{"id":26770,"date":"2013-08-27T16:48:31","date_gmt":"2013-08-27T14:48:31","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=26770"},"modified":"2016-07-26T18:54:30","modified_gmt":"2016-07-26T16:54:30","slug":"dificultades-para-orar","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/dificultades-para-orar\/","title":{"rendered":"Dificultades para orar"},"content":{"rendered":"<h2><strong><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/orar.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-medium wp-image-26771 alignright\" title=\"orar\" alt=\"\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2011\/01\/orar-267x300.jpg?resize=267%2C300\" width=\"267\" height=\"300\" \/><\/a>1. \u00bfPor qu\u00e9 nos cuesta orar?<\/strong><\/h2>\n<p>Todos experimentamos dificultades para orar. Estas dificultades tienen diversas causas: sociedad secularizada y t\u00e9cnica, nuestra percepci\u00f3n de Dios o simplemente las limitaciones humanas. Orar es a la vez f\u00e1cil porque es Dios que tiene la iniciativa y se trata simplemente de ponernos en sus manos pero es a la vez dif\u00edcil porque estamos excesivamente centrados en nosotros mismos y ello nos impide abrirnos a Dios y a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>A veces pensamos que la vida en la ciudad con sus ruidos, sus preocupaciones y prisas no es un lugar apropiado para levantar nuestra mirada al Se\u00f1or. Sin embargo la ciudad, sus gentes, sus gozos y sus esperanzas nos pueden acercar al coraz\u00f3n de un Dios que vive en ella.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n forma parte esencial de nuestra vida cristiana, pero en nuestra vida cotidiana nos cuesta orar. A veces es por falta de tiempo o bien por poca motivaci\u00f3n real y el no poder orar nos desanima. En la pr\u00e1ctica vivimos nuestra oraci\u00f3n como una asignatura pendiente. Vamos a intentar afrontar en estas p\u00e1ginas este problema. En primer lugar veremos de d\u00f3nde pueden nacer las dificultades, a continuaci\u00f3n describiremos aquellas actitudes que hacen posible la vida de oraci\u00f3n y finalmente pre~ sentaremos algunas formas pr\u00e1cticas para poder orar en la vida ordinaria. Y todo ello desde el realismo de que vivimos en un mundo acelerado, ruidoso y secular.<\/p>\n<p>Empecemos diciendo que creemos que la oraci\u00f3n es lugar y tiempo de encuentro con el Se\u00f1or. As\u00ed lo hemos experimentado y as\u00ed lo experi mentamos. Desde esta convicci\u00f3n constatamos condicionamientos y dificultades de muchos tipos. Pero, a pesar de todo, seguimos creyendo que la oraci\u00f3n es encuentro y relaci\u00f3n con el Dios vivo que se acerca amorosamente a nuestra vida, que abre una brecha en nuestro coraz\u00f3n y que lo va trasformando.<\/p>\n<p>La ciudad con sus humos, su tr\u00e1fico, sus tensiones, su progreso t\u00e9cnico, su masificaci\u00f3n y sus gentes es lugar para orar. En ella se vive la relaci\u00f3n humana juntamente a la aridez y la lucha, el bullicio y el desierto. Es lugar de encuentro con los dem\u00e1s que los percibimos como amigos y, a veces, como competidores. Desde nuestra fe podemos hablar de hermano o hermana a las personas que nos encontramos en nuestro camino, a nuestros vecinos o compa\u00f1eros de trabajo. Tambi\u00e9n a las cosas que manejamos en nuestra vida ordinaria podemos llamarlas: hermana agenda, hermano tel\u00e9fono, hermano autob\u00fas, hermana calle, hermano ordenador porque son criaturas al servicio del hombre. La ciudad puede ser un lugar de revelaci\u00f3n o por el contrario ser un lugar de opacidad de Dios y de la persona. Todo ello depende de nuestra mirada creyente. Pero creemos que en el entramado de relaciones el Esp\u00edritu de Dios est\u00e1 presente en las personas y en los acontecimientos, inspira nuestro camino y nos muestra el rostro vivo de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Empezaremos reflexionando sobre cu\u00e1les son algunas de las causas que hacen que encontremos dificultades en nuestra oraci\u00f3n y en general en nuestra relaci\u00f3n con Dios.<\/p>\n<h3><strong>1. Del contexto sociocultural<\/strong><\/h3>\n<p>Vivimos en una sociedad secularizada donde Dios no es ni evidente ni relevante. Tampoco se percibe como la causa ni la consecuencia de nada de lo que ocurre, aunque nuestra historia venga de un mundo en donde la referencia a Dios era clara. Hoy, sin embargo, vemos como las realidades humanas y sociales se organizan independientemente de Dios y se valora en gran medida la t\u00e9cnica, la eficacia y el consumo. Tambi\u00e9n observamos nuevas espiritualidades que, a veces, resultan muy desconocidas para nosotros y no sabemos vincularlas a lo que llamamos trascendencia aunque a algunas personas les abren nuevos caminos de relaci\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>Y cuando nos relacionarnos con nuestros amigos no creyentes vivimos con dificultad nuestra expresi\u00f3n religiosa. Nos sentimos diferentes, anticuados, y no nos parece prudente decir aquello que llevamos dentro por miedo a no ser comprendidos. Vivimos en nuestra tierra como en tierra extra\u00f1a, donde nos parece o\u00edr de nuestros contempor\u00e1neos la pregunta \u00ab\u00bfd\u00f3nde est\u00e1 tu Dios\u00bb? Debemos orar en un mundo donde la fe no es plausible. Esta ausencia de Dios, a veces, se nos contagia y vivimos como \u00absi Dios no existiera\u00bb.<\/p>\n<p>Es el mundo en el que nos ha tocado vivir: lugar de nuevas presencias que aparece ante nosotros como un reto apasionante de b\u00fasqueda y de purificaci\u00f3n. Desde \u00e9l debemos y podemos decir que creemos en Jes\u00fas resucitado. Orar no es, por lo tanto, colocarse fuera de nuestro mundo real, sino en medio de \u00e9l. Nuestra aproximaci\u00f3n a la realidad, desde los ojos de la fe, nos acerca al mismo Dios que \u00abtrabaja en sus criaturas\u00bb en el hoy de nuestra vida. No podemos olvidar que el presente es un tiempo de gracia y de contacto con Aquel que nos habla y que quiere entrar en relaci\u00f3n con nosotros.