{"id":25032,"date":"2015-02-17T04:01:59","date_gmt":"2015-02-17T03:01:59","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/25032\/sor-rosalia-rendu-parte-13\/"},"modified":"2015-02-17T04:01:59","modified_gmt":"2015-02-17T03:01:59","slug":"sor-rosalia-rendu-desmet-13","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-13\/","title":{"rendered":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 13"},"content":{"rendered":"<h2><strong>13. Preparaci\u00f3n para una santa muerte<\/strong><\/h2>\n<div id=\"attachment_28980\" style=\"width: 263px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28980\" class=\"size-medium wp-image-28980\" title=\"Sor Rosal\u00eda Rendu\" alt=\"Sor Rosal\u00eda Rendu\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu-253x300.jpg?resize=253%2C300\" width=\"253\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28980\" class=\"wp-caption-text\">Sor Rosal\u00eda Rendu<\/p><\/div>\n<p>Sor Rosal\u00eda se sent\u00eda feliz, \u00abm\u00e1s feliz que nunca\u00bb, nos dice en una de sus cartas. Su casa era fervorosa. En su comunidad y en otras casas de la Compa\u00f1\u00eda hab\u00eda algunas hermanas, parientes suyas, que actuaban con plena satisfacci\u00f3n de sus superioras. Se sent\u00eda feliz por aquel lote privilegiado que su familia y su peque\u00f1a patria le hab\u00edan ofrecido a Dios. En medio de sus pruebas deb\u00eda sentir que su vida hab\u00eda sido fecundada en buenas obras y que, despu\u00e9s de su muerte, podr\u00eda sobrevivir en aquellas j\u00f3venes compa\u00ad\u00f1eras que su ejemplo hab\u00eda tra\u00eddo de Confort a Par\u00eds. Se alegraba por ello y daba humildemente gracias a Dios, de quien procede todo don perfecto.<\/p>\n<p>Cuando, al comienzo de sus jornadas, repasaba delante de Dios en la oraci\u00f3n de la ma\u00f1ana todas las tareas con las que ten\u00eda que enfrentarse, to\u00addas las almas que deber\u00eda educar y conducir hasta Dios, desde los peque\u00f1os de la casa cuna y del asilo hasta los ancianos de su otro asilo, desde los enfermos y los moribundos hasta los j\u00f3venes llenos de vida que ven\u00edan a contarle sus esperanzas y sus fracasos, desde sus queridas compa\u00f1eras tan fervorosas hasta las j\u00f3venes de sus patronatos que ella ten\u00eda que preservar, educar y formar para la vida cristiana en el mundo, delante de todo aquel cuadro tan lleno de tareas que realizar, ten\u00eda muchos motivos para echarse a temblar. Pero hab\u00eda aprendido a dominar con admirable serenidad todos los trabajos y tareas, los agradables y los desagradables. Confiada en Dios, saldr\u00eda al encuentro de todo aquello. Cada cosa a su debido tiempo y lugar, como Dios quiere y manda, y al final la jornada estar\u00eda completa.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, d\u00eda tras d\u00eda, empez\u00f3 a vislumbrar que se acercaba el fin. Sus cin\u00adcuenta a\u00f1os de trabajo hab\u00edan sido fecundos en obras y en servicios. Pod\u00eda esperar presentar algunos m\u00e9ritos delante de Dios. La cosecha de grano fino ser\u00eda desbordante y bien remecida. Al paso pesado de sus 60 \u00f3 70 a\u00f1os, pero con el coraz\u00f3n ligero, podr\u00eda presentarse ante san Pedro llevando un copioso tesoro: <em>\u00abVenientes autem venient cum exultatione, portantes mani\u00ad<\/em>pulos suos\u00bb. San Vicente y santa Luisa de Marillac estar\u00edan all\u00ed para son\u00adre\u00edrle y para acompa\u00f1arle con san Pedro ante Dios. Hab\u00eda servido bien; hab\u00eda trabajado mucho; hab\u00eda amado mucho a los pobres; y a todos ellos les hab\u00eda ayudado un poco a amar a Dios; podr\u00eda esperar de \u00e9l una buena acogida.<\/p>\n<p>Pero todas las grandes vidas tienen tambi\u00e9n su lote de pruebas purifi\u00adcadoras y santificantes. Dios se encarga de preparar a sus elegidos para que tengan una buena entrada en el cielo. Y prepar\u00f3 a sor Rosal\u00eda prob\u00e1ndola en su salud y en sus m\u00e1s caros afectos.. Y el coraz\u00f3n de sor Rosal\u00eda, que hab\u00eda conservado toda su frescura, tuvo que sentir vivamente los golpes que ca\u00edan sobre ella. El coraz\u00f3n de los santos conserva toda su ternura. Pero Dios los hace pasar por el coraz\u00f3n de Jes\u00fas, hace que penetren en \u00e9l, bien hondo, para captar all\u00ed, en la m\u00e1s pura fuente del amor hermoso los sentimientos m\u00e1s puros, m\u00e1s tiernos y delicados.<\/p>\n<h3>Duelos en la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois<\/h3>\n<p>Dios prob\u00f3 a sor Rosal\u00eda en lo que ella m\u00e1s quer\u00eda: sus compa\u00f1eras. Las quer\u00eda mucho, las hab\u00eda ido formando, les hab\u00eda comunicada su gran coraz\u00f3n. Se sent\u00edan felices en su casa, a1 lado de ella. Y he aqu\u00ed que Dios le pidi\u00f3 un d\u00eda el sacrificio de dos de sus hermanas. Su dolor lleg\u00f3 hasta el extremo. Escuchemos sus acentos. La carta va escrita a la madre superiora del \u00abBuen Salvador\u00bb, que tan bien sab\u00eda comprender a su alma: \u00abDesde hace seis meses he tenido muchas penas y muchos sacrificios que hacer. Dos de mis queridas compa\u00f1eras han fallecido despu\u00e9s de largas y crueles enfermedades. Mi coraz\u00f3n se ha visto bajo el peso de la opresi\u00f3n. Ha que\u00addado destrozado bajo el