{"id":28926,"date":"2014-03-13T13:52:21","date_gmt":"2014-03-13T12:52:21","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=28926"},"modified":"2016-07-26T09:44:33","modified_gmt":"2016-07-26T07:44:33","slug":"retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-xiii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-xiii\/","title":{"rendered":"Retrato del sr. Pouget, sacerdote de la Misi\u00f3n (XIII)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo IV: El Sr. Pouget, fil\u00f3sofo y te\u00f3logo<\/h2>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-129409\" alt=\"Bolet\u00edn Informativo Noviembre-Diciembre 2011\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01-294x300.jpg?resize=294%2C300\" width=\"294\" height=\"300\" \/><\/a>Mal definido quedar\u00eda el Sr. POUGET si se le redujera a la cr\u00edtica, como he parecido hacerlo hasta el momento.<\/p>\n<p>Era indispensable hablar primero del m\u00e9todo cr\u00edtico, ya que con \u00e9l se deb\u00eda asegurar la base del edificio, pero no pod\u00eda ser su fin en s\u00ed mismo. Y, en el Sr. Pouget, nunca se hab\u00eda transformado en una costumbre esc\u00e9ptica que engendra la sonrisa sobre todo. Segu\u00eda vigilante y discreto, como sigue la virtud de la prudencia aun cuando ha sonado la hora del impulso, de la osad\u00eda y del valor. Por naturaleza, \u00e9l era un constructor, que habr\u00eda podido decir con Pascal: desgraciados los que me han obligado a escudri\u00f1ar las pruebas! Es sin comparaci\u00f3n m\u00e1s dulce gozar de la verdad que formularla. Por vocaci\u00f3n era te\u00f3logo si se entiende designar con esta palabra a aquel que dedica sus fuerzas a sondear los misterios revelados, a contrastarlos con los datos de la observaci\u00f3n y de la raz\u00f3n, para poseerlos mejor y asimilarlos. Lo que no era de ninguna manera es repetidor, escoliasta, comentarista, maestrillo. \u00abLas cosas son atrevidas, as\u00ed las dirige Dios\u00bb, repet\u00eda. La ense\u00f1anza seg\u00fan su estilo nos pareci\u00f3 siempre de por s\u00ed una negaci\u00f3n y ruina del pedantismo bajo todas sus formas, bien se administre normalmente o bien se disimule con procedimientos m\u00e1s o menos h\u00e1biles. Cuando se quiere ser, no se resigna uno a parecer si el parecerlo no resulta claramente serlo. Admitiendo que pudo escribir, \u00e9l no quer\u00eda dejar m\u00e1s que obras p\u00f3stumas: \u00abQue un hombre haga su obra, dec\u00eda Carlyle, el fruto de esa obra, los cuidados revierten a otros que no sean \u00e9l.\u00bb Estas l\u00edneas fueron escritas para pintar a Jules Lagneau. Que se nos perdone reproducirlas. No es la primera vez que hallamos parecidos entre estos dos desconocidos quienes, por la misma \u00e9poca, inspiraron a los testigos de sus vidas tanta admiraci\u00f3n y fervor, oblig\u00e1ndoles a hablar de ellos despu\u00e9s de su muerte, en proporci\u00f3n al silencio voluntario que se hab\u00edan impuesto en vida.<\/p>\n<p>La obra edificante del Sr. Pouget, la que constitu\u00eda el centro de su ocupaci\u00f3n ordinaria, era la de un fil\u00f3sofo y la de un te\u00f3logo, o m\u00e1s bien la de un te\u00f3logo-fil\u00f3sofo. No podr\u00eda exponerlo en el espacio reducido de un cap\u00edtulo. Tendr\u00e9 que acogerme a la brevedad y reunir lo esencial en torno a ciertos pensamientos centrales. Cuando se pon\u00eda a escribir a m\u00e1quina, presa de remordimientos o arrepentido por el car\u00e1cter siempre tan conciso de su exposici\u00f3n, colocaba sobre aviso a su lector hipot\u00e9tico de esta manera: \u00abNuestras anotaciones apenas son otra cosa que los t\u00edtulos de los estudios que se habr\u00edan de hacer sobre el tema\u00bb. Otro tanto dir\u00eda yo sobre estas p\u00e1ginas que desear\u00edan hablar al esp\u00edritu mediante el orden de las ideas m\u00e1s que por la exhibici\u00f3n de los conocimientos. Ya que para esto bastan los diccionarios.<\/p>\n<p>Digamos en primer lugar qu\u00e9 idea ten\u00eda del conocimiento humano y de su valor. Despu\u00e9s a qu\u00e9 resultado llegaba reflexionando sobre el cosmos, y eso nos llevar\u00e1 a hablar de Dios, o m\u00e1s bien de los caminos que nos llevan a \u00e9l. Luego, una vez conocido Dios, volveremos a la moral expresando el sentido que atribu\u00eda a las nociones esenciales de la moral.<\/p>\n<p>Una vez ah\u00ed entraremos en posesi\u00f3n de criterios s\u00f3lidos para examinar el valor de las religiones positivas que nos son conocidas a trav\u00e9s de la historia. S\u00f3lo nos fijaremos en el judeo-cristianismo.<\/p>\n<p>Veremos pues las ense\u00f1anzas que esta religi\u00f3n tan conforme a las exigencias de la raz\u00f3n presenta como una revelaci\u00f3n que se le habr\u00eda confiado para ser trasmitida a toda la humanidad; ser\u00e1 el momento de decir en qu\u00e9 debe consistir este conocimiento superior y de definir la teolog\u00eda en su m\u00e9todo, en su alcance.<\/p>\n<p>Las luces de la revelaci\u00f3n caen sobre dos temas centrales. Ilustran primero qu\u00e9 es Dios en s\u00ed mismo, despu\u00e9s qu\u00e9 ha hecho Dios por nosotros. Se ha de determinar lo que la revelaci\u00f3n nos ense\u00f1a sobre el misterio de Dios, insistiendo sobre todo en la obra divina. \u00bfQu\u00e9 es el mundo moral? \u00bfCu\u00e1l es la relaci\u00f3n de Cristo y del mundo moral? En particular, \u00bfcu\u00e1les son las ca\u00eddas y los fracasos que se han presentado en este universo de seres pecadores fundamentalmente libres? \u00bfc\u00f3mo ha preparado Dios su reparaci\u00f3n? \u00bfC\u00f3mo se ha de enfocar el problema del mal? Resueltos estos problemas, no nos quedar\u00e1 sino caracterizar bajo un nuevo aspecto el m\u00e9todo del Sr. Pouget.<\/p>\n<h2>El conocimiento de lo singular<\/h2>\n<p>El concepto que nos formamos de la raz\u00f3n y del modo de posesionarnos de las cosas est\u00e1 en la ra\u00edz de todo. Y, en estos d\u00edas de idealismo o de positivismo m\u00e1s que en otra \u00e9poca cualquiera, vemos que cuando esta base vacila, todo falla al mismo tiempo. Distaba mucho el Sr. Pouget de aceptar las teor\u00edas que, desde Kant, prevalecen entre los modernos pero no dejaba de criticar las que hab\u00edan reinado durante siglos y desde los Griegos. Sabemos que no era lo suyo exponer su pensamiento en gruesos tratados did\u00e1cticos. El \u00fanico op\u00fasculo que haya dejado sobre este particular s\u00f3lo consta de ocho p\u00e1ginas, y se titula \u00abEl conocimiento de lo singular\u00bb. Apuntemos su idea directriz.