{"id":30436,"date":"2020-03-15T08:40:29","date_gmt":"2020-03-15T07:40:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/30436\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-35\/"},"modified":"2020-01-26T20:50:39","modified_gmt":"2020-01-26T19:50:39","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-35","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-35\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Primero, Cap\u00edtulo 35"},"content":{"rendered":"<p>San Agust\u00edn dijo, y con mucha raz\u00f3n, que Dios era tan bueno, que nunca permitir\u00eda un mal, si no se considerase lo bastante poderoso como para sacar de \u00e9l un bien mayor. Podr\u00eda aducirse un n\u00famero casi infinito de ejemplos para hacer ver cu\u00e1n verdadera es esa afirmaci\u00f3n. Pero sin ir a buscarlos m\u00e1s lejos, no hay m\u00e1s que fijarnos en lo que ha sucedido durante las \u00faltimas guerras en Lorena. En ellas aparece que Dios ha permitido la miseria m\u00e1s extrema, a la que han sido reducidos los habitantes de aquella Provincia en tiempos pasados tan rica y tan abundosa en toda clase de riquezas, para poder extraer de ella grand\u00edsimas ventajas espirituales; particularmente para proporcionar a muchas personas virtuosas una ocasi\u00f3n de practicar obras de caridad heroica, y entre otras al Sr. Vicente, quien ha mostrado su virtud en esta ocasi\u00f3n, y ha hecho sentir a la pobre gente angustiada hasta qu\u00e9 extremo pod\u00eda alcanzar la caridad en estos \u00faltimos siglos, por m\u00e1s que, seg\u00fan la predicci\u00f3n de Jesucristo, se encuentre hoy en d\u00eda tan fr\u00eda a causa de la iniquidad que abunda y rebosa por todas partes.<\/p>\n<p>El Sr. Vicente, cuando conoci\u00f3 el a\u00f1o 1639 el estado deplorable al que hab\u00eda sido reducida Lorena por los desastres de las guerras y de la extrema necesidad de los habitantes, resolvi\u00f3 socorrerlos. Y despu\u00e9s de recoger algunas limosnas, a las que \u00e9l contribuy\u00f3 notablemente por su parte, las mand\u00f3 distribuir por manos de sus misioneros. Pero despu\u00e9s de repartirlas muy pronto, algunos de los que hab\u00eda enviado se volvieron, y le contaron las inauditas necesidades casi incre\u00edbles que hab\u00edan visto con sus propios ojos. Todo aquello conmovi\u00f3 de tal manera el coraz\u00f3n del Sr. Vicente, y de otras personas de condici\u00f3n y virtuosas de uno y de otro sexo de la ciudad de Par\u00eds, a quienes les dio a conocer el hecho, que decidieron socorrer a aquella pobre gente al precio que fuera. A tal efecto, esas caritativas personas aportaron cantidades muy notables de dinero, que el Sr. Vicente envi\u00f3 por medio de algunos de los suyos con el fin de distribuirlas y usarlas a tenor de las m\u00e1s urgentes necesidades que salieran al paso, no s\u00f3lo en las aldeas, sino tambi\u00e9n en las ciudades, y hasta en las m\u00e1s populosas, que, seg\u00fan se cre\u00eda, eran las menos vejadas por las guerras, como Metz, Toul, Verdun, Nancy, BarleDuc, Pont\u00e0Mousson, Saint-Michel y otras. Porque en aquel tiempo tan ominoso hab\u00eda en todos los sitios personas de todos los estados en la extrema aflicci\u00f3n e indigencia, hasta el punto de que hubo madres, que, por hambre rabiosa, comieron a sus propios hijos; muchachas y Se\u00f1oritas en gran n\u00famero, que estuvieron a punto de prostituirse por evitar la muerte; y tambi\u00e9n religiosas de las m\u00e1s reformadas, que se vieron en situaci\u00f3n de verse obligadas, a causa de su extrema necesidad, a quebrantar la clausura y as\u00ed buscar el pan con peligro de su honor, y con gran esc\u00e1ndalo de