{"id":25030,"date":"2015-02-15T04:00:34","date_gmt":"2015-02-15T03:00:34","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/12\/30\/sor-rosalia-rendu-parte-11\/"},"modified":"2015-02-15T04:00:34","modified_gmt":"2015-02-15T03:00:34","slug":"sor-rosalia-rendu-desmet-11","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/","title":{"rendered":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 11"},"content":{"rendered":"<h2><strong>11. Los asuntos extraordinarios<\/strong><\/h2>\n<div id=\"attachment_28980\" style=\"width: 263px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28980\" class=\"size-medium wp-image-28980\" title=\"Sor Rosal\u00eda Rendu\" alt=\"Sor Rosal\u00eda Rendu\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu-253x300.jpg?resize=253%2C300\" width=\"253\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28980\" class=\"wp-caption-text\">Sor Rosal\u00eda Rendu<\/p><\/div>\n<p>\u00a1Todo es extraordinario en esta vida de sor Rosal\u00eda! Una persona que la conoc\u00eda bien, la se\u00f1ora Bavcoffe de Montmahaut, viuda de Lamothe, intentando un d\u00eda definir en pocas palabras esta vida excepcional, dec\u00eda: \u00abSor Rosal\u00eda era una hermana muy buena\u00bb. Y a\u00f1ad\u00eda: \u00abUna hermana co\u00admo no hab\u00eda otra. Ella no era como las dem\u00e1s\u00bb.<\/p>\n<p>S\u00ed, ella no era como los dem\u00e1s. \u00a1Ella era extraordinaria! Pero lo que hab\u00eda de extraordinario en su vida, era m\u00e1s bien su forma de ser que los sucesos que acontec\u00edan. Ella lo hac\u00eda todo admirablemente bien. La alegr\u00eda de su alma le daba a todo cuanto hac\u00eda una belleza poco com\u00fan: desple\u00adgaba una actividad prodigiosa y sin embargo manten\u00eda en su esp\u00edritu una intensa vida interior que animaba todo su trabajo. Esta soltura en que se mov\u00eda su alma piadosa en continuidad con el pensamiento divino, en medio de tantas preocupaciones y de tanto trabajo, le ven\u00eda de la fe que anidaba en ella; la hab\u00eda conquistado a trav\u00e9s de una educaci\u00f3n hondamente cristia\u00adna; las circunstancias tr\u00e1gicas de su infancia hab\u00edan ahondado sus ra\u00edces y su fidelidad al deber la hab\u00eda alimentado siempre con nuevas energ\u00edas. Esta luz divina que iluminaba su esp\u00edritu irradiaba hacia fuera y llenaba de esplendor toda su vida.<\/p>\n<p>Hubo sin embargo en esta vida algunos acontecimientos que pertenecen a la gran historia y en los que sor Rosal\u00eda represent\u00f3 dentro de su barrio un papel preponderante. Se trata verdaderamente de acontecimientos extra ordinarios. Hemos de citar en primera fila las dos revoluciones de 1830 y de 1848 y las sobresaltos que en dos ocasiones sucedieron a la de 1830. En todas estas ocasiones sor Rosal\u00eda fue la hero\u00edna del barrio: \u00e1ngel de paz y de caridad, aplacaba los corazones enconados, calmaba con unas Cuantas palabras serenas los esp\u00edritus exaltados, curaba a todos los que acud\u00edan a ella sus heridas de cuerpo y de alma, ayudaba a los moribundos. Para cumplir esta tarea pasaba entonces mucho&#8217; tiempo en el campo de batalla, a pesar de las balas y de las terribles visiones de los combates.<\/p>\n<h3>Motines y barricadas. La Revoluci\u00f3n de 1830<\/h3>\n<p>En 1830 hab\u00edan pasado ya cerca de treinta a\u00f1os desde que sor Rosal\u00eda se hab\u00eda puesto al servicio del barrio Mouffetard. Sus a\u00f1os de entrega po\u00add\u00edan contarse por los a\u00f1os del siglo. Conoc\u00eda bien a todos los habitantes del barrio. Muchos de ellos hab\u00edan pasado, cuando eran ni\u00f1os, por sus asilos, sus escuelas y sus patronatos, antes de convertirse en padres y madres de familia. Todos ellos hab\u00edan gozado en alguna ocasi\u00f3n de sus cuidadas, de su ayuda, de sus socorros. Hab\u00eda arrancado a muchos de ellos de la enfer\u00admedad y de la muerte. Ella hab\u00eda recorrido las calles del barrio en todos los sentidos. Aquella era, seg\u00fan dec\u00eda, su \u00abdi\u00f3cesis\u00bb. Y sus \u00abdiocesanos\u00bb eran sus \u00abhijos\u00bb.<\/p>\n<p>Y he aqu\u00ed que aquel a\u00f1o de 1830 estalla la revoluci\u00f3n. Y la revoluci\u00f3n iba a ser sangrienta e irreligiosa. Porque se confundir\u00eda a la religi\u00f3n con la pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Ciertas medidas, inspiradas a pesar de todo en buenas intenciones, pero capaces de chocar con la mentalidad volteriana de la \u00e9poca, fueron la ocasi\u00f3n de que surgiera el descontento popular y comenzaran los trastornos pol\u00edticos. El destronamiento de los Borbones, la salida de Carlos X y de sus ef\u00edmeros ministros, se vieron acompa\u00f1ados de una campa\u00f1a violenta\u00admente antirreligiosa de calumnias contra el clero y las obras de la iglesia, que echar\u00edan el descr\u00e9dito sobre la religi\u00f3n y provocar\u00edan un gran n\u00famero de profanaciones y de asesinatos.<\/p>\n<p>El d\u00eda 27 de julio, bajo los ardores de un sol que se hab\u00eda levantado en toda su gloria, los descontentos empezaron a manifestarse con cierta violen\u00adcia. Aquella brillante jornada ir\u00eda seguida de otras tres, las que se designar\u00e1n como \u00ablas tres gloriosas\u00bb, pero que en realidad fueron tristes jornadas de revuelta. Se cierran las f\u00e1bricas; los obreros sin trabajo, cruzados de brazos, se echan a la calle y estorban la circulaci\u00f3n. Suena un disparo. Nadie sabe de d\u00f3nde ha venido, pero el mot\u00edn explota y comienza la lucha armada. Por un lado, Marmont y el ej\u00e9rcito regular; por otro, todo un pue\u00adblo que se exaspera, sin acabar de comprender lo que pasa. Toque a rebato, gritos, barricadas, disparos de fusil, ca\u00f1onazos&#8230; Se lucha por todos los rincones de Par\u00eds. El barrio Mouffetard se muestra esta vez relativamente tranquilo. Hay algunos gritos sediciosos, pero no es all\u00ed precisamente donde prende fuego la revoluci\u00f3n. \u00abPor aqu\u00ed estamos muy tranquilos -escribe ser Rosal\u00eda&#8211;. Este barrio, como usted sabe, est\u00e1 aislado de todos los ja\u00adleos\u00bb. La tranquilidad, sin embargo, era s\u00f3lo relativa y esta f\u00f3rmula no era quiz\u00e1s\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 que una f\u00f3rmula, destinada a tranquilizar a su familia que qui\u00adz\u00e1 pod\u00eda sentirse alarmada con aquella carta. Lo cierto es que sor Rosal\u00eda pasar va entonces algunos sustos.<\/p>\n<p>De todas partes llegaban a la casa de la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois heridos y moribundos. Amotinados y soldados, todos eran acogidos y cuidados caritativamente. La casa se hab\u00eda trasformado en hospital. Y era para aquella pobre gente un asilo de paz, lejos de las barricadas y de los disparos de fusil.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda iba y ven\u00eda. Mientras sus hermanas aseguran el servicio de la casa, ella sale a la calle. Va por todas partes predicando la paz, la calma, ayudando a un moribundo, ordenando el traslado de un herido. A veces tiene que detenerse en su marcha; hay que sortear los peligros; pero sigue intr\u00e9pida enfrent\u00e1ndose con las m\u00e1s duras situaciones. Mientras dure el conflicto, ser\u00e1n necesarios los \u00e1ngeles de la paz. \u00a1Sor Rosal\u00eda ser\u00e1 uno de ellos! \u00a1El descanso no cuenta para ella!<\/p>\n<h3>Un salvamento heroico<\/h3>\n<p>Despu\u00e9s de varios d\u00edas de emoci\u00f3n, de fatiga, de peligros, de pronto se le plantea a su esp\u00edritu valiente un problema que hubiera asustado y he\u00adcho retroceder a otras muchas personas. Se trataba de ir a buscar, no se sab\u00eda d\u00f3nde, a trav\u00e9s de toda la ciudad, en medio del alboroto y de la carnicer\u00eda, y arrancar de los brazos de los amotinados a un bravo soldado, un compatriota, un bienhechor, un amigo de su familia, padre de una de las bienhechoras de sus obras, de una de las amigas habituales de la casa. Antiguo soldado del Imperio, aquel hombre hab\u00eda hecho la campa\u00f1a de Rusia como oficial de los lanceros de Polonia que formaban parte de la escolta de Napole\u00f3n. Despu\u00e9s de su retiro, pasaba con su familia una parte del a\u00f1o en Par\u00eds y la otra en sus posesiones de Alsacia y del pa\u00eds de Con\u00adfort-Gex. Ten\u00eda en Confort unas f\u00e1bricas de tela para aprovisionar al ej\u00e9rcito, que funcionaban con prosperidad. Viv\u00eda por tanto con holgura y hasta con cierto lujo. En Confort hab\u00eda conocido a la familia de sor Rosal\u00eda y se hab\u00eda creado entre ambas familias cierta intimidad. Desde Alsacia su ma\u00addre le enviaba a sor Rosal\u00eda miel para sus enfermos. Y el se\u00f1or Bavcoffe de Montmahaut, buen cazador, le enviaba de vez en cuando alguna de la<sup>,<\/sup> piezas cazadas, lamentando no poder enviarle m\u00e1s por causa de loa trans\u00adportes un tanto dif\u00edciles. En Par\u00eds, su hija, la se\u00f1ora viuda de Lamothe, sol\u00eda visitar a sor Rosal\u00eda, pero para no quitarle en el locutorio un tiempo<sup>,<\/sup> que era precioso para ella, la acompa\u00f1aba en sus correr\u00edas caritativas comunic\u00e1ndose mutuamente noticias por el camino y recibiendo de ella mucha edificaci\u00f3n&#8230; Y cuando marchaba a Confort, no dejaba de ir a casa de sor Rosal\u00eda para ver si deseaba alg\u00fan recado para su madre.