<\/p>\n<p>En \u00e9l nos recordaba ante todo, seg\u00fan su procedimiento descriptivo, la esencia de este procedimiento que nos viene a trav\u00e9s de los sentidos. Los objetos percibidos por los sentidos inmediatamente son objetos singulares. La raz\u00f3n los percibe tambi\u00e9n, pero de manera diferente: su oficio primero es encontrar las similitudes que permitan ordenar estos objetos por especies, g\u00e9neros y clases. No est\u00e1 orientada a lo singular, sino antes bien a lo universal.<\/p>\n<p>En el orden especulativo, este conocimiento a partir de lo universal ha gozado de preferencia sobre todos los dem\u00e1s hasta hoy, y no la ha perdido del todo, por verse realizado de manera ideal en las matem\u00e1ticas. Y los Griegos, que tanto promocionaron las matem\u00e1ticas, mostraron tendencia a seguir el mismo m\u00e9todo en el estudio de todos los otros campos del conocimiento. Se part\u00eda de definiciones, y por una serie de deducciones an\u00e1logas a las de geometr\u00eda se constru\u00eda el sistema de conocimientos que mejor representaba a la mente el objeto estudiado.<\/p>\n<p>En matem\u00e1ticas el m\u00e9todo era excelente, porque el objeto es de los m\u00e1s simples; por lo dem\u00e1s, s\u00f3lo retenemos de la naturaleza lo que queremos. Pero, \u00bfpasa lo mismo cuando se trata de los objetos concretos que nos presenta la experiencia y de los seres singulares que nos presenta la historia? Claro que se puede pedir a la matem\u00e1tica un nuevo esfuerzo, se puede tratar de hacerle representar y por decirlo as\u00ed absorber el flujo, el movimiento, las peque\u00f1as diferencias, pero aqu\u00ed tambi\u00e9n, o bien se fuerza el instrumento o bien se llega pronto al final.<\/p>\n<p>La ciencia griega no conoci\u00f3 m\u00e1s que la geometr\u00eda que procede, por v\u00eda deductiva, a partir de hip\u00f3tesis y de postulados, y pens\u00f3 que el m\u00e9todo de las otras ciencias pod\u00eda asimilarse al m\u00e9todo cient\u00edfico. Pero las matem\u00e1ticas difieren profundamente de las otras ciencias: construyen su objeto, mientras que las otras se ven obligadas a recibir el suyo de la naturaleza. El poder admirable de las matem\u00e1ticas proviene exactamente de que renuncian a conocer nada de los seres concretos ya que se limitan a estudiar las relaciones que existen entre las cosas, abstracci\u00f3n hecha de lo que son esas cosas; lo que llev\u00f3 a decir con gracia que no saben ni lo que significan las cosas de las que se ocupan, ni siquiera si existen esas cosas.<\/p>\n<p>Al Sr. Pouget, que era matem\u00e1tico por gusto y de tiempo libre, le gustaba resaltar el car\u00e1cter de las matem\u00e1ticas que les prohib\u00eda el acceso a la representaci\u00f3n de lo inefable singularidad de los seres concretos. C\u00f3mo podr\u00edan las f\u00f3rmulas encerrar las estructuras y los comportamientos individuales, siendo as\u00ed que en la f\u00edsica de los gases, incapaces de seguir el movimiento de una mol\u00e9cula, la sustituyen por un ser ficticio, dotado de una velocidad media, de orientaci\u00f3n indiferente en cuanto abandonada al azar, y de un recorrido medio.<\/p>\n<p>Por otro lado, aun cuando las matem\u00e1ticas nos han permitido ver la g\u00e9nesis de un fen\u00f3meno e interpretar mejor su mecanismo profundo, no pueden darnos su significado sensorial o est\u00e9tico. La agitaci\u00f3n molecular que se traduce por el calor, la vibraci\u00f3n de una cuerda que engendra un sonido, no nos explican ni la sensaci\u00f3n del calor, ni la armon\u00eda musical.<\/p>\n<p>&#8211; \u00abDecir que 14 = violeta\u00a0 no tiene ning\u00fan sentido. Al violeta corresponde tal\u00a0 9 rojo n\u00famero de vibraciones; es una realidad que corresponde a otra pero en la que nosotros ponemos mucho de nuestra parte. Todo cuanto percibimos es nuestro \u00f3rgano invadido por la luz y reaccionando. Para el espacio debe de ser algo parecido. Hay cierta realidad objetiva que corresponde a nuestras sensaciones musculares; pero \u00bfcu\u00e1l es? Los astr\u00f3nomos se pasan a menudo la vida en resolver una ecuaci\u00f3n diferencial, y no lo consiguen! Y si pasamos de ah\u00ed a las condiciones de existencia de una planta! Una dicotiled\u00f3nea tiene sus leyes: una rosa no nacer\u00e1 de un cardo. Pero \u00bfqu\u00e9 ley? Imposible traducirla en ecuaci\u00f3n algebraica. Igualmente en f\u00edsica, es decir para realidades relativamente simples, la expresi\u00f3n ideal de esta realidad se nos escapa\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 diremos del orden biol\u00f3gico, y del orden social, moral y humano? Desde luego que, se quiera o no, se confiese o se intente ocultarlo, no se puede, mediante definiciones, m\u00e1s que esbozar el contenido de lo real; y, razonando aqu\u00ed al estilo de los ge\u00f3metras, se corre el peligro de mirar como presentes en el objeto estudiado realidades que no lo est\u00e1n y al rev\u00e9s. Por ello procedemos por descripciones, por observaciones atinadas y pacientes, por experiencias repetidas y variadas. Existe pues un gran trecho entre el concepto que los Griegos ten\u00edan de la ciencia y el que se nos ha impuesto por los m\u00e9todos modernos.<\/p>\n<p>Por insistir en el conocimiento de lo singular con tanta fuerza, el Sr. Pouget no ca\u00eda en el empirismo. Pon\u00eda de relieve la obra de la raz\u00f3n que trabaja en lo absoluto con sus principios rectores, en particular el de causa, sin el cual estar\u00edamos todav\u00eda hundidos en la naturaleza como el resto de los vivos, incapaces de tener conciencia de nosotros mismos y en especial de distinguir lo activo de lo pasivo, lo subjetivo de lo objetivo. Pero \u00e9l tend\u00eda a invertir la escala ordinaria de los valores que todav\u00eda se admite a menudo. Por encima del conocimiento de lo universal habr\u00eda colocado con toda facilidad el de lo singular, no s\u00f3lo porque el primero a pesar de la apariencia, contiene todav\u00eda \u00abmucho de lo nuestro\u00bb, sino tambi\u00e9n porque a medida que tratamos de fijar las condiciones efectivas del trabajo cient\u00edfico o hist\u00f3rico, nos vemos obligados a reconocer que, aun en la biolog\u00eda y en la f\u00edsica, el conocimiento de lo singular est\u00e1 en la base de todo. A\u00f1adamos que este conocimiento comprensivo y pr\u00e1ctico es el del com\u00fan de los hombres.