{"id":31759,"date":"2014-03-26T08:13:12","date_gmt":"2014-03-26T07:13:12","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=31759"},"modified":"2016-07-27T12:08:04","modified_gmt":"2016-07-27T10:08:04","slug":"eugenio-emilio-miel-1825-1896","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/eugenio-emilio-miel-1825-1896\/","title":{"rendered":"Eugenio Emilio Miel (1825-1896)"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: justify\"><a href=\"http:\/\/vicencianos.org\/blog\/santiago-ramiro-abadia-ortiz\/biografias-paules-345\/\" rel=\"attachment wp-att-128931\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-128931\" alt=\"Biografias Pa\u00fales\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/01\/Biografias-Pa%C3%BAles.jpg?resize=232%2C300\" width=\"232\" height=\"300\" \/><\/a>CAP\u00cdTULO I<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">El Sr. Eugenio Emilio Miel naci\u00f3 en el lugar de Samery, cerca de Tounerre, departamento del Jurne, Di\u00f3cesis de Sens; era hijo \u00fanico de Juan Miel y de Mar\u00eda Reinant.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Desde sus m\u00e1s tiernos a\u00f1os se empez\u00f3 a notar en este ni\u00f1o un car\u00e1cter dulce y amable, que fue la se\u00f1al que le distingui\u00f3 durante toda su vida. La piedad germin\u00f3 temprano en su coraz\u00f3n; seg\u00fan el testimonio de un Sacerdote venerable, al presente Can\u00f3nigo titular de la Metropolitana de Sens, el joven Miel se apartaba del mundo, cuyos peligros conoc\u00eda; se complac\u00eda en la compa\u00f1\u00eda de los se\u00f1ores Curas vecinos a su parroquia, viendo todos en este particular atractivo una se\u00f1al de su vocaci\u00f3n al estado eclesi\u00e1stico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Comenz\u00f3 el Sr. Miel sus estudios cl\u00e1sicos en un colegio seglar en la villa de Ervy, departamento del Auba, no lejos de su pa\u00eds natal, y algunos a\u00f1os despu\u00e9s vino a continuarlos en el Seminario menor de Auxerre. En este establecimiento, puesto bajo la direcci\u00f3n de maestros distinguidos por su talento y sus virtudes sacerdotales, su vocaci\u00f3n se declar\u00f3 de una manera m\u00e1s sensible, su piedad tom\u00f3 de nuevo vuelo y su conducta ejemplar daba a todos la consoladora esperanza de que Dios le se\u00f1alaba con su dedo para el Sacerdocio. Terminados sus estudios en el Seminario menor de Auxerre con el feliz \u00e9xito que pod\u00eda esperarse de un sujeto inteligente y estudioso, el Sr. Miel se dirigi\u00f3 al Seminario mayor de Sens para seguir all\u00ed los cursos de Filosof\u00eda y Teolog\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">All\u00ed, en aquel asilo de recogimiento y oraci\u00f3n, la gracia continuaba su obra en el coraz\u00f3n del joven levita, el cual hall\u00e1base en su elemento, y se ensayaba a la vista de Dios \u00a0y bajo la vigilancia paternal de sus nuevos maestros en las virtudes del Sacerdocio, uniendo en amorosa lazada la vir\u00adtud y la ciencia, que son el adorno del Ministro de Dios. La verdad, unida a una amable benevolencia, comunic\u00f3 a su singular modestia un nuevo encanto; sus modales, llenos de finura, junt\u00e1ndose a un exterior agradable, le abr\u00edan todos los corazones; maestros y disc\u00edpulos se complac\u00edan en reconocer que el car\u00e1cter del Sr. Miel era significado objeto del nombre que llevaba. Estuvo tres a\u00f1os en el Seminario mayor de Sens, y al cuarto a\u00f1o fue enviado como Profesor al Seminario menor de Auxerre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Cuando el Sr. Miel lleg\u00f3 al Seminario mayor de Sens, los sacerdotes Lazaristas, que hab\u00edan sido arrojados durante la Revoluci\u00f3n, volv\u00edan a tomar la direcci\u00f3n de dicho estamiento a petici\u00f3n del Ilmo. Sr. de Cosnac. En los designios de Dios, que nada obra casualmente, esta circunstancia no dej\u00f3 de tener cierta influencia sobre los destinos del joven Miel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ten\u00eda en aquel tiempo dicho gran Seminario por Superior a un digno Sacerdote, cuyas felices cualidades de esp\u00edritu y de coraz\u00f3n eran universalmente estimadas en la Di\u00f3cesis. El sr. Fragel ten\u00eda el don de hacer que se amase en su persona a la Congregaci\u00f3n toda entera; bajo el encanto de su palabra, en la cual se revelaba su coraz\u00f3n, el alma se entregaba a sentimientos generosos, y los esp\u00edritus se hallaban bajo la influencia de un soplo divino que los dirig\u00eda muchas veces hacia la familia de San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Ahora bien: hacia el fin de las vacaciones del a\u00f1o 1845, tres j\u00f3venes seminaristas, que se hab\u00edan convenido entre s\u00ed, dando un generoso a-Dios a su familia, tomaron con valor la diligencia y llegaron los tres juntos a la Casa-Madre el 27 de Septiembre para ingresar en el Seminario interno; estos tres j\u00f3venes animosos eran: el Sr. Julio Chevalier, actual Asistente primero de la Congregaci\u00f3n; el Sr. Adolfo Poulin, Profesor del Seminario mayor de Sens, muerto hace algunos a\u00f1os, y el Sr. Miel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Sr. Miel era Di\u00e1cono cuando entr\u00f3 en la Congrega\u00adci\u00f3n. Su formaci\u00f3n, comenzada felizmente en el Seminario mayor de Sens, iba a recibir nuevo impulso bajo la direc\u00adci\u00f3n del Sr. Pedro Mart\u00edn, a la saz\u00f3n Director del Semi\u00adnario interno, el cual form\u00f3 para la Compa\u00f1\u00eda excelentes Misioneros, imprimiendo generalmente en su vida el temple de su firme direcci\u00f3n. El Sr. Miel, por otra parte, ofrec\u00eda f\u00e1cil trabajo a la acci\u00f3n de la gracia; de natural d\u00f3cil, esp\u00ed\u00adritu flexible, se entregaba con confianza a la persona que le dirig\u00eda. Piadoso, observante, amable y querido de <strong>sus <\/strong>compa\u00f1eros, revel\u00e1base en su trato el contento que experimentaba en su vocaci\u00f3n. En las \u00d3rdenes de Trinidad de 1846 recibi\u00f3 el Presbiterado, y en el mes de Septiembre del mismo a\u00f1o <strong>46 <\/strong>era enviado para Profesor de Filosof\u00eda al Seminario de Chalons.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sus estrenos, seg\u00fan refiere un venerable Sacerdote quo fue alumno, penitente y ayudante de Misa del Sr. Miel, fueron muy felices: explicaba el curso con gusto y con atractivo; todos sent\u00edamos gran contento en trabajar baja su direcci\u00f3n. Como por desgracia era de temperamento delicado, al cabo de tres meses le oblig\u00f3 a dejar la ense\u00f1anza una tos persistente, y el Superior, Sr. Eugenio Vicart, que hac\u00eda mucho aprecio de sus cualidades y <strong>Tulla <\/strong>conservarle, le quit\u00f3 la Filosof\u00eda, confi\u00e1ndole la procura y la clase de Liturgia. M\u00e1s tarde, habiendo su salud mejo\u00adrado, se le encarg\u00f3 el curso de Dogma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En todos estos empleos el Sr. Miel estuvo siempre a la altura de su posici\u00f3n. Su direcci\u00f3n, en la cual la firmeza y dulce se hallaban en su justa medida, era apreciada un\u00e1nimemente; era el hombre de confianza de los seminaristas, que acud\u00edan a \u00e9l en sus dificultades, persuadidos de hallar siempre una resoluci\u00f3n sabia y precisa. Su dulce y comunicativa piedad, sus finos modales, llenos de cierta gracia espiritual, daban a entender que en el joven Profesor se hab\u00edan con\u00advenido la naturaleza y la gracia para adornar su esp\u00edritu y coraz\u00f3n con todos los dones necesarios para la educaci\u00f3n de los Sacerdotes. Dotado de ameno y exquisito tacto para tratar con los Eclesi\u00e1sticos que ven\u00edan al Seminario mayor, gozaba de la estimaci\u00f3n de todo el Clero. Para m\u00ed, contin\u00faa el digno Sr. Chapiteau, uno de mis mejores recuerdos ser\u00e1 haber sido ni\u00f1o de coro de mi buen P. Miel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las singulares cualidades del Sr. Miel llamaron natural\u00admente la atenci\u00f3n de sus Superiores; por esto durante las vacaciones de 1857 el Sr. Etienne, entonces Superior Ge\u00adneral, le llam\u00f3 a Par\u00eds para encargarle una misi\u00f3n para Portugal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Una de las grandes m\u00e1ximas que dirig\u00edan a San Vicente en todas sus empresas, era que es necesario esperar la hora de Dios<strong>, <\/strong>sin adelantarse jam\u00e1s al llamamiento de la Divina Providencia. Desde el Cielo, pues, nuestro bienaventurado Padre<strong> <\/strong>debi\u00f3 de dirigir sus dulces miradas hacia los Misioneros <strong>y <\/strong>las Hijas de la Caridad, que se embarcaron para Portugal el 20 de Octubre de 1857, llevando consigo el valor de su sacrificio: Dios era quien los llamaba, su divina mano les conduc\u00eda a esta tierra, en donde les aguardaba una rica cosecha de trabajos, sacrificios y sufrimientos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Portugal, en efecto, pasaba por una cruel prueba. En 1856 el c\u00f3lera<strong> <\/strong>visitaba a Lisboa, extendiendo r\u00e1pidamente sus furores por<strong> <\/strong>gran parte del reino, esparciendo por todas partes la consternaci\u00f3n y la muerte, mermando las poblaciones, extinguiendo familias enteras, no dejando a su paso m\u00e1s que el duelo y l\u00e1grimas. Despu\u00e9s de esto, el a\u00f1o si\u00adguiente, 1857, la fiebre amarilla, tra\u00edda del Brasil, se ceb\u00f3 a su vez y vino a consumar el exterminio comenzando por el c\u00f3lera. Para colmo de males, los recursos de que se pod\u00eda disponer no correspond\u00edan a tan triste situaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En estas cr\u00edticas circunstancias el Cielo quiso recordar el sentimiento de la justicia y humanidad a los que presiden los destinos de los pueblos. En 1831 una Real orden ha\u00adb\u00eda abolido y expulsado de todo el territorio portugu\u00e9s todas las Comunidades religiosas, cuyo concurso hubiera si do de mucho valor en presencia de la epidemia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Una sola Comunidad hab\u00eda sido exceptuada por el de\u00adcreto de expulsi\u00f3n: era la Congregaci\u00f3n de las Hijas de <em>la <\/em>Caridad, instalada en 1822, en virtud de Reales \u00f3rdenes <em>y <\/em>con la aprobaci\u00f3n de la Autoridad eclesi\u00e1stica. Las Her\u00admanas eran procedentes de la Casa de Barcelona, de la cual hab\u00edan tomado las Reglas y las costumbres. a estas buenas Hermanas no les faltaba ni el valor ni el esp\u00edritu de sacrificio; pero hab\u00eda ya llegado el tiempo de repetir las palabras del Divino Maestro: <em>Messis quidem mul\u00ad<\/em><em>ta, operaria autem pauci. <\/em>Mucha es la mies y pocos los obreros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A vista de tantas calamidades, de un incalculable n\u00fa\u00admero de huerfanitos que quedaban sin apoyo y sin abrigo, de muchos miles de enfermos y moribundos privados de todo cuidado, apoder\u00e1base de todos los corazones la compasi\u00f3n y la l\u00e1stima. Fund\u00e1ronse Asociaciones caritativas, compuestas de las principales se\u00f1oras del reino, entre las cuales figuraba la Emperatriz heredera del Brasil, para ayu\u00addar a las Hermanas, que sucumb\u00edan bajo el peso de las fatigas; pero todos estos esfuerzos reunidos no eran bastante para atajar el mal y atender a las necesidades siempre crecientes. En tales extremos, las se\u00f1oras resolvieron dirigirse al<strong> <\/strong>Superior General de las Hijas de la Caridad, residente en Par\u00eds, pidi\u00e9ndole les enviase refuerzo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Como se ver\u00e1 en el curso de esta relaci\u00f3n, la Providencia complace frecuentemente en sacar bien del mal. En los designios de Dios esta epidemia era la se\u00f1al de una \u00e9poca de regeneraci\u00f3n para Portugal, y muy luego veremos surgir como por encanto, bajo el soplo de la caridad, las obras de beneficencia en todas las partes del Reino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Sr. Etienne acogi\u00f3 esta petici\u00f3n como pod\u00eda esperarse de un sucesor de San Vicente de Pa\u00fal; un pueblo reducido a gran necesidad extend\u00eda hacia \u00e9l sus manos implorando so\u00adcorro, y no era necesario m\u00e1s para mover su coraz\u00f3n, pa\u00adtente siempre al grito del sufrimiento. Queriendo juzgar por s\u00ed<strong> <\/strong>mismo de la extensi\u00f3n del mal para ponerle remedio seg\u00fan le fuese posible, parti\u00f3 para Portugal el mes de Junio sir 1857, llegando a Lisboa cuando la epidemia se hallaba en su per\u00edodo \u00e1lgido. La llegada de este buen Superior a esta consternada ciudad fue un rayo de esperanza que ven\u00eda a dar luz a esta desgraciada poblaci\u00f3n, sumergida en todos los horrores de la muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Sr. Etienne, con la seguridad de juicio que le distin\u00adgu\u00eda, comprendi\u00f3 prontamente que se abr\u00eda un espacioso campo<strong> <\/strong>al celo y abnegaci\u00f3n de los hijos de San Vicente. La caridad era grande, pero carec\u00eda de direcci\u00f3n y de brazos y<strong> <\/strong>sobre estos dos puntos \u00e9l dirigi\u00f3 su atenci\u00f3n; era necesario, ante todo, aumentar los socorros, y despu\u00e9s establecer un v\u00ednculo de uni\u00f3n entre todos las actos de caridad individual, reuniendo todos los sacrificios bajo una direcci\u00f3n eficaz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La Providencia Divina secund\u00f3 de un modo maravilloso estos<strong> <\/strong>proyectos. Desde mucho tiempo las Hermanas de Portugal deseaban unirse a las francesas. Este asunto fue objeto de una negociaci\u00f3n entre el Gobierno portugu\u00e9s, la \u00a0Autoridad eclesi\u00e1stica y el Sr. Superior General de las Hijas de la Caridad, que se termin\u00f3 felizmente. Arreglado este primer punto, se determin\u00f3 que cierto n\u00famero de Hijas de la Caridad francesas viniesen a juntarse con sus nuevas compa\u00f1eras de Lisboa para trabajar todas juntas bajo la direcci\u00f3n de los Lazaristas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El 25 de Octubre de 1857 desembarc\u00f3 en Bel\u00e9n, cerca de Lisboa, el primer grupo de Hermanas francesas, bajo la direcci\u00f3n de tres Misioneros, los Sres. Fongerai, Sipolis y Miel. Como la epidemia continuaba haciendo numerosas v\u00edctimas, se hicieron mil instancias a las Hermanas, para que descansasen en la campi\u00f1a antes de entrar en la atm\u00f3s\u00adfera emponzo\u00f1ada de la ciudad; pero estas nobles Hijas, fieles a su divisa: <em>La caridad de Jesucristo nos urge, <\/em>no quisieron que se esperase m\u00e1s largo tiempo su sacrificio para con esta desgraciada poblaci\u00f3n, probada tan cruel\u00admente, instal\u00e1ndose la misma tarde de su llegada en <strong>el <\/strong>Hospicio de Cardaes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Desgraciadamente, los temores que se hab\u00edan manifes\u00adtado al tiempo del desembarque no tardaron en cumplirse. Apenas instalados en el foco de corrupci\u00f3n, el Sr. Miel y una Hermana cayeron atacados de la fiebre amarilla; la Hermana fue arrebatada en pocas horas, y se tem\u00eda el mismo suceso en cuanto al Sr. Miel. Pero el Cielo velaba por la vida de este buen Misionero, que deb\u00eda ser, por dis\u00adposici\u00f3n de Dios, el instrumento de tanto bien, triunfando el amado enfermo, contra toda esperanza, de las terribles congojas de dicho mal, que a nadie perdona.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Aproxim\u00e1base, sin embargo, la hora en que la Divina Providencia iba a colocar al Sr. Miel sobre un espacioso campo de trabajo. Su Superior, el Sr. Fongerai, muy de\u00adbilitado por una enfermedad contra\u00edda en las misiones del Oriente, se ve\u00eda obligado a dejar a Portugal para busca, en el clima de Argel la conservaci\u00f3n de una salud alterada hac\u00eda mucho tiempo; y como era consiguiente, su marcha oblig\u00f3 a los Superiores a poner al Sr. Miel al frente de la empresa confiada a los Misioneros y a las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Durante el primer a\u00f1o de su permanencia en Lisboa, el Sr. Miel hab\u00eda obrado en un c\u00edrculo limitado y casi desconocido, desempe\u00f1ando modestamente los empleos que le confiaran en las casas de las Hermanas. Despu\u00e9s de la marcha del Sr. Fongerai, pudo dar libre expansi\u00f3n a su do y poner al servicio de Dios y de las almas todos los recursos de su esp\u00edritu y las riquezas de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Las diez mil v\u00edctimas de la fiebre amarilla hab\u00edan dejado gran n\u00famero de hu\u00e9rfanos, que no ten\u00edan otro apoyo que Providencia; nuevo Vicente de Pa\u00fal, este santo Misionero llev\u00f3 la causa de estos seres abandonados delante de grandes del Reino y de los principales personajes de la Corte, siendo el efecto admirable. Al o\u00edr sus palabras, cuyos acentos conmovidos electrizaban las almas, los ojos se abr\u00edan a las l\u00e1grimas y los corazones a la compasi\u00f3n; la caridad excit\u00f3 santa emulaci\u00f3n entre la nobleza de Portugal; todos los ricos quer\u00edan contribuir a extinguir el foco de miseria que desolaba el pa\u00eds; de todas partes llegaba dinero, uni\u00e9ndose todas las ofrendas en las manos del ap\u00f3stol de la caridad para recibir de \u00e9l la direcci\u00f3n debida. Bien pronto, bajo el impulso de la fe de su coraz\u00f3n, se formaron asilos de hospitalidad; levant\u00e1banse hospicios y hospitales en diversos puntos de Lisboa. La familia Real fue <strong>la <\/strong>primera en dar ejemplo de generosidad, poniendo a disposici\u00f3n del Sr. Miel el antiguo palacio de Azuda, el cual transformado en un Asilo modelo, objeto de la admiraci\u00f3n de todos; el Rey, la Reina y los Infantes se complac\u00edan visitarlo, no tanto para admirar la hermosa disposici\u00f3n de todo, cuanto para animar a los desgraciados en \u00e9l recogidos. En<strong> <\/strong>el mismo tiempo la Emperatriz, heredera del Brasilo abr\u00eda en Funchal, en la isla de la Madera, un Hospid magn\u00edfico, en donde los enfermos y moribundos recib\u00edan todos los auxilios corporales y espirituales que su estado exig\u00eda<strong>. <\/strong>Por su parte la Infanta Do\u00f1a Isabel fundaba en Bemfica una<strong> <\/strong>Casa de Socorros, donde cada d\u00eda se repart\u00edan abundantes limosnas a las familias necesitadas. La Duquesa de Palmella, igualmente, secundaba los progresos de la ca\u00adridad, fundando y sosteniendo a sus expensas un Hospital para ni\u00f1os enfermos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esas nuevas fundaciones hab\u00edan hecho necesario el env\u00edo de un n\u00famero bastante crecido de Hermanas francesas; eran sesenta, distribuidas en aquellos establecimientos, donde hac\u00edan prodigios de abnegaci\u00f3n; formaban una pro\u00advincia, bajo la direcci\u00f3n de Sor Ville, Visitadora. La cari\u00addad por fin triunfa del mal; de todos los pechos sale un suspiro de consuelo, y la poblaci\u00f3n agradecida se hace lenguas para bendecir al hombre caritativo y a las mujeres heroicas, a quienes, despu\u00e9s de Dios, deben el alivio y la vida tantos desgraciados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero el sello de las obras de Dios es el ser perseguidas; parece que les faltar\u00eda su car\u00e1cter esencial si no recib\u00edan la consagraci\u00f3n de la prueba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La gracia iba abri\u00e9ndose paso, creciendo en todas partes la buena semilla; la mies present\u00e1base rica y abundante sobre aquella tierra, azotada en parte hasta entonces con la esterilidad. No obstante, el enemigo de todo bien, el <em>hombre enemigo, inimicus homo, <\/em>Satan\u00e1s, preparaba oculta\u00admente la ruina de aquellos establecimientos que ofrec\u00edan tan bellas esperanzas. En vista de aquel movimiento en favor de las ideas religiosas y de la conversi\u00f3n de las almas, se enciende un odio mortal en su coraz\u00f3n contra los Misio\u00adneros y las Hijas de la Caridad; jur\u00f3 su total ruina, encar\u00adg\u00e1ndose de la ejecuci\u00f3n la secta mas\u00f3nica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A la voz de alarma re\u00fanense los afiliados y sus amigos; combinan sus planes, formulan la opini\u00f3n minando oculta\u00admente el terreno bajo los pies de los Misioneros y de las Hermanas, para que, cuando todo est\u00e9 preparado para la explosi\u00f3n, puedan quitarse la