{"id":31979,"date":"2016-07-27T19:00:52","date_gmt":"2016-07-27T17:00:52","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=31979"},"modified":"2016-07-27T20:21:50","modified_gmt":"2016-07-27T18:21:50","slug":"las-hijas-de-la-caridad-en-el-servicio-a-los-pobres","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/las-hijas-de-la-caridad-en-el-servicio-a-los-pobres\/","title":{"rendered":"Las Hijas de la Caridad en el servicio a los Pobres"},"content":{"rendered":"<h2>Las Hijas de la Caridad en la Iglesia<\/h2>\n<p>Las Hijas de la Caridad, libres de todo lazo externo, intro\u00adducir\u00edan en la Iglesia un nuevo estilo de vida consagrada: el <em>servicio de los pobres. <\/em>Constituyeron algo nuevo que vendr\u00eda determinado por sus obras, su modo de vivir <em>y <\/em>el esp\u00edritu que las animar\u00eda. Ello har\u00eda exclamar a San Vicente:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abDesde las mujeres que sirvieron al Hijo de Dios y a los ap\u00f3s\u00adtoles, no ha surgido en la Iglesia de Dios instituci\u00f3n alguna para este fin. Ten\u00e9is la suerte de estar entre las primeras convocadas a esta tarea, vosotras, pobres aldeanas e hijas de artesanos\u00bb (IX, 15-16).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00ab\u00bfQui\u00e9n oy\u00f3 hablar nunca de semejante obra? Ha habido muchas \u00f3rdenes religiosas, se han fundado multitud de hospitales para asistir a los enfermos y muchos religiosos se han consagrado a su servicio. Pero nadie jam\u00e1s vio hasta hoy que se cuidara a los enfermos en sus habitaciones. Si enfermaba alguien en una familia pobre, el marido era separado de la mujer, la madre de sus peque\u00f1os, el padre de su familia\u00bb (IX, 235).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abNo, hermanas m\u00edas, jam\u00e1s se ha visto a nadie hacer lo que, por la gracia de Dios, hac\u00e9is vosotras; es inaudito, hijas m\u00edas, hac\u00e9is algo nunca visto\u00bb (X, 549-555).<\/p>\n<h3>1. Ambiente hist\u00f3rico respecto a la vida religiosa en los tiempos de San Vicente<\/h3>\n<p>Para comprender mejor el gozo entusi\u00e1stico del santo, habr\u00eda que conocer brevemente cu\u00e1l era la legislaci\u00f3n vigente en ei siglo XVII.<\/p>\n<p>Tomaremos aqu\u00ed la descripci\u00f3n que hace el P. Vernaschi en su tesis sobre \u00abHijas de la Caridad para este tiempo\u00bb.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abSan Agust\u00edn encomiaba ya la vida de aquellas mujeres que deseaban servir al Se\u00f1or en castidad y que viv\u00edan completamente apartadas de los hombres. Pero quien por primera vez dicta una norma clara sobre la clausura perpetua es San Ces\u00e1reo de Arl\u00e9s en su <em>Regla para las v\u00edrgenes: Si, despu\u00e9s de separarse de sus <\/em><em>padres, alguna desea renunciar al mundo y agregarse a la santa <\/em><em>grey, que no salga del monasterio en la vida. <\/em>Tambi\u00e9n los con\u00adcilios prohiben a las monjas salir de los monasterios, salvo que no tengan alternativa.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">El Papa Bonifacio VIII es quien primero legisla propiamente sobre la clausura. Desea poner remedio al <em>peligroso y detestable estado de ciertas monjas, y <\/em>prescribe que permanezcan en sus monasterios observando clausura perpetua. No es l\u00edcito salir, excepto por muy grave enfermedad. Nadie, por honorable que sea, podr\u00e1 entrar.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Pero existieron a\u00fan monasterios abiertos y cerrados. En la \u00e9poca del Concilio Tridentino, la situaci\u00f3n hizo necesario un canon sobre la clausura de las monjas, tanto activa como pasiva. El Concilio renueva la constituci\u00f3n <em>Periculoso, <\/em>de Bonifacio VIII, e impone la clausura estricta o bien su restauraci\u00f3n donde no se observa. Queda prohibido a las monjas profesas salir del monasterio, aun por breve tiempo, bajo ning\u00fan pretexto, excepto con leg\u00edtima causa aprobada por el obispo. Se prohibe a todos la entrada en el monasterio, excepto si obtienen licencia del obispo o del superior; de otra suerte incurren en excomu\u00adni\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Se daban abusos. Santa Teresa refiere en el c. VII de su Vida: <em>Porque tomar yo libertad, ni hacer cosa sin licencia, digo <\/em>por <em>agujero o paredes o de noche, <\/em>nunca <em>me parece lo pudiera <\/em><em>acabar conmigo, en monasterio hablar de esta suerte, ni lo hice&#8230; <\/em><em>Parec\u00edarne a m\u00ed que con advertencia y de prop\u00f3sito miraba <\/em><em>muchas cosas, que poner <\/em>la <em>honra <\/em><em>de tantas en ventura, por ser <\/em><em>yo ruin, siendo ellas buenas, que era muy mal hecho&#8230; Por eso <\/em><em>me parece a <\/em>m\u00ed <em>me hizo harto da\u00f1o no estar en monasterio <\/em><em>cerrado; porque la libertad que las que eran buenas pod\u00edan tener <\/em><em>con bondad, porque no deb\u00edan m\u00e1s, que no se promet\u00eda clau\u00ad<\/em><em>sura, <\/em>para <em>m\u00ed, que soy ruin, hubi\u00e9rame cierto llevado al infierno <\/em><em>si con tantos remedios y medios el Se\u00f1or, con <\/em>muy <em>particulares <\/em><em>mercedes suyas, no me hubiera sacado de este peligro. <\/em>Y as\u00ed <em>me parece lo es <\/em><em>grand\u00edsimo <\/em><em>monasterio de mujeres con libertad, <\/em><em>y que m\u00e1s me parece es paso para <\/em>caminar <em>al infierno las que <\/em><em>quisiesen ser ruines, que remedio <\/em>para <em>su flaqueza.<\/em><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Casi todos los papas sintieron la necesidad de intervenir una o m\u00e1s veces. El decreto conciliar era oscuro: no se sab\u00eda si ata\u00f1\u00eda tambi\u00e9n a los monasterios abiertos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">El 29 de mayo de 1566, la constituci\u00f3n <em>Circo pastoralis, <\/em>del Papa P\u00edo V, resolv\u00eda esta duda:<\/p>\n<blockquote>\n<ol>\n<li>Todas las monjas ten\u00edan que observar la clausura, aunque por abuso o costurnbre no lo estuviesen haciendo; el Concilio de Trento hab\u00eda dejado subsistir costumbres opuestas con vigencia inmemorial.<\/li>\n<li>Las terciarias con votos solemnes que viv\u00edan en com\u00fan deb\u00edan observar la clausura; <em>las <\/em>de votos simples ser\u00edan inducidas a profesar solemnemente y abrazarla.<\/li>\n<li>Se prohib\u00eda a las religiosas sin votos solemnes admitir novicias, so pena de que los votos fuesen nulos.<\/li>\n<\/ol>\n<\/blockquote>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">En suma, para ser religiosa era necesario hacer votos solemnes y observar clausura, siguiendo una de las cuatro reglas aprobadas. Para la mujer, esos eran los constitutivos de la vida religiosa.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">En los monasterios abiertos hay resistencias, fugas. Algunos obispos moderaban los decretos, permit\u00edan a las monjas salir por razones de salud u otros motivos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">El 1 de febrero de 1570, con la constituci\u00f3n <em>Decori, <\/em>P\u00edo V determina meticulosamente las causas de salida: un gran incendio, caso de lepra o epidemia expresamente atestiguada y reconocida por escrito. Incurren al instante en excomuni\u00f3n mayor quienes salgan ilegalmente o permitan salir, para ser s\u00f3lo absueltos por el Papa; pierden el oficio o dignidad y se hacen ineptos para \u00e9stos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">El 23 de diciembre de 1581, con la constituci\u00f3n Dubiis, Gre\u00adgorio XIII impone asimismo severas penas. En la bula Salvatoris Nostri, del 5 de junio de 1590, Sixto V prescribe a las monjas que no se dejen ver sin velo, excepto de los propios padres, hermanos y hermanas; ir\u00e1n en compa\u00f1\u00eda de otra monja o de la priora, y no saldr\u00e1n del monasterio.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Los fermentos renacentistas hab\u00edan activado no s\u00f3lo la promo\u00adci\u00f3n del hombre, sino tambi\u00e9n la de la mujer, que entraba a compartir los bienes de la cultura. En el campo espiritual, la mujer quiso tomar parte en el apostolado, no se content\u00f3 ya con la contemplaci\u00f3n. Los fundadores, como Angela Merici, Mary Ward, Fierre Fourier y Alix Le <em>Clerc, <\/em>esbozaban una nueva concepci\u00f3n de la vida religiosa que era preciso desarrollar.