<\/p>\n<p>Aquel valiente soldado de las campa\u00f1as de Rusia v de la escolta de Napole\u00f3n se hab\u00eda convertido, durante el retiro, en oficial de la Guardia Nacional. Andaba entonces metido en la lucha contra los revoltosos. \u00a1Y ha\u00adb\u00edan perdido sus huellas! \u00a1Seguramente habr\u00eda sucumbido, como valiente militar! En el domicilio de su padre, calle Bourbon-Villeneuve en el barrio Poissonnier llevaban esper\u00e1ndolo dos d\u00edas. Todos estaban preocupados. Por ser comandante de puesto e inspector de las yeguadas militares que hab\u00eda en el barrio de Saint-Marceau, ten\u00eda que acudir all\u00e1 todos los d\u00edas. \u00bfSe ha\u00adbr\u00eda perdido en las revueltas que hab\u00eda habido por all\u00ed? Su mujer entonces, sin pensar en el peligro que corr\u00eda, acudi\u00f3 al barrio y fue a implorar la ayuda de sor Rosal\u00eda.<\/p>\n<p>Se ha narrado en varias ocasiones el magn\u00edfico hero\u00edsmo de este magn\u00ed\u00adfico salvamento. Hubo realmente suerte. Nos lo ha contado su misma hija.Sor Rosal\u00eda se super\u00f3 a s\u00ed misma en aquella ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda decidi\u00f3 salir sola. Oblig\u00f3 a la se\u00f1ora Bavcoffe de Mont\u00admahaut a quedarse en casa. El peligro era demasiado evidente. Ya hab\u00eda sido demasiado atrevida en sus primeras correr\u00edas en medio de la revuelta. Y he aqu\u00ed que de nuevo se vuelve a ver su corneta por las calles agitadas y llenas de gente enloquecida; quieren detenerla, impedirle que corra hacia una muerte probable; ella sigue adelante, atravesando por en medio de las barricadas. \u00a1Est\u00e1 expuesta a que 1a atraviesen las balas! Pero es la buena madre. La respetan. \u00a1La quieren demasiado! Por todas partes pregunta por el comandante Bavcoffe. No lo han visto por el barrio. Debe estar por otra parte. Y entonces se pone a recorrer la ciudad, en medio de peligros cada vez m\u00e1s graves, siguiendo en su b\u00fasqueda sin cesar. No hay nada que des\u00adanime a sor Rosal\u00eda. Confiando en Dios y en el prestigio de la caridad, reanuda su marcha, se enfrenta con las barricadas que son otros tantos cam\u00adpos de batalla, desaf\u00eda las balas, pregunta por todas partes por el coman\u00addante Bavcoffe. No lo han visto. Sigue adelante. Pasa el Sena. Se encuentra en el centro de Par\u00eds, donde el mot\u00edn hace estragos. Finalmente, en la plaza del H\u00f3tel-de-Ville, han visto caer al comandante. Lo busca anhelante entre los montones de cad\u00e1veres. Finalmente lo reconoce. Est\u00e1 entre los muertos, pero a\u00fan vive. Est\u00e1 desvanecido. Apenas respira. Pero ella lo devuelve a la vida. Abre los ojos. Contempla extra\u00f1ado su corneta. \u00a1Todav\u00eda hay espe\u00adranza! Su pecho est\u00e1 acribillado de heridas; contar\u00e1n cuarenta y nueve; adem\u00e1s los dedos de su mano derecha han sido cortados por un sable. Poco tiempo despu\u00e9s, gracias a unos ben\u00e9volos camilleros, el moribundo estaba en su domicilio; devuelto a la vida, lo recoge su familia. Y sor Rosa\u00adl\u00eda, sin recibir el menor da\u00f1o, regresa a la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois. Aquel d\u00eda muchos se sintieron felices en la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois y en la calle de Bourbon-Villeneuve.<\/p>\n<p>El nombre de Luis-Jos\u00e9 Bavcoffe de Montmahaut est\u00e1 inscrito en la columna de julio en la segunda lista de nombres gloriosos.<\/p>\n<p>Estos hechos heroicos no extra\u00f1an en la vida de sor Rosal\u00eda, pero su \u00e9xito no se explica ciertamente sin una especial protecci\u00f3n de la Providen\u00adcia que reservaba para otras haza\u00f1as a esta buena obrera de sus tareas. Nos revelan por otra parte el extraordinario prestigio que hab\u00eda conquis\u00adtado con su abnegaci\u00f3n sin reservas: una palabra suya bastaba para salvar a un hombre. Su presencia bastaba para salvar a un hombre. Su presencia bastaba para salvar a una casa. \u00a1Ella val\u00eda m\u00e1s que un equipo de gendarmes!<\/p>\n<h3>El saqueo del Arzobispado<\/h3>\n<p>Durante las jornadas de julio se saque\u00f3, se incendi\u00f3, se mat\u00f3 gente a mansalva. En medio de la fiebre de los combates y las locuras de la victoria, los amotinados vencedores proclamaban sus proyectos incendiarios. Y los rumores alarmantes volaban de boca en boca. Despu\u00e9s de otros centros religiosos, tambi\u00e9n le iba a llegar su turno al arzobispado. Las malas noti\u00adcias corren aprisa, pero sor Rosal\u00eda capt\u00f3 al vuelo lo que se dec\u00eda. Hab\u00eda que apresurarse a avisar al arzobispo y a librarle del peligro. Al d\u00eda siguiente, cuando el arzobispado fue saqueado, no hubo m\u00e1s que destrozos ma\u00adteriales. \u00a1El arzobispo hab\u00eda encontrado ya refugio en la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de\u00adBois! \u00a1Una espada de madera -eso es lo que significa Ep\u00e9e-de-Bois- muy fr\u00e1gil e infantil! \u00a1Humilde y pac\u00edfica ense\u00f1a de una pobre casa en donde ard\u00eda un noble fuego de caridad! Abrigo seguro, guardado por un alma grande. Sor Rosal\u00eda supo ahorrar a su arzobispo un desolador espect\u00e1culo y le salv\u00f3 la vida. El populacho enloquecido ejecut\u00f3 efectivamente sus malos designios. Era un d\u00eda de carnaval, el 13 de febrero de 1831. Por la ciudad no se notaba m\u00e1s que las diversiones desenfrenadas de aquellos d\u00edas, pero al acercarse a la isla de la Cit\u00e9, en donde se elevan la catedral y el arzobispado, los rostros se iban volviendo m\u00e1s duros y en la lejan\u00eda reso\u00adnaban ruidos de agitaci\u00f3n. En el malec\u00f3n del arzobispado la escena era deplorable; se desarrollaba ante la vista de la misma Guardia Nacional que, con las armas en la mano, parec\u00eda mirar con indiferencia el tremendo es\u00adpect\u00e1culo. Se arrojaban al Sena libros, muebles, ornamentos pontificales, que los invasores hab\u00edan arrancado del arzobispado. Una parte del gent\u00edo aplaud\u00eda divertido, otros callaban y se sent\u00edan inquietos ante aquel van\u00addalismo. S\u00f3lo una pobre anciana levantaba los brazos al cielo v maldec\u00eda en voz alta tan horrible profanaci\u00f3n. Sobre los techos y las paredes del arzobispado un hormiguero de hombres de todas las cataduras se arracimaban cubri\u00e9ndolos literalmente de arriba abajo, arrancando las piedras, re\u00adtorciendo los barrotes de hierro, sirvi\u00e9ndose de las vigas como de arietes para romperlo todo, quemando lo que pod\u00edan e inundando las habitaciones inferiores. Continuamente se o\u00eda el estr\u00e9pito de cristales rotos y el derrum\u00adbarse de las paredes; se elevaban nubes de polvo como si se tratara de un vasto incendio; el movimiento, el ruido, la destrucci\u00f3n no se deten\u00edan; los demoledores parec\u00edan armados de una fuerza y de un furor infernal; no hab\u00eda nada que se resistiera a sus golpes ni calmara su furor. Las m\u00e1scaras del carnaval, las risas de los que pasaban, toda aquella muchedumbre que los d\u00edas de fiesta llena las calles de Par\u00eds, terminaron formando un c\u00edrculo alrededor del arzobispado, gritando regocijados al ver caer las paredes y aclamando a los feroces demoledores.<\/p>\n<p>Entre tanto sor Rosal\u00eda guardaba a su arzobispo en la paz de su casa. Hab\u00eda logrado librar de la locura del populacho al primer pastor de la iglesia de Par\u00eds en un asilo de paz que respetaban los mismos amotinados.<\/p>\n<h3>Corderos en medio de lobos<\/h3>\n<p>Otro d\u00eda estaban a punto de incendiar un orfanato cercano.Las piado\u00adsas guardianas de los ni\u00f1os hu\u00e9rfanos recurrieron a sor Rosal\u00eda. Ella se diri\u00adgi\u00f3 hacia aquel lugar y con su presencia detuvo a los incendiarios. M\u00e1s a\u00fan, convertidos en corderos al verla a ella, los mismos lobos se pusieron a predicar la paz; organizaron una guardia de protecci\u00f3n a aquella casa para que nadie se acercara a hacerle da\u00f1o. Y uno de aquellos hombres dio esta consigna a sus compa\u00f1eros: \u00ab\u00a1Sobre todo, nada de ruido! \u00a1Dejad dormir a las ni\u00f1as y a sus guardianas!\u00bb.<\/p>\n<p>Es curioso. \u00a1Qu\u00e9 semilla de bondad ha depositado Dios en el coraz\u00f3n de los hombres, para que las almas m\u00e1s obstinadas pierdan su amargura delante de la caridad y las villan\u00edas del odio se cambien en espect\u00e1culo de bondad!<\/p>\n<p>Estas magn\u00edficas victorias de la caridad, que coronaban de gloria a la hero\u00edna del barrio Mouffetard y aumentaban d\u00eda tras d\u00eda su popularidad, no se quedar\u00edan sin represalia. Su gloria y la fama de sus haza\u00f1as acabar\u00edan d\u00e1ndole alg\u00fan disgusto. Pero ella sabr\u00eda dominarlos con la misma voluntad y la misma sangre fr\u00eda.<\/p>\n<h3>Al d\u00eda siguiente de la Revoluci\u00f3n. Legalidad y caridad<\/h3>\n<p>El d\u00eda 31 de julio fue derribado Carlos X. Le suced\u00eda el duque de Orl\u00e9ans, Luis Felipe.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda, sin ning\u00fan trasfondo pol\u00edtico de ninguna clase, estaba dis\u00adpuesta a mantener su caridad a pleno rendimiento en el seno del nuevo r\u00e9gimen. Pero su caridad inagotable entrar\u00eda una vez m\u00e1s en conflicto con la justicia de los hombres.<\/p>\n<p>La justicia que sucede a los movimientos revolucionarios suele ser de\u00admasiado severa. Tambi\u00e9n en esta ocasi\u00f3n fueron sus v\u00edctimas algunos gran\u00addes hombres. Y varios de ellos acudieron a buscar refugio en la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois. \u00a1Tremendo honor para sor Rosal\u00eda! \u00a1Terrible responsabilidad!