{"id":31855,"date":"2020-05-02T07:40:29","date_gmt":"2020-05-02T05:40:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/04\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-9\/"},"modified":"2020-03-27T16:54:07","modified_gmt":"2020-03-27T15:54:07","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-9","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-9\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 1, Secci\u00f3n 9"},"content":{"rendered":"<p>MISIONES DEL SE\u00d1OR VICENTE<\/p>\n<p><strong>SECCION IX: Misiones en la isla de San Lorenzo, llamada tambi\u00e9n Madagascar <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a7. I Carta del Sr. Vicente al Sr. Nacquart, sacerdote de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n sobre esta misi\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>No sabr\u00edamos hacer mejor ni m\u00e1s a prop\u00f3sito la apertura de esta importante misi\u00f3n, sino con un p\u00e1rrafo de una carta que el Sr. Vicente escribi\u00f3 acerca de este asunto al difunto Sr. Carlos Nacquart, Sacerdote de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, natural de la di\u00f3cesis de Soissons, que fue el primero sobre el que puso sus ojos para aquel trabajo apost\u00f3lico, y en el que por fin, ha consumado felizmente su vida en el servicio de nuestro Se\u00f1or y en la conversi\u00f3n de aquellos pobres infieles. He aqu\u00ed en qu\u00e9 t\u00e9rminos el Sr. Vicente le escribi\u00f3 el mes de abril de 1648 desde Richelieu, donde \u00e9l se hallaba entonces:<\/p>\n<p><em>\u00abHace ya mucho tiempo que Nuestro Se\u00f1or puso en su coraz\u00f3n el sentimiento de hacerle un se\u00f1alado servicio. Cuando se hizo en Richelieu la propuesta (de las misiones) entre gentiles e id\u00f3latras. Creo que Nuestro Se\u00f1or le hizo sentir a su alma que le llamaba a ellas, tal como usted me lo escribi\u00f3 entonces, junto con otros de esa casa de Richelieu. Ya es hora de que esa semilla divina de la vocaci\u00f3n produzca su efecto en usted. El Sr. Nuncio, por orden de la sagrada Congregaci\u00f3n de la Propaganda de la fe, que tiene al Santo Padre el Papa por cabeza, ha escogido a nuestra Compa\u00f1\u00eda para ir a servir a Dios en la isla de San Lorenzo, llamada por otro nombre Madagascar. Y la Compa\u00f1\u00eda ha puesto sus ojos en usted, como la mejor hostia que tiene para rendir homenaje a nuestro Soberano Creador, para hacerle este servicio, junto con otro buen sacerdote de la Compa\u00f1\u00eda. Mi m\u00e1s querido se\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 dice su coraz\u00f3n ante esta noticia? \u00bfsiente la verg\u00fcenza y la confusi\u00f3n convenientes para recibir tan alta gracia del cielo? \u00a1Vocaci\u00f3n tan grande y tan adorable como la de los mayores ap\u00f3stoles y los mayores santos de la Iglesia de Dios! \u00a1Los designios eternos realizados en el tiempo sobre usted! La humildad es la \u00fanica capaz de soportar esta gracia; el perfecto abandono de todo lo que usted es y puede ser, con la exuberante confianza en su soberano Creador la debe seguir. Le ser\u00e1n necesarias la generosidad y una gran valent\u00eda. Necesita una fe tan grande como la de Abraham; tiene usted gran necesidad de la caridad de san Pablo, el celo, la paciencia, la deferencia, la pobreza, la solicitud, la discreci\u00f3n, la integridad de costumbres y un gran deseo de consumirse totalmente por Dios: todo eso le ser\u00e1 tan necesario como al gran san Francisco Javier\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEsa isla est\u00e1 bajo el Capricornio. Tiene cuatrocientas leguas de largo y unas ciento sesenta de ancho. Hay pobres hombres que viven en la ignorancia de Dios, pero que son muy sencillos y muy rectos. Para ir all\u00e1, hay que pasar la l\u00ednea del Ecuador\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLo primero que tendr\u00e1 que hacer usted es amoldarse al viaje que hizo el gran san Francisco Javier, sirviendo y edificando a los de los barcos que le lleven; organizar las oraciones p\u00fablicas, si es posible; cuidar de los enfermos y desvelarse siempre por acomodarse a los dem\u00e1s; procurar una buena navegaci\u00f3n, que dura cinco o seis meses, tanto con sus oraciones y la pr\u00e1ctica de todas las virtudes, como los marineros la procurar\u00e1n con sus trabajos y su destreza; a los sobrecargos y a sus oficiales tenerles siempre un gran respeto; pero ser fiel para con Dios para no faltar nunca a los intereses de El, sin traicionar jam\u00e1s a la conciencia por ninguna consideraci\u00f3n, sino buscando con cuidado que no se estropeen los asuntos del buen Dios por precipitarse demasiado, tom\u00e1ndose su tiempo y sabiendo esperar\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abCuando hayan llegado a aquella isla, tendr\u00e1n primero que arreglarse como puedan. Quiz\u00e1s tengan ustedes que separarse para servir en diversos lugares; pero convendr\u00e1 que se vean uno a otro lo m\u00e1s frecuentemente que puedan para consolarse y animarse. Desempe\u00f1ar\u00e1n ustedes todas las funciones parroquiales con los franceses y con los id\u00f3latras convertidos. Seguir\u00e1n en todo las normas del Concilio de Trento y utilizar\u00e1n el ritual romano. No permitan que se introduzca ning\u00fan otro uso; y si ya se hab\u00eda introducido, procuren suavemente hacer que las cosas vuelvan a su cauce. Para ello ser\u00e1 conveniente que se lleven al menos dos Rituales Romanos. Su preocupaci\u00f3n principal, despu\u00e9s de esforzarse en vivir con las personas que tengan que tratar en olor de suavidad y de buen ejemplo, debe ser que procuren que aquella pobre gente, nacida en las tinieblas de la ignorancia de su Creador, comprenda las verdades de nuestra santa fe, no ya por razones de teolog\u00eda, sino por razonamientos sacados de la naturaleza, pues hay que comenzar por ah\u00ed, intentando hacerles comprender que no hace usted m\u00e1s que desarrollar en ellos las se\u00f1ales que Dios les ha dejado de S\u00ed mismo, y que hab\u00eda ido borrando la corrupci\u00f3n de la naturaleza, desde hace mucho habituada al mal. Por eso, Se\u00f1or, convendr\u00e1 que se dirija con frecuencia al Padre de las luces, repitiendo lo que le decimos todos los d\u00edas: Da mihi intellectum ut sciam testimonia tua.Ordene en la meditaci\u00f3n las luces que El le de, y para demostrar la verdad de un soberano y primer ser y las consecuencias del misterio de la Trinidad, la necesidad del misterio de la Encarnaci\u00f3n, que nos hace nacer un nuevo hombre perfecto, despu\u00e9s de la corrupci\u00f3n del primero, para reformarnos y asemejarnos a El. Me gustar\u00eda que les hiciera ver las debilidades de la naturaleza humana mediante los des\u00f3rdenes que ellos mismos condenan, pues tambi\u00e9n ellos tienen leyes y castigos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSer\u00e1 bueno que tengan ustedes libros que traten de estas materias, como Catecismo de Granada, o alg\u00fan otro que procuraremos enviarle. No puedo menos de repetirle, se\u00f1or, que lo mejor es la oraci\u00f3n: Accedite ad eum, et illuminamini, abandonarse en el esp\u00edritu de Dios, que habla en esas ocasiones. Si su divina Bondad quiere darle la gracia de cultivar la semilla de cristianos que ya hay all\u00ed y hacer que vivan con aquella buena gente en la caridad cristiana, no dudo, ni mucho menos, que Nuestro Se\u00f1or se servir\u00e1 de ustedes para preparar all\u00ed a la Compa\u00f1\u00eda una mies abundante. Vaya, pues, se\u00f1or, y ya que le env\u00eda Dios por medio de sus representantes en la tierra, eche audazmente las redes\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abS\u00e9 cu\u00e1nto estima su coraz\u00f3n la pureza. Tendr\u00e1 que hacer all\u00ed un buen uso de ella, dado que esos pueblos, viciados en muchas cosas, tienen sobre todo ese vicio. La gracia infalible de su vocaci\u00f3n le garantiza contra todos esos peligros\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTodos los a\u00f1os recibiremos noticias de usted y le mandaremos las muestras\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLe enviaremos un oratorio completo, dos rituales romanos, dos biblias peque\u00f1as, dos Concilios de Trento, dos casu\u00edstas, algunas estampas de todos nuestros misterios, que sirven maravillosamente para que esa buena gente comprenda lo que se le quiere ense\u00f1ar, y les gusta mucho\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTenemos aqu\u00ed un joven de esa tierra, de unos veinte a\u00f1os, a quien tiene que bautizar hoy el Sr. Nuncio. Yo utilizo estampas para instruirlo, y me parece que esto sirve para que ate su imaginaci\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abNo s\u00e9 si ser\u00e1 necesario llevar hierros para hacer hostias con que celebrar la santa misa; los santos \u00f3leos para el bautismo y para la Extremaunci\u00f3n; un Buss\u00e9 para cada uno; y para sus meditaciones algunos ejemplares de la \u2018Introducci\u00f3n a la vida devota\u2019; vidas de santos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTiene usted una obediencia nuestra y plenos poderes del Sr. Nuncio, que lleva esta obra en el coraz\u00f3n\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abCon todo esto me entrego por entero a usted, si no para seguirle efectivamente, pues soy indigno de ello, al menos para pedirle a Dios por usted todos los d\u00edas que todav\u00eda me conceda en la tierra y, si Dios quiere hacerme esta misericordia, para volver a verlo en la eternidad y honrarlo all\u00ed como a una persona que estar\u00e1 colocada por la dignidad de su vocaci\u00f3n en el n\u00famero de los hombres apost\u00f3licos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abAcabo, postrado en el esp\u00edritu a sus pies, rog\u00e1ndole que quiera ofrecerme a nuestro com\u00fan Se\u00f1or, para que le sea fiel, y acabe en su amor el camino que conduce a la eternidad. Soy en el tiempo y ser\u00e9 para siempre, se\u00f1or, su&#8230;\u00bb etc<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLa otra persona a la que hemos destinado con usted es el Sr. Gondr\u00e9e, a quien quiz\u00e1s vio usted en Saintes, donde estuvo cuando todav\u00eda era cl\u00e9rigo. Es uno de los mejores miembros de la Compa\u00f1\u00eda, que a\u00fan conserva la devoci\u00f3n que ten\u00eda al entrar en ella; es humilde, caritativo, cordial, exacto y lleno de celo, en una palabra, que no sabr\u00eda qu\u00e9 decir en su alabanza\u00bb .