<\/p>\n<p>Se podr\u00eda encontrar con toda facilidad en estas ideas el eco de la filosof\u00eda francesa del siglo XIX: los nombres de Cournot, de Boutroux, de Bergson se presentan con toda naturalidad: el Sr. Pouget conoc\u00eda a estos dos \u00faltimos y hab\u00eda le\u00eddo y rele\u00eddo La contingencia de las leyes de la naturaleza y la Introducci\u00f3n a la metaf\u00edsica, que hab\u00eda copiado con todo esmero. Pero no era de estas lecturas de donde hab\u00eda sacado esta filosof\u00eda del conocimiento. En realidad, la distinci\u00f3n de estos conocimientos era en resumen toda su historia; hab\u00eda estado \u00abloco por la f\u00edsica matem\u00e1tica\u00bb y \u00abhasta los cuarenta y cinco todav\u00eda, una integral le volv\u00eda loco\u00bb. Hasta mediada su vida, no hab\u00eda redescubierto el universo ni hab\u00eda vuelto a ser lo que era: un campesino razonable.<\/p>\n<p>Muy de notar es que hab\u00eda encontrado una singular afinidad entre el conocimiento de lo singular y el objeto de la religi\u00f3n cristiana. No habr\u00eda hecho falta empujarle mucho para hacerle confesar que se iba por mal camino al querer hacer entrar los misterios de la fe en el marco del conocimiento de tipo hel\u00e9nico, que estos misterios concretos hac\u00edan estallar los ropajes que se les impon\u00edan, porque cada uno era \u00fanico en su g\u00e9nero.<\/p>\n<p>Se nos ha de excusar que reproduzcamos el breve memorial que se hab\u00eda trazado a este respecto.<\/p>\n<p>a) Dios conoce cada realidad singular y con un conocimiento que mide esta realidad, porque es su causa ejemplar, habiendo dirigido a la Omnipotencia en el acto creador de cada una de las realidades. El mismo acto que conoce realidades singulares conoce tambi\u00e9n todo cuanto les es com\u00fan y por lo tanto conocimiento de lo singular y conocimiento de lo universal no son m\u00e1s que una sola cosa en Dios, aun hablando de Dios a nuestro modo;<\/p>\n<p>b) Sobre todo en lo que se refiere a la revelaci\u00f3n cristiana es donde el conocimiento de lo singular juega un papel preponderante y hasta exclusivo, ya para los fundamentos racionales como para los diversos objetos de nuestra creencia y de nuestra pr\u00e1ctica religiosa.<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">1\u00ba Fundamentos de la creencia. \u2013 Nuestras razones para creer, necesarias pero no eficaces sin el auxilio de la gracia divina, son hechos consignados en las partes hist\u00f3ricas del Antiguo y Nuevo Testamento, hechos que permiten y obligan a concluir en una intervenci\u00f3n especial de la Providencia en el establecimiento y mantenimiento del judeo-cristianismo como religi\u00f3n universal de la humanidad. Ahora bien, nada m\u00e1s correcto ni m\u00e1s singular que los hechos de la historia y ning\u00fan conocimiento que\u00a0 sea m\u00e1s conocimiento de lo singular que la historia misma;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">2\u00ba Los objetos que creer son la Trinidad santa y la Encarnaci\u00f3n con sus consecuencias. Pues bien, si la lengua teol\u00f3gica, lengua humana despu\u00e9s de todo, emplea el t\u00e9rmino abstracto y gen\u00e9rico de persona para la Trinidad, no fue hasta tarde cuando se introdujo, en el siglo IV, en tiempo de las disputas con los herejes; pero la Escritura nunca emplea esta palabra, y la Biblia, en uno y otro Testamento, no conoce m\u00e1s que al Padre, al Hijo \u2013 Identificados a veces con la Sabidur\u00eda o la Palabra de Dios- y el Esp\u00edritu Santo; sucede lo mismo con el m\u00e1s antiguo de los s\u00edmbolos, el de los ap\u00f3stoles, y con la f\u00f3rmula m\u00e1s solemne de todas, el s\u00edmbolo Niceno Constantinopolitano, cantado todos los domingos en la asamblea de los fieles. En cuanto a la Encarnaci\u00f3n, si bien es un hecho sobrenatural, no deja por ello de ser tan singular que es \u00fanico en su g\u00e9nero y, por eso, el conocimiento que tenemos de \u00e9l es por excelencia un conocimiento de lo singular. Otro tanto se debe decir de los efectos de la Encarnaci\u00f3n, es decir de la Iglesia con sus medios de gobierno, de instrucci\u00f3n y de santificaci\u00f3n: Cristo lo estableci\u00f3 para siempre por un acto de su libre voluntad, y conocerlo es conocer lo singular.;<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px\">3\u00ba Cosas que practicar. \u2013 La pr\u00e1ctica de la ley moras se nos impone a nosotros como hombres y no como cristianos; lo que se nos impone por este \u00faltimo t\u00edtulo es entrar en la Iglesia y recibir alguno de sus sacramentos: pues bien, estos sacramentos son, como la Iglesia misma, efectos de un acto particular de Cristo, y el conocimiento que tenemos de ellos es tambi\u00e9n un conocimiento de lo singular. Y as\u00ed se ve que toda la teolog\u00eda cat\u00f3lica, verdadera o positiva, y no racional y escol\u00e1stica, es conocimiento de lo singular, tanto en su objeto como en sus fundamentos; todo lo cual no nos debe llevar a menospreciar el conocimiento de lo singular. Dejemos aqu\u00ed este cotejo de las dos especies o m\u00e1s bien de las dos variedades del conocimiento humano.<\/p>\n<h2>Per ea quae facta sunt<\/h2>\n<p>Claro que el Sr. Pouget no hab\u00eda descubierto nuevas pruebas de la existencia de Dios. Pero ten\u00eda si propio estilo de exponer las antiguas, y en eso se parec\u00eda a aquel escriba del Evangelio de quien se nos dice que sacaba de su tesoro cosas viejas y nuevas. Podemos decir que hab\u00eda enriquecido estas pruebas antiguas con consideraciones logradas en el estudio a fondo del mundo f\u00edsico (esto en la primera parte de su vida), por fin (y esto en sus \u00faltimos a\u00f1os) con una reflexi\u00f3n profunda sobre el mundo moral tal y como le hab\u00eda sido revelado por la historia y por la observaci\u00f3n de la humanidad presente. No podemos pensar aqu\u00ed en detallar toda la exposici\u00f3n de estas pruebas; se necesitar\u00edan largos tratados. Nos contentaremos, como de costumbre, con indicar el orden en que se presentaban y el esp\u00edritu que inspiraba su empleo.