{"id":27843,"date":"2021-11-09T08:10:59","date_gmt":"2021-11-09T07:10:59","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=27843"},"modified":"2021-07-12T19:55:25","modified_gmt":"2021-07-12T17:55:25","slug":"luisa-de-marillac-una-mujer-audaz-y-creativa","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/luisa-de-marillac-una-mujer-audaz-y-creativa\/","title":{"rendered":"Luisa de Marillac, una mujer audaz y creativa"},"content":{"rendered":"<p>Si usted pregunta por esta mujer, pueden darle las se\u00f1as de identidad m\u00e1s contradictorias y peregrinas. Pueden trazar de ella un retrato-robot con pinceladas que van desde \u00abuna viuda triste y complicadamente m\u00edstica\u00bb hasta \u00abuna adelantada y audaz luchadora por la dignidad de los aplastados\u00bb. Pasando por trazos m\u00e1s o menos acertados de \u00abcristiana cabal\u00bb, de \u00abmadre tierna y sufriente\u00bb, de \u00abprecursora y organizadora de la acci\u00f3n social\u00bb o, incluso, de \u00abimpulsora de un modo nuevo de seguir a Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>Pero una cosa queda clara: esta mujer, <strong>Luisa de Marillac<\/strong> o la \u00abse\u00f1orita\u00bb <strong>Le <\/strong><strong>Gras<\/strong>, como usted quiera, ha sido la gran desconocida. M\u00e1s a\u00fan, ha soportado pacientemente una serie interminable de t\u00f3picos, clich\u00e9s, estereotipos y espejos distorsionantes de su verdadera personalidad. Alguien ha dicho que esta mujer no ha tenido suerte. Su talla excepcional, v\u00e1lida por s\u00ed misma, ha quedado siempre en un segundo plano, a la sombra de una figura deslumbrante: la de su amigo, gu\u00eda y colaborador <strong>Vicente de Pa\u00fal<\/strong>.<\/p>\n<p>En definitiva, estamos ante una de las mujeres m\u00e1s completas en la historia de la Iglesia y de la humanidad y, especialmente, una de las cabezas m\u00e1s l\u00facidas y geniales en el organigrama mundial de la asistencia, promoci\u00f3n y liberaci\u00f3n de los pobres.<\/p>\n<h2><strong>La monta\u00f1a de piedras y el diamante<\/strong><\/h2>\n<p>Cuentan las cr\u00f3nicas que, en la ma\u00f1ana del lunes 15 de marzo de 1660, cuando a Vicente de Pa\u00fal, enfermo en el priorato de San L\u00e1zaro (Par\u00eds), le comunicaron la muerte de Luisa de Marillac, su semblante permaneci\u00f3 impasible y ni una sola l\u00e1grima brot\u00f3 de sus ojos. El cronista no nos dice nada de lo que pas\u00f3 en aquellos instantes por la mente y el coraz\u00f3n del anciano Vicente de Pa\u00fal. Y uno se atreve a aventurar una hip\u00f3tesis cari\u00f1osa: tal vez, ante el se\u00f1or Vicente pasase, como una pel\u00edcula multicolor, toda la andadura de la se\u00f1orita Le Gras desde que se topara con ella, casi por casualidad, en 1625. Y no le ser\u00eda dif\u00edcil encontrar el t\u00edtulo apropiado de esa pel\u00edcula. \u00c9l mismo se lo escribi\u00f3 a Luisa de Marillac en una carta de abril de 1630: \u00abUn hermoso diamante vale m\u00e1s que una monta\u00f1a de piedras\u00bb.<\/p>\n<p>Y es que, por fin, aquella se\u00f1orita angustiada, indecisa, insegura y ansiosa hab\u00eda llegado a ser un verdadero diamante. Cualquiera puede pensar que Vicente de Pa\u00fal, al terminar la pel\u00edcula, no tuvo empacho en poner su firma.<\/p>\n<p>Al fin y al cabo, hasta los historiadores m\u00e1s puntillosos le han reconocido, sin ning\u00fan regateo, el m\u00e9rito pleno de haber sabido transformar esa monta\u00f1a de piedras en un diamante extraordinario. Incluso todos los bi\u00f3grafos de Luisa de Marillac han acu\u00f1ado una expresi\u00f3n definitiva: \u00abLa obra perfecta de Vicente de Pa\u00fal se llama Luisa de Marillac\u00bb.<\/p>\n<p>Pero este experto director de conciencias no cay\u00f3 en la trampa. Desde el primer momento de su \u00abdirecci\u00f3n\u00bb hizo lo m\u00e1s dif\u00edcil: dejar que fuese Dios mismo el que puliera esas piedras, golpe a golpe, hasta que se convirtieran en diamante. Y para que no quedase ninguna duda, Vicente de Pa\u00fal quiso dejarlo muy claro en una de sus \u00faltimas conferencias a las Hijas de la Caridad sobre la \u00abperfecci\u00f3n\u00bb de Luisa de Marillac: \u00abEs obra de las manos de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal se dio cuenta enseguida de que aquella mujer ten\u00eda una personalidad propia y de que la gracia de Dios la iba llevando, casi de puntillas, hacia un compromiso radical de vida.<\/p>\n<h2><strong>La fecunda tierra del sufrimiento<\/strong><\/h2>\n<p>Quien se asome a la vida y a los escritos de esta mujer, encontrar\u00e1 una serie de expresiones machaconas y obsesivas acerca del sufrimiento, del dolor, de la cruz, de Cristo crucificado&#8230; Incluso observar\u00e1 que constantemente, en momentos vitales, Luisa de Marillac subraya la necesidad del sufrimiento como camino para ir hacia Dios.