<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl mi\u00e9rcoles o el jueves saldr\u00e1n de aqu\u00ed algunos mercaderes para La Rochela. Si desean pasar por Richelieu, el Sr. Gondr\u00e9e podr\u00e1 ir con ellos para juntarse all\u00ed con usted, y ellos ir\u00e1n por delante para preparar el barco y esperarles para el d\u00eda 15 o el 20 del mes pr\u00f3ximo, cuando se har\u00e1n a la vela. Le ruego, que est\u00e9 preparado. A los libros que ya he nombrado a\u00f1adiremos la Vida y las Cartas del ap\u00f3stol de las Indias. Haga el favor de no divulgar esta noticia, pues por aqu\u00ed no hemos dicho nada todav\u00eda\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn el viaje ir\u00e1 tambi\u00e9n uno de los se\u00f1ores del comercio de Indias; \u00e9l le pagar\u00e1 los gastos en el mar y le enviaremos con qu\u00e9 vivir en aquellos lugares\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 m\u00e1s le dir\u00e9, se\u00f1or, sino que ruego a Nuestro Se\u00f1or, que le di\u00f3 parte en su caridad, que le haga participar tambi\u00e9n de su paciencia, y que no hay ninguna cosa que yo desee tanto en la tierra como ir a servirle de compa\u00f1ero, si fuera posible, en lugar del Sr. Gondr\u00e9e\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>\u00a7. II Partida de dos sacerdotes de la C.M. camino de la isla de San Lorenzo, y lo que les sucedi\u00f3 de m\u00e1s notable hasta su llegada<\/strong><\/p>\n<p>En cuanto recibi\u00f3 el Sr. Nacquart la carta del Sr. Vicente se dispuso a realizar lo que le hab\u00eda prescrito, consider\u00e1ndola como manifestaci\u00f3n de la voluntad, no de un hombre, sino del mismo Dios. En cuanto lleg\u00f3 el Sr. Gondr\u00e9e, salieron juntos de Richelieu el 18 de abril siguiente. Y por haberse visto obligados a detenerse cerca de un mes en La Rochela esperando a que estuviera preparado el barco que los deb\u00eda llevar, emplearon el tiempo, de acuerdo y con permiso del Sr. Obispo, catequizando y prestando otros servicios y asistencias parecidas a los pobres, en especial a los que estaban en los hospitales o en la c\u00e1rcel.<\/p>\n<p>El 11 de mayo, d\u00eda de la Ascensi\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or, el barco en el que hab\u00edan embarcado, lev\u00f3 anclas e iz\u00f3 las velas al viento. Y en los primeros d\u00edas aquellos dos buenos misioneros se dedicaron principalmente a preparar a los que estaban en el barco, en n\u00famero de ciento veinte personas, con las confesiones generales a participar de las gracias e indulgencias del jubileo, que hab\u00eda sido concedido hac\u00eda poco por nuestro Santo Padre el Papa<\/p>\n<p>Llegaron a Cabo Verde, y se detuvieron para hacer aguada, y all\u00ed se encontraron con un barco de Dieppe que iba a las islas de San Crist\u00f3bal, e hicieron la misma caridad con los pasajeros de aquel barco.<\/p>\n<p>Continuando su ruta, y ya cerca de la L\u00ednea (del Ecuador), tuvieron unos vientos tan contrarios, que casi se vieron obligados a entrar de arribada; pero los misioneros, despu\u00e9s de exhortar a los del barco que acudieran a la protecci\u00f3n y a la intercesi\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen, y despu\u00e9s de hacer todos, por consejo de aqu\u00e9llos, un voto p\u00fablico a Dios en honor de la Reina del cielo, de confesarse y comulgar uno de los d\u00edas de la semana que preced\u00eda a la fiesta de la gloriosa Asunci\u00f3n, y de levantar una iglesia en la isla de Madagascar, ces\u00f3 la tempestad, y el viento se torn\u00f3 favorable, de forma que la v\u00edspera de aquella gran fiesta se hallaron debajo de la L\u00ednea. Y continuando el viaje, experimentaron en varias circunstancias su protecci\u00f3n. Se liberaron especialmente de un gran peligro a la vista del Cabo de Buena Esperanza; y despu\u00e9s, fondearon en la 1. Africa del Sur. Bah\u00eda de Saldanha 1 . Se detuvieron all\u00ed ocho d\u00edas. Se hicieron a la mar, y finalmente llegaron, despu\u00e9s de seis meses y medio de navegaci\u00f3n, a la isla de San Lorenzo<\/p>\n<p>Durante todo ese tiempo, aquellos dos buenos misioneros no permanecieron ociosos; porque, cuando se enteraron que en el barco varios de los marineros y de los pasajeros necesitaban ser instruidos, daban tres o cuatro veces por semana catequesis en forma de exhortaciones acerca de los principales misterios de la fe y de las otras materias m\u00e1s necesarias, seg\u00fan el m\u00e9todo que se practica ordinariamente en las misiones, preguntando despu\u00e9s a los m\u00e1s j\u00f3venes las cosas principales que hab\u00edan explicado.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de eso, como en el barco se suele ir muy hacinados y hay siempre enfermos, los dos buenos misioneros se repartieron el trabajo para poder prestar los servicios y las asistencias que pudieran. Uno de ellos los visitaba por la ma\u00f1ana, y el otro por la tarde. En cuanto a los que se encontraban bien, con el fin de que pudieran emplear \u00fatilmente el tiempo, y evitar la ociosidad y otros vicios que la acompa\u00f1aban, adem\u00e1s de las oraciones p\u00fablicas que se ten\u00edan siempre por la ma\u00f1ana y por la tarde, y la santa misa que se celebraba diariamente, cuando el tiempo lo permit\u00eda, hab\u00edan determinado reunirse a ciertas horas del d\u00eda en grupos de tres o cuatro; de \u00e9stos, uno hac\u00eda la lectura a los dem\u00e1s en algunos buenos libros, como la Imitaci\u00f3n de Nuestro Se\u00f1or, la Introducci\u00f3n a la vida devota, y otros parecidos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n lograron persuadir a buena parte de las personas del barco a que tuvieran unos coloquios espirituales dos o tres veces por semana, sobre diversas materias m\u00e1s propias de ellos, particularmente sobre las tentaciones y ocasiones de ofender a Dios, y sobre los medios especiales para resistirlas, o evitarlas. As\u00ed es como se manifestaba sensiblemente el efecto de la palabra de nuestro Se\u00f1or, que cuando se reunieran dos o tres en su nombre, El se encontrar\u00eda en medio de ellos. Al terminar el coloquio, uno de los dos sacerdotes resum\u00eda lo que se hab\u00eda hablado, y a\u00f1ad\u00eda familiarmente sus propias ideas, y despu\u00e9s conclu\u00eda con alguna historia de la Sagrada Escritura, o alg\u00fan ejemplo de la vida de los santos.<\/p>\n<p><strong>\u00a7. III Descripci\u00f3n de la Isla de Madagascar y sus habitantes <\/strong><\/p>\n<p>Antes de contar lo que los dos buenos Sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n hicieron en aquellas tierras, y para entender todo mejor, es preciso hacer una peque\u00f1a descripci\u00f3n de la isla. Para ello seguiremos con exactitud lo que el Sr. Nacquar escribi\u00f3 al Sr. Vicente<\/p>\n<p>La isla de \u00abMadagascar\u00bb, llamada tambi\u00e9n de \u00abSan Lorenzo\u00bb, porque fue descubierta el d\u00eda de la fiesta de aquel gran santo, tiene de largo unas seiscientas millas italianas; de ancho, doscientas millas en algunos lugares, y en otros, trescientas o cuatrocientas. Su per\u00edmetro es de mil ochocientas millas, m\u00e1s o menos. All\u00ed el calor es muy grande, pero no intolerable. Est\u00e1 dividida en varias comarcas o provincias, separadas unas de otras por monta\u00f1as muy altas. Los que m\u00e1s han frecuentado la isla sostienen que hay m\u00e1s de cuatrocientas mil almas<\/p>\n<p>En cada comarca o provincia hay un Grande, a quien tienen por amo y se\u00f1or; hay vasallos que le obedecen; algunos tienen de tres a cuatro mil; otros a\u00fan m\u00e1s. La riqueza de los se\u00f1ores se basa en el ganado, que poseen en propiedad, y en una especie de tributo de arroz y de ra\u00edces, que les pagan los s\u00fabditos. Hay dos clases de habitantes: unos son negros, y tienen el cabello crespo, son los originarios del pa\u00eds; otros son blancos, tienen el cabello largo como los franceses, y se dice que llegaron hace unos quinientos a\u00f1os de las costas de Persia a aquella isla, y all\u00ed se han hecho due\u00f1os de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Habitan en su mayor parte en aldeas, pues no poseen ni ciudades ni fortalezas. Sus casas son de madera, cubiertas con hojas y muy bajas. No tienen camas ni m\u00e1s asientos que el suelo de madera sobre el cual se acuestan, y comen sobre una estera de junco.<\/p>\n<p>Los alimentos habituales del pa\u00eds son el arroz, las aves, los bueyes y los corderos. No hay trigo, ni vino, pero hacen una bebida con miel; tambi\u00e9n tienen habas, melones y ra\u00edces, que son buenas para comer. Hay en cantidad limones y naranjas. Los r\u00edos abundan en pescado, pero es expuesto, casi en todas partes, atravesarlo a causa de los cocodrilos, que son muy abundantes y peligrosos.<\/p>\n<p>En cuanto a la religi\u00f3n, aunque no hay ninguna establecida y determinada entre los habitantes de la isla, porque en toda su extensi\u00f3n no se ven ni templos ni sacerdotes, existen sin embargo algunas ceremonias y ritos supersticiosos, fundados en creencias falsas e incorrectas con otras que se aproximan m\u00e1s a la verdad.<\/p>\n<p>En primer lugar reconocen que hay un Dios, que es el Due\u00f1o de todo el mundo, a quien llaman \u00abSenhare\u00bb; pero lo encierran en el cielo, donde El vive \u2013dicen ellos\u2013 como un rey en su reino. Sin embargo, en varios sitios, los que no conocen casi ni Dios ni demonio, sino de nombre, dan preferencia al demonio en sus sacrificios, ofreci\u00e9ndole la mejor parte, y reservando la otra para aquel a quien llaman Dios. No se conoce otra raz\u00f3n, sino que temen m\u00e1s a uno que al otro, seg\u00fan el mal trato que reciben de ellos.<\/p>\n<p>Hay entre aquellos habitantes una especie de secta de personas que ellos llaman \u00abombiasas\u00bb, es decir, escribanos, y los llaman as\u00ed, porque saben leer y escribir. Son los maestros de ceremonias, costumbres y supersticiones del pa\u00eds. El pueblo los teme y respeta por su escritura y sus libros, en los cuales, a pesar de todo, no se encuentran ni conocimientos razonables ni doctrinas, sino s\u00f3lo algunos discursos o sentencias sacadas del Cor\u00e1n, que los primeros que llegaron de Persia trajeron consigo. Hay tambi\u00e9n en esos libros algunas ilustraciones supersticiosas, que los ombiasas hacen creer que son buenas para curar las enfermedades, para adivinar las cosas futuras y para encontrar las que se han perdido.<\/p>\n<p>Es costumbre generalizada en toda la isla circuncidar a los ni\u00f1os, no por razones religiosas, sino por ser costumbre de sus antepasados y un motivo puramente humano.<\/p>\n<p>Los blancos observan una especie de ayuno en dos meses diferentes del a\u00f1o, que consiste en no comer nada desde que sale el sol, hasta despu\u00e9s de que se ponga; pero durante toda la noche se alimentan bien para todo el d\u00eda. Se abstienen de comer carne de buey y de beber vino; pero no les est\u00e1n prohibidos ni los capones, ni el aguardiente, y si alguno no siente devoci\u00f3n en el ayuno, queda libre, con tal de que haga ayunar a otro en su lugar.