{"id":25031,"date":"2015-02-16T01:42:44","date_gmt":"2015-02-16T00:42:44","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/12\/31\/sor-rosalia-rendu-parte-12\/"},"modified":"2015-02-16T01:42:44","modified_gmt":"2015-02-16T00:42:44","slug":"sor-rosalia-rendu-desmet-12","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-12\/","title":{"rendered":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 12"},"content":{"rendered":"<h2><strong>12. Sor Rosal\u00eda y el Sacerdocio<\/strong><\/h2>\n<h3>Grandeza del sacerdicio<\/h3>\n<div id=\"attachment_28980\" style=\"width: 263px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28980\" class=\"size-medium wp-image-28980\" title=\"Sor Rosal\u00eda Rendu\" alt=\"Sor Rosal\u00eda Rendu\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu-253x300.jpg?resize=253%2C300\" width=\"253\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28980\" class=\"wp-caption-text\">Sor Rosal\u00eda Rendu<\/p><\/div>\n<p>Sor Rosal\u00eda sent\u00eda un gran aprecio por el sacerdocio. Se trataba, a sus ojos, de la misma obra de nuestro Se\u00f1or Jesucristo continuada hasta noso\u00adtros. Por consiguiente, sent\u00eda una enorme veneraci\u00f3n hacia el sacerdote, mandatario en este mundo de nuestro Se\u00f1or, dotado de sus poderes, distri\u00adbuidor de sus gracias y de sus sacramentos.<\/p>\n<p>Educada en una atm\u00f3sfera familiar impregnada totalmente de fe, hab\u00eda ya comprendido desde su ni\u00f1ez esta alta dignidad del sacerdote y el precio de la gracia que \u00e9ste lleva consigo.<\/p>\n<p>Hab\u00eda tenido como padrino a un sacerdote, el se\u00f1or Emery. Este padri\u00adnazgo la hab\u00eda hecho entrar en la intimidad de este sacerdote eminente. En las lecciones del padrino a su ahijada y tambi\u00e9n en el espect\u00e1culo de hero\u00edsmo y de prudencia que hab\u00eda dado el se\u00f1or Emery durante la revo\u00adluci\u00f3n, ella hab\u00eda logrado distinguir toda la belleza de un sacerdocio de\u00adbidamente comprendido y sinceramente vivido.<\/p>\n<p>Durante los d\u00edas del Terror, hab\u00eda visto a aquellos santos sacerdotes que se ocultaban en su casa paterna y que, para ejercer su sacerdocio, pon\u00edan en peligro sus vida por culpa de las leyes persecutorias. Ella misma, como todos los familiares de su casa, conoci\u00f3 el riesgo de la denuncia y de la muerte, por haber dado hospedaje y haber ocultado a aquellos heroicos sacerdotes.<\/p>\n<p>El sacrificio, aceptado amorosamente por una noble causa, hace que el 3mor eche ra\u00edces en el coraz\u00f3n. Juana Mar\u00eda Rendu hab\u00eda sufrido por el sacerdocio; lograr\u00eda amarlo cada vez m\u00e1s; le servir\u00eda.<\/p>\n<p>La familia tuvo el honor de ver c\u00f3mo se desarrollaba en varios de sus miembros el germen tan delicado de la vocaci\u00f3n sacerdotal: un primo de Sor Rosal\u00eda, pariente por parte de madre, el abate Laracine, lleg\u00f3 al sacerdocio. Otro primo, el abate Neyroux, hermano de sor Victoria, fue p\u00e1rroco de Saint-Geney (Ain).<\/p>\n<h3>Al servicio del sacerdocio<\/h3>\n<p>Estando ya en Par\u00eds, sucedi\u00f3 que un d\u00eda se present\u00f3, entre los visitantes que se sent\u00edan atra\u00eddos a la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois por el cr\u00e9dito de sor Ro\u00adsal\u00eda y su fama de santidad y de prudencia, un joven seminarista, introducido sin duda por algunos estudiantes amigos suyos. Indeciso sobre su voca\u00adci\u00f3n, ven\u00eda a buscar t\u00edmidamente un poco de luz a aquel foco de donde irradiaba la virtud de Dios. Hab\u00eda o\u00eddo que sor Rosal\u00eda daba siempre ex\u00adcelentes consejos; tambi\u00e9n se los podr\u00eda dar en aquel terreno delicado. \u00abLa prudencia