{"id":29093,"date":"2014-03-19T08:15:44","date_gmt":"2014-03-19T07:15:44","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=29093"},"modified":"2016-07-26T09:44:32","modified_gmt":"2016-07-26T07:44:32","slug":"retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-final","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-final\/","title":{"rendered":"Retrato del sr. Pouget, sacerdote de la Misi\u00f3n (Final)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo V<a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-129409\" alt=\"Bolet\u00edn Informativo Noviembre-Diciembre 2011\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01-294x300.jpg?resize=294%2C300\" width=\"294\" height=\"300\" \/><\/a>I: Los \u00faltimos d\u00edas del sr. Pouget<\/h2>\n<p>\u00abCreo que se debe vivir como si no se tuviera que morir, dec\u00eda con frecuencia el sr. Pouget. Cuando se llega a viejo, hay que hacer todav\u00eda proyectos. Si se pierde la cabeza, entonces ya no hay nada que hacer. Estad contentos, seamos felices de vivir: la vida bien empleada es un medio de perfeccionarse. A nosotros toca progresar: los medios no faltan&#8230; Despu\u00e9s de todo, trabajo quiz\u00e1 demasiado para un hombre de mi edad. Cuando uno no se dedica a probar la verdad de la religi\u00f3n (como ha hecho Pascal al final de su vida), se puede trabajar sin desgastarse mucho: no queda m\u00e1s que repetir lo que se ha le\u00eddo en los libros, revisti\u00e9ndolo mal que bien. De otra suerte, se abarca mucho y eso os arruina\u00bb. El sr. Pouget no tem\u00eda \u00abestropearse\u00bb as\u00ed hasta el final, y yo creo que \u00e9sa era una de las razones de su juventud.<\/p>\n<p>Encuentro entre mis papeles una se\u00f1al de esa voluntad de vivir, que se manifestaba hasta en la disposici\u00f3n de su celda.<\/p>\n<p>\u00abQuerido se\u00f1or, escrib\u00eda el a\u00f1o antes de morir, ten\u00eda el texto griego de Plat\u00f3n en ocho vol\u00famenes en peque\u00f1o in-12 (14 por 9). Edici\u00f3n Tauchnitz o Halsche. No me lo han robado, sino que se lo ha llevado alguien de los que ven\u00edan a verme&#8230; y que lo habr\u00e1 metido en su cartera sin darse cuenta: usted podr\u00e1 ser de ellos.<\/p>\n<p>Mirad a ver, segu\u00eda diciendo, si mi volumen no se encuentra por casualidad entre vuestros numerosos libros. Si as\u00ed fuera, me lo traer\u00edais cuando veng\u00e1is a Par\u00eds. Si no est\u00e1 ah\u00ed buscar\u00e9 por otra parte; y adem\u00e1s, me puedo morir dejando a mi Plat\u00f3n desparejado. (Esta frase quer\u00eda decir lo contrario: el sr. Pouget se negaba a morir con un Plat\u00f3n incompleto). En cuanto a m\u00ed, terminaba, me sumerjo cada d\u00eda en la tumba o m\u00e1s bien en el m\u00e1s-all\u00e1. Rece un poco por m\u00ed, por favor. Todo de usted en Nuestro Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>En 1926 hab\u00eda sufrido m\u00e1s que nunca y hab\u00eda corrido peligro de morirse. La suerte dispuso que me encontrara en su casa la tarde en que se sinti\u00f3 enfermo y pude observarle en uno de esos momentos en que la naturaleza habla m\u00e1s que de costumbre. Comenz\u00f3 filosofando sobre las causas: \u00abhab\u00eda llevado las cosas algo lejos\u00bb, y la m\u00e1quina se hab\u00eda descompuesto en pocas horas. Quiso primero acabar la tarea y cumplir la regla del oficio del d\u00eda siguiente recitando un nocturno, y hubo que ayudar su memoria apunt\u00e1ndole como en el teatro. Entonces me di cuenta, seg\u00fan he dicho ya, de su ropa interior terrosa y vestimenta del chu\u00e1n y del forzado. Se hab\u00eda deslizado entre las mantas a medio vestir, como lo deben de hacer los pobres. \u00danicamente se hab\u00eda preocupado de cambiarse el bonete por un gorro gigantesco y en punta que le daba el aspecto de brujo. La fiebre le desataba la lengua, y se le escapaban observaciones ingenuas. Mezclaba lo m\u00e1s elevado y lo m\u00e1s com\u00fan, el alma y el cuerpo, la eternidad y el tiempo de una manera que habr\u00eda sido del gusto de Shakespeare. Yo le hab\u00eda preguntado sobre la muerte.<\/p>\n<p>\u00abEl alma, me dec\u00eda interrumpiendo estas vistas con toda clase de reflexiones sobre sus males, sobre la fiebre que pod\u00eda tener, sobre qu\u00e9 hora era (como hacen los ilustres enfermos que se aferran a la cronolog\u00eda como a un salvavidas), el alma, pues bien, tendr\u00e1 una forma de existencia, probablemente no encadenada a la materia. A Dios le veremos como es. Y con todo, \u00e9l ser\u00e1 sin embargo misterio para todos. A los que quedan no veo por qu\u00e9 no se va a seguir queri\u00e9ndolos. La inmortalidad no exige que estemos en un desierto&#8230; \u00bfDe qu\u00e9 est\u00e1bamos hablando? Ah s\u00ed, ya me acuerdo. De hecho, la mayor parte de los moribundos no tienen sus facultades l\u00facidas: cu\u00e1ndo se va a morir uno creo que no se sabe. Me sucedi\u00f3 tener un s\u00edncope cardiaco. En 1915, me ca\u00ed redondo diciendo misa, sin conocimiento; me despert\u00e9: estaba muy tranquilo; ve\u00eda dos lamparillas, as\u00ed como en un sue\u00f1o. La muerte debe de ser un s\u00edncope. Pero el alma no est\u00e1 obligada a salir inmediatamente, porque la vida no cesa enseguida&#8230; Despu\u00e9s de todo, la muerte no me preocupa sobremanera. Somos hombres de eternidad. Cuando os vay\u00e1is, tomar\u00e9is del caj\u00f3n mis papeles y os los llevar\u00e9is: si me voy, hay peligro de que todo acabe en el fuego. Esta vez me parece que estoy dando el paso a la otra orilla\u00bb. Y, luego de un sue\u00f1ecito, al despertarse de repente:<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfQu\u00e9 cosa ser\u00e1 esta nueva vida?. Me pregunto si no ser\u00e1 m\u00e1s bien una vida que una visi\u00f3n, como se nos dice. Porque la vida es m\u00e1s que la visi\u00f3n. As\u00ed, como veis, yo que no tengo vista, eso no me impide vivir. \u2013Cuando reflexionamos, damos a veces con un hallazgo. Es un momento, es el acto en su punta m\u00e1s afinada. Si pudiera continuar, ser\u00eda la actividad misma, la actividad subsistente. As\u00ed es como me represento la vida eterna, y estoy con Arist\u00f3teles, quien lo hab\u00eda tomado de la observaci\u00f3n. Y as\u00ed mismo, en la Trinidad hay una producci\u00f3n continua. (Cuando os vay\u00e1is, decid abajo que me suban una redomita de agua caliente. Veo que al despedir calor mis pies se cansan). Intra in gaudium Domini tui, eso debe de ser algo espl\u00e9ndido y curioso a la vez. Yo me olvido del pasado. Bueno o malo me olvido de \u00e9l ya que nada puedo a ese respecto. Cierto que yo no he abrazado a Cristo como \u00e9l lo ha hecho conmigo. San Pablo no sigue inm\u00f3vil; tiende hacia el futuro. Hacia all\u00e1 voy yo tambi\u00e9n. Mire en el armario. Hay un vaso y creo que tambi\u00e9n tres medios trozos en el azucarero. Deles unas vueltecitas con el dedo, as\u00ed se fundir\u00e1n antes. Conf\u00edo en el az\u00facar: es el alimento de los m\u00fasculos, se asimila sin demora. Me lo dijo un capit\u00e1n de cazadores alpinos\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s el az\u00facar. \u2013Entonces la muerte, \u00bfqu\u00e9 piensa de ella, sr. Pouget, por fin?