<\/p>\n<p>Entre todas las costumbres supersticiosas de aquella isla la m\u00e1s opuesta al honor de Dios, y que presenta m\u00e1s dificultades para su erradicaci\u00f3n, es una especie de culto rid\u00edculo y reprobable que los Grandes del pa\u00eds y sus s\u00fabditos rinden a ciertos \u00eddolos llamados \u00abOlys\u00bb. Los hacen y los venden los ombiasas; la materia que usan para fabricar esos peque\u00f1os \u00eddolos no es m\u00e1s que un pedazo de madera, o algunas ra\u00edces, u otra cosa todav\u00eda m\u00e1s baja, que ellos tallan muy toscamente, y le dan algo parecido a la figura de un hombre, o de algo grotesco; y una vez vaciados los llenan de aceite mezclado con un polvo especial. Los pobres isle\u00f1os se imaginan que aquellos fetiches est\u00e1n vivos, y que hay en ellos un esp\u00edritu familiar que los anima, y que tiene poder de darles lo que puedan desear, como el buen tiempo, la salud, la victoria sobre los enemigos, etc. Todos tienen algunos en sus casas y los llevan con fe a todos los sitios, y hasta en los viajes. Acuden a ellos en sus necesidades y les piden consejo en sus dudas; despu\u00e9s de eso el primer pensamiento que se les ocurre, creen que les ha sido sugerido por sus \u00abolys\u00bb. Cuando quieren pasar los r\u00edos, acuden a esos mismos \u00eddolos y les ruegan que los libren de los cocodrilos. Tambi\u00e9n se dirigen a los cocodrilos, pidi\u00e9ndoles en alta voz que no les hagan da\u00f1o; e inmediatamente se acusan de las faltas que han cometido, como de haber robado, y prometen satisfacer lo robado; y despu\u00e9s, una vez echada agua y arena a los cuatro lados, se imaginan que pueden pasar con toda seguridad. Y si, a pesar de todas esas precauciones supersticiosas, alguno es cogido y devorado por los cocodrilos, dicen que todo ha sucedido porque su \u00abolys\u00bb no era bueno<\/p>\n<p>Esa superstici\u00f3n est\u00e1 arraigada en el esp\u00edritu del pobre pueblo, que no puede sufrir que se les descubra el enga\u00f1o, ni que se les hable sobre esa cuesti\u00f3n; aunque, por la gracia de Dios, desde que han llegado los sacerdotes de la Misi\u00f3n, varios han abierto los ojos a la verdad y reconocido los enga\u00f1os de los ombiasas y de todos sus \u00abolys\u00bb.<\/p>\n<p>Tienen adem\u00e1s una costumbre reprochable, que es arrojar y exponer a los ni\u00f1os que nacen la noche del s\u00e1bado al domingo, como ni\u00f1os funestos y que causar\u00edan desgracias a la familia. Y los pobres ni\u00f1os as\u00ed abandonados mueren todos, salvo que alguien, al encontrarlos, se mueva a compasi\u00f3n y los alimente, como a veces suele suceder.<\/p>\n<p><strong>\u00a7. IV Llegada de los dos sacerdotes de la C. M. a la isla de Madagascar, y sus prime ras\u00a0 ocupaciones <\/strong><\/p>\n<p>El poblado de los franceses en Madagascar est\u00e1 situado en un saliente de la isla hacia el Tr\u00f3pico, en un lugar llamado en la lengua de la tierra \u00abHistolangar\u00bb. All\u00ed han levantado un fuerte, al que llaman \u00abFortDauphin\u00bb.<\/p>\n<p>Fue ah\u00ed adonde felizmente llegaron el 4 de diciembre de 1748 aquellos dos buenos sacerdotes de la Misi\u00f3n, Srs. Nacquart y Gondr\u00e9e, despu\u00e9s de una larga navegaci\u00f3n de seis meses y medio. Fueron recibidos con gran alegr\u00eda por los franceses que all\u00ed encontraron, y que asistieron con devoci\u00f3n extraordinaria al \u00abTe Deum\u00bb y a la misa solemne que se celebr\u00f3 en acci\u00f3n de gracias, y que, desde hac\u00eda casi cinco meses, no la hab\u00edan podido o\u00edr.<\/p>\n<p>Uno de sus primeros trabajos despu\u00e9s de su llegada a la isla fue dedicarse a procurar el bien espiritual de los franceses y a prepararlos para ganar el jubileo que les hab\u00edan llevado desde Francia. Inmediatamente se dedicaron a aprender la lengua de aquella tierra, cosa que encontraron muy dif\u00edcil, porque los que les serv\u00edan de trujamanes y de int\u00e9rpretes no pod\u00edan dar con las palabras propias para explicar las verdades y los misterios de nuestra fe en una tierra en la que no se habla en absoluto de cosas relacionadas con la religi\u00f3n.<\/p>\n<p>En cuanto pudieron balbucear un poco la lengua, empezaron a instruir a los isle\u00f1os. Hallaron mayor docilidad en los negros que entre los blancos, porque, al creer que ten\u00edan m\u00e1s inteligencia, no quer\u00edan escuchar cuando se les hablaba de cosas de la fe; o si lo hac\u00edan, s\u00f3lo era por curiosidad y sin ninguna intenci\u00f3n de ser instruidos y de convertirse.<\/p>\n<p>Seis d\u00edas despu\u00e9s de su llegada, el Sr. Nacquart oy\u00f3 decir que uno de los se\u00f1ores de la isla llamado \u00abAndri\u00e1n Ramach\u00bb hab\u00eda ido tiempo atr\u00e1s a Goa, en las Indias, durante su juventud, y que hab\u00eda estado all\u00ed tres a\u00f1os. Le fue a visitar y supo de \u00e9l que hab\u00eda sido bautizado e instruido en nuestra religi\u00f3n; y como prueba hizo tres signos de la cruz en la frente, y recit\u00f3 el \u00abPater\u00bb, \u00abAve\u00bb y \u00abCredo\u00bb en portugu\u00e9s. Aquello le sirvi\u00f3 al Sr. Nacquart para preguntarle si le parec\u00eda bien ense\u00f1ar las mismas verdades a sus s\u00fabditos y que les ense\u00f1ara a rezar de aquella manera. El manifest\u00f3 su asentimiento, y hasta prometi\u00f3 asistir a los rezos del Sr. Nacquart, cosa que tambi\u00e9n hicieron los principales del lugar donde \u00e9l viv\u00eda, los cuales manifestaron que estaban de acuerdo en que se fuera a instruir a sus hijos. Todo eso oblig\u00f3 a aquel buen misionero a estudiar con m\u00e1s ah\u00ednco la lengua, con el fin de aprovechar una ocasi\u00f3n tan favorable para la propagaci\u00f3n de nuestra santa religi\u00f3n entre aquellos pobres infieles.<\/p>\n<p>El d\u00eda de la fiesta de Reyes siguiente, para corresponder a los misterios de la vocaci\u00f3n de los gentiles, el Sr. Nacquart y su compa\u00f1ero empezaron a bautizar algunos ni\u00f1os no adultos y el Sr. Flacourt, gobernador de FourDauphin tuvo la devoci\u00f3n de ser padrino espiritual de la iglesia que empezaron a edificar desde entonces en aquella isla.<\/p>\n<p>Inmediatamente, siguiendo siempre el aprendizaje de la lengua y entendi\u00e9ndola ya un poco, comenzaron a recorrer la isla para ense\u00f1ar a los que hallaban dispuestos.<\/p>\n<p>Y los domingos daban una especie de catecismo a la juventud del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Cierto d\u00eda, al volver de la localidad de los franceses, encontraron en una aldea a uno de los principales que estaba enfermo, quien mand\u00f3 a rogarles que entraran a su casa y que consiguieran de Dios su curaci\u00f3n. En vista de eso, el Sr. Nacquart le hizo ver que Dios permit\u00eda a menudo las enfermedades del cuerpo para conseguir la salvaci\u00f3n de las almas y que era lo bastante poderoso y lo bastante bueno como para curarle, si quer\u00eda dejar las supersticiones y darse a su servicio profesando la verdadera religi\u00f3n. Pidi\u00f3 inmediatamente que le ense\u00f1aran aquella religi\u00f3n. El Sr. Nacquart convoc\u00f3 a los aldeanos, para que pudieran aprovecharse de las ense\u00f1anzas que daba al enfermo, y en presencia de ellos le explic\u00f3 por medio de un int\u00e9rprete que llevaba consigo, las cosas sustanciales y m\u00e1s necesarias de la fe. El enfermo, despu\u00e9s de escuchar muy atentamente, dijo que su coraz\u00f3n se sent\u00eda aliviado y que cre\u00eda todo lo que acababa de o\u00edr, y despu\u00e9s pregunt\u00f3 si Jesucristo era lo suficientemente poderoso como para devolverle la salud. El misionero le dijo que s\u00ed, con tal de que creyera de todo coraz\u00f3n y que su alma fuera lavada de todos sus pecados por el bautismo y, despu\u00e9s de eso, se sometiera a todo lo que quisiera disponer la Divina Bondad. En seguida mand\u00f3 traer agua, e inst\u00f3 mucho al buen sacerdote que lo bautizara. Pero, por temor (como se vio m\u00e1s tarde) de que buscara m\u00e1s la salud del cuerpo que la del alma, el Sr. Nacquart pens\u00f3 que lo deb\u00eda diferir, y le dijo que hab\u00eda que comprobar si el deseo que manifestaba de servir a Dios y de hacerse cristiano era verdadero, y que le parec\u00eda que ser\u00eda tal, si persist\u00eda en aquella buena disposici\u00f3n cuando hubiera recuperado la salud, como hab\u00eda razones para esperar que Nuestro Se\u00f1or se la dar\u00eda, si se hac\u00eda instruir enteramente con toda su familia. La esposa del enfermo, al o\u00edr las ense\u00f1anzas que le daban, dijo que mucho antes de que llegaran los franceses, hab\u00eda acudido a Dios, y que, cierto d\u00eda, estando recolectando el arroz que hab\u00eda crecido en su heredad, levantando los ojos al cielo hab\u00eda dicho a Dios: \u00abTu eres quien hace crecer y madurar el arroz que yo recojo; si lo necesitas, te lo dar\u00e9, y pienso darlo a los que lo necesitan\u00bb. He ah\u00ed c\u00f3mo en medio de las tinieblas de la infidelidad Dios no deja de hacer brillar alg\u00fan peque\u00f1o rayo de su gracia para disponer las almas para su conocimiento y su servicio.<\/p>\n<p>Todos los que asistieron a la instrucci\u00f3n que le daban al enfermo manifestaron estar muy satisfechos de las cosas que hab\u00edan o\u00eddo, y que, seg\u00fan dec\u00edan, apreciaban m\u00e1s que el oro y la plata, que les pod\u00edan quitar violentamente, pero que no les pod\u00edan arrebatar el bien que pod\u00edan recibir conociendo y sirviendo a Dios. Despu\u00e9s de eso, el Sr. Nacquart y su compa\u00f1ero se despidieron del grupo, dejando al enfermo con la esperanza de curarse, y a los dem\u00e1s, la de estar mejor instruidos.<\/p>\n<p><strong>\u00a7. V Muerte del Sr. Gondr\u00e9e, uno de los dos sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la misi\u00f3n, y actuaci\u00f3n del Sr. Nacquart, \u00fanico sacerdote en la isla <\/strong><\/p>\n<p>Aunque los juicios de Dios son incomprensibles, como dice el santo Ap\u00f3stol, y sus caminos nos son desconocidos, no estamos menos obligados a someternos a ellos y a reconocer que todo lo que El hace, est\u00e1 bien hecho.<\/p>\n<p>Aquellos dos buenos sacerdotes de la Misi\u00f3n, seg\u00fan iban avanzando m\u00e1s y m\u00e1s en el conocimiento de la lengua y de los rincones de la isla, empezaron a trabajar con bendici\u00f3n y \u00e9xito en la instrucci\u00f3n y en la conversi\u00f3n de los pobres infieles. Y mira por donde, en medio de las m\u00e1s hermosas esperanzas que su celo les hac\u00eda concebir, el Sr. Gondr\u00e9e se vio atacado por una fiebre que, junto con otras dolencias muy graves, lo llev\u00f3 de esta vida en pocos d\u00edas.