{"id":27894,"date":"2014-03-08T07:00:27","date_gmt":"2014-03-08T06:00:27","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=27894"},"modified":"2016-07-26T09:44:34","modified_gmt":"2016-07-26T07:44:34","slug":"retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-viii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-viii\/","title":{"rendered":"Retrato del sr. Pouget, sacerdote de la Misi\u00f3n (VIII)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo III: El Sr. Pouget y la cr\u00edtica religiosa (cont.)<\/h2>\n<h3>VI. El Envolvimiento y la Mentalidad<\/h3>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-129409\" alt=\"Bolet\u00edn Informativo Noviembre-Diciembre 2011\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01-294x300.jpg?resize=294%2C300\" width=\"294\" height=\"300\" \/><\/a>El dato sustancial se halla a menudo envuelto por una \u00abmentalidad\u00bb, que serv\u00eda en otro tiempo para explic\u00e1rselo a las mentes, pero que ahora nos lo disimula. As\u00ed, para entender las ense\u00f1anzas religiosas contenidas en la Escritura, en particular en las partes antiguas del Antiguo Testamento, se ha a de tener cuidado en distinguir esta ense\u00f1anza de lo que no era m\u00e1s que su veh\u00edculo. El mismo fen\u00f3meno se produce tambi\u00e9n en la sociedad cristiana y a menudo se presta a confundir el dep\u00f3sito de fe con su envoltorio mental. Este envolvimiento depende en definitiva de que la verdad divina est\u00e1 proporcionada a la capacidad de las personas que est\u00e1n destinadas a recibirla.<\/p>\n<p>Las consideraciones que acabamos de hacer tienen que ver ya con lo que se podr\u00eda llamar el paso de la idea en el tiempo y las condiciones concretas de ese paso. Pero, bajo la forma como lo hab\u00edamos expuesto, el principio del desarrollo quedaba todav\u00eda demasiado esquem\u00e1tico. Se supon\u00eda en efecto que el desarrollo se presentaba en la historia jud\u00eda como un progreso continuo, dejando aparecer poco a poco las virtualidades que se ocultaban en un primer estado. Y claro, si se piensa en los desarrollos que nos ofrecen el juda\u00edsmo y el cristianismo, se encuentra sin dificultad este progreso en la explicaci\u00f3n del dep\u00f3sito sin corrupci\u00f3n ni retroceso. Pero ser\u00eda formarse una idea ligeramente ficticia limitarse a este aspecto de las cosas. En todo desarrollo hist\u00f3rico se han de tener en cuenta el medio y las circunstancias, mejor dicho, los obst\u00e1culos y las resistencias. Como lo hab\u00eda advertido Newman, \u00abla idea tiene su nacimiento en un orden de cosas que est\u00e1 establecido, y conserva durante alg\u00fan tiempo el sabor del terru\u00f1o. El elemento vital que le es propio necesita desprenderse de lo que es extra\u00f1o y temporal\u00bb. En otras palabras, el germen no cae en un medio neutro o indiferente. Otros conceptos, otras aspiraciones, otras instituciones ocupaban el lugar. La inteligencia ten\u00eda sus pliegues, sus prejuicios y sus costumbres. Todo ello se expresaba en reglas, en ritos y en mitos, que se impon\u00edan a las mentes. Todo estaba preparado para resistir calladamente a una idea nueva. Supongamos ahora que un germen de vida y de novedad se insin\u00faa en este medio est\u00e1tico. Para asegurar su persistencia y su acci\u00f3n, este germen deber\u00e1, al menos durante los tiempos preparatorios, revestirse de lo que estaba ya admitido. Y su presencia no se manifestar\u00e1 al principio por una aportaci\u00f3n nueva de ritos, de f\u00f3rmulas o de conceptos: no juntar\u00e1 una materia sobre otra, y tampoco impondr\u00e1 inmediatamente su forma a la materia preexistente, sino que, poco a poco, este germen dar\u00e1 un nuevo uso, un nuevo valor, un nuevo sentido a elementos antiguos. Si nos contentamos con mirar de lejos, no se observar\u00e1 ning\u00fan cambio notable, pero, con ciertas correcciones casi insensibles y sin embargo decisivas para el futuro, un observador perspicaz podr\u00e1 adivinar que el medio va a cambiar, o mejor a\u00fan que por decirlo as\u00ed ha cambiado ya en fuerza y que nos hallamos en un clima nuevo.<\/p>\n<p>Estas notas servir\u00edan en varios terrenos. Pero tienen un inter\u00e9s particular en la historia religiosa. Y para elegir ya un ejemplo que arrastra la atenci\u00f3n, la religi\u00f3n primitiva de Israel presenta rasgos que la emparientan con las otras religiones sem\u00edticas y en primer lugar sentir\u00edamos la tentaci\u00f3n de confundirla con los cultos vecinos. Pero, precisamente, se trata de saber si, desde la \u00e9poca del Yahve\u00edsmo antiguo y a\u00fan antes de la acci\u00f3n reformadora e informadora de los profetas, no se percib\u00eda ya, en varias correcciones convergentes, la subida continua de una savia que ninguna otra rama sem\u00edtica puede ofrecernos.<\/p>\n<p>Asimismo, nuestro lenguaje es inexacto, ya que s\u00f3lo m\u00e1s tarde se puede as\u00ed distinguir una idea y una envoltura: en la realidad, los dos elementos se confunden, como el sentido y el sonido en una frase hablada. El o\u00eddo no recoge m\u00e1s que los sonidos, pero, por el modo como los sonidos se siguen, se interrumpen y como sus significaciones acostumbradas se compensan y se corrigen, adivinamos nosotros la existencia de un pensamiento nuevo que se expresaba a trav\u00e9s de la materia sonora, por ella y lo m\u00e1s a menudo a pesar de ella. As\u00ed sucede aqu\u00ed, y se puede decir, como pronto volveremos sobre ello, que hay tres maneras de escribir la historia de un desarrollo. Un historiador literal no recoger\u00eda m\u00e1s que los materiales, lo que en suma corresponde a los sonidos. Un l\u00f3gico de la historia que llevar\u00eda hasta el extremo nuestra regla precedente tratar\u00eda de coincidir con el desarrollo de la idea pura: con la ayuda de la historia dibujar\u00eda una curva regular. Pero el historiador completo se dedicar\u00eda a estudiar este encuentro de la idea con su materia mental, que la precede y que le resiste. Se encontrar\u00eda con el problema de la expresi\u00f3n o de la transposici\u00f3n, que aparece con tanta frecuencia en el horizonte de los otros problemas y que, de alg\u00fan modo, los contiene a todos. No hay alma sin cuerpo, ni pensamiento sin lenguaje. Y, en el dominio que nos ocupa, no hay desarrollo sin envoltura, ni esp\u00edritu sin mentalidad.