{"id":29321,"date":"2020-02-12T08:37:26","date_gmt":"2020-02-12T07:37:26","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=29321"},"modified":"2020-01-26T20:23:40","modified_gmt":"2020-01-26T19:23:40","slug":"lumen-gentium","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/","title":{"rendered":"Lumen Gentium"},"content":{"rendered":"<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p>La <em>Lumen gentium <\/em>es, sin duda, el documento magisterial m\u00e1s significativo y central del Vaticano II sobre eclesiolog\u00eda, m\u00e1s a\u00fan cuando comparte con la <em> Dei Verbum, <\/em>el documento por excelencia sobre la Revelaci\u00f3n, el significativo calificativo de constituci\u00f3n dogm\u00e1tica. La centralidad de la <em> Lumen gentium <\/em>se manifest\u00f3 de forma clara con motivo del S\u00ednodo de 1985 a los veinte a\u00f1os del Vaticano II, el cual sintetiz\u00f3 su documento final con una frase que recoge las cuatro constituciones conciliares y en la que la Iglesia es el \u00fanico sujeto: \u00abLa Iglesia (LG), bajo la palabra de Dios (DV), celebra los misterios de Cristo (SC) para la salvaci\u00f3n del mundo (GS)\u00bb.<\/p>\n<p>Ahora bien, la <em>Lumen gentium <\/em>tiene v\u00ednculos estrechos con los otros documentos conciliares. As\u00ed, gracias a la <em>Dei Verbum y <\/em>a la <em>Sacrosanctum concilium <\/em>se conoce mejor la dependencia de la Iglesia en relaci\u00f3n con la palabra de Dios y los sacramentos y, a su vez, gracias a la <em>Gaudium et spes, <\/em>se descubre con m\u00e1s amplitud la \u00abmisi\u00f3n\u00bb de la Iglesia en el mundo. Del mismo modo, diferentes decretos y declaraciones del Vaticano II desarrollan aspectos eclesiol\u00f3gicos relevantes, tales como los decretos sobre la actividad misionera de la Iglesia (AG) y sobre ecumenismo (UR), as\u00ed como la declaraci\u00f3n sobre las religiones no cristianas (NA). El resto de los documentos, en cambio, est\u00e1n orientados de forma prioritaria a cuestiones pr\u00e1cticas, pero en ellos se trasluce tambi\u00e9n la eclesiolog\u00eda fontal de la LG (por ejemplo, al tratar de los obispos, de los presb\u00edteros, de los religiosos, de los laicos, de las Iglesias orientales&#8230;).<\/p>\n<p>Notemos finalmente que con la <em>Lumen gentium, <\/em> especialmente con el cap\u00edtulo III sobre el episcopado, el Vaticano II retorna y contin\u00faa, aunque con un estilo diferente, el tema interrumpido en el Vaticano I, y esto ya muestra la importancia decisiva para la eclesiolog\u00eda de la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica <em>Lumen gentium.<\/em><\/div><\/div>\n<p style=\"text-align: center\">CONSTITUCI\u00d3N DOGM\u00c1TICA SOBRE LA IGLESIA<br \/>\n<b><i>LUMEN GENTIUM<\/i><\/b><\/p>\n<h2 style=\"text-align: center\">Cap\u00edtulo I: El misterio de la Iglesia<\/h2>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>La palabra \u00abmisterio\u00bb, que califica todo el cap\u00edtulo, ya no se sit\u00faa en la \u00f3rbita del Vaticano I que lo aplicaba a los contenidos \u00abmisteriosos\u00bb de la fe, sino que se refiere al concepto paulino de \u00abmisterio\u00bb como expresi\u00f3n del designio salvador de Dios para la salvaci\u00f3n del mundo (cf Ef 1,9s.; 3,3-10; Col 1,26s; idea ya presente en la apocal\u00edptica jud\u00eda). Esta palabra griega fue traducida al lat\u00edn como <em>sacramentum, <\/em>lo que dio motivo para la comprensi\u00f3n de la Iglesia como \u00absacramento\u00bb, formulaci\u00f3n patr\u00edstica retomada por diversos te\u00f3logos del siglo XX (H. de Lubac, O. Semmelroth, K. Rahner, E. Schillebeeckx&#8230;).<\/p>\n<p><strong><em>1. El proemio <\/em>(LG 1) <\/strong><\/p>\n<p>Se inicia con una afirmaci\u00f3n claramente cristoc\u00e9ntrica puesto que \u00abla luz de las gentes es Cristo\u00bb, situ\u00e1ndose la Iglesia a nivel sacramental, \u00abcomo un sacramento\u00bb, el cual se describe de acuerdo con las perspectivas de la teolog\u00eda sacramental: como \u00absigno\u00bb, que acent\u00faa el car\u00e1cter simb\u00f3lico de la presencia de Cristo (cf K. Rahner), y como \u00abinstrumento\u00bb, que subraya el car\u00e1cter eficaz de tal presencia (cf O. Semmelroth). A su vez, de forma totalmente sugerente, se pone de relieve \u00abla realidad \u00faltima\u00bb (la llamada <em>res sacramenti) <\/em>que comporta la Iglesia sacramento y que es \u00abla \u00edntima uni\u00f3n con Dios y la unidad del g\u00e9nero humano\u00bb, formulaci\u00f3n plena del significado propio de la salvaci\u00f3n como \u00abcom\u00fan-uni\u00f3n\u00bb que incluye la <em> filiaci\u00f3n <\/em>con Dios y la <em>fraternidad <\/em> entre los hombres.<\/div><\/div>\n<p><!-- Cristo es la luz de los pueblos. -->1. Cristo es la luz de los pueblos. Por ello este sacrosanto S\u00ednodo, reunido en el Esp\u00edritu Santo, desea ardientemente iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura (cf. <em>Mc<\/em> 16,15) con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia. Y porque la Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la uni\u00f3n \u00edntima con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano, ella se propone presentar a sus fieles y a todo el mundo con mayor precisi\u00f3n su naturaleza y su misi\u00f3n universal, abundando en la doctrina de los concilios precedentes. Las condiciones de nuestra \u00e9poca hacen m\u00e1s urgente este deber de la Iglesia, a saber, el que iodos los hombres, que hoy est\u00e1n m\u00e1s \u00edntimamente unidos por m\u00faltiples v\u00ednculos sociales t\u00e9cnicos y culturales, consigan tambi\u00e9n la unidad completa.<\/p>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p><strong><em>2. La Iglesia que procede de la Trinidad <\/em> (LG 2-4) <\/strong><\/p>\n<p>Desde una perspectiva b\u00edblica y siguiendo el designio de la salvaci\u00f3n, se explicita la realidad de la Iglesia a partir de la Trinidad. Se empieza por el Padre en LG 2 que manifiesta su designio para que todos los hombres puedan ser \u00abhijos de Dios\u00bb y por esto se enumeran las diversas etapas de este designio hist\u00f3rico de salvaci\u00f3n donde aparece la g\u00e9nesis de la Iglesia en una perspectiva procesual de cinco etapas: <em>\u00abprefigurada <\/em>ya desde el origen del mundo&#8230;\u00bb; <em>\u00abpreparada <\/em>en la historia del pueblo de Israel\u00bb; <em>\u00abconstituida <\/em>en estos \u00faltimos tiempos (con Cristo)\u00bb; <em> \u00abmanifestada <\/em>por la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu&#8230;\u00bb y llevada a \u00abla <em>plenitud <\/em> al fin de los siglos&#8230;\u00bb. Como s\u00edntesis de esta perspectiva procesual de la Iglesia, entendida aqu\u00ed como reuni\u00f3n universal de los convocados a la salvaci\u00f3n, LG 2 usa la f\u00f3rmula patr\u00edstico-medieval, particularmente divulgada por Y. Congar: \u00abLa Iglesia que procede de Abel\u00bb <em>(Ecclesia ab Abel). <\/em>Debe notarse aqu\u00ed que la palabra \u00abIglesia\u00bb, equivale a la expresi\u00f3n \u00abIglesia universal\u00bb, usada precisamente en la conclusi\u00f3n de la misma LG 2, la cual, de forma diferente a lo que acontece a lo largo de toda la LG, no se refiere s\u00f3lo a la Iglesia hist\u00f3rica que va de Pentecost\u00e9s hasta el fin de los tiempos, sino que aqu\u00ed es sin\u00f3nima del designio salvador de Dios Padre iniciado ya desde la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Hijo en LG 3 es presentado en el centro de la historia como concentraci\u00f3n personal del designio salvador antes descrito, siguiendo la doctrina paulina de la \u00abrecapitulaci\u00f3n universal\u00bb y de la \u00abfiliaci\u00f3n adoptiva\u00bb. A su vez, m\u00e1s que situar a Jesucristo como \u00abfundador hist\u00f3rico de la Iglesia\u00bb se insiste en el nacimiento simb\u00f3lico de la Iglesia a partir del misterio pascual \u00abpor la sangre y el agua surgidas del costado abierto de Jes\u00fas crucificado\u00bb, de acuerdo con la interpretaci\u00f3n patr\u00edstico-medieval de Jn 19,34, seg\u00fan la cual \u00abde los sacramentos \u2014eucarist\u00eda y bautismo\u2014 que brotaron del costado de Cristo en la cruz surgi\u00f3 la Iglesia\u00bb (Tom\u00e1s de Aquino).<\/p>\n<p>El Esp\u00edritu Santo en LG 4 es tratado de forma breve, aunque en un texto que condensa toda la visi\u00f3n pneumatol\u00f3gica de la Iglesia, ya que el Esp\u00edritu es visto como protagonista de la construcci\u00f3n y creaci\u00f3n de la Iglesia con una expresi\u00f3n-s\u00edntesis: \u00abEl Esp\u00edritu que habita en la Iglesia\u00bb <em>(Spiritus in Ecclesia). A <\/em> su vez, se multiplican las expresiones sobre su funci\u00f3n \u00absobre\u00bb y \u00aben\u00bb la Iglesia, ya que santifica, crea comuni\u00f3n, da vida, luz, verdad, libertad, resurrecci\u00f3n, fuerza, unidad&#8230; Su perspectiva final es la de \u00abunificar en la comuni\u00f3n y en el servicio\u00bb, \u00abrejuvenecer gracias a la fuerza del Evangelio\u00bb y \u00abconducir a la uni\u00f3n con Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>Como conclusi\u00f3n de LG 2-4 se cita la f\u00f3rmula eclesial-trinitaria de san Cipriano, en la que la Iglesia es descrita como \u00abun pueblo reunido por la unidad del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo\u00bb (la <em>Ecclesia de Trinitate).<\/em><\/p>\n<\/div><\/div>\n<p>2. El Padre Eterno, por una disposici\u00f3n lib\u00e9rrima y arcana de su sabidur\u00eda y bondad, cre\u00f3 todo el universo, decret\u00f3 elevar a los hombres a participar de la vida divina, y como ellos hubieran pecado en Ad\u00e1n, no los abandon\u00f3, antes bien les dispens\u00f3 siempre los auxilios para la salvaci\u00f3n, en atenci\u00f3n a Cristo Redentor, \u00abque es la imagen de Dios invisible, primog\u00e9nito de toda criatura\u00bb (<em>Col<\/em> 1,15). A todos los elegidos, el Padre, antes de todos los siglos, \u00ablos conoci\u00f3 de antemano y los predestin\u00f3 a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que \u00e9ste sea el primog\u00e9nito entre muchos hermanos\u00bb (<em>Rm<\/em> 8,29). Y estableci\u00f3 convocar a quienes creen en Cristo en la santa Iglesia, que ya fue prefigurada desde el origen del mundo, preparada admirablemente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza,<span id='easy-footnote-1-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-1-29321' title='Cf. San Cipriano, &lt;em&gt;Epist.&lt;\/em&gt; 64, 4; PL 3, 1.017. CSEL (Hartel) III B. p. 720 San Hilario Pict.,&lt;em&gt; In Mt.&lt;\/em&gt;, 23, 6: PL 9, 1.047. San Agust\u00edn, &lt;em&gt;passim&lt;\/em&gt;. San Cirilo Alej., &lt;em&gt;Glaph. in Gen.&lt;\/em&gt; 2, 10: PG 69, 110A.'><sup>1<\/sup><\/a><\/span> constituida en los tiempos definitivos, manifestada por la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu y que se consumar\u00e1 gloriosamente al final de los tiempos. Entonces, como se lee en los Santos Padres, todos los justos desde Ad\u00e1n, \u00abdesde el justo Abel hasta el \u00faltimo elegido\u00bb,<span id='easy-footnote-2-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-2-29321' title='Cf. San Gregorio M., &lt;em&gt;Hom. in Evang.&lt;\/em&gt;, 19, 1: PL 76 1.154 B. San Agust\u00edn, &lt;em&gt;Serm.&lt;\/em&gt;, 341, 9, 11: PL 39, 1.499 s. San J. Damasceno, &lt;em&gt;Adv. iconocl.&lt;\/em&gt;, 11: PG 96, 1357.'><sup>2<\/sup><\/a><\/span> ser\u00e1n congregados en una Iglesia universal en la casa del Padre.<\/p>\n<p><!-- Cristo, pues, en cumplimiento de la voluntad del Padre, inaugur\u00f3 en la tierra el reino de los cielos. -->3. Vino, por tanto, el Hijo, enviado por el Padre, quien nos eligi\u00f3 en El antes de la creaci\u00f3n del mundo y nos predestin\u00f3 a ser hijos adoptivos, porque se complaci\u00f3 en restaurar en El todas las cosas (cf. <em>Ef<\/em> 1,4-5 y 10). As\u00ed, pues, Cristo, en cumplimiento de la voluntad del Padre, inaugur\u00f3 en la tierra el reino de los cielos, nos revel\u00f3 su misterio y con su obediencia realiz\u00f3 la redenci\u00f3n. La Iglesia o reino de Cristo, presente actualmente en misterio, por el poder de Dios crece visiblemente en el mundo. Este comienzo y crecimiento est\u00e1n simbolizados en la sangre y en el agua que manaron del costado abierto de Cristo crucificado (cf. <em>Jn<\/em> 19,34) y est\u00e1n profetizados en las palabras de Cristo acerca de su muerte en la cruz: \u00abY yo, si fuere levantado de la tierra, atraer\u00e9 a todos a m\u00ed\u00bb (<em>Jn<\/em> 12,32 gr.). La obra de nuestra redenci\u00f3n se efect\u00faa cuantas veces se celebra en el altar el sacrificio de la cruz, por medio del cual \u00abCristo, que es nuestra Pascua, ha sido inmolado\u00bb (<em>1 Co<\/em> 5,7). Y, al mismo tiempo, la unidad de los fieles, que constituyen un solo cuerpo en Cristo, est\u00e1 representada y se realiza por el sacramento del pan eucar\u00edstico (cf. <em>1 Co<\/em> 10,17). Todos los hombres est\u00e1n llamados a esta uni\u00f3n con Cristo, luz del mundo, de quien procedemos, por quien vivimos y hacia quien caminamos.<\/p>\n<p>4. Consumada la obra que el Padre encomend\u00f3 realizar al Hijo sobre la tierra (cf. <em>Jn<\/em> 17,4), fue enviado el Esp\u00edritu Santo el d\u00eda de Pentecost\u00e9s a fin de santificar indefinidamente la Iglesia y para que de este modo los fieles tengan acceso al Padre por medio de Cristo en un mismo Esp\u00edritu (cf. <em>Ef<\/em> 2,18). El es el Esp\u00edritu de vida o la fuente de agua que salta hasta la vida eterna (cf. <em> Jn<\/em> 4,14; 7,38-39), por quien el Padre vivifica a los hombres, muertos por el pecado, hasta que resucite sus cuerpos mortales en Cristo (cf. <em>Rm<\/em> 8,10-11). El Esp\u00edritu habita en la Iglesia y en el coraz\u00f3n de los fieles como en un templo (cf. <em>1 Co<\/em> 3,16; 6,19), y en ellos ora y da testimonio de su adopci\u00f3n como hijos (cf. <em>Ga<\/em> 4,6; <em>Rm<\/em> 8,15-16 y 26). Gu\u00eda la Iglesia a toda la verdad (cf. <em>Jn<\/em> 16, 13), la unifica en comuni\u00f3n y ministerio, la provee y gobierna con diversos dones jer\u00e1rquicos y carism\u00e1ticos y la embellece con sus frutos (cf. <em>Ef<\/em> 4,11-12; <em>1 Co<\/em> 12,4; <em>Ga<\/em> 5,22). Con la fuerza del Evangelio rejuvenece la Iglesia, la renueva incesantemente y la conduce a la uni\u00f3n consumada con su Esposo.<span id='easy-footnote-3-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-3-29321' title='Cf. San Ireneo, &lt;em&gt;Adv. Haer.&lt;\/em&gt;, III, 24, 1; PG 7, 966. Harvey, 2, 131: ed. Sagnard. &lt;em&gt;Sources Chr.&lt;\/em&gt;, p. 398.'><sup>3<\/sup><\/a><\/span> En efecto, el Esp\u00edritu y la Esposa dicen al Se\u00f1or Jes\u00fas: \u00a1Ven! (cf. <em>Ap<\/em> 22,17).<\/p>\n<p>Y as\u00ed toda la Iglesia aparece como \u00abun pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Esp\u00edritu Santo\u00bb.<span id='easy-footnote-4-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-4-29321' title='San Cipriano, &lt;em&gt;De Orat. Dom.&lt;\/em&gt;, 23: PL 4, 553. Hartel, III A. p. 285. San Agust\u00edn, &lt;em&gt;Serm.&lt;\/em&gt;, 71, 20, 53: PL 38, 463 s. San J. Damasceno, &lt;em&gt;Adv. iconocl.&lt;\/em&gt;, 12: PG 96, 1358D.'><sup>4<\/sup><\/a><\/span>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p><em><strong>3. Las met\u00e1foras b\u00edblicas sobre la Iglesia <\/strong><\/em><strong>(LG 5-6)<\/strong><\/p>\n<p>Se ampl\u00eda el horizonte de las im\u00e1genes sobre la Iglesia a partir de las met\u00e1foras b\u00edblicas en torno a la categor\u00eda central de reino de Dios (LG 5), el cual no se identifica con la Iglesia, puesto que s\u00f3lo se da plenamente en Cristo. La Iglesia, por tanto, \u00abinstaura\u00bb este Reino en el sentido de que es \u00abgermen e inicio\u00bb, y no realidad plena y perfecta, y tiene la misi\u00f3n de \u00abanunciarlo\u00bb. A su vez, \u00abla \u00edntima naturaleza de la Iglesia tambi\u00e9n aparece con diferentes im\u00e1genes\u00bb (LG 6), tales como: \u00abredil\u00bb, \u00abcultivo y campo de Dios\u00bb, \u00abconstrucci\u00f3n de Dios\u00bb, \u00abfamilia\u00bb, \u00abtemplo\u00bb, \u00abmadre\u00bb, \u00abciudad santa\u00bb y, finalmente, \u00abesposa\u00bb en camino hacia \u00abla plena gloria\u00bb.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<p><!-- Este Reino comienza a manifestarse como una luz delante de los hombres, por la palabra, por las obras y por la presencia de Cristo. -->5. El misterio de la santa Iglesia se manifiesta en su fundaci\u00f3n. Pues nuestro Se\u00f1or Jes\u00fas dio comienzo a la Iglesia predicando la buena nueva, es decir, la llegada del reino de Dios prometido desde siglos en la Escritura: \u00abPorque el tiempo est\u00e1 cumplido, y se acerc\u00f3 el reino de Dios\u00bb (<em>Mc<\/em> 1,15; cf. <em>Mt<\/em> 4,17). Ahora bien, este reino brilla ante los hombres en la palabra, en las obras y en la presencia de Cristo. La palabra de Dios se compara a una semilla sembrada en el campo (cf. <em>Mc<\/em> 4,14): quienes la oyen con fidelidad y se agregan a la peque\u00f1a grey de Cristo (cf. <em>Lc<\/em> 12,32), \u00e9sos recibieron el reino; la semilla va despu\u00e9s germinando poco a poco y crece hasta el tiempo de la siega (cf. <em>Mc<\/em> 4,26-29). Los milagros de Jes\u00fas, a su vez, confirman que el reino ya lleg\u00f3 a la tierra: \u00abSi expulso los demonios por el dedo de Dios, sin duda que el reino de Dios ha llegado a vosotros\u00bb (<em>Lc<\/em> 11,20; cf. <em>Mt<\/em> 12,28). Pero, sobre todo, el reino se manifiesta en la persona misma de Cristo, Hijo de Dios e Hijo del hombre, quien vino \u00aba servir y a dar su vida para la redenci\u00f3n de muchos\u00bb (<em>Mc<\/em> 10,45).<\/p>\n<p>Mas como Jes\u00fas, despu\u00e9s de haber padecido muerte de cruz por los hombres, resucit\u00f3, se present\u00f3 por ello constituido en Se\u00f1or, Cristo y Sacerdote para siempre (cf. <em>Hch<\/em> 2,36; <em>Hb<\/em> 5,6; 7,17-21) y derram\u00f3 sobre sus disc\u00edpulos el Esp\u00edritu prometido por el Padre (cf. <em>Hch<\/em> 2,33). Por esto la Iglesia, enriquecida con los dones de su Fundador y observando fielmente sus preceptos de caridad, humildad y abnegaci\u00f3n, recibe la misi\u00f3n de anunciar el reino de Cristo y de Dios e instaurarlo en todos los pueblos, y constituye en la tierra el germen y el principio de ese reino. Y, mientras ella paulatinamente va creciendo, anhela simult\u00e1neamente el reino consumado y con todas sus fuerzas espera y ansia unirse con su Rey en la gloria.<\/p>\n<p>6. Del mismo modo que en el Antiguo Testamento la revelaci\u00f3n del reino se propone frecuentemente en figuras, as\u00ed ahora la naturaleza \u00edntima de la Iglesia se nos manifiesta tambi\u00e9n mediante diversas im\u00e1genes tomadas de la vida pastoril, de la agricultura, de la edificaci\u00f3n, como tambi\u00e9n de la familia y de los esponsales, las cuales est\u00e1n ya insinuadas en los libros de los profetas.<\/p>\n<p>As\u00ed la Iglesia es un redil, cuya \u00fanica y obligada puerta es Cristo (cf.<em> Jn<\/em> 10,1-10). Es tambi\u00e9n una grey, de la que el mismo Dios se profetiz\u00f3 Pastor (cf. <em>Is<\/em> 40,11; <em>Ez<\/em> 34,11 ss), y cuyas ovejas, aunque conducidas ciertamente por pastores humanos, son, no obstante, guiadas y alimentadas continuamente por el mismo Cristo, buen Pastor y Pr\u00edncipe de los pastores (cf. <em>Jn<\/em> 10,11; <em>1 P<\/em> 5,4), que dio su vida por las ovejas (cf. <em>Jn<\/em> 10,11-15).<\/p>\n<p>La Iglesia es labranza, o arada de Dios (cf. <em>1 Co<\/em> 3,9). En ese campo crece el vetusto olivo, cuya ra\u00edz santa fueron los patriarcas, y en el cual se realiz\u00f3 y concluir\u00e1 la reconciliaci\u00f3n de los jud\u00edos y gentiles (cf. <em>Rm<\/em> 11,13- 26). El celestial Agricultor la plant\u00f3 como vi\u00f1a escogida (cf. <em>Mt<\/em> 21,33-34 par.; cf. <em>Is<\/em> 5,1 ss). La verdadera vid es Cristo, que comunica vida y fecundidad a los sarmientos, que somos nosotros, que permanecemos en El por medio de la Iglesia, y sin El nada podemos hacer (cf. <em>Jn<\/em> 15,1-5).<\/p>\n<p>A veces tambi\u00e9n la Iglesia es designada como edificaci\u00f3n de Dios (cf. <em>1 Co<\/em> 3,9). El mismo Se\u00f1or se compar\u00f3 a la piedra que rechazaron los constructores, pero que fue puesta como piedra angular (cf. <em>Mt<\/em> 21,42 par.; <em>Hch<\/em> 4,11; <em>1 P<\/em> 2,7; <em>Sal<\/em> 117,22). Sobre este fundamento los Ap\u00f3stoles levantan la Iglesia (cf. <em>1 Co<\/em> 3,11) y de \u00e9l recibe esta firmeza y cohesi\u00f3n. Esta edificaci\u00f3n recibe diversos nombres: casa de Dios (cf. <em>1 Tm<\/em> 3,15), en que habita su familia; habitaci\u00f3n de Dios en el Esp\u00edritu (cf. <em>Ef<\/em> 2,19-22), tienda de Dios entre los hombres (<em>Ap<\/em> 21,3) y sobre todo templo santo, que los Santos Padres celebran como representado en los templos de piedra, y la liturgia, no sin raz\u00f3n, la compara a la ciudad santa, la nueva Jerusal\u00e9n.<span id='easy-footnote-5-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-5-29321' title='Cf. Or\u00edgenes. &lt;em&gt;In Mt.&lt;\/em&gt;, 16, 21: PG 13, 1.443C; Tertuliano, &lt;em&gt;Adv. Mar.&lt;\/em&gt;, 3, 7: PL 2, 357C: CSEL 47, 3, p. 386. Para los documentos lit\u00fargicos, cf. &lt;em&gt;Sacramentarium Gregorianum:&lt;\/em&gt; PL 76, 160B; o bien C. Mohlberg, &lt;em&gt;Liber Sacramentorum Romanae Ecclesiae&lt;\/em&gt;, Roma, 1960, p. 111 XC: \u00abDeus qui ex omni coaptatione sanctorum aeternum tibi condis habitaculum&amp;#8230;\u00bb. El himno &lt;em&gt;Urbis Ierusalem beata,&lt;\/em&gt; en el Breviario mon\u00e1stico, y &lt;em&gt;Caelestis urbs Ierusalem,&lt;\/em&gt; en el Breviario Romano.'><sup>5<\/sup><\/a><\/span> Efectivamente, en este mundo servimos, cual piedras vivas, para edificarla (cf. <em>1 P<\/em> 2,5). San Juan contempla esta ciudad santa y bajando, en la renovaci\u00f3n del mundo, de junto a Dios, ataviada como esposa engalanada para su esposo (<em>Ap<\/em> 21,1 s).<\/p>\n<p>La Iglesia, llamada \u00abJerusal\u00e9n de arriba\u00bb y \u00abmadre nuestra\u00bb (<em>Ga<\/em> 4,26; cf. <em>Ap<\/em> 12,17), es tambi\u00e9n descrita como esposa inmaculada del Cordero inmaculado (cf. <em>Ap<\/em> 19,7; 21,2 y 9; 22,17), a la que Cristo \u00abam\u00f3 y se entreg\u00f3 por ella para santificarla\u00bb (<em>Ef<\/em> 5,25-26), la uni\u00f3 consigo en pacto indisoluble e incesantemente la \u00abalimenta y cuida\u00bb (<em>Ef<\/em> 5,29); a ella, libre de toda mancha, la quiso unida a s\u00ed y sumisa por el amor y la fidelidad (cf. <em>Ef<\/em> 5,24), y, en fin, la enriqueci\u00f3 perpetuamente con bienes celestiales, para que comprendi\u00e9ramos la caridad de Dios y de Cristo hacia nosotros, que supera toda ciencia (cf. <em>Ef<\/em> 3,19). Sin embargo, mientras la Iglesia camina en esta tierra lejos del Se\u00f1or (cf. <em>2 Co<\/em> 5,6), se considera como en destierro, buscando y saboreando las cosas de arriba, donde Cristo est\u00e1 sentado a la derecha de Dios, donde la vida de la Iglesia est\u00e1 escondida con Cristo en Dios hasta que aparezca con su Esposo en la gloria (cf. <em>Col<\/em> 3,1-4).<\/p>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p><strong>4. <em>A la luz <\/em><\/strong><strong><em>del misterio cristol\u00f3gico <\/em>(LG 7-8)<\/strong><\/p>\n<p>Se trata de dos textos decisivos, especialmente LG 8, muy debatidos en el concilio y que muestran una doble faz: lo que es Cristo para la Iglesia (LG 7) y lo que es la Iglesia para Cristo (LG 8). El primer texto parte de la afirmaci\u00f3n de la Iglesia como cuerpo de Cristo en referencia a la enc\u00edclica <em>Mystici corporis <\/em>(1943) de P\u00edo XII, aunque lo hace de una forma muy sint\u00e9tica que \u00abredimensiona\u00bb este concepto al situarlo en medio de los otros enumerados anteriormente y, a su vez, lo complementa en la conclusi\u00f3n con otra met\u00e1fora, la de \u00abesposa de Cristo\u00bb, que subraya la diferencia entre Cristo y la Iglesia.<\/p>\n<p>LG 8, que cierra el primer cap\u00edtulo y forma una inclusi\u00f3n con LG 1, representa, sin duda, uno de los puntos \u00e1lgidos de toda la LG al tratar de \u00abla Iglesia realidad visible e invisible\u00bb. He aqu\u00ed los puntos m\u00e1s relevantes de su primer p\u00e1rrafo: la Iglesia es descrita bellamente como \u00abcomunidad de fe, de esperanza y de amor\u00bb; es \u00absociedad y cuerpo m\u00edstico\u00bb, \u00abasamblea visible y comunidad espiritual\u00bb, \u00abIglesia de la tierra e Iglesia celestial\u00bb, ya que ambas dimensiones forman \u00abuna sola realidad compleja, hecha de un elemento humano y de otro de divino\u00bb; de ah\u00ed la \u00abprofunda analog\u00eda con el misterio del Verbo encarnado\u00bb, de tal forma que \u00abel organismo social de la Iglesia est\u00e1 al servicio del Esp\u00edritu de Cristo <em>(Spiritui Christi inservit)\u00bb. <\/em>Afirmaciones todas ellas, y especialmente la \u00faltima, que iluminan el sentido de la visibilidad eclesial que debe estar siempre \u00abal servicio del Esp\u00edritu de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>El segundo p\u00e1rrafo afronta la decisiva cuesti\u00f3n de la unicidad de la Iglesia. Se afirma que la Iglesia querida por Cristo, \u00abuna, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica\u00bb, muestra su car\u00e1cter plenamente apost\u00f3lico en cuanto est\u00e1 confiada a Pedro y a los otros ap\u00f3stoles. Por esto se afirma de esta Iglesia que, en cuanto sociedad hist\u00f3rica, \u00absubsiste (o perdura) en <em>(subsistit in) <\/em>la Iglesia cat\u00f3lica gobernada por el sucesor de Pedro\u00bb. En el texto anterior se le\u00eda \u00abes\u00bb en vez de \u00absubsiste en\u00bb; tal cambio se realiz\u00f3, seg\u00fan se explic\u00f3 en el mismo concilio, para que de esta forma se expresase mejor la existencia de diversos elementos de eclesialidad que se encuentran \u00abfuera de la visibilidad\u00bb <em>(extra eius compaginen) <\/em>de la Iglesia de Roma. Esta visi\u00f3n se reencuentra m\u00e1s tarde en LG 15 y el decreto sobre el ecumenismo (UR 3-4), donde la relaci\u00f3n entre la Iglesia de Roma y las otras Iglesias es concebida como una relaci\u00f3n gradual de participaci\u00f3n, integridad o plenitud, teniendo en cuenta que en la Iglesia de Roma hay presentes institucionalmente todos los elementos queridos por Cristo y, en cambio, en las otras Iglesias existe carencia o defecto de algunos elementos, aunque no haya ausencia de eclesialidad, especialmente teniendo presente el bautismo.<\/p>\n<p>El \u00faltimo p\u00e1rrafo de LG 8 se centra en una tem\u00e1tica muy presente durante la celebraci\u00f3n del Vaticano II, como era el de la Iglesia de los pobres y, a su vez, sobre la cuesti\u00f3n del \u00abpecado\u00bb en la Iglesia (cf los famosos estudios previos al concilio de H. U. von Balthasar sobre la Iglesia como <em>casta meretrix y <\/em> de K. Rahner sobre \u00abel pecado en la Iglesia\u00bb). Sobre este punto, y con una clara referencia ecum\u00e9nica, se recupera la expresi\u00f3n patr\u00edstico-medieval que afirma \u00abla Iglesia santa que incluye en su propio seno a pecadores\u00bb, ya que es \u00aba su vez santa pero siempre necesitada de purificaci\u00f3n\u00bb, textos donde respira la f\u00f3rmula de Lutero sobre la Iglesia \u00abque siempre se debe reformar\u00bb <em>(semper reformanda: <\/em>verbo que se usar\u00e1 en UR 6). Una bella imagen de la Iglesia \u00abperegrina\u00bb completa y cierra este n\u00famero decisivo de la <em>Lumen gentium.<\/em><\/p>\n<\/div><\/div>\n<p>7. El Hijo de Dios, en la naturaleza humana unida a s\u00ed, redimi\u00f3 al hombre, venciendo la muerte con su muerte y resurrecci\u00f3n, y lo transform\u00f3 en una nueva criatura (cf. <em>Ga<\/em> 6,15; <em>2 Co<\/em> 5,17). Y a sus hermanos, congregados de entre todos los pueblos, los constituy\u00f3 m\u00edsticamente su cuerpo, comunic\u00e1ndoles su esp\u00edritu.<\/p>\n<p>En ese cuerpo, la vida de Cristo se comunica a los creyentes, quienes est\u00e1n unidos a Cristo paciente y glorioso por los sacramentos, de un modo arcano, pero real.<span id='easy-footnote-6-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-6-29321' title='Cf. Santo Tom\u00e1s, &lt;em&gt;Summa Theol&lt;\/em&gt;., III, q. 62, a. 5, ad 1.'><sup>6<\/sup><\/a><\/span> Por el bautismo, en efecto, nos configuramos en Cristo: \u00abporque tambi\u00e9n todos nosotros hemos sido bautizados en un solo Esp\u00edritu\u00bb (<em>1 Co<\/em> 12,13), ya que en este sagrado rito se representa y realiza el consorcio con la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo: \u00abCon El fuimos sepultados por el bautismo para participar de su muerte; mas, si hemos sido injertados en El por la semejanza de su muerte, tambi\u00e9n lo seremos por la de su resurrecci\u00f3n\u00bb (<em>Rm<\/em> 6,4-5). Participando realmente del Cuerpo del Se\u00f1or en la fracci\u00f3n del pan eucar\u00edstico, somos elevados a una comuni\u00f3n con El y entre nosotros. \u00abPorque el pan es uno, somos muchos un solo cuerpo, pues todos participamos de ese \u00fanico pan\u00bb (<em>1 Co<\/em> 10,17). As\u00ed todos nosotros nos convertimos en miembros de ese Cuerpo (cf. <em>1 Co<\/em> 12,27) \u00aby cada uno es miembro del otro\u00bb (<em>Rm<\/em> 12,5).<\/p>\n<p>Y del mismo modo que todos los miembros del cuerpo humano, aun siendo muchos, forman, no obstante, un solo cuerpo, as\u00ed tambi\u00e9n los fieles en Cristo (cf. <em>1 Co<\/em> 12, 12). Tambi\u00e9n en la constituci\u00f3n del cuerpo de Cristo est\u00e1 vigente la diversidad de miembros y oficios. Uno solo es el Esp\u00edritu, que distribuye sus variados dones para el bien de la Iglesia seg\u00fan su riqueza y la diversidad de ministerios (<em>1 Co<\/em> 12,1-11). Entre estos dones resalta la gracia de los Ap\u00f3stoles, a cuya autoridad el mismo Esp\u00edritu subordina incluso los carism\u00e1ticos (cf. <em>1 Co<\/em> 14). El mismo produce y urge la caridad entre los fieles, unificando el cuerpo por s\u00ed y con su virtud y con la conexi\u00f3n interna de los miembros. Por consiguiente, si un miembro sufre en algo, con \u00e9l sufren todos los dem\u00e1s; o si un miembro es honrado, gozan conjuntamente los dem\u00e1s miembros (cf.<em>1 Co<\/em> 12,26).<\/p>\n<p>La Cabeza de este cuerpo es Cristo. El es la imagen de Dios invisible, y en El fueron creadas todas las cosas. El es antes que todos, y todo subsiste en El. El es la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia. El es el principio, el primog\u00e9nito de los muertos, de modo que tiene la primac\u00eda en todas las cosas (cf. <em>Col<\/em> 1,15-18). Con la grandeza de su poder domina los cielos y la tierra y con su eminente perfecci\u00f3n y acci\u00f3n llena con las riquezas de su gloria todo el cuerpo (cf. <em>Ef<\/em> 1,18-23).<span id='easy-footnote-7-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-7-29321' title='Cf. P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt;Mystici Corporis&lt;\/em&gt;, 29 jun. 1943: AAS 35 (1943), p. 208.'><sup>7<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Es necesario que todos los miembros se hagan conformes a El hasta el extremo de que Cristo quede formado en ellos (cf. <em>Ga<\/em> 4,19). Por eso somos incorporados a los misterios de su vida, configurados con El, muertos y resucitados con El, hasta que con El reinemos (cf. <em>Flp<\/em> 3,21; <em>2 Tm<\/em> 2,11; <em>Ef<\/em> 2,6; <em>Col<\/em> 2,12, etc.). Peregrinando todav\u00eda sobre la tierra, siguiendo de cerca sus pasos en la tribulaci\u00f3n y en la persecuci\u00f3n, nos asociamos a sus dolores como el cuerpo a la cabeza, padeciendo con El a fin de ser glorificados con El (cf. <em>Rm<\/em> 8,17).<\/p>\n<p>Por El \u00abtodo el cuerpo, alimentado y trabado por las coyunturas: y ligamentos, crece en aumento divino\u00bb (<em>Col<\/em> 2, 19). El mismo conforta constantemente su cuerpo, que es la Iglesia, con los dones de los ministerios, por los cuales, con la virtud derivada de El, nos prestamos mutuamente los servicios para la salvaci\u00f3n, de modo que, viviendo la verdad en caridad, crezcamos por todos los medios en El, que es nuestra Cabeza (cf. <em>Ef<\/em> 4,11-16 gr.).<\/p>\n<p>Y para que nos renov\u00e1ramos incesantemente en El (cf. <em>Ef<\/em> 4,23), nos concedi\u00f3 participar de su Esp\u00edritu, quien, siendo uno solo en la Cabeza y en los miembros, de tal modo vivifica todo el cuerpo, lo une y lo mueve, que su oficio pudo ser comparado por los Santos Padres con la funci\u00f3n que ejerce el principio de vida o el alma en el cuerpo humano.<span id='easy-footnote-8-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-8-29321' title='Cf. Le\u00f3n XIII, enc. &lt;em&gt; Divinum illud,&lt;\/em&gt; 9 mayo 1897: AAS 29 (1896-1807), p. 650. P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt;Mystici Corporis&lt;\/em&gt;, l. c., pp. 219-220. Denz., 2.288 (3807), San Agust\u00edn, &lt;em&gt;Serm&lt;\/em&gt;., 268, 2: PL 38, 1232, y en otros sitios; San J. Cris\u00f3stomo, &lt;em&gt;In Eph. Hom.&lt;\/em&gt;, 9, 3: PG 62, 72. D\u00eddimo Alej., &lt;em&gt;Trin.&lt;\/em&gt;, 2, 1: PG 39, 449 s.; Santo Tom\u00e1s, &lt;em&gt;In Col.&lt;\/em&gt;, 1, 18, lect. 5; ed. Marietti, II, n. 46: \u00abAs\u00ed como se constituye un solo cuerpo por la unidad del alma, as\u00ed la Iglesia por la unidad del Esp\u00edritu&amp;#8230;\u00bb.'><sup>8<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Cristo, en verdad, ama a la Iglesia como a su esposa, convirti\u00e9ndose en ejemplo del marido, que ama a su esposa como a su propio cuerpo (cf. <em>Ef<\/em> 5,25-28). A su vez, la Iglesia le est\u00e1 sometida como a su Cabeza (<em>ib.<\/em> 23-24). \u00abPorque en El habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad\u00bb (<em>Col<\/em> 2,9), colma de bienes divinos a la Iglesia, que es su cuerpo y su plenitud (cf. <em>Ef<\/em> 1, 22-23), para que tienda y consiga toda la plenitud de Dios (cf. <em>Ef<\/em> 3,19).<\/p>\n<p>8. Cristo, el \u00fanico Mediador, instituy\u00f3 y mantiene continuamente en la tierra a su Iglesia santa, comunidad de fe, esperanza y caridad, como un todo visible,<span id='easy-footnote-9-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-9-29321' title='Le\u00f3n XIII, enc. &lt;em&gt;Sapientiae christianae&lt;\/em&gt;, 10 jun. 1890: ASS 22 (1889-90), p. 392; Id. enc. &lt;em&gt; Satis cognitum,&lt;\/em&gt; 29 jun. 1896: ASS 28 (1895-96), pp. 710 y 724ss; P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt;Mystici Corporis&lt;\/em&gt;, l. c., pp. 199-200.'><sup>9<\/sup><\/a><\/span> comunicando mediante ella la verdad y la gracia a todos. Mas la sociedad provista de sus \u00f3rganos jer\u00e1rquicos y el Cuerpo m\u00edstico de Cristo, la asamblea visible y la comunidad espiritual, la Iglesia terrestre y la Iglesia enriquecida con los bienes celestiales, no deben ser consideradas como dos cosas distintas, sino que m\u00e1s bien forman una realidad compleja que est\u00e1 integrada de un elemento humano y otro divino.<span id='easy-footnote-10-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-10-29321' title='Cf. P\u00edo XII. enc. &lt;em&gt;Mystici Corporis&lt;\/em&gt;, l. c., p\u00e1gina 221 ss; Id. enc. &lt;em&gt; Humani generis,&lt;\/em&gt; 12 agosto 1950: AAS 42 (1950) 571.'><sup>10<\/sup><\/a><\/span> Por eso se la compara, por una notable analog\u00eda, al misterio del Verbo encarnado, pues as\u00ed como la naturaleza asumida sirve al Verbo divino como de instrumento vivo de salvaci\u00f3n unido indisolublemente a El, de modo semejante la articulaci\u00f3n social de la Iglesia sirve al Esp\u00edritu Santo, que la vivifica, para el acrecentamiento de su cuerpo (cf. <em>Ef<\/em> 4,16).<span id='easy-footnote-11-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-11-29321' title='Le\u00f3n XIII, enc. &lt;em&gt; Satis cognitum,&lt;\/em&gt; l. c. p. 713.'><sup>11<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Esta es la \u00fanica Iglesia de Cristo, que en el S\u00edmbolo confesamos como una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica,<span id='easy-footnote-12-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-12-29321' title='Cf.