{"id":31998,"date":"2016-09-22T08:44:08","date_gmt":"2016-09-22T06:44:08","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=31998"},"modified":"2016-07-26T18:54:17","modified_gmt":"2016-07-26T16:54:17","slug":"reflexiones-sobre-el-discernimiento-y-el-acompanamiento","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/reflexiones-sobre-el-discernimiento-y-el-acompanamiento\/","title":{"rendered":"Reflexiones sobre el discernimiento y el acompa\u00f1amiento"},"content":{"rendered":"<p><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-387168 alignleft\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/uploads\/2016\/03\/asd-250x300.gif?resize=250%2C300\" alt=\"asd\" width=\"250\" height=\"300\" \/>Debo reconocer que fui muy imprudente al aceptar, el pasado mes de septiembre, hablarles esta ma\u00f1ana. Y ello por tres razones principalmente.<\/p>\n<ul>\n<li>Imprudente porque esta intervenci\u00f3n coincide con un periodo de trabajo intenso para mi, ya que he dedicado la primera quincena de julio a preparar y dirigir la Asamblea Provincial que ha elegido a mi sucesor como provincial y en la que despu\u00e9s he tenido que participar como simple miembro. A continuaci\u00f3n, he tenido que preparar mi traslado a Lyon donde estar\u00e9 el a\u00f1o pr\u00f3ximo, lo que explica mi retraso en entregar el texto de mi conferencia.<\/li>\n<li>Imprudente tambi\u00e9n porque, si tengo costumbre de hablar sobre el discernimiento de la vocaci\u00f3n de los futuros sacerdotes y su acompa\u00f1amiento espiritual, tengo mucha menos costumbre por lo que se refiere a las Hermanas, incluso a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Pa\u00fal, aunque seamos casi \u00abprimos\u00bb. \u00abPrimos\u00bb es como se llaman los Lazaristas, los Oratorianos, los Eudistas y los Sulpicianos, ya que fueron fundados en la misma \u00e9poca y viven espiritualidades que pertenecen a lo que se llama Escuela Francesa. A pesar de todo, no conozco bien a mis \u00abprimas\u00bb, aunque mi propia prima es Hija de la Caridad en Madagascar.<\/li>\n<li>Imprudente, por \u00faltimo, porque tengo que dirigirme no a las Hermanas directamente sino a esta \u00abcasta especial\u00bb que son los Directores de las Hijas de la Caridad. \u00abCasta\u00bb de la que el Padre Lautissier ya me hab\u00eda dado alguna idea. Pero confieso que aun despu\u00e9s de haber le\u00eddo lo que dicen las Constituciones, los Estatutos, el Directorio de los Directores y un art\u00edculo del P. Quintano a este respecto, tengo dificultad para comprender concretamente el papel que desempe\u00f1an los Directores de las Hermanas y la manera como en la realidad se comparten las responsabilidades, sobre todo en pa\u00edses y culturas tan diferentes.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Pero \u00aba lo hecho pecho\u00bb. Les pido perd\u00f3n por los fallos que pueda tener. Me han pedido que hable de dos cosas: del discernimiento \u00abvocacional\u00bb y del acompa\u00f1amiento a las Hermanas a lo largo de su existencia. Ambas cosas tienen muchos puntos en com\u00fan incluso si se refieren a etapas distintas de la existencia.<\/p>\n<h2><strong>1. EL DISCERNIMIENTO DE LAS VOCACIONES<\/strong><\/h2>\n<p>La vocaci\u00f3n religiosa est\u00e1 en el punto de uni\u00f3n de dos proyectos: el proyecto de la persona que pide entrar en la comunidad de las Hijas de la Caridad y el proyecto de la Congregaci\u00f3n que quiere tener un futuro y encontrar personas que tomen el relevo y contin\u00faen la obra emprendida con el esp\u00edritu de sus fundadores. El discernimiento va a ser el ajuste de estos dos proyectos.<\/p>\n<h3>1.1. Sentirse llamado no es suficiente<\/h3>\n<p>Las Constituciones como las personas que se presentan utilizan espont\u00e1neamente el vocabulario de la vocaci\u00f3n: \u00abYo siento que Dios me llama\u00bb. Es un sentimiento respetable pero que no prueba absolutamente que uno es llamado por Dios, pues desde hace mucho tiempo Dios se calla. Ya no estamos en el tiempo de los Profetas a los que Dios interpelaba directamente ni tampoco en el tiempo de Jes\u00fas que eleg\u00eda a \u00abquien \u00e9l quer\u00eda\u00bb. Hoy Dios no tiene otro medio de manifestarnos su voluntad m\u00e1s que a trav\u00e9s de la creaci\u00f3n: por los sentimientos o las capacidades que pone en nosotros. El discernimiento va a consistir justamente en buscar en qu\u00e9 condiciones este sentimiento de ser llamado expresa en verdad la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>Pero no debemos menospreciar este sentimiento de ser llamados, pues dice bien d\u00f3nde est\u00e1 el deseo. Yo me siento llamada porque esto me gusta, quiero hacerlo, es aqu\u00ed donde pienso que ser\u00e9 feliz y encontrar\u00e9 el pleno desarrollo de los dones que Dios me ha dado. Este deseo puede haber surgido por diversas razones: la relaci\u00f3n con Hermanas que han despertado en m\u00ed el deseo de vivir como ellas, la invitaci\u00f3n hecha por alguna de ellas, la inquietud por servir a los pobres que me ha llevado a buscar los medios para realizarlo, el descubrimiento de Vicente de Pa\u00fal\u2026 Las historias de la vocaci\u00f3n son con frecuencia muy variadas y a veces sorprendentes. Pero el deseo es s\u00f3lo un punto de partida. Es necesario que madure y salga de la pura ilusi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>1.2. <\/strong><strong>Podemos