{"id":25862,"date":"2018-05-19T08:38:52","date_gmt":"2018-05-19T06:38:52","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/?p=25862"},"modified":"2018-04-30T10:23:39","modified_gmt":"2018-04-30T08:23:39","slug":"san-vicente-de-paul-la-esclavitud-en-tunez-iii","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/san-vicente-de-paul-la-esclavitud-en-tunez-iii\/","title":{"rendered":"San Vicente de Pa\u00fal (la esclavitud en T\u00fanez) (III)"},"content":{"rendered":"<p>1. <strong><em>El m\u00e9dico.<\/em><\/strong><\/p>\n<p>\u00abLa medicina espag\u00edrica, seg\u00fan Jollivet-Castelot , consiste, en resumen, en extraer de cada cuerpo mineral, vegetal o animal, su azufre, su mercurio y su sal\u00a0 -los tres elementos- en combinarlos, purificarlos, lo que hace una quintaesencia animada por el <em>Arch\u00e9e<\/em>\u00ab.<\/p>\n<p>Esta definici\u00f3n hace extremadamente clara la expresi\u00f3n de Vicente, hablando del m\u00e9dico espagirita y diciendo de \u00e9l\u00a0 que era \u00absoberano extractor de quintaesencias\u00bb.<\/p>\n<p>Vicente, empleado en los hornos, estaba admirablemente situado para seguir los experimentos, darse cuenta del trabajo de su amo y de los procesos que empleaba para sus indagaciones.<\/p>\n<p>Esta expresi\u00f3n: m\u00e9dico espag\u00edrico, que no deja de sonar hoy muy rara al o\u00eddo, no ten\u00eda nada de ins\u00f3lito para los que viv\u00edan en el siglo XVII. Nuestros reyes -en la \u00e9poca de Vicente- ten\u00edan todos su m\u00e9dico espag\u00edrico. Que se vea el <em>Estado de la casa de Luis XIII, <\/em>publicado por Eugenio Griselle, en la lista de los m\u00e9dicos del rey. Se hallar\u00e1, tras el <em>primer m\u00e9dico, <\/em>la clasificaci\u00f3n siguiente: -otros m\u00e9dicos- m\u00e9dicos ordinarios &#8211; m\u00e9dicos a XII (1.200 libras) &#8211; otros m\u00e9dicos &#8211; otros para consultar &#8211; m\u00e9dicos sin gajes &#8211; boticarios &#8211; primer cirujano &#8211; otro cirujano &#8211; operadores &#8211; oculistas &#8211; herboristas &#8211; \u00ab<em>un m\u00e9dico espag\u00edrico<\/em>a VI (seiscientas libras) que es <em>Guillaume Yvelin\u00bb, <\/em>en el estado de 1610 (p. 41), y que , en el estado de 1638 (p. 144), se le designa as\u00ed: \u00bb <em>M\u00e9dico espagirico y destilador, <\/em>srs Guillaume Yvelin y Pierre, su hijo, de por vida\u00bb. Entre los medicamentos, los dos m\u00e1s importantes, las dos panaceas universales son: el <em>oto potable <\/em>y el <em>spiritus adeptorum <\/em>o el esp\u00edritu de vino de los adeptos. Eran verdaderas concentraciones vitales, capaces de aplicarse a un gran n\u00famero de enfermedades y de curarlas.<\/p>\n<p>Se destilaban los productos siguiendo m\u00e9todos propios, hasta la obtenci\u00f3n de la quintaesencia (azoth o Arch\u00e9e) que, en peque\u00f1o volumen, ocultaba, seg\u00fan los adeptos, las propiedades curativas m\u00e1s en\u00e9rgicas.<\/p>\n<p>La medicina espag\u00edrica de los antiguos iniciados y de los alquimistas, que estuvo en auge hasta el siglo XIX, consist\u00eda en elixires vegetales, minerales, org\u00e1nicos, fuertemente dinamizados.<\/p>\n<p>Se encuentran rastros de la existencia de una terap\u00e9utica espag\u00edrica en todo el curso de los siglos.<\/p>\n<p>As\u00ed, Fran\u00e7ois H\u00e9bert, p\u00e1rroco de Versalles, cuenta en sus <em>Memorias<\/em> que cuando Luis XIV en el a\u00f1o 1686 tuvo necesidad de una operaci\u00f3n delicada que pod\u00eda tener graves consecuencias, un monje jacobino vino a ofrecer un b\u00e1lsamo que dec\u00eda infalible para sanar las f\u00edstulas. Fue desechado felizmente.<\/p>\n<p>Durante la grave enfermedad de la deb\u00eda morir Bossuet, Le Dieu, su secretario, anot\u00f3 en su <em>Journal, <\/em>con fecha del 16 de marzo de 1704:<\/p>\n<p>\u00abAyer s\u00e1bado, hacia el mediod\u00eda, la Se\u00f1orita de Maul\u00e9on vino a ver al sr de Meaux, tray\u00e9ndole su <em>agua divina, <\/em>de la que quer\u00eda que tomara absolutamente, como para devolverle la vida. El sr de Tournefort (m\u00e9dico del rey) lleg\u00f3 y la contrist\u00f3 mucho neg\u00e1ndose constantemente a permitir a Monse\u00f1or beber de esta agua que \u00e9l no conoc\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLa historia de la medicina espag\u00edrica, ha escrito tambi\u00e9n Jollivet-Castelor, est\u00e1 indisolublemente unida a la de la filosof\u00eda herm\u00e9tica, en general, y de la alquimia en particular. Deriv\u00e1ndose de la alquimia, basada en los mismos principios, simple rama del hermetismo, se transmite por los mismos adeptos, del Antiguo Egipto a Grecia, en Alejandr\u00eda, en Arabia, luego a Occidente despu\u00e9s de las Cruzadas. Los alquimistas eran a menudo m\u00e9dicos espag\u00edricos, y rec\u00edprocamente casi todos los m\u00e9dicos practicaban la alquimia, en raz\u00f3n de la absoluta conformidad de los preceptos, de las doctrinas, de los sistemas y de las operaciones<em>.<\/em> Los trabajos de la farmacopea espag\u00edrica se efectuaban siguiendo las separaciones en azufre y mercurio reunidos a la sal, siguiendo las quintaesencias en azoth y arch\u00e9e, usitadas por el arte qu\u00edmico\u00bb.<\/p>\n<p>El env\u00edo al sr de Comet del secreto para curar del mal de piedra da ocasi\u00f3n a Vicente para hacer algunas reflexiones sobre la ciencia de Dios y la vida humana que deben ser destacadas.