<\/p>\n<p>\u00abLe ruego que crea que me repugna. Me parece dif\u00edcil pensar que la humanidad haya sido creada para la muerte. \u00bfPor qu\u00e9 estropear esta necesidad de supervivencia con la tumba siempre abierta? Acaban de dar las seis, hora ya de que vaya al refectorio. Esta tarde no puedo. De paso, al salir dec\u00eddselo al hermano de la porter\u00eda. Sentir\u00eda ganas de ir con Dios, pero tengo algo de miedo. Bien examinado todo (y se mordisqueaba las u\u00f1as de la mano izquierda), no estar\u00e9 descontento de morir. Yo me encomendar\u00e9 a Dios, \u00a1y que ruede la bola! \u00bfSigue usted ah\u00ed? \u2013S\u00ed sr. Pouget. \u2013Ya saben, cuando sea la hora, no se preocupen. Habr\u00e1n de salir. Se lo dir\u00e1n al hermano. Despu\u00e9s de todo, saben, se honra m\u00e1s a Dios con la confianza que con el temor. Mire en mi caj\u00f3n, a la derecha, debajo de las tijeras, encontrar\u00e9is el ordo; querr\u00eda saber si he dicho todas las misas que hab\u00eda prometido. Un momento, el 21 de noviembre, qu\u00e9 se\u00f1al hay en el margen? Una H, \u00bfno?&#8230; S\u00ed, ya me siento tranquilo. Mi caj\u00f3n est\u00e1 ordenado y eso ya es algo. \u00bfNo tengo cartas? Eso es que las hab\u00eda contestado o que no ten\u00eda que contestarlas. Tengo ochenta a\u00f1os pero a\u00fan puedo cumplir m\u00e1s, ya que en mi familia morimos viejos. Ten\u00eda una t\u00eda que muri\u00f3 a los ciento tres a\u00f1os; lo he comprobado\u00bb.<\/p>\n<p>Esta enfermedad no fue m\u00e1s que un aviso. Se repuso y no se volvi\u00f3 a hablar m\u00e1s. No le gustaba que se le recordase. Pero yo hab\u00eda visto todos los movimientos de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Querr\u00eda recordar ahora dos encuentros que tuvo ya en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida y que le sacaron por un instante de la oscuridad.<\/p>\n<p>El primero fue el de Lord Halifax. Se sabe que este noble lord hab\u00eda dedicado su vida a la causa de la unidad de los cristianos y que hab\u00eda dirigido sus esfuerzos a llevar a la cristiandad anglicana a la unidad cat\u00f3lica. Lord Halifax estaba unido por una amistad espiritual absoluta a un humilde lazarista, el padre Portal, que era cohermano del sr. Pouget, e incluso su penitente en sus \u00faltimos d\u00edas. Y despu\u00e9s de la muerte del sr. Portal, de paso por Par\u00eds, se hab\u00eda preocupado a pesar de su avanzada edad de visitar al sr. Pouget para o\u00edr hablar de su amigo. Era el 18 de junio de 1927. Lord Halifax lleg\u00f3 a pie, apoyado en su capell\u00e1n, que no le dejaba un momento.<\/p>\n<p>Fue introducido en la sala de las Reliquias: los lazaristas conservan all\u00ed bajo las vitrinas los recuerdos de sus m\u00e1rtires con objetos que hayan pertenecido a santos o a papas. Lord Halifax pudo ver los instrumentos de suplicio chino, un reloj que hab\u00eda indicado la hora del cura de Ars, y una mulita que hab\u00eda servido a Le\u00f3n XIII. Le dio por hablar, y seg\u00fan su costumbre, en la conversaci\u00f3n familiar que no ten\u00edan necesariamente relaci\u00f3n entre s\u00ed, a no ser por un car\u00e1cter agudo o c\u00f3mico. Sus recuerdos le llevaban hacia el pasado. \u00abGladstone, dijo ese d\u00eda, dedicaba a la Reina sermones y Lord Beaconsfield, (as\u00ed llamaba a Disraeli) cumplidos. Los cumplidos son m\u00e1s agradables, don&#8217;t you think so?\u00bb Despu\u00e9s hubo que explicarle a grandes rasgos lo que era el sr. Pouget. \u00abOh! I see, respondi\u00f3, he is a kind of a saint\u00bb. Enseguida la conversaci\u00f3n entr\u00f3 por derroteros agradables, y cont\u00f3 c\u00f3mo, esa misma ma\u00f1ana, hab\u00eda tenido que hacer una expedici\u00f3n en busca de su pantufla que precisamente se encontraba&#8230; No se deb\u00eda saber nunca el lugar, porque en ese preciso instante entr\u00f3 como un b\u00f3lido el sr. Pouget y con el bast\u00f3n al frente. Le hab\u00eda retrasado una sopa demasiado caliente. Se descubri\u00f3, extendi\u00f3 las manos bajando la frente para buscar d\u00f3nde se encontraban nuestras sombras. Hab\u00eda preparado una especie de frase que conten\u00eda las palabras gran honor para m\u00ed y de venerable lord, y la lanz\u00f3 en primer lugar, pero en direcci\u00f3n equivocada.<\/p>\n<p>Los sentamos en sillas ordinarias y muy cerca al uno del otro, para que pudieran hablar. El sr. Pouget no ve\u00eda, el sr. Halifax no o\u00eda muy bien. Y de vez en cuando sus caras se rozaban. Lord Halifax ten\u00eda las manos enguantadas en ante sujetas al pomo de su bast\u00f3n que coronaba su suave sombrero. La cara, muy p\u00e1lida en su parte inferior, se confund\u00eda con la sombra por estar inclinado hacia delante, como si se confesara. Tan s\u00f3lo se ve\u00eda su bella frente en la que descansaba la luz. El sr. Pouget no hab\u00eda tenido tiempo de asearse. Simplemente se hab\u00eda quitado el gorro redondo, que ten\u00eda tambi\u00e9n en la mano en se\u00f1al de respeto. Hab\u00eda una diferencia notable entre estos dos hombres en cuanto a la condici\u00f3n se refiere. Lord Halifax ten\u00eda acceso a las cortes de Europa, hab\u00eda conocido a los principales jefes de Estado del siglo pasado, y yo creo que en ese momento su hijo gobernaba las Indias. En cuanto al sr. Pouget, aparte de sus pobres padres, los misioneros de la calle de S\u00e8vres y algunos laicos de las Escuelas, no conoc\u00eda m\u00e1s que su Biblia y su casa. A sus ojos, el ciudadano menor ten\u00eda derecho al t\u00edtulo de \u00abSe\u00f1or\u00bb. Lo que por lo pronto indicaba que no era ya campesino y que hab\u00eda subido un pelda\u00f1o. En cuanto a Lord Halifax, no sent\u00eda acepci\u00f3n de personas.