{"id":30475,"date":"2020-04-02T16:25:29","date_gmt":"2020-04-02T14:25:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2011\/03\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-50\/"},"modified":"2020-03-27T10:49:37","modified_gmt":"2020-03-27T09:49:37","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-50","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-50\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Primero, Cap\u00edtulo 50"},"content":{"rendered":"<p>Para hacer un holocausto perfecto de la vida de este santo Sacerdote, y para que no quedara nada en \u00e9l que no fuera consumido en el honor y por el amor de su Soberano Se\u00f1or, faltaba que las enfermedades acabaran en su cuerpo el sacrificio, que las tribulaciones y las penas hab\u00edan comenzado en su alma. Por eso, Dios quiso que, durante el curso de su vida se viera sometido a varias dolencias y que, al final, se viera sometido a grandes y dolorosas enfermedades, para que su paciencia llegara al culmen, y conceder la corona de la vida a su perseverancia y a su amor.<\/p>\n<p>Hemos dicho en uno de los cap\u00edtulos anteriores que, aunque era de salud bastante robusta, padec\u00eda varias enfermedades, que empezaron a molestarle desde los d\u00edas en que vivi\u00f3 en la casa de Gondi. Fue entonces cuando sufri\u00f3 una grave enfermedad, que le dej\u00f3 las piernas y los pies hinchados en tal forma, que aquella afecci\u00f3n le dur\u00f3 hasta la muerte<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de eso, era, como ya lo hemos dicho, muy sensible a la influencia del aire, y, como consecuencia, sufr\u00eda una fiebrecilla, que le era habitual, y que alguna vez le duraba tres o cuatro d\u00edas, y otras, quince o m\u00e1s, sin que por eso interrumpiera sus actos acostumbrados, levant\u00e1ndose a las cuatro, con los dem\u00e1s, yendo a la iglesia a hacer la meditaci\u00f3n, y dedic\u00e1ndose a las otras ocupaciones y asuntos, como si estuviera completamente bien. El la llamaba su peque\u00f1a fiebrecilla, y la curaba a base de sudores, y a ellos se somet\u00eda durante varios d\u00edas seguidos, sobre todo, en verano. A tal fin, en el tiempo de los m\u00e1s grandes calores, cuando apenas se puede tolerar una s\u00e1bana por la noche, ten\u00eda que cubrirse con tres mantas, y se pon\u00eda a ambos lados dos grandes botellas de esta\u00f1o llenas de agua hirviendo, y pasaba la noche en aquel estado; as\u00ed que a la ma\u00f1ana siguiente sal\u00eda de la cama como de un ba\u00f1o, dejando el jerg\u00f3n y las mantas llenas de sudor; y se secaba solo: no quer\u00eda permitir a nadie que le tocase.<\/p>\n<p>No hay duda de que el remedio era a\u00fan m\u00e1s molesto que el mismo mal. Pero, el Sr. Vicente lo usaba de buen grado a pesar de la grand\u00edsima incomodidad que le acarreaba. El Hermano, que de ordinario le asist\u00eda en aquel menester, asegura que aquella mortificaci\u00f3n le parec\u00eda insoportable, no s\u00f3lo porque al Sr. Vicente le quitaba todo el descanso de la noche hasta el punto de no poder dormir cuando sent\u00eda semejante tormento, sino porque el excesivo calor que se ve\u00eda obligado a sufrir le produc\u00eda una incomodidad extrema, ya que en verano el calor m\u00e1s ligero parece tan molesto y dif\u00edcil de sobre llevar.