<\/p>\n<p>\u00abLa esperanza y firme creencia que ten\u00eda de veros, Se\u00f1or, hizo que me mostrara asiduo en pedirle que me ense\u00f1ara el medio de curar del mal de piedra, en lo que yo le ve\u00eda hacer milagros a diario, cosa que hizo; hasta me mand\u00f3 preparar y administrar los ingredientes. Oh, \u00a1cu\u00e1ntas veces he deseado despu\u00e9s haber sido esclavo antes de la muerte del difunto Se\u00f1or vuestro hermano y <em>conmecenas <\/em>en hacerme bien, y haber tenido el secreto que os env\u00edo, rog\u00e1ndoos recibir con tan buen coraz\u00f3n que mi creencia es firme que su yo hubiera sabido lo que os env\u00edo que la muerte no habr\u00eda triunfado(al menos por este medio): y m\u00e1s cuando se dice que los d\u00edas del hombre est\u00e1n contados ante Dios, es cierto, pero no es que Dios hubiera contado que sus d\u00edas hasta tal n\u00famero, sino que el n\u00famero ha sido contado ante Dios porque as\u00ed ha sucedido. Pues, para decirlo con mayor claridad, no hay muerte cuando ha muerto por lo que Dios lo hab\u00eda previsto as\u00ed o contado el n\u00famero de sus d\u00edas hasta tantos, sino que \u00e9l lo hab\u00eda previsto as\u00ed y el n\u00famero de sus d\u00edas ha sido conocido tal como ha sido porque muri\u00f3 cuando muri\u00f3\u00bb.<\/p>\n<p>Primero, constatemos una vez m\u00e1s la vivacidad de sus amistades. La que hab\u00eda profesado a su amigo y bienhechor, sr de Comet senior, era tal que hubiera querido ser esclavo antes de su muerte y haber conocido el secreto que env\u00eda a su hermano; el remedio le habr\u00eda curado de manera segura de la enfermedad de la piedra.<\/p>\n<p>Apenas ha escrito su mano la frase caracter\u00edstica de su amistad: la muerte no habr\u00eda triunfado con este medio que surgi\u00f3 en su pensamiento el dicho popular \u00abcuando se dice que los d\u00edas del hombres est\u00e1n contados ante Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Pero \u00bfde d\u00f3nde le viene esta objeci\u00f3n? \u00bfD\u00f3nde se dice? \u00bfEn qu\u00e9 pa\u00eds se habla as\u00ed?<\/p>\n<p>\u00bfNo ser\u00e1 acaso particularmente en la regi\u00f3n donde ha sido esclavo, de donde llega y donde la ha o\u00eddo enunciar corrientemente? \u00bfNo habr\u00e1 que ver aqu\u00ed un rastro de la creencia e el destino propio de los pa\u00edses musulmanes?<\/p>\n<p>Los relatos de cautividades llevan a menudo la marca de esta doctrina.<\/p>\n<p>\u00abSi mueren esclavos, escribe el se\u00f1or Mouette, no nos preocupa mucho. Los que tienen a los cautivos a cargo les basta con decir al cabo del a\u00f1o: se han muero tantos. Y el rey lo mismo que los s\u00fabditos creyendo en el destino sostienen que ellos no pod\u00edan vivir m\u00e1s, cualesquiera sean los cuidados que se hubieran podido emplear y que por eso es una locura afligirse por si muerte\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfY c\u00f3mo se detendr\u00e1 Vicente en tan hermoso camino?<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de recordar la objeci\u00f3n del destino, precisa de una respuesta. La dar\u00e1 en su carta. De donde las dos explicaciones que siguen y que se creer\u00edan salidas de los labios de un profesor de filosof\u00eda escol\u00e1stica:<\/p>\n<p>\u00ab1\u00ba no es porque Dios hubiera contado los d\u00edas del hombre -que ha muerto- sino el n\u00famero ha sido contado ante Dios porque as\u00ed ha sucedido.<\/p>\n<p>2\u00ba No muri\u00f3 cuando muri\u00f3 porque as\u00ed lo hab\u00eda previsto Dios, y el n\u00famero de sus d\u00edas ha sido conocido como tal, porque muri\u00f3 cuando muri\u00f3\u00bb.<\/p>\n<p>La intenci\u00f3n del joven sacerdote es muy evidente. Quiere vengar a Dios de la falsa doctrina del destino ciego. \u00bfEn qu\u00e9 doctrina se apoya para explicar a su corresponsal que la ciencia de Dios es independiente de los acontecimientos y no los produce?<\/p>\n<p>Sus argumentos pueden haber sido tomados del arsenal de los escol\u00e1sticos. Pueden salir de las explicaciones dadas por los te\u00f3logos musulmanes.<\/p>\n<p>En el primer caso, Vicente se referir\u00eda f\u00e1cilmente a sus estudios de la Universidad de Toulouse, tan bruscamente interrumpidos dos a\u00f1os antes por la captura en el mar.<\/p>\n<p>En el segundo caso, el joven sacerdote recordar\u00eda el resultado de sus observaciones, durante su estancia en el pa\u00eds del Islam, quiz\u00e1s fruto de sus discusiones con el sabio viejo que fue su amo, o tambi\u00e9n el eco de sus conferencias \u00edntimas con el renegado convertido. Esta explicaci\u00f3n musulmana estar\u00eda en estrecha relaci\u00f3n con la objeci\u00f3n que precede y l\u00f3gicamente unida a su pasado inmediato, ya que en el momento en que la escrib\u00eda, no hac\u00eda m\u00e1s que tres semanas que hab\u00eda desembarcado en Aiguesmortes.<\/p>\n<p>En el estado actual de la cuesti\u00f3n, no parece posible pronunciarse definitivamente.<\/p>\n<p>2. <em>El alquimista.<\/em><\/p>\n<p>El m\u00e9dico espag\u00edrico, en cuya casa pas\u00f3 Vicente el tiempo que transcurri\u00f3 entre\u00a0 el mes de agosto de 1605 y el mes de julio de 1606, se hab\u00eda entregado a la b\u00fasqueda de la piedra filosofal durante cincuenta a\u00f1os sin poder alcanzarlo.<\/p>\n<p>Era pues a la vez, seg\u00fan se advert\u00eda anteriormente, m\u00e9dico espag\u00edrico y <em>alquimista. <\/em>La alquimia era la pretendida ciencia de cambiar\u00a0 los metales en oro. Se llamaba <em>piedra filosofal <\/em>la ciencia de los alquimistas. El nombre de piedra ven\u00eda de que el polvo maravilloso buscado por los adeptos pod\u00eda, seg\u00fan se dec\u00eda, petrificarse y formar una masa compacta, una piedra. Se la llamaba filosofal porque los fil\u00f3sofos del tiempo los alquimistas persegu\u00edan desde hac\u00eda muchos a\u00f1os su b\u00fasqueda. Como no se la pod\u00eda descubrir, se sirvieron de esta expresi\u00f3n para designar una b\u00fasqueda imposible.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de hacer oro, los alquimistas se atribu\u00edan el poder de dar a las piedras preciosa el grado de perfecci\u00f3n que les faltaba.