<\/p>\n<p>El primer rasgo propio del Sr. Pouget y sobre el que se ha de llamar la atenci\u00f3n es la importancia capital que conced\u00eda a la prueba racional de Dios. Claro est\u00e1 que no se hallar\u00eda en el mundo a un solo te\u00f3logo cat\u00f3lico que pusiera cortapisas al sentido del famoso canon del Concilio Vaticano: \u00abAnatema a quien sostiene que la existencia de Dios creador no puede ser conocida a partir de los hechos por la luz natural.\u00bb Pero muchos cristianos no se paran a pensar en estas pruebas. Dir\u00edan espont\u00e1neamente a este respecto: \u00abEso ni que decir tiene\u00bb, a lo que el Sr. Pouget hubiera respondido como el viejo Talleyrand: \u00abSi eso ni que decir tiene, mucho mejor estar\u00e1 dici\u00e9ndolo.\u00bb Cuando se piensa en la influencia tan sutil y tan insinuante de la filosof\u00eda salida de Kant y de Augusto Comte, como en la prodigiosa brecha entre las conquistas de la ciencia f\u00edsica y el lento avance de la teolog\u00eda, se admira uno de que a las inteligencias cristianas les cueste tanto realizar, en el sentido ingl\u00e9s de esta palabra, este car\u00e1cter racional de la creencia en Dios que no es tanto un dato de la fe como una condici\u00f3n previa y necesaria de la fe. Si esto no se admite, o si ni se admite m\u00e1s que por sumisi\u00f3n, la fe no puede descansar m\u00e1s que sobre la fe, y nos hallamos en un c\u00edrculo vicioso.<\/p>\n<p>El Sr. Pouget estaba convencido de que la raz\u00f3n, en su trabajo sobre la experiencia total, deb\u00eda, so pena de negarse a s\u00ed misma, concluir en la existencia de un ser necesario del que dependa el mundo en su totalidad sin que \u00e9l dependa del mundo para nada. Antes de toda ex\u00e9gesis, antes de toda apolog\u00e9tica, de toda teolog\u00eda, era un problema primero y fundamental en el que nuestro autor no dej\u00f3 nunca de pensar por as\u00ed decirlo; volv\u00eda a \u00e9l obstinadamente, trat\u00e1ndolo y volvi\u00e9ndolo a tratar seg\u00fan sus medios, seg\u00fan sus dificultades y sus luces presentes[1].<\/p>\n<p>La prueba del movimiento adoptaba dos formas en \u00e9l: una cl\u00e1sica, y otra con cierta novedad, fundada en consideraciones f\u00edsicas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de demostrar que el mundo f\u00edsico y el mundo moral son realidades, nos falta ver si \u00a0se bastan o si se necesita una realidad m\u00e1s alta y m\u00e1s perfecta para explicarlos.<\/p>\n<p>\u00abSe dice corrientemente, escrib\u00eda, que el mundo visible es un efecto, y que por eso postula una causa y una causa que exige otras.\u00bb El argumento ser\u00eda decisivo, si se hubiese establecido de antemano que el mundo visible es un efecto; pero esto no es evidente ni siquiera f\u00e1cil de probar. Los escol\u00e1sticos mismos, a pesar de su escaso conocimiento de la naturaleza, distingu\u00edan muy bien los naturalia y los artificialia, los productos de la naturaleza y los productos del arte, y solos estos \u00faltimos reclamaban una causa. En cuanto al mundo visible tomado en su totalidad, aun suponiendo que su extensi\u00f3n no sea ilimitada, no conocemos nada que nos permita comparar al mundo con ellos.<\/p>\n<p>Algunos hablan de la \u00abcontingencia del mundo\u00bb para afirmar que necesita de una causa que no sea contingente sino necesaria. Pero con todo ser\u00eda preciso saber qu\u00e9 se entiende por contingencia. Antiguamente se dec\u00eda que el mundo es contingente, porque se le puede concebir como no existiendo, pero esto es suponer lo imposible. Suponerle como no existiendo, a este mundo en el que toda extensi\u00f3n es o bien activa o bien atravesada por energ\u00eda, es suponer la nada; pero, \u00bfc\u00f3mo pensar la nada sin suponer una inteligencia, lo que desmiente la hip\u00f3tesis en el momento mismo en que se la forma? A los ojos del Sr. Pouget se habr\u00eda podido conceder todav\u00eda esta suposici\u00f3n de la nada en la \u00e9poca en que se confund\u00eda el espacio real y el espacio abstracto o geom\u00e9trico, pero el cosmos, aunque no sea un todo, es un continuo cuyas partes est\u00e1n \u00abterriblemente ligadas entre s\u00ed\u00bb; y por un decreto arbitrario las aniquilamos mentalmente para probarnos que podr\u00edan no existir, fundando as\u00ed la existencia de Dios en una contingencia puramente l\u00f3gica.<\/p>\n<p>Pero, si esta contingencia fabricada de alguna manera para nosotros no tiene m\u00e1s valor que la operaci\u00f3n que la constituye, existe una contingencia real que nos inclina y que nos fuerza a ver en el mundo un dato organizado que no tiene en s\u00ed la raz\u00f3n de su organizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed se un\u00eda a Boutroux: le gustaba notar que el mundo visible es un conjunto de datos que no se postulan mutuamente uno a otro, ni en el espacio, ni en el tiempo: podr\u00eda limitarse, molestarse, da\u00f1arse y hasta destruirse si se tratara s\u00f3lo de las leyes del movimiento; entonces, estar\u00edamos ante un caos absoluto por as\u00ed decirlo y que prohibir\u00eda toda ciencia y todo pensamiento. De hecho, el cosmos que est\u00e1 sometido a la observaci\u00f3n es un todo de contig\u00fcidad, pero no de continuidad, es un conjunto de realidades discontinuas, que no se exigen una a otra necesariamente, aunque las m\u00e1s altas necesiten de la inferiores para sostenerse. Si uno de estos datos se presenta en el tiempo despu\u00e9s de tal otro, o si est\u00e1 colocado en el espacio al lado de tal otro, es un hecho que se puede constatar, pero no una necesidad que se pueda demostrar: en todos los casos esta secuencia o esta yuxtaposici\u00f3n no podr\u00eda autorizarnos a concluir que haya entre estas dos cosas una relaci\u00f3n de la misma naturaleza que la que tiene lugar en matem\u00e1ticas entre los n\u00fameros abstractos y las figuras simples. En nuestro globo, los seres vivos, vegetales o animales, son \u00abdatos\u00bb; lo mismo sucede con los cuerpos brutos tanto simples como compuestos, ya se los considere en mineralog\u00eda, en qu\u00edmica, o tambi\u00e9n en estado radioactivo: todos estos objetos son lo que son no por una ley que permitiera deducirlos, sino por la \u00fanica raz\u00f3n que no son de otra manera.