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed lo que su querido compa\u00f1ero, Sr. Nacquart, le escribi\u00f3 al Sr. Vicente:<\/p>\n<p><em> \u00abPor los d\u00edas de Rogativas, el Sr. de Flacourt, nuestro gobernador, quiso que lo acompa\u00f1ara uno de nosotros en un corto viaje que hizo por algunos lugares de la isla. El Sr. Gondr\u00e9e fue con \u00e9l, y sufri\u00f3 mucho en el camino, tanto por causa de los grandes calores, como por la poca comida que tom\u00f3 por no quebrantar la abstinencia, pues no comi\u00f3 m\u00e1s que un poco de arroz cocido con agua. Eso lo debilit\u00f3 mucho y volvi\u00f3 a casa con fiebre y con dolores intolerables en las articulaciones. En medio de todos sus males demostr\u00f3 una gran constancia y unos sentimientos verdaderamente cristianos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDurante la fiesta de Pentecost\u00e9s, aunque yo estaba sumamente afligido por la enfermedad de este buen siervo de Dios, Nuestro Se\u00f1or me dio fuerzas para atender a la devoci\u00f3n de los franceses y de nuestros catec\u00famenos, confesando, predicando dos veces al d\u00eda y dedic\u00e1ndome a la instrucci\u00f3n de estos pobres isle\u00f1os. Y, entre otros, administr\u00e9 el bautismo a dos j\u00f3venes adultas, que se casaron con dos habitantes del pa\u00eds, que tambi\u00e9n hab\u00edan sido bautizados\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSin embargo, como la enfermedad del Sr. Gondr\u00e9e iba agrav\u00e1ndose, le administr\u00e9 el santo Vi\u00e1tico y la Extremaunci\u00f3n, que recibi\u00f3 con grand\u00edsima devoci\u00f3n. Dijo que su mayor disgusto era abandonar a estos pobres infieles. Recomend\u00f3 a los franceses el temor de Dios y la devoci\u00f3n a la Sant\u00edsima Virgen, de la que era muy devoto. Me pidi\u00f3 que le escribiera a usted, se\u00f1or, y que le agradeciera muy humildemente en su nombre la gracia que le hab\u00eda concedido al admitirlo y recibirlo entre sus hijos, y, sobre todo, por haberle escogido entre tantos que hab\u00eda m\u00e1s capaces que \u00e9l, para enviarlo a predicar el evangelio de Jesucristo en esta isla. Y que ped\u00eda a los de nuestra Congregaci\u00f3n que dieran gracias a Dios por \u00e9l. Me dijo tambi\u00e9n que me deb\u00eda preparar para sufrir mucho por Nuestro Se\u00f1or en esta tierra, y esto me lo repiti\u00f3 dos veces. Y habiendo pasado parte de la noche en continuas aspiraciones dirigidas a Dios, muri\u00f3 con gran paz y tranquilidad y entreg\u00f3 su alma a las manos de su Creador catorce d\u00edas despu\u00e9s de caer enfermo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLo enterramos al d\u00eda siguiente con l\u00e1grimas de todos los franceses y tambi\u00e9n de un gran n\u00famero de los pobres infieles, que dec\u00edan que no hab\u00edan visto, hasta nuestra llegada, hombres que no fueran col\u00e9ricos ni de mal genio y que les ense\u00f1aran las cosas del cielo con tanto afecto y dulzura como hac\u00eda el difunto\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abYa puede usted pensar cu\u00e1les fueron los sentimientos de mi pobre coraz\u00f3n al perder a quien he querido como a m\u00ed mismo, y que era en esta tierra, despu\u00e9s de Dios, todo mi consuelo. Ped\u00ed a Nuestro Se\u00f1or Jesucristo que quisiera comunicarme la parte de gracias que conced\u00eda al difunto, para que pueda realizar yo solo el trabajo de los dos. Y he sentido, despu\u00e9s de su muerte, el efecto de sus oraciones y una doble fortaleza de cuerpo y de esp\u00edritu para trabajar en la conversi\u00f3n de los pobres infieles y en todo lo que pueda contribuir al progreso de la gloria de Dios en esta tierra\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDespu\u00e9s de esto, temiendo ser prevenido por la muerte, me he sentido impulsado a trabajar en lo m\u00e1s necesario, que es componer en la lengua de esta tierra las ense\u00f1anzas que se refieren a lo que hay que creer y hacer para la salvaci\u00f3n eterna, a fin de que pueda hacerlas familiares, y tambi\u00e9n dejarlas a los que vengan a esta isla, en el caso de que Dios disponga de m\u00ed\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDespu\u00e9s de haber ordenado algo estas ense\u00f1anzas, empec\u00e9 a reunir a los infieles de nuestro vecindario todos los domingos y fiestas, y se extra\u00f1aban al verme en tan poco tiempo hablar en su lengua, aunque no hac\u00eda m\u00e1s que balbucear lo m\u00e1s necesario para su instrucci\u00f3n. Entre los oyentes, los hijos de un gran se\u00f1or de una regi\u00f3n que estaba a doscientas leguas de aqu\u00ed, y que hab\u00edan venido para sus negocios, acud\u00edan asiduamente a escuchar mis catequesis. Y cuando estaban ya para marcharse me dijeron que informar\u00edan a su padre lo que hab\u00edan o\u00eddo de nuestra religi\u00f3n, que, seg\u00fan dec\u00edan, les hab\u00eda dejado muy satisfechos. Yo les di esperanzas de que con el tiempo podr\u00edamos ir all\u00ed. Y despu\u00e9s de su marcha, me he enterado que su tierra es mucho mejor y m\u00e1s poblada que el sitio en que estamos, y los habitantes se muestran muy curiosos por asistir a las oraciones de los franceses que van all\u00e1 a negociar; eso da motivos para creer que all\u00ed se podr\u00eda lograr mucho rendimiento\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abNo pierdo ocasi\u00f3n para anunciar a Jesucristo personalmente y por otros, tanto a los negros que viven aqu\u00ed, como a los negros lejanos adonde van los franceses, a quienes, despu\u00e9s de exhortarles a confesarse y a comulgar antes de su viaje y de recomendarles a todos que teman a Dios y den buen ejemplo a los infieles, y suelo encargar a los m\u00e1s inteligentes de entre ellos que aprovechen la ocasi\u00f3n de hablar acerca de nuestra fe, y les doy por escrito las instrucciones necesarias\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDespu\u00e9s de la muerte del Sr. Gondr\u00e9e, mi querido compa\u00f1ero, en quien yo descansaba y a quien encomendaba el cuidado de nuestro poblado y de los alrededores, no he podido hacer mis correr\u00edas tan lejos como antes, porque tengo que estar los domingos y d\u00edas de fiesta en nuestra iglesita para celebrar en ella la santa misa y el oficio divino, y hacer mis exhortaciones a los franceses y las instrucciones a los infieles de los alrededores. Por eso mis correr\u00edas y viajes s\u00f3lo han sido de cinco o seis d\u00edas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl \u00faltimo mes de agosto estuve en las monta\u00f1as m\u00e1s pr\u00f3ximas, y all\u00ed durante el d\u00eda instru\u00eda a los que hallaba en las aldeas, y al anochecer, al claro de luna, repet\u00eda la misma instrucci\u00f3n a los que volv\u00edan del trabajo. Me sent\u00ed muy consolado al ver la docilidad de aquellos pobres infieles, que manifestaban que cre\u00edan de todo coraz\u00f3n lo que les ense\u00f1aba. Y me dec\u00eda a m\u00ed mismo con l\u00e1grimas en los ojos: Quid prohibet baptizari?Pero temiendo que no estuvieran todav\u00eda muy firmes en la fe, y que abusaran del bautismo, y por no disponer de un sacerdote que los mantuviera en la piedad cristiana, lo dej\u00e9 todo en manos de la Providencia adorable de Dios. Hubiera bautizado a los ni\u00f1os, pero tem\u00eda sobre todo que, con el tiempo, no se les pudiera distinguir de los dem\u00e1s, teniendo en cuenta sobre todo que estos pobres isle\u00f1os cambian a menudo de residencia, y pienso que ser\u00eda conveniente hacerles alguna se\u00f1al para distinguirlos. Los que he bautizado en los alrededores de nuestro poblado se reconocen bastante bien, y los llaman ordinariamente en su tierra con los nombres de bautismo; Nicol\u00e1s, Francisco, etc\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSer\u00eda una cosa muy aburrida querer concretar todas las correr\u00edas y los viajes que he hecho, los nombres de los lugares y de las gentes a las que he anunciado a nuestro Se\u00f1or Jesucristo, y todas las dem\u00e1s particularidades que han sucedido: le puedo decir que no se puede desear mejor disposici\u00f3n para recibir el Evangelio. Todos los que he visto se me han quejado de que los franceses, desde que est\u00e1n comerciando en su tierra, no les hayan hablado de las verdades de la fe, y tienen una santa envidia de los que viven cerca de nuestro poblado. Referir\u00e9 s\u00f3lo lo que sucedi\u00f3 el mes de noviembre en una visita que hice a varias aldeas alejadas de aqu\u00ed, adonde ya hab\u00eda llevado un gran cartel del juicio final, en cuya parte m\u00e1s alta estaba representado el para\u00edso, y en la baja, el infierno. Al llegar a cada una de las aldeas yo les gritaba que hab\u00eda ido all\u00ed para que sus ojos vieran y sus o\u00eddos oyeran las cosas de su salvaci\u00f3n. Y despu\u00e9s de haberles explicado lo que ten\u00edan que creer y hacer para este fin, les descubr\u00eda el cartel y les hac\u00eda ver las estancias de la eternidad y la posibilidad de elegir lo de arriba o lo de abajo, el cielo o el infierno, la pobre gente daban gritos de que no quer\u00edan de ninguna manera ir con el demonio y que quer\u00edan estar con Dios. Se quejaban entre ellos, de que sus \u00abombiasas\u00bb no les hablaban de Dios, y que s\u00f3lo les visitaban por inter\u00e9s y para enga\u00f1arlos; y, en cuanto a m\u00ed, que yo les visitaba y ense\u00f1aba gratuitamente\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHe estado tambi\u00e9n, hace ya alg\u00fan tiempo, m\u00e1s all\u00e1 de las monta\u00f1as, en una Comarca que se llama \u00abValle de Ambul\u00bb Le ense\u00f1\u00e9 el mismo cartel al se\u00f1or del lugar, y le dije que Dios har\u00eda arder para siempre a los que ten\u00edan varias mujeres, sabiendo como sab\u00eda, que ten\u00eda cinco en su casa. Qued\u00f3 impresionado y not\u00e9 c\u00f3mo cambiaba el color de su cara. Vuelto un poco en s\u00ed, me rog\u00f3 que fuera a instru\u00edrle, y me prometi\u00f3 que obligar\u00eda a sus vasallos a recibir el Evangelio\u00bb \u00abPor Navidad visit\u00e9 la regi\u00f3n de Anossi, que est\u00e1 poblado por cerca de diez mil personas, y en la actualidad no me quedan m\u00e1s visitas que hacer en las regiones aleda\u00f1as para dar al pueblo unos someros conocimientos de Jesucristo, y acabar de preparar los caminos In omnem locum, in quem ipse Dominus est venturus Ir\u00e9 lo m\u00e1s pronto que pueda, para que los que vengan encuentren, cuando menos, la tierra un poco roturada\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abNo tengo m\u00e1s que decirle, se\u00f1or, salvo que toda esta pobre gente, que he empezado a instruir, s\u00f3lo espera el aquae motum, y la mano de algunos buenos Obreros para que los metan en la piscina del santo Bautismo. \u00a1Cu\u00e1ntas veces evangelizando en el campo, he o\u00eddo, no sin l\u00e1grimas, a esa pobre gente clamar \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el agua que lava las almas, que nos han prometido? Haznos ir ah\u00ed, y reza las oraciones. Pero la voy retrasando, por temor a que la pidan todav\u00eda materialmente como la Samaritana, que, por librarse de las molestias de ir a sacar agua del pozo, ped\u00eda a Nuestro Se\u00f1or el agua que quitaba la sed, y no conoc\u00eda a\u00fan la que apagaba el fuego de la concupiscencia, y que manaba hasta la vida eterna\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abA nuestra llegada encontramos en esta tierra a cinco ni\u00f1os bautizados, y nuestros Se\u00f1or ha querido a\u00f1adir a aquellos otros cincuenta y dos. Aunque hay muchos adultos suficientemente preparados, he diferido su bautismo, hasta que los pueda casar en cuanto se bauticen, para remediar el vicio que es tan com\u00fan en esta tierra. Pero, tendr\u00e9 sumo cuidado en que ninguno de los que est\u00e1n suficientemente preparados muera sin el bautismo. Hace alg\u00fan tiempo bautic\u00e9 a una pobre entrada en a\u00f1os que estaba muy enferma, y Dios hizo ver en ella los efectos de su gracia por los grandes sentimientos de agradecimiento para con su Bondad, que se los inspir\u00f3 de repente. Ha sido la primera de esta tierra que se ha ido a la eternidad bienaventurada, y su cuerpo ha sido el primero en ser enterrado en el cementerio de los franceses\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEstoy a la espera de la ayuda y de las \u00f3rdenes que quiera enviarme; empero, si no puedo progresar mucho, al menos trato de no dejar perder lo comenzado.