{"id":29887,"date":"2020-03-01T08:40:29","date_gmt":"2020-03-01T07:40:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/29887\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-22\/"},"modified":"2020-01-26T20:38:24","modified_gmt":"2020-01-26T19:38:24","slug":"vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-22","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-22\/","title":{"rendered":"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Primero, Cap\u00edtulo 22"},"content":{"rendered":"<p>Esta m\u00edstica Jerusal\u00e9n iba as\u00ed edific\u00e1ndose poco a poco, como una ciudad nueva, y las piedras vivas que deb\u00edan formar su estructura se recog\u00edan y se colocaban cada vez m\u00e1s por la pr\u00e1ctica de las virtudes convenientes. Ciertamente, el poco espacio y los pocos ingresos del Colegio de Bons-Enfants s\u00f3lo pod\u00edan proporcionar alojamiento y recursos para pocas personas. Pero Dios quiso proveer de forma que va a sorprender al Lector y le har\u00e1 admirar los designios de su infinita Sabidur\u00eda. Mientras esos bueno s Sacerdotes Misioneros dedicaban sus pensamientos y sus desvelos a conseguir solamente el engrandecimiento del Reino de Jesucristo y ganarle almas, la Providencia Divina preparaba los medios que quer\u00eda emplear para instalarlos en la casa de San L\u00e1zaro de Par\u00eds<\/p>\n<p>Se trata de un se\u00f1or\u00edo eclesi\u00e1stico, con \u00abjusticia alta, media y baja\u00bb. Adem\u00e1s de los numerosos alojamientos y de la gran extensi\u00f3n del terreno que ten\u00eda cercado, pod\u00edan encontrar en \u00e9l todos los recursos razonables para asentarse y multiplicarse. Pues bien, lo que m\u00e1s claramente demuestra que esta fundaci\u00f3n es obra especial de la mano de Dios es que se hizo contra todas las apariencias humanas, y que los medios, gracias a los cuales se consigui\u00f3, s\u00f3lo pueden, seg\u00fan el razonamiento humano, servir para impedirlo y poner obst\u00e1culos en el camino. El mejor modo de saber eso es el testimonio que nos dej\u00f3 el Sr. Vicente mientras viv\u00eda, y que ha sido confirmado despu\u00e9s de su muerte por quien fue el principal intermediario, y cuyas virtudes, as\u00ed como su cualidad de doctor de la Sorbona y p\u00e1rroco de una parroquia de la ciudad de Par\u00eds merecen una fe especial. Fue el difunto Sr. de Lestocq, doctor de la Facultad de la Sorbona y p\u00e1rroco de San Lorenzo de Par\u00eds, quien, no contento con haberlo declarado de viva voz, quiso adem\u00e1s dar testimonio escrito por su pu\u00f1o y letra, de la forma siguiente, que nos hace ver cu\u00e1n admirable ha sido la protecci\u00f3n de Dios sobre la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, y cu\u00e1n puro y desinteresado el esp\u00edritu de quien la Providencia quiso servirse para realizar la fundaci\u00f3n<\/p>\n<p><em>Relato escrito y firmado de pu\u00f1o y letra por el difundo Sr. de Lestocq, doctor de la Sorbona y p\u00e1rroco de San Lorenzo, y que nos cuenta lo que pas\u00f3 cuando los sacerdotes de la Misi\u00f3n se instalaron en la casa de San L\u00e1zaro de Par\u00eds<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abDon Adriano Le Bon, religioso de la Orden de Can\u00f3nigos Regulares de san Agust\u00edn y prior de San L\u00e1zaro, tuvo algunas dificultades el a\u00f1o 1630 con sus religiosos, lo que le hizo pensar en permutar dicho priorato por otro beneficio. Fueron varios los que le urgieron a ello, ofreci\u00e9ndole abad\u00edas y otros beneficios con rentas; pero, habiendo comunicado este proyecto a algunos amigos, le disuadieron dici\u00e9ndole que se podr\u00edan remediar las diferencias que hab\u00edan surgido con sus religiosos mediante una