{"id":28587,"date":"2025-01-29T08:06:00","date_gmt":"2025-01-29T07:06:00","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/28587\/ozanam-un-sabio-entre-los-pobres-12-la-revolucion-de-1848\/"},"modified":"2024-08-22T18:05:17","modified_gmt":"2024-08-22T16:05:17","slug":"ozanam-un-sabio-entre-los-pobres-12-la-revolucion-de-1848","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/ozanam-un-sabio-entre-los-pobres-12-la-revolucion-de-1848\/","title":{"rendered":"Ozanam, un sabio entre los pobres. 12. La revoluci\u00f3n de 1848"},"content":{"rendered":"<p>Nada en los escritos de Ozanam deja traslucir, a princi\u00adpios del a\u00f1o 1848, los disturbios de la revoluci\u00f3n que se pre\u00adparaba. El 21 de febrero, d\u00eda del inicio de las hostilidades, Federico cuenta en una carta a Falconnet que Amelia y Mar\u00eda han pasado bien el invierno, que sus hermanos gozan de buena salud y que Carlos contin\u00faa cosechando \u00e9xitos de lo que est\u00e1 orgulloso. A\u00f1ade que la vieja Mar\u00eda (Guigui), quien tiene ahora setenta y nueve a\u00f1os, le ha dado alg\u00fan rato de preocupaci\u00f3n debido a un acceso de fiebre persistente, pero que el peligro ya ha desaparecido.<\/p>\n<p>En el seno de la sociedad parisina, los grandes rom\u00e1n\u00adticos se han ajustado a los cambios; Hugo y Lamartine, abandonando sus ideas legitimistas, abrazan la causa repu blicana. En la apertura hacia la democracia, es innegable que Ozanam lleva la delantera a sus contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>Al principio de este mes de febrero, el ex-profesor Lenor\u00admant, redactor en jefe del nuevo <em>Correspondant, <\/em>ha insertado con mucho acierto en el peri\u00f3dico un art\u00edculo de Ozanam titu\u00adlado: <em>Los peligros de Roma y sus esperanzas. <\/em>Este art\u00edculo es el resumen de un discurso que Federico ha pronunciado en el C\u00edrculo cat\u00f3lico unos meses antes. En \u00e9l habla de la obra del Denario de P\u00edo IX, una subscripci\u00f3n creada en Francia el a\u00f1o anterior (15 de setiembre de 1847) en favor del tesoro pontifi\u00adcio, con el fin de ayudar al Papa a defender sus posiciones y concluir para siempre la alianza del cristianismo con la liber\u00adtad. En este art\u00edculo fue donde Ozanam lanz\u00f3 el c\u00e9lebre: <em>Pas\u00e9\u00admonos a los b\u00e1rbaros, <\/em>que suscit\u00f3 en peri\u00f3dicos y revistas una protesta general.<\/p>\n<p><em>L&#8217; Univers, <\/em>como es f\u00e1cil de adivinar, fue r\u00e1pido en la cr\u00edtica, y Federico debi\u00f3 justificarse, ya que la mayor parte de sus colegas, incluso cat\u00f3licos, con excepci\u00f3n de Lacor\u00addaire, del abate de Maret y de algunos m\u00e1s, no correspon\u00addieron a su consigna. Ser\u00eda prolijo analizar aqu\u00ed los aconte\u00adcimientos que provocaron este clamor. En el esp\u00edritu de Ozanam, se trata de una invitaci\u00f3n urgente a la burgues\u00eda para unirse al pueblo. Muchos lectores creyeron que Oza\u00adnam los exhortaba a volverse hacia los radicales quienes entonces conspiraban en Francia a favor de la revoluci\u00f3n, en Italia por la independencia. Federico, entre tanto, sigue sien\u00addo sincero consigo mismo; se explica sin retractarse.<\/p>\n<p>Esto es lo que escribe a Te\u00f3filo Foisset, director del <em>Correspondant. <\/em>Ozanam alude a los esfuerzos del Soberano Pont\u00edfice para conseguir la liberaci\u00f3n de la Iglesia por la seculizarizaci\u00f3n del Estado. En Italia como en Francia, la religi\u00f3n y la pol\u00edtica estaban tan imbricadas que s\u00f3lo pod\u00edan dar origen a relaciones malsanas. Por eso, a los ojos de Oza\u00adnam, el Papa hab\u00eda optado por la democracia; se hab\u00eda colo\u00adcado deliberadamente de parte del pueblo. Al decir: \u00abPas\u00e9\u00admonos a los b\u00e1rbaros, escribe Federico, pido que hagamos como \u00e9l (el Papa) que en lugar de abrazar los intereses de un ministerio doctrinario o de unos pares asustados o de una burgues\u00eda ego\u00edsta, nos ocupemos del pueblo que tiene dema\u00adsiadas necesidades y no suficientes derechos, que reclama con raz\u00f3n una parte m\u00e1s decisiva en los asuntos p\u00fablicos, garant\u00edas en el trabajo, y contra la miseria, que tiene malos jefes sin la esperanza de encontrarlos buenos y a quien no se debe responsabilizar ni de la <em>Histoire des Girondins<\/em> que no lee, ni de los banquetes en los que no come. En el pueblo es donde veo suficientes restos de fe y de moralidad para sal\u00advar a una sociedad cuyas clases altas est\u00e1n perdidas\u00bb.