apuesta por el hombre perfecto. Pero la perfecci\u00f3n no la encuentra en el modelo renacentista. La en\u00adcuentra en eI Hombre-Dios y sabe, porque lo vive, que en cada hombre est\u00e1 Dios, que el hombre \u00abno est\u00e1 hueco\u00bb, que en el centro \u00faltimo, en la habitaci\u00f3n m\u00e1s secreta de su castillo, se encuentra Dios como un Sol que todo lo enciende. Si Dios se ha humanado, el hombre se ha divinizado. Por eso el hom\u00adbre es algo m\u00e1s que imagen divina. Dice con gracia: \u00abEs mejor mirar a una mujer que a una imagen de la Virgen, pues tiene mejor parecido\u00bb. (Poco antes, San Francisco de Paula hu\u00eda al encontrarse con una mujer).<\/p>\n<p>Humana. Atenta al hombre cercano y concreto, sin per\u00adderse en abstracciones y sue\u00f1os imposibles. \u00abAparte de la ora\u00adci\u00f3n, no quer\u00e1is aprovechar a todo el mundo, sino a los que est\u00e1n en vuestra compa\u00f1\u00eda&#8230; No hacer torres sin fundamento, que el Se\u00f1or no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen\u00bb (VII. m. 4. 14-15). Pisemos en la tierra, \u00abque no, hermanas, que no, obras quiere el Se\u00f1or, y si ves a una enferma a quien puedes dar alg\u00fan alivio, no se te d\u00e9 nada perder esa devoci\u00f3n y te compadezcas de ella, y si tiene alg\u00fan dolor, te duela a ti, y si fuese menester, lo ayunes porque ella coma&#8230; y si vieres loar mucho a una persona, te alegres m\u00e1s que si te loasen a ti\u00bb (V. m. 3, 2). Y, para rematar, un aviso a \u00ablas muy encapo\u00adtadas, que parece no se osan bullir ni menear el pensamiento cuando est\u00e1n en la oraci\u00f3n, h\u00e1cenme ver cu\u00e1n poco entienden del camino por donde se alcanza la uni\u00f3n\u00bb (Ib\u00edd.). Ahora lo sabemos. El camino por donde se alcanza la uni\u00f3n es el Hombre Jesucristo; pero es tambi\u00e9n el hombre, el pr\u00f3jimo, el necesi\u00adtado.<\/p>\n<h3>4. Siguiendo al \u00abCapit\u00e1n del Amor\u00bb<\/h3>\n<p>En aquel tiempo de reformas y contrarreformas, de intole\u00adrancias y guerras religiosas, cuando se luchaba con todos los medios contra el enemigo de la fe, Teresa quiere iniciar tambi\u00e9n su guerrilla particular dentro de la Iglesia. Sus armas no son los ca\u00f1ones y el pu\u00f1al, sino la oraci\u00f3n y el amor, bajo las banderas del \u00abCapit\u00e1n del Amor\u00bb (C. 6, 9). Pero la guerra no ser\u00e1 contra nadie, sino contra s\u00ed misma \u2014ella, su propio campo de batalla\u2014. Guerra muy violenta a veces: \u00abHaci\u00e9ndome violencia extrema, porque me parece cada hueso se me apartaba por s\u00ed\u00bb (V. 4, <strong>1). <\/strong>Pero con la ayuda del Capit\u00e1n estaba segura de la victoria: \u00abAqu\u00ed me dio \u00e1nimo contra m\u00ed\u00bb (Ib\u00edd.). \u00abFue El quien pele\u00f3 para el vencimiento\u00bb (VI. m. 1, 10). Muchos se unir\u00edan a este ejercicio desarmado. Las victorias de Teresa y de estos magn\u00ed\u00adficos soldados ganar\u00edan para la Iglesia m\u00e1s almas que todos los ej\u00e9rcitos pontificios y los de su majestad cat\u00f3lica. Y mejor: aun despu\u00e9s de su muerte, Teresa sigue consiguiendo innumerables victorias.