{"id":31849,"date":"2020-04-25T11:40:29","date_gmt":"2020-04-25T09:40:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/04\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-7\/"},"modified":"2020-03-27T16:45:04","modified_gmt":"2020-03-27T15:45:04","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-7","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-7\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 1, Secci\u00f3n 7"},"content":{"rendered":"<p>MISIONES DEL SE\u00d1OR VICENTE<\/p>\n<p><strong>SECCI\u00d3N VII: De las cosas m\u00e1s notables sucedidas en las misiones de Berber\u00eda <\/strong><\/p>\n<p>Aunque las misiones dadas bajo la direcci\u00f3n y las \u00f3rdenes del Sr. Vicente en Francia, en Italia y en otras Provincias aleda\u00f1as hayan sido acompa\u00f1adas por grand\u00edsimas bendiciones, como hemos visto en las secciones precedentes, sin embargo, hemos de confesar que las de las provincias m\u00e1s lejanas, que le costaron mucho m\u00e1s, obtuvieron frutos, si no m\u00e1s abundantes, al menos m\u00e1s preciosos y m\u00e1s exquisitos; y que esos pa\u00edses extranjeros y salvajes recibieron una fertilidad especial, despu\u00e9s de que fueron regados no s\u00f3lo por los sudores, sino en cierto modo por la sangre de los misioneros. Varios de ellos consumaron all\u00ed su vida en medio de excesivos trabajos a los que se expusieron por el servicio de Jesucristo. Ese era tambi\u00e9n uno de los m\u00e1s ardientes deseos del digno Padre y Fundador de los misioneros: ir a predicar a Jesucristo entre los infieles, y exponerse al martirio por la confesi\u00f3n de su Santo Nombre, si hubiera podido hacerlo sin faltar a las otras obligaciones que la Providencia Divina le hab\u00eda impuesto.<\/p>\n<p><em> \u00ab\u00a1Qu\u00e9 desgraciado soy! \u2014<\/em>dec\u00eda a veces en el fervor de su celo<em>\u2014. Me he hecho indigno por mis pecados de ir a servir a Dios entre los pueblos que no lo conocen\u00bb.Y hablando sobre ese tema a los de su Compa\u00f1\u00eda: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 feliz, oh qu\u00e9 feliz! \u2014les dec\u00eda \u2014 es la condici\u00f3n de un misionero que tiene por l\u00edmite de sus misiones y de sus trabajos por Jesucristo a toda la Tierra habitable. \u00bfPor qu\u00e9 restringirnos a un punto y ponernos l\u00edmites, cuando Dios nos ha dado semejante extensi\u00f3n para ejercer nuestro celo?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Manifestaba una especial\u00edsima veneraci\u00f3n a san Francisco Javier, que hab\u00eda extendido sus trabajos hasta los \u00faltimos confines de las Indias con tanto valor y bendici\u00f3n. Honraba muy especialmente a los Obreros evang\u00e9licos de la Compa\u00f1\u00eda de ese gran santo, y de todas las otras \u00f3rdenes religiosas que estaban dedicadas a las misiones de las Provincias extranjeras. Y cuando alguno de ellos volv\u00eda y le iba a visitar a San L\u00e1zaro, reun\u00eda a la Comunidad en su presencia, para que le oyeran contar los frutos de sus santos trabajos, y as\u00ed animar a sus misioneros a imitar su celo. Y para eso mandaba tambi\u00e9n leer en el comedor las relaciones impresas, y hasta contribu\u00eda cuando pod\u00eda al progreso de sus misiones entre infieles, como veremos un poco m\u00e1s adelante. Pero como reconoc\u00eda que, seg\u00fan la palabra de Jesucristo en el Evangelio, la mies de las almas es grand\u00edsima en esas tierras extranjeras y b\u00e1rbaras, y que el n\u00famero de los obreros era todav\u00eda muy peque\u00f1o, eso le movi\u00f3 a ofrecerse a Jesucristo, y tambi\u00e9n todos los suyos, para ir a trabajar en la instrucci\u00f3n de los pobres y de las almas m\u00e1s abandonadas, no s\u00f3lo en las Provincias cristianas, sino tambi\u00e9n entre las naciones infieles y b\u00e1rbaras. Infund\u00eda en todos los individuos de su Compa\u00f1\u00eda ese mismo celo y esa misma disposici\u00f3n; y cuando algunos se ofrec\u00edan a ir a aquellas tierras, se congratulaba con ellos de la gracia que Dios les hac\u00eda al darles aquellos \u00e1nimos. Mas nunca quiso adelantarse a enviar a algunos de los suyos a las misiones extranjeras sin una orden previa, para atenerse siempre a su gran norma, que era no intervenir nunca por propia decisi\u00f3n, ni prevenir, sino seguir sencillamente a lo que dispon\u00eda la Divina Providencia<\/p>\n<p>Ahora vamos a hablar de las misiones que se llevaron a cabo por orden del Sr.Vicente en las Provincias m\u00e1s lejanas, y entre los infieles, herejes y otros enemigos de nuestra religi\u00f3n. Empezaremos en esta secci\u00f3n por las que se hicieron en Berber\u00eda. En ellas veremos cu\u00e1nto trabajaron los misioneros y cu\u00e1nto sufrieron por servir a Jesucristo en la persona de los pobres cautivos cristianos, y en las secciones siguientes presentaremos algo de lo que sucedi\u00f3 de m\u00e1s memorable en las dem\u00e1s misiones extranjeras.<\/p>\n<p><strong>\u00a7. I Comienzo de las misiones de T\u00fanez y de Argel<\/strong><\/p>\n<p>El estado de esclavitud en el que Dios permiti\u00f3 que el Sr. Vicente cayera el a\u00f1o 1605, como ya lo hemos dicho en el libro primero, le hab\u00eda hecho conocer por propia experiencia los grandes males que los cautivos sufren en sus cuerpos, y los peligros a\u00fan mayores en que est\u00e1n de perder sus almas. Ese hecho le hab\u00eda dejado siempre en su coraz\u00f3n un sentimiento grand\u00edsimo de compasi\u00f3n. Y en ellos ve\u00eda una imagen muy expresiva de la miseria humana, que movi\u00f3 al Hijo de Dios a bajar del cielo a la tierra para consolar y liberar a los hombres esclavos del pecado y de Satan\u00e1s. Tambi\u00e9n reconoc\u00eda en eso una bella ocasi\u00f3n de imitar al adorable Salvador visitando, consolando, asistiendo a los pobres cautivos abandonados. Todo eso le hizo concebir grandes deseos con el coraz\u00f3n siempre movido por la caridad de la que estaba lleno; pero siguiendo su m\u00e1xima habitual, esperaba las \u00f3rdenes de la Providencia de Dios, para dedicarse a aquella santa obra, pidiendo a Dios que le hiciera conocer su voluntad, y que le diera la gracia y los medios para realizar lo que le fuera m\u00e1s agradable. Y no fue en vano, porque hacia el a\u00f1o 1642 Dios le inspir\u00f3 al difunto Rey, Luis XIII, de glorios\u00edsima memoria, socorrer a aquellos pobres cautivos, y Su Majestad puso los ojos en el Sr. Vicente, consider\u00e1ndolo muy capaz de llevar a cabo dignamente aquella caridad, y le orden\u00f3 que enviara algunos de sus sacerdotes a Berber\u00eda para asistir corporal y espiritualmente a aquellos pobres cautivos. A tal efecto, puso en sus manos nueve o diez mil libras. Dios sabe con qu\u00e9 coraz\u00f3n recibi\u00f3 este caritativo sacerdote aquel encargo, \u00e9l que ped\u00eda continuamente a Dios: que quisiera poner remedio y atender a las necesidades de aquellos pobres desgraciados.<\/p>\n<p>Se puso, pues, desde entonces a pensar en los medios para poner por obra aquella santa empresa, que presentaba much\u00edsimas dificultades, porque los turcos no toleran de buena gana a sacerdotes cristianos entre ellos, si no son cautivos. Se acord\u00f3 que, por los tratados firmados entre Francia y el Gran Se\u00f1or sobre la libertad de comercio, le estaba permitido al Rey Cristian\u00edsimo enviar y disponer de hombres con el t\u00edtulo de c\u00f3nsules en las ciudades mar\u00edtimas sometidas al Gran Se\u00f1or, para proteger a los mercaderes y a los cautivos cristianos de las vejaciones de aquella naci\u00f3n b\u00e1rbara. Y cada uno de lo c\u00f3nsules pod\u00eda disponer de un sacerdote como capell\u00e1n en sus casas de las ciudades. Con ese pretexto, que era muy justo y razonable, como el Sr. Mart\u00edn, por entonces c\u00f3nsul en T\u00fanez, estaba dispuesto a recibir en su casa a un Sacerdote de la Misi\u00f3n, que no le resultar\u00eda gravoso, el Sr. Vicente le envi\u00f3 a aquella ciudad el a\u00f1o 1645 al Sr. Juli\u00e1n Gu\u00e9rin, Sacerdote de su Congregaci\u00f3n, con un hermano llamado Francisco Francillon. Este buen sacerdote, despu\u00e9s de haber trabajado dos a\u00f1os con gran celo, cuando vio que no pod\u00eda dar abasto a la grand\u00edsima cosecha que ten\u00eda en perspectiva, decidi\u00f3 ir a ver al Dey, que viene a ser como el Rey de aquel pa\u00eds, y pedirle permiso para hacer venir a otro sacerdote para ayudarle. Dios toco el coraz\u00f3n del Dey, de forma que, despu\u00e9s de escucharle favorablemente, le respondi\u00f3 que si no le bastaba con uno, le permit\u00eda llamar a dos y tres. Y le dijo que le proteger\u00eda en cualquier caso, y que si necesitaba algo, que se lo pidiera, y que se lo conceder\u00eda, pues sab\u00eda que (el sacerdote) no hac\u00eda mal a nadie, sino todo lo contrario, que hac\u00eda bien a todos.<\/p>\n<p>El Sr. Gu\u00e9rin le escribi\u00f3 al Sr. Vicente y le pidi\u00f3 un sacerdote, y \u00e9ste le envi\u00f3 al Sr. Juan Le Vacher, quien lleg\u00f3 muy oportunamente a la ciudad de T\u00fanez a comienzos del a\u00f1o 1648, pues la peste estaba causando una gran mortandad por aquellos d\u00edas entre los turcos y los esclavos. Ambos trabajaron con mucha caridad en aquella situaci\u00f3n tan apremiante, y el mes de mayo del mismo a\u00f1o el Sr. Le Vacher cay\u00f3 tambi\u00e9n bajo el contagio y lleg\u00f3 a estar en las \u00faltimas. Pero Dios quiso salvarlo del peligro de muerte para conceder la vida por su medio a muchas almas, que posteriormente ha asistido y que a\u00fan asiste en aquel pa\u00eds<\/p>\n<p>El Sr. Gu\u00e9rin escribi\u00f3 sobre ese asunto al Sr. Vicente, y le dio noticias de la enfermedad:<\/p>\n<p><em>\u00abMe es imposible <\/em>\u2014le dice\u2014<em> expresarle cu\u00e1n grandes han sido los gemidos y el llanto de los pobres cautivos, de todos los mercaderes y del Sr. c\u00f3nsul, y cu\u00e1nto consuelo hemos recibido de parte de ellos. Hasta los turcos nos vienen a visitar en nuestro dolor, y las personas m\u00e1s importantes de la ciudad de T\u00fanez me han ofrecido, por su parte, ayuda y favores. En fin, se\u00f1or, veo evidentemente que es bueno servir con fidelidad a Dios, ya que en la tribulaci\u00f3n impulsa a los mismos enemigos suyos a socorrer y asistir a sus pobres servidores. Estamos abrumados por la guerra, la peste y el hambre, hasta con exceso, y adem\u00e1s de eso, estamos sin dinero. Pero por lo que toca a nuestros \u00e1nimos, son buenos, a Dios gracias. Tampoco tenemos miedo a la peste, es como si no existiera. La alegr\u00eda que tenemos, el Hermano y yo, por la recuperaci\u00f3n de la salud de nuestro buen Sr. Le Vacher, nos ha hecho fuertes como los leones de nuestras monta\u00f1as\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En cuanto el Sr. Le Vacher recuper\u00f3 la salud y se puso a trabajar, el Sr. Gu\u00e9rin, ese hombre de Dios, cuyo celo despreciaba tanto los peligro de muerte que le rodeaban, y le hac\u00eda olvidarse de s\u00ed mismo para dedicarse al alivio y a la salud de los apestados, fue, por fin, atacado por el aire corrompido: No se sorprendi\u00f3 por tal accidente; lo hab\u00eda previsto con tiempo, y preparado como estaba para la muerte, no s\u00f3lo con paciencia, sino con una total conformidad con el benepl\u00e1cito de Dios, la consider\u00f3 y la recibi\u00f3 como final de sus trabajos y comienzo de la vida y de la gloria que estaba esperando de la misericordia de Dios. No se puede decir cuanto lo sintieron los cristianos por quienes hab\u00eda dado la vida, y c\u00f3mo fue el dolor del Sr. Vicente, al perder en aquel caritativo misionero a uno de sus m\u00e1s queridos y m\u00e1s dignos hijos. El Sr. C\u00f3nsul muri\u00f3 poco despu\u00e9s, y el Dey orden\u00f3 al Sr. Le Vacher que ejerciera el consulado, hasta que el Rey de Francia enviara a otro para ocupar el puesto del difunto.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo que el Sr. Vicente atend\u00eda as\u00ed a las necesidades espirituales de cinco o seis mil cautivos que estaban en T\u00fanez, y tambi\u00e9n a las corporales, como diremos m\u00e1s adelante, trabajaba adem\u00e1s en proveer a las necesidades de los de Argel, que eran mucho m\u00e1s grandes y m\u00e1s apremiantes, tanto, porque el n\u00famero de los esclavos es m\u00e1s grande, pues de ordinario pasan de veinte mil los cristianos encadenados, como porque est\u00e1n muy mal tratados por amos m\u00e1s inhumanos que los de T\u00fanez. Pero como los sacerdotes no podr\u00edan actuar con eficacia, ni tampoco residir mucho tiempo en aquella tierra infiel, si los c\u00f3nsules no est\u00e1n muy unidos y en inteligencia con ellos, lo cual no se puede conseguir, si los c\u00f3nsules miran m\u00e1s por sus intereses y sus conveniencias, que por la salvaci\u00f3n y el consuelo de los pobres cautivos, que es el \u00fanico fin que se propon\u00edan el Sr. Vicente, por eso consigui\u00f3, que, (con la ayuda de la se\u00f1ora duquesa de Aiguillon, que indemniz\u00f3 al propietario del Consulado de Argel) el Rey concediera el ejercicio de aquel cargo el a\u00f1o 1646, al Sr. Juan Barreau, natural de Par\u00eds, que estaba lleno de celo por el servicio de Dios y de los pobres cautivos, sin otras pretensiones que las de cooperar a los caritativos planes del Sr. Vicente, como lo ha dejado bien manifiesto durante varios a\u00f1os. He aqu\u00ed el consejo que le dio, en su partida, el Sr. Vicente:<\/p>\n<p><em>\u00abEl alma de sus esfuerzos tiene que ser la intenci\u00f3n de la pura gloria de Dios; el estado continuo de humillaci\u00f3n interior, al no poder ocuparse mucho en las cosas exteriores; y la sumisi\u00f3n interna del juicio y de la voluntad al Sacerdote de la Misi\u00f3n, que le ser\u00e1 dado por consejero. No haga nada sin informarle, a no ser que sea usted obligado a responder inmediatamente. Jesucristo era el soberano se\u00f1or de la sant\u00edsima Virgen y de San Jos\u00e9, mientras estuvo con ellos, pero no hac\u00eda nada sin su consejo. Este misterio es el que deber\u00e1 usted honrar de manera especial, para que plazca a su infinita Bondad guiarle y asistirle en el cargo al que su Providencia lo ha destinado\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente destin\u00f3 por ese tiempo a la misma ciudad de Argel al Sr. Nouelly, despu\u00e9s al Sr. Le Sage, y a continuaci\u00f3n al Sr. Dieppe, tres buenos sacerdotes y aut\u00e9nticos misioneros, que, los tres, han acabado felizmente all\u00ed su carrera y consumado su vida por la caridad, exponi\u00e9ndose valerosamente noche y d\u00eda al contagio, que fue muy grande en Argel los a\u00f1os 1647 y 1648, por asistir a los pobres cautivos cristianos que estaban ya atacados, y que sin ellos se habr\u00edan muerto totalmente abandonados, como los animales. Estos buenos sacerdotes dieron muestras, al acercarse la muerte, de qu\u00e9 esp\u00edritu hab\u00edan estado animados durante la vida, y cu\u00e1les hab\u00edan sido sus ideas acerca de la caridad para con el pr\u00f3jimo. El Sr. Dieppe muri\u00f3 con el crucifijo en la mano, y con los ojos fijos en \u00e9l, repitiendo con fervor estas palabras, durante la media hora que estuvo en agon\u00eda: \u00abMaiorem Charitatem nemo habet, quam ut animam suam ponat quis pro amicis suis\u00bb. A estos tres les sucedi\u00f3 el Sr. Felipe Le Vacher, hermano del Sr. Le Vacher, que est\u00e1 en T\u00fanez, y a su imitaci\u00f3n ha prestado largos servicios a Dios y a los pobres cautivos en esa ciudad infiel y b\u00e1rbara, cuyos habitantes, como los demonios, s\u00f3lo hacen profesi\u00f3n de atormentar a los cristianos.<\/p>\n<p>Y, en tanto que el Sr. Le Vacher de T\u00fanez hab\u00eda sido obligado, como ya lo hemos dicho, a hacerse cargo del oficio de c\u00f3nsul, y que el ejercicio de esa ocupaci\u00f3n le imped\u00eda a veces dedicarse a los trabajos de la misi\u00f3n, la cual, a pesar de todo, era la raz\u00f3n principal de su estancia en aquel lugar, el Sr. Vicente, que sufr\u00eda mucho por esa causa, consigui\u00f3 que el a\u00f1o 1648 el Sr. Huguier se hiciera con aquel cargo y que saliera en diligencia para ir a ejercer como tal. Este se\u00f1or se hab\u00eda retirado de su actividad profesional, en la que hab\u00eda estado empleado hasta entonces. Y habiendo dejado el cargo de procurador en el Ch\u00e2telet de Par\u00eds, se hab\u00eda puesto enteramente a disposici\u00f3n del Sr. Vicente, para que lo dedicara a todo lo que \u00e9l juzgara conveniente para el servicio y gloria de Dios. Pero, luego que lleg\u00f3 a T\u00fanez, no cay\u00f3 bien a los turcos: no lo quisieron aceptar como c\u00f3nsul. A pesar de todo, permaneci\u00f3 all\u00ed durante alg\u00fan tiempo con el Sr. Le Vacher para ayudarle en el ejercicio del consulado. M\u00e1s adelante, vuelto a Francia y recibidos los sagrados Ordenes por consejo del Sr. Vicente, fue enviado a Argel, no s\u00f3lo como Sacerdote de la Misi\u00f3n, sino tambi\u00e9n en calidad de misionero apost\u00f3lico; y trabaj\u00f3 all\u00ed con gran bendici\u00f3n en la salvaci\u00f3n de los pobres cautivos hasta el mes de abril del a\u00f1o 1663, en que termin\u00f3 felizmente su carrera. Muri\u00f3 enfermo de peste, con unas sant\u00edsimas disposiciones, al servicio de los pobres cautivos cristianos atacados por la misma enfermedad.