{"id":27259,"date":"2014-03-04T07:35:29","date_gmt":"2014-03-04T06:35:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=27259"},"modified":"2016-07-26T09:44:34","modified_gmt":"2016-07-26T07:44:34","slug":"retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-iv","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/retrato-del-sr-pouget-sacerdote-de-la-mision-iv\/","title":{"rendered":"Retrato del sr. Pouget, sacerdote de la Misi\u00f3n (IV)"},"content":{"rendered":"<h2>Cap\u00edtulo III: El Sr. Pouget y la cr\u00edtica religiosa<\/h2>\n<p style=\"text-align: right\"><em>Omnis scriba doctus in regno coelorum\u00a0 similis est homini patri familias, qui profert de thesauro suo nova et vetera.<\/em><br \/>\n(Mat., XIII,52.)<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignright size-medium wp-image-129409\" alt=\"Bolet\u00edn Informativo Noviembre-Diciembre 2011\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2014\/03\/pouget_01-294x300.jpg?resize=294%2C300\" width=\"294\" height=\"300\" \/><\/a>Al dejar esbozarse en la mente, un rasgo tras otro, una primera imagen de nuestro modelo, hemos dado a entender que para comprenderle bien, no hab\u00eda que perder de vista el recuerdo de su infancia campesina: volver a aquellos a\u00f1os en que manejaba el arado, cuando llevaba a apacentar sus ganados por los p\u00e1ramos de la alta Auvernia. Fue mientras rezaba en el seminario de Saint-Flour, ante una estatua de san Vicente de Pa\u00fal, cuando el Sr. Pouget hab\u00eda tomado conciencia de su vocaci\u00f3n. Al igual que su patr\u00f3n, \u00e9l fue un campesino toda su vida. Y esa es la raz\u00f3n de quererlo.<\/p>\n<p>Al Sr. Vicente se le parec\u00eda por cierta curvatura de los hombros que recuerda la vieja costumbre de inclinarse hacia el suelo, y por ello su aspecto rechoncho y macizo. Se le parec\u00eda tambi\u00e9n por su naturaleza. He conocido a lazaristas que han sabido dar a sus conductas, a sus juicios, y a veces hasta a sus rostros, mediante un ejercicio continuo, el car\u00e1cter de sus maestro. Al Sr. Pouget no le hab\u00eda costado tanto. Su santo y \u00e9l eran gente conocida: se reconoc\u00edan al primer vistazo por el efecto de la fraternidad campesina, por la identidad de sus or\u00edgenes y me atrever\u00eda a decir que eran como c\u00f3mplices. Se ha dicho del Sr. Vicente que fue toda su vida un campesino. El Sr. Pouget era un campesino sabio: era su car\u00e1cter y su sabor.<\/p>\n<h3>El Sr. Pouget y el esp\u00edritu cr\u00edtico<\/h3>\n<p>Pero se admiraba en \u00e9l la prudencia de los viejos campesinos que, una vez transfigurada, se convert\u00eda en esp\u00edritu cr\u00edtico.<\/p>\n<p>Nadie mostr\u00f3 m\u00e1s consideraci\u00f3n hacia los m\u00e9todos llamados cr\u00edticos. No s\u00e9 c\u00f3mo pronunciaba Kant la palabra\u00a0 kritik que \u00e9l puso sobre el candelero, pero le o\u00ed hablar m\u00e1s de una vez de \u00abla Cr\u00edtica\u00bb con un tono de respeto que os comunicaba una emoci\u00f3n imborrable. Esta palabra que muchos pronuncian como Eva debi\u00f3 hablar de la serpiente en su ancianidad, cuando pasaba por los labios del Sr. Pouget, se cargaba de ternura: \u00e9l dec\u00eda la cr\u00edtica, como el soldado de verdad dice \u00abel ej\u00e9rcito\u00bb, como un verdadero sacerdote habla de \u00abla misa\u00bb; despu\u00e9s de todo, su oficio era ser cr\u00edtico; era cr\u00edtico como su padre era labrador y aguador.<\/p>\n<p>Recuerdo una tarde, al caer el d\u00eda, me lo encontr\u00e9 sentado en aquel sill\u00f3n de paja que ya he descrito, sombr\u00edo, encorvado y mordisque\u00e1ndose las u\u00f1as. La sombra era completa: daba a la celda ese aspecto \u00abinforme y vac\u00edo\u00bb del abismo inicial cuando el Esp\u00edritu de Dios, el primer d\u00eda del mundo, se mov\u00eda sobre las aguas. Pero en aquel lugar tambi\u00e9n, un esp\u00edritu velaba y fecundaba las tinieblas. Se puso a pensar en voz alta: \u00abAh! se\u00f1or, cuando el cielo era azul y yo pod\u00eda verlo, me produc\u00eda un placer inmenso.\u00bb Yo pensaba en aquello de Job: \u00absu soplo regala al cielo la serenidad&#8230;\u00bb \u00bfEs de d\u00eda a\u00fan? A\u00f1adi\u00f3, dirigiendo hacia la ventana una mirada c\u00e1ndida,\u00a0 &#8211; luego, sin esperar respuesta, continu\u00f3, habl\u00e1ndose a s\u00ed mismo, como para consolarse, como para justificarse: \u00abPara m\u00ed, es de noche, siempre. Pero hago cr\u00edtica. La cr\u00edtica, cu\u00e1nto se habla en contra. Cuando se hace bien, habr\u00eda que bendecirla. El siglo XIX, que la aplic\u00f3 el primero, es un siglo de gigantes.\u00bb Este pensamiento que se le hab\u00eda escapado me permiti\u00f3 entrever de repente lo que hab\u00eda de nuevo en aquel anciano. La cr\u00edtica que hab\u00eda logrado en el siglo XIX echar por tierra todo lo que el mundo adoraba, entre las manos de Pouget, y sin dejar de ser ella misma, se volv\u00eda serena, saludable y, si se llegaba a purificar esta palabra de toda insulsez, era verdaderamente constructiva.