m\u00e1scara y desde sus antros tenebrosos dar abiertamente el grito de guerra. Esa es la persecuci\u00f3n manifiesta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Los que fueron objeto de ella son los \u00fanicos que po\u00addr\u00edan decir lo que tuvieron que padecer en tiempo de aquella tempestad deshecha, en medio de aquella org\u00eda de ultrajes, salidos de las heces de la sociedad; ni Misioneros ni Hermanas pod\u00edan presentarse en p\u00fablico sin ser objeto de los m\u00e1s groseros insultos de aquellos sat\u00e9lites del demo\u00adnio. Los buenos gem\u00edan y defend\u00edan a sus bienhechores y a sus bienhechoras por todos los medios posibles; pero \u00bfqu\u00e9 val\u00edan aquellas t\u00edmidas protestas delante de la osad\u00eda de los malos? Las v\u00edctimas no correspond\u00edan a las injurias sino con el silencio, con el perd\u00f3n y con nuevos beneficios, esperando triunfar del mal por medio del bien: <em>Vince in bono malum<\/em><em>; <\/em>pero aquellos prodigios de virtud eran est\u00edmulos para<strong> <\/strong>acrecentar el odio de los perseguidores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Entretanto Dios no deja de velar desde lo alto del Cielo. Al ver tantos y tan bellos establecimientos, frutos de generosos sacrificios, en v\u00edsperas de ser destruidos, la secta se daba el parabi\u00e9n del pretendido resultado; proclamaba alto que todo iba a concluir: \u00a1Insensatos! Os equivoc\u00e1is, precisamente desde ahora todo va a comenzar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Sr. Miel estaba encargado de hacer interinamente las funciones de Capell\u00e1n de San Luis de los Franceses; seis meses despu\u00e9s, por efecto de un acuerdo entre el Gobierno y la Congregaci\u00f3n, lo provisional ven\u00eda a ser definitivo. Desde entonces el Sr. Miel se hallaba al abrigo de la bandera francesa; estaba de alguna manera en un terreno fran\u00adc\u00e9s. Por aquella disposici\u00f3n del Cielo, San Luis vino a ser la cuna de nuevas obras de fe y de caridad para Portugal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero el reino de Dios no se establece sin contradicciones. Los Misioneros, no solamente tuvieron que luchar contra la persecuci\u00f3n, sino tambi\u00e9n contra la pobreza; era necesario que la mano de Dios se manifestase visiblemente en la obra que emprend\u00edan: <em>In virtute Dei. <\/em>Al instalarse en San Luis se hallaron entre cuatro paredes completamente desnudas, sin mueblaje, sin ajuar, ni un pedazo de pan seguro. Su primer recurso fue un saco de arroz y otro de alubias, donativo de una persona caritativa; pero el buen humor y la alegr\u00eda que da el esp\u00edritu de sacrificio suplie\u00adron f\u00e1cilmente lo poco brillante de aquella situaci\u00f3n. Mu\u00adchas veces la Visitadora de las Hijas de la Caridad, mo\u00advida de compasi\u00f3n, les envi\u00f3 su comida; el primer d\u00eda, el Sr. Miel, al darle gracias de aquella atenci\u00f3n bienhechora, le escrib\u00eda jovialmente: \u00abComo tenemos tanta necesidad del continente como del contenido, nos quedamos con todo.\u00bb De modo que la sopera y los platos de la buena Sor Ville fueron la primera vajilla de San Luis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">No era menor la pobreza de su capilla; pues, a lo mejor, la lluvia ca\u00eda sobre el altar. S\u00f3lo hab\u00eda ruinas que reparar con dinero, y llagas morales que curar con paciencia; as\u00ed y todo, a\u00fan eran menester dificultades mucho mayores para desconcertar el ardor del valiente capell\u00e1n de San Luis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Puso manos a la obra con una fe capaz de trasladar las monta\u00f1as, pero al mismo tiempo con una perfecta prudencia, haciendo el mayor bien con el menor ruido posible, adelantando lentamente pero con seguridad y como \u00e9l dec\u00eda familiarmente: \u00abtrabajando como el topo\u00bb, para no llamar la atenci\u00f3n de la secta, que no aguardaba m\u00e1s que un pretexto para levantar la opini\u00f3n: <em>et ipsi observabant <\/em><em>eum.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Sr. Miel inaugur\u00f3 su ministerio en San Luis con el establecimiento de la devoci\u00f3n del Mes de Mar\u00eda; aquello fue una feliz inspiraci\u00f3n; bajo el patrocinio de la que es la Madre y la dispensadora de la gracia, <em>Mater divinae <\/em><em>gratiae, <\/em>lo pod\u00eda esperar todo de Dios, hasta milagros Sostenido por el piadoso concurso del Sr. Duque de Be\u00adllune, Secretario de la Embajada, que dio la alfombra de su sal\u00f3n para adornar la tarima del altar, pag\u00f3 los gastos del alumbrado y quiso ayudar a la decoraci\u00f3n de la capilla, lleg\u00f3 a transformar la pobre iglesia en un gracioso templo, en el cual todo hablaba a los ojos y al coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">De lo alto de su trono, radiante de luz, situado en medio de un bosquecillo de flores y de arbustos que hab\u00eda pro\u00adporcionado el jard\u00edn de la Infanta Do\u00f1a Isabel, Mar\u00eda Inma\u00adculada parec\u00eda sonre\u00edr a sus hijos, y les extend\u00eda sus bra\u00adzos para estrecharlos contra su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Puede decirse que el Mes de Mar\u00eda fue la ben\u00e9fica au\u00adrora tras la cual amaneci\u00f3 el bello sol de la piedad sobre aquella sociedad indiferente. Cada uno de los d\u00edas de aquel hermoso mes acud\u00edan el personal de la Embajada, las fa\u00admilias nobles, las j\u00f3venes de toda edad y condici\u00f3n, complaci\u00e9ndose en o\u00edr la palabra del santo Misionero, cuya unci\u00f3n penetrante encend\u00eda en sus corazones el fuego del amor divino. Hasta entonces apenas eran conocidos aquellos ejercicios de piedad en las iglesias de Lisboa; una <em>Misa <\/em>rezada, celebrada aprisa, a esto se reduc\u00eda muchas veces toda la santificaci\u00f3n del Domingo. El Mes de Mar\u00eda vino a ser el despertador de la fe y de las pr\u00e1cticas re\u00adligiosas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Mientras Satan\u00e1s rabiaba y prosegu\u00eda con encarniza\u00admiento su obra del mal, el Sr. Miel continuaba con calma y tranquilidad su obra del bien. En medio de la penosa crisis que atravesaba, no ve\u00eda salvaci\u00f3n sino en Dios. Por este mismo tiempo empez\u00f3 a promover una nueva devoci\u00f3n, con la cual mantuvo y desarroll\u00f3 el bien, tan felizmente comenzado con el Mes de Mar\u00eda; esa devoci\u00f3n no era otra que la Asociaci\u00f3n, llamada \u00abUni\u00f3n de oraciones a los Dolorosos Corazones de Jes\u00fas y de Mar\u00eda\u00bb. Esta Asociaci\u00f3n dio bien pronto los m\u00e1s consoladores resultados: extendi\u00f3se r\u00e1pidamente en todo Portugal y en sus posesiones de Ultramar, donde cuenta cien mil asociados. El Padre Santo P\u00edo IX quiso ser uno de los primeros asociados; aprob\u00f3 la obra por un Breve de Septiembre de 1859, y la enriqueci\u00f3 de \u00a0preciosas indulgencias.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El fin de la Asociaci\u00f3n era atraer la bendici\u00f3n de Dios sobre los asociados, sobre sus familias y sobre sus pa\u00edses.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En las reuniones, que ten\u00edan lugar en San Luis, las ins\u00adtrucciones, que se hac\u00edan en portugu\u00e9s, atrajeron un gran concurso de fieles; las oraciones para las intenciones re\u00adcomendadas obtuvieron innumerables reconciliaciones con Dios; de manera que la Comuni\u00f3n de los piadosos asocia\u00addos, que sol\u00eda tener lugar en la Misa, parec\u00eda todas las veces la Comuni\u00f3n general. De esta manera se habituaron a la frecuencia de confesi\u00f3n y comuni\u00f3n, que puede de\u00adcirse no se hab\u00eda practicado hasta entonces en Lisboa. En aquella populosa ciudad casi nadie comulgaba fuera del tiempo pascual; en el d\u00eda se cuentan un gran n\u00famero de confesiones y comuniones de devoci\u00f3n. Sobre esta obra han venido como a injertarse todas las asociaciones funda\u00addas por el Sr. Miel, y que al presente se extienden por toda la capital, como preciosa red de piedad y de santas obras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00abLa Uni\u00f3n de oraciones\u00bb, escribe una se\u00f1ora portuguesa, ha sido un beneficio del Cielo. \u00a1Cu\u00e1ntas almas se han reconciliado con Dios! \u00a1Cu\u00e1ntas familias le deben la paz y su bien pasar! \u00a1Cu\u00e1ntas gracias de preservaci\u00f3n \u00f3 de arrepentimiento! \u00a1Cu\u00e1ntos j\u00f3venes le son deudores de su colocaci\u00f3n temporal \u00f3 de su vocaci\u00f3n al sacerdocio! \u00a1Cu\u00e1n\u00adtos favores insignes ha obtenido nuestra patria de los Sa\u00adgrados Corazones de Jes\u00fas y de Mar\u00eda en la iglesia de San Luis! All\u00ed era donde, sobre todo, se descubr\u00eda el coraz\u00f3n grande y el esp\u00edritu del santo Misionero que renov\u00f3 la faz del pa\u00eds mediante el Apostolado de la Oraci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Adem\u00e1s, entre las obras salidas de las manos del celoso Rector de San Luis, hay una que, bajo una forma modesta, tuvo tambi\u00e9n su buena parte de influencia en el bien reali\u00adzado: la fundaci\u00f3n de una escuela. Hasta entonces San Luis carec\u00eda de ella, y ese vac\u00edo no pod\u00eda ocultarse por mucho tiempo al esp\u00edritu creador del Sr. Miel. Por pronto no fue m\u00e1s que una peque\u00f1a escuela primaria para los ni\u00f1os pobres de la colonia; pero no tardaron los hijos de algunos representantes de Francia en querer aprovecharse de la instrucci\u00f3n que en ella se daba; siguieron el ejemplo muchas familias nobles; tal era la confianza que les inspiraba el Sr. Miel, que no dudaron en entregarle sus hijos. Y al presente esos ni\u00f1os forman una escuela modelo, donde se emplean todos los medios para ponerles en estado de entrar un d\u00eda en las escuelas superiores del Estado. Los Domingos, la presencia de aquellos ni\u00f1os en la iglesia aumenta con su servicio de \u00e1ngeles la hermosura y la pompa del culto divino; sus padres sienten gran satisfacci\u00f3n en verlos servir en el altar con su gracioso traje de ni\u00f1os de coro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La iglesia de San Luis ya no era un desierto, una tierra