&lt;em&gt; Symbolum Apostolicum:&lt;\/em&gt; Denz., 6-9 (10-13): &lt;em&gt;Symb. Nic.-Const.&lt;\/em&gt;: Denz., 86 (150); col. &lt;em&gt;Prof. fidei Trid.&lt;\/em&gt;: Denz., 994 y 999 (1862 y 1868).'><sup>12<\/sup><\/a><\/span> y que nuestro Salvador, despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n, encomend\u00f3 a Pedro para que la apacentara (cf. <em>Jn<\/em> 21,17), confi\u00e1ndole a \u00e9l y a los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles su difusi\u00f3n y gobierno (cf. <em>Mt<\/em> 28,18 ss), y la erigi\u00f3 perpetuamente como columna y fundamento de la verdad (cf.<em>1 Tm <\/em>3,15). Esta Iglesia, establecida y organizada en este mundo como una sociedad, subsiste en la Iglesia cat\u00f3lica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los Obispos en comuni\u00f3n con \u00e9l<span id='easy-footnote-13-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-13-29321' title='Se dice \u00abSanta (cat\u00f3lica apost\u00f3lica) Romana Iglesia\u00bb: en &lt;em&gt;Prof. fidei Trid.&lt;\/em&gt;, 1. c., y Conc. Vat. I. const. dogm. de fe cat\u00f3lica &lt;em&gt;Dei Filius&lt;\/em&gt;: Denz., 1782 (3001).'><sup>13<\/sup><\/a><\/span> si bien fuera de su estructura se encuentren muchos elementos de santidad y verdad que, como bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen hacia la unidad cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>Pero como Cristo realiz\u00f3 la obra de la redenci\u00f3n en pobreza y persecuci\u00f3n, de igual modo la Iglesia est\u00e1 destinada a recorrer el mismo camino a fin de comunicar los frutos de la salvaci\u00f3n a los hombres. Cristo Jes\u00fas, \u00abexistiendo en la forma de Dios&#8230;, se anonad\u00f3 a s\u00ed mismo, tomando la forma de siervo\u00bb (<em>Flp<\/em> 2,6-7), y por nosotros \u00abse hizo pobre, siendo rico\u00bb (<em>2 Co<\/em> 8,9); as\u00ed tambi\u00e9n la Iglesia, aunque necesite de medios humanos para cumplir su misi\u00f3n, no fue instituida para buscar la gloria terrena, sino para proclamar la humildad y la abnegaci\u00f3n, tambi\u00e9n con su propio ejemplo. Cristo fue enviado por el Padre a \u00abevangelizar a los pobres y levantar a los oprimidos\u00bb (<em>Lc<\/em> 4,18), \u00abpara buscar y salvar lo que estaba perdido\u00bb (<em>Lc<\/em> 19,10); as\u00ed tambi\u00e9n la Iglesia abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana; m\u00e1s a\u00fan, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en remediar sus necesidades y procura servir en ellos a Cristo. Pues mientras Cristo, \u00absanto, inocente, inmaculado\u00bb (<em>Hb<\/em> 7,26), no conoci\u00f3 el pecado (cf. <em>2 Co<\/em> 5,21), sino que vino \u00fanicamente a expiar los pecados del pueblo (cf. <em>Hb<\/em> 2,17), la Iglesia encierra en su propio seno a pecadores, y siendo al mismo tiempo santa y necesitada de purificaci\u00f3n, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La Iglesia \u00abva peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios\u00bb<span id='easy-footnote-14-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-14-29321' title='San Agust\u00edn, &lt;em&gt;De civ. Dei.&lt;\/em&gt;, XVIII, 51, 2: PL 41, 614'><sup>14<\/sup><\/a><\/span> anunciando la cruz del Se\u00f1or hasta que venga (cf. <em>1 Co<\/em> 11,26). Est\u00e1 fortalecida, con la virtud del Se\u00f1or resucitado, para triunfar con paciencia y caridad de sus aflicciones y dificultades, tanto internas como externas, y revelar al mundo fielmente su misterio, aunque sea entre penumbras, hasta que se manifieste en todo el esplendor al final de los tiempos.<\/p>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p>El sentido de este cap\u00edtulo radica en que indica qui\u00e9n es esta Iglesia-sacramento: el Pueblo de Dios. A su vez, este cap\u00edtulo hace emerger por encima de todas las diferentes met\u00e1foras de la Iglesia la de \u00abpueblo de Dios\u00bb, superando as\u00ed tanto la categor\u00eda de \u00absociedad perfecta\u00bb como la de \u00abCuerpo de Cristo\u00bb tan presentes antes del Vaticano II. De hecho, la met\u00e1fora \u00abpueblo de Dios\u00bb sirve para superar la dualidad entre clero y laicado, liga \u00edntimamente la Iglesia e Israel, ayuda a dar relieve a la liturgia e insiste en la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica de la Iglesia como sujeto socio-hist\u00f3rico concreto.<\/div><\/div>\n<h2><strong>Cap\u00edtulo II: <\/strong><em><strong>El Pueblo de Dios<\/strong><\/em><\/h2>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p><strong>1. <em>El Pueblo \u00abnuevo\u00bb de Dios: \u00bfpor qu\u00e9 y c\u00f3mo? <\/em>(LG 9-12)<\/strong><\/p>\n<p>De forma novedosa se le califica con la expresi\u00f3n b\u00edblica de \u00abpueblo mesi\u00e1nico\u00bb que tiene como cabeza: Cristo; como condici\u00f3n: la igualdad de todos en cuanto hijos de Dios; como ley: la caridad; y como finalidad: el reino de Dios. Este pueblo \u00abperegrino\u00bb es calificado de nuevo como \u00absacramento\u00bb adjetivado con la bella expresi\u00f3n de \u00abvisible de la salvaci\u00f3n\u00bb (LG 9).<\/p>\n<p>LG 10-11 describe este pueblo de Dios como \u00absacerdotal\u00bb, afirmaci\u00f3n que recuerda el primado de la liturgia como \u00abculmen y fuente\u00bb en SC 10. Se da, a su vez, relieve al sacerdocio com\u00fan y al servicio que le debe prestar el sacerdocio ministerial en virtud de la \u00abpotestad sacramental\u00bb <em>(potestas sacra), <\/em>teniendo presente que ambos se diferencian \u00abesencialmente y no s\u00f3lo de grado\u00bb (LG 10). Se trata de una f\u00f3rmula empleada ya por P\u00edo XII que tiene el riesgo de distanciarlos demasiado, aunque lo que quiere expresar es que se trata de dos realidades que est\u00e1n en un nivel diferente. La palabra que aqu\u00ed puede crear confusi\u00f3n es la palabra \u00absacerdocio\u00bb aplicada a ambos, ya que a partir del Nuevo Testamento esta expresi\u00f3n se reserva inicialmente para designar la nueva realidad \u00absacerdotal\u00bb \u2014es decir, de mediaci\u00f3n salvadora entre Dios y el mundo\u2014 que crea el bautismo en todos los cristianos. En cambio, los \u00abordenados\u00bb (obispos, presb\u00edteros y di\u00e1conos) son m\u00e1s bien conocidos como \u00abministros\u00bb o \u00abjerarqu\u00eda\u00bb al servicio de toda la Iglesia. Esta fue la orientaci\u00f3n prioritaria del Vaticano II (cf as\u00ed los decretos sobre el \u00abministerio\u00bb de los obispos y de los presb\u00edteros), pero finalmente no se prescindi\u00f3 del todo de la palabra \u00absacerdote\u00bb aplicada a los ordenados, dada la larga tradici\u00f3n eclesial y \u00abpopular\u00bb de tal uso.<\/p>\n<p>LG 11 analiza el ejercicio de este sacerdocio com\u00fan a partir de los sacramentos que inspiran la vida cristiana. Las dos anotaciones m\u00e1s novedosas que se encuentran se refieren, por un lado, al sacramento de la penitencia en el cual se habla no solamente del perd\u00f3n de Dios, sino tambi\u00e9n de la reconciliaci\u00f3n eclesial que realiza. Se trata de una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica que promovi\u00f3 el carmelita catal\u00e1n Bartomeu M. Xiberta con su tesis doctoral <em> Clavis Ecclesiae <\/em>que, de forma relevante, divulgaron M. Schmaus y K. Rahner antes del Vaticano II. La otra anotaci\u00f3n se refiere al sacramento del matrimonio y a la familia, a la que, de forma totalmente nueva, se la califica como \u00abIglesia dom\u00e9stica\u00bb, siguiendo la expresi\u00f3n forjada por Juan Cris\u00f3stomo <em>(\u00abf\u00edat domus Ecclesia\u00bb).<\/em><\/p>\n<p>LG 12, por su parte, se refiere al \u00abPueblo prof\u00e9tico\u00bb y representa un texto de una notable calidad que trata, primero, del \u00absentido de fe\u00bb <em>(sensus <\/em><sub>.<\/sub><em>fidei) <\/em>con el \u00abconsentimiento de fe\u00bb y, segundo, de los carismas como expresi\u00f3n del car\u00e1cter prof\u00e9tico del pueblo de Dios. Se trata de dos caracter\u00edsticas de la comprensi\u00f3n de los miembros del pueblo de Dios como \u00absujetos\u00bb y no \u00abs\u00fabditos\u00bb en la Iglesia y que representa una importante novedad en un texto conciliar. Es significativo adem\u00e1s que el \u00abconsentimiento en la fe desde los obispos hasta el \u00faltimo fiel laico\u00bb sea el protagonista de la infalibilidad \u00aben el creer\u00bb, antes de que m\u00e1s adelante se trate de la infalibilidad \u00aben el ense\u00f1ar\u00bb (LG 25).<\/div><\/div>\n<p>9. En todo tiempo y en todo pueblo es grato a Dios quien le teme y practica la justicia (cf. <em>Hch<\/em> 10,35). Sin embargo, fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexi\u00f3n alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente. Por ello eligi\u00f3 al pueblo de Israel como pueblo suyo, pact\u00f3 con \u00e9l una alianza y le instruy\u00f3 gradualmente, revel\u00e1ndose a S\u00ed mismo y los designios de su voluntad a trav\u00e9s de la historia de este pueblo, y santific\u00e1ndolo para S\u00ed. Pero todo esto sucedi\u00f3 como preparaci\u00f3n y figura de la alianza nueva y perfecta que hab\u00eda de pactarse en Cristo y de la revelaci\u00f3n completa que hab\u00eda de hacerse por el mismo Verbo de Dios hecho carne. \u00abHe aqu\u00ed que llegar\u00e1 el tiempo, dice el Se\u00f1or, y har\u00e9 un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Jud\u00e1&#8230; Pondr\u00e9 mi ley en sus entra\u00f1as y la escribir\u00e9 en sus corazones, y ser\u00e9 Dios para ellos y ellos ser\u00e1n mi pueblo&#8230; Todos, desde el peque\u00f1o al mayor, me conocer\u00e1n, dice el Se\u00f1or\u00bb (<em>Jr<\/em> 31,31-34). Ese pacto nuevo, a saber, el Nuevo Testamento en su sangre (cf. <em>1 Co<\/em> 11,25), lo estableci\u00f3 Cristo convocando un pueblo de jud\u00edos y gentiles, que se unificara no seg\u00fan la carne, sino en el Esp\u00edritu, y constituyera el nuevo Pueblo de Dios. Pues quienes creen en Cristo, renacidos no de un germen corruptible, sino de uno incorruptible, mediante la palabra de Dios vivo (cf. <em>1 P<\/em> 1,23), no de la carne, sino del agua y del Esp\u00edritu Santo (cf. <em>Jn<\/em> 3,5-6), pasan, finalmente, a constituir \u00abun linaje escogido, sacerdocio regio, naci\u00f3n santa, pueblo de adquisici\u00f3n&#8230;, que en un tiempo no era pueblo y ahora es pueblo de Dios\u00bb (<em>1 P<\/em> 2, 9-10).<\/p>\n<p>Este pueblo mesi\u00e1nico tiene por cabeza a Cristo, \u00abque fue entregado por nuestros pecados y resucit\u00f3 para nuestra salvaci\u00f3n\u00bb (<em>Rm<\/em> 4,25), y teniendo ahora un nombre que est\u00e1 sobre todo nombre, reina gloriosamente en los cielos. La condici\u00f3n de este pueblo es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Esp\u00edritu Santo como en un templo. Tiene por ley el nuevo mandato de amar como el mismo Cristo nos am\u00f3 a nosotros (cf. <em>Jn<\/em> 13,34). Y tiene en \u00faltimo lugar, como fin, el dilatar m\u00e1s y m\u00e1s el reino de Dios, incoado por el mismo Dios en la tierra, hasta que al final de los tiempos El mismo tambi\u00e9n lo consume, cuando se manifieste Cristo, vida nuestra (cf. <em>Col<\/em> 3,4), y \u00abla misma criatura sea libertada de la servidumbre de la corrupci\u00f3n para participar en la libertad de los hijos de Dios\u00bb (<em>Rm<\/em> 8,21). Este pueblo mesi\u00e1nico, por consiguiente, aunque no incluya a todos los hombres actualmente y con frecuencia parezca una grey peque\u00f1a, es, sin embargo, para todo el g\u00e9nero humano, un germen segur\u00edsimo de unidad, de esperanza y de salvaci\u00f3n. Cristo, que lo instituy\u00f3 para ser comuni\u00f3n de vida, de caridad y de verdad, se sirve tambi\u00e9n de \u00e9l como de instrumento de la redenci\u00f3n universal y lo env\u00eda a todo el universo como luz del mundo y sal de la tierra (cf. <em>Mt<\/em> 5,13-16).<\/p>\n<p>As\u00ed como al pueblo de Israel, seg\u00fan la carne, peregrinando por el desierto, se le designa ya como Iglesia (cf. <em>2 Esd<\/em> 13,1; <em>Nm<\/em> 20,4; <em>Dt<\/em> 23,1 ss), as\u00ed el nuevo Israel, que caminando en el tiempo presente busca la ciudad futura y perenne (cf. <em>Hb<\/em> 13,14), tambi\u00e9n es designado como Iglesia de Cristo (cf. <em>Mt<\/em> 16,18), porque fue El quien la adquiri\u00f3 con su sangre (cf. <em>Hch<\/em> 20,28), la llen\u00f3 de su Esp\u00edritu y la dot\u00f3 de los medios apropiados de uni\u00f3n visible y social. Dios form\u00f3 una congregaci\u00f3n de quienes, creyendo, ven en Jes\u00fas al autor de la salvaci\u00f3n y el principio de la unidad y de la paz, y la constituy\u00f3 Iglesia a fin de que fuera para todos y cada uno el sacramento visible de esta unidad salut\u00edfera.<span id='easy-footnote-15-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-15-29321' title='Cf. San Cipriano,&lt;em&gt; Epist.&lt;\/em&gt;, 69, 6: PL 3, 1.142B; Hartel, 3B p. 754: \u00abSacramento inseparable de unidad\u00bb.'><sup>15<\/sup><\/a><\/span> Debiendo difundirse en todo el mundo, entra, por consiguiente, en la historia de la humanidad, si bien trasciende los tiempos y las fronteras de los pueblos. Caminando, pues, la Iglesia en medio de tentaciones y tribulaciones, se ve confortada con el poder de la gracia de Dios, que le ha sido prometida para que no desfallezca de la fidelidad perfecta por la debilidad de la carne, antes, al contrario, persevere como esposa digna de su Se\u00f1or y, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, no cese de renovarse hasta que por la cruz llegue a aquella luz que no conoce ocaso.<\/p>\n<p>10. Cristo Se\u00f1or, Pont\u00edfice tomado de entre los hombres (cf. <em>Hb<\/em> 5,1-5), de su nuevo pueblo \u00abhizo&#8230; un reino y sacerdotes para Dios, su Padre\u00bb (<em>Ap<\/em> 1,6; cf. 5,9-10). Los bautizados, en efecto, son consagrados por la regeneraci\u00f3n y la unci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo como casa espiritual y sacerdocio santo, para que, por medio de toda obra del hombre cristiano, ofrezcan sacrificios espirituales y anuncien el poder de Aquel que los llam\u00f3 de las tinieblas a su admirable luz (cf. <em>1 P<\/em> 2,4-10). Por ello todos los disc\u00edpulos de Cristo, perseverando en la oraci\u00f3n y alabando juntos a Dios (cf. <em>Hch<\/em> 2,42-47), ofr\u00e9zcanse a s\u00ed mismos como hostia viva, santa y grata a Dios (cf. <em>Rm<\/em> 12,1) y den testimonio por doquiera de Cristo, y a quienes lo pidan, den tambi\u00e9n raz\u00f3n de la esperanza de la vida eterna que hay en ellos (cf. <em>1 P<\/em> 3,15).<\/p>\n<p>El sacerdocio com\u00fan de los fieles y el sacerdocio ministerial o jer\u00e1rquico, aunque diferentes esencialmente y no s\u00f3lo en grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro, pues ambos participan a su manera del \u00fanico sacerdocio de Cristo.<span id='easy-footnote-16-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-16-29321' title='Cf. P\u00edo XII, aloc. &lt;em&gt;Magnificate Dominum,&lt;\/em&gt; 2 nov. 1954: AAS 46 (1954) 669; enc. &lt;em&gt;Mediator Dei,&lt;\/em&gt; 20 nov. 1947: AAS 39 (1947) 555.'><sup>16<\/sup><\/a><\/span> El sacerdocio ministerial, por la potestad sagrada de que goza, forma y dirige el pueblo sacerdotal, confecciona el sacrificio eucar\u00edstico en la persona de Cristo y lo ofrece en nombre de todo el pueblo a Dios. Los fieles, en cambio, en virtud de su sacerdocio regio, concurren a la ofrenda de la Eucarist\u00eda<span id='easy-footnote-17-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-17-29321' title='Cf. P\u00edo XI, enc. &lt;em&gt; Miserentissimus Redemptor&lt;\/em&gt;, 8 mayo 1928: AAS 20 (1928) 171s.; Pio XII, aloc. &lt;em&gt;Vous nous avez,&lt;\/em&gt; 22 sept. 1956: AAS 48 (1956) 714.'><sup>17<\/sup><\/a><\/span> y lo ejercen en la recepci\u00f3n de los sacramentos, en la oraci\u00f3n y acci\u00f3n de gracias, mediante el testimonio de una vida santa, en la abnegaci\u00f3n y caridad operante.<\/p>\n<p>11. El car\u00e1cter sagrado y org\u00e1nicamente estructurado de la comunidad sacerdotal se actualiza por los sacramentos y por las virtudes. Los fieles, incorporados a la Iglesia por el bautismo, quedan destinados por el car\u00e1cter al culto de la religi\u00f3n cristiana, y, regenerados como hijos de Dios, est\u00e1n obligados a confesar delante de los hombres la fe que recibieron de Dios mediante la Iglesia.<span id='easy-footnote-18-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-18-29321' title='Cf. Santo Tom\u00e1s, &lt;em&gt;Summa Theol.&lt;\/em&gt;, III, q. 63, a. 2.'><sup>18<\/sup><\/a><\/span> Por el sacramento de la confirmaci\u00f3n se vinculan m\u00e1s estrechamente a la Iglesia, se enriquecen con una fuerza especial del Esp\u00edritu Santo, y con ello quedan obligados m\u00e1s estrictamente a difundir y defender la fe, como verdaderos testigos de Cristo, por la palabra juntamente con las obras.<span id='easy-footnote-19-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-19-29321' title='Cf. San Cirilo Hieros., &lt;em&gt;Catech.&lt;\/em&gt; 17, &lt;em&gt;de Spiritu Sancto&lt;\/em&gt;, II, 35-37: PG 33, 1009-1012. Nic. Cabasilas, &lt;em&gt;De vita in Christo&lt;\/em&gt;, libro III, \u00abde utilitate chrismatis\u00bb. PG 150, 569-580. Santo Tom\u00e1s, &lt;em&gt;Summa Theol.&lt;\/em&gt;, III, q. 65, a. 3 y q. 72, a. 1 y 5.'><sup>19<\/sup><\/a><\/span> Participando del sacrificio eucar\u00edstico, fuente y cumbre de toda la vida cristiana, ofrecen a Dios la V\u00edctima divina y se ofrecen a s\u00ed mismos juntamente con ella.<span id='easy-footnote-20-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-20-29321' title='Cf. P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt;Mediator Dei,&lt;\/em&gt; 20 nov. 1947: AAS 39 (1947), sobre todo 552s.'><sup>20<\/sup><\/a><\/span> Y as\u00ed, sea por la oblaci\u00f3n o sea por la sagrada comuni\u00f3n, todos tienen en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica una parte propia, no confusamente, sino cada uno de modo distinto. M\u00e1s a\u00fan, confortados con el cuerpo de Cristo en la sagrada liturgia eucar\u00edstica, muestran de un modo concreto la unidad del Pueblo de Dios, significada con propiedad y maravillosamente realizada por este august\u00edsimo sacramento.<\/p>\n<p>Quienes se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perd\u00f3n de la ofensa hecha a El y al mismo tiempo se reconcilian con la Iglesia, a la que hirieron pecando, y que colabora a su conversi\u00f3n con la caridad, con el ejemplo y las oraciones. Con la unci\u00f3n de los enfermos y la oraci\u00f3n de los presb\u00edteros, toda la Iglesia encomienda los enfermos al Se\u00f1or paciente y glorificado, para que los alivie y los salve (cf. <em>St<\/em> 5,14-16), e incluso les exhorta a que, asoci\u00e1ndose voluntariamente a la pasi\u00f3n y muerte de Cristo (cf. <em>Rm<\/em> 8,17; <em>Col<\/em> 1,24; <em>2 Tm<\/em> 2,11-12; <em>1 P<\/em> 4,13), contribuyan as\u00ed al bien del Pueblo de Dios. A su vez, aquellos de entre los fieles que est\u00e1n sellados con el orden sagrado son destinados a apacentar la Iglesia por la palabra y gracia de Dios, en nombre de Cristo. Finalmente, los c\u00f3nyuges cristianos, en virtud del sacramento del matrimonio, por el que significan y participan el misterio de unidad y amor fecundo entre Cristo y la Iglesia (cf. <em>Ef<\/em> 5,32), se ayudan mutuamente a santificarse en la vida conyugal y en la procreaci\u00f3n y educaci\u00f3n de la prole, y por eso poseen su propio don, dentro del Pueblo de Dios, en su estado y forma de vida.<span id='easy-footnote-21-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-21-29321' title='1 Co., 7, 7: \u00abCada uno tiene de Dios su propio don (idion=carisma): \u00e9ste uno; aqu\u00e9l, otro\u00bb. Cf. San Agust\u00edn, &lt;em&gt;De dono persev.&lt;\/em&gt;, 14, 37: PL 45, 1015s: \u00abNo s\u00f3lo la continencia, sino tambi\u00e9n la castidad conyugal es don de Dios\u00bb.'><sup>21<\/sup><\/a><\/span> De este consorcio procede la familia, en la que nacen nuevos ciudadanos de la sociedad humana, quienes, por la gracia del Esp\u00edritu Santo, quedan constituidos en el bautismo hijos de Dios, que perpetuar\u00e1n a trav\u00e9s del tiempo el Pueblo de Dios. En esta especie de Iglesia dom\u00e9stica los padres deben ser para sus hijos los primeros predicadores de la fe, mediante la palabra y el ejemplo, y deben fomentar la vocaci\u00f3n propia de cada uno, pero con un cuidado especial la vocaci\u00f3n sagrada<\/p>\n<p>Todos los fieles, cristianos, de cualquier condici\u00f3n y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvaci\u00f3n, son llamados por el Se\u00f1or, cada uno por su camino, a la perfecci\u00f3n de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre.<\/p>\n<p>12. El Pueblo santo de Dios participa tambi\u00e9n de la funci\u00f3n prof\u00e9tica de Cristo, difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad y ofreciendo a Dios el sacrificio de alabanza, que es fruto de los labios que confiesan su nombre (cf. <em>Hb<\/em> 13.15). La totalidad de los fieles, que tienen la unci\u00f3n del Santo (cf. <em>1 Jn<\/em> 2,20 y 27), no puede equivocarse cuando cree, y esta prerrogativa peculiar suya la manifiesta mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo cuando \u00abdesde los Obispos hasta los \u00faltimos fieles laicos\u00bb<span id='easy-footnote-22-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-22-29321' title='Cf. San Agust\u00edn, &lt;em&gt;De praed. sanct.&lt;\/em&gt;, 14, 27: PL 44, 980.'><sup>22<\/sup><\/a><\/span> presta su consentimiento universal en las cosas de fe y costumbres. Con este sentido de la fe, que el Esp\u00edritu de verdad suscita y mantiene, el Pueblo de Dios se adhiere indefectiblemente \u00aba la fe confiada de una vez para siempre a los santos\u00bb (<em>Judas<\/em> 3), penetra m\u00e1s profundamente en ella con juicio certero y le da m\u00e1s plena aplicaci\u00f3n en la vida, guiado en todo por el sagrado Magisterio, someti\u00e9ndose al cual no acepta ya una palabra de hombres, sino la verdadera palabra de Dios (cf. <em>1 Ts<\/em> 2,13).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el mismo Esp\u00edritu Santo no s\u00f3lo santifica y dirige el Pueblo de Dios mediante los sacramentos y los misterios y le adorna con virtudes, sino que tambi\u00e9n distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier condici\u00f3n, distribuyendo a cada uno seg\u00fan quiere (<em>1 Co<\/em> 12,11) sus dones, con los que les hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean \u00fatiles para la renovaci\u00f3n y la mayor edificaci\u00f3n de la Iglesia, seg\u00fan aquellas palabras: \u00abA cada uno&#8230; se le otorga la manifestaci\u00f3n del Esp\u00edritu para com\u00fan utilidad\u00bb (<em>1 Co<\/em> 12,7). Estos carismas, tanto los extraordinarios como los m\u00e1s comunes y difundidos, deben ser recibidos con gratitud y consuelo, porque son muy adecuados y \u00fatiles a las necesidades de la Iglesia. Los dones extraordinarios no deben pedirse temerariamente ni hay que esperar de ellos con presunci\u00f3n los frutos del trabajo apost\u00f3lico. Y, adem\u00e1s, el juicio de su autenticidad y de su ejercicio razonable pertenece a quienes tienen la autoridad en la Iglesia, a los cuales compete ante todo no sofocar el Esp\u00edritu, sino probarlo todo y retener lo que es bueno (cf. <em>1 Ts<\/em> 5,12 y 19-21).<\/p>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p><em><strong>2. La catolicidad: universalidad y diversas formas de pertenencia (LG <\/strong><\/em><strong>13-16)<\/strong><\/p>\n<p>LG 13 subraya la universalidad del \u00fanico pueblo de Dios \u00abpresente en todas las naciones de la tierra\u00bb. Esta presencia es calificada con tres verbos extra\u00eddos de la teolog\u00eda de la gracia, puesto que la Iglesia, asumiendo los valores, las riquezas y las costumbres de los pueblos, \u00ablos purifica, los refuerza y los eleva\u00bb <em>(gratia sanans, elevans, consumans). <\/em>Esto es lo que hace posible que la Iglesia tienda \u00aba unificar toda la humanidad con todos sus valores bajo Cristo como cabeza, en la unidad de su Esp\u00edritu\u00bb, formulaci\u00f3n que explicita de nuevo la realidad \u00faltima de la Iglesia-sacramento ya apuntada en LG 1.<\/p>\n<p>El segundo p\u00e1rrafo de LG 13 desarrolla de forma muy sugerente la eclesiolog\u00eda de comuni\u00f3n entre \u00ablas Iglesias particulares\u00bb a trav\u00e9s de la necesidad de su mutua \u00ab\u00edntercomunicaci\u00f3n\u00bb. A su vez, se recuerda la dedicatoria de Ignacio de Antioqu\u00eda en su Carta a los romanos donde se presenta el ministerio petrino como garante de esta \u00abcomuni\u00f3n\u00bb, ya que \u00abpreside toda la asamblea de la caridad\u00bb que es la Iglesia, subray\u00e1ndose as\u00ed el primado del papa como fuente y garant\u00eda de unidad en la diversidad.<\/p>\n<p>El \u00faltimo p\u00e1rrafo de LG 13 sirve de introducci\u00f3n a las diversas formas de pertenencia al \u00fanico pueblo de Dios desarrolladas por LG 14-16. As\u00ed se afirma que \u00abtodos los hombres est\u00e1n llamados a formar parte de esta unidad cat\u00f3lica&#8230; (a la cual) pertenecen de diversas formas o est\u00e1n a ella ordenados <em>(ordinati)\u00bb. <\/em>A partir de este criterio se ponen de relieve los grados de pertenencia u orientaci\u00f3n a este \u00fanico pueblo de Dios: los cat\u00f3licos (LG 14), los cristianos no cat\u00f3licos (LG 15) y los no cristianos (LG 16), siguiendo la perspectiva de la comuni\u00f3n, ya sea plena o parcial, seg\u00fan diferentes grados y formas.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n es cat\u00f3lico? LG 14 responde de forma clara subrayando que \u00abse incorporan plenamente <em>(plene) <\/em>a la sociedad que es la Iglesia\u00bb los que \u00abaceptan \u00edntegramente <em>(integre)\u00bb <\/em>estos tres \u00abv\u00ednculos\u00bb que Roberto Belarmino hizo famosos: la profesi\u00f3n de fe <em>(symbolicum), <\/em>los sacramentos <em>(liturgicum) y <\/em>la visibilidad eclesial bajo el Papa y los obispos <em>(jerarquicum vel communionis). <\/em>Con todo, para no quedarse en una interpretaci\u00f3n puramente de visibilidad \u00absocietaria\u00bb propia de la eclesiolog\u00eda de Roberto Belarmino, LG complementa estos tres v\u00ednculos con una significativa cita de san Agust\u00edn: \u00abCon todo, no se salva quien a\u00fan estando incorporado a la Iglesia no persevera en la caridad, y permanece con el <em>cuerpo <\/em>en el seno de la Iglesia, pero no con el <em>coraz\u00f3n\u00bb. <\/em>Anotaci\u00f3n que refuerza la visi\u00f3n sacramental, es decir, de signo y no de sociedad puramente externa, propia de la visibilidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>Los cristianos no cat\u00f3licos son el objetivo de LG 15. Siguiendo la visi\u00f3n sobre las diversas formas de pertenencia, se reconocen todos los elementos eclesiales de los cristianos no cat\u00f3licos, aunque no los posean \u00ab\u00edntegramente\u00bb. Se subraya la importancia del bautismo, de la Escritura y de otros sacramentos, como la eucarist\u00eda y el episcopado. Finalmente, se retoma la necesidad de \u00abpurificaci\u00f3n y de renovaci\u00f3n para que el signo <em>(signum) <\/em>de Cristo resplandezca con m\u00e1s claridad sobre la faz de la Iglesia\u00bb, expresi\u00f3n que recuerda de nuevo su car\u00e1cter sacramental e hist\u00f3rico que lo refiere a Cristo como luz.<\/p>\n<p>Sobre los no cristianos, LG 16 agrupa a los que profesan una fe religiosa, con especial menci\u00f3n de los jud\u00edos y los musulmanes, y a los no creyentes. Se afirma que aquello que une y que posibilita \u00abconseguir la salvaci\u00f3n\u00bb es el \u00abdictamen de la conciencia\u00bb: expresi\u00f3n caracter\u00edstica de la modernidad que atestigua la valoraci\u00f3n de la autonom\u00eda de la persona por parte de la Iglesia. Estas diversas v\u00edas son una \u00abpreparaci\u00f3n evang\u00e9lica\u00bb, f\u00f3rmula antigua que pone de relieve las \u00absemillas del Verbo\u00bb presentes en el mundo (san Justino), la estrecha relaci\u00f3n entre el creador y el mundo (san Agust\u00edn), as\u00ed como la pedagog\u00eda de Dios hacia los hombres (san Ireneo) en el camino de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<p>13. Todos los hombres est\u00e1n llamados a formar parte del nuevo Pueblo de Dios. Por lo cual, este pueblo, sin dejar de ser uno y \u00fanico, debe extenderse a todo el mundo y en todos los tiempos, para as\u00ed cumplir el designio de la voluntad de Dios, quien en un principio cre\u00f3 una sola naturaleza humana, y a sus hijos, que estaban dispersos, determin\u00f3 luego congregarlos (cf. <em>Jn<\/em> 11,52). Para esto envi\u00f3 Dios a su Hijo, a quien constituy\u00f3 en heredero de todo (cf. <em>Hb<\/em> 1,2), para que sea Maestro, Rey y Sacerdote de todos, Cabeza del pueblo nuevo y universal de los hijos de Dios. Para esto, finalmente, envi\u00f3 Dios al Esp\u00edritu de su Hijo, Se\u00f1or y Vivificador, quien es para toda la Iglesia y para todos y cada uno de los creyentes el principio de asociaci\u00f3n y unidad en la doctrina de los Ap\u00f3stoles, en la mutua uni\u00f3n, en la fracci\u00f3n del pan y en las oraciones (cf. <em>Hch<\/em> 2,42 gr.).<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, el \u00fanico Pueblo de Dios est\u00e1 presente en todas las razas de la tierra, pues de todas ellas re\u00fane sus ciudadanos, y \u00e9stos lo son de un reino no terrestre, sino celestial. Todos los fieles dispersos por el orbe comunican con los dem\u00e1s en el Esp\u00edritu Santo, y as\u00ed, \u00abquien habita en Roma sabe que los de la India son miembros suyos\u00bb.<span id='easy-footnote-23-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-23-29321' title='Cf. San J. Cris\u00f3stomo, &lt;em&gt;In Io.&lt;\/em&gt;, hom&lt;em&gt;.&lt;\/em&gt; 65, 1: PG 59, 361.'><sup>23<\/sup><\/a><\/span> Y como el reino de Cristo no es de este mundo (cf. <em>Jn<\/em> 18,36), la Iglesia o el Pueblo de Dios, introduciendo este reino, no disminuye el bien temporal de ning\u00fan pueblo; antes, al contrario, fomenta y asume, y al asumirlas, las purifica, fortalece y eleva todas las capacidades y riquezas y costumbres de los pueblos en lo que tienen de bueno. Pues es muy consciente de que ella debe congregar en uni\u00f3n de aquel Rey a quien han sido dadas en herencia todas las naciones (cf. <em>Sal<\/em> 2,8) y a cuya ciudad ellas traen sus dones y tributos (cf. <em>Sal<\/em> 71 [72], 10; <em>Is<\/em> 60,4-7; <em>Ap<\/em> 21,24). Este car\u00e1cter de universalidad que distingue al Pueblo de Dios es un don del mismo Se\u00f1or con el que la Iglesia cat\u00f3lica tiende, eficaz y perpetuamente, a recapitular toda la humanidad, con todos sus bienes, bajo Cristo Cabeza, en la unidad de su Esp\u00edritu.<span id='easy-footnote-24-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-24-29321' title='Cf. San Ireneo, &lt;em&gt;Adv. haer.&lt;\/em&gt; III, 16, 6; III, 22, 1-3: PG 7, 925C-926A y 958A, Harvey, 2, 87 y 120-123. Sagnard, Ed. &lt;em&gt;Sources Chr\u00e9t.&lt;\/em&gt;, p. 290-292 y 372ss.'><sup>24<\/sup><\/a><\/span>\n<p>En virtud de esta catolicidad, cada una de las partes colabora con sus dones propios con las restantes partes y con toda la Iglesia, de tal modo que el todo y cada una de las partes aumentan a causa de todos los que mutuamente se comunican y tienden a la plenitud en la unidad. De donde resulta que el Pueblo de Dios no s\u00f3lo re\u00fane a personas de pueblos diversos, sino que en s\u00ed mismo est\u00e1 integrado por diversos \u00f3rdenes. Hay, en efecto, entre sus miembros una diversidad, sea en cuanto a los oficios, pues algunos desempe\u00f1an el ministerio sagrado en bien de sus hermanos, sea en raz\u00f3n de la condici\u00f3n y estado de vida, pues muchos en el estado religioso estimulan con su ejemplo a los hermanos al tender a la santidad por un camino m\u00e1s estrecho. Adem\u00e1s, dentro de la comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica, existen leg\u00edtimamente Iglesias particulares, que gozan de tradiciones propias, permaneciendo inmutable el primado de la c\u00e1tedra de Pedro, que preside la asamblea universal de la caridad,<span id='easy-footnote-25-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-25-29321' title='Cf. San Ignacio M., &lt;em&gt;Ad Rom.&lt;\/em&gt;, praef.: Ed. Funk, I p.252.'><sup>25<\/sup><\/a><\/span> protege las diferencias leg\u00edtimas y simult\u00e1neamente vela para que las divergencias sirvan a la unidad en vez de da\u00f1arla. De aqu\u00ed se derivan finalmente, entre las diversas partes de la Iglesia, unos v\u00ednculos de \u00edntima comuni\u00f3n en lo que respecta a riquezas espirituales, obreros apost\u00f3licos y ayudas temporales. Los miembros del Pueblo de Dios son llamados a una comunicaci\u00f3n de bienes, y las siguientes palabras del ap\u00f3stol pueden aplicarse a cada una de las Iglesias: \u00abEl don que cada uno ha recibido, p\u00f3ngalo al servicio de los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios\u00bb (<em>1 P<\/em> 4,10).<\/p>\n<p>Todos los hombres son llamados a esta unidad cat\u00f3lica del Pueblo de Dios, que simboliza y promueve paz universal, y a ella pertenecen o se ordenan de diversos modos, sea los fieles cat\u00f3licos, sea los dem\u00e1s creyentes en Cristo, sea tambi\u00e9n todos los hombres en general, por la gracia de Dios llamados a la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>14. El sagrado Concilio fija su atenci\u00f3n en primer lugar en los fieles cat\u00f3licos. Y ense\u00f1a, fundado en la Sagrada Escritura y en la Tradici\u00f3n, que esta Iglesia peregrinante es necesaria para la salvaci\u00f3n. El \u00fanico Mediador y camino de salvaci\u00f3n es Cristo, quien se hace presente a todos nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia. El mismo, al inculcar con palabras expl\u00edcitas la necesidad de la fe y el bautismo (cf. <em>Mc<\/em> 16,16; <em>Jn<\/em> 3,5), confirm\u00f3 al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que los hombres entran por el bautismo como por una puerta. Por lo cual no podr\u00edan salvarse aquellos hombres que, conociendo que la Iglesia cat\u00f3lica fue instituida por Dios a trav\u00e9s de Jesucristo como necesaria, sin embargo, se negasen a entrar o a perseverar en ella.<\/p>\n<p>A esta sociedad de la Iglesia est\u00e1n incorporados plenamente quienes, poseyendo el Esp\u00edritu de Cristo, aceptan la totalidad de su organizaci\u00f3n y todos los medios de salvaci\u00f3n establecidos en ella, y en su cuerpo visible est\u00e1n unidos con Cristo, el cual la rige mediante el Sumo Pont\u00edfice y los Obispos, por los v\u00ednculos de la profesi\u00f3n de fe, de los sacramentos, del gobierno y comuni\u00f3n eclesi\u00e1stica. No se salva, sin embargo, aunque est\u00e9 incorporado a la Iglesia, quien, no perseverando en la caridad, permanece en el seno de la Iglesia \u00aben cuerpo\u00bb, mas no \u00aben coraz\u00f3n\u00bb.<span id='easy-footnote-26-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-26-29321' title='Cf. S. Agust\u00edn, &lt;em&gt;Bapt. c. Donat.&lt;\/em&gt;, V. 28, 39: PL 43, 197: \u00bb Es claro que cuando a prop\u00f3sito de la Iglesia se habla de \u00abdentro\u00bb y \u00abfuera\u00bb esto se refiere no al cuerpo sino al coraz\u00f3n\u00bb. Cf. ib., III, 19, 26: col. 152; V. 18, 24: col. 189; &lt;em&gt;In Io. Tr.&lt;\/em&gt; 61, 2: PL 35, 1800, y en otros lugares.'><sup>26<\/sup><\/a><\/span> Pero no olviden todos los hijos de la Iglesia que su excelente condici\u00f3n no deben atribuirla a los m\u00e9ritos propios, sino a una gracia singular de Cristo, a la que, si no responden con pensamiento, palabra y obra, lejos de salvarse, ser\u00e1n juzgados con mayor severidad.