conferencia que podr\u00eda tener con ellos en presencia de cuatro doctores. As\u00ed lo acept\u00f3, estando de acuerdo en ello sus religiosos\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abLa reuni\u00f3n se celebr\u00f3 en casa de un doctor muy distinguido en m\u00e9ritos y santidad. El P. Prior aleg\u00f3 sus quejas y oy\u00f3 a continuaci\u00f3n la respuesta del subprior, que hablaba en nombre de los religiosos; despu\u00e9s, se orden\u00f3 que se trazara una f\u00f3rmula de vida y un reglamento, que habr\u00eda de seguirse en el futuro. Habi\u00e9ndolo ejecutado as\u00ed, el P. Prior no dej\u00f3 de perseverar en sus deseos de dejar el priorato. Y habiendo o\u00eddo hablar de unos buenos sacerdotes que se dedicaban a dar misiones bajo la direcci\u00f3n del Sr. Vicente, al que no conoc\u00eda, pens\u00f3 que, si los establec\u00eda en su priorato podr\u00eda participar de los grandes frutos que produc\u00edan en la Iglesia. Pregunt\u00f3 d\u00f3nde resid\u00edan y cuando supo el lugar, me rog\u00f3, como a vecino y buen amigo, que le acompa\u00f1ase. Lo hice de buena gana, indic\u00e1ndole que era lo mejor que pod\u00eda hacer, y que ese pensamiento ven\u00eda seguramente del cielo, que hab\u00eda suscitado a esos buenos sacerdotes para el bien del campo, muy necesitado de ellos, tanto para la instrucci\u00f3n que de ellos recibir\u00edan los aldeanos, como para la declaraci\u00f3n de sus pecados en el tribunal de la confesi\u00f3n, en el que abr\u00edan libre y enteramente sus conciencias y descubrir\u00edan lo que no se hab\u00edan atrevido a confesar a los confesores del lugar, bien porque no les preguntaron sobre ello, bien por su verg\u00fcenza en manifestarlo; que yo pod\u00eda dec\u00edrselo y asegur\u00e1rselo por haber estado con ellos y haberlo experimentado; que, por lo dem\u00e1s, \u00e9l podr\u00eda ver y reconocer a un hombre de Dios en el director de su Compa\u00f1\u00eda, aludiendo al Sr. Vicente, como \u00e9l mismo lo ver\u00eda\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abAs\u00ed pues, nos reunimos en el colegio de Bons-Enfants, junto a la Puerta de Saint-Victor, y el P. Prior habl\u00f3 con el Sr. Vicente, manifest\u00e1ndole el motivo que le hab\u00eda tra\u00eddo. Y era que le hab\u00edan hablado muy bien de su Congregaci\u00f3n y de los caritativos trabajos a los que se dedicaba en favor de la pobre gente campesina; que se sentir\u00eda feliz de poder contribuir en algo; que ten\u00eda la casa de San L\u00e1zaro y que se la ceder\u00eda de buena gana para un ejercicio tan digno\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEsta oferta tan ventajosa le impresion\u00f3 mucho a aquel humilde Siervo de Dios, produci\u00e9ndole el mismo efecto que un rel\u00e1mpago imprevisto que deslumbra a un hombre y lo deja aturdido. D\u00e1ndose cuenta de ello el buen Prior le dijo: \u00a1Pero, Se\u00f1or, si est\u00e1 usted temblando! Es verdad \u00adle respondi\u00f3\u00ad; y me asusta la proposici\u00f3n y me parece que est\u00e1 muy por encima de lo que yo me atrever\u00eda a pensar. Somos unos pobres sacerdotes que vivimos sencillamente, sin m\u00e1s designio que servir a la pobre gente del campo. Agradecemos mucho su buena voluntad y le damos nuestras m\u00e1s humildes gracias. En una palabra demostr\u00f3 que no ten\u00eda ninguna apetencia por aceptar aquel ofrecimiento, y se retrajo hasta el punto de quitarnos todas las esperanzas de volver a verlo por este motivo. Sin embargo, el amable y cari\u00f1oso recibimiento que nos hizo el Sr. Vicente impresion\u00f3 tanto el coraz\u00f3n del Sr. Le Bon, que no pudo cambiar sus prop\u00f3sitos, y le dijo que le daba seis meses para pensar en