<\/p>\n<p>Por ejemplo, escribe en una de sus meditaciones: \u00abDios me ha hecho la gracia de conocer que es su voluntad que yo vaya a \u00c9l por medio de la cruz. En efecto, \u00c9l quiso que desde mi cuna estuviese marcada con ella, no dej\u00e1ndome casi nunca, en todas las \u00e9pocas de mi vida, sin ocasi\u00f3n de padecer\u00bb.<\/p>\n<p>En su correspondencia, casi siempre se despide con una serie de f\u00f3rmulas que giran en torno a \u00abla bondad y el amor de Jes\u00fas Crucificado\u00bb. En su testamento manda que pongan sobre su tumba \u00abuna gran cruz de madera con un crucifijo y un letrero al pie en el que haya esta inscripci\u00f3n: <em>Spes <\/em><em>Unica<\/em>\u00ab. En sus consejos para que las Hijas de la Caridad crezcan en la perfecci\u00f3n, les recomienda tener mucha devoci\u00f3n a la Pasi\u00f3n de Jesucristo.<\/p>\n<p>Cualquiera podr\u00eda sacar la impresi\u00f3n de que Luisa de Marillac se refugi\u00f3 en un cierto masoquismo o que estuvo permanentemente encerrada en un pesimismo patol\u00f3gico. Pero nada entender\u00eda de su estatura humana y espiritual. Se quedar\u00eda con una imagen melodram\u00e1tica de una mujer que, en realidad, fue todo lo contrario.<\/p>\n<p>Esta mujer habit\u00f3 como nadie la \u00abtierra del sufrimiento\u00bb. Nacida ileg\u00edtima el 12 de agosto de 1591, en casa de los Marillac, una de las familias m\u00e1s conocidas y de m\u00e1s alta alcurnia de la Francia de los siglos XVI y XVII, no conoci\u00f3 el afecto de una madre ni el calor del hogar. Vivi\u00f3 en casa, soportada y no amada. Muy temprano fue llevada al monasterio real de las dominicas de Poissy, como si los suyos quisieran esconderla como una afrenta familiar. All\u00ed se educ\u00f3 en la profunda oraci\u00f3n y en la alta cultura, bajo los auspicios de una t\u00eda-abuela de su mismo nombre.<\/p>\n<p>No se sabe si antes o despu\u00e9s de la muerte del que se supone que fue su padre, Luisa de Marilllac es alojada en una pensi\u00f3n regentada por una \u00abse\u00f1ora pobre, h\u00e1bil y virtuosa\u00bb. Ning\u00fan familiar quer\u00eda cargar con esta ni\u00f1a molesta para la buena fama. En esa pensi\u00f3n empez\u00f3 a experimentar el trabajo, la austeridad y la intemperie.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 a la edad de las grandes decisiones y pidi\u00f3 ser admitida entre las Capuchinas Hijas de la Pasi\u00f3n, pero el provincial, padre <strong>Honorato <\/strong><strong>de Champigny<\/strong>, no fue de la misma opini\u00f3n: \u00abUsted no puede ser religiosa porque no tiene salud y porque Dios reserva otros planes para usted\u00bb. Si antes la familia se hab\u00eda desentendido de ella, ahora parec\u00eda que hasta la casa de Dios se le cerraba. Incluso, a la misma Luisa de Marillac le quedaba una especie de remordimiento como si hubiera traicionado la promesa hecha a Dios de entrar en religi\u00f3n.<\/p>\n<p>Quedaba como soluci\u00f3n el matrimonio, y los suyos se lo \u00abnegociaron\u00bb. Y as\u00ed, a los 22 a\u00f1os, el 15 de febrero de 1613, contrajo matrimonio con <strong>Antonio Le Gras<\/strong>, uno de los secretarios de Estado, miembro de la burgues\u00eda y no de la aristocracia. Por eso, Luisa de Marillac no pod\u00eda llamarse \u00abse\u00f1ora\u00bb, sino \u00abse\u00f1orita\u00bb, dado el rango inferior de su marido. La se\u00f1orita Le Gras entendi\u00f3 que tambi\u00e9n de esta forma era apartada de los altos coturnos sociales.<\/p>\n<p>La vida conyugal no fue tan feliz como alg\u00fan bi\u00f3grafo id\u00edlico ha pretendido. Una confidencia de Luisa nos informa de que su marido hab\u00eda vivido cuidando m\u00e1s de los intereses ajenos que de los propios. Casi siempre enfermo y, con mucha frecuencia, fuera. Adem\u00e1s, su hijo <strong>Miguel<\/strong> ya empezaba a ser una fuente de sufrimiento y de desilusi\u00f3n. Durante toda la vida ser\u00e1 una de las cruces especiales de su madre.<\/p>\n<p>En esta \u00e9poca, de tiempo en tiempo, se sinti\u00f3 sacudida por tremendas crisis interiores. El escr\u00fapulo y la angustia estaban constantemente a la vuelta de la esquina. Cuando en 1621 empez\u00f3 la enfermedad de su marido \u2013cuatro o cinco a\u00f1os de larga y penosa enfermedad que le hicieron irritable y dif\u00edcil de tratar\u2013, Luisa de Marillac crey\u00f3 ver en ello un castigo por no haber sido fiel a su intenci\u00f3n juvenil de hacerse capuchina. Lleg\u00f3 a pensar que ten\u00eda la obligaci\u00f3n de abandonar a su esposo y a su hijo. Consigui\u00f3 que su entonces director espiritual, monse\u00f1or <strong>Le Camus<\/strong>, obispo de Belley, le permitiera hacer voto de viudedad en el caso de que muriera su marido. Entr\u00f3 en un oscuro t\u00fanel sin luz humana ni divina. La fiesta de la Ascensi\u00f3n de 1623 marca la cima de la \u00abterrible noche oscura\u00bb de Luisa de Marillac y su vivencia palpable del abandono de Cristo en la cruz.