<\/p>\n<p>Otra vez una nota de autenticidad que se halla en la carta de Vicente, anunciando al sr de Comet el env\u00edo de una piedra preciosa tallada por la naturaleza en punta de diamante.<\/p>\n<p>Hab\u00eda debido procur\u00e1rsela durante su estancia con el m\u00e9dico alquimista que las trabajaba, las rallaba y las pul\u00eda.<\/p>\n<p>Vicente ha podido recibir las dos piedras de las que habla como un legado de su amo, cuando \u00e9ste tuvo que dejar T\u00fanez para ir ante el sult\u00e1n o tambi\u00e9n ha podido dedicar a esta adquisici\u00f3n alguna de las econom\u00edas realizadas al servicio de este amo tan tratable.<\/p>\n<p>Vicente declara con toda seriedad que \u00e9ste no lleg\u00f3 nunca a encontrar el secreto de hacer oro -sea que se lo haya confesado, sea que Vicente no lo haya constatado nunca; pero nos asegura, por otra parte, de dos cosas que parece atestiguar bajo la fe del juramento.<\/p>\n<p>Con oro y plata hac\u00eda una aleaci\u00f3n cuyo resultado final parec\u00eda oro verdadero.<\/p>\n<p>Y adem\u00e1s, con mercurio l\u00edquido que trabajaba a su modo, fabricaba verdadera plata que vend\u00eda para darles a los pobres.<\/p>\n<p>No parece que se pueda poner en duda el testimonio de Vicente. Estaba bastante informado, era bastante perspicaz para seguir de cerca los trabajos de su amo que ocurr\u00eda ante sus ojos, que se realizaban con su colaboraci\u00f3n, estando al cuidado del fuego de los hornos y siguiendo atentamente todas las fases de esta operaci\u00f3n <em>sui generis.<\/em> Por otro lado, hallamos, en la historia, testimonios concordantes en todo sobre la plata alqu\u00edmica.<\/p>\n<p>El mismo a\u00f1o de 1705, en una carta de Enrique IV a la reina, fecha del 19 de octubre, se lee esta confesi\u00f3n caracter\u00edstica: \u00abBeringhen ha llegado aqu\u00ed con su <em>hacedor de plata\u00bb<\/em>. Otro testimonio m\u00e1s tard\u00edo nos le da un amigo de san Vicente, Deslyons, decano y te\u00f3logo de Senlis. Escribe en su <em>Journal, <\/em>con fecha del mes de agosto de 1663: \u00abEl abate Aubery, m\u00e9dico qu\u00edmico, me ha dicho&#8230; que el Padre L\u00e9on, carmelita, es de sus \u00edntimos, que amasa plata en sus trabajos de alquimista), que lleva al generalato de su orden, y que su \u00faltimo viaje a Roma era para eso\u00bb.<\/p>\n<p>No se han hallado textos equivalentes y positivos para las aleaciones de oro de que habla Vicente.<\/p>\n<p>Sin embargo en la edad media y en los siglos que siguieron una dificultad confundi\u00f3 por mucho tiempo a los moralistas y a los jurisconsultos, a saber: si el oro alqu\u00edmico pose\u00eda todas las propiedades secretas del oro natural.<\/p>\n<p>Santo Tom\u00e1s de Aquino en la <em>Suma de Teologia, <\/em>se hace con claridad la pregunta:<\/p>\n<p>\u00bb \u00bfSe puede l\u00edcitamente vender plata u oro obtenidos\u00a0 por el trabajo de alquimia como verdadera plata y verdadero oro?\u00bb Responde:<\/p>\n<p>\u00abSi la plata o el oro salidos del crisol de los alquimistas no tienen la sustancia verdadera de la plata y del oro naturales, su venta es fraudulenta e injusta&#8230;<\/p>\n<p>Pero si la alquimia llegara a hacer oro verdadero, no ser\u00eda il\u00edcito venderlo como tal, ya que nada proh\u00edbe a un artesano servirse de causas naturales para producir efectos verdaderos y conformes a la naturaleza\u00bb.<\/p>\n<p>Numerosos contempor\u00e1neos de san Vicente se entregaron a las investigaciones de la piedra filosofal. En cuanto a algunos, sus bi\u00f3grafos han registrado su recuerdo. Pero habr\u00e1 que establecer siempre una gran diferencia los estudios libres y espont\u00e1neos de estos sacerdotes, religiosos y laicos y aquellos a los que san Vicente asist\u00eda por fuerza a t\u00edtulo de esclavo.<\/p>\n<p>El Padre de Condren, primer superior general del Oratorio y sucesor del cardenal de B\u00e9rulle, antes de entrar en las \u00f3rdenes, hab\u00eda escrito varios tratados sobre los secretos de la naturaleza.<\/p>\n<p>Desde su juventud, nos cuenta el bi\u00f3grafo de este gran amigo de san Vicente, \u00abaprendi\u00f3 por la sola conferencia\u00a0 con un excelente hombre de sus padres el arte y los secretos de la qu\u00edmica y se perfeccion\u00f3 en \u00e9l de tal manera con el tiempo mediante la relaci\u00f3n que sostuvo con diversas personas muy curiosas que le requer\u00edan que sin haber puesto la mano en el carb\u00f3n ni en los hornos, conoci\u00f3 a las mayores rarezas de esta filosof\u00eda. Le o\u00ed decir que si la piedra filosofal fuera posible, \u00e9l cre\u00eda saber el modo de hacerla&#8230; Le pregunt\u00e9 ri\u00e9ndome por qu\u00e9 pues no la hac\u00eda. A lo que respondi\u00f3 cosas dignas de su piedad y de su esp\u00edritu. Que si era factible, infaliblemente Adam lo hubiera sabido; pero que \u00e9l hab\u00eda preferido hacer penitencia durante el espacio de\u00a0 930 a\u00f1os&#8230; Yo creo, dec\u00eda, que, si no se trata de una pura imaginaci\u00f3n, Salom\u00f3n no la ignor\u00f3\u00bb.<\/p>\n<p>Fue al Padre de Condren a quien se dirigi\u00f3 el cardenal de Richelieu para tener una <em>memoria <\/em>sobre la <em>astrolog\u00eda, <\/em>como se lo dijo \u00e9l mismo en el prefacio de su libro sobre el mismo tema, publicado en sus <em>Oeuvres:<\/em><\/p>\n<p>\u00abMonse\u00f1or, el respeto que debo a Vuestra Eminencia me hace pasar por encima la intenci\u00f3n que siempre hab\u00eda tenido de no escribir nunca sobre la astrolog\u00eda; bien a causa de que esta ciencia es sospechosa ordinariamente a las personas de piedad, visto el abuso que muchos hacen de ella mezcl\u00e1ndola con curiosidades il\u00edcitas, bien porque necesitar\u00eda instruirme en ella m\u00e1s para tratarla a fondo, no habiendo pensado en ella desde la edad de diecinueve a\u00f1os en que entabl\u00e9 conocimiento, estudiando matem\u00e1ticas\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abEl Padre Des Mars, escribe Deslyons en su <em>Journal,<\/em> cuenta lo mismo del Padre de Condren que tambi\u00e9n se lo hab\u00eda dicho a \u00e9l mismo\u00bb.