peso de la cruz. Han sufrido mucho, con una resig\u00adnaci\u00f3n y una paciencia admirable. En medio de sus dolores gozaban de gran paz y de mucha calma. Han gozado de todas las riquezas de la iglesia y su gratitud para con Dios y para con todas nosotras nos ha impresionado sensiblemente. S\u00ed, mi querida madre, he perdido a dos hijas santas. Mi co\u00adraz\u00f3n ha sentido un poco de rebeld\u00eda contra la mano que nos aflig\u00eda, pero tengo la confianza de que esos dos \u00e1ngeles me alcanzar\u00e1n misericordia. Rezar\u00e1n por m\u00ed para que yo me esfuerce en imitarlas. Tengo esta confianza. \u00bfVerdad que usted rezar\u00e1 tambi\u00e9n alguna vez por nosotras, mi querida madre, usted que tanta compasi\u00f3n tiene de los d\u00e9biles y de los enfermos de todas clases? Acu\u00e9rdese de m\u00ed en sus fervorosos <em>mementos. <\/em>Sigo con la confianza de que me perdonar\u00e1 usted todas las molestias y preocupaciones que le doy. Su caridad es una segura garant\u00eda de su constante inter\u00e9s\u00bb.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de esta cordial y emocionante expansi\u00f3n de un alma con otra alma capaz de comprenderla y de compartir con ella una prueba tan cruel, pasa a darle otras noticias y a tratar otros asuntos.<\/p>\n<h3>Pruebas en la casa. Sor Rosal\u00eda en el Arzobispado<\/h3>\n<p>Por aquellas fechas hab\u00eda tambi\u00e9n otra prueba muy dura que angustia\u00adba a las dos familias de san Vicente de Pa\u00fal. Y sor Rosal\u00eda, que andaba comprometida en ella, tuvo que enfrentarse con las dificultades con su valent\u00eda y su decisi\u00f3n acostumbrada, arriesgando toda su fama y su buen cr\u00e9dito en el asunto. Ten\u00eda por entonces 55 a\u00f1os; estaba en plena madurez, en perfecta posesi\u00f3n de su obra y -por as\u00ed decirlo- de su poder. Y su reputaci\u00f3n estaba s\u00f3lidamente asentada.<\/p>\n<p>Un superior general, el padre Nozo, hab\u00eda dado su firma para ciertos asuntos financieros que acabaron resultando ruinosos; ante aquella situa\u00adci\u00f3n, el procurador general, padre Etienne y otro padre pa\u00fal se creyeron obligados a intervenir para remediar el mal. Pero el asunto se hizo p\u00fablico. Se sigui\u00f3 un proceso que apasion\u00f3 a la opini\u00f3n de la gente. Todos los d\u00edas sor Rosal\u00eda se las hab\u00eda arreglado para hacerse con las pruebas de imprenta de los peri\u00f3dicos antes de que \u00e9stos saliesen a la calle, con lo que la comunidad ten\u00eda tiempo para preparar sus respuestas y prever de ante\u00admano las trampas que les tend\u00edan.<\/p>\n<p>En determinados momentos sor Rosal\u00eda se enter\u00f3 de fuente segura de que monse\u00f1or Affre estaba a punto de lanzar el entredicho contra los pa\u00addres Etienne, Aladel, Le Go y Grapain, a los que consideraba como rebel\u00addes contra la autoridad.<\/p>\n<p>Sin perder un instante, corri\u00f3 a echarse a los pies del arzobispo, que le invit\u00f3 a levantarse cuanto antes. \u00abNo, monse\u00f1or -le dijo ella-, no me levantar\u00e1 hasta que haya obtenido la gracia que le voy a pedir\u00bb. Explic\u00f3 de qu\u00e9 se trataba. El se\u00f1or arzobispo se negaba a ceder de su prop\u00f3sito. Despu\u00e9s de una discusi\u00f3n muy animada, no pudiendo ya resistir a sus s\u00fapli\u00adcas, el prelado vencido le dijo con bondad: \u00abLev\u00e1ntese, hermana, y acu\u00e9r\u00addese de que he cedido s\u00f3lo ante su petici\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Era evidente que sor Rosal\u00eda ten\u00eda gran influencia ante el arzobispo para obtener semejante favor.<\/p>\n<p>La verdad es que sor Rosal\u00eda gozaba de la confianza de los arzobispos de Par\u00eds. De la de monse\u00f1or Affre lo mismo que de la de su antecesor monse\u00f1or de Quelen.<\/p>\n<p>En 1834 monse\u00f1or de Quelen, teniendo necesidad de cierta informaci\u00f3n, recurri\u00f3 a ella convencido de acudir a una fuente segura. De hecho le lleg\u00f3 la respuesta, con una perfecta y sobria claridad (5 de marzo de 1834).<\/p>\n<p>Su cr\u00e9dito ante el arzobispo era cosa bien sabida, de forma que se acud\u00eda a su mediaci\u00f3n para hacer llegar ciertas noticias al arzobispado. El 30 de octubre de 1836 lleg\u00f3 una noticia de Roma: dos franceses, uno de ellos cierto se\u00f1or B\u00e9rard, que deb\u00eda ser un conocido del prelado, obtuvie\u00adron una audiencia del Santo Padre el Papa por las fechas en que se le\u00eda la pastoral publicada por el arzobispo de Par\u00eds con ocasi\u00f3n del c\u00f3lera que asolaba los Estados Pontificios. El Santo Padre estaba sumamente afligido y expres\u00f3 su reconocimiento al arzobispo de viva voz. Encargaron a sor Rosal\u00eda de trasmitir aquella noticia a Su Excelencia. \u00ab(Firmado) Su muy humilde servidora, sor Rosal\u00eda\u00bb. Es una simple nota. Como sor Rosal\u00eda no es m\u00e1s que la intermediaria de aquel asunto, se contenta discretamente con unas sencillas palabras que, con toda simplicidad, trasmiten escueta\u00admente la noticia, a\u00f1adiendo a ello algunas demostraciones de respeto. Luego se eclipsa. El asunto es de importancia; pero su papel personal en el mismo no merece que ella insista. Su persona desaparece. Sor Rosal\u00eda, a pesar de las consideraciones que se han tenido con ella, intenta permanecer en su sitio.