<span id='easy-footnote-27-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-27-29321' title='Cf. &lt;em&gt;Lc&lt;\/em&gt;, 12, 48: \u00abMucho se exigir\u00e1 al que ha recibido mucho\u00bb. Cf. tambi\u00e9n &lt;em&gt;Mt&lt;\/em&gt;, 5, 19-20: 7, 21-22; 25, 41-46; &lt;em&gt;St&lt;\/em&gt;, 2, 14.'><sup>27<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Los catec\u00famenos que, movidos por el Esp\u00edritu Santo, solicitan con voluntad expresa ser incorporados a la Iglesia, por este mismo deseo ya est\u00e1n vinculados a ella, y la madre Iglesia los abraza en amor y solicitud como suyos.<\/p>\n<p>15. La Iglesia se reconoce unida por muchas razones con quienes, estando bautizados, se honran con el nombre de cristianos, pero no profesan la fe en su totalidad o no guardan la unidad de comuni\u00f3n bajo el sucesor de Pedro.<span id='easy-footnote-28-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-28-29321' title='Cf. Le\u00f3n XIII, cart. apost., &lt;em&gt;Praeclara gratulationis&lt;\/em&gt;, 20 jun. 1894: ASS 26 (1893-94), p. 707.'><sup>28<\/sup><\/a><\/span> Pues hay muchos que honran la Sagrada Escritura como norma de fe y vida, muestran un sincero celo religioso, creen con amor en Dios Padre todopoderoso y en Cristo, Hijo de Dios Salvador;<span id='easy-footnote-29-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-29-29321' title='Cf. Le\u00f3n XIII, enc. &lt;em&gt; Satis cognitum&lt;\/em&gt;, 29 jun. 1896: ASS 28 (1895-1896), p. 738. Enc. &lt;em&gt;Caritatis studium&lt;\/em&gt;, 25 jul. 1898: ASS 31 (1898-1899), p. 11. P\u00edo XII mensaje radiof\u00f3n. &lt;em&gt;Nell&amp;#8217;alba&lt;\/em&gt;, 24 dic. 1941: AAS 34 (1942), p. 21.'><sup>29<\/sup><\/a><\/span> est\u00e1n sellados con el bautismo, por el que se unen a Cristo, y adem\u00e1s aceptan y reciben otros sacramentos en sus propias Iglesias o comunidades eclesi\u00e1sticas. Muchos de entre ellos poseen el episcopado, celebran la sagrada Eucarist\u00eda y fomentan la piedad hacia la Virgen, Madre de Dios.<span id='easy-footnote-30-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-30-29321' title='Cf. P\u00edo XI, enc. &lt;em&gt;Rerum Orientalium&lt;\/em&gt;, 8 sept. 1928: AAS 20 (1928) 287. P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt;Orientalis Ecclesiae,&lt;\/em&gt; 9 abr. 1944: AAS 36 (1944), p. 137.'><sup>30<\/sup><\/a><\/span> A\u00f1\u00e1dase a esto la comuni\u00f3n de oraciones y otros beneficios espirituales, e incluso cierta verdadera uni\u00f3n en el Esp\u00edritu Santo, ya que El ejerce en ellos su virtud santificadora con los dones y gracias y a algunos de entre ellos los fortaleci\u00f3 hasta la efusi\u00f3n de la sangre. De esta forma, el Esp\u00edritu suscita en todos los disc\u00edpulos de Cristo el deseo y la actividad para que todos est\u00e9n pac\u00edficamente unidos, del modo determinado por Cristo, en una grey y bajo un \u00fanico Pastor.<span id='easy-footnote-31-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-31-29321' title='Cf. Instr. S. C. S. Oficio, 20 dic. 1949: AAS 42 (1950) 142.'><sup>31<\/sup><\/a><\/span> Para conseguir esto, la Iglesia madre no cesa de orar, esperar y trabajar, y exhorta a sus hijos a la purificaci\u00f3n y renovaci\u00f3n, a fin de que la se\u00f1al de Cristo resplandezca con m\u00e1s claridad sobre la faz de la Iglesia.<\/p>\n<p>16. Por \u00faltimo, quienes todav\u00eda no recibieron el Evangelio, se ordenan al Pueblo de Dios de diversas maneras.<span id='easy-footnote-32-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-32-29321' title='Cf. Santo Tom\u00e1s, &lt;em&gt;Summa Theol.&lt;\/em&gt;, III, q. 8, a. 3, ad 1.'><sup>32<\/sup><\/a><\/span> En primer lugar, aquel pueblo que recibi\u00f3 los testamentos y las promesas y del que Cristo naci\u00f3 seg\u00fan la carne (cf. <em>Rm<\/em> 9,4-5). Por causa de los padres es un pueblo amad\u00edsimo en raz\u00f3n de la elecci\u00f3n, pues Dios no se arrepiente de sus dones y de su vocaci\u00f3n (cf. <em>Rm<\/em> 11, 28-29). Pero el designio de salvaci\u00f3n abarca tambi\u00e9n a los que reconocen al Creador, entre los cuales est\u00e1n en primer lugar los musulmanes, que, confesando adherirse a la fe de Abraham, adoran con nosotros a un Dios \u00fanico, misericordioso, que juzgar\u00e1 a los hombres en el d\u00eda postrero. Ni el mismo Dios est\u00e1 lejos de otros que buscan en sombras e im\u00e1genes al Dios desconocido, puesto que todos reciben de El la vida, la inspiraci\u00f3n y todas las cosas (cf. <em>Hch<\/em> 17,25-28), y el Salvador quiere que todos los hombres se salven (cf. <em>1 Tm<\/em> 2,4). Pues quienes, ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan, no obstante, a Dios con un coraz\u00f3n sincero y se esfuerzan, bajo el influjo de la gracia, en cumplir con obras su voluntad, conocida mediante el juicio de la conciencia, pueden conseguir la salvaci\u00f3n eterna.<span id='easy-footnote-33-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-33-29321' title='Cf. Epist., S. C. S. Oficio al arzobispo de Boston: Denz., 3869-72.'><sup>33<\/sup><\/a><\/span> Y la divina Providencia tampoco niega los auxilios necesarios para la salvaci\u00f3n a quienes sin culpa no han llegado todav\u00eda a un conocimiento expreso de Dios y se esfuerzan en llevar una vida recta, no sin la gracia de Dios. Cuanto hay de bueno y verdadero entre ellos, la Iglesia lo juzga como una preparaci\u00f3n del Evangelio<span id='easy-footnote-34-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-34-29321' title='Cf. Eusebio de Cesar., &lt;em&gt;Praeparatio Evangelica,&lt;\/em&gt; 1, 1: PG 21, 28AB.'><sup>34<\/sup><\/a><\/span> y otorgado por quien ilumina a todos los hombres para que al fin tengan la vida. Pero con mucha frecuencia los hombres, enga\u00f1ados por el Maligno, se envilecieron con sus fantas\u00edas y trocaron la verdad de Dios en mentira, sirviendo a la criatura m\u00e1s bien que al Creador (cf. <em>Rm<\/em> 1,21 y 25), o, viviendo y muriendo sin Dios en este mundo, se exponen a la desesperaci\u00f3n extrema. Por lo cual la Iglesia, acord\u00e1ndose del mandato del Se\u00f1or, que dijo: \u00abPredicad el Evangelio a toda criatura\u00bb (<em>Mc<\/em> 16,15), procura con gran solicitud fomentar las misiones para promover la gloria de Dios y la salvaci\u00f3n de todos \u00e9stos.<\/p>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'><strong><em>3. El nuevo sentido de la misi\u00f3n <\/em>(LG 17)<\/strong><\/p>\n<p>Este n\u00famero conclusivo del cap\u00edtulo representa un final significativo orientado todo \u00e9l hacia la misi\u00f3n universal del pueblo de Dios. En efecto, a partir de la finalidad de \u00ablas misiones\u00bb calificada doblemente como anuncio del Evangelio y constituci\u00f3n de la Iglesia (la cl\u00e1sica <em>plantatio Ecclesiae), <\/em>se va hacia una visi\u00f3n m\u00e1s amplia y a un marco m\u00e1s general de \u00abla misi\u00f3n\u00bb, en singular, de la Iglesia. Sobre el m\u00e9todo se valorizan los dones ya presentes y \u00absembrados\u00bb en los ritos y culturas, retomando los tres verbos ya citados en LG 13, caracter\u00edsticos de la presencia del Evangelio en el mundo: \u00abpurificar, elevar y perfeccionar\u00bb.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<p>17. Como el Hijo fue enviado por el Padre, as\u00ed tambi\u00e9n El envi\u00f3 a los Ap\u00f3stoles (cf. <em>Jn<\/em> 20,21) diciendo: \u00abId, pues, y ense\u00f1ad a todas las gentes, bautiz\u00e1ndolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00edritu Santo, ense\u00f1\u00e1ndoles a guardar todo lo que os he mandado. Yo estar\u00e9 con vosotros siempre hasta la consumaci\u00f3n del mundo\u00bb (<em>Mt<\/em> 28,19- 20). Este solemne mandato de Cristo de anunciar la verdad salvadora, la Iglesia lo recibi\u00f3 de los Ap\u00f3stoles con orden de realizarlo hasta los confines de la tierra (cf. <em>Hch<\/em> 1,8). Por eso hace suyas las palabras del Ap\u00f3stol: \u00ab\u00a1Ay de m\u00ed si no evangelizare!\u00bb (<em>1 Co<\/em> 9,16), y sigue incesantemente enviando evangelizadores, mientras no est\u00e9n plenamente establecidas las Iglesias reci\u00e9n fundadas y ellas, a su vez, contin\u00faen la obra evangelizadora. El Esp\u00edritu Santo la impulsa a cooperar para que se cumpla el designio de Dios, quien constituy\u00f3 a Cristo principio de salvaci\u00f3n para todo el mundo. Predicando el Evangelio, la Iglesia atrae a los oyentes a la fe y a la confesi\u00f3n de la fe, los prepara al bautismo, los libra de la servidumbre del error y los incorpora a Cristo para que por la caridad crezcan en El hasta la plenitud. Con su trabajo consigue que todo lo bueno que se encuentra sembrado en el coraz\u00f3n y en la mente de los hombres y en los ritos y culturas de estos pueblos, no s\u00f3lo no desaparezca, sino que se purifique, se eleve y perfeccione para la gloria de Dios, confusi\u00f3n del demonio y felicidad del hombre. La responsabilidad de diseminar la fe incumbe a todo disc\u00edpulo de Cristo en su parte.<span id='easy-footnote-35-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-35-29321' title='Cf. Benedicto XV, carta apost. &lt;em&gt; Maximum illud&lt;\/em&gt;: AAS 11 (1919) 440, especialmente p. 451 ss. P\u00edo XI, enc. &lt;em&gt; Rerum Ecclesiae&lt;\/em&gt;: AAS 18 (1926) 68-69; P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt; Fidei Donum,&lt;\/em&gt; 21 abr. 1957: AAS 49 (1957) 236-237.'><sup>35<\/sup><\/a><\/span> Pero, aunque cualquiera puede bautizar a los creyentes, es, sin embargo, propio del sacerdote el llevar a su complemento la edificaci\u00f3n del Cuerpo mediante el sacrificio eucar\u00edstico, cumpliendo las palabras de Dios dichas por el profeta: \u00abDesde el orto del sol hasta el ocaso es grande mi nombre entre las gentes y en todo lugar se ofrece a mi nombre una oblaci\u00f3n pura\u00bb (<em>Ml<\/em> ,1, 11).<span id='easy-footnote-36-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-36-29321' title='Cf. &lt;em&gt;Didach\u00e9&lt;\/em&gt;, 14; ed. Funk, I, p. 32. San Justino &lt;em&gt;Dial.&lt;\/em&gt;, 41:PG 6, 564. San Ireneo, &lt;em&gt;Adv. Haer.&lt;\/em&gt;, IV, 17, 5: PG 7, 1023; Harvey, 2, pp. 199 s. Conc. Trid. ses. 22, cap. I: Denz. 939 (1742).'><sup>36<\/sup><\/a><\/span> As\u00ed, pues, la Iglesia ora y trabaja para que la totalidad del mundo se integre en el Pueblo de Dios, Cuerpo del Se\u00f1or y templo del Esp\u00edritu Santo, y en Cristo, Cabeza de todos, se rinda al Creador universal y Padre todo honor y gloria.<\/p>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>La importancia de este cap\u00edtulo es muy grande especialmente porque con este tema, m\u00e1s que con cualquier otro, el Vaticano II se une al Vaticano I con la intenci\u00f3n expl\u00edcita de darle continuidad y complementariedad, y es por esta raz\u00f3n por lo que asume un estilo y un lenguaje \u00abjur\u00eddico\u00bb an\u00e1logo al del Vaticano I. Pero, a su vez, se manifiesta una novedad de estilo eclesial que no aparece a primera vista y que se muestra en la incorporaci\u00f3n incluso textual de explicaciones y clarificaciones propuestas por los padres del Vaticano I durante el debate sobre el papado. Tal incorporaci\u00f3n atestigua claramente que los dogmas del primado de jurisdicci\u00f3n y de la infalibilidad papal proclamados en el Vaticano I no negaban ni compromet\u00edan la misi\u00f3n de los obispos ni su funci\u00f3n en la Iglesia. Y a partir de estos elementos el Vaticano II explicita que las \u00abnuevas\u00bb afirmaciones sobre la colegialidad no est\u00e1n en contradicci\u00f3n con el Vaticano I.<\/div><\/div>\n<h2>Cap\u00edtulo <strong>III: <\/strong><em><strong>Constituci\u00f3n jerarquica de la Iglesia, y particularmente el Episcopado<\/strong><\/em><\/h2>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p><strong><em>1. Los obispos como cuerpo colegial <\/em>(LG 18-23) <\/strong><\/p>\n<p>Se parte de una visi\u00f3n de la autoridad en la Iglesia como servicio a los hermanos, citando el enfoque del Vaticano 1, que da primac\u00eda a la Iglesia, en cuyo interior se sit\u00faa el episcopado. Por esto se afirma que Jes\u00fas quiso a los ap\u00f3stoles y a sus sucesores, los obispos, para que la Iglesia estuviese unida, a su vez, a Pedro y al papa, su sucesor, a fin de que \u00abel episcopado fuese uno e indiviso\u00bb (LG 18).<\/p>\n<\/div><\/div>\n<p>18. Para apacentar el Pueblo de Dios y acrecentarlo siempre, Cristo Se\u00f1or instituy\u00f3 en su Iglesia diversos ministerios, ordenados al bien de todo el Cuerpo. Pues los ministros que poseen la sacra potestad est\u00e1n al servicio de sus hermanos, a fin de que todos cuantos pertenecen al Pueblo de Dios y gozan, por tanto, de la verdadera dignidad cristiana, tendiendo libre y ordenadamente a un mismo fin, alcancen la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Este santo S\u00ednodo, siguiendo las huellas del Concilio Vaticano I, ense\u00f1a y declara con \u00e9l que Jesucristo, Pastor eterno, edific\u00f3 la santa Iglesia enviando a sus Ap\u00f3stoles lo mismo que El fue enviado por el Padre (cf. <em>Jn<\/em> 20,21), y quiso que los sucesores de aqu\u00e9llos, los Obispos, fuesen los pastores en su Iglesia hasta la consumaci\u00f3n de los siglos. Pero para que el mismo Episcopado fuese uno solo e indiviso, puso al frente de los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles al bienaventurado Pedro e instituy\u00f3 en la persona del mismo el principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de fe y de comuni\u00f3n.<span id='easy-footnote-37-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-37-29321' title='Cf. Conc. Vat. I, const. dogm. de Ecclesia Christi &lt;em&gt;Pastor aeternus:&lt;\/em&gt; Denz. 1821 (3.050s.).'><sup>37<\/sup><\/a><\/span> Esta doctrina sobre la instituci\u00f3n, perpetuidad, poder y raz\u00f3n de ser del sacro primado del Romano Pont\u00edfice y de su magisterio infalible, el santo Concilio la propone nuevamente como objeto de fe inconmovible a todos los fieles, y, prosiguiendo dentro de la misma l\u00ednea, se propone, ante la faz de todos, profesar y declarar la doctrina acerca de los Obispos, sucesores de los Ap\u00f3stoles, los cuales, junto con el sucesor de Pedro, Vicario de Cristo<span id='easy-footnote-38-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-38-29321' title='Cf. Conc. Flor., &lt;em&gt;Decretum pro Graecis:&lt;\/em&gt; Denz. 694 (1307), y Con. Vat. I, ibid.: Denz., 1826 (3059).'><sup>38<\/sup><\/a><\/span> y Cabeza visible de toda la Iglesia, rigen la casa del Dios vivo.<\/p>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p><strong><em>2. Ra\u00edz hist\u00f3rica y sacramental del episcopado <\/em>(LG 19-21)<\/strong><\/p>\n<p>LG 19 se basa en el Nuevo Testamento para afirmar que Jes\u00fas constituy\u00f3 a los ap\u00f3stoles como un \u00abgrupo estable\u00bb. Por su lado, LG 20 afronta el tema delicado del paso de la etapa neotestamentaria a la siguiente, en la que aparecieron los obispos que ya en el siglo Il se consolidan como gu\u00edas en la Iglesia, de acuerdo con diversos testimonios hist\u00f3ricos. Finalmente, LG 21 afirma la g\u00e9nesis sacramental del episcopado como plenitud del sacramento del orden, por medio de una de las proposiciones m\u00e1s solemnes del Vaticano II precedida por la expresi\u00f3n \u00abel santo Concilio ense\u00f1a <em>(docet)\u00bb.<\/em><\/p>\n<p>A su vez, se subraya que la \u00abordenaci\u00f3n\u00bb \u2014el texto dice \u00abconsagraci\u00f3n\u00bb, palabra excluida en el nuevo ritual posconciliar que recupera la m\u00e1s tradicional y adecuada de \u00abordenaci\u00f3n\u00bb\u2014 confiere la triple funci\u00f3n u oficio <em>(munus) <\/em>del ministerio episcopal: la de santificar, la de ense\u00f1ar y la de gobernar. De esta forma se supera la doctrina m\u00e1s habitual que divid\u00eda en dos los \u00abpoderes\u00bb episcopales: el de orden, generado por la ordenaci\u00f3n, y el de jurisdicci\u00f3n, fruto de la misi\u00f3n can\u00f3nica. As\u00ed se recupera la doctrina m\u00e1s tradicional y antigua sobre el origen sacramental de la totalidad del ministerio episcopal y, a su vez, se precisa que \u00ablos oficios de ense\u00f1ar y de gobernar, por su misma naturaleza, no se pueden ejercer si no es en comuni\u00f3n jer\u00e1rquica con la cabeza y los miembros del colegio\u00bb. La \u00abmisi\u00f3n can\u00f3nica\u00bb, pues, permanece necesaria, pero no como fuente de estos dos oficios o funciones, sino para que se puedan ejercer de forma leg\u00edtima. En la <em>Nota Explicativa Previa <\/em>que Pablo VI pidi\u00f3 que se incorporara a la LG, y con un lenguaje m\u00e1s jur\u00eddico, se distingue entre \u00abla participaci\u00f3n ontol\u00f3gica de los ministerios sagrados\u00bb que confiere la ordenaci\u00f3n y \u00abla determinaci\u00f3n can\u00f3nica o jur\u00eddica\u00bb que posibilita su ejercicio concreto.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<p>19. El Se\u00f1or Jes\u00fas, despu\u00e9s de haber hecho oraci\u00f3n al Padre, llamando a s\u00ed a los que El quiso, eligi\u00f3 a doce para que viviesen con El y para enviarlos a predicar el reino de Dios (cf. <em>Mc<\/em> 3,13-19; <em>Mt<\/em> 10,1-42); a estos Ap\u00f3stoles (cf. <em>Lc<\/em> 6,13) los instituy\u00f3 a modo de colegio, es decir, de grupo estable, al frente del cual puso a Pedro, elegido de entre ellos mismos (cf. <em>Jn<\/em> 21,15-17). Los envi\u00f3 primeramente a los hijos de Israel, y despu\u00e9s a todas las gentes (cf.<em> Rm<\/em> 1,16), para que, participando de su potestad, hiciesen disc\u00edpulos de El a todos los pueblos y los santificasen y gobernasen (cf. <em>Mt<\/em> 28,16-20; <em>Mc<\/em> 16, 15; Le 24,45-48; <em>Jn<\/em> 20,21-23), y as\u00ed propagasen la Iglesia y la apacentasen, sirvi\u00e9ndola, bajo la direcci\u00f3n del Se\u00f1or, todos los d\u00edas hasta la consumaci\u00f3n de los siglos (<em>Mt<\/em> 28,20). En esta misi\u00f3n fueron confirmados plenamente el d\u00eda de Pentecost\u00e9s (cf. <em>Hch<\/em> 2,1-36), seg\u00fan la promesa del Se\u00f1or: \u00abRecibir\u00e9is la virtud del Esp\u00edritu Santo, que vendr\u00e1 sobre vosotros, y ser\u00e9is mis testigos as\u00ed en Jerusal\u00e9n como en toda la Judea y Samar\u00eda y hasta el \u00faltimo conf\u00edn de la tierra\u00bb (<em>Hch<\/em> 1,8). Los Ap\u00f3stoles, pues, predicando en todas partes el Evangelio (cf. <em>Mc<\/em> 16,20), recibido por los oyentes bajo la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, congregan la Iglesia universal que el Se\u00f1or fund\u00f3 en los Ap\u00f3stoles y edific\u00f3 sobre el bienaventurado Pedro, su cabeza, siendo el propio Cristo Jes\u00fas la piedra angular (cf. <em>Ap<\/em> 21, 14; <em>Mt<\/em> 16, 18; <em>Ef<\/em> 2, 20).<span id='easy-footnote-39-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-39-29321' title='Cf. &lt;em&gt;Liber sacramentorum&lt;\/em&gt; S. Gregorio, &lt;em&gt;Praefacio in Cathedra S. Petri, in natali S. Mathiae et S. Thomae&lt;\/em&gt;: PL 78, 50, 51 et 152; cf. Cod. Vat. Lat 3548, f. 19. San Hiliario, &lt;em&gt;In Ps&lt;\/em&gt;. 67, 10: PL 9, 450; CSEL, 22, p.286. San Jer\u00f3nimo, &lt;em&gt;Adv. Iovin&lt;\/em&gt;. 1, 26: PL 23, 247A. San Agust\u00edn, &lt;em&gt;In Ps.&lt;\/em&gt;,86, 4: PL 37, 1103. San Gregorio, M., &lt;em&gt;Mor. in Iob&lt;\/em&gt;, XXVIII V: PL 76, 455-456. Primasio, &lt;em&gt;Comm. in Ap.&lt;\/em&gt; V: PL 68, 924BC. Pascasio Radb., &lt;em&gt;In Mt.&lt;\/em&gt; 1. 8, c. 16: PL 120, 561C. Cf. Le\u00f3n XIII, carta &lt;em&gt;Et sane&lt;\/em&gt;, 17 dic. 1888: AAS 21 (1888) 321.'><sup>39<\/sup><\/a><\/span>\n<p>20. Esta divina misi\u00f3n confiada por Cristo a los Ap\u00f3stoles ha de durar hasta \u00e9l fin del mundo (cf. <em>Mt<\/em> 28,20), puesto que el Evangelio que ellos deben propagar es en todo tiempo el principio de toda la vida para la Iglesia. Por esto los Ap\u00f3stoles cuidaron de establecer sucesores en esta sociedad jer\u00e1rquicamente organizada.<\/p>\n<p>En efecto, no s\u00f3lo tuvieron diversos colaboradores en el ministerio,<span id='easy-footnote-40-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-40-29321' title='Cf. &lt;em&gt;Hech&lt;\/em&gt;, 6, 2-6; 11, 30; 13, 1; 14, 23; 20, 17; &lt;em&gt;1 Tes&lt;\/em&gt;, 5, 12-13; &lt;em&gt;Flp&lt;\/em&gt;, 1, 1.; Col 4, 11 y &lt;em&gt;passim&lt;\/em&gt;.'><sup>40<\/sup><\/a><\/span> sino que, a fin de que la misi\u00f3n a ellos confiada se continuase despu\u00e9s de su muerte, dejaron a modo de testamento a sus colaboradores inmediatos el encargo de acabar y consolidar la obra comenzada por ellos,<span id='easy-footnote-41-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-41-29321' title='Cf. &lt;em&gt;Hech&lt;\/em&gt;, 20, 25-27; &lt;em&gt;2 Tm&lt;\/em&gt;, 4, 6 s, comparado con &lt;em&gt;1 Tm&lt;\/em&gt;, 5, 22; &lt;em&gt;2 Tm&lt;\/em&gt;, 2, 2; &lt;em&gt;Tit&lt;\/em&gt; 1, 5; San Clem. Rom., &lt;em&gt;Ad Cor.&lt;\/em&gt; 44, 3; ed. Funk, I, p. 156.'><sup>41<\/sup><\/a><\/span> encomend\u00e1ndoles que atendieran a toda la grey, en medio de la cual el Esp\u00edritu Santo los hab\u00eda puesto para apacentar la Iglesia de Dios (cf. <em>Hch<\/em> 20,28). Y as\u00ed establecieron tales colaboradores y les dieron adem\u00e1s la orden de que, al morir ellos, otros varones probados se hicieran cargo de su ministerio.<span id='easy-footnote-42-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-42-29321' title='San Clem. Rom., &lt;em&gt;Ad Cor.&lt;\/em&gt; 44, 2; ed. Funk, I, p. 154s.'><sup>42<\/sup><\/a><\/span> Entre los varios ministerios que desde los primeros tiempos se vienen ejerciendo en la Iglesia, seg\u00fan el testimonio de la Tradici\u00f3n, ocupa el primer lugar el oficio de aquellos que, ordenados Obispos por una sucesi\u00f3n que se remonta a los mismos or\u00edgenes,<span id='easy-footnote-43-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-43-29321' title='Cf. Tertul., &lt;em&gt;Praescr. haer.&lt;\/em&gt; 32: PL 2, 52s. S. Ignacio, M., passim.'><sup>43<\/sup><\/a><\/span> conservan la semilla apost\u00f3lica.<span id='easy-footnote-44-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-44-29321' title='Cf. Tertul., &lt;em&gt;Praescr. haer.&lt;\/em&gt; 32: PL 2, 63.'><sup>44<\/sup><\/a><\/span> As\u00ed, como atestigua San Ireneo, por medio de aquellos que fueron instituidos por los Ap\u00f3stoles Obispos y sucesores suyos hasta nosotros, se manifiesta<span id='easy-footnote-45-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-45-29321' title='Cf. Sam Ireneo, &lt;em&gt;Adv. haer.&lt;\/em&gt; III, 3, 1: PG 7, 848A; Harvey, 2, 8; Sagnard, p. 100 s.: \u00abmanifestatam\u00bb.'><sup>45<\/sup><\/a><\/span> y se conserva la tradici\u00f3n apost\u00f3lica en todo el mundo.<span id='easy-footnote-46-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-46-29321' title='Cf. San Ireneo, &lt;em&gt;Adv. haer.&lt;\/em&gt; III, 2, 2: PG 7, 847; Harvey, 2, 7; Sagnard, p. 100: \u00abcustoditur\u00bb; cf. ib. IV, 26, 2; col. 1053; Harvey, 2, 236, y IV, 33, 8; col. 1077; Harvey, 2, 262.'><sup>46<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Los Obispos, pues, recibieron el ministerio de la comunidad con sus colaboradores, los presb\u00edteros y di\u00e1conos,<span id='easy-footnote-47-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-47-29321' title='San Ign. M., &lt;em&gt;Philad&lt;\/em&gt;. praef.: ed. Funk, I, p. 264.'><sup>47<\/sup><\/a><\/span> presidiendo en nombre de Dios la grey,<span id='easy-footnote-48-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-48-29321' title='San Ign. M., &lt;em&gt;Philad&lt;\/em&gt;. 1, 1; &lt;em&gt;Magn&lt;\/em&gt;. 6, 1; ed. Funk, I, p\u00e1ginas 264 y 234.'><sup>48<\/sup><\/a><\/span> de la que son pastores, como maestros de doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros de gobierno.<span id='easy-footnote-49-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-49-29321' title='San Clemente Rom., l. c., 42, 3-4; 44, 3-4; 57, 1-2: ed. Funk, I, 152, 156, 171s. San Ignacio M., &lt;em&gt;Philad&lt;\/em&gt;., 2; &lt;em&gt;Smyrn.&lt;\/em&gt; 8; &lt;em&gt;Magn.&lt;\/em&gt; 3; &lt;em&gt;Trall.&lt;\/em&gt; 7; ed. Funk, I. pp. 265s; 282; 232; 246s, etc. San Justino, &lt;em&gt;Apol&lt;\/em&gt;, 1, 65: PG 6, 428; San Cipriano, &lt;em&gt;Epist&lt;\/em&gt;. passim.'><sup>49<\/sup><\/a><\/span> Y as\u00ed como permanece el oficio que Dios concedi\u00f3 personalmente a Pedro; pr\u00edncipe de los Ap\u00f3stoles, para que fuera transmitido a sus sucesores, as\u00ed tambi\u00e9n perdura el oficio de los Ap\u00f3stoles de apacentar la Iglesia, que debe ejercer de forma permanente el orden sagrado de los Obispos.<span id='easy-footnote-50-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-50-29321' title='Cf. Le\u00f3n XIII, enc. &lt;em&gt; Satis cognitum&lt;\/em&gt;, 29 jun. 1896: ASS 28 (1895-96), p. 732.'><sup>50<\/sup><\/a><\/span> Por ello, este sagrado S\u00ednodo ense\u00f1a que los Obispos han sucedido,<span id='easy-footnote-51-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-51-29321' title='Cf. Conc. Trid., decr. &lt;em&gt;De sacr. Ordinis&lt;\/em&gt;, c.3 4: Denz. 960 (1768); Conc. Vat. I, const. Dogm. de Ecclesia Christi Pastor aeternus c. 4: Denz. 1828 (3061). P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt;Mystici Corporis&lt;\/em&gt;, 29 jun. 1943: AAS 35 (1943) 209 y 212. Cod. Iur. Can., 329, \u00a7 1.'><sup>51<\/sup><\/a><\/span> por instituci\u00f3n divina, a los Ap\u00f3stoles como pastores de la Iglesia, de modo que quien los escucha, escucha a Cristo, y quien los desprecia, desprecia a Cristo y a quien le envi\u00f3 (cf. <em>Lc<\/em> 10,16).<span id='easy-footnote-52-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-52-29321' title='Cf. Le\u00f3n XIII, ep\u00edst. &lt;em&gt;Et sane&lt;\/em&gt;, 17 dic. 1888: AAS 21 (1888) 321s.'><sup>52<\/sup><\/a><\/span>\n<p>21. En la persona, pues, de los Obispos, a quienes asisten los presb\u00edteros, el Se\u00f1or Jesucristo, Pont\u00edfice supremo, est\u00e1 presente en medio de los fieles. Porque, sentado a la diestra del Padre, no est\u00e1 ausente la congregaci\u00f3n de sus pont\u00edfices,<span id='easy-footnote-53-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-53-29321' title='Cf. San Le\u00f3n M., &lt;em&gt;Serm.&lt;\/em&gt; 5, 3: PL 54, 154.'><sup>53<\/sup><\/a><\/span> sino que, principalmente a trav\u00e9s de su servicio eximio, predica la palabra de Dios a todas las gentes y administra continuamente los sacramentos de la fe a los creyentes, y por medio de su oficio paternal (cf.<em>1 Co<\/em> 4,15) va congregando nuevos miembros a su Cuerpo con regeneraci\u00f3n sobrenatural; finalmente, por medio de su sabidur\u00eda y prudencia dirige y ordena al Pueblo del Nuevo Testamento en su peregrinar hacia la eterna felicidad. Estos pastores, elegidos para apacentar la grey del Se\u00f1or, son los ministros de Cristo y los dispensadores de los misterios de Dios (cf. <em>1 Co<\/em> 4,1), a quienes est\u00e1 encomendado el testimonio del Evangelio de la gracia de Dios (cf. <em>Rm<\/em> 15,16; <em>Hch<\/em> 20,24) y la gloriosa administraci\u00f3n del Esp\u00edritu y de la justicia (cf. <em>2 Co<\/em> 3,8-9).<\/p>\n<p>Para realizar estos oficios tan excelsos, los Ap\u00f3stoles fueron enriquecidos por Cristo con una efusi\u00f3n especial del Esp\u00edritu Santo, que descendi\u00f3 sobre ellos (cf. <em>Hch<\/em> 1,8; 2,4; <em>Jn<\/em> 20,22-23), y ellos, a su vez, por la imposici\u00f3n de las manos, transmitieron a sus colaboradores este don espiritual (cf. <em>1 Tm<\/em> 4,14; <em>2 Tm<\/em> 1,6-7), que ha llegado hasta nosotros en la consagraci\u00f3n episcopal.<span id='easy-footnote-54-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-54-29321' title='Conc. Trid., ses. 23, c. 3, cita &lt;em&gt;2 Tm&lt;\/em&gt;, 1, 6-7, para demostrar que el orden es verdadero sacramento: Denz., 959 (1766).'><sup>54<\/sup><\/a><\/span> Ense\u00f1a, pues, este santo S\u00ednodo que en la consagraci\u00f3n episcopal se confiere la plenitud del sacramento del orden, llamada, en la pr\u00e1ctica lit\u00fargica de la Iglesia y en la ense\u00f1anza de los Santos Padres, sumo sacerdocio, cumbre del ministerio sagrado.<span id='easy-footnote-55-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-55-29321' title='En la &lt;em&gt;Trad. Apost.&lt;\/em&gt;, 3, ed. Botte, &lt;em&gt;Sources Chr\u00e9t.&lt;\/em&gt;, pp. 27-30, al obispo se le atribuye \u00abel primado del sacerdocio\u00bb. Cf. &lt;em&gt;Sacramentarium Leonianum&lt;\/em&gt;, ed. C. Mohlberg, &lt;em&gt;Sacramentarium Veronense&lt;\/em&gt; (Romae 1955) p. 119: \u00abpara el ministerio del sumo sacerdocio&amp;#8230; Completa en tus sacerdotes la cima del misterio\u00bb&amp;#8230;: Idem, &lt;em&gt;Liber Sacramentorum Romanae Ecclesiae&lt;\/em&gt; (Romae1960) pp. 121-122: \u00abConfi\u00e9reles, Se\u00f1or, la c\u00e1tedra episcopal para regir tu iglesia y a todo el pueblo\u00bb. Cf. PL 78, 224.'><sup>55<\/sup><\/a><\/span> La consagraci\u00f3n episcopal, junto con el oficio de santificar, confiere tambi\u00e9n los oficios de ense\u00f1ar y de regir, los cuales, sin embargo, por su misma naturaleza, no pueden ejercerse sino en comuni\u00f3n jer\u00e1rquica con la Cabeza y los miembros del Colegio. Pues seg\u00fan la Tradici\u00f3n, que se manifiesta especialmente en los ritos lit\u00fargicos y en el uso de la Iglesia tanto de Oriente como de Occidente, es cosa clara que por la imposici\u00f3n de las manos y las palabras de la consagraci\u00f3n se confiere<span id='easy-footnote-56-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-56-29321' title='Cf. &lt;em&gt;Trad. Apost.&lt;\/em&gt;, 2, ed. Botte, p. 27.'><sup>56<\/sup><\/a><\/span> la gracia del Esp\u00edritu Santo y se imprime el sagrado car\u00e1cter,<span id='easy-footnote-57-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-57-29321' title='Conc. Trid., ses. 23, c. 4, ense\u00f1a que el sacramento del orden imprime car\u00e1cter indeleble: Denz. 960 (1767). Cf. Juan XXIII, aloc. &lt;em&gt;Iubilate Deo&lt;\/em&gt;, 8 mayo 1960: AAS 52 (1960) 446. Pablo VI, homil\u00eda en Bas. Vaticana, 20 octubre 1963: AAS 55 (1963) 1014.'><sup>57<\/sup><\/a><\/span> de tal manera que los Obispos, de modo visible y eminente, hacen las veces del mismo Cristo, Maestro, Pastor y Pont\u00edfice, y act\u00faan en lugar suyo.<span id='easy-footnote-58-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-58-29321' title='San Cipriano, &lt;em&gt;Epist.&lt;\/em&gt; 63, 14 (PL 4, 386; Hartel, III B, p. 713): \u00abel sacerdote hace las veces de Cristo\u00bb. San J. Cris\u00f3stomo, &lt;em&gt;In 2 Tim.&lt;\/em&gt; hom., 2, 4 (PG 62, 612): \u00abel sacerdote es s\u00edmbolo de Cristo\u00bb. San Ambrosio, &lt;em&gt;In Ps.&lt;\/em&gt; 38, 25-26: PL 14, 1051-52; CSEL, 64, 203-204. Ambrosiaster, &lt;em&gt;In 1 Tim.&lt;\/em&gt; 5, 19: PL 17, 479C e &lt;em&gt;In Eph.&lt;\/em&gt;, 4, 11-12: col. 387C. Teodoro Mops., &lt;em&gt;Hom. Catech.&lt;\/em&gt; XV, 21 y 24; ed. Tonneau, p. 497 y 503. Hesiquio Hieros., &lt;em&gt;In Lev.&lt;\/em&gt; 2, 9, 23: PG 93, 894B.'><sup>58<\/sup><\/a><\/span> Pertenece a los Obispos incorporar, por medio del sacramento del orden, nuevos elegidos al Cuerpo episcopal.<\/p>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p><strong><em>3. El \u00abcolegio\u00bb de los obispos y la colegialidad <\/em>(LG 22-23)<\/strong><\/p>\n<p><em>El primado y la colegialidad. <\/em>LG 22, junto con DV 9, fue el texto m\u00e1s laborioso de todo el Vaticano II y tiene como objetivo hacer una \u00abrelectura\u00bb del primado definido en el Vaticano I. Aqu\u00ed tambi\u00e9n se incorporan algunas clarificaciones importantes extra\u00eddas de las Actas de este concilio. As\u00ed se reafirma el dogma del Vaticano 1 sobre el \u00abprimado\u00bb \u2014aunque el Vaticano II nunca lo adjetiva con el \u00abde jurisdicci\u00f3n\u00bb\u2014 y se a\u00f1ade inmediatamente que el colegio episcopal \u00abtambi\u00e9n es sujeto de la potestad suprema y plena sobre la Iglesia universal\u00bb (texto sacado de las Actas del Vaticano I), aunque siempre \u00abcon y bajo el papa\u00bb <em> (cum et sub). <\/em> De esta forma la colegialidad \u00abmanifiesta la variedad y la universalidad del pueblo de Dios\u00bb. Por esto se concluye que los obispos dispersos en el mundo ejercen una verdadera acci\u00f3n colegial: ya sea que el papa \u00ablos llame a una acci\u00f3n colegial\u00bb, ya sea que la \u00abapruebe\u00bb, o que la \u00abacepte de tal forma que sea un verdadero acto colegial\u00bb.<\/p>\n<p><em> La fraternidad en horizontal de los obispos. <\/em>LG 23 contiene un decisivo valor eclesiol\u00f3gico, puesto que es el \u00ablugar teol\u00f3gico\u00bb m\u00e1s importante del Vaticano II sobre la comprensi\u00f3n de la Iglesia como \u00abcomuni\u00f3n de Iglesias\u00bb. En efecto, se afirma que en \u00ablas Iglesias particulares, formadas a imagen de la Iglesia universal, en ellas y a partir de ellas <em>(in quibus et ex quibus), <\/em>existe la Iglesia cat\u00f3lica una y \u00fanica\u00bb. De esta forma <em>Lumen gentium <\/em>pone de relieve, por un lado, que toda la profunda realidad de la Iglesia de Dios est\u00e1 presente en cada iglesia local y, por otro, que la Iglesia cat\u00f3lica no es nada m\u00e1s ni nada menos que la comuni\u00f3n de Iglesias particulares (locales\/diocesanas), en la que la Iglesia de Roma, que tambi\u00e9n es una Iglesia local, tiene una funci\u00f3n decisiva en este \u00abcuerpo de las Iglesias\u00bb. Aqu\u00ed, adem\u00e1s, los obispos son vistos como representantes de sus Iglesias y todos juntos con el papa como representantes de la Iglesia universal: afirmaci\u00f3n complementaria y nueva a la de los textos tradicionales que s\u00f3lo ve\u00edan a los obispos como representantes a partir \u00abde arriba\u00bb, por ser vicarios de Cristo que act\u00faan en su nombre. Finalmente, se acent\u00faan las formas hist\u00f3ricas de expresi\u00f3n de la colegialidad y, de forma particular, como testimonio del \u00abafecto colegial\u00bb <em>(affectus collegialis) <\/em>se citan las \u00abconferencias episcopales\u00bb que son una de las mayores novedades del posconcilio.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<p>22. As\u00ed como, por disposici\u00f3n del Se\u00f1or, San Pedro y los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles forman un solo Colegio apost\u00f3lico, de igual manera se unen entre s\u00ed el Romano Pont\u00edfice, sucesor de Pedro, y los Obispos, sucesores de los Ap\u00f3stoles. Ya la m\u00e1s antigua disciplina, seg\u00fan la cual los Obispos esparcidos por todo el orbe comunicaban entre s\u00ed y con el Obispo de Roma en el v\u00ednculo de la unidad, de la caridad y de la paz,<span id='easy-footnote-59-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-59-29321' title='Cf. Eusebio, &lt;em&gt;Hist. Eccl.&lt;\/em&gt; V, 24, 10: GCS II, 1, p. 495; ed. Bardy. Sources Chr\u00e9t. II, p. 69. Dionisio, en Eusebio, ibid., VII, 5, 2: GCS II, 2, p. 638s; Bardy, II, pp. 168 s.'><sup>59<\/sup><\/a><\/span> y tambi\u00e9n los concilios convocados<span id='easy-footnote-60-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-60-29321' title='Cf. sobre los Concilios antiguos, Eusebio, &lt;em&gt;Hist. Eccl.&lt;\/em&gt; V, 23-24: GCS II, 1, p. 488 ss.; Bardy, II, p. 66ss, &lt;em&gt;et passim&lt;\/em&gt;. Conc. Niceno, can., 5; &lt;em&gt;Conc. Oec. Decr.&lt;\/em&gt;, p. 7.'><sup>60<\/sup><\/a><\/span> para decidir en com\u00fan las cosas m\u00e1s importantes,<span id='easy-footnote-61-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-61-29321' title='Tertuliano, &lt;em&gt;De ieiun&lt;\/em&gt;., 13: PL 2, 972B; CSEL 20, p.292, l\u00edn. 13-16.'><sup>61<\/sup><\/a><\/span> sometiendo la resoluci\u00f3n al parecer de muchos,<span id='easy-footnote-62-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-62-29321' title='San Cipriano, &lt;em&gt;Epist&lt;\/em&gt;., 56, 3; Hartel, III B, p. 649; Bayard, p. 154.'