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">El apostolado de la mujer: \u00a1qu\u00e9 gran fuerza al servicio de las almas! \u00bfNo podr\u00edan las mujeres lo que, desde 1540, hab\u00edan podido los cl\u00e9rigos regulares y los jesuitas? Parec\u00eda abrirse un camino, pero hab\u00eda fracasos, y los \u00e9xitos eran s\u00f3lo parciales. La ley de la clausura se ostentaba intangible: no se conceb\u00eda a una mujer haciendo apostolado por el mundo adelante. Las ursu\u00adlinas, las canonesas de San Agust\u00edn, las religiosas de Nuestra Se\u00f1ora, conciliar\u00e1n la educaci\u00f3n de la juventud con la clausura; Mary Ward ser\u00e1 condenada, y los acontecimientos forzar\u00e1n a San Francisco de Sales a hacer de sus visitadoras de los pobres monjas de clausura.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">La mentalidad de la \u00e9poca quer\u00eda para la mujer o el muro o el marido. La mujer, casada o encerrada en un convento; no hab\u00eda v\u00eda media. La religiosa fuera del claustro era un esc\u00e1ndalo, y era dif\u00edcil cambiar esta mentalidad. No se hab\u00edan recorrido, para la mujer, las etapas de las \u00f3rdenes mendicantes y los cl\u00e9rigos regu\u00adlares; ellas permanec\u00edan ancladas en el siglo XI. El Estado reconoc\u00eda y proteg\u00eda esa situaci\u00f3n; la Iglesia recurr\u00eda al Estado para reprimir los abusos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">San Vicente de Pa\u00fal aprende en los errores ajenos, en la expe\u00adriencia, en las necesidades del tiempo. Poco a poco caen los pre\u00adjuicios y la mujer se abre camino, un camino amplio, ilimitado. El \u00e9xito de Vicente es pleno y d\u00eda vendr\u00e1 en que la Iglesia retire todas sus reservas: la promoci\u00f3n de la mujer al apostolado est\u00e1 definitivamente asegurada.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Hab\u00eda ya precedentes, pero San Vicente tiene el m\u00e9rito de pro\u00adlongar, ampliar, completar lo que otros apenas iniciaron. Para que una mujer ejerciese el apostolado, era todav\u00eda preciso que renunciara a considerarse religiosa: ten\u00eda que ejercerlo por lo libre. Oficialmente, las Hijas de la Caridad no ser\u00e1n religiosas. De hecho tender\u00e1n a la m\u00e1s alta perfecci\u00f3n por la pr\u00e1ctica de una caridad sin l\u00edmites.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Las leyes, por fortuna, no ser\u00e1n aplicadas en todo su rigor. Poco a poco, los obispos comienzan a aprobar las nuevas congrega\u00adciones de votos simples, como las ursulinas de San Carlos Borromeo, el mismo a\u00f1o en que Gregorio XIII renueva la prohibici\u00f3n de su predecesor. La Santa Sede incluye en todas las aprobaciones una <em>saludable cl\u00e1usula <\/em>cuyo contenido es: no hay intenci\u00f3n de aprobar el instituto mismo.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Las Hijas de la Caridad se contentaron largo tiempo con la apro\u00adbaci\u00f3n del arzobispo de Par\u00eds; luego obtuvieron la del legado pontificio. M\u00e1s tarde todav\u00eda era preciso dar los debidos pasos cerca de la autoridad civil. La Iglesia de Francia conoc\u00eda un solo jefe administrativo, desde que hab\u00edan cesado los concilios nacio\u00adnales y provinciales: el rey. El Real Consejo comenzaba a desempe\u00f1ar funciones de concilio y tomaba decisiones sobre todas las materias clericales, mientras no tocasen a la fe y a la moral.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">El Consejo trataba de manera particular la fundaci\u00f3n de con\u00adventos y la creaci\u00f3n de nuevas \u00f3rdenes religiosas. Sus decisiones eran intimadas por la <em>Patente. <\/em>La Patente era de todo punto necesaria. Un principio com\u00fanmente admitido en Francia era: ninguna comunidad religiosa puede establecerse ni erigir monas\u00adterios sin licencia expresa del rey. El soberano tiene el derecho de ser informado para impedir lo que contrar\u00eda a los intereses estatales o a la disciplina eclesi\u00e1stica. Sin la Patente, las comu\u00adnidades carec\u00edan de existencia legal. De ella depend\u00eda la persona\u00adlidad jur\u00eddica de los institutos en territorio franc\u00e9s; merced a ella se convert\u00edan en sujetos de derechos, ejerc\u00edan por derecho la actividad propia del instituto, adquir\u00edan el necesario patri\u00admonio, emprend\u00edan un proceso, gozaban de la protecci\u00f3n del rey.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Pero la Patente deb\u00eda ser a\u00fan registrada por el Parlamento: \u00e9ste ganaba as\u00ed el control de todos sus efectos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Las Hijas de la Caridad obtuvieron por primera vez la Patente despu\u00e9s de su aprobaci\u00f3n episcopal en 1646. Extravi\u00f3se, y en noviembre de 1657 se firm\u00f3 una nueva que fue registrada por el Parlamento el 16 de diciembre al a\u00f1o siguiente\u00bb.<\/p>\n<h3><strong>2. Tentativas de vida apost\u00f3lica<\/strong><\/h3>\n<p>Hemos visto c\u00f3mo intentos similares al de San Vicente hab\u00edan tenido que resignarse al acostumbrado ideal de vida religiosa. Mary Ward, fundadora de las Damas Inglesas, pre\u00adcedi\u00f3 al santo en la iniciativa. Ella no estaba llamada a vivir entre los muros de un convento. Necesitaba acci\u00f3n y lleva al campo femenino la f\u00f3rmula de los jesuitas, cuyo trabajo en Inglaterra era conocido por ella. Durante casi veinte a\u00f1os, entre vicisitudes, logra hacer varias fundaciones, pero al fin, en 1631, el instituto es suprimido. Mary Ward, dice el P. Vernaschi, ha incurrido en una \u00fanica culpa: se ha anticipado a su tiempo en un siglo.<\/p>\n<p>San Vicente de Pa\u00fal, que no har\u00e1 alusiones a las Damas Inglesas, s\u00ed hablar\u00e1 con frecuencia de las Ursulinas, fundadas por Santa Angela de M\u00e9ricis en 1535. Hablar\u00e1 de su obra y de su estilo <em>de <\/em>vida, pero contemplar\u00e1 las dificultades por las que atraviesan y las modificaciones que sufren para ser acercadas a la vida religiosa tradicional.<\/p>\n<p>San Vicente tambi\u00e9n hablar\u00e1 a menudo de las Visitandinas, fundadas por su gran a.migo San Francisco de Sales junto a Santa Francisca de Chantal, de las que el santo lleg\u00f3 a ser director, a la muerte del fundador. Las Visitandinas fueron fundadas para realizar obras de misericordia espirituales y corporales. Pero tampoco se logr\u00f3 este intento sin aproximaci\u00f3n a la tradicional vida religiosa, pues San Vicente dir\u00e1 a sus Hijas de la Caridad que han de ser m\u00e1s virtuosas que las Visitandinas, pues \u00e9stas se recluyen, mientras que ellas tienen que estar en el mundo&#8230;<\/p>\n<p>El P. Vernaschi, en su ya mencionada tesis, dir\u00e1:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abLuisa de Marillac alude en 1630 a otro instituto: las Hijas de la Cruz. En cuanto seculares, son un precedente de las Hijas de la Caridad. Su fundadora, Madame de Villeneuve (Marie de l&#8217;Huillier), ha sido visitandina. Se propone instruir a la infancia, en particular a las ni\u00f1as pobres. Esta idea se remonta a 1619, cuando Madame de Villeneuve obtiene el apoyo de Francisco de Sales. Este le entrega copia de las primitivas constituciones de la Visitaci\u00f3n y se alegra de que otros puedan llevar a cabo su proyecto. Se form\u00f3, pues, una comunidad, primero con solas promesas, y desde el 4 de agosto de 1641 con votos simples, en dependencia de los obispos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Francisco pod\u00eda aqu\u00ed considerarse padre y ellas eran de todo punto seculares: votos simples o privados, sin clausura ni h\u00e1bito especial. Sus constituciones fueron aprobadas por el arzobispo de Par\u00eds el 27 de abril de 1646, luego por el cardenal de Vendome el 19 de mayo de 1668 y, finalmente, por el Papa P\u00edo IX el 22 de noviembre de 1853.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Madame de Villeneuve y las Hijas de la Cruz estuvieron en estrechas relaciones con San Vicente, quien apoy\u00f3 el nacimiento del nuevo instituto. Muerta madame en 1650, la acci\u00f3n de Vi\u00adcente es vital para las Hijas de la Cruz: evita que se disuelvan y halla en Madame de Traversay una protectora del instituto.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">El reformador religioso de Lorena, Pierre Fourier, sufre a causa de la ignorancia de la juventud, en especial de las muchachas. Predica las excelencias de la virginidad y atrae a las dos primeras colaboradoras: Alix Le Clerc y Gante Andr\u00e9. Alix y sus compa\u00ad\u00f1eras trabajan para mantenerse, instruyen a las ni\u00f1as en la doc\u00adtrina y ense\u00f1an a \u00e9stas a coser y gobernar la casa. Se llaman Hijas de la Bienaventurada Virgen Mar\u00eda y llevan vida mixta.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">El 29 de julio de 1559 fundan su primera casa. Las cr\u00edticas, la oposici\u00f3n, no se hacen esperar. Pierre evita apenas la ingerencia del obispo de Toul y se acoge al cardenal de Lorena, quien da su aprobaci\u00f3n. Las dificultades, incomprensiones, intransigencias, contin\u00faan hasta la aprobaci\u00f3n de Urbano VIII, pero entonces son ya religiosas de clausura.