<\/p>\n<p>Pero semejante misi\u00f3n, en su sencillez, demostraba su influencia y no pod\u00eda menos de aumentarla. Se comprenden entonces aquellos atrevimien\u00adtos, siempre empapados en religioso respeto, que se permit\u00eda en ciertas circunstancias sor Rosal\u00eda. Por eso, en el asunto tan espinoso de su con\u00adgregaci\u00f3n que hemos referido no se limit\u00f3 a los primeros \u00e9xitos.<\/p>\n<p>Hab\u00eda conseguido apartar el golpe que amenazaba al padre Etienne y a sus hermanos. \u00a1Aquello era importante! Pero no hab\u00eda acabado la cosa. Entre tanto el asunto hab\u00eda ido rodando y amenazaba con llegar a los tribunales. Sor Rosal\u00eda quiso ahorrar esta prueba al padre Nozo y a toda la congregaci\u00f3n, sobre la que acabar\u00eda recayendo el deshonor. Pero sobre todo ten\u00eda el deseo de que se llegara a una conciliaci\u00f3n, honorable para todos, de las partes en litigio. Con esta finalidad, inspirada por un senti\u00admiento de alta conveniencia y de esp\u00edritu cristiano, se dirigi\u00f3 de nuevo al se\u00f1or arzobispo para obtener en esta ocasi\u00f3n su arbitraje. Se han conserva\u00addo algunas cartas de sor Rosal\u00eda, escritas con este objetivo a monse\u00f1or Affre y a otra persona comprometida en el asunto. Son muy edificantes; se dis\u00adtinguen no s\u00f3lo por el respeto y la confianza en el arbitraje del represen\u00adtante de Dios, sino tambi\u00e9n por su esp\u00edritu de caridad y de afecto a la con\u00adgregaci\u00f3n y a sus venerables hermanos que se hab\u00edan metido en este des\u00adgraciado asunto. Por otra parte encontramos en ellas ciertos detalles precio\u00adsos que podr\u00edan ser discutidos y que, al disipar algunos malentendidos, podr\u00edan arrojar alguna luz en este asunto, que ha seguido estando envuelto en el misterio.<\/p>\n<p>Sea lo que fuere de este embrollo, sor Rosal\u00eda sali\u00f3 de \u00e9l rodeada de la m\u00e1s bella aureola de lealtad cristiana, de amor ardiente a la paz y de veneraci\u00f3n filial a sus superiores.<\/p>\n<h3>Pruebas familiares<\/h3>\n<p>El feliz resultado de aquel conflicto no fue m\u00e1s que un alivio en medio de las pruebas que se iban acumulando en la vida de sor Rosal\u00eda.<\/p>\n<p>Entre tanto se hab\u00eda enterado de la muerte de su venerado padre Jamet, del \u00abBuen Salvador\u00bb. \u00a1Se hab\u00eda quedado sin un gran amigo!<\/p>\n<p>A1 mismo tiempo llegaron tambi\u00e9n de Confort noticias alarmantes: la salud de su madre dejaba mucha que desear y a veces inspiraba serias in\u00adquietudes. El coraz\u00f3n de sor Rosal\u00eda se muestra m\u00e1s cari\u00f1oso que nunca. Los corazones consagrados no son ni mucho menos los que tienen menor cari\u00f1o; incluso son m\u00e1s delicados, en la elevaci\u00f3n habitual de sus pensa\u00admientos y de sus sentimientos. Las cartas van a revelarnos este hermoso amor filial que segu\u00eda conservando con el mismo afecto de siempre.<\/p>\n<p>\u00abLe doy gracias de todo coraz\u00f3n- escribe a la se\u00f1orita Melania Ren\u00addu- por las atenciones que tiene con mi querida y buena madre. Le agra\u00addezco mucho las cartas tan afectuosas que me ha escrito&#8230; Le ruego que vele para que no cometa ninguna imprudencia. Que no siga con su celo, con su fervor, con su empe\u00f1o en querer ir a la iglesia, en donde necesariamente tiene que coger fr\u00edo\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntas delicadas atenciones!<\/p>\n<p>Y de nuevo manifestar\u00e1 su agradecimiento a esa querida amiga, que cuida tan abnegadamente a su madre. Aquel a\u00f1o de 1845 fueron saliendo una tras otra para Confort cartas hablando de la salud de su querida madre: \u00ab\u00a1Mil veces gracias! -dice de nuevo el 19 de octubre-; \u00a1gracias por sus buenas y sol\u00edcitas atenciones con mis queridos parientes! Le ruego que se las siga mostrando\u00bb.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo escribe a la casa parroquial de Lancrans. Est\u00e1 all\u00ed uno de sus primos. \u00abMi querido primo, le ruego que haga algunas visitas a mi buena madre&#8230; Estoy preocupada por mi querida madre; temo que est\u00e9 cercano su fin. Es un sacrificio muy grande que me est\u00e1 pidiendo Dios. De antemano me encuentro ya muy afligida. D\u00edgale, mi querido se\u00f1or p\u00e1\u00adrroco, que se deje cuidar\u00bb. Unos meses m\u00e1s tarde vuelve a escribirle para agradecer sus atenciones: \u00abMe siento muy impresionada y agradecida por esos cuidados y atenciones que tiene con ella&#8230; Me preocupa que haya vuelto la tos; seguramente habr\u00e1 cometido alguna imprudencia. Obl\u00edguela a que no se deje llevar de su celo, de su piedad. Que siga los consejos de su m\u00e9dico y de su sabio director\u00bb. Y despu\u00e9s de sus sentimientos de cari\u00f1o, un buen rasgo de desinter\u00e9s: \u00abEstoy perfectamente de acuerdo en que venda de sus bienes todo lo que haga falta, si se necesita algo de la parte que me corresponda. D\u00edgale que estoy dispuesta a entreg\u00e1rsela de todo coraz\u00f3n. \u00a1Que no se imponga ninguna privaci\u00f3n! Puede hacerlo. Y debe hacerlo. Y estoy segura de que mis hermanas comparten mis sentimientos. Le supli\u00adco que le aconseje que use de todo ello sin m\u00e1s preocupaciones\u00bb. Le escribe todo esto al p\u00e1rroco-vicario de Lancrans a fin de que emplee su autoridad espiritual para disipar cualquier escr\u00fapulo en el \u00e1nimo de su madre a pro\u00adp\u00f3sito de la utilizaci\u00f3n eventual de los bienes que corresponder\u00edan a sor Rosal\u00eda y a sus hermanas.