hacernos ilusiones<\/strong><\/p>\n<p><strong>Podemos hacernos ilusiones con relaci\u00f3n a la vida con la que so\u00f1\u00e1bamos. <\/strong>Quer\u00edamos consagrarnos a Dios y a los pobres y descubrimos que para ello hay que pasar por una vida comunitaria con Hermanas concretas, que han entrado aqu\u00ed para santificarse pero que a\u00fan tienen mucho camino que recorrer, que tenemos que obedecer a las superioras a quienes se llama sirvientes, pero que no por ello dejan de manifestar su autoridad; que el servicio de los pobres no es lo que imagin\u00e1bamos y que a veces, en lugar de enviarnos a servir a los pobres, nos env\u00edan a una cocina. Por esto, no puede haber discernimiento a distancia. Debe pasarse por un tiempo largo de prueba para poder comprobar si es esta vida la que se deseaba y de esta forma. Toda vocaci\u00f3n pasa siempre por la renuncia a lo imaginario para aceptar la realidad, incluso cuando cre\u00edamos conocerla bien. A veces el hecho de hacer este descubrimiento puede desanimarnos, otras veces estimularnos. No es la vida que yo hab\u00eda imaginado pero es la que quiero vivir. Habr\u00e1 siempre un tiempo de desconcierto, bien desde el principio o un poco m\u00e1s tarde. Es importante hacer comprender que este desconcierto o esta duda no quiere decir necesariamente que no se est\u00e9 llamada a esta vida sino que es un momento normal en el camino.<\/p>\n<p><strong>Podemos hacernos ilusiones en cuanto a las razones por las que quer\u00edamos ser Hijas de la Caridad. <\/strong>\u00bfPor qu\u00e9 quiero entrar en esa sociedad? Para servir a Dios, por supuesto, pero quiz\u00e1s tambi\u00e9n para parecerme a tal o cual Hermana, para dar gusto a mis padres, para ser admirada por los otros al haber elegido una vida heroica, para mostrarme a m\u00ed misma y a los dem\u00e1s que soy capaz de ello, porque tengo miedo a la vida o al matrimonio, como castigo por la vida desordenada que he llevado hasta aqu\u00ed, etc.\u2026 y otras muchas cosas aun m\u00e1s raras. No encontramos nunca un deseo qu\u00edmicamente puro, motivaciones un\u00edvocas y perfectamente cristianas. Todo est\u00e1 muy mezclado: encontramos en ello lo mejor y lo menos bueno. Eso no tiene nada de extra\u00f1o. Incluso es importante mirar de frente la realidad y tener el valor de hacer el inventario de todas las razones confesadas o inconfesadas de nuestra opci\u00f3n. Algunas formas de hablar piadosas, estereotipadas pueden ahogar los problemas desliz\u00e1ndose en una voluntad fingida. No hay que tener miedo a hacer la luz incluso en los rincones m\u00e1s oscuros, es la \u00fanica forma de \u00abhacer limpieza\u00bb y poner todo en orden.<\/p>\n<p><strong>Lo importante no son las motivaciones que se ten\u00edan al principio, sino aquellas por las que se hace la opci\u00f3n al final. <\/strong>Incluso si alguien ha entrado por razones que pueden ser discutibles, esto no quiere decir que no ten\u00eda vocaci\u00f3n. El Esp\u00edritu puede servirse de todo para llevarnos adonde \u00e9l nos espera. Aun habiendo entrado por motivos no muy buenos, es necesario que las razones por las que queremos quedarnos sean buenas. Es preciso sencillamente, tranquilamente, apaciblemente, llegar a desear esta vida por razones verdaderamente cristianas, lo que tradicionalmente se llama tener una recta intenci\u00f3n. Ser\u00e1 necesaria una buena formaci\u00f3n para que sea el servicio de Dios, la voluntad de vivir el Evangelio, los motivos primordiales, fundamentales aunque contin\u00faen mezcl\u00e1ndose otras muchas cosas. Estas escorias deben vivirse con humor a fin de no tomarse uno demasiado en serio.<\/p>\n<p><strong>Al final<\/strong> <strong>el deseo debe convertirse en disponibilidad<\/strong>. Me gustar\u00eda entrar en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad pero \u00abh\u00e1gase tu voluntad y no la m\u00eda\u00bb. Si las responsables me aceptan, ver\u00e9 en ello tu voluntad. Si me rechazan, si los problemas imprevistos de salud o la falta de capacidades me impiden seguir, ver\u00e9 tambi\u00e9n tu voluntad. S\u00f3lo hay verdaderamente vocaci\u00f3n cuando se est\u00e1 dispuesto a renunciar a la vocaci\u00f3n, si se manifiesta que no es aqu\u00ed donde Dios nos quiere. El \u00abyo quiero y me gustar\u00eda\u00bb debe transformarse siempre en \u00abAqu\u00ed estoy, si T\u00fa quieres\u00bb. De lo contrario, no es una vocaci\u00f3n sino una conminaci\u00f3n hecha a Dios.<\/p>\n<p><strong>1.3. <\/strong><strong>Es necesario comprobar si este proyecto responde a las expectativas de la Compa\u00f1\u00eda<\/strong><\/p>\n<p><strong>Y es aqu\u00ed donde el proyecto personal va a encontrar el proyecto de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Pa\u00fal<\/strong>. El cap\u00edtulo de las Constituciones que habla de los miembros y de su formaci\u00f3n comienza con esta cita de San Vicente: <em>\u00abPidamos con frecuencia a Nuestro Se\u00f1or\u2026 que llene a las personas que ingresen en la Compa\u00f1\u00eda del esp\u00edritu que quiere teng\u00e1is todas, para poder continuar, por ese medio, el bien comenzado\u00bb. \u00abPara continuar el bien comenzado\u00bb.