<\/p>\n<p>Pero conviene definir estas palabras. Llamamos envoltura al estado de un germen en el que el elemento de vida se encuentra mezclado con materiales extra\u00f1os o contrarios. Desde este punto de vista negativo, el desarrollo ser\u00e1 el esfuerzo que hace el germen para liberarse. Llamamos esp\u00edritu a la idea que anima, que informa y que dirige el desarrollo.<\/p>\n<p>La palabra mentalidad pertenec\u00eda con toda propiedad a la lengua del Sr. Pouget.<\/p>\n<p>Littr\u00e9 notaba en su diccionario que, en el lenguaje de la filosof\u00eda moderna, la palabra mental designa con preferencia \u00abel modo general de pensar que prevalece en una sociedad\u00bb. No es ser infiel al esp\u00edritu de la lengua denominar mentalidad a este pensamiento social que, en una \u00e9poca determinada, se halla presente en nosotros sin estar propiamente pose\u00eddo por nosotros y sin caer bajo la mirada de la conciencia clara.<\/p>\n<p>Plat\u00f3n hab\u00eda distinguido en nuestras afirmaciones la zona de \u00abla apariencia\u00bb, que est\u00e1 como a igual distancia de la duda y de la certeza: era lo que llamaba la doxa, y cuya naturaleza traicionan todas las palabras francesas: ya que la doxa, para \u00e9l, es m\u00e1s que la opini\u00f3n y menos que la fe. Se funda en un no s\u00e9 qu\u00e9 m\u00e1s que la apariencia, y que no es con todo la clara visi\u00f3n. Es, creo yo, el estado de un pensamiento lleno de experiencia, pero incapaz de dar razones (aunque las tenga), &#8211; incapaz sobre todo de trazar la l\u00ednea entre lo que hay de verdad en \u00e9l, o al menos de veros\u00edmil, y lo que, al contrario, tiende a la ilusi\u00f3n, al error, a la superstici\u00f3n y a la leyenda. Por eso Plat\u00f3n acantonaba y respetaba los mitos, al mismo tiempo. La mentalidad no es el esp\u00edritu, pero le sirve de veh\u00edculo, algo as\u00ed como el \u00e9ter, seg\u00fan los conceptos de la antigua f\u00edsica, serv\u00eda de medio a la irradiaci\u00f3n. Pero estas nociones, como siempre, se aclarar\u00e1n y se matizar\u00e1n con el uso.<\/p>\n<p>Lo que nos parece seguro es que la distinci\u00f3n entre lo que llamamos la mentalidad y lo que llamamos el esp\u00edritu parece esencial a la interpretaci\u00f3n del desarrollo judeo-cristiano. Se pueden dar otros nombres a estas dos realidades interiores, se puede delimitar de muchas maneras su dominio respectivo, se puede incluso cambiar de parecer sobre la extensi\u00f3n de la primera o sobre la acci\u00f3n de la segunda. Pero cuando uno se quiere dar cuenta exacta de la vida espiritual, sobre todo en las sociedades religiosas, es necesario que se llegue a distinguir sus dos planos de pensamiento. Una cosa es el esp\u00edritu de una doctrina y otra la envoltura mental bajo la que aparece. Propiamente hablando, aqu\u00e9lla sola cae bajo el dominio de la historia, en el sentido riguroso que la cr\u00edtica moderna da a esta palabra. Y entonces es cuando, por falta de esta distinci\u00f3n, se corre el riesgo de extraviarse y de atribuir a un mensaje vital las miserias que no afectan m\u00e1s que a su envoltura.<\/p>\n<p>El Sr. Pouget utilizaba esta noci\u00f3n tan importante m\u00e1s de lo que la explotaba, seg\u00fan su estilo: ante la definici\u00f3n que acabamos de dar habr\u00eda movido la cabeza sin duda lanzando alg\u00fan que otro suspiro, encontr\u00e1ndola demasiado clara, cuando \u00ablas cosas de la historia son de una complicaci\u00f3n inaudita\u00bb. Pero acud\u00eda siempre a preceptos que conten\u00edan o presupon\u00edan la idea de mentalidad y que contribu\u00edan a imprimirla en la mente. As\u00ed hab\u00eda escrito en otro tiempo que, habiendo hablado los hagi\u00f3grafos para sus contempor\u00e1neos, cada libro de la Escritura encierra, con verdades que no pasan, detalles cambiantes y caducos, que son como la envoltura terrestre del elemento divino. \u00abConviene comprender el libro de un autor, dec\u00eda tambi\u00e9n, como \u00e9l mismo lo comprendi\u00f3, pues \u00e9l lo escribi\u00f3 as\u00ed; y por ello, para estudiarlo bien, se debe cambiar la orientaci\u00f3n ordinaria de su esp\u00edritu, sobre todo cuando se trata de un documento perteneciente al Antiguo Oriente.\u00bb Luego, segu\u00eda advirtiendo hacia 1903, \u00abcon nuestro talante mental greco-romano y sobre todo moderno, nos creamos, en la ex\u00e9gesis hist\u00f3rica de la Biblia, dificultades comprometedoras que amenazan con llegar a ser terribles ante la inmensa erudici\u00f3n contempor\u00e1nea sobre el viejo Oriente en v\u00edas de resurrecci\u00f3n y que no obstante no tienen ninguna base, al menos seria, en la realidad\u00bb. Este ser\u00eda el lugar para citar la frase famosa: Nosotros levantamos el polvo y luego nos quejamos de no ver.