<\/p>\n<p>Como siempre y una vez m\u00e1s. Se trataba de reformar la Iglesia en una \u00e9poca de oro y aparece, escogida por Dios, una mujer \u00abtonta y sin letras\u00bb, de ascendiente jud\u00edo, que ten\u00eda miedo a \u00ablos se\u00f1ores de la Inquisici\u00f3n\u00bb, que s\u00f3lo por obe\u00addiencia se puso a escribir: \u00abPara qu\u00e9 quieren que escriba&#8230; Por amor de Dios, que me dejen hilar mi rueca y seguir mi coro\u00bb (M P. Graci\u00e1n, 16). Pero ella fue la escogida para ense\u00f1ar a la Iglesia unas verdades muy vivas y unos caminos muy se\u00adguros, que siguen orientando y alimentando al hombre de nuestros d\u00edas. Muri\u00f3 contenta de ser hija de la Iglesia, pero no se daba cuenta de que era tambi\u00e9n su madre.<\/p>\n<h2>Vicente de Pa\u00fal<\/h2>\n<p style=\"text-align: right\">\u00abMi santo es Vicente de Pa\u00fal\u00bb.<br \/>\n(Voltaire)<\/p>\n<h3><strong>1. \u00abSi uno no nace de nuevo\u00bb (Jn 3, 3)<\/strong><\/h3>\n<p>A la muerte de Teresa de Jes\u00fas, nace Vicente de Pa\u00fal. Como si la santa espa\u00f1ola quisiera pasar el testigo al franc\u00e9s. De hecho, las hijas de Teresa ir\u00edan a Francia a echar los funda\u00admentos de una grandiosa renovaci\u00f3n espiritual. Teresa da la mano a Vicente, tr\u00e1mite Berulle. Y la Iglesia espa\u00f1ola dar\u00eda paso a la francesa en el protagonismo de la reforma.<\/p>\n<p>Pero Vicente de Pa\u00fal \u2014\u00bbMonsieur Vincent\u00bb\u2014 naci\u00f3 de verdad bastante m\u00e1s tarde. Quiz\u00e1s a los 36 a\u00f1os, all\u00e1 por el 1.617, cuando empezaban a dar luz los primeros frutos de su amor y se le escapaban de las manos bondadosas, en el mo\u00admento preciso que Dios quer\u00eda, los milagros de su caridad orga\u00adnizada, poderosos reactores de energ\u00edas humanitarias.<\/p>\n<p>O quiz\u00e1s unos a\u00f1os antes \u2014entre 1613 y 1616\u2014, cuando se desposa con la Dama Caridad, cuando decide \u2014resoluci\u00f3n firme e inviolable\u2014 dar toda su vida, por amor a Jesucristo, al servicio de los pobres.<\/p>\n<p>O quiz\u00e1s en 1610, cuando despu\u00e9s de los primeros con\u00adtactos con P. Berulle, el que acaba de introducir el Carmelo en Francia, empieza a tener experiencia muy honda de Dios.<\/p>\n<p>\u00abA Dios no se le encuentra si no por los caminos ense\u00ad\u00f1ados en el Evangelio\u00bb, escrib\u00eda Pascal en una noche de fuego.<\/p>\n<p>Y Vicente de Pa\u00fal encontr\u00f3 el camino del evangelio. No ser\u00eda el camino del abandono quietista, ni el de la pasiva confianza luterana, ni el de la asc\u00e9tica desnaturalizada de Port Royal. No ser\u00eda el biblicismo humanista erasmiano, ni la oraci\u00f3n met\u00f3dica de la \u00abDevotio moderna\u00bb, ni ser\u00eda el camino real de la Santa Cruz, a secas, sin su Cristo. Vicente de Pa\u00fal encontr\u00f3 a Dios por el camino evang\u00e9lico del hombre pobre y doliente; se unir\u00eda a Dios en el amor activo y abnegado, hecho misericordia con\u00adcreta; ver\u00eda im\u00e1genes de Dios en cada miseria encarnada que se le presentaba. Para \u00e9l la Iglesia de Dios no ser\u00eda el templo de las