<\/p>\n<p>Esta s\u00edntesis apretada de la \u00abgeograf\u00eda sufriente\u00bb de esta mujer escapa a los simples an\u00e1lisis psicol\u00f3gicos y sociol\u00f3gicos. No se trata de hacer ret\u00f3rica sobre la bondad del dolor. Pero s\u00ed de conseguir que el sufrimiento no sea una desesperaci\u00f3n, sino un parto. Y Luisa de Marillac lleg\u00f3 a comprender que el sufrimiento es una \u00abtierra fecunda\u00bb capaz de engendrar personas fuertes y preparadas para las empresas m\u00e1s arriesgadas y dif\u00edciles.<\/p>\n<p>En el dolor, Luisa de Marillac creci\u00f3 hacia dentro, sinti\u00f3 la mordedura de la m\u00e1s desnuda pobreza, conoci\u00f3 la entra\u00f1a de la inseguridad, vivi\u00f3 el anonadamiento. Y, desde los m\u00e1rgenes de la felicidad, empez\u00f3 a sentir, sin saberlo, la desesperanza y el abandono de los que acampan en el reverso de la historia.<\/p>\n<p>\u00a1Con cu\u00e1nta raz\u00f3n puede verse plasmada Luisa de Marillac en aquellos versos de un poeta actual!:<\/p>\n<p style=\"text-align: center\"><em>\u00abNo se <\/em><em>rompe el vaso al primer golpe<br \/>\nporque <\/em><em>cabe mucho dolor y mucho amor<br \/>\nen <\/em><em>un coraz\u00f3n fuerte y pobre\u00bb<\/em><\/p>\n<h2><strong>Luz<\/strong><\/h2>\n<p>Esta palabra, tan breve como envolvente, nos sit\u00faa en lo que todos los estudiosos de la figura de Luisa de Marillac catalogan como la \u00abexperiencia-bisagra\u00bb para dar con el verdadero sentido de su vida y de su obra.<\/p>\n<p>La misma Luisa nos lo relata con un estilo elegante y transparente: \u00abEl d\u00eda de Pentecost\u00e9s (4 de junio de 1623), oyendo la santa misa o haciendo oraci\u00f3n en la iglesia, en un instante, mi esp\u00edritu qued\u00f3 iluminado acerca de sus dudas. Y se me advirti\u00f3 que deb\u00eda permanecer con mi marido, y que llegar\u00eda un tiempo en que estar\u00eda en condiciones de hacer voto de pobreza, de castidad y de obediencia, y que estar\u00eda en una peque\u00f1a comunidad en la que algunas har\u00edan lo mismo. Entend\u00ed que ser\u00eda esto en un lugar dedicado a servir al pr\u00f3jimo; pero no pod\u00eda comprender c\u00f3mo podr\u00eda ser, porque deb\u00eda haber movimiento de idas y venidas. Se me asegur\u00f3 tambi\u00e9n que deb\u00eda permanecer en paz en cuanto a mi director, y que Dios me dar\u00eda otro, que me hizo ver entonces, seg\u00fan me parece, y yo sent\u00ed repugnancia en aceptar; sin embargo, consent\u00ed pareci\u00e9ndome que no era todav\u00eda cuando deb\u00eda hacerse este cambio. Mi tercera pena me fue quitada con la seguridad que sent\u00ed en mi esp\u00edritu de que era Dios quien me ense\u00f1aba todo lo que antecede, y pues Dios exist\u00eda, no deb\u00eda dudar de lo dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>Nunca me ha interesado entrar en disquisiciones m\u00edsticas acerca de esta \u00abilumilaci\u00f3n\u00bb de la se\u00f1orita Le Gras. Fuese como fuese, lo que nos importa es que aqu\u00ed nace el esbozo de la \u00abnueva\u00bb Luisa de Marillac, aqu\u00ed se adivina lo que ser\u00e1 la mujer fuerte, serena, equilibrada, audaz, cofundadora y formadora de las Hijas de la Caridad y luchadora por la liberaci\u00f3n de los pobres. En todo caso, lo que nos interesa es dar la noticia de que aquella mujer atormentada ha cosechado los frutos de su \u00abexperiencia de Egipto\u00bb y est\u00e1 a punto de salir de su egoc\u00e9ntrico y enrevesado mundo. Nada m\u00e1s y nada menos.<\/p>\n<h2><strong>La victoria silenciosa<\/strong><\/h2>\n<p>La primera carta que se conserva entre los varios cientos que Vicente de Pa\u00fal escribi\u00f3 a Luisa de Marillac a lo largo de treinta y cinco a\u00f1os de amistad, direcci\u00f3n y colaboraci\u00f3n, data de octubre de 1626. A poco menos de un a\u00f1o de la muerte de su marido, cuando Luisa de Marillac tiene 34 a\u00f1os y un hijo de 11 oto\u00f1os.<\/p>\n<p>Esa carta, breve y un tanto seca, forma parte de la pedagog\u00eda que Vicente emple\u00f3 para transformar a la joven viuda se\u00f1orita Le Gras que se presenta ante \u00e9l insegura, fr\u00e1gil, ansiosa, desamparada, dependiente y con una personalidad que bascula entre el miedo a comprometerse y la euforia por lanzarse al ruedo de la actividad. Vicente de Pa\u00fal parte de dos supuestos imprescindibles: \u00abDios mismo desempe\u00f1ar\u00e1 con usted el oficio de director\u00bb y \u00abespere usted con paciencia la manifestaci\u00f3n de la voluntad de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Alg\u00fan autor ha cometido la \u00abherej\u00eda\u00bb de imaginarse a Luisa de Marillac, en esta \u00e9poca de su viudez, dirigida por cualquiera de los eclesi\u00e1sticos doctos, aristocr\u00e1ticos y con aires de elevada espiritualidad que pululaban por Par\u00eds. La conclusi\u00f3n es obvia: la se\u00f1orita Le Gras no hubiera llegado nunca a ser Luisa de Marillac. Se hubiera quedado en una viuda piadosa y mediocre.