><sup>62<\/sup><\/a><\/span> manifiestan la naturaleza y la forma colegial del orden episcopal, confirmada manifiestamente por los concilios ecum\u00e9nicos celebrados a lo largo de los siglos. Esto mismo est\u00e1 indicado por la costumbre, introducida de antiguo, de llamar a varios Obispos para tomar parte en la elevaci\u00f3n del nuevo elegido al ministerio del sumo sacerdocio. Uno es constituido miembro del Cuerpo episcopal en virtud de la consagraci\u00f3n sacramental y por la comuni\u00f3n jer\u00e1rquica con la Cabeza y con los miembros del Colegio.<\/p>\n<p>El Colegio o Cuerpo de los Obispos, por su parte, no tiene autoridad, a no ser que se considere en comuni\u00f3n con el Romano Pont\u00edfice, sucesor de Pedro, como cabeza del mismo, quedando totalmente a salvo el poder primacial de \u00e9ste sobre todos, tanto pastores como fieles. Porque el Romano Pont\u00edfice tiene sobre la Iglesia, en virtud de su cargo, es decir, como Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia, plena, suprema y universal potestad, que puede siempre ejercer libremente. En cambio, el Cuerpo episcopal, que sucede al Colegio de los Ap\u00f3stoles en el magisterio y en el r\u00e9gimen pastoral, m\u00e1s a\u00fan, en el que perdura continuamente el Cuerpo apost\u00f3lico, junto con su Cabeza, el Romano Pont\u00edfice, y nunca sin esta Cabeza, es tambi\u00e9n sujeto de la suprema y plena potestad sobre la Iglesia universal,<span id='easy-footnote-63-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-63-29321' title='Cf. &lt;em&gt;Relatio&lt;\/em&gt; oficial de Zinelli, en el Conc. Vat. I: Mansi, 52, 1.109C.'><sup>63<\/sup><\/a><\/span> si bien no puede ejercer dicha potestad sin el consentimiento del Romano Pont\u00edfice. El Se\u00f1or estableci\u00f3 solamente a Sim\u00f3n como roca y portador de las llaves de la Iglesia (<em>Mt<\/em> 16,18-19) y le constituy\u00f3 Pastor de toda su grey (cf. <em>Jn<\/em> 21, 15 ss); pero el oficio de atar y desatar dado e Pedro (cf. <em>Mt<\/em> 16,19) consta que fue dado tambi\u00e9n al Colegio de los Ap\u00f3stoles unido a su Cabeza (cf. <em>Mt<\/em> 18, 18; 28,16-20).<span id='easy-footnote-64-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-64-29321' title='Cf. Conc. Vat. I, esquema de la const. dogm. II, De Ecclesia Christi, c. 4: Mansi, 53, 310. Cf. &lt;em&gt;Relatio&lt;\/em&gt; Kleutgen &lt;em&gt;de schemate reformato&lt;\/em&gt;: Mansi, 53, 321 B-322 B y la declaraci\u00f3n de Zinelli: Mansi, 52, 1110A. cfr. tambi\u00e9n San Le\u00f3n M., &lt;em&gt;Serm.&lt;\/em&gt; 4, 3: PL 54, 151A.'><sup>64<\/sup><\/a><\/span> Este Colegio, en cuanto compuesto de muchos, expresa la variedad y universalidad del Pueblo de Dios; y en cuanto agrupado bajo una sola Cabeza, la unidad de la grey de Cristo. Dentro de este Colegio los Obispos, respetando fielmente el primado y preeminencia de su Cabeza, gozan de potestad propia para bien de sus propios fieles, incluso para bien de toda la Iglesia porque el Esp\u00edritu Santo consolida sin cesar su estructura org\u00e1nica y su concordia. La potestad suprema sobre la Iglesia universal que posee este Colegio se ejercita de modo solemne en el concilio ecum\u00e9nico. No hay concilio ecum\u00e9nico si no es aprobado o, al menos, aceptado como tal por el sucesor de Pedro. Y es prerrogativa del Romano Pont\u00edfice convocar estos concilios ecum\u00e9nicos, presidirlos y confirmarlos.<span id='easy-footnote-65-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-65-29321' title='Cf. &lt;em&gt;Cod. Iur. Can&lt;\/em&gt;. can. 222 y 227.'><sup>65<\/sup><\/a><\/span> Esta misma potestad colegial puede ser ejercida por los Obispos dispersos por el mundo a una con el Papa, con tal que la Cabeza del Colegio los llame a una acci\u00f3n colegial o, por lo menos, apruebe la acci\u00f3n unida de \u00e9stos o la acepte libremente, para que sea un verdadero acto colegial.<\/p>\n<p>23. La uni\u00f3n colegial se manifiesta tambi\u00e9n en las mutuas relaciones de cada Obispo con las Iglesias particulares y con la Iglesia universal. El Romano Pont\u00edfice, como sucesor de Pedro, es el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad as\u00ed de los Obispos como de la multitud de los fieles.<span id='easy-footnote-66-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-66-29321' title='Cf. Conc. Vat. I. const. dogm. &lt;em&gt;Pastor aeternus&lt;\/em&gt;: Denz. 1821 (3050s).'><sup>66<\/sup><\/a><\/span> Por su parte, los Obispos son, individualmente, el principio y fundamento visible de unidad en sus Iglesias particulares,<span id='easy-footnote-67-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-67-29321' title='Cf. San Cipriano, &lt;em&gt;Epist.&lt;\/em&gt; 66, 8 (Hartel, III, 2 p. 733): \u00abel obispo en la Iglesia y la Iglesia en el obispo\u00bb.'><sup>67<\/sup><\/a><\/span> formadas a imagen de la Iglesia universal, en las cuales y a base de las cuales se constituye la Iglesia cat\u00f3lica, una y \u00fanica.<span id='easy-footnote-68-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-68-29321' title='Cf. San Cipriano, &lt;em&gt;Epist.&lt;\/em&gt; 55, 24 (Hartel, p. 642, l\u00edn. 13): \u00ab\u00fanica Iglesia, dividida en muchos miembros por todo el mundo\u00bb. &lt;em&gt;Epist.&lt;\/em&gt; 36, 4: Hartel, p. 575, l\u00edn. 20-21.'><sup>68<\/sup><\/a><\/span> Por eso, cada Obispo representa a su Iglesia, y todos juntos con el Papa representan a toda la Iglesia en el v\u00ednculo de la paz, del amor y de la unidad.<\/p>\n<p>Cada uno de los Obispos que es puesto al frente de una Iglesia particular, ejerce su poder pastoral sobre la porci\u00f3n del Pueblo de Dios a \u00e9l encomendada, no sobre las otras Iglesias ni sobre la Iglesia universal. Pero en cuanto miembros del Colegio episcopal y como leg\u00edtimos sucesores de los Ap\u00f3stoles, todos y cada uno, en virtud de la instituci\u00f3n y precepto de Cristo,<span id='easy-footnote-69-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-69-29321' title='Cf. P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt; Fidei Donum&lt;\/em&gt;, 21 abr. 1957: AAS 49 (1957) 237.'><sup>69<\/sup><\/a><\/span> est\u00e1n obligados a tener por la Iglesia universal aquella solicitud que, aunque no se ejerza por acto de jurisdicci\u00f3n, contribuye, sin embargo, en gran manera al desarrollo de la Iglesia universal. Deben, pues, todos los Obispos promover y defender la unidad de la fe y la disciplina com\u00fan de toda la Iglesia, instruir a los fieles en el amor de todo el Cuerpo m\u00edstico de Cristo, especialmente de los miembros pobres, de los que sufren y de los que son perseguidos por la justicia (cf. <em>Mt<\/em> 5,10); promover, en fin, toda actividad que sea com\u00fan a toda la Iglesia, particularmente en orden a la dilataci\u00f3n de la fe y a la difusi\u00f3n de la luz de la verdad plena entre todos los hombres. Por lo dem\u00e1s, es cierto que, rigiendo bien la propia Iglesia como porci\u00f3n de la Iglesia universal, contribuyen eficazmente al bien de todo el Cuerpo m\u00edstico, que es tambi\u00e9n el cuerpo de las Iglesias.<span id='easy-footnote-70-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-70-29321' title='Cf. San Hilario Pict., &lt;em&gt;In Ps.&lt;\/em&gt; 14, 3: PL 9, 206; CSEL, 22, p. 86. San Gregorio M., &lt;em&gt;Moral&lt;\/em&gt;. IV, 7, 12: PL 75, 643C. Ps. Basilio, &lt;em&gt;In Is&lt;\/em&gt;. 15, 296: PG 30, 637C.'><sup>70<\/sup><\/a><\/span>\n<p>El cuidado de anunciar el Evangelio en todo el mundo pertenece al Cuerpo de los Pastores, ya que a todos ellos, en com\u00fan, dio Cristo el mandato, imponi\u00e9ndoles un oficio com\u00fan, seg\u00fan explic\u00f3 ya el papa Celestino a los Padres del Concilio de Efeso.<span id='easy-footnote-71-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-71-29321' title='San Celestino, &lt;em&gt;Epist.&lt;\/em&gt; 18, 1-2, &lt;em&gt;ad Conc. Eph.&lt;\/em&gt;: PL 50, 505AB; Schwartz, &lt;em&gt;Acta Conc. Oec.&lt;\/em&gt; I, 1, 1, p. 22. Cf. Benedicto XV. epist. apost. &lt;em&gt; Maximum illud&lt;\/em&gt;: AAS 11 (1919) 440. P\u00edo XI, enc. &lt;em&gt; Rerum Ecclesiae&lt;\/em&gt;, 28 febr. 1926: AAS 18 (1926) 69. P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt; Fidei Donum&lt;\/em&gt;, l. c.'><sup>71<\/sup><\/a><\/span> Por tanto, todos los Obispos, en cuanto se lo permite el desempe\u00f1o de su propio oficio, est\u00e1n obligados a colaborar entre s\u00ed y con el sucesor de Pedro, a quien particularmente le ha sido confiado el oficio excelso de propagar el nombre cristiano.<span id='easy-footnote-72-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-72-29321' title='Le\u00f3n XIII, enc. &lt;em&gt;Grande munus&lt;\/em&gt;, 30 sept. 1880: AAS 13 (1880) 145. Cf.&lt;em&gt; Cod. Iur. Can.&lt;\/em&gt; can. 1327; can. 1350 \u00a7 2.'><sup>72<\/sup><\/a><\/span> Por lo cual deben socorrer con todas sus fuerzas a las misiones, ya sea con operarios para la mies, ya con ayudas espirituales y materiales; bien directamente por s\u00ed mismos, bien estimulando la ardiente cooperaci\u00f3n de los fieles. Procuren, pues, finalmente, los Obispos, seg\u00fan el venerable ejemplo de la antig\u00fcedad, prestar con agrado una fraterna ayuda a las otras Iglesias, especialmente a las m\u00e1s vecinas y a las m\u00e1s pobres, dentro de esta universal sociedad de la caridad.<\/p>\n<p>La divina Providencia ha hecho que varias Iglesias fundadas en diversas regiones por los Ap\u00f3stoles y sus sucesores, al correr de los tiempos, se hayan reunido en numerosos grupos estables, org\u00e1nicamente unidos, los cuales, quedando a salvo la unidad de la fe y la \u00fanica constituci\u00f3n divina de la Iglesia universal, tienen una disciplina propia, unos ritos lit\u00fargicos y un patrimonio teol\u00f3gico y espiritual propios. Entre las cuales, algunas, concretamente las antiguas Iglesias patriarcales, como madres en la fe, engendraron a otras como hijas y han quedado unidas con ellas hasta nuestros d\u00edas con v\u00ednculos m\u00e1s estrechos de caridad en la vida sacramental y en la mutua observancia de derechos y deberes.<span id='easy-footnote-73-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-73-29321' title='Sobre los derechos de las Sedes patriarcales, cf. Conc. Niceno, can. 6 &lt;em&gt;de Alexandria et Antiochia&lt;\/em&gt;, y can. 7 &lt;em&gt;de Hierosolymis:&lt;\/em&gt; &lt;em&gt;Conc. Oec. Decr.&lt;\/em&gt;, p. 8. Conc. Later. IV, a\u00f1o 1215, constit. V: &lt;em&gt;De dignitate Patriarcharum:&lt;\/em&gt; ibid., p. 212, Conc. Ferr.-Flor.: ibid. p. 504.'><sup>73<\/sup><\/a><\/span> Esta variedad de las Iglesias locales, tendente a la unidad, manifiesta con mayor evidencia la catolicidad de la Iglesia indivisa. De modo an\u00e1logo, las Conferencias episcopales hoy en d\u00eda pueden desarrollar una obra m\u00faltiple y fecunda, a fin de que el afecto colegial tenga una aplicaci\u00f3n concreta.<\/p>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p><strong> 4. <\/strong><strong><em>El obispo y su ministerio <\/em>(LG 24-27)<\/strong><\/p>\n<p><em> El proemio <\/em>de LG 24, que retoma LG 18, describe la responsabilidad episcopal con la preciosa expresi\u00f3n b\u00edblica \u00abdiacon\u00eda\u00bb, que significa ministerio y servicio. A su vez se retoma la ra\u00edz sacramental con referencia \u00aba la fuerza del Esp\u00edritu\u00bb de la cual son investidos, y tambi\u00e9n recuerda \u00abla misi\u00f3n can\u00f3nica\u00bb de la cual subraya la variedad en sus formas hist\u00f3ricas. A partir de aqu\u00ed se desarrolla el ministerio episcopal en sus tres funciones <em>(munera): <\/em>la ense\u00f1anza (LG 25), la santificaci\u00f3n (LG 26) y el gobierno (LG 27).<\/p>\n<p><em> La funci\u00f3n magisterial <\/em>(LG 25). Se retorna el Vaticano I sobre el magisterio del papa y su infalibilidad, a\u00f1adiendo explicaciones sacadas de las Actas conciliares. A pesar del lenguaje primariamente jur\u00eddico, existe una perspectiva b\u00edblica y pastoral al afirmar que los obispos son \u00abproclamadores de la fe\u00bb <em>(praecones), <\/em>que han de \u00abpredicar\u00bb como una de sus principales funciones. Sobre el magisterio aut\u00e9ntico y ordinario no \u00abex cathedra\u00bb del papa, se subraya que se le debe una \u00absumisi\u00f3n religiosa\u00bb <em>(obsequium religiosum) <\/em> <em>y <\/em>que para discernirlo se deben tener presente estos tres criterios: \u00abEl car\u00e1cter de los documentos, la frecuencia con que se propone la doctrina y las formas usadas\u00bb.<\/p>\n<p>Sobre el magisterio infalible \u00abex cathedra\u00bb se recuerdan sus cuatro condiciones: el <em>sujeto: <\/em>el papa como tal; el <em>destinatario: <\/em>toda la Iglesia; el <em>objeto: <\/em>la verdades de fe y moral; la <em>forza: <\/em>mediante un acto definitivo. Tales condiciones se pueden aplicar tambi\u00e9n al magisterio infalible de los obispos \u00abaunque est\u00e9n dispersos por el mundo\u00bb y evidentemente reunidos en concilio, cuando \u00abmanteniendo el v\u00ednculo de comuni\u00f3n entre ellos y con el sucesor de Pedro, convienen en una misma sentencia que formulan como definitiva <em>(definitive)\u00bb. <\/em>En esta l\u00ednea, en la modificaci\u00f3n del a\u00f1o 1998 del canon 750 del <em>C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico <\/em>se a\u00f1ade un par\u00e1grafo sobre las proposiciones \u00abdefinitivas\u00bb.<\/p>\n<p>Se concluye con algunas importantes precisiones extra\u00eddas de las Actas del Vaticano 1: 1) sobre el \u00e1mbito de la infalibilidad: \u00abHasta donde llega el dep\u00f3sito de la revelaci\u00f3n\u00bb; 2) sobre su finalidad: \u00abGuardar santamente y exponer con fidelidad\u00bb la revelaci\u00f3n; 3) sobre su definitividad: \u00abLas definiciones son irreformables por s\u00ed mismas y no por el consentimiento de la Iglesia <em>(ex sese non autem ex consensu ecclesiae); <\/em>se trata de una cuesti\u00f3n \u00abdif\u00edcil\u00bb del Vaticano I y que el Vaticano II resuelve apelando al Esp\u00edritu Santo, que tiene la \u00faltima palabra, ya que \u00abconserva y hace progresar en la unidad de la fe todo el reba\u00f1o de Cristo\u00bb; 4) sobre la funci\u00f3n del Magisterio: est\u00e1 bajo la palabra de Dios (DV 1.10), ya que los pastores en su ejercicio \u00abno reciben ninguna nueva revelaci\u00f3n p\u00fablica\u00bb y, por esto, deben hacer \u00abservir los medios convenientes\u00bb para que \u00abla revelaci\u00f3n sea comprendida y expresada en t\u00e9rminos adecuados\u00bb.<\/p>\n<p><em> La funci\u00f3n de santificaci\u00f3n <\/em>(LG 26). La idea de fondo es que el obispo es \u00abel administrador\u00bb <em>(oeconomus) <\/em>sacramental por excelencia, ya sea \u00abrealizando\u00bb acciones sacramentales o confiando que \u00abse realicen\u00bb. En una perspectiva pastoral se subraya de nuevo la teolog\u00eda de la Iglesia y la comunidad \u00ablocal\u00bb, dando \u00e9nfasis a aquellas comunidades que \u00abaun siendo peque\u00f1as y pobres, o que viven dispersas, en ellas Cristo est\u00e1 presente ya que por su poder se re\u00fane la Iglesia, una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica\u00bb.<\/p>\n<p><em> La<sub>.<\/sub>funci\u00f3n de gobierno <\/em>(LG 27). Se complementa lo ya afirmado en LG 22-23, y se califica la potestad episcopal como \u00abpropia\u00bb y no delegada, \u00abordinaria\u00bb y no contingente, e \u00abinmediata\u00bb hacia los fieles de la propia di\u00f3cesis, por esto los obispos y no s\u00f3lo el papa se pueden llamar \u00abvicarios de Cristo\u00bb, siguiendo una antigua tradici\u00f3n (san Cipriano; el papa Hormisdas en el a\u00f1o 514 da este nombre a los obispos de Espa\u00f1a; Tom\u00e1s de Aquino&#8230;). Por esto se recuerda que los obispos \u00abno han de ser tenidos como vicarios del Romano Pont\u00edfice\u00bb. N\u00f3tese, adem\u00e1s, que esta funci\u00f3n de gobierno viene descrita en primer lugar como un servicio a trav\u00e9s de \u00abconsejos, exhortaciones y ejemplos\u00bb y, a su vez, m\u00e1s espec\u00edficamente, \u00abcon autoridad y potestad sagrada\u00bb exclusiva de los obispos. Tal distinci\u00f3n quiz\u00e1 puede posibilitar una cierta comprensi\u00f3n de la participaci\u00f3n del pueblo de Dios en el gobierno episcopal en el nivel primario de aquel servicio que se realiza a trav\u00e9s de \u00abconsejos, exhortaciones y ejemplos\u00bb.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<p>24. Los Obispos, en cuanto sucesores de los Ap\u00f3stoles, reciben del Se\u00f1or, a quien ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra, la misi\u00f3n de ense\u00f1ar a todas las gentes y de predicar el Evangelio a toda creatura, a fin de que todos los hombres consigan la salvaci\u00f3n por medio de la fe, del bautismo y del cumplimiento de los mandamientos (cf. <em>Mt<\/em> 28,18-20; <em>Mc<\/em> 16,15-16; <em>Hch<\/em> 26, 17 s). Para el desempe\u00f1o de esta misi\u00f3n, Cristo Se\u00f1or prometi\u00f3 a los Ap\u00f3stoles el Esp\u00edritu Santo, y lo envi\u00f3 desde el cielo el d\u00eda de Pentecost\u00e9s, para que, confortados con su virtud, fuesen sus testigos hasta los confines de la tierra ante las gentes, los pueblos y los reyes (cf. <em>Hch<\/em> 1,8; 2, 1 ss; 9,15). Este encargo que el Se\u00f1or confi\u00f3 a los pastores de su pueblo es un verdadero servicio, que en la Sagrada Escritura se llama con toda propiedad diacon\u00eda, o sea ministerio (cf. <em>Hch<\/em> 1,17 y 25; 21,19; <em>Rm<\/em> 11,13; <em>1Tm<\/em> 1,12).<\/p>\n<p>La misi\u00f3n can\u00f3nica de los Obispos puede hacerse por las leg\u00edtimas costumbres que no hayan sido revocadas por la potestad suprema y universal de la Iglesia, o por leyes dictadas o reconocidas por la misma autoridad, o directamente por el mismo sucesor de Pedro; y ning\u00fan Obispo puede ser elevado a tal oficio contra la voluntad de \u00e9ste, o sea cuando \u00e9l niega la comuni\u00f3n apost\u00f3lica.<span id='easy-footnote-74-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-74-29321' title='Cf. &lt;em&gt;Cod. Iuris pro Eccl. Orient.&lt;\/em&gt;, can. 216-314: \u00abde Patriarchis\u00bb; can. 324-339: \u00abde Archiepiscopis maioribus\u00bb; can. 362-391: \u00abde aliis dignatariis\u00bb, especialmente los can. 238 \u00a7 3; 216. 240. 251. 255: \u00abde Episcopis a Patriarcha nominadis.'><sup>74<\/sup><\/a><\/span>\n<p>25. Entre los principales oficios de los Obispos se destaca la predicaci\u00f3n del Evangelio.<span id='easy-footnote-75-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-75-29321' title='Cf. Conc. Trid., decr. &lt;em&gt; De reform.&lt;\/em&gt; ses. 5 can. 2 n. 9 y ses. 24 can. 4: &lt;em&gt;Conc. Oec., Decr.&lt;\/em&gt;, p. 645 y 739.'><sup>75<\/sup><\/a><\/span> Porque los Obispos son los pregoneros de la fe que ganan nuevos disc\u00edpulos para Cristo y son los maestros aut\u00e9nticos, o sea los que est\u00e1n dotados de la autoridad de Cristo, que predican al pueblo que les ha sido encomendado la fe que ha de ser cre\u00edda y ha de ser aplicada a la vida, y la ilustran bajo la luz del Esp\u00edritu Santo, extrayendo del tesoro de la Revelaci\u00f3n cosas nuevas y viejas (cf. <em>Mt<\/em> 13, 52), la hacen fructificar y con vigilancia apartan de su grey los errores que la amenazan (cf. <em>2 Tm<\/em> 4,1-4). Los Obispos, cuando ense\u00f1an en comuni\u00f3n con el Romano Pont\u00edfice, deben ser respetados por todos como testigos de la verdad divina y cat\u00f3lica; los fieles, por su parte, en materia de fe y costumbres, deben aceptar el juicio de su Obispo, dado en nombre de Cristo, y deben adherirse a \u00e9l con religioso respeto. Este obsequio religioso de la voluntad y del entendimiento de modo particular ha de ser prestado al magisterio aut\u00e9ntico del Romano Pont\u00edfice aun cuando no hable <em>ex cathedra<\/em>; de tal manera que se reconozca con reverencia su magisterio supremo y con sinceridad se preste adhesi\u00f3n al parecer expresado por \u00e9l, seg\u00fan su manifiesta mente y voluntad, que se colige principalmente ya sea por la \u00edndole de los documentos, ya sea por la frecuente proposici\u00f3n de la misma doctrina, ya sea por la forma de decirlo.<\/p>\n<p>Aunque cada uno de los Prelados no goce por si de la prerrogativa de la infalibilidad, sin embargo, cuando, aun estando dispersos por el orbe, pero manteniendo el v\u00ednculo de comuni\u00f3n entre s\u00ed y con el sucesor de Pedro, ense\u00f1ando aut\u00e9nticamente en materia de fe y costumbres, convienen en que una doctrina ha de ser tenida como definitiva, en ese caso proponen infaliblemente la doctrina de Cristo.<span id='easy-footnote-76-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-76-29321' title='Cf. Conc. Vat. I. const. dogm. &lt;em&gt;Dei Filius&lt;\/em&gt;, 3: Denz. 1712 (3011). Cf. nota al esquema I &lt;em&gt;De Eccl.&lt;\/em&gt; (tomada de San Rob. Belarmino): Mansi, 51, 579C; tambi\u00e9n el esquema reformado de la constituci\u00f3n II De &lt;em&gt;Ecclesia Christi&lt;\/em&gt; con el comentario de Kleutgen: Mansi, 53, 313AB, P\u00edo IX ep\u00edst. &lt;em&gt;Tuas libenter&lt;\/em&gt;: Denz., 1638 (2879).'><sup>76<\/sup><\/a><\/span> Pero todo esto se realiza con mayor claridad cuando, reunidos en concilio ecum\u00e9nico, son para la Iglesia universal los maestros y jueces de la fe y costumbres, a cuyas definiciones hay que adherirse con la sumisi\u00f3n de la fe.<span id='easy-footnote-77-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-77-29321' title='Cf. &lt;em&gt;Cod. Iur. Can.&lt;\/em&gt;, can. 1322-1323.'><sup>77<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Esta infalibilidad que el divino Redentor quiso que tuviese su Iglesia cuando define la doctrina de fe y costumbres, se extiende tanto cuanto abarca el dep\u00f3sito de la Revelaci\u00f3n, que debe ser custodiado santamente y expresado con fidelidad. El Romano Pont\u00edfice, Cabeza del Colegio episcopal, goza de esta misma infalibilidad en raz\u00f3n de su oficio cuando, como supremo pastor y doctor de todos los fieles, que confirma en la fe a sus hermanos (cf. <em>Lc<\/em> 22,32), proclama de una forma definitiva la doctrina de fe y costumbres.<span id='easy-footnote-78-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-78-29321' title='Cf. Conc. Vat. I. const. dogm. &lt;em&gt;Pastor aeternus&lt;\/em&gt;: Denz., 1839 (3074).'><sup>78<\/sup><\/a><\/span> Por esto se afirma, con raz\u00f3n, que sus definiciones son irreformables por s\u00ed mismas y no por el consentimiento de la Iglesia, por haber sido proclamadas bajo la asistencia del Esp\u00edritu Santo, prometida a \u00e9l en la persona de San Pedro, y no necesitar de ninguna aprobaci\u00f3n de otros ni admitir tampoco apelaci\u00f3n a otro tribunal. Porque en esos casos, el Romano Pont\u00edfice no da una sentencia como persona privada, sino que, en calidad de maestro supremo de la Iglesia universal, en quien singularmente reside el carisma de la infalibilidad de la Iglesia misma, expone o defiende la doctrina de la fe cat\u00f3lica.<span id='easy-footnote-79-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-79-29321' title='Cf. la exposici\u00f3n de Gasser al Conc. Vat. I: Mansi, 52, 1213AC.'><sup>79<\/sup><\/a><\/span> La infalibilidad prometida a la Iglesia reside tambi\u00e9n en el Cuerpo de los Obispos cuando ejerce el supremo magisterio en uni\u00f3n con el sucesor de Pedro. A estas definiciones nunca puede faltar el asenso de la Iglesia por la acci\u00f3n del mismo Esp\u00edritu Santo, en virtud de la cual la grey toda de Cristo se mantiene y progresa en la unidad de la fe.<span id='easy-footnote-80-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-80-29321' title='Cf. Gasser, ibid.: Mansi, 1214A.'><sup>80<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Mas cuando el Romano Pont\u00edfice o el Cuerpo de los Obispos juntamente con \u00e9l definen una doctrina, lo hacen siempre de acuerdo con la misma Revelaci\u00f3n, a la cual deben atenerse y conformarse todos, y la cual es \u00edntegramente transmitida por escrito o por tradici\u00f3n a trav\u00e9s de la sucesi\u00f3n leg\u00edtima de los Obispos, y especialmente por cuidado del mismo Romano Pont\u00edfice, y, bajo la luz del Esp\u00edritu de verdad, es santamente conservada y fielmente expuesta en la Iglesia.<span id='easy-footnote-81-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-81-29321' title='Cf. Gasser, ibid.: Mansi, 1215CD, 1216-1217A.'><sup>81<\/sup><\/a><\/span> El Romano Pont\u00edfice y los Obispos, por raz\u00f3n de su oficio y la importancia del asunto, trabajan celosamente con los medios oportunos<span id='easy-footnote-82-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-82-29321' title='Gasser, ib.: Mansi, 1213.'><sup>82<\/sup><\/a><\/span> para investigar adecuadamente y para proponer de una manera apta esta Revelaci\u00f3n; y no aceptan ninguna nueva revelaci\u00f3n p\u00fablica como perteneciente al divino dep\u00f3sito de la fe.<span id='easy-footnote-83-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-83-29321' title='Conc. Vat. I. const. dogm. &lt;em&gt;Pastor aeternus&lt;\/em&gt;, 4: Denz. 1836 (3070).'><sup>83<\/sup><\/a><\/span>\n<p>26. El Obispo, por estar revestido de la plenitud del sacramento del orden, es \u00abel administrador de la gracia del supremo sacerdocio\u00bb,<span id='easy-footnote-84-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-84-29321' title='Oraci\u00f3n de la consagraci\u00f3n episcopal en el rito bizantino: &lt;em&gt;Euchologion to mega&lt;\/em&gt; (Romae 1873) p. 139.'><sup>84<\/sup><\/a><\/span> sobre todo en la Eucarist\u00eda, que \u00e9l mismo celebra o procura que sea celebrada,<span id='easy-footnote-85-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-85-29321' title='Cf. San Ignacio M., &lt;em&gt;Smyrn.&lt;\/em&gt; 8, 1; ed. Funk, I, p. 282.'><sup>85<\/sup><\/a><\/span> y mediante la cual la Iglesia vive y crece continuamente. Esta Iglesia de Cristo est\u00e1 verdaderamente presente en todas las leg\u00edtimas reuniones locales de los fieles, que, unidas a sus pastores, reciben tambi\u00e9n en el Nuevo Testamento el nombre de iglesias.<span id='easy-footnote-86-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-86-29321' title='Cf. &lt;em&gt;Hch&lt;\/em&gt; 8, 1; 14, 22-23; 20, 17 y passim.'><sup>86<\/sup><\/a><\/span> Ellas son, en su lugar, el Pueblo nuevo, llamado por Dios en el Esp\u00edritu Santo y en gran plenitud (cf. <em>1 Ts<\/em> 1,5). En ellas se congregan los fieles por la predicaci\u00f3n del Evangelio de Cristo y se celebra el misterio de la Cena del Se\u00f1or \u00abpara que por medio del cuerpo y de la sangre del Se\u00f1or quede unida toda la fraternidad\u00bb.<span id='easy-footnote-87-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-87-29321' title='Oraci\u00f3n moz\u00e1rabe: PL 96, 759 B.'><sup>87<\/sup><\/a><\/span> En toda comunidad de altar, bajo el sagrado ministerio del Obispo,<span id='easy-footnote-88-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-88-29321' title='Cf. San Ignacio M., &lt;em&gt;Smyrn.&lt;\/em&gt;, 8, 1; ed. Funk, I, p. 282.'><sup>88<\/sup><\/a><\/span> se manifiesta el s\u00edmbolo de aquella caridad y \u00abunidad del Cuerpo m\u00edstico, sin la cual no puede haber salvaci\u00f3n\u00bb.<span id='easy-footnote-89-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-89-29321' title='Santo Tom\u00e1s, &lt;em&gt;Summa Theol.&lt;\/em&gt;, III, q. 73, a. 3.'><sup>89<\/sup><\/a><\/span> En estas comunidades, aunque sean frecuentemente peque\u00f1as y pobres o vivan en la dispersi\u00f3n, est\u00e1 presente Cristo, por cuya virtud se congrega la Iglesia una, santa, cat\u00f3lica y apost\u00f3lica.<span id='easy-footnote-90-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-90-29321' title='Cf. San Agust\u00edn, &lt;em&gt;C. Faustum&lt;\/em&gt;, 12, 20; PL 42, 265; &lt;em&gt;Serm&lt;\/em&gt;., 57, 7: PL 38, 389, etc.'><sup>90<\/sup><\/a><\/span> Pues \u00abla participaci\u00f3n del cuerpo y sangre de Cristo hace que pasemos a ser aquello que recibimos\u00bb.<span id='easy-footnote-91-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-91-29321' title='San Le\u00f3n M., &lt;em&gt;Serm.&lt;\/em&gt; 63, 7: PL 54, 357C.'><sup>91<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Ahora bien, toda leg\u00edtima celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda es dirigida por el Obispo, a quien ha sido confiado el oficio de ofrecer a la Divina Majestad el culto de la religi\u00f3n cristiana y de reglamentarlo en conformidad con los preceptos del Se\u00f1or y las leyes de la Iglesia, precisadas m\u00e1s concretamente para su di\u00f3cesis seg\u00fan su criterio.<\/p>\n<p>As\u00ed, los Obispos, orando y trabajando por el pueblo, difunden de muchas maneras y con abundancia la plenitud de la santidad de Cristo. Por medio del ministerio de la palabra comunican la virtud de Dios a los creyentes para la salvaci\u00f3n (cf. <em>Rm<\/em> 1,16), y por medio de los sacramentos, cuya administraci\u00f3n leg\u00edtima y fructuosa regulan ellos con su autoridad,<span id='easy-footnote-92-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-92-29321' title='Cf. &lt;em&gt;Traditio Apostolica&lt;\/em&gt; Hippolity, 2-3; ed. Botte, p. 26-30.'><sup>92<\/sup><\/a><\/span> santifican a los fieles. Ellos disponen la administraci\u00f3n del bautismo, por medio del cual se concede la participaci\u00f3n en el sacerdocio regio de Cristo. Ellos son los ministros originarios de la confirmaci\u00f3n, los dispensadores de las sagradas \u00f3rdenes y los moderadores de la disciplina penitencial; y ellos sol\u00edcitamente exhortan e instruyen a sus pueblos para que participen con fe y reverencia en la liturgia y, sobre todo, en el santo sacrificio de la Misa. Ellos, finalmente, deben edificar a sus s\u00fabditos con el ejemplo de su vida, guardando su conducta de todo mal y, en la medida que puedan y con la ayuda de Dios transform\u00e1ndola en bien, para llegar, juntamente con la grey que les ha sido confiada, a la vida eterna.<span id='easy-footnote-93-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-93-29321' title='Cf. el texto de &lt;em&gt;examen&lt;\/em&gt; al comienzo de la consagraci\u00f3n episcopal, y la &lt;em&gt;oraci\u00f3n&lt;\/em&gt; al final de la misa de dicha consagraci\u00f3n, despu\u00e9s del &lt;em&gt;Te Deum&lt;\/em&gt;.'><sup>93<\/sup><\/a><\/span>\n<p>27. Los Obispos rigen, como vicarios y legados de Cristo, las Iglesias particulares que les han sido encomendadas,<span id='easy-footnote-94-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-94-29321' title='Benedicto XIV, breve &lt;em&gt;Romana Ecclesia&lt;\/em&gt;, 5 oct. 1752, \u00a7 1: &lt;em&gt;Bullarium Benedicti XIV&lt;\/em&gt;, t. IV (Romae 1758) 21: \u00abEl obispo es figura de Cristo y vicario del mismo\u00bb. P\u00edo XII enc. &lt;em&gt;Mystici Corporis&lt;\/em&gt;, l. c., p. 21: \u00abCada obispo apacienta y rige en nombre de Cristo el reba\u00f1o particular que se le ha confiado\u00bb.'><sup>94<\/sup><\/a><\/span> con sus consejos, con sus exhortaciones, con sus ejemplos, pero tambi\u00e9n con su autoridad y sacra potestad, de la que usan \u00fanicamente para edificar a su grey en la verdad y en la santidad, teniendo en cuenta que el que es mayor ha de hacerse como el menor, y el que ocupa el primer puesto, como el servidor (cf. <em>Lc<\/em> 22, 26-27). Esta potestad que personalmente ejercen en nombre de Cristo es propia, ordinaria e inmediata, aunque su ejercicio est\u00e9 regulado en definitiva por la suprema autoridad de la Iglesia y pueda ser circunscrita dentro de ciertos l\u00edmites con miras a la utilidad de la Iglesia o de los fieles. En virtud de esta potestad, los Obispos tienen el sagrado derecho, y ante Dios el deber, de legislar sobre sus s\u00fabditos, de juzgarlos y de regular todo cuanto pertenece a la organizaci\u00f3n del culto y del apostolado.<\/p>\n<p>A ellos se les conf\u00eda plenamente el oficio pastoral, o sea el cuidado habitual y cotidiano de sus ovejas, y no deben considerarse como vicarios de los Romanos Pont\u00edfices, ya que ejercen potestad propia y son, en verdad, los jefes de los pueblos que gobiernan.<span id='easy-footnote-95-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-95-29321' title='Cf. Le\u00f3n XIII. enc. &lt;em&gt; Satis cognitum,&lt;\/em&gt; 29 jun. 1896: AAS 28 (1895-96) 732. Id. ep\u00edst. &lt;em&gt;Officio sanctissimo&lt;\/em&gt;, 22 dic. 1887: AAS 20 (1887) 264. P\u00edo IX, carta apost. ad Episcopos Germaniae, 12 marzo 1875, y aloc. consist. 15 marzo 1875: Denz. 2113-3117, en la nueva ed. solamente.'><sup>95<\/sup><\/a><\/span> As\u00ed, pues, su potestad no es anulada por la potestad suprema y universal, sino que, por el contrario, es afirmada, robustecida y defendida,<span id='easy-footnote-96-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-96-29321' title='Cf. Conc. Vat. I, const. dogm. &lt;em&gt;Pastor aeternus&lt;\/em&gt; 3: Denz. 1828 (3061). Cf. la &lt;em&gt;Relatio&lt;\/em&gt; de Zinelli: Mansi, 52, 1114D.'><sup>96<\/sup><\/a><\/span> puesto que el Esp\u00edritu Santo mantiene indefectiblemente la forma de gobierno que Cristo Se\u00f1or estableci\u00f3 en su Iglesia.<\/p>\n<p>El Obispo, enviado por el Padre de familias a gobernar su familia, tenga siempre ante los ojos el ejemplo del Buen Pastor, que vino no a ser servido, sino a servir (cf. <em>Mt<\/em> 20,28; <em>Mc<\/em> 10,45) y a dar la vida por sus ovejas (cf. <em>Jn<\/em> 10,11). Tomado de entre los hombres y rodeado \u00e9l mismo de flaquezas, puede apiadarse de los ignorantes y equivocados (<em>Hb<\/em> 5,1-2). No se niegue a o\u00edr a sus s\u00fabditos, a los que, como a verdaderos hijos suyos, alimenta y a quienes exhorta a cooperar animosamente con \u00e9l. Consciente de que ha de dar cuenta a Dios de sus almas (cf. <em>Hb<\/em> 13,17), trabaje con la oraci\u00f3n, con la predicaci\u00f3n y con todas las obras de caridad tanto por ellos como por los que todav\u00eda no son de la \u00fanica grey, a los cuales tenga como encomendados en el Se\u00f1or. El mismo, siendo, como San Pablo, deudor para con todos, est\u00e9 dispuesto a evangelizar a todos (cf. <em>Rm<\/em> 1,14-15) y a exhortar a sus fieles a la actividad apost\u00f3lica y misionera. Los fieles, por su parte, deben estar unidos a su Obispo como la Iglesia a Jesucristo, y como Jesucristo al Padre, para que todas las cosas se armonicen en la unidad<span id='easy-footnote-97-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-97-29321' title='Cf. S. Ignacio M., &lt;em&gt;Ad Ephes.&lt;\/em&gt; 5, 1: ed. Funk, I, p. 216.'><sup>97<\/sup><\/a><\/span> y crezcan para gloria de Dios (cf. <em>2 Co<\/em> 4,15).<\/p>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p><strong><em> 5. Apuntes sobre los presb\u00edteros y los di\u00e1conos <\/em>(LG 28-29)<\/strong><\/p>\n<p><em>Los presb\u00edteros <\/em> (LG 28) se presentan en su triple funci\u00f3n relativa a la palabra, a los sacramentos y a la comunidad que han de guiar. Se parte del origen sacramental y apost\u00f3lico del ministerio con esta f\u00f3rmula matizada: \u00abEl ministerio eclesi\u00e1stico establecido por Dios <em>(divinitus institutum) <\/em>se ejerce en diversos \u00f3rdenes por aquellos que, ya desde antiguo, son llamados obispos, presb\u00edteros y di\u00e1conos\u00bb. De esta forma, al afirmar el origen divino del ministerio eclesi\u00e1stico, se recuerda su posterior desarrollo hist\u00f3rico antiguo, que tambi\u00e9n es constituyente para la Iglesia, realizado a trav\u00e9s de tres \u00f3rdenes propios. A su vez, se subraya que los presb\u00edteros como \u00abcolaboradores del obispo en cada agrupaci\u00f3n local hacen visible la Iglesia universal\u00bb. Igualmente se afirma que los presb\u00edteros, incluidos los religiosos, forman entre todos ellos \u00abuna \u00edntima fraternidad\u00bb. Finalmente, y en relaci\u00f3n con los fieles, se les califica como \u00abpadres en Cristo\u00bb en clave ministerial que tiene presente su doble dimensi\u00f3n no separable: \u00abla sacerdotal y la pastoral\u00bb, puesto que no s\u00f3lo \u00abpresiden\u00bb la liturgia, sino tambi\u00e9n \u00absirven la comunidad local\u00bb.