<\/p>\n<p>Gracias a los cuidados de que la rodeaban, la se\u00f1ora Rendu, despu\u00e9s de algunas alarmas, volvi\u00f3 a recuperar la vida y la salud. La muerte no vendr\u00e1 a buscarla hasta el a\u00f1o 1856, el mismo a\u00f1o que a sor Rosal\u00eda. Sin embargo, en 1850 una nueva enfermedad volvi\u00f3 a preocupar a sus hijas. De nuevo, nuestra hermana vuelve a sus recomendaciones y declara que renuncia a todos sus bienes, si son necesarios para la preciosa salud de su madre. Es tambi\u00e9n al vicario de Lancrans a quien escribe: \u00abMe he ente\u00adrado de que se encuentra peor mi querida madre. Estoy muy preocupada por ella. Le renuevo mis s\u00faplicas de que vaya a darle el consuelo de sus visitas lo m\u00e1s frecuentemente que pueda. Haga el favor de indicarme c\u00f3mo se la atiende. Y que tome todo lo que necesite\u00bb. Sor Rosal\u00eda sabe muy bien que su hermana de Confort, con su marido y sus hijos, rodean sol\u00edcitos a su mam\u00e1. Pero de su coraz\u00f3n se escapa este grito doloroso, muy explicable en una hija: \u00ab\u00a1Cu\u00e1nto me cuesta no poder atenderla yo misma! Le hago a Dios un verdadero sacrificio de estar separada de ella. D\u00edgale que hago rezar a todos por ella. Todas nosotras le pedimos a Dios que nos la siga conservando\u00bb.<\/p>\n<p>Y Dios se la conserv\u00f3 una vez m\u00e1s. Pero otra p\u00e9rdida amenazaba a la familia y sobre todo a la buena y cari\u00f1osa sor Rosal\u00eda. La hermana Victoria, una de sus primas Neyroux, una de sus compa\u00f1eras de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois, cay\u00f3 enferma. Sor Rosal\u00eda escribe a su madre el 14 de abril de 1851: \u00abSor Victo\u00adria se encuentra muy d\u00e9bil y sufre mucho. Su situaci\u00f3n me aflige y me da preocupaciones. Intentaremos enviarla a las aguas de Vichy en el mes de junio&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfLleg\u00f3 a ir sor Victoria a tomar aguas en Vichy? No lo sabemos. Parece ser que, en lugar de Vichy, fue Confort el sitio que escogieron para su curaci\u00f3n. Pero regres\u00f3 de all\u00ed con su incurable mal. Sor Rosal\u00eda escribi\u00f3 a uno de sus cu\u00f1ados el 20 de diciembre de aquel mismo a\u00f1o: \u00abSor Victoria est\u00e1 muy enferma desde hace diez d\u00edas; no ha podido abandonar el lecho ni puede tomar m\u00e1s que una cucharada de caldo de gallina fr\u00edo; lamenta ahora haber dejado los aires de su tierra, pues se imagina que all\u00ed se estaba poniendo mejor. Los m\u00e9dicos nos dicen que su mal est\u00e1 muy avanzado; se trata de un tumor que tiene. Me inspira serias preocupaciones\u00bb. Pero he aqu\u00ed, en medio de la preocupaci\u00f3n, un rayo de esperanza: \u00abSi logramos sal\u00advarla hasta el buen tiempo, si est\u00e1 en disposici\u00f3n de hacer el viaje, os la llevar\u00e9. \u00a1Cu\u00e1nto me gustar\u00eda volver a veros a todos! Mi madre tendr\u00e1 que cuidarse muy bien para conservarse hasta que yo vaya. Adi\u00f3s, mi querido hermano, crea en mi inalterable cari\u00f1o\u00bb. Como postdata a\u00f1ade: \u00abMis sa\u00adludos a las hermanas de sor Victoria. Agradezco mucho las atenciones que han tenido con su hermana y todo lo que nos han enviado. Muchas gracias tambi\u00e9n a mi hermana\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 hermosos sentimientos de cari\u00f1o en esta intimidad familiar, entre todos los miembros de aquella familia tan unida! \u00a1Y c\u00f3mo se siente palpitar en el fondo del coraz\u00f3n tan amoroso de sor Rosal\u00eda sus bellos sentimientos de amor filial ante la idea de que quiz\u00e1s pueda volver, contra toda esperanza y por un favor muy grande de la Providencia, a contemplar su querido y hermoso pa\u00eds de Confort, con sus monta\u00f1as y su r\u00edo, y ver sobre todo su nido familiar, aquella casa en donde hab\u00eda vivo a\u00f1os tan hermosos y en donde ver\u00eda de nuevo, rodeada de la aureola de la ancianidad y de la coro\u00adna de sus hijos y nietos, a aquella madre tan valiente y tan cristiana que le hab\u00eda dado una parte de su alma!<\/p>\n<p>Pero aquello no era m\u00e1s que un sue\u00f1o. Sor Rosal\u00eda no tuvo nunca la dicha de volver a Confort. Dios la hab\u00eda consagrado por entero a sus pobres y la dejar\u00eda all\u00ed siempre a su servicio en una heroica renuncia renovada sin cesar.