im\u00e1genes, sino \u00abla ciudad de los pobres\u00bb. \u00abVosotras \u2014escrib\u00eda en el Reglamento de las Hijas de la Caridad\u2014 ten\u00e9is por monas\u00adterio la habitaci\u00f3n de los enfermos; por celda, un piso de al\u00adquiler; por claustro, las calles del pueblo\u00bb. Y \u00abcuando aban\u00addon\u00e9is la oraci\u00f3n para atender a alg\u00fan pobre, recordar\u00e9is que con ello prest\u00e1is vuestro servicio al mismo Dios&#8230; Dios no se siente abandonado si de El nos apartamos a causa de El mismo\u00bb (Ap 25, 46).<\/p>\n<p>Por estas mismas fechas \u20141616\u2014, a mucha distancia de Vicente, otro hombre bueno y apasionado pensaba tambi\u00e9n lo mismo y encontraba a Cristo en los esclavos negros. Cristo negro crucificado, la misma mirada doliente y penetrante, el mismo peso en las espaldas. Pedro Claver: sobre sus espaldas, millares de veces este yugo negro que le parec\u00eda ligero y pon\u00eda b\u00e1lsamo en sus cinco o cinco mil llagas.<\/p>\n<p>Para Vicente, el pobre es Cristo y como tal hay que ser\u00advirle. Ellos son los se\u00f1ores: servirles con preferencia, \u00abcon reno\u00advado cari\u00f1o, tratando de localizar a los m\u00e1s abandonados, ya que nos han sido dados como due\u00f1os y patronos\u00bb (Ib\u00edd.).<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 poco se parec\u00eda este nuevo Monsieur Vincent al viejo prebendado de los primeros a\u00f1os, al joven preceptor de familias nobles, limosnero de reyes, ansioso \u00abmercader de la sopa\u00bb, sacerdote prematuro \u2014apenas ten\u00eda 20 a\u00f1os\u2014 no tanto por el deseo de tener a Cristo entre sus manos, cuanto el de tener un beneficio en su bolsillo!<\/p>\n<h3>2. <strong>Desposado con la Dama Caridad<\/strong><\/h3>\n<p>Ahora ha cambiado como cuando una persona se enamora, Monsieur Vincent se enamora de la m\u00e1s hermosa Dama y se <em>casa <\/em>con ella indisolublemente: la Caridad. Se compenetra con ella, la deja penetrar en sus entra\u00f1as, se funde, se hace \u00e9l mismo ca\u00adridad, testigo y prolongaci\u00f3n del amor de Cristo: en su pre\u00adsencia, palabras, gestos, acci\u00f3n. \u00abNo pod\u00eda o\u00edr hablar de nin\u00adguna maldad humana, sin que en seguida el dolor y la compa\u00adsi\u00f3n se dibujaran en su rostro\u00bb (Abelly). Ve\u00eda el rostro de su Dama en los m\u00e1s variados y miserables rostros: en los sacer\u00addotes, primero; en los presos, que se pudr\u00edan lentamente; en los condenados a galeras, ch\u00e1ndalas miserables; en los esclavos de los turcos, necesitados de redenci\u00f3n; en los pecadores igno\u00adrantes y pobres de miserias infinitas. Todos ellos son un sacra\u00admento, lugar de encuentro con Cristo. Monsieur Vincent <em>a\u00f1ade <\/em>un sacramento m\u00e1s a los siete tridentinos. Teresa de Jes\u00fas nos aseguraba que la Humanidad de Cristo era el Camino y la Puerta para el encuentro y la uni\u00f3n con Dios. Vicente de Pa\u00fal nos ense\u00f1a que la humanidad doliente es el Camino y la Puerta para el encuentro y la uni\u00f3n con Cristo.