ello\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abTranscurrido aquel tiempo, me volvi\u00f3 a rogar que le acompa\u00f1ara para ir otra vez donde el Sr. Vicente, y volvi\u00f3 a hacerle la misma propuesta, y le conjur\u00f3 a que aceptase su priorato, ya que Dios le inspiraba cada vez m\u00e1s que lo pusiera en sus manos. Yo insist\u00ed tambi\u00e9n por mi parte, y le ped\u00ed al Sr. Vicente que no desaprovechara tan buena ocasi\u00f3n. Todo aquello no cambi\u00f3 su \u00e1nimo ni sus sentimientos. Sigui\u00f3 diciendo con firmeza que no eran m\u00e1s que un n\u00famero muy reducido; que apenas acababan de nacer, que no quer\u00eda que se hablara de \u00e9l; que aquello har\u00eda demasiado ruido; que no le gustaba brillar y, en fin, que no merec\u00eda aquel favor del Sr. Prior. Entonces el Sr. Le Bon, oyendo que tocaba a comer, dijo que deseaba comer con \u00e9l y con su comunidad; como as\u00ed lo hizo, y yo tambi\u00e9n con \u00e9l. La modestia de aquellos Sacerdotes, la buena lectura y todo el orden que se observaba agrad\u00f3 tanto al Sr. Le Bon que concibi\u00f3 una veneraci\u00f3n y un amor tan grande hacia ellos que no ces\u00f3 de insistirme en que intercediera ante el Sr. Vicente. As\u00ed lo hice por m\u00e1s de veinte veces en el espacio de seis meses, hasta el punto de que fiado en mi amistad con \u00e9l le dije en varias ocasiones que estaba resistiendo al Esp\u00edritu Santo, y que tendr\u00eda que responder ante Dios de aquella negativa, ya que por aquel medio podr\u00eda establecerse y formarse un cuerpo y una Congregaci\u00f3n perfecta en todas sus circunstancias\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abNo me es posible decir la insistencia que se emple\u00f3. No tuvo tanta paciencia Jacob para obtener a Raquel ni insisti\u00f3 tanto para obtener la bendici\u00f3n del \u00e1ngel, como el Sr. Prior y yo para obtener el s\u00ed del Sr. Vicente, al que urg\u00edamos para que nos concediera su aceptaci\u00f3n. Gritamos m\u00e1s fuertemente ante \u00e9l que la cananea ante los ap\u00f3stoles. Finalmente, el Sr. Prior lleg\u00f3 a decirle al cabo de un a\u00f1o: Pero, Se\u00f1or, \u00bfqu\u00e9 clase de individuo es usted? Si no quiere o\u00edr hablar de este asunto, d\u00edgame al menos con qui\u00e9n se aconseja, en qui\u00e9n tiene usted confianza, qu\u00e9 amigo tiene usted en Par\u00eds a quien podamos dirigirnos para tratarlo? Pues tengo el consentimiento de todos mis religiosos, y no me falta m\u00e1s que el de usted. No hay nadie que desee el bien de ustedes que no le aconseje recibir lo que le presento\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEntonces el Sr. Vicente le indic\u00f3 a Andr\u00e9s Duval, doctor de la Sorbona, que era un santo var\u00f3n, y que hab\u00eda escrito la vida de varios santos. Haremos \u00adnos dijo\u00ad todo lo que \u00e9l nos aconseje\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abEn efecto, fue a verlo el Sr. Prior, trataron juntos el proyecto, quedaron de acuerdo en las condiciones, y a continuaci\u00f3n se firm\u00f3 el acuerdo el 7 de enero de 1632 entre el Sr. Prior y los religiosos de San L\u00e1zaro por una parte,\u00a0 y el Sr. Vicente y los Sacerdotes de su Congregaci\u00f3n por otra. De esta forma, el Sr. Vicente cedi\u00f3 finalmente a las importunas s\u00faplicas que hicimos, yo entre otros, que puedo decir muy bien que en aquella ocasi\u00f3n Raucae factae sunt fauces meae. Hubiera llevado de buena gana a mis espaldas a aquel Padre de misioneros para transportarlo a San L\u00e1zaro y obligarle a aceptar; pero \u00e9l no se fijaba en lo exterior ni en las ventajas del sitio y de todas sus dependencias, ya que ni siquiera quiso ir a verlo durante todo aquel tiempo. De forma que no fue su