estaba en sus labios\u00bb. La \u00abciencia de los santos\u00bb tiene intui\u00adciones que superan el ejercicio ordinario de la raz\u00f3n. Sor Rosal\u00eda, cuya alma desprendida se hab\u00eda convertido en un santuario familiar donde abun\u00addaban los dones del Esp\u00edritu Santo, derramaba con sencillez su luz sobre los dem\u00e1s. Lo sab\u00eda hacer tan bien que algunos venerables sacerdotes, cuando ten\u00edan que pronunciar su decisi\u00f3n sobre algunas vocaciones incier\u00adtas o titubeantes, acud\u00edan a someterle a la humilde hermana esos casos preocupantes. Y ella, que no sab\u00eda negarse a ninguna llamada, se prestaba a esta tarea excepcional. Comunicaba sus luces en la medida en que Dios se las comunicaba a ella.<\/p>\n<p>Estos problemas delicados, que agudizaban su sentido de lo divino, le hac\u00edan al mismo tiempo apreciar cada vez m\u00e1s la dignidad sacerdotal. Por eso sufr\u00eda mucho cuando observaba en algunos miembros del clero una deficiencia. No por ello se extra\u00f1aba demasiado; sab\u00eda que el sacerdo\u00adte es hombre, que est\u00e1 sujeto a las debilidades humanas. Pero se preocupa\u00adba de \u00abresucitar en ellos la gracia que se les ha dado por la imposici\u00f3n de las manos\u00bb, restaur\u00e1ndola en toda su belleza, con la fuerza que el sacerdote necesita para llevar sobre sus hombros toda esa carga de oro que es el sacerdocio. Por eso, en cuanto de ella depend\u00eda, ayudaba al sacerdote a realizar esa belleza y magnificencia de vida que ella cre\u00eda que era el ideal sacerdotal.<\/p>\n<p>Ciertas defecciones como la de Lamennais, la destrucci\u00f3n de semejantes tesoros, le causaban una gran pena y abr\u00edan en su alma una herida muy viva que nunca se cerraba. Acostumbrada a aliviar todas las miserias, in\u00adtent\u00f3 reducir a Lamennais a su obligaci\u00f3n, pero sin tener \u00e9xito.<\/p>\n<p>Hemos visto ya la confianza que hab\u00eda demostrado el se\u00f1or arzobispo de Par\u00eds a la casa de las hijas de la Caridad del barrio Mouffetard en medio de unas circunstancias que requer\u00edan mucha discreci\u00f3n y mucha delicadeza. Fue a ella a quien se dirigi\u00f3 para atender a las necesidades de aquel buen sacerdote que estaba bajo la posesi\u00f3n diab\u00f3lica. Y d\u00eda tras d\u00eda, la superiora de la casa de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois fue cumpliendo con pleno \u00e9xito esta tremenda obligaci\u00f3n, en aquel terreno perturbado por la influencia del diablo.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda, que hab\u00eda acompa\u00f1ado una vez a su superiora a casa de aquel pobre sacerdote, guard\u00f3 seguramente en su coraz\u00f3n, junto con el re\u00adcuerdo de aquella dram\u00e1tica visita, la entusiasta perspectiva del bien que estaba destinada a hacer. La c\u00e1lida emoci\u00f3n de aquel d\u00eda, junto con el p\u00e1nico que experiment\u00f3 por un momento, dej\u00f3 seguramente grabado en su \u00e1nimo, no s\u00f3lo un profundo horror ante las fechor\u00edas del demonio, sino una gran piedad por sus v\u00edctimas y una gran estima por aquel sacerdocio que el diablo intentaba profanar y desacreditar. Por eso, siempre que se presente la ocasi\u00f3n, har\u00e1 todo lo posible por asegurar y defender la belleza de las almas sacerdotales.<\/p>\n<p>La Providencia puso en su camino, en aquella ciudad agitada de Par\u00eds, algunos pobres sacerdotes que arrastraban una vida mediocre, en aquel re\u00adfugio de la miseria que intenta pasar desapercibida. Pero para cualquiera que haya sido llamado a la grandeza, la mediocridad es un fracaso. Sor Ro\u00adsal\u00eda ten\u00eda la ambici\u00f3n de devolver a esas personas ca\u00eddas la corona que de\u00adb\u00edan llevar.