<\/p>\n<p>El contexto en el que vivimos, ciudadano y secular, nos recuerda que el cristianismo naci\u00f3 y se desarroll\u00f3 en un ambiente indiferente y a veces hostil.<\/p>\n<p>Y que muchas comunidades cristianas crecieron en ciudades pr\u00f3speras econ\u00f3mica y culturalmente como Antioqu\u00eda, Corinto, o Roma.<\/p>\n<h3><strong>2. De nuestro ritmo y estilo de vida<\/strong><\/h3>\n<p>Somos hijos de nuestro tiempo: eficaces, r\u00e1pidos, poco gratuitos y con un pobre sentido de trascendencia. A la vez experimentamos, a menudo, cierta ansiedad, que nace de la sensaci\u00f3n de que deber\u00edamos estar en otro lugar y nos perdemos la posibilidad de mirar nuestro presente y lo que tenemos a nuestro alrededor. Cuando uno empieza a orar se acuerda de la cantidad de cosas que tiene que hacer y cuando hace cosas le vienen ganas de orar. Nuestro ritmo apresurado y acelerado aparta, sin darnos cuenta, las referencias a la gratuidad, queremos controlarlo incluso a las personas con las que los relacionamos.<\/p>\n<p>Sin embargo no podemos olvidar que lo que nos acerca al Dios de Jes\u00fas no es una vida tranquila y pl\u00e1cida sin m\u00e1s. En efecto S. Ignacio advert\u00eda a una comunidad de estudiantes jesuitas que quer\u00edan dedicar m\u00e1s tiempo a la oraci\u00f3n, que el estudio era un modo muy adecuado de agradar a Dios y que hab\u00eda que ir buscando al Se\u00f1or en todas las cosas. Les recordaba que lo importante era agradarle, hacer su voluntad y ponernos a su disposici\u00f3n. Porque lo que importa es saber que nuestra existencia como creyentes se basa en una relaci\u00f3n de amor en la cual la oraci\u00f3n es una manera privilegiada de vivirla y de expresarla. No se trata, pues, de hacer una experiencia de balneario espiritual sino de un intercambio de amor y por lo tanto querer agradar a Aquel que nos ama.<\/p>\n<p>Otras dificultades nacen de la circunstancias de tiempo, es decir de cu\u00e1ndo oramos en un d\u00eda en el que tenemos la agenda llena de actividades en el trabajo y en casa. De lugar, d\u00f3nde oramos, en un espacio lleno de personas, de objetos y de ruido. 0 las que provienen de la materia, qu\u00e9 oramos, si seguimos un libro, usamos la Biblia, o empleamos plegarias ya hechas en una sociedad repleta de mensajes y de publicidad.<\/p>\n<h3><strong>3. De nuestra imagen de Dios<\/strong><\/h3>\n<p>Me parece que aqu\u00ed est\u00e1 una de las claves principales de nuestras dificultades para orar. Hay algo en nuestro interior que hace que no estemos en paz con Dios y muchas veces con nosotros mismos porque sabemos muchas cosas te\u00f3ricamente pero no las hemos elaborado interiormente. Decimos, por ejemplo, que Dios es Padre\/Madre;\u00a0 pero nuestros sentimientos reales ante \u00c9l tienden a alejarlo de nuestra vida como si nuestra filiaci\u00f3n no nos diese derecho a poner en Dios nuestra esperanza. Queremos creer en el Padre pero rechazamos, de hecho, su manera de presentarse ante nosotros.<\/p>\n<p>Veamos algunas actitudes que vivimos ante Dios:<\/p>\n<p><strong>a) Experimentamos a veces una cierta culpabilidad. <\/strong>No me siento digno de estar ante \u00c9l porque mi vida no da la talla. \u00bfC\u00f3mo me puedo poner a orar si soy incoherente en tantas cosas y tengo la impresi\u00f3n, basada en la realidad, de que llevo una doble vida? En el fondo quiero ponerme excesivamente \u00abguapo,, ante Dios. \u00a1Y para orar se necesita tan poco! Me olvido de que la oraci\u00f3n me sana. Es verdad que no soy digno de que \u00c9l entre en mi vida. Sin embargo el centro de la cuesti\u00f3n no es mi dignidad sino su presencia liberadora ya que, precisamente porque no soy digno, me acerco a Dios y esta proximidad me dignifica y me hace persona. No es el fariseo el que sale del templo justificado sino el publicano porque el Padre sana a aquel que reconoce lo que es.<\/p>\n<p><strong>b) Constato la pobreza <\/strong>de mi vida, no \u00fanicamente la incoherencia. Noto que puedo ofrecer poco a Dios y vivo esta pobreza como p\u00e9rdida, me vuelvo agresivo, conservador y me sit\u00fao a la defensiva. Pero Dios que me conoce me pide que sea yo mismo, que me abra a \u00c9l y que conozca su don como dec\u00eda Jes\u00fas a la samaritana. El don de Dios no son cosas o regalos sino es \u00c9l mismo.<\/p>\n<p><strong>c) Una cierta decepci\u00f3n<\/strong> al experimentar que Dios no me concede aquello que le pido y cuando se lo pido, entonces considero que es in\u00fatil pedir y suplicar. No caigo, sin embargo, en la cuenta de que la gran petici\u00f3n es el Esp\u00edritu Santo que nunca se me niega. En el fondo no me acabo de creer que Dios act\u00faa en la historia a trav\u00e9s del \u00abs\u00ed\u00bb de tantas personas como Abraham, Samuel, David, Mar\u00eda y yo mismo.<\/p>\n<p><strong>d) El pensar que orar<\/strong> quiere decir autom\u00e1ticamente experimentar la presencia y que cuando no la experimento, o creo que no la experimento, lo dejo correr. De este modo no tomo conciencia de que la oraci\u00f3n seca, aburrida, sin especiales sentimientos puede aumentar la esperanza y el amor. Vivo, as\u00ed, del est\u00edmulo-respuesta, del placer inmediato, del camino r\u00e1pido y f\u00e1cil. La \u00abnoche oscura\u00bb del alma ha sido y es el pan nuestro de cada d\u00eda de los grandes orantes.