<\/p>\n<p>El sr. De Renty, el gran laico piadoso de la primera mitad del siglo XVII, se entreg\u00f3 tambi\u00e9n a la b\u00fasqueda de la piedra filosofal: \u00abEl sr de Liancourt, asegura Deslyons, me dijo que el sr de Renty presum\u00eda \u00e9l mismo de conocer el secreto para hacer oro, y que lo hab\u00eda hecho una o dos veces, pero que no se quer\u00eda servir de \u00e9l\u00a0 para ense\u00f1\u00e1rselo a los otros\u00bb. Este mismo Deslyons escribe adem\u00e1s \u00abque el abate Aubery, m\u00e9dico alquimista, dos capuchinos, religiosos folletinistas, y el Padre L\u00e9on, carmelita, buscan como \u00e9l la piedra filosofal\u00bb.<\/p>\n<p>En el siglo XVII, la ciudad de Par\u00eds pose\u00eda una cifra respetable de adeptos de la piedra filosofal. La cosa deb\u00eda ser bastante conocida para que haya podido ser consignada en la carta de un Siciliano a un amigo suyo de Italia, haci\u00e9ndole la descripci\u00f3n de la capital de Francia, el a\u00f1o 1692.<\/p>\n<p>\u00abHe o\u00eddo decir, escribe, que los alquimistas est\u00e1n aqu\u00ed en tan gran n\u00famero como los cocineros; pero no sacan de su arte m\u00e1s que conocimientos in\u00fatiles. Se cuentan hasta cinco o seis mil, que se sentir\u00e1n bastante fracasados por no recibir de sus trabajos y su asiduidad m\u00e1s que humo, recompensa ordinaria que da a sus adherentes un arte rico en esperanzas, liberal en promesas e ingenioso por el trabajo y la fatiga, cuyo comienzo es mentir, el medio de trabajar y el final de pedir limosna\u00bb.<\/p>\n<p>Los reyes y los pr\u00edncipes tuvieron sobre todo el privilegio de mandar trabajar por su cuenta en la investigaci\u00f3n de la piedra filosofal. S\u00f3lo ellos en efecto ten\u00edan las facilidades de aguantar\u00a0 los grandes gastos que requer\u00edan estos experimentos. Ten\u00edan tambi\u00e9n el mayor inter\u00e9s en beneficiarse de sus felices resultados. Trataron a menudo de llenar por este medio sus cofres, vac\u00edos por los gastos guerreros.<\/p>\n<p>En Alemania, en Inglaterra, en Espa\u00f1a, en Portugal encontramos, del siglo XV al XVII, a numerosos pr\u00edncipes ocupados en la pr\u00e1ctica de la transmutaci\u00f3n de los metales en oro, o\u00a0 la composici\u00f3n de libros de alquimia.<\/p>\n<p>En Francia, el mismo esp\u00edritu rein\u00f3 entre nuestros reyes en los siglos XVI y XVII.<\/p>\n<p>En 1616, la reina Mar\u00eda de M\u00e9dicis don\u00f3 a Guy de Crusembourg 20 000 escudos para trabajar en la Bastilla en hacer oro. Pero \u00e9ste se evadi\u00f3 al cabo de tres meses con los 20 000 escudos y no volvi\u00f3 a aparecer.<\/p>\n<p>Esta misma reina, en la \u00e9poca de su exilio, guard\u00f3 siempre consigo a un mago nombrado Fabroni. Luis XIII, su hijo, no permiti\u00f3 a su madre regresar a la Corte m\u00e1s que con la condici\u00f3n de que le entregara a Fabroni quien hab\u00eda predicho temerariamente la muerte pr\u00f3xima del rey.<\/p>\n<p>Bajo Luis XIV hab\u00eda tambi\u00e9n muchos astr\u00f3logos o echadores de hor\u00f3scopos.<\/p>\n<p>La Fontaine los ridiculiza con finura y les indica su despido, en la f\u00e1bula de <em>el Astr\u00f3logo que se deja tirar a un pozo: <\/em><\/p>\n<p>Charlatanes, fabricadores de hor\u00f3scopo,<\/p>\n<p>Abandonad las Cortes de los pr\u00edncipes de Europa:<\/p>\n<p>Llevaos con vosotros a los sopladores&#8230; (alquimistas).<\/p>\n<p>Cuando el sr de Argenson fue nombrado lugarteniente de polic\u00eda de Par\u00eds, puso por obra toda su vigilancia para purgar a la capital de estos impostores.<\/p>\n<p>Durante este tiempo&#8230; a imitaci\u00f3n del sult\u00e1n de Constantinopla que hab\u00eda reclamado al patr\u00f3n de Vicente por la reputaci\u00f3n que se hab\u00eda hecho en T\u00fanez y por las informaciones de sus indicadores, para que fuera a trabajar a su cuenta cerca de \u00e9l -, Luis XIV daba \u00f3rdenes para dirigir en Par\u00eds a todos los alquimistas de Francia cuyo renombre se conoc\u00eda.<\/p>\n<p>As\u00ed, a finales del siglo XVII se encuentra una larga correspondencia entre Luis XIV y el intendente de la marina de Rochefort, Arnoul, con motivo de un capuchino alquimista del convento de La Rochelle, que hab\u00eda obtenido buenos resultados. Se le manda venir a Par\u00eds en el mayor secreto, y trabaja a los ojos del rey y sus expensas.<\/p>\n<p>La intenci\u00f3n del rey de aprovecharse del trabajo de los alquimistas debe ser conocida: existen muchos textos reveladores en este asunto. Informadores se\u00f1alan de diversas partes, a los ministros de Luis XIV, todos los buenos asuntos que se presentan.<\/p>\n<p>En los papeles del canciller S\u00e9guier se halla este papel: <em>Viso sobre la disoluci\u00f3n del oro, <\/em>1654.<\/p>\n<p>\u00abUn gentilhombre de Metz, hijo del antiguo gobernador de Moyenvc, cuyo esp\u00edritu parece m\u00e1s simple que maligno se ofrece a hacer ante Vuestra Ilustr\u00edsima la disoluci\u00f3n del oro. Haci\u00e9ndolo as\u00ed potable, a tomarlo \u00e9l mismo tantas veces como se quiera para demostrarlo y luego, a descubrir su secreto.<\/p>\n<p>No le falta, seg\u00fan el estilo, prometer tambi\u00e9n la gran obra. No tengo la comunicaci\u00f3n de este hombre m\u00e1s que hace un mes; y tambi\u00e9n en una ocasi\u00f3n parecida a la de Du Bois\u00bb.