<\/p>\n<p>Se pondr\u00e1 a trabajar incansablemente. El amor no des\u00adcansa. Siempre se sent\u00eda en deuda. Siempre quer\u00eda amar m\u00e1s. \u00abSe\u00f1ora, a\u00fan m\u00e1s\u00bb, contestaba a la reina, cuando \u00e9sta le dec\u00eda que qu\u00e9 m\u00e1s podr\u00eda hacer. Se levantaba a las cuatro de la madrugada, se disciplinaba, y a trabajar en el amor. Empezar\u00e1 as\u00ed su misi\u00f3n y su reforma. El sacerdote tiene que hacer lo que har\u00eda Cristo: \u00abSi se hubiera preguntado a nuestro Se\u00f1or qu\u00e9 hab\u00e9is venido a hacer a la tierra, contestar\u00eda que a asistir a los pobres. \u00bfY qu\u00e9 m\u00e1s? \u00a1Los pobres! \u00bfY qu\u00e9 otra cosa? \u00a1Los pobres! Estoy aqu\u00ed para asistir a los pobres\u00bb. Que todo el evangelio se concentra en \u00abdar a conocer a Dios a los pobres&#8230; Decirles que est\u00e1 cerca el Reino de Dios y que ese Reino es para los pobres\u00bb (S.U.P. XII, p. 80).<\/p>\n<p>Su misi\u00f3n fue la del <em>buen, <\/em>la del <em>gran samaritano, y <\/em>su reforma consist\u00eda en ungir con aceite y vino las heridas, en regalar vendas, en cargar con los apaleados y en quedarse sin denarios para pagar todos los gastos. <em>Samaritano: <\/em>con su si\u00adlueta encorvada, con su rostro de mirada inteligente y bonda\u00addosa, pasar\u00eda por los caminos de Francia haciendo el bien. <em>Samaritano: <\/em>en una sociedad fr\u00edvola y brutal, arruinada y rota por las terribles guerras de los 30 a\u00f1os, sembrar\u00eda a manos llenas las semillas de la misericordia y la reconciliaci\u00f3n, el amor inteligente y eficaz, y extender\u00eda su abrazo para con\u00adgregar a todos los dispersos. <em>Samaritano: <\/em>en un tiempo de guerras de religi\u00f3n, \u00e9l har\u00eda la guerra del amor y ganar\u00eda dia\u00adriamente mil batallas en cada ni\u00f1o que acoge, enfermo que cura, pobre que atiende. <em>Samaritano: <\/em>en una Iglesia necesitada de reforma, impura e ignorante en muchas de sus capas, asegla\u00adrada y venal en otras, ser\u00eda un purificador, \u00abun fuego de fun\u00addidor, una lej\u00eda de lavandero\u00bb (Mal 3, 2). Predic\u00f3 y ense\u00f1\u00f3 la fe al pueblo. \u00abPurific\u00f3 a los hijos de Lev\u00ed\u00bb (Mal 3, 4) y pudo ofrecer al Se\u00f1or un semillero de sacerdotes y obispos escogidos, agradables \u00aba Yaveh, como en los d\u00edas de anta\u00f1o, como en los a\u00f1os antiguos\u00bb (Mal 3, 4). <em>Samaritano: <\/em>y padre de nuevos <em>samaritanos <\/em>y <em>samaritanas, <\/em>los hijos numerosos de su fecundo matrimonio con la Caridad, que prolongar\u00edan y multiplicar\u00edan su acci\u00f3n misericordiosa y reformadora, que continuar\u00edan sus pasos peregrinos, recorriendo el mundo entero. Los nombres de estos hijos son: <em>Lazaristas <\/em>o la caridad de la Palabra, por aquello de \u00absi te piden pan, no les des palabras; pero si te piden una palabra, no les des pan\u00bb; <em>Damas de la Caridad; Hijas de la Caridad, <\/em>una de las instituciones que m\u00e1s honran a la Iglesia y que nos impiden desesperar de la humanidad; <em>Hermandad de la Caridad, <\/em>germen de las futuras Conferencias de San Vicente; <em>Colegio de Bons Enfants, <\/em>para ni\u00f1os abandonados; <em>Conferencias del Martes; Retiros de los Ordenandos&#8230;<\/em><\/p>\n<h3><strong>3. Restaurando la Iglesia en sus fundamentos<\/strong><\/h3>\n<p>Alud\u00edamos a una Iglesia necesitada de reforma en Francia, donde se notaba poco la influencia tridentina.