<\/p>\n<p>Pero \u00e9l no se limitaba a estos esquemas todav\u00eda bastante generales. Nos hac\u00eda tocar con los dedos, mediante comparaciones precisas, lo que podr\u00edamos llamar el \u00edndice de refracci\u00f3n del pensamiento: m\u00e1s de una vez nos mostraba un mismo hecho o una misma creencia, expresados bajo dos mentalidades, y como traducidos en dos registros, por ejemplo en un registro judaico y en un registro griego. Y, por la diferencia de las expresiones, ve\u00edamos dibujarse la silueta de esta mentalidad, que es esencialmente huidiza y ambigua por su misma naturaleza y que no se puede sacar a luz m\u00e1s que ocasionalmente. Para hacerlo entender con un ejemplo, me limito a copiar un apunte tomado en 1922 y que hab\u00eda logrado despejar de mis ojos una dificultad en la ex\u00e9gesis com\u00fan de los Evangelios.<\/p>\n<p>&#8211; Mentalidad, &#8211;\u00a0 Cuando se quiere entender un libro se ha de entrar en la mente de quien lo escribi\u00f3. Los Jud\u00edos se formaban una idea bastante pobre de la causalidad. Para ellos Dios era como la \u00fanica causa y por eso, leyendo el Antiguo Testamento con nuestra mentalidad griega o bien moderna, parece que a cada momento se encuentra uno en presencia de un milagro, ya que nosotros llamamos milagro a la intervenci\u00f3n directa de la causa primera.<\/p>\n<p>Y se llega hasta decir que Yahv\u00e9 es causa no s\u00f3lo de lo que hace y manda hacer, sino tambi\u00e9n de lo que permite y de lo que no impide. La distinci\u00f3n del hacer y del mandar hacer, del hacer, y del dejar hacer no est\u00e1 todav\u00eda expl\u00edcita. As\u00ed, \u00abel endurecimiento del coraz\u00f3n\u00bb ante la palabra de los profetas es dirigido a Yahv\u00e9 mismo, que parece enviar mensajeros para que los hombres se tapen los o\u00eddos ante sus mensajes. Abrid Isa\u00edas, leed el texto hebreo, os produce esta impresi\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 habla en par\u00e1bolas el profeta? \u00bb Endurece el coraz\u00f3n de este pueblo, le dijo Yahv\u00e9, ensordece sus o\u00eddos, y ci\u00e9rrale los ojos para que no vea con los ojos y no oiga con los o\u00eddos y no se convierta y no se cure\u00bb (VI, 10).<\/p>\n<p>Ved ahora nuestros Evangelios. Marcos habla a\u00fan con la mentalidad sem\u00edtica. Jes\u00fas habla en par\u00e1bolas ut videntes videant et non videant et audientes, audiant et non intelligant, ne quando convertantur et dimittantur eis peccata. Lo que para nosotros apenas parece aceptable. Juan es un semita, que escribe en griego, pero en un medio semita: tiene la misma idea: ved XII, 40. Lucas es un griego por cultura, habr\u00eda podido corregir, pero es fiel a sus fuentes: en los Hechos los dos relatos que nos deja de la conversi\u00f3n de Pablo, de un plumazo, habr\u00eda podido concordarlos: pues bueno, no lo hizo (cf. He., IX, 7 y XXII, 9). En su cap\u00edtulo VIII, vers\u00edculo 10, pasa con rapidez sin duda, pero nos da todav\u00eda el pensamiento de Isa\u00edas.<\/p>\n<p>No pasa lo mismo con san Mateo: el redactor del Evangelio griego era m\u00e1s heleno que hebreo. O m\u00e1s bien, no participaba ya de la mentalidad jud\u00eda. Deteneos un momento en Mateo, XIII, 14: \u00abLes hablo en par\u00e1bolas\u00bb, no para que no vean, sino \u00abporque ven y no ven\u00bb, y m\u00e1s adelante en el vers\u00edculo 15: \u00abSu coraz\u00f3n est\u00e1 endurecido, han cerrado los ojos para no ver.\u00bb El matiz es digno de notar. Y ahora consultad el texto griego, siempre tan preciso. En un caso ten\u00e9is ina, en el otro ten\u00e9is oti.<\/p>\n<p>Realmente estos textos de Isa\u00edas y de los Evangelistas me hab\u00edan parecido hasta entonces incomprensibles: \u00bfc\u00f3mo referir a Dios en cuanto causa la ceguera de los hombres? \u00bfSe ha cre\u00eddo o es tan siquiera cre\u00edble? Y cuando escuchaba a un cura de pueblo leerlos y explic\u00e1rselos a los fieles, hab\u00eda cre\u00eddo adivinar siempre algo molesto en la parte instruida y verdaderamente atenta del auditorio. La idea que acude a la mente, es que la ense\u00f1anza de las par\u00e1bolas tiene por finalidad hacer m\u00e1s accesible la verdad. Si Jes\u00fas habla en par\u00e1bolas es para anunciar a los peque\u00f1os el misterio del reino de Dios. Y en este caso, estar\u00edan hechas para ocultar, para sorprender; algunos incluso se han atrevido a escribir que emit\u00edan un juicio de condena. Leamos ahora a los \u00abcr\u00edticos\u00bb: a los ojos de muchos, la cita de Isa\u00edas es un a\u00f1adido. Hab\u00eda que explicar a los primeros Jud\u00edos convertidos el endurecimiento de su pueblo. Y se le ha atribuido a Dios.<\/p>\n<p>La explicaci\u00f3n propuesta por el Sr. Pouget me parec\u00eda dar m\u00e1s luz. Simplemente, Jes\u00fas en este pasaje insist\u00eda en la libertad de la fe: de nada sirve predicar a los que est\u00e1n resueltos a no escuchar. La verdad no emplea la fuerza, para recibirla es necesario el consentimiento del alma. Pero trasladad esta idea a la mentalidad de Israel, obtendr\u00e9is una f\u00f3rmula an\u00e1loga a la de tres de nuestros Evangelios y parecer\u00e1 que se haya hecho subir hasta el cielo la malicia de los hombres.<\/p>\n<p>\u00bfTenemos que decir ahora que Israel admit\u00eda verdaderamente que Dios cegaba o iluminaba a su capricho? S\u00ed y no. S\u00ed, en el plano mental. No, en el plano m\u00e1s profundo del esp\u00edritu: los Jud\u00edos no habr\u00edan colocado tan alta la idea del m\u00e9rito, de la justicia, de la remuneraci\u00f3n, de la predicaci\u00f3n y de la misi\u00f3n, si hubiesen cre\u00eddo que los hombres eran como aut\u00f3matas en las manos del Alt\u00edsimo. Esto, que pertenec\u00eda a los hechos, desment\u00eda lo que no estaba m\u00e1s que en las ideas.<\/p>\n<p>Por otra parte fuera como fuese, este ejemplo nos habr\u00e1 indicado el sentido general de mentalidad. Podemos pasar a las aplicaciones: las hemos agrupado en tres partes desiguales seg\u00fan se refieran al Antiguo Testamento, al Nuevo Testamento y a los tiempos de la Iglesia.