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente, como no pod\u00eda sufrir que el Sr. Le Vacher se viera impedido por el cargo de c\u00f3nsul, que ejerc\u00eda a su pesar, a dedicarse a las funciones propias de su car\u00e1cter (sacerdotal), ni tampoco que ostentara por m\u00e1s tiempo el t\u00edtulo de un cargo seglar, aunque muy importante para el plan que ten\u00eda de asistir a los cautivos, logr\u00f3 el a\u00f1o 1653 que el Sr. Mart\u00edn Husson, natural de Par\u00eds, abogado del Parlamento, recibiera el encargo del Rey para que fuera a ejercer el oficio de c\u00f3nsul a T\u00fanez. Era un personaje muy recomendable por su virtud.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente hablaba as\u00ed de \u00e9l, en una carta que escribi\u00f3 por eso tiempo:<\/p>\n<p><em>\u00abEs \u2014<\/em>dice<em>\u2014 sabio, desinteresado, piadoso, prudente, y capaz tanto como otro cualquiera que yo conozca de su edad. Va puramente para servir a Dios y a los cautivos, a pesar de las l\u00e1grimas y los consejos en contrario de un padre y de una madre que le quieren tiernamente y que, por fin, le han dado su bendici\u00f3n. Vivir\u00e1 en comunidad con el Sr. Le Vacher, como si fuera de nuestra Congregaci\u00f3n, aunque en realidad no lo sea\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Se march\u00f3 para all\u00e1 el mes de julio del a\u00f1o 1653, y, habiendo sido aceptado para el cargo de c\u00f3nsul, estuvo en aquella tierra durante varios a\u00f1os con gran bendici\u00f3n<\/p>\n<p><strong>\u00a7. II Principales actividades de los misioneros<\/strong><\/p>\n<p>El Sr. Vicente dedic\u00f3 as\u00ed sus primeros desvelos a procurar que hubiera en las dos ciudades de T\u00fanez y de Argel c\u00f3nsules, tales como los pod\u00eda desear, para que cooperasen en esp\u00edritu de uni\u00f3n con los sacerdotes de su Congregaci\u00f3n en todas las obras de caridad y de misericordia espirituales y corporales para con los cristianos que se hallaban en aquellas tierras, tanto cautivos como otros. Se trataba de proceder a la realizaci\u00f3n y de trabajar cada cual por su lado para ese fin.<\/p>\n<p>Para entender mejor los grandes bienes que el Sr. Vicente pretend\u00eda llevar a cabo por medio de las misiones de Berber\u00eda, se ha de saber que no son solamente los franceses que se hallan en aquellas ciudades, libres o esclavos, los que est\u00e1n bajo la bandera y protecci\u00f3n del Rey de Francia, sino tambi\u00e9n los italianos, espa\u00f1oles, portugueses, malteses, griegos, flamencos, alemanes, suecos y, en general, de todas las naciones de la cristiandad, que acuden, todas ellas (salvo los ingleses) al c\u00f3nsul de Francia, para que los proteja y ayude, cuando se ven apurados por los ataques de esos b\u00e1rbaros. Los barcos que van a comerciar all\u00ed, y las personas que salen de all\u00ed, reciben el pasaporte de manos del c\u00f3nsul. Y cuando los corsarios se hacen a la mar, y quieren apoderarse de los barcos o de las mercanc\u00edas de esas naciones, el c\u00f3nsul de Francia los reclama y denuncia al Dey o al Baj\u00e1 y a la aduana la sinraz\u00f3n de las capturas; se queja del mal trato que se hace a esas naciones, negocia el rescate de sus esclavos, y los libera, cuando puede, de los hierros para mandarles a su casa. Pone fin a las desavenencias que ocurren entre los mercaderes de esas naciones, y tambi\u00e9n entre los esclavos. Cuida de que ning\u00fan mercader cristiano lleve a los turcos mercanc\u00edas de contrabando, que les puedan servir para hacer la guerra a los cristianos, como velas, jarcias, hierro, plomo, armas y otras cosas parecidas prohibidas por los c\u00e1nones de la Iglesia y por las ordenanzas reales.<\/p>\n<p>Los Sacerdotes de la Misi\u00f3n no tienen menos trabajo en los asuntos espirituales que los c\u00f3nsules en los temporales. Son misioneros apost\u00f3licos puestos por la autoridad del Soberano Pont\u00edfice, que les ha concedido todos los poderes y todas las facultades convenientes para su oficio. Y adem\u00e1s son Vicarios Generales del Arzobispo de Cartago, del que dependen esas ciudades; y en calidad de tales tienen jurisdicci\u00f3n sobre todos los sacerdotes y religiosos esclavos que se encuentran all\u00ed, a veces en n\u00famero bastante grande. Por esa misma categor\u00eda, son los pastores de todos los cristianos tanto mercaderes como cautivos, que, de ordinario, son de veinticinco a treinta mil en esos dos Reinos, donde entran m\u00e1s que salen.<\/p>\n<p>Los sacerdotes misioneros se dedican en primer lugar a sostener la religi\u00f3n cat\u00f3lica, y a mantener los actos p\u00fablicos y privados en los mismos sitios en que se ve oprimida y perseguida. Y como Jesucristo, hablando con los p\u00e9rfidos jud\u00edos, les dec\u00eda que honraba a su Padre, mientras que ellos lo deshonraban, igualmente, los Hijos del Sr. Vicente se esfuerzan en honrar al mismo Salvador y procurar que sea honrado y servido en medio de una tierra infiel y en los sitios en que es deshonrado por los m\u00e1s crueles enemigos de su sagrado Nombre. Adem\u00e1s de eso, se dedican a corroborar y fortalecer a los fieles en la fe; sostienen a los d\u00e9biles, e impiden que se pierdan; encaminan a los que andan desviados; administran los sacramentos a los sanos y a los enfermos, tanto en la ciudad como en el campo; consuelan a los pobres cautivos en sus penas y tribulaciones; predican, instruyen, trabajan, resisten y finalmente, se consumen por esta pobre Iglesia doliente del mismo modo que lo hizo Nuestro Se\u00f1or por la iglesia universal.<\/p>\n<p>Esas son las principales ocupaciones de los sacerdotes y de los c\u00f3nsules enviados a Berber\u00eda; a ellas se aplican continuamente, y en ellas se ayudan mutuamente con gran uni\u00f3n y correspondencia para tratar de conseguir la salvaci\u00f3n de las almas y la mayor gloria de Dios, que es el fin \u00fanico y com\u00fan de unos y otros.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente les sol\u00eda recomendar sobre todo que conservaran entre s\u00ed una perfecta uni\u00f3n y comunicaci\u00f3n, y que se ayudaran unos a otros con buenos consejos, y con todos los medios de que pudieran valerse. Veamos lo que dec\u00eda en una carta que les escribi\u00f3 sobre esa cuesti\u00f3n:<\/p>\n<p><em>\u00abHe sabido la uni\u00f3n y la \u00edntima caridad que existe entre ustedes. He bendecido por ello a Dios varias veces, y lo bendecir\u00e9 tantas veces como me venga a la memoria, porque mi alma est\u00e1 tan llena de agradecimiento por un bien tan grande, que llena de gozo el coraz\u00f3n del mismo Dios, tanto ser\u00eda que, de esa uni\u00f3n, se podr\u00e1 conseguir infinidad de buenos resultados para el avance de su gloria y para la salvaci\u00f3n de gran n\u00famero de almas. En nombre de Dios, se\u00f1ores, hagan de su parte todo lo que se pueda para hacerla m\u00e1s fuerte y m\u00e1s cordial hasta la eternidad. Acu\u00e9rdense del dicho de los romanos, \u00abque con la uni\u00f3n y el consejo se consigue todo\u00bb. S\u00ed, la uni\u00f3n entre ustedes har\u00e1 triunfar la obra de Dios y nada podr\u00e1 destruirla sino la desuni\u00f3n. Esa obra es el acto de caridad m\u00e1s noble que existe en la tierra, aunque el menos solicitado. \u00a1Dios m\u00edo! Se\u00f1ores, \u00bfc\u00f3mo no nos fijaremos un poco m\u00e1s en la excelencia de los trabajos apost\u00f3licos, para apreciar infinitamente nuestra felicidad y para corresponder a las obligaciones de nuestra condici\u00f3n? S\u00f3lo har\u00edan falta diez o doce misioneros as\u00ed preparados para producir frutos incre\u00edbles en la Iglesia. He visto el asalto a que les han sometido la carne y la sangre; era necesario que les sucediera esto. El esp\u00edritu malo no ten\u00eda intenci\u00f3n de dejarles sin combate. \u00a1Bendito sea Dios porque han permanecido firmes ante ese ataque! El cielo y la tierra contemplan con agrado la feliz participaci\u00f3n, que les ha ca\u00eddo en suerte, de honrar con su trabajo esa caridad incomprensible por la que nuestro Se\u00f1or baj\u00f3 a la tierra para socorrernos y ayudarnos en nuestra esclavitud. Creo que no hay ning\u00fan \u00e1ngel ni santo en el cielo que no les envidie esa dicha, tanto cuanto se lo permita su condici\u00f3n gloriosa. Y aunque soy el m\u00e1s abominable de todos los pecadores, sin embargo, les confieso que, si me fuera permitido, les envidiar\u00eda yo mismo. Hum\u00edllense mucho, y prep\u00e1rense a sufrir de los turcos, de los jud\u00edos y de los falsos hermanos: les podr\u00e1n causar molestias, pero les ruego que no se extra\u00f1en de eso, porque no les causar\u00e1n otro mal, que el que Nuestro Se\u00f1or quiera que les hagan, y lo que les suceda de su parte, s\u00f3lo ser\u00e1 para hacerles merecer favores especiales con los que piensa honrarlos. Ustedes saben que la gracia de nuestra redenci\u00f3n se debe atribuir a los m\u00e9ritos de su Pasi\u00f3n, y que cuanto m\u00e1s complicadas son las cosas de Dios, tanto m\u00e1s felizmente se consiguen, con tal de que nuestra resignaci\u00f3n y nuestra confianza no desfallezca. Rara vez se logra un bien sin alguna contrariedad; el demonio es demasiado sutil, y el mundo demasiado corrompido como para que no traten de ahogar semejante obra buena en su misma cuna. Pero, \u00e1nimo, se\u00f1or, es Dios mismo quien les ha colocado en ese sitio y en el trabajo en que est\u00e1n. Si ustedes tienen su gloria por finalidad, \u00bfqu\u00e9 podr\u00e1n temer, o mejor, qu\u00e9 no deber\u00e1n esperar?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><strong>\u00a7. III Persecuci\u00f3n sufrida por el c\u00f3nsul de Argel<\/strong><\/p>\n<p>Con much\u00edsima raz\u00f3n preparaba el Sr. Vicente a los suyos ante los sufrimientos, y los exhortaba a la constancia, previendo acertadamente que estando entre aquellos b\u00e1rbaros, y trabajando en el servicio de Jesucristo, no les faltar\u00edan perseguidores, ni ocasiones de experimentar los efectos de su rabia y de su crueldad. En efecto, varias veces los han amenazado con el fuego, con la cuerda y con otros suplicios; hasta han sentido los golpes. De todo eso solamente presentaremos un ejemplo, que har\u00e1 ver que la vida de los que profesan servir a Jesucristo entre esos infieles est\u00e1 continuamente expuesta a toda clase de vejaciones y de malos tratos, y que se necesita una caridad ardent\u00edsima para semejante empresa.<\/p>\n<p>El Sr. Barreau, c\u00f3nsul de Argel, ha experimentado en una ocasi\u00f3n en su persona las crueldades de esos b\u00e1rbaros por haber sido tiranizado y perseguido por esos infieles para obligarle a que les diera dinero, pues tienen como norma, cuando sufren alguna p\u00e9rdida, cog\u00e9rsela a otro, y siempre al m\u00e1s inocente de entre los cristianos. Los acusan con mentiras y les levantan falsos testimonios, y les causan violencias e injusticias sin visos de raz\u00f3n; es lo que ellos llaman afrentas, y cuando se piensa acudir a la justicia o a la protecci\u00f3n de los m\u00e1s poderosos, hay que comprarla con regalos excesivos, y darles casi tanto como los autores de las afrentas les piden. Y como suelen ser gente de milicia que no trabaja, y que tampoco trapichean, s\u00f3lo viven de lo que arrebatan a la fuerza, y se apoderan de todo lo que puedan hallar, no tanto por verse necesitados (la mayor parte se ha enriquecido con lo que ha robado a los cristianos), sino por avaricia insaciable, que hace que nunca est\u00e9n contentos con lo que tienen y quieren siempre lo que no tienen.<\/p>\n<p>El c\u00f3nsul fue encarcelado el a\u00f1o 1647 sin otro motivo que el de obligarle a entregar el dinero que le ped\u00edan. Y al poco tiempo, el Sr. Nouelly, Sacerdote de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, cay\u00f3 enfermo de peste, y se vio en la necesidad de adelantar el rescate de su libertad para ir a atender al buen sacerdote en su enfermedad. Muri\u00f3 el sacerdote, y el c\u00f3nsul, como se vio en peligro de ser devuelto a la c\u00e1rcel, dio cuenta de todo al Sr. Vicente, quien le escribi\u00f3 sobre esos dos lamentables incidentes en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abAyer tarde recib\u00ed la triste, pero feliz, noticia de la muerte del Sr. Nouelly, que me ha hecho derramar muchas l\u00e1grimas en varias ocasiones, pero l\u00e1grimas de gratitud a Dios por su bondad con la Compa\u00f1\u00eda, al haberle dado un sacerdote que tan perfectamente amaba a Nuestro Se\u00f1or, y que ha tenido un fin tan hermoso\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Qu\u00e9 feliz es usted porque el buen Dios le ha escogido para una obra tan santa, excluyendo a tantas otras personas in\u00fatiles del mundo!\u00bb .<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHa sido usted casi prisionero por la caridad, o mejor dicho, por Jesucristo. \u00a1Qu\u00e9 dicha sufrir por tan gran Monarca y cu\u00e1ntas coronas le esperan, si persevera hasta el fin!\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El a\u00f1o 1650 el mismo Sr. Barreau fue de nuevo encarcelado. Sobre eso le escribi\u00f3 el Sr. Vicente la carta siguiente; por medio de ella y por otras parecidas que le envi\u00f3, podemos descubrir con cu\u00e1nta pureza ve\u00eda a Nuestro Se\u00f1or en todo, y cu\u00e1n grande consideraba la felicidad de asemejarse a El trabajando y sufriendo como El para la gloria de Dios y para el servicio de los pobres.<\/p>\n<p><em>\u00abCon gran pena \u2014le dice\u2014 me hago cargo de la situaci\u00f3n en que est\u00e1, que es motivo de pena para la Compa\u00f1\u00eda, y para usted de m\u00e9rito ante Dios, ya que sufre como inocente. He sentido gran consuelo, mayor que cualquier otro, por la mansedumbre de esp\u00edritu con que ha recibido este golpe y aprovecha su situaci\u00f3n de prisionero. Doy gracias a Dios, con un sentimiento de incomparable gratitud. Nuestro Se\u00f1or que baj\u00f3 del cielo a la tierra para redimir a los hombres fue hecho prisionero por ellos, \u00a1Qu\u00e9 dicha, querido Hermano, poder ser tratado casi de igual forma! Se fue de aqu\u00ed como de un lugar de alegr\u00eda y reposo para asistir a los cautivos de Argel, y ah\u00ed es usted tratado de forma similar a la de ellos, y no de otra forma. Cuanta m\u00e1s relaci\u00f3n tengan nuestras acciones con la hechas y sufridas por Nuestro Salvador, y nuestros sufrimiento con los suyos, tanto m\u00e1s agradables le ser\u00e1n a Dios, y como su encarcelamiento honra al cielo, as\u00ed El le honra a usted con su paciencia, en la cual le pido que le confirme\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLe aseguro que su carta me ha conmovido mucho, tanto que estoy resuelto a edificar con ella a la Comunidad. Ya he hecho a la misma part\u00edcipe de la opresi\u00f3n que sufre usted y de la dulce resignaci\u00f3n de su coraz\u00f3n, a fin de excitarla a que pida a Dios la liberaci\u00f3n de su cuerpo, y a agradecer a su Divina Bondad la libertad de su esp\u00edritu. Siga usted, se\u00f1or, conserv\u00e1ndose en la santa Voluntad divina, pues as\u00ed se cumplir\u00e1 en usted la promesa de Nuestro Se\u00f1or de que ni uno solo de los cabellos de usted se perder\u00e1 y de que su paciencia de usted poseer\u00e1 su al ma.Confie mucho en El, y recuerde lo que El sufri\u00f3 por usted en su vida y en su muerte. El criado \u2014<\/em>dice El<em>\u2014no es mayor que su amo; si ellos me han perseguido, tambi\u00e9n le perseguir\u00e1n a usted. Bienaventurados los perseguidos por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Al\u00e9grese, pues, se\u00f1or, en aqu\u00e9l que desea ser glorificado, y que ser\u00e1 la fuerza de usted en proporci\u00f3n a lo fiel que le sea usted. Se lo pido con insistencia. Y en cuanto a usted, le conjuro por el afecto que tiene a nuestra Compa\u00f1\u00eda, que pida a Dios para todos nosotros la gracia de sobrellevar bien nuestras cruces, peque\u00f1as y grandes, a fin de que seamos dignos hijos de la cruz de su Hijo, que nos ha engendrado en el amor, y por la que esperamos poseerlo perfectamente en la eternidad de los siglos. Am\u00e9n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Veamos ahora otra carta de este caritativo Padre de los misioneros del 15 de enero de 1651. En ella le vaticina al buen c\u00f3nsul su pr\u00f3xima liberaci\u00f3n:<\/p>\n<p><em> \u00abSu \u00faltima carta, del mes de octubre, nos dio grandes sentimientos de ternura y de consuelo al ver que no le abandona la paciencia, y que sigue usted someti\u00e9ndose humildemente a las penas presentes y a todas las que Dios le mande en el futuro. Ya le hemos dado gracias por tan grande favor y le seguiremos pidiendo insistentemente su libertad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl Rey ha estado ausente de Par\u00eds durante seis o siete meses. A su regreso, hemos hecho esfuerzos para procurar su libertad. Han decidido finalmente escribir a Constantinopla, y que el Rey se queje ante la Puerta por su encarcelamiento, exigiendo la ejecuci\u00f3n de los art\u00edculos de paz y de alianza acordados por Enrique IV con el Gran Se\u00f1or en el a\u00f1o 1604, a fin de que los turcos cesen tambi\u00e9n en sus ataques corsarios contra los franceses, y devuelvan los esclavos que tienen en su poder. Si no, que Su Majestad se tomar\u00e1 la justicia por su mano. Insistiremos para que se expida esta carta con la ayuda de Dios. Corresponder\u00e1 a su Providencia hacer lo restante, y espero que todo ir\u00e1 bien, si nos abandonamos en sus manos con confianza y sumisi\u00f3n, como usted lo hace con su gracia. Quiz\u00e1s nos sea tan propicia como para poder sacarle de la prisi\u00f3n y de esos aprietos por un camino m\u00e1s corto que el de Constantinopla, pues, o bien se amansar\u00e1 el Baj\u00e1 que le corresponde a usted, o habr\u00e1 alg\u00fan