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Exist\u00edan comunidades al servicio de los enfermos, desde la Edad Media. Sus miembros no siempre estaban vinculados por voto ni observaban estricta clausura. Algunas se obligaban de modo especial al cuidado de los enfermos. Los estatutos de los Hospi\u00adtalarios de San Juan de Jerusal\u00e9n instan a tratar a los enfermos con bondad y caridad, como a los se\u00f1ores de casa. Entienden los votos como una consagraci\u00f3n al servicio de los pobres, particu\u00adlarmente de los enfermos, lo que constituye su primer compro\u00admiso, que prevalece sobre otros. Los Hospitalarios de San L\u00e1zaro de Jerusal\u00e9n hac\u00edan voto de caridad, o sea, de recibir y servir a los pobres.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">El 19 de julio de 1640, San Vicente alude a los Hospitalarios de Italia, quiz\u00e1 los Siervos de los Pobres fundados por San Camilo de Lellis, pues, seg\u00fan la bula <em>Illius qui pro gregis Domini, <\/em>de Gregorio XIV, los miembros de esta congregaci\u00f3n deb\u00edan siem\u00adpre cuidar <em>enfermos, <\/em>aun <em>apestados <\/em>(IX, 25).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">En el H\u00f3tel-Dieu hab\u00eda agustinas. Estas hac\u00edan voto de servir a los pobres enfermos. Tuvieron por esta \u00e9poca a una celosa refor\u00admadora: Genoveva Bouquet, que recibe ayuda de Vicente y de las Damas de la Caridad. Sus constituciones no dejaban lugar a duda: el servicio a los pobres enfermos ten\u00eda la preeminencia, era un honor, como una plegaria. Su vocaci\u00f3n es m\u00e1s activa que contemplativa: ante la asistencia a los pobres, han de abando\u00adnarlo todo, por espiritual que sea.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">San Vicente dice a las Hijas de la Caridad: <em>Vuestra vocaci\u00f3n y la <\/em><em>de las religiosas del H\u00f4tel<\/em><em>&#8211;<\/em><em>Dieu est\u00e1n entre las m\u00e1s grandes que <\/em><em>conozco <\/em>(IX, 131, 141).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Las Hospitalarias de la Charit\u00e9 Notre-Dame ten\u00edan un hospital en la Place Royale, en Par\u00eds: <em>Sirven a los enfermos sin salir de casa, mientras que las Hijas de la Caridad van a domicilio (IX,<\/em> 583). Seg\u00fan sus reglas, recogen s\u00f3lo a mujeres, no a hombres (X, 124)\u00bb.<\/p>\n<h3>3. Originalidad de Vicente de Pa\u00fal<\/h3>\n<h4>a) <em>Experiencia de las Cofrad\u00edas.<\/em><\/h4>\n<p>Vicente de Pa\u00fal, que nunca tiene prisa, que no quiere adelantarse a la Providencia, que es el hombre pnidente que hace de la vida su m\u00e1s valiosa experiencia, para quien todos los acontecimientos son Dios, sigue infatigable buscando su voluntad.<\/p>\n<p>As\u00ed, apenas tom\u00f3 posesi\u00f3n de la parroquia de Ch\u00e1tillon-les-Dombes, \u00e9l mismo nos cuenta:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abEstando yo cerca de Lyon, en una poblaci\u00f3n de la que la providencia me hab\u00eda hecho p\u00e1rroco, un domingo, mientras me revest\u00eda para celebrar la santa misa, vinieron a decirme que a una distancia de un cuarto de legua todos estaban enfermos, sin que quedase uno para asistir a los dem\u00e1s, y todos en una miseria indecible. No dej\u00e9 de recomendarlos con mucho afecto en el serm\u00f3n y Dios toc\u00f3 el coraz\u00f3n de los oyentes, de suerte que todos se compadecieron de aquellos desgraciados.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Despu\u00e9s de mediod\u00eda hubo reuni\u00f3n en casa de una buena se\u00f1ora, para ver de qu\u00e9 modo se les podr\u00eda ayudar, y todos estaban dispuestos a visitarlos y confortarlos de palabra y socorrerles con los propios medios.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Despu\u00e9s de v\u00edsperas tom\u00e9 conmigo a un hombre, vecino de la poblaci\u00f3n, y nos pusimos en camino para ir a verlos. Encon\u00adtramos mujeres que nos adelantaban, y de all\u00ed a poco otras que volv\u00edan. Y como era verano y hac\u00eda mucho calor, las buenas mujeres se sentaban al borde del camino para descansar y refres\u00adcarse. Total, hijas m\u00edas, eran tantas que hubi\u00e9rais cre\u00eddo ver una procesi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">&#8230; se mir\u00f3 el modo de socorrerlos y yo propuse a todas aquellas buenas personas, que la caridad hab\u00eda conducido a aquella casa, que se turnasen d\u00eda por d\u00eda para hacer la olla no s\u00f3lo a aqu\u00e9llos, sino a cuantos se presentasen en lo sucesivo. Aqu\u00e9l fue el primer lugar donde se estableci\u00f3 la Caridad\u00bb (MV 1, 90, 103-104, 108- 109; SV IV, 58-59, 208, 243-244; XI, 2-5, 169-172; XII, 7-8, 82).<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal pone a experiencia el m\u00e9todo durante unos meses y pronto hace los reglamentos de las Caridades (noviembre-diciembre de 1617), porque tem\u00eda que una buena obra comenzada \u00abse viniera abajo en poco tiempo, si para mantenerla no hubiese alguna uni\u00f3n y vinculaci\u00f3n espiritual\u00bb.<\/p>\n<p>Estas Caridades se hab\u00edan de difundir con gran rapidez por las tierras del se\u00f1or de Gondi. La Caridad de Ch\u00e1tillon ser\u00eda modelo durante mucho tiempo y contribuir\u00eda a la conversi\u00f3n de muchos. El santo afirmar\u00e1 que las Cofrad\u00edas de la Caridad \u00abhacen maravillas\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, en 1625, Vicente de Pa\u00fal fundar\u00e1 la Congre\u00adgaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, cuyos sacerdotes se servir\u00e1n de las Cari\u00addades como medios eficaces para hacer perpetuar el fruto de la misi\u00f3n.<\/p>\n<p>El P. Vernaschi, en su tesis citada, dir\u00e1:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abLuisa de Marillac fue un regalo de la providencia a las cofrad\u00edas de la Caridad. Ten\u00eda un deseo ardiente de entregarse al servicio de los pobres. Vicente, que esperaba signos todav\u00eda m\u00e1s claros de los designios de Dios sobre esta alma elegida, la env\u00eda, desde 1629, a visitar las caridades que se hab\u00edan fundado (MV I, 245, 246; SV I, 51, n.; X, 73, 75, 81&#8230;; IX, 77, 244,601).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">En 1630 surge la Caridad de San Salvador de Par\u00eds. En <strong>1631, <\/strong>seis parroquias de Par\u00eds ten\u00edan caridades. El ejemplo hab\u00eda cundido y bien pronto no hubo casi parroquia, en la ciudad o en los suburbios, sin su asociaci\u00f3n. San Vicente y Santa Luisa pusieron esmero particular en la Caridad de su propia parroquia, San Nicol\u00e1s; Luisa qued\u00f3 al frente de ella\u00bb.<\/p>\n<h4>b) <em>De las \u00absiervas <\/em><em>pagadas\u00bb a las \u00absiervas vocacionadas\u00bb.<\/em><\/h4>\n<p>Las Caridades de Par\u00eds estaban forrnadas por se\u00f1oras de la nobleza. En esto se diferenciaban de las Calidades del campo. El reglamento exigir\u00eda que los servicios fueran hechos personalmente. Pero serios obst\u00e1culos hab\u00edan de oponerse a ello. Unas veces en las farrxilias de las se\u00f1oras; otras, la repugnancia que a ellas mismas les producir\u00eda el hacer tan bajos servicios, tanto que se hac\u00edan sustituir por sus sirvientas. Nos lo dice el propio San Vicente: \u00abLa experiencia ense\u00f1a que las se\u00f1oras nobles en la Cofrad\u00eda tienen dificultad en llevar los alimentos a los pobres enfermos, hacerles las camas, darles los medicamentos y prestarles los servicios m\u00e1s bajos\u00bb (Coste XIII, 569-570, 579, 557, 566, 573).<\/p>\n<p>Este inconveniente era grave. Adem\u00e1s, faltaban tambi\u00e9n escuelas y maestros para los pobres. Buscaron, pues, chicas de origen humilde que impartieran instrucci\u00f3n y prestaran los servicios necesarios.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abEncontr\u00e9 en una misi\u00f3n a una buena campesina que se hab\u00eda entregado a Dios para instruir a la juventud en cualquier oca\u00adsi\u00f3n que se presentase. Dios la inspir\u00f3 venir a verme y yo le propuse el servicio de los pobres. Ella acept\u00f3 con gusto al ins\u00adtante y la envi\u00e9 a San Salvador, la primera parroquia en que se estableci\u00f3 la Caridad\u00bb (IX, 209).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abMargarita Naseau.