abandonada, sino un suelo de maravillosa fecundidad, un centro vivo de piedad y celo, donde todas las obras buenas daban la cita. Desde entonces juzg\u00f3 el Sr. Miel que ha llegado ya el tiempo de restablecer el culto divino; cel\u00e9branse los Oficios con una dignidad que inspira devoci\u00f3n a todos los corazones; las sagradas ceremonias se ejecutan con aquel religioso respeto que es tradicional en San L\u00e1zaro de Par\u00eds, y el canto de los ni\u00f1os de la escuela da las solemnidades del Domingo un aire de novedad y atractivo verdaderamente encantador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">San Luis puede rivalizar con las mejores parroquias de vicia; los fieles acuden con af\u00e1n a los Oficios del Domin\u00adgo personal de los Consulados acreditados en Lisboa viene festivo a tomar lugar al lado del Consulado de Fran\u00adcia, entre nuestros paisanos; los personajes de la Corte se distinguen all\u00ed por su piadoso recogimiento; la misma Reina Amalia asiste gustosamente a los Oficios de San Luis, y todos, nobles y plebeyos, escuchan con inefable placer al \u00abbuen<strong> <\/strong>Padre\u00bb, cuya palabra sencilla y simp\u00e1tica se abre camino para llegar a todos los corazones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Otrai obra eminentemente parroquial impon\u00edase con urgencia, a saber: el restablecimiento de la catequ\u00edstica. Ese g\u00e9nero de instrucci\u00f3n religiosa estaba totalmente olvidado en Lisboa. El Sr. Miel atac\u00f3 el mal en su ra\u00edz con el esta\u00adblecimiento de la ense\u00f1anza del Catecismo, que dio un resultado m\u00e1s feliz de lo que se pod\u00eda esperar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A fin de ponerse al alcance de todas las inteligencias, confi\u00f3 a uno de sus compa\u00f1eros el cuidado de instruir en por\u00adtugu\u00e9s a los ni\u00f1os pobres de los diversos barrios de la ciu\u00addad, reserv\u00e1ndose \u00e9l la ense\u00f1anza de los ni\u00f1os de la Emba\u00adjada y de la colonia francesa. El Sr. Miel ten\u00eda dotes espe\u00adciales para ese g\u00e9nero de instrucci\u00f3n, talento particular para instruir a los ni\u00f1os y tenerlos atentos, palabra clara, expre\u00adsiva, espiritual, que, dando a sus explicaciones un atrac\u00adtivo interesante, ten\u00eda a su joven auditorio colgado de sus labios; por medio de una comparaci\u00f3n tomada de la natura\u00adleza, la verdad religiosa tomaba una forma sensible, que\u00addando perpetuamente grabada en el esp\u00edritu impresionable de los ni\u00f1os; sab\u00eda instruir y dar importancia a su doctrina; sobre lo cual nos escribe una persona que asist\u00eda frecuente\u00admente a aquellas instrucciones infantiles: \u00ab\u00a1Cu\u00e1nto gustaban las explicaciones del Padre Miel! Las grandes familias envia\u00adban all\u00ed a sus hijos, y muchas veces en la semana las j\u00f3venes de la alta nobleza se juntaban con las pobres, y hasta fa\u00admilias enteras tomaban asiento en los bancos de la Escuela de Doctrina. Con seguridad puede afirmarse que las generaciones enteras deben agradecer al humilde hijo de San Vi\u00adcente de Pa\u00fal el beneficio de su instrucci\u00f3n cristiana\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El establecimiento de la catequ\u00edstica en San Luis fue coronado con una funci\u00f3n que excit\u00f3 un verdadero entu\u00adsiasmo religioso en toda la ciudad de Lisboa; me refiero a la primera Comuni\u00f3n. En Portugal era desconocida la so\u00adlemnidad de la primera Comuni\u00f3n como se practica en Francia. Cuando un muchacho llegaba a la edad de pre\u00adpararse para la primera Comuni\u00f3n, le ense\u00f1aban en casa o en la escuela el Catecismo, la letra desnuda, casi sin explicaci\u00f3n; llegado el tiempo pascual, le enviaban a confesar; el Confesor le hac\u00eda algunas preguntas sobre la Doctrina; si las respuestas eran satisfactorias, el muchacho era admi\u00adtido a la primera Comuni\u00f3n; al retirarse del confesonario se dirig\u00eda al comulgatorio con el com\u00fan de los fieles; y de esa manera, aquel d\u00eda, que ordinariamente hace \u00e9poca en la vida del hombre, quedaba desapercibido para los ni\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Esa falta de solemnidad en una acci\u00f3n tan memorable inspir\u00f3 al Sr. Miel una nueva idea de las m\u00e1s felices, que demuestra su profunda fe, como igualmente su sagacidad en atinar con la fibra m\u00e1s sensible de aquella poblaci\u00f3n Impresionable: rode\u00f3 la primera Comuni\u00f3n de los ni\u00f1os de la solemnidad extraordinaria, como se practica en Francia. Fij\u00f3se la funci\u00f3n para el 31 de Mayo, fin del Mes de Mar\u00eda, que es el tiempo de disponerse para la primera Co\u00admuni\u00f3n; y todos los a\u00f1os, el bello Mes de Mar\u00eda y la primera Comuni\u00f3n, que es su coronamiento, conmueve toda la ciudad; habiendo venido a ser el 31 de Mayo una gran fiesta en Lisboa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Todas las familias que desde hace cuarenta a\u00f1os han recibido la instrucci\u00f3n cristiana en San Luis se dan all\u00ed, en aquel d\u00eda, un piadoso parabi\u00e9n para avivar su fe y renovar las promesas que en su primera Comuni\u00f3n emitieran. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 dulces l\u00e1grimas \u2014 refiere uno que tuvo la dicha de ir presente en aquella fiesta\u2014 hemos visto derramar, a la vista de aquellos peque\u00f1os \u00e1ngeles, modestos, recogidos, con sus frentes radiantes de pureza y de inocencia, que se acercaban al Sagrado Banquete! \u00a1Qu\u00e9 afectos se excitaban en todos los corazones al ver aquellos jovencitos, cuando estando en pie frente a la Cruz de Jesucristo, puesta la mano sobre los Santos Evangelios, en presencia de sus padres, renovaban las promesas del Santo Bautismo!\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Ilmo. Sr. Nuncio viene con mucho gusto todos los realzar con su presencia aquella tierna ceremonia, que termina siempre por la administraci\u00f3n del Sacramento \u00a0de la Confirmaci\u00f3n. Terminado tan santo acto, se sirve a los ni\u00f1os un modesto desayuno, donde los humildes clientes de Dios y los ricos est\u00e1n sentados a la misma mesa, como en los santos \u00e1gapes de los primeros cristianos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tales espect\u00e1culos son muy a prop\u00f3sito para mover los corazones y conducirlos a Dios. \u00a1Qu\u00e9 movimiento tambi\u00e9n y qu\u00e9 vida se nota en aquella iglesia de San Luis, en otro tiempo tan triste y desierta! \u00a1C\u00f3mo se siente que Dios ha\u00adbita en aquel lugar! \u00a1Qu\u00e9 perfume de fe y de piedad se res\u00adpira en aquel templo! Cada d\u00eda, y sobre todo cuando se acercan las fiestas, apenas tienen tiempo los Misioneros para o\u00edr en confesi\u00f3n a los penitentes que se presentan; en tiempo de Cuaresma, millares de fieles asedian los confeso\u00adnarios. Grupos de paisanos, hombres, mujeres, bajan de sus monta\u00f1as, llevando en sus brazos tiernos <em>meninos; <\/em>salen de sus casas a media noche, en ayunas, y llegan a la aurora a la puerta de la iglesia de San Luis para confesarse y comulgar. Despu\u00e9s de cumplidos sus deberes, entran en la sacrist\u00eda para recibir la c\u00e9dula de confesi\u00f3n, que el buen Padre de ordinario sazona con algunas palabras amorosas y a me\u00adnudo espirituales. Muchas veces, manifestando sus senti\u00admientos de satisfacci\u00f3n, aquellas buenas gentes le dicen con sencillez: \u00bb El venir aqu\u00ed a confesarnos nos tiene mucha cuenta, porque, entre otras cosas, se pueden decir todos los pecados sin costarnos nada; mientras que entre nosotros, apenas hemos dicho dos \u00f3 tres, cuando nos detienen para pedirnos los cuatro cuartos de la c\u00e9dula de confesi\u00f3n. Y habiendo o\u00eddo del Padre algunas buenas palabras, que en tono risue\u00f1o les dirige, aquellos buenos paisanos <strong>cm. <\/strong>prenden, contentos y satisfechos, el camino de sus monta\u00f1as.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Seguidamente de esta exposici\u00f3n de las obras parroquiales, tan felizmente planteadas por el Sr. Miel, digamos algunas palabras sobre lo que hizo este santo Misionero como director de las almas; y aqu\u00ed dejaremos hablar a <strong>una <\/strong>persona autorizada que le vio ejercer este cargo. (Director admirable de las almas, de un juicio seguro y recto, de una gran sutileza de discernimiento, las dirig\u00eda suavemente pero con firmeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Su prudencia en dirigir no era menor que su abnegaci\u00f3n. Siendo Cura de los Franceses, era verdaderamente el buen \u00a0Pastor<strong>, <\/strong>que se tomaba un cuidado afectuoso por sus amadas ovejas, yendo en busca de la oveja extraviada, sin descan\u00adsar hasta haberla vuelto a su redil.