<\/em> Toda sociedad, y las Hijas de la Caridad de San Vicente no son una excepci\u00f3n, quiere tener una descendencia, Hermanas que tomen el relevo y contin\u00faen \u00abel servicio temporal y espiritual de los Pobres\u00bb. Es en raz\u00f3n de esta misi\u00f3n por lo que se desean numerosas vocaciones que la contin\u00faen con el esp\u00edritu mismo de San Vicente.<\/p>\n<p>Por tanto, no basta que alguien quiera entrar en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad para que sea apta para <em>\u00abcontinuar el bien\u2026 comenzado\u00bb <\/em>. <strong>Es necesario comprobar si la persona tiene capacidades para cumplir esta misi\u00f3n. <\/strong>No se entra en una sociedad en la que hay que hacer de todo, sino en una sociedad que tiene una misi\u00f3n. \u00bfSer\u00e1 \u00ab\u00fatil\u00bb para esta misi\u00f3n? No dudo en emplear esta palabra \u00ab\u00fatil\u00bb que utiliza el Derecho Can\u00f3nico a prop\u00f3sito de la llamada de los sacerdotes: \u00abEl Obispo ordenar\u00e1 s\u00f3lo a los sacerdotes \u00ab\u00fatiles\u00bb. \u00datil, es decir utilizable, que se puede dedicar con eficacia a las diferentes misiones de la Compa\u00f1\u00eda: La Compa\u00f1\u00eda tiene sus obras, sus servicios: servicio de pobres, servicios apost\u00f3licos, funcionamiento de la Comunidad. La persona que se presenta, \u00bfser\u00e1 apta al menos para alguna de estas misiones? Esto forma parte tambi\u00e9n del discernimiento vocacional. Para tener vocaci\u00f3n de Hija de la Caridad es necesario tener vocaci\u00f3n para el trabajo que ellas realizan, capacidad para colaborar en \u00e9l y hacerlo con el esp\u00edritu que anima estas actividades y de las que es la fuente, si no, bastar\u00eda con dirigirse a las organizaciones humanitarias que hacen un trabajo an\u00e1logo.<\/p>\n<p><strong>La persona va a vivir esta vida en unas condiciones determinadas. Y en primer lugar va a tener que aceptar una p\u00e9rdida de autonom\u00eda. <\/strong>Acostumbrada hasta ese momento a vivir una vida de soltera, a administrar su vida, su dinero, sus desplazamientos y su tiempo de forma independiente, ahora tendr\u00e1 que vivir bajo control, depender de una autoridad para sus actividades, sus gastos, sus salidas, sus momentos de expansi\u00f3n. Incluso la oraci\u00f3n no se deja a la libertad de cada una: sus ritmos, sus horarios, sus modos y sus lugares est\u00e1n determinados por las Reglas de la Sociedad o por los responsables de la Comunidad. La autonom\u00eda que se deja a cada persona es sin duda mucho mayor que la que ha existido antes, pero el l\u00edmite se deja sentir en un momento o en otro. Si algunas lo experimentan como una liberaci\u00f3n de la preocupaci\u00f3n por uno mismo \u2013 no necesariamente muy sana siempre \u2013 para muchas personas supone un abandono doloroso y exige tiempo, sobre todo cuando se entra ya mayor, para ser vivido serenamente, como una respiraci\u00f3n y no como un encierro. Si esta p\u00e9rdida de autonom\u00eda no pudiera vivirse m\u00e1s que con tensi\u00f3n o reivindicaci\u00f3n como un yugo insoportable y no con libertad y desprendimiento, hasta con humor incluso a veces, habr\u00eda en ello una contraindicaci\u00f3n. Hay un canto que dice \u00abDios ha hecho de nosotros hombres (y mujeres) libres\u00bb. Si las modalidades del servicio se viven como una esclavitud, es necesario llegar a liberarse de esta mentalidad o volver a encontrar la propia libertad.<\/p>\n<p><strong>La persona va a vivir en una comunidad, <\/strong>con hermanas que no ha elegido y que le han sido dadas como \u00abpr\u00f3jimo\u00bb por la voluntad de los superiores. Un pr\u00f3jimo que no basta con amarle como a uno mismo, sino que hay que vivir con \u00e9l. Se la presenta con frecuencia como una vida de familia, pero es una familia que no se ha elegido y que requiere un compromiso para compartir, vivir en com\u00fan, rezar en com\u00fan, lo que muchas familias no exigen y que dividir\u00eda a m\u00e1s de una. Por supuesto se pueden dar amistades profundas, un sentimiento de pertenencia com\u00fan puede facilitar las relaciones. Pero cuando se escucha a las religiosas, es el tema del que hablan con m\u00e1s frecuencia y no creo que el hecho de tener a la Caridad por madre, impida a sus Hijas encontrar las mismas dificultades.<\/p>\n<p>Por ello, la capacidad para vivir esta vida va a tener un papel esencial en el discernimiento y habr\u00e1 que estar siempre muy atentos a ello. Por supuesto algunas Hermanas pueden volverse amargadas o aceptar mal el envejecimiento pero demasiadas comunidades son v\u00edctimas de Hermanas de las que se sabe, desde que estaban en el Seminario, que son \u00abHermanas dif\u00edciles\u00bb. El tiempo dif\u00edcilmente arregla las cosas en este aspecto y si algunas veces se las ha podido tener en la comunidad en nombre de la caridad, \u00e9sta exige tambi\u00e9n que no se imponga a las comunidades Hermanas imposibles. Una comunidad religiosa no tiene la vocaci\u00f3n de acoger a personas cuyas dificultades de car\u00e1cter corren el riesgo no s\u00f3lo de perturbar la vida comunitaria sino tambi\u00e9n de ser un peso en el ejercicio mismo de la misi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Es para vivir mejor el amor y estar m\u00e1s disponibles a la vez para la vida fraterna y para la misi\u00f3n, por lo que las Hermanas se comprometen a vivir el celibato. <\/strong>No se compromete uno a vivir el celibato porque no ser\u00eda capaz de casarse sino porque quiere consagrar