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Qu\u00e9 l\u00e1stima! \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n y qu\u00e9 hacen ahora tantos doctores y tantos sabios, como dec\u00eda en otro tiempo san Francisco Javier, que est\u00e1n perdiendo el tiempo en las academias y universidades, mientras que tantos pobres infieles Petunt, panem, et non est qui frangat eis.Plegue al Soberano Due\u00f1o de la mies atender a sus necesidades, porque, a menos que haya aqu\u00ed un buen n\u00famero de sacerdotes para instruir y para mantener el fruto de las ense\u00f1anzas, no se podr\u00e1 avanzar nada, etc\u00bb<\/em><\/p>\n<p><strong>\u00a7. VI Carta del Sr. Bourdaise, sacerdote de la C.M., que contiene la continuaci\u00f3n de lo sucedido en las misiones de Madagascar <\/strong><\/p>\n<p>No se puede decir cu\u00e1nto se conmovi\u00f3 el Sr. Vicente al enterarse de la noticia de la muerte del Sr. Gondr\u00e9e, tanto por la p\u00e9rdida de tan buen Obrero, como por el peligro en que ve\u00eda al Sr. Nacquart, \u00fanico sacerdote en la isla, de sucumbir bajo el peso del trabajo que su celo le iba a hacer abrazar. Pero despu\u00e9s de bendecir a Dios por todo, y haberse sometido a todas las disposiciones de su sant\u00edsima Voluntad, en cuanto pudo, se preocup\u00f3 de elegir algunos misioneros dignos para enviarlos en ayuda de su cohermano en el laboreo de aquella iglesia nueva. Puso los ojos especialmente sobre el Sr. Santos Bourdaise, a quien uni\u00f3 el Sr. Francisco Mousnier, ambos Sacerdotes de su Congregaci\u00f3n y muy aptos para aquel trabajo apost\u00f3lico. Y considerando la magnitud de la obra, que exig\u00eda muchos obreros, les a\u00f1adi\u00f3 inmediatamente otros tres que fueron los Sres. Dufour, Pr\u00e9vost y de Belleville, todos ellos Sacerdotes de la Misi\u00f3n, de virtud probada y muy experimentados en las funciones de su vocaci\u00f3n, y que todos han consumado gloriosamente su vida, trabajando en el crecimiento del reino de Jesucristo en aquella tierra infiel. Como el Sr. Bourdaise es quien ha sobrevivido a todos los dem\u00e1s, y ha sido el que m\u00e1s tiempo ha trabajado en el laboreo de aquella nueva iglesia, traeremos aqu\u00ed una carta que escribi\u00f3 al Sr. Vicente el a\u00f1o 1657, despu\u00e9s de la muerte de todos sus cohermanos. En ella le cuenta lo que pas\u00f3 de m\u00e1s notable en aquellas misiones de Madagascar.<\/p>\n<p><em>\u00abEn estos momentos me faltan totalmente las palabras para poder explicar la amargura de mi pobre alma. Bien sabe Dios cu\u00e1les fueron nuestro dolor y nuestras l\u00e1grimas derramadas cuando, al llegar a esta isla por primera vez, no encontramos en ella m\u00e1s que las cenizas del Sr. Nacquart, que deb\u00eda ocupar el lugar de Jos\u00e9 para recibirnos con honor como a sus hermanos, y el de Mois\u00e9s para conducirnos por los desiertos terribles de esta soledad\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLa p\u00e9rdida que poco despu\u00e9s sufr\u00ed en la persona del Sr. Mousnier, consumido por el celo en menos de seis meses, me fue todav\u00eda m\u00e1s de sentir al verme solo para soportar todo el peso. Desde entonces esta llaga ha estado sangrando en mi coraz\u00f3n. Y aunque la esperanza de recibir nueva ayuda con un nuevo env\u00edo de misioneros ha aligerado de vez en cuando mi dolor, sin embargo el retraso en el cumplimiento de esta misma esperanza me ha dado muchas veces motivos de una nueva aflicci\u00f3n. Y lo que es m\u00e1s de lamentar, casi al tiempo que he gozado de este gran bien tan deseado y anhelado, me he sentido arrebatado y lo he perdido todo sin remedio. De modo, mi querido Padre, que me encuentro actualmente en la m\u00e1s extrema desdicha y en situaci\u00f3n de no esperar ya realmente nada para el futuro, puesto que nada tengo que perder, ni quiz\u00e1s tampoco que esperar, ya que esta tierra ingrata devora tan cruelmente, no ya a sus habitantes, sino a sus liberadores\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEntender\u00e1 usted perfectamente, se\u00f1or, todo lo que quiero decirle y que me gustar\u00eda poder callarle para ahorrar sus l\u00e1grimas y mis suspiros. El Sr. Belleville, a quien s\u00f3lo conozco de nombre y por el recuerdo de sus virtudes, ha muerto en el camino; el Sr. Pr\u00e9vost ha muerto tambi\u00e9n, poco despu\u00e9s de haber descansado de las fatigas de su viaje; y ha muerto, finalmente, el Sr. Dufour, a quien s\u00f3lo he visto aqu\u00ed para conocer lo mucho que iba a perder. Han muerto todos los Hijos que hab\u00eda enviado usted a Madagascar. Y he quedado yo s\u00f3lo, como desgraciado servidor para darle esta noticia que, aunque triste y tremendamente lamentable, no dejar\u00e1 de darle gozo y consuelo cuando conozca usted la santidad de la vida que llevaron tanto en el mar como en la tierra, y las grandes bendiciones que Dios ha concedido a todas sus tareas desde que abandonaron Francia. Voy a hacerle un breve relato de esto\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p>S\u00f3lo Dios conoce bien el dolor del Sr. Vicente por la p\u00e9rdida de sus obreros, acaecida una tras otra y en un lugar donde eran deseables su conservaci\u00f3n y su presencia. Oigamos hablar acerca de esa necesidad al Sr. Bourdaise, y despu\u00e9s de haberle o\u00eddo las noticias aflictivas, veamos los motivos de alegr\u00eda con que consolaba al Sr. Vicente:<\/p>\n<p><em>\u00abSi hubiera \u2014<\/em>dice<em>\u2014 dos o tres sacerdotes, espero que antes de un a\u00f1o casi todo el pa\u00eds de Anossy, aunque es extenso, estar\u00eda bautizado. Las aldeas son muy numerosas en esta tierra. No puedo ir muy lejos, y satisfacer a los que vienen a nuestra iglesia. Pero, los principales de estas aldeas dicen que aceptar\u00edan bautizarse, si tuvieran alguno que les hiciera rezar. Trato cuando menos de moverlos a desear el bautismo y a hacer actos para que el bautismo in voto supla en la necesidad\u00bb \u00abCon el fin de que la gente de aqu\u00ed retenga con m\u00e1s facilidad las verdades de nuestra fe, he rogado a un franc\u00e9s que entiende muy bien la lengua de esta tierra, que me ayude a traducir palabra por palabra a esa lengua nuestro peque\u00f1o catecismo. As\u00ed lo ha hecho, y eso me sirve mucho. Ya no utilizo int\u00e9rprete. Van enfervoriz\u00e1ndose cada vez m\u00e1s en nuestra santa fe, y veo todos los d\u00edas a nuevas personas que vienen a aprender el Pater, el Ave, el Credo, que les ense\u00f1o y que les explico. Todas las mujeres de Histolangar quieren bautizarse y casarse por la Iglesia. Cuando llegaron los Srs. Dufour y Pr\u00e9vost y estaban todav\u00eda en la peque\u00f1a isla de Santa Mar\u00eda, que no est\u00e1 lejos de \u00e9sta, hab\u00eda ya pensado en dejarles a uno en aquel sitio y al otro aqu\u00ed, y yo me ir\u00eda a las tierras vecinas a instruir a unos y a otros. Y para no ser carga para nadie, me hab\u00eda propuesto hacer un peque\u00f1o almac\u00e9n de v\u00edveres en uno de los principales poblados, situado en el lugar m\u00e1s c\u00e9ntrico del pa\u00eds; y as\u00ed permanecer de ocho a diez d\u00edas en un sitio, hasta que hubiera alguno en la aldea que supiera rezar, para ense\u00f1ar a los dem\u00e1s y les invitara a rezar por las tardes y por las ma\u00f1anas, como se hace en nuestro poblado. Esos planes me gustaban mucho, y frecuentemente les asegur\u00e9 a los pobres que pronto ir\u00eda donde ellos para ense\u00f1arles a conocer a Dios y a rezarle, ya que lo hab\u00edan deseado tanto, y que hab\u00edan venido cohermanos m\u00edos para ayudarme; eso les alegraba mucho. Pero Dios ha dispuesto las cosas de otra manera\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEnse\u00f1o a esta buena gente que ha recibido el bautismo a confesarse, y espero que antes de Pascua todos se confesar\u00e1n, si Dios quiere. Son muy asiduos a las oraciones de la tarde y de la ma\u00f1ana, tambi\u00e9n del mediod\u00eda. Los que tienen verg\u00fcenza y los ancianos vienen a mi casa y les instruyo en particular\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abVarios piden que se les bautice, pero quiero que antes sepan rezar, y durante ese tiempo es cuando yo les pruebo, y me entero de sus extrav\u00edos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abAlgunas personas me han dicho que una de las cosas que les impiden bautizarse es que temen que si los franceses no se quedan durante mucho tiempo en la isla, siendo ellos pocos, los vayan a matar los blancos (isle\u00f1os)\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEstoy siempre agotado de tanta gente como viene a todas horas para aprender. Me he visto obligado a hacerles rezar a todos juntos en voz alta en la iglesia; y acuden con mucha exactitud tanto los peque\u00f1os como los mayores. Dios ha querido, se\u00f1or, que todos nuestros cohermanos oigan las suaves nuevas armon\u00edas de tantas voces discordantes de j\u00f3venes y de ancianos, de hombres y de mujeres de pobres y de ricos que se han unido en la fe del mismo Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHe bautizado durante estos d\u00edas a cinco familias de negros, a saber, al hombre, a la mujer y a los hijos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHe realizado doce matrimonios entre franceses y mujeres de esta tierra; ellas han sido las primeras que han venido a rezar, las primeras bautizadas y las primeras llenas de celo por el honor de Dios: son en este momento ejemplo para las dem\u00e1s mujeres\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHemos tenido todas las dificultades imaginables para hacer que se marchen las mujeres p\u00fablicas. Me he visto obligado a ir a las caba\u00f1as con una cuerda para expulsarlas, y eso despu\u00e9s de usar en vano de ruegos y de s\u00faplicas. El miedo ha conseguido expulsarlas. Ten\u00eda el visto bueno del Sr. Gobernador para actuar as\u00ed\u00bb \u00abCuatro negros, que hab\u00edan sido bautizados y casados por el difunto Sr. Nacquart, y separados de sus mujeres por las guerras, han podido juntarse de nuevo con muchas dificultades\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abAdem\u00e1s de eso, tenemos doce nuevos matrimonios contra\u00eddos entre negros, y veintitr\u00e9s entre franceses y mujeres del pa\u00eds. Esto va multiplic\u00e1ndose poco a poco. Cada uno de los habitantes se ha ido retirando a su poblado; vienen a la iglesia los d\u00edas de fiesta\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abMe estoy imponiendo en leer y escribir al estilo de esta tierra; para eso llamo a uno de los m\u00e1s grandes y m\u00e1s sabios de los ombiasas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHemos instruido a cuatro ni\u00f1os roandrias, que son hijos de cuatro de los Grandes m\u00e1s importantes