<\/p>\n<p>Era algo muy dif\u00edcil. Pero sab\u00eda ser cari\u00f1osa como una madre y repro\u00adchar con tanto vigor a las personas ca\u00eddas que todas ellas lograban encon\u00adtrar un firme apoyo en la roca firme de su fe.<\/p>\n<h3>El \u00abbuen salvador\u00bb de Caen y el abate Jamet<\/h3>\n<p>Adem\u00e1s, para esos salvamentos contaba con poderosos auxiliares en una interesante casa de Caen que llevaba un nombre predestinado, el de \u00abBuen Salvador\u00bb, excelente casa de reposo donde, gracias a las atenciones de las religiosas y a la solicitud de un excelente capell\u00e1n, se atend\u00eda a la salud de los enfermos y tambi\u00e9n a veces a los corazones desenga\u00f1ados.Hab\u00eda all\u00ed un santo sacerdote, el padre Jamet que, junto con la madre Le Chasseur, superiora de las religiosas del \u00abBuen Salvador\u00bb, hab\u00eda fundado aquella obra tan digna de inter\u00e9s. La obra hab\u00eda ido prosperando entre sus manos h\u00e1biles y abnegadas. Dios hab\u00eda dado su bendici\u00f3n al esfuerzo de aquellos corazones sinceros. Hab\u00eda varios pabellones y una gran variedad de servicios. El padre Jamet, alma de toda aquella obra, conced\u00eda la limosna de los tesoros de su sacerdocio a todas las personas que acud\u00edan a \u00e9l, pero especialmente a los sacerdotes.<\/p>\n<p>Sucede a veces que un sacerdote, muy personal, muy apegado a sus ideas, se encuentra un d\u00eda en desacuerdo, quiz\u00e1s en conflicto, con las auto\u00adridades de su di\u00f3cesis. Si se sigue obstinando en sus ideas, quiz\u00e1s un d\u00eda se vea obligado a ir a buscar en otro sitio una vana libertad. Pero entonces, pobre astro errante en la inmensidad del mundo, se encuentra solo, vaga\u00adbundo, sin el sost\u00e9n del marco tan s\u00f3lido que constitu\u00eda su fuerza. \u00a1Dichoso entonces si lograba tropezar con el \u00abBuen Salvador\u00bb!<\/p>\n<p>En Caen hab\u00eda un \u00abBuen Salvador\u00bb. Sor Rosal\u00eda lo conoc\u00eda bien. Hab\u00eda enviado all\u00e1 a muchos de sus protegidos a que cuidaran de su salud. Se en\u00adcontraban all\u00ed como en familia. Saboreaban las alegr\u00edas de la paz y la tranquilidad del descanso. Si era necesario, volv\u00eda a encontrarse tambi\u00e9n con el gusto por la vida ordenada y disciplinada.<\/p>\n<p>Cuando un sacerdote, con el alma llagada, hab\u00eda pasado alg\u00fan tiempo en aquel oasis de paz y de caridad, lejos de los conflictos amargos, sent\u00eda renacer en su alma la dulzura de los pensamientos serenos y de las sanas aspiraciones. Y liberada del rencor y del orgullo, aquella alma, aligerada, recobraba el gusto por la oraci\u00f3n, por el breviario y por la santa misa. Volv\u00eda la nostalgia de las funciones sagradas. El sacerdocio brillaba de nuevo con todo su esplendor. \u00a1Hab\u00eda ca\u00eddo el velo!<\/p>\n<p>Los obispos, que hab\u00edan podido comprobar el \u00e9xito que alcanzaban muchas de las empresas apost\u00f3licas de sor Rosal\u00eda, acud\u00edan a ella con fre\u00adcuencia cuando alg\u00fan pobre sacerdote de su di\u00f3cesis ca\u00eda por Par\u00eds, al margen de la vida diocesana. Sor Rosal\u00eda invitaba entonces a aquella per\u00adsona a que le hiciera alguna visita, le acog\u00eda con solicitud, le sacaba del aislamiento, le procuraba una vivienda honesta y agradable, atend\u00eda a sus necesidades, le ofrec\u00eda ropa y vestido, le visitaba con frecuencia y alentaba sus buenas esperanzas.<\/p>\n<p>Tantos esfuerzos se ve\u00edan muchas veces coronados por el \u00e9xito. Sor Ro\u00adsal\u00eda enviaba entonces a aquel hombre de buena voluntad al \u00abBuen Salva\u00addor\u00bb para que acabara de robustecerse all\u00ed su esp\u00edritu y su salud corporal.