su vida a amar. Para pronunciar los votos, podr\u00eda utilizarse la frase que utilizan los esposos en el momento de su boda: <em>\u00abyo me doy a ti para amarte fielmente durante toda nuestra vida\u00bb<\/em>. Mi coraz\u00f3n y mi cuerpo ser\u00e1n s\u00f3lo tuyos. De la misma manera: \u00abYo me doy a Dios y a los dem\u00e1s para amarlos fielmente durante toda nuestra vida\u00bb. Para darme a ellos, mi coraz\u00f3n y mi cuerpo ser\u00e1n s\u00f3lo Tuyos. Ya se haga la Alianza en el matrimonio o a trav\u00e9s de la vida consagrada, son necesarias las mismas cualidades: capacidad de amar, capacidad de ser fiel a la propia entrega, y de serlo durante toda la vida. Tambi\u00e9n en este punto, esta capacidad debe medirse teniendo en cuenta la duraci\u00f3n. La castidad no se reduce a la continencia vivida apaciblemente y sin tensi\u00f3n excesiva, sino que se manifiesta tambi\u00e9n en la capacidad de tener una relaci\u00f3n justa con los dem\u00e1s, de saber situarse a la distancia conveniente, de tener relaciones francas con el otro sexo sin ambig\u00fcedad ni excesivo pudor, sin b\u00fasqueda de afecto excesivo o hasta exclusivo, tanto con relaci\u00f3n a los hombres como a las mujeres. En este terreno no hay un seguro a todo riesgo. Las cosas pueden ir muy bien al principio de la vida religiosa y desviarse despu\u00e9s. Pero si durante el tiempo de la formaci\u00f3n, la castidad en todos los sentidos del t\u00e9rmino, conoce la deriva, el diagn\u00f3stico para despu\u00e9s es siempre muy preocupante. Si resulta imposible vivir la castidad en el momento en el que uno est\u00e1 en las mejores condiciones psicol\u00f3gicas, espirituales y sociales para vivirla, \u00bfqu\u00e9 pasar\u00e1 despu\u00e9s? Aplicar el principio de precauci\u00f3n en este caso, ser\u00e1 con frecuencia la mejor decisi\u00f3n tanto por lo que se refiere a la interesada como a la comunidad.<\/p>\n<p><strong>1.4. <\/strong><strong>Las dos caras del discernimiento<\/strong><\/p>\n<p>Vemos pues que el discernimiento hay que hacerlo desde dos \u00e1ngulos: su admisi\u00f3n \u00bfes un bien para la persona? \u00bfes un bien para nosotras? \u00bfSer\u00e1 feliz con nosotras? \u00bfHar\u00e1 a las otras felices en nuestra Compa\u00f1\u00eda? Una cierta teolog\u00eda de la vocaci\u00f3n ha podido dar m\u00e1s importancia al papel de la vocaci\u00f3n personal manifestada por el sentimiento interior de ser llamada por Dios. Este sentimiento constituir\u00eda un deber, para las autoridades respectivas, de recibir a aquella que se sent\u00eda tan manifiestamente llamada bajo pena de infidelidad a Dios. Hemos insistido para decir que Dios no llama s\u00f3lo por los sentimientos, desde el interior de las personas, sino tambi\u00e9n desde el exterior por medio del discernimiento de las capacidades realizado por las autoridades competentes.<\/p>\n<p>Pero el discernimiento exterior debe saber respetar el caminar interior. Si la persona que se presenta debe preguntarse si su entrada es efectivamente la voluntad de Dios para ella, los responsables en la Compa\u00f1\u00eda deben hacer lo mismo y tener la misma disponibilidad. Dios es el \u00fanico due\u00f1o de las vocaciones.<\/p>\n<p>Incluso en tiempo de escasez, debemos estar dispuestos a dejar marchar, sin insistir exageradamente ni ejercer una presi\u00f3n indebida a aquella que parec\u00eda tener todas las cualidades necesarias para ser Hija de la Caridad, que hubiera sido una buena candidata, pero que se ve que no va a durar mucho tiempo y que no va a ser feliz. Se puede insistir para que la decisi\u00f3n no sea tomada prematuramente o a la ligera pero hay que saber aceptar con serenidad una salida cuando esta decisi\u00f3n es evidente para la interesada. E incluso si la decisi\u00f3n no parece muy acertada o ser fruto de una falta de generosidad por miedo o rechazo de avanzar, ser\u00e1 necesario aceptarla en paz como Cristo mismo lo hizo, aunque tengamos derecho como \u00e9l a entristecernos.<\/p>\n<p>La escasez de vocaciones no debe tampoco impedirnos tener la lucidez y el valor necesarios para decir no. Incluso cuando las necesidades son muchas y falta personal para realizar la misi\u00f3n, hay que tener fuerza para no admitir a algunas personas cuando se manifiesta claramente que \u00e9ste no es su sitio. Esto es prestar un servicio a la Compa\u00f1\u00eda y con frecuencia tambi\u00e9n a aquellas que no son aptas para esta vida, aun cuando \u00e9stas no est\u00e9n convencidas de ello. Es la misi\u00f3n la que requiere que no aceptemos a aquellos que ser\u00edan m\u00e1s un peso que una ayuda.<\/p>\n<p><strong>1.5. <\/strong><strong>Dejar tiempo al tiempo<\/strong><\/p>\n<p>Este doble trabajo de discernimiento no es posible sin la ayuda del tiempo. <strong>La vocaci\u00f3n es historia<\/strong>, una historia que comienza antes de la entrada en el postulantado y que no acabar\u00e1 con los primeros votos. Por ello, el discernimiento debe comenzar mucho antes de la entrada. Pues si, seg\u00fan las Constituciones, el Postulantado es una etapa provisional y f\u00e1cilmente reversible, para la que entra, con frecuencia, y a\u00fan m\u00e1s para aquellos que la ven entrar, es una ruptura decisiva. Toda vuelta hacia atr\u00e1s ser\u00e1 vivida como un fracaso, e incluso ante los ojos de algunos, como una cobard\u00eda por parte de aquella que <em>\u00abha vuelto la vista atr\u00e1s despu\u00e9s de haber puesto la mano en el arado\u00bb <\/em>o como incoherencia de los responsables que aun falt\u00e1ndoles gente, rechazan inconsideradamente a aquellos que est\u00e1n dispuestos a unirse a ellos. Por tanto, no se puede decir en seguida <em>\u00abvenid y ved\u00bb <\/em>y decidir\u00e9is despu\u00e9s. Franquear la puerta, a los ojos de los que est\u00e1n fuera, supone ya comprometerse. Por tanto es necesario que se haga un cierto discernimiento antes para ver si hay posibilidades razonables de continuar, de lo contrario se corre el riesgo de vivir el fracaso de forma dram\u00e1tica.