<\/p>\n<p>S\u00f3lo quince d\u00edas m\u00e1s tarde, el d\u00eda de Epifan\u00eda del a\u00f1o 1852, sor Victoria entreg\u00f3 su alma a Dios. Sor Rosal\u00eda envi\u00f3 inmediatamente a una de sus primas de Confort esta sencilla nota, a la que seguir\u00eda poco despu\u00e9s una carta: \u00abMi querida prima, acabamos de perder a nuestra querida sor Victo\u00adria. D\u00edgaselo a su t\u00edo\u00bb. Y firma: \u00abSiempre vuestra, con un coraz\u00f3n afectuo\u00adso, sor Rosal\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Esta nota tan lac\u00f3nica estaba exigiendo una carta. No fue sor Rosal\u00eda quien la escribi\u00f3. Fue sor Sof\u00eda la encargada de dar m\u00e1s detalles. La carta de sor Rosal\u00eda lleg\u00f3 un mes m\u00e1s tarde. La pobre hermana estaba aplastada por aquel golpe y se puso enferma tambi\u00e9n ella. Escuchemos estos gritos de dolor que le arranca la muerte de su querida compa\u00f1era. Escribe al hermano de sor Victoria, el abate Neyroux, p\u00e1rroco de Saint-Geney (Ain): \u00abMi querido primo. He tardado en escribirle debido a una indisposici\u00f3n que creo ha sido motivada por la pena que me ha dado la muerte de mi querida y apreciada sor Victoria&#8230; Sigo a\u00fan muy apenada. No puedo acos\u00adtumbrarme a esta privaci\u00f3n. Ha dejado un gran vac\u00edo en mi coraz\u00f3n, que sigue rezando continuamente por ella. No me olvide usted. Lo necesito de verdad. P\u00eddale a Dios que me conceda el esp\u00edritu de fe que d\u00e9 fuerzas a mi debilidad y me d\u00e9 el coraje de ofrecerle el sacrificio que pide de m\u00ed. Es un sacrificio muy duro. No me faltan los medios para merecer&#8230; Le presento los respetos de todas nuestras hermanas, que compartieron con tanto esme\u00adro los cuidados que exig\u00eda la triste situaci\u00f3n de nuestra querida hermana\u00bb.<\/p>\n<p>No faltaron, sin embargo, algunos consuelos en medio de la tristeza: \u00abDios no ha ahorrado a nosotras, lo mismo que a ella, una gran pena, per\u00admitiendo que muriera en su comunidad. Ha gozado de todos los auxilios espirituales y corporales. Se la ha cuidado con toda generosidad y cari\u00f1o. Se lo hab\u00eda merecido. Y los pobres han mostrado tambi\u00e9n que la quer\u00edan por la forma con que han compartido nuestro dolor; ella les hab\u00eda asistido siempre con gran solicitud. Sus alumnas estaban muy apenadas, la han acompa\u00f1ado hasta su \u00faltima morada, le han enviado coronas y van a visi\u00adtarla con frecuencia\u00bb.<\/p>\n<p>En medio de todos estos sacrificios, tan generosamente aceptados, sor Rosal\u00eda se complace tambi\u00e9n en se\u00f1alar la consideraci\u00f3n que Dios ha tenido con todos ellos: \u00abSor Victoria tuvo el gran consuelo de volver a verles a todos ustedes. Es un consuelo que Dios nos ha querido dar a todos. Reciba usted, mi querido primo, la expresi\u00f3n de mi respeto y de mi afecto m\u00e1s sincero en el amor de nuestro Se\u00f1or. Totalmente suya, sor Rosal\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Ocho d\u00edas m\u00e1s tarde, sor Rosal\u00eda, sin haberse deshecho todav\u00eda de su pena, piensa en la salud de su madre. Quiere tomar las m\u00e1s amorosas pre\u00adcauciones para procurarle una ancianidad larga y tranquila. El 13 de febrero le escribe al p\u00e1rroco de Confort, se\u00f1or Chaplux: \u00abSe\u00f1or p\u00e1rroco. Ayer hice enviar una caja que contiene varios objetos destinados a mi buena madre. Es mi intenci\u00f3n formal que haga uso de todos ellos\u00bb. Luego, como mujer pr\u00e1ctica, trata la cuesti\u00f3n del transporte de dicha caja: \u00abLe ruego que avise a la persona que juzgue usted m\u00e1s indicada, de Ch\u00e1tillon. Va co\u00admo correo urgente. Me han prometido que podr\u00e1n entregar dicha caja den\u00adtro de ocho d\u00edas. Va dirigida a usted. No he pagado los portes. Le devolver\u00e9 los gastos junto con el importe de un encargo que deseo hacerle\u00bb. Y he aqu\u00ed el precioso regalo que desea hacer a su madre. El se\u00f1or p\u00e1rroco tendr\u00e1 que comprar \u00abuna poltrona a la Voltaire\u00bb para la buena se\u00f1ora Rendu. Y que esa \u00abpoltrona a la Voltaire\u00bb est\u00e9 debidamente rellena, de las m\u00e1s c\u00f3modas, que le pueda servir bien. E insiste: \u00abGaste todo lo que usted crea necesario, y que sea cuanto antes\u00bb. Y he aqu\u00ed un nuevo detalle pr\u00e1c\u00adtico: \u00abNo se la env\u00edo desde aqu\u00ed, pues los portes resultar\u00edan m\u00e1s caros que la poltrona\u00bb. A continuaci\u00f3n le da las gracias. Y de nuevo unas insistentes recomendaciones para su madre: \u00abHaga el favor de recomendarle que tome lo que necesite. Que venda lo que a ella le parezca mejor. Le pido que disponga de lo que a m\u00ed me toca, o sea, de lo que pueda tocarme alg\u00fan d\u00eda\u00bb. Y este \u00faltimo grito de su coraz\u00f3n: \u00abAgradecer\u00e9 mucho que se cuide usted de mis intereses. No hay nada que yo desee tanto como su felicidad y me gustar\u00eda que quedaran satisfechos todos sus deseos\u00bb. Acude de nuevo a su memoria el recuerdo de sor Victoria. Y encarga entonces al se\u00f1or p\u00e1rroco que salude con cari\u00f1o y gratitud de su parte a su prima Volerin: \u00abNunca me olvidar\u00e9 de lo bien que cuid\u00f3 a mi recordada sor Victoria. Me encuentro muy triste y afligida de no tenerla ya entre nosotros. Ha de\u00adjado un gran vac\u00edo en mi coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Pobre sor Rosal\u00eda! Estaba inconsolable. \u00a1C\u00f3mo vibraba aquel gran coraz\u00f3n! No es extra\u00f1o que el amor de Dios haya sido en ella tan ardiente y haya producido tantas y tan hermosas obras. Del coraz\u00f3n es siempre de donde nacen los grandes pensamientos.<\/p>\n<h3>Pruebas de salud, fiebre y fiebrecillas<\/h3>\n<p>Nos lo acaba de decir sor Rosal\u00eda: la muerte de su compa\u00f1era, tan que\u00adrida, tan simp\u00e1tica para todos, la hab\u00eda conmovido mucho la emoci\u00f3n, de\u00admasiado fuerte, la hab\u00eda puesto enferma.