<\/p>\n<p><em>Los di\u00e1conos <\/em>(LG 29). Texto marcado por dos decisiones conciliares: la restauraci\u00f3n de la forma de diaconado llamado \u00abpermanente\u00bb, es decir, como funci\u00f3n estable, y la posibilidad de admitir a \u00e9l hombres casados. El ministerio diaconal comporta una \u00abgracia sacramental\u00bb (no se usa la expresi\u00f3n \u00abcar\u00e1cter\u00bb), con tres funciones referidas a \u00abla palabra, la liturgia y la caridad\u00bb.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<p>28. Cristo, a quien el Padre santific\u00f3 y envi\u00f3 al mundo (cf. <em>Jn<\/em> 10,36), ha hecho part\u00edcipes de su consagraci\u00f3n y de su misi\u00f3n, por medio de sus Ap\u00f3stoles, a los sucesores de \u00e9stos, es decir, a los Obispos,<span id='easy-footnote-98-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-98-29321' title='Cf. S. Ignacio M., &lt;em&gt;Ad Ephes.&lt;\/em&gt; 5, 1: ed. Funk, 1, p. 218.'><sup>98<\/sup><\/a><\/span> los cuales han encomendado leg\u00edtimamente el oficio de su ministerio, en distinto grado, a diversos sujetos en la Iglesia. As\u00ed, el ministerio eclesi\u00e1stico, de instituci\u00f3n divina, es ejercido en diversos \u00f3rdenes por aquellos que ya desde antiguo vienen llam\u00e1ndose Obispos, presb\u00edteros y di\u00e1conos.<span id='easy-footnote-99-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-99-29321' title='Cf. Conc. Trid., &lt;em&gt;De sacr. Ordinis&lt;\/em&gt;, c. 2: Denz. 958 (1765) y can. 6: Denz., 966 (1776).'><sup>99<\/sup><\/a><\/span> Los presb\u00edteros, aunque no tienen la cumbre del pontificado y dependen de los Obispos en el ejercicio de su potestad, est\u00e1n, sin embargo, unidos con ellos en el honor del sacerdocio<span id='easy-footnote-100-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-100-29321' title='Cf. Inocencio I, &lt;em&gt;Epist. ad Decentium&lt;\/em&gt;: PL 20, 554A: Mansi, 3, 1029; Denz., 98 (215): \u00abLos presb\u00edteros, aunque son sacerdotes segundos, no tienen, sin embargo, la cima del pontificado\u00bb. San Cipriano, &lt;em&gt;Epist.&lt;\/em&gt; 61, 3: ed. Hartel, p. 696.'><sup>100<\/sup><\/a><\/span> y, en virtud del sacramento del orden,<span id='easy-footnote-101-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-101-29321' title='Cf. Conc. Trid., l.c.: Denz., 956a-968 (1763-1778), y especialmente el can. 7: Denz., 967 (1777). P\u00edo XII, const. apost. &lt;em&gt;Sacramentum Ordinis&lt;\/em&gt;: Denz., 2301 (3857-61).'><sup>101<\/sup><\/a><\/span> han sido consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento,<span id='easy-footnote-102-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-102-29321' title='Cf. Inocencio I, l. c. San Gregorio Nac., &lt;em&gt;Apol.&lt;\/em&gt; II, 22: PG 35, 432B. Ps.-Dionisio, &lt;em&gt;Eccl. Hier.&lt;\/em&gt;, 1, 2: PG 3, 372D.'><sup>102<\/sup><\/a><\/span> a imagen de Cristo, sumo y eterno Sacerdote (cf. <em>Hb<\/em> 5,1-10; 7,24; 9,11-28), para predicar el Evangelio y apacentar a los fieles y para celebrar el culto divino. Participando, en el grado propio de su ministerio, del oficio del \u00fanico Mediador, Cristo (cf. <em>1 Tm<\/em> 2,5), anuncian a todos la divina palabra. Pero su oficio sagrado lo ejercen, sobre todo, en el culto o asamblea eucar\u00edstica, donde, obrando en nombre de Cristo<span id='easy-footnote-103-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-103-29321' title='Cf. Conc. Trid., ses. 22: Denz. 940 (1743). P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt;Mediator Dei&lt;\/em&gt;, 20 nov. 1947: AAS 39 (1947) 553. Denz. 2300 (3850).'><sup>103<\/sup><\/a><\/span> y proclamando su misterio, unen las oraciones de los fieles al sacrificio de su Cabeza y representan y aplican<span id='easy-footnote-104-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-104-29321' title='Cf. Conc. Trid., ses. 22: Denz., 938 (1.739-40). Concilio Vaticano II, const. sobre la sagrada liturgia &lt;em&gt; Sacrosanctum Concilium&lt;\/em&gt;, n. 7 y n. 47: AAS 56 (1964) 100-103'><sup>104<\/sup><\/a><\/span> en el sacrificio de la Misa, hasta la venida del Se\u00f1or (cf. <em>1 Co<\/em> 11,26), el \u00fanico sacrificio del Nuevo Testamento, a saber: el de Cristo, que se ofrece a s\u00ed mismo al Padre, una vez por todas, como hostia inmaculada (cf. <em>Hb<\/em> 9,11-28). Para con los fieles arrepentidos o enfermos desempe\u00f1an principalmente el ministerio de la reconciliaci\u00f3n y del alivio, y presentan a Dios Padre las necesidades y s\u00faplicas de los fieles (cf. <em>Hb<\/em> 5,1-13). Ejerciendo, en la medida de su autoridad, el oficio de Cristo, Pastor y Cabeza,<span id='easy-footnote-105-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-105-29321' title='Cf. P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt;Mediator Dei,&lt;\/em&gt; l. c., n. 67.'><sup>105<\/sup><\/a><\/span> re\u00fanen la familia de Dios como una fraternidad, animada con esp\u00edritu de unidad,<span id='easy-footnote-106-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-106-29321' title='Cf. San Cipriano, &lt;em&gt;Epist.&lt;\/em&gt; 11, 3: PL 4, 242B: Hartel, II 2, p. 497.'><sup>106<\/sup><\/a><\/span> y la conducen a Dios Padre por medio de Cristo en el Esp\u00edritu. En medio de la grey le adoran en esp\u00edritu y en verdad (cf. <em>Jn<\/em> 4,24). Se afanan, finalmente, en la palabra y en la ense\u00f1anza (cf. <em>1 Tm<\/em> 5,17), creyendo aquello que leen cuando meditan la ley del Se\u00f1or, ense\u00f1ando aquello que creen, imitando lo que ense\u00f1an.<span id='easy-footnote-107-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-107-29321' title='Cf.&lt;em&gt; Pontifical Romano&lt;\/em&gt;, ordenaci\u00f3n de los presb\u00edteros , en la imposici\u00f3n de los ornamentos.'><sup>107<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Los presb\u00edteros, pr\u00f3vidos cooperadores del Orden episcopal<span id='easy-footnote-108-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-108-29321' title='Cf.&lt;em&gt; Pontifical Romano, &lt;\/em&gt;ordenaci\u00f3n de los presb\u00edteros, en el prefacio.'><sup>108<\/sup><\/a><\/span> y ayuda e instrumento suyo, llamados para servir al Pueblo de Dios, forman, junto con su Obispo, un solo presbiterio,<span id='easy-footnote-109-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-109-29321' title='Cf. San Ignacio M., &lt;em&gt; Philad.&lt;\/em&gt; 4: ed. Funk, I, p. 266. San Cornelio I, en San Cipriano, &lt;em&gt;Epist.&lt;\/em&gt; 48, 2: Hartel, III, 2. p. 610.'><sup>109<\/sup><\/a><\/span> dedicado a diversas ocupaciones. En cada una de las congregaciones locales de fieles representan al Obispo, con el que est\u00e1n confiada y animosamente unidos, y toman sobre s\u00ed una parte de la carga y solicitud pastoral y la ejercen en el diario trabajo. Ellos, bajo la autoridad del Obispo, santifican y rigen la porci\u00f3n de la grey del Se\u00f1or a ellos encomendada, hacen visible en cada lugar a la Iglesia universal y prestan eficaz ayuda en la edificaci\u00f3n de todo el Cuerpo de Cristo (cf. <em>Ef<\/em> 4,12), Preocupados siempre por el bien de los hijos de Dios, procuren cooperar en el trabajo pastoral de toda la di\u00f3cesis e incluso de toda la Iglesia. Por esta participaci\u00f3n en el sacerdocio y en la misi\u00f3n, los presb\u00edteros reconozcan verdaderamente al Obispo como a padre suyo y obed\u00e9zcanle reverentemente. El Obispo, por su parte, considere a los sacerdotes, sus cooperadores, como hijos y amigos, a la manera en que Cristo a sus disc\u00edpulos no los llama ya siervos, sino amigos (cf. <em>Jn<\/em> 15,15). Todos los sacerdotes, tanto diocesanos como religiosos, est\u00e1n, pues, adscritos al Cuerpo episcopal, por raz\u00f3n del orden y del ministerio, y sirven al bien de toda la Iglesia seg\u00fan vocaci\u00f3n y gracia de cada cual.<\/p>\n<p>En virtud de la com\u00fan ordenaci\u00f3n sagrada y de la com\u00fan misi\u00f3n, todos los presb\u00edteros se unen entre s\u00ed en \u00edntima fraternidad, que debe manifestarse en espont\u00e1nea y gustosa ayuda mutua, tanto espiritual como material, tanto pastoral como personal, en las reuniones, en la comuni\u00f3n de vida, de trabajo y de caridad.<\/p>\n<p>Respecto de los fieles, a quienes han engendrado espiritualmente por el bautismo y la doctrina (cf. <em>1 Co<\/em> 4,15;<em> 1 P<\/em> 1,23), tengan la solicitud de padres en Cristo. Haci\u00e9ndose de buena gana modelos de la grey (cf. <em> 1 P<\/em> 5,3), gobiernen y sirvan a su comunidad local de tal manera, que \u00e9sta merezca ser llamada con el nombre que es gala del \u00fanico y total Pueblo de Dios, es decir, Iglesia de Dios (cf. <em>1 Co<\/em> 1,2; <em>2 Co<\/em> 1,1 y <em>passim<\/em>). Acu\u00e9rdense de que, con su conducta de cada d\u00eda y con su solicitud, deben mostrar a los fieles e infieles, a los cat\u00f3licos y no cat\u00f3licos, la imagen del verdadero ministerio sacerdotal y pastoral, y de que est\u00e1n obligados a dar a todos el testimonio de verdad y de vida, y de que, como buenos pastores, han de buscar tambi\u00e9n a aquellos (cf. <em>Lc<\/em> 15,4- 7) que, bautizados en la Iglesia cat\u00f3lica, abandonaron la pr\u00e1ctica de los sacramentos o incluso han perdido la fe.<\/p>\n<p>Como el mundo entero cada d\u00eda tiende m\u00e1s a la unidad civil, econ\u00f3mica y social, conviene tanto m\u00e1s que los sacerdotes, uniendo sus esfuerzos y cuidados bajo la gu\u00eda de los Obispos y del Sumo Pont\u00edfice, eviten toda causa de dispersi\u00f3n, para que todo el g\u00e9nero humano venga a la unidad de la familia de Dios.<\/p>\n<p>29. En el grado inferior de la Jerarqu\u00eda est\u00e1n los di\u00e1conos, que reciben la imposici\u00f3n de las manos \u00abno en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio\u00bb.<span id='easy-footnote-110-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-110-29321' title='&lt;em&gt;Constitutiones Ecclesiae aegyptiacae&lt;\/em&gt; III, 2: ed. Funk, &lt;em&gt;Didascalia&lt;\/em&gt;, II, p. 103. &lt;em&gt;Statuta Eccl. Ant.&lt;\/em&gt; 37-41: Mansi, 3, 954.'><sup>110<\/sup><\/a><\/span> As\u00ed, confortados con la gracia sacramental, en comuni\u00f3n con el Obispo y su presbiterio, sirven al Pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad. Es oficio propio del di\u00e1cono, seg\u00fan le fuere asignado por la autoridad competente, administrar solemnemente el bautismo, reservar y distribuir la Eucarist\u00eda, asistir al matrimonio y bendecirlo en nombre de la Iglesia, llevar el vi\u00e1tico a los moribundos, leer la Sagrada Escritura a los fieles, instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y oraci\u00f3n de los fieles, administrar los sacramentales, presidir el rito de los funerales y sepultura. Dedicados a los oficios de la caridad y de la administraci\u00f3n, recuerden los di\u00e1conos el aviso del bienaventurado Policarpo: \u00abMisericordiosos, diligentes, procediendo conforme a la verdad del Se\u00f1or, que se hizo servidor de todos\u00bb.<span id='easy-footnote-111-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-111-29321' title='San Policarpo, &lt;em&gt;Ad Phil.&lt;\/em&gt; 5, 2 (ed. Funk, I, p. 300): Cristo es llamado \u00abel di\u00e1cono constituido para todos\u00bb. Cf. &lt;em&gt;Didach\u00e9&lt;\/em&gt; 15, 1: ibid., p. 32. San Ignacio M., &lt;em&gt;Trall.&lt;\/em&gt; 2, 3: ibid., p. 242. &lt;em&gt;Constitutiones Apostolorum,&lt;\/em&gt; 8. 28, 4: ed. Funk, &lt;em&gt;Didascalia&lt;\/em&gt; I, p. 530.'><sup>111<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Ahora bien, como estos oficios, necesarios en gran manera a la vida de la Iglesia, seg\u00fan la disciplina actualmente vigente de la Iglesia latina, dif\u00edcilmente pueden ser desempe\u00f1ados en muchas regiones, se podr\u00e1 restablecer en adelante el diaconado como grado propio y permanente de la Jerarqu\u00eda. Corresponde a las distintas Conferencias territoriales de Obispos, de acuerdo con el mismo Sumo Pont\u00edfice, decidir si se cree oportuno y en d\u00f3nde el establecer estos di\u00e1conos para la atenci\u00f3n de los fieles. Con el consentimiento del Romano Pont\u00edfice, este diaconado podr\u00e1 ser conferido a varones de edad madura, aunque est\u00e9n casados, y tambi\u00e9n a j\u00f3venes id\u00f3neos, para quienes debe mantenerse firme la ley del celibato.<\/p>\n<h2><strong>Cap\u00edtulo IV: <\/strong><em><strong>Los Laicos<\/strong><\/em><\/h2>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p><strong><em>1. Estatuto propio de los laicos en la Iglesia <\/em>(LG 31-33)<\/strong><\/p>\n<p><em>Introducci\u00f3n <\/em>(LG 30): se habla de \u00abestado\u00bb de los religiosos y el clero siguiendo una \u00f3ptica hist\u00f3rico-jur\u00eddica cl\u00e1sica de la Iglesia entendida como sociedad con \u00abestados\u00bb \u2014que posteriormente se calificar\u00e1n, y mejor, como \u00abcondiciones\u00bb (LG 43)\u2014. Se subraya con fuerza teol\u00f3gica que \u00ablos pastores no asumen ellos solos\u00bb la misi\u00f3n de la Iglesia y que su \u00abfunci\u00f3n es reconocer los servicios y carismas de los fieles\u00bb.<\/p>\n<p><em> La peculiaridad de los laicos <\/em>(LG 31): texto central del cap\u00edtulo IV donde se afirma la peculiaridad de los laicos en estrecha conexi\u00f3n con los religiosos y los presb\u00edteros, por medio de una \u00abdescripci\u00f3n tipol\u00f3gica\u00bb, seg\u00fan la misma explicaci\u00f3n conciliar. Por un lado, los laicos, negativamente, no son ni religiosos ni tienen el orden sagrado; por otro lado, positivamente, su identidad surge del bautismo, que les hace participar a su manera de las tres funciones mesi\u00e1nicas de Cristo (sacerdotal, prof\u00e9tica y real) y, \u00aben la medida que les pertenece\u00bb, realizan la misi\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p>De ah\u00ed surge la famosa expresi\u00f3n sobre lo que es \u00abpropio y peculiar\u00bb de los laicos \u2014no \u00abexclusivo\u00bb, tal como el texto conciliar previo dec\u00eda\u2014, que es su \u00abcar\u00e1cter secular\u00bb <em>(indoles secularis): <\/em>es decir, los laicos son primariamente \u00abIglesia en el mundo\u00bb. Negativamente, se recuerda que los \u00abcl\u00e9rigos\u00bb deben dedicarse \u00abprincipalmente\u00bb a su ministerio, y que los \u00abreligiosos\u00bb por vocaci\u00f3n y opci\u00f3n dan relieve a la \u00abtransfiguraci\u00f3n y ofrenda\u00bb del mundo a Dios. Por esto, positivamente, los laicos tienen \u00abla vocaci\u00f3n propia de buscar el reino de Dios tratando las cosas temporales y orden\u00e1ndolas hacia Dios\u00bb, y as\u00ed privilegian su relaci\u00f3n de \u00abvivir en el siglo&#8230;, en las condiciones ordinarias de la vida&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p><em> El valor de la condici\u00f3n laical <\/em>(LG 32-33). Se afirma significativamente que en la Iglesia \u00abla dignidad de los miembros es com\u00fan\u00bb (LG 32) y que, por tanto, los laicos participan propiamente de \u00abla misi\u00f3n salv\u00edfica de la Iglesia\u00bb y no por delegaci\u00f3n o sustituci\u00f3n. Se recuerda, adem\u00e1s, que los laicos \u00abpueden ser llamados de distintas maneras a una colaboraci\u00f3n m\u00e1s directa con la jerarqu\u00eda\u00bb, as\u00ed como ser convocados a ejercer \u00abciertos cargos eclesi\u00e1sticos <em>(munera ecclesiastica)\u00bb. <\/em>Afirmaci\u00f3n que est\u00e1 en la base del desarrollo posconciliar de los llamados \u00abservicios y ministerios confiados a laicos\u00bb.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<p>30. El santo Concilio, una vez que ha declarado las funciones de la Jerarqu\u00eda, vuelve gozoso su atenci\u00f3n al estado de aquellos fieles cristianos que se llaman laicos. Porque, si todo lo que se ha dicho sobre el Pueblo de Dios se dirige por igual a laicos, religiosos y cl\u00e9rigos, sin embargo, a los laicos, hombres y mujeres, por raz\u00f3n de su condici\u00f3n y misi\u00f3n, les ata\u00f1en particularmente ciertas cosas, cuyos fundamentos han de ser considerados con mayor cuidado a causa de las especiales circunstancias de nuestro tiempo. Los sagrados Pastores conocen perfectamente cu\u00e1nto contribuyen los laicos al bien de la Iglesia entera. Saben los Pastores que no han sido instituidos por Cristo para asumir por s\u00ed solos toda la misi\u00f3n salv\u00edfica de la Iglesia en el mundo, sino que su eminente funci\u00f3n consiste en apacentar a los fieles y reconocer sus servicios y carismas de tal suerte que todos, a su modo, cooperen un\u00e1nimemente en la obra com\u00fan. Pues es necesario que todos, \u00ababrazados a la verdad en todo crezcamos en caridad, lleg\u00e1ndonos a Aquel que es nuestra cabeza, Cristo, de quien todo el cuerpo, trabado y unido por todos los ligamentos que lo unen y nutren para la operaci\u00f3n propia de cada miembro, crece y se perfecciona en la caridad\u00bb (<em>Ef<\/em> 4.15-16).<\/p>\n<p>31. Con el nombre de laicos se designan aqu\u00ed todos los fieles cristianos, a excepci\u00f3n de los miembros del orden sagrado y los del estado religioso aprobado por la Iglesia. Es decir, los fieles que, en cuanto incorporados a Cristo por el bautismo, integrados al Pueblo de Dios y hechos part\u00edcipes, a su modo, de la funci\u00f3n sacerdotal, prof\u00e9tica y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misi\u00f3n de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde.<\/p>\n<p>El car\u00e1cter secular es propio y peculiar de los laicos. Pues los miembros del orden sagrado, aun cuando alguna vez pueden ocuparse de los asuntos seculares incluso ejerciendo una profesi\u00f3n secular, est\u00e1n destinados principal y expresamente al sagrado ministerio por raz\u00f3n de su particular vocaci\u00f3n. En tanto que los religiosos, en virtud de su estado, proporcionan un preclaro e inestimable testimonio de que el mundo no puede ser transformado ni ofrecido a Dios sin el esp\u00edritu de las bienaventuranzas. A los laicos corresponde, por propia vocaci\u00f3n, tratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y orden\u00e1ndolos seg\u00fan Dios. Viven en el siglo, es decir, en todos y cada uno de los deberes y ocupaciones del mundo, y en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social, con las que su existencia est\u00e1 como entretejida. All\u00ed est\u00e1n llamados por Dios, para que, desempe\u00f1ando su propia profesi\u00f3n guiados por el esp\u00edritu evang\u00e9lico, contribuyan a la santificaci\u00f3n del mundo como desde dentro, a modo de fermento. Y as\u00ed hagan manifiesto a Cristo ante los dem\u00e1s, primordialmente mediante el testimonio de su vida, por la irradiaci\u00f3n de la fe, la esperanza y la caridad. Por tanto, de manera singular, a ellos corresponde iluminar y ordenar las realidades temporales a las que est\u00e1n estrechamente vinculados, de tal modo que sin cesar se realicen y progresen conforme a Cristo y sean para la gloria del Creador y del Redentor.<\/p>\n<p>32. Por designio divino, la santa Iglesia est\u00e1 organizada y se gobierna sobre la base de una admirable variedad. \u00abPues a la manera que en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y todos los miembros no tienen la misma funci\u00f3n, as\u00ed nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro est\u00e1 al servicio de los otros miembros\u00bb (<em>Rm<\/em> 12,4-5).<\/p>\n<p>Por tanto, el Pueblo de Dios, por El elegido, es uno: \u00abun Se\u00f1or, una fe, un bautismo\u00bb (<em>Ef<\/em> 4,5). Es com\u00fan la dignidad de los miembros, que deriva de su regeneraci\u00f3n en Cristo; com\u00fan la gracia de la filiaci\u00f3n; com\u00fan la llamada a la perfecci\u00f3n: una sola salvaci\u00f3n, \u00fanica la esperanza e indivisa la caridad. No hay, de consiguiente, en Cristo y en la Iglesia ninguna desigualdad por raz\u00f3n de la raza o de la nacionalidad, de la condici\u00f3n social o del sexo, porque \u00abno hay jud\u00edo ni griego, no hay siervo o libre, no hay var\u00f3n ni mujer. Pues todos vosotros sois \u00abuno\u00bb en Cristo Jes\u00fas\u00bb (<em>Ga<\/em> 3,28 gr.; cf. <em>Col<\/em> 3,11).<\/p>\n<p>Si bien en la Iglesia no todos van por el mismo camino, sin embargo, todos est\u00e1n llamados a la santidad y han alcanzado id\u00e9ntica fe por la justicia de Dios (cf. <em>2 P<\/em> 1,1). Aun cuando algunos, por voluntad de Cristo, han sido constituidos doctores, dispensadores de los misterios y pastores para los dem\u00e1s, existe una aut\u00e9ntica igualdad entre todos en cuanto a la dignidad y a la acci\u00f3n com\u00fan a todos los fieles en orden a la edificaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo. Pues la distinci\u00f3n que el Se\u00f1or estableci\u00f3 entre los sagrados ministros y el resto del Pueblo de Dios lleva consigo la solidaridad, ya que los Pastores y los dem\u00e1s fieles est\u00e1n vinculados entre s\u00ed por rec\u00edproca necesidad. Los Pastores de la Iglesia, siguiendo el ejemplo del Se\u00f1or, p\u00f3nganse al servicio los unos de los otros y al de los restantes fieles; \u00e9stos, a su vez, asocien gozosamente su trabajo al de los Pastores y doctores. De esta manera, todos rendir\u00e1n un m\u00faltiple testimonio de admirable unidad en el Cuerpo de Cristo. Pues la misma diversidad de gracias, servicio y funciones congrega en la unidad a los hijos de Dios, porque \u00abtodas&#8230; estas cosas son obra del \u00fanico e id\u00e9ntico Esp\u00edritu\u00bb (<em>1 Co<\/em> 12,11).<\/p>\n<p>Los laicos, del mismo modo que por la benevolencia divina tienen como hermano a Cristo, quien, siendo Se\u00f1or de todo, no vino a ser servido, sino a servir (cf. <em>Mt<\/em> 20,28), tambi\u00e9n tienen por hermanos a los que, constituidos en el sagrado ministerio, ense\u00f1ando, santificando y gobernando con la autoridad de Cristo, apacientan a la familia de Dios, de tal suerte que sea cumplido por todos el nuevo mandamiento de la caridad. A cuyo prop\u00f3sito dice bellamente San Agust\u00edn: \u00abSi me asusta lo que soy para vosotros, tambi\u00e9n me consuela lo que soy con vosotros. Para vosotros soy obispo, con vosotros soy cristiano. Aquel nombre expresa un deber, \u00e9ste una gracia; aqu\u00e9l indica un peligro, \u00e9ste la salvaci\u00f3n\u00bb.<span id='easy-footnote-112-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-112-29321' title='San Agust\u00edn, &lt;em&gt;Serm.&lt;\/em&gt; 340, 1: PL 38, 1483.'><sup>112<\/sup><\/a><\/span>\n<p>33. Los laicos congregados en el Pueblo de Dios e integrados en el \u00fanico Cuerpo de Cristo bajo una sola Cabeza, cualesquiera que sean, est\u00e1n llamados, a fuer de miembros vivos, a contribuir con todas sus fuerzas, las recibidas por el beneficio del Creador y las otorgadas por la gracia del Redentor, al crecimiento de la Iglesia y a su continua santificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Ahora bien, el apostolado de los laicos es participaci\u00f3n en la misma misi\u00f3n salv\u00edfica de la Iglesia, apostolado al que todos est\u00e1n destinados por el Se\u00f1or mismo en virtud del bautismo y de la confirmaci\u00f3n. Y los sacramentos, especialmente la sagrada Eucarist\u00eda, comunican y alimentan aquel amor hacia Dios y hacia los hombres que es el alma de todo apostolado. Los laicos est\u00e1n especialmente llamados a hacer presente y operante a la Iglesia en aquellos lugares y circunstancias en que s\u00f3lo puede llegar a ser sal de la tierra a trav\u00e9s de ellos.<span id='easy-footnote-113-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-113-29321' title='Cf. P\u00edo XI, enc. &lt;em&gt; Quadragesimo anno&lt;\/em&gt;, 15 mayo 1931: AAS 23 (1931) 221s. P\u00edo XII, aloc. &lt;em&gt;De quelle consolation&lt;\/em&gt;, 14 oct. 1951: AAS 43 (1951) 790s.'><sup>113<\/sup><\/a><\/span> As\u00ed, todo laico, en virtud de los dones que le han sido otorgados, se convierte en testigo y simult\u00e1neamente en vivo instrumento de la misi\u00f3n de la misma Iglesia en la medida del don de Cristo (<em>Ef<\/em> 4,7).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de este apostolado, que incumbe absolutamente a todos los cristianos, los laicos tambi\u00e9n puede ser llamados de diversos modos a una colaboraci\u00f3n m\u00e1s inmediata con el apostolado de la Jerarqu\u00eda,<span id='easy-footnote-114-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-114-29321' title='Cf. P\u00edo XII. aloc. &lt;em&gt;Six ans se sont \u00e9coul\u00e9s&lt;\/em&gt;, 5 oct. 1957: AAS 49 (1957) 927.'><sup>114<\/sup><\/a><\/span> al igual que aquellos hombres y mujeres que ayudaban al ap\u00f3stol Pablo en la evangelizaci\u00f3n, trabajando mucho en el Se\u00f1or (cf. <em>Flp<\/em> 4,3; <em>Rm<\/em> 16,3ss). Por lo dem\u00e1s, poseen aptitud de ser asumidos por la Jerarqu\u00eda para ciertos cargos eclesi\u00e1sticos, que habr\u00e1n de desempe\u00f1ar con una finalidad espiritual.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, incumbe a todos los laicos la preclara empresa de colaborar para que el divino designio de salvaci\u00f3n alcance m\u00e1s y m\u00e1s a todos los hombres de todos los tiempos y en todas las partes de la tierra. De consiguiente, \u00e1braseles por doquier el camino para que, conforme a sus posibilidades y seg\u00fan las necesidades de los tiempos, tambi\u00e9n ellos participen celosamente en la obra salv\u00edfica de la Iglesia.<\/p>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p><em>2. <strong>Las tres funciones de los laicos: sacerdotal, prof\u00e9tica y real (LG <\/strong>34-36)<\/em><\/p>\n<p><em>La participaci\u00f3n en la misi\u00f3n sacerdotal <\/em> (LG 34): repite elementos de LG 10-11, y se habla de sacerdocio \u00abespiritual\u00bb en sentido fuerte gracias a las cuatro referencias expl\u00edcitas que se hacen al Esp\u00edritu Santo; \u00absacerdocio\u00bb que se ejerce de forma prevalente con una vida santa. Todo esto hace posible \u00abconsagrar el mismo mundo a Dios\u00bb, frase en la que resuena la expresi\u00f3n tradicional de la <em>consecratio mundi <\/em>como tarea propia del laicado (M. D. Chenu).<\/p>\n<p><em> La participaci\u00f3n en la misi\u00f3n prof\u00e9tica <\/em> (LG 35): texto con notables reflexiones teol\u00f3gicas en el que se cita de nuevo el <em>sensus fidei <\/em>(LG 12), al que se une \u00abla gracia de la palabra <em>(gratia verbi)\u00bb <\/em>como don para poder comunicar la propia experiencia de fe, unida \u00abal testimonio de su vida y a la fuerza de la palabra\u00bb. En este contexto aparecen mencionados particularmente el matrimonio y la familia por su car\u00e1cter prof\u00e9tico. Finalmente, se recuerda la ayuda que los laicos pueden realizar en \u00abalgunos oficios sagrados <em> (qf ficia sacra)\u00bb, y <\/em> se invita a todos para que conozcan \u00abm\u00e1s profundamente la verdad revelada\u00bb, primer texto del Vaticano II en el que se habla de una teolog\u00eda abierta a todos.<\/p>\n<p><em> La participaci\u00f3n en la misi\u00f3n real <\/em> (LG 36): se ofrecen principios que desarrollar\u00e1 la <em>Gaudium et spes. <\/em>As\u00ed, la libertad cristiana es calificada como \u00abreal\u00bb por su car\u00e1cter de servicio para la promoci\u00f3n de los valores humanos. A su vez, se afirma la autonom\u00eda de las cosas temporales, que se fundamenta en la creaci\u00f3n. Finalmente, se indica que el lugar decisivode la autonom\u00eda \u00absecular\u00bb del mundo es \u00abla conciencia cristiana\u00bb formada a la luz del Evangelio que debe armonizar el ser miembro de la Iglesia con el ser ciudadano del mundo.<\/p>\n<p><em> Las relaciones con la jerarqu\u00eda y con el mundo <\/em> (LG 37-38): de forma insistente y casi enf\u00e1tica se trata de la relaci\u00f3n con el clero y se subraya el di\u00e1logo, el derecho de los laicos a \u00abmanifestar su opini\u00f3n\u00bb, el sentido de obediencia, \u00abel trato familiar\u00bb, \u00abla justa libertad\u00bb&#8230;, todo en una perspectiva de comuni\u00f3n en clave de comunicaci\u00f3n \u00abinterna\u00bb. El n\u00famero final (LG 38) cierra el cap\u00edtulo con la famosa expresi\u00f3n de la <em>Carta a Diogneto: <\/em>\u00abLo que el alma es al cuerpo, as\u00ed han de ser los cristianos en el mundo\u00bb.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<p>34. Dado que Cristo Jes\u00fas, supremo y eterno Sacerdote, quiere continuar su testimonio y su servicio por medio de los laicos, los vivifica con su Esp\u00edritu y los impulsa sin cesar a toda obra buena y perfecta.<\/p>\n<p>Pues a quienes asocia \u00edntimamente a su vida y a su misi\u00f3n, tambi\u00e9n les hace part\u00edcipes de su oficio sacerdotal con el fin de que ejerzan el culto espiritual para gloria de Dios y salvaci\u00f3n de los hombres. Por lo cual los laicos, en cuanto consagrados a Cristo y ungidos por el Esp\u00edritu Santo, son admirablemente llamados y dotados, para que en ellos se produzcan siempre los m\u00e1s ub\u00e9rrimos frutos del Esp\u00edritu. Pues todas sus obras, sus oraciones e iniciativas apost\u00f3licas, la vida conyugal y familiar, el cotidiano trabajo, el descanso de alma y de cuerpo, si son hechos en el Esp\u00edritu, e incluso las mismas pruebas de la vida si se sobrellevan pacientemente, se convierten en sacrificios espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo (cf. <em>1 P<\/em> 2, 5), que en la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda se ofrecen piados\u00edsimamente al Padre junto con la oblaci\u00f3n del cuerpo del Se\u00f1or. De este modo, tambi\u00e9n los laicos, como adoradores que en todo lugar act\u00faan santamente, consagran el mundo mismo a Dios.<\/p>\n<p>35. Cristo, el gran Profeta, que proclam\u00f3 el reino del Padre con el testimonio de la vida y con el poder de la palabra, cumple su misi\u00f3n prof\u00e9tica hasta la plena manifestaci\u00f3n de la gloria, no s\u00f3lo a trav\u00e9s de la Jerarqu\u00eda, que ense\u00f1a en su nombre y con su poder, sino tambi\u00e9n por medio de los laicos, a quienes, consiguientemente, constituye en testigos y les dota del sentido de la fe y de la gracia de la palabra (cf. <em>Hch<\/em> 2, 17-18; <em>Ap<\/em> 19, 10) para que la virtud del Evangelio brille en la vida diaria, familiar y social. Se manifiestan como hijos de la promesa en la medida en que, fuertes en la fe y en la esperanza, aprovechan el tiempo presente (<em>Ef<\/em> 5, 16; <em>Col<\/em> 4, 5) y esperan con paciencia la gloria futura (cf. <em>Rm<\/em> 8, 25). Pero no escondan esta esperanza en el interior de su alma, antes bien manifi\u00e9stenla, incluso a trav\u00e9s de las estructuras de la vida secular, en una constante renovaci\u00f3n y en un forcejeo \u00abcon los dominadores de este mundo tenebroso, contra los esp\u00edritus malignos\u00bb (<em>Ef<\/em> 6, 12).<\/p>\n<p>Al igual que los sacramentos de la Nueva Ley, con los que se alimenta la vida y el apostolado de los fieles, prefiguran el cielo nuevo y la tierra nueva (cf. <em>Ap<\/em> 21, 1), as\u00ed los laicos quedan constituidos en poderosos pregoneros de la fe en la cosas que esperamos (cf. <em>Hb<\/em> 11, 1) cuando, sin vacilaci\u00f3n, unen a la vida seg\u00fan la fe la profesi\u00f3n de esa fe. Tal evangelizaci\u00f3n, es decir, el anuncio de Cristo pregonado por el testimonio de la vida y por la palabra, adquiere una caracter\u00edstica espec\u00edfica y una eficacia singular por el hecho de que se lleva a cabo en las condiciones comunes del mundo.<\/p>\n<p>En esta tarea resalta el gran valor de aquel estado de vida santificado por un especial sacramento, a saber, la vida matrimonial y familiar. En ella el apostolado de los laicos halla una ocasi\u00f3n de ejercicio y una escuela preclara si la religi\u00f3n cristiana penetra toda la organizaci\u00f3n de la vida y la transforma m\u00e1s cada d\u00eda. Aqu\u00ed los c\u00f3nyuges tienen su propia vocaci\u00f3n: el ser mutuamente y para sus hijos testigos de la fe y del amor de Cristo. La familia cristiana proclama en voz muy alta tanto las presentes virtudes del reino de Dios como la esperanza de la vida bienaventurada. De tal manera, con su ejemplo y su testimonio arguye al mundo de pecado e ilumina a los que buscan la verdad.<\/p>\n<p>Por consiguiente, los laicos, incluso cuando est\u00e1n ocupados en los cuidados temporales, pueden y deben desplegar una actividad muy valiosa en orden a la evangelizaci\u00f3n del mundo. Ya que si algunos de ellos, cuando faltan los sagrados ministros o cuando \u00e9stos se ven impedidos por un r\u00e9gimen de persecuci\u00f3n, les suplen en ciertas funciones sagradas, seg\u00fan sus posibilidades, y si otros muchos agotan todas sus energ\u00edas en la acci\u00f3n apost\u00f3lica, es necesario, sin embargo, que todos contribuyan a la dilataci\u00f3n y al crecimiento del reino de Dios en el mundo. Por ello, ded\u00edquense los laicos a un conocimiento m\u00e1s profundo de la verdad revelada y pidan a Dios con instancia el don de la sabidur\u00eda.<\/p>\n<p>36. Cristo, habi\u00e9ndose hecho obediente hasta la muerte y habiendo sido por ello exaltado por el Padre (cf. <em>Flp<\/em> 2, 8-9), entr\u00f3 en la gloria de su reino. A El est\u00e1n sometidas todas las cosas, hasta que El se someta a S\u00ed mismo y todo lo creado al Padre, a fin de que Dios sea todo en todas las cosas (cf. <em>1 Co<\/em> 15, 27-28). Este poder lo comunic\u00f3 a sus disc\u00edpulos, para que tambi\u00e9n ellos queden constituidos en soberana libertad, y por su abnegaci\u00f3n y santa vida venzan en s\u00ed mismos el reino del pecado (cf. <em>Rm<\/em> 6, 12). M\u00e1s a\u00fan, para que, sirviendo a Cristo tambi\u00e9n en los dem\u00e1s, conduzcan en humildad y paciencia a sus hermanos al Rey, cuyo servicio equivale a reinar. Tambi\u00e9n por medio de los fieles laicos el Se\u00f1or desea dilatar su reino: \u00abreino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz\u00bb.<span id='easy-footnote-115-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-115-29321' title='&lt;em&gt;Misal Romano&lt;\/em&gt;, del Prefacio de la fiesta de Cristo Rey.'><sup>115<\/sup><\/a><\/span> Un reino en el cual la misma creaci\u00f3n ser\u00e1 liberada de la servidumbre de la corrupci\u00f3n para participar la libertad de la gloria de los hijos de Dios (cf. <em>Rm<\/em> 8, 21). Grande, en verdad, es la promesa, y excelso el mandato dado a los disc\u00edpulos: \u00abTodas las cosas son vuestras, pero vosotros sois de Cristo, y Cristo es de Dios\u00bb (<em>1 Co<\/em> 3, 23).<\/p>\n<p>Deben, por tanto, los fieles conocer la \u00edntima naturaleza de todas las criaturas, su valor y su ordenaci\u00f3n a la gloria de Dios. Incluso en las ocupaciones seculares deben ayudarse mutuamente a una vida m\u00e1s santa, de tal manera que el mundo se impregne del esp\u00edritu de Cristo y alcance su fin con mayor eficacia en la justicia, en la caridad y en la paz. En el cumplimiento de este deber universal corresponde a los laicos el lugar m\u00e1s destacado. Por ello, con su competencia en los asuntos profanos y con su actividad elevada desde dentro por la gracia de Cristo, contribuyan eficazmente a que los bienes creados, de acuerdo con el designio del Creador y la iluminaci\u00f3n de su Verbo, sean promovidos, mediante el trabajo humano, la t\u00e9cnica y la cultura civil, para utilidad de todos los hombres sin excepci\u00f3n; sean m\u00e1s convenientemente distribuidos entre ellos y, a su manera, conduzcan al progreso universal en la libertad humana y cristiana. As\u00ed Cristo, a trav\u00e9s de los miembros de la Iglesia, iluminar\u00e1 m\u00e1s y m\u00e1s con su luz salvadora a toda la sociedad humana.<\/p>\n<p>Igualmente coordinen los laicos sus fuerzas para sanear las estructuras y los ambientes del mundo cuando inciten al pecado, de manera que todas estas cosas sean conformes a las normas de la justicia y m\u00e1s bien favorezcan que obstaculicen la pr\u00e1ctica de las virtudes. Obrando de este modo, impregnar\u00e1n de valor moral la cultura y las realizaciones humanas. Con este proceder simult\u00e1neamente se prepara mejor el campo del mundo para la siembra de la palabra divina, y a la Iglesia se le abren m\u00e1s de par en par las puertas por las que introducir en el mundo el mensaje de la paz.