<\/p>\n<p>Pero a fin de explicar esta novedad y este favor, bueno ser\u00e1 hacer correr detr\u00e1s de nuestro modelo un tel\u00f3n de fondo ligero, exponiendo primero el estado de esp\u00edritu de sus contempor\u00e1neos y por qu\u00e9 era m\u00e9rito suyo colocar bien alto todo aquello que en derredor suyo era sospechoso a veces.<\/p>\n<p>Nadie puede cuestionar que, desde hace tres siglos, los te\u00f3logos no hayan demostrado desconfianza ante muchos de los descubrimientos logrados por la aplicaci\u00f3n de los m\u00e9todos cient\u00edficos. Y ello es m\u00e1s curioso porque las dos fuentes de nuestros conocimientos, como son la raz\u00f3n y la experiencia, han sido respetadas, purificadas y defendidas por la Iglesia. Durante toda la Edad Media el ejercicio de la raz\u00f3n era respetado entre los cl\u00e9rigos: si la Edad Media merece un reproche, quiz\u00e1s sea el de haber llevado el racionalismo demasiado lejos al querer explicar por conceptos lo que debe seguir fuera de nuestro alcance. En cuanto a la experiencia, no deber\u00eda ser para un cristiano m\u00e1s que el lenguaje y la palabra de Dios que, seg\u00fan Pascal, es \u00abinfalible en los hechos mismos\u00bb. Pero, debido a la autoridad de Arist\u00f3teles y a los servicios prestados en la infancia del mundo, debido a un concepto demasiado restringido de la inspiraci\u00f3n de las Escrituras, y tambi\u00e9n al efecto de esa prudencia perezosa que lleva a las sociedades establecidas a consagrar las costumbres para siempre, sucedi\u00f3 que muchos de los grandes descubrimientos que hoy se celebran parecieron victorias arrancadas a la ense\u00f1anza eclesi\u00e1stica, aun cuando los creyentes hayan contribuido a ello, como fue el caso de Cop\u00e9rnico, que era can\u00f3nigo. La astronom\u00eda, la geolog\u00eda, la historia de las especies, la antropolog\u00eda, la ciencia de las religiones, la cr\u00edtica b\u00edblica se formaran sin la Iglesia y a veces contra ella, tan dif\u00edcil hab\u00eda sido desprender el esp\u00edritu cristiano del sistema antiguo del mundo con el cual se hab\u00eda mezclado. Tantae molis erat.<\/p>\n<p>No se pod\u00eda razonablemente esperar que todos los sabios tuviesen la prudencia de Descartes, y que renunciasen a publicar sus obras para ponerse de acuerdo con la disciplina. Muchos fueron m\u00e1s all\u00e1, reivindicaron altivamente su autonom\u00eda, y todo avance cient\u00edfico adopt\u00f3 un aire de protesta o de desaf\u00edo, hasta en los dominios neutros e indiferentes. De esa manera, el esp\u00edritu cient\u00edfico parec\u00eda contener en el fondo algo del esp\u00edritu de revuelta. Los partidos extremos se pon\u00edan de acuerdo, unos para celebrarlo, otros para deplorarlo, en considerar la ciencia como una religi\u00f3n nueva. Bajo todas estas influencias, c\u00f3mo no pensar por parte del mundo religioso que el esp\u00edritu de la ciencia, altamente laudable en s\u00ed, presentaba en la pr\u00e1ctica peligros, parecido a un elixir saludable, pero que reclama al tomarlo precauciones infinitas y que debe negarse a los que se sientan tentados a forzar la dosis?<\/p>\n<p>Y, si esto se sospechaba del esp\u00edritu cient\u00edfico, tomado en general, cu\u00e1nto m\u00e1s de esa delicada flor llamada el esp\u00edritu cr\u00edtico! Se hab\u00edan presenciado en el siglo de Strauss y de Renan los estragos del esp\u00edritu cr\u00edtico. La incredulidad parec\u00eda m\u00e1s temible que nunca, ya que no pod\u00eda abandonar el tono de la pasi\u00f3n y hablar con la impasibilidad de una t\u00e9cnica. No era ya una elocuencia, ni una filosof\u00eda, sino una conclusi\u00f3n aparentemente necesaria del examen cr\u00edtico de los libros santos. El primer deber de la Iglesia ante esta nueva ola del eterno asalto hab\u00eda sido el de preservar a sus hijos, hacerles volver a sus viejas murallas y bajar las compuertas. Las cuestiones que se planteaban eran demasiado numerosas, demasiado nuevas, y era prudente esperar a tiempos m\u00e1s favorables en que, crecida la ciza\u00f1a y el buen trigo con ella y en medio de ella, llegara et tiempo de realizar la cosecha. Pero, como toda pol\u00edtica lleva consigo una mentalidad, como de todo m\u00e9todo se desprende un esp\u00edritu, como el com\u00fan de los mortales ve por encima ignorando los matices, era fatal\u00a0 que se acentuara entre el clero una especie de desconfianza frente a la ciencia independiente, y que esta desconfianza apareciera como corolario de la prudencia y de la piedad.