<\/p>\n<p>\u00a1La enfermedad no era ninguna novedad en su vida! Sor Rosal\u00eda, a pe\u00adsar de su actividad, hab\u00eda sido siempre muy fr\u00e1gil de salud. Con frecuencia pasaba algunos d\u00edas de fiebre y a veces se ve\u00eda obligada a aceptar sus golpes. Guardaba entonces alg\u00fan d\u00eda de cama. Desde all\u00ed dirig\u00eda las faenas de la casa e incluso escrib\u00eda algunas cartas. Ya en 1838 hab\u00eda sufrido en dos ocasiones fuertes ataques de fiebre: la primera vez hab\u00eda pasado doce d\u00edas en cama, la hab\u00edan puesto a dieta y la hab\u00edan sangrado en abundancia. Una vez curada, sor Rosal\u00eda se pon\u00eda pronto a trabajar de nuevo. A1 caer por segunda vez aquel mismo a\u00f1o, tuvo que guardar cama durante algunos meses. A finales de a\u00f1o, empez\u00f3 a levantarse s\u00f3lo algunas horas durante el d\u00eda.<\/p>\n<p>Su m\u00e9dico, el querido doctor Dewulf, uno de sus antiguos estudiantes de la Sorbona, al que hab\u00eda ayudado cuando lleg\u00f3 a Par\u00eds y hab\u00eda atendido durante una enfermedad que padeci\u00f3, era como tantas otras personas un asiduo visitante de la casa, agradecido siempre a los favores que all\u00ed hab\u00eda recibido; un d\u00eda, durante una de las sangr\u00edas tan de moda en aquella \u00e9poca, se aprovech\u00f3 para realizar un proyecto que le inspiraba su veneraci\u00f3n. Pues era algo m\u00e1s que un sentimiento de admiraci\u00f3n respetuosa el que ten\u00eda por su bienhechora; era una verdadera veneraci\u00f3n. Una vez hecha la san\u00adgr\u00eda, retir\u00f3 cuidadosamente los pa\u00f1os empapados de sangre, se los llev\u00f3 y los guard\u00f3 como reliquias. Todav\u00eda se conservan esos pa\u00f1os en la familia del doctor. Sobre el papel que los rodea, el propio doctor puso una inscrip\u00adci\u00f3n. Est\u00e1 sin firmar, pera su hija, la se\u00f1ora Chappoteau-Dewulf, dec\u00eda que \u00abla escritura, bien conocida, no deja lugar a duda\u00bb. Por otra parte, el doc\u00adtor habr\u00eda recortado algunos trocitos de aquellos pa\u00f1os y los hab\u00eda metido en unos medallones. El sol\u00eda llevar uno y le hab\u00eda dado otro a su hija. En Saint-Brieuc, hace algunos a\u00f1os, la hermana Leroy, hija de la Caridad, po\u00adse\u00eda tambi\u00e9n algunas de esos pa\u00f1os y los guardaba como aut\u00e9nticas reliquias.<\/p>\n<p>Poco tiempo antes de la muerte de sor Victoria, sor Rosal\u00eda hab\u00eda vuel\u00adto a tener fiebre durante tres semanas. Por consiguiente, estaba bastante delicada. Las fatigas que tuvo que afrontar durante la enfermedad de su compa\u00f1era y las emociones de su muerte acabaron de agotarla.<\/p>\n<p>Sin embargo, iba y ven\u00eda de un lado para otro. En septiembre de 1853 la encontramos en peregrinaci\u00f3n a Nuestra Se\u00f1ora de las Victorias con dos de sus compa\u00f1eras; mand\u00f3 decir all\u00ed algunas misas el d\u00eda de Navidad por su madre, ya que hab\u00eda recibido malas noticias de Confort. La se\u00f1ora Rendu parec\u00eda estar muy enferma.<\/p>\n<p>En Confort ciertamente trataban con mucha solicitud a la venerable abuela. Y aquella piedad filial impresionaba mucho a sor Rosal\u00eda, que aprovechaba todas las ocasiones para expresar su gratitud y animarles a todos en su generosidad. A finales de enero de 1854 escrib\u00eda a la se\u00f1orita Melania Rendu, su corresponsal acostumbrada: \u00abVaya a ver a mi querid\u00ed\u00adsima madre las m\u00e1s veces que pueda. S\u00e9 que usted le da con sus visitas mucha satisfacci\u00f3n y le hace mucho bien. Le quiere a usted mucho\u00bb.<\/p>\n<p>Ante la preocupaci\u00f3n cada vez mayor por su salud, sor Rosal\u00eda escribe directamente a su madre. Se siente muy emocionada. Dice que se encuentra \u00abafligida hasta el infinito por no poder ir a decirle de viva voz toda la parte que toma en sus sufrimientos\u00bb. Es para ella \u00abun gran sacrificio estar lejos de su madre\u00bb. Multiplica sus recomendaciones y sus m\u00e1s minuciosos conse\u00adjos. Le recuerda las cosas que en otro tiempo le hicieron bien a su salud: semilla de lino, caldos de gallina, tomados en peque\u00f1as dosis pero frecuen\u00adtemente&#8230; \u00abQue se cuide mucho. Que no se prive de nada\u00bb. Que le diga \u00abcualquier cosa que le guste. Y se le enviar\u00e1\u00bb.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda har\u00eda realmente cualquier cosa por conservar a su madre para su cari\u00f1o y el cari\u00f1o de los suyos. Les da gracias a todos sus parientes por el cuidado cari\u00f1oso con que rodean a su madre. Y vuelve a emprender por ella otra peregrinaci\u00f3n, esta vez a Nuestra Se\u00f1ora de la Buena Esperanza. \u00bfQu\u00e9 no har\u00eda por su madre? Se olvida de sus propios sufrimientos y de sus fatigas. Porque tambi\u00e9n ella va languideciendo. Se siente cada vez m\u00e1s agotada. Y tambi\u00e9n su vida se apaga. Las dos vidas juntas, poco a poco, se van encaminando hacia el cielo.<\/p>\n<p>Las fiebres y las fiebrecillas van siendo cada vez m\u00e1s agotadoras. Se re\u00adpiten con demasiada frecuencia. Se trata de viejas conocidas. Y se les resis\u00adte cuando se puede. Valiente como era, sor Rosal\u00eda todav\u00eda hac\u00eda lo posible, con sus fiebres, yendo de un lado para otro y atendiendo con bastante eficacia a sus obligaciones.