buena situaci\u00f3n lo que le atrajo, sino solamente la voluntad de Dios y el bien espiritual que all\u00ed se pod\u00eda conseguir\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abHabi\u00e9ndolo aceptado entonces \u00fanicamente por este motivo, despu\u00e9s de todas las resistencias que pueden imaginarse, fue all\u00e1 el d\u00eda siguiente, 8 de enero de 1632, y se hizo todo con gran amabilidad y contento de toda la casa. Esto hace ver que digitus Dei hic est, que es \u00e9sta la tierra de promisi\u00f3n a donde fue llevado Abraham, esto es, el Sr. Vicente, verdadero Abraham, gran Siervo de Dios, cuyos hijos est\u00e1n destinados a llenar la tierra de bendiciones, y su familia perdurar\u00e1 por los siglos\u00bb<\/em><\/p>\n<p>El Sr. p\u00e1rroco de San Lorenzo envi\u00f3 este relato al Sucesor del difunto Sr. Vicente en el cargo de Superior General de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, y lo acompa\u00f1\u00f3 con la siguiente carta del 30 de octubre de 1660:<\/p>\n<p><em>\u00abSe\u00f1or: El deseo que ha manifestado usted de saber lo que sucedi\u00f3 cuando el Sr. Vicente y su Congregaci\u00f3n entraron en San L\u00e1zaro, junto con el respeto que debo a su memoria, me han movido a dirigirle el breve relato que le env\u00edo. Se\u00f1or: no he dicho ni la cent\u00e9sima parte. No puedo acordarme de todas las piadosas conversaciones que el Sr. Prior de San L\u00e1zaro y yo hemos o\u00eddo de boca del difunto Sr. Vicente en las visitas que le hicimos m\u00e1s de treinta veces, a lo largo de un a\u00f1o, durante el cual hemos tenido que superar mil dificultades para moverlo y disponerlo a aceptar San L\u00e1zaro. Muchos hubieran quedado encantados ante tal oferta, y \u00e9l la rechaz\u00f3. As\u00ed es como se asientan las cosas buenas: Mois\u00e9s no quer\u00eda ir a Egipto, ni Jerem\u00edas acudir ante el pueblo, pero a pesar de sus excusas Dios los elige y quiere que vayan. Es una vocaci\u00f3n verdaderamente divina y milagrosa; en ella la naturaleza no tiene parte. El papel no puede expresar la marcha de este asunto; es Dios su autor y consumador. Yo s\u00f3lo lo he garabateado y emborronado. Quien quiera perfilarla, tendr\u00e1 que rehacerla y suplir mi silencio. Le ruego que crea que he venerado hasta el extremo la memoria del difunto Sr. Vicente, y que aprecio como un favor el haber sido conocido y querido por \u00e9l\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Ah\u00ed tenemos un testimonio muy aut\u00e9ntico, y que contiene muchos detalles interesant\u00edsimos, que el piadoso lector sabr\u00e1 bien pesar con las pesas del santuario, y reconocer cu\u00e1l era por aquel tiempo el grado de virtud y de perfecci\u00f3n, al que Jesucristo hab\u00eda elevado al Sr. Vicente; cu\u00e1nto se hab\u00eda desprendido su coraz\u00f3n de todos los propios intereses y de todos los respetos humanos; cu\u00e1n puramente ve\u00eda a Dios en todas sus empresas, no queriendo s\u00f3lo escuchar las propuestas que parec\u00edan serle m\u00e1s ventajosas, sin consultar y reconocer antes cu\u00e1l era la voluntad de Dios y lo que le era m\u00e1s agradable, no deseando otra ventaja ni otro \u00e9xito que el que fuera para su mayor gloria<\/p>\n<p>Pero hay una circunstancia que no debemos omitir, que nos har\u00e1 ver mejor no s\u00f3lo el perfecto desprendimiento que ten\u00eda el gran Siervo de Dios de toda clase de bienes y ventajas temporales, sino tambi\u00e9n la exactitud y fidelidad que manten\u00eda inviolable, y que quer\u00eda que la guardaran los suyos hasta en los menores detalles que pudieran contribuir al buen orden de su Congregaci\u00f3n y a la mayor perfecci\u00f3n del servicio que se propon\u00eda rendir a Dios<\/p>\n<p>Los