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00a1Cu\u00e1ntos franceses atacados de la enfermedad le debe\u00adn sus \u00faltimos consuelos! \u00a1C\u00f3mo sab\u00eda alegrar sus largas horas de padecimientos! \u00a1C\u00f3mo sab\u00eda hacer que asomase en sus labios, casi helados con el soplo de la muerte, una son\u00adrisa de resignaci\u00f3n! Y sobre todo, \u00a1con qu\u00e9 gracia les ha\u00adblaba del Cielo, y c\u00f3mo excitaba en ellos el deseo de llegar a \u00e9l! Ten\u00eda un don especial para derramar el b\u00e1lsamo divino de la caridad en las almas, oprimidas bajo el peso del padecimiento y agobiadas por la pena de estar ausentes de la familia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Si bien se considera, ser\u00e1 f\u00e1cil comprender que el plantear tantas obras no pudo hacerse sin luchas <em>y <\/em>combates; deb\u00eda contar con la secta sat\u00e1nica, la que, para paralizar su celo<strong>, <\/strong>trat\u00f3 m\u00e1s de una vez de atentar contra su honor: frecuentemente se vio el Misionero v\u00edctima de las excitaciones odiosas<strong> <\/strong>de una mala prensa. Pero \u00e9l era un luchador pru\u00addente<strong> y <\/strong>pac\u00edfico; a un odio implacable correspond\u00eda con una caridad constante\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El elogio del Sr. Miel son sus obras, y una alabanza que nadie pensar\u00e1 en desmentir es que, por su infatigable actividad, por espacio de cuarenta a\u00f1os, hizo florecer en Portugal el esp\u00edritu de San Vicente de Pa\u00fal, y con \u00e9l el amor de Dios en las almas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Reconstituida la parroquia de San Luis, restablecidas las parroquiales y el culto divino, se abr\u00eda un nuevo campo al celo y a la actividad de los Misioneros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Mas, todav\u00eda San Luis no pose\u00eda ning\u00fan Instituto de caridad; la<strong> <\/strong>colonia francesa no ten\u00eda Hospital para sus paisanos. En caso de enfermedad, los pobres estaban reducidos a entrar en los Hospitales portugueses y a ponerse en ma\u00adnos mercenarias; cuando se desembarcaba a un marino \u00f3 a un viajero enfermo, tomaban el camino de aquellos tristes Asilos del padecimiento como si fuesen a la muerte. El se\u00ad\u00f1or Miel, a quien la necesidad de sacrificarse ten\u00eda constan\u00adtemente en vela, no pod\u00eda menos de ocuparse en mejorar semejante situaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tenido ya en mucho aprecio por la Embajada y el Consulado, por su afabilidad y por su habilidad como Admi\u00adnistrador, se ganaba las simpat\u00edas de todos. Confiado en la influencia de que gozaba en el seno de la colonia, resolvi\u00f3, pues, de consuno con el Sr. Conde de Gontaud, Ministro de Francia, abrir un peque\u00f1o Hospital para los franceses. Instal\u00f3se, por de pronto, en una casa de alquiler y confi\u00e1n\u00addolo al cuidado de tres Hijas de la Caridad. Como a\u00fan no se hubiesen reunido fondos, la Comunidad tuvo que hacer los gastos de instalaci\u00f3n, por lo que tocaba a las Hermana% para lo dem\u00e1s se contaba con la Providencia; y cuando, en el mes de Septiembre de 1860, se present\u00f3 el primer en\u00adfermo, el Sr. Miel tuvo que escribir a una se\u00f1ora francesa para pedirle un par de s\u00e1banas. \u00a1Qu\u00e9 admirables son los designios de la Providencia!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En el pensamiento de Dios, aquella pobre y peque\u00f1a Casa de tres Hermanas deb\u00eda ser el \u00e1ncora de salvaci\u00f3n en tiempo de la tormenta, el \u00faltimo refugio de las Hijas de la Caridad en medio de la misma de todos sus establecimientos: si esta peque\u00f1a Casa no hubiese existido, es probable que las Hijas de la Caridad jam\u00e1s habr\u00edan vuelto a Portugal. El Hospital franc\u00e9s, en efecto, deb\u00eda sobrevivir al llamamiento de las Hermanas; y ese es el n\u00facleo del cual nacer\u00e1 un d\u00eda la nueva Provincia de las Hijas de la Caridad, y esta segunda Provincia ser\u00e1 m\u00e1s floreciente a\u00fan que la primera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Un rasgo, que caracteriza el talento administrativo del Sr. Miel, es el haber sabido establecer, entre las fundacio\u00adnes salidas de sus manos, una verdadera solidaridad: todas est\u00e1n unidas entre s\u00ed con un inter\u00e9s com\u00fan, sosteni\u00e9ndose y fortific\u00e1ndose unas a otras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Hospital franc\u00e9s no exist\u00eda sino de nombre; nada pose\u00eda. Mueblaje, ropa, medicamentos, todo faltaba; y sus fondos, por todo haber, hac\u00edan la suma de <em>cincuenta y cinco c\u00e9ntimos <\/em>que hab\u00eda dado una buena Hermana. Con el fin de asegurar la existencia de la obra, el Sr. Miel fund\u00f3 una Asociaci\u00f3n, llamada \u00abSociedad de Beneficencia\u00bb, la que se encarg\u00f3 de los gastos del consumo del Hospital; \u00e9l mismo nombr\u00f3 los miembros, redact\u00f3 los estatutos, y, gracias a los donativos generosos que llegaron de todas partes, el local lleg\u00f3 a ser insuficiente; entonces fue cuando el Hospital franc\u00e9s fue trasladado a Cardaes. En adelante veremos cu\u00e1n fecunda fue la peque\u00f1a limosna de cincuenta y cinco c\u00e9ntimos.<\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify\">CAP\u00cdTULO II<\/h2>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero la colonia francesa en Portugal iba a recibir bien pronto un fatal golpe. Hac\u00eda dos a\u00f1os que las Hijas de la Caridad sacrificaban su salud y su vida en favor de los enfermos y de los desamparados en los establecimientos confiados<strong> a <\/strong>su solicitud, cuando, en el mes de Junio de 1862, a consecuencia de una campa\u00f1a preparada por la francmasoner\u00eda y sostenida por la mala prensa, el Sr. Etienne, Superior General, crey\u00f3 que estaba en el caso de tomar una medida extraordinaria, a saber: la de llamar a Francia Hermanas y Misioneros; todas las Hermanas hab\u00edan de salir de Portugal, a excepci\u00f3n de las tres que serv\u00edan en el Hospital de los franceses. El 9 de Junio de 1862 ser\u00e1 un d\u00eda tristemente memorable para la colonia francesa en Portugal. El sr.Miel recordaba frecuentemente esa fecha, y siempre con gran sentimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Desde la ma\u00f1ana hall\u00e1banse reunidas todas las Hijas de la Caridad en la sala mayor de la Casa central de Bemfica. Muchas se\u00f1oras, amigas de las Hermanas, hab\u00edan venido \u00e1 visitarlas, manifest\u00e1ndoles su adhesi\u00f3n y la pena que les daba aquel acontecimiento. Muy de ma\u00f1ana el Sr. Miel celebr\u00f3 la \u00faltima Misa que las Hijas de la Caridad hab\u00edan de o\u00edr en Portugal. Todas comulgaron en ella; y pen\u00adsando, sin duda, en el bien que hab\u00edan hecho, en esperan\u00adzas desvanecidas, en sus amados enfermos y en sus hu\u00e9rfa\u00adnos, de los cuales se ve\u00edan obligadas a separarse, derrama\u00adron abundantes l\u00e1grimas. \u00a1Dios sabe lo que pas\u00f3 en aquel instante solemne!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00abAntes de la Comuni\u00f3n, como refiere la digna Visitadora Sor Ville, el Sr. Miel nos hizo recordar que en aquel mismo d\u00eda hac\u00eda cinco a\u00f1os que el Sr. Superior General, lleno de esperanza sobre el feliz resultado de la obra de la Misi\u00f3n, llegaba a Portugal para poner los primeros fundamentos de nuestra obra; y hoy precisamente \u2014 a\u00f1adi\u00f3 \u2014 viene todo al suelo. Nuestras bellas esperanzas, fundadas sobre la buena voluntad y el celo de la flor de la sociedad portu\u00adguesa, quedan desde este momento desvanecidas. Esas almas generosas, que sacrificaban su reposo y su fortuna para procurar una educaci\u00f3n cristiana a la juventud, alivio al infortunio, ven en un momento desaparecer tan precio\u00adsas obras, fruto de muchos sacrificios, establecidas en me\u00addio de la misma persecuci\u00f3n. La pena que esto les causa, para ellas tan grande, no es menos dura para vosotras. No obstante, a pesar del vivo dolor y amargo sentimiento que ha producido en vosotras la triste noticia de vuestra partida y la dura necesidad de abandonar a vuestros pobres, a vuestros ni\u00f1os, mostraos generosas y sumisas; no olvid\u00e9is que sois Hijas de la Caridad; manteneos en la altura <strong>de <\/strong>vuestra santa vocaci\u00f3n; apreciadla, amadla todav\u00eda m\u00e1s, si es posible, puesto que a ella deb\u00e9is el glorioso privilegio de seguir a Jes\u00fas m\u00e1s de cerca y de sufrir como \u00c9l persecuci\u00f3n por la justicia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En el momento de uniros <strong>a<\/strong>l Dios de amor en la sagrada Comuni\u00f3n<strong>, <\/strong>ofrecedle el sacrificio de todo lo que am\u00e1is en esta Misi\u00f3n tan querida, que ya desde ahora deja existir. Rogad por este pobre pueblo; rogad por nuest\u00adros generosos bienhechores, para que el Se\u00f1or los fortifique; rogad por vuestros pobres, por vuestros ni\u00f1os, a fin de que Dios los preserve de los tiros que les asestar\u00e1n de todas partes. Rogadle con amor, con agradecimiento, en esta capilla donde por \u00faltima vez os hall\u00e1is reunidas!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Despu\u00e9s de estas breves palabras, interrumpidas por la pena que embargaba su coraz\u00f3n, el Sr. Miel dio a las Her\u00admanas su bendici\u00f3n de despedida, y todas, en compa\u00f1\u00eda de la digna Visitadora Sor Ville, se dirigieron hacia los veinte coches preparados por encargo del Sr. Ministro de de Francia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En el muelle, el Sr. Conde de Comminges Gontand, Minist\u00adro de Francia, y el Sr. Breuil, C\u00f3nsul, rodeados de todo el personal, esperaban a las Hermanas. La se\u00f1ora Condesa Gontand se hallaba tambi\u00e9n all\u00ed para darles la \u00faltima prueba de aprecio y de afecto. El Comandante de la fragata de guerra <em>L&#8217; Orenoque , <\/em>hab\u00eda venido de uniforme a recibir a las Hijas de la Caridad y a poner al mismo tiempo bajo pabell\u00f3n franc\u00e9s a las Hermanas portuguesas, que quisieron expatriarse antes que abandonar su santa vocaci\u00f3n. Lo que pas\u00f3 en el coraz\u00f3n del Sr. Miel, al ver \u00e9ste alejarse el <em>Orenoque, <\/em>s\u00f3lo \u00e9l hubiera podido decirlo. Pero\u00a0 el sr. Miel era un alma fuerte, esperaba contra toda esperanza y, aunque con el coraz\u00f3n partido de dolor, continu\u00f3 la obra, bien persuadido de que, en aquel negocio, el Cielo no hab\u00eda dicho a\u00fan la \u00faltima palabra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Seg\u00fan la orden recibida de Par\u00eds, no qued\u00f3 con el se\u00f1or m\u00e1s que un Misionero y un Hermano; \u00a1qu\u00e9 vac\u00edo a su alrededor, y qu\u00e9 mirada tan triste y lastimosa echaba pasando aquellos establecimientos, poco antes tan animados, \u00adtan florecientes y al presente desiertos y cerrados! Anima lo mejor que puede a las tres Hermanas que han quedado en el Hospital franc\u00e9s, las exhorta a la paciencia y a la confianza les recomienda una gran prudencia y les prodiga consuelos que \u00e9l mismo necesita. Pero en las al\u00admas de ese car\u00e1cter la fe es m\u00e1s fuerte que el dolor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Acostumbrado a ver en todo la mano de Dios, le ofrece generosamente su sacrificio, y emprende de nueve con nueva forma su obra destrozada. Se resuelve a crear suave\u00admente, sin ruido, y como sin que se conozca, una multitud de modestas obras, que har\u00e1n penetrar su acci\u00f3n en todas las clases de la sociedad; esas obras ser\u00e1n como otros tan\u00adtos riachuelos, que har\u00e1n circular la vida divina en todos los barrios de la populosa ciudad de Lisboa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Desde luego tenemos la Asociaci\u00f3n de se\u00f1oras de la Ca\u00adridad. En una reuni\u00f3n de las se\u00f1oras de la Sociedad de Be\u00adneficencia, despu\u00e9s de la salida de las Hermanas, el se\u00f1or Miel las hab\u00eda dicho: \u00abAhora que las Hermanas se han ido, ustedes deben sustituirlas; ustedes deben ser las Hijas de <strong>la <\/strong>Caridad.