<\/p>\n<p>Conforme lo exige la misma econom\u00eda de la salvaci\u00f3n, los fieles aprendan a distinguir con cuidado los derechos y deberes que les conciernen por su pertenencia a la Iglesia y los que les competen en cuanto miembros de la sociedad humana. Esfu\u00e9rcense en conciliarlos entre s\u00ed, teniendo presente que en cualquier asunto temporal deben guiarse por la conciencia cristiana, dado que ninguna actividad humana, ni siquiera en el dominio temporal, puede substraerse al imperio de Dios. En nuestro tiempo es sumamente necesario que esta distinci\u00f3n y simult\u00e1nea armon\u00eda resalte con suma claridad en la actuaci\u00f3n de los fieles, a fin de que la misi\u00f3n de la Iglesia pueda responder con mayor plenitud a los peculiares condicionamientos del mundo actual. Porque as\u00ed como ha de reconocerse que la ciudad terrena, justamente entregada a las preocupaciones del siglo, se rige por principios propios, con la misma raz\u00f3n se debe rechazar la funesta doctrina que pretende construir la sociedad prescindiendo en absoluto de la religi\u00f3n y que ataca y elimina la libertad religiosa de los ciudadanos.<span id='easy-footnote-116-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-116-29321' title='Cf. Le\u00f3n XIII, enc. &lt;em&gt; Immortale Dei&lt;\/em&gt;, 1 nov. 1885: AAS 18 (1885) 166ss. Id. enc. &lt;em&gt;Sapientiae christianae&lt;\/em&gt;, 10 enero 1890: ASS 22 (1889-90) 397ss. P\u00edo XII. aloc. &lt;em&gt;Alla vostra filiale&lt;\/em&gt;, 23 marzo 1958: AAS 50 (1958) 220: \u00abla legitima sana laicit\u00e0 dello Stato\u00bb.'><sup>116<\/sup><\/a><\/span>\n<p>37. Los laicos, al igual que todos los fieles cristianos, tienen el derecho de recibir con abundancia<span id='easy-footnote-117-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-117-29321' title='Cf. &lt;em&gt;Cod. Iur. Can&lt;\/em&gt;. can. 682.'><sup>117<\/sup><\/a><\/span> de los sagrados Pastores los auxilios de los bienes espirituales de la Iglesia, en particular la palabra de Dios y les sacramentos. Y manifi\u00e9stenles sus necesidades y sus deseos con aquella libertad y confianza que conviene a los hijos de Dios y a los hermanos en Cristo. Conforme a la ciencia, la competencia y el prestigio que poseen, tienen la facultad, m\u00e1s a\u00fan, a veces el deber, de exponer su parecer acerca de los asuntos concernientes al bien de la Iglesia.<span id='easy-footnote-118-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-118-29321' title='Cf. P\u00edo XII, aloc.&lt;em&gt; De quelle consolation&lt;\/em&gt;, l. c., p. 789: \u00abEn las batallas decisivas, es muchas veces del frente, de donde salen las m\u00e1s felices iniciativas&amp;#8230;\u00bb. Id. aloc. &lt;em&gt; L&amp;#8217;importance de la presse catholique&lt;\/em&gt;, 17 febr. 1950: AAS 42 (1950) 256.'><sup>118<\/sup><\/a><\/span> Esto h\u00e1gase, si las circunstancias lo requieren, a trav\u00e9s de instituciones establecidas para ello por la Iglesia, y siempre en veracidad, fortaleza y prudencia, con reverencia y caridad hacia aquellos que, por raz\u00f3n de su sagrado ministerio, personifican a Cristo.<\/p>\n<p>Los laicos, como los dem\u00e1s fieles, siguiendo el ejemplo de Cristo, que con su obediencia hasta la muerte abri\u00f3 a todos los hombres el dichoso camino de la libertad de los hijos de Dios, acepten con prontitud de obediencia cristiana aquello que los Pastores sagrados, en cuanto representantes de Cristo, establecen en la Iglesia en su calidad de maestros y gobernantes. Ni dejen de encomendar a Dios en la oraci\u00f3n a sus Prelados, que vigilan cuidadosamente como quienes deben rendir cuenta por nuestras almas, a fin de que hagan esto con gozo y no con gemidos (cf. <em>Hb<\/em> 13,17).<\/p>\n<p>Por su parte, los sagrados Pastores reconozcan y promuevan la dignidad y responsabilidad de los laicos en la Iglesia. Recurran gustosamente a su prudente consejo, encomi\u00e9ndenles con confianza cargos en servicio de la Iglesia y denles libertad y oportunidad para actuar; m\u00e1s a\u00fan, an\u00edmenles incluso a emprender obras por propia iniciativa. Consideren atentamente ante Cristo, con paterno amor, las iniciativas, los ruegos y los deseos provenientes de los laicos.<span id='easy-footnote-119-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-119-29321' title='Cf. &lt;em&gt;1 Tes&lt;\/em&gt;, 5, 19 y &lt;em&gt;1 Jn&lt;\/em&gt;, 4, 1.'><sup>119<\/sup><\/a><\/span> En cuanto a la justa libertad que a todos corresponde en la sociedad civil, los Pastores la acatar\u00e1n respetuosamente.<\/p>\n<p>Son de esperar much\u00edsimos bienes para la Iglesia de este trato familiar entre los laicos y los Pastores; as\u00ed se robustece en los seglares el sentido de la propia responsabilidad, se fomenta su entusiasmo y se asocian m\u00e1s f\u00e1cilmente las fuerzas de los laicos al trabajo de los Pastores. Estos, a su vez, ayudados por la experiencia de los seglares, est\u00e1n en condiciones de juzgar con m\u00e1s precisi\u00f3n y objetividad tanto los asuntos espirituales como los temporales, de forma que la Iglesia entera, robustecida por todos sus miembros, cumpla con mayor eficacia su misi\u00f3n en favor de la vida del mundo.<\/p>\n<p>38. Cada laico debe ser ante el mundo un testigo de la resurrecci\u00f3n y de la vida del Se\u00f1or Jes\u00fas y una se\u00f1al del Dios vivo. Todos juntos y cada uno de por s\u00ed deben alimentar al mundo con frutos espirituales (cf. <em>Ga<\/em> 5, 22) y difundir en \u00e9l el esp\u00edritu de que est\u00e1n animados aquellos pobres, mansos y pac\u00edficos, a quienes el Se\u00f1or en el Evangelio proclam\u00f3 bienaventurados (cf. <em>Mt<\/em> 5, 3-9). En una palabra, \u00ablo que el alma es en el cuerpo, esto han de ser los cristianos en el mundo\u00bb.<span id='easy-footnote-120-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-120-29321' title='&lt;em&gt;Epist. ad Diognetum&lt;\/em&gt; 6: ed. Funk, I, p. 400. Cf. San Juan Cris\u00f3stomo,&lt;em&gt; In Mt. &lt;\/em&gt;hom. 46 (47) 2: PG 58, 478, del fermento en la masa.'><sup>120<\/sup><\/a><\/span>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p>A partir de aqu\u00ed la <em>Lumen gentium <\/em>cambia de estilo y sus aportaciones deben ser vistas de forma m\u00e1s global y referidas a la totalidad del cap\u00edtulo. De hecho, la atenci\u00f3n a la nota de la santidad fue una de las constantes del proyecto conciliar. Por esto el que este cap\u00edtulo se encuentre entre el de los laicos y el de los religiosos depende de contingencias conciliares, puesto que con toda propiedad deber\u00eda integrarse en la tractaci\u00f3n del pueblo de Dios del cap\u00edtulo II.<\/p>\n<p>La principal novedad se encuentra en LG 41, donde se habla de la variedad de caminos de santificaci\u00f3n, a\u00fan fuera del estado religioso, tal como ha acontecido en la etapa posconciliar. LG 39-40 introduce el tema de la vocaci\u00f3n a la santidad en la Iglesia, y LG 42 concluye tratando sobre los medios de santificaci\u00f3n, entre los cuales privilegia los \u00abconsejos evang\u00e9licos\u00bb que son presentados corno \u00abm\u00faltiples\u00bb, y no s\u00f3lo los tres cl\u00e1sicos, entre los cuales la virginidad y el celibato tienen la primac\u00eda. Tales consejos son dirigidos a todos y la vida religiosa los atestigua de forma particular.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<h2><strong>Cap\u00edtulo V: <\/strong><em><strong>Universal vocaci\u00f3n a la santidad en la Iglesia<\/strong><\/em><\/h2>\n<p>39. La Iglesia, cuyo misterio est\u00e1 exponiendo el sagrado Concilio, creemos que es indefectiblemente santa. Pues Cristo, el Hijo de Dios, quien con el Padre y el Esp\u00edritu Santo es proclamado \u00abel \u00fanico Santo\u00bb,<span id='easy-footnote-121-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-121-29321' title='Misal Romano, &lt;em&gt;Gloria in excelsis&lt;\/em&gt;. Cf. &lt;em&gt;Lc&lt;\/em&gt;, 1, 35; &lt;em&gt;Mc&lt;\/em&gt;, 1, 24;&lt;em&gt;Lc&lt;\/em&gt;, 4, 34; &lt;em&gt;Jn&lt;\/em&gt;, 6, 69 (&lt;em&gt;ho hagios tou Theou&lt;\/em&gt;); &lt;em&gt;Hch&lt;\/em&gt; 3, 14; 4, 27 y 30;&lt;em&gt;Heb&lt;\/em&gt;, 7, 26; &lt;em&gt;1 Jn&lt;\/em&gt;, 2, 20; &lt;em&gt;Ap&lt;\/em&gt;, 3, 7.'><sup>121<\/sup><\/a><\/span> am\u00f3 a la Iglesia como a su esposa, entreg\u00e1ndose a S\u00ed mismo por ella para santificarla (cf. <em>Ef<\/em> 5,25-26), la uni\u00f3 a S\u00ed como su propio cuerpo y la enriqueci\u00f3 con el don del Esp\u00edritu Santo para gloria de Dios. Por ello, en la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la Jerarqu\u00eda que los apacentados por ella, est\u00e1n llamados a la santidad, seg\u00fan aquello del Ap\u00f3stol: \u00abPorgue \u00e9sta es la voluntad de Dios, vuestra santificaci\u00f3n\u00bb (<em>1 Ts<\/em> 4, 3; cf. <em>Ef<\/em> 1, 4). Esta santidad de la Iglesia se manifiesta y sin cesar debe manifestarse en los frutos de gracia que el Esp\u00edritu produce en los fieles. Se expresa multiformemente en cada uno de los que, con edificaci\u00f3n de los dem\u00e1s, se acercan a la perfecci\u00f3n de la caridad en su propio g\u00e9nero de vida; de manera singular aparece en la pr\u00e1ctica de los com\u00fanmente llamados consejos evang\u00e9licos. Esta pr\u00e1ctica de los consejos, que, por impulso del Esp\u00edritu Santo, muchos cristianos han abrazado tanto en privado como en una condici\u00f3n o estado aceptado por la Iglesia, proporciona al mundo y debe proporcionarle un espl\u00e9ndido testimonio y ejemplo de esa santidad.<\/p>\n<p>40. El divino Maestro y Modelo de toda perfecci\u00f3n, el Se\u00f1or Jes\u00fas, predic\u00f3 a todos y cada uno de sus disc\u00edpulos, cualquiera que fuese su condici\u00f3n, la santidad de vida, de la que El es iniciador y consumador: \u00abSed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto\u00bb (<em>Mt<\/em> 5, 48).<span id='easy-footnote-122-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-122-29321' title='Cf. Or\u00edgenes, &lt;em&gt;Comm. Rom.&lt;\/em&gt; 7, 7: PG 14, 1122B. Ps.- Macario, &lt;em&gt;De Oratione&lt;\/em&gt;, 11: PG 34, 861AB. Santo Tom\u00e1s,&lt;em&gt; Summa Theol.&lt;\/em&gt;, II-II, q. 184, a. 3.'><sup>122<\/sup><\/a><\/span> Envi\u00f3 a todos el Esp\u00edritu Santo para que los mueva interiormente a amar a Dios con todo el coraz\u00f3n, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas (cf. <em>M<\/em>t 12,30) y a amarse mutuamente como Cristo les am\u00f3 (cf. <em> Jn <\/em>13,34; 15,12). Los seguidores de Cristo, llamados por Dios no en raz\u00f3n de sus obras, sino en virtud del designio y gracia divinos y justificados en el Se\u00f1or Jes\u00fas, han sido hechos por el bautismo, sacramento de la fe, verdaderos hijos de Dios y part\u00edcipes de la divina naturaleza, y, por lo mismo, realmente santos. En consecuencia, es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su vida la santificaci\u00f3n que recibieron. El Ap\u00f3stol les amonesta a vivir \u00abcomo conviene a los santos\u00bb (<em>Ef<\/em> 5, 3) y que como \u00abelegidos de Dios, santos y amados, se revistan de entra\u00f1as de misericordia, benignidad, humildad, modestia, paciencia\u00bb (<em>Col<\/em> 3, 12) y produzcan los frutos del Esp\u00edritu para la santificaci\u00f3n (cf. <em>Ga<\/em> 5, 22; <em>Rm<\/em> 6, 22). Pero como todos caemos en muchas faltas (cf. <em>St<\/em> 3,2), continuamente necesitamos la misericordia de Dios y todos los d\u00edas debemos orar: \u00abPerd\u00f3nanos nuestras deudas\u00bb (<em>Mt<\/em> 6, 12).<span id='easy-footnote-123-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-123-29321' title='Cf. San Agust\u00edn, &lt;em&gt;Retract.&lt;\/em&gt; II, 18: PL 32, 637s. P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt;Mystici Corporis&lt;\/em&gt;, 29 jun. 1943: AAS 35 (1943) 225.'><sup>123<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Es, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condici\u00f3n, est\u00e1n llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci\u00f3n de la caridad,<span id='easy-footnote-124-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-124-29321' title='Cf. P\u00edo XI, enc. &lt;em&gt;Rerum omnium&lt;\/em&gt;, 26 enero 1923: AAS 15 (1923)50 y 59-60: enc. &lt;em&gt; Casti connubii&lt;\/em&gt;, 31 dic. 1930: AAS 22 (1930) 548. P\u00edo XII, const. apost. &lt;em&gt; Provida Mater&lt;\/em&gt;, 2 febr. 1947; AAS 39 (1947) 117; aloc. &lt;em&gt;Annus sacer&lt;\/em&gt;, 8 dic. 1950: AAS 43 (1951) 27-28; aloc. &lt;em&gt;Nel darvi&lt;\/em&gt;, 1 jul. 1956: AAS 48 (1956) 574s.'><sup>124<\/sup><\/a><\/span> y esta santidad suscita un nivel de vida m\u00e1s humano incluso en la sociedad terrena. En el logro de esta perfecci\u00f3n empe\u00f1en los fieles las fuerzas recibidas seg\u00fan la medida de la donaci\u00f3n de Cristo, a fin de que, siguiendo sus huellas y hechos conformes a su imagen, obedeciendo en todo a la voluntad del Padre, se entreguen con toda su alma a la gloria de Dios y al servicio del pr\u00f3jimo. As\u00ed, la santidad del Pueblo de Dios producir\u00e1 abundantes frutos, como brillantemente lo demuestra la historia de la Iglesia con la vida de tantos santos.<\/p>\n<p>41. Una misma es la santidad que cultivan, en los m\u00faltiples g\u00e9neros de vida y ocupaciones, todos los que son guiados por el Esp\u00edritu de Dios, y obedientes a la voz del Padre, ador\u00e1ndole en esp\u00edritu y verdad, siguen a Cristo pobre, humilde y cargado con la cruz, a fin de merecer ser hechos part\u00edcipes de su gloria. Pero cada uno debe caminar sin vacilaci\u00f3n por el camino de la fe viva, que engendra la esperanza y obra por la caridad, seg\u00fan los dones y funciones que le son propios.<\/p>\n<p>En primer lugar es necesario que los Pastores de la grey de Cristo, a imagen del sumo y eterno Sacerdote, Pastor y Obispo de nuestras almas, desempe\u00f1en su ministerio santamente y con entusiasmo, humildemente y con fortaleza. As\u00ed cumplido, ese ministerio ser\u00e1 tambi\u00e9n para ellos un magn\u00edfico medio de santificaci\u00f3n. Los elegidos para la plenitud del sacerdocio son dotados de la gracia sacramental, con la que, orando, ofreciendo el sacrificio y predicando, por medio de todo tipo de preocupaci\u00f3n episcopal y de servicio, puedan cumplir perfectamente el cargo de la caridad pastoral.<span id='easy-footnote-125-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-125-29321' title='Cf. Santo Tom\u00e1s, &lt;em&gt;Summa Theol.&lt;\/em&gt;, II-II, q. 184, a. 5 y 6. &lt;em&gt;De perf. vitae spir.&lt;\/em&gt; c. 18. Or\u00edgenes, &lt;em&gt;In Is.&lt;\/em&gt; hom., 6, 1: PG 13, 239.'><sup>125<\/sup><\/a><\/span> No teman entregar su vida por las ovejas, y, hechos modelo para la grey (cf.<em>1 P<\/em> 5,3), estimulen a la Iglesia, con su ejemplo, a una santidad cada d\u00eda mayor.<\/p>\n<p>Los presb\u00edteros, a semejanza del orden de los Obispos, cuya corona espiritual forman<span id='easy-footnote-126-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-126-29321' title='Cf. San Ignacio M., &lt;em&gt;Magn.&lt;\/em&gt; 13, 1: ed. Funk, I p. 241.'><sup>126<\/sup><\/a><\/span> al participar de su gracia ministerial por Cristo, eterno y \u00fanico Mediador, crezcan en el amor de Dios y del pr\u00f3jimo por el diario desempe\u00f1o de su oficio. Conserven el v\u00ednculo de la comuni\u00f3n sacerdotal, abunden en todo bien espiritual y sean para todos un vivo testimonio de Dios,<span id='easy-footnote-127-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-127-29321' title='Cf. S. P\u00edo X, exhort., &lt;em&gt;Haerent animo&lt;\/em&gt;, 4 agos. 1908: AAS 41 (1908) 560s.&lt;em&gt; Cod. Iur Can.&lt;\/em&gt; can. 124. P\u00edo XI. enc. &lt;em&gt;Ad catholici sacerdotii&lt;\/em&gt;, 20 dic. 1935: AAS 28 (1936) 22.'><sup>127<\/sup><\/a><\/span> \u00e9mulos de aquellos sacerdotes que en el decurso de los siglos, con frecuencia en un servicio humilde y oculto, dejaron un preclaro ejemplo de santidad, cuya alabanza se difunde en la Iglesia de Dios. Mientras oran y ofrecen el sacrificio, como es su deber, por los propios fieles y por todo el Pueblo de Dios, sean conscientes de lo que hacen e imiten lo que traen entre manos;<span id='easy-footnote-128-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-128-29321' title='Cf. Pontifical Romano, &lt;em&gt;De ordinatione presbyterorum&lt;\/em&gt;, en la Exhortaci\u00f3n inicial.'><sup>128<\/sup><\/a><\/span> las preocupaciones apost\u00f3licas, los peligros y contratiempos, no s\u00f3lo no les sean un obst\u00e1culo, antes bien asciendan por ellos a una m\u00e1s alta santidad, alimentando y fomentando su acci\u00f3n en la abundancia de la contemplaci\u00f3n para consuelo de toda la Iglesia de Dios. Todos los presb\u00edteros y en especial aquellos que por el peculiar t\u00edtulo de su ordenaci\u00f3n son llamados sacerdotes diocesanos, tengan presente cu\u00e1nto favorece a su santificaci\u00f3n la fiel uni\u00f3n y generosa cooperaci\u00f3n con su propio Obispo.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n son part\u00edcipes de la misi\u00f3n y gracia del supremo Sacerdote, de un modo particular, los ministros de orden inferior. Ante todo, los di\u00e1conos, quienes, sirviendo a los misterios de Cristo y de la Iglesia<span id='easy-footnote-129-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-129-29321' title='Cf. S. Ignacio M., &lt;em&gt;Trall.&lt;\/em&gt; 2, 3: ed. Funk, I p.244.'><sup>129<\/sup><\/a><\/span> deben conservarse inmunes de todo vicio, agradar a Dios y hacer acopio de todo bien ante los hombres (cf. <em>1 Tm<\/em> 3,8-10 y 12-13). Los. cl\u00e9rigos, que, llamados por el Se\u00f1or y destinados a su servicio, se preparan, bajo la vigilancia de los Pastores, para los deberes del ministerio, est\u00e1n obligados a ir adaptando su mentalidad y sus corazones a tan excelsa elecci\u00f3n: asiduos en la oraci\u00f3n, fervorosos en el amor, preocupados de continuo por todo lo que es verdadero, justo y decoroso, realizando todo para gloria y honor de Dios. A los cuales se a\u00f1aden aquellos laicos elegidos por Dios que son llamados por el Obispo para que se entreguen por completo a las tareas apost\u00f3licas, y trabajan en el campo del Se\u00f1or con fruto abundante.<span id='easy-footnote-130-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-130-29321' title='Cf. P\u00edo XII, aloc. &lt;em&gt;Sous la maternelle protection&lt;\/em&gt;, 9 dic. 1957: AAS 50 (1958) 36.'><sup>130<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Los esposos y padres cristianos, siguiendo su propio camino, mediante la fidelidad en el amor, deben sostenerse mutuamente en la gracia a lo largo de toda la vida e inculcar la doctrina cristiana y las virtudes evang\u00e9licas a los hijos amorosamente recibidos de Dios. De esta manera ofrecen a todos el ejemplo de un incansable y generoso amor, contribuyen al establecimiento de la fraternidad en la caridad y se constituyen en testigos y colaboradores de la fecundidad de la madre Iglesia, como s\u00edmbolo y participaci\u00f3n de aquel amor con que Cristo am\u00f3 a su Esposa y se entreg\u00f3 a S\u00ed mismo por ella.<span id='easy-footnote-131-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-131-29321' title='P\u00edo XI, enc.&lt;em&gt; Casti connubii&lt;\/em&gt;, 31 dic. 1930: AAS 22 (1930) 548s. San Juan Cris\u00f3stomo, &lt;em&gt;In Ephes.&lt;\/em&gt; hom., 20, 2: PG 62, 136ss.'><sup>131<\/sup><\/a><\/span> Ejemplo parecido lo proporcionan, de otro modo, quienes viven en estado de viudez o de celibato, los cuales tambi\u00e9n pueden contribuir no poco a la santidad y a la actividad de la Iglesia. Aquellos que est\u00e1n dedicados a trabajos muchas veces fatigosos deben encontrar en esas ocupaciones humanas su propio perfeccionamiento, el medio de ayudar a sus conciudadanos y de contribuir a elevar el nivel de la sociedad entera y de la creaci\u00f3n. Pero tambi\u00e9n es necesario que imiten en su activa caridad a Cristo, cuyas manos se ejercitaron en los trabajos manuales y que contin\u00faan trabajando en uni\u00f3n con el Padre para la salvaci\u00f3n de todos. Gozosos en la esperanza, ayud\u00e1ndose unos a otros a llevar sus cargas, asciendan mediante su mismo trabajo diario, a una m\u00e1s alta santidad, incluso con proyecci\u00f3n apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>Sepan tambi\u00e9n que est\u00e1n especialmente unidos a Cristo, paciente por la salvaci\u00f3n del mundo, aquellos que se encuentran oprimidos por la pobreza, la enfermedad, los achaques y otros muchos sufrimientos, o los que padecen persecuci\u00f3n por la justicia. A ellos el Se\u00f1or, en el Evangelio, les proclam\u00f3 bienaventurados, y \u00abel Dios de toda gracia, que nos llam\u00f3 a su eterna gloria en Cristo Jes\u00fas, despu\u00e9s de un breve padecer, los perfeccionar\u00e1 y afirmar\u00e1, los fortalecer\u00e1 y consolidar\u00e1\u00bb (<em>1 P<\/em> 5, 10).<\/p>\n<p>Por tanto, todos los fieles cristianos, en las condiciones, ocupaciones o circunstancias de su vida, y a trav\u00e9s de todo eso, se santificar\u00e1n m\u00e1s cada d\u00eda si lo aceptan todo con fe de la mano del Padre celestial y colaboran con la voluntad divina, haciendo manifiesta a todos, incluso en su dedicaci\u00f3n a las tareas temporales, la caridad con que Dios am\u00f3 al mundo.<\/p>\n<p>42. \u00abDios es caridad, y el que permanece en la caridad permanece en Dios y Dios en \u00e9l\u00bb (<em>1 Jn<\/em> 4, 16). Y Dios difundi\u00f3 su caridad en nuestros corazones por el Esp\u00edritu Santo, que se nos ha dado (cf. <em>Rm<\/em> 5, 5). Por consiguiente, el primero y m\u00e1s imprescindible don es la caridad, con la que amamos a Dios sobre todas las cosas y al pr\u00f3jimo por El. Pero, a fin de que la caridad crezca en el alma como una buena semilla y fructifique, todo fiel debe escuchar de buena gana la palabra de Dios y poner por obra su voluntad con la ayuda de la gracia. Participar frecuentemente en los sacramentos, sobre todo en la Eucarist\u00eda, y en las funciones sagradas. Aplicarse asiduamente a la oraci\u00f3n, a la abnegaci\u00f3n de s\u00ed mismo, al sol\u00edcito servicio de los hermanos y al ejercicio de todas las virtudes. Pues la caridad, como v\u00ednculo de perfecci\u00f3n y plenitud de la ley (cf. <em>Col<\/em> 3, 14; <em>Rm<\/em> 3, 10), rige todos los medios de santificaci\u00f3n, los informa y los conduce a su fin.<span id='easy-footnote-132-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-132-29321' title='Cf. San Agust\u00edn, &lt;em&gt;Enchir.&lt;\/em&gt; 121, 32: PL 40, 288. Santo Tom\u00e1s, &lt;em&gt;Summa Theol.&lt;\/em&gt; II-II, q. 184, a. 1. P\u00edo XII, exhort. apost. &lt;em&gt; Menti nostrae&lt;\/em&gt;, 23 sept. 1950: AAS 42 (1950) 660.'><sup>132<\/sup><\/a><\/span> De ah\u00ed que la caridad para con Dios y para con el pr\u00f3jimo sea el signo distintivo del verdadero disc\u00edpulo de Cristo.<\/p>\n<p>Dado que Jes\u00fas, el Hijo de Dios, manifest\u00f3 su amor entregando su vida por nosotros, nadie tiene mayor amor que el que entrega su vida por El y por sus hermanos (cf. 1 <em>Jn<\/em> 3,16; <em>Jn<\/em> 15,13). Pues bien: algunos cristianos, ya desde los primeros tiempos, fueron llamados, y seguir\u00e1n si\u00e9ndolo siempre, a dar este supremo testimonio de amor ante todos, especialmente ante los perseguidores. Por tanto, el martirio, en el que el disc\u00edpulo se asemeja al Maestro, que acept\u00f3 libremente la muerte por la salvaci\u00f3n del mundo, y se conforma a El en la efusi\u00f3n de su sangre, es estimado por la Iglesia como un don eximio y la suprema prueba de amor, Y, si es don concedido a pocos, sin embargo, todos deben estar prestos a confesar a Cristo delante de los hombres y a seguirle, por el camino de la cruz, en medio de las persecuciones que nunca faltan a la Iglesia.<\/p>\n<p>La santidad de la Iglesia tambi\u00e9n se fomenta de una manera especial con los m\u00faltiples consejos que el Se\u00f1or propone en el Evangelio para que los observen sus disc\u00edpulos.<span id='easy-footnote-133-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-133-29321' title='Sobre los consejos en general, cf. Or\u00edgenes, &lt;em&gt;Comm. Rom.&lt;\/em&gt; X 14: PG 14, 1275B. San Agust\u00edn, &lt;em&gt;De S. virginitate&lt;\/em&gt;, 15, 15: PL 40, 403. Santo Tom\u00e1s,&lt;em&gt; Summa Theol.&lt;\/em&gt;, I-II, q. 100, a. 2c (al final); II-II, q. 44, a. 4, ad 3.'><sup>133<\/sup><\/a><\/span> Entre ellos destaca el precioso don de la divina gracia, concedido a algunos por el Padre (cf. <em>Mt<\/em> 19, 11; <em>1 Co<\/em> 7, 7) para que se consagren a solo Dios con un coraz\u00f3n que en la virginidad o en el celibato se mantiene m\u00e1s f\u00e1cilmente indiviso (cf. <em>1 Co<\/em> 7, 32-34).<span id='easy-footnote-134-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-134-29321' title='Sobre la excelencia de la sagrada virginidad, cf. Tertuliano, &lt;em&gt;Exhort. cast.&lt;\/em&gt; 10: PL 2, 925C. San Cipriano, &lt;em&gt;Hab. virg.&lt;\/em&gt;, 3 y 22: PL 4, 443B y 461 As. San Atanasio (?), &lt;em&gt;De virg.&lt;\/em&gt;: PG 28, 252ss. San J. Cris\u00f3stomo, &lt;em&gt;De virg&lt;\/em&gt;.: PG 48, 533ss.'><sup>134<\/sup><\/a><\/span> Esta perfecta continencia por el reino de los cielos siempre ha sido tenida en la m\u00e1s alta estima por la Iglesia, como se\u00f1al y est\u00edmulo de la caridad y como un manantial extraordinario de espiritual fecundidad en el mundo.<\/p>\n<p>La Iglesia medita la advertencia del Ap\u00f3stol, quien, estimulando a los fieles a la caridad, les exhorta a que tengan en s\u00ed los mismos sentimientos que tuvo Cristo, el cual \u00abse anonad\u00f3 a s\u00ed mismo tomando la forma de esclavo&#8230;, hecho obediente hasta la muerte\u00bb (<em>Flp<\/em> 2, 7-8), y por nosotros \u00abse hizo pobre, siendo rico\u00bb (<em>2 Co<\/em> 8, 9). Y como es necesario que los disc\u00edpulos den siempre testimonio de esta caridad y humildad de Cristo imit\u00e1ndola, la madre Iglesia goza de que en su seno se hallen muchos varones v mujeres que siguen m\u00e1s de cerca el anonadamiento del Salvador y dan un testimonio m\u00e1s evidente de \u00e9l al abrazar la pobreza en la libertad de los hijos de Dios y al renunciar a su propia voluntad. A saber: aquellos que, en materia de perfecci\u00f3n, se someten a un hombre por Dios m\u00e1s all\u00e1 de lo mandado, a fin de hacerse m\u00e1s plenamente conformes a Cristo obediente.<span id='easy-footnote-135-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-135-29321' title='Sobre la pobreza espiritual cf. &lt;em&gt;Mt&lt;\/em&gt; 5, 3 y 19, 21; &lt;em&gt;Mc&lt;\/em&gt; 10, 21, &lt;em&gt;Lc&lt;\/em&gt; 18, 22. Sobre la obediencia se aduce el ejemplo de Cristo en &lt;em&gt;Jn&lt;\/em&gt; 4, 4 y 6, 38; &lt;em&gt;Flp&lt;\/em&gt; 2, 8-10; &lt;em&gt;Hb&lt;\/em&gt; 10, 5-7. Los Santo Padres y los fundadores de las \u00d3rdenes ofrecen textos abundantes.'><sup>135<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Quedan, pues, invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfecci\u00f3n dentro del propio estado. Est\u00e9n todos atentos a encauzar rectamente sus afectos, no sea que el uso de las cosas del mundo y un apego a las riquezas contrario al esp\u00edritu de pobreza evang\u00e9lica les impida la prosecuci\u00f3n de la caridad perfecta. Acord\u00e1ndose de la advertencia del Ap\u00f3stol: Los que usan de este mundo no se detengan en eso, porque los atractivos de este mundo pasan (cf. <em>1 Co<\/em> 7, 31 gr.).<span id='easy-footnote-136-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-136-29321' title='Sobre la pr\u00e1ctica efectiva de los consejos, que no se imponen a todos, cf. San J. Cris\u00f3stomo &lt;em&gt;In Mt&lt;\/em&gt;. hom., 7, 7: PG 57, 81s. San Ambrosio, &lt;em&gt;De viduis&lt;\/em&gt;, 4, 23: PL 16, 241s.'><sup>136<\/sup><\/a><\/span>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p>Es la primera vez que un Concilio trata de los religiosos, y esto ya indica la funci\u00f3n decisiva que se les asigna en la Iglesia como testigos del momento y de la perfecci\u00f3n escatol\u00f3gica. LG 43 presenta el \u00abestado\u00bb de los religiosos como una \u00abcondici\u00f3n de vida\u00bb \u2014n\u00f3tese la nueva palabra\u2014 que puede darse entre laicos como entre cl\u00e9rigos; LG 44-45 explicita la dimensi\u00f3n evang\u00e9lico-carism\u00e1tica y la jur\u00eddico-institucional, y la cuesti\u00f3n de la \u00abexenci\u00f3n can\u00f3nica\u00bb se engloba en el interior de la comuni\u00f3n con cada Iglesia diocesana; LG 46-47 concluye valorando la opci\u00f3n y la vida religiosa a fin de procurar \u00abuna santidad m\u00e1s abundante en la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<h2><strong>Cap\u00edtulo VI: <\/strong><em><strong>Los religiosos<\/strong><\/em><\/h2>\n<p>43. Los consejos evang\u00e9licos de castidad consagrada a Dios, de pobreza y de obediencia, como fundados en las palabras y ejemplos del Se\u00f1or, y recomendados por los Ap\u00f3stoles y Padres, as\u00ed como por los doctores y pastores de la Iglesia, son un don divino que la Iglesia recibi\u00f3 de su Se\u00f1or y que con su gracia conserva siempre La autoridad de la Iglesia, bajo la gu\u00eda del Esp\u00edritu Santo, se preocup\u00f3 de interpretar estos consejos, de regular su pr\u00e1ctica e incluso de fijar formas estables de vivirlos. Esta es la causa de que, como en \u00e1rbol que se ramifica espl\u00e9ndido y pujante en el campo del Se\u00f1or partiendo de una semilla puesta por Dios, se hayan desarrollado formas diversas de vida solitaria o comunitaria y variedad de familias que acrecientan los recursos ya para provecho de los propios miembros, ya para bien de todo el Cuerpo de Cristo.<span id='easy-footnote-137-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-137-29321' title='Cf. Rosweydus, &lt;em&gt;Vitae Patrum&lt;\/em&gt;, (Amberes, 1628), &lt;em&gt;Apophtegmata Patrum&lt;\/em&gt;: PG 65. Paladio, &lt;em&gt;Historia Lausiaca&lt;\/em&gt;: PG 34, 995ss.: ed. C. Butler, Cambridge, 1898 (1904). P\u00edo XI, const. apost. &lt;em&gt;Umbratilem&lt;\/em&gt;, 8 jul. 1924: AAS 16 (1924) 386-387. P\u00edo XII, aloc. &lt;em&gt;Nous sommes heureux&lt;\/em&gt;, 11 abr. 1958: AAS 50 (1958) 283.'><sup>137<\/sup><\/a><\/span> Y es que esas familias ofrecen a sus miembros las ventajas de una mayor estabilidad en el g\u00e9nero de vida, una doctrina experimentada para conseguir la perfecci\u00f3n, una comuni\u00f3n fraterna en el servicio de Cristo y una libertad robustecida por la obediencia, de tal manera que puedan cumplir con seguridad y guardar fielmente su profesi\u00f3n y avancen con esp\u00edritu alegre por la senda de la caridad.<span id='easy-footnote-138-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-138-29321' title='Pablo VI, aloc. &lt;em&gt;Magno gaudio&lt;\/em&gt;, 23 mayo 1964: AAS 56 (1964) 566.'><sup>138<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Este estado, si se atiende a la constituci\u00f3n divina y jer\u00e1rquica de la Iglesia, no es intermedio entre el de los cl\u00e9rigos y el de los laicos, sino que de uno y otro algunos cristianos son llamados por Dios para poseer un don particular en la vida de la Iglesia y para que contribuyan a la misi\u00f3n salv\u00edfica de \u00e9sta, cada uno seg\u00fan su modo.<span id='easy-footnote-139-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-139-29321' title='Cf. &lt;em&gt;Cod. Iur.&lt;\/em&gt; Can. can 487 y 488, 4\u00ba. P\u00edo XII. aloc. &lt;em&gt;Annus sacer&lt;\/em&gt;, 8 dic. 1950: AAS 43 (1951) 27s. Id. const. apost. &lt;em&gt; Provida Mater&lt;\/em&gt;, 2 febr. 1947: AAS 39 (1947) 120ss.'><sup>139<\/sup><\/a><\/span>\n<p>44. El cristiano, mediante los votos u otros v\u00ednculos sagrados \u2014por su propia naturaleza semejantes a los votos\u2014, con los cuales se obliga a la pr\u00e1ctica de los tres susodichos consejos evang\u00e9licos, hace una total consagraci\u00f3n de s\u00ed mismo a Dios, amado sobre todas las cosas, de manera que se ordena al servicio de Dios y a su gloria por un t\u00edtulo nuevo y especial. Ya por el bautismo hab\u00eda muerto al pecado y estaba consagrado a Dios; sin embargo, para traer de la gracia bautismal fruto copioso, pretende, por la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos, liberarse de los impedimentos que podr\u00edan apartarle del fervor de la caridad y de la perfecci\u00f3n del culto divino y se consagra m\u00e1s \u00edntimamente al servicio de Dios.<span id='easy-footnote-140-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-140-29321' title='Pablo VI, l.c., p. 567.'><sup>140<\/sup><\/a><\/span> La consagraci\u00f3n ser\u00e1 tanto m\u00e1s perfecta cuanto, por v\u00ednculos m\u00e1s firmes y m\u00e1s estables, represente mejor a Cristo, unido con v\u00ednculo indisoluble a su Iglesia.<\/p>\n<p>Pero como los consejos evang\u00e9licos, mediante la caridad hacia la que impulsan,<span id='easy-footnote-141-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-141-29321' title='Cf. Santo Tom\u00e1s, &lt;em&gt;Summa Theol.&lt;\/em&gt; II-II, q. 184, a 3 y q. 188 a. 2. San Buenaventura, Opusc. XI, &lt;em&gt;Apologia Pauperum&lt;\/em&gt;, c. 3, 3: ed. Opera Quaracchi, t. 8 (1898) p. 245a.'><sup>141<\/sup><\/a><\/span> unen especialmente con la Iglesia y con su misterio a quienes los practican, es necesario que la vida espiritual de \u00e9stos se consagre tambi\u00e9n al provecho de toda la Iglesia. De aqu\u00ed nace el deber de trabajar seg\u00fan las fuerzas y seg\u00fan la forma de la propia vocaci\u00f3n, sea con la oraci\u00f3n, sea tambi\u00e9n con el ministerio apost\u00f3lico, para que el reino de Cristo se asiente y consolide en las almas y para dilatarlo por todo el mundo. Por lo cual la Iglesia protege y favorece la \u00edndole propia de los diversos institutos religiosos.<\/p>\n<p>As\u00ed, pues, la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos aparece como un s\u00edmbolo que puede y debe atraer eficazmente a todos los miembros de la Iglesia a cumplir sin desfallecimiento los deberes de la vida cristiana. Y como el Pueblo de Dios no tiene aqu\u00ed ciudad permanente, sino que busca la futura, el estado religioso, por librar mejor a sus seguidores de las preocupaciones terrenas, cumple tambi\u00e9n mejor, sea la funci\u00f3n de manifestar ante todos los fieles que los bienes celestiales se hallan ya presentes en este mundo, sea la de testimoniar la vida nueva y eterna conquistada por la redenci\u00f3n de Cristo, sea la de prefigurar la futura resurrecci\u00f3n y la gloria del reino celestial. El mismo estado imita m\u00e1s de cerca y representa perennemente en la Iglesia el g\u00e9nero de vida que el Hijo de Dios tom\u00f3 cuando vino a este mundo para cumplir la voluntad del Padre, y que propuso a los disc\u00edpulos que le segu\u00edan. Finalmente, proclama de modo especial la elevaci\u00f3n del reino de Dios sobre todo lo terreno y sus exigencias supremas; muestra tambi\u00e9n ante todos los hombres la soberana grandeza del poder de Cristo glorioso y la potencia infinita del Esp\u00edritu Santo, que obra maravillas en la Iglesia.<\/p>\n<p>Por consiguiente, el estado constituido por la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos, aunque no pertenece a la estructura jer\u00e1rquica de la Iglesia, pertenece, sin embargo de manera indiscutible, a su vida y santidad.<\/p>\n<p>45. Siendo deber de la Jerarqu\u00eda eclesi\u00e1stica apacentar al Pueblo de Dios y conducirlo a los mejores pastos (cf. <em>Ez<\/em> 34, 14), a ella compete dirigir sabiamente con sus leyes la pr\u00e1ctica de los consejos evang\u00e9licos,<span id='easy-footnote-142-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-142-29321' title='Cf. Conc. Vat. I, esquema &lt;em&gt;De Ecclesia Christi&lt;\/em&gt;, c. 15, y anot. 48: Mansi, 51, 549s y 619s. Le\u00f3n XII, epist. &lt;em&gt;Au milieu des consolations&lt;\/em&gt;, 23 dic. 1900: AAS 33 (1900-01) 361. P\u00edo XII, const. apost. &lt;em&gt; Provida Mater&lt;\/em&gt;, l. c., p. 114s.'