<\/p>\n<p>Un corresponsal de Colbert le escribe la carta siguiente, mucho m\u00e1s expl\u00edcita si se puede:<\/p>\n<p>\u00abDe Noyon, este 12\u00ba de agosto e 1664. Monse\u00f1or, me tomo la libertad de haceros saber que esta semana o la otra, debe llegar a Par\u00eds por la puerta Saint-Martin un tal nombrado Belbrune, cirujano, operador en su oficio, quien me ha dicho haber hallado el medio de hacer cambiar el esta\u00f1o en plata y el cobre en oro. A la verdad, ha hecho la experiencia ante algunos amigos m\u00edos. Si hubiera medio de aprehenderle, enriquecer\u00eda a Su Majestad. Con el fin de que se le pueda reconocer, os dir\u00e9 que tiene un caballo gris, bastante alto, que lleva sacos de cobre de piel roja de un pie y medio de largo en el trasero de la silla. En cuanto a \u00e9l, tiene la cara bastante gorda, el pelo acasta\u00f1ado, un sombrero de borde recortado, un abrigo gris blanco, un jub\u00f3n muy casta\u00f1o con una ringrave de tela bastante usada. Lleva una corbata blanca alrededor del cuello y su habla no es fuerte. En caso de que le hag\u00e1is aprehender, os suplico tener cuidado de su mujer y de sus hijos, y obligarle a trabajar, porque \u00e9l ha dicho que si fuera hecho preso, no contar\u00eda su secreto m\u00e1s que por la fuerza.<\/p>\n<p>Soy, Se\u00f1or, vuestro muy humilde y muy obediente servidor.<\/p>\n<p>Louvet\u00bb.<\/p>\n<p>En el procedo de beatificaci\u00f3n del venerable servidor de Dios, Vicente de Pa\u00fal, el promotor de la fe, el cardenal Pr\u00f3spero Lambertini, el futuro Benedicto XIV, no dej\u00f3 de objetar contra la heroicidad de las virtudes sus estudios de alquimia y el uso de los secretos aprendidos en Berber\u00eda que \u00e9l hab\u00eda comunicado a Mons. Montorio, el vice-legado de Avi\u00f1\u00f3n, con el fin de obtener de ello alg\u00fan beneficio eclesi\u00e1stico. Lo que Vicente escribe de propia pluma en su primera carta parece claramente traicionarle en este punto. Hablando de Mons\u00ed Pierre Montorio:<\/p>\n<p>\u00abMe hace este honor, dice, de quererme mucho y acariciarme, por algunos secretos de alquimia que le he ense\u00f1ado, a los que da tanta importancia como si\u00a0 <em>io gli avessi dato un monte di oro<\/em> , pues \u00e9l ha trabajado en ello todo el tiempo de su vida y no aspira a otro contento. Mi dicho se\u00f1or, sabiendo que soy hombre de Iglesia, me ha mandado que env\u00ede a pedir las cartas de mis \u00f3rdenes, asegur\u00e1ndome favorecerme y proveer de un beneficio\u00bb.<\/p>\n<p>Esta es la confesi\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero, la alquimia es il\u00edcita y todos sus adeptos est\u00e1n condenados.<\/p>\n<p>Y lejos de poderse servir de sus secretos para obtener beneficios de la Iglesia, Juan XXII declara, en la bula <em>Spondent pariter, <\/em>que los cl\u00e9rigos que practican esta ciencia est\u00e1n privados de sus propios beneficios y se vuelven inh\u00e1biles para poseer otros.<\/p>\n<p>-Pero, se respondi\u00f3 a esta objeci\u00f3n, Vicente no cay\u00f3 nunca bajo el golpe de esta condena. Ya que hay que distinguir una doble alquimia, una verdadera, l\u00edcita y recomendable; la otra falsa condenable y condenada.<\/p>\n<p>La primera consiste en disolver los cuerpos naturales hasta los primeros principios. Por este medio han adquirido los f\u00edsicos un gran conocimiento de la naturaleza de los cuerpos, sobre todo en cuanto concierne a las aleaciones de los metales. H\u00e9 ah\u00ed por qu\u00e9 hay m\u00e9dicos que se llaman todav\u00eda hoy <em>alquimistas, destiladores <\/em>o <em>espag\u00edricos.<\/em><\/p>\n<p>La segunda por el contrario es practicada por charlatanes y so\u00f1adores, por avaros sedientos de oro, sea porque buscan la piedra filosofal, como ellos la llaman, sea porque afirman haberla encontrado. Pues bien, as\u00ed entendida, hay que evitar esta alquimia como la peste&#8230;<\/p>\n<p>es un mal interior que consume, que roe, que perturba, que quita todo descanso.<\/p>\n<p>No hablamos de las enfermedades que el humo, los malos vapores, las exhalaciones de las destilaciones provocan, ni de la locura de los gastos y de las notas de infamia que acompa\u00f1an de ordinario a los buscadores de oro.<\/p>\n<p>Esta alquimia, se debe confesar, est\u00e1 prohibida como infame y todos los autores la condenan.<\/p>\n<p>Pero, como sucede con los poetas y los m\u00fasicos, no se puede juzgar aqu\u00ed por los abusos que cometen los buscadores de oro y los so\u00f1adores.<\/p>\n<p>Vicente no practic\u00f3 nunca este arte prohibido.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el total de su carta, Vicente se dedic\u00f3 a la alquimia l\u00edcita y permitida y rechaz\u00f3 la falsa. Estudi\u00f3 la naturaleza de los cuerpos, hizo aleaciones de metales, conoci\u00f3 la medicina espag\u00edrica, prepar\u00f3 y administr\u00f3 ciertos remedios.<\/p>\n<p>Afirma no creer en el descubrimiento de la piedra filosofal ni en sus vanas b\u00fasquedas.<\/p>\n<p>Si el vice-legado le tuvo afecto fue sobre todo por traer a la fe y a la penitencia al renegado, su amo; por haberle ense\u00f1ado algunos secretos de las ciencias naturales y no cosas ocultas de una ciencia m\u00e1gica o herm\u00e9tica.<\/p>\n<p>3. <em>El f\u00edsico.<\/em><\/p>\n<p>Entre las bonitas cosas curiosas que el joven Vicente hab\u00eda aprendido durante su esclavitud del viejo turco, su amo, pone en primera l\u00ednea \u00abel comienzo, no la total perfecci\u00f3n del espejo de Arqu\u00edmedes\u00bb.<\/p>\n<p>El m\u00e9dico espag\u00edrico era pues, aparte de ello, un hombre de ciencia, un f\u00edsico. Hac\u00eda experimentos diversos y con espejos trataba de realizar, de construir lo que se ha llamado el espejo de Arqu\u00edmedes, un conjunto de espejos ardientes cuyos hornos conjugados a cierta distancia -unos cincuenta metros, por ejemplo- pod\u00edan encender materias inflamables.