cambio o negociaci\u00f3n que consiga el buen efecto que todos deseamos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Parec\u00eda que Dios le hab\u00eda dado al Sr. Vicente alg\u00fan presentimiento de lo que iba a suceder, y que se lo predec\u00eda con esas \u00faltimas palabras. Porque, en efecto, se cumplieron poco m\u00e1s tarde. En cuanto el Baj\u00e1, llamado Murath, supo que otro Baj\u00e1 llamado Mahomet, iba a llegar a Argel para ocupar su puesto, prefiri\u00f3 sacarle al c\u00f3nsul lo que pudiera y ponerlo en libertad, a esperar la venida de su sucesor, que se aprovechar\u00eda de aqu\u00e9l. De forma que le hizo salir de la c\u00e1rcel, al cabo de siete meses, previo pago de trescientas cincuenta piastras, que eran mucho menos de lo que pretend\u00eda<\/p>\n<p>La carta que el Sr. Vicente le escribi\u00f3 despu\u00e9s de su liberaci\u00f3n nos hace ver cu\u00e1les eran sus sentimientos acerca de las penas y las persecuciones:<\/p>\n<p><em>\u00abSolamente Dios, \u2014<\/em>le dice<em>\u2014 que ve el fondo de los corazones, puede hacerle sentir la alegr\u00eda del m\u00edo por la noticia tan deseada de su libertad, por la que le hemos dado las gracias m\u00e1s efusivas, como hace ya tiempo que no se las d\u00e1bamos por ning\u00fan otro de los favores recibidos de su bondad. Se lo he comunicado al padre de usted. Se ha consolado mucho, lo mismo que por el buen uso que hizo usted de su cautiverio. No pienso nunca en \u00e9l sin que la mansedumbre de esp\u00edritu que usted ha demostrado me sirva para hallar la sumisi\u00f3n a Dios, y la paciencia en medio de los sufrimientos siempre m\u00e1s hermosos y m\u00e1s amables. Nunca podr\u00e9 expresarle cu\u00e1n feliz ha sido usted por haber sufrido tanto por nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que es quien le llam\u00f3 a Argel. Ver\u00e1 usted su importancia y sus frutos, mejor a\u00fan que ahora, dentro de quince o veinte a\u00f1os, y, sobre todo, cuando Dios lo llame para coronarlo en el cielo. Debe usted pensar que el tiempo pasado en la c\u00e1rcel ha estado santamente empleado. En cuanto a m\u00ed, lo considero como una se\u00f1al infalible de que Dios quiere conducirlo a El, ya que le hace seguir las huellas de su propio Hijo. \u00a1Bendito sea para siempre! \u00a1Y que usted progrese en la escuela de la virtud s\u00f3lida, que tan bien se practica en los sufrimientos y que mantiene en temor a los buenos siervos de Dios cuando no tienen nada que sufrir! Le suplico a su Divina Bondad que la bonanza de que usted goza en la actualidad le colme de paz, ya que la tempestad no ha logrado turbarle, y que dure tanto cuanto convenga para el cumplimiento perfecto de los designios de Dios sobre usted. Tan lejos est\u00e1 usted de haber obrado contra mi intenci\u00f3n por haber dado esas mil libras que usted ha pedido prestadas, que creo que no es nada en comparaci\u00f3n con su libertad, que vale para nosotros m\u00e1s que cualquier otra cosa\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Pero la m\u00e1s enojosa y m\u00e1s cruel de todas las persecuciones sufridas por el Sr. Barreau fue la que le sucedi\u00f3 el a\u00f1o 1656 con ocasi\u00f3n de la bancarrota que experiment\u00f3 un mercader de Marsella en Argel. Sus acreedores elevaron sus quejas al Baj\u00e1, quien quiso, contra toda raz\u00f3n y justicia, obligar al c\u00f3nsul a pagar la cantidad que deb\u00eda el mercader. El c\u00f3nsul se neg\u00f3 a pagar, y le hizo notar que, adem\u00e1s de que \u00e9l no le deb\u00eda nada, y que no era su fiador, no ten\u00eda medios para satisfacer la deuda. Aquel inhumano y b\u00e1rbaro violador del derecho de gentes quiso doblegarlo con tormentos y torturas. Y a tal efecto, lo hizo tumbar en tierra, mand\u00f3 darle, en su presencia, seg\u00fan la cruel costumbre del pa\u00eds, un n\u00famero tan grande de garrotazos en la planta de los pies, que la violencia del dolor que sent\u00eda le hizo perder el conocimiento. El Baj\u00e1, viendo aquello, temiendo que muriera durante la tortura, mand\u00f3 parar a los verdugos. Pero su furia y b\u00e1rbara avaricia no qued\u00f3 satisfecha, y quiso usar otra clase de tormento. Y lo amenaz\u00f3 con mandarle clavar en los dedos, entre la carne y las u\u00f1as, leznas puntiagudas. Mas el buen c\u00f3nsul, extenuado de dolor y casi medio muerto, pens\u00f3 que deb\u00eda dejarse empe\u00f1ar por todas las exacciones que le ped\u00edan, antes que privar a los pobres cautivos cristianos de la ayuda que pod\u00eda prestarles conservando su vida<\/p>\n<p>He aqu\u00ed en qu\u00e9 t\u00e9rminos le escribi\u00f3 el Sr. Vicente acerca de esta \u00faltima tribulaci\u00f3n:<\/p>\n<p><em> \u00ab\u00a1Bendito sea por siempre el santo nombre de Dios por haberle encontrado digno de sufrir, y de sufrir precisamente por la justicia, ya que, gracias a Dios, no ha dado usted motivos para esos malos tratos!.<\/em><\/p>\n<p><em>Es una se\u00f1al de que nuestro Se\u00f1or quiere hacerle participar de los m\u00e9ritos infinitos de su pasi\u00f3n, ya que le aplica sus dolores y la confusi\u00f3n por las culpas ajenas. No dudo que en este suceso no ha visto usted, como enviado por su mano paternal, m\u00e1s que su honor y su divina voluntad, y no la mala voluntad de los hombres, que no saben lo que hacen. Por eso espero que esta aflicci\u00f3n contribuir\u00e1 a su mayor santificaci\u00f3n. Nunca ha sucedido en la Compa\u00f1\u00eda ninguna que me haya impresionado tan vivamente. Espero que \u00e9sta le atraer\u00e1 nuevas gracias para la salvaci\u00f3n del pr\u00f3jimo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Al buen c\u00f3nsul, obligado por el Baj\u00e1 a empe\u00f1arse por la suma de doce mil libras, que era lo que se le ped\u00eda, lo llevaron a su casa, porque no pod\u00eda mantenerse en pie, estando como estaba magullado a base de golpes y quebrantado por los dolores. Pero, apenas se vio un poco libre de los tormentos que le hab\u00edan hecho sufrir, estando recostado en cama, aquel tirano, que no acababa de recibir el dinero que le deb\u00eda, mand\u00f3 a cuatro de sus sat\u00e9lites con la orden de pagarle de inmediato, y que si no lo hac\u00eda, ten\u00edan orden de sacarlo de la cama, y de llevarlo de nuevo donde el Baj\u00e1 para darle muerte. El pobre perseguido no dispon\u00eda en su poder m\u00e1s que de cien escudos, cantidad que estaba muy lejos de lo que le exig\u00edan. Como no sab\u00eda ni de d\u00f3nde sacarlas ni c\u00f3mo actuar, decidi\u00f3 abandonarse a todo lo que Dios quer\u00eda que le sucediera de parte de aquellos b\u00e1rbaros, y a sufrir la muerte, si era \u00e9sa su voluntad. Pero, cuando los pobres cristianos cautivos supieron de la violencia a que se le somet\u00eda, y el grav\u00edsimo peligro de ser condenado a muerte, quedaron tan conmovidos, que todos aportaron de su parte para socorrerle lo poco que pod\u00edan, y le llevaron qui\u00e9n veinte, qui\u00e9n treinta, qui\u00e9n cien y qui\u00e9n doscientos escudos, para ayudarle a pagar el injusto rescate, y salvarle la vida. Hab\u00edan reunido aquellas peque\u00f1as cantidades para ayudar a recuperar su propia libertad, cuando se les presentara la ocasi\u00f3n. Sin embargo, por agradecimiento y por caridad entregaron gustosamente para liberar y ayudar al que se hab\u00eda expuesto al peligro en que estaba, s\u00f3lo por asistirlos y procurarles su libertad. Parec\u00eda, al ver el afecto de los pobres esclavos en aquella coyuntura, que Dios hac\u00eda revivir en ellos el esp\u00edritu de los primeros cristianos, que pon\u00edan con una devoci\u00f3n semejante sus bienes a los pies de los ap\u00f3stoles para dar de comer y ayudar a los pobres. Y lograron reunir la cantidad exigida; por ella el c\u00f3nsul les qued\u00f3 en deuda. En cuanto el Sr. Vicente supo aquello, y como conoc\u00eda muy bien cu\u00e1nto importaba que se les devolviera a los cautivos cristianos el dinero que hab\u00edan ofrecido, no dud\u00f3 en una ocasi\u00f3n tan apremiante, y procur\u00f3 con limosnas y donativos de personas caritativas que, una vez recogida aquella cantidad, fuera enviada a Argel y puesta en manos de aquellos buenos esclavos, que, precisamente por eso, pudieron rescatarse a s\u00ed mismos. Dios bendijo la caridad que los hab\u00eda movido a preferir el alivio y la ayuda del c\u00f3nsul a su propia libertad, y volvieron llenos de felicidad a Francia el mes de junio del a\u00f1o 1661 con el Sr. Barreau, quien fue tambi\u00e9n a Par\u00eds, porque el Rey hab\u00eda enviado a otro c\u00f3nsul a Argel a petici\u00f3n del Superior General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, sucesor del Sr. Vicente. As\u00ed que el Sr. Barreau se trajo consigo a setenta cautivos que el Sr. Le Vacher y \u00e9l hab\u00edan rescatado gracias a la ayuda de las limosnas y caridades, que hab\u00edan hecho para tal fin.<\/p>\n<p><strong>\u00a7. IV Otras vejaciones sufridas por los misioneros en la ciudad de T\u00fanez<\/strong><\/p>\n<p>Aunque los misioneros que estaban en T\u00fanez no hab\u00edan sido tratados con tanta crueldad como los que estaban en Argel, con todo no dejaron de tener su parte en el c\u00e1liz de Jesucristo, y de llevar una porcioncita de su cruz en diferentes situaciones. El a\u00f1o 1655 por un falso informe que le hab\u00edan hecho al Dey, \u00e9ste mand\u00f3 buscar al Sr. Le Vacher, y le dijo que le hab\u00edan advertido que con sus mentiras disuad\u00eda a los cristianos de abrazar la ley de Mahoma y de hacerse turcos cuando se enteraba; y por eso, le ordenaba que se marchara de la ciudad con la prohibici\u00f3n de no volver m\u00e1s a ella. El buen sacerdote, obedeci\u00f3 aquella orden, y se fue a Bizerta, adonde \u00e9l cre\u00eda que la Providencia de Dios lo conduc\u00eda, porque, al llegar all\u00ed, se encontr\u00f3 con dos barcazas de cautivos cristianos, a los que prepar\u00f3 para el sacramento de la penitencia; y, a tal efecto, obtuvo del comandante que les fueran quitadas las cadenas por un poco de tiempo. El Sr. Vicente, al contar aquella noticia a la comunidad, hizo esta reflexi\u00f3n:<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00bfQui\u00e9n sabe, se\u00f1ores, si no habr\u00e1 sido designio de Dios que esta peque\u00f1a desgracia le haya ocurrido al Sr. Le Vacher, para que pudiera ayudar a los pobres esclavos cristianos a ponerse en buen estado?\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y dijo adem\u00e1s que el Sr. Husson, que era el c\u00f3nsul, habi\u00e9ndole hecho ver al Dey que aquel buen sacerdote s\u00f3lo se dedicaba a atender a lo pobres esclavos cristianos, sin mezclarse para nada con la religi\u00f3n turca, le suplic\u00f3 que tuviera a bien volverlo a llamar. Y as\u00ed se lo concedi\u00f3. Y orden\u00f3 al gobernador de Bizerta que lo mandara a T\u00fanez dentro de un mes, considerando acertadamente que le podr\u00edan tachar de ligereza por haber desterrado a un hombre por una cosa as\u00ed, si lo hubiera hecho volver antes.<\/p>\n<p>M\u00e1s ni el buen sacerdote misionero, ni el c\u00f3nsul quedaron libres por eso; porque un poco m\u00e1s adelante se origin\u00f3 otra tormenta contra ambos. He aqu\u00ed c\u00f3mo lo relat\u00f3 por entonces el Sr. Vicente a su comunidad:<\/p>\n<p><em>\u00abHace unos d\u00edas \u2014dijo\u2014 les hice saber que el Rey de T\u00fanez deseaba que el c\u00f3nsul le proporcionara coton\u00eda de Francia (cierta tela gruesa con la que se hacen velas para los barcos). El se excus\u00f3 no s\u00f3lo porque lo proh\u00edben las leyes de este reino, sino porque en Bulas terminantes de la Santa Sede apost\u00f3lica se proh\u00edbe, bajo pena de excomuni\u00f3n, proporcionar a lo turcos cosas que les sirvan para hacer la guerra a los cristianos. El Dey, al verse as\u00ed tratado, se dirigi\u00f3 a un mercader de Marsella que traficaba en Berber\u00eda, y \u00e9ste se comprometi\u00f3 a tra\u00e9rsela, a pesar de todo lo que hizo el c\u00f3nsul por disuadirle, exponi\u00e9ndole la injuria que comet\u00eda contra Dios y contra los cristianos, el da\u00f1o que se har\u00eda a s\u00ed mismo y el castigo que podr\u00eda recibir, si el Rey de Francia se enteraba de aquel tr\u00e1fico ilegal. Pero como el mercader no cej\u00f3 en sus planes, el c\u00f3nsul formul\u00f3 una acusaci\u00f3n, y la envi\u00f3 aqu\u00ed. Y el Rey ha ordenado a los oficiales de los puertos de Provenza y del Languedoc que vigilen estrictamente, para que nadie cargue ninguna mercanc\u00eda de contrabando para Berber\u00eda. Esto de seguro habr\u00e1 llegado a o\u00eddos del Dey, y le habr\u00e1 indignado m\u00e1s todav\u00eda contra el c\u00f3nsul franc\u00e9s y contra los misioneros\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEfectivamente, poco despu\u00e9s los humill\u00f3 p\u00fablicamente. Busc\u00f3 una ocasi\u00f3n para causarles una afrenta p\u00fablica, es decir, una querella de alem\u00e1n, y mand\u00f3 venir al Sr. Le Vacher, y le dijo: <\/em><\/p>\n<p><em>\u00abQuiero que me pagues las doscientas setenta y cinco piastras que debe el caballero de La Ferri\u00e8rre, ya que t\u00fa eres de una religi\u00f3n que tiene en com\u00fan los bienes y los males, y por esta raz\u00f3n yo quiero cobr\u00e1rtelos a t\u00ed\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl Sr. Le Vacher respondi\u00f3 que los cristianos no estaban obligados a pagar las deudas unos de otros, y que \u00e9l no pod\u00eda pagar las de un caballero de Malta y capit\u00e1n de nav\u00edo, pues era \u00abmorabito\u00bb de los cristianos (esto es, un sacerdote, seg\u00fan la manera de hablar de ellos), venido expresamente a T\u00fanez para atender a los pobres esclavos. \u00abDi lo que quieras \u2014replic\u00f3 el Dey\u2014, yo lo que quiero es que me paguen\u00bb. Y utilizando la violencia, le oblig\u00f3 a pagar dicha cantidad\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPero esto no es m\u00e1s que el comienzo; pues, si Dios no cambia el humor del Dey, van a tener que sufrir opresiones mayores todav\u00eda. En fin, ahora pueden decir que empiezan a ser cristianos mucho m\u00e1s verdaderos, pues empiezan a sufrir por servir a Jesucristo, tal como dec\u00eda el m\u00e1rtir san Ignacio, cuando le llevaban al martirio. Y nosotros, hermanos m\u00edos, seremos disc\u00edpulos de Jesucristo cuando nos sea concedida la gracia de padecer alguna persecuci\u00f3n, o alg\u00fan da\u00f1o por su nombre. Los del mundo se alegrar\u00e1n, dice el Evangelio de hoy. S\u00ed, la gente del mundo buscar\u00e1 placeres y evitar\u00e1 todo lo que contrar\u00eda a la naturaleza. Y Dios quiera que yo, desgraciado, no haga lo mismo y que no sea del n\u00famero de los que buscan las dulzuras y los consuelos en el servicio de Jesucristo, en lugar de amar las tribulaciones y la cruz. De lo contrario, no ser\u00eda verdaderamente cristiano. Para que pueda serlo, Dios me reserva la ocasi\u00f3n de sufrir, y me la enviar\u00e1 cuando El quiera. Es la disposici\u00f3n que hemos de tener todos, si queremos ser verdaderos servidores de Jesucristo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Finalmente, alg\u00fan tiempo m\u00e1s adelante, el Dey, como segu\u00eda conservando en su coraz\u00f3n el resentimiento por la negativa que el Sr. Husson, c\u00f3nsul, le hab\u00eda dado para la adquisici\u00f3n de la lona de Francia que hab\u00eda pedido, busc\u00f3 un nuevo pretexto el a\u00f1o 1657 para irrogarle una nueva afrenta p\u00fablica con la argucia de que trece turcos hab\u00edan sido capturados en el mar por los barcos del Gran Duque de Florencia, y conducidos a Livorno. El Dey, en cuanto se enter\u00f3 de la noticia, llam\u00f3 al Sr. Husson, y quiso que se obligara a hacer volver a los turcos. Este le respondi\u00f3 que aquello no era de su incumbencia, ya que los turcos estaban en manos de un pr\u00edncipe de quien \u00e9l no depend\u00eda. El Dey, no queriendo escuchar raz\u00f3n alguna, y enfurecido, lo expuls\u00f3 de la ciudad de T\u00fanez; y, aunque, seg\u00fan todas las apariencias, debiera usar el mismo trato con los misioneros, sin embargo Dios quiso tocarle el coraz\u00f3n, de forma que les permiti\u00f3 permanecer en la ciudad y continuar sus obras de caridad y de religi\u00f3n, e incluso oblig\u00f3 de nuevo al Sr. Le Vacher a ejercer el consulado, a causa del bien que hac\u00eda a los pobres cautivos.<\/p>\n<p><strong>\u00a7. V El Sr. Vicente cuenta a la comunidad el martirio de un joven cristiano quemado en la ciudad de Argel por la fe de Jesucristo<\/strong><\/p>\n<p>Todos los actos de virtud y de piedad practicados por los cautivos cristianos pueden, con justa raz\u00f3n, ser considerados como frutos de las misiones que se dan entre ellos gracias al desvelo y al celo del Sr. Vicente, porque, de ordinario, son efecto de las ense\u00f1anzas, predicaciones y dem\u00e1s obras de caridad recibidas de sus misioneros, y que la palabra de Dios que les anuncian por su ministerio viene a ser como la semilla celestial recibida en sus corazones y que la gracia hace germinar, y de donde hace brotar frutos dignos de la vida eterna.