la Iglesia .Aquel n\u00famero de personas de toda condici\u00f3n y sexo, reducidas a la extrema necesidad, agotaban al instante las limosnas, aunque muy abundantes, que les mandaban para socorrerlas. Una caridad menor que la del Sr. Vicente se hubiera desanimado, y considerado aquella empresa como algo imposible, dadas las grandes y acuciantes necesidades que hab\u00eda que atender, al mismo tiempo, desde Par\u00eds y desde el resto de Francia. Pero \u00bfqu\u00e9 no podr\u00e1 hacer un coraz\u00f3n que ama a Dios, y que conf\u00eda plenamente en El? Todo lo puedo \u00addec\u00eda el santo Ap\u00f3stol\u00ad en aqu\u00e9l que me conforta\u00bb. El Sr. Vicente pod\u00eda decir muy bien algo semejante y, efectivamente, Dios concedi\u00f3 tal bendici\u00f3n a sus caritativas instancias, dirigidas a todos aqu\u00e9llos y aqu\u00e9llas que ve\u00eda dispuestos a practicar obras de misericordia, que procur\u00f3 e hizo mandar en diversos momentos cerca de un mill\u00f3n seiscientas mil libras en limosnas para los pobres de Lorena; parte de ellas las suministr\u00f3 la Madre del Rey, y las Damas de la Caridad de Par\u00eds por su parte tambi\u00e9n contribuyeron notablemente. Se ha hecho notar que un solo Hermano de la Misi\u00f3n hizo cincuenta y tres viajes a Lorena durante los nueve o diez a\u00f1os que dur\u00f3 la extrema necesidad para llevar el dinero de las limosnas. Y no sol\u00eda llevar menos de veinte mil libras cada vez, y a veces veinticinco y treinta mil, y m\u00e1s. Y lo que es maravilloso, y que da a conocer la protecci\u00f3n manifiesta de Dios sobre aquella buena obra es que, habiendo hecho la mayor parte de los viajes a trav\u00e9s de los ej\u00e9rcitos y por sitios llenos de soldados, y expuestos a los saqueos de semejante gente, nunca le robaron, ni cachearon, y siempre lleg\u00f3 felizmente a los sitios donde ten\u00eda que ir a repartir las limosnas. Para hacerlas m\u00e1s \u00fatiles a los pobres, y hasta para que llegaran a m\u00e1s lugares, el Sr. Vicente hab\u00eda ordenado a los misioneros, que estaban en Lorena, distribuir diariamente en todos los sitios donde hubiera pobres pan y potaje, que preparaban para su alimento. Y particularmente les recomendaba que se cuidaran de los enfermos, y tampoco se olvidaran de dar limosna espiritual al tiempo que les repart\u00edan la corporal, instruy\u00e9ndolos, consol\u00e1ndolos, anim\u00e1ndolos y proporcionando as\u00ed comida a las almas, al tiempo que alimentaban y aliviaban los cuerpos.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 decir ahora a cu\u00e1ntas personas ha salvado la vida del cuerpo y del alma aquel fiel distribuidor con su caritativa solicitud e intervenci\u00f3n? \u00bfA cu\u00e1ntas ha retirado del precipicio de la desesperaci\u00f3n, en donde iban a perderse? S\u00f3lo Dios, primer autor de todos esos bienes, lo sabe. Y nosotros veremos algo de todo eso en el Segundo Libro, donde hablaremos m\u00e1s en detalle de lo que sucedi\u00f3 en aquella maravillosa empresa<\/p>\n<p>Pero todav\u00eda no es esto todo. La Providencia de Dios iba preparando nueva materia por aquel mismo tiempo para rematar la caridad del verdadero Padre de los pobres. La continuaci\u00f3n de la guerra y de las miserias extremas de Lorena oblig\u00f3 a parte de sus habitantes a marcharse, y a venir a buscar refugio en Par\u00eds. Muchos de ellos vinieron a echarse en brazos del Sr. Vicente, com\u00fan y m\u00e1s seguro asilo de los pobres y afligidos. Se preocup\u00f3 de darles alojamiento en varios sitios, les procur\u00f3 pan y ropa. Y cuando se enter\u00f3 de que por la desgracia del tiempo y la falta de asistencia de