<\/p>\n<p>Esto se not\u00f3 sobre todo en los institutos donde se formaba al clero medio. Las clases de ciencias se consideraban de escasa importancia; las de la sagrada Escritura de segundo orden. La docilidad en dar la lecci\u00f3n o el manual era una cualidad superior al esp\u00edritu de iniciativa y de b\u00fasqueda; el arrojo se consideraba temeridad. El gusto demasiado pronunciado por los estudios positivos ser\u00eda con toda facilidad indicativo de falta de aptitud para la vida clerical, o al menos una condici\u00f3n poco favorable a la santidad. Renan ha descrito bien esta atm\u00f3sfera en sus Recuerdos de Infancia y de Juventud. Hab\u00eda tenido tambi\u00e9n buenos maestros para instruirse en las lenguas sem\u00edticas. Pero hacia 1880, apenas se hab\u00edan hecho progresos. O\u00ed contar al padre Lagrange, que fue seminarista en San Sulpicio con Mons Battifol, qu\u00e9 poco espacio se daba entonces al estudio de la sagrada Escritura en los programas de\u00a0 estudios. Creo recordar que se hab\u00eda confiado esta ense\u00f1anza de descanso al sulpiciano encargado del economato, o que estaba condenado al ocio del retiro, y adem\u00e1s se trataba sobre todo de encontrar en la Escritura los sentidos espirituales. Por una curiosa contradicci\u00f3n, la ense\u00f1anza de las materias b\u00edblicas se cre\u00eda a la vez peligrosa y accesoria.<\/p>\n<p>Estas anotaciones ser\u00edan in\u00fatiles si no debieran servirnos para comprender el esp\u00edritu del Sr. Pouget: puesto que, en este mundo donde la claridad viene de la sombra, s\u00f3lo se pinta por contrastes. Habr\u00eda crecido en medio de tubos de ensayo, microscopios y de m\u00e1quinas si no hubiera pose\u00eddo en alto grado ese sentido de lo positivo del que Augusto Comte nos ha dejado una definici\u00f3n\u00a0 bien abstracta, bien sistem\u00e1tica, y para decirlo todo, muy poco positiva. Aparte de que el Sr. Pouget vivi\u00f3, mientras tuvo vista, con predilecci\u00f3n en \u00abel gabinete de f\u00edsica\u00bb, dispon\u00eda para que le sirviera aqu\u00ed tambi\u00e9n de la experiencia campesina: el trabajo de la tierra, la vida dura de las monta\u00f1as, ser\u00e1 sin duda un buen laboratorio natural que predispone al otro. Con qu\u00e9 satisfacci\u00f3n habr\u00eda refrendado este pensamiento de Barr\u00e8s: \u00ab\u00bfD\u00f3nde se defiende hoy la civilizaci\u00f3n? Se defiende en los laboratorios y en las iglesias\u00bb.<\/p>\n<p>No hablar\u00e9 aqu\u00ed de aquellos h\u00e1bitos de honradez, de escr\u00fapulo y de paciencia que \u00e9l pose\u00eda como todo sabio: sent\u00eda en particular un horror absoluto por la informaci\u00f3n de segunda mano, que yo admiraba en la Sorbona entre los maestros. Aun estando ciego, necesitaba referencias precisas, y cu\u00e1ntas veces le o\u00ed decir, cuando no se pod\u00eda encontrar en su casa un texto exacto: \u00abSubamos a la biblioteca\u00bb, lo que representaba para su edad toda una expedici\u00f3n llena de peligros y de la que regresaba a veces, despu\u00e9s de golpearse con alguna rinconera, con un chich\u00f3n que adornaba su monumental cr\u00e1neo durante varios d\u00edas. Y daba compasi\u00f3n verle palpar los gruesos vol\u00famenes de la patrolog\u00eda que reconoc\u00eda por el perfil del lomo, por las faltas de la encuadernaci\u00f3n, y que abr\u00eda mal que bien por la p\u00e1gina buena, con la ayuda de su recuerdos t\u00e1ctiles.<\/p>\n<p>Pero el esp\u00edritu cr\u00edtico no es tan s\u00f3lo el gusto por la exactitud en las citas. Los estantes de nuestras bibliotecas se curvan bajo el peso de libros cargados de notas, irreprochables, y que nos dan una idea falsa. En realidad, el esp\u00edritu cr\u00edtico, este nombre t\u00e9cnico y un poco secreto de la sensatez, es un buen h\u00e1bito del juicio que nos lleva a no afirmar nunca m\u00e1s de lo que podemos probar razonablemente. Esta reserva se manifestaba en el Sr. Pouget por un constante cuidado en basar cada uno de sus dichos en motivos probados, es decir capaces de ser aceptados por toda mente recta. Se conoce ese criterio dado por el fil\u00f3sofo Adam Smith para discernir la moralidad de un acto: que cada uno de nosotros se represente como un espectador imparcial. Si este espectador aprueba, el acto es bueno. El Sr. Pouget se refer\u00eda siempre en materia de razonamiento a un espectador de esta clase, independiente, razonable y mesurado. Si el espectador asent\u00eda, la prueba ten\u00eda peso. Si dudaba, se\u00f1al de que la prueba no era buena y hab\u00eda que buscarse otra. Cu\u00e1ntas veces enfrentado a una opini\u00f3n que gozaba de autoridad en la ense\u00f1anza com\u00fan, y hasta a una de sus ideas hasta entonces familiares, y que le repet\u00edamos como el texto de una lecci\u00f3n, yo le ve\u00eda alzar primero la cabeza, y le o\u00eda decir: \u00abPodr\u00eda ser, pero habr\u00eda que ofrecer pruebas.