<\/p>\n<p>No hab\u00eda nada que asustase a sor Rosal\u00eda. Pero no quer\u00eda ni pod\u00eda guardar en su casa, en contra de la voluntad de los poderes p\u00fablicos, a estos grandes refugiados. Les ayud\u00f3 a huir. Despu\u00e9s de las escaramuzas de 1832, un oficial de la Guardia Real que se hab\u00eda comprometido con los amotinados, vino tambi\u00e9n a buscar refugio y protecci\u00f3n en su casa. Ella lo salv\u00f3. Eran actos que no pod\u00edan gustarle ciertamente al Gobierno.<\/p>\n<p>Avisaron de ello al prefecto de polic\u00eda. Y dieron orden de arrestar a sor Rosal\u00eda. Pero el polic\u00eda encargado de su ejecuci\u00f3n se permiti\u00f3 hacer una observaci\u00f3n a su jefe: \u00a1Detener a sor Rosal\u00eda! \u00a1Aquello era sublevar a todo el barrio Saint-Marceau! \u00a1Todo el pueblo tomar\u00eda las armas para defenderla! \u00a1Un nuevo mot\u00edn! \u00a1As\u00ed no se acabar\u00eda nunca de arreglar la situaci\u00f3n!<\/p>\n<p>Hab\u00eda motivos para estar perplejos. As\u00ed pues, sor Rosal\u00eda era una ver\u00addadera potencia. Hab\u00eda que contar con ella. Hab\u00eda que parlamentar. Ir\u00eda a verla el mismo prefecto. No acababa de disgustarle la perspectiva de ver personalmente a semejante potentado, de tratar con ella y de obtener para el futuro una perfecta docilidad que pondr\u00eda la victoria en sus manos. Cuando el prefecto, el se\u00f1or Gicquel, lleg\u00f3 al locutorio de la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois, hab\u00eda all\u00ed, como siempre, un gent\u00edo enorme. La escena ha sido contada varias veces. Seguiremos la narraci\u00f3n de Chales Baussan en <em>su Vie de soeur Rosalie (pp. <\/em>81-83):<\/p>\n<p>\u00abEl prefecto pas\u00f3 por medio de la gente y pidi\u00f3 que le dejasen hablar en particular con sor Rosal\u00eda. La hermana, muy amablemente, le pidi\u00f3 que esperara a que hubiera recibido antes a sus pobres. Y cuando acab\u00f3 el desfile de obreros, de ancianos, de viudas. se acerc\u00f3 al prefecto y le pregunt\u00f3 en qu\u00e9 pod\u00eda servirle.<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1ora -le dijo el se\u00f1or Gicquel-, yo no he venido a pedirle ning\u00fan servicio, sino m\u00e1s bien para hac\u00e9rselo. Soy el prefecto de polic\u00eda. \u00bfSabe usted, hermana, que est\u00e1 gravemente comprometida? Con menosprecio de las leyes ha hecho usted que se escape un oficial de la antigua Guardia Real que, por rebeli\u00f3n abierta contra el gobierno, hab\u00eda merecido las penas m\u00e1s severas. Yo hab\u00eda dado ya \u00f3rdenes de detenerla a usted. Las he retirado por indicaci\u00f3n de uno de mis agentes. Pero he querido venir para saber por usted misma c\u00f3mo se ha atrevido a ponerse en rebeld\u00eda contra la ley.<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1or prefecto -respondi\u00f3 sor Rosal\u00eda-, yo soy hija de la Caridad; no pertenezco a ning\u00fan bando. Ayudo a los necesitados en cualquier situa\u00adci\u00f3n en que se encuentren; procuro hacerles todo el bien que puedo sin juzgarlos. Le prometo que, si alguna vez le persiguen y acude a pedirme ayuda, no se la negar\u00e9.<\/p>\n<p>\u00abDe esta forma la hermana y el prefecto de polic\u00eda siguieron unos mo\u00admentos defendiendo, la una, los derechos de la caridad; el otro, el deber de la polic\u00eda. Y si la hermana no convirti\u00f3 al prefecto, tampoco el prefecto logr\u00f3 convertir a la hermana.<\/p>\n<p>\u00abSe\u00f1or prefecto -le dijo ella al despedirle-, realmente no puedo pro\u00admeterle que no voy a comenzar de nuevo: siento que, si se presentase otra vez una ocasi\u00f3n similar, no tendr\u00eda \u00e1nimos para negar mi colaboraci\u00f3n. Una hija de la Caridad de san Vicente de Pa\u00fal no tiene nunca derecho a faltar a la caridad, sean cuales fueren las consecuencias de sus actos. \u00abEn efecto, su caridad era impenitente. Ocho d\u00edas m\u00e1s tarde estaba refu\u00adgiado en su casa un joven de la Vend\u00e9e, cuando lleg\u00f3 un comisario de po\u00adlic\u00eda. Ella avis\u00f3 al vandeano para que huyera; luego comenz\u00f3 con el co\u00admisario la m\u00e1s amable de las conversaciones. Cuando \u00e9ste se retir\u00f3 encan\u00adtado todav\u00eda de la conversaci\u00f3n con sor Rosal\u00eda, el fugitivo estaba ya lejos. \u00ab\u00bfQu\u00e9 quiere usted? -le dijo al d\u00eda siguiente al comisario, cuando \u00e9ste vino a reprocharle su conducta-; lo he hecho tanto por usted como por \u00e9l. He querido evitarle a usted la pena de prenderle y la preocupaci\u00f3n de cus\u00adtodiarle. \u00bfNo le parece que he obrado bien?\u00bb.<\/p>\n<p>Ante la obstinaci\u00f3n de esta terrible hermana que defend\u00eda a los amoti\u00adnados y a quien \u00e9stos a su vez defend\u00edan un\u00e1nimemente como se defiende a una madre, decidieron exponer sus quejas al Superior General. Este trasmiti\u00f3 a sor Rosal\u00eda las observaciones del gobierno. Pero se dice que sor Ro\u00adsal\u00eda sigui\u00f3 haciendo de las suyas sin enmendarse. \u00bfC\u00f3mo, sor Rosal\u00eda? \u00bfY la obediencia? \u00bfQu\u00e9 es lo que hace usted? \u00bfSe atreve a faltar a la obe\u00addiencia? Ella hab\u00eda demostrado ya suficientemente lo mucho que apreciaba la obediencia cuando, llamada poco antes a la casa madre bajo el peso de unas sospechas que pod\u00edan, aparentemente al menos, justificarse, prefiri\u00f3 callar y aceptar la humillaci\u00f3n ante todas sus compa\u00f1eras, someti\u00e9ndose sencilla y silenciosamente a las \u00f3rdenes de sus superiores.<\/p>\n<p>\u00a1Pero ahora se trataba de entregar a unos hombres a la muerte! \u00a1Eso era otra cosa! \u00a1Las humillaciones ella las habr\u00eda aceptado todo lo que hiciera falta! Pero tomar la m\u00e1s peque\u00f1a parte en la responsabilidad de esas ejecuciones capitales que horrorizaban a todo el mundo, \u00a1eso ella no lo quer\u00eda!<\/p>\n<p>\u00a1y ten\u00eda derecho a vacilar sobre su posible obligaci\u00f3n de obedecer! Sobre todo cuando se trataba de sus hijos del barrio Mouffetard, su coraz\u00f3n mater\u00adnal ten\u00eda ciertamente derecho a conmoverse y a resistir a lo mandado. \u00bfSe le pide acaso a una madre que entregue a sus hijos?<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda no entreg\u00f3 nunca a sus hijos. Crey\u00f3 que le era l\u00edcito des\u00adobedecer. Probablemente ni siquiera tuvo un momento de vacilaci\u00f3n; lo ve\u00eda con claridad. Si vacil\u00f3, si crey\u00f3 que ten\u00eda que pesar los pros y los contras de su acto, seguramente se pregunt\u00f3 -con todo acierto- si el pensamiento \u00edntimo de sus superiores al trasmitirle las normas del gobierno no estar\u00eda en el fondo en conformidad con el suyo. \u00a1Y seguramente atin\u00f3! Los superiores, en su foro interno, admiraban la generosidad y la nobleza de alma de sor Rosal\u00eda, pero ten\u00edan la obligaci\u00f3n de trasmitirle las obser\u00advaciones del gobierno. Una vez hecho esto, se sentir\u00edan probablemente muy contentos, al dejar a sor Rosal\u00eda frente a su propia conciencia, de ver c\u00f3mo continuaba realizando sus obras de caridad en las condiciones extraordina\u00adrias en que la hab\u00eda colocado la Providencia y c\u00f3mo evitaba enfrentarse con la polic\u00eda eludiendo sus graves sanciones contra los pobres condenados que se refugiaban en su casa, lo mismo que en otros tiempos se hab\u00edan refugiado en los lugares de asilo oficialmente inviolables.<\/p>\n<p>El superior general no era el \u00fanico que admiraba a sor Rosal\u00eda. Los mis\u00admos gobiernos la admiraban. Por otra parte, sor Rosal\u00eda hac\u00eda a todos un buen servicio, sin distinci\u00f3n de bandos: amotinados y gentes del gobierno se vieron libres de la muerte gracias a su intervenci\u00f3n. Ella realizaba, sin m\u00e1s, su tarea de pacificaci\u00f3n y de caridad.<\/p>\n<p>Y los gobiernos llegaron a admirarla tanta que un d\u00edacreyeron opor\u00adtuno decretar para la culpable la cruz de la legi\u00f3n de honor. Y de pronto fue el descontento el que cambi\u00f3 e1 campo. \u00a1Fue sor Rosal\u00eda la que se indign\u00f3!<\/p>\n<h3>La cruz de la Legi\u00f3n de Honor<\/h3>\n<p>Sor Rosal\u00eda no trabajaba ni mucho menos por alcanzar condecoraciones. Cuando, despu\u00e9s de los motines de 1848, Lamartine fue a felicitarla por su conducta, ella le dio las gracias por sus felicitaciones, pero a\u00f1adi\u00f3: \u00abSe\u00f1or, no ha sido precisamente por agradar a los hombres por lo que he hecho lo que cre\u00eda que era mi deber. Sirvo a Dios. Y es de \u00e9l de quien espero la recompensa\u00bb.<\/p>\n<p>Y el mundo de entonces lo sab\u00eda bien. A pesar de la invasi\u00f3n de ideas volterianas que todav\u00eda reinaban en los esp\u00edritus, el mundo sab\u00eda muy bien que sor Rosal\u00eda trabajaba por Dios. Que Dios quedara bien servida: eso era lo \u00fanico que pretend\u00eda. El mundo de hoy ya no piensa de este modo; ya no tiene esta fe. Es conveniente que de vez en cuando caiga alguna condeco\u00adraci\u00f3n, ante los ojos de esos incr\u00e9dulos, para adornar el h\u00e1bito de alguna religiosa consagrada al servicio de los hombres.<\/p>\n<p>Cuando la se\u00f1orita Bavcoffe de Montmahaut vino un d\u00eda a decirle a sor Rosal\u00eda que hab\u00eda sido propuesta para la cruz de la legi\u00f3n de honor, sor Rosal\u00eda no tuvo m\u00e1s que este curioso comentario: \u00ab\u00a1Est\u00e1s un poco loca!