\u00bb Aquella idea fue luego bien acogida. En la re. uni\u00f3n siguiente, del <strong>5 <\/strong>de Agosto de 1862, insiste de nuevo; y a su voz, que era como un eco de la grande voz de San Vicente de Pa\u00fal abogando por la causa de los desgracia\u00addos delante de las se\u00f1oras de la Caridad de Par\u00eds, acepta\u00adron la proposici\u00f3n con entusiasmo. Sin p\u00e9rdida de tiempo, el Sr. Miel apunta los nombres, forma la lista de los miembros, y la Cofrad\u00eda de se\u00f1oras de la Caridad queda fundada en esta misma sesi\u00f3n. El d\u00eda siguiente ponen manos a la<strong> <\/strong>obra, perseverando con tal esp\u00edritu de fe, de caridad y de<strong> <\/strong>celo, que poco tiempo despu\u00e9s pod\u00eda decirles el Sr. Miel:\u00bbMi coraz\u00f3n rebosa de alegr\u00eda en vista de vuestras obra creo que dif\u00edcilmente en otra parte se habr\u00eda hecho tanto <strong>y <\/strong>tan bueno como aqu\u00ed han realizado ustedes, y en tan corto<strong> <\/strong>espacio\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El a\u00f1o siguiente San Luis ve\u00eda nacer otra Asociaci\u00f3n, <strong>la <\/strong>eminentemente social como s\u00f3lidamente cristiana: la Archicofrad\u00eda de Madres cristianas. Esta obra, cuyo objeto el hacer entrar a Dios en la familia, hacer reflorecer en ella el esp\u00edritu cristiano, las pr\u00e1cticas religiosas, la educac\u00adi\u00f3n cristiana de los ni\u00f1os, la santificaci\u00f3n del Domingo; dio desde el principio las m\u00e1s dulces esperanzas, y en nues\u00adtros d\u00edas produce frutos los m\u00e1s consoladores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Aquel mismo a\u00f1o de 1863 vio renacer tambi\u00e9n la Aso\u00adciaci\u00f3n de las Hijas de Mar\u00eda. Esta Asociaci\u00f3n hab\u00eda sido erigida el <strong>21 <\/strong>de Noviembre de 1862 en los establecimientos abandonados por las Hermanas; pero la salida de \u00e9stas pod\u00eda comprometer esta obra tan interesante; y como un <strong>gran <\/strong>n\u00famero de j\u00f3venes ped\u00eda el formar parte de esta Aso\u00adciaci\u00f3n, el Sr. Miel reuni\u00f3 las antiguas Hijas de Mar\u00eda a las nuevas aspirantes, reconstituyendo la Asociaci\u00f3n con los reglamentos y privilegios que le son propios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Como las reuniones mensuales de aquellas varias Asocia\u00adciones se hac\u00edan en el Hospital franc\u00e9s, y el n\u00famero de las asociadas<strong> <\/strong>iba siempre en aumento, el local hab\u00eda llegado a ser<strong> <\/strong>insuficiente; mas por entonces, como antes hemos dicho, traslad\u00f3se el Hospital a \u00abCardaes de Jesu\u00bb, en un inmueble prestado por la Sra. Marquesa de Ficalho, en 1863.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Este nuevo local, al mismo tiempo que favorec\u00eda el des\u00adarrollo de las obras all\u00ed establecidas, ofrec\u00eda adem\u00e1s la ventaja de<strong> <\/strong>poder establecer tambi\u00e9n una escuela; el se\u00f1or Miel trat\u00f3 luego de fundar dos clases: una de muchachos y la otras de<strong> <\/strong>doncellas, para los hijos de la colonia; y el 30 de<strong> <\/strong>Marzo de 1863, a petici\u00f3n del Sr. Miel, dos Her\u00admanas francesas se encargaron de la direcci\u00f3n de esas clases. En los<strong> <\/strong>primeros quince d\u00edas no tuvieron m\u00e1s que un aula.<strong> <\/strong>Pero Dios bendijo la paciencia y la humildad de aquellas<strong> <\/strong>santas Hermanas; despu\u00e9s de esperar algunos d\u00edas vieron llegar<strong> <\/strong>tantas alumnas cuantas pod\u00edan contener las clases, y as\u00ed la obra fue coronada con el mejor suceso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pero la apertura de una escuela no se hace sin gastos. Era necesario<strong> <\/strong>proveer de libros de texto y otros objetos\u00a0 de primera<strong> <\/strong>necesidad, porque la mayor parte de los ni\u00f1os de la escuela eran pobres; ahora bien, una nueva obra viene en auxilio de la primera: el Sr. Miel organiza, entre las j\u00f3venes francesas de las mejores familias, una peque\u00f1a Asociaci\u00f3n con el nombre de \u00abObra de las Clases\u00bb, cuyas celadoras cubrieron, por medio de modestas suscripciones personales, los gastos de los ni\u00f1os pobres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Pose\u00eda el Sr. Miel una especie de intuici\u00f3n interior del bien que se hab\u00eda de realizar; su pensamiento, bajo los impulsos de su coraz\u00f3n, se extend\u00eda a todas las necesidades de la sociedad; nada se le escapaba: \u00bfy c\u00f3mo era posible no reparase en un mal que es fuente de otros muchos, cual es el de las uniones ileg\u00edtimas? El Sr. Miel le puso re\u00admedio mediante la Obra de Rehabilitaci\u00f3n de los Matrimo\u00adnios; esta Asociaci\u00f3n, creada sobre todo en favor de loa pobres, dio los mejores resultados: mediante la peque\u00f1a contribuci\u00f3n mensual de 20 c\u00e9ntimos por cada uno de los asociados, juntamente con su esp\u00edritu de sacrificio, consigui\u00e9ronse maravillas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Examinemos adem\u00e1s otra obra que, aunque peque\u00f1a, es bien digna del gran coraz\u00f3n que la concibi\u00f3. Entre los ni\u00f1os de primera Comuni\u00f3n hay muchos que no tienen recursos para comprar un vestido digno de este d\u00eda, tan importante en la vida del hombre, y a ello provey\u00f3 el Sr. MieI fundando un Ropero. Las se\u00f1oritas protectoras de la Obra compran pa\u00f1os, cortan los vestidos, los hacen ellas mismas o lo encargan por su cuenta a obreras de taller, y de esta manera pueden los ni\u00f1os pobres alternar contentos con los bien acomodados de su edad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En fin, citar\u00e9 la Obra de la Sopa, que cada ma\u00f1ana atrae al Hospital una multitud de pobres, los cuales con estos socorros pueden pasar el d\u00eda sin sentir demasiado lo rigores de la pobreza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Todas estas obras, bajo la prudente direcci\u00f3n del celoso Misionero, marchan sin choques ni confusi\u00f3n, con perfecto orden y conformidad de afectos, viniendo a formar todo un sistema de beneficencia cristiana, en que las obras se suceden la una a la otra sin interrupci\u00f3n, y se sostienen mutuamente, siendo el genio del Sr. Miel el principio, mo\u00adtor y resorte a cuyo movimiento obedece todo el sistema. Adem\u00e1s de las reuniones mensuales, en que su fervorosa palabra comunicaba a los corazones de sus oyentes el fuego que le consum\u00eda, hab\u00eda establecido en la iglesia de San Luis unas tandas de ejercicios espirituales para las se\u00f1oras de todas las Asociaciones reunidas; all\u00ed es donde desplegaba toda su actividad, y donde aparec\u00eda ser \u00e9l mismo el alma de todas las fundaciones salidas de sus manos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Todo marchaba, pues, viento en popa y con seguridad, cuando en 1866, habiendo terminado el plazo concedido al Hospital de Cardaes, advirti\u00f3 el propietario que en ade\u00adlante se reservaba la mitad de la casa. Siendo insuficiente la otra mitad, el Sr. Miel manifest\u00f3 a la Sociedad de Beneficencia el inconveniente que hab\u00eda en tener una casa alquilad\u00ada, insistiendo en la importancia de procurarse una que fuese propia de la Sociedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Apoyado en los representantes de Francia, cuya estima y confianza jam\u00e1s le falt\u00f3, el Sr Miel prosigui\u00f3 su proyect\u00ado, pudiendo decir en 1868 el Presidente de la Sociedad de Beneficencia que \u00abel Sr. Miel hab\u00eda sido quien hab\u00eda hallado casa, quien hab\u00eda negociado su compra, quien hab\u00eda allegado recursos, en una palabra, quien lo hab\u00eda hecho todo\u00bb. Este establecimiento lleg\u00f3 a costar 100.000 francos; traslad\u00f3se a \u00e9l el Hospital franc\u00e9s, conoci\u00e9ndose desde en\u00adtonces con el nombre de Asilo de San Luis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sobre \u00e9l cayeron abundantes bendiciones del Cielo, tomando las obras tal incremento, que pronto fue necesario elevar m\u00e1s el edificio. El Asilo de San Luis consta de un Hospital para los franceses de ambos sexos, un pensionado para ni\u00f1as francesas y portuguesas, y dos clases de externos para ambos sexos. Todo el inmueble, que vale 150.000 francos, no ha costado a la Sociedad m\u00e1s que los m\u00f3di\u00adcos gastos de reparaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En vista de todo esto, el Sr. Miel no ten\u00eda expresiones con qu\u00e9 manifestar su agradecimiento hacia la Divina Pro\u00advidencia. En una de las reuniones de las se\u00f1oras de la Ca\u00adridad, en la que pon\u00eda todo su esp\u00edritu por inspirar el amor que San Vicente ten\u00eda hacia los pobres, exclam\u00f3 una vez en un arranque de entusiasmo: \u00abQui\u00e9n hubiera sospechado jam\u00e1s que se realizar\u00eda lo que hoy est\u00e1 sucediendo? En 1862, una pobre Hija de la Caridad, para formar los primeros fondos de la caja de vuestra Asociaci\u00f3n, dio todo lo que pose\u00eda: <em>\u00a155 c\u00e9ntimos! <\/em>Esta suma tan insignificante arrojada en la caja, permaneci\u00f3 en ella sola por espacio de seis me\u00adses. \u00bfY qu\u00e9 hac\u00eda sola durante este largo tiempo? Dorm\u00eda, pero su sue\u00f1o se semejaba al del grano de trigo ca\u00eddo en la tierra. Dejad que llegue el tiempo de la primavera, y ver\u00e9is c\u00f3mo mediante el suave calor del sol brotar\u00e1 una ca\u00f1a que llevar\u00e1 como corona una abundante espiga\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Sin embargo, el Sr. Miel dirig\u00eda frecuentemente sus mi\u00adradas hacia las casas de Hermanas que permanec\u00edan cerradas, suspirando con todo el fervor de sus deseos por el dichoso d\u00eda en que pudiese devolverles su primitivo esplendor. Mientras tanto, lo encomendaba mucho a Dios, se informaba, sondeaba el terreno, se val\u00eda de todos los que pod\u00edan tener alguna influencia para los intereses de la Obra cuya realizaci\u00f3n persegu\u00eda, no queriendo emprender nada sin el benepl\u00e1cito del poder p\u00fablico; y despu\u00e9s, cuando ten\u00eda la seguridad de no encontrar hostilidades por esta parte, ech\u00f3 manos a la Obra con todo el ardor que se deja comprender.