\u00bb Pero \u00e9l trataba ante todo de ser irreprochable, y seg\u00fan dec\u00eda \u00e9l tambi\u00e9n de \u00abno presentar el flanco a la cr\u00edtica\u00bb. Desconfiaba de la man\u00eda que tenemos todos los cultos de querer saber demasiado. Creo que para \u00e9l las enfermedades del juicio eran de dos clases: hab\u00eda en primero lugar un mal mortal, el que os lleva a construir premisas, a \u00absolicitar los textos\u00bb para dar consistencia a vuestros deseos; y hab\u00eda tambi\u00e9n un mal por decirlo as\u00ed venial, que os lleva a ir m\u00e1s all\u00e1 en las conclusiones de lo que iba dado en las premisas. La ant\u00edfona que acud\u00eda siempre a sus labios y que canta en mi memoria cuando me propongo evocarla en sus funciones cr\u00edticas, es la expresi\u00f3n; \u00abno necesariamente\u00bb, de la que usaba y abusaba.<\/p>\n<p>Con los preceptos que se le escapaban de vez en cuando se hubiera podido preparar un peque\u00f1o manual de m\u00e9todo cr\u00edtico para uso de los cristianos que tienen la misi\u00f3n de pensar. Me ci\u00f1o a componer un breve bosquejo preparatorio y que insin\u00faa toda una mentalidad, reuniendo aforismos de ac\u00e1 y de all\u00e1 en el curso de diez a\u00f1os de conversaciones:<\/p>\n<p>No hay que ser demasiado cat\u00f3lico, ya que pondr\u00edamos el catolicismo por las nubes priv\u00e1ndole de las bases de que le ha dotado el Creador.<\/p>\n<p>La piedad, cuando se encuentra sola, deforma un poco. Los Antiguos no ten\u00edan ning\u00fan conocimiento cient\u00edfico. Los te\u00f3logos de la Edad Media solicitaban los textos en busca de las mayores (del silogismo). Se cre\u00eda que un libro inspirado debe ense\u00f1arlo todo. Pues bien, el texto dice esto; podr\u00eda decir tambi\u00e9n aquello; pero habr\u00eda que probarlo. Quien prueba demasiado, no prueba nada.<\/p>\n<p>Los Antiguos no ten\u00edan gran idea de la cronolog\u00eda, que es cosa dif\u00edcil. \u2013 Fil\u00f3n y Josefo hacen redactar todo el Pentateuco a Mois\u00e9s; el cristianismo ha adoptado estas tradiciones. Pero no se han de confundir los negocios del pueblo mal instruido con el cristianismo, porque ser\u00eda reducirlo a poca cosa. Para conocer el cristianismo se han de estudiar sus fuentes y resignarse a no saber m\u00e1s de lo que las fuentes nos dicen.<\/p>\n<p>Estad siempre dispuesto a creerlo todo, pero de hecho, creed lo menos posible: no cre\u00e1is m\u00e1s que aquello de lo que est\u00e9is seguro o que lo que se os impone. No puedo comprometer a la Iglesia, cuando ella no se compromete; adem\u00e1s, os pod\u00e9is equivocar, y las retiradas no se hacen nunca en buen orden.<\/p>\n<p>No nos atrevemos a fiarnos de la raz\u00f3n, y con todo, si esto no cuenta, \u00bfqu\u00e9 es lo que contar\u00e1?<\/p>\n<p>No dejarse nunca liar aqu\u00ed (se\u00f1alando la frente). Cuando nos encontramos atados por la verdad, entonces somos libres.<\/p>\n<p>La Iglesia no puede imponerme las pruebas de la Iglesia. Aqu\u00ed s\u00f3lo la raz\u00f3n es la due\u00f1a, y en eso consiste toda la dignidad del hombre. Yo no me inclino delante del papa porque tenga tres coronas, sino porque mi raz\u00f3n me ha mostrado la misi\u00f3n divina de Cristo, la fundaci\u00f3n de la Iglesia por Cristo y la autoridad de Pedro.<\/p>\n<p>No diga: esto es verdad. D\u00e9 pruebas. \u2013 Fulano ha dicho eso. \u2013 Ah! bueno, pero \u00bfqu\u00e9 razones ten\u00eda?<\/p>\n<p>La verdad se oculta siempre, como la levadura. Nunca se llega a saber demasiado, nunca.<\/p>\n<p>Mire, somos la m\u00e1s terrible de las democracias, ya que la verdad, aunque la hayan descubierto los m\u00e1s peque\u00f1os, acaba siempre por triunfar.<\/p>\n<p>El testimonio de los Padres prueba la fe que se ten\u00eda en su \u00e9poca; pero no vamos a hallar en ellos\u00a0 por fuerza todo lo que se ha explicitado. Me acuerdo de haber o\u00eddo a Duchesne que dec\u00eda: \u00abDejad hablar a los Padres, pero no les hag\u00e1is hablar.\u00bb Tertuliano empleaba la cr\u00edtica: en su De Praescriptionibus dec\u00eda: \u00abFijaos en las grandes Iglesias, lo que creen, y cu\u00e1nto hace que creen\u00bb.<\/p>\n<p>Existe gente que se sirve de pruebas que a su vez necesitan pruebas. Los hay que creen que acumulando pruebas d\u00e9biles van a obtener una prueba fuerte. Si se tratase de testimonios, habr\u00eda convergencia. Pero se trata de textos: pues, si un texto es dudoso, los otros no evitar\u00e1n que sea dudoso. Me citan a los Antiguos, pero los Antiguos no estaban por el trabajo preciso: se ve en sus traducciones en las que se contentaban con el poco m\u00e1s o menos. Para otros la tradici\u00f3n es lo que ellos piensan hoy: \u00abEso siempre se ha cre\u00eddo. \u2013 Se\u00f1or, precisamente es lo que se cuestiona. Usted me da el enunciado del problema como la prueba del problema\u00bb.<\/p>\n<p>La verdadera defensa de la religi\u00f3n es la cr\u00edtica. Consiste en no afirmar nunca m\u00e1s de lo que se sabe por el texto y por la historia, en no imponer nunca lo que no es necesario, Los m\u00e9todos racionales de estudiar se imponen a todos y para todo. Ninguna autoridad puede ir contra su buen empleo.<\/p>\n<p>Cuanto m\u00e1s se adelanta m\u00e1s se acerca uno a una docta ignorancia.<\/p>\n<p>Hay pocas verdades esenciales. Y la verdad no es un sistema geom\u00e9trico.