><sup>142<\/sup><\/a><\/span> mediante los cuales se fomenta singularmente la caridad para con Dios y para con el pr\u00f3jimo. La misma Jerarqu\u00eda, siguiendo d\u00f3cilmente el impulso del Esp\u00edritu Santo, admite las reglas propuestas por varones y mujeres ilustres, las aprueba aut\u00e9nticamente despu\u00e9s de haberlas revisado y asiste con su autoridad vigilante y protectora a los Institutos erigidos por todas partes para edificaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo, con el fin de que en todo caso crezcan y florezcan seg\u00fan el esp\u00edritu de los fundadores.<\/p>\n<p>Para mejor proveer a las necesidades de toda la grey del Se\u00f1or, el Romano Pont\u00edfice, en virtud de su primado sobre la Iglesia universal, puede eximir a cualquier Instituto de perfecci\u00f3n y a cada uno de sus miembros de la jurisdicci\u00f3n de los Ordinarios de lugar y someterlos a su sola autoridad con vistas a la utilidad com\u00fan.<span id='easy-footnote-143-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-143-29321' title='Cf. Le\u00f3n XIII, const. &lt;em&gt;Romanos Pontifices&lt;\/em&gt;, 8 mayo 1881: AAS 13 (1880-81) 483. P\u00edo XII, aloc. &lt;em&gt;Annus sacer&lt;\/em&gt;, 8 dic. 1950: AAS 43 (1951) 28s.'><sup>143<\/sup><\/a><\/span> An\u00e1logamente pueden ser puestos bajo las propias autoridades patriarcales o encomendados a ellas. Los miembros de tales Institutos, en el cumplimiento de los deberes que tienen para con la Iglesia seg\u00fan su peculiar forma de vida, deben prestar a los Obispos reverencia y obediencia en conformidad con las leyes can\u00f3nicas, por raz\u00f3n de su autoridad pastoral en las Iglesias particulares y por la necesaria unidad y concordia en el trabajo apost\u00f3lico.<span id='easy-footnote-144-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-144-29321' title='Cf. P\u00edo XII, aloc. &lt;em&gt;Annus sacer&lt;\/em&gt;, l.c., p. 28. Id., const. apost. &lt;em&gt;Sedes Sapientiae&lt;\/em&gt;, 21 mayo 1956: AAS 48 (1956) 355. Pablo VI, aloc. &lt;em&gt;Magno gaudio&lt;\/em&gt;, 23 mayo 1964: AAS 56 (1964) 570-571.'><sup>144<\/sup><\/a><\/span>\n<p>La Iglesia no s\u00f3lo eleva mediante su sanci\u00f3n la profesi\u00f3n religiosa a la dignidad de estado can\u00f3nico, sino que, adem\u00e1s, con su acci\u00f3n lit\u00fargica, la presenta como un estado consagrado a Dios. Ya que la Iglesia misma, con la autoridad que Dios le confi\u00f3, recibe los votos de quienes la profesan, les alcanza de Dios, mediante su oraci\u00f3n p\u00fablica, los auxilios y la gracia, los encomienda a Dios y les imparte la bendici\u00f3n espiritual, asociando su oblaci\u00f3n al sacrificio eucar\u00edstico.<\/p>\n<p>46. Los religiosos cuiden con atenta solicitud de que, por su medio, la Iglesia muestre de hecho mejor cada d\u00eda ante fieles e infieles a Cristo, ya entregado a la contemplaci\u00f3n en el monte, ya anunciando el reino de Dios a las multitudes, o curando a los enfermos y pacientes y convirtiendo a los pecadores al buen camino, o bendiciendo a los ni\u00f1os y haciendo bien a todos, siempre, sin embargo, obediente a la voluntad del Padre que lo envi\u00f3.<span id='easy-footnote-145-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-145-29321' title='Cf. P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt;Mystici Corpori&lt;\/em&gt;s, 29 jun. 1943: AAS 35 (1943) 214 s.'><sup>145<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Tengan todos bien entendido que la profesi\u00f3n de los consejos evang\u00e9licos, aunque implica la renuncia de bienes que indudablemente han de ser estimados en mucho, no es, sin embargo, un impedimento para el verdadero desarrollo de la persona humana, antes por su propia naturaleza lo favorece en gran medida. Porque los consejos, abrazados voluntariamente seg\u00fan la personal vocaci\u00f3n de cada uno, contribuyen no poco a la purificaci\u00f3n del coraz\u00f3n y a la libertad espiritual, estimulan continuamente el fervor de la caridad y, sobre todo, como demuestra el ejemplo de tantos santos fundadores, son capaces de asemejar m\u00e1s al cristiano con el g\u00e9nero de vida virginal y pobre que- Cristo Se\u00f1or escogi\u00f3 para si y que abraz\u00f3 su Madre, la Virgen. Y nadie piense que los religiosos, por su consagraci\u00f3n, se hacen extra\u00f1os a los hombres o in\u00fatiles para la sociedad terrena. Porque, si bien en algunos casos no sirven directamente a sus contempor\u00e1neos, los tienen, sin embargo, presentes de manera m\u00e1s \u00edntima en las entra\u00f1as de Cristo y cooperan espiritualmente con ellos, para que la edificaci\u00f3n de la ciudad terrena se funde siempre en el Se\u00f1or y se ordene a El, no sea que trabajen en vano quienes la edifican.<span id='easy-footnote-146-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-146-29321' title='Cf. P\u00edo XII, aloc. &lt;em&gt;Annus sacer&lt;\/em&gt;, l. c., p. 30; aloc. &lt;em&gt;Sous la maternelle protection&lt;\/em&gt;, 9 dic. 1957: AAS 50 (1958) 39s.'><sup>146<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Por lo cual, finalmente, el sagrado S\u00ednodo confirma y alaba a los varones y mujeres, a los Hermanos y Hermanas que en los monasterios, o en las escuelas y hospitales, o en las misiones, hermosean a la Esposa de Cristo con la perseverante y humilde fidelidad en la susodicha consagraci\u00f3n y prestan a todos los hombres los m\u00e1s generosos y variados servicios.<\/p>\n<p>47. Todo el que ha sido llamado a la profesi\u00f3n de los consejos esm\u00e9rese por perseverar y aventajarse en la vocaci\u00f3n a la que fue llamado por Dios, para una m\u00e1s abundante santidad de la Iglesia y para mayor gloria de la Trinidad, una e indivisible, que en Cristo y por Cristo es la fuente y origen de toda santidad.<\/p>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p>La dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica domina todo el Vaticano II y la <em>Lumen gentium. <\/em> Aqu\u00ed se subrayan los siguientes puntos: valoraci\u00f3n de la historia como semilla de futuro trascendente; estrecha relaci\u00f3n entre el aspecto escatol\u00f3gico individual y social-c\u00f3smico; reafirmaci\u00f3n por tercera vez de la comprensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la Iglesia como sacramento (LG 1.9); la espera de los cielos nuevos y la tierra nueva va unida al compromiso en el mundo, tal como se apuntaba ya al tratar de los laicos y har\u00e1 la <em> Gaudium et spes.<\/em><\/p>\n<p>Despu\u00e9s de una larga reflexi\u00f3n sobre la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica, LG 48 ofrece una s\u00edntesis de los \u00abnov\u00edsimos\u00bb en clave comunitaria y eclesiol\u00f3gica. Sobre la muerte, se afirma que existe una sola vida terrenal en respuesta a la hip\u00f3tesis de la reencarnaci\u00f3n; sobre el juicio se citan textos b\u00edblicos individuales y colectivos, y sobre el para\u00edso y el infierno se habla con la imagen b\u00edblica de la entrada al banquete de los dignos o la exclusi\u00f3n de los indignos.<\/p>\n<p>LG 49-51 se centran sobre la Iglesia peregrina &#8211;adjetivo preferido a \u00abmilitante\u00bb\u2014 y su relaci\u00f3n con la celeste, la cual incluye los que est\u00e1n \u00aben la gloria\u00bb y los que \u00abse purifican\u00bb, super\u00e1ndose as\u00ed la divisi\u00f3n en tres Iglesias (militante, purgante, triunfante). Se subraya la \u00abcomuni\u00f3n\u00bb entre las dos condiciones de existencia de la Iglesia en clave de \u00abcomuni\u00f3n de los santos\u00bb, expresi\u00f3n cl\u00e1sica del Credo. Con referencia al culto de los santos, se insiste en el aspecto de ejemplaridad subrayando que Cristo es \u00abel \u00fanico mediador\u00bb.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<h2><strong>Cap\u00edtulo VII: <\/strong><em><strong>\u00cdndole escatol\u00f3gica de la Iglesia peregrinante y su uni\u00f3n con la Iglesia celestial<\/strong><\/em><\/h2>\n<p>48. La Iglesia, a la que todos estamos llamados en Cristo Jes\u00fas y en la cual conseguimos la santidad por la gracia de Dios, no alcanzar\u00e1 su consumada plenitud sino en la gloria celeste, cuando llegue el tiempo de la restauraci\u00f3n de todas las cosas (cf. <em>Hch<\/em> 3, 21) y cuando, junto con el g\u00e9nero humano, tambi\u00e9n la creaci\u00f3n entera, que est\u00e1 \u00edntimamente unida con el hombre y por \u00e9l alcanza su fin, ser\u00e1 perfectamente renovada en Cristo (cf. <em>Ef<\/em> 1, 10; <em>Col<\/em> 1,20; <em>2 P<\/em> 3, 10-13).<\/p>\n<p>Porque Cristo, levantado sobre la tierra, atrajo hacia s\u00ed a todos (cf. <em>Jn<\/em> 12, 32 gr.); habiendo resucitado de entre los muertos (<em>Rm<\/em> 6, 9), envi\u00f3 sobre los disc\u00edpulos a su Esp\u00edritu vivificador, y por El hizo a su Cuerpo, que es la Iglesia, sacramento universal de salvaci\u00f3n; estando sentado a la derecha del Padre, act\u00faa sin cesar en el mundo para conducir a los hombres a la Iglesia y, por medio de ella, unirlos a s\u00ed m\u00e1s estrechamente y para hacerlos part\u00edcipes de su vida gloriosa aliment\u00e1ndolos con su cuerpo y sangre. As\u00ed que la restauraci\u00f3n prometida que esperamos, ya comenz\u00f3 en Cristo, es impulsada con la misi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo y por El contin\u00faa en la Iglesia, en la cual por la fe somos instruidos tambi\u00e9n acerca del sentido de nuestra vida temporal, mientras que con la esperanza de los bienes futuros llevamos a cabo la obra que el Padre nos encomend\u00f3 en el mundo y labramos nuestra salvaci\u00f3n (cf. <em>Flp<\/em> 2, 12).<\/p>\n<p>La plenitud de los tiempos ha llegado, pues, a nosotros (cf. <em>1 Co<\/em> 10, 11), y la renovaci\u00f3n del mundo est\u00e1 irrevocablemente decretada y en cierta manera se anticipa realmente en este siglo, pues la Iglesia, ya aqu\u00ed en la tierra, est\u00e1 adornada de verdadera santidad, aunque todav\u00eda imperfecta. Pero mientras no lleguen los cielos nuevos y la tierra nueva, donde mora la justicia (cf. <em>2 P<\/em> 3, 13), la Iglesia peregrina lleva en sus sacramentos e instituciones, pertenecientes a este tiempo, la imagen de este siglo que pasa, y ella misma vive entre las criaturas, que gimen con dolores de parto al presente en espera de la manifestaci\u00f3n de los hijos de Dios (cf. <em>Rm<\/em> 8, 19-22).<\/p>\n<p>Unidos, pues, a Cristo en la Iglesia y sellados con el Esp\u00edritu Santo, que es prenda de nuestra herencia (<em>Ef<\/em> 1, 14), con verdad recibimos el nombre de hijos de Dios y lo somos (cf. <em>1 Jn<\/em> 3, 1), pero todav\u00eda no se ha realizado nuestra manifestaci\u00f3n con Cristo en la gloria (cf. <em>Col<\/em> 3,4), en la cual seremos semejantes a Dios, porque lo veremos tal como es (cf. <em>1 Jn<\/em> 3,2). Por tanto, \u00abmientras moramos en este cuerpo, vivimos en el destierro, lejos del Se\u00f1or\u00bb (<em>2 Co<\/em> 5, 6), y aunque poseemos las primicias del Esp\u00edritu, gemimos en nuestro interior (cf. <em>Rm<\/em> 8, 23) y ansiamos estar con Cristo (cf. <em>Flp<\/em> 1, 23). Ese mismo amor nos apremia a vivir m\u00e1s y m\u00e1s para Aquel que muri\u00f3 y resucit\u00f3 por nosotros (cf. <em>2 Co<\/em> 5, 15). Por eso procuramos agradar en todo al Se\u00f1or (cf. <em>2 C<\/em>o 5, 9) y nos revestimos de la armadura de Dios para permanecer firmes contra las asechanzas del demonio y resistir en el d\u00eda malo (cf, <em>Ef<\/em> 6, 11-13). Y como no sabemos el d\u00eda ni la hora, es necesario, seg\u00fan la amonestaci\u00f3n del Se\u00f1or, que velemos constantemente, para que, terminado el \u00fanico plazo de nuestra vida terrena (cf. <em>Hb<\/em> 9, 27), merezcamos entrar con El a las bodas y ser contados entre los elegidos (cf. <em>Mt<\/em> 25, 31-46), y no se nos mande, como a siervos malos y perezosos (cf. <em>Mt<\/em> 25, 26), ir al fuego eterno (cf. <em>Mt<\/em> 25, 41), a las tinieblas exteriores, donde \u00abhabr\u00e1 llanto y rechinar de dientes\u00bb (<em>Mt<\/em> 22, 13 y 25, 30). Pues antes de reinar con Cristo glorioso, todos debemos comparecer \u00abante el tribunal de Cristo para dar cuenta cada uno de las obras buenas o malas que haya hecho en su vida mortal\u00bb (<em>2 Co<\/em> 5, 10); y al fin del mundo \u00absaldr\u00e1n los que obraron el bien para la resurrecci\u00f3n de vida; los que obraron el mal, para la resurrecci\u00f3n de condenaci\u00f3n\u00bb (<em>Jn<\/em> 5, 29; cf. <em>Mt<\/em> 25, 46). Teniendo, pues, por cierto que \u00ablos padecimientos de esta vida son nada en comparaci\u00f3n con la gloria futura que se ha de revelar en nosotros\u00bb (<em>Rm<\/em> 8, 18; cf. <em>2 Tm<\/em> 2, 11- 12), con fe firme aguardamos \u00abla esperanza bienaventurada y la llegada de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo\u00bb (<em>Tit<\/em> 2, 13), \u00abquien transfigurar\u00e1 nuestro abyecto cuerpo en cuerpo glorioso semejante al suyo\u00bb (<em>Flp<\/em> 3, 12) y vendr\u00e1 \u00abpara ser glorificado en sus santos y mostrarse admirable en todos los que creyeron\u00bb (<em>2 Ts<\/em> 1,10).<\/p>\n<p>49. As\u00ed, pues, hasta que el Se\u00f1or venga revestido de majestad y acompa\u00f1ado de sus \u00e1ngeles (cf. <em>Mt<\/em> 25, 31) y, destruida la muerte, le sean sometidas todas las cosas (cf. <em>1 Co<\/em> 15, 26-27), de sus disc\u00edpulos, unos peregrinan en la tierra; otros, ya difuntos, se purifican; otros, finalmente, gozan de la gloria, contemplando \u00abclaramente a Dios mismo, Uno y Trino, tal como es\u00bb;<span id='easy-footnote-147-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-147-29321' title='Conc. Florentino, &lt;em&gt;Decretum pro Graecis&lt;\/em&gt;: Denz. 693 (1305).'><sup>147<\/sup><\/a><\/span> mas todos, en forma y grado diverso, vivimos unidos en una misma caridad para con Dios y para con el pr\u00f3jimo y cantamos id\u00e9ntico himno de gloria a nuestro Dios. Pues todos los que son de Cristo por poseer su Esp\u00edritu, constituyen una misma Iglesia y mutuamente se unen en El (cf. <em>Ef<\/em> 4, 16). La uni\u00f3n de los viadores con los hermanos que se durmieron en la paz de Cristo, de ninguna manera se interrumpe, antes bien, seg\u00fan la constante fe de la Iglesia, se robustece con la comunicaci\u00f3n de bienes espirituales.<span id='easy-footnote-148-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-148-29321' title='Adem\u00e1s de los documentos m\u00e1s antiguos contra todas las formas de evocaci\u00f3n de los esp\u00edritus, desde Alejandro IV (27 septiembre 1258), cf. S. C. S. Oficio, &lt;em&gt;De magnetismi abusu&lt;\/em&gt;, 4 agos. 1856: AAS (1865) 177-178. Denz. 1653-1654 (2823-2825); y la respuesta de la S. C. S. Oficio, 24 abr. 1917: AAS 9 (1917) 268: Denz. 2182 (3642).'><sup>148<\/sup><\/a><\/span> Por lo mismo que los bienaventurados est\u00e1n m\u00e1s \u00edntimamente unidos a Cristo, consolidan m\u00e1s eficazmente a toda la Iglesia en la santidad, ennoblecen el culto que ella ofrece a Dios aqu\u00ed en la tierra y contribuyen de m\u00faltiples maneras a su m\u00e1s dilatada edificaci\u00f3n (cf. <em>1 Co<\/em> 12, 12-27).<span id='easy-footnote-149-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-149-29321' title='V\u00e9ase la exposici\u00f3n sint\u00e9tica de esta doctrina paulina en P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt;Mystici Corporis&lt;\/em&gt;: AAS 35 (1943), 200 y &lt;em&gt;passim&lt;\/em&gt;.'><sup>149<\/sup><\/a><\/span> Porque ellos, habiendo llegado a la patria y estando \u00aben presencia del Se\u00f1or\u00bb (cf. <em>2 Co<\/em> 5, 8), no cesan de interceder por El, con El y en El a favor nuestro ante el Padre,<span id='easy-footnote-150-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-150-29321' title='Cf., v.gr. San Agust\u00edn,&lt;em&gt;Enarr. in Ps.&lt;\/em&gt; 85, 24: PL 37, 1099. San Jer\u00f3nimo, &lt;em&gt;Liber contra Vigilantium&lt;\/em&gt; 6: PL 23, 344. Santo Tom\u00e1s, &lt;em&gt;In 4 Sent.&lt;\/em&gt;, d 45, q. 3, a. 2. San Buenaventura, &lt;em&gt;In 4 Sent.&lt;\/em&gt;, d. 45, a. 3. q. 2, etc.'><sup>150<\/sup><\/a><\/span> ofreci\u00e9ndole los m\u00e9ritos que en la tierra consiguieron por el \u00abMediador \u00fanico entre Dios y los hombres, Cristo Jes\u00fas\u00bb (cf. <em>1Tm <\/em>2, 5), como fruto de haber servido al Se\u00f1or en todas las cosas y de haber completado en su carne lo que falta a los padecimientos de Cristo en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia (cf. <em>Col<\/em> 1,24).<span id='easy-footnote-151-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-151-29321' title='Cf. P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt;Mystici Corporis&lt;\/em&gt;: AAS 35 (1943) 245.'><sup>151<\/sup><\/a><\/span> Su fraterna solicitud contribuye, pues, mucho a remediar nuestra debilidad.<\/p>\n<p>50. La Iglesia de los viadores, teniendo perfecta conciencia de la comuni\u00f3n que reina en todo el Cuerpo m\u00edstico de Jesucristo, ya desde los primeros tiempos de la religi\u00f3n cristiana guard\u00f3 con gran piedad la memoria de los difuntos<span id='easy-footnote-152-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-152-29321' title='Cf. innumerables inscripciones en las catacumbas romanas.'><sup>152<\/sup><\/a><\/span> y ofreci\u00f3 sufragios por ellos, \u00abporque santo y saludable es el pensamiento de orar por los difuntos para que queden libres de sus pecados\u00bb (<em>2 M<\/em> 12, 46). Siempre crey\u00f3 la Iglesia que los Ap\u00f3stoles y m\u00e1rtires de Cristo, por haber dado el supremo testimonio de fe y de caridad con el derramamiento de su sangre, nos est\u00e1n m\u00e1s \u00edntimamente unidos en Cristo; les profes\u00f3 especial veneraci\u00f3n junto con la Bienaventurada Virgen y los santos \u00e1ngeles<span id='easy-footnote-153-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-153-29321' title='Cf. Gelasio I, Decretal &lt;em&gt;De libris recipiendis&lt;\/em&gt; 3: PL 59, 160: Denz. 165 (353).'><sup>153<\/sup><\/a><\/span> e implor\u00f3 piadosamente el auxilio de su intercesi\u00f3n. A \u00e9stos pronto fueron agregados tambi\u00e9n quienes hab\u00edan imitado m\u00e1s de cerca la virginidad y pobreza de Cristo<span id='easy-footnote-154-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-154-29321' title='Cf. San Metodio, &lt;em&gt;Symposion&lt;\/em&gt; VII, 3: GCS (Bonwetsch) 74.'><sup>154<\/sup><\/a><\/span> y, finalmente, todos los dem\u00e1s, cuyo preclaro ejercicio de virtudes cristianas<span id='easy-footnote-155-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-155-29321' title='Cf. Benedicto XV, &lt;em&gt;Decretum approbationis virtutum in Causa beatificationis et canonizationis Servi Dei Ioannis Nepomuceni Neumann&lt;\/em&gt;: AAS 14 (1922) 23; otras aloc de P\u00edo XII \u00abde Sanctis\u00bb: &lt;em&gt;Inviti all&amp;#8217;eroismo&lt;\/em&gt;, en \u00abDiscursos y radiomensajes\u00bb t. I-3 (Roma 1941-1942) &lt;em&gt;passim&lt;\/em&gt;; P\u00edo XII, &lt;em&gt;Discorsi e Radiomessaggi,&lt;\/em&gt; t. 10, 1949, p. 37-43.'><sup>155<\/sup><\/a><\/span> y cuyos carismas divinos los hac\u00edan recomendables a la piadosa devoci\u00f3n e imitaci\u00f3n de los fieles.<span id='easy-footnote-156-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-156-29321' title='Cf. P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt;Mediator Dei&lt;\/em&gt;: AAS 39 (1947) 581.'><sup>156<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Mirando la vida de quienes siguieron fielmente a Cristo, nuevos motivos nos impulsan a buscar la ciudad futura (cf. <em>Hb<\/em> 13, 14 y 11, 10) y al mismo tiempo aprendemos el camino m\u00e1s seguro por el que, entre las vicisitudes mundanas, podremos llegar a la perfecta uni\u00f3n con Cristo o santidad, seg\u00fan el estado y condici\u00f3n de cada uno.<span id='easy-footnote-157-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-157-29321' title='Cf. &lt;em&gt;Hb&lt;\/em&gt; 13, 7; &lt;em&gt;Eccli&lt;\/em&gt; 44-50; &lt;em&gt;Hb&lt;\/em&gt; 11, 3-40. Cf. tambi\u00e9n P\u00edo XII. enc. &lt;em&gt;Mediator Dei&lt;\/em&gt;: AAS 39 (1947) 582-583.'><sup>157<\/sup><\/a><\/span> En la vida de aquellos que, siendo hombres como nosotros, se transforman con mayor perfecci\u00f3n en imagen de Cristo (cf. <em>2 Co<\/em> 3,18), Dios manifiesta al vivo ante los hombres su presencia y su rostro. En ellos El mismo nos habla y nos ofrece un signo de su reino,<span id='easy-footnote-158-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-158-29321' title='Cf. Conc. Vaticano I, const. de fe cat\u00f3lica &lt;em&gt;Dei Filius&lt;\/em&gt; c. 3: Denz. 1794 (3013).'><sup>158<\/sup><\/a><\/span> hacia el cual somos atra\u00eddos poderosamente con tan gran nube de testigos que nos envuelve (cf. <em>Hb<\/em> 12, 1) y con tan gran testimonio de la verdad del Evangelio.<\/p>\n<p>Veneramos la memoria de los santos del cielo por su ejemplaridad, pero m\u00e1s a\u00fan con el fin de que la uni\u00f3n de toda la Iglesia en el Esp\u00edritu se vigorice por el ejercicio de la caridad fraterna (cf. <em>Ef<\/em> 4, 1-6). Porque as\u00ed como la comuni\u00f3n cristiana entre los viadores nos acerca m\u00e1s a Cristo, as\u00ed el consorcio con los santos nos une a Cristo, de quien, como de Fuente y Cabeza, dimana toda la gracia y la vida del mismo Pueblo de Dios.<span id='easy-footnote-159-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-159-29321' title='Cf. P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt;Mystici Corporis&lt;\/em&gt;: AAS 35 (1943) 216.'><sup>159<\/sup><\/a><\/span> Es, por tanto, sumamente conveniente que amemos a \u00ab\u00a1tos amigos y coherederos de Cristo, hermanos tambi\u00e9n y eximios bienhechores nuestros; que rindamos a Dios las gracias que le debemos por ellos;<span id='easy-footnote-160-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-160-29321' title='Con relaci\u00f3n a la gratitud hacia los santos, cf. E. Diehl, &lt;em&gt;Inscriptiones latinae christianae veteres&lt;\/em&gt; I (Berl\u00edn 1925) n. 2008, 2382 y &lt;em&gt;passim&lt;\/em&gt;.'><sup>160<\/sup><\/a><\/span> que \u00ablos invoquemos humildemente y que, para impetrar de Dios beneficios por medio de su Hijo Jesucristo, nuestro Se\u00f1or, que es el \u00fanico Redentor y Salvador nuestro, acudamos a sus oraciones, protecci\u00f3n y socorro\u00bb.<span id='easy-footnote-161-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-161-29321' title='Conc. Tridentino, decr. &lt;em&gt;De invocatione&amp;#8230; Sanctorum:&lt;\/em&gt; Denz. 984 (1821).'><sup>161<\/sup><\/a><\/span> Todo genuino testimonio de amor que ofrezcamos a los bienaventurados se dirige, por su propia naturaleza, a Cristo y termina en El, que es \u00abla corona de todos los santos\u00bb,<span id='easy-footnote-162-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-162-29321' title='Brevario Romano. &lt;em&gt;Invitatorium&lt;\/em&gt; in &lt;em&gt;festo Sanctorum Omnium&lt;\/em&gt;.'><sup>162<\/sup><\/a><\/span> y por El va a Dios, que es admirable en sus santos y en ellos es glorificado.<span id='easy-footnote-163-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-163-29321' title='Cf. v. gr., &lt;em&gt;2 Tes&lt;\/em&gt; 1, 10.'><sup>163<\/sup><\/a><\/span>\n<p>La m\u00e1s excelente manera de unirnos a la Iglesia celestial tiene lugar cuando \u2014especialmente en la sagrada liturgia, en la cual \u00abla virtud del Esp\u00edritu Santo act\u00faa sobre nosotros por medio de los signos sacramentales\u00bb\u2014 celebramos juntos con gozo com\u00fan las alabanzas de la Divina Majestad,<span id='easy-footnote-164-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-164-29321' title='Conc. Vaticano II, const. sobre la liturgia &lt;em&gt; Sacrosanctum Concilium&lt;\/em&gt;, c. 5, n. 104: AAS 56 (1964) 125-126.'><sup>164<\/sup><\/a><\/span> y todos, de cualquier tribu, y lengua, y pueblo, y naci\u00f3n, redimidos por la sangre de Cristo (cf. <em>Ap<\/em> 5, 9) y congregados en una sola Iglesia, ensalzamos con un mismo c\u00e1ntico de alabanza a Dios Uno y Trino. As\u00ed, pues, al celebrar el sacrificio eucar\u00edstico es cuando mejor nos unirnos al culto de la Iglesia celestial, entrando en comuni\u00f3n y venerando la memoria. primeramente, de la gloriosa siempre Virgen Mar\u00eda, mas tambi\u00e9n del bienaventurado Jos\u00e9, de los bienaventurados Ap\u00f3stoles, de los m\u00e1rtires y de todos los santos.<span id='easy-footnote-165-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-165-29321' title='Cf. Misal Romano canon de la misa romana.'><sup>165<\/sup><\/a><\/span>\n<p>51. Este sagrado S\u00ednodo recibe con gran piedad la venerable fe de nuestros antepasados acerca del consorcio vital con nuestros hermanos que se hallan en la gloria celeste o que a\u00fan est\u00e1n purific\u00e1ndose despu\u00e9s de la muerte, y de nuevo confirma los decretos de los sagrados Concilios Niceno II,<span id='easy-footnote-166-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-166-29321' title='Cf. Conc. Niceno II, act. 7: Denz. 302 (600).'><sup>166<\/sup><\/a><\/span> Florentino<span id='easy-footnote-167-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-167-29321' title='Cf. Conc. Florentino, &lt;em&gt;Decretum pro Graecis&lt;\/em&gt;: Denz. 693 (1304).'><sup>167<\/sup><\/a><\/span> y Tridentino.<span id='easy-footnote-168-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-168-29321' title='Conc. Tridentino, decr. &lt;em&gt;De invocatione, veneratione et reliquiis Sanctorum et sacris imaginibus&lt;\/em&gt;: Denz. 984-988 (1821-1824); decr &lt;em&gt;De Purgatorio&lt;\/em&gt;: Denz., 983 (1820); decr. &lt;em&gt;De iustificatione&lt;\/em&gt; can. 30: Denz., 840 (1580).'><sup>168<\/sup><\/a><\/span> Al mismo tiempo, en fuerza de su solicitud pastoral, exhorta a todos aquellos a quienes corresponde para que, si ac\u00e1 o all\u00e1 se hubiesen introducido abusos por exceso o por defecto, procuren eliminarlos y corregirlos, restaur\u00e1ndolo todo de manera conducente a una m\u00e1s perfecta alabanza de Cristo y de Dios. Ense\u00f1en, pues, a los fieles que el verdadero culto a los santos no consiste tanto en la multiplicidad de actos exteriores cuanto en la intensidad de un amor activo, por el cual, para mayor bien nuestro y de la Iglesia, buscamos en los santos \u00abel ejemplo de su vida, la participaci\u00f3n de su intimidad y la ayuda de su intercesi\u00f3n\u00bb.<span id='easy-footnote-169-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-169-29321' title='Misal Romano, del Prefacio concedido a las di\u00f3cesis de Francia.'><sup>169<\/sup><\/a><\/span> Pero tambi\u00e9n hagan comprender a los fieles que nuestro trato con los bienaventurados, si se lo considera bajo la plena luz de la fe, de ninguna manera rebaja el culto latr\u00e9utico tributado a Dios Padre por medio de Cristo en el Esp\u00edritu, sino que m\u00e1s bien lo enriquece copiosamente.<span id='easy-footnote-170-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-170-29321' title='Cf. San Pedro Canisio, &lt;em&gt;Catechismus Maior seu Summa Doctrinae christianae&lt;\/em&gt;, c. 3 (ed. crit. F. Streicher) I, p. 15-16, n. 44 y p. 100-101, n. 49.'><sup>170<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Porque todos los que somos hijos de Dios y constituimos una sola familia en Cristo (cf. <em>Hb<\/em> 3,6), al unirnos en mutua caridad y en la misma alabanza de la Trinidad, secundamos la \u00edntima vocaci\u00f3n de la Iglesia y participamos, pregust\u00e1ndola, en la liturgia de la gloria consumada.<span id='easy-footnote-171-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-171-29321' title='Cf. Conc. Vaticano II, const. sobre la liturgia &lt;em&gt; Sacrosanctum Concilium&lt;\/em&gt;, c. 1, n. 8: AAS 56 (1964) 401.'><sup>171<\/sup><\/a><\/span> Cuando Cristo se manifieste y tenga lugar la gloriosa resurrecci\u00f3n de los muertos, la gloria de Dios iluminar\u00e1 la ciudad celeste, y su lumbrera ser\u00e1 el Cordero (cf. <em>Ap<\/em> 21,23). Entonces toda la Iglesia de los santos, en la felicidad suprema del amor, adorar\u00e1 a Dios y \u00abal Cordero que fue inmolado\u00bb (<em>Ap<\/em> 5, 12), proclamando con una sola voz: \u00abAl que est\u00e1 sentado en el trono y al Cordero, alabanza, gloria, imperio por los siglos de los siglos\u00bb (<em>Ap<\/em> 5, 13).<\/p>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p>Cap\u00edtulo notablemente arm\u00f3nico de estilo b\u00edblico y narrativo que inaugura solemnemente la perspectiva \u00abeclesiot\u00edpica\u00bb de la mariolog\u00eda (LG 60-65) al lado de la m\u00e1s habitual \u00abcristot\u00edpica\u00bb (LG 55-59), despu\u00e9s de una amplia justificaci\u00f3n sobre la mariolog\u00eda en el Vaticano II (LG 52-54). El culto a Mar\u00eda merece una reflexi\u00f3n propia (LG 66-67) dada su dificultad en el di\u00e1logo ecum\u00e9nico. Finalmente, se concluye con una afirmaci\u00f3n de marcado talante eclesiol\u00f3gico-antropol\u00f3gico: \u00abMar\u00eda, signo de esperanza y de consuelo para el pueblo de Dios en marcha\u00bb, donde se subraya significativamente que Mar\u00eda es \u00abimagen e inicio de la Iglesia que se ha de consumar en el siglo futuro\u00bb, lo que puede sintetizarse afirmando teol\u00f3gicamente que \u00abMar\u00eda es la Iglesia realizada\u00bb. Tal enfoque llevar\u00e1 a Pablo VI, en el d\u00eda de la aprobaci\u00f3n de la <em>Lumen gentium (21 <\/em>de noviembre de 1964), a proclamar \u00abMar\u00eda como Madre de la Iglesia\u00bb como s\u00edntesis de su relaci\u00f3n con la Iglesia.<\/p>\n<\/div><\/div>\n<h2><strong>Cap\u00edtulo VIII: <\/strong><em><strong>La Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia<\/strong><\/em><\/h2>\n<p><strong>I. Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>52. Queriendo Dios, infinitamente sabio y misericordioso, llevar a cabo la redenci\u00f3n del mundo, \u00abal llegar la plenitud de los tiempos, envi\u00f3 a su Hijo, nacido de mujer, &#8230; para que recibi\u00e9semos la adopci\u00f3n de hijos\u00bb (<em>Ga<\/em> 4, 4-5). \u00abEl cual, por nosotros los hombres y por nuestra salvaci\u00f3n, descendi\u00f3 de los cielos y por obra del Esp\u00edritu Santo se encarn\u00f3 de la Virgen Mar\u00eda\u00bb.<span id='easy-footnote-172-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-172-29321' title='S\u00edmbolo constantinopolitano: Mansi, 3, 566. Cf. Conc. Efesino, ibid. 4, 1130 (cf. ibid., 2, 665 y 4, 1071); Conc. Calcedonense, ib. 7, 111-116; Conc. Constantinopolitano II, ibid. 9, 375-396, Misal Romano, en el &lt;em&gt;Credo.&lt;\/em&gt;'><sup>172<\/sup><\/a><\/span> Este misterio divino de la salvaci\u00f3n nos es revelado y se contin\u00faa en la Iglesia, que fue fundada por el Se\u00f1or como cuerpo suyo, y en la que los fieles, unidos a Cristo Cabeza y en comuni\u00f3n con todos sus santos, deben venerar tambi\u00e9n la memoria \u00aben primer lugar de la gloriosa siempre Virgen Mar\u00eda, Madre de nuestro Dios y Se\u00f1or Jesucristo\u00bb.<span id='easy-footnote-173-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-173-29321' title='Misal Romano, en el Canon.'><sup>173<\/sup><\/a><\/span>\n<p>53. Efectivamente, la Virgen Mar\u00eda, que al anuncio del \u00e1ngel recibi\u00f3 al Verbo de Dios en su alma y en su cuerpo y dio la Vida al mundo, es reconocida y venerada como verdadera Madre de Dios y del Redentor. Redimida de modo eminente, en previsi\u00f3n de los m\u00e9ritos de su Hijo, y unida a El con un v\u00ednculo estrecho e indisoluble, est\u00e1 enriquecida con la suma prerrogativa y dignidad de ser la Madre de Dios Hijo, y por eso hija predilecta del Padre y sagrario del Esp\u00edritu Santo; con el don de una gracia tan extraordinaria aventaja con creces a todas las otras criaturas, celestiales y terrenas. Pero a la vez est\u00e1 unida, en la estirpe de Ad\u00e1n, con todos los hombres que necesitan de la salvaci\u00f3n; y no s\u00f3lo eso, \u00absino que es verdadera madre de los miembros (de Cristo)&#8230;, por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son miembros de aquella Cabeza\u00bb.<span id='easy-footnote-174-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-174-29321' title='S. August\u00edn, &lt;em&gt;De s. virginitate&lt;\/em&gt;, 6: PL 40, 399.'><sup>174<\/sup><\/a><\/span> Por ese motivo es tambi\u00e9n proclamada como miembro excelent\u00edsimo y enteramente singular de la Iglesia y como tipo y ejemplar acabad\u00edsimo de la misma en la fe y en la caridad, y a quien la Iglesia cat\u00f3lica, instruida por el Esp\u00edritu Santo, venera, como a madre amant\u00edsima, con afecto de piedad filial.<\/p>\n<p>54. Por eso, el sagrado Concilio, al exponer la doctrina sobre la Iglesia, en la que el divino Redentor obra la salvaci\u00f3n, se propone explicar cuidadosamente tanto la funci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen en el misterio del Verbo encarnado y del Cuerpo m\u00edstico cuanto los deberes de los hombres redimidos para con la Madre de Dios, Madre de Cristo y Madre de los hombres, especialmente de los fieles, sin tener la intenci\u00f3n de proponer una doctrina completa sobre Mar\u00eda ni resolver las cuestiones que a\u00fan no ha dilucidado plenamente la investigaci\u00f3n de los te\u00f3logos. As\u00ed, pues, siguen conservando sus derechos las opiniones que en las escuelas cat\u00f3licas se proponen libremente acerca de aquella que, despu\u00e9s de Cristo, ocupa en la santa Iglesia el lugar m\u00e1s alto y a la vez el m\u00e1s pr\u00f3ximo a nosotros.<span id='easy-footnote-175-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-175-29321' title='Cf. Pablo VI, &lt;em&gt;Alocuci\u00f3n en el Concilio&lt;\/em&gt;, die 4 dic. 1963: AAS 56 (1964) 37.'><sup>175<\/sup><\/a><\/span>\n<p><strong>II. Funci\u00f3n de la Sant\u00edsima Virgen en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n <\/strong><\/p>\n<p>55. Los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento y la Tradici\u00f3n venerable manifiestan de un modo cada vez m\u00e1s claro la funci\u00f3n de la Madre del Salvador en la econom\u00eda de la salvaci\u00f3n y vienen como a ponerla delante de los ojos. En efecto, los libros del Antiguo Testamento narran la historia de la salvaci\u00f3n, en la que paso a paso se prepara la venida de Cristo al mundo Estos primeros documentos, tal como se leen en la Iglesia y tal como se interpretan a la luz de una revelaci\u00f3n ulterior y plena, evidencian poco a poco, de una forma cada vez m\u00e1s clara, la figura de la mujer Madre del Redentor. Bajo esta luz aparece ya prof\u00e9ticamente bosquejada en la promesa de victoria sobre la serpiente, hecha a los primeros padres ca\u00eddos en pecado (cf. <em>Gen<\/em> 3, 15). Asimismo, ella es la Virgen que concebir\u00e1 y dar\u00e1 a luz un Hijo, que se llamar\u00e1 Emmanuel (cf. <em>Is<\/em> 7,14; comp. con <em>Mi<\/em> 5, 2-3; <em>Mt<\/em> 1, 22-23). Ella sobresale entre los humildes y pobres del Se\u00f1or, que confiadamente esperan y reciben de El la salvaci\u00f3n. Finalmente, con ella misma, Hija excelsa de Si\u00f3n, tras la prolongada espera de la promesa, se cumple la plenitud de los tiempos y se instaura la nueva econom\u00eda, al tomar de ella la naturaleza humana el Hijo de Dios, a fin de librar al hombre del pecado mediante los misterios de su humanidad.<\/p>\n<p>56. Pero el Padre de la misericordia quiso que precediera a la encarnaci\u00f3n la aceptaci\u00f3n de la Madre predestinada, para que de esta manera, as\u00ed como la mujer contribuy\u00f3 a la muerte, tambi\u00e9n la mujer contribuyese a la vida. Lo cual se cumple de modo eminent\u00edsimo en la Madre de Jes\u00fas por haber dado al mundo la Vida misma que renueva todas las cosas y por haber sido adornada por Dios con los dones dignos de un oficio tan grande. Por lo que nada tiene de extra\u00f1o que entre los Santos Padres prevaleciera la costumbre de llamar a la Madre de Dios totalmente santa e inmune de toda mancha de pecado, como plasmada y hecha una nueva criatura por el Esp\u00edritu Santo.