\u00bb. En su alma y en su conciencia, totalmente entregada a Dios, sor Rosal\u00eda no pod\u00eda imaginarse que fuera necesaria una condecoraci\u00f3n para recomen\u00addar su virtud a los ojos de su querida gente del barrio. Sab\u00eda muy bien que pod\u00eda contar con el agradecimiento y el afecto de todos sin nada de eso. Y esto era para ella la mejor de las recompensas despu\u00e9s de las que proce\u00adden del cielo. Por otra parte se sent\u00eda llena de confusi\u00f3n al pensar que pu\u00addiera ser ella una excepci\u00f3n entre tantas hijas de la Caridad que se entre\u00adgaban al servicio de los pobres. \u00a1Una hija de la Caridad condecorada! \u00a1Una hija de la Caridad llevando esas joyas y esos juguetes! \u00a1Nunca se hab\u00eda visto nada semejante! \u00a1Iban a re\u00edrse de ella! \u00abMe tengo bien merecida esa ver\u00adg\u00fcenza por mis pecados -dec\u00eda-, pero la siento por toda la comunidad. \u00a1Todo Par\u00eds se va a re\u00edr de nosotras!\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfAcaso era verdad que sor Rosal\u00eda iba a tener, precisamente entonces, una pizca de amor propio ante aquellas posibles burlas de todo Par\u00eds? \u00a1Pobre sor Rosal\u00eda, tan desprendida, que llevaba tanto tiempo luchando contra ese \u00abenemigo capital\u00bb que es el amor propio! Ella pod\u00eda ciertamente afrontar con serenidad todas las risas. Era su querida comunidad en quien pensaba y era la comunidad a la que deseaba evitar este extraordinario bochorno de condecoraciones mundanas.<\/p>\n<p>Sea lo que fuere, el hecho es que aquel rumor, que pronto se extendi\u00f3 por todo el barrio, desencaden\u00f3 una inmensa oleada de alegr\u00eda. Y las muje\u00adres de la Halle, que saben hacer bien las cosas, reunieron todas las flores que pudieron encontrar en el barrio y llegaron en una especie de manifes\u00adtaci\u00f3n hasta la peque\u00f1a calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois llevando un inmensa ramo digno de una reina.<\/p>\n<p>Y hubo ciertamente risas, pero llenas de cari\u00f1o y simpat\u00eda. Sor Rosal\u00eda, por su parte, no re\u00eda. Cre\u00eda que estaban confundiendo las cosas.<\/p>\n<p>Sin embargo, hay gestos populares de cuya sinceridad es imposible du\u00addar. Sor Rosal\u00eda, ante la amplitud y la convicci\u00f3n de esta manifestaci\u00f3n de unas personas que ella sab\u00eda que la quer\u00edan con sinceridad y con un afecto lleno de respeto, acab\u00f3 cediendo. Y ces\u00f3 cualquier duda cuando lleg\u00f3 una notificaci\u00f3n del Ministerio anunciando oficialmente la concesi\u00f3n de la cruz y su entrega inminente.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda entonces sali\u00f3 de su reserva. Hizo todo lo posible por esquivar el golpe y referir el honor -ya que ciertamente se trataba de un honor- a alguno de los administradores de su obra. Apel\u00f3 para ello a la Condesa Caffarelli, que ten\u00eda un hijo ocupando un alto cargo en el Minis\u00adtro. Pero la condesa no le hizo caso. Obr\u00f3 como deb\u00eda. Sor Rosal\u00eda pre\u00adsent\u00f3 entonces otro candidato. Todo fue in\u00fatil.<\/p>\n<p>Entonces protest\u00f3 diciendo que no quer\u00eda la condecoraci\u00f3n a ning\u00fan precio. Era digno de verse el empe\u00f1o que pon\u00eda en librarse de aquel honor. <em>Ac<\/em>ab\u00f3 apelando incluso a la piedad: como hab\u00eda estado recientemente enferma, no pod\u00eda abandonar el sill\u00f3n en donde descansaba. Fue en vano. Ante todos estos fracasos, envi\u00f3, como \u00faltima esperanza, a una de sus com\u00adpa\u00f1erasal padre Etienne, su superior general. Y el padre Etienne le res\u00adpondi\u00f3: \u00abD\u00edgale a sor Rosal\u00eda que se trata de una cruz como cualquier otra. No hay que hacer mucho caso de \u00e9sta. \u00a1Que no cree ning\u00fan problema a las personas que se la ofrecen!\u00bb.<\/p>\n<p>Y sor Rosal\u00eda se someti\u00f3. Y el se\u00f1or de Persigny acudi\u00f3 a la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois con la cruz de la legi\u00f3n de honor. Y sor Rosal\u00eda, en medio del grupo pintoresco de las buenas mujeres de su barrio, recibi\u00f3 aquella distinci\u00f3n.<\/p>\n<p>Parti\u00f3 el se\u00f1or de Persigny. Inmediatamente sor Rosal\u00eda, con un gesto r\u00e1pido, arranc\u00f3 la cruz que le hab\u00edan puesto y la escondi\u00f3 detr\u00e1s de un mueble diciendo: \u00abNo es precisamente con \u00e9sto como se alimenta a los pobres\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Pobre sor Rosal\u00eda! Los pobres eran \u00absu peso y su dolor\u00bb. \u00a1Los pobres! \u00a1Siempre los pobres! \u00a1Los quer\u00eda tanto! \u00a1Ellos eran los que se merec\u00edan toda su entrega y abnegaci\u00f3n!<\/p>\n<p>Cuando se fue calmando el entusiasmo de la gente y la casa volvi\u00f3 a la paz acostumbrada, sor Rosal\u00eda orden\u00f3 que no se hiciera nunca ninguna alusi\u00f3n a <em>la verg\u00fcenza <\/em>que le hab\u00edan merecido sus pecados.<\/p>\n<p>Pero no es tan f\u00e1cil cerrar la boca de los admiradores, ni tampoco la de los esp\u00edritus cr\u00edticos. Hubo personas mal informadas que ignoraban el permiso dado expresamente por el padre Etienne, que reprocharon a sor Rosal\u00eda haber aceptado aquella condecoraci\u00f3n en contra de todas las tra\u00addiciones de la comunidad. Sor Rosal\u00eda, heroicamente guard\u00f3 silencio. No se defendi\u00f3.<\/p>\n<p>La Providencia, siempre paternal, se encarg\u00f3 de ofrecerle la feliz com\u00adpensaci\u00f3n de un consuelo piadoso que lleg\u00f3 desde arriba: la acogida tan fr\u00eda que sor Rosal\u00eda hab\u00eda hecho al homenaje oficial no pod\u00eda ser ignorada en las altas esferas. Entre los visitantes habituales del palacio de la Presi\u00addencia hab\u00eda tambi\u00e9n algunos que visitaban habitualmente la casa de l&#8217;Ep\u00e9e de-Bois. El Pr\u00edncipe-Presidente no se sinti\u00f3 ofendido por la resistencia de aquella hermana; supo admirar y sonre\u00edr. Y tuvo incluso la delicadeza de acudir, siendo ya Emperador, al barrio Mouffetard para visitar a la que era su hero\u00edna.<\/p>\n<p>La visita imperial fue una gran fiesta para todo el barrio. Era el 18 de marzo de 1854. En la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois lo recibieron con sencillez, pero con la distinci\u00f3n que se le deb\u00eda. Cuando salud\u00f3 a sor Rosal\u00eda le dijo con una pizca de malicia: \u00ab\u00bfY la cruz de honor que le di, hermana? \u00bfC\u00f3mo es que no la lleva?\u00bb.<\/p>\n<p>La respuesta no era f\u00e1cil. Pero sor Rosal\u00eda supo encontrar una frase gentil que revelaba una vez m\u00e1s la elevada concepci\u00f3n que ten\u00eda de su misi\u00f3n entre los pobres.<\/p>\n<p>En medio de sus queridos pobres, sor Rosal\u00eda se consideraba como si fuera fiesta todos los d\u00edas; el mismo emperador pudo constatar, al atravesar el barrio, cu\u00e1nto quer\u00edan a la hermana y cu\u00e1nto les alegraba a todos que se celebrara en su honor aquella fiesta. Sor Rosal\u00eda le contest\u00f3 al emperador: \u00ab\u00a1Ay, se\u00f1or! La fiesta es ya demasiado hermosa para que haya necesidad de a\u00f1adir nada para embellecerla!\u00bb.<\/p>\n<p>El emperador sonri\u00f3 y replic\u00f3: \u00ab\u00bfCon que no quiere usted la cruz de la legi\u00f3n de honor? \u00a1Bien! \u00a1Yo le enviar\u00e9 otra que espero le gustar\u00e1 recibir! \u00ab. Y desde Biarritz le envi\u00f3 poco despu\u00e9s una cruz de oro en la que esta\u00adban engastadas unas reliquias de san Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<h3>Nuevas alarmas<\/h3>\n<p>Por las alturas no faltaban conflictos. Pero al menos entre el pueblo, gracias al cambio de dinast\u00eda, se hab\u00edan serenado un poco los \u00e1nimos.<\/p>\n<p>La verdad es que, al principio del reinado de Luis Felipe, los corazones estaban llenos de esperanza. \u00a1Eran tan populares el nuevo rey y sus hijos! Se acercaban al pueblo con sencillez y se granjearon las simpat\u00edas de todos.<\/p>\n<p>Pero la serenidad no iba a ser m\u00e1s que pasajera. Ya el 8 de octubre escrib\u00eda sor Rosal\u00eda: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 lejos est\u00e1bamos, hace s\u00f3lo tres meses, de espe\u00adrar estas terribles sacudidas!\u00bb. Hab\u00eda por tanto terribles sacudidas. Y la fe del pueblo se hab\u00eda visto defraudada una vez m\u00e1s. La carta que sor Rosa\u00adl\u00eda dirige a sus familiares es alarmante: revela la inquietud general de los esp\u00edritus ante los sobresaltos de la pol\u00edtica. Sor Rosal\u00eda, que tanto se hab\u00eda dedicado a curar las llagas de la revoluci\u00f3n y a cuidar de los heridos, que tanto hab\u00eda hecho por aplacar los resentimientos y los odios, sab\u00eda muy bien por el contacto directo que ten\u00eda con el pobre pueblo que la revoluci\u00f3n no hab\u00eda arreglado las cosas. En la casa madre se notaba una viva inquie\u00adtud: se pensaba en la eventualidad de una dispersi\u00f3n moment\u00e1nea de las casas m\u00e1s expuestas. Las hermanas se refugiar\u00edan durante alg\u00fan tiempo en sus familias. Sor Rosal\u00eda preguntaba confidencialmente a una de sus primas de Confort si, en caso necesario, habr\u00eda en alguna de las numerosas casas de Confort sitio para ella y para sus dos primas, las hermanas Neyroux, y qui\u00adz\u00e1s tambi\u00e9n para sor Jacquinaud Cary. No se trata -escribe- m\u00e1s que de proyectos, de tomar precauciones para un caso extremo. Pero tiene mie\u00addo de que los superiores se vean forzados por las circunstancias. Vale la pena ser prudentes y prever las cosas. \u00abSi Dios nos concede la gracia de no tener que usar esos remedios, tendremos una agradable sorpresa\u00bb. Tiene cuidado de advertir que piensa seguir viviendo una vida de recogimiento, fuera de las reuniones mundanas. Y asegura que dispondr\u00e1 siempre de los medios de existencia que le permitan vivir decentemente. Luego, como mujer, pr\u00e1ctica, piensa en los detalles del viaje y del transporte. Y acaba pensando en el camino de la cruz, confesando que tiene \u00abl\u00e1grimas en los ojos y el coraz\u00f3n amargado\u00bb.