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Era una pobre vaquera sin instrucci\u00f3n, que hab\u00eda aprendido a leer y escribir a costa de una gran tenacidad, pues apenas tuvo maestro o maestra fuera de Dios. Despu\u00e9s instru\u00eda a otras muchachas de su pueblo y, por fin, decidi\u00f3 ir de una aldea en otra, con otras dos o tres compa\u00f1eras que ella hab\u00eda formado, para instruir a la juventud. Dios la llam\u00f3 al servicio de los pobres enfermos de Par\u00eds y, aunque se sent\u00eda muy incli\u00adnada a proseguir el camino de la instrucci\u00f3n a la juventud, Ibandon\u00f3 esa ocupaci\u00f3n para abrazar otra que ten\u00eda por m\u00e1s perfecta y necesaria. Dios quer\u00eda que fuese la primera Hija de la Caridad, servidora de los pobres enfermos de Par\u00eds, la pri\u00admera que tuvo la suerte de entrenar a las dem\u00e1s en el modo de ense\u00f1ar a las jovencitas y de cuidar a los pobres enfermos\u00bb (IX, 77, 78; I, 76, n. 6; IX, 79, 602;X, 101; I, 185, 187).<\/p>\n<p>Margarita Naseau dio su vida en <em>el servicio de los pobres, <\/em>hasta sus \u00faltimas consecuencias. Muri\u00f3 contagiada de la peste que padec\u00eda una ni\u00f1a junto a la que se acost\u00f3.<\/p>\n<p>A Margarita habr\u00edan de seguirla otras aldeanas, dando as\u00ed comienzo humildemente a la COMPA\u00d1IA DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD. San Vicente dir\u00eda: \u00abPreguntad a la se\u00f1orita Le Gras si pensaba en la Compa\u00f1\u00eda. iAy de m\u00ed! Ni remota\u00admente. Y yo puedo deciros ante Dios que no pensaba en abso\u00adluto. \u00bfQui\u00e9n lo pensaba? Dios, hijas m\u00edas, que sab\u00eda bien lo que iba a hacer. El form\u00f3 vuestra Compa\u00f1\u00eda\u00bb (IX, 601, 208, 131,245, 455-456).<\/p>\n<h4><em>c) Una \u00abcomunidad nueva\u00bb en la Iglesia.<\/em><\/h4>\n<p>De manera concisa y clara recoge Vernaschi un nuevo per\u00edodo hist\u00f3rico de la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abEl 29 de noviembre comienza para las Hijas de la Caridad un nuevo per\u00edodo; se prolonga hasta 1645. Era necesario prevenir a las j\u00f3venes aldeanas contra los peligros y urg\u00eda adem\u00e1s cons\u00adtituir un fondo de reserva. Las j\u00f3venes, pues, fueron confiadas a la se\u00f1orita Le Gras y comenzaron a formarse en la <em>piedad y en <\/em><em>el modo de servir a los pobres. <\/em>No era una formaci\u00f3n abstracta, apartada de la realidad, sino inserta en el mundo pobre y su\u00adfriente. Ya antes de entrar en casa de la se\u00f1orita, las j\u00f3venes deb\u00edan servir en una cofrad\u00eda parroquial. Se produc\u00eda all\u00ed una primera selecci\u00f3n (II, 549, III, 54; IX, 456; X, 101; XIII, 548, 566, 570, 573, 579, 580).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">En este periodo se estaba ya fundando fuera de Par\u00eds; eran redactados reglamentos y estatutos. El 25 de marzo de 1642, Luisa y otras cuatro hermanas hicieron votos (XIII, 539, 551; V, 353; X, 638).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">El 20 de noviembre de 1646, Juan Francisco Pablo de Gondi, auxiliar de Par\u00eds, aprobaba la Compa\u00f1\u00eda, <em>baja la forma de cofrad\u00eda particular, con el nombre de Servidoras de los pobres de la Caridad. <\/em>Era, desde este momento, una asociaci\u00f3n de derecho diocesano distinta de las Damas de la Caridad. Estaban sujetas al ordinario del lugar, pero \u00e9ste delegaba su autoridad en Vi\u00adcente mientras plugiese a Dios conservarlo en vida (XIII, 558).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">La situaci\u00f3n de la Compa\u00f1\u00eda era a\u00fan fr\u00e1gil. Lo hecho por el arzobispo de Par\u00eds pod\u00eda ser deshecho por su sucesor. En 1647 se curs\u00f3, a trav\u00e9s de la reina Ana de Austria, una s\u00faplica al Papa para que la Compa\u00f1\u00eda dependiese de Vicente y sus sucesores, mas sin resultado. Ahora bien, esta dependencia era ardiente\u00admente deseada por Luisa. Cuando se quiso reconocer legalmente a la Compa\u00f1\u00eda, nadie encontr\u00f3 la aprobaci\u00f3n original de 1646, y hubo de elevarse una nueva solicitud. Juan Francisco Pablo de Gondi, arzobispo de Par\u00eds, era ahora el cardenal de Retz. El 18 de enero de 1655, desde Roma, aprobaba una vez m\u00e1s la Compa\u00f1\u00eda; quedaba de nuevo erigida en cofrad\u00eda o sociedad particular con el nombre de Servidoras de los pobres de la Ca\u00adridad. La direcci\u00f3n era confiada a Vicente y, despu\u00e9s de \u00e9l, a sus sucesores, los superiores generales de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. El acta de establecimiento era firmada por Luisa y Vicente, el 8 de agosto de aquel mismo a\u00f1o (XIII, 566, 571- 577).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Pero Retz estaba desterrado en Roma: cuidaba poco de defen\u00adder unos derechos que no ejercer\u00eda. \u00bfTendr\u00edan ese mismo desinter\u00e9s otros arzobispos? \u00bfHasta qu\u00e9 punto estaba sujeta a ellos una Compa\u00f1\u00eda que se hab\u00eda difundido en muchas otras di\u00f3cesis? Entre tanto, los fundadores morir\u00edan. En 1668, el cardenal Louis de Vend\u00f3me era legado \u00aba latere\u00bb de Clemente IX, quien, con su autoridad apost\u00f3lica, el d\u00eda 8 de junio con\u00adfirma finalmente la aprobaci\u00f3n del arzobispo de Par\u00eds.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Se ha impugnado una y otra vez la autoridad de los superiores generales de la Misi\u00f3n sobre las Hijas de la Caridad. El 8 de julio de 1882, el Papa Le\u00f3n XIII declaraba, a trav\u00e9s de la Sagrada Congregaci\u00f3n <em>de <\/em>Obispos y Regulares:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">Nada debe innovarse en el gobierno de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, pues, seg\u00fan los indultos pontificios, incumbe al Superior General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n regir y gobernar&#8230;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Era una exenci\u00f3n de hecho, pero impl\u00edcita. El privilegio de la exenci\u00f3n por derecho fue solicitado formalmente el 12 de agosto de 1946, punto crucial, pues significa que las Hijas de la Caridad se adaptaban al C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico. El I de julio de 1954, las constituciones son aprobadas por la Sagrada Congregaci\u00f3n de Religiosos\u00bb.<\/p>\n<p>Las Hijas de la Caridad, \u00abcomunidad nueva\u00bb en la Iglesia, son \u00abllamadas y reunidas por Dios para honrar a Nuestro Se\u00f1or jesucristo como manantial y modelo de toda caridad, sirvi\u00e9ndole corporal y espiritualmente en la persona de los pobres\u00bb (Reglas Comunes). Sus fundadores la.s exhortar\u00e1n continuamente a servir a los pobres con DULZURA, RESPETO y CORDIALIDAD. San Vicente llega a decir a las hermanas: \u00abLos pobres son vuestros amos y se\u00f1ores\u00bb.<\/p>\n<p>Un <em>servicio realizado con humildad, sencillez <\/em>y <em>caridad, <\/em>ser\u00e1 la obsesi\u00f3n del santo, y as\u00ed se lo dir\u00e1 mil veces a sus hijas en sus innumerables conferencias. Estas tres virtudes, les dir\u00e1, \u00abson como las tres potencias del alma\u00bb y har\u00e1n que constituyan el esp\u00edritu de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Santa Luisa dir\u00e1 tambi\u00e9n que \u00abla Compa\u00f1\u00eda sirve a los pobres que carecen de todo. Proponeos s\u00f3lo servir a los pobres&#8230;\u00bb. Y San Vicente lo completar\u00e1 diciendo: \u00abLas Hijas de la Caridad est\u00e1n s\u00f3lo para los pobres enfermos que nadie atiende\u00bb.<\/p>\n<p>Todo este legado vicenciano, del que tantos vol\u00famenes hay escritos, podr\u00eda condensarse hoy, para definir a las Hijas de la Caridad, como lo hacen sus constituciones actuales:<\/p>\n<ul>\n<li>Entregadas a Dios.<\/li>\n<li>En comunidad.<\/li>\n<li>Para el servicio de los pobres, de todos los pobres.<\/li>\n<li>Por todas partes.<\/li>\n<li>Con un esp\u00edritu evang\u00e9lico de humildad, sencillez y caridad.<\/li>\n<\/ul>\n<p>Y con ese bagaje las Hijas de la Caridad llegar\u00e1n a todas las partes del mundo&#8230;<\/p>\n<h2>Dimensi\u00f3n social de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad<\/h2>\n<p>Es casi imposible abordar la dimensi\u00f3n social de una obra, si no se la sit\u00faa en el marco adecuado. As\u00ed, pues, querer hablar de la dimensi\u00f3n social de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, como obra de Vicente de Pa\u00fal y de Luisa de Marillac, exige conocer qui\u00e9nes son sus contempor\u00e1neos, y m\u00e1s en concreto, qui\u00e9nes son los pobres del siglo XVII. Y esto aunque sea de manera muy somera.