<\/p>\n<p><strong>Las diferentes etapas: entrada en el postulantado, entrada en el seminario, env\u00edo a misi\u00f3n, son momentos importantes de compromiso para las personas interesadas y de discernimiento para las autoridades responsables.<\/strong> Los criterios de discernimiento son siempre los mismos pero lo que sucede con el paso del tiempo da cada vez m\u00e1s seguridad en el discernimiento. Se puede, a medida que pasan los a\u00f1os, medir mejor las capacidades para entrar en el esp\u00edritu vicenciano, vivir las exigencias de los votos y de la vida comunitaria y sobre todo las evoluciones en estos campos. La evoluci\u00f3n es siempre decisiva para el discernimiento. Si nada cambia, si no se madura, si se permanece confuso, si se tiene dificultad para formar la personalidad y decidirse positivamente, todo esto es siempre un signo preocupante. Un profesor de seminario dec\u00eda: \u00abTodo candidato al sacerdocio al que se tenga que dedicar el doble de tiempo que a los otros, debe ser despedido inmediatamente\u00bb; y un abad benedictino: \u00abSi se duda, no hay que dudar\u00bb (m\u00e1s bien hay que rehusar). Esto no siempre se hace as\u00ed y a menudo dudamos en ser tan tajantes, sobre todo en la situaci\u00f3n actual, pero con frecuencia nos lamentamos de no haberlo hecho. Al principio, pueden esperarse cambios pero, al cabo de varios a\u00f1os, esperar todav\u00eda cambios que no llegan, es imprudencia. Incluso cuando se han visto evoluciones, las sorpresas desagradables no son imposibles. Lo mismo que los globos pueden comprimirse para entrar en un tubo y despu\u00e9s volver a recuperar su volumen anterior, puede suceder que, al salir del t\u00fanel de la formaci\u00f3n, aquellas a las que se cre\u00eda haber formado, recuperen r\u00e1pidamente su forma primitiva. Con esto no pretendo desanimar sino hacer una llamada a la humildad a todos los formadores que se creyeran m\u00e1s eficaces que Jes\u00fas con sus Ap\u00f3stoles.<\/p>\n<p><strong>1.6. La actuaci\u00f3n diferenciada de los actores<\/strong><\/p>\n<p>En los seminarios se distingue siempre lo que es competencia del acompa\u00f1ante espiritual (en el fuero interno) y lo que corresponde al superior y a los miembros del consejo (en el fuero externo). El acompa\u00f1ante juega un papel decisivo a nivel de la rectitud de las motivaciones y, a veces, a nivel de ciertas aptitudes que s\u00f3lo \u00e9l conoce, especialmente por lo que se refiere a la capacidad de vivir la castidad. Por esta raz\u00f3n puede, en algunos casos, pedir a un candidato que detenga su formaci\u00f3n, pero no dir\u00e1 nada al superior ni al consejo. El superior y su consejo se fundan en lo que se ve en la vida del seminario o en la parroquia y se pronuncian sobre las aptitudes para el ministerio. El acompa\u00f1ante espiritual, en caso de decisi\u00f3n negativa, no tendr\u00e1 m\u00e1s que aceptar el veredicto sin manifestar su desacuerdo y ayudar a su dirigido a aceptar la decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfHay algo an\u00e1logo en la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad? Confieso que no he encontrado una respuesta clara en los documentos que me han proporcionado. Veo bien el papel de la Visitadora y su Consejo que me parece ser el de un Consejo de Seminario. Veo menos claro el rol del Director que parece participar en el Consejo donde da su opini\u00f3n sin que \u00e9sta sea decisiva. Sobre todo me pregunto: \u00bfqui\u00e9n juega el papel reservado en los seminarios a los acompa\u00f1antes espirituales: la responsable de formaci\u00f3n, el confesor, el director? Creo, sin embargo, que el acompa\u00f1ante espiritual tiene un papel primordial y que confundir el terreno del discernimiento interno con el del discernimiento externo y que sean las mismas personas quienes lo ejerzan, me parecer\u00eda un poder exagerado del gobierno en lo relativo al acompa\u00f1amiento. Pero quiz\u00e1 mis interrogantes est\u00e9n fuera de lugar.<\/p>\n<p>Llego as\u00ed al t\u00e9rmino de la primera parte de mi intervenci\u00f3n. Soy muy consciente de una laguna suplementaria. Sin duda, no he tenido en cuenta suficientemente los contextos culturales en los que ustedes ejercen su misi\u00f3n. Aunque he vivido 13 a\u00f1os en \u00c1frica, he pasado casi un a\u00f1o en Estados Unidos y he visitado en varias ocasiones Colombia y Vietnam, me he situado en un contexto europeo. A ustedes les corresponde hacer las adaptaciones y puntualizaciones necesarias. Incluso apenas he desarrollado el contexto cultural europeo que, sin embargo, plantea muchos interrogantes al proyecto de vida de las Hijas de la Caridad. Muchas personas piensan que para hacer lo que hacen las Hijas de la Caridad no es necesario hacerse religiosas y que, al contrario, su estilo de vida religiosa impone muchas obligaciones y una dependencia inaceptable para mujeres hoy y, que adem\u00e1s, supone un obst\u00e1culo para su trabajo entre los pobres. \u00bfPero, se dan cuenta estas personas que las Hijas de la Caridad viven as\u00ed a fin de \u00abbeber en la fuente\u00bb este amor que necesitan para realizar estos servicios?