<\/p>\n<p>Esos intensos y largos sudores unidos a la falta de sue\u00f1o, que, por cierto, no lo reparaba con ning\u00fan descanso voluntario durante el d\u00eda, lo debilitaban much\u00edsimo. De ah\u00ed proven\u00eda que la naturaleza, sucumbiendo ante la debilidad, llegara a dormirse a veces en presencia de quienes le estaban hablando, y en alguna ocasi\u00f3n ante personas de categor\u00eda. Se hac\u00eda gran violencia para resistir al sue\u00f1o, y en lugar de manifestar la causa de sus adormilamientos, que era la carencia de sue\u00f1o por la noche, s\u00f3lo lo atribu\u00eda a su miseria, \u00e9ste era el t\u00e9rmino del que se serv\u00eda ordinariamente.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de la fiebrecilla, sufri\u00f3 durante largo tiempo una fiebre cuartana, que le atacaba una o dos veces por semana; y, a pesar de todo, era precisamente en el tiempo de las fiebres, cuando Dios se serv\u00eda de \u00e9l para hacerle participar en grandes cosas, \u00adya hemos hablado de ellas\u00ad, y en ese tiempo fue cuando, en lugar de reposar en una enfermer\u00eda, trabajaba con m\u00e1s asiduidad y bendici\u00f3n en el servicio de la Iglesia, y por el consuelo y la salvaci\u00f3n de los pobres.<\/p>\n<p>Tuvo otra notable y peligrosa enfermedad el a\u00f1o 1645. Durante ella comulg\u00f3 devotamente todos los d\u00edas. La violencia del mal le atac\u00f3 a la cabeza: durante varias horas estuvo delirando y s\u00f3lo hablaba de la abundancia de su coraz\u00f3n, es decir, palabras que manifestaban las santas disposiciones de que estaba lleno, y, entre otras, se le oy\u00f3 repetir muy a menudo \u00e9stas: \u00abIn spiritu humilitatis, et in animo contrito suscipiamur a te, Domine\u00bb, es decir, \u00abD\u00edgnate, Se\u00f1or, recibirnos con un esp\u00edritu de humildad y un coraz\u00f3n contrito\u00bb<\/p>\n<p>Durante esa grave enfermedad del Sr. Vicente sucedi\u00f3 una cosa digna de referirse: un sacerdote de su Congregaci\u00f3n llamado Sr. Dufour, de la di\u00f3cesis de Amiens, se hallaba tambi\u00e9n enfermo en la misma casa, y al o\u00edr que la vida del Sr. Vicente estaba en peligro, expres\u00f3 por el Padre de su alma el mismo deseo que David hab\u00eda expresado tiempo atr\u00e1s por su hijo Absal\u00f3n, la de morir en su lugar, y, si fuera posible, la de salvar la vida del Sr. Vicente a costa de la propia. Y se vio que desde entonces el Sr. Vicente empez\u00f3 a mejorar, y la enfermedad de aquel buen Sacerdote se agrav\u00f3 de tal manera que muri\u00f3 poco tiempo despu\u00e9s. La noche que falleci\u00f3, los que velaban al Sr. Vicente oyeron a eso de la medianoche tres golpes en la puerta de su habitaci\u00f3n; fueron a ver qui\u00e9n hab\u00eda llamado, y no encontraron a nadie. Entonces el Sr. Vicente llam\u00f3 a uno de los cl\u00e9rigos de la Compa\u00f1\u00eda que lo estaba velando, y le hizo coger el breviario, y rezar algo del Oficio de Difuntos, como si supiera que dicho Sacerdote acababa de expirar, sin que nadie le hubiera dicho nada.<\/p>\n<p>Estando en Richelieu el a\u00f1o 1649 se vio atacado por una fiebre terciana, pero no por eso interrumpi\u00f3 ninguno de sus actos habituales, aunque los accesos fueron bastante largos y violentos.<\/p>\n<p>El a\u00f1o 1656 otra enfermedad que empez\u00f3 con una fiebre continua de varios d\u00edas, y que termin\u00f3 con una gran fluxi\u00f3n en una pierna, que le mantuvo en cama alg\u00fan tiempo, y le oblig\u00f3 a estar encerrado en la habitaci\u00f3n cerca de dos meses, con tantas molestias, que, como no se encontraba bien en ninguna postura, hab\u00eda que llevarlo y traerlo desde la cama junto al fuego. Solamente con ocasi\u00f3n de esta enfermedad consiguieron de \u00e9l y le obligaron a acostarse en una habitaci\u00f3n provista de chimenea, para encender en ella fuego que le era tan necesario para aliviar sus molestias.