<\/p>\n<p>Una ola de reproches sigue a este grito que sorprende en una pluma tan moderada como la de Ozanam, pero los hechos dar\u00e1n la raz\u00f3n a su clarividencia.<\/p>\n<p>Recordamos esos banquetes en los que se calentaban los esp\u00edritus democr\u00e1ticos, reclamaban a gritos reformas y sobre todo el sufragio universal. La prohibici\u00f3n de uno de ellos, el del distrito XII, encender\u00e1 la mecha y ser\u00e1 el pr\u00f3lo\u00adgo de las jornadas sangrientas de febrero.<\/p>\n<p>Bajo la presi\u00f3n reiterada de Guizot, que ve en estas reuniones un ataque directo a la monarqu\u00eda, el rey se deci\u00adde por fin a intervenir, ordena a la guardia nacional que acabe con ellas.<\/p>\n<p>Los diputados barruntan el jaleo y se quedan en casa. Lamartine acude all\u00ed por lo menos, su presencia estimula a los estudiantes y a los obreros quienes, por represalias, se precipitan hacia las Tuileries, residencia del rey, y rompen todas las sillas.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, 22 de febrero, levantan barricadas en los barrios pobres y se pasean por las calles gritando: <em>\u00a1Abajo <\/em><em>Guizot, viva la Reforma! <\/em>El 23, por la tarde, un grupo de sublevados se dirige al bulevar de los Capuchinos y se mani\u00adfiesta delante de la casa de Guizot, vilipendiado por su pol\u00ed\u00adtica atrasada y conservadora.<\/p>\n<p>De repente, sin saber de d\u00f3nde, se oye un disparo. La guardia nacional tiene miedo y replica. En el tumulto, mue\u00adren quince transe\u00fantes. Aumenta la tensi\u00f3n. Los cad\u00e1veres son paseados por las calles entre gritos de venganza.<\/p>\n<p>Al otro d\u00eda, un gran n\u00famero de soldados de la guardia nacional, por temor o por convicci\u00f3n, se colocan del lado de los manifestantes. Al ver el rey la deserci\u00f3n de aquellos a quienes se complac\u00eda en llamar sus \u00abcamaradas\u00bb, le entra miedo, despide a Guizot y llama a Thiers, ex-presidente del Consejo, apodado el \u00abveleta\u00bb, a causa de sus constantes vacilaciones entre la Resistencia y el R\u00e9gimen.<\/p>\n<p>\u00abSalid para Saint-Cloud, aconseja Thiers a su rey, reu\u00adnid a vuestras tropas y nosotros intentaremos recuperar Par\u00eds\u00bb. Despu\u00e9s nombra al mariscal Bugeaud al mando del ej\u00e9rcito, un hombre detestado. El mismo d\u00eda, el rey se arries\u00adga a pasar revista a sus tropas, pero, recibido por una multi\u00adtud agitada, regresa precipitadamente a las Tuileries y se resigna a abdicar en favor de su nieto de diez a\u00f1os, el conde de Par\u00eds\u00bb.<\/p>\n<p>Durante este tiempo se forman dos grupos opuestos, uno en el Palacio Bourbon encabezado por Lamartine, Dupont de l&#8217;\u00c9ure, Ladru-Rollin, de tendencias socialistas, Arago, el sabio moderado, y otro m\u00e1s. Deciden formar un gobierno provisional.<\/p>\n<p>El otro grupo, reunido en el H\u00f3tel de Ville, se compone sobre todo de radicales y de reformistas preocupados por lo \u00absocial\u00bb, como Luis Blanc, quien ha escrito mucho sobre la mejora de la condici\u00f3n obrera, Flocon, Marrast, el obrero Albert.<\/p>\n<p>Advertido de este <em>doble gobierno y <\/em>deseando evitar un conflicto sangriento, el grupo del Palacio Bourbon se dirige a toda prisa al H\u00f3tel de Ville, y, despu\u00e9s de una alianza tan f\u00e1cil como r\u00e1pida, Ledru-Rollin, rode\u00e1ndose de los m\u00e1s ambiciosos socialistas como secretarios de Estado, logra que el pueblo acepte una lista de personas capaces de formar un gobierno provisional <em>republicano. <\/em>La duquesa de Orl\u00e9ans, madre del conde de Par\u00eds, hab\u00eda ido con su hijo al Palacio de Bourbon a encontrarse con los miembros eventuales del nuevo gobierno, pero, al invadir la sala una multitud arma\u00adda, se crey\u00f3 acertado alejarla para evitar lo peor.<\/p>\n<p>\u00a1La Monarqu\u00eda de Julio acaba de derrumbarse!<\/p>\n<p>Ozanam no ve en ello ning\u00fan drama. Luis Felipe no logr\u00f3 nunca conquistar su admiraci\u00f3n; el ciudadano rey ha gobernado a su gusto durante dieciocho a\u00f1os una Francia hoy cansada del <em>statu quo. <\/em>Este pa\u00eds debe cambiar. El reina\u00addo de los burgueses ego\u00edstas, seg\u00fan recuerda Ozanam, ha creado un proletariado que, neg\u00e1ndose abiertamente al paro y a la miseria, reclama ahora a voz en cuello que se ocupen de \u00e9l. El pueblo ha demostrado suficientemente ser razona\u00adble y pasivo; ha llegado el momento de exigir reformas.