<\/p>\n<p>Entre todos los hechos virtuosos de los pobres cautivos queremos destacar uno que est\u00e1 muy por encima de lo com\u00fan, y que lo podemos llamar heroico. El Sr. Vicente cierto d\u00eda lo cont\u00f3 a la comunidad de San L\u00e1zaro en pocas palabras, pero todas llenas de energ\u00eda, animadas por el celo que ard\u00eda en su coraz\u00f3n:<\/p>\n<p><em>\u00abNo puedo menos de expresaros los sentimientos que Dios, me da ante este joven del que os he hablado, y al que han matado en la ciudad de Argel. Se llamaba Pedro Borguny, natural de la isla de Mallorca, de veinte o veintid\u00f3s a\u00f1os solamente. El amo, del que era esclavo, pensaba venderlo para enviarlo a las galeras de Constantinopla, de donde ya no habr\u00eda salido jam\u00e1s. Bajo este temor, se fue a buscar al Baj\u00e1 para pedirle que tuviera piedad de \u00e9l, y no permitiese que lo enviaran a aquellas galeras. El Baj\u00e1 prometi\u00f3 que as\u00ed lo har\u00eda, con tal de que tomara el turbante. Para obligarle a cometer la apostas\u00eda, utiliz\u00f3 todas las persecuciones que se le ocurrieron, y, finalmente, a\u00f1adi\u00e9ndo las amenazas a las promesas lo intimid\u00f3 de tal manera que le hizo renegar\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPero aquel pobre muchacho segu\u00eda conservando en su coraz\u00f3n los sentimientos de aprecio y amor a su religi\u00f3n, y cometi\u00f3 aquella falta solamente por miedo a caer en aquella esclavitud, y por deseo de facilitar la recuperaci\u00f3n de su libertad. Incluso les declar\u00f3 a algunos esclavos cristianos que le reprochaban su crimen que, si era turco por fuerza, en el alma segu\u00eda siendo cristiano. Y poco a poco, reflexionando en el grave pecado que hab\u00eda cometido renunciando externamente a su religi\u00f3n, se sinti\u00f3 tocado de un verdadero arrepentimiento. Y al ver que s\u00f3lo pod\u00eda expiar su cobard\u00eda con la muerte, se decidi\u00f3 a ello, antes que vivir m\u00e1s tiempo en aquel estado de infidelidad. Les manifest\u00f3 a algunos el plan; y para poder ejecutarlo empez\u00f3 a hablar abiertamente en favor de la religi\u00f3n cristiana y en contra del mahometismo, y dec\u00eda de estas cosas todo lo que le pod\u00eda sugerir una fe viva, en presencia incluso de algunos turcos, y, sobre todo, de los cristianos. A pesar de todo, segu\u00eda temiendo la crueldad de aquellos b\u00e1rbaros, y al pensar en el castigo tan riguroso que le har\u00edan sufrir, temblaba de terror. A pesar de todo \u2014dec\u00eda\u2014 espero que Nuestro Se\u00f1or me asistir\u00e1; El muri\u00f3 por m\u00ed; es justo que yo muera por El\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p><em>\u00abFinalmente, impulsado por los remordimientos de su conciencia y por el deseo de reparar la injuria que le hab\u00eda hecho a Jesucristo, tom\u00f3 la generosa resoluci\u00f3n de ir a ver al Baj\u00e1 y, una vez en su presencia, le dijo: T\u00fa me has seducido, obligan dome a renunciar a mi religi\u00f3n, que es la buena y la verdadera, y haci\u00e9ndome pasar a la tuya, que es falsa. Pues bien, te declaro que soy cristiano. Y para mostrar te que abjuro de buena gana t\u00fa creencia y la religi\u00f3n de los turcos, rechazo y de testo el turbante que me has dado. Y con estas palabras tir\u00f3 por tierra el turbante y lo pisote\u00f3, diciendo: S\u00e9 que me har\u00e1s morir, pero no me importa, porque estoy dispuesto a sufrir toda clase de tormentos por Jesucristo, mi Salvador\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEfectivamente, el Baj\u00e1, irritado por aquel atrevimiento, lo conden\u00f3 inmediatamente a ser quemado vivo. Lo desnudaron, dej\u00e1ndole solamente el calz\u00f3n; le pusieron una cadena al cuello, y le cargaron con un gran poste, donde ser\u00eda atado y quemado. Al salir de esta forma de la casa del Baj\u00e1 para ser llevado al lugar del suplicio, al verse rodeado de turcos, de renegados y hasta de cristianos, dijo en alta voz estas hermosas palabras: \u00ab\u00a1Viva Jesucristo y triunfe para siempre la fe cat\u00f3lica, apost\u00f3lica y romana! No hay ninguna otra en la que sea posible salvar se\u00bb. Y dicho esto, se fue a sufrir el fuego y a recibir la muerte por Jesucristo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEl sentimiento m\u00e1s grande que me inspira esta acci\u00f3n tan hermosa es que aquel valiente joven hab\u00eda dicho a sus compa\u00f1eros: Aunque temo la muerte, siento algo aqu\u00ed dentro (se\u00f1alando entonces la frente) que me dice que Dios me dar\u00e1 la gracia de sufrir el suplicio que me preparen. Tambi\u00e9n nuestro Se\u00f1or tuvo miedo de morir, pero acept\u00f3 voluntariamente dolores m\u00e1s intensos que los que yo tendr\u00e9 que sufrir. Espero en su fuerza y en su bondad. Le ataron al poste y encendieron fuego alrededor. Pronto entreg\u00f3 a las manos de Dios su alma pura como el oro limpio en el crisol. El Sr Le Vacher, que le hab\u00eda seguido, estuvo presente en el martirio, aunque algo alejado; le levanto la excomuni\u00f3n en que hab\u00eda incurrido, y le dio la absoluci\u00f3n con la se\u00f1al que hab\u00eda convenido antes con \u00e9l, mientras sufr\u00eda con tanta constancia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEso es ser cristiano. Ese el coraje que hemos de tener para sufrir y para morir, si es preciso, por Jesucristo. Pid\u00e1mosle esta gracia y rogu\u00e9mosle a este santo joven que la pida para nosotros, a \u00e9l que fue alumno tan aventajado de tan valiente maestro, que en tres horas se hizo verdadero disc\u00edpulo imitador suyo, muriendo por El\u00bb<\/em>.<\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Animo, Se\u00f1ores y Hermanos m\u00edos. Esperemos que Nuestro Se\u00f1or nos dar\u00e1 fuerzas en las cruces que nos vengan, por grandes que sean, si ve que las amamos y que confiamos en El. Dig\u00e1mosle a la enfermedad cuando se presente, y a la persecuci\u00f3n cuando llegue, a las penas externas e internas, a las tentaciones y a la propia muerte, cuando El nos la env\u00ede: \u00a1Sed bienvenidos, favores celestiales! \u00a1Gracias a Dios, santas pruebas, que ven\u00eds de una mano paternal y muy deseosa de mi bien! Os recibo con un coraz\u00f3n lleno de respeto, de sumisi\u00f3n y de confian za para con aqu\u00e9l que os env\u00eda. Me entrego a vosotros para darme a El.Aceptemos, pues, estos sentimientos, Se\u00f1ores y Hermanos m\u00edos, y, sobre todo, confiemos mucho, lo mismo que este nuevo m\u00e1rtir, en la ayuda de nuestro Se\u00f1or, a quien encomendaremos todos, si os parece, a esos buenos misioneros de Argel y de T\u00fanez\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Este discurso del Sr. Vicente nos hace ver el esp\u00edritu que lo animaba y cu\u00e1n grande era el deseo que ten\u00eda de inspirar a los suyos ese mismo esp\u00edritu, que no es otro que el del martirio, y de robustecerlos contra todos los ataques del mundo y del infierno; y tambi\u00e9n contra los propios sentimientos de la naturaleza, y para hacerse dignos con la renuncia de s\u00ed mismos y cargando la cruz de seguir a Jesucristo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de apagarse el fuego, el Sr. Le Vacher fue, en pleno d\u00eda una hora despu\u00e9s del suplicio, aunque exponi\u00e9ndose mucho, a recoger el santo cuerpo, quemado y asado, para darle sepultura. El escribi\u00f3 la historia del martirio, y lo hizo representar en un cuadro que trajo al Sr. Vicente el a\u00f1o 1657, cuando vino a Par\u00eds, junto con los huesos de este valeroso cristiano quemado por la fe, como uno de los m\u00e1s excelentes frutos que la gracia de Jesucristo vuelve a producir en aquellas tierras b\u00e1rbaras e infieles.<\/p>\n<p><strong>\u00a7. VI Consejos que da el Sr. Vicente a los misioneros de Berber\u00eda relativas a la forma de comportarse entre los infieles<\/strong><\/p>\n<p>Aunque el odio mortal e interesado que los mahometanos sienten a la religi\u00f3n cristiana sea tal, que llegan a pensar que a un turco le basta con matar a un cristiano para ir al para\u00edso, sin embargo, Nuestro Se\u00f1or no ha permitido que, desde hace dieciocho a\u00f1os, m\u00e1s o menos, que los Sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n llevan viviendo entre ellos en Argel y T\u00fanez, les hayan hecho morir a ninguno a pesar de que han transgredido a menudo la ley que proh\u00edbe bajo pena de la hoguera hablar contra la religi\u00f3n mahometana, o han tendido la mano a los que profesan dicha religi\u00f3n para hacerles salir de ella, sin preocuparse de una prohibici\u00f3n injusta, cuando se trata de servir a Jesucristo, y de procurar la salvaci\u00f3n de las almas, compradas con su sangre. Ciertamente se han portado por la gracia de Dios con tanta modestia, prudencia y caridad en aquella tierra, siguiendo lo que les fue recomendado a menudo por el Sr. Vicente, que no s\u00f3lo los turcos los han respetado, sino tambi\u00e9n varios de ellos han dado constancia de su virtud. A prop\u00f3sito de esto, el Rey de T\u00fanez se encontr\u00f3 cierto d\u00eda a un misionero, a quien ve\u00eda frecuentemente ir y venir por la ciudad y por el campo con celo infatigable, para socorrer y ayudar a los pobres cautivos cristianos, cuando volvi\u00e9ndose a los de su s\u00e9quito, y se\u00f1al\u00e1ndoles al sacerdote He ah\u00ed \u2014les dijo\u2014 un verdadero Padre. En otra ocasi\u00f3n, cuando el mismo misionero le fue a pedir permiso para salir de la ciudad, con el fin de ir a un lugar del campo a visitar y a asistir a unos pobres cristianos, le dijo con el coraz\u00f3n en la mano: <em>\u00abVayase con entera libertad adonde le parezca\u00bb<\/em>. Y otra vez puso a sus \u00f3rdenes a uno de sus oficiales, para que lo acompa\u00f1ara a unos sitios apartados, adonde no pod\u00eda ir sin peligro.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente tambi\u00e9n les recomendaba sin cesar que actuaran con gran moderaci\u00f3n y discreci\u00f3n, y que no se expusieran temerariamente a los peligros por miedo a que por un bien aparente, no pudieran llevar a cabo un grand\u00edsimo n\u00famero de bienes verdaderos. Veamos en qu\u00e9 t\u00e9rminos le escribi\u00f3 un d\u00eda sobre esta cuesti\u00f3n a uno de sus misioneros de Berber\u00eda, cuyo celo era muy ardiente, y que por eso necesitaba m\u00e1s de brida que de espuela. Esta carta contiene varios consejos muy importantes, y por eso ha servido de norma para todos los dem\u00e1s:<\/p>\n<p><em>\u00abAlabo a Dios \u2014<\/em>le dice<em>\u2014 por el buen tino que usted ha usado para hacerse reconocer como misionero apost\u00f3lico y Vicario General de Cartago. Si usted ha procedido prudentemente en eso, lo debe hacer a\u00fan mucho m\u00e1s en el desempe\u00f1o de su cargo. De ninguna manera debe usted mantenerse inflexible contra los abusos, cuando vea que de ello se seguir\u00edan mayores males. Saque lo que pueda de los buenos sacerdotes y de los religiosos esclavos, de los mercaderes y de los cautivos por v\u00edas suaves, y no se sirva de las severas sino en casos extremos. Por miedo a que el da\u00f1o que ya sufren, dada su situaci\u00f3n de cautivos, se una con el rigor que usted quisiera ejercer en virtud de su poder, no los lleve a la desesperaci\u00f3n. No es usted responsable de su salvaci\u00f3n, como usted piensa; a usted le han enviado a Argel s\u00f3lo para consolar a la almas afligidas, para animarlas a sufrir y para ayudarlas a perseverar en nuestra santa religi\u00f3n: \u00e9se es su cargo principal y no el de vicario general, que usted ha aceptado \u00fanicamente en cuanto que sirve de medio para poder llegar a los fines arriba indicados; porque es imposible ejercer con un rigor de justicia, sin que aumenten las penas de esa pobre gente ni casi sin darles motivos para perder la paciencia y de perderse usted mismo. Sobre todo, es necesario no tratar de abolir en seguida las cosas que est\u00e1n en uso entre ellos, aunque sean males. Alguien me recordaba el otro d\u00eda un hermoso p\u00e1rrafo de san Agust\u00edn, que dice que hay que guardarse mucho de atacar de frente un vicio que reina en un sitio, porque no s\u00f3lo no se acabar\u00e1 con \u00e9l, sino que, al contrario, lastimar\u00e1 a las personas en las que est\u00e1 inveterado el mal, de modo que no se podr\u00eda lograr de ellos otros bienes, que de otra manera se hubiesen conseguido, si se hubiera acometido dando un rodeo. Le ruego pues que condescienda cuanto pueda ante la debilidad humana. As\u00ed es c\u00f3mo se ganar\u00e1 usted a los eclesi\u00e1sticos esclavos, compadeci\u00e9ndolos mejor que rechaz\u00e1ndolos y corrigi\u00e9ndolos. No carecen de luz, sino de fuerza, la cual se insin\u00faa con la unci\u00f3n exterior de las palabras y del buen ejemplo. No digo que haya que autorizar ni permitir sus des\u00f3rdenes, sino que le digo que los remedios deben ser suaves y benignos, dada la situaci\u00f3n en que est\u00e1n, y aplicados con gran precauci\u00f3n a causa del lugar y del perjuicio que le puedan causar a usted, si los enoja, y no s\u00f3lo a usted, sino tambi\u00e9n al c\u00f3nsul y a la obra de Dios; porque podr\u00e1n comunicar sus impresiones a los turcos, y por ellas no querr\u00e1n ya nunca m\u00e1s sufrirle a usted\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>\u00ab<em>Tiene que evitar otro escollo entre los turcos y los renegados: en nombre de Nuestro Se\u00f1or no tenga comunicaci\u00f3n con esa gente. No se exponga a peligros que le podr\u00edan ocurrir, porque, al exponerse usted, como le he dicho, expondr\u00eda todo y causar\u00eda grandes da\u00f1os a los pobres cristianos cautivos, porque no ser\u00edan atendidos ya m\u00e1s, y cerrar\u00eda la puerta para el porvenir a la libertad presente que tenemos de prestar servicio a Dios en Argel y en otros sitios. Vea el mal que har\u00e1 por un peque\u00f1o bien aparente. Es m\u00e1s f\u00e1cil y m\u00e1s importante impedir que varios esclavos no se perviertan que convertir un renegado. Un m\u00e9dico que preserva de la enfermedad merece m\u00e1s que el que la cura. Usted no es el encargado de las almas de los turcos ni de los renegados, y su misi\u00f3n no se extiende sobre ellos, sino sobre los pobres cristianos esclavos. Y si por alguna raz\u00f3n importante est\u00e1 obligado a tratar con los de esa tierra, no lo haga, si le parece bien, sino poni\u00e9ndose de acuerdo con el c\u00f3nsul. Le ruego que atienda a sus consejos siempre que pueda\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>\u00ab<em>Tenemos grandes motivos para agradecer a Dios el celo que le da para la salvaci\u00f3n de los pobres esclavos; pero ese celo no es bueno, si no es discreto. Parece que usted quiere emprender cosas desde el principio, como querer dar una misi\u00f3n en las ba\u00f1os, vivir encerrado con ellos e introducir entre esa gente nuevos actos piadosos. Por eso, le ruego que siga la costumbre de nuestros sacerdotes difuntos que le han precedido. A menudo se echan a perder las obras buenas por ir demasiado aprisa; porque se procede seg\u00fan las propias inclinaciones, que le privan a uno del juicio y de la raz\u00f3n, y le hacen pensar que el bien que hay que hacer es factible y oportuno. Lo cual no es as\u00ed, y se le reconoce a continuaci\u00f3n por su mal resultado. El bien que Dios quiere se hace casi por s\u00ed mismo, sin que se piense en ello. Es as\u00ed como naci\u00f3 nuestra Congregaci\u00f3n, como empezaron los trabajos misionales y de ordenandos, como se ha hecho la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad; como se ha fundado la de las Damas para la asistencia de los pobres del H\u00f4telDieu de Par\u00eds, y, finalmente, como todas las obras, de las que estamos encargados actualmente han comenzado, y nada de todo eso lo hemos emprendido con un plan previo por nuestra parte. Pero Dios que quer\u00eda ser servido en esas ocasiones, las ha suscitado insensiblemente, y El se ha servido de nosotros sin que supi\u00e9ramos adonde se iba. Por eso le dejamos hacer, muy lejos de apresurarnos en los progresos, como tampoco en el comienzo de las obras. \u00a1Dios m\u00edo! Se\u00f1or: deseo que modere su fervor, y que pese maduramente las cosas con el peso del santuario, antes de resolverlas. Sea m\u00e1s bien paciente, que agente; y as\u00ed Dios har\u00e1 por usted solo lo que todos los hombres juntos no sabr\u00edan hacer sin El\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><strong>\u00a7. VII Penas y trabajos de los pobres esclavos cristianos en Berber\u00eda, y ayudas y servicios\u00a0 prestados por los misioneros <\/strong><\/p>\n<p>Para conocer mejor lo servicios caritativos que los misioneros del Sr. Vicente prestan a los esclavos cristianos en Berber\u00eda es necesario hacer ver la inhumanidad con que los tratan los turcos, los trabajos excesivos que les hacen sufrir; y tambi\u00e9n las violencias que ejercen sobre ellos para obligarles a abjurar la fe de Jesucristo y a abrazar el mahometismo<\/p>\n<p>Los corsarios de T\u00fanez y de Argel apresan por todos los lados, en las tierras de los cristianos y en la mar, a un gran n\u00famero de personas de toda edad, sexo y condici\u00f3n. Los llevan a esas ciudades y a otros lugares vecinos. All\u00ed los exponen a la venta en el mismo mercado, lo mismo que se hace aqu\u00ed con los animales. Y como hacen todos los a\u00f1os varias correr\u00edas, re\u00fanen a gran cantidad de gente; es por esa raz\u00f3n por la que los turcos poseen esclavos en gran n\u00famero; los albergan en ciertos lugares que ellos llaman ba\u00f1os. En T\u00fanez y Bizerta los tienen atados con cadenas de hierro durante la noche. Imag\u00ednense unas cuadras grandes, y en cada una de ellas a doscientos, trescientos o cuatrocientos caballos: esa es la imagen exacta de estos lugares, pero con esta diferencia, que los caballos est\u00e1n bien alimentados y bien limpios, y que los cristianos est\u00e1n sobre la basura, en la miseria y en el m\u00e1ximo abandono, especialmente a causa de su religi\u00f3n a la que los turcos sienten asco. Y adem\u00e1s de eso, seg\u00fan la fantas\u00eda y el mal humor del amo y de quien los guarda, los golpean sin tregua, y, a veces, hasta morir, o quedar maltrechos por toda la vida<\/p>\n<p>Los pobres cautivos as\u00ed encerrados no salen de esos lugares sino para ir a trabajar la tierra, o a otros trabajos muy penosos, o bien, para remar en las galeras, o servir en otros barcos que salen a la mar, y con la mayor frecuencia, a guerrear contra los cristianos, ah\u00ed sufren fatigas, golpes, desprecios y penas insoportables. De ordinario reman y trabajan completamente desnudos (s\u00f3lo llevan el calz\u00f3n), expuestos a los abrasadores ardores del sol de verano, y al fr\u00edo riguroso del invierno. Y cuando vuelven, con sus fuerzas totalmente agotadas y como medio muertos, los vuelven a meter, como a los animales, en los establos m\u00e1s bien para consumirse que para encontrar all\u00ed alg\u00fan descanso.