<\/p>\n<p>Aquellos temores no eran vanos. En efecto, la revoluci\u00f3n no lo hab\u00eda arreglado todo. No hab\u00eda suprimido la ambici\u00f3n de la gente. La soluci\u00f3n de la cuesti\u00f3n din\u00e1stica no hab\u00eda resuelto la cuesti\u00f3n social. Y la cuesti\u00f3n social era angustiosa. El advenimiento de la gran industria hab\u00eda creado problemas tremendos que desgraciadamente estaban a\u00fan por solucionar. Los a\u00f1os que siguieron al 1830 conocieron no pocos descontentos, recla\u00admaciones y huelgas. Par\u00eds y otras grandes ciudades, como Li\u00f3n, conocieron la agitaci\u00f3n. Los a\u00f1os 1832 y 1834 fueron pr\u00f3digos en motines y suble\u00advaciones parciales.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda represent\u00f3 entonces como siempre su papel de \u00e1ngel paci\u00adficador. Extra\u00f1a a las soluciones t\u00e9cnicas del problema, no lo era ni mucho menos a la soluci\u00f3n de los problemas morales que complicaban y exasperaban los conflictos. Nunca podremos conocer la importancia de la ayuda que aport\u00f3 a la serenidad de los esp\u00edritus y de los corazones por medio de la obra de la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois, en donde se juntaban todas las clases de la sociedad en una atm\u00f3sfera de paz y de cordialidad.<\/p>\n<h3>El c\u00f3lera<\/h3>\n<p>Para colmo de desdichas, en medio de aquella situaci\u00f3n indecisa, un d\u00eda de 1832 corri\u00f3 por en medio de la gente una tremenda noticia: ;el c\u00f3lera hab\u00eda hecho su aparici\u00f3n en Europa! Poco despu\u00e9s estaba a las puertas de Par\u00eds. \u00a1Ya hab\u00eda c\u00f3lera en Par\u00eds! El p\u00e1nico cundi\u00f3 por todas partes. Fue preciso que sor Rosal\u00eda dominara su propia emoci\u00f3n para ser capaz de dominar el terror popular y enfrentarse con el tremendo azote. Aunque al principio se hab\u00eda sentido horrorizada, con la inminencia del peligro supo encontrar de nuevo su sangre fr\u00eda y su energ\u00eda de car\u00e1cter. El barrio Mouf\u00adfetard era menos salubre que los dem\u00e1s. \u00a1Era preciso sembrar la esperanza e intentarlo todo para curar y salvar a los enfermos!<\/p>\n<p>La gente estaba asustada. Al p\u00e1nico se uni\u00f3 pronto la villan\u00eda de necias sospechas esparcidas entre el pueblo y que tambi\u00e9n contagiaban a la gente. Pero en medio de aquella confusi\u00f3n el prestigio de sor Rosal\u00eda, que tanto le hab\u00eda servido en los motines pasados, le servir\u00eda una vez m\u00e1s para imponer un poco de raz\u00f3n y de sentido com\u00fan a los esp\u00edritus enloquecidos, haciendo que reinara la prudencia, la misericordia y la paz divina.<\/p>\n<p>Es evidente que sor Rosal\u00eda y sus compa\u00f1eras se entregaron con admi\u00adrable abnegaci\u00f3n aquellos d\u00edas al servicio de los apestados. En aquel barrio en donde llegaron a contarse cien muertos por d\u00eda, ellas se multiplicaron a la cabecera de los enfermos y de los moribundos. Curaban a los enfermos, sepultaban a los muertos, iban por todas partes despreciando el peligro. Los enfermos acud\u00edan incesantemente a su casa, como si fuera un puerto de salvaci\u00f3n que parec\u00eda estar protegido por la Providencia. Solamente una hermana se vio atacada por la peste y logr\u00f3 curar.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s extra\u00f1o en aquellas horas tr\u00e1gicas fue sin embargo que hubo que arrancar a no pocos inocentes de la necedad humana, que los condenaba y quer\u00eda que muriesen; a pesar de que los m\u00e9dicos y farmac\u00e9uticos hac\u00edan cuanto pod\u00edan por limitar el azote, cay\u00f3 sobre ellos la inicua sospecha de que lo favorec\u00edan por odio contra el pueblo y se vieron tratados de envene\u00adnadores p\u00fablicos. \u00a1Qu\u00e9 ideas tan malvadas y absurdas llegaron a sembrar algunos en aquel pobre pueblo de Francia tan prudente y tan sencillo!<\/p>\n<p>El doctor Royer-Collard se llevaba a un apestado al hospital; lo detu\u00advieron y lo quisieron matar. Era in\u00fatil protestar de que lo \u00fanico que quer\u00eda era llevarse al pobre enfermo para que lo cuidaran e intentaran arrancarlo de la muerte. No le hac\u00edan caso. La c\u00f3lera es ciega. Afortunadamente, cuan\u00addo ya no sab\u00eda qu\u00e9 hacer, le vino una idea genial y lanz\u00f3 en medio de aque\u00adlla buena gente del barrio Mouffetard un grito salvador; \u00abYo soy amigo de sor Rosal\u00eda!\u00bb. Apenas dicho esto, le dejaron pasar.<\/p>\n<p>En aquellos d\u00edas tan tristes era un consuelo saber que se pod\u00eda contar con el prestigio de las hermanas, protectoras de los inocentes y dispuestas a curar cualquier mal que pudiera ser curado. La luz que proyectaba su abnegaci\u00f3n, la visi\u00f3n de su intrepidez en medio del peligro, encend\u00edan en muchas almas nobles la hermosa ambici\u00f3n de servir. Su ejemplo era con\u00adtagioso, m\u00e1s a\u00fan que la peste. Los visitantes habituales de la calle de l&#8217;Ep\u00e9e\u00adde-Bois, los j\u00f3venes de las conferencias de san Vicente de Pa\u00fal que hab\u00edan acudido all\u00e1 en tiempos de paz, no desertaron entonces del campo de bata\u00adlla. Acudieron a ayudar a las hermanas, despreciando el peligro.<\/p>\n<p>Esta caridad organizada lleg\u00f3 a ser tan conocida que desde fuera lla\u00admaron a sor Rosal\u00eda y a los inimaginables recursos de su obra caritativa. En el Oise la epidemia diezmaba a la poblaci\u00f3n obrera, que se hab\u00eda que dado sin nadie que pudiera ayudarles. Se necesitaban voluntarios. Sor Rosa\u00adl\u00eda los reclut\u00f3 de entre los j\u00f3venes de las conferencias de san Vicente. Marcharon valientemente a aquel campo de batalla y llevaron con su abne\u00adgaci\u00f3n la reconfortante luz de la esperanza y el destello de su intr\u00e9pida juventud.<\/p>\n<h3>Los hu\u00e9rfanos<\/h3>\n<p>Cuando desapareci\u00f3 finalmente la epidemia, pudo hacerse el recuento de las v\u00edctimas. Hab\u00edan sido muchas. Y tambi\u00e9n hab\u00edan quedado muchos hu\u00e9rfanos. Sor Rosal\u00eda, en sus salidas por el barrio para visitar a los enfermos y a los pobres, recog\u00eda algunos todos los d\u00edas en las casas que hab\u00eda visitado la muerte. Eran, m\u00e1s que los otros, dignos de su caridad. A aquellos pobres peque\u00f1os les hac\u00eda falta un hogar; ella supo encontrarles una casa en la calle Pascal. Les dio albergue y comida. Encontraban en su coraz\u00f3n maternal todo lo que les faltaba; y sor Rosal\u00eda sab\u00eda dar cabida a todos dentro de \u00e9l. Pero con esta situaci\u00f3n se le hab\u00eda echado encima una nueva y dura preocupaci\u00f3n. Al convertirse en su madre adoptiva, tendr\u00eda que seguirles en la vida, vigilar por su salud, proporcionar a los de salud m\u00e1s delicada la estancia en alguna casa de campo, donde pudieran gozar de una atm\u00f3sfera m\u00e1s sana. Para ello tendr\u00eda que hacer nuevos gastos, reco\u00admendar a esos ni\u00f1os a los administradores de \u00abla Obra del c\u00f3lera\u00bb, a los de los \u00abAmigos de la infancia\u00bb. En el a\u00f1o 1840, varios a\u00f1os despu\u00e9s de que hubiera cesado la epidemia, todav\u00eda ten\u00eda que prodigarles sus cuidados, como bien demuestra su correspondencia. \u00a1Las preocupaciones de sor Ro\u00adsal\u00eda no eran preocupaciones de un d\u00eda!<\/p>\n<p>Y lo mismo que todas las madres, ella llevaba esta preocupaci\u00f3n con amor y con solicitud, sin darse cuenta del esfuerzo que aquello le costaba o llev\u00e1ndolo con alegr\u00eda cuando el cansancio se hac\u00eda notar. Un d\u00eda, en 1852, cuando tuvo necesidad de la casa de la calle Pascal para sus ancianos, tuvo que alejar de all\u00ed a sus peque\u00f1os hu\u00e9rfanos con gran pena de su coraz\u00f3n. Par lo menos ten\u00eda la satisfacci\u00f3n de saber que iban a otra casa muy acogedora, dirigida por sus hermanas las Hijas de la Caridad, en la calle M\u00e9nilmontant de Par\u00eds.<\/p>\n<p>A Sor Rosal\u00eda no le faltaba tampoco trabajo por otras partes. La vida volv\u00eda a su cauce normal, pero siempre llena de trabajos y de oraciones. Por lo menos podr\u00eda gozar durante algunos a\u00f1os de una paz relativa y la caridad podr\u00eda ejercerse sin demasiados sobresaltos ni aventuras.<\/p>\n<h3>La Revoluci\u00f3n de 1848<\/h3>\n<p>Pero una vez m\u00e1s, al acercarse el a\u00f1o 1848, el horizonte se ti\u00f1\u00f3 de densos nubarrones, dejando a las almas bajo la opresi\u00f3n de un porvenir que se adivinaba m\u00e1s terrible todav\u00eda que los d\u00edas de 1830.