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 conclusi\u00f3n sacaba de la existencia de un orden a la vez diverso y otro, divergente y convergente, inestable de derecho y sin embargo tan estable de hecho? Pensaba que este hecho universal forzaba a rechazar la idea del azar. Si reinara el azar, como dice el vulgo o, para hablar en t\u00e9rminos m\u00e1s eruditos, si no hubiera en el mundo ni causalidad, ni finalidad, si cada momento del universo surgiera por decirlo as\u00ed a partir de la nada sin ser en manera alguna solidario del momento precedente y si, por otra parte, para cada uno de estos momentos, ning\u00fan principio de orden viniera a dirigir la repartici\u00f3n de los elementos que lo componen, entonces el menor instante de orden entre factores tan desordenados por naturaleza no tendr\u00eda m\u00e1s que una \u00ednfima posibilidad de realizarse, ya que para una probabilidad favorable a la aparici\u00f3n de cada cosa habr\u00eda un n\u00famero infinito de probabilidades desfavorables. Aun cuando la probabilidad favorable tuviera la ventaja, y la cosa se produjera ser\u00eda necesario que en cada instante la posibilidad favorable ganara a todas las probabilidades contrarias, que ser\u00edan siempre de n\u00famero infinito. Y para que la cosa continuara durando, ser\u00eda necesario que en cada instante continuara esta especie de milagro. Esperar que al tirar al azar en una mesa horizontal los caracteres de imprenta suficientes para una Eneida, se obtenga el clich\u00e9 necesario para imprimir este poema, es suponer lo imposible. Suponer que esta hip\u00f3tesis se realice cada vez, ser\u00eda lo imposible en lo imposible. No obstante este imposible se realizar\u00eda, y en una escala mayor, si la causalidad, en su acepci\u00f3n m\u00e1s general, estuviera ausente de nuestro cosmos o de todo otro cosmos an\u00e1logo.<\/p>\n<p>Forzoso es pues admitir en el universo un principio de organizaci\u00f3n, una idea directiva. M\u00e1s a\u00fan, como vamos a ver, el universo no es una naturaleza que sea autosuficiente al estilo de una realidad divina, de un absoluto o de un ser matem\u00e1tico, sino un efecto, que no puede ser sin raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Para franquear esta nueva etapa, el Sr. Pouget no se contentaba con el principio de finalidad. Se le o\u00eda decir con frecuencia que el argumento sacado de la finalidad no ten\u00eda todo el valor que se le atribu\u00eda. Probaba simplemente a su manera que la causa del universo no es una fuerza bruta, que es incluso una fuerza inteligente, ya que entre lo infinito de las combinaciones posibles vemos que ha escogido algunas y sobre todo que las mantiene, \u00bfQuiere esto decir que esta inteligencia sea infinita? Si el mundo fuera infinito en tama\u00f1o habr\u00eda un n\u00famero infinito de combinaciones posibles: en ese caso solamente la inteligencia que lo preside ser\u00eda infinita. Pero si el mundo es finito, la inteligencia que se manifiesta en \u00e9l podr\u00eda no ser infinita y por lo tanto podr\u00eda ser diferente de la inteligencia de Dios. Adem\u00e1s, segu\u00eda diciendo, si existe finalidad en el mundo, \u00bfse puede decir que haya una finalidad? En el estado actual de nuestros conocimientos parece que el mundo no sea un sistema \u00fanico. La estrella que habitamos \u00bfno parece bastarse a s\u00ed misma? \u00bfEs el universo un mundo, o no parece m\u00e1s bien un conjunto de mundos independientes de alg\u00fan modo unos de otros? \u00bfSe puede sacar del orden del mundo, tal como lo vemos, la idea de un ordenador \u00fanico?<\/p>\n<p>De esta manera vemos cu\u00e1l era para \u00e9l el significado de la prueba de la finalidad, tomada en s\u00ed misma, reducida a su alcance m\u00ednimo, y sin recibir la luz reflejada de las otras pruebas. Esta prueba nos lleva a comprender el trabajo de una inteligencia supratemporal, amiga del orden, demi\u00fargica, perseverante. Pero, en realidad de verdad, no nos permite concluir en la unicidad y en la trascendencia absoluta de esta inteligencia rectora ni sobre todo en su poder creador. Es aqu\u00ed donde interven\u00eda la prueba que el Sr. Pouget llamaba f\u00edsica y real, y a la que conced\u00eda una importancia primordial.<\/p>\n<p>Los fen\u00f3menos tienen siempre antecedentes que, si no los producen en su totalidad, los condicionan al menos de manera indispensable. Seg\u00fan nos lo ense\u00f1an la f\u00edsica, la qu\u00edmica y tambi\u00e9n la biolog\u00eda, el presente depende siempre del pasado y este pasado a su vez de un pasado m\u00e1s lejano; retrocedamos en el tiempo: no hacemos m\u00e1s que patinar y el problema sigue. \u2013 Se ha de llegar pues a un estado del cosmos que no se vea condicionado por nada de lo que precede. Y, entonces, una de dos:<\/p>\n<p>O bien se ha de admitir que el cosmos pudo nacer y organizarse por s\u00ed mismo, y aqu\u00ed el conocimiento que tenemos del universo nos dice que es imposible, a menos que supongamos un estado del cosmos radicalmente diferente del mundo dado, en el que lo m\u00e1s podr\u00eda salir de lo menos y el ser del no ser, lo que dif\u00edcilmente soportar\u00eda la raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Eliminada esta hip\u00f3tesis, nos queda que el cosmos no tenga en sus antecedentes m\u00e1s que condiciones y no causas, y que el paso de la nada al ser que rechaza nuestra imaginaci\u00f3n en su origen, pero que no es menos real en cada instante de la duraci\u00f3n, se realice por la acci\u00f3n de una causa superior al cosmos y sin ninguna analog\u00eda con \u00e9l.<\/p>\n<p>Esta prueba considerada en todo tiempo como muy s\u00f3lida resulta casi palpable, a\u00f1ad\u00eda, con los datos cient\u00edficos actuales, y recibe de la observaci\u00f3n energ\u00edas\u00a0 f\u00edsicas y de su comportamiento universal una base experimental.