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed lo que el Sr. Gu\u00e9rin, Sacerdote de la Misi\u00f3n, escrib\u00eda sobre el caso al Sr. Vicente:<\/p>\n<p><em>\u00abEstamos esperando una gran cantidad de enfermos al regreso de las galeras. Si esa pobre gente sufre grandes miserias en sus correr\u00edas por el mar, los que se quedan aqu\u00ed no pasan menores apuros: les hacen trabajar en serrar m\u00e1rmol todos los d\u00edas, expuestos a los ardores del sol, que son tan grandes que me atrever\u00eda a compararlo con los de un horno encendido. Es admirable ver el trabajo y el calor excesivo que padecen, que ser\u00eda capaz de hacer morir a los caballos, pero que no acaba de matar a estos pobres cristianos, sino que s\u00f3lo les hace perder la piel, que tienen que pagar como tributo a ese sol devorador. Se les ve con la lengua fuera, como a los pobres perros, debido al calor insoportable que tienen que respirar. Ayer mismo, un pobre anciano, al verse enfermo y sin poder resistir m\u00e1s pidi\u00f3 permiso para retirarse, pero no obtuvo otra respuesta que deb\u00eda sacar piedra y que ten\u00eda que seguir trabajando. Puede usted imaginarse c\u00f3mo me conmueven estas crueldades y c\u00f3mo llenan de aflicci\u00f3n mi coraz\u00f3n\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSin embargo, estos pobres esclavos sufren sus males con una paciencia inconcebible y bendicen a Dios en medio de todas las crueldades que tienen con ellos; puedo decirle con toda verdad que nuestros franceses se distinguen por su bondad y su virtud entre todas las dem\u00e1s nacionalidades. Tenemos dos enfermos de gravedad que, seg\u00fan todas las apariencias, no podr\u00e1n librarse de la muerte, y les hemos administrado todos los sacramentos. La semana pasada murieron otros dos como verdaderos cristianos. Se puede decir de ellos \u00abpretiosa in conspectu Domini mors sanctorum ejus\u00bb. La compasi\u00f3n que siento por estos pobres afligidos, que trabajan en serrar el m\u00e1rmol, me obliga a distribuir entre ellos parte de los pocos socorros que les distribuir\u00eda si estuvieran enfermos, etc. Hay otros esclavos que no son tan maltratados, sino que viven unos en casa de sus amos sirvi\u00e9ndoles en todo de noche y de d\u00eda, como en hacer el pan, hacer la colada, prepararle de comer y beber y los dem\u00e1s oficios caseros. Finalmente, algunos gozan de libertad para trabajar por su cuenta, entregando a sus amos cierta cantidad mensual, que ellos procuran ganar y ahorrar a costa de sus peque\u00f1os gastos\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abAdem\u00e1s de los cautivos de las ciudades hay un gran n\u00famero de ellos empleados en las tierras y en las casas de campo. Algunos pasan all\u00ed toda su vida, sin ir nunca a la ciudad, y all\u00e1 se dedican a labrar la tierra, a cortar madera, a hacer carb\u00f3n, a sacar piedras de la canteras, y a otros trabajos muy penosos; en los trabajos no se les permite ninguna relajaci\u00f3n; y despu\u00e9s de trabajar durante todo el d\u00eda, se les encierra por la noche. Era necesario adelantar todas estas distinciones para dar a conocer mejor cu\u00e1les son las actividades de los misioneros en Berber\u00eda\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En las ciudades de Argel, T\u00fanez y Bizerta hay veinticinco ba\u00f1os. En cada uno de ellos se ha hecho una especie de capillita, donde los pobres cristianos cautivos, en medio de sus aflicciones y penas, tienen la dicha de o\u00edr la santa misa, y de participar de los sacramentos<\/p>\n<p>Como dice un sacerdote de la misi\u00f3n en una carta:<\/p>\n<p><em>\u00abY en eso debemos reconocer la mano especial\u00edsima de la Providencia y de la Bondad de Dios, que, para dar a los miembros afligidos de su Hijo Jesucristo el medio de conservarse en la verdad de la fe por el libre ejercicio de todas las funciones del cristianismo, ha cambiado sus c\u00e1rceles en iglesias, en donde el divino Salvador se encierra en persona con ellos bajo las especies del adorabil\u00edsimo Sacramento de la Eucarist\u00eda, todas las veces que se celebra all\u00ed la santa misa; haci\u00e9ndose as\u00ed, por un exceso de amor, en cierto modo esclavo con los esclavos, para hacer reconocer la verdad de su palabra, por la que El prometi\u00f3 estar con cada uno de los fieles en la tribulaci\u00f3n, Cum ipso sum in tribulatione, etc.\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Entre el gran n\u00famero de cautivos, siempre se encuentran algunos sacerdotes o religiosos, y los misioneros que intervienen ante sus amos, para obtener de ellos que no les pongan a trabajar ni los encadenen, pagando alguna cantidad de dinero cada mes. Y en calidad de Vicarios Generales de Cartago los nombran capellanes de todos los ba\u00f1os; vigilan los abusos, los corrigen, los cambian y los destituyen, cuando lo juzgan conveniente. Y \u00e9ste es uno de los grandes bienes que el Sr. Vicente ha conseguido en estos lugares; porque, antes de que ese buen ordenamiento fuera establecido, viv\u00edan en extra\u00f1a confusi\u00f3n. Todos los pobres cautivos contribuyen seg\u00fan sus posibilidades, unos m\u00e1s otros menos, a los gastos necesarios para las luces y para el ornato de las capillas. Y lo hacen todos por propia voluntad y pura devoci\u00f3n, porque no se le obliga a nadie, e incluso la mayor parte est\u00e1n totalmente desprovistos de todo y no poseen nada para dar, y por toda subsistencia s\u00f3lo disponen de un poco de pan negro que se les da cada d\u00eda.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de las capillas de los ba\u00f1os, hay otras en la casas de los c\u00f3nsules, que vienen a ser como las parroquias de los mercaderes cristianos, tanto de los que van a comerciar en las ciudades, como de los que residen en ellas. Son sostenidas, adornadas y servidas por el c\u00f3nsul y por los misioneros. La de Argel tiene por t\u00edtulo a san Cipriano de Cartago, y la de T\u00fanez a san Luis, Rey de Francia, cuya muerte ha santificado en cierto modo la tierra de esta ciudad infiel. Se celebran todos los a\u00f1os sus fiestas con toda la solemnidad posible, as\u00ed como todas las otras fiestas principales del a\u00f1o, con una edificaci\u00f3n singular de todos los cristianos que se encuentran en aquel pa\u00eds.<\/p>\n<p>Pero qui\u00e9n podr\u00eda decir cu\u00e1l era el consuelo que recib\u00eda el Sr. Vicente, cuando le\u00eda en las cartas remitidas por sus sacerdotes, que viv\u00edan en T\u00fanez y en Argel, que el servicio divino se realizaba con tanta solemnidad como en las parroquias de Par\u00eds; que la misa mayor y los oficios divinos se sol\u00edan celebrar los d\u00edas de fiesta y los domingos; y que se hab\u00edan hecho hasta bastantes fundaciones; que se hab\u00edan establecido Cofrad\u00edas; y esto en cada una de las iglesias y capillas tanto para procurar la libertad de las almas del purgatorio y la asistencia de los pobres cautivos en las enfermedades, como para honrar a algunos santos los d\u00edas de sus fiestas; y, especialmente a la Sant\u00edsima Madre de Dios, con las Cofrad\u00edas del Rosario y del Escapulario, con predicaci\u00f3n y procesi\u00f3n los d\u00edas se\u00f1alados; que en las iglesias de los misioneros hab\u00eda tabern\u00e1culos en donde se guardaba el Sant\u00edsimo Sacramento d\u00eda y noche, con las l\u00e1mparas siempre encendidas; que cuando lo llevaban a los enfermos en los ba\u00f1os, era acompa\u00f1ado de hachones y velas, y las otras se\u00f1ales externas de respeto que se deben prestar a un sacramento tan grande; y que todos los a\u00f1os el d\u00eda del Corpus Christi, y durante toda la octava, el Sant\u00edsimo Sacramento estaba expuesto, y hasta era llevado en procesi\u00f3n en las capillas e iglesias, con asistentes que portaban cada uno su vela en la mano<\/p>\n<p>Es com\u00fan sentir de los santos, que nuestras miserias levantan un trono a la misericordia de Dios, y se puede decir tambi\u00e9n con verdad, que las miserias de los pobres cautivos levantan no s\u00f3lo un trono, sino tambi\u00e9n un trofeo a la Caridad y a la Santidad del Hijo de Dios en aquellas Tierras B\u00e1rbaras, y que tendr\u00edan alguna raz\u00f3n para decir con el salmista: Triunfa, Se\u00f1or, en medio de tus enemigos. Ciertamente no ser\u00eda adorado en aquellas ciudades infieles, como lo es ahora, si la Providencia no hubiera permitido que hubiese cristianos esclavos, y si la opresi\u00f3n que sufren, no hubiese atra\u00eddo a los Sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>El Sr. Gu\u00e9rin a\u00f1ad\u00eda tambi\u00e9n en una carta dirigida al Sr. Vicente otra cosa digna de menci\u00f3n:<\/p>\n<p><em>\u00abSe sentir\u00eda usted \u2014<\/em>le dice\u2014<em> entusiasmado al escuchar, los domingos y d\u00edas de fiesta, cantar en nuestras iglesias y capillas el Exaudiaty las dem\u00e1s oraciones por el Rey de Francia, por el que los mismos extranjeros demuestran respeto y afecto; as\u00ed como tambi\u00e9n al ver con qu\u00e9 devoci\u00f3n estos pobres cautivos ofrecen sus oraciones por todos sus bienhechores, que en su mayor\u00eda reconocen que est\u00e1n en Francia o provienen de Francia, y no es peque\u00f1o motivo de consuelo ver aqu\u00ed casi toda clase de nacionalidades en medio de hierros y de cadenas rezando a Dios por los franceses\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Pero adem\u00e1s de todos los actos caritativos que los misioneros prestan en aquel pa\u00eds a los esclavos cristianos con sus predicaciones, ense\u00f1anzas, administraci\u00f3n de sacramentos, celebraciones de los divinos oficios, y otras ocasiones diarias hay uno que no es el menos importante para su salvaci\u00f3n, y en el que est\u00e1n frecuent\u00edsimamente ocupados: es el de consolarlos en sus sufrimientos y suavizar, en lo que pueden, el odio que sienten por la falta de humanidad con que los tratan aquellos b\u00e1rbaros, que los ponen a veces a dos dedos de la desesperaci\u00f3n. As\u00ed, en otro tiempo hubo varios que, al no ver el final ni el aligeramiento de sus penas, prefirieron buscarse la muerte, que llevar una vida tan desgraciada. Ha habido quien se ha cortado la garganta con sus propias manos; otros que se han colgado y estrangulado; otros, que, al cortarse las venas, han entregado su alma con su sangre; otros que enfurecidos, han querido matar a sus amos, y \u00e9stos, en consecuencia, los han hecho quemar; y otros, finalmente, que han renegado de la fe de Jesucristo, y se han puesto en un estado de condenaci\u00f3n eterna por liberarse de las penas temporales. Pues bien, \u00e9sa es una de las ocupaciones m\u00e1s ordinarias de los Sacerdotes de la Misi\u00f3n que est\u00e1n en Berber\u00eda: consolar a los pobres afligidos de todas las formas que pueden, animarlos a hacer buen uso de sus sufrimientos y tambi\u00e9n procurarles todo el alivio posible, visitarlos y servirlos en sus enfermedades, que son bastante frecuentes, y cuidar especialmente de que los que se creen m\u00e1s abandonados sientan los mayores efectos de su caridad.<\/p>\n<p><strong>\u00a7. VIII Continuaci\u00f3n del mismo asunto <\/strong><\/p>\n<p>La gran caridad con que los misioneros se ocupan en prestar toda clase de ayudas y de servicios a los pobres cautivos, ha parecido como muy nueva a los turcos, y los ha colocado en cierta apreciaci\u00f3n y veneraci\u00f3n entre algunos de aqu\u00e9llos infieles. \u00a1Tanta fuerza tiene la virtud para hacerse admirar y amar por sus grandes enemigos! Gracias a eso, los misioneros disponen de mucha libertad para trasladarse a las casas donde viven los pobres esclavos, y hasta a los sitios m\u00e1s retirados donde trabajan para consolarlos y ayudarlos. Pero, como al principio se topaban con muchas dificultades, uno de aquellos buenos Sacerdotes de la Misi\u00f3n se sirvi\u00f3 de un recurso que le sugiri\u00f3 la caridad: cuando hab\u00eda enfermos esclavos en sitios de dif\u00edcil acceso, mandaba por delante a un boticario cristiano para visitar los enfermos, y el boticario le daba a entender al amo que no pod\u00eda dar remedios a sus esclavos sin que el m\u00e9dico lo hubiera visitado antes; y que, para eso, le traer\u00eda uno. Y gracias a ese medio, el buen sacerdote en calidad de m\u00e9dico dispon\u00eda de libre acceso a los sitios en que estaban los pobres enfermos, les hablaba, les confesaba y les administraba los sacramentos, a veces estando presentes sus amos, sin que, a pesar de todo, se pudieran dar cuenta, dici\u00e9ndoles que se trataba de remedios, lo cual era muy cierto<\/p>\n<p>La manera de la que se sirven para llevar el Sant\u00edsimo Sacramento a los pobres enfermos es \u00e9sta: ponen la Sagrada Hostia en una cajita de plata dorada; la meten en una bolsa de seda; la cuelgan del cuello, y luego de colocarse una estolita sobre la sotana, cubren y tapan todo con su casaca, de forma que no aparece nada al exterior. Un cristiano va por delante, llevando bajo la capa o bajo el capote una vela encendida dentro de una linternita, agua bendita en un frasquito, una sobrepelliz doblada, un ritual, una bolsa en la que hay un peque\u00f1o corporal y un purificador. No saludan a nadie por la calle por donde pasan, y \u00e9sa es la se\u00f1al por la que los cristianos conocen lo que lleva, para que los sigan, si tienen devoci\u00f3n y libertad. Ciertamente en la ciudad de Argel no ha parecido oportuno que los esclavos acompa\u00f1en al Sant\u00edsimo Sacramento para evitar los inconvenientes que podr\u00edan surgir. S\u00f3lo un sacerdote en un ba\u00f1o de Argel ha llegado a dar la comuni\u00f3n de una vez hasta a setenta enfermos, habi\u00e9ndolos confesado antes. Y se ha hecho lo mismo en otras ocasiones.<\/p>\n<p>Hay adem\u00e1s otra atenci\u00f3n que los misioneros ofrecen a los pobres esclavos; es la de mantener entre ellos la paz y la uni\u00f3n, verdadera se\u00f1al y caracter\u00edstica propia de los cristianos. Pero en eso hemos de reconocer para nuestra confusi\u00f3n, que los turcos parece que nos dan ejemplo y lecciones. He aqu\u00ed lo que el Sr. Gu\u00e9rin escribi\u00f3 un d\u00eda al Sr. Vicente:<\/p>\n<p><em>\u00abNo puedo menos de comunicarle lo que me dijo un turco uno de estos d\u00edas pasados, para confusi\u00f3n de los malos cristianos. Me estaba esforzando en reconciliar a dos cristianos que estaban re\u00f1idos. Y al ver mis esfuerzos por conseguirlo, me dijo delante de ellos en su lengua: \u00abPadre, entre nosotros los turcos no est\u00e1 permitido pasar tres d\u00edas enfadados con el pr\u00f3jimo, aunque hubiera matado a uno de nuestros parientes m\u00e1s pr\u00f3ximos\u00bb.<\/em> En efecto, muchas veces he observado esta pr\u00e1ctica entro ellos, y he visto c\u00f3mo se abrazaban inmediatamente despu\u00e9s de haber estado golpe\u00e1ndose. No s\u00e9 si el interior responder\u00e1 al exterior, pero no cabe duda de que esos infieles condenar\u00e1n en el d\u00eda del juicio a los cristianos que no quieren reconciliarse interior ni exteriormente y, conservando su odio en el coraz\u00f3n contra su pr\u00f3jimo, lo siguen demostrando por fuera con gran esc\u00e1ndalo de los dem\u00e1s, y hasta alardean de las venganzas que se han tomado o desean tomarse de sus enemigos. Sin embargo, esta gente, que consideramos b\u00e1rbara, tienen verg\u00fcenza de conservar en el coraz\u00f3n su odio y de no querer reconciliarse con los que les han hecho alg\u00fan mal\u00bb.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de todo lo que hemos dicho, ocurren a veces ocasiones extraordinarias, en las que parece que Dios quiere derramar m\u00e1s abundantemente sus misericordias y sus gracias sobre los pobres cristianos cautivos, como en tiempo de alg\u00fan jubileo, o cuando se instauran las Cuarenta Horas; porque entonces los Sacerdotes de la Misi\u00f3n no escatiman nada para prestar todos los servicios conveniente para los cautivos. Pasan a veces noches enteras en los ba\u00f1os para poder confesarlos, por no disponer de otro tiempo, porque sus amos no quieren que se les aparte de su trabajo durante el d\u00eda. Y ha sucedido que uno de los sacerdotes, alguna vez, ha pasado seis o siete noches seguidas sin dormir; eso es lo que el c\u00f3nsul escribi\u00f3 al Sr. Vicente, con el fin de que le mandase a dicho sacerdote moderar sus vigilias nocturnas por miedo a que llegara a sucumbir. Es tambi\u00e9n en esas buenas circunstancias cuando los Sacerdotes de la Misi\u00f3n llevan a los esclavos a hacer confesiones generales, que la mayor parte de ellos hacen con grandes muestras de penitencia. Es tambi\u00e9n en ese tiempo de gracia, cuando a menudo han visto a los pecadores m\u00e1s endurecidos abrir los ojos para reconocer su desgraciada situaci\u00f3n y convertirse del todo a Dios, despu\u00e9s de haber pasado diez, veinte y, a veces, treinta a\u00f1os y a\u00fan m\u00e1s sin confesarse. Es tambi\u00e9n en ese tiempo de misericordia y de perd\u00f3n, cuando algunos renegados franceses, italianos y espa\u00f1oles, han concebido la voluntad de renunciar a su apostas\u00eda y de volver a la Iglesia, y cuando efectivamente han tratado, para eso, de escaparse, y cuando varios han conseguido llegar a su tierra, aunque no sin gran peligro de su vida.