<\/p>\n<p>El P. Ib\u00e1\u00f1ez Burgos, en su obra \u00abSan Vicente de Pa\u00fal y los pobres de su tiempo\u00bb, dice que \u00abel pobre var\u00eda a trav\u00e9s del espacio y del tiempo. Cada \u00e9poca produce sus pobres. La refe\u00adrencia a la misma ense\u00f1anza evang\u00e9lica induce, incluso, a tomar actitudes y opciones muy diversas en la manera de comprender y de vivir la pobreza o de luchar contra ella&#8230; El estudio de la Historia Social del siglo XVII revela una doble realidad: la po\u00adbreza aparece con diversos rostros y los pobres est\u00e1n clasifi\u00adcados en categor\u00edas diferentes. El mundo de los pobres es diverso. Sin embargo, esta diversidad no hace desaparecer su unidad. Por esta raz\u00f3n, se requiere precisar las semejanzas y diferencias fundamentales que unen y separan a los pobres que viven en la sociedad o que permanecen al margen de esta misma sociedad, es decir, <em>al pobre, al mendigo, al vagabundo&#8230;<\/em><\/p>\n<p>El significado de la palabra pobre, en el siglo XVII, no se reduce al sentido econ\u00f3mico. En sentido amplio del t\u00e9rmino, pobre es el que sufre, el que se encuentra en la desdicha, el humilde. En sentido m\u00e1s estricto, pobre es el que se encuentra viviendo continuamente en la penuria, en la necesidad\u00bb.<\/p>\n<p>Siguiendo al mismo autor, dice que \u00abel siglo XVII consi\u00addera pobres a quienes est\u00e1n constantemente amenazados de caer f\u00e1cilmente en la pobreza, desde la incertidumbre en que se encuentran todos los d\u00edas de poder conseguir los medios nece\u00adsarios para poder vivir. Esta preocupaci\u00f3n constante es suma\u00admente reveladora de las inestabilidades de las masas populares. Ello indica, y en definitiva explica, que el siglo XVII llame pobres a quienes est\u00e1n acechados cada d\u00eda por la pobreza y, al m\u00e1s m\u00ednimo incidente de la coyuntura hist\u00f3rica, se ven envueltos en ello. Los inventarios realizados en Beauvais, Amiens, Lyon, Par\u00eds, confirman que muchos peque\u00f1os campe\u00adsinos, obreros de la ciudad y del campo, peque\u00f1os artesanos, son asistidos por la caridad p\u00fablica o privada. Los pobres, en consecuencia, se reclutan sobre todo en el mundo del trabajo, entre quienes no poseen ning\u00fan bien. Por eso, muchos campe\u00adsinos, a causa de diversos incidentes, se enrolan en el paupe\u00adrismo, y muchos artesanos, que no pueden alimentar con su salario a su familia, tienen que ser socorridos. No hay que extra\u00f1arse, pues, del sentido tan amplio del t\u00e9rmino pobre\u00bb.<\/p>\n<p>Y contin\u00faa el P. Ib\u00e1\u00f1ez Burgos \u00abque si es dif\u00edcil y sutil determinar las variaciones del umbral de la pobreza, y de esta manera poder catalogar a los pobres, sus consecuencias son, por el contrario, muy claras. La m\u00e1s inmediata consiste en forzar a la mendicidad a la mayor\u00eda de la clase humilde. La prueba est\u00e1 en que, por todas partes, los pobres, incluso si ellos no mendigan, env\u00edan o permiten f\u00e1cilmente vagabundear o mendigar a sus hijos.<\/p>\n<p>Entre los adultos, la tipolog\u00eda de mendigos se parece demasiado a la de los pobres. En <em>sus <\/em>filas existen ancianos y viudas, pero tambi\u00e9n se encuentran enfermos, j\u00f3venes, obreros sin trabajo. Infortunados que no ten\u00edan m\u00e1s que su trabajo para vivir y que ya no pueden trabajar, o que su trabajo no les da para vivir. Pobres y mendigos son con relativa frecuencia los mismos en los per\u00edodos de crisis sociales\u00bb.<\/p>\n<p>La tesis que expone el P. Ib\u00e1\u00f1ez Burgos, en el cap\u00edtulo IV de su citada obra, es francamente apasionante e ilustra maravillosamente el tema, pero es imposible seguir transcri\u00adbi\u00e9ndola aqu\u00ed. Baste este \u00abflash\u00bb que concluye con los \u00faltimos p\u00e1rrafos del mencionado cap\u00edtulo.<\/p>\n<p>\u00abDurante la guerra franco-espa\u00f1ola, y sobre todo durante y despu\u00e9s de Ia Fronda, es dif\u00edcil distinguir a los profesionales de la mendicidad y del vagabundeo, de los pobres obreros y campesinos obligados a abandonar su trabajo y a mendigar su vida para poder subsistir. El vagabundeo aumenta y los campesinos se unen en grandes grupos para poder defender su existencia. Reaccionando instintivamente contra su sociedad y un poder, intentan subsistir por el robo y el crimen&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal, conmovido ante el espect\u00e1culo de una multitud de pobres campesinos convertidos en mendigos, escribe estas palabras el 8 de octubre de 1649: \u00abLos pobres que no saben a donde ir ni qu\u00e9 hacer, que sufren y que se multi-plican todos los d\u00edas, constituyen mi peso y mi dolor\u00bb.<\/p>\n<p>La intervenci\u00f3n del poder central intentar\u00e1 afrontar el problema de la miseria, de la mendicidad y del vagabundeo, decretando por edicto real, en abril de 1656, la creaci\u00f3n del Hospital General de Par\u00eds, donde pobres y mendigos ser\u00e1n encerrados.<\/p>\n<p>El espect\u00e1culo de miseria vivido por Vicente de Pa\u00fal no hab\u00eda sido tan grande en Francia como lo era en aquella \u00e9poca. El pa\u00eds estaba en lamentable situaci\u00f3n a todos los niveles. Las guerras de religi\u00f3n, las guerras civiles complicadas con las extranjeras, hab\u00edan dado lugar a un abandono total del campo, despu\u00e9s de haber sido devastado por los ej\u00e9rcitos; las ciudades rebosaban obreros sin trabajo, vagabundos de todas clases. Los hospitales se quedaban peque\u00f1os y no daban abasto; ni siquiera el viejo Hospital General era capaz de albergar a tanto enfermo, en el cual estaban \u00abamontonados unos sobre otros\u00bb, en expresi\u00f3n de Hanotaux.<\/p>\n<p>En este escenario va a tener su expresi\u00f3n y expansi\u00f3n la dimensi\u00f3n social de Ia Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, impulsada por Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac. Ellas inten\u00adtan socorrer las miserias a los refugiados en los caminos, a los enfermos en sus propios domicilios, en los hospitales, reco\u00adgiendo a los ancianos abandonados, a los ni\u00f1os exp\u00f3sitos&#8230;<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal sufre en su carne dolorosamente el intento de \u00abencerrar a los pobres\u00bb, de hacerlos desaparecer de las calles, de la sociedad, porque constituyen una lacra para Francia. No se distingue entre ellos al que es un pobre campesino, un obrero sin trabajo, del que es un vagabundo de profesi\u00f3n, si est\u00e1 enfermo como si no. Todos han de ser recluidos y condenados a morir fuera de la sociedad&#8230;<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal hab\u00eda vivido la experiencia de una caridad mal organizada, cuando era p\u00e1rroco en Ch\u00e1tillon-les-Dombes. El conoce tambi\u00e9n la situaci\u00f3n deplorable de los hospitales y se pone a trabajar en este campo. Con las Hijas de la Caridad y las Damas del H\u00f3tel-Dieu, participa en la reforma y en la organi\u00adzaci\u00f3n de estos establecimientos de enfermedad y de miseria. A partir de 1639, las Hijas de la Caridad no s\u00f3lo atender\u00e1n a los enfermos en sus domicilios, sino que tambi\u00e9n lo har\u00e1n en los hospitales. La exhortaci\u00f3n que Vicente de Pa\u00fal hace en los reglamentos para la atenci\u00f3n a los enfermos, invita a pensar en la ternura m\u00e1s grande que pueda dispensarse&#8230;<\/p>\n<p>El despliegue social de la obra de Vicente de Pa\u00fal abarca cualquier aspecto, porque la miseria de su tiempo tambi\u00e9n llegaba a todos los rincones.<\/p>\n<p>As\u00ed, la obra de los ni\u00f1os exp\u00f3sitos es tambi\u00e9n encomen\u00addada a las Damas y a las Hijas de la Caridad. Vicente de Pa\u00fal conoce el abuso que se tiene con estos ni\u00f1os, que eran vendidos y utilizados para excitar la piedad del p\u00fablico, y lograr as\u00ed que les diesen limosna, luego los dejaban morir de hambre. En 1638, a pesar de las dificultades que encontr\u00f3, se ocupa de esta nueva obra, que no ser\u00e1 respuesta a ning\u00fan programa previsto, sino que tendr\u00e1 \u00e9xito gracias al buen sentido organizador de Vicente o a lo que llamamos hoy una gran \u00abmentalidad social\u00bb.<\/p>\n<p>Advirtiendo las dificultades que las Hijas de la Caridad tienen en este trabajo, les dir\u00e1: \u00abEs un trabajo duro, cierto, hijas m\u00edas, pero es motivo de agradar a Dios\u00bb.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal en esta obra, con la impon\u00adderable ayuda de Luisa de Marillac, marca un claro progreso social en el siglo XVII. Los prejuicios que exist\u00edan acerca de los exp\u00f3sitos, se quiebran ante la obra de Vicente, a trav\u00e9s de la cual ense\u00f1\u00f3 a su tiempo c\u00f3mo debe actuarse para que resulte eficaz.<\/p>\n<p>En expresi\u00f3n de Dirvin, \u00abla obra de los exp\u00f3sitos fue el primer intento organizado con criterios modernos en el campo del bienestar de la infancia. llegar\u00eda a ser una de las obras principales de las Hijas de la Caridad\u00bb (\u00abSanta Luisa de Mari\u00adllac\u00bb, p\u00e1g. 154).