<\/p>\n<p><strong>f) Una percepci\u00f3n de un<\/strong> Dios est\u00e1tico y aburrido que parece que a veces me escucha y a veces no me hace caso, como quien est\u00e1 al otro lado del hilo telef\u00f3nico y va diciendo: s\u00ed, s\u00ed&#8230; esperando que termine una aburrida retahila de palabras. Esta manera de percibir a Dios me hace olvidar que \u00c9l est\u00e1 a mis pies (Jn 13), o que siempre me espera para darme un abrazo como el Padre que ten\u00eda dos hijos (Le. 15). En efecto, el lenguaje de Dios es el de la entrega incondicional y \u00fanicamente podr\u00e9 conectar con \u00c9l si intento que mi vida y mi oraci\u00f3n hablen este lenguaje. Si la persona humana ha sido creada para \u00abadorar, hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Se\u00f1or\u00bb, como nos dice San Ignacio en el inicio de los Ejercicios Espirituales, es porque el fundamento \u00faltimo de nuestra relaci\u00f3n con \u00c9l es que nos ama. Dicho de un modo m\u00e1s sencillo: si adoramos a Dios es porque \u00c9l nos adora. En el lenguaje corriente decimos: \u00abadoro a mi marido, a mi hijo y siguiendo esta l\u00f3gica nos atrevemos a decir que adorarnos a Dios porque \u00c9l \u00abnos adora\u00bb. El Padre nos quiere y nos adora en el Hijo y de aqu\u00ed surge nuestro deseo de adoraci\u00f3n.<\/p>\n<h3><strong>4. De una vida cristiana \u00aba m\u00ednimos\u00bb<\/strong><\/h3>\n<p>El seguimiento de Jes\u00fas no es f\u00e1cil ya que pide una respuesta total al partir de una donaci\u00f3n total. Por eso una fe vivida a m\u00ednimos no llena la vida ni es un testimonio para nadie. A veces me dejo llevar por una vida f\u00e1cil y c\u00f3moda y otras, en cambio, quiero seguir a Jes\u00fas cayendo en la trampa de \u00abhacer cosas\u00bb sin que mi acci\u00f3n aumente la confianza en Aquel que la inspira. Y as\u00ed se va trazando un camino de m\u00ednimos de ternura, de amor y sobretodo de confianza en los dem\u00e1s y en Dios. Hay preguntas muy sencillas que quiz\u00e1s me tendr\u00eda que hacer de vez en cuando, por ejemplo: \u00bfquiero a Jes\u00fas, a Dios? \u00bfme quiero dejar querer por \u00c9l? \u00bfquiero hacer el Bien? \u00bfme acerco a aquella persona que nadie quiere? \u00bfme dispongo para ver a Dios en los pobres? \u00bfcreo que el Esp\u00edritu Santo trabaja en m\u00ed y en los dem\u00e1s?<\/p>\n<p>San Ignacio al final de su vida y, recordando su historia, dec\u00eda en su autobiograf\u00eda que Dios le hab\u00eda llevado como un maestro acompa\u00f1a y ense\u00f1a a un ni\u00f1o. Esta expresi\u00f3n muestra con sencillez como el Se\u00f1or entra en la vida y conduce suavemente la historia. En el fondo se trata de la experiencia del pueblo de Israel cuando, mirando atr\u00e1s, va reconociendo como Yahv\u00e9 le llevaba y sellaba con \u00e9l una alianza. Este pacto no es ajeno a nuestra vida pues nosotros como personas y como comunidad estamos en Jes\u00fas, el hombre nuevo, inmersos en esta alianza. Vivimos, pues, en un proceso de Historia de salvaci\u00f3n que debemos cuidar. Por ello debemos buscar concreciones que expresen esta fidelidad que, a menudo, se traducen en ser fieles a las peque\u00f1as cosas de cada d\u00eda. en un amor comprometido con el presente, en un cari\u00f1o renovado por las personas y por las causas que llevamos entre manos. Es decir, supone estar a la escucha de un Dios que habla y va invadiendo nuestra vida, hacer silencio en nuestro interior y saberle escuchar. Esta actitud nos hace relativizar nuestros \u00eddolos, sentirnos m\u00e1s libres porque \u00absolo Dios basta\u00bb.<\/p>\n<p>Al no cuidar ni\u00a1 vida cristiana, \u00e9sta se llena de polvo y se va pareciendo a un mueble que hace tiempo que no se limpia, que va envejeciendo y no deja aparecer el \u00abhombre nuevo&#8212;. Entonces Dios se va haciendo peque\u00f1o y se va convirtiendo en un objeto m\u00e1s para mi consumo personal.<\/p>\n<h3><strong>5. Falta de m\u00e9todos para orar<\/strong><\/h3>\n<p>Orar no es un m\u00e9todo sino que es un estado de apertura a Dios. Pero para orar se necesita m\u00e9todo. A veces nos desanimamos porque no adecuamos nuestra manera de orar al momento en que vivimos. Cuando un estudiante est\u00e1 en \u00e9poca de ex\u00e1menes no es oportuno que su oraci\u00f3n sea ponerse a meditar pues su cabeza est\u00e1 llena de f\u00f3rmulas, definiciones o razonamientos te\u00f3ricos. Entonces puede ser el momento para apoyarse en una oraci\u00f3n hecha, en un canto o en salmo. Por otro lado cuando estamos enfadados o apesadumbrados debemos expresarlo a Dios sin ning\u00fan tipo de censura pues siempre est\u00e1 a nuestro lado. Debemos comunicarle con sencillez y claridad aquello que nos preocupa o que nos llena de ilusi\u00f3n, como un amigo habla a un amigo. De los diversos modos de orar ya hablaremos m\u00e1s adelante, pero queda apuntada la necesidad de tener peque\u00f1os recursos para aplicarlos seg\u00fan los momentos vitales que se viven. En cualquier caso no hay que ser maximalistas, siempre es mejor orar diez minutos que nada.<\/p>\n<h3><strong>6. \u00bfLa oraci\u00f3n de petici\u00f3n?<\/strong><\/h3>\n<p>Finalmente quiero dedicar unas l\u00edneas a la oraci\u00f3n de petici\u00f3n porque es una pr\u00e1ctica muy corriente en nuestra vida de relaci\u00f3n con Dios. Muchos creyentes la han abandonado porque no le encuentran sentido y para otros es su \u00fanica manera de orar. \u00bfQu\u00e9 pensar de ella?<\/p>\n<p>El presentarnos delante de Dios tal como somos y por lo tanto la necesidad de expresar nuestros deseos es algo tan elemental como verdadero. Una oraci\u00f3n en la cual no dij\u00e9ramos a Dios que nos preocupa tal o cual asunto o persona y no pidi\u00e9semos por ella ser\u00eda simplemente mutilar nuestra relaci\u00f3n con Aquel \u00abque nos sondea y nos conoce\u00bb. La queja, la s\u00faplica, la petici\u00f3n y el deseo comunicado son actitudes humanas que expresan nuestra verdad, nuestra humanidad, nuestra debilidad y nuestra impotencia. Estas expresiones son profundamente humanas y no se puede ser creyente si no se es humano. El \u00abclamor\u00bb del pueblo que sufre es escuchado siempre por el Dios Liberador.