sus Pastores, en su mayor parte muertos o huidos, hab\u00eda muchos que no se hab\u00edan acercado a los sacramentos durante largo tiempo, procur\u00f3 que en tiempo de Pascua y durante dos a\u00f1os consecutivos les dieran dos misiones en la iglesia de una aldea situada a una media legua de Par\u00eds, llamada La Chapelle. En dichas misiones hubo gran n\u00famero de personas de condici\u00f3n de Par\u00eds, interesadas en asistir: unas para tomar parte en el trabajo, y otras en los frutos y en el m\u00e9rito de la obra con sus buenas acciones y limosnas. Y por ese medio, la pobre gente, al recibir el bien espiritual que les distribu\u00edan, fue tambi\u00e9n atendida en sus necesidades temporales, poni\u00e9ndoles a unos en circunstancias y a otros en estado de ganar su vida<\/p>\n<p>Entre los refugiados de Lorena hab\u00eda personas nobles de ambos sexos, Gentiles-hombres y Se\u00f1oritas, a quienes la necesidad oblig\u00f3 a venir a Par\u00eds. Aqu\u00ed, despu\u00e9s de vender lo que hab\u00edan podido traer y salvar de los restos de sus bienes, gracias a los cuales se mantuvieron durante alg\u00fan tiempo, despu\u00e9s de que hubieran consumido todo y no teniendo ya nada con qu\u00e9 subsistir, se hallaban en su mayor parte reducidos a necesidad tan grande, que no se atrev\u00edan ni a aparecer en p\u00fablico: la verg\u00fcenza de verse derrocados de su anterior estado les cerr\u00f3 la boca y les oblig\u00f3 a sufrir toda clase de miserias antes que manifestar su pobreza. Una persona de honor y de m\u00e9rito tuvo conocimiento de ello, y lo puso en conocimiento del Sr. Vicente, y le sugiri\u00f3 la forma de asistirles. A lo que \u00e9ste le respondi\u00f3: \u00ab\u00a1Se\u00f1or: qu\u00e9 bien por haberme informado de todo eso! S\u00ed, es justo atender y aliviar a esos pobres nobles para honrar a Nuestro Se\u00f1or, que tambi\u00e9n era noble y muy pobre, todo a la vez\u00bb. Despu\u00e9s encomend\u00f3 aquel asunto a Dios, y pens\u00f3 en sus adentros c\u00f3mo podr\u00eda ayudarlos. Pens\u00f3 que aquella obra era un objeto digno de la caridad de personas de condici\u00f3n. Y, en efecto, dispuso de siete u ocho de ellas, de insigne piedad. Una de \u00e9sas era el difunto Sr. Bar\u00f3n de Renty, cuya santa vida, puesta por escrito y publicada despu\u00e9s de su muerte, puede servir de modelo perfecto de toda clase de virtudes para las almas verdaderamente nobles<\/p>\n<p>El Sr. Vicente invit\u00f3 a esos Se\u00f1ores a reunirse con ese fin. Les habl\u00f3 con tanta eficacia sobre la importancia y el m\u00e9rito de aquella obra caritativa, que determinaron unirse y asociarse para socorrer y asistir a aquellos nobles pobres; y algunos se encargaron de ir a verlos en sus viviendas, para as\u00ed conocer mejor sus necesidades, apuntar sus nombres, y saber con certeza el n\u00famero de las personas de cada familia. Presentaron el informe en la siguiente reuni\u00f3n, y en ella todos escotaron para reunir las provisiones de un mes. Y en adelante siguieron reuni\u00e9ndose en San L\u00e1zaro todos los primeros domingos de mes, y escotaban de nuevo seg\u00fan las necesidades de los pobres refugiados. El Sr. Vicente tambi\u00e9n contribu\u00eda con su parte, y a veces con m\u00e1s de lo que pod\u00eda.<\/p>\n<p>Una vez, entre otras, sucedi\u00f3 que todos hab\u00edan ya aportado su parte, y todav\u00eda faltaban doscientas libras para completar la suma necesaria. Al ver aquello el Sr. Vicente, llam\u00f3 al sacerdote Procurador de la casa, y retir\u00e1ndose un poco, le pregunt\u00f3 en voz baja qu\u00e9 dinero ten\u00eda. El ec\u00f3nomo le respondi\u00f3 que s\u00f3lo dispon\u00eda de lo necesario para cubrir un d\u00eda los gastos ordinarios de la Comunidad, entonces muy numerosa. \u00ab\u00bfCu\u00e1nto hay?