<\/p>\n<p>Claro est\u00e1 que el nuevo gobierno no puede solucionar en un d\u00eda todos los problemas; el pueblo se impacienta. Se publican, sin embargo, tres medidas principales: <em>La libertad<br \/>\n<\/em><em>de prensa, la libertad de reuni\u00f3n <\/em>y <em>el derecho de todo ciu\u00addadano a formar parte de la guardia nacional, <\/em>privilegio hasta entonces reservado a los peque\u00f1os burgueses.<\/p>\n<p>Tales medidas no dan de comer a los indigentes. Los obreros invaden pronto el H6tel de Ville y reclaman el dere\u00adcho al trabajo. Luis Blanc redacta aprisa un decreto que crea los Talleres nacionales, especie de banca de empleo desti\u00adnada a luchar contra el paro. Se consigue calmar moment\u00e1\u00adneamente los esp\u00edritus sin satisfacer esa necesidad de <em>igual\u00ad<\/em><em>dad <\/em>a la que aspira el pueblo hace tanto tiempo. En medio del tumulto, Lamartine multiplica sus discursos, y su elocuencia, a fe m\u00eda, hace maravillas en los sentimientos de impaciencia y de venganza. Se prometen elecciones gene\u00adrales para el 9 de abril con sufragio universal, y se suprime la pena de muerte en materia pol\u00edtica. Esta medida permite al rey exiliarse a Inglaterra y a los legitimistas activos aban\u00addonar Francia. Se dice que el mismo Lamartine ayud\u00f3 a Guizot a cruzar la frontera.<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n de 1848 no tuvo el car\u00e1cter terror\u00edfico de la de 1830. El tributo de las jornadas de febrero se cifr\u00f3 en unas mil doscientas v\u00edctimas. Ozanam, en una carta a su her\u00admano Alfonso, que vive ahora en Lille, al norte de Francia, cuenta que la rep\u00fablica ha sido proclamada sin fanatismo porque la monarqu\u00eda, ensayada tres veces bajo Napole\u00f3n, bajo Luis XVIII y bajo Luis Felipe, hab\u00eda dado tres veces prueba de su impotencia. La gente, en el fondo, deseaba una nueva clase de gobierno. \u00ab\u00bfSe trata de que no hay peligro?, prosigue Federico. Por el contrario lo hay y mayor que en el pasado. Detr\u00e1s de la revoluci\u00f3n pol\u00edtica, hay una revoluci\u00f3n social, detr\u00e1s de una cuesti\u00f3n de la rep\u00fablica que no intere\u00adsa m\u00e1s que a los letrados, est\u00e1n las cuestiones que interesan al pueblo, por las cuales se ha armado, las cuestiones de la organizaci\u00f3n del trabajo, del descanso, del salario. No hay \u00a0que creer que se pueda escapar de estos problemas. Si se piensa que se dar\u00e1 satisfacci\u00f3n al pueblo con asambleas pri\u00admarias, con consejos legislativos, con magistrados nuevos, con un presidente, eso ser\u00eda un error grave: y de aqu\u00ed a diez a\u00f1os y tal vez antes, se volver\u00e1 a empezar\u00bb.<\/p>\n<p>Federico conoc\u00eda muy bien a estos \u00abb\u00e1rbaros\u00bb; los visi\u00adtaba hac\u00eda tantos a\u00f1os y, sin absolverlos de todas sus pasio\u00adnes, \u00e9l los admiraba.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de la victoria de los d\u00edas de febrero, podr\u00eda esperarse un pillaje sin piedad. Todo lo contrario, el pueblo mismo garantiz\u00f3 cierto orden frente a los abusos de radica\u00adles, malhechores, presos liberados que invad\u00edan los palacios, los hoteles particulares, las iglesias. Al comenzar los distur\u00adbios, los vasos sagrados y los crucifijos de la capilla real de las Tuileries fueron llevados en triunfo a la iglesia de Saint\u00adRoch, y los mismos sublevados se arrodillaban para pedir al cura su bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>A partir del 27 de febrero, el Padre Lacordaire aparece de nuevo en Notre-Dame, y por toda Francia se plantan \u00e1rboles de la libertad. \u00abLa divisa del pueblo: libertad, igual\u00addad, fraternidad, es el puro evangelio\u00bb, exclamar\u00e1 Ozanam. Hasta este momento, la revoluci\u00f3n de 1848 se parece m\u00e1s a una toma de conciencia que a un conflicto armado. Reina al menos la impresi\u00f3n de que los franceses han sabido com\u00adportarse en esta primavera precoz en que los casta\u00f1os des\u00adpliegan como un signo de paz y de confianza su blanco espect\u00e1culo.