<\/p>\n<p>El problema que se nos plantea es el creer o no en la respuesta autom\u00e1tica. No podemos creer en un Dios \u00abm\u00e1quina que autom\u00e1ticamente responda a nuestros deseos por buenos que sean. Su acci\u00f3n desborda nuestros esquemas y su respuesta no la podemos medir. Pero no podemos negar que hay una respuesta y que se manifiesta, muchas veces, cuando nosotros no lo esperamos.<\/p>\n<p>De todos modos, de nuestra parte, la importancia de la oraci\u00f3n de petici\u00f3n viene dada porque nos acerca m\u00e1s al Se\u00f1or y a la persona o realidad por la que pedimos. Si oramos por tal persona, cuando nos encontramos con ella nuestra relaci\u00f3n ha cambiado pues nos sentirnos m\u00e1s cercanos y m\u00e1s hermanos. 0 cuando pedimos por la paz nos hacemos m\u00e1s pac\u00edficos y pacifistas. En cualquier caso nos hace tomar conciencia de los problemas de nuestro mundo y por lo tanto nos sensibiliza respecto al sufrimiento humano que es el sufrimiento de Dios en sus hijos e hijas. Siempre nos abre al Misterio de solidaridad desde los pobres que es m\u00e1s grande que las realidades humanas.<\/p>\n<p>Pero hay algo muy central en la oraci\u00f3n de petici\u00f3n: El Padre dar\u00e1 el Esp\u00edritu a aquellos que lo pidan (Le 11. 13). No podemos entrar en relaci\u00f3n con Dios si no se nos ha dado el Esp\u00edritu. El Esp\u00edritu de Jes\u00fas y el Esp\u00edritu del Padre. Pedirlo es pedir la fuerza de Dios, su amor, su misericordia, su bondad y su fraternidad. Es decir, ser algo de Jes\u00fas y algo del Padre para los dem\u00e1s. No podemos olvidar que el dinamismo cristiano nos lleva a ser hombres y mujeres para los dem\u00e1s. Y esta es la perspectiva de la vida cristiana y por lo tanto de la oraci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Cuando san Ignacio propone contemplar\u00bb la vida de Jes\u00fas en los Ejercicios Espirituales, \u00abcomo si presente me hallase\u00bb, nos hace entrar en el \u00abmisterio\u00bb de Jes\u00fas, para que nos transforme, vayamos adquiriendo el talante del Dios-con-nosotros, el tono y el aire de familia de Jes\u00fas. Y cuando esta realidad se va viviendo la persona va siendo m\u00e1s tierna, m\u00e1s solidaria, m\u00e1s humilde, m\u00e1s libre y m\u00e1s creyente.<\/p>\n<h2><strong>2. \u00bfQu\u00e9 actitudes debemos cultivar para poder orar?<\/strong><\/h2>\n<p>Las dificultades de fondo para orar no vienen fundamentalmente de la falta de m\u00e9todo o de lo ruidosa que puede resultar la ciudad, aunque estas realidades son importantes, sino m\u00e1s bien de no colocarnos con confianza en las manos de\u00a1 Padre, de un cristianismo vivido a \u00abm\u00ednimos\u00bb por un pobre deseo de seguir a Jes\u00fas y al Evangelio.<\/p>\n<p>El estar abiertos al mundo y a sus problemas, el reconocer la presencia de Dios en nuestra vida son a la vez fruto de la oraci\u00f3n y actitudes previas que nos deben acompa\u00f1ar cuando queremos orar.<\/p>\n<p>El acto de orar supone el cultivo de unas actitudes evang\u00e9licas que son comunes a la oraci\u00f3n y a la acci\u00f3n y forman el tel\u00f3n de fondo de la vida orante. Veamos algunas:<\/p>\n<h3><strong>1. Aceptar la vida<\/strong><\/h3>\n<p>Para orar conviene aceptar la vida con sus limitaciones y sus posibilidades, con sus luces y sus sombras. Aceptar la vida quiere decir asumir aquello que no podemos<\/p>\n<p>cambiar de nosotros mismos: edad, temperamento, estado de vida, salud y un sin fin de limitaciones que nos constituyen haciendo que seamos nosotros mismos. A la vez supone conocer nuestras potencialidades, valores y talentos que en definitiva son un don recibido para ponerlo al servicio de los dem\u00e1s, es decir de Dios.<\/p>\n<p>Se trata, pues, de aceptar nuestra vida para construir el Reino de Dios y ser construidos por \u00e9l. Vernos tal como somos, sin artificialidad ni apariencias, en definitiva aceptarnos y querernos. En la vida hay etapas en que predominan las grandes decisiones (estado de vida, pareja, tipo de trabajo) otras en las que conviene asumir con fe y humor las decisiones tomadas. Pero hay que vivir desde la perspectiva de yo no soy el centro porque el centro de mi vida es Dios y tomar conciencia de que para \u00c9l el centro soy yo y esto es un gran don.<\/p>\n<h3><strong>2. Reconocer la Presencia<\/strong><\/h3>\n<p>Cuando reconozco que yo no soy el centro sino que lo soy para Otro empiezo a experimentar una Presencia que me invade en la medida en que me abro a ella. En esta apertura la oraci\u00f3n aparece como un estado de receptividad. Orar es, pues, introducirse en una Vida que es relaci\u00f3n, acogida, receptividad y amor entre Padre e Hijo e irse poniendo junto a un Hijo que me hace ser hermano de los dem\u00e1s. As\u00ed descubrimos un Esp\u00edritu nuevo que nos invita a reconocer que Dios es don y yo soy don. \u00c9l regala siempre su don es decir se da a s\u00ed mismo. Es como un vaso de agua que est\u00e1 inclinado d\u00e1ndose, d\u00e1ndonos de su agua. De este modo, orar es ponerse de cara al Se\u00f1or y recibir su regalo que es \u00c9l mismo. Y casi sin darnos cuenta vamos ganando en libertad y en autonom\u00eda. Vamos siendo m\u00e1s personas y nos disponemos a ayudar a otros a ser personas, a ser hijos y a ser hermanos.