<\/p>\n<p>Sin embargo, supuesta siempre la acci\u00f3n de Dios, se encontr\u00f3 con un hombre, Vicente de Pa\u00fal, con los pies sobre la tierra, al\u00e9rgico a la literatura espiritualista, con la clarividencia de que \u00abla perfecci\u00f3n no consiste en los \u00e9xtasis, sino en cumplir perfectamente la voluntad de Dios\u00bb, y con el convencimiento de que lo que cuenta es el \u00abjuicio de los pobres\u00bb.<\/p>\n<p>Por eso, la t\u00e1ctica de Vicente de Pa\u00fal fue la del cincelador paciente, con indicaciones claras y sencillas. Ante una piedad excesiva, centrada en incontables y mortificantes pr\u00e1cticas de rezos, ayunos, ejercicios y disciplinas, \u00e9l sugiere una vida cristiana vertebrada por el amor: \u00abDios es amor y quiere que vayamos a \u00c9l por amor\u00bb. Ante una imagen de Dios llena de temor y angustia, \u00e9l subraya que \u00abNuestro Se\u00f1or es una comuni\u00f3n continua para con aqu\u00e9llos que le est\u00e1n unidos en su querer y no-querer\u00bb. Ante las prisas por hacer m\u00e9ritos para la salvaci\u00f3n, \u00e9l se muestra inflexible en \u00abhonrar siempre el no-hacer y los a\u00f1os ocultos del Hijo de Dios\u00bb. Ante la tristeza y los d\u00edas grises, \u00e9l potencia la alegr\u00eda y el contento por vivir \u00aben la confianza del amor de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>En la pel\u00edcula <em>Monsieur Vincent<\/em> (<em>El se\u00f1or Vicente<\/em>) \u2013donde, ciertamente, el tratamiento que se da a la figura de Luisa de Marillac no es muy acertado\u2013, hay un di\u00e1logo entre Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac que puede valernos como s\u00edmbolo de la tarea concientizadora y transformadora de Vicente de Pa\u00fal sobre Luisa de Marillac:<\/p>\n<ul>\n<li><strong>Luisa de Marillac:<\/strong><em> Me ped\u00eds un esfuerzo supremo. Sab\u00e9is que hago cuanto puedo. Pero \u00a1este gent\u00edo <\/em><em>horroroso! Temo a los pobres.<\/em><\/li>\n<li><strong>Vicente de Pa\u00fal:<\/strong> S\u00ed, son terribles, \u00bfno es cierto? Todos reunidos, terribles como la justicia de Dios que proclaman implacablemente. Nos enga\u00f1amos con nuestras ropas decentes y nuestros rostros atildados; pero esos harapos, ese horror, esas enfermedades, esa desnutrici\u00f3n tras de la que asoman miradas de lobos, son de hombres, jueces duros e injustos, pero a los que es preciso servir como a nuestros due\u00f1os, y amarlos.<\/li>\n<li><strong>Luisa de Marillac:<\/strong><em> Soy miedosa, <\/em><em>se\u00f1or; soy d\u00e9bil, irresoluta, torpe; no <\/em><em>tengo ninguna cualidad indispensable <\/em><em>para esto.<\/em><\/li>\n<li><strong>Vicente de Pa\u00fal:<\/strong><em> Sois mi primera <\/em><em>seguidora, la primera que me ha comprendido, se\u00f1orita de Marillac. Sois resuelta, valerosa, h\u00e1bil. Os necesito.<\/em><\/li>\n<\/ul>\n<p>En definitiva, el punto nuclear de la evoluci\u00f3n de Luisa de Marillac est\u00e1 en el esfuerzo para asumir aquello que su director, Vicente de Pa\u00fal, repite constantemente y de mil maneras: la realizaci\u00f3n de la voluntad de Dios pasa, inevitable y necesariamente, por la construcci\u00f3n del Reino de Dios y su justicia en favor de las v\u00edctimas del sistema.<\/p>\n<h2><strong>El ensanchamiento del coraz\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<p>Hace bastantes a\u00f1os, en un consultorio radiof\u00f3nico se daba esta respuesta a la pregunta angustiada de un oyente: \u00abMi respuesta a los angustiados es siempre la misma: no te vuelvas neur\u00f3ticamente sobre tus propios problemas, no te enrosques como un perro en su madriguera; sal a la calle, mira a tus hermanos, empieza a luchar por ellos; cuando les hayas amado lo suficiente, se habr\u00e1 estirado tu coraz\u00f3n y estar\u00e1s curado. Porque de cada cien de nuestras enfermedades, noventa son de par\u00e1lisis y de peque\u00f1ez del coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Es muy posible que el conductor de ese consultorio radiof\u00f3nico no conociera la vida de Luisa de Marillac. Si, por casualidad, se hubiera aproximado a ella, hubiera encontrado una cierta semejanza entre su consejo y el progresivo ensanchamiento del coraz\u00f3n de esta mujer.<\/p>\n<p>Porque la nueva y definitiva vocaci\u00f3n de esta mujer va a consistir, sobre todo, en salir de su propia y peque\u00f1a periferia y asomarse decididamente al camino que baja de Jerusal\u00e9n a Jeric\u00f3, donde van quedando los expoliados, los heridos y los masacrados.