<\/p>\n<p>La primavera, este renacimiento que lleva a nuevas esperanzas, conduce a Ozanam y al abate Maret donde el Padre Lacordaire. Se les ha ocurrido la idea de fundar un peri\u00f3dico bajo la direcci\u00f3n del ilustre predicador convertido en \u00eddolo nacional. \u00c9ste encuentra la iniciativa feliz, la sus\u00adcribe con entusiasmo. Se celebran muchas reuniones en su casa los d\u00edas siguientes. Por alg\u00fan tiempo se llega a pensar en comprar <em>l&#8217;Univers, <\/em>pero existen temores de que el nuevo peri\u00f3dico se vea identificado para siempre con la actitud vehemente del antiguo. El 28 de febrero, Lacordaire, en carta a su amigo Montalembert, a\u00f1ade la posdata: \u00abNuestro peri\u00f3dico aparecer\u00e1 bajo el t\u00edtulo: <em>Le Fraternel. <\/em>Yo ser\u00e9 el director con la ayuda de ocho personas cuyos nombres ya te he dado\u00bb. Estas ocho personas son: el abate Maret, los se\u00f1o\u00adres Ozanam, de Coux, Charles Sainte-Foi, Prosper Lorain, de la Baume, J.P. Tessier y H. Gouraud<sup>146<\/sup>. Sin embargo, al d\u00eda siguiente, se cambia el t\u00edtulo del peri\u00f3dico por el de <em>l&#8217;Ere <\/em><em>nouvelle. <\/em>Veuillot, con su humor ca\u00fastico, le llamar\u00e1 desde la presentaci\u00f3n <em>l&#8217;Erreur nouvelle.<\/em><\/p>\n<p>Se env\u00edan prospectos para explicar la clase de peri\u00f3di\u00adco que se prepara. Claro que enseguida afluyen de todas par\u00adtes, en la prensa y en las revistas, cr\u00edticas dictadas por el miedo al cambio, por la envidia y por el temor de una divi\u00adsi\u00f3n entre cat\u00f3licos.<\/p>\n<p>Un peri\u00f3dico cat\u00f3lico nuevo <em>molesta, <\/em>al parecer. No necesitan otra cosa Lacordaire y su equipo para reafirmarse en su decisi\u00f3n. El anuncio del diario contiene este pasaje: \u00abUnos esperan, los otros dudan, muchos maldicen, un gran n\u00famero cree y espera. Somos de los que creen y esperan, porque, en medio de estas cat\u00e1strofes repetidas, seguimos viendo dos cosas en pie: la naci\u00f3n y la religi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>El primer n\u00famero de <em>l&#8217;Ere nouvelle <\/em>aparece el 15 de abril. Se cuenta ya con mil cien abonados, y el n\u00famero aumentar\u00e1 hasta tres mil doscientos, dos meses m\u00e1s tarde. Los art\u00edculos no est\u00e1n firmados, pero es f\u00e1cil reconocer a los autores. La homogeneidad de las ideas es <em>satisfactoria, <\/em>y <em>no <\/em><em>perfecta, <\/em>ya que el Padre Lacordaire es un republicano del \u00abd\u00eda\u00bb y no de la \u00abv\u00edspera\u00bb, como Ozanam y la mayor parte de sus amigos. Se le siente en la brecha. Aprueba el trabajo de sus colegas, pero siempre a cierta distancia en lo referen\u00adte a la pol\u00edtica. Cosa que no durar\u00e1 mucho.<\/p>\n<p>Las elecciones est\u00e1n prepar\u00e1ndose. Deb\u00edan tener lugar el 9 de abril, pero, a consecuencia de una manifestaci\u00f3n, se han aplazado al 23 de abril. Par\u00eds no es Francia, la revolu\u00adci\u00f3n ha sido casi s\u00fabita, <em>y, <\/em>por primera vez, se realizan por sufragio universal; por eso hay que educar a la masa, pro\u00adnunciar discursos, prepararla para elegir buenos candidatos.<\/p>\n<p><em>Elegir buenos candidatos; <\/em>se emprende una campa\u00f1a entre los cat\u00f3licos en este sentido. La atm\u00f3sfera es febril. Se dice de Lacordaire, de Ozanam y de sus amigos que son los hombres de la situaci\u00f3n. Hay un continuo ir y venir en el domicilio de Ozanam. Se discute mucho los aconteci\u00admientos, lo que hace decir a la peque\u00f1a Mar\u00eda que todav\u00eda no tiene tres a\u00f1os: \u00abno hay rey, no hay diputados, no hay pares, no hay ministros, todo roto, todos se han largado\u00bb (textual). \u00abNo s\u00e9 d\u00f3nde hab\u00eda aprendido estas cosas tan bien dichas, cuenta Ozanam a su hermano Alfonso, pero las dec\u00eda bien claras\u00bb.<\/p>\n<p>A finales de marzo, Luis Gros, amigo y colega de Fede\u00adrico, le escribe de Lyon y le anuncia una noticia singular: \u00abHab\u00e9is sido nombrado candidato a la Asamblea constitu\u00adyente en vuestra ciudad natal (sic). Nadie mejor que vos podr\u00e1 contribuir a la fundaci\u00f3n de nuestra nueva Francia. Tened a bien decirnos si acept\u00e1is la candidatura\u00bb.<\/p>\n<p>Federico se siente profundamente emocionado por esta invitaci\u00f3n inesperada, pero duda. \u00bfEst\u00e1 preparado para la pol\u00edtica? \u00bfTendr\u00e1 salud? Sabe muy bien que es ante todo un literato, un investigador, y que la vida pol\u00edtica activa le impondr\u00e1 luchas diarias, peligros, terribles sacrificios.