<\/p>\n<h3><strong>3. Ir tomando decisiones<\/strong><\/h3>\n<p>Querer orar supone ir tomando decisiones en nuestra vida y no vivir de rutinas en cualquier \u00e1mbito de nuestra existencia, La rutina es enemiga de la vida espiritual porque nos encierra a en nosotros mismos y nos impide vivir de la creatividad que supone la apertura al Otro. La toma de decisiones sobre nuestra vida, en la l\u00ednea del Reino de Dios, nos acerca a la relaci\u00f3n y a la presencia. Es conveniente seguir haci\u00e9ndose preguntas e irlas respondiendo y as\u00ed se va configurando nuestra vida cristiana: \u00bfC\u00f3mo puedo mejorar mi relaci\u00f3n con los que me rodean? \u00bfQu\u00e9 tengo que cambiar o potenciar en mi trabajo apost\u00f3lico? \u00bfQu\u00e9 tendr\u00eda que hacer para tener m\u00e1s sensibilidad hacia los pobres y los que m\u00e1s sufren? \u00bfQu\u00e9 me est\u00e1 queriendo decir el Se\u00f1or en esta nueva situaci\u00f3n? \u00bfEs suficiente el tiempo o el modo de orar en esta \u00e9poca de mi vida?<\/p>\n<h3><strong>4. Hacer \u00abadic\u00edones\u00bb<\/strong><\/h3>\n<p>San Ignacio dice que para orar hay que hacer \u00abadiciones\u00bb, es decir fomentar actos y actitudes que nos predispongan que sumen, que ayuden pedag\u00f3gicamente a lograr aquello que deseamos. Hay, por lo tanto situaciones, que act\u00faan como adiciones, es decir, que ayudan y que suman, y otras que no ayudan, que restan. Voy a enumerar algunas:<\/p>\n<ul>\n<li>Hacer pr\u00e1ctica de poner la propia vida en las manos de Dios y no en las nuestras. Esto supone alimentar interiormente el deseo de moverse por peque\u00f1as utopias y practicar la esperanza.<\/li>\n<li>Ejercitar la misericordia con las personas que hay a nuestro alrededor. Estas u otras pr\u00e1cticas se deben encarnar en peque\u00f1os gestos que muestren su veracidad.<\/li>\n<\/ul>\n<p>En la vida ordinaria hay situaciones que nos pueden ayudar o estorbar para llevar una vida de oraci\u00f3n. As\u00ed, por ejemplo:<\/p>\n<ul>\n<li>Alimentar pensamientos de bondad o entrar en la din\u00e1mica del ataque o defensa.<\/li>\n<li>Acostumbrarse a emplear palabras amables o dejarse llevar por la brusquedad.<\/li>\n<li>Generar gestos solidarios o entrar en la din\u00e1mica del individualismo.<\/li>\n<li>Emplear silencios acogedores o esperar que el otro termine de hablar para soltarle mi \u00abrollo\u00bb.<\/li>\n<li>Acoger agradecidamente el amor de los dem\u00e1s o rechazarlo. 0 Aceptar mi situaci\u00f3n de don o creerme que todo lo puedo a trav\u00e9s de mi esfuerzo.<\/li>\n<li>Practicar la soledad buscando all\u00ed una presencia gratuita o encerr\u00e1ndome en mi mismo sin dejar brechas de gratuidad.<\/li>\n<\/ul>\n<p>A veces nos preguntamos c\u00f3mo tal persona que sabemos que hace oraci\u00f3n de una forma as\u00eddua es incapaz de comprender a los dem\u00e1s, de trabajar en equipo y que va \u00aba la suya&#8212;. La respuesta no es sencilla y la conciencia de cada uno es un misterio. Pero en general y sobretodo para aplic\u00e1rnoslo a nosotros mismos, hay que decir que hay unos prejuicios que invaden la vida y que deben ser examinados a menudo. La oraci\u00f3n pide abnegaci\u00f3n, relativizar mis sentimientos especialmente sobre aquellas personas o situaciones ante las cuales me siento especialmente cr\u00edtico.<\/p>\n<p>Por ello no podemos ser ingenuos porque si nos instalamos en la superficialidad, en la rutina, en el activismo y en la competitividad, no podemos orar. Pero s\u00ed podremos si somos autocr\u00edticos, si sabemos recoger aquello que los dem\u00e1s dicen de nosotros mismos, si nos sentimos animados a trabajar por los dem\u00e1s y a humanizar su vida, aunque experimentemos en nosotros la debilidad, la rutina o la desgana.<\/p>\n<h3><strong>5. Vivir desde la comunidad cristiana<\/strong><\/h3>\n<p>Es muy importante el vivir la fe desde y con aquellos hombres y mujeres que creen que en su intento de fraternidad se va prefigurando el Reino. La comunidad de los creyentes es el conjunto de personas desde el cual podemos decir Padre Nuestro, a pesar de sus peque\u00f1eces, de sus limitaciones y de su pecado. Comunidad que sabe que el Reinado de Dios la sobrepasa ampliamente. Pero el Esp\u00edritu de Jes\u00fas es quien la conduce y la constituye. Siempre es necesaria como una peque\u00f1a semilla en medio del mundo.<\/p>\n<p>La Iglesia que ora es nuestra madre. En ella hemos aprendido a orar y desde ella oramos. No soy yo que ora, es la Iglesia la que ora desde m\u00ed. En ella damos, recibimos y ponemos los talentos en rendimiento. En ella recibimos la comunidad fraternal, la comuni\u00f3n de bienes, el acompa\u00f1amiento espiritual y los sacramentos.<\/p>\n<h3><strong>6. Vivir desde una vida unificada<\/strong><\/h3>\n<p>No hay actitudes espec\u00edficas para orar. La oraci\u00f3n es una actividad que no tiene un m\u00e9todo \u00fanico pero en sus actitudes de fondo coincide con la acci\u00f3n de cara a los dem\u00e1s. Por lo tanto para actuar y orar es necesario: escuchar al otro, ser humilde, ser pobre, ser generoso, ponerse en las manos de Dios y dejarse llevar porque nuestra vida depende amorosamente de Dios.<\/p>\n<p>As\u00ed por ejemplo, para trabajar por los dem\u00e1s hay que ser humilde y para orar tambi\u00e9n; para ayudar de verdad hay que escuchar al otro. y para orar la escucha es imprescindible; para propagar el Reino hay que ponerse en las manos del Se\u00f1or, y para dirigirse a \u00c9l en el silencio de la oraci\u00f3n, tambi\u00e9n. Pero el hecho de que las actitudes de fondo sean las mismas no excluye que busquemos los medios pr\u00e1cticos adecuados para cualquiera de las dos actividades. Para orar hay que buscar tiempo, lugar y materia y para actuar hay que usar aquellos medios que la misma acci\u00f3n reclame.<\/p>\n<p>En cualquier caso el horizonte \u00faltimo es ir acercando la realidad de la existencia a Dios. Y as\u00ed, poco a poco, nuestra vida se hace oraci\u00f3n y la oraci\u00f3n se hace vida.