<\/p>\n<p>Al fin, la se\u00f1orita Le Gras hab\u00eda llegado a la conclusi\u00f3n de que los pobres no son un pasatiempo piadoso o ben\u00e9fico, sino una pasi\u00f3n dolorosa, una terrible pregunta de Dios a la que hay que responder con urgencia y audacia. No en vano ella misma hab\u00eda comunicado insistentemente a Vicente de Pa\u00fal que se sent\u00eda impulsada a servir en cuerpo y alma a los pobres.<\/p>\n<p>Y en mayo de 1629, a los 38 a\u00f1os de edad, Luisa de Marillac verifica el ensanchamiento de su coraz\u00f3n lanz\u00e1ndose a \u00absocorrer a los pobres como quien corre a apagar el fuego\u00bb, como dir\u00eda Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>En su modesto equipaje guardar\u00eda siempre las palabras de \u00abenv\u00edo a misi\u00f3n\u00bb de su tenaz director: \u00abVaya, pues, se\u00f1orita en nombre de Nuestro Se\u00f1or. Ruego a su Divina Bondad que le acompa\u00f1e, que sea ella su alivio en el camino, su sombra contra el ardor del sol, su cobijo de la lluvia y el fr\u00edo, lecho blando en su cansancio, fuerza en su trabajo y que, finalmente, le devuelva con perfecta salud y llena de obras buenas\u00bb.<\/p>\n<h2><strong>La pasi\u00f3n por los pobres<\/strong><\/h2>\n<p>\u00abElla nos dec\u00eda con frecuencia: somos criadas de los pobres; por tanto, tenemos que ser m\u00e1s pobres que ellos\u00bb. \u00c9ste es uno de los muchos testimonios que sobre Luisa de Marillac dieron aquellas primeras Hijas de la Caridad para describir su personalidad. Y \u00e9ste es un dato esencial para tener una noticia cabal de Luisa.<\/p>\n<p>Porque esta mujer lleg\u00f3 a experimentar que el seguimiento de Cristo se da en la historia sufriente de la humanidad, no en los paisajes de la buena voluntad. Su cristolog\u00eda dej\u00f3 de ser te\u00f3rica para hacerse pr\u00e1ctica, dando paso a la vivencia de un Cristo encarnado en los m\u00e1rgenes de la sociedad y hecho siervo para anunciar y realizar la Buena Nueva en favor de los pobres. La fuerza del Esp\u00edritu la llev\u00f3 a sentirse enviada a \u00abliberar a los cautivos, a dar la vista a los ciegos, a dignificar a los oprimidos y a proclamar la bondad del Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Su mirada descubre el innumerable ej\u00e9rcito de los seres sin rostro y sin figura humana, la despreciable legi\u00f3n de los que \u00abno importan\u00bb, la opresi\u00f3n de todos los condenados de la tierra, las heridas mortales de todos los ca\u00eddos en el camino. Baja hasta los infiernos de la terrible marginaci\u00f3n de la Francia del siglo XVII.<\/p>\n<p>Se atreve a \u00abdar la vuelta a la medalla\u00bb y experimenta que los pobres, aunque vulgares y groseros, son el \u00absacramento de Cristo\u00bb. Est\u00e1 convencida de que los pobres, antes que destinatarios de nuestros servicios, son la presencia latente y patente en el mundo del Se\u00f1or crucificado. Se deja zarandear por los pobres como \u00fanico criterio de salvaci\u00f3n o de condenaci\u00f3n: \u00abTuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui emigrante y me acogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estuve en la c\u00e1rcel y fuisteis a verme\u00bb (Mt 25, 35-37).<\/p>\n<p>Y, consecuentemente, sus obras y actuaciones no parten de la mera \u00e9tica o del simple humanismo, sino de la pasi\u00f3n por Cristo en los pobres y por \u00e9stos en \u00c9l.<\/p>\n<p>Finalmente, Luisa de Marillac tiene muy claro que los pobres exigen mucho m\u00e1s que una limosna, una medicina, un vestido o una ayuda m\u00e1s o menos permanente. Exigen la entrega absoluta de toda una vida: \u00abNo es nada dar sus bienes en comparaci\u00f3n con darse una misma y emplear todos los momentos de su vida, exponi\u00e9ndola, incluso, al peligro por amor de Dios, sirviendo a los pobres\u00bb.<\/p>\n<p>Con qu\u00e9 fuerza quiere recalcar Luisa de Marillac su acuciante \u00abpasi\u00f3n por los pobres\u00bb cuando lanza a las primeras Hijas de la Caridad aquel grito de angustia: \u00ab\u00a1Ah!, \u00a1qu\u00e9 dicha si la Compa\u00f1\u00eda, sin ofensa de Dios, no tuviera que ocuparse m\u00e1s que de los pobres desprovistos de todo!\u00bb. Y si es cierto que la m\u00e1xima sinceridad de una persona acontece en los momentos finales de su existencia, ah\u00ed est\u00e1 la escena de Luisa de Marillac, moribunda, recomendando encarecidamente a sus \u00abhijas\u00bb que \u00abtengan gran cuidado del servicio a los pobres\u00bb.<\/p>\n<h2><strong>Una revoluci\u00f3n organizativa entre la audacia y la creatividad<\/strong><\/h2>\n<p>En el florilegio piadoso todav\u00eda se puede encontrar una imagen de Luisa de Marillac encantadoramente limosnera. En alg\u00fan manual de historia de la beneficencia a\u00fan persiste el retrato c\u00e1ndidamente asistencialista de esta mujer. Pero en ambos lugares se distorsiona descaradamente su verdadera talla.