<\/p>\n<p>La ciencia nos ense\u00f1a en efecto que en los mundos visibles la energ\u00eda se conserva en cantidad pero se deteriora en calidad, es decir que todo energ\u00eda tiende por s\u00ed misma a degradarse y que no puede nunca por s\u00ed misma volver al estado noble; todas la energ\u00edas se transforman pues irremisiblemente en un estado de calor a temperatura uniforme, incapaz de producir el menor trabajo: el universo desciende y no se recupera. Por lo dem\u00e1s, lo que aqu\u00ed decimos de la energ\u00eda se cumple en todos los campos y en todos los niveles: por todos lados vemos que el universo tiene un sentido, y que este sentido va de la energ\u00eda noble a la energ\u00eda degradada, de la energ\u00eda desnivelada a la energ\u00eda nivelada y uniformemente repartida, de las combinaciones inestables e improbables a las combinaciones m\u00e1s estables, y las m\u00e1s probables, de la disimetr\u00eda a la simetr\u00eda, en total, de lo m\u00e1s a lo menos. Y, sin duda, podemos siempre imaginar que estamos en la actualidad en un periodo de decadencia o de expansi\u00f3n, y que el universo entrar\u00e1 despu\u00e9s en un periodo de enriquecimiento y de contracci\u00f3n: pero estas hip\u00f3tesis tienen algo de mito y, aun cuando esta recarga del cosmos se produjera de repente, \u00bfse le podr\u00eda atribuir a la energ\u00eda misma, ya que por s\u00ed misma no es capaz m\u00e1s que de gastarse? El desnivel primero que dio a la energ\u00eda su fuerza y su valor no viene de ella. \u00bfViene de otra energ\u00eda c\u00f3smica? Quiz\u00e1s. Pero, si se la entiende en el cosmos, entonces habr\u00e1 que preguntarse por qu\u00e9 energ\u00eda superior se constituy\u00f3 \u00e9sta, y as\u00ed sucesivamente hasta el infinito. Es fuerza salirse del mundo y pensar en una energ\u00eda que no se consuma en su trabajo y que siga siempre en el mismo estado de potencia. Se trata, se podr\u00eda decir, del Dios c\u00f3smico; lo que los Antiguos hab\u00edan llamado el primer motor inm\u00f3vil.<\/p>\n<p>De esta forma rejuvenec\u00eda \u00e9l el argumento cl\u00e1sico del movimiento, el mismo que santo Tom\u00e1s coloc\u00f3 el primero de todos dando a entender con raz\u00f3n que era el m\u00e1s importante de todos.<\/p>\n<p>En cuanto a la prueba de Dios por los grados de ser y que es cl\u00e1sica en la teolog\u00eda tomista como en la de san Agust\u00edn, el Sr. Pouget no parec\u00eda concederle un valor tan grande como estos dos autores. Afirmar que estos grados que realmente se dan en la naturaleza deben por necesidad terminar en un punto culminante, el cual no puede ser otro que el ser infinitamente perfecto, es dar como prueba, dec\u00eda \u00e9l, lo que se cuestiona. Adem\u00e1s, si mantenemos esta ascensi\u00f3n continua del ser de lo finito a lo infinito, \u00bfc\u00f3mo atacar\u00edamos al pante\u00edsmo, cuya esencia consiste en ver en el universo una realidad siempre ocupada en superarse?<\/p>\n<p>Pero, aqu\u00ed tambi\u00e9n, pensaba que esta prueba, debidamente rejuvenecida y trasladada del orden l\u00f3gico al orden sicol\u00f3gico, conten\u00eda una verdad s\u00f3lida. Consistir\u00eda pues en decir: \u00abPor m\u00e1s que asignemos un fin a la acci\u00f3n que nos inspiran nuestras tendencias naturales, y por m\u00e1s que se alcance este fin, nuestra naturaleza de hombres tiende siempre infinitamente m\u00e1s alto, de suerte que todo sucede como si nuestras aspiraciones fuesen hacia el infinito sin poder llegar a \u00e9l\u00bb. Si esto es as\u00ed, la prueba de los grados podr\u00eda recibir una base experimental, y no ser\u00eda objeto de las cr\u00edticas que hac\u00edamos anteriormente. Pero entonces s\u00f3lo ser\u00eda un complemento y un refuerzo de la prueba f\u00edsica, que asciende a la causa pasando por el efecto. San Pablo advert\u00eda en la Ep\u00edstola a los Romanos que nos elevamos a Dios por la consideraci\u00f3n de los poi\u00e9mata; \u00bfSer\u00eda traicionar su pensamiento decir que el mundo exterior, con su insondable riqueza, no es con todo sino un \u00e1tomo en comparaci\u00f3n de este poi\u00e9ma que es el pensamiento y la conciencia del hombre? Se ha de explicar tambi\u00e9n este poi\u00e9ma por una causa proporcionada. \u00bfQui\u00e9n puso en nosotros este impulso hacia el infinito? Ni podr\u00eda venir de la ilusi\u00f3n del coraz\u00f3n porque de \u00e9l procede lo que hay de m\u00e1s alto y de m\u00e1s eficaz en nosotros, y una ilusi\u00f3n no puede engendrar el equilibrio, el devenir, el gozo pleno, el sacrificio perseverante y consentido a pesar de la clara visi\u00f3n de los peligros. Se encuentra aqu\u00ed esta prueba de la existencia del\u00a0 infinito real por la imperfecci\u00f3n humana, que san Agust\u00edn, Pascal, Maine de Biral hab\u00edan esbozado, que Maurice Blondel desarroll\u00f3 magn\u00edficamente, y que adem\u00e1s se encuentra m\u00e1s accesible que ninguna otra a la inteligencia y a las experiencias \u00edntimas de nuestros contempor\u00e1neos, m\u00e1s habituados que todos los dem\u00e1s, por un uso tan prolongado del cristianismo, a observarse y a juzgarse insatisfechos y deficientes.<\/p>\n<p>Pero esta prueba no se distingue esencialmente de la primera. Llega tambi\u00e9n a Dios por la causalidad. Descansa tambi\u00e9n en ese primer principio por el que no puede haber menos realidad en la causa eficiente y total que en el efecto o, como dec\u00eda de grado, que lo m\u00e1s no puede salir de lo menos. Por eso la consideraci\u00f3n del mundo interior tiene m\u00e1s precio y m\u00e1s peso para llevarnos a trascender las apariencias y a buscar la causa total fuera de las cosas. Aun cuando no hubiese m\u00e1s que un universo f\u00edsico y sin ning\u00fan pensamiento, ser\u00eda necesario, para explicarlo rectamente, recurrir a una energ\u00eda transcendente e irreductible. Pero cu\u00e1ntas luces trae aqu\u00ed el examen del mundo interior cuya imperfecci\u00f3n no conoc\u00edan los Antiguos, y que la Edad Media s\u00f3lo comenzaba a explorar!