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En un principio dirigi\u00f3 toda su atenci\u00f3n hacia la isla de la Madera; en 1871 se convino con la Emperatriz del Brasil, Do\u00f1a Amalia, para abrir de nuevo el hospital de Funchal, fundado antes por esta piadosa Princesa. Al principio entraron s\u00f3lo cuatro Hermanas, las cuales se captaron la estimaci\u00f3n de todos; pero habiendo muerto en seguida la Em\u00adperatriz, dej\u00f3 aquella Obra confiada a su hermana Josefina, Reina de Suecia. Tambi\u00e9n \u00e9sta muri\u00f3 luego, dejando sus\u00adpensa la Obra, siendo necesaria toda la habilidad y toda la paciente perseverancia del Sr. Miel para salvar el establec\u00adimiento de la Madera, que no se termin\u00f3 definitivamente hasta 1878.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En el mes de Mayo de 1872, el Sr. Miel tuvo el consuelo de volver a abrir la antigua Casa de Hermanas portuguesas de Santa Marta, queriendo con este objeto fundar un Hos\u00adpital espa\u00f1ol, encarg\u00e1ndose de \u00e9l tres Hermanas que sab\u00edan la lengua espa\u00f1ola. Pero tan buen pensamiento no pro\u00addujo los resultados que se esperaban, a causa de ciertas dificultades; mas cambiando luego de objeto, sigui\u00f3 adelante la fundaci\u00f3n, encontr\u00e1ndose al presente en mucha prospe\u00adridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En el mes de Agosto de 1877, las Hermanas volv\u00edan a tomar posesi\u00f3n de su antigua Casa de Bemfica. La vuelta de las Hermanas a esta Casa, que en un tiempo fue habitada por San Pedro de Alc\u00e1ntara, fue una de las mayores glorias del Sr. Miel. Algunos a\u00f1os despu\u00e9s dio principio,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">en la parte destinada a los Misioneros, a un Seminario interno o Noviciado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Desde hac\u00eda algunos a\u00f1os pose\u00edan los Misioneros un Colegio cerca de Felgueiras, en Santa Quiteria ; y esta <strong>obra, <\/strong>llamando a otras, fue ocasi\u00f3n para que se encargase a las Hermanas un Colegio de ni\u00f1as j\u00f3venes, del que tomaron posesi\u00f3n en Enero de 1882 y al presente ofrece muchas esperanzas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En el mes de Febrero de 1889, el Sr. Miel concibi\u00f3 el proyecto de abrir en Rego un Hospital para los ni\u00f1os pobres; era esto resucitar la idea de la Se\u00f1ora Duquesa de Palmella<strong>, <\/strong>que hab\u00eda obtenido tan buen resultado en el Hospital de<strong> <\/strong>Boa Morte. Su hija, la se\u00f1ora Duquesa actual,<br \/>\nacogi\u00f3 con satisfacci\u00f3n tan buen proyecto, y despu\u00e9s de la muerte de la Presidenta, se\u00f1ora Marquesa de Ficalho, se ocup\u00f3 con ostensible afecto en esta Obra tan interesante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El n\u00famero de enfermas est\u00e1 siempre completo. Su Ma\u00adjestad la Reina honra todos los a\u00f1os con su presencia este peque\u00f1o Hospital, al cual se han a\u00f1adido dos clases para los ni\u00f1os pobres del barrio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El 2 de Febrero de 1891, la se\u00f1ora Condesa de Penha Longa fundaba en Gandarinha un Asilo para cien ni\u00f1os, el cual confi\u00f3 a las Hermanas, las cuales, habi\u00e9ndolo perfec\u00adtamente organizado, est\u00e1 dando hoy d\u00eda resultados de gran consuelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En fin, el d\u00eda 2 de Julio de 1894, las Hermanas se encar\u00adgaban de la direcci\u00f3n del Hospital de Amaranto, gracias a la actividad del Sr. Miel, como lo hab\u00edan suplicado las Ad\u00administraciones civil y militar. De mucho aprecio es esta Casa, pues las Hermanas podr\u00e1n recoger abundante mies de buenas obras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Alimentaba el Sr. Miel en su coraz\u00f3n la esperanza de que las Hermanas volver\u00edan alg\u00fan d\u00eda a las Casas que les hab\u00edan hecho abandonar con tanto sentimiento; de la cual esperanza procuraba hacer participantes a las tres Hermanas que hab\u00eda en el Hospital franc\u00e9s, para consolarlas y animarlas. Justo es confesar que su esperanza no fue frustrada, pues gracias a su actividad y a su acierto, las Hermanas han vuelto a poner sus plantas en la corte y reino de Portugal, siendo al presente en n\u00famero de setenta <em>y <\/em>teniendo a su servicio tres establecimientos importantes. Con esto ha quedado reconstituida su Provincia y la Casa central de Lisboa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Mas el celo que ejercitaba nuestro llorado Hermano por el restablecimiento de las Hijas de la Caridad no le hac\u00eda<strong> <\/strong>olvidar los intereses de nuestra Congregaci\u00f3n, pues a \u00e9ste se debe la fundaci\u00f3n de algunas Casas en que los Misioneros se ocupan en las funciones propias de nuestro estado. \u00a0Adem\u00e1s de San Luis de los franceses, los nuestros se encuentran establecidos: 1\u00ba en Santa Quiteria, donde tienen a<strong> <\/strong>su cargo dicho Santuario, con un Colegio y Escuela Apost\u00f3lica; <strong>2.\u00ba <\/strong>en Funchal (isla de la Madera), donde en\u00adtre otros ministerios tienen el del Hospital Mar\u00eda Amalia; 3.\u00ba, en esta misma ciudad de Funchal, donde dirigen el Seminario mayor; 4.\u00b0, en Bemfica, donde tienen una Casa de estudios y el Seminario interno; 5.\u00ba en Amaranto, donde, entre otras funciones, una es el servicio religioso del Hos\u00adpital. Estas son las Casas que componen al presente la Provincia portuguesa. El Sr. Miel fue nombrado su Visitador<br \/>\nen 1893, siendo la Casa central San Luis de los franceses.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">En vista de una vida tan bien aprovechada como la de este fervoroso Misionero, que formar\u00e1 dignas p\u00e1ginas en Historia de, la Congregaci\u00f3n, no puede uno menos de preguntarse: \u00abTal vida \u00bfes obra del hombre, o es obra Dios?\u00bb Es uno y otro, pues el Sr. Miel no era solo, sino que<strong> <\/strong>Dios estaba con \u00e9l y dirig\u00eda todas sus acciones; <em>Dominus erat eum illo, et omnia opera ejus dirigebat.<\/em><em> <\/em>En la formaci\u00f3n de este hombre hab\u00eda concurrido la naturaleza y la gracia para hacerle digno instrumento del bien. Indudablemente hay que atribuir una parte muy importante a la gracia, pues siempre ser\u00e1 verdad que, en las obras de Dios es la gracia la que tiene el principal lugar: <em>Deus est qui operatur velle et perficere<\/em><em>; <\/em>el hombre no es sino un instrumento de sus manos; <em>sicut lima in manibus fabri. <\/em>Pero tambi\u00e9n es necesario, en las obras, hacer el oficio de instrumento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Dios Nuestro Se\u00f1or hab\u00eda favorecido largamente el alma Sr. Miel de los dones de esp\u00edritu y de coraz\u00f3n, los cuales preparan el camino a la gracia, y estaba admirable\u00admente dotado de cualidades para hacer el bien. De car\u00e1cter manso y afable, parec\u00eda que la bondad hab\u00eda nacido \u00e9l. En las diversas situaciones de su vida supo cap\u00adtarse constantemente las simpat\u00edas de las personas con quien tuvo ocasi\u00f3n de tratar. Contrajo amistades sinceras que le permanecieron fieles hasta la muerte, y de que \u00e9l sab\u00eda aprovecharse para hacer el bien, contando entre ellas algunos personajes de todas las clases de la sociedad. A la primera vista se sent\u00eda uno subyugado; no hab\u00eda m\u00e1s que presentarse para ver abrirse el coraz\u00f3n delante de \u00e9l. As\u00ed es que el digno Visitador de Lisboa era apreciado uni\u00adversalmente; todos los Ministros franceses que se sucedie\u00adron en San Luis, reconocieron en \u00e9l un amigo, y aun en muchas circunstancias un consejero. Los Sres. Nuncios enviados cerca del Gobierno de Portugal manten\u00edan con \u00e9l \u00edntimas relaciones, le prodigaban los m\u00e1s tiernos consuelos en las pruebas que sufri\u00f3, y le alentaban en las contradic\u00adciones que debi\u00f3 sufrir para hacer el bien. Ejerc\u00eda pode\u00adrosa influencia, no s\u00f3lo en la colonia francesa, sino tambi\u00e9n en la sociedad portuguesa, gracias a su bondadoso car\u00e1c\u00adter, a su mucha experiencia y a su habilidad. Se ten\u00eda en gran estima su amistad y sus relaciones, y se buscaba fre\u00adcuentemente la luz de sus consejos para el arreglo y buen t\u00e9rmino de los negocios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Mas a los dones de naturaleza se un\u00edan en el Sr. Miel, a un tiempo, los de la gracia; cuantos le trataban de cerca notaban el invencible ascendiente de sus virtudes. Todos ve\u00edan en \u00e9l un digno hijo de San Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A semejanza de nuestro bienaventurado Padre, que en medio de las delicias de la Corte de Luis XIV permaneci\u00f3 siempre el humilde Vicente, el Sr. Miel, no obstante sus continuas relaciones con los representantes de Francia, la nobleza y personajes de Lisboa, se port\u00f3 siempre como humilde Sacerdote de la Misi\u00f3n, bondadoso para con todos y solamente austero para consigo mismo y hombre de <strong>re\u00ad<\/strong>gla. Hace algunos a\u00f1os que, hablando un d\u00eda con un amigo de sus largos insomnios, en que el sue\u00f1o le llegaba preci\u00adsamente a la hora de levantarse, este amigo le dec\u00eda: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 se levanta usted a las cuatro de la ma\u00f1ana?