<\/p>\n<h3>La mentalidad en el Antiguo Testamento<\/h3>\n<p>En el Antiguo Testamento examinaremos: 1\u00ba los conceptos \u00abcient\u00edficos\u00bb de los hebreos; 2\u00ba los conceptos morales; 3\u00ba los conceptos hist\u00f3ricos; 4\u00ba los conceptos filos\u00f3ficos.<\/p>\n<p>1\u00ba Los conceptos cient\u00edficos. Biblia y Ciencia.<\/p>\n<p>No vamos a pedir a los autores b\u00edblicos que nos ense\u00f1en f\u00edsica. Hablaban de todas estas cosas como gente de su tiempo. El Sr. Pouget hab\u00eda elaborado un d\u00eda la lista de los datos cient\u00edficos contenidos en la Biblia, y aqu\u00ed est\u00e1 el resultado de este estudio:<\/p>\n<p>La Biblia, dec\u00eda, presentar\u00eda \u00abuna figura bien pobre\u00bb en materia cient\u00edfica. Su biolog\u00eda admite que la sangre y el alma animal es todo uno (Gen., IX, 4; Lev., XVII, 11, 14; Dt., XII, 23). Se ha querido hacer de Mois\u00e9s un ge\u00f3logo inspirado, estando de acuerdo la Biblia y la ciencia en todos los aspectos; pues bien, es una geolog\u00eda rudimentaria, si es que hay geolog\u00eda, y entre el relato b\u00edblico y la realidad geol\u00f3gica resultar\u00eda demasiado f\u00e1cil notar las discordancias: as\u00ed los seres vivos no aparecen en dos bloques, las plantas primero, los animales despu\u00e9s, sino la fauna y la flora del globo se modifican radicalmente, se renuevan casi totalmente varias veces antes de llegar a formar el conjunto de los seres que viven bajo nuestros ojos. En cuanto a la astronom\u00eda de los Libros Santos es infantil con sus ojos de bronce (Jb., XXXVII, 18), concavidad cuyos bordes descansan en la tierra (Am., IX, 6), que a su vez est\u00e1 establecida sobre las aguas (Sal XXIV, 2).<\/p>\n<p>No pidamos m\u00e1s a la Biblia la precisi\u00f3n matem\u00e1tica; para los autores b\u00edblicos, el valor pi de la relaci\u00f3n de la circunferencia al di\u00e1metro es simplemente 3, porque (I R VII, 23 y II Par. , IV, 2) el mar de bronce del tiempo de Salom\u00f3n, que era redondo, ten\u00eda 30 codos de circunferencia y 10 de ancho.<\/p>\n<p>Es in\u00fatil insistir en este punto que no ofrece dificultad en nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p>2\u00ba Los conceptos morales.<\/p>\n<p>Los Jud\u00edos pose\u00edan la noci\u00f3n de una divinidad moral. Los documentos m\u00e1s antiguos del G\u00e9nesis declaran todos en este mismo sentido. Si consideramos el relato de la creaci\u00f3n, de la ca\u00edda y del diluvio bajo su forma m\u00e1s antigua, y dej\u00e1ramos a un lado las im\u00e1genes y los antropomorfismos, nos encontramos con la idea de un Dios que castiga a los malos y que recompensa a los buenos, en suma que juzga a los hombres seg\u00fan su valor moral. Pero esta idea de retribuci\u00f3n individual no ha sido siempre entendida perfectamente por la conciencia de los Jud\u00edos. Aqu\u00ed, entre la idea de la que ten\u00edan la oscura intuici\u00f3n y la expresi\u00f3n correcta de esta idea, vemos interpuesto el impedimento de la mentalidad. Demos aqu\u00ed dos ejemplos bastante diferentes. El primero trata de la idea de responsabilidad personal. El segundo de la de una retribuci\u00f3n del alma despu\u00e9s de la muerte. Estas dos ideas nos parecen exigencias de la raz\u00f3n: Por lo menos se desprenden directamente de la creencia en un Dios moral. Bueno pues, la historia nos fuerza a reconocer que los Jud\u00edos no tuvieron conciencia inmediatamente de ello, sino que se necesitaron largos esfuerzos hasta llegar ah\u00ed.<\/p>\n<p>a) En el \u00c9xodo, Yahv\u00e9 proclama que castiga los pecados de los padres en la persona de los hijos (Ex., XX, 5). Parece pues que los hijos se hab\u00edan hecho moralmente responsables de las faltas cometidas por sus padres. Aqu\u00ed, Israel razonaba seg\u00fan las ideas de una \u00e9poca en que la falta no est\u00e1 a\u00fan individualizada: se extiende a todo el grupo en el espacio como en el tiempo. N\u00f3tese adem\u00e1s que este pasaje del \u00c9xodo habla de penas temporales, y que esta triste herencia no es cuestionada: \u00a1cu\u00e1ntos hijos sufren en sus carnes y en su honor por los pecados de sus padres! Pero vemos corregirse esta mentalidad: el Deuteronomio (XXXIV, 16) refiere por decirlo as\u00ed el decreto del \u00c9xodo, y el profeta Ezequiel (XVIII, 1 y ss.) afirma con fuerza \u00abel que peque es quien morir\u00e1\u00bb.<\/p>\n<p>b) Igualmente los hagi\u00f3grafos que no proceden del medio sem\u00edtico, aunque crean en la justicia de Yahv\u00e9, no hacen distinci\u00f3n entre los buenos y los malos en el Scheol (Qo., IX, 5). Por largo tiempo, la Biblia no conoci\u00f3 en el Scheol, o lugar de los muertos, m\u00e1s que un trato \u00fanico para todas las almas: incapaces de amar a Dios y despojadas de sus cuerpos, no son ya m\u00e1s que sombras. A veces, da la impresi\u00f3n de que el autor admite en este sombr\u00edo lugar diferencias de trato para algunos (Is., IX, 18). Ezequiel habla de una fosa para los incircuncisos (Ez., XXXII, 18 y ss.). Y algunos salmos dejan entrever esperanzas (LXXIII, 24; XLIX, 16). Pero abundan los textos que nos indican el pensamiento constante y oficial: non mortui laudabunt te Domine (Ps. LXXXVIII, 11; CXV, 17; Prov., IX, 18; Jb., III, 11-19; XVII, 16). De esta forma hasta la vuelta del Exilio el pensamiento religioso de Israel sobre la cuesti\u00f3n capital del destino moral del hombre despu\u00e9s de la muerte estaba apenas al nivel del de los grandes pueblos paganos, que admit\u00edan ya cierta selecci\u00f3n de los buenos y de los malos. En Egipto, la religi\u00f3n de Osiris hab\u00eda anunciado siempre un juicio.