<\/p>\n<h3><strong>7. Orar es mirar y escuchar<\/strong><\/h3>\n<p>Para acceder a Dios en cualquier forma de oraci\u00f3n es preciso que algo vaya cambiando constantemente en m\u00ed. No puedo decir \u00abya s\u00e9 orar\u00bb si no \u00abSe\u00f1or, ens\u00e9\u00f1ame hoy a orar\u00bb. La oraci\u00f3n no es algo que se conquista sino que se va aprendiendo en la medida que nos abrimos a \u00c9l. La tendencia dominadora y controladora que hay en nosotros nos juega malas pasadas porque nos impide mirar con ojos limpios para poder ver la acci\u00f3n del Esp\u00edritu en la vida.<\/p>\n<p>Orar es abrir los ojos a las huellas de Dios. Unas huellas que s\u00f3lo las descubren los sencillos, los sin prejuicios, los buscadores y los peregrinos. Hay en nuestro mundo un rumor de la trascendencia de Dios, pero para o\u00edr este rumor hay que callar, hacer callar en nosotros aquellos ruidos que nacen de nuestro \u00abyo\u00bb autocentrado, y por lo tanto, cerrado a los dem\u00e1s. Hay huellas que hay que ver y rumores que hay que escuchar.<\/p>\n<p>Siempre se ha dicho que Dios est\u00e1 en todas partes y es verdad: en la naturaleza y en la ciudad, en la monta\u00f1a y en el mar, en las personas y en la historia. Pero su presencia no es evidente, son precisos ojos para ver y o\u00eddos para escuchar. Podemos ver y escuchar las chispas de gloria, bondad y belleza de Dios en la ciudad, porque all\u00ed habitan miles y m 1 les de hermanos y hermanas. All\u00ed sufren, r\u00eden y lloran, all\u00ed se organizan, luchan, trabajan, nacen y mueren. En la ciudad se manifiestan los prodigios t\u00e9cnicos, las bellezas culturales, los actos solidarios y a la vez las injusticias, los desenga\u00f1os y el sufrimiento. All\u00ed est\u00e1n el hombre y la mujer como especial reflejo del Dios de la historia en su belleza y en su sufrimiento, en su marginaci\u00f3n en los pobres, los ancianos solos, los drogadictos, las prostitutas, los sin techo, los emigrantes. La experiencia de la cruz y de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or se nos hace presente en una gran cantidad de situaciones que vivimos cada d\u00eda&#8230;<\/p>\n<h2><strong>3. Diversos modos de orar<\/strong><\/h2>\n<p>Voy a presentar a continuaci\u00f3n diversos modos para hacer oraci\u00f3n en la vida de cada d\u00eda. Son maneras sencillas para que se puedan practicar en medio de las ocupaciones de nuestra vida. Se trata de mantener la conciencia de una Presencia en una historia en la que parece que Dios se esconde. Pero es el Se\u00f1or quien nos anima a vivir, a amar, a luchar y nos llama a seguirle mientras miramos sus diversos rostros en las personas. La oraci\u00f3n siempre debe estar te\u00f1ida de acci\u00f3n de gracias y de b\u00fasqueda de la voluntad de Dios sobre mi vida concreta. En este sentido siempre hay un cierto grado de discernimiento espiritual: ir buscando, encontrando y realizando aquello que el Se\u00f1or quiere para mi vida.<\/p>\n<p>Hay una opci\u00f3n previa y absolutamente obvia: para hacer oraci\u00f3n hay que querer hacerla. Se requiere nuestra voluntad, esfuerzo y decisi\u00f3n que hay que renovar a menudo. Quiero encontrarme con el Se\u00f1or, para ello hay que salir de s\u00ed mismo y ponerse en marcha. Orar es una peregrinaci\u00f3n hacia mi interior y hacia el proceso de la historia de \u00a1os hombres y mujeres de mi mundo.<\/p>\n<p>Es muy posible que el lector reconozca en las sugerencias pr\u00e1cticas que vienen a continuaci\u00f3n formas de oraci\u00f3n que \u00e9l ya practica, otras quiz\u00e1s le pueden resultar nuevas. La lista podr\u00eda ser muy larga pues en el fondo no hay modos de oraci\u00f3n sino personas que oran y aprenden unas de otras a trav\u00e9s de las mediaciones concretas que nos ayudan a dirigirnos al Padre.<\/p>\n<h3><strong>1. Ofrecer el d\u00eda<\/strong><\/h3>\n<p>Se trata de lo que tradicionalmente se llama \u00abofrecimiento de obras\u00bb o sea ofrecer a Dios todo mi d\u00eda: mis obras, mis sentimientos, mis ocupaciones, mis relaciones. En el fondo es un ponerse a disposici\u00f3n del Se\u00f1or durante una unidad de tiempo como puede ser un d\u00eda nos ayude a pasar por la vida \u00abhaciendo el bien\u00bb.<\/p>\n<p>Es como el ofertorio de una Eucarist\u00eda que \u00abcelebro\u00bb en el mundo durante el d\u00eda. Un espacio de tiempo que se abre como una gran posibilidad de incorporarme al seguimiento de la persona de Jes\u00fas. Caminar haciendo el bien\u00bb es conocer y vivir la misma experiencia del Se\u00f1or entre la gente. Con \u00c9l que se parte en trozos para darse a los dem\u00e1s, nos vamos ofreciendo al Padre para ser alimento y vida. Este tipo de oraci\u00f3n se puede hacer en un momento de recogimiento, pero tambi\u00e9n caminando por la calle, en el ascensor o en la ducha, con oraciones dichas de memoria o con expresiones espont\u00e1neas.<\/p>\n<h3><strong>2. Mirada a la realidad durante el d\u00eda<\/strong><\/h3>\n<p>Durante el d\u00eda pasan a nuestro alrededor un sinf\u00edn de peque\u00f1as y grandes cosas. Situaciones de alegr\u00eda, de gozo, de dolor, de injusticia, rostros, relaciones, momentos de amistad y de compa\u00f1erismo, de marginaci\u00f3n o de comuni\u00f3n. Todo ello nos ofrece un \u00abmaterial muy valioso para entrar en comuni\u00f3n con el Se\u00f1or. Puede ser bueno retener (o quiz\u00e1s anotar) algunas de estas situaciones y, as\u00ed pedir perd\u00f3n, dar gracias, ofrecer, cte.<\/p>\n<h3><strong>3. Mirada al cielo<\/strong><\/h3>\n<p>El creyente conviene que, de vez en cuando, mire m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed mismo y de la realidad presente y entre en comuni\u00f3n con el Dios que est\u00e1 no s\u00f3lo en el \u00abm\u00e1s ac\u00e1\u00bb sino tambi\u00e9n en el \u00abm\u00e1s all\u00e1\u00bb de la historia. Este \u00abm\u00e1s all\u00e1\u00bb relativiza nuestro presente y lo lanza a la esperanza, que sabe restar importancia con humor a aquello que se est\u00e1 viviendo y as\u00ed lo va situando en una historia de salvaci\u00f3n y de alianza. Tiene como fundamento al Se\u00f1or resucitado.