<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s se nos presenta la ocasi\u00f3n de admirar su desinter\u00e9s, su entrega a los dem\u00e1s, su abandono a Dios. Responde a su amigo que los peligros que han de venir no le dan miedo, que aceptar\u00eda con gusto el \u00abpeligroso honor\u00bb, si tal fuese la voluntad de Dios, y si su candidatu\u00adra respondiese a la <em>voluntad general <\/em>de sus conciudada\u00adnos. Al mismo tiempo, se informa de cu\u00e1les podr\u00edan ser sus posibilidades de \u00e9xito y comunica sus ideas personales: \u00abAcepto la soberan\u00eda de la naci\u00f3n y la forma repu\u00adblicana: las acepto no como un mal de los tiempos al que hay que doblegarse, sino como un progreso que hay que mantener sin pensar volver a realizar imposibles en ade\u00adlante. Quiero la rep\u00fablica pac\u00edfica, protectora de todas las libertades civiles, pol\u00edticas, religiosas, sin intervenci\u00f3n del Estado en las cuestiones de foro interno. Quiero en fin con el respeto de la propiedad, de la industria y del comer\u00adcio, todas las instituciones que puedan mejorar y renovar la condici\u00f3n de los obreros. Quiero menos la organizaci\u00f3n del trabajo que la de los trabajadores en asociaciones voluntarias, ya entre s\u00ed, ya con los due\u00f1os\u00bb. Ozanam ter\u00admina diciendo que Dios no destruye m\u00e1s que para cons\u00adtruir mejor y que ve en el advenimiento milagroso de P\u00edo IX un elemento primordial de este plan divino. Ozanam est\u00e1 preocupado por la reacci\u00f3n de los sacerdotes y de los cat\u00f3licos a la nueva rep\u00fablica. En esta carta a su hermano Alfonso, le estimula a tomar una actitud democr\u00e1tica, deseando que el clero d\u00e9 el ejemplo del acercamiento que debe operarse entre el pueblo y ellos: \u00abOc\u00fapate siempre de los criados como de los amos, y de los obreros como de los ricos, precisa; \u00e9sta es en adelante la \u00fanica v\u00eda de sal\u00advaci\u00f3n para la Iglesia en Francia. Es preciso que los curas renuncien a su peque\u00f1a parroquia burguesa, reba\u00f1o selec\u00adto en medio de esta inmensa poblaci\u00f3n que no conocen. Es preciso que se ocupen no s\u00f3lo de los indigentes, sino de toda esa clase pobre que no pide limosna y a la que, sin embargo, se atrae por predicaciones especiales, por aso\u00adciaciones de caridad, por el afecto que se les testimonia y por el que se siente m\u00e1s conmovida de lo que se cree\u00bb.<\/p>\n<p>Esta misma semana, le ofrecen una candidatura en Par\u00eds, pero la rechaza para aceptar la de Lyon. Esta candidatura representa para \u00e9l un deber de honor, de patriotismo y de entrega. Amelia aprueba sin entusiasmo la decisi\u00f3n de Fede\u00adrico. En su interior, Ozanam desea no ser elegido. Pide a Alfonso que rece por \u00e9l, especialmente en la misa de Pascua.<\/p>\n<p>Las elecciones tienen lugar en 23 de Abril. Dada la extensi\u00f3n del pa\u00eds, los resultados no se conocen hasta varios d\u00edas despu\u00e9s. Ozanam, inscrito con retraso en la lista oficial de los candidatos, no sale elegido; sin embargo, recibe cerca de diecis\u00e9is mil votos y se siente honrado. \u00a1Los lioneses no le han olvidado! Lacordaire, candidato sin saberlo \u00e9l, es el elegido por el departamento de Bouches-du-Rh\u00f3ne, es decir, por los marselleses, y acepta. Esta noticia alegra a todos los cat\u00f3licos de Francia; Ozanam ve en la llegada de su amigo a la Asamblea nacional una intervenci\u00f3n de la Providencia.<\/p>\n<p>El 15 de mayo tiene lugar en el Palacio Bourbon una manifestaci\u00f3n de los radicales en favor de la Polonia oprimida. La guardia nacional con la ayuda de la guardia m\u00f3vil logran con dificultad la evacuaci\u00f3n de la Asamblea y evitan por muy poco la toma del H\u00f4tel de Ville. Durante cuarenta y ocho horas, Par\u00eds est\u00e1 bajo las armas. Federico forma parte de la guardia nacional.<\/p>\n<p>\u00abCuando volv\u00eda de mi clase muy cansado y con prisas de tomarme alg\u00fan reposo, oigo tocar precipitadamente al arma\u00bb, cuenta \u00e9l. Me entero de que la Asamblea est\u00e1 invadida y que el mot\u00edn se ha apoderado del H\u00f4tel de Ville. Apenas tengo tiempo de tomar mis armas y bajar a la calle. Se nos distribuyen cartuchos y durante una hora seguimos sin saber si hay una autoridad reconocida, una bandera, un orden p\u00fablico que defender\u00bb. Pero la pobla\u00adci\u00f3n se une a la guardia nacional y pronto los insurgentes se dispersan. La paz es a\u00fan fr\u00e1gil.