<\/p>\n<p>Pero, nada m\u00e1s ponerse el escritor inspirado en relaci\u00f3n con el mundo griego, enseguida aprende a sacar las conclusiones cuyas premisas ya ten\u00eda. Mientras que el autor del Eclesi\u00e1stico, un Jud\u00edo de Palestina, tan piadoso y tan sabio en todas las antiguas Escrituras, s\u00f3lo da del m\u00e1s all\u00e1 las ideas imprecisas e incompletas de estas Escrituras (Si., LI, 7), un siglo despu\u00e9s, el autor de la Sabidur\u00eda, un Alejandrino, que \u00abestuvo relacionado con la filosof\u00eda de Grecia\u00bb (Sb., VIII, 7), traza con seguridad y energ\u00eda incomparables (Sb., III, 1-5; IV, 7) la distinci\u00f3n definitiva entre el destino de los buenos y el de los malos despu\u00e9s de la muerte.<\/p>\n<p>Hemos apuntado ya el car\u00e1cter totalmente concreto del esp\u00edritu semita: incapacidad de elevarse por encima de la experiencia ante las contradicciones, lentitud extrema para derivar las consecuencias de un hecho o de una idea, impotencia para imaginar lo espiritual, \u00e9stos son algunos rasgos que caracterizan esta mentalidad concreta tan diferente de la de los Griegos, entre los que la raz\u00f3n se hallaba tan desarrollada hasta llegar a la sof\u00edstica. Es verdad que los pensadores de Israel creen en la justicia de Dios, pero ya porque sean incapaces de representarse una existencia en el m\u00e1s all\u00e1 en la que continuar\u00eda la capacidad de gozar y sufrir, ya porque quieren tocar con la mano la acci\u00f3n de esta justicia divina, estiman que se realiza en esta tierra y en la econom\u00eda de cada existencia: el hombre virtuoso desciende a la tumba despu\u00e9s de una ancianidad larga y colmada de bienes, y sus descendientes disfrutan de una larga posteridad (Job., XLII, 7-16); la suerte contraria est\u00e1 reservada a los malos. La tesis es \u00e9sta: satisface a la justicia de Dios y la hace palpable.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfrespeta la experiencia humana? El autor del libro de Job se plantea el problema con angustia: subraya los sufrimientos del justo, la prosperidad del imp\u00edo, y declara que no puede responder. La justicia exig\u00eda una recompensa temporal, pero, como la experiencia no presentaba esta retribuci\u00f3n, no sabiendo c\u00f3mo conciliar el derecho y el hecho, se contentaban, como el autor del Eclesiast\u00e9s,\u00a0 con admitir ambos extremos. En este punto preciso es donde fue \u00fatil la ayuda del pensamiento griego y quiz\u00e1s necesario para ense\u00f1ar a los Jud\u00edos concluir lo que ya estaba contenido en su pensamiento, pero que no lograban exteriorizar. Un empujoncito bastaba. La influencia, en el terreno espiritual, \u00bfno es acaso con frecuencia esa ayuda imperceptible que os permite poneros de acuerdo con vosotros mismos?<\/p>\n<p>3\u00ba Los conceptos hist\u00f3ricos.<\/p>\n<p>La noci\u00f3n de historia entre los escritores b\u00edblicos.<\/p>\n<p>El obst\u00e1culo principal que nos sale al paso en la lectura de la Biblia y que va acumulando las dificultades viene de que exigimos a los autores b\u00edblicos que escriban la historia como lo hacen los modernos y cl\u00e1sicos. Bueno, pues la Biblia fue escrita por Orientales quienes se acomodaron a su plan construyendo los g\u00e9neros literarios que hab\u00edan encontrado en su medio. El resultado de este acomodo es la historia b\u00edblica. Su noci\u00f3n es bastante compleja.<\/p>\n<p>En primer lugar es una historia escrita por profetas. Parece interesarse por el porvenir as\u00ed como por el pasado. Engloba en s\u00ed lo que llamamos \u00abhistoria\u00bb y lo que llamamos \u00abprofec\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed, en la Biblia hebrea, se llama profetas anteriores a los autores de los libros que llamamos hist\u00f3ricos, y profetas posteriores a los autores de los libros que llamamos prof\u00e9ticos. Hacia finales del siglo primero despu\u00e9s de Cristo, el escritor Jud\u00edo Josefo participa tambi\u00e9n de esta mentalidad, cuando nos dice que, desde Alejandro I hasta su \u00e9poca, los hechos hist\u00f3ricos, aunque recogidos por testigos, no tienen ya la misma autoridad, por no haber sido escritos por profetas. Grande en cambio es la autoridad del Pentateuco en el que Mois\u00e9s, el profeta por excelencia, consign\u00f3 la historia del mundo desde la creaci\u00f3n hasta su propia muerte. No es nuestra manera de pensar: un moderno formado en la escuela cr\u00edtica tendr\u00eda sus dudas sobre esta \u00faltima historia, y conceder\u00eda m\u00e1s autoridad a los relatos rechazados por Josefo, porque fueron compuestos con fuentes m\u00e1s cercanas a los acontecimientos y sin ning\u00fan plan teol\u00f3gico (cf. Contra Appionem, I, 8). El Sr. Pouget resum\u00eda as\u00ed la noci\u00f3n b\u00edblica del profeta:<\/p>\n<p>&#8211; \u00abEs un hombre de Dios, conoce los secretos divinos; sabe por lo tanto el porvenir. Pero sabe tambi\u00e9n los secretos del presente, es decir los misterios divinos, y en eso se confunde y se confundir\u00e1 cada vez m\u00e1s con el Sabio, quien tendr\u00e1 de vez en cuando, al parecer, visiones de la vida \u00edntima de Dios mismo (cf. Pr., VIII, 22 y ss.). Por fin, sabe tambi\u00e9n los secretos del pasado, y en eso es historiador; pero estos secretos del pasado son menos los hechos en s\u00ed que los planes de Dios manifestados por estos hechos. La historia prof\u00e9tica es pues an\u00e1loga al discurso de nuestro Bossuet sobre la Historia universal, muchas veces con menos elocuencia, pero siempre con una autoridad incomparablemente superior\u00bb.