<\/p>\n<p>Porque una de sus caracter\u00edsticas m\u00e1s acentuadas, sobresalientes y originales es, precisamente, la \u00abeficacia organizativa\u00bb de la caridad. De tal forma, que muchos t\u00e9cnicos actuales de la acci\u00f3n social se quedar\u00edan asombrados al comprobar el complet\u00edsimo sistema de organizaci\u00f3n caritativa que Luisa de Marillac puso en marcha hace mucho m\u00e1s de tres siglos y medio. Se la puede calificar, sin exageraci\u00f3n, como aut\u00e9ntica revolucionaria de la acci\u00f3n social.<\/p>\n<p>Esta mujer inquieta, vivaracha, atrevida, arriesgada no pone fronteras a su coraz\u00f3n. Sabe que los pobres mandan y que la apertura, la disponibilidad, la movilidad y la sensibilidad hacia todas las formas de pobreza, antiguas y nuevas, son el baremo de su fidelidad al plan de Dios. En sus o\u00eddos resuena, como compromiso insoslayable y recordatorio imperativo, aquel grito de Vicente de Pa\u00fal: \u00abEl amor es infinitamente inventivo\u00bb.<\/p>\n<p>Una muestra altamente significativa de esta audacia creativa es el papel de Luisa de Marillac en la primera instituci\u00f3n fundada por Vicente de Pa\u00fal: las Cofrad\u00edas de la Caridad (actualmente denominadas Asociaci\u00f3n Internacional de Caridades de San Vicente de Pa\u00fal-AIC). Esta instituci\u00f3n laical y mayoritariamente femenina inici\u00f3 su andadura el 23 de agosto de 1617, en un pueblo llamado Ch\u00e2tillon-les-Dombes (hoy, Ch\u00e2tillon-sur-Chalaronne),donde Vicente de Pa\u00fal era p\u00e1rroco. R\u00e1pidamente fue extendi\u00e9ndose por toda Francia, formando una tupida red caritativa tan densa como compleja.<\/p>\n<p>Evidentemente, no todas las Cofrad\u00edas de la Caridad funcionaban como era debido, ni ten\u00edan la vitalidad necesaria. A esta tarea ingente es enviada Luisa de Marillac: a visitar, alentar, organizar, coordinar y potenciar estas Cofrad\u00edas. Ser\u00eda interminable la relaci\u00f3n de Cofrad\u00edas de la Caridad visitadas, organizadas y alentadas por esta mujer incansable. Valga como simple indicador el recorrido que hizo en 1630: en el mes de febrero visita las Cofrad\u00edas de Asni\u00e9res y Saint Cloud, al noroeste de Par\u00eds; en mayo, las de Villepreux, al oeste; en octubre, las de Montmirail, a 100 kil\u00f3metros al este; en diciembre, las de Beauvais, al norte&#8230; Y constantemente haciendo kil\u00f3metros y m\u00e1s kil\u00f3metros a caballo, en diligencia o a pie.<\/p>\n<p>En cada una de las visitas, Luisa de Marillac ve c\u00f3mo funciona la Cofrad\u00eda, el estado de las cuentas, el cometido de cada uno de sus miembros. Se informa acerca de la vida espiritual. Visita por s\u00ed misma a los pobres. No se contenta con dar buenas recomendaciones. Ella misma asume el trabajo m\u00e1s humilde y sacrificado. Y cultiva esmeradamente una de sus grandes preocupaciones: la formaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En los reglamentos de las Cofrad\u00edas se ve claramente la impronta detallista de Luisa de Marillac. Se nota el sabor de alguien que no impone ni teor\u00eda ni sistema ni m\u00e9todo r\u00edgido. Est\u00e1n asentados sobre lo real, rezuman sentido com\u00fan, se adaptan a las distintas circunstancias y necesidades. Pero exigen compromiso, fidelidad y preparaci\u00f3n. Llegan a los detalles m\u00e1s m\u00ednimos para que los pobres sean atendidos con ternura, cordialidad y respeto. Y son una elemental catequesis para que las asociadas sean cada vez m\u00e1s cristianas en una verdadera y l\u00facida conversi\u00f3n a Cristo en la persona de los abandonados y excluidos sociales.<\/p>\n<p>Se puede decir que es aqu\u00ed donde Vicente de Pa\u00fal y Luisa de Marillac descubren su complementariedad. Vicente de Pa\u00fal ha encontrado en Luisa de Marillac una mujer intuitiva, r\u00e1pida, creativa, llena de vitalidad, siempre dispuesta al trabajo de avanzadilla.<\/p>\n<h2><strong>\u00abS\u00f3lamente con los pobres salvar\u00e9 a los pobres<\/strong><strong>\u00ab<\/strong><\/h2>\n<p>Esta frase que Vicente de Pa\u00fal pronuncia en la ya citada pel\u00edcula <em>Monsieur Vincent<\/em>, sintetiza, de alguna manera, el nacimiento de su m\u00e1s querida y entra\u00f1able instituci\u00f3n: la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad. Y tambi\u00e9n aqu\u00ed Luisa de Marillac tiene un protagonismo fundamental. Tan fundamental que, actualmente, nadie discute su papel de cofundadora de las Hijas de la Caridad.<\/p>\n<p>Vicente de Pa\u00fal manifiesta sin ambages la estricta verdad teol\u00f3gica: \u00abDios es el \u00fanico autor de la Compa\u00f1\u00eda\u00bb. Sin embargo, la verdad hist\u00f3rica hunde sus ra\u00edces en la inquietud de Luisa de Marillac por reunir a un grupo de muchachas pobres, de \u00absiervas\u00bb, que deseaban entregar su vida por entero a los pobres. Incluso, Vicente de Pa\u00fal frena, por alg\u00fan tiempo, esta idea apremiante de la se\u00f1orita Le Gras, porque todav\u00eda no tiene \u00abel coraz\u00f3n bastante iluminado ante Dios\u00bb. Hasta que, en septiembre de 1633, Vicente de Pa\u00fal escribe a su colaboradora estas enigm\u00e1ticas palabras: \u00abHace cuatro o cinco d\u00edas que su \u00e1ngel bueno ha comunicado con el m\u00edo a prop\u00f3sito de la caridad de sus hijas&#8230; He pensado seriamente en esa buena obra\u00bb.