<\/p>\n<p>Saint Cyran, amigo por mucho tiempo de nuestro santo, le confesaba un d\u00eda: \u00abDios me ha dado luz para conocer que no existe la Iglesia desde hace m\u00e1s de seiscientos a\u00f1os. Antes de eso, la Iglesia era un gran r\u00edo de aguas puras y claras; hoy no lleva m\u00e1s que fango y suciedad\u00bb. Era la visi\u00f3n jansenista del problema. Lo mismo que, categ\u00f3rico, asegura: \u00abDe diez mil sacerdotes, ni uno s\u00f3lo\u00bb. Pero la visi\u00f3n de Monsieur Vincent tambi\u00e9n era pesimista. \u00bfLos obispos? Cierto que hay alg\u00fan Borromeo franc\u00e9s, pero \u00abtemo que ese maldito tr\u00e1fico de obispados atraiga la c\u00f3lera de Dios sobre este reino\u00bb. Hay verdaderas \u00abfamilias de obispos\u00bb. iPobre Iglesia dirigida y <strong>puesta <\/strong>en manos de mercenarios y mercaderes! \u00bfEl clero? S\u00ed que hay buenos sacerdotes, aunque no los conozca Saint Cyran; pero \u00ablos sacerdotes que viven como Io hace hoy d\u00eda la mayor\u00eda, son los peores enemigos con que cuenta la Iglesia de Dios\u00bb. Y contin\u00faa lament\u00e1ndose el santo. \u00abLa depravaci\u00f3n del estado eclesi\u00e1stico es la causa principal de la ruina de la Igle\u00adsia\u00bb. Porque \u2014aseguraba desde una convicci\u00f3n muy sentida y exigente, verdaderamente eclesi\u00e1stica\u2014 \u00ablos pueblos son como sean sus sacerdotes&#8230; Si un buen sacerdote puede hacer tanto bien iay, cu\u00e1ntos males acarrea uno malo!&#8230; Nada hay tan grande como un buen sacerdote\u00bb.<\/p>\n<p>No nos interesa ahora detallar los vicios de este clero ignorante, interesado y perezoso. \u00abLa pereza es el vicio del clero\u00bb, confesaba Monsieur Vincent. Un clero despreocupado del bien espiritual de sus ovejas. Un clero excesivo en cantidad y min\u00fascula en calidad. Un clero asiduo en la Corte y la ciudad, a la caza de un beneficio y ausente de sus parroquias. Un clero locuaz y desenvuelto en bailes y tabernas, y apenas capaz de farfullar un poco de liturgia y unas f\u00f3rmulas sacramentales.<\/p>\n<p>No nos interesa describir \u00e9stos y otros vicios, con sus funestas consecuencias. Pero la impresi\u00f3n que se recibe contem\u00adplando las iglesias de Francia es desoladora. Se impone un senti\u00admiento de l\u00e1stima como el de Jes\u00fas: \u00abLe dio l\u00e1stima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor\u00bb (Mc 6, 34).<\/p>\n<p>Y l\u00e1stima profunda le daba a Vicente. Pero no una l\u00e1stima deprimente y quejumbrosa, sino estimulante y creadora. Esta reacci\u00f3n es lo que ahora nos importa destacar.<\/p>\n<p>A Vicente le duele esta Iglesia, como a otros muchos buenos esp\u00edritus de la \u00e9poca. Quiz\u00e1s no sepa definirla tan bien como Saint Cyran, que, hablando de esto un d\u00eda, le llam\u00f3 \u00abigno\u00adrante\u00bb \u2014ignorancia que \u00e9l reconoce humildemente: \u00abMi igno\u00adrancia es todav\u00eda mayor de lo que usted se imagina\u00bb\u2014. Pero le duele la Iglesia porque la siente, porque la ama. Y desde el amor emprender\u00e1 la reforma eficaz de esta Iglesia. El amor es activo.