\u00bb \u00adle pregunt\u00f3 el Sr. Vicente\u00ad. \u00abCincuenta escudos\u00bb \u00adle contest\u00f3\u00ad. \u00abPero, \u00bfs\u00f3lo hay ese dinero en casa?\u00bb \u00adreplic\u00f3 el Sr. Vicente\u00ad. \u00abS\u00ed, se\u00f1or\u00bb;\u00adrespondi\u00f3 el otro\u00ad \u00abno hay m\u00e1s que cincuenta escudos\u00bb. \u00abLe ruego \u00adle dijo una vez m\u00e1s el Sr. Vicente\u00ad que vaya usted a tra\u00e9rmelos\u00bb, y cuando se los trajo, los dio para completar casi todo lo que faltaba para la provisi\u00f3n de un mes de aquella nobleza pobre, prefiriendo pasarlo peor y verse obligado a pedir prestado lo que necesitaban para vivir los suyos, que dejar sufrir a los pobres refugiados. Uno de aquellos Se\u00f1ores, que hab\u00eda aguzado su o\u00eddo para o\u00edr la conversaci\u00f3n, cuando oy\u00f3 la respuesta del Procurador, admir\u00f3 la generosa caridad del Sr. Vicente; y cuando se lo cont\u00f3 a los dem\u00e1s, quedaron todos tan emocionados, que uno de ellos al d\u00eda siguiente envi\u00f3, como limosna, una bolsa de mil francos a la casa de San L\u00e1zaro<\/p>\n<p>Aquella obra de caridad para con la nobleza pobre lorenesa continu\u00f3 por unos ocho a\u00f1os. Durante ellos les daban todos los meses los medios de subsistencia; y adem\u00e1s, aquellos Se\u00f1ores los iban a visitar uno tras otro, rindi\u00e9ndoles siempre en las visitas alg\u00fan testimonio de respeto, y dici\u00e9ndoles alguna palabra de consuelo; tambi\u00e9n les ofrec\u00edan toda la ayuda que pod\u00edan en sus asuntos. Finalmente, cuando Lorena se vio algo aliviada de todos aquellos disturbios, que la hab\u00edan agitado, algunos de los refugiados volvieron a sus casas; y el Sr. Vicente se preocup\u00f3 de proporcionarles lo necesario tanto para el viaje, como para su mantenimiento durante alg\u00fan tiempo en su tierra, y continu\u00f3 siempre ayudando a los que quedaban en Par\u00eds.<\/p>\n<p>Como una obra de caridad nunca ocupaba el coraz\u00f3n del Sr. Vicente de forma que no estuviera preparado para acoger otra, cuando supo, por ese mismo tiempo, que hab\u00eda varios se\u00f1ores y gentileshombres ingleses y escoceses, obligados, por ser cat\u00f3licos, a refugiarse en Par\u00eds, habl\u00f3 de ellos a los Se\u00f1ores que hab\u00edan socorrido a los loreneses, y procur\u00f3, de acuerdo con ellos, socorrerlos como a los de Lorena. Y el Sr. Vicente ha continuado siempre, casi hasta el momento de su muerte, asisti\u00e9ndolos con sus atenciones y limosnas. Ah\u00ed va un extracto de lo que uno de los m\u00e1s cualificados Se\u00f1ores de aquella ilustre y caritativa asamblea puso por escrito sobre ese tema<\/p>\n<p><em>\u00abEl Sr. Vicente era siempre el primero en dar; abr\u00eda su coraz\u00f3n y su bolsa, de manera que, cuando faltaba algo, contribu\u00eda con lo suyo, y se privaba de lo necesario para acabar la obra comenzada. En una ocasi\u00f3n, para completar una considerable cantidad a la que faltaban trescientas libras, las entreg\u00f3 inmediatamente. Y luego se supo que era el dinero que una persona caritativa le hab\u00eda entregado para comprar un caballo mejor que el que ten\u00eda, pues varias veces hab\u00eda ca\u00eddo debajo de \u00e9l, porque era muy viejo. Pero prefiri\u00f3 exponerse al peligro de quedar malherido, que abandonar a personas, que cre\u00eda necesitadas, &#8216;sin socorrerlas'\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Aquella Asociaci\u00f3n se mantuvo cerca de veinte a\u00f1os, m\u00e1s o menos; y con