<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 me podr\u00e1n reprochar otra laguna: haber hablado de vocaci\u00f3n sin hablar mucho de Dios que llama. Hablar de vocaci\u00f3n no es otra cosa sino buscar cu\u00e1l es la voluntad de Dios para m\u00ed. Yo no he hecho nada m\u00e1s que indicar c\u00f3mo realizarla sin hacerse ilusiones. He detallado los medios para evitarlo :<\/p>\n<ul>\n<li>purificar las motivaciones para que coincidan con la manera de ver de Dios;<\/li>\n<li>tratar de ver si uno es capaz de vivir la misi\u00f3n y el modo de vida que Vicente de Pa\u00fal y sus seguidores han asignado, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu de Dios, a la Compa\u00f1\u00eda que \u00e9l fund\u00f3;<\/li>\n<li>tener confianza en las personas a las que Dios ha confiado la responsabilidad para saber si una persona puede o no vivir de manera eficaz y feliz como Hija de la Caridad.<\/li>\n<\/ul>\n<h2><strong>2. ACOMPA\u00d1AR<\/strong><\/h2>\n<p>Cuando el tiempo de la formaci\u00f3n y del discernimiento ha terminado, todo no ha terminado. Al contrario, todo comienza. Despu\u00e9s de la calma del puerto, es preciso ahora afrontar los riesgos de alta mar. Si normalmente ya no es cuesti\u00f3n de hacer un discernimiento, es preciso verificar sin cesar si se mantiene bien el rumbo, cambiarlo a veces, hacer frente a las tempestades o superar la monoton\u00eda de los d\u00edas en los que el mar est\u00e1 demasiado tranquilo y en que el paisaje es indefinidamente el mismo. Si se ha necesitado la mirada de los dem\u00e1s para discernir sin equivocarse, se sigue necesitando la mirada de los otros para navegar sin extraviarse. Ser acompa\u00f1ado es una necesidad cuando se quiere vivir la vida religiosa con gusto y a\u00fan m\u00e1s cuando uno est\u00e1 encargado de guiar a los dem\u00e1s, de lo contrario se corre el riesgo de ver a ciegos guiando a otros ciegos.<\/p>\n<p>De nuevo me encuentro ante la pregunta que me hac\u00eda al terminar la primera parte. \u00bfCu\u00e1l es el rol del director en el acompa\u00f1amiento? \u00bfEst\u00e1 encargado de desempe\u00f1arlo \u00e9l mismo o debe cuidar solamente de que lo haga alguien? \u00bfEst\u00e1 encargado, en primer lugar, del acompa\u00f1amiento de las Hermanas Sirvientes? Como no s\u00e9 contestar a esta pregunta, voy a limitarme a indicar algunos puntos importantes a los que debe prestar atenci\u00f3n la persona que acompa\u00f1a, y me detendr\u00e9 en algunas etapas y algunas situaciones. Lo que voy a decir valdr\u00e1 igual para el acompa\u00f1ante espiritual que para cualquier persona que tenga un cometido de acompa\u00f1amiento, tambi\u00e9n en otras situaciones, incluso como responsable:<\/p>\n<p><strong>2.1. \u00bfQu\u00e9 es acompa\u00f1ar?<\/strong><\/p>\n<p>La misma palabra acompa\u00f1ar indica bien lo que quiere decir. Acompa\u00f1ar es caminar al paso de otra persona. Es el otro el que dirige la marcha y nosotros nos limitamos a ir a su lado para apoyarlo con nuestra presencia, dar nuestra opini\u00f3n sobre el camino que hay que seguir, animarlo cuando se canse, intervenir para ayudarle a salir de un callej\u00f3n sin salida o ayudarle tambi\u00e9n en caso de accidente. Es una presencia amiga que no intenta imponer el camino sino ayudar a caminar mejor. Acompa\u00f1ar no es ponerse en el lugar del otro, decidir por \u00e9l, sino dejarle decidir incluso si pensamos que se equivoca. Acompa\u00f1ar es permanecer siempre a distancia del otro, es \u00e9l quien mejor sabe lo que siente, \u00e9l el que soportar\u00e1 el peso y las consecuencias de las decisiones que tome.<\/p>\n<p>Y si lo hacemos as\u00ed, no es solamente para respetar su libertad y su conciencia, sino por respeto al Esp\u00edritu. Acompa\u00f1ar es aprender del Esp\u00edritu que habla en el otro. Caminar al paso del otro es caminar al paso del Esp\u00edritu que est\u00e1 en el otro. Es el Esp\u00edritu quien debe indicar el camino, pero el Esp\u00edritu habla en el otro y no en m\u00ed. Es el otro quien debe decir lo que siente, lo que desea, lo que le atrae; no soy yo quien ha de decirlo en su lugar. Esto supone en el acompa\u00f1ante lo que San Ignacio llamaba la indiferencia, no indiferencia ante lo que puede pasarle al otro, sino disponibilidad para acoger las llamadas del Esp\u00edritu en el otro, incluso cuando me desconcierten y no correspondan a lo que yo pensaba. Yo no s\u00e9 de antemano lo que el Esp\u00edritu va a sugerir en el otro, yo estoy disponible. No descarto nada <em>a priori,<\/em> ni siquiera lo que me sorprenda o me disguste, antes de haber comprobado si, a pesar de todo, no viene del Esp\u00edritu. Acompa\u00f1ar es desprendernos de nuestras certezas, de lo que creemos saber para acoger la novedad del Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Indiferencia no quiere decir inacci\u00f3n. No quiere decir que yo acojo todo lo que surge en el otro como venido del Esp\u00edritu; hay que hacer un discernimiento de los Esp\u00edritus. Pues, si el Esp\u00edritu puede sorprender con algunas de sus sugerencias, nunca se contradice. No puede decir a una persona que haga otra cosa distinta de lo que siempre ha dicho y hecho tanto en la Biblia, en Jes\u00fas, como en la Historia de la Iglesia y en los santos: <em>\u00ab\u2026 nadie, que hable movido por el Esp\u00edritu de Dios, puede decir: \u00a1Maldito es Jes\u00fas!