principales art\u00edculos del contrato estaban ya redactados; quedaba uno que no parec\u00eda de mayor entidad, pero que el Sr. Vicente consider\u00f3 muy importante: Era que el Sr. Prior deseaba que sus religiosos compartiesen el dormitorio con los misioneros, pensando que eso no causar\u00eda ning\u00fan da\u00f1o a unos y servir\u00eda de mucho para los otros: era decir a sus religiosos que podr\u00edan sacar mucho provecho del buen ejemplo y de todos los actos de virtud y de regularidad que pudieran ver en la persona del Sr. Vicente y los suyos. Mas el prudente Superior no quiso consentir nunca en ello por los inconvenientes que preve\u00eda hab\u00edan de suceder, y que hubiesen condicionado el buen orden ya establecido entre los misioneros. A este efecto, rog\u00f3 al Sr. P\u00e1rroco de San Lorenzo que informara al Sr. Prior,<\/p>\n<p><em> \u00abque los Sacerdotes de la Misi\u00f3n guardaban silencio desde las oraciones de la noche hasta la ma\u00f1ana siguiente, despu\u00e9s de comer. A continuaci\u00f3n dispon\u00edan de una hora de conversaci\u00f3n; despu\u00e9s de ella observaban el mismo silencio hasta la noche, despu\u00e9s de la cena, en que ten\u00edan otra hora de conversaci\u00f3n; y que inmediatamente empezaban el silencio, durante el cual s\u00f3lo se hablaba de cosas necesarias, y eso en voz baja. Que estaba persuadido de que, si se quitaba eso de una Comunidad, introduc\u00eda el desorden y la confusi\u00f3n, cosa que hab\u00eda hecho decir a un santo personaje, que, cuando se ve\u00eda a una Comunidad observar exactamente el silencio, pod\u00eda decirse con toda seguridad que tambi\u00e9n observaba con exactitud el resto de la regularidad. Y, por el contrario, en las que no se observaba el silencio, era casi imposible que las dem\u00e1s Reglas fueran observadas\u00bb<\/em><\/p>\n<p><em>\u00abPues bien, como ten\u00eda razones para temer que los Se\u00f1ores Religiosos no quisieran someterse y obligarse a aquella observancia tan estricta; que, si no la guardaban, ser\u00eda un impedimento que arruinar\u00eda por entero aquella pr\u00e1ctica de los misioneros\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Esto es lo que el Sr. Vicente rog\u00f3 al Sr. de Lestocq que informara al Sr. Prior, y se ha encontrado en una de sus cartas escritas de su pu\u00f1o y letra. Sugiri\u00f3 de inmediato una propuesta para el alojamiento de los religiosos fuera del dormitorio, y para finalizar, declar\u00f3 abiertamente su resoluci\u00f3n con estas palabras dignas de notarse:<\/p>\n<p><em>\u00abPreferir\u00eda \u00addijo\u00ad permanecer en nuestra pobreza, que desviarnos del plan de Dios sobre nosotros\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Y se mantuvo tan firme en dicha resoluci\u00f3n que hubo que tachar el art\u00edculo del contrato, porque, de otro modo, no habr\u00eda aceptado los dem\u00e1s y hubiera preferido verse privado de todas las grandes ventajas temporales que pudieran sobrevenirle, que consentir en algo que pudiera causar el menor obst\u00e1culo al bien espiritual de su Congregaci\u00f3n. Lo que le manten\u00eda a\u00fan m\u00e1s firme y m\u00e1s inflexible en aquel punto era el aprecio y el amor a la soledad y al recogimiento interior. Pensaba que los misioneros deb\u00edan amarlos tanto m\u00e1s cuanto m\u00e1s necesitaban precaverse de la disipaci\u00f3n del esp\u00edritu a que los expon\u00edan sus ocupaciones. A prop\u00f3sito de lo cual lleg\u00f3 a decir: <em>\u00abque los verdaderos misioneros deb\u00edan ser cartujos en casa y ap\u00f3stoles fuera\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Formalizado el contrato, y hecha entrega por el Sr. Le Bon del Priorato, de la casa y de las dependencias de San L\u00e1zaro, para que fueran unidos a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n, el Sr. Arzobispo de Par\u00eds hizo la uni\u00f3n, por ser un beneficio de su colaci\u00f3n, por Letras de fines de diciembre de 1631. Y N. S. P. el Papa Urbano VIII la confirm\u00f3 con bulas del 15 de marzo de 1635, y ha sido confirmada de nuevo el 18 de abril de 1655.