<\/p>\n<p>El obispo de una di\u00f3cesis cercana a Par\u00eds le envi\u00f3 un d\u00eda a uno de sus j\u00f3venes sacerdotes, que llevaba diez a\u00f1os de ordenado, pero tres en entre\u00addicho; \u00abtiene la debilidad de beber -le dec\u00eda el prelado a sor Rosal\u00eda apenas encuentra ocasi\u00f3n para ello\u00bb, con lo cual daba frecuentes esc\u00e1ndalos. Sor Rosal\u00eda lo recibi\u00f3, le busc\u00f3 alojamiento y ocupaciones; durante varios meses, lo sigui\u00f3 muy de cerca: \u00absu pasi\u00f3n lo humilla mucho -escrib\u00eda-, pero por otra parte es buena persona y tiene muy buen car\u00e1cter\u00bb. Poco des\u00adpu\u00e9s, el 19 de junio de 1840, lo envi\u00f3 al querido \u00abBuen Salvador\u00bb con es\u00adtas palabras de esperanza: \u00abSer\u00e1 una de tantas obras buenas que tendr\u00e1n ustedes que a\u00f1adir a las ya hechas\u00bb.<\/p>\n<p>Aquel pobre sacerdote era un buen hombre: \u00abno se ha desviado nunca de la l\u00ednea que le marcaban la fe y la moralidad. Pero es algo inclinado a beber en los momentos de melancol\u00eda\u00bb. \u00a1Los momentos de melancol\u00eda! \u00a1Una buena excusa! \u00a1Pero tambi\u00e9n una imprudencia la de aquel pobre hombre! S\u00ed, el vino est\u00e1 hecho para alegrar el coraz\u00f3n del hombre. \u00bfNo es eso lo que nos dice la Escritura? Pero \u00a1cuidado! Despu\u00e9s del primer trago<\/p>\n<p>En definitiva, un remedio peligroso. Porque la melancol\u00eda es a veces tenaz. Y conduce finalmente al tercer trago, y al cuarto y al quinto. Convie\u00adne buscar en otra parte el remedio a la melancol\u00eda, que es tan mala consejera. Acostumbremos a las almas melanc\u00f3licas a las distracciones alegres, a la espera confiada en la ayuda de Dios y de sus consuelos, en el trabajo y la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Pobre sacerdote, vete entonces a saborear el buen vino de la amistad en compa\u00f1\u00eda de tus hermanos, en esos banquetes fraternales que suele haber despu\u00e9s de las reuniones mensuales en los arciprestazgos y donde brota el buen humor en las almas sacerdotales siempre juveniles. No hay nada tan sanamente alegre como esas reuniones donde se mezclan las risas con las ideas serias. Y entonces no te entrar\u00e1n ganas de tomarte m\u00e1s de dos vasos. Y habr\u00e1s superado tu mala inclinaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda ten\u00eda muchas veces el consuelo de comprobar c\u00f3mo se re\u00adcuperaban aquellos buenos hombres, d\u00e9biles, pero sin malicia, que estaban realmente deseosos de volver a encontrar la belleza ideal y las alegr\u00edas inefables de los primeros a\u00f1os de su sacerdocio.<\/p>\n<p>Estas recuperaciones eran a veces dif\u00edciles y las reca\u00eddas segu\u00edan siendo posibles. Pero ella se mostraba incansable en dar \u00e1nimos, en inspirar con\u00adfianza, en insistir ante el \u00abBuen Salvador\u00bb para que atendieran a aquellos esp\u00edritus inquietos. A veces se los confiaba al abate Migne, que los conver\u00adt\u00eda en excelentes correctores o compositores de sus grandes colecciones pa\u00adtr\u00edsticas. Ten\u00eda tambi\u00e9n en el \u00abBuen Salvador\u00bb, junto con el padre Jamet, a un joven colaborador, el abate Furon, un sabio que trabajaba con dom Pitra en establecer los textos patr\u00edstico. Este sacerdote era un buen inter\u00admediario para entrar en tratos con el abate Migne.