<\/p>\n<p>Finalmente, despu\u00e9s de Dios, ha sido gracias a las ense\u00f1anzas y exhortaciones de los Sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, por lo que algunos de los esclavos cristianos, despu\u00e9s de las confesiones generales, han llevado no s\u00f3lo una vida verdaderamente cristiana, sino tambi\u00e9n han practicado las m\u00e1s excelentes virtudes y han guardado una fidelidad inviolable a Jesucristo, entre las rigurosas persecuciones a las que los han sometido, sufriendo con maravillosa constancia los m\u00e1s crueles tormentos, y hasta la muerte, antes que consentir en ofender a Dios por alg\u00fan pecado. Ah\u00ed van dos ejemplos dignos de menci\u00f3n. Uno de ellos se lo refiri\u00f3 al Sr. Vicente el Sr. Gu\u00e9rin, el mes de agosto de 1646, con estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em> \u00abCreo que es mi deber comunicarle que el d\u00eda de santa Ana ha sido sacrificado un segundo Jos\u00e9 en esta ciudad de T\u00fanez por conservar su castidad, despu\u00e9s de haber resistido duramente m\u00e1s de un a\u00f1o las violentas solicitaciones de su imp\u00fadica due\u00f1a, y de haber recibido m\u00e1s de quinientos palos por las calumnias que contra \u00e9l levant\u00f3 esa loba. Por fin, ha alcanzado la victoria, muriendo gloriosamente por no haber querido ofender a su Dios. Estuvo tres d\u00edas atado con una gruesa cadena; fui a visitarle para consolarlo y exhortarlo a sufrir los tormentos del mundo antes que faltar a la fidelidad que deb\u00eda a Dios. Se confes\u00f3 y comulg\u00f3, y luego me dijo: \u00abpadre, que me hagan sufrir todo lo que quieran; quiero morir como cristia no\u00bb. Y cuando vinieron a cogerlo para llevarlo al suplicio, se confes\u00f3 de nuevo, y quiso Dios, para su consuelo, que nos permitieran asistir a su muerte, cosa que nunca nos hab\u00edan concedido aquellos inhumanos. La \u00faltima palabra que dijo, levantando los ojos al cielo, fue esta: \u00abDios m\u00edo, muero inocente\u00bb. Muri\u00f3 con mucho \u00e1nimo, sin dar jam\u00e1s se\u00f1al de impaciencia en medio de los crueles tormentos que le hac\u00edan sufrir. Luego le hicimos unas exequias muy solemnes. Su malvada e imp\u00fadica due\u00f1a pronto recibi\u00f3 el castigo de su perfidia, pues el volver al amo a casa, la mand\u00f3 estrangular en seguida para descargar su c\u00f3lera. Aquel santo joven era portugu\u00e9s, de veintid\u00f3s a\u00f1os de edad. Invoc\u00f3 su protecci\u00f3n, y como \u00e9l nos quer\u00eda en la tierra, espero que nos seguir\u00e1 queriendo desde el cielo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Otro ejemplo sucedi\u00f3 en la ciudad de Argel. Un joven esclavo hab\u00eda sido solicitado y casi violentado por su desdichado amo, para que fuera donde \u00e9l a cometer un pecado abominable. El se resisti\u00f3 valerosamente. Pero, como, al defenderse de sus violencias, lo hiri\u00f3 en la cara, aquel malvado movido por la rabia y el furor, fue a quejarse falsamente al juez, que su esclavo lo hab\u00eda querido matar. As\u00ed que en lugar de ser \u00e9l quien merec\u00eda ser quemado por su brutalidad execrable, ordenaron que fuera quemado vivo el valeroso cristiano, que soport\u00f3 con constancia el cruel martirio.<\/p>\n<p><strong>\u00a7. IX Ayudas prestadas a los pobres esclavos de Bizerta y de otros lugares<\/strong><\/p>\n<p>Los Sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n hab\u00edan sido enviados por el Sr. Vicente, su Superior General, a servir y a atender a todos los esclavos que estaban presos en Berber\u00eda; pero no se limitaron sus obras de caridad a las ciudades de Argel, T\u00fanez, aunque ellas solas hubieran podido proporcionar materia muy abundante; sino que la extendieron a todos los sitios donde pudieran descubrir que los pobres cautivo gem\u00edan bajo los hierros, y necesitaban de su ayuda. Eso es lo que oblig\u00f3 al Sr. Juan Le Vacher, que habitualmente resid\u00eda en la cuidad de T\u00fanez, a desplazarse frecuentemente hasta la cuidad de Bizerta, que es un puerto de mar distante de T\u00fanez unas diez o doce leguas, y donde hay cinco ba\u00f1os de esclavos, con el fin de darles alg\u00fan consuelo, y prestarles alg\u00fan servicio \u00fatil para su salvaci\u00f3n. He aqu\u00ed en qu\u00e9 t\u00e9rminos le escribi\u00f3 al Sr. Vicente:<\/p>\n<p><em>\u00abLa esclavitud es tan rica en desventuras que el final de unas es el comienzo de otras. Entre los esclavos de este lugar, adem\u00e1s de los que est\u00e1n en los ba\u00f1os, me he encontrado con cuarenta encerrados en un establo tan peque\u00f1o y tan estrecho que apenas pod\u00edan moverse. No recib\u00edan el aire m\u00e1s que por un tragaluz, cerrado con una reja de hierro, que estaba en la parte superior de una b\u00f3veda. Todos estaban encadenados de dos en dos, y perpetuamente encerrados, aunque ten\u00edan que trabajar en moler trigo en un peque\u00f1o molino de brazos, con la obligaci\u00f3n de moler cada d\u00eda una cantidad determinada que superaba a sus fuerzas. Lo cierto es que esa gente est\u00e1 verdaderamente alimentada con el pan del dolor, y pueden muy bien decir que ellos comen con el sudor de sus cuerpos en ese lugar sofocante y con un trabajo tan abrumador\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPoco tiempo despu\u00e9s de haber entrado all\u00ed para visitarles, mientras los estaba abrazando en tan lastimoso estado, o\u00ed gritos confusos de mujeres y de ni\u00f1os, mezclados con gemidos y llantos. Levant\u00e9 los ojos hacia el tragaluz, y vi que se trataba de cinco pobres j\u00f3venes cristianas esclavas, de las que tres ten\u00edan cada una un ni\u00f1o; todas ellas estaban en extrema necesidad. Pues bien, como hab\u00edan o\u00eddo el ruido de nuestros saludos, hab\u00edan corrido hacia el tragaluz para saber lo que pasaba, y cuando supieron que yo era sacerdote, el dolor tan grande que les agobiaba el coraz\u00f3n, les hac\u00eda prorrumpir en gritos y derramar l\u00e1grimas para pedirme un poquito del consuelo que estaba intentando darles a los hombres, que yo hab\u00eda ido a visitar en la c\u00e1rcel\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLe confieso que en aquellos momentos me vi casi abatido de dolor, viendo por un lado a los pobres esclavos que apenas pod\u00edan sostenerse por el peso de las cadenas, y, por otro, al escuchar los lamentos de las pobres mujeres y los gritos de los peque\u00f1os inocentes. La m\u00e1s joven de ellas se ve perseguida por su amo, que quiere hacerla renegar de la fe de Jesucristo para casarse con ella.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00ab\u00a1Ay! \u00a1Cu\u00e1nto mejor empleada estar\u00eda una parte de los millones que los cristianos utilizan en vanidades superfluas y en lujos, si se utilizaran para ayudar a estas pobres almas en medio de tantas amarguras como las agobian! Ayudado de la gracia de Dios, he procurado socorrer a los hombres y a las mujeres con lo que he podido. Pero estamos en un pa\u00eds donde hemos de comprar con dinero contante y sonante la posibilidad de hacer el bien a estos desgraciados, pues, para obtener permiso para hablar con ellos, hemos tenido que dar dinero a sus amos, as\u00ed como tambi\u00e9n para que les quitaran las cadenas a los esclavos de algunas galeras que estaban ya listas para viajar, y hac\u00e9rmelos llevar a los ba\u00f1os, no ya a todos juntos en grupos, sino a uno despu\u00e9s de otro, para poder confesarlos, decirles la santa misa y darles la comuni\u00f3n. Finalmente, lo hemos hecho as\u00ed, con mucho fruto y bendici\u00f3n por la misericordia de Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Y en otra carta escrita por el mismo:<\/p>\n<p><em>\u00abAyer salieron dos galeras \u2014dice\u2014 armadas en corso, en donde iban m\u00e1s de quinientos esclavos cristianos que, gracias a Dios, se hab\u00edan puesto todos en buen estado. \u00a1Oh! \u00a1Qu\u00e9 dolorosa fue para ellos esa jornada y cu\u00e1ntos palos descargaron sobre sus pobres cuerpos los infames renegados que son sus c\u00f3mitres! S\u00e9 muy bien que los forzados de las galeras de Francia no reciben mejor trato; pero la diferencia est\u00e1 en que esos forzados de Francia est\u00e1n condenados por sus cr\u00edmenes. Mientras que los cautivos de Berber\u00eda solamente tienen que penar y sufrir por ser buenos cristianos y fieles a Dios. El d\u00eda en que aquella pobre gente comulg\u00f3 para ser a continuaci\u00f3n conducidas de nuevo a las galeras, les di un peque\u00f1o banquete, mand\u00e1ndoles repartir dos bueyes y quinientos y pico panes; adem\u00e1s mand\u00e9 que entregaran a cada galera un quintal de galleta blanca, para que se lo repartieran a los que cayeran enfermos durante el viaje\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDe all\u00ed me fui luego a visitar a los cautivos de SidiRegeppe. Los encontr\u00e9 libres de cadenas; en eso reconoc\u00ed que el amo me hab\u00eda mantenido la palabra, ya que la \u00faltima vez que fui a verlo me prometi\u00f3 que les quitar\u00eda aquellos hierros insoportables. Entre ellos me encontr\u00e9 a seis muchachos de diecis\u00e9is a\u00f1os, que en cuatro o cinco a\u00f1os que llevaban de esclavos no hab\u00edan podido obtener nunca permiso para salir de casa, y por consiguiente, no hab\u00edan podido confesarse ni comulgar en todo ese tiempo, como lo hab\u00edan hecho los dem\u00e1s. Los prepar\u00e9 para ambas cosas, y despu\u00e9s de haberles escuchado en confesi\u00f3n, les dije que preparasen sus pobres establos lo m\u00e1s decentemente que pudieran, pues ir\u00eda al d\u00eda siguiente por la ma\u00f1ana a llevarles el Sant\u00edsimo Sacramento de la misma manera que se les lleva a los enfermos. En efecto, despu\u00e9s de haber celebrado la santa misa en el ba\u00f1o de la Anunciada, fui a ver a aquellos pobres cautivo con el divino Dep\u00f3sito, seguido de todos los cristianos con que me encontraba por las calles de Bizerta. \u00a1Dios m\u00edo! \u00a1Con qu\u00e9 devoci\u00f3n y ternura recibieron esta santa visita aquellos pobres muchachos! Las l\u00e1grimas que el gozo y la alegr\u00eda sacaba de sus ojos oblig\u00f3 tambi\u00e9n a llorar a todos los asistentes, no tanto por sus miserias como por el sentimiento que ten\u00edan de su felicidad. Tambi\u00e9n confes\u00e9 y di de comulgar a un s\u00e9ptimo, que hab\u00eda ca\u00eddo enfermo la noche anterior. A continuaci\u00f3n le di la extremaunci\u00f3n, y muri\u00f3 poco despu\u00e9s. El resto del tiempo lo dediqu\u00e9 al servicio y a la asistencia de los enfermos de los ba\u00f1os\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Es as\u00ed como el Rey de la Gloria, Jesucristo, no s\u00f3lo por sus ministros, sino tambi\u00e9n por s\u00ed mismo con una caridad inexplicable, se digna visitar, consolar y vivificar las almas, rescatadas por su sangre, hasta en los calabozos, donde yacen en las sombras de la muerte. Y no es peque\u00f1o favor para su fiel siervo, Vicente de Pa\u00fal, el que haya querido servirse particularmente de \u00e9l, como de un instrumento de misericordia y de gracia, para procurar un bien tan grande a todos aquellos pobres cautivos, que le deben considerar como al que, despu\u00e9s de Dios, le son deudores por todos los consuelos, asistencias y medios de salvaci\u00f3n, que les han proporcionado los misioneros de su Congregaci\u00f3n<\/p>\n<p>El Sr. Gu\u00e9rin, sacerdote de la misi\u00f3n, que trabaja por aquellas tierras, dando cuenta al Sr. Vicente acerca de un viaje que hab\u00eda hecho en la misma ciudad de Bizerta, en una carta que le escribi\u00f3 el a\u00f1o 1647:<\/p>\n<p><em>\u00abEl d\u00eda de Pascua \u2014le dec\u00eda\u2014 me comunicaron que hab\u00eda llegado a Bizerta una galera de Argel, y sal\u00ed inmediatamente a visitar a los pobres cristianos que estaban encadenados. Me encontr\u00e9 con unos trescientos, y el capit\u00e1n me dej\u00f3 tener con ellos una corta misi\u00f3n de diez d\u00edas. Hab\u00eda tomado conmigo a un sacerdote, que me ha ayudado a catequizar y a confesar aquellas pobres gentes. Cumplieron todos con su obligaci\u00f3n, salvo algunos griegos cism\u00e1ticos. \u00a1Dios m\u00edo! \u00a1Qu\u00e9 consuelo ver la devoci\u00f3n de aquellos pobres cautivos, de los que la mayor\u00eda no hab\u00edan podido confesarse durante mucho tiempo! Hab\u00eda algunos que no se hab\u00edan acercado a este sacramento desde hac\u00eda ocho o diez a\u00f1os, y otros hasta veinte. Todos los d\u00edas hac\u00eda que les quintasen las cadenas y los sacasen de la galera para venir a tierra a recibir la sagrada comuni\u00f3n en una casa particular, en donde celebraba la santa misa. Despu\u00e9s de acabar la misi\u00f3n, les obsequi\u00e9 y les di unos cincuenta y tres escudos de v\u00edveres\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abYo estaba alojado en casa de un turco, que me aliment\u00f3 todo el tiempo que dur\u00f3 la misi\u00f3n, pero no me quiso cobrar nada, diciendo que hab\u00eda que ser caritativos con los que practicaban la caridad con los dem\u00e1s, lo cual es una acci\u00f3n muy digna de apreciar en la persona de un infiel. Y todav\u00eda le extra\u00f1ar\u00e1 m\u00e1s a usted saber que casi todos los turcos de aquel lugar se vieron tan impresionados y edificados de la misi\u00f3n, que varios de ellos vinieron a besarme el rostro y las manos. Estoy seguro de que su querido coraz\u00f3n se habr\u00e1 pasmado de gozo al saber esto. Mas si el fruto de aquella corta misi\u00f3n de Bizerta me fue tan sabroso, el camino para llegar a \u00e9l me result\u00f3 muy duro y espinoso, pues, como no quisiese tomar gen\u00edzaros para que me escoltaran, me encontr\u00e9 con unos \u00e1rabes que me molieron a golpes. Uno de ellos me cogi\u00f3 por la garganta, y me apret\u00f3 tan fuerte que tem\u00ed me fuera a estrangular, y ya me ten\u00eda por muerto, pero como, no soy m\u00e1s que un desgraciado pecador, nuestro Se\u00f1or no me juzg\u00f3 digno de morir en su servicio\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Adem\u00e1s de los cautivos que hay en las ciudades de Argel, de T\u00fanez y de Bizerta, hay varios en el campo trabajando. Entre \u00e9stos hay algunos que van de vez en cuando a las ciudades, y all\u00ed se confiesan y comulgan. Pero otros no bajan nunca, o rar\u00edsima vez; a \u00e9stos los sacerdotes de la misi\u00f3n los van a buscar cuando pueden a aquellos lugares casi des\u00e9rticos y salvajes, donde se les emplea en trabajos muy penosos. Particularmente los misioneros de T\u00fanez han ido varias veces a recorrer las \u00abmacerias\u00bb del campo (as\u00ed es como llaman a los cortijos y casas de campo). En ellas hay esclavos, como en la Pedrera del pan caliente, en Alc\u00e1ntara, la Courombaille, Gaudiene o los siete arroyos, la Tabourne, la Morlochia, Hanfia, la Mamedia, etc., y las que est\u00e1n lejos de T\u00fanez munas a tres, otras a seis, diez y doce leguas, algunas de ellas, en tres montes muy altos y est\u00e9riles, m\u00e1s habitados por leones que por hombres.<\/p>\n<p>En el primer viaje que hizo el Sr. Juan Le Vacher a aquellas tierras, se encontr\u00f3 con muchos esclavos cristianos que no se hab\u00edan confesado desde hac\u00eda doce, quince y dieciocho a\u00f1os. Algunos de ellos casi hab\u00edan perdido toda idea del cristianismo, porque en tan largo tiempo no hab\u00eda npracticado ni visto ning\u00fan acto de nuestra religi\u00f3n. Veamos lo que escribi\u00f3 al Sr. Vicente:<\/p>\n<p><em>\u00abGracias a un poco de dinero que les he entregado a los amos o a los guardianes de estos pobres cautivos, los he podido reunir en cada uno de los sitios, y los he instruido, consolado, confesado y confirmado en la fe, les he celebrado la santa misa, en la que han comulgado todos. Uno y otros nos hemos llenado de consuelo, que Dios ha querido conceder a estos pobres cautivos en medio de las miserias de su cautiverio, tan molestas y tan pesadas, que es imposible que se las imaginen las personas libres. De este modo, los gozos y consuelos que han saboreado en medio de sus penas no pueden ser m\u00e1s que frutos de la gracia de Dios. Los he abrazado a todos, para aliviarlos un poco de sus fatigas, les he obsequiado todo lo que permit\u00eda nuestra pobreza, y, adem\u00e1s, les he dado a los m\u00e1s pobres un cuarto de piastra a cada uno\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 alegr\u00eda para el coraz\u00f3n tan paternal del Sr. Vicente, cuando se enter\u00f3 de estas noticias, al ver que sus hijos espirituales, animados del esp\u00edritu del Buen Pastor, iban a aquellos sitios apartados y salvajes a buscar las pobres ovejas descarriadas, y devolverlas en cierto modo en sus brazos y en sus hombros, a Jesucristo, su verdadero Pastor! Pero \u00a1qu\u00e9 consuelo no sentir\u00eda, cuando supo que sus misioneros hab\u00edan librado a algunos de aquellos pobres cautivos de una lamentable ca\u00edda en la apostas\u00eda, a la que les habr\u00eda precipitado su desesperaci\u00f3n, y que, habiendo acudido donde ellos y \u00e9choles ver con dulzura y caridad su falta, los pobres, movidos por un gran dolor de haber sido infieles a Dios, se hab\u00edan echado a sus pies, con l\u00e1grimas en los ojos, y el sollozo en el coraz\u00f3n; y someti\u00e9ndose a sus buenos y saludables consejos, hab\u00edan hecho penitencia proporcionada a la enormidad de sus pecados! No podemos decir cu\u00e1l ser\u00eda el consuelo y la alegr\u00eda que sent\u00eda el buen padre de los misioneros al recibir aquellas noticias tan agradables; su coraz\u00f3n estar\u00eda con los mismos sentimientos que los \u00e1ngeles, cuya alegr\u00eda crece en el cielo, cuando ven a un pecador que hace penitencia de su pecado y que se convierte a Dios.