<\/p>\n<h3>La ceguera<\/h3>\n<p>Pero he aqu\u00ed que se acerca la gran prueba. Viene poquito a poco. Sor Rosal\u00eda empieza a darse cuenta de que la vista le falla. Y la p\u00e9rdida progresiva de la visi\u00f3n hace presagiar una ceguera absoluta. \u00a1Sor Rosal\u00eda se va a quedar ciega!<\/p>\n<p>Escuchemos este hermoso grito de amor: \u00ab\u00a1Sent\u00eda demasiado gusto al ver a mis pobres! -exclama-. \u00a1Dios me quita este gozo!\u00bb.<\/p>\n<p>Era el gran sacrificio, preparatorio para el sacrificio supremo.<\/p>\n<p>Ya no ver\u00e1 m\u00e1s a sus queridos pobres, pero seguir\u00e1 sirvi\u00e9ndoles. Se que\u00addar\u00e1 en su despacho: los reconocer\u00e1 par su voz, incluso a veces por sus pasos vacilantes, pesados, renqueantes o resueltos. Ya no ver\u00e1 m\u00e1s sus queridos rostros; no podr\u00e1 captar en sus rasgos la expresi\u00f3n de sus alegr\u00edas o de sus preocupaciones. Pero ser\u00e1 m\u00e1s sensible que nunca a la tonalidad de sus voces, al acento de sus almas, al rumor de sus sollozos o a la explosi\u00f3n de sus risas. Seguir\u00e1 saliendo a visitar a sus pobres, pero necesitar\u00e1 un lazarillo. Dentro de casa todav\u00eda sigui\u00f3 conservando mucho tiempo la vista suficiente para poder defenderse ella sola; pero para salir necesitaba com\u00adpa\u00f1\u00eda. Sal\u00eda entonces al taller de fuera, entreabr\u00eda 1a puerta y llamaba: \u00abFelicia, \u00bfest\u00e1s ah\u00ed?\u00bb. \u00abS\u00ed, madre\u00bb, respond\u00eda la fiel Felicia. Y Felicia se acercaba, recog\u00eda la cesta grande con los \u00e1ngulos de cuero, totalmente llena de provisiones, y se marchaban las dos. Recorr\u00edan las calles del barrio, d\u00e1n\u00addose a veces buenas caminatas. Entraban en muchas casas. La buena madre distribu\u00eda su ayuda, acariciaba a los ni\u00f1os, se interesaba por la vida de la familia, hac\u00eda brillar a los ojos de los moribundos alg\u00fan destello del m\u00e1s all\u00e1. Hac\u00eda felices a unas cuantas personas y ante todos los amigos del barrio demostraba que segu\u00eda estando entre ellos.<\/p>\n<p>\u00abCuando regresaba -nos a\u00f1ade su fiel compa\u00f1era- entraba en una habitaci\u00f3n peque\u00f1a llamada \u00absala de curas\u00bb al lado del pobre cuartito que sus compa\u00f1eras llamaban \u00absu sal\u00f3n\u00bb y all\u00ed atend\u00eda a los pobres que la esperaban&#8230; Parec\u00eda como si recobrase la vista para distinguir los males de aquella pobre gente. A veces les re\u00f1\u00eda maternalmente cuando ve\u00eda que sus llagas hab\u00edan empeorado por no haber venido con m\u00e1s frecuencia\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, los que rodeaban a sor Rosal\u00eda no se resignaban a ima\u00adgin\u00e1rsela definitivamente ciega. Su querido m\u00e9dico, el doctor Dewulf, fa\u00admiliar de la casa y cuya familia estaba ligada con v\u00ednculos de amistad con la familia de Confort, le aconsej\u00f3 que acudiera a la habilidad de los ciru\u00adjanos. Le escucharon. Las cataratas pueden curarse. Sor Rosal\u00eda no era a\u00fan demasiado anciana; andaba por los sesenta a\u00f1os. Su salud, aunque fr\u00e1gil, respond\u00eda bien: se repon\u00eda pronto de sus achaques. Era el trabajo excesivo la causa principal de sus fiebres v fiebrecillas. Por consiguiente, cab\u00eda esperar buenos resultados de una operaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Era a finales de diciembre de 1854. La operaci\u00f3n no se realizar\u00eda hasta unos meses m\u00e1s tarde. Seguramente surgieron algunos problemas y todos vacilaban. En enero de 1855 sor Rosal\u00eda \u00abllevaba ya tres meses sin salir a la calle\u00bb. Sin embargo, segu\u00eda tan activa como siempre dentro de casa. En febrero, se habl\u00f3 de darle alg\u00fan descanso. La se\u00f1ora de Montmahaut se atrevi\u00f3 a hablarle de ello. Pero no insisti\u00f3. Ella misma nos dice que \u00abcrey\u00f3 que se estaba molestando con esa propuesta\u00bb.<\/p>\n<p>El mes de julio sor Rosal\u00eda encarg\u00f3 a una de sus compa\u00f1eras, sor Vicen\u00adta, que escribiera en su nombre a la se\u00f1ora Rendu, a\u00f1adiendo ella algunas palabras de su pu\u00f1o y letra: \u00abMi buena madre, le env\u00edo estas pocas l\u00edneas que le har\u00e1n ver mi enfermedad. Siento vivamente la privaci\u00f3n de no poder\u00adle decir m\u00e1s. No tengo necesidad de decirle que pida por m\u00ed al Se\u00f1or para que me d\u00e9 paciencia y resignaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Eran solamente unas l\u00edneas. El estado de su vista no le permit\u00eda escribir m\u00e1s. Pero sor Vicente, que escrib\u00eda la carta, expresa la esperanza de que despu\u00e9s de la operaci\u00f3n que se proyectaba podr\u00eda recuperarse sor Rosal\u00eda. Y a\u00f1ade: \u00abNuestra querida madre piensa mucho en usted y habla frecuen\u00adtemente de usted, pues esto es para ella una felicidad\u00bb. Siguen algunos deli\u00adcados sentimientos, reflejo de la maravillosa caridad que un\u00eda a todas las compa\u00f1eras de aquella buena sor Rosal\u00eda: \u00abLe pedimos a Dios que la con\u00adserve a usted para su cari\u00f1o y para el de todas nosotras; es lo que me atrevo a decirle en nombre de toda esta peque\u00f1a familia\u00bb. Y un \u00faltimo detalle: \u00abEsta peque\u00f1a familia le pide su bendici\u00f3n y una parte en sus santas ora\u00adciones. Reciba, se\u00f1ora, el testimonio de nuestro m\u00e1s cari\u00f1oso respeto\u00bb.