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda les sol\u00eda recomendar a todos este hermoso trabajo de cola\u00adboraci\u00f3n en obras de tanta importancia. Los animaba y les felicitaba por ello. Y no dejaba de reprender animosamente a las negligentes, mezclando siempre en sus reproches algunos acentos maternales. Unas veces de viva voz y otras por medio de cartas, cuando estaban en Caen, les hablaba con energ\u00eda, tal como a veces suelen hablar las madres. Y le ped\u00eda a las religio\u00adsas del \u00abBuen Salvador\u00bb que les hicieran \u00abtrabajar, labrar la tierra, escardar, o tambi\u00e9n ense\u00f1ar en clase a los pobres sordomudos\u00bb. \u00a1No es posible ende\u00adrezar a nadie sin esfuerzo!<\/p>\n<p>Pero, por otra parte, \u00a1cu\u00e1nta solicitud muestra para con esos pobres desventurados! \u00a1C\u00f3mo los defiende y aboga por su causa! Hay que prestar o\u00eddos a estos acentos maternales (21 octubre 1839): \u00abLe ruego insistente mente, mi venerada madre, que ponga todos sus esfuerzos para que el se\u00f1or D&#8230; logre enderezarse! \u00ab. \u00abSe\u00f1or superior, le ruego que reciba al pobre sacerdote del que le hablo a la madre superiora. Es digno de su celo pas\u00adtoral. Es un alma que tiene necesidad de su caridad. Me parece sincera su buena voluntad. Su constancia me da la m\u00e1s completa confianza en sus confianza sin l\u00edmites\u00bb. Y a otro lo presenta con esta f\u00f3rmula tan hermosa: \u00abLe ruego que lo honre con su solicitud paternal\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 ardor de celo en aquella alma! \u00a1Qu\u00e9 bondad! \u00a1Qu\u00e9 benevolencia y delicadeza! \u00a1Qu\u00e9 insistente y eficaz deb\u00eda ser su palabra cuando, en el des\u00adpacho, sermoneaba a esos pobres hombres de viva voz para alentar su fe, recordarles su grandeza y avivar sus buenos deseos!<\/p>\n<p>Esperando siempre contra toda esperanza, prodigaba sus alientos y sus muestras de gratitud a las buenas hermanas que se dedican a esta obra tan dif\u00edcil. Les aseguraba \u00absu sincero e incomparable afecto\u00bb. Les enviaba \u00absu infinito agradecimiento y su respeto en grado superlativo\u00bb. Y como com\u00adpensaci\u00f3n de sus servicios les promet\u00eda su ayuda por medio de esta f\u00f3rmula tan sincera: \u00abNo me olvide, madre, siempre que me crea usted capaz de hacer algo que pueda agradarles\u00bb. No dejaba de recordarles la importancia de la obra y el bien que hac\u00edan: \u00abEs una gran desdicha para la iglesia verse abandonada de sus hijos, y m\u00e1s a\u00fan para ellos el verse alejados de su ma\u00addre, dej\u00e1ndose arrastrar por la seducci\u00f3n de las pasiones. \u00a1Qu\u00e9 feliz es usted, mi buena madre, de lograr que algunos entren por el buen camino! Le ben\u00addecir\u00e1n sin duda los \u00e1ngeles de la guarda de esos pobres infortunados. Experimentar\u00e1 usted en la hora de la muerte los efectos de su celo tan caritativo. Y esa muerte ser\u00e1 entonces tan hermosa como su vida\u00bb (carta del 7 de septiembre de 1839).<\/p>\n<p>La verdad es que se necesitaba cobrar \u00e1nimos continuamente. Siempre habr\u00e1 \u00abdesventurados que sean una desolaci\u00f3n para la iglesia. Se le ofende mucho a Dios. \u00a1Procuremos repararlo!\u00bb. Y de hecho, procuraban reparar el da\u00f1o lo mejor posible. \u00a1Qu\u00e9 abnegaci\u00f3n incesantemente renovada se des\u00adplegaba en aquella casa del \u00abBuen Salvador\u00bb! El 28 de noviembre de 1839 escrib\u00eda sor Rosal\u00eda: \u00ab\u00a1Cu\u00e1nto me gustar\u00eda que todos esos pobres enfermos de esp\u00edritu estuviesen en casa de ustedes! Estar\u00edan entonces en el buen ca\u00admino\u00bb. \u00abMe he enterado con mucha satisfacci\u00f3n de la decisi\u00f3n de X&#8230; Lo mejor que ha podido hacer ha sido acudir a casa de ustedes, donde se encuentra realmente su \u00abBuen Salvador\u00bb\u00bb. En efecto, acudir al \u00abBuen Sal\u00advador\u00bb, era para todos ellos la mejor salvaguardia, la salvaci\u00f3n, la paz, la alegr\u00eda. Poder encontrar all\u00ed alguna ocupaci\u00f3n, hacer alg\u00fan servicio mien\u00adtras se aprovechaban de la protecci\u00f3n de aquella santa casa y de las ben\u00addiciones que Dios derramaba sobre ella, era una aut\u00e9ntica felicidad para quien quisiera prestarse a ella.