<\/p>\n<p>Los Se\u00f1ores Preboste de Mercaderes y Regidores municipales de Par\u00eds consintieron de igual modo en la instalaci\u00f3n de los Misioneros en la casa de San L\u00e1zaro. Y el Rey hizo despachar en favor de la instalaci\u00f3n de los misioneros nuevas Letras Patentes. Cuando fueron presentadas al Parlamento para ser registradas, una comunidad religiosa muy c\u00e9lebre se opuso a ellas, pretendiendo que la casa le pertenec\u00eda. Pero la oposici\u00f3n qued\u00f3 allanada por un decreto contradictorio y solemne, y las Letras reales registradas el 17 de septiembre de 1632. A este prop\u00f3sito, no debemos omitir que mientras los abogados litigaban la causa, el Sr. Vicente estuvo en la Santa Capilla del Palacio en oraci\u00f3n, manteni\u00e9ndose ante Dios en completa indiferencia por lo que pod\u00eda pasar. Por ese tiempo escribi\u00f3 a cierta persona muy virtuosa, en quien ten\u00eda plena confianza:<\/p>\n<p><em>\u00abYa sabe usted \u00adle dijo\u00ad que los Religiosos de N. N. nos impugnan San L\u00e1zaro. Le costar\u00eda a usted creer los actos de sumisi\u00f3n que les he prestado a tenor del Evangelio. Por m\u00e1s que en verdad no tengan raz\u00f3n por lo que me ha asegurado el Sr. Duval, y por lo que me dicen todas las personas que saben de qu\u00e9 se trata. Suceder\u00e1 lo que plazca a Nuestro Se\u00f1or, que conoce en verdad que su bondad me ha hecho m\u00e1s indiferente en esta coyuntura que en ninguna otra: ay\u00fademe a darle gracias, por favor\u00bb<\/em><\/p>\n<p>Hay todav\u00eda otra cosa muy digna de ser destacada en el asunto del pleito. Nos hace ver el maravilloso desprendimiento del gran Siervo de Dios. Al tomar posesi\u00f3n de la casa de San L\u00e1zaro, se vio obligado a encargarse de tres o cuatro pobres dementes confiados por sus padres al cuidado del Sr. Prior Le Bon. Imposible decir con qu\u00e9 caridad les hac\u00eda servir el Sr. Vicente, y hasta los serv\u00eda \u00e9l mismo en persona, y con tanto m\u00e1s agrado se dedicaba a aquel menester, cuanto que la naturaleza encuentra en eso menos satisfacci\u00f3n. Aquellas personas no eran capaces de agradecer el favor que se les prestaba, y de ordinario estaban sucias, eran molestas y, a veces, hasta peligrosas. Precisamente entonces, se vio el Sr. Vicente en riesgo de ser despose\u00eddo de la casa de San L\u00e1zaro por aquella Comunidad religiosa opositora, rica en cr\u00e9dito y amigos. Y para prepararse, seg\u00fan su buena costumbre, para la soluci\u00f3n que pluguiera a Dios dar al proceso, un d\u00eda se puso a considerar (lo declar\u00f3 \u00e9l mismo a personas de confianza), qu\u00e9 podr\u00eda causarle alguna contrariedad, si tuviera que dejar su nueva vivienda, tan c\u00f3moda y ventajosa para su Congregaci\u00f3n. Y entre todas las comodidades y ventajas de una Casa Se\u00f1orial, situada a la entrada de Par\u00eds, como la de San L\u00e1zaro, no hall\u00f3 otra cosa que m\u00e1s pena le pudiera dar, que la de abandonar a los pobres locos, cuyo servicio, o mejor, el servicio que prestaba a Jesucristo en sus personas, le llegaba m\u00e1s al coraz\u00f3n que todo lo dem\u00e1s del Se\u00f1or\u00edo y de todas las posesiones, pues las miraba con entera indiferencia. \u00a1Verdaderamente el coraz\u00f3n de este santo sacerdote ten\u00eda sentimientos bien diferentes de los del mundo, y sus pensamientos