<\/p>\n<p>Su acci\u00f3n reformadora se centr\u00f3 en el clero. \u00abSe\u00f1ores, hermanos m\u00edos \u2014exclamaba\u2014: formar buenos eclesi\u00e1sticos es la obra m\u00e1s dif\u00edcil, m\u00e1s alta y m\u00e1s importante para la salvaci\u00f3n de las almas\u00bb. Ciertamente dif\u00edcil, porque el mal era viejo y extendido. Ciertamente importante, porque se quer\u00eda llegar al fondo, restaurando los mismos fundamentos del gran edificio eclesial. Aqu\u00ed nos encontramos con otro magn\u00edfico restaurador de iglesias en ruinas. \u00abYo levantar\u00e9 sus ruinas\u00bb (Is 44, 26). Su reforma ir\u00e1 fructificando, cu\u00e1ndo y c\u00f3mo la Providencia marque en m\u00faltiples iniciativas con \u00e9xito, como los Retiros de los Orde\u00adnandos, las Conferencias del Martes y los primeros Seminarios. Y de aqu\u00ed surgir\u00e1n excelentes sacerdotes y obispos que dar\u00e1n vida y hermosura a la Iglesia de Francia.<\/p>\n<p>En esta tarea reformista, los dos amigos \u2014Vicente y Saint Cyran\u2014 seguir\u00e1n caminos muy distintos, hasta llegar a distan\u00adciarse total y radicalmente. Ambos \u2014el cat\u00f3lico y el jansenista\u00adquieren sinceramente el bien de la Iglesia, pero var\u00edan en el modo, en los objetivos y en la misma concepci\u00f3n de esta Iglesia. Vicente quiere restaurar a fondo, pero simplemente restaurar; Saint Cyran quiere destruir y volver a empezar. Vicente quiere reformar desde la comprensi\u00f3n y la paciencia: \u00abLa ca\u00f1a cascada no la quebrar\u00e1\u00bb (Is 42, 2); Saint Cyran, desde el desprecio y la intransigencia. Vicente espera \u2014el amor es paciente\u2014 la hora de Dios; Saint Cyran se mueve agitado y nervioso. Vicente irradia alegr\u00eda y entusiasmo; Saint Cyran atemoriza y complica a los esp\u00edritus con rigores inhumanos. Vicente es luminoso y hu\u00admilde; Saint Cyran es sombr\u00edo y orgulloso. Vicente quiere una Iglesia humana y encarnada; Saint Cyran quiere una Iglesia asc\u00e9tica y angelical. Vicente crea comunidades de hermanos, iglesias en el mundo; Saint Cyran crea comunidades de solita\u00adrios, alejados del mundo. Vicente sue\u00f1a con una Iglesia sacra\u00admento de amor, desbordante de misericordia; Saint Cyran sue\u00f1a con una Iglesia pur\u00edsima, en estado de perfecci\u00f3n. El Dios de Vicente est\u00e1 muy cerca y se hace d\u00e9bil, necesitado; el Dios de Saint Cyran est\u00e1 muy lejos, es muy exigente y temeroso. Vicente busca a Dios en el hombre y lo encuentra amando; Saint Cyran busca a Dios en el cielo y quiere encontrarlo negando, a la espera de sobrenaturales deleites victoriosos. Vicente no duda en \u00ababandonar a Dios\u00bb para ir al hombre; Saint Cyran termina abandonando al hombre para ir a Dios.