<\/p>\n<p>No se hab\u00edan visto nunca. Dar\u00eda la impresi\u00f3n de que se reconoc\u00edan. Hablaban como discuten los lores de los asuntos del Imperio en los rojos cojines de Westminster o como hablan de la guerra posible dos campesinos mientras llevan sus animales a beber. Ni de uno ni de otro se habr\u00eda podido decir que no era educado, si al menos queremos entender por educaci\u00f3n la observancia de ese c\u00f3digo mundano que supone cierta afectaci\u00f3n y la conciencia de las buenas maneras. Ninguno de los dos ten\u00eda ra\u00edces en esa clase que se llama burgues\u00eda y que, en el siglo pasado, regentaba los Estados y las costumbres. Pertenec\u00edan al terru\u00f1o y daba la impresi\u00f3n de que si se hubieran encontrado en el siglo XIII, en cualquier camino campestre, ante las labores o las cosechas, se habr\u00edan sentido mucho m\u00e1s c\u00f3modos. Habr\u00edan conversado con mucha m\u00e1s sencillez todav\u00eda y con m\u00e1s familiaridad como Ulises y Alcinoo, ya que por encima de todo lo que es cortes\u00eda, educaci\u00f3n y buenas costumbres, veo una nobleza natural y primitiva que se transmite por la sangre.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed c\u00f3mo se desarroll\u00f3 la conversaci\u00f3n entre estos dos sabios. Ten\u00edan ya algo de com\u00fan y de comuni\u00f3n en las enfermedades de la edad avanzada. Hab\u00edan comenzado por sus ojos. Lord Halifax hab\u00eda insinuado que se hab\u00eda descubierto c\u00f3mo operar el glaucoma. \u2013\u00a1Qu\u00e9 pena! Dijo el sr. Pouget, es demasiado tarde. Usted y yo ya podemos decir que somos mayores. \u2013Cuando se tienen 88 a\u00f1os, respondi\u00f3 Lord Halifax, se sabe muy bien que lo m\u00e1s largo debe ser corto. \u2013Nunca se sabe, dijo el sr. Pouget; tengo un t\u00edo que muri\u00f3 a los 97 a\u00f1os y una t\u00eda a los 103. Es verdad que eran campesinos sin preocupaciones y que viv\u00edan al aire libre. Lo que acorta la vida son las inquietudes y el trabajo de cabeza. \u2013 Ni que lo diga, dijo Lord Halifax y repiti\u00f3: las inquietudes, el trabajo de cabeza. Luego, despu\u00e9s de sopesar sus cartas, al igual que los ancianos, llegaron al tema en cuesti\u00f3n. Viendo a este campesino y a este gran se\u00f1or, me maravillaba de cu\u00e1nta igualdad establece el cristianismo entre los hombres. El sr. Pouget: \u00abEn el entierro del sr. Portal, hab\u00eda hombres en cantidad. Hab\u00eda gente que ten\u00eda un nombre. Para que tanta gente se molestara, era preciso que fuera estimado quien no pose\u00eda ning\u00fan t\u00edtulo social\u00bb. Sabemos que era costumbre del sr. Pouget medir a los seres: cubiquemos el sol, expresaba en su clase, y de esta forma calculaba la fama del sr. Portal por la longitud de su \u00faltimo cortejo.<\/p>\n<p>Lord Halifax: Era imposible conocerle sin apreciarle. Era imposible no sentir por \u00e9l el mayor respeto y el mayor amor. \u2013El sr. Pouget: Se hab\u00eda preocupado por los j\u00f3venes y, en los \u00faltimos tiempos, por los que ense\u00f1an en las escuelas de los pueblos. La corrupci\u00f3n llega con la irreligi\u00f3n. Tenemos el ejemplo de Rusia, que es terrible. Es verdad, despu\u00e9s de una guerra en la que ha habido ocho millones de ca\u00eddos, se entiende que las potencias hayan querido firmar la paz a cualquier precio, pero&#8230; Lord Halifax: Me alegro de que Inglaterra se encuentre ahora fuera de todo eso. \u2013El sr. Pouget: Vosotros nos hab\u00e9is dado el ejemplo de un gobierno moderado. Hay que confesar que los imperialismos no sirven de nada. \u00abNosotros, los ingleses, dec\u00eda ante m\u00ed un d\u00eda vuestro Briggs, queremos tener garant\u00edas contra la corona\u00bb. Y Briggs dec\u00eda tambi\u00e9n: \u00abEl decreto del Concilio de 1870 sobre la infalibilidad no nos asusta, porque es limitativo\u00bb. De hecho, P\u00edo IX s\u00f3lo ha proclamado la Inmaculada Concepci\u00f3n. Cuando vi llegar a P\u00edo X me dije: \u00e9ste va a darnos definiciones. No ha dado ninguna. Definir es atar a los dem\u00e1s, pero tambi\u00e9n a s\u00ed mismo. En la pr\u00e1ctica, hay que definir lo menos posible. En cuanto a vuestras \u00f3rdenes, a\u00f1adi\u00f3 el sr. Pouget, os voy a decir lo que pienso. \u00bfHay alguien m\u00e1s en la sala?\u00bb Le tranquilizaron.<\/p>\n<p>Tiempos atr\u00e1s el sr. Portal hab\u00eda sacado a luz la cuesti\u00f3n de las \u00f3rdenes anglicanas; Le\u00f3n XIII hab\u00eda nombrado una comisi\u00f3n para estudiar la validez de las \u00f3rdenes: y \u00e9sta hab\u00eda declarado que las ordenaciones anglicanas no eran v\u00e1lidas. Esta decisi\u00f3n hab\u00eda afectado a Lord Halifax. Hab\u00eda paralizado durante veinticinco a\u00f1os sus campa\u00f1as. El sr. Pouget hab\u00eda estudiado la cuesti\u00f3n por su parte. Las \u00f3rdenes anglicanas, dec\u00eda, son \u00abpor lo menos dudosas\u00bb y hay que ser tuciorista en materia de sacramento.<\/p>\n<p>Cualquiera otro que no fuera \u00e9l ante Lord Halifax habr\u00eda soslayado la cuesti\u00f3n o habr\u00eda velado su parecer por educaci\u00f3n o se habr\u00eda parapetado tras la disciplina romana. Ah\u00ed es donde me di cuenta de la vanidad de lo que se llama diplomacia en materia de fe y c\u00f3mo la l\u00ednea recta es el camino m\u00e1s corto entre las conciencias.<\/p>\n<p>\u00abEn vuestras \u00f3rdenes, pues, continu\u00f3, habr\u00e1 siempre una duda entre vosotros y nosotros. Ni usted ni yo podemos evitarlo. Pero Cristo que nos ha sometido a los sacramentos, no se ha sometido a ellos \u00e9l mismo\u00bb. Esto se dec\u00eda para indicar que la gracia va m\u00e1s lejos que las fronteras visibles. El sr. Pouget dio entonces un salto hacia el porvenir, y se pregunt\u00f3 c\u00f3mo podr\u00eda legalizarse el regreso de la Iglesia anglicana cuando llegase el momento de la uni\u00f3n. Se esforzaba a su manera en determinar lo m\u00ednimo que Roma podr\u00eda exigir, y se basaba en el estilo de la Iglesia primitiva mucho m\u00e1s que en las teor\u00edas de los te\u00f3logos. \u00abEn el fondo, dec\u00eda, ser\u00eda suficiente que el papa reconociera a vuestros obispos como obispos de la Iglesia cat\u00f3lica. Y para ello, le veo imponiendo las manos a vuestro arzobispo de Canterbury, quien, a su vez, impondr\u00eda las manos a los otros obispos\u00bb. Y a\u00f1ad\u00eda: \u00abSer\u00eda un asunto considerable\u00bb. Luego, sonriendo: \u00abSi yo fuera papa, le ruego que crea que habr\u00edamos acabado pronto\u00bb. Sabemos que el