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del a\u00f1o 1656 hasta el final de su vida, sufri\u00f3 frecuentes ataques de fiebre y de otras enfermedades. Pas\u00f3 una cuaresma sin apenas ganas de comer, hasta el punto de que casi no pod\u00eda tomar nada. El a\u00f1o 1658 tuvo inflamado un ojo, irritaci\u00f3n que le dur\u00f3 mucho tiempo, y despu\u00e9s de haber probado varios remedios sin lograr ning\u00fan alivio, el m\u00e9dico mand\u00f3 que le aplicaran sangre de un pich\u00f3n reci\u00e9n matado. El Hermano cirujano de la casa de San L\u00e1zaro trajo el pich\u00f3n, pero el Sr. Vicente no pudo sufrir que lo matasen, por m\u00e1s razones que le dieron, y dec\u00eda que aquel inocente animal le recordaba a su Salvador, y que Dios sabr\u00eda curarlo de otra forma; como as\u00ed sucedi\u00f3 en efecto.<\/p>\n<p>A fines del mismo a\u00f1o de 1658, cuando volv\u00eda de la ciudad con otro sacerdote, en la peque\u00f1a carroza, se rompi\u00f3 la correa de suspensi\u00f3n, y de repente volc\u00f3 la carroza e hizo caer al Sr. Vicente, que se golpe\u00f3 fuertemente con la cabeza en el empedrado; el golpe le caus\u00f3 molestias durante bastante tiempo, hasta el punto de que cre\u00eda estar en peligro de muerte por aquella herida, y m\u00e1s por la fiebre que le hab\u00eda sobrevenido unos d\u00edas despu\u00e9s de su ca\u00edda.<\/p>\n<p>Finalmente, para no cansar al lector con el relato de todas las enfermedades que Dios le envi\u00f3 de vez en cuando al Sr. Vicente para ejercitarlo en la virtud, bastar\u00e1 con decir que hay pocas enfermedades e indisposiciones corporales que no haya experimentado. Dios lo quiso as\u00ed a fin de que estuviera m\u00e1s capacitado para compadecerse de las del pr\u00f3jimo, y especialmente de las de sus hijos espirituales. No dejaba de visitarlos, cuando pod\u00eda, en las enfermer\u00edas y en otros sitios, edific\u00e1ndolos, consol\u00e1ndolos y alegr\u00e1ndolos en todas sus visitas. Cuando se encontraba con alguno que estaba desanimado, o que se imaginaba que su enfermedad, por ser larga o extraordinaria, lo llevar\u00eda a la muerte o a un debilitamiento general, despu\u00e9s de dirigirle alguna palabra de edificaci\u00f3n para ayudarle a levantar su alma a Dios, dec\u00eda de ordinario y, sobre todo, a los m\u00e1s j\u00f3venes para animarlos:<\/p>\n<p>\u00abNo tenga miedo, Hermano; yo he padecido esa misma enfermedad cuando joven, y aqu\u00ed estoy curado; yo he padecido ahogos, y ya no los tengo; he tenido hernias, y Dios me las cur\u00f3; me daban vahidos, y han desaparecido; sufr\u00ed operaciones en el pecho y debilidades de est\u00f3mago, y sal\u00ed de ello. Tenga un poco de paciencia \u00adle dec\u00eda\u00ad, hay motivos para esperar que su indisposici\u00f3n ser\u00e1 pasajera. Dios quiere servirse de usted todav\u00eda. D\u00e9jele hacer, entr\u00e9guese a El con paz y tranquilidad\u00bb, etc<\/p>\n<p>Pero llegamos a la mayor y m\u00e1s penosa de todas las penalidades del Sr. Vicente. La podemos llamar especie de martirio; ella acab\u00f3 con su vida y lo hizo m\u00e1s conforme a los sufrimientos de Jesucristo, como hab\u00eda siempre tratado de ser en la pr\u00e1ctica de las virtudes y en la imitaci\u00f3n de los trabajos. Conviene saber que sufri\u00f3 la incomodidad de la hinchaz\u00f3n de piernas y de pies (ya hemos hablado de eso) por espacio de cuarenta y cinco a\u00f1os; y a veces llegaba a ser tan grande, que le costaba mucho mantenerse de pie, o andar, y otras veces sol\u00edan