<\/p>\n<p>El joven esclavo participaba en esta clase de trabajos. Su cultura general le permit\u00eda comprender perfectamente la teor\u00eda, y colaborar activamente en la pr\u00e1ctica en la construcci\u00f3n y disposici\u00f3n de los espejos. Y como estaba dotado de una feliz memoria, una vez libre, pod\u00eda rehacer a capricho el experimento. Es lo que hab\u00eda mostrado en Roma al Mons Montorio, aquello de lo que \u00e9l se sent\u00eda muy orgulloso. A su vez, \u00e9l hac\u00eda demostraciones con ello en su vecindario y ante los grandes personajes de la ciudad eterna.<\/p>\n<p>Cuando Vicente dijo: \u00abel comienzo, no la perfecci\u00f3n total\u00bb, se debe admitir que quiere hablar del principio experimentador para corta distancia, ya que para alcanzar distancias considerables como 50 metros y 100 metros, ser\u00eda preciso disponer de espejos tan numerosos o de esferas tan grandes que su construcci\u00f3n estar\u00eda llena de dificultades.<\/p>\n<p>Arqu\u00edmedes, ilustre ge\u00f3metra de la antig\u00fcedad, naci\u00f3 en Siracusa el a\u00f1o 287 antes de J.-C. a \u00e9l se debe el descubrimiento de grandes principios de f\u00edsica, de numerosos inventos mec\u00e1nicos. De pretende que hab\u00eda encontrado, con la ayuda de espejos ardientes, reflejando y concentrando la luz solar, el medio de incendiar a distancia los barcos enemigos. Mantuvo as\u00ed durante tres a\u00f1os en jaque a los Romanos que sitiaban Siracusa.<\/p>\n<p>Tomada la ciudad, Marcellus, general romano, dio \u00f3rdenes de que se perdonara al gran hombre; pero \u00e9ste, absorto en la b\u00fasqueda de un problema, no se enter\u00f3 de la captura de la ciudad y fue muerto por un soldado que, al no conocerle, se irrit\u00f3 al no poder conseguir de \u00e9l ninguna respuesta (212 a. J. C.)<\/p>\n<p>Varios sabios han tratado, despu\u00e9s de Arqu\u00edmedes, de resolver el mismo problema.<\/p>\n<p>No se citar\u00e1n aqu\u00ed m\u00e1s que los experimentos de la primavera de 1747, hechos por Buffon, el gran naturalista franc\u00e9s, que dieron resultados positivos.<\/p>\n<p>\u00abAs\u00ed, el 23 de marzo, a mediod\u00eda, escribe, pegu\u00e9 fuego a 66 pies de distancia (22 metros) a una plancha de haya alquitranada, con cuarenta espejos tan s\u00f3lo, es decir como la cuarta (parte) del espejo.<\/p>\n<p>El mismo d\u00eda encend\u00ed una plancha alquitranada y azufrada, a 126 pies de distancia (42 metros) con 98 espejos&#8230;<\/p>\n<p>El 5 de abril, a las tres de la tarde, con un sol d\u00e9bil, se inflamaron a 150 pies de distancia (50 metros) de las copas de abeto azufradas y mezcladas de carb\u00f3n, en menos de un minuto y medio con 154 espejos. Cuando el sol es vivo, no hacen falta m\u00e1s que unos segundos para producir la inflamaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Creo poder asegurar que con cuatro espejos parecidos se quemar\u00eda a 400 pies (133 metros) y tal vez m\u00e1s lejos\u00bb.<\/p>\n<p>Desde Buffon, los sabios han renovado las experiencias, y \u00e9stas han evolucionado de manera que el problema ha cambiado de cara. Ya no se trata hoy de producir inflamaci\u00f3n a distancia, sino simplemente de utilizar a nivel industrial el calor irradiado por el sol.<\/p>\n<p>Acabaremos estas anotaciones con la explicaci\u00f3n, tan simple como posible, del principio mismo de f\u00edsica que aplicaban el viejo sabio y su joven esclavo para construir \u00abel comienzo no la total perfecci\u00f3n del espejo de Arqu\u00edmedes\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLa luz que nos llega del sol est\u00e1 constituida por rayos luminosos que se asimilan a l\u00edneas rectas y que parten de casi todos los puntos de la superficie del sol. Dada la distancia enorme que separa la tierra del sol, se considera que todos los rayos que nos llegan son paralelos.<\/p>\n<p>Si pues se expone al sol un objeto peque\u00f1o (un trozo de madera, una hoja de papel por ejemplo), \u00e9ste no recibir\u00e1 m\u00e1s que un n\u00famero de rayos relativamente reducido, y estos rayos no ser\u00e1n suficientes cantidad para elevar su temperatura a un grado notablemente superior al de la temperatura exterior. Si se quiere multiplicar el efecto por 2, bastar\u00e1 con disponer un espejo plano de tal modo que el haz luminoso desviado por este espejo encuentre al objeto peque\u00f1o sometido al experimento. Se constata f\u00e1cilmente que el efecto observado se dobla, pudiendo los rayos cruzarse en el espacio sin destruirse ni estorbarse.<\/p>\n<p>Pero como un espejo plano transforma el haz paralelo en un segundo haz paralelo, no se puede con un solo espejo plano multiplicar el efecto producido por m\u00e1s de 2. Si se quiere multiplicar el efecto por 3, 4, etc., habr\u00e1 que disponer de 2, 3, etc., espejos planos. Har\u00e1 falta adem\u00e1s que estos espejos planos no se estorben mutuamente, es decir que uno de ellos no intercepte la luz destinada a otro. Llegamos as\u00ed a disponerlos uno al lado del otro y a darles dimensiones cada vez m\u00e1s peque\u00f1as. Se llega por fin a un gran espejo que tiene en l\u00edneas generales la forma de un solideo esf\u00e9rico.<\/p>\n<p>En el problema de la transformaci\u00f3n de un haz de rayos paralelos en haz que pasa por un <em>punto \u00fanico, <\/em>se encuentra que el espejo utilizado deber\u00e1 tener una superficie reflectora cuya forma no se puede definir m\u00e1s que matem\u00e1ticamente. Sin embargo, se construyen tales espejos para los grandes telescopios de observatorio;\u00a0 concentran la luz recibida en un punto que se puede encontrar a varios metros de ellos.