<\/p>\n<p>A lo largo del camino de Vicente de Pa\u00fal, es una constante en su vida, algo que le compromete de continuo, el luchar contra toda pobreza. Es claro en \u00e9l que, para cumplir perfecta\u00admente la ley del amor, su testimonio ha de basarse en un ser\u00advicio hecho a los pobres, en una entrega total a ellos, a partir del \u00abdon de s\u00ed\u00bb. Y a esta constante a\u00f1adir\u00e1 otra: la de <em>organizar la caridad.<\/em><\/p>\n<p>As\u00ed instruir\u00e1 continuamente a sus Hijas de la Caridad, lo mismo que a los sacerdotes de la Misi\u00f3n y a las Damas, que han de estar abiertos y muy atentos a las necesidades nuevas que van surgiendo y a las posibilidades que la Providencia de Dios depare para aliviar esas necesidades.<\/p>\n<p>A Vicente de Pa\u00fal le duele la esclavitud de los pobres. Su gesto continuo est\u00e1 orientado a liberarles de la pobreza material y espiritual, de esa pobreza que no afecta s\u00f3lo al tener, sino al ser.<\/p>\n<p>Toda esta obsesi\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal la traducir\u00e1 en lo que \u00e9l llama \u00abamor afectivo y efectivo\u00bb; y as\u00ed, en febrero de 1653, dir\u00e1 a sus Hijas de la Caridad:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00ab&#8230; Un coraz\u00f3n que ama a nuestro Se\u00f1or no puede sufrir su au\u00adsencia y tiene que unirse con \u00e9l por ese amor afectivo que pro\u00adduce a su vez el amor efectivo&#8230; que consiste en el ejercicio de obras de caridad, en el servicio a los pobres, emprendido con alegr\u00eda, entusiasmo, constancia y amor. Estas dos clases de amor son como la vida de las Hijas de la Caridad&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Por eso, Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac no dudan tam\u00adpoco en hacer de las Hijas de la Caridad, en 1640, las siervas de los condenados a galeras. Las dan un reglamento en el que queda patente la preocupaci\u00f3n por las hermanas y por los pobres forzados. Aqu\u00ed encomienda a las Hijas de la Caridad una de las tareas m\u00e1s duras y delicadas que pudieran haberse hecho en aquel tiempo. El lo sabe y por eso las dir\u00e1: \u00bb i0h, hermanas, qu\u00e9 felicidad servir a estos pobres forzados!\u00bb. Y m\u00e1s tarde las enviar\u00e1 tambi\u00e9n a los campos de batalla&#8230;<\/p>\n<p>Como una de las fuertes consecuencias de las guerras fue la incultura a que se vio sometida Francia, a Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac les preocupaba tambi\u00e9n el abordar este nuevo tipo de miseria, nueva llamada de Dios. Sin embargo, no era f\u00e1cil que las Hijas de la Caridad pudieran afrontarla, ya que entre ellas mismas abundaban Ias analfabetas.<\/p>\n<p>Pero ello no pod\u00eda obstaculizar el ardor de los dos santos. Luisa, que estaba perfectamente instruida en las letras y en las artes, se constituye en maestra, a la vez, de sus Hijas y de las ni\u00f1as pobres.<\/p>\n<p>Y as\u00ed la Compa\u00f1\u00eda, comprometida cada vez m\u00e1s, \u00aburgidas por la calidad, se lanzan a la instrucci\u00f3n de la juventud\u00bb. En mayo de 1641, Luisa de Marillac recibe la aprobaci\u00f3n para su primera escuela en Par\u00eds:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abEn raz\u00f3n de nuestra dignidad de chantre de dicha Iglesia de Par\u00eds, el mantenimiento y gobierno de las peque\u00f1as escuelas de la ciudad, de los arrabales y afueras de Par\u00eds, nos ata\u00f1e y nos pertenece, y habi\u00e9ndoos encontrado digna de llevar las escuelas, despu\u00e9s de nuestro exarnen, despu\u00e9s de la opini\u00f3n de su p\u00e1rroco y del testimonio de todos los dem\u00e1s dignos de cr\u00e9dito, conociendo la vida de usted, costumbres y religi\u00f3n cat\u00f3lica, le concedemos a este respecto la licencia y otorgamos la facultad de dirigir las escuelas y ejercerlas en la calle llamada el Barrio de San L\u00e1zaro, en el distrito de San Dionisio, y con el cargo de ense\u00f1ar a las ni\u00f1as pobres solamente y no a otras, y educarlas en las buenas costumbres, letras gramaticales y otros piadosos y honestos ejercicios, habiendo tomado antes su juramento de dirigir diligente y fielmente las dichas escuelas seg\u00fan nuestros estatutos y ordenanzas&#8230;\u00bb (A.R.B., Luisa de Marillac, colocada despu\u00e9s de la carta n\u00famero 41),<\/p>\n<p>Con el sentido de justicia de Vicente de Paul, escribe <strong>a <\/strong>Luisa de Marillac, refiri\u00e9ndose a un catecismo cuya doctrina le parec\u00eda a ella elevada para las Hermanas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abSer\u00eda bueno que se lo leyera a nuestras Hermanas y usted misma se lo explicase, con el fin de que todas lo aprendieran y lo profundizaran para ense\u00f1ar, pues, ya que es necesario que ense\u00f1en, es preciso que sepan\u00bb (A.R.B., consejo de 22 de marzo de 1648).<\/p>\n<p>Y, posteriormente, en una de sus conferencias, dir\u00e1 a las Hermanas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abLa Sagrada Escritura dice que la caridad bien entendida em\u00adpieza por uno mismo, y el alma debe preferirse al cuerpo. As\u00ed, pues, es cosa necesaria el que las Hijas de la Caridad instruyan a los pobres en las cosas necesarias de la salvaci\u00f3n, y para esto es preciso que est\u00e9n instruidas primeramente ellas mismas, antes de poder ense\u00f1ar a los otros\u00bb (Coste X, 627).<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 se puede deducir de este despliegue de acci\u00f3n carita\u00adtiva de Vicente de Pa\u00fal a trav\u00e9s de las Hijas de la Caridad? \u00bfQu\u00e9 clase de esp\u00edritu est\u00e1 infundiendo en ellas? \u00bfC\u00f3mo no explicarse su estrategia al colocarlas en medio del mundo, de una manera secular?<\/p>\n<p>Las Hijas de la Caridad, en sus or\u00edgenes, beben en su santo fundador unos criterios de acci\u00f3n caritativa y social, cuya proyecci\u00f3n se extender\u00e1 por los siglos futuros y a lo largo y ancho de la geograf\u00eda del mundo.<\/p>\n<p>De Vicente de Pa\u00fal aprender\u00e1n que las necesidades y los acontecimientos son los signos m\u00e1s evidentes de la voluntad de Dios. Y que la acci\u00f3n debe estar orientada a establecer una uni\u00f3n con Dios. Por ello dir\u00e1: \u00abTodas estas cosas deben ser rea\u00adlizadas por el \u00fanico motivo de agradar a Dios y para imitar en ello, en cuanto sea posible, a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que hizo siempre las mismas cosas y por el mismo fin&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Infundir\u00e1 en las Hijas de la Caridad la idea de que la po\u00adbreza s\u00f3lo puede tener sentido como medio para solidarizarse con quienes la padecen, pero que es necesario asumirla como un mal y, desde ah\u00ed, liberar a los hombres de ella. Por tanto, una acci\u00f3n caritativa al estilo vicenciano arranca a las Hijas de la Caridad una cr\u00edtica radical que las empuja a ejercer una acci\u00f3n liberadora.<\/p>\n<h2>La identidad vicenciana a trav\u00e9s de Luisa de Marillac<\/h2>\n<p>Luisa de Marillac, en apariencia una mera ejecutora de los criterios de Vicente, es la \u00abmujer fuerte\u00bb que dinamiza eI pensa\u00admiento del santo y lo hace vida en sus Hijas de la Caridad, a las que instruye d\u00eda a d\u00eda y para las que vive totalmente entregada, al mismo tiempo que para los pobres.<\/p>\n<p>Luisa de Marillac es la piedra sobre la que el Gran Art\u00ed\u00adfice, Dios, por medio del mejor cincel, Vicente, va logrando el modelo m\u00e1s perfecto de Hija de la Caridad para todos los tiem\u00adpos: humilde, sencilla, caritativa, cuya intuici\u00f3n en el tiempo fue sin precedentes. Logr\u00f3 uno de los mejores medios de man\u00adtener viva la Compa\u00f1\u00eda: la unidad, en la dependencia del Supe\u00adrior General de la Misi\u00f3n. Este logro, tan discutido a veces hasta por \u00ablos de casa\u00bb, es el que hace que las Hijas de la Caridad mantengan su esp\u00edritu en plena vitalidad. Ese \u00abesp\u00edritu\u00bb, que los PP. Paules contribuyen a alimentar con sus ense\u00f1anzas, apren\u00addidas tambi\u00e9n del padre com\u00fan: Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Puesto que el gran santo de la caridad sol\u00eda decir \u00abfirmes en el fin, flexibles en los medios\u00bb, las Hijas de la Caridad han cambiado, sin duda, en su forma de ejercer la caridad; pero, porque la Compa\u00f1\u00eda es una comunidad apost\u00f3lica, el apostolado sigue siendo su raz\u00f3n de ser.<\/p>\n<p>Por mucho que cambien las \u00abformas\u00bb, los \u00abdinamismos\u00bb heredados de Vicente de Pa\u00fal y de Luisa de Marillac, est\u00e1n ah\u00ed:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abLas Hijas de la Caridad, fieles a su bautismo y en respuesta a un llamamiento divino, se consagran por entero y en comunidad al servicio de Cristo en los pobres, sus hermanos, con un esp\u00edritu evang\u00e9lico de humildad, sencillez y caridad.