\u00bb<\/em>, dice San Pablo a los Corintios (1 Co 12, 3). Nadie puede decir que es el Esp\u00edritu Santo quien le inspira si ello le lleva a hacer lo contrario del Evangelio, a sembrar la desuni\u00f3n y la discordia, a dividir la comunidad o a separarse de la Iglesia. Es entonces cuando nuestra palabra de acompa\u00f1ante debe intervenir para iluminar, recordar lo que se haya olvidado, mostrar el peso de lo que est\u00e1 en juego, pero sin querer nunca forzar la decisi\u00f3n incluso si \u00e9sta no nos parece buena.<\/p>\n<p>Acompa\u00f1ar es <em>\u00abguardar todas estas cosas en el coraz\u00f3n\u00bb<\/em>, ser memoria, saber recordar de d\u00f3nde se ha partido, mostrar el camino recorrido, llevar a la fuente para, de nuevo comenzar mejor a caminar. Acompa\u00f1ar es estar presente en los momentos dif\u00edciles, dar \u00e1nimo cuando el otro pierde la confianza, no abandonarlo ni siquiera cuando vemos que emprende caminos peligrosos y que no se sabe c\u00f3mo detenerlo o impedirle que vaya m\u00e1s lejos. Acompa\u00f1ar es ir a veces donde uno no pensaba ir, donde no quer\u00eda ir pero a donde ha ido para no dejar solo al otro. Es renunciar a uno mismo para no abandonar al otro.<\/p>\n<p><strong>2.2. Los diversos rostros del acompa\u00f1amiento<\/strong><\/p>\n<p>El t\u00e9rmino es muy rico pero la tarea no es siempre f\u00e1cil y podr\u00e1 tener diferentes rostros seg\u00fan las edades y las responsabilidades. Cada religiosa tiene su propia historia pero estas historias pasan con frecuencia por las mismas etapas.<\/p>\n<p>Los primeros a\u00f1os de la vida religiosa son a menudo el tiempo del entusiasmo y a veces del desconcierto. Entusiasmo porque al fin uno puede entregarse a fondo, porque se van haciendo descubrimientos continuamente, porque se es feliz utilizando sus fuerzas nuevas. Desconcierto porque la realidad no es como uno se imaginaba o porque las Hermanas con las que trabaja parece que no se entregan tanto como nosotras o nos miran con la compasi\u00f3n de aquellas que piensan que \u00ab\u00e9sta es todav\u00eda ingenua, y que \u2018eso ya se le pasar\u00e1\u2019 \u00ab. El acompa\u00f1amiento debe entonces educar en un sano realismo, moderar el entusiasmo y la decepci\u00f3n, saber mostrar toda la generosidad que hay en lo que parece rutinario en las Hermanas de m\u00e1s edad, de sabidur\u00eda en aquello que parece demasiado sereno, invitar a la paciencia cuando las cosas no van tan de prisa como se quisiera.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s las cosas se calman. Se so\u00f1aba con ser otro y se descubre que uno sigue siendo el mismo, que se siguen encontrando siempre las mismas dificultades a pesar de las resoluciones tomadas; que todo esto cansa mucho, que por m\u00e1s que hagamos no cambiaremos mucho, que habr\u00e1 que vivir con uno mismo y aceptarse como se es. Habr\u00e1 que ayudar a descubrir que lo que se cre\u00eda que era tibieza o falta de entusiasmo es sabidur\u00eda. Pues la madurez consiste en estar en paz con las propias inmadureces, en aceptarse como Dios nos ha hecho, pues es as\u00ed como \u00e9l nos ama, y es con lo que somos realmente y no con lo que so\u00f1amos ser, con lo que Dios quiere trabajar. La madurez es renunciar a lo que nunca podremos hacer y a lo que nunca podremos ser. No es pereza sino sabidur\u00eda, es amarnos tal como somos porque Dios nos ama as\u00ed y quiere servirse de nosotros as\u00ed. Pues con lo que somos, Dios puede hacer maravillas. Todo no es posible, pero con lo que Dios ha puesto en nosotros, son posibles muchas cosas.<\/p>\n<p>Es a veces en el tiempo de las crisis, cuando uno se pregunta si ha hecho bien en comprometerse en este camino. Cuando nos reunimos en familia, vemos a nuestros parientes o a sus amigos llevar una vida a su gusto, sin todas esas obligaciones que impone la vida religiosa. Tienen hijos y una est\u00e1 sola cuando le hubiera gustado tener un hijo en sus brazos o llevarlo de la mano y o\u00edr que le dice: \u2018mam\u00e1\u2019. Ellos viven con esa tierna complicidad de una familia y la Hermana se encuentra en medio de Hermanas no siempre comprensivas. De repente todo se vuelve oscuro y una empieza a echar de menos todo lo que ha dejado olvidando todo lo que ha ganado. A veces uno est\u00e1 dispuesto a abandonar todo para ganar el tiempo perdido, o al menos a dejarse arrastrar por alguna aventura o alguna relajaci\u00f3n para no perder todo. Ya no se ve claro, se duda, se siente uno perdido. Es en este momento cuando el acompa\u00f1ante debe estar cercano, no negar la crisis con palabras m\u00e1s o menos tranquilizadoras, como: \u00abno es m\u00e1s que un mal momento que hay que pasar, ya volver\u00e1 el \u2018buen tiempo\u2019 \u00ab. De momento es a la tormenta a la que hay que mirar de frente con la persona, no dejar de lado los interrogantes y las dudas, permitirle que se exprese hasta el final, que diga lo que