{"id":30452,"date":"2020-03-19T08:40:29","date_gmt":"2020-03-19T07:40:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/30452\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-39\/"},"modified":"2020-01-26T20:56:10","modified_gmt":"2020-01-26T19:56:10","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-39","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-39\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Primero, Cap\u00edtulo 39"},"content":{"rendered":"<p>El reino hab\u00eda disfrutado de gran calma durante los primeros a\u00f1os de la Regencia de la Reina Madre, que se esforzaba en mantener la paz interior, mientras que usaba las armas en el exterior para rechazar los ataques de los enemigos. Pero sea que nuestros pecados nos hacen indignos de gozar por m\u00e1s tiempo de un bien tan grande, o porque Dios por otras justas razones desconocidas quiso privarnos de ellas, a la calma le sigui\u00f3 una de las m\u00e1s violentas tempestades que ha sacudido a Francia desde hac\u00eda mucho tiempo. A fines de 1648 empez\u00f3 a fraguarse la tormenta, que oblig\u00f3 a Sus Majestades a trasladarse a Saint-Germain-en-Laye el mes de enero del a\u00f1o siguiente. Y al acercarse inmediatamente las tropas a esta gran ciudad, qued\u00f3 (Par\u00eds) bloqueado y poco despu\u00e9s reducido a situaci\u00f3n extrema<\/p>\n<p>La primera cosa que hizo entonces el Sr. Vicente fue poner su Compa\u00f1\u00eda en oraci\u00f3n para pedir a Dios la ayuda de su misericordia, previendo con raz\u00f3n que la aflicci\u00f3n p\u00fablica ser\u00eda grande, si duraba la divisi\u00f3n. Pens\u00f3 adem\u00e1s que ser\u00eda su obligaci\u00f3n aportar lo que pudiera, con el fin de buscar alguna soluci\u00f3n. Y a este efecto, decidi\u00f3 aprovecharse de la ocasi\u00f3n, al ir a ofrecer sus servicios a Sus Majestades en Saint-Germain, de presentar a la Reina con todo el respeto y toda la humildad posible lo que pensaba ante Dios que ser\u00eda m\u00e1s conveniente para mediar por la paz y la tranquilidad del Estado. Parti\u00f3 de San L\u00e1zaro resuelto en su determinaci\u00f3n el 13 del mismo mes de enero. Para no causar sospechas por aquella marcha, entreg\u00f3 una carta al que dejaba la direcci\u00f3n de la casa de San L\u00e1zaro, para que la llevara inmediatamente al Sr. Primer Presidente. En ella le declaraba la inspiraci\u00f3n, venida de Dios, de ir a Saint-Germain a hacer lo que pudiera para conseguir la paz; y que si no hab\u00eda tenido el honor de verlo antes de partir, era para poder asegurar a la Reina, que no hab\u00eda concertado con nadie lo que ten\u00eda que decirle. Pens\u00f3 que deb\u00eda usar de aquella precauci\u00f3n por dos fines: uno, para evitar toda sospecha en la Corte que hubiera tenido alguna comunicaci\u00f3n con los del bando contrario, y para disponer de un medio de hablar con mayor eficacia a Su Majestad, cuando estuviera segura de que le hablaba solamente seg\u00fan las ideas recibidas de Dios; el otro, para no disgustar al Parlamento, que habr\u00eda podido hallar razones para censurar que un hombre como \u00e9l, hubiera podido abandonar Par\u00eds de aquella manera, sin dar cuenta a alguno de los principales de aquella Corporaci\u00f3n acerca de su viaje y de sus intenciones.<\/p>\n<p>Sali\u00f3 de Par\u00eds muy temprano, y lleg\u00f3 a Saint-Germain a eso de las nueve o las diez de la ma\u00f1ana, no sin peligro a causa del desbordamiento extraordinario de los r\u00edos y de las descubiertas realizadas por los soldados. Se present\u00f3 a la Reina, y le estuvo hablando cerca de una hora. E inmediatamente fue a verse con el Sr. Cardenal Mazarino; tuvo con \u00e9l una entrevista bastante larga. Fue recibido y escuchado favorablemente por Su Majestad y Su Eminencia, que conoc\u00eda bien la sinceridad de su coraz\u00f3n y la rectitud de sus intenciones. Mas, aunque su sugerencia no obtuvo el efecto deseado para el fin que pretend\u00eda, que no era otro que la paz y la consolidaci\u00f3n perfecta del Estado, porque los problemas no estaban despejados, tuvo al menos la satisfacci\u00f3n de haber hecho todo lo que hab\u00eda podido para manifestar su fidelidad y su celo en el servicio de Sus Majestades, y, al mismo tiempo, su inter\u00e9s en promover el bien p\u00fablico y el alivio de los pobres, pues ellos eran, a pesar de ser los m\u00e1s inocentes, quienes sent\u00edan m\u00e1s vivamente que todos los dem\u00e1s los embates de aquella tormenta.