sr. Pouget era expeditivo y poco pagado de normas. Admiraba c\u00f3mo El\u00edas al encontrar a Eliseo en sus trabajos le hab\u00eda echado el manto sobre la cabeza para consagrarle profeta. Y admiraba tambi\u00e9n, en el libro de los Hechos, c\u00f3mo se hab\u00eda realizado, bajo el impulso repentino del Esp\u00edritu, la ordenaci\u00f3n de Pablo y de Bernab\u00e9. Su idea era que los Ingleses eran un gran pueblo y que ten\u00eda con justicia su orgullo; que era preciso, para bien de la paz y de la unidad, suprimir todo lo que no era necesario en las exigencias. Lord Halifax escuchaba y aprobaba en silencio. Entonces el sr. Pouget continu\u00f3, como si representase a todo el catolicismo romano: \u00abSentimos una estima inmensa por vuestra Iglesia y, dejando aparte los cumplidos, la vista de gente como usted no puede por menos de aumentarla. Es una obra admirable el trabajo por la Uni\u00f3n. Hay que esperar que \u00e9sta se realizar\u00e1, puesto que represent\u00e1is a un inmenso Imperio. Y yo deseo la uni\u00f3n con todas mis fuerzas, no para que el catolicismo se extienda sino para que sea glorificado el nombre de Dios. \u00abEntonces Lord Halifax se levant\u00f3, y haciendo adem\u00e1n de echar una rodilla en tierra: \u00abPadre, dijo, quiere darme su bendici\u00f3n\u00bb. El pensamiento de impartir una bendici\u00f3n nunca se le hab\u00eda ocurrido al sr. Pouget; entre los cat\u00f3licos, eso queda casi reservado a los obispos. Y aun si el sr. Pouget hubiera sido obispo, se habr\u00eda sentido confundido. Bien sab\u00eda yo c\u00f3mo le gustaba aquel rasgo del primer papa, quien al ver posternarse al centuri\u00f3n Cornelio, hab\u00eda dicho:<\/p>\n<p>\u00abLev\u00e1ntate, Cornelio, yo tambi\u00e9n soy un hombre\u00bb. Con este esp\u00edritu respondi\u00f3 \u00e9l a Lord Halifax, arrodill\u00e1ndose a su vez: \u00abNo soy m\u00e1s que un pobre sacerdote. Vamos a pedir a otro que nos bendiga\u00bb. Como ambos ve\u00edan mal y mal hab\u00edan calculado las distancias, se golpearon la frente. Lord Halifax, levant\u00e1ndose, bes\u00f3 las manos del sr. Pouget, como sol\u00eda a veces con las damas.<\/p>\n<p>Otra visita digna de rese\u00f1ar es la que el sr. Pouget hizo al sr. Bergson. Ya hemos dicho el respeto que sent\u00eda por el sr. Bergson, cuyas clases hab\u00eda seguido, cuyos libros hab\u00eda le\u00eddo con sumo cuidado. El \u00faltimo libro que pudo devorar con la vista fue L&#8217;\u00c9volution cr\u00e9atrice. El \u00faltimo libro que le leyeron fue Les deux sources. Yo alucinaba siempre, cuando hablaba de Bergson, la equidad de su interpretaci\u00f3n. Las met\u00e1foras, las gracias, el talento, el aparato dial\u00e9ctico o literario, la insistencia sobre lo moviente y lo que dura, la timidez ante el trabajo de la raz\u00f3n con sus solas luces, en suma todo la que hab\u00eda contribuido hacia 1910 al triunfo del sr. Bergson en este mundo, no se ve verdaderamente en qu\u00e9 pudo eso seducir al sr. Pouget. Pero \u00e9l sab\u00eda saborear y alabar en los dem\u00e1s aquello de lo que carec\u00eda, y a todo le daba la mejor interpretaci\u00f3n. Su m\u00e1xima era aceptar a la gente tal como es. Recuerdo haberle le\u00eddo p\u00e1ginas de L&#8217;\u00c9volution cr\u00e9atrice que eran dif\u00edciles de comprender bien, sobre todo al escucharlas sin poder recordarlas con la mirada que repite o se adelanta. Ve\u00eda plegarse sus labios, arrugarse su frente que se encorvaba hacia la mesa, igual que cuando se labra la tierra se encuentra una roca. Y dec\u00eda tan s\u00f3lo: \u00abPoned una se\u00f1al. Me tendr\u00e1n que volver a leer eso\u00bb.<\/p>\n<p>Recuerdo c\u00f3mo defend\u00eda al sr. Bergson cuando se acusaba a L&#8217;\u00c9volution cr\u00e9atrice de no hablar de Dios. \u00abQu\u00e9 diablos, dec\u00eda, no est\u00e1 uno obligado a decirlo todo. \u00c9l no niega lo que no dice\u00bb. Su idea era que hab\u00eda que respetar el esp\u00edritu y no apagarlo, sino solamente filtrar lo que era bueno. Ahora bien, hab\u00eda mucho bueno y hasta excelente en Bergson. No ve\u00eda s\u00f3lo en \u00e9l a alguien que hab\u00eda recuperado las fuentes de lo espiritual o tambi\u00e9n como P\u00e9guy que hab\u00eda ense\u00f1ado a los esp\u00edritus habituados la novedad y la frescura del ser. Cre\u00eda que Bergson (que \u00e9l pronunciaba a la francesa, igual que maison) hab\u00eda aportado un nuevo modo de concebir la sustancia: all\u00ed donde se ve\u00eda algo inm\u00f3vil o abstracto, nos hab\u00eda hecho adivinar un surtidor agudo y una energ\u00eda en acto. \u00abSomos una vibraci\u00f3n instant\u00e1nea que se repite. Eso, Bergson lo ha visto bien y lo ha dicho bien\u00bb.<\/p>\n<p>El sr. Bergson hab\u00eda devuelto a los hombres el sentido de la creaci\u00f3n, no de buenas a primeras y al hablar del Creador, sino dando a entender que las realidades tomadas de la experiencia presentaban dos caracteres opuestos de energ\u00eda extrema y de proceso inacabado, lo que no se explica, cuando se quiere reflexionar, sin el impulso y el soporte de una realidad infinita y que se baste. Hab\u00eda tambi\u00e9n en Bergson un horror a las teor\u00edas, un sentido de la existencia concreta que no dejaban de apasionarle. Porque, partiendo de una especie de cientismo a lo Spencer, iba al encuentro del alma, y el sr. Pouget de la escol\u00e1stica antigua hab\u00eda ido al encuentro de los hechos. Uno se hab\u00eda elevado cada vez m\u00e1s hacia Dios, el otro se hab\u00eda inclinado cada vez m\u00e1s hacia el hombre. En el t\u00e9rmino medio pod\u00edan encontrase.<\/p>\n<p>Pero era bien dif\u00edcil hacerles encontrarse en este mundo: las distancias sociales, las enfermedades, la discreci\u00f3n, todo eran obst\u00e1culos. A\u00f1adid a eso que, a partir de noviembre de 1932, el sr. Pouget se debilit\u00f3 cada vez m\u00e1s y no sali\u00f3 ya de la enfermer\u00eda, no comi\u00f3 m\u00e1s, afirmando que si fuera Chino se le dar\u00eda ya por muerto. Resultaba cada vez m\u00e1s imposible lograr que saliera. Sin embargo las circunstancias le llevaron, muri\u00e9ndose como estaba, al sal\u00f3n del sr. Bergson. Su amigo, el sr. Chevalier, hab\u00eda sido condecorado, y el sr. Bergson hab\u00eda aceptado entregarle su cruz. En esta ocasi\u00f3n invit\u00f3 al sr. Pouget a almorzar: a continuaci\u00f3n asistir\u00eda a la ceremonia. De almuerzo no hab\u00eda que hablar con un enfermo as\u00ed. Pero los vientos soplaron a favor para la expedici\u00f3n. Aquel domingo 12 de febrero, hac\u00eda un hermoso sol radiante. El sr. Pouget se visti\u00f3. Consinti\u00f3 en dejarse cepillar. \u00abYa ve, dec\u00eda al hermano, voy a casa del sr. Bergson; tengo que estar presentable\u00bb. Y el hermano segu\u00eda cepillando con ese fervor indiferente de los religiosos que no necesitan tener razones para hacer las cosas que les piden. De sus dos sombreros el sr. Pouget hab\u00eda elegido no el sombrero grande de pelos sedosos que le habr\u00eda hecho parecer demasiado anticuado y que por lo dem\u00e1s estaba cubierto de una capa de polvo venerable, sino el sombrero peque\u00f1o de verano, el que no le cubr\u00eda la cabeza. Se arm\u00f3 de su bast\u00f3n que deb\u00eda explorar el horizonte por \u00faltima vez. Y as\u00ed mismo de un tratadito de la Redenci\u00f3n que quer\u00eda regalar al fil\u00f3sofo.