<\/p>\n<p>Francia, demasiada quebrantada por las revoluciones, tardaba en encon\u00adtrar un poco de estabilidad. Mientras los partidos pol\u00edticos disputaban sobre cuestiones de gobiernos y de reg\u00edmenes, un mal profundo, extra\u00f1o a la pol\u00edtica, invad\u00eda al mundo y hac\u00eda que brotase por todas partes el sufrimiento. Todo un pueblo de obreros, arrancados por la gran industria del trabajo apacible del campo o del trabajo independiente del taller artesano, se ence\u00adrraba d\u00eda tras d\u00eda, en masas compactas, dentro de las f\u00e1bricas y se somet\u00eda a un trabajo mucho m\u00e1s duro y rodeado de peligros mucho m\u00e1s serios de degradaci\u00f3n moral, Como contrapartida de estos inconvenientes, se busca\u00adba a tientas y con pocos \u00e9xitos una legislaci\u00f3n social prudente y atrevida al mismo tiempo. En un clima de competencia desenfrenada las empresas se ve\u00edan sometidas a las vicisitudes de la oferta y la demanda, expuestas al paro y a la quiebra. A los sufrimientos y miserias que todo esto acarreaba hay que a\u00f1adir las ambiciones de muchos y las <sup>&#8211;<\/sup>ideas libertarias de loca independencia que corr\u00edan m\u00e1s o menos por todas partes v en toda las filas de la sociedad. Cuestiones pol\u00edticas y cuestiones sociales, reivindicaciones pol\u00edticas y miserias sociales: todo se mezclaba y confund\u00eda. La burgues\u00eda quer\u00eda imponerse a los dem\u00e1s. Y el pueblo quer\u00eda vivir fuera de la miseria.<\/p>\n<p>Las simpat\u00edas que se hab\u00eda granjeado la familia real no pudieron man\u00adtenerse contra el sufrimiento, contra la ambici\u00f3n y contra la locura de in\u00addependencia. Fue la burgues\u00eda radical la que derrib\u00f3 el trono. Y una vez proclamada la rep\u00fablica, el pueblo, a trav\u00e9s de las vicisitudes que condu\u00adjeron al golpe de estado y al imperio, hizo de la revoluci\u00f3n republicana bur\u00adguesa una revoluci\u00f3n republicana social. Se hab\u00eda luchado y se segu\u00eda lu\u00adchando todav\u00eda en torno a la ley electoral y el sufragio universal. Y pronto empezar\u00eda la lucha por las reformas sociales.<\/p>\n<p>El pueblo, impaciente por sacudir sus sufrimientos, quer\u00eda remedios y remedios inmediatos: \u00ab\u00a1dentro de veinticuatro horas!\u00bb, dir\u00e1 alg\u00fan tribuno en la Asamblea. \u00a1Se so\u00f1aba ingenuamente con la felicidad perfecta! Y se la reclamaba con ingenuidad para todos los pueblos que padec\u00edan aquellos mismos sufrimientos. \u00a1Empresa mundial, ni m\u00e1s ni menos! El buen pueblo franc\u00e9s tiene estos hermosos arrebatos. Pero la vida no est\u00e1 hecha de solu\u00adciones inmediatas y simplistas; es mucho m\u00e1s compleja; va paso a paso, para que pueda seguir adelante y durar.<\/p>\n<h2>Sor Rosal\u00eda y los polic\u00edas<\/h2>\n<p>La gente acab\u00f3 exasper\u00e1ndose. La miseria segu\u00eda all\u00ed mismo, sin reme\u00addios oficiales. El descontento aumentaba a pasos agigantados. El barrio Mouffetard se agitaba, m\u00e1s a\u00fan que los otros. Sor Rosal\u00eda escuchaba los latidos de miedo y exasperaci\u00f3n del coraz\u00f3n de aquel pueblo que tanto quer\u00eda. Y sembraba palabras de paz, multiplicando sus gestos de caridad. Pero con su caridad empez\u00f3 a mezclarse la porra de la polic\u00eda. Y el choque se produjo! La polic\u00eda ten\u00eda evidentemente todas las ventajas y las posibilidades de vencer.<\/p>\n<p>\u00a1Los golpes se multiplicaron! Pero fue sor Rosal\u00eda la que tuvo la \u00faltima palabra. Intervino: \u00abNo pegu\u00e9is tan fuerte -grit\u00f3-; esa gente tiene ham\u00adbre. Quiz\u00e1s os llegue a vosotros el turno alg\u00fan!\u00bb. Y los golpes se detu\u00advieron. Y se hizo la paz. De momento se reanud\u00f3 la calma.<\/p>\n<p>Pero no iba a durar mucho aquella calma. Ciertas medidas impopulares del gobierno que intentaba poner remedio al paro mediante una especie de trabajo forzado desencaden\u00f3 la revuelta.<\/p>\n<p>Si el 1830 hab\u00eda tenido sus jornadas de julio, sus \u00abtres gloriosas\u00bb, 1848 tuvo sus cuatro jornadas de junio. Se desarrollaron las mismas escenas, pero con m\u00e1s violencia todav\u00eda: barricadas y luchas por las calles en todo Par\u00eds.<\/p>\n<h3>La represi\u00f3n<\/h3>\n<p>Pero esta vez hab\u00eda en el ministerio un terrible soldado, un hombre absolutamente honrado, pero de una energ\u00eda excesivamente dura. Era mi\u00adnistro de la guerra y jefe del poder ejecutivo. Frente al mot\u00edn recurri\u00f3 a los medios m\u00e1s radicales. Contra los cien mil insurrectos dispon\u00eda de cincuenta mil hombres de tropas regulares. Por todo Par\u00eds se entablaron los m\u00e1s san\u00adgrientos combates. En veinticuatro horas el mot\u00edn qued\u00f3 sofocado.<\/p>\n<p>En lo m\u00e1s recio del combate, mientras que los heridos v los muertos se acumulaban en el patio de la casa y los recreos del colegio, acostados pro\u00advisionalmente sobre paja, sor Rosal\u00eda recibi\u00f3 a un oficial del general Cavaignac, que le tra\u00eda el siguiente mensaje: \u00abEl general me env\u00eda a decirle que ante la obstinaci\u00f3n del barrio va a bombardearlo con balas de ca\u00f1\u00f3n. Tiene una escolta a su disposici\u00f3n para que salga usted con las hermanas, si los insurrectos no se rinden en el plazo de dos horas\u00bb.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda no estaba dispuesta a abandonar a sus hijos en medio del peligro. Agradeciendo vivamente al general su solicitud, le respondi\u00f3 al oficial: \u00abSe\u00f1or, d\u00e9 las gracias al general y d\u00edgale que nosotras somos las sirvientes de los pobres y que, como somas tambi\u00e9n sus madres, queremos morir con ellas\u00bb. \u00abVuestra abnegaci\u00f3n es muy hermosa, hermana -res\u00adpondi\u00f3 el oficial conmovido-, pero \u00bfpuede usted disponer de la vida de sus j\u00f3venes compa\u00f1eras, las otras hermanas?\u00bb. A su vez sor Rosal\u00eda le re\u00adplic\u00f3: \u00abSe\u00f1or, me parece que ser\u00eda una injuria si se lo preguntara. Pero, ya que usted lo desea&#8230; \u00ab. Abri\u00f3 la puerta de la sala donde estaban reunidas las hermanas haciendo un poco de lectura espiritual y les propuso la cosa con toda la sencillez posible. La palabra \u00abcobard\u00eda\u00bb acudi\u00f3 a la boca de todas ellas. Y se quedaron en su sitio.<\/p>\n<h3>Un nuevo salvamento dif\u00edcil<\/h3>\n<p>Otro episodio c\u00e9lebre de aquellas jornadas de angustia ha quedado gra\u00adbado en un cuadro que se ha convertido en adorno de muchas casas del barrio y que sigue all\u00ed como el sello irrecusable de la gratitud del pueblo para con la hero\u00edna del barrio Mouffetard. En el \u00e1ngulo de la calle Mouffe\u00adtard con la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois se hab\u00eda levantado una fuerte barricada. La disputaban con fiereza. En un asalto asesino, un oficial de la guardia m\u00f3vil hab\u00eda trepado a la barricada con sus tropas. Los acogi\u00f3 una terrible r\u00e1faga de fuego. Como cayeran todos los hombres que estaban a su lado, el oficial se encontr\u00f3 solo en medio de los insurrectos enfurecidos. Se repleg\u00f3 refugi\u00e1ndose en la callejuela de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois; muy cerca, a unos cuantos metros, se abr\u00eda el patio de la casa de las hermanas. Se precipit\u00f3 dentro de \u00e9l. Lo siguieron. Lograron acorralarle. Pero all\u00ed estaba sor Rosal\u00eda; se inter\u00adpuso entre ellas, cubriendo con su persona al oficial amenazado, y lanz\u00f3 este grito sublime: \u00ab\u00a1Aqu\u00ed no se mata!\u00bb. \u00abNo, aqu\u00ed no -replicaron los hom\u00adbres- \u00a1pero s\u00ed afuera! \u00a1S\u00e1qu\u00e9moslo! \u00ab. Sor Rosal\u00eda se enfrenta con ellos. Entonces los fusiles se levantan. \u00a1Van a hacer fuego por encima de los hombros de las hermanas que rodean al condenado! Pero sor Rosal\u00eda se pone de rodillas ante aquellos hombres sedientas de sangre: \u00abEn nombre de mi entrega de cincuenta a\u00f1os, de todo lo que he hecho por vosotros, por vuestras mujeres, par vuestros hijos, os pido la salvaci\u00f3n de este hombre\u00bb. Aquellas palabras les impresionaron. Los fusiles se bajaron. Algunos de aquellos hombres lloraban.<\/p>\n<p>El oficial se hab\u00eda salvado. Cuando todos se retiraron, el militar, descon\u00adcertado, dirigi\u00e9ndose a la hermana, le dijo: \u00ab\u00bfPero qui\u00e9n es usted, herma\u00adna?\u00bb. \u00abNada, se\u00f1or -replic\u00f3 sor Rosal\u00eda-; una simple hija de la Caridad\u00bb. Entre tanto los heridos y los muertos segu\u00edan acumul\u00e1ndose en la casa. Y con las heridos y los muertos, los ni\u00f1os y las mujeres que ven\u00edan a buscar noticias y sobre todo a buscar la paz al lado de la omnipotente sor Rosal\u00eda.<\/p>\n<h3>En la barricada<\/h3>\n<p>Sor Rosal\u00eda volvi\u00f3 a acudir al campo de batalla. La lucha hac\u00eda estra\u00adgos. Sor Rosal\u00eda pasaba por en medio de todos; las barricadas no la dete\u00adn\u00edan. Se enfrenta con las balas. Quieren detenerla, salvarla: \u00abVa usted a conseguir que la maten\u00bb \u00ab\u00bfQu\u00e9 me importa? \u00bfCre\u00e9is que puedo tener mu\u00adchas ganas de vivir al ver que est\u00e1n matando a mis hijos?\u00bb. Acude al lado de los que combaten, estando a veces entre dos fuegos. Y levanta entonces sus brazos diciendo: \u00ab\u00a1Pero dejad ya el fuego! \u00bfEs que no hay todav\u00eda bastantes viudas y hu\u00e9rfanos que alimentar?\u00bb.