<\/p>\n<p>Una vez realizado lo que pretend\u00eda hacer en Saint-Germain, el tercer d\u00eda sali\u00f3 para Villepreux, pensando, por varias razones, que no deb\u00eda volver a Par\u00eds. De Villepreux march\u00f3 a una peque\u00f1a granja situada en Beauce, a dos leguas de \u00c9tampes, en una pobre aldehuela llamada Fr\u00e9neville, de la parroquia de Val-de-Puisseaux. Dicha granja la hab\u00eda regalado a San L\u00e1zaro la Se\u00f1ora de Herse para fundar misione. Permaneci\u00f3 all\u00ed por espacio de un mes. En ese tiempo, podemos decir que se aliment\u00f3 s\u00f3lo con el pan de la tribulaci\u00f3n y el agua de la angustia. La estaci\u00f3n era extremadamente fr\u00eda, y el alojamiento muy pobre, y faltaban adem\u00e1s todas las comodidades; y como era tiempo de revuelta y guerra, se pod\u00eda temer todo. El Sr. Vicente residi\u00f3 all\u00ed todo el tiempo, como otro Jerem\u00edas, llorando las miserias del reino, y ofreciendo a Dios sus l\u00e1grimas, sus sufrimientos y sus penitencias para implorar su misericordia; o bien, como otro Job, sobre un poco de paja, para esperar la realizaci\u00f3n de los designios de Dios y someterse a su santa voluntad. Y, en efecto, mientras estuvo en aquel chamizo, le informaron que las otras fincas de San L\u00e1zaro situadas en los alrededores de Par\u00eds y de las que sacaba la mayor parte de las provisiones de los suyos, hab\u00edan sido saqueadas por los soldados, los muebles arrebatados, los reba\u00f1os robados junto con dieciocho o veinte modios de trigo. Por otro lado supo que la casa de San L\u00e1zaro, despu\u00e9s de marchar \u00e9l, hab\u00eda sufrido muchos atropellos: se hab\u00edan albergado en ella seiscientos soldados, que causaron grandes destrozos, y hab\u00edan forzado las puertas de la casa y de los graneros, y hab\u00edan llevado el grano y la harina a las Halles (mercado de mayoristas de Par\u00eds) por orden de un consejero, que dec\u00eda hab\u00e9rselo encargado el Parlamento. Como despu\u00e9s se comprob\u00f3 que no hab\u00eda sido cierto el mismo Parlamento hizo salir de all\u00ed a los soldados y devolvi\u00f3 las llaves; pero no repararon los destrozos. Todos los d\u00edas ven\u00eda alguno a contarle al Sr. Vicente detalles de los saqueos y las p\u00e9rdidas; y \u00e9l siempre respond\u00eda: \u00ab\u00a1Bendito sea Dios, bendito sea Dios!\u00bb<\/p>\n<p>Y para dar a conocer mejor lo que sucedi\u00f3 en la casa de San L\u00e1zaro en aquella coyuntura, y cu\u00e1l fue el motivo que ejercit\u00f3 la paciencia del Sr. Vicente, contaremos aqu\u00ed lo que escribi\u00f3 un virtuoso eclesi\u00e1stico, que frecuentaba los Sacerdotes de esta Santa Casa. He aqu\u00ed en qu\u00e9 t\u00e9rminos habla en una carta:<\/p>\n<p><em>\u00abHemos sido testigos \u00addice\u00ad de la persecuci\u00f3n que la casa de San L\u00e1zaro ha sufrido en sus bienes, comodidades y provisiones durante la guerra y la rebeli\u00f3n de Par\u00eds por la agitaci\u00f3n de ciertas personas hostiles y hasta alguno de los primeros magistrados. Porque con el pretexto de inventariar las provisiones de grano, que hab\u00eda en la casa y en la granja, fueron all\u00e1 a registrar y a investigar por todas partes, como si hubiera grandes tesoros ocultos; y adem\u00e1s de eso, hicieron alojarse a un regimiento de soldados muy insolentes, que durante varios d\u00edas causaron unos destrozos y una dilapidaci\u00f3n espantosa. Y para colmo de su malicia prendieron fuego a las le\u00f1eras del corral, donde estaba