<\/p>\n<p>Debo practicar la religi\u00f3n porque hay razones objetivas que me lo imponen.<\/p>\n<p>Si el catolicismo y la raz\u00f3n se encuentran no es culpa m\u00eda; hay hechos que traen consigo sus consecuencias. El catolicismo, son hechos; la historia, son hechos. La raz\u00f3n se pasea entre ellos y ah\u00ed est\u00e1 todo.<\/p>\n<h3>El Sr. Pouget y la Biblia<\/h3>\n<p>Ha llegado el momento de decir c\u00f3mo hab\u00eda llegado el Sr. Pouget a hacer cr\u00edtica: y fue para conocer mejor la Biblia o m\u00e1s exactamente la revelaci\u00f3n contenida en la Escritura. Recordemos en qu\u00e9 circunstancias fue inducido \u00e9l casi a su pesar a examinar la Biblia con m\u00e1s atenci\u00f3n, c\u00f3mo pas\u00f3 de la f\u00edsica, que fue la pasi\u00f3n de su juventud, que le ocup\u00f3 exclusivamente en sus \u00faltimos cuarenta a\u00f1os.<\/p>\n<p>Por una feliz ilusi\u00f3n, desde sus cincuenta a\u00f1os, el Sr. Pouget se crey\u00f3 siempre bastante cerca del fin. Pues, a medida de que avanzaba en el tiempo y se acercaba a \u00absu eternidad\u00bb, se daba cuenta de que las ciencias, por altas y venerables que fueran en su certeza y su precisi\u00f3n, no podr\u00edan introducirlo en el Incondicionado que presuponen. En toda cosa, el Sr. Pouget quer\u00eda fundarse sobre\u00a0 datos\u00a0 seguros y experimentados. El cuidado que ponen la mayor parte en devanar sus deducciones, sabemos que lo empleaba en controlar y asegurar sus bases. Ahora, las bases en materia religiosa eran en definitiva textos, ya se tratase de los libros can\u00f3nicos, ya se tratase de los s\u00edmbolos de la fe y de las definiciones conciliares o papales. Hab\u00eda que determinar con exactitud el origen de estos textos, su alcance y su significado. Se dedic\u00f3 primeramente a sab\u00e9rselos de memoria, lo que le resultaba bastante c\u00f3modo con una memoria tan d\u00f3cil; se esforz\u00f3 luego por entenderlos bien, cosa m\u00e1s dif\u00edcil para un cat\u00f3lico de finales del siglo diecinueve, seg\u00fan lo vamos a ver por su propia historia.<\/p>\n<p>Cuando ley\u00f3 por primera vez la Biblia, ten\u00eda sobre la Inspiraci\u00f3n ideas comunes entre los doctos. Cre\u00eda pues que el Esp\u00edritu Santo hab\u00eda dictado a Mois\u00e9s el Pentateuco, este libro no pod\u00eda contener ninguna clase de inexactitud. Se pod\u00eda entonces considerar cada vers\u00edculo como una proposici\u00f3n de geometr\u00eda, o como un texto de ley. Este concepto llevaba a consecuencias singulares que, a su anciana edad, ten\u00edan el don de rejuvenecerlo. \u00c9l contaba c\u00f3mo se hac\u00eda intervenir la autoridad del Esp\u00edritu Santo para garantizar la existencia de la cola del perro de Tob\u00edas y la estancia de Jon\u00e1s dentro del famoso monstruo marino, en la que Jon\u00e1s, notaba el Sr. Pouget, debi\u00f3 sentirse a sus anchas, ya que tuvo tiempo de componer all\u00ed un c\u00e1ntico. Y, como en el salmo LVII, se trataba de un \u00e1spid que se cierra las dos orejas, se presentaba la cuesti\u00f3n de saber c\u00f3mo realizaba el animal semejante esfuerzo: la veracidad divina se salvaba por la ingeniosa teor\u00eda seg\u00fan la cual el \u00e1spid pegaba una oreja al suelo y se tapaba la otra con la cola.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, con el fin de reparar sin duda la condena de Galileo, se entraba en coqueter\u00edas con la ciencia moderna y, cada vez que aparec\u00eda una teor\u00eda cient\u00edfica nueva, sobre todo en geolog\u00eda y en astronom\u00eda, todo eran esfuerzos por demostrar que Mois\u00e9s la hab\u00eda ense\u00f1ado misteriosamente. Lo que descubr\u00eda la ciencia deb\u00eda hallarse en los vers\u00edculos del G\u00e9nesis donde se nos describen las etapas de la creaci\u00f3n, y tampoco era dif\u00edcil encontrar en \u00e9l efectivamente la existencia \u00abdel \u00e9ter\u00bb, o bien la idea de los periodos y de las cat\u00e1strofes geol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Ante el \u00abconcordismo\u00bb que hab\u00eda parecido una tabla de salvaci\u00f3n a nuestros abuelos, quedamos sorprendidos de este exceso de\u00a0 respeto que presupone. Y lo m\u00e1s curioso no es que hayan entendido las afirmaciones de las Escrituras hasta en las verdades del orden f\u00edsico, ya que hab\u00eda en ello desde el siglo XVI una especie de tradici\u00f3n. Sino que hayan tenido una confianza c\u00e1ndida en el car\u00e1cter definitivo de la ciencia de su tiempo. Me sentir\u00eda inclinado a decir que su mayor debilidad fue una devoci\u00f3n exagerada hacia el nuevo \u00eddolo. Con frecuencia se ha advertido que los cat\u00f3licos andan retrasados, pero se podr\u00eda mantener como m\u00e1s veros\u00edmil que tambi\u00e9n se han sentido con frecuencia fascinados por lo que triunfa.