<\/p>\n<p>Aquellos hombres endurecidos ten\u00edan sin embargo coraz\u00f3n. La evoca\u00adci\u00f3n de sus mujeres y de sus hijos les hizo temblar. Y el canto de gratitud que se despertaba en el fondo de su coraz\u00f3n para con aquella que hab\u00eda asumido todas sus penas y todas sus alegr\u00edas, los rode\u00f3 de pronto de una sana alegr\u00eda. En aquellas almas iluminadas volvieron a surgir los buenos sentimientos, prudentes consejeros y portadores de paz. La c\u00f3lera amain\u00f3. Y mientras que en otros sitios prosegu\u00eda la lucha, la paz rein\u00f3 en aquel barrio privilegiado que disfrutaba de semejantes salvadores.<\/p>\n<p>Ahora hab\u00eda que pensar en sanar las heridas f\u00edsicas y morales de aque\u00adllas duras jornadas. La tarea no se hab\u00eda terminado todav\u00eda para sor Rosal\u00eda. \u00a1Cu\u00e1ntos heridos entre sus hijos! \u00a1Cu\u00e1ntas l\u00e1grimas para su alma de cristiana! \u00a1Cu\u00e1ntas v\u00edctimas desconocidas y cu\u00e1ntas v\u00edctimas c\u00e9lebres! Entre estas \u00faltimas estuvo monse\u00f1or Affre que, precedido de un joven por\u00adtador de un ramo de oliva, se subi\u00f3 a una barricada y cay\u00f3 herido por una bala perdida. En el mismo barrio de sor Rosal\u00eda cay\u00f3 tambi\u00e9n el general Br\u00e9a que, vencedor, quiso detener definitivamente la lucha y cuando acudi\u00f3 a parlamentar personalmente con los sublevados muri\u00f3 tambi\u00e9n bajo las balas.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntos prisioneros, que habr\u00edan de ser objeto de severas sanciones! Y entre ellos, \u00a1cu\u00e1ntas pobres hombres de aquel barrio, comprometidos casi a su pesar en aquella loca aventura y a los que sor Rosal\u00eda llamaba \u00abhijos suyos\u00bb! Llor\u00f3 por ellos e intent\u00f3 salvar a todos los que pudo.<\/p>\n<h3>Un hermoso acto de clemencia<\/h3>\n<p>En los d\u00edas que siguieron a la revoluci\u00f3n acudi\u00f3 a la escuela de sor Rosal\u00eda una ni\u00f1a desolada, que lloraba por su padre prisionero. No pod\u00eda consolarse. Sor Rosal\u00eda conoc\u00eda muy bien a su familia. Sab\u00eda que aquel hombre, cegado un momento por las palabras de los cabecillas, volver\u00eda a ser un buen obrero, por poco que se le protegiera de esos cabecillas&#8230; \u00a1y de los taberneros! Pero las consignas de las c\u00e1rceles eran muy severas y las sanciones terribles. A ella le hubiera gustado sin embargo librar de la muerte al pobre padre de su peque\u00f1a. Se puso a rezar. Pidi\u00f3 ayuda a la Providencia. Y la Providencia acudi\u00f3 a socorrerla.<\/p>\n<p>Como hemos visto, el general Cavaignac apreciaba a sor Rosal\u00eda. Cono\u00adc\u00eda el magn\u00edfico papel de pacificadora que hab\u00eda representado una vez m\u00e1s en los \u00faltimos d\u00edas. Y seguramente conoc\u00eda tambi\u00e9n el extraordinario salvamento del oficial, arrancado de la muerte por sor Rosal\u00eda. El generoso co\u00adraz\u00f3n del general apreciaba sobre todo aquel hero\u00edsmo. A veces acud\u00eda a la calle l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois. Y fue all\u00e1 despu\u00e9s de las jornadas sangrientas de junio a expresar a sor Rosal\u00eda la gratitud de Francia y quiz\u00e1s a buscar tambi\u00e9n un poco de aliento y de serenidad en aquel oasis de paz y a sabo\u00adrear el encanto de un alma grande.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda lo recibi\u00f3 con su acostumbrada sencillez y le invit\u00f3 a que visitara la escuela, que tambi\u00e9n hab\u00eda conseguido volver de nuevo a la paz. All\u00ed podr\u00eda percibir la alegr\u00eda de todo aquel peque\u00f1o mundo risue\u00f1o, que empezaba a superar las pasadas amarguras y que estaba dispuesto a acoger\u00adle con cari\u00f1o. El general acept\u00f3 complacido. \u00a1Hab\u00eda ca\u00eddo en la trampa! Entraron en la clase donde estaba trabajando junto con sus compa\u00f1e\u00adras aquella ni\u00f1a desolada. Cuando entr\u00f3 el general, todos se levantaron. Los ojos de todos se abrieron sorprendidos ante aquel gran se\u00f1or con un traje tan marcial, con galones de oro. Las miradas se dirig\u00edan del traje a los galones y a aquel duro rostro, que asustaba con sus ojos profundos, y cuyos labios se ocultaban bajo un abundante bigote. Las ni\u00f1as habr\u00edan sentido sin duda mucho miedo si no estuviera all\u00ed a su lado sor Rosal\u00eda y si aquel se\u00f1or no hubiera procurado iluminar su rostro con una sonrisa ben\u00e9vola.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda hizo una se\u00f1al a la ni\u00f1a que lloraba por su padre y le dijo: \u00abHija m\u00eda, \u00e9ste es un se\u00f1or que, si quiere, puede dejar libre a tu pap\u00e1\u00bb. La pobre ni\u00f1a se acerc\u00f3 enseguida al general. \u00bfQu\u00e9 iba a decirle? \u00bfSe atrever\u00eda a dirigirle la palabra? S\u00ed que habl\u00f3; al principio, instintiva\u00admente, se puso de rodillas para dirigirle su oraci\u00f3n. Y exclam\u00f3: \u00ab\u00a1Se\u00f1or, sea usted bueno y devu\u00e9lvame a mi pap\u00e1! \u00a1El es muy bueno y tenemos mucha necesidad de \u00e9l!\u00bb. \u00abHija m\u00eda -repuso el general-, tiene que haber hecho algo malo\u00bb. \u00abNo se\u00f1or. Mi mam\u00e1 dice que no. Por otra parte, si lo ha hecho, ya no lo har\u00e1 m\u00e1s; se lo prometo. \u00a1Devu\u00e9lvamelo!\u00bb. Y tuvo entonces una inspiraci\u00f3n sublime, muy propia de una ni\u00f1a: \u00ab\u00a1Devu\u00e9lvamelo y le querr\u00e9 a usted siempre!\u00bb.<\/p>\n<p>El recio general debi\u00f3 sentirse emocionado. \u00a1Dichosos los jefes del pueblo que consiguen hacerse amar!<\/p>\n<p>Salieron. Sor Rosal\u00eda apoy\u00f3 maternalmente la s\u00faplica de aquella ni\u00f1a y seguramente ofreci\u00f3 los mejores informes sobre el prisionero.<\/p>\n<p>Unos d\u00edas m\u00e1s tarde, el prisionero volv\u00eda a casa a abrazar a los suyos. Estos regresos a casa no s\u00f3lo supon\u00edan la alegr\u00eda de una familia, sino la de todo el barrio. Los \u00e9xitos de sor Rosalia adquir\u00edan en la imaginaci\u00f3n de las gentes del barrio el aspecto de verdaderos triunfos, que engrande\u00adc\u00edan en las conversaciones con los dem\u00e1s vecinos aumentando su admiraci\u00f3n y su gratitud.<\/p>\n<p>En cuanto a sor Rosal\u00eda, ella experimentaba m\u00e1s que los dem\u00e1s, en su coraz\u00f3n tan delicado y en su sensibilidad tan viva, la alegr\u00eda de estos actos de perd\u00f3n, de estos nobles gestos de misericordia que eran realmente otros tantos gestos de prudencia pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Desgraciadamente, lo mismo que despu\u00e9s de los d\u00edas malos de 1830, el c\u00f3lera vino tambi\u00e9n despu\u00e9s de estas jornadas de 1848 a arrojar su som\u00adbra sobre las alegr\u00edas del apaciguamiento. Y lo mismo que en 1832, hubo luto en muchas familias y tuvo que derrochar abnegaci\u00f3n el equipo carita\u00adtivo de sor Rosal\u00eda.<\/p>\n<p>Cuando aquello termin\u00f3, otras urgentes tareas aguardaban a sor Rosal\u00eda en su pobre \u00abdi\u00f3cesis\u00bb, castigada por la revoluci\u00f3n y por la epidemia. Y nuevas obras de paz, muy delicadas, reclamaban su ayuda.<\/p>\n<p>Ella se entreg\u00f3 a la tarea, a pesar de su salud ya muy quebrantada, durante los \u00faltimos a\u00f1os que le quedaban de vida. Ten\u00eda entonces 62 a\u00f1os. Y su salud, siempre fr\u00e1gil, acababa de recibir una dura sacudida en medio de tantas pruebas y emociones.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>11. Los asuntos extraordinarios \u00a1Todo es extraordinario en esta vida de sor Rosal\u00eda! Una persona que la conoc\u00eda bien, la se\u00f1ora Bavcoffe de Montmahaut, viuda de Lamothe, intentando un d\u00eda definir en pocas palabras esta &#8230; <a href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/\" class=\"more-link\">Read More<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":25016,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[245],"tags":[247,161],"class_list":["post-25030","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-rosalia-rendu","tag-desmet","tag-etienne"],"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v26.3 - https:\/\/yoast.com\/wordpress\/plugins\/seo\/ -->\n<title>Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 11 - Somos Vicencianos<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 11 - Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"11. Los asuntos extraordinarios \u00a1Todo es extraordinario en esta vida de sor Rosal\u00eda! Una persona que la conoc\u00eda bien, la se\u00f1ora Bavcoffe de Montmahaut, viuda de Lamothe, intentando un d\u00eda definir en pocas palabras esta ... Read More\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Somos Vicencianos\" \/>\n<meta property=\"article:publisher\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/WeAreVincentians\/\" \/>\n<meta property=\"article:author\" content=\"https:\/\/www.facebook.com\/JavierChento\" \/>\n<meta property=\"article:published_time\" content=\"2015-02-15T03:00:34+00:00\" \/>\n<meta name=\"author\" content=\"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:creator\" content=\"@https:\/\/twitter.com\/javierchento\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@WeVincentians\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Escrito por\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:label2\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data2\" content=\"51 