almacenada toda la le\u00f1a. He visto sus restos a\u00fan humeantes, cuando fui a visitar al Sr. Lamberto, sustituto del Sr. Vicente. El virtuoso misionero soport\u00f3 todas las afrentas y sufri\u00f3 la persecuci\u00f3n con su serenidad y tranquilidad habitual, contento por haber sufrido alg\u00fan oprobio con su buen Padre, Vicente, y por ver los desperfectos y el robo (Dios lo quiso as\u00ed) no tanto de sus bienes, como de las provisiones de los pobres, a los que las pensaban repartir, seg\u00fan su costumbre, muy liberal y caritativamente a lo largo del a\u00f1o. \u00abEt rapinam bonorum vestrorum cum gaudio suscepistis\u00bb. Podr\u00eda haber dicho con toda justicia a los que ve\u00eda tan \u00e1vidos de tesoros y riquezas que buscaban a mano armada en la casa, lo que san Lorenzo respondi\u00f3 a sus perseguidores mostr\u00e1ndoles los pobres, almacenes vivos donde hab\u00eda escondido las riquezas de la Iglesia, causa de su persecuci\u00f3n: \u00abFacultates quas requirisin caelestes thesauros manus pauperum deportaverunt\u00bb. El buen Sr. Vicente fue como un justo Job sacado de aquel incendio y de aquella confusi\u00f3n por un movimiento especial, como por un \u00e1ngel. Y saliendo de Par\u00eds con el coraz\u00f3n traspasado de dolor por las miserias de tantos pobres como iban a ser reducidos a extrema necesidad, pas\u00f3 por Saint-Germain-en-Laye para exponer sus impresiones a Sus Majestades. Y despu\u00e9s de retirarse de all\u00ed, fue a visitar las casas de su Congregaci\u00f3n, que aprovecharon la dulzura de su presencia, durante nuestra privaci\u00f3n y nuestra p\u00e9rdida\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El Sr. Vicente, mientras estuvo refugiado en el pobre chamizo de Fr\u00e9neville, sufri\u00f3 grand\u00edsimas incomodidades, tanto por el rigor del fr\u00edo, muy riguroso por entonces, como por no disponer m\u00e1s que de un poco de le\u00f1a verde para encender el fuego, por carecer de todo en aquel m\u00edsero lugar, y por tener s\u00f3lo pan de centeno y habas. Con todo no se le o\u00eda ninguna queja; lo sufr\u00eda todo en esp\u00edritu de penitencia, pensando que, a fuer de sacerdote, deb\u00eda apagar la c\u00f3lera de Dios, que hac\u00eda sentir cada vez m\u00e1s sus efectos en todo el reino. Predic\u00f3 a los habitantes de aquel paup\u00e9rrimo lugar para animarlos a usar bien de la tribulaci\u00f3n presente, y les exhort\u00f3 a la penitencia, como el medio m\u00e1s eficaz para aplacar a Dios. Y luego de prepararlos a confesarse, les hizo la caridad de o\u00edrlos en confesi\u00f3n junto con el p\u00e1rroco del lugar y otro Sacerdote de su Congregaci\u00f3n<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber estado en aquel m\u00edsero lugar durante alg\u00fan tiempo, se march\u00f3, a pesar del rigor de la estaci\u00f3n, y se dirigi\u00f3 a Le Mans a visitar una casa de su Congregaci\u00f3n, situada en el arrabal de la ciudad. Desde all\u00ed se encamin\u00f3 a Angers, y en el viaje sufri\u00f3 un accidente a media legua de Durtal. Al pasar por un riachuelo, si no llegan a prestarle r\u00e1pidamente ayuda, se hubiera ahogado, porque su caballo qued\u00f3 tumbado en \u00e9l. Despu\u00e9s que le sacaron del r\u00edo, volvi\u00f3 a montar, todo mojado, en el caballo, sin que manifestara en su rostro muestras de susto alguno. Era cuaresma; y con mucha dificultad encontr\u00f3, para secarse, una choza a la vera del camino. Estuvo sin comer hasta la tarde, que fue cuando lleg\u00f3 a una posada. La due\u00f1a, al ver que el Sr. Vicente estaba catequizando, seg\u00fan su costumbre, a los criados de la casa, sali\u00f3 a reunir a todos los ni\u00f1os del lugar, y, sin ponerse previamente de acuerdo con \u00e9l, los subi\u00f3 a su habitaci\u00f3n, cosa que el Sr. Vicente agradeci\u00f3 mucho. Los dividi\u00f3 en dos grupos: uno se lo encarg\u00f3 al Sacerdote que estaba con \u00e9l, para que los fuera instruyendo, mientras que \u00e9l daba el catecismo al otro.