<\/p>\n<p>Si uno quiere contentarse con un espejo que s\u00f3lo tenga unos cent\u00edmetros de abertura, bastar\u00e1 con tomar un solideo esf\u00e9rico, har\u00e1 pasar todos los rayos reflejados recibidos por un punto \u00fanico F que se halla a igual distancia entre este solideo esf\u00e9rico y el centro de la esfera.<\/p>\n<p>Si se aumenta el di\u00e1metro de abertura de esta esfera, los rayos luminosos no pasar\u00e1n ya por un punto \u00fanico, sino que atravesar\u00e1n un peque\u00f1o espacio situado alrededor de este punto, \u00a0espacio que crecer\u00e1 al propio tiempo que el di\u00e1metro de la abertura.<\/p>\n<p>Para el caso que nos ocupa: concentraci\u00f3n de un haz solar con efecto de calentamiento de un peque\u00f1o objeto, se puede aumentar el di\u00e1metro de abertura hasta algunos metros.<\/p>\n<p>Para transformar el haz paralelo recibido en haz conc\u00e9ntrico, existe igualmente otra soluci\u00f3n: consiste en utilizar lentes convergentes. En estos aparatos la luz atraviesa el vidrio en lugar de reflejarse en la superficie: por ello, conviene que la masa de vidrio utilizada sea bien homog\u00e9nea, lo que no era necesario para el espejo; de donde aumento de dificultades. La lente m\u00e1s gruesa que se ha podido construir en la hora actual se utiliza en el observatorio americano; mide tan s\u00f3lo 50 cm de di\u00e1metro de abertura.<\/p>\n<p>Es de notar que para los espejos no es siquiera necesario tener vidrio; se construyen muy buenos espejos de metal; en particular de bronce\u00bb.<\/p>\n<p>San Vicente de Pa\u00fal conserv\u00f3 toda su vida un gusto pronunciado por el conocimiento de los secretos de la naturaleza y en particular de la astronom\u00eda. En varias ocasiones en sus instrucciones familiares sea a sus hijos, sea a sus hijas, toma por t\u00e9rmino de comparaci\u00f3n la marcha del sol alrededor de la tierra.<\/p>\n<p>Su ciencia como su fe le hacen rechazar las ideas supersticiosas que corr\u00edan en su tiempo sobre la influencia maligna de los eclipses. Consultaba en caso de necesidad a los astr\u00f3nomos y controlaba sus pensamientos con los de ellos. Su correspondencia comprende una carta muy curiosa sobre la cuesti\u00f3n. Ten\u00eda que tranquilizar al sr Ozenne, superior de Varsovia, quien le hab\u00eda manifestado sus temores a prop\u00f3sito de un eclipse de sol anunciado en Polonia con posibilidad de tener funestas consecuencias. Le escribe pues con su sabidur\u00eda acostumbrada:<\/p>\n<p>\u00abPar\u00eds, 11 de septiembre de 1654.<\/p>\n<p>&#8230;Nuestros astr\u00f3logos de ac\u00e1 aseguran al pueblo que no se ha de temer nada por parte del eclipse. He visto al Se\u00f1or Cassandieu, quien es uno de los m\u00e1s sabios y experimentados del tiempo, que se burla de todo lo que se hecho temer y da muy pertinentes razones para ello, como entre otras \u00e9sta, que necesariamente ocurre un eclipse de sol cada seis meses, ya en nuestro hemisferio o ya en el otro, a causa del encuentro del sol y de la luna en la l\u00ednea ecl\u00edptica, y que, si el eclipse tuviera esta malignidad que usted me se\u00f1ala por los malos efectos que se nos anuncian, ver\u00edamos m\u00e1s a menudo el hambre, la peste y las dem\u00e1s plagas de Dios sobre la tierra. Dice adem\u00e1s que si la privaci\u00f3n de la luz del sol que viene de la interposici\u00f3n de la luna entre nosotros y el sol, produjera este mal efecto a causa de la suspensi\u00f3n de las benignas influencias del sol sobre la tierra, se derivar\u00eda que la privaci\u00f3n de la luz del mismo sol durante la noche producir\u00eda efectos m\u00e1s malignos a causa de que esta privaci\u00f3n dura mucho m\u00e1s tiempo y que el cuerpo de la tierra es como un tercio m\u00e1s denso que el de la luna; se derivar\u00eda que este eclipse que se tiene por la noche ser\u00eda m\u00e1s peligroso que el que sucedi\u00f3 el 12 de agosto de este a\u00f1o; e infiere por ah\u00ed con raz\u00f3n que no se ha de temer este eclipse; y, en efecto, pienso que las cabezas sabias en astrolog\u00eda no se complican lo m\u00e1s m\u00ednimo, y mucho menos los que est\u00e1n instruidos en la escuela de Jesucristo, que saben que el hombre prudente <em>dominabitur astris\u00bb. <\/em><\/p>\n<p>No estamos acostumbrados a hallar en las biograf\u00edas del Santo a un Vicente de Pa\u00fal ocupado en los secretos de las ciencias de la naturaleza. \u00bfNo se podr\u00eda sostener -como se har\u00e1 m\u00e1s adelante con el asunto de las\u00a0 cuestiones m\u00e9dicas- que este gusto naci\u00f3 en \u00e9l el a\u00f1o que pas\u00f3 en T\u00fanez con el f\u00edsico alquimista, su amo?<\/p>\n<p>4. <em>El charlat\u00e1n<\/em><\/p>\n<p>M\u00e9dico, alquimista, f\u00edsico, el viejo, patr\u00f3n de Vicente, era tambi\u00e9n charlat\u00e1n. No se contentaba con hacer consultas m\u00e9dicas y con administrar remedios, con trabajar en la busca de la piedra filosofal, en construir instrumentos de dioptr\u00eda; hac\u00eda tambi\u00e9n demostraciones p\u00fablicas que se pueden achacar al charlatanismo o a la magia blanca.<\/p>\n<p>\u00abHab\u00eda inventado, dice Vicente de Pa\u00fal, un resorte artificial para hacer hablar a una cabeza de muerto, de la que este miserable se serv\u00eda para seducir a la gente, dici\u00e9ndoles que su dios Mahoma le hac\u00eda o\u00edr su voluntad por medio de esta cabeza\u00bb.<\/p>\n<p>La magia blanca -en oposici\u00f3n a la magia negra que es la evocaci\u00f3n de los demonios- es el arte de producir ciertos efectos maravillosos en apariencia, debidos en realidad a causas naturales, gracias a conocimientos extendidos de f\u00edsica, este sabio anciano hab\u00eda logrado construir un resorte de la especie de un mecanismo de relojer\u00eda que, montado a voluntad, pod\u00eda hacer o\u00edr sonidos -como nuestras cajas de m\u00fasica modernas- o el ruido de una voz mediante tubos de aire.