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Un mismo amor anima y dirige sus servicios: por la fe saben que es Dios quien las espera en los que sufren. San Vicente expresa esa unidad din\u00e1mica de su vida cuando dice: &#8216;Sois pobres Hijas de la Caridad que os hab\u00e9is entregado a Dios para el servicio de los pobres&#8217; \u00bb (Constituciones Hijas de la Caridad, 1.4).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abLa regla de las Hijas de la Caridad es Cristo, y se proponen imitarle bajo los rasgos con que la Escritura le revela y los fundadores le descubren: Adorador del Padre, Servidor de su designio de Amor, Eva.ngelizador de los Pobres.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Para seguirle m\u00e1s de cerca y prolongar su misi\u00f3n, las Hijas de la Caridad eligen vivir total y radicalmente los consejos evang\u00e9licos de castidad, pobreza y obediencia, que les permiten estar disponibles para el fin de la Compa\u00f1\u00eda: el servicio de Cristo en los pobres. Todas y cada una confirman personalmente su donaci\u00f3n total al Se\u00f1or en la Compa\u00f1\u00eda por medio de votos anuales\u00bb (Const., 1.5).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abLos fundadores vieron en la vida fraterna uno de los apoyos esenciales de la vocaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad. Esa vida com\u00fan y fraterna se desarrolla en la comunidad local, donde las hermanas colaboran con fe y alegr\u00eda, dan testimonio de Cristo y rehacen sus fuerzas con miras a la misi\u00f3n\u00bb (Const., 1.6).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abLas Hijas de la Caridad contemplan a Cristo, a quien encuen\u00adtran en el coraz\u00f3n y en la vida de los pobres, donde su gracia no cesa de actuar para santificarlos y salvarlos. Tienen la preocupa\u00adci\u00f3n primordial de darles a conocer a Dios, anunciarles a Jesu\u00adcristo, su \u00fanica Esperanza, y decirles que el reino de los cielos est\u00e1 cerca y es para ellos&#8230; En una mirada de fe ven a Cristo en los pobres y a los pobres en Cristo, y se esfuerzan por servirle en sus miembros dolientes &#8216;con dulzura, compasi\u00f3n, cordia\u00adlidad, respeto y devoci\u00f3n&#8217; \u00bb (Const., 1.7).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abDel Hijo de Dios aprenden las Hijas de la Caridad que no hay miseria alguna que puedan considerar como extra\u00f1a a ellas. Cristo interpela continuamente a su Compa\u00f1\u00eda por medio de sus hermanos que sufren, de los signos de los tiempos, de la Iglesia&#8230; M\u00faltiples son las formas de pobreza, m\u00faltiples tam\u00adbi\u00e9n las formas de servicio, pero uno solo es el amor que Dios infunde en las que ha llamado y reunido&#8230;\u00bb (Const. 1.8).<\/p>\n<p>Qu\u00e9 duda cabe que, al leer este corto elenco de las consti\u00adtuciones de las Hijas de la Caridad, se est\u00e1 poniendo de relieve lo que fuera la preocupaci\u00f3n de Vicente de Pa\u00fal, vivida por Luisa de Marillac y transmitida a sus Hijas, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n:<\/p>\n<ul>\n<li>Vivencia de la fe y la caridad: \u00abUn mismo amor anima y dirige su servicio&#8230;\u00bb.<\/li>\n<li>Sentido y actitud de <em>siervas: <\/em>\u00abSois pobres Hijas de la Caridad&#8230;\u00bb.<\/li>\n<li>Sensibles ante los pobres y ante las m\u00faltiples formas de pobreza: \u00abDel Hijo de Dios aprenden&#8230; que no hay miseria alguna que puedan considerar como extra\u00f1a&#8230;\u00bb.<\/li>\n<li>Disponibilidad, secularidad: \u00abEnviaron a las Hijas de la Caridad al encuentro con los pobres&#8230; y las dieron por monas\u00adterio las <em>casas <\/em>de los enfermos; por celda, un cuarto de alquiler; por capilla, la parroquia; por claustro, las calles de la ciudad y las salas de los hospitales; por clausura, la obediencia; por rejas, el temor de Dios; por velo, la santa modestia&#8230;\u00bb (Cfr. Const., 1.9).<\/li>\n<\/ul>\n<p>Y as\u00ed podr\u00edamos seguir y no agotar el tesoro vicenciano puesto a descubierto, asom\u00e1ndose a la vida de Luisa de Mari, Ilac y de cuantas la secundaron.<\/p>\n<h2><strong>Fidelidad a los or\u00edgenes y renovaci\u00f3n para nuestro tiempo<\/strong><\/h2>\n<p>Hasta aqu\u00ed no era dif\u00edcil seguir tras las huellas de Vicente de Pa\u00fal y de Luisa de Marillac, puesto que se trataba m\u00e1s de una \u00abmirada al pasado\u00bb. Las dificultades empiezan cuando hay que situarse en un presente, donde el primer dato de \u00abfidelidad\u00bb tiene que ser la justicia y la objetividad para poner las cosas en su justa medida. M\u00e1s dif\u00edcil a\u00fan ser\u00e1 intentar ponerse en clave de futuro.<\/p>\n<h3>1. Fidelidad. \u00bfEn qu\u00e9?<\/h3>\n<p>La Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, desde el Con\u00adcilio, ha hecho verdaderos esfuerzos de renovaci\u00f3n, que no es necesario poner de relieve porque est\u00e1n ah\u00ed. Bien es verdad que, de no haberse dejado \u00abempolvar\u00bb durante alg\u00fan tiempo por el peso y el paso de las circunstancias, la Compa\u00f1\u00eda hubiera podido \u00abvivir de las rentas\u00bb. \u00a1Era tan grande el capital que here\u00addaron!<\/p>\n<p>Mas, es de temer que durante alg\u00fan tiempo no hici\u00e9ramos buen uso de \u00e9l, empezando a malgastar la hacienda:<\/p>\n<ul>\n<li>\u00bfAcaso perdiendo la disponibilidad?<\/li>\n<li>\u00bfInstitucionalizando el servicio?<\/li>\n<li>\u00bfPerdiendo la libertad e hipotecando nuestra origina\u00adlidad por un falso entendimiento de fidelidad a la Iglesia?<\/li>\n<li>\u00bfDa\u00f1ando nuestra \u00absecularidad\u00bb por una no compren\u00adsi\u00f3n de la diversidad de los carismas, de la estrategia vicenciana, y en \u00abfidelidad\u00bb mal entendida a las normas de la Iglesia?<\/li>\n<li>\u00bfViendo como bueno <em>todo, <\/em>sin distinguir que, aunque as\u00ed sea, \u00abel pan de casa siempre es mejor\u00bb.<\/li>\n<\/ul>\n<p>La letan\u00eda anal\u00edstica podr\u00eda no terminarse. S\u00f3lo el Santo Esp\u00edritu podr\u00eda dictaminar&#8230;<\/p>\n<p>Felizmente, hoy, las aguas empiezan a volver a su cauce. La Compa\u00f1\u00eda redescubre con ilusi\u00f3n y ojos nuevos su carisma de \u00abservicio de los pobres\u00bb, y lo est\u00e1 redescubriendo con una fuerza arrolladora tal que, \u00a1ojal\u00e1!, todas las Hijas de la Caridad sepamos asimilar convenientemente. Habremos de tener mucha paciencia. El peso institucional va a ser lo m\u00e1s dif\u00edcil de des\u00adcargar de nuestros hombros. Ello har\u00e1 m\u00e1s lenta la recupera\u00adci\u00f3n de nuestra agilidad.<\/p>\n<p>Tengo la impresi\u00f3n de que las Hijas de la Caridad estamos de nuevo como Vicente de Pa\u00fal tras la guerra de la Fronda: miseria a <em>derecha e izquierda. <\/em>Y tambi\u00e9n por la guerra, guerra del odio, del ego\u00edsmo <em>y de <\/em>la incomprensi\u00f3n, que de nuevo ha generado pobres, hu\u00e9rfanos, presos, ancianos, drogradictos&#8230;; la m\u00e1s variada gama de marginados que grita a la Compa\u00f1\u00eda: \u00a1Fidelidad aqu\u00ed y ahora, si quer\u00e9is que sea verdad que Vi\u00adcente vive&#8230;!<\/p>\n<h3>2. Fidelidad. \u00bfC\u00f3mo?<\/h3>\n<p>Aqu\u00ed no hay nada que inventar. En definitiva, se trata de \u00abser\u00bb y \u00abvivir\u00bb para no incurrir en contradicci\u00f3n o pecado contra la Luz, al haber logrado, por una parte, llegar a conocer mejor nuestra identidad y, por otra, no dedicarse resuelta\u00admente a vivida (Cfr. Ecos de la Compa\u00f1\u00eda n\u00fam. 4, abril 1981, P. Lloret).<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abSer hoy siervas de los pobres \u2014ha dicho nuestra Superiora General, Sor Luc\u00eda Rog\u00e9\u2014 en la l\u00ednea del carisma primitivo que recibieron los fundadores, significa responder a una lla\u00admada a la conversi\u00f3n tan desconcertante y radical como lo fuera en el siglo XVII.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Hemos de reconsiderar las verdaderas perspectivas que nos pre\u00adsenta nuestro carisma con sus imperativos.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">En primer lugar, existimos para los pobres.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Segundo, estamos para servirles en sus necesidades corporales y espirituales. Somos sus siervas. En una visi\u00f3n de fe, somos las siervas de Cristo en ellos. Los pobres tienen derecho a poder reconocer a sus siervas a trav\u00e9s de la pobreza de su estilo de vida, de c\u00f3mo comparten sus mismas inquietudes, de una solidaridad que se expresa tambi\u00e9n en la oraci\u00f3n por ellos y en nombre suyo.