<\/p>\n<p>Se podr\u00eda decir de igual modo que lo que interesa ante todo al historiador b\u00edblico no es ni la resurrecci\u00f3n del pasado, ni siquiera la especulaci\u00f3n sobre el futuro, sino el discernimiento de un plan divino, el\u00a0 cual es inmutable por esencia. Que una parte de este plan se haya realizado, y que la otra siga esperando, no constituye una diferencia de naturaleza. Sin duda, habr\u00e1 que cambiar de estilo y de m\u00e9todo, seg\u00fan se hable del pasado o nos transportemos al porvenir: aqu\u00ed se conceder\u00e1 m\u00e1s importancia a los acontecimientos, a sus detalles, a su orden; se buscar\u00e1n las fuentes; all\u00ed, se dejar\u00e1 el porvenir como envuelto en un halo, se recurrir\u00e1 a im\u00e1genes, se presentar\u00e1n las cosas en un mismo plano, como si el tiempo se hubiera detenido, como si se tratara del fin de la historia. Podr\u00e1 incluso suceder que se cuente el presente como si se visualizara en una luz prospectiva por un observador ficticio situado en el pasado. Que un historiador de la guerra de 1914 ponga su relato en boca de un profeta situado en 1872, entonces la imagen del presente recibida en el pasado resultar\u00eda una visi\u00f3n: es una manera de escribir la historia: es la esencia de los apocalipsis, y todo el mundo sabe que la Biblia contiene dos apocalipsis, el de Daniel, donde se encuentra relatada por visi\u00f3n antecedente la historia de la persecuci\u00f3n de Antioco Ep\u00edfanes, el de san Juan, donde se encuentra relatada de la misma manera la persecuci\u00f3n de Ner\u00f3n. As\u00ed el apocalipsis no es una anomal\u00eda para los Hebreos. Desde el punto de vista en que nos situamos, aparecer\u00e1 como la s\u00edntesis del g\u00e9nero hist\u00f3rico y del g\u00e9nero po\u00e9tico, ya que, haciendo del presente un futuro percibido en el pasado, cambia a la propia historia en relato prof\u00e9tico.<\/p>\n<p>Por otra parte, como se tiene la sensaci\u00f3n de que la Biblia contiene todo el presente y todo el porvenir de la humanidad, &#8211; lo que es verdad en un sentido transcendente- los c\u00edrculos sabios de Israel utilizaron una ex\u00e9gesis aleg\u00f3rica que transporta al relato de los sucesos pasados la imagen y el anuncio de lo que se desarrolla en el presente. Tenemos ejemplos c\u00e9lebres en san Pablo: as\u00ed los acontecimientos de la salida de Egipto\u00a0 ten\u00edan tambi\u00e9n a los ojos de san Pablo un valor de figura: Haec omnia in figura contingebant (I Cor., X, 11). Y como la Biblia no ha hablado del nacimiento y de la genealog\u00eda de Melquisedec, este personaje se asimila por la Ep\u00edstola a los Hebreos al Hijo de Dios (Hb., VII, 3).<\/p>\n<p>La historia b\u00edblica (y \u00e9ste es su segundo car\u00e1cter) tiene en la presentaci\u00f3n de los hechos lo que el Sr. Pouget llamaba \u00abuna libertad extraordinaria\u00bb. A este prop\u00f3sito, le gustaba insistir en la cronolog\u00eda b\u00edblica. Hac\u00eda notar que el Pentateuco\u00a0 nos ha llegado en tres testigos de valor casi igual: el griego de los Setenta, el griego actual y el Pentateuco samaritano. Si, en el griego, las dos listas geneal\u00f3gicas de los Patriarcas fueron alteradas: para entrar en el esp\u00edritu de la cronolog\u00eda egipcia, que era m\u00e1s larga, se dieron cien a\u00f1os de edad m\u00e1s a cada patriarca en el momento de engendrar a su sucesor.<\/p>\n<p>El Sr. Pouget, muy amigo del c\u00e1lculo mental, no tardaba mucho en pillar a la aritm\u00e9tica b\u00edblica en flagrante delito de exageraci\u00f3n. Lo que le brindaba la ocasi\u00f3n de ense\u00f1ar el significado de los grandes n\u00fameros. La Biblia en este punto no goza de mayor rigor que la Antig\u00fcedad: as\u00ed, seg\u00fan el libro segundo de Samuel, Palestina, que corresponde a cuatro de nuestros departamentos medios, pod\u00eda proporcionar 1 300 000 hombres de guerra (II S., XXIV, 9). Seg\u00fan los Paralip\u00f3menos, el templo, edificio de 35 metros de largo sobre 12 de ancho, habr\u00eda costado 1 200 millones de nuestra moneda de antes de la guerra.<\/p>\n<p>Se da la libertad tambi\u00e9n en el modo de concebir el pasado. No se toma en serio conocer el origen de una instituci\u00f3n, y se proyecta el estado presente de las costumbres al m\u00e1s distante pasado. Por eso, al leer los libros de Samuel o los libros de los Reyes, vemos que los santos personajes cuya historia narran estos libros no se cuidan lo m\u00e1s m\u00ednimo de las leyes dadas por Mois\u00e9s contra la pluralidad de los altares (Dt., XII, 4-14). Samuel, por ejemplo, construy\u00f3 un altar en Rama, sin ning\u00fan escr\u00fapulo (I S., VII, 17). El\u00edas, el gran profeta, que arde en celo por Yahv\u00e9, se impone el trabajo de reconstruir, cerca del monte Carmelo, un altar que hab\u00eda sido derribado (I R., XVIII, 30-34). Hemos de esperar al tiempo de Ezequ\u00edas (II R., XVIII, 4) y sobre todo al de Jos\u00edas (Ibid., XXIII, 8) para que el culto de Yahv\u00e9 sea prohibido para siempre en los altos. Y, sin duda, se podr\u00e1 afirmar siempre que la legislaci\u00f3n de Mois\u00e9s hab\u00eda sido olvidada y menospreciada; esta manera de ver no es refutable y se basa en la letra. Pero resulta mucho menos pesado para la mente admitir, aqu\u00ed tambi\u00e9n, un desarrollo. Y, si se conociese la manera hebrea de escribir la historia, no habr\u00eda por qu\u00e9 extra\u00f1arse de que los profetas del siglo VIII, al corregir la ley del \u00c9xodo (XX, 24), le hayan atribuido a Mois\u00e9s todos los honores.<\/p>\n<p>Estas proyecciones del presente hacia el pasado no son particulares de los semitas; se puede decir que antes del siglo XIX todos los historiadores sucumb\u00edan a una tentaci\u00f3n que ahorra tanto trabajo. Lo que es propio del historiador semita es la indiferencia ante la divergencia de las fuentes que \u00e9l entremezcla para componer su relato. Supongamos que un redactor encuentra en los documentos dos relaciones diferentes de un mismo suceso: no se va a molestar en escoger y criticar; ya por respeto a tradiciones veneradas e igualmente amigas de la memoria, ya por indolencia, ya porque estas contradicciones, que no afectan despu\u00e9s de todo m\u00e1s que a circunstancias, no alteran la sustancia de los hechos ni su significaci\u00f3n religiosa, el autor oriental yuxtapondr\u00e1 las fuentes. Ser\u00edan suficientes unas correcciones o supresiones para hacer concordar los documentos. Pero no se har\u00e1.