<\/p>\n<p>De todas maneras, el Sr. Pouget cay\u00f3 en su propia trampa. Como era tan astuto como piadoso, crey\u00f3 que estudiando en el propio texto las ense\u00f1anzas de Mois\u00e9s, podr\u00eda adelantarse de alguna forma a la geolog\u00eda y extraer de la ex\u00e9gesis algunas indicaciones s\u00f3lidas que servir\u00edan de hip\u00f3tesis a la ciencia. Si lo lograba, tendr\u00eda la doble ventaja de proporcionar a la ciencia direcciones seguras y de verificar cient\u00edficamente la inspiraci\u00f3n del G\u00e9nesis apoy\u00e1ndola en los \u00faltimos descubrimientos. Para poder examinar la letra inspirada con m\u00e1s cuidado y conciencia, el Sr. Pouget, que deb\u00eda profesar siempre una santa desconfianza en las traducciones y los comentarios, hab\u00eda aprendido el hebreo desde su permanencia en Dax, y hab\u00eda \u00abdescorchado el Viejo Testamento\u00bb con Vigouroux. Pero \u00abal abrirle los ojos\u00bb Duchesne y al dominarle la idea del m\u00e9todo cr\u00edtico, tan conforme a sus inclinaciones naturales, entr\u00f3 en otro mundo. Su idea entonces fue, no tanto la de comprender la Biblia por el medio oriental en el que hab\u00eda nacido, sino por la de compararla con ella misma \u00absin a priori\u00bb de ninguna clase.<\/p>\n<p>La cr\u00edtica comenz\u00f3 con Richard Simon, pero no era la \u00e9poca. Bossuet mand\u00f3 poner las obras de R. Simon en la perrera. Yo mismo estaba en ello. Yo conoc\u00eda la Escritura, mas para mi piedad tan s\u00f3lo. Le\u00ed a Duchesne: al principio, me crispaba, porque todo aquello iba contra mis ideas: \u00abQu\u00e9 caramba!, me dije, vaya si nos da pruebas\u00bb.<\/p>\n<p>Un d\u00eda me di cuenta de que la Biblia conocida por fuera no vale la Biblia conocida por dentro. Cuanto m\u00e1s adelantaba, m\u00e1s despacio la iba leyendo. La Escritura os depara una de esas libertades, una de esas andaduras&#8230; Comentad el Evangelio con el Evangelio. Examinad los pasajes paralelos, lo que os ense\u00f1ar\u00e1 una cantidad de cosas. En la Escritura se hallan cosas debajo de cada palabra. Las inteligencias mediocres han le\u00eddo un libro y saben ese libro. Pero saberse un libro no es saber una cosa. Hay que comprender el libro de un autor como \u00e9l mismo lo ha comprendido, porque as\u00ed es como \u00e9l lo ha escrito y, por ello, en las materias que examinamos, es preciso, para estudiar bien, cambiar la orientaci\u00f3n ordinaria de nuestra mente. A medida que dilatamos nuestros conocimientos, se ve uno obligado a dilatar la Biblia, y se presta a ello muy bien. Conocemos la Biblia cada vez mejor.<\/p>\n<p>Este cambio de orientaci\u00f3n del que hablaba el Sr. Pouget tuvo lugar entre sus cuarenta y cincuenta a\u00f1os. A decir verdad, no fue tanto un cambio completo cuanto una vuelta a su primera naturaleza que simplemente tuvo que recobrar despu\u00e9s de despejar las opiniones adventicias, los h\u00e1bitos accidentales. All\u00e1 donde, como consecuencia de nuestra educaci\u00f3n cl\u00e1sica y escol\u00e1stica, nos vemos sorprendidos, o al menos molestados, all\u00e1 donde nos disponemos como san Agust\u00edn a malgastar sutilezas infinitas para hacer concordar textos contradictorios, \u00e9l se hallaba a sus anchas para comprender, saborear y respetar. En ese universo concreto, el Sr. Pouget se desenvolv\u00eda como pez en el agua. No conoc\u00eda el Oriente, por no haber salido nunca de su celda, pero el Oriental es un hombre de la tierra y existen afinidades entre los rurales de todos los climas: las astucias campesinas se parecen a las agudezas de los Beduinos, la prudencia normanda a la prudencia siria. Sin llegar a decir con Gobineau que el Oriente no tiene la misma idea que nosotros de la verdad, se puede admitir que no posee lo que Renan llama en alguna parte la candidez occidental, y por eso no le preocupan las contradicciones. La precisi\u00f3n, el cuidado de la prueba, el sentido de la propiedad literaria, son conquistas griegas. El Sr. Pouget se complac\u00eda en estas libertades. \u00abEs lo concreto\u00bb, dec\u00eda. \u00abEl Semita, comentaba \u00e9l con su percepci\u00f3n casi exclusiva de lo concreto, no es m\u00e1s que un buen literato descriptivo, pero quiz\u00e1s sea por ello por lo que Dios lo escogi\u00f3 para llevar a los hombres la verdad revelada. La Biblia en efecto, libro muy concreto podemos decir, cae fuera de todo sistema filos\u00f3fico. Es una bloque natural en el que el estudio mediante an\u00e1lisis minuciosos y pacientes descubre siempre algo nuevo\u00bb.<\/p>\n<p>En este punto, reprochaba un poco a san Agust\u00edn. Y yo que, por ese tiempo, lleno de veneraci\u00f3n por el autor de las Confesiones, redactaba un trabajo sobre su pensamiento, me sent\u00ed impresionado en mi interior, cuando seg\u00fan su expresi\u00f3n capt\u00e9 matices de esta \u00edndole:<\/p>\n<p>San Agust\u00edn no amaba ni conoc\u00eda a los Griegos; Tertuliano no sirve para la interpretaci\u00f3n de la Escritura. San Cipriano no pose\u00eda estudios de teolog\u00eda. Habr\u00eda que haber estudiado con Or\u00edgenes quien conoc\u00eda el Oriente, con Atanasio, con los Capadocios, y estos hombres exist\u00edan cuando Agust\u00edn comenzaba. Pero \u00e9l lo sac\u00f3 todo de s\u00ed mismo. Tom\u00f3 la Biblia por un texto jur\u00eddico. El Oriente griego ten\u00eda perspicacia en cuanto griego, pero ten\u00eda la libertad del Oriente. San Agust\u00edn trat\u00f3 la Biblia como un libro de derecho. Para el Occidente fue una desgracia.