<\/p>\n<p>\u00abEs, dec\u00eda, el que me ha llevado a mi mayor uni\u00f3n con Cristo\u00bb. Una vez en el coche, el sr. Pouget observ\u00f3 que antes de los ensanches de Par\u00eds deb\u00eda de haber jardines en lugar de estos bonitos barrios. Llegaron al apartamento. \u00abQu\u00e9 suave es el calor aqu\u00ed\u00bb, dijo mientras un criado vestido de negro le tomaba el sombrero, el bast\u00f3n, a los que a\u00f1adi\u00f3 el parabrisas de pa\u00f1o que le cubr\u00eda los ojos, un criado impert\u00e9rrito, tan indiferente, tan servicial como el hermano de hac\u00eda un momento, pero sin duda por otros motivos.<\/p>\n<p>El sr. Bergson estaba sentado en el centro de su sala, dando la espalda a la ventana y en la posici\u00f3n del estratega que puede verlo todo sin ser observado. El sr. Pouget le salud\u00f3 con profunda reverencia no sin antes asegurarse de que \u00abse trataba del sr. Bergson a quien ten\u00eda el honor de hablar\u00bb. Y a\u00f1adi\u00f3: \u00abAqu\u00ed ten\u00e9is a un hombre al borde de la tumba\u00bb, lo que permiti\u00f3 contradecirle a coro; \u00a1ay! era m\u00e1s cierto de lo que todos pens\u00e1bamos.<\/p>\n<p>El contraste de estos dos hombres era impresionante. El sr. Bergson, sin dejar su sof\u00e1, parec\u00eda lleno de savia y de juventud. Su rostro estaba coloreado por el aflujo de una sangre fresca. Sus ojos eran claros, m\u00f3viles, llenos de agudezas, pero a la vez t\u00edmidos y ligeramente interrogativos. Se advert\u00eda en \u00e9l, como siempre, ese respeto un tanto celoso de su propio pensamiento, un aire de hacerle esperar para revelarle, y el cuidado extremo de no decir nada que sobrepasase su certidumbre del momento presente. Pero aquel d\u00eda se notaba a\u00fan una especie de deferencia hacia su viejo servidor que iba un poco m\u00e1s all\u00e1 de la educaci\u00f3n y que era bien admirable en un esp\u00edritu semejante. El sr. Pouget hablaba como lo habr\u00eda hecho en su celda: la ceguera y proximidad de la muerte le quitaban esos cuidados que habr\u00eda tenido si se hubiera encontrado en un sal\u00f3n en el que hubiera sospechado la presencia de damas. Conservaba el sentimiento de sus or\u00edgenes campesinos y de la humildad lazarista; sin embargo se sent\u00eda due\u00f1o por un esp\u00edritu de sumisi\u00f3n a la verdad y por esa autoridad que recib\u00eda de la Iglesia, de la que tal vez se sent\u00eda embajador.<\/p>\n<p>No entraba en su estilo servirse de esos cumplidos sinceros que tributamos a los grandes. Se dejaba llevar a sus digresiones, empujado por el deseo insaciable de instruir y de instruirse al mismo tiempo; y cuando le ve\u00eda contar con los dedos la edad de los patriarcas en el Pentateuco samaritano, a fin de ilustrar el problema de la antig\u00fcedad del hombre o tambi\u00e9n de establecer a qu\u00e9 edad hab\u00eda engendrado Matusal\u00e9n, seg\u00fan la Biblia, me preguntaba si no se encontraba todav\u00eda en clase; pero \u00e9l no pod\u00eda permitirse hablar sin pruebas. Cuando el sr. Bergson se explicaba todo era diferente. Cada frase era lenta, ritmada y balanceada, con sus acentos y sus silencios que son los plenos y los sutiles de la palabra, como si leyera sus frases dentro de s\u00ed mismo. Se habr\u00eda podido copiar al dictado y transportar a la imprenta sin que se hubiera tenido que cambiar una iota o un apex. El encuentro me tra\u00eda a la memoria el de Lacordaire con el cura de Ars. Era el arte m\u00e1s perfecto que se encontraba con la naturaleza m\u00e1s concreta y m\u00e1s simple, no para luchar contra ella, sino para respetarle, para envidiarla de alg\u00fan modo y unirse a ella. Entre todos los vericuetos del sr. Pouget se pod\u00eda adivinar con facilidad lo que el sr. Bergson habr\u00eda llamado en otros lugares su \u00abhilo conductor\u00bb. Quer\u00eda demostrar cu\u00e1nta libertad dejaba la verdadera religi\u00f3n a la investigaci\u00f3n y c\u00f3mo concordaba la fe bien entendida con los resultados que el sr. Bergson hab\u00eda alcanzado por m\u00e9todos positivos y sin mezclar en ello deseo alguno. La memoria captaba al paso los puros pensamientos, bellos por lo precisos y prudentes que afloraban a los labios del sr. Bergson. \u00abEl dios de Arist\u00f3teles no es aquel a quien se dirigen nuestras plegarias\u00bb. Y luego: \u00abLo que me ha llamado la atenci\u00f3n en el Jes\u00fas de los Evangelios, a quien he llamado el pr\u00edncipe de los m\u00edsticos, es la consigna de caminar siempre al frente, de forma que se pueda decir que el elemento estable del cristianismo es la orden de no detenerse nunca\u00bb. Y, de vez en cuando, el sr. Bergson se inclinaba sobre su bast\u00f3n y aprobaba: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 interesante es todo esto!\u00bb De esta forma hablaron casi una hora. A todas luces se ve\u00eda al sr. Bergson feliz de o\u00edrse decir por un cat\u00f3lico notable que no hab\u00eda nada en su \u00faltima obra contrario al esp\u00edritu de la Iglesia. Se informaba del sentido de ciertos dogmas, de los dominios dejados a la investigaci\u00f3n y a la interpretaci\u00f3n. Sobre la antig\u00fcedad del hombre, sobre el monogenismo, sobre el pecado original, sobre la autoridad de santo Tom\u00e1s, sobre la inspiraci\u00f3n de las Escrituras, sobre la resurrecci\u00f3n de los muertos, sobre la eternidad de las penas, sobre los diversos grados de asentimiento que se pod\u00eda dar a las f\u00f3rmulas de la creencia, \u00e9l hizo preguntas. Al final, como hab\u00eda que cerrar la entrevista, el sr. Bergson, sopesando una vez m\u00e1s sus palabras, rebusc\u00e1ndolas con el fin de darse el placer de encontrarlas mejor, dijo: \u00abC\u00f3mo ser\u00eda de desear que se estudiaran estas cuestiones tan importantes, en particular las que se refieren a la Biblia, bajo una nueva luz, sin tomar partido, decididos a olvidar todas las especulaciones antiguas a las que nos hemos podido entregar, decididos a rechazar tambi\u00e9n en las afirmaciones de los sabios todo lo que no es la constataci\u00f3n, pura y simple, de los hechos. Pues es un m\u00e9todo deplorable estudiar una cuesti\u00f3n con la preocupaci\u00f3n de probar de antemano esto o aquello, o de refutar a \u00e9ste o al otro. Y parece que hasta hoy no se han estudiado los problemas religiosos con estas miras\u00bb.