<\/p>\n<p><strong>\u00a7. X Conversiones de herejes y renegados logradas por los sacerdotes de la congregaci\u00f3n de la misi\u00f3n enviados por el Sr. Vicente a Berber\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Es un rasgo admirable de la sabidur\u00eda y de la bondad de Dios haberse servido de la cautividad de algunos herejes, que hab\u00edan ca\u00eddo en manos de los turcos, para librarlos de la esclavitud en que los reten\u00eda el demonio por un apego voluntario a su error; haber usado de los hierros y los cepos de sus cuerpos para romper las cadenas que ten\u00edan cautivas a sus almas; y por la p\u00e9rdida de la independencia de sus personas, se les hab\u00eda hecho recobrar la libertad de los hijos de Dios. Eso es lo que ocurri\u00f3 varias veces en las misiones de Berber\u00eda, donde se encontraron con varios esclavos de las herej\u00edas de Calvino y de Lutero, quienes movidos por el sentimiento de la desgraciada condici\u00f3n a que se ve\u00edan reducidos, e ilustrados por las ense\u00f1anzas de los misioneros, han acabado por reconocer finalmente, con ayuda de la gracia, la verdad, y despu\u00e9s de abjurar de sus errores, han ingresado felizmente en el aprisco de Jesucristo. No se conoce el n\u00famero de las conversiones de herejes realizados en las misiones de Berber\u00eda; pero seguro que su n\u00famero es muy considerable, y se puede deducir por las cartas que le escribieron al Sr. Vicente, que s\u00f3lo un Sacerdote de la Misi\u00f3n convirti\u00f3 en aquellas tierras a dieciocho herejes; y hay motivos para creer que los dem\u00e1s no har\u00edan menos, y quiz\u00e1s m\u00e1s todav\u00eda.<\/p>\n<p>Pero entre todas esas conversiones, la del joven ingl\u00e9s es digna de una menci\u00f3n especial. Se trata de un joven de once a\u00f1os, que fue capturado por los corsarios en las costas de Inglaterra, y que hab\u00eda sido llevado y vendido en Berber\u00eda. Y he aqu\u00ed lo que el Sr. Gu\u00e9rin le escribi\u00f3 desde T\u00fanez al Sr. Vicente el mes de junio de 1646:<\/p>\n<p><em> \u00abDos ingleses \u2014<\/em>dice<em>\u2014 se han convertido a nuestra santa fe, dando un maravilloso ejemplo a los cat\u00f3licos. Hay un tercero, que no tiene m\u00e1s que once a\u00f1os, que es uno de los ni\u00f1os m\u00e1s guapos que puede verse y de los m\u00e1s fervorosos que pueden desearse, y adem\u00e1s devoto de la Sant\u00edsima Virgen, a la que invoca continuamente, para que le obtenga la gracia de morir antes que renegar u ofender a Jesucristo. Pues eso es lo que desea su amo, que no lo guarda m\u00e1s que para hacerle renegar de la fe cristiana, empleando toda clase de artima\u00f1as para ello. Si nos pudieran enviar doscientas piastras, lo apartar\u00edamos de ese peligro, y habr\u00eda motivos para esperar que alg\u00fan d\u00eda, con la gracia de Dios, ser\u00eda un segundo Beda, ya que tiene tanto esp\u00edritu y tanta virtud, como raras veces se encuentran en un ni\u00f1o. Hizo profesi\u00f3n de fe cat\u00f3lica el jueves de la semana santa de la \u00faltima cuaresma, y comulg\u00f3 aquel mismo d\u00eda. Ahora sigue comulgando con frecuencia. Ha sido golpeado por dos veces con palos, para que reniegue de Jesucristo. La \u00faltima vez le dijo a su amo, mientras lo golpeaba: C\u00f3rtame el cuello, si quieres, pero soy cristiano y no ser\u00e9 nunca otra cosa. Me ha confesado varias veces que est\u00e1 dispuesto a dejarse moler a palos hasta morir, antes que renunciar a Jesucristo. Toda su vida es admirable en una edad tan joven y tan tierna. Puedo decir realmente que se trata de un peque\u00f1o templo en donde reposa el Esp\u00edritu Santo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Adem\u00e1s de las conversiones de herejes, y tambi\u00e9n han convertido a renegados, a quienes los sacerdotes de la Misi\u00f3n, con ayuda de la gracia, han tra\u00eddo felizmente al aprisco de la Iglesia. Uno de esos sacerdotes le escribi\u00f3 al Sr. Vicente en estos t\u00e9rminos:<\/p>\n<p><em>\u00abTenemos es esta tierra una gran cosecha, que ha aumentado todav\u00eda m\u00e1s con ocasi\u00f3n de la peste, ya que, adem\u00e1s de los turcos convertidos a nuestra religi\u00f3n que mantenemos ocultos, hay otros muchos que han abierto los ojos a la hora de la muerte para reconocer y abrazar la verdad de nuestra religi\u00f3n. Hemos tenido especialmente tres renegados, que, despu\u00e9s de haber recibido los santos sacramentos, se han ido al cielo. Hace unos d\u00edas, uno de ellos, habiendo recibido la absoluci\u00f3n de su apostas\u00eda, estaba a la hora de la muerte rodeado de turcos que urg\u00edan a que profiriese algunas blasfemias, como acostumbraban hacer ellos en semejante ocasi\u00f3n, pero no quiso consentir en ello, sino que teniendo los ojos puestos en el cielo y un crucifijo en el pecho, muri\u00f3 con sentimiento de verdadera penitencia\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abSu mujer, que tambi\u00e9n hab\u00eda renegado como \u00e9l de la fe cristina y que hab\u00eda sido religiosa profesa, recibi\u00f3 igualmente la absoluci\u00f3n de su doble apostas\u00eda, despu\u00e9s de haber demostrado que ten\u00eda todas las buenas disposiciones que cab\u00eda desear. Actualmente permanece retirada en su casa, sin salir de ella. Le hemos mandado hacer dos horas de oraci\u00f3n mental cada d\u00eda y algunas penitencias corporales, adem\u00e1s de las que ordena su regla; pero hace muchas m\u00e1s por su propia iniciativa, ya que est\u00e1 arrepentida de sus faltas, que estar\u00eda dispuesta a ir al martirio para expiarlas, si no tuviera que cuidar de dos ni\u00f1os que hemos bautizado y que ella se encarga de educarlos en la piedad, como tiene que hacerlo una madre verdaderamente cristiana\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTambi\u00e9n ha muerto otro renegado cerca del sitio en donde vivimos, y ha terminado su vida con los sentimientos de un verdadero penitente. Estoy esperando dentro de unos d\u00edas a algunos turcos para bautizarlos. Est\u00e1n muy bien instruidos y son muy fervorosos en nuestra religi\u00f3n, pues ven\u00edan a verme muchas noches en secreto. Uno de ellos es de una familia bastante distinguida de este pa\u00eds\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>En cuanto a los turcos y renegados, que se convierten a nuestra santa religi\u00f3n, los sacerdotes de la Misi\u00f3n actuaban con grand\u00edsima prudencia y circunspecci\u00f3n por miedo a que, fueran descubiertos entre los infieles. Por este motivo s\u00f3lo hablan muy discretamente sobre ellos en las cartas que escriben a Francia, y a menudo entre l\u00edneas, por temor a que, si las cartas fueran interceptadas, se conociera lo que Dios hace por su ministerio para la salvaci\u00f3n de los pobres descarriados<\/p>\n<p>En ese sentido hablaba uno de aquellos sacerdotes, cuando, escribiendo al Sr. Vicente y deseando que se enterara de la conversi\u00f3n de dos renegados, le dec\u00eda:<\/p>\n<p><em> \u00abNuestro Se\u00f1or nos ha concedido la gracia de volver a encontrar dos de nuestras piedras preciosas que se hab\u00edan perdido: son de gran valor, y sus reflejos son verdaderamente celestes. Me he alegrado much\u00edsimo por ello\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><strong>\u00a7. XI Notable ejemplo de constancia de dos j\u00f3venes esclavos uno franc\u00e9s y el otro ingl\u00e9s<\/strong><\/p>\n<p>He aqu\u00ed una historia un poco tr\u00e1gica, pero que ser\u00e1 de mucha edificaci\u00f3n, y por ella podr\u00e1n conocer mejor los grandes frutos que los sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n animados del esp\u00edritu y del celo del Sr. Vicente produjeron en esas tierras infieles. La conocemos por una carta escrita por el Sr. Le Vacher el a\u00f1o 1648, cuyo resumen presentamos:<\/p>\n<p>Hab\u00eda en la ciudad de T\u00fanez dos muchachos de unos quince a\u00f1os, m\u00e1s o menos, uno franc\u00e9s y el otro ingl\u00e9s. Ambos capturados en tierra por los corsarios de Berber\u00eda, y vendidos inmediatamente como esclavos a dos amos diferentes, y que viv\u00edan en dicha ciudad, bastante cerca uno del otro. La comodidad, la vecindad, la igualdad de la edad, lo parecido de la fortuna y de su condici\u00f3n, hicieron que se trabara entre ellos una estrecha amistad, de manera que se quer\u00edan como hermanos.<\/p>\n<p>El ingl\u00e9s, que era luterano, fue ganado para Dios por al franc\u00e9s, que era cat\u00f3lico, y una vez instruido por el Sr. Le Vacher, abjur\u00f3 de su herej\u00eda y abraz\u00f3 con toda el alma la religi\u00f3n cat\u00f3lica. Fue de tal modo confirmado en ella por las conversiones de su compa\u00f1ero, que, cuando vinieron unos mercaderes ingleses herejes a T\u00fanez a rescatar cautivos de su tierra y de su religi\u00f3n, y quisieron contarle a \u00e9l entre los rescatados, les declar\u00f3 en alta voz que era cat\u00f3lico, por la gracia de Dios, y que prefer\u00eda seguir toda su vida de esclavo, profesando la religi\u00f3n cat\u00f3lica, que renunciar a la felicidad de su profesi\u00f3n por recobrar la libertad. Y de ese modo rechaz\u00f3 animosamente el favor que le ofrec\u00edan, tan ardientemente deseado y buscado por todos los que se encuentran en la esclavitud entre aquellos b\u00e1rbaros; prefiri\u00f3 ser atormentado y maltratado por permanecer fiel a Jesucristo, que gozar todas las dulzuras de la vida, exponi\u00e9ndose al peligro de faltar a dicha fidelidad. He ah\u00ed un efecto admirable de la gracia de Jesucristo en esos dos muchachos, quienes, por haber recibido en un coraz\u00f3n bien dispuesto la semilla de la palabra de Dios que el buen sacerdote de la Misi\u00f3n hab\u00eda esparcido una y otra vez, cuando ten\u00eda ocasi\u00f3n de hablarles, produjeron frutos que dif\u00edcilmente podr\u00edan hallarse en otros, que han pasado su vida en la pr\u00e1ctica de las virtudes.<\/p>\n<p>Estando as\u00ed los dos en la esclavitud, continuaban vi\u00e9ndose con frecuencia, y sus conversaciones m\u00e1s ordinarias serv\u00edan para alentar uno al otro a conservar siempre inviolable en sus corazones la fe de Jesucristo, y a profesarla exteriormente con constancia, sin miedo a ning\u00fan tormento que pudieran aplicarles para obligarlos a renunciar a ella. Y parec\u00eda que Dios los preparaba de aquel modo, para prevenirlos y robustecerlos contra los asaltos que deb\u00edan sufrir por su valor. Porque sus amos, impulsados por el esp\u00edritu maligno, redoblaban los malos tratos que les hac\u00edan para forzarlos a renegar de Jesucristo. Llegaron a tal extremo de crueldad, que varias veces, despu\u00e9s de haberlos molido a golpes, los dejaban como muertos tumbados en tierra. El franc\u00e9s, estando cierto d\u00eda en aquel estado, fue visitado por su amigo, porque, como viv\u00edan cerca uno del otro, se escond\u00edan a menudo para hablar, consolarse, y animarse mutuamente, cont\u00e1ndose lo que hab\u00edan sufrido por Jesucristo. El joven ingl\u00e9s hall\u00f3 a su amigo tumbado en tierra; lo llam\u00f3 por su nombre para saber si estaba vivo o muerto, y el otro le dijo como respuesta: \u00abSoy cristiano de por vida\u00bb. Esas fueron las primeras palabras que pronunci\u00f3 en cuanto le volvieron las fuerzas. Y entonces el buen ingl\u00e9s se puso a besarle los pies lastimados y sangrantes del querido compa\u00f1ero, y cuando estaban en eso, llegaron los turcos, y maravillados le preguntaron por qu\u00e9 hac\u00eda aquello. Les respondi\u00f3 con entereza: \u00abHonro los miembros que acaban de sufrir por Jesucristo, mi Salvador y mi Dios\u00bb. Irritados los infieles lo arrojaron y expulsaron llen\u00e1ndolo de injurias, cosa que le produjo al franc\u00e9s una no peque\u00f1a contrariedad, pues hab\u00eda quedado muy consolado con la presencia de su amigo. Y unos d\u00edas m\u00e1s tarde el franc\u00e9s, curado ya de sus heridas, entr\u00f3 en cierta ocasi\u00f3n en la casa del amo del joven ingl\u00e9s para visitarlo como sol\u00eda: lo encontr\u00f3 en el mismo estado en que hab\u00eda yacido el, tumbado cuan largo era sobre una estera de juncos, medio muerto por los golpes recibidos, y aunque lo vio rodeado de turcos y hasta de su amo, que acababa de descargar sobre \u00e9l su rabia, vivamente conmovido por tan triste espect\u00e1culo, y robustecido por una gracia especial, entr\u00f3 valerosamente en la habitaci\u00f3n, y acerc\u00e1ndose a su querido amigo, le pregunt\u00f3 ante los fieles a qui\u00e9n quer\u00eda m\u00e1s: a Jesucristo o a Mahoma. Y el pobre muchacho ingl\u00e9s, abrumado por el dolor, respondi\u00f3 en alto que prefer\u00eda a Jesucristo; que \u00e9l era cristiano; y que quer\u00eda morir cristiano. Los turcos que lo oyeron, se enfurecieron contra el franc\u00e9s, y uno de ellos que llevaba un cuchillo a cada lado, le amenaz\u00f3 con cortarle las orejas. Y como se adelantara a realizar tal acci\u00f3n, el peque\u00f1o campe\u00f3n de Jesucristo no le dio tiempo, porque en cuanto le vio que se le acercaba, se lanz\u00f3 sobre los cuchillos, cogi\u00f3 uno, y al punto se cort\u00f3 a s\u00ed mismo una oreja para demostrar a aquellos b\u00e1rbaros que no ten\u00eda miedo a sus amenazas, y con la oreja llena de sangre, en la mano, tuvo la audacia de preguntarles si quer\u00edan tambi\u00e9n la otra. Y ciertamente la hubiera cortado para testimoniar el aprecio en que ten\u00eda a su religi\u00f3n y la resoluci\u00f3n de sufrir la muerte antes que renunciar a ella, si no le hubieran quitado el cuchillo de las manos.<\/p>\n<p>El valor de los dos j\u00f3venes cristianos caus\u00f3 tal admiraci\u00f3n a los infieles, que perdieron la esperanza de poder hacerles abandonar la fe de Jesucristo. Por eso ya no les hablaron m\u00e1s de ello. Y Dios, despu\u00e9s de haber probado as\u00ed su fidelidad y su constancia, los llev\u00f3 para s\u00ed el a\u00f1o siguiente por medio de una enfermedad contagiosa, que acab\u00f3 por purificar sus almas, y hacerlas dignas de la corona que les hab\u00eda preparado en el cielo.<\/p>\n<p><strong>\u00a7. XII Otras obras caritativas practicadas por los sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la misi\u00f3n enviados a Berber\u00eda por el Sr. Vicente para atender a los pobres cautivos cristianos<\/strong><\/p>\n<p>Le resultar\u00eda molesto al lector, si le cont\u00e1ramos detalladamente todas las obras de caridad que los Sacerdotes de la Misi\u00f3n, animados por el esp\u00edritu de su Padre y por sus\u00f3rdenes, han practicado en Berber\u00eda con los pobres esclavos cristianos, con el fin de ofrecerles todos los bienes que pod\u00edan a los cuerpos y a las almas de ellos. Solamente se\u00f1alaremos en este \u00faltimo p\u00e1rrafo algunas que no han sido tratadas en los anteriores p\u00e1rrafos<\/p>\n<p>Una de las m\u00e1s notables ha sido que los misioneros de Berber\u00eda, gracias a sus desvelos, solicitudes e intervenciones, han conseguido impedir que varios cristianos, a quienes quer\u00edan hacer esclavos, no los hayan hecho, y que otros, que ya lo eran, contra la costumbre de aquellas tierras infieles (en las que en medio de todas las violencias y crueldades se observan ciertas formalidades en la justicia) hayan quedado libres. Veamos lo que el Sr. Vicente le escribi\u00f3 sobre ese tema al Sr. Juan Le Vacher a T\u00fanez, el mes de mayo de 1653, en respuesta a las cartas que le hab\u00eda escrito por su parte:<\/p>\n<p><em>\u00abLe doy las gracias a nuestro Se\u00f1or \u2014<\/em>dice<em>\u2014 de que, por intervenci\u00f3n de ustedes, no hayan sido hechos esclavos varios de los franceses apresados en el mar y llevados a T\u00fanez, mientras que otros que ya hab\u00edan sido vendidos como esclavos, se han visto puestos en libertad. Es un gran servicio el que le han hecho a Dios en esas personas. \u00a1Quiera su Divina Bondad darles la gracia de proceder con fortaleza y eficacia ante aquellos que tienen poder y autoridad para ello\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Ciertamente a veces la violencia y la injusticia sobrepasaban todos los esfuerzos de su caridad, lo cual les tocaba vivamente el coraz\u00f3n, principalmente cuando no pod\u00edan ni con dinero ni con otra manera liberar de las manos de aquellos b\u00e1rbaros a las pobres criaturas que ve\u00edan en gran peligro.