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Siervas, sirvientas&#8230; \u00bfQu\u00e9 hemos de entender por ello? Tenemos que volver a la idea de disponibilidad absoluta ante sus necesidades, para prestarles servicios que nadie, fuera de nosotras, les presta. Lo mismo que cuando se trataba de los enfermos del siglo XVII, tales servicios tienen que contribuir:<\/p>\n<blockquote>\n<ul>\n<li>A permitirles subsistir, a hacer que se les respete, a promocionados, a devolverles la confianza y la Esperanza.<\/li>\n<li>A restablecerles en su dignidad humana, corporalmente \u2014mediante la limpieza, por ejemplo\u2014 y espiritualmente, con la estima y la amistad.<\/li>\n<li>A darles amor, anunci\u00e1ndoles la Buena Noticia con el testimonio de nuestra vida y, siempre que sea posible, con la palabra.<\/li>\n<\/ul>\n<\/blockquote>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">Saber aceptar, como nuestras hermanas que serv\u00edan a los galeotes y como lo que deb\u00eda ser el trabajo en un hospital psiqui\u00e1trico del siglo XVII, un servicio desprovisto en apariencia de toda eficacia inmediata, prestar un servicio gratuito, pero, a la vez, testimonio de otra dimensi\u00f3n del hombre&#8230;; servicio que, en nuestros d\u00edas, esperan tambi\u00e9n tantos marginados y asociales&#8230; todos los que no pueden vivir sin el apoyo individual y colectivo que les aporta la instituci\u00f3n\u00bb (7 de septiembre de 1981, en: Ecos de la Compa\u00f1\u00eda n\u00fam. 11, noviembre 1981).<\/p>\n<p>Y espigando un poco m\u00e1s adelante en la misma conferencia dir\u00e1:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abTenemos que organizar nuestra reforma. Su primera etapa es nuestra conversi\u00f3n&#8230; Conversi\u00f3n del coraz\u00f3n hacia s\u00f3lo Dios&#8230; `S\u00f3lo Dios basta&#8217;, gracia de verdad y de fidelidad&#8230;, gracia de renovaci\u00f3n, de creaci\u00f3n de fundaciones nuevas. Reformarnos para entrar en la verdad total de la esencia de la vocaci\u00f3n, vivir con el mismo deseo de autenticidad, como San Vicente dijo, hablando del servicio a los pobres, pero tambi\u00e9n tocante a la humildad, a la obediencia, a la caridad fraterna, a la uni\u00f3n con Dios&#8230;\u00bb (lb., o.c.).<\/p>\n<p>\u00bfEstar\u00e1 aqu\u00ed insinuando la Superiora General de la Com\u00adpa\u00f1\u00eda la necesidad de una Hija de la Caridad a lo Teresa de Jes\u00fas? Algo as\u00ed. Mas su intuici\u00f3n la matizar\u00e1 con una sana iron\u00eda diciendo: \u00abQuiero terminar esta proposici\u00f3n de reforma no pidi\u00e9ndoles que pasen ustedes a ser Hijas de la Caridad &#8216;des\u00adcalzas&#8217;, sino Hijas de la Caridad SIERVAS\u00bb.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 bueno a\u00f1adir aqu\u00ed que, entre los medios m\u00e1s eficaces para la conversi\u00f3n y, por ende, para la fidelidad, se encuentra la <em>formaci\u00f3n. <\/em>Y ella es, sin lugar a dudas, la tarea que viene reali\u00adzando la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, de una manera sistem\u00e1tica y acertada, que genera un continuo cambio en el estilo, a todos los niveles. Viene igualmente clarificando no s\u00f3lo el concepto, sino el contenido de la <em>autoridad como ser\u00advicio, <\/em>de la <em>oraci\u00f3n como necesidad vital, <\/em>de la <em>comunidad <\/em><em>como apoyo imprescindible, <\/em>del <em>env\u00edo y de la misi\u00f3n como realizaciones evang\u00e9licas&#8230;<\/em><\/p>\n<p>Seg\u00fan el pensamiento de los fundadores, las Hijas de la Caridad no son religiosas. Sus votos \u2014privados y renovables anualmente\u2014 ratifican la entrega que viven desde su incorpo\u00adraci\u00f3n a la Compa\u00f1\u00eda y garantizan la continuidad y la calidad del servicio a Cristo en los pobres y a los pobres en Cristo. <em>Es <\/em><em>este servicio el que las convierte en Hijas de la Caridad.<\/em><\/p>\n<p>A este fin tiende la formaci\u00f3n, cuyo objetivo global es permitir un continuo descubrimiento del proyecto de Dios sobre cada Hija de la Caridad y sobre la Compa\u00f1\u00eda entera, asumido por la propia comunidad.<\/p>\n<h3>3. Fidelidad. \u00bfCu\u00e1ndo?<\/h3>\n<p>Aunque suponga un retroceso en el tiempo, es de justicia, para responder a esta pregunta, hacerlo con una gran maestra de la Compa\u00f1\u00eda, cuyo paso fugaz por ella como Superiora General quiz\u00e1 tambi\u00e9n nos haya hecho a las Hijas de la Caridad tener s\u00f3lo un recuerdo fugaz suyo. Se trata de la M. Guillemin, promotora de uno de los cambios en la Compa\u00f1\u00eda que ha mar\u00adcado su historia de manera decisiva. (\u00bfOfreci\u00f3 la M. Guillemin al Se\u00f1or su vida por esta empresa?).<\/p>\n<p>Precisamente en los momentos en que ella hab\u00eda sido lla\u00admada a ser auditora del Concilio Vaticano II, marcaba a la Compa\u00f1\u00eda el \u00ab\u00edtem\u00bb m\u00e1s importante de la renovaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Con las primeras luces del a\u00f1o 1967, escrib\u00eda a las Her\u00admanas:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00abHa sonado una hora crucial en la que todo lo que vive en la Iglesia ha de renovarse o morir&#8230; Va en ello la salvaci\u00f3n eterna de cada una de nosotras y la suerte de la Compa\u00f1\u00eda en la Iglesia. Los pr\u00f3ximos a\u00f1os deben ser a\u00f1os de renovaci\u00f3n espiritual. En este per\u00edodo tan rico de la vida del mundo y de la Iglesia, <em>todo lo mediocre est\u00e1 llamado a desaparecer. La Iglesia no necesita <\/em><em>para nada de Hijas de la Caridad mediocres; <\/em>la Iglesia y el mundo necesitan santos&#8230;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00bfY en qu\u00e9 consiste esta renovaci\u00f3n que se nos pide? Consiste, en primer lugar, en encontrar de nuevo la gracia del primer llamamiento&#8230;, fortificar nuestra fe en los grandes principios evang\u00e9licos sobre los que hemos cimentado nuestra vida&#8230;, auscultar nuestro coraz\u00f3n y nuestra conducta para saber si creemos a\u00fan en ellos&#8230;, comprobar nuestro estado de salud en la vida espiritual, sus manifestaciones, su ritmo, su valor, sus relaciones con nuestra vida profesional y apost\u00f3lica&#8230;, redescu\u00adbriendo el sentido de nuestra vida, viviendo de oraci\u00f3n y en caridad&#8230; La caridad que debemos a nuestros hermanos es, ante todo, interior&#8230; Amar a nuestros hermanos es <em>servirles, <\/em>es obrar con justicia respecto a ellos, es ayudarles a ser art\u00edfices de su promoci\u00f3n humana y sobrenatural&#8230;\u00bb (Cfr. Circular 1 de enero de 1967).<\/p>\n<p>Constatar la Vida del Esp\u00edritu a trav\u00e9s de Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac, es sencillamente evocar nombres: Margarita Naseau, Catalina Labour\u00e9, Susanne Guillemin y tantas otras Hijas de la Caridad cuyos nombres est\u00e1n escritos en el cielo y los que est\u00e1n por escribirse&#8230; que, \u00a1ojal\u00e1!, sean todos los que constituyen el cat\u00e1logo de la Compa\u00f1\u00eda a lo largo de tres siglos y medio&#8230;<\/p>\n<h2>C\u00e1ritas y las Hijas de la Caridad<\/h2>\n<p>En justa correspondencia al marco en que se escribe este art\u00edculo, es decir, la revista \u00abCorintios XIII\u00bb, que ha querido dedicar sus p\u00e1ginas a hacer un homenaje a Vicente de Pa\u00fal, en el IV Centenario de su nacimiento, es obligado decir una palabra m\u00e1s.<\/p>\n<p>Y esta palabra va a ser breve y sencilla. Quiere referirse a la vinculaci\u00f3n existente entre la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad y CARITAS, como \u00f3rgano de la acci\u00f3n caritativa y social de la Iglesia.<\/p>\n<p>Para las Hijas de la Caridad, C\u00e1ritas es marco adecuado que la Iglesia les ofrece para su \u00abservicio a los pobres\u00bb.<\/p>\n<p><em>Los <\/em><em>objetivos b\u00e1sicos de C\u00e1ritas son el desarrollo integral <\/em><em>del hombre y la transformaci\u00f3n progresiva de la sociedad.<\/em><\/p>\n<p>Es evidente que estos objetivos, despu\u00e9s de todo lo expuesto, quedan patentes en el legado vicenciano hecho a la triple familia.<\/p>\n<p>Bien es verdad que, por otra parte, es claro que la acci\u00f3n caritativa y social de la Iglesia \u2014C\u00e1ritas\u2014 tiene que venir realizada, como es obvio, por toda la Iglesia, es decir, por todos los cat\u00f3licos, religiosos y laicos, pues en \u00faltima instancia no se trata s\u00f3lo de un legado vicenciano, ni siquiera paulino, es el legado de Cristo a los hombres de buena voluntad, comprendido en su Evangelio. Es el legado de quien \u00abno vino a ser servido, sino a servir\u00bb, clel que fue enviado \u00abpara dar la vida por sus ovejas\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las Hijas de la Caridad en la Iglesia Las Hijas de la Caridad, libres de todo lazo externo, intro\u00adducir\u00edan en la Iglesia un nuevo estilo de vida consagrada: el servicio de los pobres. 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