<\/p>\n<p>Entretanto se quiso dar a gustar al sr. Pouget una copa de champ\u00e1n. Se puede decir que apenas lleg\u00f3 a humedecer sus labios. Se hab\u00eda cansado con este gran esfuerzo, y sus rasgos se alteraron. En el taxi que tra\u00edamos, dec\u00eda: \u00abMiren, nosotros somos los sencillos y nos lanzamos todav\u00eda m\u00e1s arriba que estas grandes mentes\u00bb. Y a\u00f1ad\u00eda: \u00abHay que tener presente todo eso de vez en cuando y no por demasiado tiempo pues nos dar\u00eda f\u00e1cilmente dolor de cabeza\u00bb. Yo deb\u00eda pasar un examen. Me daba consejos campesinos: \u00abNo se apresure, hable despacio, como si fuera un anciano, pero un anciano todav\u00eda inmaduro. Sea cort\u00e9s con su juez. D\u00edgale: \u00abSe\u00f1or, yo no puedo medirme con usted, que se lo sabe mucho mejor que yo; pero luego, suelte su rollo y diga lo que sabe\u00bb. Despu\u00e9s volv\u00eda al sr. Bergson: \u00abEl sr. Bergson me gusta con su religi\u00f3n sin l\u00edmites\u00bb. Ya en casa, volvi\u00f3 al estado de moribundo. Pero en los intervalos pensaba en la conversaci\u00f3n que le hab\u00eda proporcionado un inmenso gozo; pesaba con respeto las dificultades que se pueden erigir ante un alma grande llegada al umbral de la religi\u00f3n verdadera, sin haberse sentido ayudada por la herencia y por la ense\u00f1anza de las madres; cuando le preguntaban al sr. Bergson sobre la impresi\u00f3n que este anciano sacerdote le hab\u00eda podido causar, respond\u00eda con su precisi\u00f3n acostumbrada: \u00abYo me acuerdo que me habl\u00f3 de la Escritura, que me dijo en este sentido cosas muy atrevidas, muy originales, de las que me preguntaba yo si ser\u00edan aceptadas por los te\u00f3logos. Pero yo me dec\u00eda que esto debe de ser la verdad, tan sencillo es. Ten\u00eda la impresi\u00f3n de alguien que no trata de ser rebuscado, que dice algo que todo el mundo hubiera debido ver, pero que necesitaba de una intuici\u00f3n de esp\u00edritu singular para verlo tal como es\u00bb.<\/p>\n<p>En los momento en que era due\u00f1o de s\u00ed se hab\u00eda puesto a componer de cabeza un peque\u00f1o trabajo sobre la resurrecci\u00f3n para ofrec\u00e9rselo al sr. Bergson. Hab\u00eda sacado a relucir el problema de las apariciones en Jerusal\u00e9n y su concordancia con las apariciones de Galilea.<\/p>\n<p>\u00abSe da cuenta, me dec\u00eda la \u00faltima vez que le v\u00ed, me pregunto si <em>proag\u00f3<\/em> quiere decir \u00bb preceder\u00bb, como se traduce por lo general &#8216;yo os preceder\u00e9 en Galilea&#8217;. He mandado consultar el Bailly, de manera que&#8230; de manera que&#8230;\u00bb. Aqu\u00ed ya no pudo decir m\u00e1s, y nunca llegu\u00e9 a entender su idea. Quiz\u00e1 las cosas empezaban ya a embrollarse un poco.<\/p>\n<p>Y dec\u00eda asimismo suspirando: \u00abEs extraordinario qu\u00e9 paciencia he tenido en mi vida. Oh! \u00a1qu\u00e9 paciencia he tenido! No s\u00e9 si he trabajado bien. Pero he trabajado mucho. Puedo decir que no he tenido nunca vacaciones\u00bb. Luego: \u00a1Ah! si no fuera por Cristo, le confieso que, por mi parte&#8230;\u00bb. Y tambi\u00e9n dec\u00eda: \u00abLa muerte es un detalle sin importancia. Y hasta dir\u00eda que morir es dulce. Lo duro es dejar a quienes se ama\u00bb. Era la primera vez que se le o\u00eda decir una palabra de este g\u00e9nero; como los campesinos, era tierno, no expresaba nunca el amor<\/p>\n<p>Durante los \u00faltimos d\u00edas estuvo bajo la vigilancia de un hermano, quien fue el \u00fanico testigo de su muerte. Esta es la carta que me escribi\u00f3:<\/p>\n<p>\u00abLa gracia de Nuestro Se\u00f1or est\u00e9 siempre con nosotros.<\/p>\n<p>Desde el mes de mayo \u00faltimo ha debido usted preguntarse qu\u00e9 pod\u00eda ser del hermano V&#8230; Mi querido se\u00f1or, yo no le hab\u00eda olvidado, pero mire por d\u00f3nde, en Par\u00eds, en la enfermer\u00eda dispongo de un poco de tiempo y me dije que aqu\u00ed donde he llegado como todos los a\u00f1os para tomar alg\u00fan descanso podr\u00e9, en la medida de mis escasos medios y con mucho gusto, contaros en cuanto me sea posible los \u00faltimos d\u00edas de la hermosa y dulce muerte del sr. Pouget. Yo entraba en la enfermer\u00eda a principios del a\u00f1o en que muri\u00f3 el sr. Pouget, es decir algo antes de su muerte, pero ya le conoc\u00eda bien antes, siempre he admirado en \u00e9l al sacerdote, al religioso y su gran sencillez hasta el final. \u00a1Oh! qu\u00e9 bien se sent\u00eda uno con \u00e9l. Estaba privado de la luz terrestre, pero su esp\u00edritu ve\u00eda por decirlo as\u00ed. Ya conoce, querido se\u00f1or, todos sus sufrimientos, todas sus enfermedades, no me detendr\u00e9 en ello. Habituados como est\u00e1bamos todos a ver al sr. Pouget sufriendo y caminando despacito, no nos esper\u00e1bamos un final tan r\u00e1pido. As\u00ed pues, una tarde, aunque hubiera celebrado la misa por la ma\u00f1ana, experiment\u00f3 un malestar y me mand\u00f3 a buscar al hermano Brion que era para \u00e9l un antiguo amigo. Este buen hermano, a quien una larga experiencia con los enfermos y sobre todo con los ancianos le ha hecho precioso, le dio a entender que Dios podr\u00eda muy bien llamarle a S\u00ed y que era prudente recibir los \u00faltimos sacramentos. El sr. Pouget no puso ninguna dificultad y envi\u00f3 a buscar a su confesor, el actual superior general, el sr. Souvay, nuestro muy honorable padre. Cuando lleg\u00f3 el momento del sacramento, respondi\u00f3 \u00e9l mismo a las oraciones con una gran calma y la fe que usted ya conoce, querido se\u00f1or. Acabada la ceremonia, el padre Pouget exclam\u00f3: \u00ab\u00a1Ah! se me olvid\u00f3 (acababa de confesarse) eso es, continu\u00f3, en mi pobre vida con la gracia de Dios he realizado unas cuantas cosas, habr\u00eda debido devolverle toda la gloria; \u00a1ay! cierto es que a veces se me han subido los humos (en su propia expresi\u00f3n)\u00bb.