<\/p>\n<p><em>\u00abTrajeron \u00faltimamente a esta ciudad de T\u00fanez \u2014<\/em>dice el Sr. Le Vacher en una carta que escribi\u00f3 al Sr. Vicente<em>\u2014 a una joven de Valencia, de edad de veinticinco a\u00f1os, a la que los corsarios turcos hab\u00edan raptado cerca de su ciudad, y que era muy hermosa. La vendieron en la plaza p\u00fablica. Mand\u00e9 ofrecer para rescatarla hasta 300 escudos, que me prestaron los mercaderes, pero un moro despreciable, ofreciendo m\u00e1s todav\u00eda, se la llev\u00f3, porque me faltaba dinero. Ten\u00eda ya dos mujeres, y \u00e9sta ser\u00eda la tercera. La pobre criatura ha estado llorando durante tres d\u00edas, y s\u00f3lo la han hecho perder la fe, cuando le arrebataron la honra. Hay incluso unas religiosas que los corsarios han capturado de su convento, que estaba junto al mar, y que han corrido el mismo peligro. \u00a1Ay! \u00a1Si algunas personas caritativas dieran algo para semejantes ocasiones! Seguramente Dios las recompensar\u00eda abundantemente\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Hay todav\u00eda una obra de caridad que no es bastante apreciada; el celo, que ard\u00eda en el coraz\u00f3n del Sr. Vicente y de los sacerdotes de su Congregaci\u00f3n, ha logrado que un n\u00famero de pobres cristianos esclavos no renegaran de su fe, especialmente cuando los han querido dome\u00f1ar por medio de violencias, y que estaban a punto de sucumbir. Ah\u00ed van algunos ejemplos entre otros<\/p>\n<p>El Sr. Gu\u00e9rin escribiendo desde T\u00fanez al Sr. Vicente el a\u00f1o 1646, le dice:<\/p>\n<p><em>\u00abHemos libertado a una de las pobres mujeres francesas que estaba en manos de un renegado franc\u00e9s. Todo los mercaderes han contribuido a ello con sus donativos; yo he puesto setenta escudos. Las otras dos mujeres est\u00e1n en una situaci\u00f3n desgraciada. Intentar\u00e9 salvar a la que est\u00e1 en mayor peligro. Hay algunas m\u00e1s j\u00f3venes y hermosas, que tambi\u00e9n necesitan ser socorridas. Una de ellas se habr\u00eda perdido ya, si no hubiera obtenido, despu\u00e9s de mucho esfuerzo, que me concedieran un plazo de tres meses para liberarla, y si no, la hubiera puesto en un lugar donde su amo no pueda violentarla. No hace mucho tiempo que, para obligarle a una a renegar de Jesucristo, esa gente le dio m\u00e1s de quinientos palos; y no contentos con ello, al caer medio muerta por tierra, dos hombres se pusieron a darle puntapi\u00e9s en los hombros hasta llegar a reventarle los pechos. Y as\u00ed acab\u00f3 gloriosamente su vida confesando a Jesucristo\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>El mismo sacerdote en otra carta del mes de junio de 1647:<\/p>\n<p><em>\u00abCon el dinero que usted me envi\u00f3 \u2014<\/em>dice<em>\u2014 hemos conseguido rescatar a esa pobre mujer francesa, que durante tanto tiempo ha estado sufriendo la tiran\u00eda de su b\u00e1rbaro amo. Es un verdadero milagro haberla sacado de las manos de aquel tigre, que no quer\u00eda entregarla ni por oro ni por plata. Un d\u00eda me avis\u00f3 que fuera a visitarle; y cuando estuve en su casa, nos pusimos de acuerdo en trescientos escudos, que le entregu\u00e9 inmediatamente. El me dio su carta de libertad, y en seguida la puse en sitio seguro. Dos horas m\u00e1s tarde, aquel miserable se arrepinti\u00f3 y pens\u00f3 que iba a reventar de rabia. Es realmente una obra de la mano de Dios\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTambi\u00e9n hemos rescatado a un muchacho de Sablesd\u2019Olonne, que estaba a punto de renegar de su fe. Creo que le escrib\u00ed c\u00f3mo en dos o tres ocasiones logramos impedirlo. Cuesta ciento cincuenta escudos. Ya he entregado treinta y seis de mi cuenta; el resto lo hemos mendigado donde hemos podido\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTambi\u00e9n he recuperado a aquella joven siciliana que era esclava en Bizerta, y cuyo marido se hab\u00eda hecho turco. Durante tres a\u00f1os enteros ha estado padeciendo tormentos inenarrables, antes que imitar la apostas\u00eda de su marido. Ya le escrib\u00ed durante las \u00faltimas fiestas de Navidad el lamentable estado en que la encontr\u00e9, toda cubierta de llagas. Ha costado doscientos cincuenta escudos, que nos han dado de limosna, y yo he contribuido en parte\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTenemos aqu\u00ed a un ni\u00f1o de Marsella \u2014<\/em>dice el mismo sacerdote en otra carta<em>\u2014 de trece a\u00f1os que, despu\u00e9s de haber sido cogido y vendido por los corsarios, ha recibido m\u00e1s de mil palos por la fe de Jesucristo, de quien quer\u00edan hacerle renegar a la fuerza. Con este mismo fin le machacaron el brazo, lo mismo que se hace con la carne para asarla en las brasas; luego, lo condenaron a recibir cuatrocientos palos, o sea, a morir o a hacerse turco, por lo que fui r\u00e1pidamente a hablar con su due\u00f1o. Me puse tres o cuatro veces de rodillas ante \u00e9l, con las manos juntas, para interceder por \u00e9l. Me lo entreg\u00f3 por doscientas piastras, pero como no las ten\u00eda, ped\u00ed cien escudos prestados a inter\u00e9s, y un mercader me dio lo que faltaba\u00bb.<\/em><\/p>\n<p><em> \u00abUna barca francesa \u2014<\/em>dice el Sr. Juan Le Vacher en una de las cartas que le escribi\u00f3 al Sr. Vicente<em>\u2014 embarranc\u00f3 en la costa de T\u00fanez, y seis hombres que se salvaron del naufragio cayeron en manos de los moros, que los llevaron a T\u00fanez y los vendieron como esclavos. Alg\u00fan tiempo despu\u00e9s, el Dey, queriendo hacerlos turcos, oblig\u00f3 a dos de ellos a fuerza de golpes a renegar de la Fe de Jesucristo; otros dos prefirieron morir en medio de tormentos antes de consentir en semejante infidelidad, y como quer\u00eda hacer otro tanto con los dos que quedaban, la caridad nos oblig\u00f3 a sacarlos de aquel peligro. Concertamos su rescate en 600 piastras, y yo, respond\u00ed con 200. Ahora est\u00e1n en libertad. En cuanto a m\u00ed, es mejor sufrir en este mundo antes que dejar que renieguen de mi Divino Maestro, y dar\u00eda gustoso mi sangre y mi vida, y hasta mil vidas que tuviera, antes que permitir que unos cristianos pierdan lo que nuestro Se\u00f1or adquiri\u00f3 con su muerte\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Sabemos por otras cartas del Sr. Felipe Le Vacher, su hermano, escritas desde Argel al Sr. Vicente, que, como viera un d\u00eda a un ni\u00f1o de Marsella de ocho a\u00f1os, que hab\u00eda sido capturado por los corsarios en aquella ciudad, y que quer\u00edan obligarlo a renegar de Jesucristo y a vestirse de turco, lo rescat\u00f3 y lo mand\u00f3 a su tierra. Y en otra ocasi\u00f3n vio en gran peligro a tres muchachas, que eran hermanas, oriundas de Vence de Provenza. Los corsarios las hab\u00edan capturado como esclavas en Argel. Una de ellas hab\u00eda ca\u00eddo en manos del gobernador, y la hab\u00eda vestido ya ricamente queriendo tomarla por esposa. El Sr. Le Vacher las rescat\u00f3 a las tres por mil escudos, por no disponer de otros medios para salvar sus almas. En otra ocasi\u00f3n rescat\u00f3 tambi\u00e9n a dos personas del mismo sexo, madre e hija, con un muchacho natural de C\u00f3rcega, y los tres en gran peligro a causa de la joven a quien quer\u00edan hacer renegar por la fuerza, para as\u00ed casarse con ella.<\/p>\n<p>Aunque aquellos buenos Sacerdotes de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n no pudieron rescatar a todos y a todas los cautivos que ve\u00edan en peligro de renegar de su fe, porque las limosnas y las posibilidades que le daban estaban totalmente agotadas, y a menudo se ve\u00edan comprometidos por ese motivo m\u00e1s all\u00e1 de lo que pod\u00edan, no dejaban por eso de contribuir con sus consejos y con los sacramentos que administraban a los pobres esclavos en medio de las mayores persecuciones a que se les somet\u00eda, a robustecerlos y a alentarlos mucho, de modo que perseveraban valerosamente en la confesi\u00f3n de Jesucristo, a pesar de todas la violencias que se les infer\u00edan.<\/p>\n<p>Gracias a esas ayudas espirituales es como, entre las mujeres cristianas que estaban esclavas en T\u00fanez, el a\u00f1o 1649 hubo diez, que a pesar de estar maltratadas por causa de su fe y encerradas sin libertad alguna para salir de la casa de sus amos, a pesar de todo se escapaban a veces a o\u00edr la santa misa y a confesarse y comulgar, y se sent\u00edan tan fuertes con las gracias que entonces recib\u00edan, que no solamente aguantaban con paciencia todos los garrotazos y otros suplicios, a que se las somet\u00edan, sino, que, hasta en sus enfermedades, al no poder ser atendidas por un sacerdote, pues en su ausencia pon\u00edan a su disposici\u00f3n a un morabito para seducirlas y perderlas, con todo han preservado con constancia en la confesi\u00f3n de Jesucristo. Y lo que puede hacer conocer mejor con qu\u00e9 crueldad tratan a esos pobres esclavos para hacerlos apostatar, y qu\u00e9 virtud necesitan para no sucumbir, es que esos abominables mahometanos est\u00e1n falsamente persuadidos de que, cuando hacen renegar a un cristiano, tienen asegurado el para\u00edso por enormes que sean los pecados que hayan podido cometer.<\/p>\n<p>Siendo las cosas tales como las hemos presentado, \u00bfno ten\u00eda el Sr. Vicente much\u00edsima raz\u00f3n para animar a los suyos a usar la caridad para con los pobres cautivos, como sol\u00eda decir con frecuencia? Y una vez, entre otras, habl\u00e1ndoles sobre esa cuesti\u00f3n:<\/p>\n<p><em>\u00abA esta obra \u2014<\/em>les dec\u00eda<em>\u2014 se la ha considerado tan grande y tan santa, que ha promovido la fundaci\u00f3n de algunas santas Ordenes en la Iglesia de Dios. Y esas Ordenes han sido tenidas en gran estima, precisamente por estar instituidas para los cautivos. As\u00ed son los religiosos de la Redenci\u00f3n de Cautivos, que, de cuando en cuando, van a rescatar esclavos, y despu\u00e9s los entregan a los suyos. Y entre lo votos que hacen figura el de dedicarse a rescatar esclavos cristianos. \u00bfNo es eso, se\u00f1ores y hermanos m\u00edos, una cosa excelente y santa? Pero, me parece que todav\u00eda hacen m\u00e1s que eso: no solamente se marchan a Berber\u00eda para contribuir al rescate de los pobres cristianos, sino que adem\u00e1s se quedan all\u00ed para dedicarse todo el tiempo a ese caritativo rescate, y para atender de forma continua corporal y espiritualmente a los pobres cautivos, para acudir corriendo a todas sus necesidades, en fin, para estar siempre dispuestos a tenderles la mano y a prestarles toda clase de ayudas y consuelos en sus mayores penas y miserias. \u00a1Se\u00f1ores y hermanos m\u00edos! Pero, \u00bfhay cosa m\u00e1s parecida a lo que nuestro Se\u00f1or hizo, cuando baj\u00f3 a instruirlos con sus palabras y con sus ejemplos? He ah\u00ed el ejemplo que todos los misioneros deben imitar; deben estar dispuesto para dejar su tierra, sus comodidades, su descanso por esa causa, igual que hacen nuestros buenos hermanos que est\u00e1n en T\u00fanez y en Argel, entregados enteramente al servicio de Dios y del pr\u00f3jimo en aquellas tierra b\u00e1rbaras e infieles\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>Para sostener todas esas santas y caritativas empresas, y ayudarles a los buenos misioneros, que estaban en Berber\u00eda, para que pudieran prestar todas esas asistencias y todos sus buenos oficios a los pobres esclavos cristianos, el Sr. Vicente se preocupaba de recoger y de enviarles de vez en cuando cantidades muy considerables, en las que met\u00eda muy a menudo su propia aportaci\u00f3n, cuando lo que le daban no era suficiente. Las mand\u00f3 en primer lugar varias veces para socorrer especialmente a los cristianos, a quienes ve\u00edan en peligro de perder la fe, o rescat\u00e1ndolos del todo, o bien, d\u00e1ndoles algunas limosnas con que atender sus carencias, o anim\u00e1ndolos en sus sufrimientos.<\/p>\n<p>Envi\u00f3 otras cantidades para rescatar a los sacerdotes o religiosos franceses, que hab\u00edan ca\u00eddo en la esclavitud.<\/p>\n<p>Varias veces mand\u00f3 el rescate entero de muchos esclavos, de modo que, hasta el momento de su muerte, se ha podido comprobar que los sacerdotes de su Congregaci\u00f3n enviados por \u00e9l a Berber\u00eda, han rescatado, parte por caridad, y parte por encargo, m\u00e1s de 1.200 cautivos que han enviado a sus tierras. Y que han empleado en los rescates, como en los gastos menores realizados en todas las dem\u00e1s obras de caridad, que han llevado a cabo en tierras infieles, cerca de un mill\u00f3n doscientas mil libras. Veamos lo que el Sr. Vicente escribi\u00f3 un d\u00eda a este prop\u00f3sito a uno de sus sacerdotes, que le hab\u00eda remitido la cuenta de sus gastos menudos:<\/p>\n<p><em>\u00abHe visto \u2014<\/em>le dice<em>\u2014 el apartado de sus gastos menores. \u00a1Dios m\u00edo! \u00a1Cu\u00e1nto me he alegrado al leer su carta! Le aseguro que me ha causado tanta emoci\u00f3n como no la hab\u00eda sentido desde hace mucho a causa de la buena gesti\u00f3n que aparece en ella, y, sobre todo, de la caridad que usted practica para con tant\u00edsimos pobres esclavos, de todas las nacionalidades, de toda edad, que se ven afligidos por toda clase de miserias. Ciertamente, a\u00fan cuando su trabajo no le diera ocasi\u00f3n de hacer otro bien que \u00e9se, ser\u00eda suficiente para valorarlo con un precio infinito, y para atraer sobre usted bendiciones inmensas. Quiera darle la Bondad de Dios medios para continuarlos\u00bb, etc<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente tambi\u00e9n mand\u00f3 alguna cantidad de dinero a la ciudad de Argel con el fin de establecer un peque\u00f1o hospital para lo pobres esclavos enfermos, que son abandonados en sus enfermedades por sus amos inhumanos. Y el hospital se ha fundado gracias a las caridades y a la liberalidad de la se\u00f1ora duquesa d`Aiguillon. Adem\u00e1s de todo eso, el Sr. Vicente hizo por los pobres esclavos franceses otros gastos con un cuidado exquisito: recibir todas sus cartas, y entregarlas a sus parientes, e igualmente recibir las de sus parientes, y remit\u00edrselas a ellos. De forma que por ese medio aquellos pobres cautivos han podido mandar noticias suyas a sus padres, madres, hermanos, esposas e hijos, y han recibido a su vez noticias de ellos; pero tambi\u00e9n han experimentado consuelo y alivio en sus miserias, y varios han podido lograr por ese medio su libertad; y han servido mucho a los pobres cautivos, quienes, antes de esa caritativa actividad del Sr. Vicente y de lo suyos, no sab\u00edan c\u00f3mo ni por d\u00f3nde hacer llegar sus cartas, unos a Picard\u00eda, otros a Poitou, a Guyena, a Normand\u00eda, a Breta\u00f1a, a Languedoc, y a otras provincias, de donde no pod\u00edan recibir respuesta, ni esperar ninguna clase de ayuda por falta de correspondencia en Marsella y en Par\u00eds. Eso hac\u00eda crecer enormemente su tribulaci\u00f3n. Todo eso lo ha podido remediar el Sr. Vicente con una caridad casi sin ejemplo, y cuyo efecto es tal que para entenderlo bien hay que estar en el lugar de los pobres esclavos y haber sentido su aflicci\u00f3n, en la que ellos se encuentran, en el gran abandono que acompa\u00f1a a todas las penas y tribulaciones de su cautividad.<\/p>\n<p>He ah\u00ed una parte de las obras buenas que el Sr. Vicente hizo en favor de los pobres esclavos cristianos durante su vida, y que contin\u00faa a\u00fan despu\u00e9s de su muerte por medio de sus queridos Hijos. S\u00f3lo he dicho una parte, y muy peque\u00f1a, por cierto, porque s\u00f3lo Dios conoce todo. Este humilde misionero, como siempre, ocult\u00f3, mientras pudo, todo lo que hac\u00eda en servicio de su Divina Majestad, a fin de que a Ella le atribuyeran toda la gloria. Ciertamente, aunque \u00e9l no hubiera hecho otra cosa por celo y por su buena direcci\u00f3n, secundada por la cooperaci\u00f3n de los de su Compa\u00f1\u00eda, que establecer y conservar el ejercicio p\u00fablico de la religi\u00f3n cat\u00f3lica, que a\u00fan contin\u00faa despu\u00e9s de tantos a\u00f1os en una tierra b\u00e1rbara, ante los ojos de sus m\u00e1s crueles perseguidores, no ser\u00eda peque\u00f1a gloria para nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que ha querido servirse de la mano de su fiel siervo, para levantar como un trofeo a su sant\u00edsimo Nombre en esos dos reinos infieles, en medio de sus m\u00e1s grandes enemigos, y hacer triunfar la caridad cristiana en unos sitios de donde parec\u00eda que hab\u00eda sido eliminada la humanidad, y donde se ve\u00eda continuamente ejercer la injusticia y la violencia con toda clase de impunidad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISIONES DEL SE\u00d1OR VICENTE SECCI\u00d3N VII: De las cosas m\u00e1s notables sucedidas en las misiones de Berber\u00eda Aunque las misiones dadas bajo la direcci\u00f3n y las \u00f3rdenes del Sr. Vicente en Francia, en Italia y &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-7\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218,168,152,149,143,116],"class_list":["post-31849","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-argel","tag-duquesa-de-aiguillon","tag-san-francisco-javier","tag-san-lazaro","tag-tunez"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 1, Secci\u00f3n 7 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-segundo-capitulo-1-seccion-7\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Segundo, Cap\u00edtulo 1, Secci\u00f3n 7 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"MISIONES DEL SE\u00d1OR VICENTE SECCI\u00d3N VII: De las cosas m\u00e1s notables sucedidas en las misiones de Berber\u00eda Aunque las misiones dadas bajo la direcci\u00f3n y las \u00f3rdenes del Sr. Vicente en Francia, en Italia y ... 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