eran mucho m\u00e1s elevados que los pensamientos habituales de los hombres! Consideraba una locura apegarse a los bienes y a las comodidades de la tierra, y sabidur\u00eda servir a los dementes. Apreciaba aquel servicio prestado por amor a Jesucristo como un gran tesoro que tem\u00eda perder; y no le causaba pena ser despojado de una rica posesi\u00f3n que empezaba a gozar, y que pod\u00eda serle tan c\u00f3moda para la subsistencia y el robustecimiento de su nueva Congregaci\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 gran raz\u00f3n tuvo el Ap\u00f3stol cuando dijo, que Dios se complac\u00eda en perder y confundir toda la sabidur\u00eda del mundo! Y que para hacerse sabio seg\u00fan Dios, a veces hay que comportarse como un loco ante los hombres. Los que han conocido al Sr. Vicente pueden atestiguar que pose\u00eda una mente tan aguda e iluminada como no se pod\u00eda esperar en una persona de su condici\u00f3n. No hab\u00eda en \u00e9l mezcla alguna de ligereza ni de fervor indiscreto en su conducta. Se apoyaba no sobre el simple razonamiento humano, sino sobre las m\u00e1ximas y verdades del Evangelio, que hab\u00eda puesto por fundamento, y que llevaba grabadas en su coraz\u00f3n, y siempre las ten\u00eda presentes en su mente. Seg\u00fan ese principio se conformaba en todo a la doctrina y a los ejemplos de Jesucristo; y, a su imitaci\u00f3n, evitaba en cuanto le era posible todo lo que ol\u00eda, aunque fuera poco, a vanagloria, o a ostentaci\u00f3n y, por el contrario, abrazaba con mucho afecto la humillaci\u00f3n, la abyecci\u00f3n, el desprecio, la negaci\u00f3n de s\u00ed mismo y otras pr\u00e1cticas parecidas para hacerse tanto m\u00e1s conforme al que, siendo Dios por naturaleza, quiso rebajarse por nosotros hasta el punto de hacerse no solamente hombre, sino el oprobio de los hombres y abyecci\u00f3n del pueblo<\/p>\n<p>El Sr. Vicente, despu\u00e9s de haber sido pac\u00edfico poseedor de la casa de San L\u00e1zaro, quiso en ese esp\u00edritu mantener siempre, aunque sin ninguna obligaci\u00f3n, la misma pr\u00e1ctica de humildad y de caridad, recibiendo en aquella casa a los pobres locos que todo el mundo rechaza y de los que nadie quiere encargarse, consider\u00e1ndolos como miembros d\u00e9biles de Jesucristo, y, en condici\u00f3n de tales, prest\u00e1ndoles todo el servicio y toda la asistencia corporal y espiritual de que son capaces.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta m\u00edstica Jerusal\u00e9n iba as\u00ed edific\u00e1ndose poco a poco, como una ciudad nueva, y las piedras vivas que deb\u00edan formar su estructura se recog\u00edan y se colocaban cada vez m\u00e1s por la pr\u00e1ctica de las &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-22\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":149583,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[266,5],"tags":[218,143,129],"class_list":["post-29887","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-escritos-de-luis-abelly","category-vicente-de-paul","tag-abelly","tag-san-lazaro","tag-urbano-viii"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Primero, Cap\u00edtulo 22 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/vida-de-san-vicente-de-paul-libro-primero-capitulo-22\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Vida de san Vicente de Pa\u00fal: Libro Primero, Cap\u00edtulo 22 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"Esta m\u00edstica Jerusal\u00e9n iba as\u00ed edific\u00e1ndose poco a poco, como una ciudad nueva, y las piedras vivas que deb\u00edan formar su estructura se recog\u00edan y se colocaban cada vez m\u00e1s por la pr\u00e1ctica de las ... 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