<\/p>\n<p>Vicente no escribi\u00f3 libros de teolog\u00eda ni tratados sobre la gracia o la Iglesia como los jansenistas. Pero hoy todos apostamos por la teolog\u00eda de Vicente. Ojal\u00e1 tuvi\u00e9ramos muchos de estos \u00absupinos ignorantes\u00bb que no supieran quiz\u00e1 definir bien a la Iglesia, pero que la llevaran tan dentro y se entregaran tanto por ella como lo hac\u00eda Vicente.<\/p>\n<h2><strong>Resumiendo<\/strong><\/h2>\n<p>Concluimos. Muchas han sido las crisis, las necesidades y los pecados de la Iglesia. Muchos los que se han presentado como reformadores y redentores. Pero s\u00f3lo hay un Redentor. Y el Redentor no abandona nunca a su Iglesia, porque es su Esposa, porque la despos\u00f3 con su sangre, porque es eterna\u00admente fiel a su alianza, porque la ama como s\u00f3lo un Dios puede amar.<\/p>\n<p>El Redentor se presenta a veces con rostros humanos como encarn\u00e1ndose en siervos elegidos. En cada \u00e9poca adquiere un vestido carnal distinto, porque las necesidades y las exigen\u00adcias son distintas.<\/p>\n<p>Unas veces se viste de pobre y libre juglar, para el que todo es festiva melod\u00eda, para el que todo es gracia y belleza, herido de amor, y el amor que lleva dentro se le escapa por unas llagas de fuego, y se pone a reparar iglesias peque\u00f1as y a reformar la Iglesia grande, y lanza al mundo y la historia un mensaje de fraternidad universal, c\u00f3smica.<\/p>\n<p>Otras veces se viste de esposa-virgen, con el coraz\u00f3n tras\u00adpasado y se descalza y se pone a recorrer caminos, prendiendo por doquier hogueras de amor y de oraci\u00f3n, y cuenta familiar\u00admente sus experiencias de fuego o describe los limpios apo\u00adsentos de un maravilloso y ardiente castillo, y eleva unos palmos de la tierra a la humanidad entera.<\/p>\n<p>Otras veces se viste de pr\u00e1ctico samaritano, atento a cual\u00adquier gemido que se oiga en la vereda; cargado con abundancia de aceite, vino y vendas; magn\u00edfico servidor de todos los necesi\u00adtados, en los que sirve a Dios; poniendo en marcha empresas desinteresadas que venden gratis la mejor de las mercanc\u00edas; y dando origen a una descendencia innumerable de peque\u00f1os samaritanos.<\/p>\n<p>Puede ser un hombre cualquiera, pero siempre humilde, siempre pobre, siempre obediente, siempre ardiente, siempre libre, siempre con la paz en sus manos desnudas. Si alguien se presenta con otro estilo \u2014m\u00e1s orgulloso, m\u00e1s pose\u00eddo, m\u00e1s agrio, m\u00e1s amargo, m\u00e1s guerrero, m\u00e1s triunfal&#8230;\u2014 no lo hag\u00e1is caso por m\u00e1s que se vista de luz.<\/p>\n<p>Francisco, Teresa y Vicente: tres manifestaciones del mismo Cristo: el verdaderamente Pobre, el radicalmente Obe\u00addiente, eI enteramente Libre y Liberador; tres prolongaciones del mismo Cristo, que en distintos tiempos aparece revelando al Padre, evangelizando a los pobres y amando hasta el extremo; tres rostros del mismo Cristo, siempre vivo, siempre humano, siempre victorioso Renovador de su Esposa la Iglesia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Reformadores de la Iglesia ha habido muchos. Son incon\u00adtables y sus reformas muy distintas, seg\u00fan el estilo y el tiempo, seg\u00fan las necesidades. 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