<\/p>\n<p>Desde hace algunas semanas, las preocupaciones de Federico se han multiplicado. Adem\u00e1s de su colaboraci\u00f3n en <em>l&#8217;\u00c9re nouvelle, <\/em>de la preparaci\u00f3n de sus clases, de las tensio\u00adnes ocasionadas por su candidatura, una prueba cruel viene a caer sobre su familia. El se\u00f1or Soulacroix, quien no se ha repuesto de la muerte de Te\u00f3filo, padece una par\u00e1lisis gra\u00addual, dolorosa y grave que le impide el uso de las piernas. Amelia, que ama con ternura a su padre, se siente afectada de modo especial, y ve c\u00f3mo su madre tiene que comenzar con su marido los mismos cuidados que hab\u00eda prodigado a su hijo. Los m\u00e9dicos se sienten incapaces y los tratamientos fracasan. La familia se sume en la consternaci\u00f3n resign\u00e1n\u00addose a lo peor.<\/p>\n<p>En el campo pol\u00edtico, Federico sufre una amarga decep\u00adci\u00f3n. Al d\u00eda siguiente de la revuelta en la Asamblea nacional, el Padre Lacordaire, tenido por el supremo defensor de la fe cat\u00f3lica, abandona sus funciones de diputado y anuncia ofi\u00adcialmente su dimisi\u00f3n. En una carta a sus electores, precisa que no puede conciliar sus deberes espec\u00edficos de la vida religiosa con los deberes dif\u00edciles y severos de representan\u00adte del pueblo. Se puede imaginar la tristeza y el desencan\u00adto de Ozanam sabiendo las esperanzas que hab\u00eda puesto en la elecci\u00f3n de este hombre prestigioso. Elecciones suple\u00admentarias se celebran a primeros de junio. En esta ocasi\u00f3n, el sobrino del Emperador, el pr\u00edncipe Luis Napole\u00f3n Bonaparte, este regalista convertido en republicano, es elegido por cuatro departamentos y escoge el del Sena. Una vez seguros de esta elecci\u00f3n, un gran n\u00famero de sus partidarios, antiguos bonapartistas, comienzan a manifestarse por las calles <em>y <\/em>perturban de nuevo la paz precaria de la capital. Los esp\u00edritus se encienden. Hay luchas en ciertos barrios. El gobierno habla de disolver los Talleres nacionales creados al d\u00eda siguiente de las jornadas de febrero. Despu\u00e9s de un censo de los obreros inscritos en los Talleres, y sobre todo despu\u00e9s del informe Falloux, aparecido el 19 de junio, se resuelve forzar a los de 18 a 25 a\u00f1os a alistarse en el ej\u00e9rcito y enviar a los otros a buscarse trabajo a provincias. Los obreros, inquietos y agitados, armados en su mayor\u00eda, se reagrupan en la Bastilla el 23 de junio, so pretexto de rendir homenaje a los m\u00e1rtires de 1789. Exigen el restablecimiento de los Talleres nacionales. Ante esta nueva amenaza de insurrec\u00adci\u00f3n, se delega el poder al general Cavaignac quien llama al ej\u00e9rcito y a la guardia nacional, se levantan barricadas en las calles. La guerra civil es inminente. Ozanam pasa seis d\u00edas bajo las armas. Destinado a la guardia de la alcald\u00eda de su distrito, no se ve expuesto al fuego de fusil, pero presiente lo peor. Por eso suplica a Amelia que huya con sus padres a Versalles, mientras hay todav\u00eda coches disponibles, pero el transporte del enfermo hace la cosa imposible. Carlos Sou lacroix es llamado al asalto de las barricadas y ve caer a su lado a sus camaradas. Carlos Ozanam, adscrito al H\u00f3tel\u00adDieu, atiende a centenares de heridos. Algunos d\u00edas despu\u00e9s de las hostilidades, Ozanam conf\u00eda a Alfonso.<\/p>\n<p>Mi conciencia est\u00e1 en regla y yo no habr\u00eda retrocedido ante el peligro. Sin embargo, debo confesar que es un momento terri\u00adble cuando uno abraza a su mujer y a su hija pensando que tal vez es la \u00faltima vez.<\/p>\n<p>La Sociedad de San Vicente de Pa\u00fal pag\u00f3 muy caro estos d\u00edas de junio. Enrique Lecoq y un joven de nombre Charre murieron en la insurrecci\u00f3n. El presidente general, Adolfo Baudon, recibi\u00f3 un balazo en la pierna. A partir del 27, Federico env\u00eda una carta a todos sus consocios pidi\u00e9n\u00addoles que recen por ellos y por la paz.<\/p>\n<p>No podemos dejar pasar en silencio la muerte heroica de Monse\u00f1or Affre, arzobispo de Par\u00eds.