estar tan inflamados y dolorosos, que se ve\u00eda obligado a guardar cama. Por esa raz\u00f3n el a\u00f1o 1632, cuando vino a vivir a San L\u00e1zaro, se vio en la necesidad de disponer de un caballo, porque la casa estaba alejada de la ciudad, y por la multitud de asuntos que empez\u00f3 a tratar en ese tiempo, y que siempre ha tratado en adelante. El caballo le sirvi\u00f3 hasta el a\u00f1o 1649; entonces el mal de las piernas creci\u00f3 sobre manera a causa de un largo viaje que hizo a Breta\u00f1a y a Poitou, vi\u00e9ndose por ello reducido a tal estado que ya no pod\u00eda ni montar a caballo, ni bajar de \u00e9l, por lo que se vio forzado a quedar en casa, y ya estaba resuelto a ello, si el difunto Arzobispo de Par\u00eds no le hubiera mandado servirse de una peque\u00f1a carroza.<\/p>\n<p>La hinchaz\u00f3n de las piernas iba a m\u00e1s, y le subi\u00f3 hasta las rodillas el a\u00f1o 1656; sol\u00eda doblarlas con dificultad, y no pod\u00eda levantarse sino con grandes dolores, ni andar sino apoy\u00e1ndose en un bast\u00f3n. Al cabo de poco tiempo, una de las piernas se le abri\u00f3 en el tobillo del pie derecho, y le aparecieron nuevas llagas el a\u00f1o 1658. Los dolores de las rodillas fueron siempre aumentando, hasta que ya no pudo, a comienzos del a\u00f1o 1659, salir de casa. A pesar de todo, sigui\u00f3 por alg\u00fan tiempo bajando a la planta baja para encontrarse en la oraci\u00f3n en la iglesia con la Comunidad, y para celebrar la Santa Misa, y tambi\u00e9n para asistir a las Conferencias de los Eclesi\u00e1sticos\u00a0 en el sal\u00f3n destinado a tal fin. Por lo que toca a la misa, alg\u00fan tiempo m\u00e1s adelante, como no pod\u00eda subir ni bajar las escaleras de la sacrist\u00eda, tuvo que revestirse y desvestirse ante el altar. A prop\u00f3sito de eso dec\u00eda a veces sonriendo que se hab\u00eda hecho un gran se\u00f1or, porque hac\u00eda lo que pertenece de suyo a los obispos.<\/p>\n<p>A fines del a\u00f1o 1659 tuvo ya que celebrar en la capilla de la enfermer\u00eda, pero las piernas, al fin, le fallaron totalmente el a\u00f1o 1660, \u00faltimo a\u00f1o de su vida, y ya no pudo decir m\u00e1s la Santa Misa; pero sigui\u00f3 oy\u00e9ndola hasta el d\u00eda de su muerte, por m\u00e1s que sufriera lo indecible en trasladarse de su habitaci\u00f3n a la capilla, vi\u00e9ndose obligado a usar muletas para andar .<\/p>\n<p>Iba perdiendo d\u00eda a d\u00eda, y no com\u00eda casi nada, y en aquel estado de decrepitud acompa\u00f1ado de enfermedades muy graves, quer\u00eda que le llevaran muy poca comida, y nada de delicadezas. El m\u00e9dico empero, y algunas personas de condici\u00f3n y de grand\u00edsima virtud muy interesadas en su conservaci\u00f3n le hicieron consentir, aunque muy contra su voluntad, que tomar\u00eda todos los d\u00edas consom\u00e9s, y que comer\u00eda un poco de pollo. Pero, desde la primera o segunda vez que le ofrecieron aquella comida, dijo que le produc\u00eda n\u00e1useas, que no la quer\u00eda comer m\u00e1s, y consigui\u00f3 de aquellas personas que no se la presentaran ya m\u00e1s. Eso no le impidi\u00f3 dedicarse continuamente a los asuntos pendientes, y a ordenar todo seg\u00fan su costumbre.