<\/p>\n<p>El se\u00f1or asistente le tranquiliz\u00f3. \u00bfNo cree que el buen Dios habr\u00e1 perdonado este peque\u00f1o olvido? A partir de ese d\u00eda, el sr. Pouget no se levant\u00f3 m\u00e1s de la cama, deb\u00eda vivir a\u00fan ocho d\u00edas si no recuerdo mal. Se confes\u00f3 la antev\u00edspera de su muerte, y fue hasta el fin lo que hab\u00eda sido siempre; se ve\u00eda en \u00e9l esa sencillez encantadora. Un d\u00eda, muy ocupado en escuchar un relato que le interesaba, respondi\u00f3 algo bruscamente a un cohermano que hab\u00eda llegado sin previo aviso a su cuarto. Y cuando algunos d\u00edas despu\u00e9s este cohermano volvi\u00f3 a verle, se sinti\u00f3 feliz de presentarle sus excusas. Pero todos conoc\u00edan la brusquedad del sr. Pouget y hasta les gustaba esta forma de responder a veces. Al pedirle la bendici\u00f3n, era conmovedor verle quitarse el gorro de noche, gesto que mostraba su gran respeto por todo lo que se refer\u00eda a las cosas de Dios.<\/p>\n<p>El \u00faltimo d\u00eda de su muerte, su palabra se le embarullaba y por la tarde cay\u00f3 en coma. Se recitaron a su lado las preces de los agonizantes. Por la noche yo estaba ocupado en el servicio de los otros enfermos y uno de nuestros seminaristas estaba a su lado. Al darse cuenta de que la respiraci\u00f3n disminu\u00eda sensiblemente, nos llam\u00f3. En torno a su lecho, arrodillados, con toda el alma ped\u00edamos al Maestro que viniera a buscar el alma de su siervo y que le descubriera esta luz que constituye la felicidad de los santos y que ha debido compensarle tan ampliamente por la que le falt\u00f3 en la tierra. Y entonces, con toda dulzura, sin debatirse y, por lo que puedo acordarme, dibuj\u00f3 una sonrisa, bien grabada se me qued\u00f3, su cara se contrajo levemente en \u00faltimo instante, su mand\u00edbula traz\u00f3 un peque\u00f1o movimiento pero ese movimiento era una sonrisa.<\/p>\n<p>Y cuando de todo coraz\u00f3n le dec\u00eda una y otra vez estas bellas invocaciones: Padre eterno, os ofrezco las plagas de nuestro Se\u00f1or Jesucristo por la salvaci\u00f3n de su alma. Mi buen Jes\u00fas, perd\u00f3n y misericordia para nuestro buen padre Pouget por los m\u00e9ritos de vuestras santas llagas, nuestro buen padre entraba en la posesi\u00f3n de su Dios.<\/p>\n<p>Suplicando perd\u00f3n por el largo retraso en contestar a su amable carta, me declaro en el amor de Nuestro Se\u00f1or y de Mar\u00eda Inmaculada su servidor incondicional.<\/p>\n<p>A.V., indigno hermano de la Misi\u00f3n.<\/p>\n<p>El sr. Pouget hab\u00eda muerto el 24 de febrero. Yo llegu\u00e9 a Par\u00eds el d\u00eda siguiente por la tarde, y sin atreverme a pronunciar la palabra fat\u00eddica, pregunt\u00e9 \u00abel sr. Pouget\u00bb al hermano de siempre de la porter\u00eda, como si todav\u00eda fuese de este mundo. El gorro del portero no se movi\u00f3, pero en su mirada hubo un gesto de duelo. El hermano estaba a su servicio, que era el de introducir ante los vivos y tambi\u00e9n ante los muertos. La diferencia era que los muertos recib\u00edan en la planta baja, en una sala especial y que no se hac\u00edan esperar.<\/p>\n<p>El cuerpo del sr. Pouget estaba expuesto en una capilla completamente vac\u00eda, revestido de un roquete blanco y ornamentos violeta, con un rosario entre las manos juntas, y tocado con un bonete. No recordaba haberle visto con bonete. Un gorro redondo era todo su tocado. All\u00ed estaba pues, con todos los ornamentos sacerdotales, pero callado para siempre.<\/p>\n<p>Sus pies me parec\u00edan enormes, desproporcionados con el resto del cuerpo, y con zapatillas de cuero que no recuerdo hab\u00e9rselas visto. Me deb\u00edan explicar que eran los calzados comunes a los muertos, que deben ser muy grandes para adaptarse a los pies. Dos novicios situados frente a frente recitaban el oficio con voz juvenil, mon\u00f3tona y blanca; y de paso, yo reconoc\u00eda varios vers\u00edculos que el sr. Pouget me hab\u00eda hecho comparar en el pasado con el original y tambi\u00e9n, si era preciso, corregir y recomponer, por no estar conformes a la hebraica veritas; porque llevaba mal un contrasentido, por venerable que fuera. Esta vez hab\u00eda entrado en la indiferencia.<\/p>\n<p>Ahora los que salmodiaban no se percataban del sentido de lo que estaban haciendo. Para ellos el sr. Pouget era un sacerdote de la casa muerto la v\u00edspera, a quien hab\u00edan encontrado por los pasillos cojeando y tanteando y de quien hab\u00edan o\u00eddo contar algunos de sus rasgos curiosos y legendarios. Cuando se fueron, me acerqu\u00e9 al sr. Pouget, me qued\u00e9 mir\u00e1ndole por \u00faltima vez. Hace falta mucho tiempo para familiarizarse con la belleza de los muertos. \u00a1Qu\u00e9 cambios en sus rostros que podr\u00edamos creer apagados pero que son todo esp\u00edritu! Le volv\u00eda a ver tal como le hab\u00eda conocido, en particular en cuanto a la parte superior de la cabeza, esa frente monumental, las cavernas de los ojos que la muerte se hab\u00eda reservado hac\u00eda tiempo. La cara era grave, con una especie de sonrisa esc\u00e9ptica; y a veces esta sonrisa parec\u00eda convertirse en una mueca de disgusto, como si se hubiera quedado en sus labios una broma demasiado amarga. Al retirarme un paso, la cara se volv\u00eda severa, huesuda, con un no s\u00e9 qu\u00e9 de yerto y glacial. Bien parec\u00eda reflexionar sobre una dificultad temible, bien parec\u00eda ense\u00f1ar todav\u00eda, pero sin digresiones, con la dureza del que define. Pero de pronto se volv\u00eda diferente y sin cambiar de gesto, una luz juvenil, una especie de sonrisa deliciosa iluminaba de nuevo su rostro: se dir\u00eda que acababa de comulgar y la forma, al fundirse bajo los labios, rejuvenec\u00eda todo su ser. Entonces hab\u00eda en su cara algo delicado, melanc\u00f3lico y virginal; si se le hubieran separado los trazos, se habr\u00eda dudado si pertenec\u00edan a un hombre o a una mujer.