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda no cesaba de animar a los dem\u00e1s y de animarse a s\u00ed misma. Ten\u00eda toda la raz\u00f3n al mostrar todo su agradecimiento a tanta abnegaci\u00f3n y a una labor tan acertada. Con una sencillez y con un atrevimiento que constituyen sobre todo un honor para la casa del \u00abBuen Salvador\u00bb, ella misma indicaba cu\u00e1l ten\u00eda que ser la pensi\u00f3n de sus protegidos, seg\u00fan las posibilidades de cada uno de ellos y las suyas propias. A veces incluso no ten\u00eda reparos en solicitar una admisi\u00f3n gratuita. Y en el \u00abBuen Salvador\u00bb siempre aceptaban sus proposiciones. \u00a1All\u00ed no ten\u00eda nada que hacer la ley de la oferta y la demanda! Era otro mundo totalmente distinto. \u00a1Y qu\u00e9 her\u00admoso aquel mundo de la caridad! \u00a1Qu\u00e9 generosidad por una parte y qu\u00e9 naturalidad por otra en pedir un gesto caritativo, como si se tratara de algo absolutamente l\u00f3gico!<\/p>\n<p>La alegr\u00eda de las almas grandes consiste en hacer el bien. Pero Dios les reserva a veces ya en este mundo magn\u00edficas recompensas: uno de aquellos convertidos, que hab\u00eda vuelto al ministerio y se hab\u00eda hecho un sacerdote muy edificante, envi\u00f3 un d\u00eda al \u00abBuen Salvador\u00bb, para el altar de la sant\u00ed\u00adsima Virgen, dos candelabros de plata que sirvieran de testimonio de una gran conversi\u00f3n y de la noble gratitud de un alma grande.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda tuvo que desilusionar un d\u00eda a unos cuantos sacerdotes y seminaristas comprometidos imprudentemente en la triste aventura que du\u00adrante algunos a\u00f1os, poco despu\u00e9s de 1830, desol\u00f3 a la iglesia de Francia. Como consecuencia de las agitaciones revolucionarias, agitaciones en las instituciones, agitaciones en los esp\u00edritus, inquietudes en los corazones, obs\u00adtinaci\u00f3n en las almas, se produjeron hechos alarmantes: seducido por la ne\u00adcia ambici\u00f3n de desempe\u00f1ar alg\u00fan papel de importancia, cierto sacerdote, el abate Ch\u00e1tel, lleg\u00f3 a creerse destinado a fundar una iglesia nacional fran\u00adcesa, de la que \u00e9l ser\u00eda el jefe. Encontr\u00f3 alg\u00fan obispo jansenista que lo con\u00adsagr\u00f3 y orden\u00f3 que le dieran el t\u00edtulo de \u00abprimado de las Galias\u00bb; logr\u00f3 seducir a unos cuantos esp\u00edritus alocados y los orden\u00f3&#8230; \u00abseg\u00fan su herej\u00eda\u00bb, dec\u00eda sor Rosal\u00eda. De este modo se encontr\u00f3 al frente de un peque\u00f1o equipo evang\u00e9lico con el que celebraba las ceremonias lit\u00fargicas en lengua vulgar y al que enviaba todos los a\u00f1os sus \u00abpastorales de cuaresma\u00bb. La aventura no dur\u00f3 m\u00e1s que algunos a\u00f1os y acab\u00f3 lamentablemente en 1842 gracias a una intervenci\u00f3n de la polic\u00eda que cerr\u00f3 la casa central.