<\/p>\n<p>El buen Siervo de Dios se vio reducido a no poder andar m\u00e1s sino con muletas, y a\u00fan as\u00ed con dolores indecibles, y hasta con peligro continuo de caerse por no poder casi mover las piernas. Por eso, el mes de julio del mismo a\u00f1o de 1660 le rogaron con insistencia que aceptara que en la habitaci\u00f3n contigua a la suya se hiciera una capilla, para que sin salir pudiera o\u00edr la misa. Mas no quiso acceder nunca, diciendo con raz\u00f3n que las capillas dom\u00e9sticas, preparadas para celebrar misa en ellas, no deb\u00edan permitirse sin gran necesidad, la cual no se daba seg\u00fan su punto de vista. Le rogaron que, al menos, diera por bueno hacerle una silla para trasladarle de su habitaci\u00f3n a la capilla de la enfermer\u00eda y as\u00ed no sufrir tanto, y para que no se pusiera en peligro de caerse, cuando iba a o\u00edr la Santa Misa. Una vez m\u00e1s, su humildad logr\u00f3 impedir la realizaci\u00f3n de aquella propuesta hasta el mes de agosto, cuando, al no poderse sostener ya m\u00e1s ni con las muletas, consinti\u00f3, por fin, que le hicieran una silla. Empez\u00f3 a usarla el d\u00eda de la Asunci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen, y continu\u00f3 us\u00e1ndola unas seis semanas hasta su muerte. Aquella silla era para \u00e9l motivo de una nueva pena, porque se la causaba a los dos Hermanos que la transportaban; y por eso, s\u00f3lo quiso que lo llevaran a la capilla, que distaba de su habitaci\u00f3n unos treinta o cuarenta pasos<\/p>\n<p>Ciertamente, a\u00fan cuando el venerable anciano no hubiera padecido ninguna otra enfermedad que la de haber estado cerca de dos a\u00f1os obligado a vivir siempre sentado desde la ma\u00f1ana hasta la tarde, sin poder casi moverse ni aliviar sus molestias, y, especialmente el \u00faltimo a\u00f1o, le habr\u00eda servido mucho para practicar la paciencia. Pero si consideramos los grandes dolores que las rodillas hinchadas y los pies ulcerados le causaban sin cesar, y, principalmente, durante la noche, pues no pod\u00eda encontrar ni sitio ni postura que lo aliviaran, debemos reconocer que su vida era en aquellas circunstancias un continuo martirio. Pero, adem\u00e1s, Dios permiti\u00f3 que le apareciera una nueva causa de sufrimiento, que lo purific\u00f3 tanto, que bien se pod\u00eda decir de \u00e9l, compar\u00e1ndolo con el Divino Maestro, que en verdad era un var\u00f3n de dolores. El \u00faltimo a\u00f1o de su vida le sobrevino una gran dificultad para orinar, que le produjo muchos dolores y molestias sin cuento; porque no pod\u00eda levantarse ni ayudarse de ninguna de sus piernas, y el menor movimiento que hac\u00eda al coger con sus manos una cuerda que estaba atada a una viga de la habitaci\u00f3n, le produc\u00eda dolores muy agudos. En medio de los mayores sufrimientos no se le o\u00eda ninguna queja; solamente algunas aspiraciones hacia Dios, y repet\u00eda con frecuencia estas palabras: \u00ab\u00a1Ah, Salvador m\u00edo! \u00a1Mi buen Salvador!\u00bb, y otras parecidas, que profer\u00eda con un tono de voz lleno de devoci\u00f3n. Dirig\u00eda a menudo sus ojos a una crucecita de madera, en la que estaba pintado Jesucristo, y que la hab\u00eda mandado poner frente a \u00e9l delante de su silla para su consuelo.<\/p>\n<p>Entre tantos dolores siempre se mantuvo en su estilo de vida dura y austera, sin tolerar jam\u00e1s que le acostaran en una cama blanda, sino en un jerg\u00f3n, para pasar sobre \u00e9l cinco o seis horas de la noche, no tanto para descansar, cuanto para experimentaren \u00e9l nueva materia de sufrimientos; porque las serosidades c\u00e1usticas que flu\u00edan durante el d\u00eda de las \u00falceras de sus piernas en tal abundancia que formaban, en alguna ocasi\u00f3n, un arroyuelo sobre el suelo, por la noche eran detenidas en las articulaciones de las rodillas, y le causaban un incremento de los dolores, que, con su continuidad y violencia, le iban enflaqueciendo y consumiendo poco a poco.