<\/p>\n<p>Para ello conviene. de vez en cuando pararse, crear silencio interior, y establecer una cierta complicidad interna con el Se\u00f1or que nos va acompa\u00f1ando en nuestra vida.<\/p>\n<h3><strong>4. Presencia de s\u00edmbolos<\/strong><\/h3>\n<p>A veces observamos que hay personas que llevan fotograf\u00edas de la familia en el coche, encima de la mesa de trabajo, o en la cartera. Durante el d\u00eda las miran, evocan su presencia y ayudan a seguir adelante en la ruta o en el trabajo. No podemos olvidar que somos seres simb\u00f3licos y por esta raz\u00f3n nos ayudan aquellos objetos que evoquen y hagan presente una realidad que el mismo objeto nos recuerda. Podemos tener cerca objetos (fotograf\u00edas, piezas de m\u00fasica, cuadros, etc) que nos hablen de \u00c9l o de rostros que nos recuerden su presencia. Estos s\u00edmbolos nos remiten a muchas realidades que nos recuerdan una presencia que se va realizando en nosotros y en los dem\u00e1s.<\/p>\n<h3><strong>5. Oraci\u00f3n sobre la vida<\/strong><\/h3>\n<p>Al final del d\u00eda podemos pararnos y durante un espacio de un cuarto de hora realizar la oraci\u00f3n sobre la vida. A continuaci\u00f3n propongo un esquema posible:<\/p>\n<ol>\n<li>Relajarme, tranquilizarme. Reconocer la presencia de Dios en mi vida.<\/li>\n<li>Dar gracias por todo aquello que recibo, incluso por aquellos fracasos que tanto me ense\u00f1an.<\/li>\n<li>Recorrer brevemente el d\u00eda. Rememorar las miradas a la realidad y agradecer, pedir perd\u00f3n, o contemplar lo vivido.<\/li>\n<li>Renovar mi alianza con el Se\u00f1or. Recordar que \u00ab\u00c9l nos am\u00f3 primero\u00bb.<\/li>\n<\/ol>\n<p>Esta oraci\u00f3n es muy \u00fatil y puede hacerse siempre que terminamos una unidad de tiempo: un d\u00eda, una semana, un acontecimiento. Se trata, en el fondo, de reconocer y acoger la acci\u00f3n de Dios en m\u00ed y en la historia. Y de este modo ir unificando mi vida desde el Evangelio de Jes\u00fas.<\/p>\n<h3><strong>6. Oraciones hechas<\/strong><\/h3>\n<p>Muchas veces despreciamos las oraciones ya hechas (rosario, recitar determinadas plegarias, etc.) porque nos parece que son actos rutinarios, poco espont\u00e1neos o poco sinceros. Sin embargo la oraci\u00f3n hecha nos abre a una relaci\u00f3n con Dios que nos libera de la constante reflexi\u00f3n y nos pone en relaci\u00f3n afectiva con el Se\u00f1or. A veces estamos cansados, nos cuesta reflexionar, preparar un texto o leer. Entonces es un momento excelente para usar una plegaria hecha, un canto, etc. Este tipo de oraci\u00f3n hace que nos apoyemos en la letra y descansemos en ella.<\/p>\n<p>Lo importante no es pensar mucho, ni siquiera reflexionar sino tomar conciencia de que Dios est\u00e1 muy cerca. El problema es invocarle con los labios y que nuestra pr\u00e1ctica no sea coherente, pero esto va por otros derroteros. La oraci\u00f3n hecha nos acerca al pueblo de Dios, es la oraci\u00f3n del pobre, del que no le salen palabras y se apoya en la palabra de otros. Tambi\u00e9n ejercitamos el recuerdo, no \u00fanicamente como acto mec\u00e1nico, sino que de la memoria nos trasladamos a la Mernoria de todo lo que el Se\u00f1or est\u00e1 haciendo por nosotros.<\/p>\n<h3><strong>7. Situarse delante de Dios<\/strong><\/h3>\n<p>Despu\u00e9s de una jornada agotadora, tras un momento de ofuscaci\u00f3n y de desconcierto, ante situaciones vividas, o despu\u00e9s de un momento gozoso, y sin ganas de coger un libro o pronunciar una oraci\u00f3n hecha, nos ponemos delante de Dios diciendo: \u00abAqu\u00ed estoy Se\u00f1or\u00bb. Dejando que \u00c9l me mire y yo mirarlo desde los ojos de la fe. En este sentido es muy importante que sepamos ponernos ante Dios con libertad. Habl\u00e1ndole como un amigo habla a un amigo, tomando conciencia de que no me juzga sino que me quiere y acepta tal como soy. Delante de \u00c9l no hay asignaturas pendientes, ni hay que darle cuentas de nada, sino presentarnos tal como somos y dejar que su Esp\u00edritu nos inunde y nos llene. En el fondo la oraci\u00f3n es siempre un acto de fe, de esperanza y de amor.<\/p>\n<h3><strong>8. Lecturas<\/strong><\/h3>\n<p>Una buena lectura nos acerca a los dem\u00e1s y a Dios. Leer es una actividad del esp\u00edritu que nos pone en contacto con alguien que quiere transmitir un mensaje, establece con el lector un di\u00e1logo y provoca escucha y reflexi\u00f3n. Una lectura adecuada nos puede preparar para un momento de oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>El contacto directo con lecturas b\u00edblicas es un buen camino de oraci\u00f3n. Conviene leer la Escritura como un mensaje dirigido a m\u00ed, y en este momento de mi vida. Es bueno leer y escuchar, retener alguna frase, y sobretodo pararse donde encuentro algo que llena mi esp\u00edritu. En aquellos pasajes que puedo interpretar desde mi situaci\u00f3n existencial establezco v\u00ednculos con la realidad, me incorporo a lo que el texto dice \u00abcomo si presente me hallase\u00bb. Se pueden seguir las lecturas lit\u00fargicas, un evangelio, una carta de Pablo, alg\u00fan libro sapiencia] o prof\u00e9tico, alg\u00fan salmo. Estamos poco familiarizados con la literatura b\u00edblica y \u00e9sta es una fuente inagotable de alimento de nuestra vida de fe.