<\/p>\n<p>Era el 18 de julio, v\u00edspera de la fiesta de san Vicente.<\/p>\n<p>El mes siguiente, sor Rosal\u00eda le dicta una vez m\u00e1s una carta importante para su primo, el ministro Rendu. Se trata de una recomendaci\u00f3n. Sor Rosa\u00adl\u00eda se siente influyente. Le recomienda una escuela de religiosos que se ha establecido en Breta\u00f1a; el gran personaje que se ocupa de ella tiene miedo de disgustar al ministro; es discreto; pero con el apoya de sor Rosal\u00eda podr\u00e1 presentarse con confianza. La segunda carta es tambi\u00e9n una recomendaci\u00f3n; se trata de la candidatura de un abogado que desea atender los asuntos judiciales de la administraci\u00f3n de ferrocarriles, en Lorient.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntas cosas le ped\u00edan a sor Rosal\u00eda! \u00bfNo se dice tambi\u00e9n de san Vicente que un d\u00eda se preocup\u00f3 de enviar hilo y agujas a un corresponsal que se las hab\u00eda pedido?<\/p>\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s, aquel mismo a\u00f1o de 1855 se decidieron finalmente a operarla de la vista. En aquellos pobres ojos entr\u00f3 un poco de luz. \u00a1Le su\u00adpo tan bien a la enferma! Y durante alg\u00fan tiempo volvieron a surgir las esperanzas. Pero la mejor\u00eda no dur\u00f3 mucho y de nuevo volvieron las tinieblas.<\/p>\n<p>Para obtener la curaci\u00f3n tan deseada recurrieron a todos los medios, apenas se presentaba un rayo de esperanza. Durante alg\u00fan tiempo acudie\u00adron a una especie de tratamiento hidroter\u00e1pico: esperaban que unos lava dos de agua fr\u00eda produjeran en los ojos una reacci\u00f3n saludable que les dar\u00eda nuevas energ\u00edas. Y entonces, cada cinco minutos, sometieron a sus ojos a unos ba\u00f1os de agua fr\u00eda. Eran otras tantas ocasiones de ejercitar un poco la paciencia. Por lo visto el tratamiento deb\u00eda ser insoportable; pero sor Rosal\u00eda no pareci\u00f3 darse cuenta de ello. Como alguien mostrara su sor\u00adpresa por su conducta, ella respondi\u00f3: \u00ab\u00bfImpacientarme? No es posible, ya que todas vosotras me dais, al cuidar de m\u00ed, tan admirable ejemplo de paciencia\u00bb.<\/p>\n<p>Ante la impotencia de la ciencia de los hombres, se decidi\u00f3 recurrir a los santos del cielo. Personalmente la humilde sor Rosal\u00eda se negaba a ello, ya que no se consideraba digna de un milagro. \u00abNo hag\u00e1is nada -dec\u00eda-; me asustar\u00eda ser la persona escogida por Dios para ser el objeto de un milagro. Me creer\u00eda que pide de m\u00ed cosas extraordinarias. Me sentir\u00eda confundida. Adem\u00e1s, quiz\u00e1s alguno pensase que lo he obtenido por mi virtud\u00bb.<\/p>\n<p>Pero las personas de su alrededor se empe\u00f1aron en pedir el milagro. Entonces, humildemente, sencillamente, ella les dej\u00f3 hacer, pero se abstuvo de participar en las oraciones. \u00abPrefiero -les dijo- atenerme a la voluntad de Dios. Por otra parte, lo estropear\u00eda todo si mezclara mis oraciones con las vuestras\u00bb.<\/p>\n<p>Invocaron a santa Germana, la humilde pastorcilla de Pibrac. Dios no escuch\u00f3 estas oraciones. Y el milagro no lleg\u00f3. Sor Rosal\u00eda estaba cada vez m\u00e1s cerca del cielo.<\/p>\n<p>En la tierra sigui\u00f3 entreg\u00e1ndose a sus ocupaciones. Pero en su coraz\u00f3n pensaba en su patria definitiva. Con valent\u00eda fue arrastrando su prueba hasta que la enfermedad vino violentamente a derribarla por completo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>13. Preparaci\u00f3n para una santa muerte Sor Rosal\u00eda se sent\u00eda feliz, \u00abm\u00e1s feliz que nunca\u00bb, nos dice en una de sus cartas. Su casa era fervorosa. 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Los primeros compromisos La Primera Comuni\u00f3n Aquella ni\u00f1a que ten\u00eda un alma tan grande estaba dispuesta para hacer la primera comuni\u00f3n. Nuestro Se\u00f1or se complace en las almas rectas. Era tiempo de prepararla para la visita de su Dios. 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Por consiguiente, sent\u00eda una enorme veneraci\u00f3n hacia el sacerdote, mandatario en este mundo de nuestro Se\u00f1or,\u2026","rel":"","context":"En \u00abRosal\u00eda Rendu\u00bb","block_context":{"text":"Rosal\u00eda Rendu","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/la-familia-vicenciana-en-los-altares\/beatos\/rosalia-rendu\/"},"img":{"alt_text":"Sor Rosal\u00eda Rendu","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu-253x300.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]}],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25032","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25032"}],"version-history":[{"count":0,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25032\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25032"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25032"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25032"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}