<\/p>\n<p>Se detuvo cinco d\u00edas en Angers. Visit\u00f3 a las Hijas de la Caridad que atend\u00edan a los enfermos del Hospital. E inmediatamente se puso en camino para Breta\u00f1a. Cuando estaba para llegar a Rennes, le ocurri\u00f3 un accidente que puso en grave peligro su vida. Porque, al pasar un canal entre un molino y una balsa muy profunda por un puentecito de madera, el caballo fue a buscar la sombra de la rueda del molino, y al recular, iba ya a precipitarse en la balsa, con una pata trasera fuera del puente, y estaba a punto de caerse, si Dios, como por un milagro, no lo hubiera detenido y parado en seco. El Sr. Vicente, cuando se vio fuera de peligro, confes\u00f3 que nunca se hab\u00eda librado de un peligro tan grande. Y bendiciendo a Dios por una protecci\u00f3n tan evidente y maravillosa, rog\u00f3 al que lo acompa\u00f1aba que le ayudara a dar gracias a Dios por su Divina Bondad.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente en todo el viaje no hab\u00eda realizado ninguna visita de cumplimiento y de cortes\u00eda ni en Orle\u00e1ns, ni en Le Mans, ni en Angers, ni en otros sitios por donde hab\u00eda pasado. Quer\u00eda hacer lo mismo en Rennes, y atravesar de inc\u00f3gnito la ciudad para ir a la casa de su Congregaci\u00f3n en Saint-M\u00e9en, a ocho leguas de all\u00ed, si le fuera posible; pero, a pesar de todo, fue reconocido al entrar en la ciudad de Rennes, por aquellos d\u00edas muy atemorizada por las turbulencias del reino, igual que Par\u00eds. Una persona, con autoridad en la ciudad, le comunic\u00f3 que su estancia en ella resultaba sospechosa por su cargo en los Consejos; que se ten\u00eda la intenci\u00f3n de mandarlo detener, y que se lo advert\u00eda, para que se marchara al momento de la ciudad. El Sr. Vicente recibi\u00f3 el aviso como un favor, e inmediatamente se dispuso a partir; pero cuando estaba ensillando el caballo, un gentil-hombre, alojado en la misma posada que \u00e9l, lo reconoci\u00f3, y todo encolerizado, le dijo a gritos que \u00abel Sr. Vicente quedar\u00e1 muy asombrado, si a dos leguas de aqu\u00ed no le dan un tiro en la cabeza\u00bb, e inmediatamente desapareci\u00f3. Enterado de aquella amenaza el Sr. Lectoral de Saint-Brieu, en cuanto supo de la llegada del Sr. Vicente, fue a visitarle en la posada; le impidi\u00f3 marcharse, y le convenci\u00f3 de que fuera a ver al Sr. Primer Presidente y a otras personas, quienes lo recibieron cort\u00e9smente. Al d\u00eda siguiente, estando ya el Sr. Vicente presto para marchar, vieron entrar al gentil-hombre, que, despu\u00e9s de amenazarlo de muerte, se hab\u00eda ido, y hab\u00eda dormido fuera de la ciudad. Aquella circunstancia dio lugar a la sospecha de que hab\u00eda salido a esperar en el camino al Sr. Vicente para llevar a cabo su amenaza. Pero el fiel Siervo de Dios, puesta su confianza en la Divina Providencia y siempre preparado para morir, y hasta dese\u00e1ndolo, a imitaci\u00f3n del santo Ap\u00f3stol, para estar con Jesucristo, no se apur\u00f3. El Sr. Lectoral de Saint-Brieu, temiendo por su persona que le era muy querida, no quiso dejarlo solo, y le acompa\u00f1\u00f3 hasta el pueblo de Saint-M\u00e9en; all\u00ed lleg\u00f3 el martes de la Semana Santa. Permaneci\u00f3 en el pueblo quince d\u00edas; durante ellos, la mayor parte del tiempo estuvo en el confesonario, oyendo a los pobres que ven\u00edan de todos los lados en peregrinaci\u00f3n a aquel lugar santo para obtener la curaci\u00f3n de sus enfermedades, cosa que Dios les concede frecuentemente por intercesi\u00f3n del Santo<\/p>\n<p>De all\u00ed se traslad\u00f3 a Nantes por alg\u00fan asunto piadoso. Pas\u00f3 luego a Lu\u00e7on con la intenci\u00f3n de continuar viaje a Saintes, y m\u00e1s tarde a Guyena, con el fin de continuar all\u00ed la visita de las casas de su Congregaci\u00f3n. Mas como recibi\u00f3 orden expresa de la Reina de volver a Par\u00eds, adonde ya hab\u00eda vuelto el Rey, lleg\u00f3 a Richelieu, y