<span id='easy-footnote-176-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-176-29321' title='Cf. San Germ\u00e1n Const., &lt;em&gt;Hom. in Annunt. Deiparae&lt;\/em&gt;: PG 98, 328A; &lt;em&gt;In Dorm.&lt;\/em&gt;, 2, 357. Anastasio Antioch., &lt;em&gt;Serm.&lt;\/em&gt; 2. &lt;em&gt;de Annunt.&lt;\/em&gt; 2: PG 89, 1377 AB; &lt;em&gt;Serm.&lt;\/em&gt; 3, 2: col. 1388C. San Andr\u00e9s Cret., &lt;em&gt;Can. in B. V. Nat.&lt;\/em&gt; 4: PG 97, 1321B; &lt;em&gt;In B. V. Nat.&lt;\/em&gt; 1, 812A; &lt;em&gt;Hom. in dorm.&lt;\/em&gt; 1, 1068C. San Sofronio, &lt;em&gt;Or.&lt;\/em&gt; 2 &lt;em&gt;in Annunt.&lt;\/em&gt; 18: PG 87 (3), 3237BD.'><sup>176<\/sup><\/a><\/span> Enriquecida desde el primer instante de su concepci\u00f3n con el resplandor de una santidad enteramente singular, la Virgen Nazarena, por orden de Dios, es saludada por el \u00e1ngel de la Anunciaci\u00f3n como \u00abllena de gracia\u00bb (cf. <em>Lc<\/em> 1, 28), a la vez que ella responde al mensajero celestial: \u00abHe aqu\u00ed la esclava del Se\u00f1or, h\u00e1gase en m\u00ed seg\u00fan tu palabra\u00bb (<em>Lc<\/em> 1, 38).<\/p>\n<p>As\u00ed Mar\u00eda, hija de Ad\u00e1n, al aceptar el mensaje divino, se convirti\u00f3 en Madre de Jes\u00fas, y al abrazar de todo coraz\u00f3n y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salv\u00edfica de Dios, se consagr\u00f3 totalmente como esclava del Se\u00f1or a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redenci\u00f3n con El y bajo El, con la gracia de Dios omnipotente. Con raz\u00f3n, pues, piensan los Santos Padres que Mar\u00eda no fue un instrumento puramente pasivo en las manos de Dios, sino que cooper\u00f3 a la salvaci\u00f3n de los hombres con fe y obediencia libres. Como dice San Ireneo, \u00abobedeciendo, se convirti\u00f3 en causa de salvaci\u00f3n para s\u00ed misma y para todo el g\u00e9nero humano\u00bb.<span id='easy-footnote-177-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-177-29321' title='San Ireneo, &lt;em&gt;Ad. haer.&lt;\/em&gt; III, 22, 4: PG 7, 959 A; Harvey, 2, 123.'><sup>177<\/sup><\/a><\/span> Por eso no pocos Padres antiguos afirman gustosamente con \u00e9l en su predicaci\u00f3n que \u00abel nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de Mar\u00eda; que lo atado por la virgen Eva con su incredulidad, fue desatado por la virgen Mar\u00eda mediante su fe\u00bb;<span id='easy-footnote-178-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-178-29321' title='San Ireneo, &lt;em&gt;ibid&lt;\/em&gt;.; Harvey, 2, 124.'><sup>178<\/sup><\/a><\/span> y compar\u00e1ndola con Eva, llaman a Mar\u00eda \u00abMadre de los vivientes\u00bb,<span id='easy-footnote-179-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-179-29321' title='San Epifanio, &lt;em&gt;Haer&lt;\/em&gt;. 78, 18: PG 42, 728CD-729AB.'><sup>179<\/sup><\/a><\/span> afirmando a\u00fan con mayor frecuencia que \u00abla muerte vino por Eva, la vida por Mar\u00eda\u00bb.<span id='easy-footnote-180-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-180-29321' title='San Jer\u00f3nimo, &lt;em&gt;Epist.&lt;\/em&gt; 22, 21: PL 22, 408. Cf. San Agust\u00edn, &lt;em&gt;Serm.&lt;\/em&gt; 51, 2, 3: PL 38, 335; &lt;em&gt;Serm.&lt;\/em&gt; 232, 2: 1108. San Cirilo Jeros., &lt;em&gt;Catech.&lt;\/em&gt; 12, 15: PG 33, 741AB. San J. Cris\u00f3stomo, &lt;em&gt;In Ps.&lt;\/em&gt; 44, 7: PG 55, 193. San J. Damasceno, &lt;em&gt;Hom. 2 in dorm. B. M. V.&lt;\/em&gt; 3: PG 96, 728.'><sup>180<\/sup><\/a><\/span>\n<p>57. Esta uni\u00f3n de la Madre con el Hijo en la obra de la salvaci\u00f3n se manifiesta desde el momento de la concepci\u00f3n virginal de Cristo hasta su muerte. En primer lugar, cuando Mar\u00eda, poni\u00e9ndose con presteza en camino para visitar a Isabel, fue proclamada por \u00e9sta bienaventurada a causa de su fe en la salvaci\u00f3n prometida, a la vez que el Precursor salt\u00f3 de gozo en el seno de su madre (cf. <em>Lc<\/em> 1, 41-45); y en el nacimiento, cuando la Madre de Dios, llena de gozo, present\u00f3 a los pastores y a los Magos a su Hijo primog\u00e9nito, que, lejos de menoscabar, consagr\u00f3 su integridad virginal.<span id='easy-footnote-181-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-181-29321' title='Cf. Conc. Lateranense, a\u00f1o 649, can. 3: Mansi, 10, 1151. San Le\u00f3n M., &lt;em&gt;Epist. ad Flav&lt;\/em&gt;.: PL 54, 759, Conc. Calcedonense: Mansi, 7, 462. San Ambrosio, &lt;em&gt;De instit. virg.&lt;\/em&gt;: PL 16, 320.'><sup>181<\/sup><\/a><\/span> Y cuando hecha la ofrenda propia de los pobres lo present\u00f3 al Se\u00f1or en el templo y oy\u00f3 profetizar a Sime\u00f3n que el Hijo ser\u00eda signo de contradicci\u00f3n y que una espada atravesar\u00eda el alma de la Madre, para que se descubran los pensamientos de muchos corazones (cf. <em>Lc<\/em> 2, 34-35). Despu\u00e9s de haber perdido al Ni\u00f1o Jes\u00fas y haberlo buscado con angustia, sus padres lo encontraron en el templo, ocupado en las cosas de su Padre, y no entendieron la respuesta del Hijo. Pero su Madre conservaba todo esto en su coraz\u00f3n para meditarlo (cf. <em>Lc<\/em> 2, 41-51).<\/p>\n<p>58. En la vida p\u00fablica de Jes\u00fas aparece reveladoramente su Madre ya desde el principio, cuando en las bodas de Can\u00e1 de Galilea, movida a misericordia, suscit\u00f3 con su intercesi\u00f3n el comienzo de los milagros de Jes\u00fas Mes\u00edas (cf. <em>Jn<\/em> 2, 1-11). A lo largo de su predicaci\u00f3n acogi\u00f3 las palabras con que su Hijo, exaltando el reino por encima de las condiciones y lazos de la carne y de la sangre, proclam\u00f3 bienaventurados (cf. <em>Mc<\/em> 3, 35; <em>Lc<\/em> 11, 27-28) a los que escuchan y guardan la palabra de Dios, como ella lo hac\u00eda fielmente (cf. <em>Lc<\/em> 2, 29 y 51). As\u00ed avanz\u00f3 tambi\u00e9n la Sant\u00edsima Virgen en la peregrinaci\u00f3n de la fe, y mantuvo fielmente su uni\u00f3n con el Hijo hasta la cruz, junto a la cual, no sin designio divino, se mantuvo erguida (cf. <em>Jn<\/em> 19, 25), sufriendo profundamente con su Unig\u00e9nito y asoci\u00e1ndose con entra\u00f1as de madre a su sacrificio, consintiendo amorosamente en la inmolaci\u00f3n de la v\u00edctima que ella misma hab\u00eda engendrado; y, finalmente, fue dada por el mismo Cristo Jes\u00fas agonizante en la cruz como madre al disc\u00edpulo con estas palabras: \u00abMujer, he ah\u00ed a tu hijo\u00bb (cf. <em>Jn<\/em> 19,26-27).<span id='easy-footnote-182-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-182-29321' title='Cf. P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt;Mystici Corporis&lt;\/em&gt;, 29 jun. 1943: AAS 35 (1943) 247-248.'><sup>182<\/sup><\/a><\/span>\n<p>59. Por no haber querido Dios manifestar solemnemente el misterio de la salvaci\u00f3n humana antes de derramar el Esp\u00edritu prometido por Cristo, vemos que los Ap\u00f3stoles, antes del d\u00eda de Pentecost\u00e9s, \u00abperseveraban un\u00e1nimes en la oraci\u00f3n con algunas mujeres, con Mar\u00eda, la Madre de Jes\u00fas, y con los hermanos de \u00e9ste\u00bb (<em>Hch<\/em> 1, 14), y que tambi\u00e9n Mar\u00eda imploraba con sus oraciones el don del Esp\u00edritu, que en la Anunciaci\u00f3n ya la hab\u00eda cubierto a ella con su sombra. Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada inmune de toda mancha de culpa original,<span id='easy-footnote-183-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-183-29321' title='Cf. P\u00edo IX, bula &lt;em&gt;Ineffabilis&lt;\/em&gt;, 8 dic. 1854: Acta Pii IX, 1, I, p. 616: Denz., 1641 (2803).'><sup>183<\/sup><\/a><\/span> terminado el decurso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial<span id='easy-footnote-184-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-184-29321' title='Cf. P\u00edo XII, const. apost. &lt;em&gt;Munificentissimus&lt;\/em&gt;, 1 nov. 1950: AAS 42 (1950); Denz. 2333 (3903). Cf. San J. Damasceno, &lt;em&gt;Enc. in dorm. Dei genitricis&lt;\/em&gt; hom. 2 y 3: PG 96, 722-762, en especial 728B. San Germ\u00e1n Constantinop., &lt;em&gt;In S. Dei gen. dorm.&lt;\/em&gt; serm. 1: PG 98 (3), 340-348; serm., 3: 361. San Modesto Hier., &lt;em&gt;In dorm. SS. Deiparae&lt;\/em&gt;: PG 86 (2); 3277-3312.'><sup>184<\/sup><\/a><\/span> y fue ensalzada por el Se\u00f1or como Reina universal con el fin de que se asemejase de forma m\u00e1s plena a su Hijo, Se\u00f1or de se\u00f1ores (cf. <em>Ap<\/em> 19, 16) y vencedor del pecado y de la muerte.<span id='easy-footnote-185-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-185-29321' title='Cf. P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt; Ad caeli Reginam&lt;\/em&gt;, 11 oct. 1954: AAS 46 (1954) 633-636; Denz., 3913ss. Cf. San Andr\u00e9s Cret., &lt;em&gt;Hom. 3 in dorm. SS. Deiparae&lt;\/em&gt;: PG 97, 1089-1109. San J. Damasceno, &lt;em&gt;De fide orth.&lt;\/em&gt; IV, 14: PG94, 1153-1161.'><sup>185<\/sup><\/a><\/span>\n<p><strong>III. La Sant\u00edsima Virgen y la Iglesia <\/strong><\/p>\n<p>60. Uno solo es nuestro Mediador seg\u00fan las palabra del Ap\u00f3stol: \u00abPorque uno es Dios, y uno tambi\u00e9n el Mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jes\u00fas, que se entreg\u00f3 a s\u00ed mismo para redenci\u00f3n de todos\u00bb (<em>1 Tm<\/em> 2, 5-6). Sin embargo, la misi\u00f3n maternal de Mar\u00eda para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediaci\u00f3n \u00fanica de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder. Pues todo el influjo salv\u00edfico de la Sant\u00edsima Virgen sobre los hombres no dimana de una necesidad ineludible, sino del divino benepl\u00e1cito y de la superabundancia de los m\u00e9ritos de Cristo; se apoya en la mediaci\u00f3n de \u00e9ste, depende totalmente de ella y de la misma saca todo su poder. Y, lejos de impedir la uni\u00f3n inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta.<\/p>\n<p>61. La Sant\u00edsima Virgen, predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios juntamente con la encarnaci\u00f3n del Verbo, por disposici\u00f3n de la divina Providencia, fue en la tierra la Madre excelsa del divino Redentor, compa\u00f1era singularmente generosa entre todas las dem\u00e1s criaturas y humilde esclava del Se\u00f1or. Concibiendo a Cristo, engendr\u00e1ndolo, aliment\u00e1ndolo, present\u00e1ndolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando mor\u00eda en la cruz, cooper\u00f3 en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra madre en el orden de la gracia.<\/p>\n<p>62. Esta maternidad de Mar\u00eda en la econom\u00eda de gracia perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prest\u00f3 fielmente en la Anunciaci\u00f3n, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz hasta la consumaci\u00f3n perpetua de todos los elegidos. Pues, asunta a los cielos, no ha dejado esta misi\u00f3n salvadora, sino que con su m\u00faltiple intercesi\u00f3n contin\u00faa obteni\u00e9ndonos los dones de la salvaci\u00f3n eterna.<span id='easy-footnote-186-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-186-29321' title='Cf. Kleutgen, texto reformado &lt;em&gt;De mysterio Verbi incarnati&lt;\/em&gt;, c. 4: Mansi, 53, 290. Cf. San Andr\u00e9s Cret., &lt;em&gt;In nat. Mariae&lt;\/em&gt;, serm. 4: PG 97, 865A. S. Germ\u00e1n Constantinop., &lt;em&gt;In annunt. Deiparae&lt;\/em&gt;: PG 98, 321BC. &lt;em&gt;In dorm. Deiparae&lt;\/em&gt;, III: 361D. San J. Damasceno, &lt;em&gt;In dorm. B. V. Mariae&lt;\/em&gt; hom. 1, 8: PG 96, 712BC-713A.'><sup>186<\/sup><\/a><\/span> Con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todav\u00eda peregrinan y hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Sant\u00edsima Virgen es invocada en la Iglesia con los t\u00edtulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora.<span id='easy-footnote-187-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-187-29321' title='Cf. Le\u00f3n XIII, enc. &lt;em&gt;Adiutricem populi&lt;\/em&gt;, 5 sept. 1895: AAS 15 (1895-96) 303. San P\u00edo X, enc. &lt;em&gt;Ad diem illum&lt;\/em&gt;, 2 febr. 1904: Acta I, p. 154; Denz. 1978a (3370). P\u00edo XI, enc. &lt;em&gt; Miserentissimus&lt;\/em&gt;, 8 mayo 1928: AAS 20 (1928) 178. P\u00edo XII, mensaje radiof., 13 mayo 1946: AAS 38 (1964) 266.'><sup>187<\/sup><\/a><\/span> Lo cual, embargo, ha de entenderse de tal manera que no reste ni a\u00f1ada a la dignidad y eficacia de Cristo, \u00fanico Mediador.<span id='easy-footnote-188-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-188-29321' title='San Ambrosio, &lt;em&gt;Epist.&lt;\/em&gt; 63: PL 16, 1218.'><sup>188<\/sup><\/a><\/span>\n<p>Jam\u00e1s podr\u00e1 compararse criatura alguna con el Verbo encarnado y Redentor; pero as\u00ed como el sacerdocio Cristo es participado tanto por los ministros sagrados cuanto por el pueblo fiel de formas diversas, y como la bondad de Dios se difunde de distintas maneras sobre las criaturas, as\u00ed tambi\u00e9n la mediaci\u00f3n \u00fanica del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas diversas clases de cooperaci\u00f3n, participada de la \u00fanica fuente.<\/p>\n<p>La Iglesia no duda en confesar esta funci\u00f3n subordinada de Mar\u00eda, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protecci\u00f3n maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador.<\/p>\n<p>63. La Virgen Sant\u00edsima, por el don y la prerrogativa de la maternidad divina, que la une con el Hijo Redentor, y por sus gracias y dones singulares, est\u00e1 tambi\u00e9n \u00edntimamente unida con la Iglesia. Como ya ense\u00f1\u00f3 San Ambrosio, la Madre de Dios es tipo de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la uni\u00f3n perfecta con Cristo.<span id='easy-footnote-189-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-189-29321' title='San Ambrosio, &lt;em&gt;Expos. Lc&lt;\/em&gt;. II 7: PL 15, 1555.'><sup>189<\/sup><\/a><\/span> Pues en el misterio de la Iglesia, que con raz\u00f3n es llamada tambi\u00e9n madre y virgen, precedi\u00f3 la Sant\u00edsima Virgen, present\u00e1ndose de forma eminente y singular como modelo tanto de la virgen como de la madre.<span id='easy-footnote-190-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-190-29321' title='Cf. Ps.-Pedro Dam., &lt;em&gt;Serm.&lt;\/em&gt; 63: PL 144, 861AB. Godofredo de San V\u00edctor, &lt;em&gt;In nat. B. M.&lt;\/em&gt;, ms. Par\u00eds, Mazarine, 1002 fol. 109r. Gerhohus Reich. &lt;em&gt;De gloria et honore Filii hominis&lt;\/em&gt;, 10: PL 194, 1105AB.'><sup>190<\/sup><\/a><\/span> Creyendo y obedeciendo, engendr\u00f3 en la tierra al mismo Hijo del Padre, y sin conocer var\u00f3n, cubierta con la sombra del Esp\u00edritu Santo, como una nueva Eva, que presta su fe exenta de toda duda, no a la antigua serpiente, sino al mensajero de Dios, dio a luz al Hijo, a quien Dios constituy\u00f3 primog\u00e9nito entre muchos hermanos (cf. <em>Rm<\/em> 8,29), esto es, los fieles, a cuya generaci\u00f3n y educaci\u00f3n coopera con amor materno.<\/p>\n<p>64. La Iglesia, contemplando su profunda santidad e imitando su caridad y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, se hace tambi\u00e9n madre mediante la palabra de Dios aceptada con fidelidad, pues por la predicaci\u00f3n y el bautismo engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por obra del Esp\u00edritu Santo y nacidos de Dios. Y es igualmente virgen, que guarda pura e \u00edntegramente la fe prometida al Esposo, y a imitaci\u00f3n de la Madre de su Se\u00f1or, por la virtud del Esp\u00edritu Santo, conserva virginalmente una fe \u00edntegra, una esperanza s\u00f3lida y una caridad sincera.<span id='easy-footnote-191-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-191-29321' title='San Ambrosio, &lt;em&gt;Expos. Lc. &lt;\/em&gt;II 7 y X 24-25: PL 15, 1555 y 1810. San Agust\u00edn, &lt;em&gt;In Io. Tr.&lt;\/em&gt;, 13, 12: PL 35, 1499. Cf. &lt;em&gt;Serm&lt;\/em&gt;. 191, 2, 3: PL 38, 1010, etc. Cf. tambi\u00e9n Ven. Beda,&lt;em&gt; In Lc. expos&lt;\/em&gt;. I, c. 2: PL 92, 330. Isaac de Stella, &lt;em&gt;Serm.&lt;\/em&gt; 51: PL 194, 1863A.'><sup>191<\/sup><\/a><\/span>\n<p>65. Mientas la Iglesia ha alcanzado en la Sant\u00edsima Virgen la perfecci\u00f3n, en virtud de la cual no tiene mancha ni arruga (cf. <em>Ef<\/em> 5, 27), los fieles luchan todav\u00eda por crecer en santidad, venciendo enteramente al pecado, y por eso levantan sus ojos a Mar\u00eda, que resplandece como modelo de virtudes para toda la comunidad de los elegidos. La Iglesia, meditando piadosamente sobre ella y contempl\u00e1ndola a la luz del Verbo hecho hombre, llena de reverencia, entra m\u00e1s a fondo en el soberano misterio de la encarnaci\u00f3n y se asemeja cada d\u00eda m\u00e1s a su Esposo. Pues Mar\u00eda, que por su \u00edntima participaci\u00f3n en la historia de la salvaci\u00f3n re\u00fane en s\u00ed y refleja en cierto modo las supremas verdades de la fe, cuando es anunciada y venerada, atrae a los creyentes a su Hijo, a su sacrificio y al amor del Padre. La Iglesia, a su vez, glorificando a Cristo, se hace m\u00e1s semejante a su excelso Modelo, progresando continuamente en la fe, en la esperanza y en la caridad y buscando y obedeciendo en todo la voluntad divina. Por eso tambi\u00e9n la Iglesia, en su labor apost\u00f3lica, se fija con raz\u00f3n en aquella que engendr\u00f3 a Cristo, concebido del Esp\u00edritu Santo y nacido de la Virgen, para que tambi\u00e9n nazca y crezca por medio de la Iglesia en las almas de los fieles. La Virgen fue en su vida ejemplo de aquel amor maternal con que es necesario que est\u00e9n animados todos aquellos que, en la misi\u00f3n apost\u00f3lica de la Iglesia, cooperan a la regeneraci\u00f3n de los hombres.<\/p>\n<p><strong>IV. El culto de la Sant\u00edsima Virgen en la Iglesia <\/strong><\/p>\n<p>66. Mar\u00eda, ensalzada, por gracia de Dios, despu\u00e9s de su Hijo, por encima de todos los \u00e1ngeles y de todos los hombres, por ser Madre sant\u00edsima de Dios, que tom\u00f3 parte en los misterios de Cristo, es justamente honrada por la Iglesia con un culto especial. Y, ciertamente, desde los tiempos m\u00e1s antiguos, la Sant\u00edsima Virgen es venerada con el t\u00edtulo de \u00abMadre de Dios\u00bb, a cuyo amparo los fieles suplicantes se acogen en todos sus peligros y necesidades.<span id='easy-footnote-192-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-192-29321' title='Cf. Breviario Romano, ant\u00edfona \u00abSub tuum praesidium\u00bb, de las primeras v\u00edsperas del Oficio Parvo de la Sant\u00edsima Virgen.'><sup>192<\/sup><\/a><\/span> Por este motivo, principalmente a partir del Concilio de Efeso, ha crecido maravillosamente el culto del Pueblo de Dios hacia Mar\u00eda en veneraci\u00f3n y en amor, en la invocaci\u00f3n e imitaci\u00f3n, de acuerdo con sus prof\u00e9ticas palabras: \u00abTodas las generaciones me llamar\u00e1n bienaventurada, porque ha hecho en mi maravillas el Poderoso\u00bb (<em>Lc<\/em> 1, 48-49). Este culto, tal como existi\u00f3 siempre en la Iglesia., a pesar de ser enteramente singular, se distingue esencialmente del culto de adoraci\u00f3n tributado al Verbo encarnado, lo mismo que al Padre y al Esp\u00edritu Santo, y lo favorece eficazmente, ya que las diversas formas de piedad hacia la Madre de Dios que la Iglesia ha venido aprobando dentro de los limites de la doctrina sana y ortodoxa, de acuerdo con las condiciones de tiempos y lugares y teniendo en cuenta el temperamento y manera de ser de los fieles, hacen que, al ser honrada la Madre, el Hijo, por raz\u00f3n del cual son todas las cosas (cf. <em>Col<\/em> 1, 15-16) y en el que plugo al Padre eterno \u00abque habitase toda la plenitud\u00bb (<em>Col<\/em> 1,19), sea mejor conocido, amado, glorificado, y que, a la vez, sean mejor cumplidos sus mandamientos.<\/p>\n<p>67. El santo Concilio ense\u00f1a de prop\u00f3sito esta doctrina cat\u00f3lica y amonesta a la vez a todos los hijos de la Iglesia que fomenten con generosidad el culto a la Sant\u00edsima Virgen, particularmente el lit\u00fargico; que estimen en mucho las pr\u00e1cticas y los ejercicios de piedad hacia ella recomendados por el Magisterio en el curso de los siglos y que observen escrupulosamente cuanto en los tiempos pasados fue decretado acerca del culto a las im\u00e1genes de Cristo, de la Sant\u00edsima Virgen y de los santos.<span id='easy-footnote-193-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-193-29321' title='Cf. Conc. Niceno II, a\u00f1o 187: Mansi, 13, 378-379; Denz. 302 (600-601). Conc. Trident., ses. 25: Mansi, 33, 171-172.'><sup>193<\/sup><\/a><\/span> Y exhorta encarecidamente a los te\u00f3logos y a los predicadores de la palabra divina a que se abstengan con cuidado tanto de toda falsa exageraci\u00f3n cuanto de una excesiva mezquindad de alma al tratar de la singular dignidad de la Madre de Dios.<span id='easy-footnote-194-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-194-29321' title='Cf. P\u00edo XII, mensaje radiof., 24 oct. 1954: AAS 46 (1954) 679; enc. &lt;em&gt; Ad caeli Reginam,&lt;\/em&gt; 11 oct. 1954: AAS 46 (1954) 637.'><sup>194<\/sup><\/a><\/span> Cultivando el estudio de la Sagrada Escritura, de los Santos Padres y Doctores y de las liturgias de la Iglesia bajo la direcci\u00f3n del Magisterio, expliquen rectamente los oficios y los privilegios de la Sant\u00edsima Virgen, que siempre tienen por fin a Cristo, origen de toda verdad, santidad y piedad. En las expresiones o en las palabras eviten cuidadosamente todo aquello que pueda inducir a error a los hermanos separados o a cualesquiera otras personas acerca de la verdadera doctrina de la Iglesia. Recuerden, finalmente, los fieles que la verdadera devoci\u00f3n no consiste ni en un sentimentalismo est\u00e9ril y transitorio ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe aut\u00e9ntica, que nos induce a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, que nos impulsa a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitaci\u00f3n de sus virtudes.<\/p>\n<p><strong>V. Mar\u00eda, signo de esperanza cierta y de consuelo para el Pueblo peregrinante de Dios<\/strong><\/p>\n<p>68. Mientras tanto, la Madre de Jes\u00fas, de la misma manera que, glorificada ya en los cielos en cuerpo y en alma, es imagen y principio de la Iglesia que habr\u00e1 de tener su cumplimiento en la vida futura, as\u00ed en la tierra precede con su luz al peregrinante Pueblo de Dios como signo de esperanza cierta y de consuelo hasta que llegue el d\u00eda del Se\u00f1or (cf. <em>2 P<\/em> 3,10).<\/p>\n<p>69. Es motivo de gran gozo y consuelo para este santo Concilio el que tambi\u00e9n entre los hermanos separados no falten quienes tributan el debido honor a la Madre del Se\u00f1or y Salvador, especialmente entre los Orientales, que concurren con impulso ferviente y \u00e1nimo devoto al culto de la siempre Virgen Madre de Dios.<span id='easy-footnote-195-29321' class='easy-footnote-margin-adjust'><\/span><span class='easy-footnote'><a href='http:\/\/vincentians.com\/es\/lumen-gentium\/#easy-footnote-bottom-195-29321' title='Cf. P\u00edo XI, enc. &lt;em&gt;Ecclesiam Dei&lt;\/em&gt;, 12 nov. 1923: AAS 15 (1923) 581. P\u00edo XII, enc. &lt;em&gt;Fulgens corona&lt;\/em&gt;, 8 sept. 1953: AAS 45 (1953), 590-591.'><sup>195<\/sup><\/a><\/span> Ofrezcan todos los fieles s\u00faplicas apremiantes a la Madre de Dios y Madre de los hombres para que ella, que ayud\u00f3 con sus oraciones a la Iglesia naciente, tambi\u00e9n ahora, ensalzada en el cielo por encima de todos los \u00e1ngeles y bienaventurados, interceda en la comuni\u00f3n de todos los santos ante su Hijo hasta que todas las familias de los pueblos, tanto los que se honran con el t\u00edtulo de cristianos como los que todav\u00eda desconocen a su Salvador, lleguen a reunirse felizmente, en paz y concordia, en un solo Pueblo de Dios, para gloria de la Sant\u00edsima e indivisible Trinidad.<\/p>\n<p>Todas y cada una de las cosas establecidas en esta Constituci\u00f3n dogm\u00e1tica han obtenido el benepl\u00e1cito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, con la potestad apost\u00f3lica que nos ha sido conferida por Cristo, juntamente con los venerables Padres, las aprobamos,<\/p>\n<p>decretamos y estatuimos en el Esp\u00edritu Santo, y ordenamos que lo as\u00ed decretado conciliarmente sea promulgado para gloria de Dios.<\/p>\n<p><em>Roma, en San Pedro, d\u00eda 21 de noviembre de 1964.<\/em><\/p>\n<p><strong><em>Yo, <\/em>Pablo, <em>Obispo de la Iglesia cat\u00f3lica.<\/em><\/strong><\/p>\n<blockquote><p><strong>DE LAS ACTAS DEL SANTO CONCILIO ECUM\u00c9NICO VATICANO II<\/strong><\/p>\n<p><em><strong>NOTIFICACIONES<br \/>\n<\/strong>hechas por el excelent\u00edsimo secretario general del concilio<br \/>\nen la congregaci\u00f3n general 123, del d\u00eda 16 de noviembre de 1964<\/em><\/p>\n<p>Se ha preguntado cu\u00e1l debe ser la <em>calificaci\u00f3n teol\u00f3gica<\/em> de la doctrina expuesta en el esquema <em>De Ecclesia<\/em> que se somete a votaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La Comisi\u00f3n Doctrinal ha respondido a la pregunta, al examinar los <em>Modos<\/em> referentes al cap\u00edtulo tercero del esquema <em>De Ecclesia<\/em>, con estas palabras:<\/p>\n<p>\u00abComo salta a la vista, el texto del Concilio debe interpretarse siempre de acuerdo con las normas generales de todos conocidas\u00bb.<\/p>\n<p>En esta ocasi\u00f3n, la Comisi\u00f3n Doctrinal remite a su <em>Declaraci\u00f3n<\/em> del 6 de marzo de 1964, cuyo texto transcribimos aqu\u00ed:<\/p>\n<p>\u00abTeniendo en cuenta la pr\u00e1ctica conciliar y el fin pastoral del presente Concilio, este santo S\u00ednodo precisa que en la Iglesia solamente han de mantenerse como materias de fe o costumbres aquellas cosas que \u00e9l declare manifiestamente como tales.<\/p>\n<p>Todo lo dem\u00e1s que el santo S\u00ednodo propone, por ser doctrina del Magisterio supremo de la Iglesia, debe ser recibido y aceptado por todos y cada uno de los fieles de acuerdo con la mente del santo S\u00ednodo, la cual se conoce, bien por el tema tratado, bien por el tenor de la expresi\u00f3n verbal, de acuerdo con las reglas de la interpretaci\u00f3n teol\u00f3gica\u00bb.<\/p>\n<p>Por mandato de la autoridad superior se comunica a los Padres una nota explicativa previa a los Modos referentes al cap\u00edtulo tercero del esquema <em>De Ecclesia<\/em>. De acuerdo con la mente y el sentido de esa nota debe explicarse e interpretarse la doctrina expuesta en ese misino cap\u00edtulo tercero.<\/p>\n<p><strong>NOTA EXPLICATIVA PREVIA<\/strong><\/p>\n<p>\u00abLa Comisi\u00f3n ha decidido poner al frente del examen de los <em>Modos<\/em> las siguientes observaciones generales:<\/p>\n<p>1.\u00aa El t\u00e9rmino <em>Colegio<\/em> no se entiende en sentido <em>estrictamente jur\u00eddico<\/em>, es decir, como una asamblea de iguales que delegan su potestad en su propio presidente, sino como una asamblea estable, cuya estructura y autoridad deben deducirse de la Revelaci\u00f3n. Por este motivo, en la respuesta al Modo 12 se dice expl\u00edcitamente de los Doce que el Se\u00f1or los constituy\u00f3 \u00aba manera de colegio o <em>asamblea estable<\/em>\u00ab. V\u00e9ase tambi\u00e9n el Modo 53, c.\u2014PoR la misma raz\u00f3n se aplican tambi\u00e9n con frecuencia al Colegio de los Obispos las palabras <em>Orden<\/em> o <em>Cuerpo<\/em>. El paralelismo entre Pedro y los dem\u00e1s Ap\u00f3stoles, por una parte, y el Sumo Pont\u00edfice y los Obispos, por otra, no implica la transmisi\u00f3n de la potestad extraordinaria de los Ap\u00f3stoles a sus sucesores, ni, como es evidente, la <em>igualdad<\/em> entre la Cabeza y los miembros del Colegio, sino s\u00f3lo la <em>proporcionalidad<\/em> entre la primera relaci\u00f3n (Pedro-Ap\u00f3stoles) y la segunda (Papa-Obispos). Por esto, la Comisi\u00f3n determin\u00f3 escribir en el n.22: no por la <em>misma<\/em>, sino por <em>semejante<\/em> raz\u00f3n. Cf. Modo 57.<\/p>\n<p>2.<sup>a<\/sup> Uno se convierte en <em>miembro del Colegio<\/em> en virtud de la consagraci\u00f3n episcopal y por la comuni\u00f3n jer\u00e1rquica con la Cabeza y con los miembros del Colegio. Cf. n.22 \u00a7 1 al final.<\/p>\n<p>En la <em>consagraci\u00f3n<\/em> se da una participaci\u00f3n <em>ontol\u00f3gica<\/em> de los ministerios sagrados, como consta, sin duda alguna, por la Tradici\u00f3n, incluso la lit\u00fargica. Se emplea intencionadamente el t\u00e9rmino <em>ministerios<\/em> y no la palabra <em>potestades<\/em>, porque esta \u00faltima palabra podr\u00eda entenderse como potestad <em>expedita para el ejercicio<\/em>. Mas para que de hecho se tenga tal potestad expedita es necesario que se a\u00f1ada la <em>determinaci\u00f3n can\u00f3nica<\/em> o <em>jur\u00eddica<\/em> por parte de la autoridad jer\u00e1rquica. Esta determinaci\u00f3n de la potestad puede consistir en la concesi\u00f3n de un oficio particular o en la asignaci\u00f3n de s\u00fabditos, y se confiere de acuerdo con las <em>normas<\/em> aprobadas por la suprema autoridad. Esta ulterior norma est\u00e1 exigida <em>por la misma naturaleza de la materia<\/em>, porque se trata de oficios que deben ser ejercidos <em>por muchos sujetos<\/em>, que cooperan jer\u00e1rquicamente por voluntad de Cristo. Es evidente que esta \u00abcomuni\u00f3n\u00bb <em>en la vida<\/em> de la Iglesia fue aplicada, seg\u00fan las circunstancias de los tiempos, antes de que fuese como codificada <em>en el derecho<\/em>.<\/p>\n<p>Por esto se dice expresamente que se requiere la comuni\u00f3n <em>jer\u00e1rquica<\/em> con la Cabeza y con los miembros de la Iglesia. La <em>comuni\u00f3n<\/em> es una noci\u00f3n muy estimada en la Iglesia antigua (como sucede tambi\u00e9n hoy particularmente en el Oriente). Su sentido no es el de un <em>afecto<\/em> indefinido, sino el de una <em>realidad org\u00e1nica<\/em>, que exige una forma jur\u00eddica y que, a la vez, est\u00e1 animada por la caridad. Por esto la Comisi\u00f3n determin\u00f3, casi por unanimidad, que deb\u00eda escribirse \u00aben comuni\u00f3n <em>jer\u00e1rquica<\/em>\u00ab. Cf. Modo 40, y tambi\u00e9n lo que se dice sobre la <em>misi\u00f3n can\u00f3nica<\/em> en el n.24.<\/p>\n<p>Los documentos de los Sumos Pont\u00edfices contempor\u00e1neos sobre la jurisdicci\u00f3n de los Obispos deben interpretarse de esta necesaria determinaci\u00f3n de potestades.<\/p>\n<p>3.<sup>a<\/sup> Del Colegio, que no existe sin la Cabeza, se afirma que \u00abes <em>tambi\u00e9n sujeto de la suprema y plena potestad<\/em> sobre la Iglesia universal\u00bb. Lo cual debe admitirse necesariamente para no poner en peligro la plenitud de la potestad del Romano Pont\u00edfice. Porque el Colegio comprende siempre y necesariamente a su Cabeza, <em>la cual conserva en el Colegio \u00edntegramente su oficio de Vicario de Cristo y de Pastor de la Iglesia universal<\/em>. En otras palabras: la distinci\u00f3n no se establece entre el Romano Pont\u00edfice y los Obispos colectivamente considerados, sino entre el Romano Pont\u00edfice separadamente y el Romano Pont\u00edfice junto con los Obispos. Por ser el Sumo Pont\u00edfice la <em>Cabeza<\/em> del Colegio, puede realizar por s\u00ed solo algunos actos que de ning\u00fan modo competen a los Obispos; por ejemplo, convocar y dirigir el Colegio, aprobar las normas de acci\u00f3n, etc. Cf. Modo 81. Pertenece al juicio del Sumo Pont\u00edfice, por haberle sido confiado el cuidado de todo el reba\u00f1o de Cristo, de acuerdo con las necesidades de la Iglesia, que var\u00edan en el transcurso de los tiempos, determinar el modo conveniente de actualizar ese cuidado, sea de modo personal, sea de manera colegial. El Romano Pont\u00edfice, para ordenar, promover, aprobar el ejercicio colegial, con la mirada puesta en el bien de la Iglesia, procede seg\u00fan su propia prudencia.<\/p>\n<p>4.<sup>a<\/sup> El Sumo Pont\u00edfice, como Pastor supremo de la Iglesia, puede ejercer libremente su potestad en todo tiempo, como lo exige su propio ministerio. En cambio, el Colegio, aunque exista siempre, no por eso act\u00faa de forma permanente con acci\u00f3n <em>estrictamente<\/em> colegial, como consta por la Tradici\u00f3n de la Iglesia. En otras palabras: no siempre se halla \u00aben plenitud de ejercicio\u00bb. Es m\u00e1s: act\u00faa con acci\u00f3n estrictamente colegial s\u00f3lo a intervalos y <em>con el consentimiento de su Cabeza<\/em>. Y se dice \u00ab<em>con el consentimiento de su Cabeza<\/em>\u00ab, para que no se piense en una dependencia, por as\u00ed decirlo, de un <em>extra\u00f1o<\/em>; el t\u00e9rmino \u00abconsentimiento\u00bb evoca, por el contrario, la <em>comuni\u00f3n<\/em> entre la Cabeza y los miembros e incluye la necesidad del <em>acto<\/em>, que compete propiamente a la Cabeza. Se afirma esto expl\u00edcitamente en el n.22 \u00a7 2, y se explica all\u00ed mismo, al final. La f\u00f3rmula negativa \u00ab<em>s\u00f3lo<\/em>\u00bb abarca todos los casos; por lo que es evidente que las <em>normas<\/em> aprobadas por la autoridad suprema deben observarse siempre. Cf. Modo 84.<\/p>\n<p>Es claro en todos los casos que se trata de la <em>uni\u00f3n<\/em> de los Obispos <em>con su Cabeza<\/em>, y nunca de la acci\u00f3n de los Obispos <em>independientemente<\/em> del Papa. En este caso, al faltar la acci\u00f3n de la Cabeza, los Obispos no pueden actuar a modo de Colegio, como es manifiesto por la noci\u00f3n de \u00abColegio\u00bb. Esta comuni\u00f3n jer\u00e1rquica de todos los Obispos con el Sumo Pont\u00edfice es cosa ciertamente indiscutible en la Tradici\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>N. B.\u2014Sin la comuni\u00f3n jer\u00e1rquica <em>no puede<\/em> ejercerse el ministerio sacramental-ontol\u00f3gico, que debe distinguirse del aspecto can\u00f3nico-jur\u00eddico. Sin embargo, la Comisi\u00f3n ha juzgado que no deb\u00eda ocuparse de las cuestiones acerca de la <em>licitud<\/em> y la <em>validez<\/em>, que se dejan a la discusi\u00f3n de los te\u00f3logos, en particular lo referente a la potestad que de hecho se ejerce entre los Orientales separados, y sobre cuya explicaci\u00f3n existen diversas opiniones<\/p>\n<p><strong>Pericles Felici<br \/>\n<\/strong><em>Arzobispo titular de Samosata,<br \/>\nSecretario general del S. Concilio ecum\u00e9nico Vaticano II<\/em><\/p><\/blockquote>\n<div class='stb-container stb-style-info stb-no-caption'><div class='stb-caption'><div class='stb-logo'><img class='stb-logo__image' src='' alt='img'\/><\/div><div class='stb-caption-content'><\/div><div class='stb-tool'><\/div><\/div><div class='stb-content'>\n<p><em><strong>Breve nota bibliogr\u00e1fica<\/strong><\/em><\/p>\n<p>ANT\u00d3N <em>A., El misterio de la Iglesia, 2 <\/em>vols., BAC, Madrid 1986ss; BARA\u00daNA G. (ed.), <em>La Iglesia del Vaticano II, <\/em>2 vols., Flors, Barcelona 1966; CONGAR Y., <em>Eclesiolog\u00eda. Desde san Agust\u00edn hasta nuestros d\u00edas, <\/em>en SCHMAUS M.\u2014GRILLMEIER A.\u2014 SCHEFICZYK L. (dirs.), <em>Historia de los dogmas <\/em> 3c y d, BAC, Madrid 1976; PHILIPS <em>G., La Iglesia y su misterio en el Vaticano II, <\/em> 2 vols., Herder, Barcelona 1969; PI\u00c9NINOT S., <em>La sinodalitat eclesial, <\/em> Facultad de Teolog\u00eda de Catalu\u00f1a, Barcelona 1993; <em>Introducci\u00f3n a la eclesiolog\u00eda, <\/em>Verbo Divino, Estella 1998; <em>La teolog\u00eda fundamental, <\/em> Secretariado Trinitario, Salamanca 2001 (\u00abEclesiolog\u00eda fundamental\u00bb: 478-660); SARTORI L., <em>La \u00abLumen gentium\u00bb, <\/em>Messaggero, Padua 1994.<\/p>\n<\/div><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONSTITUCI\u00d3N DOGM\u00c1TICA SOBRE LA IGLESIA LUMEN GENTIUM Cap\u00edtulo I: El misterio de la Iglesia 1. Cristo es la luz de los pueblos. 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