<\/p>\n<p>Pero a medida que el Sr. Pouget avanzaba en edad y experiencia, sobre todo a medida que conoc\u00eda a descre\u00eddos notables, as\u00ed como a creyentes pertenecientes a la Universidad o a las corporaciones de sabios, encontr\u00f3 nuevas razones de escrutar los documentos recogidos en la Biblia. Comprender la Biblia tal y como lo era para los autores de la Biblia, era ya como \u00abhacer cr\u00edtica\u00bb, pero esta cr\u00edtica estaba todav\u00eda oculta en el interior de la creencia cat\u00f3lica como un ni\u00f1o en el seno de su madre y supon\u00eda creer primero en la Iglesia, guardiana y garante de las Escrituras. Pero se puede dar a la cr\u00edtica su papel? \u00bfSe pueden estudiar los textos seg\u00fan el m\u00e9todo cr\u00edtico sin caer en la tentaci\u00f3n de cuestionar la autoridad que los presentaba como divinos? \u00c9l se daba cuenta cada vez m\u00e1s de que todo trabajo teol\u00f3gico sobre la Escritura supone un estudio previo, y que llevar\u00eda como asunto la autenticidad de la Iglesia. Pues bien, para establecer el origen sobrenatural de la Iglesia, se ha de partir de los datos de la historia. Y estos datos hist\u00f3ricos son, en gran parte, los textos y los testimonios contenidos en el relato sagrado. Desde este punto de vista, la Escritura resultaba ser la colecci\u00f3n de los textos por los cuales el Sr. Pouget cre\u00eda poder probar la transcendencia de la sociedad religiosa de la que era miembro, y m\u00e1s a\u00fan la divinidad de Jesucristo, fundador de la Iglesia. Constitu\u00eda no s\u00f3lo el telescopio con el que \u00e9l iba a poder explorar el cielo, sino que serv\u00eda adem\u00e1s para garantizar la solidez de la plataforma sobre la que gravitaba este telescopio.<\/p>\n<p>Por ah\u00ed se dibujaba en sus ojos la idea de un conocimiento, al que no daba nombre, \u00e9l que no pon\u00eda nombre a nada, y que se podr\u00eda llamar la cr\u00edtica religiosa. Esta cr\u00edtica, tal y como \u00e9l la practicaba, tendr\u00eda dos objetos o, si as\u00ed lo prefieren, cubrir\u00eda sus dominios en dos etapas. En la primera, deber\u00eda descubrir y controlar los datos de hecho sobre los cuales se funda la fe cristiana. Luego, en una segunda etapa, una vez que hubiera distinguido bien en la Iglesia un origen superior y por consiguiente una autoridad de ense\u00f1anza, tendr\u00eda que determinar el contenido de esta ense\u00f1anza, bien antes, bien despu\u00e9s de Jesucristo, es decir recuperar el mensaje divino entre las condiciones humanas de su transmisi\u00f3n. Era cuesti\u00f3n en particular de determinar en la ense\u00f1anza ordinaria y com\u00fan lo que estaba definido, y lo que no lo estaba. Esta ciencia de la revelaci\u00f3n ser\u00eda, por su objeto, el m\u00e1s alto de los conocimientos humanos, primero porque nos permitir\u00eda conocer con seguridad y con exactitud las verdades propias para guiar la conducta y llevar a los hombres hacia su fin, luego porque nos facilitar\u00eda visiones sobre la realidad primera y sus misteriosas operaciones, en un terreno en el que la raz\u00f3n se declara impotente por falta de rango. Aprendamos aqu\u00ed abajo aquello cuya ciencia nos seguir\u00e1 al cielo, discamus in terra, quorum nobis scientia perseveret in\u00a0 coelis, de esta forma hablaba san Jer\u00f3nimo, y se puede decir que es la m\u00e1s excelsa de las razones que empujaban al Sr. Pouget a escudri\u00f1ar el sentido de las Escrituras.<\/p>\n<p>Se comprende que se le escaparan a menudo reflexiones como \u00e9sta:<\/p>\n<p>Durante veinticinco a\u00f1os anduve loco por la f\u00edsica matem\u00e1tica; una integral me llenaba de gozo, y todav\u00eda hoy tengo que defenderme de ellas. Pero, ya soy un anciano, y todo eso me parecen chiquilladas. As\u00ed es, no podr\u00eda ser de otro modo. \u2013 Lo que es complejo es el reino de Dios. Antes de que Pascal abriera las Escrituras, no ve\u00eda otra cosa que la experiencia y el c\u00e1lculo. Luego, un d\u00eda escribi\u00f3 a Fermat: he dejado todo eso; hay cosas m\u00e1s altas de las que ocuparse: de la Religi\u00f3n. Yo dir\u00eda lo mismo.<\/p>\n<p>Pues \u00e9l le\u00eda la Escritura y la rele\u00eda sin parar porque, \u00abpara saborear la Biblia y hallar en su lectura satisfacci\u00f3n y provecho espirituales, es preciso leerla y volverla a leer y siempre\u00bb. Y aqu\u00ed citaba el verso de Horacio:<\/p>\n<p>Vos exemplaria sacra<\/p>\n<p>Nocturna versate manu, versate diurna.