<\/p>\n<p>La existencia del alma racional, que tiene memoria y muy simple, capaz de actos perceptibles \u00abtan perfectos que se dijeran supratemporales\u00bb, y tambi\u00e9n de \u00abactos deliberados en fr\u00edo\u00bb por los que escapa de las ataduras exteriores o interiores, produciendo as\u00ed al exterior, a pesar de la fragilidad de la envoltura corporal, efectos f\u00edsicos extraordinarios, como se ve en el caso de Napole\u00f3n, cuyas decisiones pon\u00edan en jaque a toda Europa; de esta alma sobre todo que por su progreso indefinido excede infinitamente al animal, seg\u00fan se ve comparando la estupidez radical de los monos antropoides mejor domados con el desarrollo del menor hijo del hombre; de esta alma por fin que puede alzarse r\u00e1pidamente de lo m\u00e1s bajo a lo m\u00e1s alto y desarrollar dentro del cristianismo virtudes morales extraordinarias, como lo prueba el ejemplo de los m\u00e1rtires negros de Uganda, los cuales, convertidos del paganismo hac\u00eda solamente cuatro a\u00f1os, prefirieron morir en las hogueras a perder la pureza y la fe, todos estos hechos bien observados y bien concretos eran, en la conversaci\u00f3n del Sr. Pouget, otras tantas pruebas de esta trascendencia del hombre sobe el animal, que no se puede explicar sino por una causa trascendente tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>No se hab\u00eda terminado aqu\u00ed todo y, en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida, el Sr. Pouget a\u00f1ad\u00eda a estas dos pruebas lo que se podr\u00eda llamar una tertia via que se fundaba en la consideraci\u00f3n del estado social y de la acci\u00f3n moral que ejerce este estado social en el hombre. Observaba que las probabilidades favorables de conservaci\u00f3n moral para una familia y para su descendencia de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n dependen sobre todo de la permanencia del ambiente social en un estado que sea moralmente bueno. Pues bien, si observamos la historia, advertimos que esta probabilidad es de hecho infinitamente reducida, y tanto m\u00e1s cuanto m\u00e1s largo ha sido el tiempo vivido por la humanidad. \u00bfPor qu\u00e9? Es porque los que tienen el poder social, y por consiguiente la riqueza de la libertad, aquellos a quienes \u00e9l llamaba los grandes, se ven casi fatalmente llevados a abusar de este poder para satisfacer sus instintos de lucro, de dominio, a veces de lujuria y de ferocidad. Pero, lo que tambi\u00e9n es fatal es que los peque\u00f1os sean arrastrados por el ejemplo de los grandes, sobre todo cuando s\u00f3lo saben leer las clases dirigentes, y aun de \u00e9stas s\u00f3lo algunos miembros, y el \u00fanico medio de instruirse el pueblo es el ejemplo de los grandes, mucho m\u00e1s poderoso para el mal que para el bien. Por eso cuando la raz\u00f3n se entrega a sus propias fuerzas y sin auxilio superior, los efectos del medio social sobre el pueblo humilde y aun sobre las clases medias hacen que la observancia de la moral sea cada vez m\u00e1s dif\u00edcil. Pues s\u00f3lo en un ambiente social civilizado, y por eso moralmente bueno, podemos realizar el tipo conforme al cual hemos sido lanzados al ser y cumplir todas las virtualidades infinitas que hay en nosotros. Existe en ello una paradoja y un desorden fundamental que no deja de sorprender al historiador, cuando \u00e9ste, en lugar de limitar su mirada a una \u00e9poca determinada la dilata a toda la historia del hombre y sobre todo a aquellas \u00e9pocas oscuras que han precedido al cristianismo. Mientras que en el universo f\u00edsico vemos reinar un orden admirable, mientras que los numerosos e inmensos cuerpos que contiene se mueven en \u00e9l con regularidad, mientras que los elementos que forman estos cuerpos y los seres que los habitan existen y obran por s\u00ed mismos seg\u00fan su propia naturaleza, y desarrollan esta naturaleza subordin\u00e1ndola al conjunto, nuestra especie, que es m\u00e1s grande, en calidad y en perfecci\u00f3n en cada uno de sus representantes desarrollados, que el universo f\u00edsico entero, en vez de obrar y de vivir conforme a su naturaleza, es decir seg\u00fan la raz\u00f3n, est\u00e1 de hecho sometida al r\u00e9gimen brutal de la ignorancia, de la pasi\u00f3n y de la fuerza. Este desorden no es s\u00f3lo real, parece irremediable, porque las masas no pueden, en la pr\u00e1ctica, portarse mejor que los grandes, y los grandes, de hecho, son incapaces de domar sus pasiones.<\/p>\n<p>\u00bfAcaso se dir\u00e1 que los progresos de la civilizaci\u00f3n, de la ciencia, de la pol\u00edtica, de la instrucci\u00f3n y de la prensa permiten a la humanidad presente progresar en el bien, y que caminamos hacia una edad en la que la instrucci\u00f3n, m\u00e1s extendida, conducir\u00e1 a una moralidad perfecta? Al Sr. Pouget no le molestaba demostrar que los males antiguos tend\u00edan a aparecer de nuevo en nuestra \u00e9poca, que en particular la prensa, casi siempre sometida al poder del dinero, trabajaba mucho m\u00e1s en corromper a las masas que en instruirlas, mientras les produce la ilusi\u00f3n de que piensan y que se informan por s\u00ed mismas. La historia en el pasado, la observaci\u00f3n para el presente nos muestran pues que las sociedades civilizadas, cuando s\u00f3lo viven con los datos de lo que llaman la raz\u00f3n, y sin los recursos de la revelaci\u00f3n judeo-cristiana, son un medio en el que el hombre no pod\u00eda progresar moralmente m\u00e1s que de una manera muy imperfecta y con un gran esfuerzo, y en el que, de hecho, no ha progresado. Tambi\u00e9n, es un hecho que ninguna sociedad puede conservarse en el estado que permita a sus miembros ser miembros del orden moral, es decir de las personas, si sus representantes y sus cabecillas no creen en la existencia de un orden superior, capaz de dar a cada uno lo que le es debido, de juzgar a las conciencias seg\u00fan la justicia y que sea, por encima de las leyes sociales hechas por los hombres y grabadas en la piedra, como una ley suprema, eterna y viva. En otras palabras, la creencia en una sanci\u00f3n de la moral en el m\u00e1s all\u00e1 aparece como necesaria al equilibrio del cuerpo social. A esta creencia se debe esta mejora progresiva del medio que ha transformado a las sociedades paganas y que, dando a la humanidad el sentido de la persona humana y de la caridad, es el origen de todo cuanto hay de sano en el mundo moderno. Hasta nuestros d\u00edas, el medio social ha necesitado pues de la creencia en Dios para que el hombre moral pueda pr\u00e1cticamente alcanzar su fin.