<\/p>\n<p>Se le ve\u00eda debilitarse y perder peso d\u00eda a d\u00eda, y, sin embargo, no dejaba ni un solo momento de atender a las necesidades de su Congregaci\u00f3n, de las Compa\u00f1\u00edas de fuera dirigidas por \u00e9l, y de otros asuntos que estaban a su cargo. Enviaba a algunos de sus Sacerdotes a los sitios adonde no pod\u00eda ir \u00e9l, confi\u00e1ndoles lo que ten\u00eda que decir, y de qu\u00e9 forma deb\u00edan portarse. Recib\u00eda gran cantidad de cartas, las le\u00eda y respond\u00eda. Reun\u00eda a menudo a los Oficiales de la casa, y a sus Asistentes; les hablaba a todos juntos, o a cada uno en particular, seg\u00fan necesidad; se informaba c\u00f3mo estaban los asuntos, y deliberaba con ellos; atend\u00eda a todo, y daba las \u00f3rdenes precisas; mandaba Obreros a trabajar en las misiones, y los reun\u00eda para acordar con ellos la forma de hacerlas \u00fatil y fruct\u00edferamente.<\/p>\n<p>Finalmente, entre todos sus esfuerzos por trabajar y por padecer, su naturaleza qued\u00f3 tan exhausta, que ya no pod\u00eda atender, ni hablar, sino con mucha dificultad. Y, a pesar de todo, en medio de aquella postraci\u00f3n de esp\u00edritu y de cuerpo, pronunciaba charlas de media hora y a\u00fan m\u00e1s, con tanto vigor y tanta gracia, que los que le escuchaban quedaban admirados. Y ellos son los que despu\u00e9s han asegurado que no le hab\u00edan o\u00eddo nunca hablar con tanto orden y tanta energ\u00eda. Y lo que todav\u00eda causa m\u00e1s admiraci\u00f3n es, que en medio de todas sus angustias tan largas y tan molestas siempre aparec\u00eda, tanto a los de la Misi\u00f3n, como a las personas de fuera que iban a verle, con un \u00e1nimo dulce, una cara sonriente, y con palabras tan afables, como si estuviera gozando de buena salud.<\/p>\n<p>Si le preguntaban sobre su enfermedad, hablaba de ella como de una cosa de la que no hab\u00eda que preocuparse; y dec\u00eda que no era nada en comparaci\u00f3n con lo que sufri\u00f3 Nuestro Se\u00f1or, y que hab\u00eda merecido otros castigos mayores. Y cambiaba con habilidad la conversaci\u00f3n para compadecer a quien le hablaba, cuando se hab\u00eda enterado de alguna de sus penas o enfermedades, como si le fuera m\u00e1s de sentir que sus propios dolores.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para hacer un holocausto perfecto de la vida de este santo Sacerdote, y para que no quedara nada en \u00e9l que no fuera consumido en el honor y por el amor de su Soberano Se\u00f1or, &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-50\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"rs_blank_template":"","rs_page_bg_color":"#ffffff","slide_template_v7":"","_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[266,5],"tags":[218,119,143],"class_list":["post-30475","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-gondi","tag-san-lazaro"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.9 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Primero, Cap\u00edtulo 50 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-50\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Primero, Cap\u00edtulo 50 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Para hacer un holocausto perfecto de la vida de este santo Sacerdote, y para que no quedara nada en \u00e9l que no fuera consumido en el honor y por el amor de su Soberano Se\u00f1or, ... 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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