<\/p>\n<p>Los que han frecuentado la celda del Sr. Pouget se acuerdan de ciertos ejemplos famosos que se quedaban grabados en la mente. Experimentaba un verdadero placer en mostrar lo enmara\u00f1ado de los documentos en la historia de Jos\u00e9, o en el relato del diluvio, su yuxtaposici\u00f3n en el relato de los or\u00edgenes: volveremos pronto sobre este \u00faltimo punto.<\/p>\n<p>Este mismo placer le proporcionaba en abundancia la comparaci\u00f3n de los Paralip\u00f3menos y de los libros de Samuel y de los Reyes; aunque no se tratara aqu\u00ed propiamente de una amalgama, se ve, como en estado crudo, la infidelidad de un escritor sagrado con respecto a sus fuentes, cuando la ense\u00f1anza religiosa est\u00e1 en entredicho. As\u00ed en el segundo libro de Samuel (XXIV), vemos al Eterno que empuja a David a hacer el censo de Israel y de Jud\u00e1. Pero era para hacer caer a David en la trampa, y el Eterno lo castiga con una peste. Esta extra\u00f1a manera de contar las cosas hac\u00eda a Dios responsable del mal. Impresion\u00f3 al piadoso autor de los Paralip\u00f3menos; crey\u00f3 que hab\u00eda que disculpar a Dios, que no puede tentar a sus servidores. Por eso Dios fue reemplazado, sin m\u00e1s misterio, por Sat\u00e1n mismo. \u00abSat\u00e1n se levant\u00f3 contra Israel e incit\u00f3 a David a decretar el censo de Israel \u00bb ( I Paral., XXI, 1). Estos dos relatos apenas son conciliables. Pero el buen pueblo, que no sab\u00eda leer, ni por lo tanto tampoco comparar, no se inquietaba.<\/p>\n<p>Sea esto suficiente. Nos ha bastado con indicar cu\u00e1nta luz puede aportar aqu\u00ed la noci\u00f3n de mentalidad. Si un escaso sentido hist\u00f3rica aleja de la inteligencia de las Escrituras, un mayor sentido hist\u00f3rico acerca a ellas recordando que la manera de escribir la historia est\u00e1 asimismo sometida a la historia. Conocemos cada vez mejor, por los monumentos del Antiguo Oriente, c\u00f3mo entend\u00edan los Antiguos la historia. Ciertamente, distingu\u00edan la historia de la leyenda, como la prosa de la poes\u00eda. Vemos por la literatura asiria que los escribas de Caldea, para establecer el origen del poder, para glorificar a los soberanos y a sus dioses, hab\u00edan resumido con veracidad los hechos del pasado y del presente. Pero, con las preocupaciones, que nosotros llamamos hist\u00f3ricas, mezclaban los Antiguos con la mayor frecuencia intenciones de otro orden y su historia oscilaba siempre entre el anal que es el relato seco y sucesivo, y lo que podr\u00edamos llamar el g\u00e9nero prof\u00e9tico, que es el relato preparado con vistas a la edificaci\u00f3n. Los Helenos de la \u00e9poca de oro transformaron estos g\u00e9neros. Entre el m\u00e9todo de Tuc\u00eddides y el nuestro no hay diferencia de naturaleza. El pueblo griego, que sac\u00f3 de la agrimensura a la geometr\u00eda y a la filosof\u00eda del mito, supo a veces colocar los anales al nivel de la historia. El genio de Israel hizo algo muy diferente y m\u00e1s \u00fatil a la humanidad. Sin duda Israel participaba de la mentalidad del Antiguo Oriente, pero, donde los antiguos autores no recog\u00edan sino relatos de conquistas o mitos, los escritores hebreos se sirvieron de estos g\u00e9neros para transmitirnos un mensaje de santidad del que vive a\u00fan una gran parte del mundo.<\/p>\n<p>Notas sobre los Evangelios<\/p>\n<p>Los Evangelios escritos o redactados por los Judeo-Griegos tendr\u00e1n una precisi\u00f3n mucho mayor. Pero los redactores son todav\u00eda semitas. El lector adivina en efecto que varios de los principios que acabamos de establecer permitir\u00edan llevar algo de luz a la cr\u00edtica de los Evangelios mismos.<\/p>\n<p>Los Evangelios transmiten un testimonio: los ap\u00f3stoles no pod\u00edan no decir lo que hab\u00edan visto y o\u00eddo. La historia que escrib\u00edan, que mandaban escribir o que permit\u00edan escribir era el relato de los acontecimientos asociados a la vida de Jes\u00fas, particularmente a su muerte y a su resurrecci\u00f3n. Esta historia, recogida por testigos, no pretend\u00eda clasificarse dentro de un g\u00e9nero literario y no se parece a ninguna otra. Crea, se podr\u00eda decir, un g\u00e9nero nuevo, el del testimonio religioso fundado en la experiencia: es el Evangelio.\u00a0 \u2013 Pero no se pueden rehuir las leyes del discurso y de la comunicaci\u00f3n. Los redactores de los Evangelios han mezclado sus testimonios con ciertas formas preexistentes de pensamiento y de relato. Si la impresi\u00f3n producida por los hechos extraordinarios, ha sido transmitida sin alteraci\u00f3n por los testigos primitivos, la expresi\u00f3n ha podido ser influida por las estructuras mentales del medio judeo-cristiano. Hoy en d\u00eda se ha insistido mucho en esta historia de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica y, en esto como en otras partes, el v\u00e9rtigo cr\u00edtico se ha llevado y corrompido nociones y m\u00e9todos fecundos.