<\/p>\n<p>No faltar\u00e1 quien diga que tal argumento es puramente pragm\u00e1tico y que podr\u00eda ser defendido por un incr\u00e9dulo como Voltaire o un positivista como el Sr. Ch. Maurras. La existencia de las sanciones de ultra tumba ser\u00eda, para estos autores, una ilusi\u00f3n necesaria a la salud del cuerpo social. Pero, \u00bfes pensable que el orden del cuerpo social, la salud y el equilibrio de la humanidad, en su conjunto y en cada uno de sus miembros, est\u00e9n unidos a una creencia ilusoria?<\/p>\n<p>En estas condiciones esta prueba tercera no hace sino aportar a las dos precedentes una fuerza suplementaria, y es quiz\u00e1s la m\u00e1s accesible al pueblo ya que, si la reflexi\u00f3n sobre la contingencia del ser o sobre las armon\u00edas del mundo exige una especie de cultura filos\u00f3fica que s\u00f3lo se concede a un reducido n\u00famero, si el an\u00e1lisis interior de nuestras tendencias profundas y de sus fallos temporales en el curso de la vida, pide igualmente facultades de an\u00e1lisis, la vista del desorden moral y social, la separaci\u00f3n existente entre las exigencias de la justicia y los tristes triunfos del mal no puede por menos de impresionar a las almas rectas y hacerles concluir en un arreglo de cuentas y en una reparaci\u00f3n, lo que implica la existencia de un ser justiciero y legislador del mundo moral, al que puedan seguir apelando todos los peque\u00f1os, todos los oprimidos, todos las m\u00e1rtires, y el cual tambi\u00e9n siembre la inquietud en la conciencia de los poderosos.<\/p>\n<p>Lo que es de notar en estas reflexiones es que \u00e9l aplicaba tambi\u00e9n aqu\u00ed un m\u00e9todo de m\u00ednimum, seg\u00fan esta hermosa ley de prudencia que he descrito al principio del cap\u00edtulo anterior. Cada idea era examinada en s\u00ed misma. Cada aspecto tratado en s\u00ed. Sin forzar el argumento. No se quer\u00eda llegar a Dios. Pero se examinaba tal car\u00e1cter de lo real, el orden que nos presenta como ejemplo, o ese desnivel constante, o esa aspiraci\u00f3n hacia el infinito, y aplicando la raz\u00f3n se buscaba no el m\u00e1ximum, es decir a Dios, sino el m\u00ednimum que se requer\u00eda absolutamente para explicar este efecto sin violentar la raz\u00f3n. Adem\u00e1s con la mayor frecuencia, para evitar presuponer lo que estaba en cuesti\u00f3n, \u00e9l rehu\u00eda emplear la palabra \u00abDios\u00bb: hablaba de una Energ\u00eda que no se consume, o de un autor trascendente, de un autor total&#8230; Me dir\u00e9is que eso no ten\u00eda mucha importancia. Quiz\u00e1s, pero lo hac\u00eda siempre por m\u00e9todo, y para no englobar en la conclusi\u00f3n m\u00e1s de lo que conten\u00edan las premisas.<\/p>\n<p>La prueba \u00faltima de Dios resultaba de la convergencia de las v\u00edas. Como no se pod\u00eda suponer ni por un instante que la superenerg\u00eda que se manifestaba en el cosmos fuera diferente de la inteligencia ordenadora, ni \u00e9sta del autor y garante de la ley moral, ni \u00e9sta de la fuente infinita de las aspiraciones humanas. As\u00ed cada prueba aportaba a la otra algo de su luz, pero importaba no confundir estos rayos convergentes.<\/p>\n<p>Este estudio conduc\u00eda casi en l\u00ednea recta a plantear la noci\u00f3n y la necesidad de la creaci\u00f3n, a la vez que a establecer s\u00f3lidamente la obligaci\u00f3n de la ley moral, el fundamento del deber, as\u00ed como su sanci\u00f3n inevitable.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo IV: El Sr. Pouget, fil\u00f3sofo y te\u00f3logo Mal definido quedar\u00eda el Sr. POUGET si se le redujera a la cr\u00edtica, como he parecido hacerlo hasta el momento. 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Pouget, sacerdote de la Misi\u00f3n (IV)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"04\/03\/2014","format":false,"excerpt":"Cap\u00edtulo III: El Sr. Pouget y la cr\u00edtica religiosa Omnis scriba doctus in regno coelorum\u00a0 similis est homini patri familias, qui profert de thesauro suo nova et vetera. (Mat., XIII,52.) Al dejar esbozarse en la mente, un rasgo tras otro, una primera imagen de nuestro modelo, hemos dado a entender\u2026","rel":"","context":"En \u00abCongregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb","block_context":{"text":"Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/ramas\/congregacion-de-la-mision\/"},"img":{"alt_text":"Bolet\u00edn Informativo Noviembre-Diciembre 2011","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01-294x300.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":26829,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-i\/","url_meta":{"origin":28926,"position":5},"title":"Retrato del sr. Pouget, sacerdote de la Misi\u00f3n (I)","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"01\/07\/2025","format":false,"excerpt":"Acude a la reuni\u00f3n de los ancianos, \u00bfque te encuentras con un sabio? j\u00fantate a \u00e9l. Si VI, 34. Introducci\u00f3n Cuando los azares de la vida nos han colocado frente a un gran ejemplo, ser\u00eda verdaderamente una falta de esp\u00edritu guardarse esta ense\u00f1anza para s\u00ed solo. Los Ancianos insistieron mucho\u2026","rel":"","context":"En \u00abCongregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb","block_context":{"text":"Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/ramas\/congregacion-de-la-mision\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/f-4-scaled.jpg?fit=1200%2C570&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/f-4-scaled.jpg?fit=1200%2C570&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/f-4-scaled.jpg?fit=1200%2C570&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/f-4-scaled.jpg?fit=1200%2C570&resize=700%2C400 2x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2013\/04\/f-4-scaled.jpg?fit=1200%2C570&resize=1050%2C600 3x"},"classes":[]}],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28926","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=28926"}],"version-history":[{"count":0,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/28926\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=28926"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=28926"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=28926"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}