del pa\u00eds, que los mandan aqu\u00ed. Uno est\u00e1 ya bautizado; estoy esperando a nuestros franceses, que est\u00e1n en camino para ser padrinos, y bautizarlos a todos; est\u00e1n dese\u00e1ndolo, se han desprendido de los olys que llevan al cuello y se han puesto cruces en su lugar\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHe estado hablando con un jefe Roandria (hace ya tiempo bautic\u00e9 a sus dos hijos mayores), para moverlo a bautizarse \u00e9l y todos los que quedan de su casa, como tambi\u00e9n a su padre y a su hermano, que son reyes como \u00e9l; no se ha echado atr\u00e1s. Ha dejado aqu\u00ed al m\u00e1s joven de los chicos y me ha permitido bautizarlo. Eso es mucho para un Grande: si estuviera bautizado tambi\u00e9n \u00e9l, lo har\u00edan muchos m\u00e1s\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl hijo mayor de otro rey llamado Dian Massa, que est\u00e1 bautizado y es uno de los m\u00e1s valientes de esta tierra, es de muy buen car\u00e1cter y est\u00e1 muy bien formado reza todos los d\u00edas ante los suyos. Le he dicho que instruya a su mujer y a su gente y me lo ha prometido\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>Tengo aqu\u00ed a dos ni\u00f1os de dos Grandes de la isla con sus esclavos. Quieren igualmente recibir el bautismo, y se lo administraremos, con la ayuda de Dios, con la mayor solemnidad posible, para que Dios sea m\u00e1s glorificado, y la gente, especialmente los principales, m\u00e1s edificados y excitados a seguir el buen ejemplo que estos dos les dar\u00e1n. Porque hay que confesar que nuestra religi\u00f3n se extiende m\u00e1s con la conversi\u00f3n de un solo noble y gran se\u00f1or, que si se convierten cien de los del pueblo bajo. La experiencia nos lo hace ver suficientemente\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl a\u00f1o pasado me informaron que a tres de los m\u00e1s poderosos se\u00f1ores de todo el pa\u00eds, y de los m\u00e1s temidos, no les quedaba nada de tiempo para vivir, que con toda seguridad morir\u00edan en cuesti\u00f3n de pocos d\u00edas. Me vi en situaci\u00f3n comprometida, porque sab\u00eda que eran personas muy apegadas a sus supersticiones, pero me dej\u00e9 llevar por la inspiraci\u00f3n de Dios. Los fui a ver y Dios les hizo la gracia de abrirles los ojos. Porque, al hablarles de las verdades de nuestra fe y asegurarles que nadie pod\u00eda ser bienaventurado, ni evitar las penas eternas despu\u00e9s de la muerte, si no estaba bautizado, inmediatamente me rogaron que los bautizara, pero que los bautizara al punto, y los sepultaran despu\u00e9s de muertos. Les promet\u00ed que har\u00eda ambas cosas, con tal de que abandonaran todos los olys y las supersticiones que tem\u00edan, y as\u00ed lo hicieron inmediatamente. Despu\u00e9s de lo cual les conced\u00ed el bautismo. Y cuando murieron, me encargu\u00e9 de amortajarlos y de darles sepultura en nuestro cementerio. No puedo callar la alegr\u00eda y la edificaci\u00f3n que me causaron los negros en el momento del entierro. Inmediatamente acudieron en grand\u00edsimo n\u00famero para ver el entierro de los que hab\u00edan tenido hasta entonces como dioses, y dedicaban mil alabanzas a la religi\u00f3n cat\u00f3lica, porque nos hab\u00edamos preocupado de amortajar tan honor\u00edficamente a los mismos que, antes del bautismo, s\u00f3lo nos deseaban mal. Vea usted la gran disponibilidad que tienen estos indios para convertirse, y cu\u00e1nto contribuyen a eso el ejemplo de los Grandes\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abMe he hecho cargo de tres ni\u00f1os, hijos de nuestros franceses con dos hijos de los reyes de Moobule, los cinco de unos dos a\u00f1os, que es la edad en la que puede uno estar seguro de hallarlos y conservarlos en la inocencia, sobre todo, en la castidad, que aqu\u00ed es mucho m\u00e1s rara de lo que se puede decir. No hay por qu\u00e9 extra\u00f1arse de eso: sus padres y sus madres s\u00f3lo esperan a que sus hijos de uno y otro sexo tengan el uso de raz\u00f3n para que les ense\u00f1en c\u00f3mo se puede perder la pureza, y lo que es peor, los estimulan a ello, cosa bien de lamentar y que hace ver la gran necesidad que este pobre pueblo tiene de ser instruido\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTengo ya desde hace mucho tiempo a otros cuatro ni\u00f1os, que en la actualidad son de siete a ocho a\u00f1os, que me dan mucha satisfacci\u00f3n y esperanza por verlos alg\u00fan d\u00eda cooperar en la conversi\u00f3n de los dem\u00e1s. Especialmente, dos de ellos, que ya saben leer y ayudar a misa\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEstos pobres indios acuden a m\u00ed en sus enfermedades, por lo cual doy gracias a nuestro Se\u00f1or. En el momento que uno se hiere o se pone enfermo, me manda a buscar para recibir un peque\u00f1o alivio. Eso me sirve mucho, porque es precisamente en ese momento cuando me escuchan de m\u00e1s buena gana, y \u00e9sa ha sido la causa por la que he bautizado a varios ni\u00f1os peque\u00f1os, que murieron casi inmediatamente, y, por consiguiente, han subido al cielo. Los hemos enterrado con las ceremonias acostumbradas cuid\u00e1ndonos de que los ni\u00f1os de su edad llevaran velas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abFui a ver al se\u00f1or de la aldea de Imurs; es ya un anciano y est\u00e1 gravemente enfermo, y en presencia de todos sus s\u00fabditos, que hab\u00edan acudido a mi llegada, le habl\u00e9 de las cosas del otro mundo y de la grandeza de la fe cristiana. Le dije si quer\u00eda ser bautizado como los cristianos; as\u00ed se le contar\u00eda entre uno de los hijos de Dios. Aquel buen hombre reuniendo lo que le quedaba de sus fuerzas me dijo que deseaba mucho ser cristiano. Por eso, y como la enfermad apremiaba, lo bautic\u00e9 en presencia de toda la reuni\u00f3n y a continuaci\u00f3n hice una exhortaci\u00f3n a los presentes. Y volviendome al enfermo, le di unos clavos de especias para fortalecerlo, porque ya no le quedaban fuerzas. Me pidi\u00f3 vino fuerte de Francia; se lo promet\u00ed. Me quiso hacer un regalo, pero se lo agradec\u00ed, dici\u00e9ndole que el bautismo es una cosa de tan gran precio, que no hay nada en el mundo que lo pueda pagar. Vi\u00e9ndole tan bien dispuesto, me vine para casa y le envi\u00e9 un poco de triaca y un preparado de jacinto, y al cabo de tres d\u00edas se cur\u00f3. Por eso, me siento obligado a la Bondad divina, porque gracias a esos peque\u00f1os remedios, a los que Ella da la bendici\u00f3n para los cuerpos, encuentro facilidades en esta buena gente para la curaci\u00f3n de las almas\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDurante la guerra los enemigos fueron de noche a una aldea cercana a la nuestra y mataron a unos veinte hombres, que estaban sometidos a los franceses. Hirieron a una mujer con quince azagayas. Me la trajeron despu\u00e9s de diez d\u00edas, con fiebres muy altas. Las heridas estaban tan infectadas a causa de la podredumbre que no se pod\u00eda aguantar su hediondez. Aquello era debido a que los pobres no disponen de medios para hacerse curar por los ombiasas, y los pobres heridos dejan as\u00ed las heridas sin ponerles remedio alguno. Le di un ung\u00fcento que la cur\u00f3 en poco tiempo, con la ayuda de Dios, a pesar de que ella ten\u00eda un nervio y una de las venas grandes cortados en el brazo. Cuando se recuper\u00f3, me trajo a sus dos hijos para bautizarlos y me los quer\u00eda dar como esclavos; pero no los quise recibir en cuanto tales, d\u00e1ndole a entender que en nuestra religi\u00f3n no hab\u00eda esclavos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abUn ombiasa me vino \u00faltimamente a buscar para rogarme que fuera a curar en su aldea a un hombre que no dorm\u00eda nada desde hac\u00eda tres meses, y que sufr\u00eda mucho a causa de un absceso que ten\u00eda en el muslo; se le hab\u00eda hinchado mucho y era tan grande como el cuerpo de un hombre; la piel estaba tan dura que el absceso no pod\u00eda reventar por s\u00ed mismo. Cuando vi aquello, tom\u00e9 un bistur\u00ed y le abr\u00ed el apostema, que llen\u00f3 de pus m\u00e1s de un caldero. Aquella pobre gente qued\u00f3 maravillada. Se cur\u00f3 en tres d\u00eda. El hombre tambi\u00e9n ten\u00eda otro absceso en el hombro y proced\u00ed en la misma manera, y en poco tiempo se le pas\u00f3 totalmente el mal\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abExiste entre los naturales de esta tierra cierta disenter\u00eda, o flujo gris, que llaman \u00absorac\u00bb. Es debida a alg\u00fan alimento en mal estado, y dura tres meses del a\u00f1o. Esta enfermedad los mata en ocho d\u00edas y no disponen de ning\u00fan remedio que la sane. Les di un poco de triaca y los cur\u00f3 a todos. He curado a m\u00e1s de cien por la misericordia de Dios: vienen todos donde m\u00ed por eso. Hay motivos para esperar que la curaciones corporales los dispondr\u00e1n para las espirituales, como sucedi\u00f3 con los ap\u00f3stoles, y tambi\u00e9n con nuestro Se\u00f1or, puesto que curaban los cuerpos antes de convertir las almas\u00bb. <\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTenemos aqu\u00ed un adivino llamado Rathy, de unos sesenta y nueve a\u00f1os, bajo de estatura, de mirada ingenua y parco en palabras. Este hombre se ha hecho muy famoso por sus adivinaciones, que muchas veces han resultado verdaderas. Hasta los franceses le dan cr\u00e9dito. El a\u00f1o 1654 predijo que en menos de seis semanas ver\u00edan aqu\u00ed barcos de Francia: result\u00f3 cierto, porque un poco m\u00e1s adelante, llegaron los barcos que hab\u00eda enviado el Sr. Mariscal de la Meilleraye. En otra ocasi\u00f3n, los franceses le preguntaron, si el Sr. de Flacourt que se volv\u00eda para Francia, llegar\u00eda a buen puerto; respondi\u00f3 que s\u00ed, pero que, al acercarse a Francia, se encontrar\u00eda con tres barcos de guerra enemigos. Y as\u00ed sucedi\u00f3, como el Sr. de Flacourt ha podido decirle a usted. Tambi\u00e9n ha acertado en varias predicciones m\u00e1s y yo he sido testigo de ello. Esto me ha hecho dudar, si Dios no le habr\u00e1 comunicado a este hombre un verdadero don de la profec\u00eda, como antiguamente a las Sibilas, en recompensa por alguna insigne virtud moral que tiene; porque parece que es un buen hombre, sencillo, candoroso. Y como suele venir a verme con frecuencia, quise un d\u00eda enterarme de lo que hab\u00eda. Le pregunt\u00e9 s\u00ed hablaba con los cuculamb\u00faes, es decir, con los duendes y los esp\u00edritus. Me respondi\u00f3 candorosamente que les hablaba y muy a menudo. Me enter\u00e9 del lugar en donde habitaban aquellos demonios y c\u00f3mo eran. Me dijo que habitaban en los montes altos y que parec\u00eda que s\u00f3lo ten\u00edan el vientre, aunque no com\u00edan nada; que algunos los o\u00edan hablar y otros no. Le pregunt\u00e9 si no so\u00f1aba, cuando dorm\u00eda, en las cosas que iba a predecir sobre el futuro. Me dijo que su pensamiento le dictaba todo sobre la marcha. Y se lo cre\u00ed, porque da unas respuestas que no ha