<\/p>\n<p>El domingo 25 de junio, Federico se halla de servicio en su barrio, en compa\u00f1\u00eda de Cournudet y de Bailly. Durante las guardias discut\u00edan juntos los sucesos, tratando de encontrar una soluci\u00f3n que pusiera fin a la guerra civil. De repente pensaron que la intervenci\u00f3n de Monse\u00f1or Affre en las barricadas podr\u00eda calmar tal vez a los amotinados, detener el combate y dar al gobierno una \u00faltima oportuni\u00addad de soluci\u00f3n. Seguros de la idea, se dirigen a la casa de su amigo el abate Bucquet. \u00c9ste les da un pase que les per\u00admite llegar hasta el arzobispado, sin mayores dificultades. Monse\u00f1or Affre los recibe con solicitud. Los escucha y les conf\u00eda que desde la v\u00edspera se siente atormentado, buscan\u00addo en vano un modo de hacerse \u00fatil. \u00bfC\u00f3mo llegar hasta Cavaignac, jefe de la organizaci\u00f3n del orden, para pedirle permiso? Ozanam, Bailly y Cornudet se ofrecen a trazarle el camino hacia la Asamblea nacional y le garantizan los sentimientos de veneraci\u00f3n del pueblo. \u00ab\u00a1Bueno, all\u00e1 voy! declara Monse\u00f1or. \u00bfTendr\u00e9 que llevar una sencilla sotana para no ser advertido o mi sotana violeta con la cruz pecto\u00adral?\u00bb pregunta a sus compa\u00f1eros. Los tres le aconsejan la sotana violeta y la cruz de oro, bien a la vista en el pecho. El prelado se ausenta unos minutos, y cuando vuelve, un sacerdote, p\u00e1lido y jadeante, entra y le cuenta las escenas espantosas de las que acaba de ser testigo.<\/p>\n<p>Monse\u00f1or Affre le escucha, pero no se deja impresio\u00adnar; su decisi\u00f3n est\u00e1 tomada, ir\u00e1 a las barricadas. Desde que aparece en la calle, la gente se descubre y se arrodilla a su paso; es una marcha triunfal, de la Isla Saint-Louis hasta la Asamblea nacional. Sin conocer exactamente el motivo de esta marcha, el pueblo presiente alg\u00fan acontecimiento grave al que el Arzobispo no es ajeno. En el Palacio Bourbon \u00abel general Cavaignac recibi\u00f3 al Arzobispo con respeto y admi\u00adraci\u00f3n. Acept\u00f3 su intervenci\u00f3n valiente confi\u00e1ndole un poder ante los insurgentes y una \u00faltima promesa de miseri\u00adcordia, si depon\u00edan las armas\u00bb. El ministro no ocult\u00f3 al pre\u00adlado los peligros a que se expon\u00eda: uno de los generales, el general Br\u00e9a, acaba de ser hecho prisionero. El arzobispo persiste en su decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Cornudet, Bailly y Ozanam quieren acompa\u00f1arle a toda costa, pero Monse\u00f1or se niega. \u00abVuestro uniforme de guardias nacionales puede estorbar mi misi\u00f3n, dice senci\u00adllamente, prefiero presentarme solo\u00bb, y les da la mano. Sus compa\u00f1eros le ven alejarse, con los ojos enturbiados por las l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Se cuenta que Monse\u00f1or Affre, consciente de los peli\u00adgros que le esperaban, volvi\u00f3 al arzobispado para descansar un momento, para confesarse y recibir la santa comuni\u00f3n. Luego sale de nuevo, seguido de sus vicarios Jacquemet y Ravinet y de su fiel criado que se niega a abandonarle. La multitud le acompa\u00f1a hasta el faubourg Saint-Antoine. A los que quieren detenerle, les dice: \u00abEl buen Pastor ha dado la vida por sus ovejas\u00bb. En la plaza del Arsenal, se detiene un momento y bendice a los heridos. Se lucha encarnizadamen\u00adte. Son las ocho de la tarde. Un sol rojo, implacable, intensi\u00adfica el horrible espect\u00e1culo de las barricadas. Muebles tum\u00adbados, vigas, montones de pav\u00e9s se apilan en las bocacalles. La guardia nacional y la guardia m\u00f3vil, atrincheradas en las casas, montan guardia y replican al primer disparo. Cad\u00e1ve\u00adres cubren el suelo, y los lamentos de los heridos, a quienes no se logra recoger, se mezclan al tiroteo. Nubes de polvo se levantan aqu\u00ed y all\u00e1. Llegado a la plaza de la Bastilla, le comunican que acaban de matar al general N\u00e9grier, pero nada detiene al prelado. Un joven vicenciano, el joven Br\u00e9chemin, tiene la idea de atar un pa\u00f1uelo blanco a un \u00e1rbol para atraer la atenci\u00f3n y, provisto de una rama verde, precede a Monse\u00ad\u00f1or hasta las barricadas. Es entonces cuando los insurgentes reconocen a su Arzobispo. El fuego cesa un momento. En lugar de seguir al joven estudiante el prelado escoge penetrar directamente en las barricadas por una tienda con dos salidas, y, en el instante en que llega a la segunda barricada, llevando en la mano la promesa de gracia de Cavaignac, grita con fuer\u00adte voz: \u00abAmigos, amigos m\u00edos\u00bb. Guardias m\u00f3viles se lanzan detr\u00e1s de \u00e9l, los obreros se oponen y sigue una refriega. Una bala parte de una ventana, alcanza al Arzobispo en la espal\u00adda. El pastor titubea un momento, luego se desploma. \u00a1\u00bbQue mi sangre sea la \u00faltima que se vierta\u00bb!, exclama.