<\/p>\n<p>Observaba tambi\u00e9n la sinuosidad de sus orejas inmensas. Su cabello todav\u00eda negro, a pesar de su edad, y rizado al natural como el de las estatuas antiguas. Y mientras tanto se ten\u00eda la impresi\u00f3n de que iba a abrir la puerta, acercarse, palparse, medirse a s\u00ed mismo haciendo observaciones de toda clase y con referencias a varios textos. Me ven\u00edan a la memoria multitud de advertencias suyas; me sorprend\u00eda de que no tuvieran ya eco. Me hab\u00eda dicho que seg\u00fan \u00e9l el alma no abandonaba el cuerpo en el momento de la muerte f\u00edsica, que permanec\u00eda quiz\u00e1 hasta que la corrupci\u00f3n la expulsaba. Quiz\u00e1s, me dec\u00eda, el alma anima todav\u00eda esa cara haciendo pasar por ella im\u00e1genes de s\u00ed misma; y en verdad, si su fisonom\u00eda estaba privada del movimiento de la vida, ten\u00eda una movilidad de otra clase, como un paisaje de invierno cuando el sol juega en \u00e9l con las nubes. Me acordaba de lo que dec\u00eda sobre \u00absu eternidad\u00bb: \u00abEst\u00e1 muy cerca y hacia ella voy bogando a velas desplegadas. Cuando uno est\u00e1 ante la muerte, \u00a1pobrecito! Toda la tierra se viene abajo. Uno avanza hacia regiones de tal manera, de tal manera nuevas\u00bb. De modo que todas las preguntas que la semana pasada se hac\u00eda a\u00fan, ya est\u00e1n resueltas para \u00e9l. Pero yo s\u00f3lo sent\u00eda una ausencia inm\u00f3vil e irrespirable. Todo cuanto hab\u00eda en \u00e9l de dulce, de curioso, de agradable, de cotidiano, cuanto hab\u00eda de sufrimiento, de inquietud, de b\u00fasqueda, todo hab\u00eda desaparecido, y ese rostro no era sino una m\u00e1scara. No se pod\u00eda esperar ya ni siquiera un gemido. Y experimentaba toda la estupidez de la muerte.<\/p>\n<p>\u00abD\u00f3nde os encontr\u00e1is, le dec\u00eda yo una vez m\u00e1s; en qu\u00e9 clase de luz me veis?\u00bb Y, en los instantes en que el dolor me dejaba un respiro para reflexionar, trataba de definirme lo que \u00e9l hab\u00eda sido. Por supuesto hab\u00eda amigos que se extra\u00f1aban de verme frecuentar a un anciano tan oscuro&#8230; Ya he contado que un director de conciencia me hab\u00eda dicho: \u00abEl sr. Pouget tiene todas las cualidades, pero no es un director de conciencia\u00bb. Un fil\u00f3sofo me hab\u00eda dicho: \u00ab\u00c9l no sabe nada de filosof\u00eda. No creo que haya le\u00eddo a Kant\u00bb. Un te\u00f3logo me hab\u00eda dicho: \u00abD\u00edgase lo que se quiera, no es un te\u00f3logo\u00bb. Y m\u00e1s tarde, ten\u00eda que o\u00edr a un ex\u00e9geta reconocer que el sr. Pouget no era un ex\u00e9geta. \u00abMi dulce maestro, le dec\u00eda yo entonces, erais pues muy ordinario como el pan y el alimento. Y no hab\u00e9is tenido que ocultar siquiera los talentos, porque la naturaleza no os hab\u00eda dado lo que el mundo llama talentos. Pero en cada tema pod\u00edais ser el maestro de los otros maestros. Y, puesto que erais completo en humanidad, sin esa suficiencia que da la posesi\u00f3n, pod\u00edais parecer inacabado para muchos. Y ahora, yo querr\u00eda reparar ese gran silencio d\u00e1ndoos a conocer a algunos. Me parece que entonces muchas objeciones hechas a la religi\u00f3n caer\u00edan por decirlo as\u00ed por s\u00ed mismas: entonces los hombres de buena voluntad podr\u00edan amarse m\u00e1s \u00ab. Nac\u00eda en m\u00ed el pensamiento de escribir este libro.<\/p>\n<p>Los novicios volvieron a presentarse, despu\u00e9s de la cena; se pusieron de nuevo uno frente al otro para terminar el oficio de Difuntos antes de la hora del toque de queda. Se oyeron esta vez los lamentos de Job, donde se han dado cita toda la miseria y la esperanza humanas y que el sr. Pouget se recitaba de buena gana en el texto hebreo. Un vers\u00edculo se destac\u00f3 del lat\u00edn, un vers\u00edculo que antes se hab\u00eda aplicado a s\u00ed mismo, porque en \u00e9l encontraba escrito el momento de su vida en que perdi\u00f3 su ense\u00f1anza y su vista: \u00ab<em>Miseremini mei, miseremini mei, saltem vos, amici mei, quia manus Domini tetigit me\u00bb: <\/em>Acordaos, acordaos de m\u00ed, al menos vosotros que sois mis amigos, ya que la mano del Se\u00f1or me ha tocado\u00bb. Esta vez hab\u00eda sido tocado de nuevo.<\/p>\n<p>Le celebraron funerales ordinarios a los religiosos de su congregaci\u00f3n. El f\u00e9retro estaba colocado en el centro del gran coro, como si presidiera el oficio. Y, desde el Sanctus hasta la Comuni\u00f3n, los cirios de todos los sacerdotes y de todos los cl\u00e9rigos, encendidos a una, multiplicaron las claridades en torno suyo. Algunas personas siguieron el cortejo de los pobres hasta el pante\u00f3n del cementerio de Montparnasse. El sr. Pouget reposa all\u00ed en medio de sus hermanos, bajo la protecci\u00f3n de san Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Cubierta de lanzamiento.<\/p>\n<p>No dudo de que el Retrato del sr. Pouget haya sido le\u00eddo en los medios cat\u00f3licos. Pero bueno ser\u00eda que lectores muy diferentes tengan la ocasi\u00f3n de meditar este libro y yo querr\u00eda traer aqu\u00ed con justicia el testimonio de una mente extra\u00f1a al catolicismo.<\/p>\n<p>El Retrato del Se\u00f1or Pouget pertenece a ese g\u00e9nero dif\u00edcil de definir, m\u00e1s delicado a\u00fan de emparentar. No es la amistad la que lo inspira. Montaigne hablando de La Bo\u00e9tie; ser\u00eda m\u00e1s bien la veneraci\u00f3n, Alain tratando de hacer revivir a Jules Lagneau. Hay siempre algo emotivo en el homenaje que un hombre rinde a otro. Pero \u00bfqui\u00e9n pudiera presumir de definir este sentimiento tan apasionante que une a ciertos esp\u00edritus con los lazos del respeto y de la admiraci\u00f3n? Es una afinidad m\u00e1s s\u00f3lida a veces que la de la sangre.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n era el sr. Pouget? Un viejo sacerdote lazarista, ciego durante la mayor parte de su vida, que reflexionaba sobre la tradici\u00f3n y recib\u00eda a algunos estudiantes en la peque\u00f1a celda donde se consum\u00eda su vida. Hoy, cuando la India est\u00e1 de moda, est\u00e1 uno seguro de darse a entender si se habla de Guru. Piensa uno efectivamente en uno de estos maestros espirituales al pensar en \u00e9l. Este Guru singular ha hecho de la cr\u00edtica hist\u00f3rica un instrumento de ascesis. Se dirige al sentido com\u00fan para fundamentar la revelaci\u00f3n de cuanto sobrepasa el sentido. No me siento en condiciones de decir si fue recompensado por todo aquello por lo que luch\u00f3.<\/p>\n<p>Albert Camus<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo VI: Los \u00faltimos d\u00edas del sr. Pouget \u00abCreo que se debe vivir como si no se tuviera que morir, dec\u00eda con frecuencia el sr. Pouget. 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