<\/p>\n<p>El Sr. Pouget no hab\u00eda conocido los trabajos a los que estamos aludiendo: su ceguera, su pobreza y su ancianidad eran una triple defensa. Pero llevaba ya tiempo ense\u00f1ando algunas distinciones esenciales. Indiquemos tan s\u00f3lo la esencia de estas observaciones:<\/p>\n<p>&#8211; Con pretexto de que un hecho se presenta como cumplimiento de una figura, que representa una idea, que contiene una ense\u00f1anza, uno se siente autorizado a decir: todo sucede como si el hecho hubiera sido inventado para realizar la figura o revestir la idea. Por raz\u00f3n de que un documento evang\u00e9lico se preocupa poco\u00a0 por el orden cronol\u00f3gico, o que no puede conciliar las cronolog\u00edas, o tambi\u00e9n que las circunstancias de los dos relatos no pueden ser verdaderas las dos, o que un autor\u00a0 se descuide en referir lo que ha parecido importante a otro redactor, se concluye que el relato no es un dato hist\u00f3rico del que proviene la fe de la comunidad, sino una leyenda sagrada construida para asegurar esta misma fe, que en estas condiciones s\u00f3lo descansa sobre s\u00ed misma.<\/p>\n<p>Y sin duda no se puede discutir que el s\u00edmbolo haya tenido su parte en la tradici\u00f3n evang\u00e9lica; toda la cuesti\u00f3n consiste en saber si estos s\u00edmbolos est\u00e1n vac\u00edos de realidad.<\/p>\n<p>Sin duda que la historia del Nuevo Testamento presenta a veces como resultado de una intervenci\u00f3n sobrenatural inmediata ciertos sucesos que un historiador moderno o incluso antiguo explicar\u00eda por causas naturales, pero el hecho debe ser comprobado por eso mismo: el autor de los Hechos atribuye a una intervenci\u00f3n del \u00c1ngel del Se\u00f1or la muerte de Herodes (XII, 23); Josefo la cuenta por su parte de una manera natural ( Ant. Jud., XIX, 8,2); \u00bfno es el mismo hecho en el historiador y en el ap\u00f3stol?<\/p>\n<p>Sin duda que los hechos que nos refieren los Evangelios, redactados por lo menos veinte a\u00f1os despu\u00e9s de los acontecimientos, son hechos interpretados por el pensamiento y por la vida de los primeros cristianos. Que en la \u00e9poca de la redacci\u00f3n de los Evangelios, los recuerdos de los primitivos sobre los tiempos y los lugares hayan estado algo embarullados, que al socaire de esta indecisi\u00f3n, la fe de los ap\u00f3stoles, las urgencias de la misi\u00f3n y de la exposici\u00f3n, el estado de esp\u00edritu de las comunidades, las necesidades presentes hayan influido en la presentaci\u00f3n de los hechos, es algo que no se podr\u00eda contestar: habr\u00eda sido necesario un milagro constante para que eso no se produjera.<\/p>\n<p>Ha existido por lo tanto un trabajo del pensamiento, bien nutrido de las Escrituras, sobre los hechos extraordinarios de la vida y muerte de Cristo: los textos evang\u00e9licos mismos dan testimonio de ello. Pero una cosa es un trabajo de interpretaci\u00f3n, otra cosa es un trabajo de invenci\u00f3n o de creaci\u00f3n. Y, por ejemplo, si la fe de los ap\u00f3stoles se bas\u00f3 con una intensidad especial\u00a0 en la resurrecci\u00f3n de Cristo, fue porque este hecho les hab\u00eda impresionado de manera singular. Una cosa es la f\u00f3rmula en la que se traduce un hecho y que depende siempre del lenguaje y de la mentalidad, de las influencias y de las necesidades urgentes, otra la sustancia de ese hecho mismo.<\/p>\n<p>Sin estas distinciones necesarias, se hace pasar a los textos evang\u00e9licos un tratamiento de disfavores y se les infligen sutiles torturas. Se piden simples hechos, o por lo menos se desear\u00eda que los relatos evang\u00e9licos estuviesen conformes a las severas leyes del g\u00e9nero hist\u00f3rico. Desde el momento en que no se encuentran estos hechos mondos y lirondos o que no se reconocen en los Evangelios los caracteres de una historia cient\u00edfica, se pasa al otro extremo y se los considera como leyendas sagradas. En suma, se fundamenta en la significaci\u00f3n del relato para rechazar su historicidad, cuando la esencia misma de la historia b\u00edblica y evang\u00e9lica es ser una historia significativa o mejor una ense\u00f1anza religiosa fundada sobre hechos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo III: El Sr. Pouget y la cr\u00edtica religiosa (cont.) VI. 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Cuando nos arriesg\u00e1bamos a preguntar al Sr. Pouget sobre la raz\u00f3n de ser\u00a0 de estos desarrollos de la verdad moral y religiosa en el judeo-cristianismo, dif\u00edcilmente obten\u00edamos una respuesta. He insistido varias\u2026","rel":"","context":"En \u00abCongregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb","block_context":{"text":"Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/ramas\/congregacion-de-la-mision\/"},"img":{"alt_text":"Bolet\u00edn Informativo Noviembre-Diciembre 2011","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01-294x300.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":27963,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-ix\/","url_meta":{"origin":27894,"position":5},"title":"Retrato del sr. 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Si existe una idea que haya dado al mundo el peque\u00f1o pueblo de Israel es la de la unicidad y de la trascendencia de\u2026","rel":"","context":"En \u00abCongregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n\u00bb","block_context":{"text":"Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/ramas\/congregacion-de-la-mision\/"},"img":{"alt_text":"Bolet\u00edn Informativo Noviembre-Diciembre 2011","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01-294x300.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]}],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27894","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=27894"}],"version-history":[{"count":0,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/27894\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=27894"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=27894"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=27894"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}