<\/p>\n<p>Los insurgentes se precipitan en su ayuda y con pre\u00adcauci\u00f3n le transportan a la residencia presbiteral de Saint-Antoine.<\/p>\n<p>Con la columna vertebral rota y presa de vivos sufri\u00admientos, Monse\u00f1or Affre morir\u00e1 treinta y seis horas m\u00e1s tarde. Contaba cincuenta y cinco a\u00f1os.<\/p>\n<p>La Iglesia perd\u00eda a este hombre valiente, a uno de sus m\u00e1s intr\u00e9pidos defensores, y los pobres, a un padre y a un valioso aliado.<\/p>\n<p>Para Ozanam, la muerte tr\u00e1gica del Arzobispo, este amigo generoso que le quer\u00eda profundamente y que le hab\u00eda apoyado siempre en sus tomas de posici\u00f3n, es un golpe terrible. \u00abFederico se sinti\u00f3 cruelmente atormentado duran\u00adte mucho tiempo, cuenta Amelia, y le rezaba con frecuen\u00adcia\u00bb. Al d\u00eda siguiente del drama, Cavaignac manda a sus tropas al asalto de las barricadas y aplasta la resistencia. La insurrecci\u00f3n habr\u00e1 costado a los dos campos varios miles de muertos.<\/p>\n<p>Una calma triste, como una espesa niebla de duelo, envuelve la ciudad. Las represalias del gobierno fueron duras y sin misericordia. Hubo ejecuciones sumarias, numerosas detenciones seguidas de deportaciones masivas a Argelia. Los peri\u00f3dicos socialistas quedaron prohibidos, y el partido de los radicales declarado fuera de la ley. <em>El <\/em><em>orden reinaba.<\/em><\/p>\n<p>Cansados de la guerra y del clima de incertidumbre, las \u00abgentes de bien\u00bb permanecieron indiferentes y apenas reac\u00adcionaron ante esta severa represi\u00f3n. S\u00f3lo Ozanam y sus ami\u00adgos de <em>l&#8217;Ere nouvelle, <\/em>parecen conscientes de la gravedad de la hora y del imperioso deber de no dormirse.<\/p>\n<p>Federico escribi\u00f3 cinco art\u00edculos en diez d\u00edas. Cosecha cr\u00edticas amargas. Incluso Montalembert, sin nombrar <em>l&#8217;Ere <\/em><em>nouvelle, <\/em>denuncia con br\u00edo \u00aba los que ponen tanta diligen\u00adcia en saludar la democracia y confunden socialismo y democracia, democracia y cristianismo\u00bb.<\/p>\n<p>Durante las jornadas de junio, se hab\u00edan vendido hasta diez mil ejemplares de <em>l&#8217;\u00c9re nouvelle <\/em>al d\u00eda. A Pesar de este \u00e9xito inesperado, se siente un malestar.<\/p>\n<p>El Padre Lacordaire no logra avenirse con las ideas avanzadas de sus colaboradores, en particular con las de Ozanam y del abate Maret. El 25 de mayo, <em>l&#8217;\u00c9re nouvelle, <\/em>que ten\u00eda sede en el 67 de la calle Vaugirard, en el domicilio mismo del Padre Lacordaire, se cambia al 13 de la calle Cherche-Midi. Este gesto significativo no pasar\u00e1 inadverti\u00addo a la perspicacia de Federico&#8230;<\/p>\n<p>Una vez pasada la tempestad, Ozanam alquila una casi\u00adta en Bellevue, cerca de S\u00e9vres. Toda la familia se instala all\u00ed, y tambi\u00e9n el anciano enfermo, el se\u00f1or Soulacroix, cuyo estado sigue estacionario. Algunas semanas despu\u00e9s, cuando \u00e9ste parec\u00eda mejorar, tiene un desfallecimiento y muere en unos instantes, el domingo 23 de julio.<\/p>\n<p>Si Amelia pierde a un ser querido por quien sent\u00eda una ternura y admiraci\u00f3n sin l\u00edmites, Federico se ve privado de repente de un amigo y un consejero. \u00abMi suegra y mi mujer apenas podr\u00e1n resistir el dolor y yo, escribe a Lallier, yo me siento asustado por la responsabilidad que Dios me impone convirti\u00e9ndome en el jefe de una familia en la que por el contrario yo ten\u00eda la costumbre de buscar luces, consejo y apoyo\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>Federico no sabe ya a d\u00f3nde le quiere llevar la Provi\u00addencia; la libertad a la que aspira est\u00e1 muy aprisionada en la rigidez del orden; su sue\u00f1o de renovaci\u00f3n cat\u00f3lica conoce las mayores dificultades y las ideas democr\u00e1ticas, que toda\u00adv\u00eda predica porque cree en ellas, no encuentran m\u00e1s que des\u00adprecio e indiferencia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nada en los escritos de Ozanam deja traslucir, a princi\u00adpios del a\u00f1o 1848, los disturbios de la revoluci\u00f3n que se pre\u00adparaba. 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Un semanario de acercamiento. Cuando aborda el siglo XIX, su siglo predilecto, el historiador reacciona como el informador. 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