<\/p>\n<p>Y el 29 de noviembre de ese mismo a\u00f1o se re\u00fanen en casa de Luisa de Marillac cuatro j\u00f3venes. Se llamaban: <strong>Mar\u00eda<\/strong>, <strong>Juana<\/strong>, <strong>Nicolasa<\/strong> y <strong>Micaela<\/strong>.<\/p>\n<p>La vivienda de la se\u00f1orita Le Gras se convierte, seg\u00fan la expresi\u00f3n de uno de sus bi\u00f3grafos, en \u00abel cen\u00e1culo en el que unas buenas j\u00f3venes de generoso coraz\u00f3n se reunieron para orar y preparar su almas para recibir el Esp\u00edritu de Dios y la misi\u00f3n desconocida que les reservaba\u00bb.<\/p>\n<p>La fundaci\u00f3n de las Hijas de la Caridad constituye la etapa definitiva en la trayectoria humana y espiritual de esta mujer de 42 a\u00f1os. A partir de ahora, va a dedicarse, sin descanso, a la misma tarea que su director Vicente de Pa\u00fal llev\u00f3 a cabo con ella: moldear, animar, formar a estas j\u00f3venes. Va a ser la m\u00e1s fiel transmisora del esp\u00edritu v\u00edcenciano a sus \u00abhijas\u00bb. Nunca se apartar\u00e1 lo m\u00e1s m\u00ednimo del talante de Vicente de Pa\u00fal. Sus intimismos espirituales o sus querencias m\u00edsticas las va a encerrar con siete llaves en lo m\u00e1s hondo de su ser. A las Hijas de la Caridad las va a lanzar por la senda realista y comprometida que un d\u00eda le se\u00f1alase a ella aquel sacerdote de apariencia tosca y pueblerina. Y va a surgir el mejor retrato de Luisa de Marillac, la noticia gozosa de una mujer en la plenitud de su madurez, de su clarividencia, de su fortaleza y de su audacia creativa.<\/p>\n<p>Cuando se contempla la evoluci\u00f3n servicial, cuantitativa y cualitativa, de la Compa\u00f1\u00eda de las Hijas de la Caridad, no hay que olvidarse de que Luisa de Marillac est\u00e1 empujando, dirigiendo y organizando este avance. Es m\u00e1s, el propio Vicente de Pa\u00fal no oculta que sin Luisa de Marillac apenas se habr\u00eda podido dar un paso firme y duradero. Ella hace posible que si, en un primer momento, la atenci\u00f3n fue dirigida a los pobres en sus propios domicilios y a la ense\u00f1anza de las ni\u00f1as pobres en las aldeas, muy pronto los brazos de las Hijas de la Caridad se van a ir abriendo seg\u00fan los acontecimientos y necesidades de una sociedad montada en la maldita trilog\u00eda de la peste, el hambre y la guerra. No deja de acompa\u00f1ar a las Hermanas con sus visitas y, sobre todo, con sus cartas. Ning\u00fan detalle, por nimio que parezca, escapa a la solicitud de esta mujer. Insiste, hasta la saciedad, en una serie de actitudes fundamentales para el correcto servicio: \u00abMansedumbre, respeto, devoci\u00f3n, cordialidad, dulzura, compasi\u00f3n, santo afecto, comprensi\u00f3n, humildad&#8230;\u00bb.<\/p>\n<h2><strong>La pedagog\u00eda de la ternura<\/strong><\/h2>\n<p>\u00abNunca comprenderemos su grandeza mientras subsista esa imagen de alma cobarde, mezquina, sombr\u00eda y triste&#8230; Luisa de Marillac ten\u00eda un natural expansivo, y se daba a la gente. Era una criatura amorosa que amaba con todoel ardor de su coraz\u00f3n c\u00e1lido\u00bb.<\/p>\n<p>Estas afirmaciones de <strong>Joseph I. Dirvin<\/strong>, uno de los m\u00e1s recientes y serios bi\u00f3grafos de Luisa de Marillac, nos introducen en la faceta m\u00e1s destacada y menos comentada de esta mujer: su ternura. Por desgracia, muchas veces y durante alg\u00fan tiempo, ha triunfado m\u00e1s la imagen, falsa a todas luces, de una mujer dura, extra\u00f1a y reconcentrada. Pero la realidad es muy otra.<\/p>\n<p>Porque esta mujer irradiaba ternura en todos sus gestos y actitudes vitales. Era esencialmente dulce y amable. Incluso las manifestaciones de su ternura fueron consideradas como una grave dificultad en su proceso de canonizaci\u00f3n. Ciertamente, eran otros tiempos.<\/p>\n<p>Alguien ha dicho que toda la vida de Luisa de Marillac es una \u00abvocaci\u00f3n de ternura\u00bb. Y que en la ternura est\u00e1 el secreto de su tenacidad, de su fuerza, de su capacidad organizativa y de su trayectoria existencial. L\u00f3gicamente, la talla humana y espiritual de Luisa de Marillac aparecer\u00eda rebajada si no se subrayase debidamente este rasgo esencial. Porque, en definitiva, esta mujer se nos presenta como el cauce l\u00edmpido de la ternura de Dios hacia los pobres.<\/p>\n<p>Sin ir m\u00e1s lejos, la ternura hacia su marido se revela en la carta que escribe al padre <strong>Hilari\u00f3n Rebours<\/strong>, describiendo la muerte de Antonio Le Gras. Todav\u00eda diez a\u00f1os m\u00e1s tarde, en el testamento que redact\u00f3 en 1645, vuelve a surgir el recuerdo emocionado y tierno de su esposo.