<\/p>\n<p>\u00abEl Viejo Testamento es hermoso, dec\u00eda, pero el Nuevo es incomparable.\u00bb Siempre iba a parar a este Nuevo Testamento, y hablaba de \u00e9l con esa emoci\u00f3n precisa, ese ardor sumiso y contenido que era su elocuencia.<\/p>\n<p>Tomado en su conjunto, escribi\u00f3 en alg\u00fan lugar, el Nuevo Testamento es un diamante ca\u00eddo del cielo; la Encarnaci\u00f3n es la m\u00e1s grande de las obras divinas y no podr\u00eda ser superada. Porque el Nuevo Testamento es un tratado magistral de la Encarnaci\u00f3n y por este t\u00edtulo nos revela la naturaleza de Cristo, su lugar en la Divinidad, sus ense\u00f1anzas de palabra y de ejemplo, y sobre todo la autoridad de la Iglesia cat\u00f3lica que debe continuar hasta el fin de los tiempos su obra de redenci\u00f3n y de salvaci\u00f3n eterna. Porque nunca libro alguno tratar\u00e1 materia m\u00e1s elevada. Adem\u00e1s que este librito fue escrito por los enviados inmediatos del Salvador, es decir por los Doce o por Pablo o por un disc\u00edpulo: ellos lo han escrito por igual por orden del Maestro, y despu\u00e9s de ser inspirados por el Esp\u00edritu que procede del Padre y a quien se lo envi\u00f3 el Padre en nombre del Hijo quien se lo hab\u00eda prometido. Nunca libro alguno de los que poseemos fue escrito en\u00a0 un conjunto tan maravilloso de circunstancias.\u00bb<\/p>\n<h3>Los principios de su cr\u00edtica<\/h3>\n<p>El Sr. Pouget era poco did\u00e1ctico. Y con todo su pensamiento se desprend\u00eda por necesidad de lo que Newman llamaba primeros principios y que son, dec\u00eda \u00e9l, un organum investigandi necesario[1] para alcanzar la verdad en materia religiosa.<\/p>\n<p>Estos principios no son nuevos: todos aquellos que, en diferentes \u00e9pocas de la vida de la Iglesia, se ocuparon de los problemas fundamentales, tuvieron que encontrarlos bajo una forma u otra, aun sin que tuviesen conciencia clara de ello. Quiz\u00e1s definir algunos ser\u00e1 una obra del siglo que viene. El Sr. Pouget s\u00f3lo los citaba de refil\u00f3n, y los demostraba como se demuestra el movimiento, es decir andando. En bien de la claridad y del rigor me he visto obligado a formularlos y a exponerlos de una manera un poco sistem\u00e1tica, a fin de componer lo que antes se llamaba un tratado o un discurso. Dicho tratado podr\u00eda llevar por t\u00edtulo: Del m\u00e9todo cr\u00edtico en el conocimiento religioso. M\u00e1s para que el lector no se vea sorprendido, dar\u00e9 despu\u00e9s de cada art\u00edculo un comentario que indique su empleo. Comparado con esas dos formas contrarias de ense\u00f1ar, la de la Escuela que lo coloca todo seg\u00fan orden y sistema, y la del Sr. Pouget que no se elevaba casi nunca por encima de los hechos concretos y de su interpretaci\u00f3n singular, el m\u00e9todo que he escogido no contentar\u00e1 a nadie del todo; pero quiz\u00e1s podamos estar seguros tambi\u00e9n de que haciendo coincidir las dos v\u00edas contrarias, corrija los defectos de una por la otra.<\/p>\n<p>Estas reglas o principios los hemos clasificado en dos grupos de tres. El primer grupo concierne a la noci\u00f3n de \u00ablibro sagrado\u00bb, y las reglas que se exponen tienen por efecto introducir la idea de cr\u00edtica en el estudio del libro sagrado sin destruir ese car\u00e1cter misterioso y transcendente.<\/p>\n<p>Por eso en esta primera perspectiva suponemos que el cr\u00edtico es un creyente, que admite la tradici\u00f3n religiosa del cristianismo y por v\u00eda de consecuencia la inspiraci\u00f3n de las Escrituras.<\/p>\n<p>Ya no ocurrir\u00e1 del todo lo mismo en la perspectiva en que nos situamos con la regla cuarta. Aqu\u00ed, consideramos el hecho religioso como un dato, ante el cual el observador podr\u00eda en rigor mostrarse extra\u00f1o: estudia, se informa, busca las hip\u00f3tesis que respetan los hechos. Las nociones nuevas que introducimos aqu\u00ed, la de minimum, de desarrollo, de mentalidad, tienen por objeto librarnos de todo sistema, permitirnos expresar la singularidad del objeto estudiado. Nos ayudan a discernir c\u00f3mo una realidad espiritual y de alguna manera trans-hist\u00f3rica entra en el tiempo: en este sentido parecen particularmente \u00fatiles a la inteligencia del judeo-cristianismo, aun sin adherirse a su fe.<\/p>\n<p>Ya tenemos pues seis reglas o principios. A\u00f1adimos una s\u00e9ptima que prefigura y anuncia un desarrollo del cap\u00edtulo futuro de este trabajo en el que me propongo describir la obra positiva del Sr. Pouget, es decir la interpretaci\u00f3n de los datos de la historia judeo-cristiana y las conclusiones que se pueden y deben sacar para guiar la conducta humana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo III: El Sr. Pouget y la cr\u00edtica religiosa Omnis scriba doctus in regno coelorum\u00a0 similis est homini patri familias, qui profert de thesauro suo nova et vetera. (Mat., XIII,52.) 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