\u00bb A lo que respond\u00eda sencillamente el Sr. Miel: \u00abEsta es la Regla\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">La cual expresi\u00f3n contiene cuanto de su regularidad puede decirse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Sr. Miel no era santo solamente para s\u00ed; lo era tam\u00adbi\u00e9n para los dem\u00e1s. En \u00e9l el celo era como una nueva facultad a\u00f1adida a las de la naturaleza, y sinti\u00f3 como una necesidad, tan imperiosa como el respirar, el trabajar por la salvaci\u00f3n de las almas. Cuando lleg\u00f3 a Lisboa, a seme\u00adjanza de San Pablo cuando lleg\u00f3 a Atenas, delante del altar donde se daba culto al Dios desconocido, sinti\u00f3 un estremecimiento de celo en su coraz\u00f3n: <em>Incitabatur spiritus ej<\/em><em>us. <\/em>Aunque estaba siempre sobre la brecha, cre\u00eda, sin em\u00adbargo, no haber hecho nada cuando le quedaba algo que hacer; no se sabr\u00e1 sino en el Cielo las almas que gan\u00f3 para Dios. Y si hoy las almas deseosas encuentran celosos pastores que les distribuyan el pan de la divina palabra, no han tenido en esto la menor parte los ejemplos salidos de San Luis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Al lado de este celo infatigable encontramos tambi\u00e9n el digno Misionero una consumada prudencia, virtud necesaria al Misionero, muy particularmente en Lisboa, ya por las preocupaciones, que no pueden combatirse directamente, ya por las falsas doctrinas que corren por este pa\u00eds, ya por los enemigos de la religi\u00f3n, sumamente prontos a irritarse. Con una mirada que jam\u00e1s le enga\u00f1aba, el Miel sab\u00eda formarse un juicio exacto de la situaci\u00f3n; sab\u00eda aguardar cuando conven\u00eda; y si cre\u00eda que deb\u00eda obrar, lo hac\u00eda con tal circunspecci\u00f3n, que desbarataba los planes, hasta los m\u00e1s atrevidos, de los malos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Lo que tambi\u00e9n se admiraba en el Visitador de Portugal era<strong> <\/strong>notable claridad de discernimiento de esp\u00edritu. Se ha dicho de un c\u00e9lebre Cardenal que era necesario abstenerse de pensar en su presencia, si no se quer\u00eda que averi\u00adguase el pensamiento. En la mirada del Sr. Miel hab\u00eda algo de aquella perspicuidad, que penetra hasta lo m\u00e1s secreto del coraz\u00f3n; juzgaba pronto y con rectitud. Una de las virtudes en \u00e9l m\u00e1s sobresalientes era su grande discreci\u00f3n, la que era muy estimada de las personas del Consulado. Era due\u00f1o de su palabra, no diciendo sino lo que quer\u00eda; pudi\u00e9ndose decir de \u00e9l que hab\u00eda puesto una guarda a sus labios para no excederse en palabras: <em>Pone, Domine, custo<\/em><em>diam ori meo.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Otra virtud que el piadoso Misionero tuvo ocasi\u00f3n de ejercitar con frecuencia, era la longanimidad y la facilidad en perdonar. A semejanza de nuestro Santo Padre, bas\u00adtaba el haberle sido desagradecido o hecho alguna ofensa para sentirse \u00e9l como obligado a dispensar alg\u00fan nuevo favor; durante su ministerio de caridad, y en especial sus veinte primeros a\u00f1os de permanencia en Lisboa, era su ex\u00adpresi\u00f3n favorita: \u00abno son rosas todo\u00bb; mas en su coraz\u00f3n todo era caridad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Despu\u00e9s de su vuelta de las aguas de Cauterets (1896), que no le fueron de provecho, su salud se debilit\u00f3 de d\u00eda en d\u00eda; sus fuerzas se disminu\u00edan sensiblemente; a su ale\u00adgr\u00eda y buen humor ordinario hab\u00eda sucedido un estado de somnolencia y postraci\u00f3n que caus\u00f3 inquietud a sus herma\u00adnos. Pudo decir Misa el 27, d\u00eda de la Medalla Milagrosa, y el 29, primer Domingo de Adviento; pero la tarde de aquel mismo d\u00eda le sobrevino un ataque de nervios tan violento, que le oblig\u00f3 a echarse en cama para no levantarse m\u00e1s, pues era una fluxi\u00f3n de pecho lo que le trabajaba. R\u00e1pidamente se present\u00f3 su estado tan grave, que el M\u00e9dico juzg\u00f3 que era tiempo de administrarle los Santos Sacramentos, los cuales recibi\u00f3 con todo conocimiento y gran piedad, prest\u00e1ndose a las sagradas Unciones, asistiendo la Comunidad consternada. Era tal la violencia de la calentura, que no le dejaba hablar, ni pudo decir sino \u00abgracias\u00bb al Sacerdote que acababa de administrarle los Santos Oleos. Al d\u00eda siguiente, a las cuatro de la ma\u00f1ana, entregaba el se\u00f1or Miel su hermosa alma al Criador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Tan inesperada muerte caus\u00f3 profunda sensaci\u00f3n en toda la ciudad. El Ministro de Francia se encontraba entonces en Par\u00eds, donde recibi\u00f3 el telegrama que le anunciaba la triste noticia. Inmediatamente fue a la Casa Madre para dar el p\u00e9same al Sr. Superior General, y en seguida mand\u00f3 a los Misioneros de San Luis el siguiente telegrama: \u00abPro\u00adfundamente impresionados, les manifestamos y ofrecemos nuestro sentimiento; lloramos con ustedes al santo Sacer\u00addote, al excelente compatriota, que honraba nuestra colo\u00adnia, y que siempre distinguimos con nuestro respetuoso trato.\u2014Firmado: Conde y Condesa de Ormesson.\u00bb El se\u00f1or de Laboulaye, antiguo Embajador de Francia en Lisboa, manifestaba los mismos sentimientos: \u00abUstedes saben-escrib\u00eda- el respetuoso afecto que yo ten\u00eda a vuestro \u00a0Superior; es un verdadero dolor para m\u00ed el pensar que ha fallecido\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">El Cardenal Luis Masella, antiguo Nuncio en Lisboa y despu\u00e9s Prefecto de la Congregaci\u00f3n de Ritos, no manifestab\u00ada menos afecto, simpat\u00eda y admiraci\u00f3n: \u00abNo puedo de\u00adcirles\u2014escrib\u00eda\u2014cu\u00e1nto me ha entristecido la muerte del muy digno y caro Sr. Miel, y cu\u00e1nto siento la p\u00e9rdida que por ella padece la Congregaci\u00f3n: Lisboa debe erigirle un aumento\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Citemos, adem\u00e1s, una carta del Cardenal Jacobini, que tambi\u00e9n hab\u00eda sido Nuncio en Lisboa: \u00abLa noticia de la muerte del muy amado Padre Miel ha sido para m\u00ed como un rayo; no pod\u00e9is imaginaros mi sentimiento; su principal m\u00e9rito ha sido introducir la piedad en Lisboa\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Terminemos estos testimonios de sentimiento con un extracto de la carta del Sr. Arzobispo-Obispo del Algarbe: \u00abMe hallo profundamente impresionado por la nueva de la muerte del Sr. Miel, el Sacerdote ejemplar, a quien ten\u00eda mucha estima y veneraci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Luego que muri\u00f3 fue colocado en la grande sala de San llamada <em>Sala de los Reyes, <\/em>que se convirti\u00f3 en capilla, hasta que comenz\u00f3 el entierro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">Fue inmenso el concurso de los fieles, que acudi\u00f3 a visi\u00adtar el cuerpo del digno Sacerdote, y contemplar por \u00faltima vez su simp\u00e1tica fisonom\u00eda. A las tres baj\u00f3se el cad\u00e1ver a la capilla y se cant\u00f3 el Oficio de difuntos. El Lunes, a las diez, Mons. Vico, Auditor de la Nunciatura, encargado de Negocios, cant\u00f3 la Santa Misa y ech\u00f3 el Responso, asis\u00adtido de los Sres. Pragu\u00e9s y Souza. En defecto del Emba\u00adjador, presidi\u00f3 su Secretario, Sr. Allis\u00e9, juntamente con el Sr. de Fontenay, segundo Secretario, teniendo a su lado al Representante del Cardenal Patriarca de Lisboa. El coro estaba ocupado por la Embajada, vestida de uniforme, el Consejo de F\u00e1brica, un crecido n\u00famero de Sacerdotes del Clero secular y regular y muchos seglares distinguidos. Las Hijas de la Caridad, las se\u00f1oras de la Embajada y de la colonia y una multitud de fieles llenaban la nave. A las once el acompa\u00f1amiento se puso en marcha: m\u00e1s parec\u00eda un triunfo que entierro. Segu\u00eda al f\u00e9retro, adornado con los colores nacionales, una inmensa muchedumbre; ten\u00edan los cordones tres franceses y tres portugueses. Lleg\u00f3se al cementerio \u00abdos Braseses\u00bb, donde la Emperatriz del Brasil, Mar\u00eda Amalia, hab\u00eda hecho cavar una cripta para las dos familias de San Vicente de Pa\u00fal. All\u00ed el Sr. Allisi, Encar\u00adgado de Negocios de Francia, pronunci\u00f3 en voz conmove\u00addora las siguientes palabras, que causaron profunda impre\u00adsi\u00f3n en los asistentes:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\u00ab\u00a1Inclin\u00e9monos respetuosamente, se\u00f1ores, delante de este f\u00e9retro, pues encierra los restos mortales de aquel que, durante cuarenta a\u00f1os, fue nuestro digno Capell\u00e1n y el amigo fiel de nuestra colonia, y que muriendo nos lega el ejemplo de una vida laboriosa, toda consagrada a la cari\u00addad y al bien! Su amor por las almas, su austeridad, su fervor, eran tales, que ganaba el afecto y la admiraci\u00f3n de todos. As\u00ed es que esto no le ha faltado en esta tierra de Por\u00adtugal, donde encuentra y hace eco todo lo que es grande y generoso; y el \u00faltimo homenaje que ven\u00eds a rendirle prueba bien que lo hab\u00eda sabido conquistar&#8230;, y de los m\u00e1s dignos y de los m\u00e1s nobles. Debo recordar que los deberes y las cargas de su apostolado no le han hecho olvidar ja\u00adm\u00e1s de su lejana patria. Amaba la Francia con toda su energ\u00eda y con todo su coraz\u00f3n. En nombre, pues, de la le\u00adjana patria, en nombre de nuestra querida Francia, se\u00f1ores, hoy d\u00eda le dirijo el \u00faltimo A-Dios.\u00bb<\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">A este elogio tan noblemente expresado no a\u00f1adir\u00e9 sino una palabra, que compendia esta vida tan bien em\u00adpleada: Este digno hijo de San Vicente de Pa\u00fal ha derra\u00admado el bien a precio de sus sudores y a veces de sus l\u00e1\u00adgrimas, y hoy tenemos la segura confianza de que recoge, en el seno de las eternas delicias, el fruto de sus trabajos: <em>Qui seminant in lacrymis in exultatione metent.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAP\u00cdTULO I El Sr. Eugenio Emilio Miel naci\u00f3 en el lugar de Samery, cerca de Tounerre, departamento del Jurne, Di\u00f3cesis de Sens; era hijo \u00fanico de Juan Miel y de Mar\u00eda Reinant. 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