raz\u00f3n se la puede colocar entre las grandes obras, en las que cooper\u00f3 el Sr. Vicente, pues fue \u00e9l el autor y el promotor, y quien con la caridad y el celo de personas ilustres, que la compon\u00edan, remedi\u00f3 infinidad de males, y suministr\u00f3 una grand\u00edsima cantidad de bienes muy considerables<\/p>\n<p>No debemos omitir aqu\u00ed que el Sr. Vicente, al ver tantos malos efectos causados por la guerra, y considerando los horribles pecados, las blasfemias, los sacrilegios y las profanaciones de las cosas m\u00e1s santas, los asesinatos y todas las violencias y crueldades a que eran sometidas las personas m\u00e1s inocentes, adem\u00e1s de la desolaci\u00f3n de las Provincias, y la ruina de tantas familias, su coraz\u00f3n qued\u00f3 tan abrumado y como traspasado de dolor, que decidi\u00f3 contra toda clase de razones que la prudencia humana pod\u00eda sugerirle, usar de un medio cuya eficacia parec\u00eda muy dudosa, y que pod\u00eda serle muy perjudicial. Ya lo hemos dicho en otro lugar, que el Sr. Cardenal de Richelieu le mostraba una gran benevolencia. Y precisamente quiso el Sr. Vicente valerse de esa misma benevolencia, no para sus propios intereses, sino para el bien p\u00fablico. Con ese fin, fue cierto d\u00eda donde \u00e9l; y despu\u00e9s de haberle expuesto con toda clase de miramientos el sufrimiento extremo del pobre pueblo, y todos los des\u00f3rdenes y pecados causados por la guerra, se ech\u00f3 a sus pies, al tiempo que le dec\u00eda: \u00abMonse\u00f1or: denos la paz; tenga compasi\u00f3n de nosotros; d\u00e9 la paz a Francia\u00bb. Y lo volvi\u00f3 a repetir con tanta emoci\u00f3n, que el Gran Cardenal qued\u00f3 conmovido. Y echando a buena parte dicha reconvenci\u00f3n, le dijo que estaba trabajando en ello, y que la paz no depend\u00eda s\u00f3lo de \u00e9l, sino tambi\u00e9n de varias personas m\u00e1s, tanto del Reino, como de fuera.<\/p>\n<p>Seguramente que si el Sr. Vicente hubiere consultado a alg\u00fan sabio del siglo, le hubiera dicho que por aquella libertad de hablar, se expon\u00eda a no poder acceder y am\u00e1s al primer Ministro. Pero la caridad que apremiaba a su coraz\u00f3n le hizo perder todo el miedo y cerrar los ojos a todo el respeto humano, para mirar \u00fanicamente a lo que intentaba: el servicio de Dios y el bien del pueblo cristiano. Hablando de un asunto parecido \u00abMe encargaron un d\u00eda \u00addijo\u00ad que fuera a rogar al Cardenal de Richelieu que ayudara a la pobre Irlanda. Era cuando Inglaterra estaba en guerra con su Rey. Y habiendo realizado la petici\u00f3n, \u00ab\u00a1Ah, Sr. Vicente!\u00bb \u00adme dijo. \u00abEl Rey tiene demasiados problemas para meterse en eso\u00bb. Le dije que el Papa le ayudar\u00eda, y que ofrecer\u00eda cien mil escudos. \u00abCien mil escudos \u00adreplic\u00f3\u00ad no son nada para un ej\u00e9rcito: se necesitan \u00a1tantos soldados!, \u00a1tanta impedimenta!, \u00a1tantas armas! y \u00a1tantos convoyes!: un ej\u00e9rcito es una gran m\u00e1quina, que se pone trabajosamente en marcha\u00bb<\/p>\n<p>Aunque entonces su petici\u00f3n no result\u00f3 eficaz, ni se pudo poner en pr\u00e1ctica lo que pretend\u00eda, con todo, vemos por ah\u00ed con cu\u00e1nto amor y celo se consagr\u00f3 siempre a procurar el provecho de la Religi\u00f3n y el verdadero bien de los cat\u00f3licos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>San Agust\u00edn dijo, y con mucha raz\u00f3n, que Dios era tan bueno, que nunca permitir\u00eda un mal, si no se considerase lo bastante poderoso como para sacar de \u00e9l un bien mayor. 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