podido tener ocasi\u00f3n para consult\u00e1rselas al demonio, como cuando una persona le pregunt\u00f3 si su padre estaba vivo y cu\u00e1ntos hermanos y hermanas ten\u00eda, lo cual \u00e9l no pod\u00eda saber. Respondi\u00f3 muy bien a todo aquello, y sin dudar dijo exactamente lo que hab\u00eda. Le pregunt\u00e9 si aquello le llevaba al bien y si ser\u00eda bueno rezar. Me respondi\u00f3 ambiguamente, o porque dudaba o porque no se atrev\u00eda a decir que no, o por otra raz\u00f3n. Hasta que ya no le volv\u00ed a insistir m\u00e1s. Le pregunt\u00e9 s\u00f3lo si el esp\u00edritu quer\u00eda a los sacerdotes. Y me dijo que m\u00e1s bien les ten\u00eda miedo: eso me hizo pensar que se trataba de malos esp\u00edritus. Ha predicho varias cosas m\u00e1s, pero su verdad no es conocida todav\u00eda. Entre ellas, que toda la isla se convertir\u00e1 y ser\u00e1 bautizada. Yo no sabr\u00eda decir si esta profec\u00eda es del buen o del mal esp\u00edritu. Dios quiera que veamos cuanto antes su realizaci\u00f3n. Hay razones para esperarlo, si mis pecados no le ponen obst\u00e1culos; porque estoy comprobando con mis propios ojos la verdad de otra predicci\u00f3n parecida; que es, que tanto \u00e9l, como su mujer y sus hijos ser\u00e1n bautizados un d\u00eda. Efectivamente \u00e9l me lo ha prometido que lo har\u00eda cuanto antes, y acude todos los d\u00edas a la oraci\u00f3n, y me dice que, cuando sepa rezar bien, ir\u00e1 por las aldeas, como yo, a ense\u00f1ar a los dem\u00e1s, y desde ahora no quiere responder m\u00e1s a los que le preguntan algunas cosas relacionadas con sus supersticiones, porque, para excusarse, dice que me tiene miedo. Este hombre puede desenga\u00f1ar a muchos sobre la cuesti\u00f3n de los olys, porque es uno de los mayores maestros en esa materia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl hambre ha llegado a ser tan grande aqu\u00ed, que varios negros han muerto de hambre. He hecho una marmita para los ni\u00f1os bautizados y no bautizados, que est\u00e1n encantados por tener todos los d\u00edas una raci\u00f3n de potaje. Les doy la catequesis al mediod\u00eda; durante ella est\u00e1n atentos y modestos; hasta suelen venir las madres a traer a sus hijos peque\u00f1os, cosa que me alegra mucho, porque as\u00ed maman la leche espiritual con gran asiduidad y estoy resuelto a continuar siempre, dado el fruto que se espera. Adem\u00e1s de la raci\u00f3n ordinaria, doy limosna a los ancianos y a los ni\u00f1os abandonados por sus madres durante los malos d\u00edas en que no encuentran casi nada que comer\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abYa ve usted, se\u00f1or, por un lado las hermosas y ricas disposiciones para la extensi\u00f3n del reino de Jesucristo en esta isla tan extensa. Son ya, por lo menos, seiscientos los habitantes que han recibido la luz del Evangelio, y el n\u00famero de los que la desean y la esperan es todav\u00eda mucho mayor. Si por la facilidad y la m\u00ednima resistencia de esos podemos juzgar de los dem\u00e1s, hay motivos para esperar la misma cosa de todos los habitantes. Es decir, de las cuatrocientas mil almas que hay en esta tierra, y de una multitud innumerable de otras, que en el correr de los tiempos recibir\u00e1n de sus antepasados esta rica herencia. Sin embargo, a pesar de que yo no soy m\u00e1s que un pobre y peque\u00f1o siervo in\u00fatil, si yo viniera a faltar, estando como estoy todos los d\u00edas al borde de la muerte, \u00a1ay! \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda de esta pobre Iglesia? Y \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda de tantos pueblos como quedar\u00edan sin instrucci\u00f3n, sin sacramentos y sin ning\u00fan gu\u00eda? Dios, que me hace ver esa situaci\u00f3n extrema, me impulsa a postrarme en esp\u00edritu a los pies de usted, como lo estoy aqu\u00ed en el cuerpo, para decirle de parte de tantas almas, con toda la humildad y el respeto que me es posible Mitte quos missurus es. Env\u00edenos misioneros, pues los que han venido a morir a nuestras puertas, no los han enviado a Madagascar para quedar aqu\u00ed, sino que solamente han sido llamados por este camino al cielo, donde usted tiene tanta necesidad de establecer su Compa\u00f1\u00eda como en la tierra\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abAcabo con una peque\u00f1a noticia triste y alegre a la vez, que he sabido hace alg\u00fan tiempo, a saber, que la madre de Dian Nachicor, uno de los m\u00e1s grandes se\u00f1ores de esta tierra, de m\u00e1s de cien a\u00f1os de edad, hab\u00eda muerto despu\u00e9s de haber solicitado insistentemente el bautismo, que no hab\u00eda podido recibir a causa de la distancia del lugar donde estaba. Verdaderamente qued\u00e9 muy afligido, porque no se me hab\u00eda llamado a tiempo para asistirla en los \u00faltimos momentos. Pero como hay razones para esperar, que, en caso de impotencia, el buen deseo que ella manifest\u00f3 habr\u00e1 suplido a mi falta y habr\u00e1 recibido el bautismo interior del Esp\u00edritu Santo, mi coraz\u00f3n se ha consolado mucho por ello. He pensado que estaba obligado a darle un lugar entre los ne\u00f3fitos. Probablemente hay muchos otros de uno y otro sexo que se salvan aqu\u00ed en virtud de ese bautismo espiritual, por no tener ocasi\u00f3n de recibir el otro; pero tambi\u00e9n hay que confesar que el n\u00famero de los que se condenan es mucho mayor por no disponer de un hombre que les ayude a salvarse en esta m\u00edstica piscina. Y eso s\u00ed que me causa m\u00e1s dolor, sobre todo, cuando me represento a los \u00e1ngeles de la guarda que me dicen: Si fuisses hic, frater meus non esset mortuus. \u00a1Oh misionero! Si hubieras asistido a tal hombre o a tal mujer, no habr\u00edan muerto con la muerte eterna! \u00a1Querido Padre m\u00edo! \u00a1Cu\u00e1ntas veces he deseado que tantos eclesi\u00e1sticos bien dotados que est\u00e1n en Francia en la ociosidad, y que conocen la gran necesidad de Obreros, hicieran alguna vez semejante reflexi\u00f3n y se persuadieran vivamente que Nuestro Se\u00f1or en persona les hace estos reproches a cada uno de ellos en particular: O sacer dos! Si fuisses hic, frater meus non fuisset mortuus. \u00a1Oh sacerdote! Si hubieras estado en esta isla, muchos de mis hermanos rescatados por mi sangre, no habr\u00edan muerto con una muerte irreparable! Seguramente que este pensamiento les dar\u00eda compasi\u00f3n y hasta espanto, sobre todo, si consideran atentamente que, por haberse descuidado en prestar asistencia espiritual, el mismo Jesucristo les dir\u00e1 un d\u00eda estas palabras terribles: Ipse impius in iniquitate sua morietur, sanguinem ver\u00f2 eius de manu tua requiram. \u00a1Oh si los sacerdote, los doctores, los predicadores, los catequistas y otras personas de talento y vocaci\u00f3n para estas misiones lejanas se fijaran en todo eso, y, sobre todo, en las cuentas que se les exigir\u00e1n por tantas almas, que por faltarles la asistencia por su parte se condenar\u00e1n. No hay duda que se preocupar\u00edan, mucho m\u00e1s de lo que lo hacen, en irse lejos a buscar las ovejas descarriadas para traerlas al aprisco de la iglesia\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>Como este ferviente misionero se temiera que el Sr. Vicente llegara a perder los \u00e1nimos o a cambiar de resoluci\u00f3n, viendo morir as\u00ed a los m\u00e1s excelentes obreros de su Congregaci\u00f3n, volvi\u00f3 a la carga: <\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEnv\u00edenos cuanto antes algunos obreros, se lo conjuro, querido Padre, y si todos esos lamentables sucesos le hicieran dudar s\u00f3lo un poco de la vocaci\u00f3n de nuestra Compa\u00f1\u00eda en este trabajo, f\u00edjese en los proyectos de san Bernardo, cuando aconsej\u00f3 la Cruzada para conquistar Tierra Santa, y en la historia de las haza\u00f1as que realizaron los Israelitas contra la ciudad de Gaba\u00f3n. Porque, si usted piensa que el resultado de esas expediciones fue bastante malo, aunque Dios hab\u00eda autorizado la primera con un milagro, y la segunda por revelaci\u00f3n, confesar\u00e1 con facilidad que el triste final del viaje de nuestros sacerdotes no le debe impedir creer que la vocaci\u00f3n de ellos hab\u00eda sido del mismo Dios, que por otra parte le ha dado se\u00f1ales bastante evidentes de ello. Y, adem\u00e1s, se\u00f1or, usted sabe que Dios mortifica y vivifica, cuando quiere, y que as\u00ed hay razones para esperar que los otros obreros que su caridad (de usted) enviar\u00e1, resultar\u00e1n mejor que los precedentes. As\u00ed ocurri\u00f3 a los israelitas, que, despu\u00e9s de haber sido en dos ocasiones derrotados y rechazados por los gabaonitas, quedaron al fin victoriosos y tomaron el pueblo al tercer asalto. Ciertamente, querido Padre, usted ha perdido muchos hijos, y buenas personas, pero le suplico por el amor de Jesucristo que no se desaliente por eso, y no abandone tantas almas rescatadas por el Hijo de Dios. Tenga por cierto que si tantos misioneros buenos han muerto, no ha sido por el aire de esta tierra, sino por las fatigas de su viaje, o por sus mortificaciones excesivas, o tambi\u00e9n por el trabajo descomedido, que aqu\u00ed siempre ser\u00e1 demasiado grande mientras haya tan pocos obreros\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><strong>\u00a7. VII Carta del Sr. Vicente al Sr. Bourdaise. Le manda otros cinco misioneros para ayudarle<\/strong><\/p>\n<p>Las tristes nuevas de la p\u00e9rdida de tantos misioneros buenos le causaron al Sr. Vicente un dolor muy grande, y no hay duda de que las muertes de los suyos, que 348 le comunicaban, eran otras tanta heridas en su coraz\u00f3n paternal, que sent\u00eda una ternura especial\u00edsima hacia sus hijos, aunque, por otra parte, permaneciera enteramente sumiso a todas las disposiciones de Dios, a cuya gloria hac\u00eda una ofrenda y un sacrificio cont\u00ednuo de su vida y de la de sus hijos espirituales. Ciertamente, despu\u00e9s de aquellas terribles pruebas, hab\u00eda alguna raz\u00f3n como para dudar de si Dios quer\u00eda servirse de \u00e9l y de los suyos en aquella misi\u00f3n tan lejana. Y parec\u00eda que era una empresa temeraria querer mantenerla en adelante, cuando la voluntad de la Divina Providencia se manifestaba tan contraria. Esa era la forma de pensar de algunos de sus amigos, que segu\u00edan m\u00e1s bien la luz de la prudencia humana, que no siempre vale para tener \u00e9xito en las obras apost\u00f3licas. Pero este buen var\u00f3n de Dios, iluminado por el Esp\u00edritu Santo, reconoc\u00eda que todas aquellas adversidades y oposiciones eran m\u00e1s bien se\u00f1ales de que Dios aprobaba su empresa, que no obst\u00e1culos que su Providencia quer\u00eda oponer. Por eso, elev\u00e1ndose como una palmera bajo un peso, que habr\u00eda acabado con un \u00e1nimo menor que el suyo, tom\u00f3 la resoluci\u00f3n de continuar lo que hab\u00eda empezado tan bien con la ayuda de la gracia, y en ella pon\u00eda su \u00fanico apoyo<\/p>\n<p><em>\u00abDec\u00eda que la Iglesia universal hab\u00eda sido establecida por la