<\/p>\n<p>Y el h\u00e1bil esclavo, atento al trabajo d su amo, se hab\u00eda llevado f\u00e1cilmente la f\u00f3rmula en su memoria.<\/p>\n<p>Se puso, en Roma, a reproducir este mecanismo complicado. Se lo dio a conocer a Mons Montorio que se qued\u00f3 encantado de admiraci\u00f3n y que deseaba guardarse el monopolio.<\/p>\n<p>\u00abEst\u00e1 tan orgulloso de ello, a\u00f1ade ingenuamente Vicente, que no quiere que me pare a hablar con nadie, por el miedo que siente de que yo lo ense\u00f1e, deseando tener \u00e9l solo la reputaci\u00f3n de saber estas cosas, las cuales se enorgullece de mostr\u00e1rselas a Su Santidad y a los cardenales\u00bb.<\/p>\n<p>El charlatanismo es de todos los pa\u00edses y de todas las \u00e9pocas; es sobre todo en los campos retrasados y entre los pueblos ignorantes donde se ha desarrollado. Si no se ven ya equipos sonoros y abigarrados en que el charlat\u00e1n, en un traje de otro tiempo, da a conocer su procedimiento para sacar los dientes o su ung\u00fcento para curar las heridas, se encuentra en las esquinas de\u00a0 de las calles de nuestros ciudades a hombres y mujeres del pueblo que hacen su <em>charla <\/em>para vender la mercanc\u00eda. Existen tambi\u00e9n los curanderos -adivinos o visionarios- por las fuerzas preternaturales.<\/p>\n<p>El viejo m\u00e9dico pod\u00eda hacer algo parecido, cuando pretend\u00eda seducir a sus oyentes, transmitiendo las \u00f3rdenes de lo alto; pero empleaba en ello su cabeza de muerto parlante, de su invenci\u00f3n, y esto era algo nuevo.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de los siglos se pueden seguir los esfuerzos de los sabios para componer <em>aut\u00f3matas, <\/em>o <em>androides, <\/em>especies de personajes mec\u00e1nicos, de funciones diversas.<\/p>\n<p>Alberto el Magno, seg\u00fan ciertos autores, habr\u00eda trabajado treinta a\u00f1os en\u00a0 construir \u00abpor medio de cierta combinaci\u00f3n de resortes\u00bb un personaje capaz de ejecutar movimientos y de proferir palabras.<\/p>\n<p>Roger Bacon, \u00e9l, habr\u00eda creado una cabeza de esta\u00f1o que hablaba y que incluso ten\u00eda el don de profetizar. Se cree que no era m\u00e1s que una pieza de mec\u00e1nica ingeniosamente concebida<\/p>\n<p>en el siglo XVIII, el c\u00e9lebre Vaucanson fabric\u00f3 varios aut\u00f3matas. Su flautista ser\u00e1 renombrado.<\/p>\n<p>\u00abLa descripci\u00f3n que hizo de \u00e9l a la Academia de las ciencias de Par\u00eds, en el transcurso del a\u00f1o 1738, recibi\u00f3 de este cuerpo sabio una aclamaci\u00f3n explosiva, y las exposiciones p\u00fablicas en que apareci\u00f3, tuvieron resonancia en toda Europa.<\/p>\n<p>La talla de la figura era de cinco pies y medio aproximadamente: estaba sentada en un fragmento de roca soportada por un pedestal cuadrado de cuatro pies y medio de alto sobre tres y medio de ancho. Por medio de un mecanismo, el aut\u00f3mata tocaba doce aires diferentes, dando al sonido todas las variaciones de fuerza y suavidad,\u00a0 como lo hubiera hecho el artista m\u00e1s h\u00e1bil.<\/p>\n<p>Seis fuelles, alternativamente, enviaban a un dep\u00f3sito com\u00fan, de donde era empujado por un tubo hasta los labios en los que se apoyaba la boquilla de la flauta. Los dedos, movidos por un mecanismo ingenioso, abr\u00edan y cerraban los agujeros del instrumento con una precisi\u00f3n perfecta y seg\u00fan el sonido que hab\u00eda que producir.<\/p>\n<p>El abate Mical, hombre sabio e ingenioso, ejecut\u00f3 dos cabezas de bronce que pronunciaban palabras e incluso frases enteras. Su mecanismo se compon\u00eda de dos teclados, uno en forma de cilindro por el que s\u00f3lo de consegu\u00edan un n\u00famero determinado de frases; el otro teclado conten\u00eda todos los sonidos y todas las inflexiones de la lengua francesa, reducidos a un peque\u00f1o n\u00famero por el m\u00e9todo particular del autor. Con un poco de costumbre se hubiera hablado con los dedos como con la lengua. El abate Mical muri\u00f3 en 1789.<\/p>\n<p>Un adivino se hab\u00eda hecho famoso en el siglo XVII, por el modo c\u00f3mo realizaba sus or\u00e1culos. Se entraba en una c\u00e1mara iluminada por unas antorchas. Se ve\u00eda en una mesa una representaci\u00f3n que figuraba la cabeza de san Juan Bautista en un plato. El adivino afectaba algunas f\u00f3rmulas m\u00e1gicas; conjuraba despu\u00e9s a esta cabeza que respondiera\u00a0 a lo que se quer\u00eda saber, y la cabeza respond\u00eda con una voz inteligible, a veces con cierta exactitud. Pues \u00e9sta es la clave de este misterio: la mesa que se hallaba en medio de la c\u00e1mara estaba sostenida por cinco columnas, una en cada rinc\u00f3n y una en el medio. La del medio era un tubo de madera; la pretendida cabeza de san Juan era de cart\u00f3n pintado al natural, con la boca abierta y se\u00a0 correspond\u00eda por un agujero, practicado en el plato de la mesa en la cavidad de la columna hueca. En la c\u00e1mara que se encontraba por debajo, una persona que hablaba por un portavoz\u00a0 en esta cavidad se hac\u00eda comprender con toda claridad: la boca de la cabeza ten\u00eda el aspecto de dar estas respuestas\u00bb.<\/p>\n<p>Estos ejemplos entre muchos se han referido con objeto de mostrar que no hab\u00eda nada de misterioso en la cabeza de muerto parlante del joven Vicente y que todo se reduc\u00eda simplemente a un juego de mec\u00e1nica ingenioso.<\/p>\n<p>Pensando, en el atardecer de su vida, en estas diversiones curiosas de su juventud, Vicente de Pa\u00fal deb\u00eda sonre\u00edr por dentro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. 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