nunca se ha atrevido a decir o a confesarse a s\u00ed misma, pensar incluso en lo inaceptable. Solamente cuando se acepta bajar a lo m\u00e1s profundo de uno mismo, se puede subir a la superficie. Esto permite, a menudo, ver con mayor claridad, abandonar las falsas ilusiones y decir un s\u00ed m\u00e1s realista y m\u00e1s humilde. \u00bfHubiera sido Pedro lo que lleg\u00f3 a ser, sin la prueba de la negaci\u00f3n que le hizo perder toda \u2018ilusi\u00f3n\u2019 sobre s\u00ed mismo y todo el orgullo, y que le hizo capaz de o\u00edr de nuevo el \u00abs\u00edgueme\u00bb de Cristo, como nunca lo hab\u00eda o\u00eddo? Y si la crisis lleva a pensar en rupturas y a dejar la Compa\u00f1\u00eda, es preciso a\u00fan una mayor cercan\u00eda para ayudar a la persona a encontrar de nuevo una estabilidad en la vida que comienza por otros caminos.<\/p>\n<p>Superadas estas crisis, se anuncian otras, se comienzan a sentir los primeros s\u00edntomas del ocaso de la vida. La salud ya no es la misma que antes, el cansancio se deja sentir con m\u00e1s frecuencia, le ritmo se hace m\u00e1s lento: necesitamos m\u00e1s tiempo para hacer lo que tenemos que hacer y para descansar despu\u00e9s de haberlo hecho. Quisi\u00e9ramos ocultar todo esto al menos ante los otros, mostrar que o\u00edmos, que vemos o que caminamos tan bien como antes, pero los dem\u00e1s se dan cuenta y a veces nos lo dicen. Pronto van a pedirnos que dejemos tal o cual servicio que constitu\u00eda toda nuestra vida, que nos jubilemos. Queremos retrasar este momento, tenemos miedo de no servir ya para nada y por ello de no ser ya nada. El acompa\u00f1ante debe pues ayudar a aceptar lo inevitable. Somos criaturas destinadas al envejecimiento y a la muerte. Esto forma parte de la vida e incluso de la vida espiritual. Hay un tiempo en que uno se entrega trabajando y otro dej\u00e1ndose \u2018arrancar\u2019 lo que ten\u00eda. Este tiempo es tan importante como los otros. Cristo nos lo ha ense\u00f1ado, haciendo del momento en el que entreg\u00f3 libremente su vida al Padre, el momento m\u00e1s importante de su vida y de nuestra salvaci\u00f3n: <em>\u00abEste es mi cuerpo que se entrega por vosotros\u00bb.<\/em> Entregado s\u00ed, abandonado en manos de aquellos que le entregan a la muerte, pero abandonado libremente: <em>\u00abMi vida nadie me la quita, yo mismo la doy\u00bb<\/em>. El acompa\u00f1ante debe tambi\u00e9n llevar a aquellos a quienes la vida les es arrancada a pedazos, que pierden progresivamente sus fuerzas, sus cabellos, sus ojos, sus piernas, a veces su cabeza y finalmente su vida, a no dejarse \u2018arrancar\u2019 nada sin darlo. \u00abT\u00fa me lo hab\u00edas dado, tu me lo tomas de nuevo, yo te lo doy puesto que me lo pides\u00bb. La vejez y la muerte son tambi\u00e9n vocaci\u00f3n: Dios me llama a \u00c9l, yo acepto libremente ir a su encuentro. Este acompa\u00f1amiento no es nada f\u00e1cil: uno se siente impotente y con frecuencia torpe, no se sabe qu\u00e9 decir ni qu\u00e9 hacer. A menudo no tendr\u00e1 otra cosa que hacer m\u00e1s que estar presente, sin decir nada y sin hacer nada. Es necesario aceptar esta impotencia, que ya no es sino acompa\u00f1amiento puro. Es quiz\u00e1 el momento en el que podemos percibir mejor que acompa\u00f1ar, antes que decir o hacer algo, es estar presente, muy cercano, y que a veces no ser\u00e1 m\u00e1s que eso.<\/p>\n<p>Pero no solamente hay etapas que hay que franquear, hay tambi\u00e9n tareas que cumplir y tareas que requieren un acompa\u00f1amiento. He le\u00eddo que el Director debe estar atento sobre todo al acompa\u00f1amiento de las Hermanas Sirvientes. El t\u00edtulo de \u2018sirviente\u2019 quiere decir ser fiel al Evangelio para quien mandar significa servir. Pero, ejercer la autoridad como un servicio no es una cosa tan f\u00e1cil. En primer lugar, porque las Hermanas a quienes se conf\u00eda la autoridad no hab\u00edan entrado para eso y, con frecuencia, no est\u00e1n preparadas para ejercerla. Es un arte que se aprende con el tiempo y en el que es dif\u00edcil encontrar el equilibrio. Hay autoridades bonachonas que dejan hacer y que s\u00f3lo intervienen cuando no les queda m\u00e1s remedio, y hay autoridades autoritarias que quieren dirigirlo todo. Al principio, la necesidad de afirmarse podr\u00e1 manifestarse por una cierta dureza o, al contrario, la timidez o la necesidad de sentirse querida, por el miedo a imponerse. Las cosas pueden mejorar o agravarse despu\u00e9s. En este caso y quiz\u00e1 m\u00e1s que en otros, el acompa\u00f1ante, cualquiera que sea, sobre todo si es el Director, debe respetar la responsabilidad de la persona a quien acompa\u00f1a. \u00c9l es, con frecuencia, el \u00fanico a quien ella podr\u00e1 hablar con toda confianza de lo que no puede confiar a los dem\u00e1s. El Director debe, por ello, estar todav\u00eda m\u00e1s atento a fin de no utilizar esta confianza para invadir un terreno que no es de su responsabilidad. Puede aconsejar, advertir, pero no es \u00e9l quien decide ni tiene la responsabilidad de la decisi\u00f3n. Acompa\u00f1ar es iluminar, apoyar, no decidir.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Debo reconocer que fui muy imprudente al aceptar, el pasado mes de septiembre, hablarles esta ma\u00f1ana. Y ello por tres razones principalmente. 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