cay\u00f3 enfermo. En cuanto lo supo la Se\u00f1ora Duquesa de Aiguillon, le mand\u00f3 una carroza peque\u00f1a con dos de sus caballos y uno de los cocheros para traerlo en cuanto pudiera ponerse en camino; ya mucho antes le hab\u00eda dejado la misma carroza por las molestias de sus piernas y no quiso servirse de ella<\/p>\n<p>En todas las casas que visit\u00f3 en aquel viaje dej\u00f3 un gran consuelo a sus hijos espirituales y un suave olor de humildad, cordialidad, mansedumbre y de todas las dem\u00e1s virtudes que puso en pr\u00e1ctica, y les dio ejemplos de ellas. Por fin, volvi\u00f3 a Par\u00eds el mes de julio de 1649, despu\u00e9s de seis meses y medio de ausencia. En cuanto lleg\u00f3, devolvi\u00f3 al punto los caballos a la Se\u00f1ora Duquesa de Aiguillon con un mont\u00f3n de gracias; mas ella se los volvi\u00f3 a mandar, diciendo que se los hab\u00eda dado para servirse de ellos. Los rechaz\u00f3 inmediatamente, protestando que si las molestias de sus piernas, que iban a m\u00e1s cada d\u00eda, no le permit\u00edan andar ni a pie ni a caballo, hab\u00eda resuelto permanecer toda su vida en San L\u00e1zaro antes que dejarse llevar en una carroza. Accedi\u00f3, sin embargo, no sin gran contrariedad y extrema confusi\u00f3n, y llam\u00f3 a la carroza, que no era muy s\u00f3lida, \u00absu ignominia\u00bb, y dese\u00f3 que los caballos, que tiraban de ella, fueran tambi\u00e9n empleados en arar y en tirar de carro cuando no deb\u00eda trasladarse a la ciudad. Ten\u00eda entonces setenta y cinco a\u00f1os, y con tantas molestias, que le costaba mucho levantarse cuando estaba sentado, de forma que s\u00f3lo fue por obediencia y por necesidad como se vali\u00f3 de aquella pobre carroza. Gracias a ella pudo trabajar con bendici\u00f3n en importantes asuntos, y prestar grandes servicios a la Iglesia que, sin ella, no los hubiera podido hacer.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El reino hab\u00eda disfrutado de gran calma durante los primeros a\u00f1os de la Regencia de la Reina Madre, que se esforzaba en mantener la paz interior, mientras que usaba las armas en el exterior para &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-39\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218,152,144,143,135],"class_list":["post-30452","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-duquesa-de-aiguillon","tag-lambert","tag-san-lazaro","tag-villepreux"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Primero, Cap\u00edtulo 39 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-39\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Primero, Cap\u00edtulo 39 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"El reino hab\u00eda disfrutado de gran calma durante los primeros a\u00f1os de la Regencia de la Reina Madre, que se esforzaba en mantener la paz interior, mientras que usaba las armas en el exterior para ... 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Salamanca: CEME. 1994. 814p 25cm. Abelly public\u00f3 esta obra s\u00f3lo cuatro a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de San Vicente, a quien conoci\u00f3 durante m\u00e1s de veinte a\u00f1os. Ha\u2026","rel":"","context":"En \u00abVicente de Pa\u00fal\u00bb","block_context":{"text":"Vicente de Pa\u00fal","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/fundadores\/vicente-de-paul\/"},"img":{"alt_text":"vicentepaul","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2012\/12\/vicentepaul-235x300.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":143598,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/la-experiencia-espiritual-de-san-vicente\/","url_meta":{"origin":30452,"position":3},"title":"La experiencia espiritual de San Vicente","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"20\/04\/2015","format":false,"excerpt":"La espiritualidad vicenciana no es de ninguna manera una gram\u00e1tica de santidad para estudiar y aplicar. 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