<\/p>\n<p>Hay muchos momentos de nuestra vida que se parecen a par\u00e1bolas o a hechos del evangelio. Podemos decir, por ejemplo, que hay situaciones que nos recuerdan al hijo pr\u00f3digo, al buen samaritano, a la pasi\u00f3n o a la resurrecci\u00f3n pues la realidad est\u00e1 te\u00f1ida de Evangelio. El problema estriba en saberlo descubrir. La lectura nos puede ayudar a vincular una realidad y la otra, la vida y el Evangelio.<\/p>\n<h3><strong>9. M\u00fasica<\/strong><\/h3>\n<p>El escuchar m\u00fasica es otra actividad espiritual. Conviene. Para orar, ir educando nuestra sensibilidad especialmente respecto aquello que no somos nosotros para ir descubriendo la Palabra que trasciende nuestro yo. Por ello la m\u00fasica nos recuerda que la Palabra de Dios en nosotros es, en el fondo, una nota musical que resuena en nuestro o\u00eddo, a veces, poco acostumbrado a escuchar. Es evidente que leer y escuchar m\u00fasica no son en realidad oraci\u00f3n en sentido estricto, pero s\u00ed que son dos actividades que nos educan y nos acercan a o\u00edr y a escuchar como Dios se hace palabra y nota musical en nuestro interior.<\/p>\n<h3><strong>10. Escribir<\/strong><\/h3>\n<p>Dios habla en nuestra vida y nos dice constantemente \u00abte quiero y te necesito para cambiar este mundo\u00bb. La oraci\u00f3n nos hace tomar conciencia de este mensaje cari\u00f1oso y a la vez exigente. El problema estriba en que, a menudo, no detectamos las mediaciones a trav\u00e9s de las cuales el Se\u00f1or se expresa. Escribir aquello que vivo por dentro, anotar vivencias o experiencias, copiar textos evang\u00e9licos, formular deseos e inquietudes nos puede ayudar a descubrir como se concreta este mensaje en medio del bosque de nuestra vida. Leer y releer lo que liemos escrito nos libera de la vivencia de \u00faltima hora y nos abre a un discernimiento constante de aquello hacia donde tengo que dirigirme.<\/p>\n<h3><strong>11. Lectura meditada de los textos de la liturgia<\/strong><\/h3>\n<p>La liturgia de las horas, la celebraci\u00f3n de los sacramentos u otras oraciones comunitarias nos proporcionan un material muy valioso para nuestra oraci\u00f3n personal. Muchos han experimentado que no es lo mismo participar en la Eucarist\u00eda habiendo meditado antes los textos que ir simplemente a Misa. Cuando en la liturgia se proclaman unos textos que ya han sido \u00abdigeridos\u00bb previamente resuenan distinto.<\/p>\n<p>Es muy provechoso usar oraciones lit\u00fargicas para vivir oracionalmente algunas realidades, por ejemplo: el Se\u00f1or ten piedad para pedir perd\u00f3n, un prefacio para dar gracias, el gloria para expresar la grandeza del amor de Dios, el ofertorio para ofrecer el d\u00eda, la f\u00f3rmula del compromiso matrimonial para renovar el amor de una pareja, la oraci\u00f3n del compromiso de los votos para hacer nueva la vida religiosa, el credo para actualizar nuestra fe, la oraci\u00f3n por la paz para pedir la paz en el mundo y en nuestros corazones, la plegaria eucar\u00edstica para ofrecerme con Cristo al Padre, etc. Es evidente que todas las oraciones lit\u00fargicas no sirven de igual modo para la oraci\u00f3n personal por ello hay que seleccionar, adaptar, reformular en cada situaci\u00f3n que se vive.<\/p>\n<h3><strong>12. Las celebraciones lit\u00fargicas<\/strong><\/h3>\n<p>Durante el a\u00f1o participamos en muchas celebraciones de la fe: ecucarist\u00edas, bautismos, entierros, bodas, oraciones comunitarias diversas. Es bueno tomar conciencia de que estamos tambi\u00e9n en contacto con el Dios de mi vida. No son par\u00e9ntesis, ni actos sociales, son momentos de oraci\u00f3n comunitaria que acompa\u00f1an acontecimientos de la vida de las personas. Debemos aprovechar estos momen~ tos como situaciones privilegiadas de una oraci\u00f3n eclesial y ligada a diversas situaciones existenciales.<\/p>\n<p>Tienen una especial importancia la celebraci\u00f3n de los sacramentos. A trav\u00e9s de ellos Jes\u00fas resucitado se nos hace presente en la Comunidad. Se parte en pedazos para hacerse alimento; a trav\u00e9s de su muerte y su resurrecci\u00f3n nos reconcilia con \u00c9l y con los hermanos; como en las bodas de Can\u00e1 bendice el amor humano; env\u00eda su Esp\u00edritu para hacernos testigos y servidores de los dem\u00e1s; nos hace miembros de su comunidad&#8230;<\/p>\n<p>Todas las oraciones comunitarias tanto las que forman parte de la liturgia, expresi\u00f3n de la universalidad de la Jes\u00fas y de su comunidad, como aquellas m\u00e1s espont\u00e1neas visibilizan el Cuerpo del Se\u00f1or a trav\u00e9s de sus miembros reunidos y expresan la presencia siempre nueva de Aquel que nos dijo que estar\u00eda presente donde dos o tres se reuniesen en su nombre.<\/p>\n<h3><strong>13. Orar antes y despu\u00e9s de acontecimientos<\/strong><\/h3>\n<p>Nuestra vida est\u00e1 te\u00f1ida de peque\u00f1os y grandes acontecimientos. Unos son peque\u00f1os, casi rutinarios, otros, los menos, de m\u00e1s entidad. Siempre es bueno antes de asistir a una reuni\u00f3n, o a ver alguien con el cual tenemos que tratar algo importante, o cualquier otra situaci\u00f3n, orarla. De este rnodo pedimos fuerza al Se\u00f1or para hacer su voluntad, que en aquello en lo que voy a ser actor o protagonista el Reino se haga presente, que no me deje llevar por mi ego\u00edsmo. Y al final, dar gracias, pedir perd\u00f3n, reconocer la presencia del esp\u00edritu o constatar delante de Dios mi impotencia para descubrirle. Este tipo de oraci\u00f3n se hace, de hecho muy a menudo, pero se vincula a pedir fuerzas para que las cosas me salgan bien.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. \u00bfPor qu\u00e9 nos cuesta orar? Todos experimentamos dificultades para orar. Estas dificultades tienen diversas causas: sociedad secularizada y t\u00e9cnica, nuestra percepci\u00f3n de Dios o simplemente las limitaciones humanas. 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