muerte del Hijo de Dios, confirmada por la de los ap\u00f3stoles, de los papas y de los obispos martirizados; que se hab\u00eda multiplicado por la persecuci\u00f3n, y que la sangre de los m\u00e1rtires hab\u00eda sido la semilla de los cristianos; que Dios acostumbraba probar a los suyos, cuando ten\u00eda un gran proyecto sobre ellos; que su Divina Bondad daba a conocer que quer\u00eda ahora m\u00e1s que nunca, que su Nombre fuera conocido y el Reino de su Hijo establecido en todas las naciones; que era evidente que los pueblos isle\u00f1os estaban dispuestos para recibir las luces del Evangelio, y que seiscientas personas de all\u00ed hab\u00edan recibido ya el bautismo gracias a los trabajos de un s\u00f3lo misionero que Dios hab\u00eda conservado, y que no ser\u00eda razonable ni caritativo abandonar al servidor de Dios que gritaba pidiendo ayuda, y abandonar al pueblo que s\u00f3lo pide ser instruido\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p>Todas esas consideraciones y otras semejantes le hicieron tomar la decisi\u00f3n de enviar, a fines del a\u00f1o 1659, otros cinco misioneros a aquellas islas lejanas, a saber, cuatro sacerdotes y un hermano, quienes despreciando los peligros y la muerte, se le hab\u00edan ofrecido y le hab\u00edan rogado insistentemente ir a sus \u00f3rdenes a trabajar en aquella peligrosa y dif\u00edcil misi\u00f3n. Les dio, antes de su partida, la carta siguiente dirigida al Sr. Bourdaise. En ella, como en un dibujo hecho por su mano, se podr\u00e1 ver la eminencia de su celo y de sus virtudes<\/p>\n<p><em>\u00abLe manifestar\u00e9 en primer lugar, se\u00f1or, \u2014<\/em>tales son los t\u00e9rminos de su carta<em>\u2014 el justo temor en que estamos de que no est\u00e9 en esta vida mortal, teniendo en cuenta el poco tiempo que sus hermanos que le han precedido, acompa\u00f1ado y seguido, han vivido en esa tierra ingrata que ha devorado a tantos buenos obreros enviados a roturarla. Si todav\u00eda sigue vivo \u00a1qu\u00e9 grande ser\u00e1 nuestra alegr\u00eda, cuando estemos seguros de ello! No le costar\u00eda mucho trabajo creerlo si supiera hasta qu\u00e9 punto llega la estima y el afecto por usted, que es tan grande que ninguna persona puede tener con otra uno igual\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLa \u00faltima y breve relaci\u00f3n que nos envi\u00f3 usted nos ha hecho ver la virtud de Dios en usted y esperar un fruto extraordinario de sus trabajos, y nos ha hecho derramar l\u00e1grimas de alegr\u00eda por la Bondad de Dios, que ha tenido un cuidado admirable de usted y de esos pueblos que est\u00e1 evangelizando, por su gracia, con tanto celo y prudencia por parte suya y con tan buena disposici\u00f3n por parte de ellos para convertirse en hijos de Dios. Pero al mismo tiempo, hemos llorado con su dolor y su p\u00e9rdida en la muerte de los Sres. Dufour, Pr\u00e9vost y de Belleville, que encontraron su descanso en lugar del trabajo que fueron a buscar, y que aumentaron la pena de usted, cuando esperaba de ellos mayor solaz. Esta separaci\u00f3n tan r\u00e1pida ha sido siempre desde entonces una espada de dolor para su alma, lo mismo que lo hab\u00eda sido antes la muerte de los Sres. Nacquart, Gondr\u00e9e y Mousnier. Nos ha expresado usted tambi\u00e9n su sentimiento al darnos la noticia del fallecimiento de ellos, y me he visto tan conmovido por su enorme aflicci\u00f3n como por esas grandes p\u00e9rdidas. Parece como si Dios le tratara a usted como trat\u00f3 a su Hijo: lo envi\u00f3 al mundo para establecer su Iglesia con su pasi\u00f3n, y parece que quiere introducir la fe en Madagascar solamente por los sufrimientos de usted. Adoro las divinas disposiciones y le ruego que cumpla en usted los designios de Dios. Hay quiz\u00e1s alguno muy especial sobre su persona, ya que, entre tantos misioneros fallecidos, le ha dejado con vida. Parece como si su Voluntad, al querer el bien que ellos desearon realizar, no ha querido impedir su efecto al quitarles de ese mundo, sino producirlo por medio de usted, al conservarle la vida\u00bb \u00abSea lo que fuere, se\u00f1or, hemos sentido mucho la privaci\u00f3n de esos buenos siervos de Dios, y hemos tenido grandes motivos para admirar en esta \u00faltima ocasi\u00f3n extraordinaria los recursos incomprensibles de su Providencia. Bien sabe El que con todo el coraz\u00f3n hemos besado la mano que nos her\u00eda, someti\u00e9ndonos humildemente a su golpes tan sensibles, aunque no pod\u00edamos comprender las razones de una muerte tan repentina en hombres que promet\u00edan mucho en medio de un pueblo que est\u00e1 pidiendo instrucci\u00f3n, y despu\u00e9s de tantas se\u00f1ales de vocaci\u00f3n que se manifestaban en ellos para hacerse cristianos\u00bb \u00abSin embargo, esta p\u00e9rdida, lo mismo que las anteriores y los sucesos que luego han tenido lugar, no han sido capaces de disminuir en lo m\u00e1s m\u00ednimo nuestra decisi\u00f3n de socorrerle ni la de exponer la vida de los cuatro sacerdotes y un Hermano que enviamos, los cuales, sintiendo inclinaci\u00f3n a su misi\u00f3n, nos han insistido mucho en que los envi\u00e1ramos\u00bb<\/em><\/p>\n<p>(Describe aqu\u00ed sus buenas cualidades para darle el conocimiento de cada uno en particular, y despu\u00e9s dice:)<\/p>\n<p><em>\u00abNo s\u00e9 quien se sentir\u00e1 m\u00e1s consolado por su llegada: usted, que los ha estado esperando tanto tiempo, o ellos, que tienen un grand\u00edsimo deseo de verse con usted. Mirar\u00e1n en usted a Nuestro Se\u00f1or y a usted en Nuestro Se\u00f1or; le obedecer\u00e1n como a m\u00ed mismo, con su gracia. Para ello le pido que tome su direcci\u00f3n. Espero que Dios bendecir\u00e1 la autoridad de usted y la sumisi\u00f3n de ellos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abNo habr\u00eda estado tanto tiempo sin recibir socorro, si no hubieran fallado dos embarques que se hicieron. Uno se perdi\u00f3 en el r\u00edo de Nantes. Iban en \u00e9l dos de nuestros sacerdotes y un Hermano, que se salvaron por una protecci\u00f3n especial de Dios. Murieron cien personas. El otro, que parti\u00f3 el a\u00f1o pasado, fue capturado por los espa\u00f1oles y tuvieron que volverse otros cuatro de nuestros sacerdotes y un Hermano. De forma que no ha querido Dios que le llegara desde aqu\u00ed ninguna ayuda ni consuelo, sino que ha querido que le llegara El mismo. El ha querido ser su primero y su segundo en esta obra apost\u00f3lica a la que le ha destinado para demostrar que el establecimiento de la fe es asunto suyo y no obra de los hombres. As\u00ed es c\u00f3mo lo hizo tambi\u00e9n al comienzo de la fundaci\u00f3n de la Iglesia universal, escogiendo solamente a doce ap\u00f3stoles, que marcharon por toda la tierra para anunciar la venida y la doctrina de su divino Maestro. Pero cuando empez\u00f3 a crecer esta santa semilla, su Providencia hizo que aumentara el n\u00famero de Obreros, y El har\u00e1 tambi\u00e9n que su Iglesia naciente, multiplic\u00e1ndose poco a poco, se vea provista al fin de sacerdotes que vivan para cultivarla y extenderla\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Ah, se\u00f1or! \u00a1Qu\u00e9 feliz es usted por haber puesto los primeros fundamentos de ese gran proyecto, que habr\u00e1 de enviar tantas almas al cielo, que no hubieran entrado nunca, si Dios no derramara en ellas el principio de vida eterna por los conocimientos y los sacramentos que les administra! \u00a1Ojal\u00e1 pueda usted con ayuda de su gracia seguir mucho tiempo en ese santo ministerio y servir de regla y de entusiasmo a los dem\u00e1s misioneros! Es la s\u00faplica que muchas veces le hace toda la Compa\u00f1\u00eda, ya que siente una devoci\u00f3n especial en encomendar a Dios a usted y a sus trabajos. Pero en vano le pedir\u00edamos a Dios su conservaci\u00f3n, si usted mismo no coopera a ello. Le ruego, pues, con todo el cari\u00f1o de mi coraz\u00f3n, que tenga mucho cuidado de su salud y de la de sus hermanos. Puede juzgar por su propia experiencia la necesidad rec\u00edproca que tenemos unos de otros, y lo mucho que los necesita el pa\u00eds. El temor que manifiesta de que nuestros queridos difuntos hayan adelantado su muerte por el exceso de sus trabajos le tiene que obligar a moderar su celo. M\u00e1s vale tener fuerzas de m\u00e1s que carecer de ellas. Pida a Dios por nuestra peque\u00f1a Congregaci\u00f3n, pues tiene mucha necesidad de hombres y de virtud por las grandes y diversas cosechas que se ofrecen por todas partes, tanto entre los eclesi\u00e1sticos como entre los pueblos. Pida tambi\u00e9n a Nuestro Se\u00f1or por m\u00ed, que ya no durar\u00e9 mucho tiempo por causa de mi edad que pasa de los ochenta a\u00f1os, y de mis piernas enfermas, que ya no me quieren llevar. Morir\u00eda contento si supiera que vive usted y cu\u00e1ntos son los ni\u00f1os y adultos que ha bautizado; pero, si no puedo saberlo en este mundo, espero verlo delante de Dios, en quien soy\u00bb,etc<\/em><\/p>\n<p>Los cinco misioneros partieron de Francia, y se embarcaron a fines del a\u00f1o 1659; y la Providencia ha querido que se hayan visto obligados a volver a Par\u00eds al cabo de dieciocho meses por haber naufragado el barco que los llevaba a la altura del Cabo de Buena Esperanza. Todos los que estaban dentro del barco se salvaron, gracias a Dios. Aquellos buenos misioneros permanecieron all\u00ed, hasta que la armada de los holandeses, que pasaba por all\u00ed diez meses despu\u00e9s del naufragio, los trajo a Francia<\/p>\n<p>El Sr. Vicente ya hab\u00eda muerto para cuando lleg\u00f3 la noticia de este \u00faltimo accidente, que lo habr\u00eda seguramente afligido en el \u00faltimo momento. De manera que fueron diecinueve o veinte las personas de su Compa\u00f1\u00eda que hab\u00eda hecho embarcar en momentos diversos para ir a trabajar en la conversi\u00f3n de los habitantes de aquella isla, y para fundar entre ellos el imperio de Jesucristo. De ellos siete murieron en aquel trabajo glorioso, contando entre ellos al Sr. Bourdaise, que qued\u00f3 el \u00faltimo. Y los dem\u00e1s se vieron obligados a volver por \u00f3rdenes secretas e incomprensibles de la Providencia de Dios, que no les permiti\u00f3 ir a cultivar aquella pobre Iglesia naciente<\/p>\n<p>Quien ocupa en la actualidad el lugar del Sr. Vicente ha mandado inmediatamente a cinco misioneros el mes de diciembre del a\u00f1o 1662, para que fueran a trabajar en aquella misi\u00f3n. Se han visto obligados a detenerse en Nantes hasta el mes de mayo siguiente, y, por fin, se han embarcado con el mismo deseo de trabajar y de sufrir para procurar que Dios sea conocido y glorificado entre los pobres isle\u00f1os, deseo que ha animado a todos los que los han precedido en aquella misi\u00f3n. Y poco despu\u00e9s se ha sabido que ya han llegado all\u00ed por la gracia de Dios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISIONES DEL SE\u00d1OR VICENTE SECCION IX: Misiones en la isla de San Lorenzo, llamada tambi\u00e9n Madagascar \u00a7. 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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