<\/p>\n<p>Con su hijo Miguel Antonio, su ternura de madre sobrepasa todos los l\u00edmites. El mismo Vicente de Pa\u00fal le hace ver su excesiva ternura maternal con un humor tan fino como entra\u00f1able: \u00abCiertamente, Nuestro Se\u00f1or ha hecho bien al no tomarla a usted como madre suya\u00bb.<\/p>\n<p>Su amistad con Vicente de Pa\u00fal desprende una ternura y una delicadeza apoyadas en la autenticidad, en la aceptaci\u00f3n profunda de la identidad del otro, en el reconocimiento y respeto de su complementariedad. La correspondencia con su \u00abdirector\u00bb est\u00e1 salpicada constantemente de t\u00e9rminos expresivos de una confianza fraternal y de una sensibilidad cari\u00f1osa.<\/p>\n<p>Pero hay un cap\u00edtulo de su vida especialmente vertebrado por la ternura. Me refiero a sus relaciones con las Hijas de la Caridad, \u00absus hijas\u00bb, a su dimensi\u00f3n comunitaria. Es curioso c\u00f3mo las Hermanas no ven en ella a la superiora o a la que ordena y manda, sino a la amiga que acompa\u00f1a, que educa, que consuela, que crea lazos de fraternidad.<\/p>\n<p>En las famosas conferencias del 3 y del 24 de julio de 1660 \u2013m\u00e1s de tres meses y medio despu\u00e9s de la muerte de Luisa de Marillac\u2013, Vicente de Pa\u00fal habla a las Hermanas sobre \u00ablas virtudes de la difunta Luisa de Marillac\u00bb. Y las Hermanas van completando las palabras de Vicente de Pa\u00fal con sus aportaciones espont\u00e1neas: \u00abTen\u00eda mucha paciencia con las Hermanas enfermas, iba a visitarlas con frecuencia\u00bb; \u00abcuando me ve\u00eda preocupada, se adelantaba a hablarme de ello con gran dulzura\u00bb; \u00absiempre sab\u00eda excusar a las que se molestaban\u00bb; \u00abten\u00eda mucho amor y caridad con todas las Hermanas\u00bb; \u00abten\u00eda una gran dulzura y mansedumbre, y era f\u00e1cil de trato con los dem\u00e1s\u00bb; \u00abcuando se acercaba uno a ella, pon\u00eda un rostro tan alegre, que nunca daba la sensaci\u00f3n de que se la molestase&#8230; A veces, un gran n\u00famero de Hermanas le hablaba al mismo tiempo de diferentes asuntos; les respond\u00eda a todas con tranquilidad de esp\u00edritu, sin pedirles que la dejasen en paz\u00bb; \u00absi no les pod\u00eda hablar, les mostraba un rostro lleno de afecto y cari\u00f1o; siempre mostraba en sus enfermedades un rostro alegre y contento\u00bb; \u00abdemostraba un gran respeto a todas las Hermanas, habl\u00e1ndoles siempre por medio de ruegos\u00bb.<\/p>\n<p>Y, desde luego, a la luz de esta pedagog\u00eda de la ternura hay que leer las entra\u00f1ables recomendaciones finales del \u00abtestamento espiritual\u00bb de Luisa de Marillac a las Hijas de la Caridad: \u00abSobre todo, tengan gran cuidado de vivir juntas en una gran uni\u00f3n y cordialidad, am\u00e1ndose las unas a las otras, para imitar la uni\u00f3n y la vida de Nuestro Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<h2><strong>Elogio de la mujer fuerte<\/strong><\/h2>\n<p>No s\u00e9 si ser\u00e1 acertado o no, pero esta mujer siempre me ha recordado la serena conjugaci\u00f3n de dos s\u00edmbolos de la llanura castellana: el chopo y la encina.<\/p>\n<p>Constantemente me ha llamado la atenci\u00f3n su b\u00fasqueda vertical y directa de las alturas, su trayectoria esforzada hacia la luz, su elevaci\u00f3n incansable por encima de las mezquindades humanas. Igual que un chopo luchador contra las ventiscas, el granizo y el bochorno del est\u00edo, con una madera noble, capaz de salir ilesa de sus propios nudos retorcidos.<\/p>\n<p>Pero, a la vez, me ha subyugado su empe\u00f1o por crecer hacia dentro, por ahondar las ra\u00edces de su ser. Lo mismo que su insobornable fidelidad por los desvalidos, sus desvelos por acoger en su fuerte humanidad los problemas y sufrimientos de sus hermanos m\u00e1s deshumanizados, su capacidad para dar sombra alentadora a los caminantes agotados y derrotados, su encarnaci\u00f3n convencida en el suelo duro y dif\u00edcil de esta tierra. Con el mismo tes\u00f3n y la misma entereza que la encina.<\/p>\n<p>Y, como el chopo y la encina, Luisa de Marillac sinti\u00f3 la amenaza del rayo contra su plenitud y su cimiento. Su vida fue una convivencia con el dolor propio y ajeno. Sin embargo, el rayo nunca pudo calcinar su fortaleza ni arrasar su inquietud. Sencillamente, madur\u00f3 su campo granado de Cristo y de los pobres. Porque la b\u00fasqueda de las alturas y el enraizamiento en el suelo cristalizaron en una mujer fuerte, que gan\u00f3 la vida perdi\u00e9ndola por los dem\u00e1s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si usted pregunta por esta mujer, pueden darle las se\u00f1as de identidad m\u00e1s contradictorias y peregrinas. 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