<\/p>\n<p>Pero era preciso hacer que volvieran al buen camino los pobres extra\u00adviados. Algunos de ellos vinieron a buscar refugio en la acogedora casa de la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois. Hab\u00eda que ofrecer a aquellos corazones arre\u00adpentidos una acogida maternal. Sor Rosal\u00eda estaba ya acostumbrada a estos rasgos de clemencia y de misericordia. Pero adem\u00e1s hab\u00eda que poner en regla con las normas can\u00f3nicas la situaci\u00f3n de unos individuos que se hab\u00edan tomado con ellas tantas libertades. Hab\u00eda que hacer gestiones muy com\u00adplicadas y asegurar, despu\u00e9s de haberlos probado debidamente, el sincero arrepentimiento y la enmienda de aquellos extraviados ante las autoridades eclesi\u00e1sticas. No hab\u00eda nada capaz de detener a sor Rosal\u00eda. Por otra parte, su cr\u00e9dito ante las autoridades de la iglesia la convert\u00eda en poderosa inter\u00adcesora de aquellos hombres. En aquella ocasi\u00f3n sor Rosal\u00eda puso todo su esfuerzo y toda su benevolencia a su servicio. Y tuvo la alegr\u00eda de devolver a la iglesia algunos buenos servidores, v\u00edctimas de unos momentos de extrav\u00edo.<\/p>\n<p>El \u00abBuen Salvador\u00bb pasaba por aquellos momentos una prueba muy dura: hac\u00eda ya bastante tiempo que estaba enfermo el padre Jamet, probado frecuentemente por terribles dolores de cabeza. Llevaba dos a\u00f1os medio paralizado. Un d\u00eda de 1840, cuando contaba con unos 80 a\u00f1os de edad, mientras predicaba, se desvaneci\u00f3 en el p\u00falpito. Perdi\u00f3 el conocimiento. Lograron salvarlo, pero su salud estaba definitivamente quebrantada. No obstante, continu\u00f3 con su laborioso ministerio durante cinco a\u00f1os. Despu\u00e9s del accidente, sor Rosal\u00eda envi\u00f3 a la querida casa sus condolencias. Y una vez m\u00e1s demuestra el religioso afecto y los nobles sentimientos que alberga\u00adba en su coraz\u00f3n. Cuando se enter\u00f3 de lo sucedido, exclam\u00f3: \u00abMi querida madre, no dude usted de la sinceridad con que comparto su aflicci\u00f3n. Reza\u00admos con todo nuestro coraz\u00f3n para que pueda recuperarse su apreciado su\u00adperior\u00bb. Y a\u00f1ade: \u00abMe gustar\u00eda mucho tener noticias de c\u00f3mo va\u00bb (mayo de 1840).<\/p>\n<p>Cuando en 1845 se enter\u00f3 de su fallecimiento, escribi\u00f3 con fecha del 3 de febrero: \u00abMi querida madre, comparto con toda sinceridad el dolor que ustedes experimentan por la p\u00e9rdida de su venerado superior. S\u00e9 muy bien c\u00f3mo merece \u00e9l sus l\u00e1grimas, pero estoy segura de que el pensamiento de su felicidad lograr\u00e1 endulzar su pena. El tiene bien merecida la recompensa de que goza ya seguramente delante de Dios. \u00a1Qu\u00e9 consuelo en estos momentos para \u00e9l haber hecho tantas buenas obras! \u00a1Cu\u00e1nto tiene que agradecerle la iglesia por haber constituido una comunidad tan venerable como la suya! \u00a1Cu\u00e1nta gloria ha procurado a Dios! \u00a1Cu\u00e1ntas almas salva\u00addas! Rezaremos por \u00e9l y por todas ustedes, mi querida madre. La gratitud es la que nos impone esta obligaci\u00f3n\u00bb. Y en aquella ocasi\u00f3n recuerda espe\u00adcialmente a la buena madre Le Chasseur, la cofundadora, m\u00e1s probada que las dem\u00e1s por aquella muerte. Le env\u00eda entonces \u00absus saludos m\u00e1s afectuo\u00adsos\u00bb. \u00abD\u00edgale que me identifico con su dolor, yo que tantas veces he expe\u00adrimentado los efectos de su amable caridad\u00bb.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en su solicitud por los sacerdotes se hab\u00eda creado una hermosa <em>colaboraci\u00f3n entre las dos comunidades del \u00abBuen <\/em>Salvador\u00bb y <em>de <\/em>la <em>calle <\/em>de lEpe\u00e9-de-Bor\u00bbs, que hab\u00eda dado origen a una profunda amistad. EI alma tan sentible de sor Rosal\u00eda hab\u00eda encontrado all\u00ed, en unas obras caritativas de gran envergadura, donde saciar su sed de entrega, su deseo de hacer felices a los dem\u00e1s, su ambici\u00f3n de arrastrar con ella a otras almas por el noble camino de la caridad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>12. 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