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\/\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"Article\",\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/#article\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/\"},\"author\":{\"name\":\"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento\",\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/9623ef4d9aa3b2dfb8c061f1499288f2\"},\"headline\":\"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 11\",\"datePublished\":\"2015-02-15T03:00:34+00:00\",\"mainEntityOfPage\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/\"},\"wordCount\":10156,\"commentCount\":0,\"publisher\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/#organization\"},\"image\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"\",\"keywords\":[\"Desmet\",\"Etienne\"],\"articleSection\":[\"Rosal\u00eda Rendu\"],\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"CommentAction\",\"name\":\"Comment\",\"target\":[\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/#respond\"]}]},{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/\",\"url\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/\",\"name\":\"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 11 - Somos Vicencianos\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/#website\"},\"primaryImageOfPage\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/#primaryimage\"},\"image\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/#primaryimage\"},\"thumbnailUrl\":\"\",\"datePublished\":\"2015-02-15T03:00:34+00:00\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/\"]}]},{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/#primaryimage\",\"url\":\"\",\"contentUrl\":\"\"},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 11\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/#website\",\"url\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/\",\"name\":\"Somos Vicencianos\",\"description\":\"Know more to serve more\",\"publisher\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/#organization\"},\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/#organization\",\"name\":\"The Vincentian Network\",\"url\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/logo\/image\/\",\"url\":\"https:\/\/i1.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/06\/Vincentian-Network-logo-big.png?fit=778%2C778\",\"contentUrl\":\"https:\/\/i1.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/06\/Vincentian-Network-logo-big.png?fit=778%2C778\",\"width\":778,\"height\":778,\"caption\":\"The Vincentian Network\"},\"image\":{\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/logo\/image\/\"},\"sameAs\":[\"https:\/\/www.facebook.com\/WeAreVincentians\/\",\"https:\/\/x.com\/WeVincentians\"]},{\"@type\":\"Person\",\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/9623ef4d9aa3b2dfb8c061f1499288f2\",\"name\":\"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento\",\"image\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/image\/\",\"url\":\"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/497d5cde87b4c3d097d0315953521681ba2cd523ee66e5077c3711f7021e65de?s=96&d=mm&r=g\",\"contentUrl\":\"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/497d5cde87b4c3d097d0315953521681ba2cd523ee66e5077c3711f7021e65de?s=96&d=mm&r=g\",\"caption\":\"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento\"},\"description\":\"Director General y cofundador de La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana. Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. Trabaja en las Tecnolog\u00edas de la Informaci\u00f3n, ofreciendo servicios de alojamiento, dise\u00f1o y mantenimiento Web, as\u00ed como asesoramiento, formaci\u00f3n y soluciones inform\u00e1ticas, gesti\u00f3n documental y digitalizaci\u00f3n de textos, edici\u00f3n y maquetaci\u00f3n de libros, revistas, flyers, etc.\",\"sameAs\":[\"http:\/\/chento.org\",\"https:\/\/www.facebook.com\/JavierChento\",\"https:\/\/x.com\/https:\/\/twitter.com\/javierchento\"],\"url\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/author\/chento\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 11 - Somos Vicencianos","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 11 - Somos Vicencianos","og_description":"11. Los asuntos extraordinarios \u00a1Todo es extraordinario en esta vida de sor Rosal\u00eda! Una persona que la conoc\u00eda bien, la se\u00f1ora Bavcoffe de Montmahaut, viuda de Lamothe, intentando un d\u00eda definir en pocas palabras esta ... Read More","og_url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/","og_site_name":"Somos Vicencianos","article_publisher":"https:\/\/www.facebook.com\/WeAreVincentians\/","article_author":"https:\/\/www.facebook.com\/JavierChento","article_published_time":"2015-02-15T03:00:34+00:00","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","twitter_card":"summary_large_image","twitter_creator":"@https:\/\/twitter.com\/javierchento","twitter_site":"@WeVincentians","twitter_misc":{"Escrito por":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","Tiempo de lectura":"51 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"Article","@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/#article","isPartOf":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/"},"author":{"name":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/9623ef4d9aa3b2dfb8c061f1499288f2"},"headline":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 11","datePublished":"2015-02-15T03:00:34+00:00","mainEntityOfPage":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/"},"wordCount":10156,"commentCount":0,"publisher":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/#organization"},"image":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"","keywords":["Desmet","Etienne"],"articleSection":["Rosal\u00eda Rendu"],"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"CommentAction","name":"Comment","target":["http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/#respond"]}]},{"@type":"WebPage","@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/","url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/","name":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 11 - Somos Vicencianos","isPartOf":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/#website"},"primaryImageOfPage":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/#primaryimage"},"image":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/#primaryimage"},"thumbnailUrl":"","datePublished":"2015-02-15T03:00:34+00:00","breadcrumb":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/"]}]},{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/#primaryimage","url":"","contentUrl":""},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-11\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"http:\/\/vincentians.com\/es\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 11"}]},{"@type":"WebSite","@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/#website","url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/","name":"Somos Vicencianos","description":"Know more to serve more","publisher":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/#organization"},"potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"http:\/\/vincentians.com\/es\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Organization","@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/#organization","name":"The Vincentian Network","url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/i1.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/06\/Vincentian-Network-logo-big.png?fit=778%2C778","contentUrl":"https:\/\/i1.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2016\/06\/Vincentian-Network-logo-big.png?fit=778%2C778","width":778,"height":778,"caption":"The Vincentian Network"},"image":{"@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/www.facebook.com\/WeAreVincentians\/","https:\/\/x.com\/WeVincentians"]},{"@type":"Person","@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/9623ef4d9aa3b2dfb8c061f1499288f2","name":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","image":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"http:\/\/vincentians.com\/es\/#\/schema\/person\/image\/","url":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/497d5cde87b4c3d097d0315953521681ba2cd523ee66e5077c3711f7021e65de?s=96&d=mm&r=g","contentUrl":"https:\/\/secure.gravatar.com\/avatar\/497d5cde87b4c3d097d0315953521681ba2cd523ee66e5077c3711f7021e65de?s=96&d=mm&r=g","caption":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento"},"description":"Director General y cofundador de La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana. Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. Trabaja en las Tecnolog\u00edas de la Informaci\u00f3n, ofreciendo servicios de alojamiento, dise\u00f1o y mantenimiento Web, as\u00ed como asesoramiento, formaci\u00f3n y soluciones inform\u00e1ticas, gesti\u00f3n documental y digitalizaci\u00f3n de textos, edici\u00f3n y maquetaci\u00f3n de libros, revistas, flyers, etc.","sameAs":["http:\/\/chento.org","https:\/\/www.facebook.com\/JavierChento","https:\/\/x.com\/https:\/\/twitter.com\/javierchento"],"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/author\/chento\/"}]}},"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p7ETMF-6vI","jetpack-related-posts":[{"id":25034,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-14\/","url_meta":{"origin":25030,"position":0},"title":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 14","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"19\/02\/2015","format":false,"excerpt":"14. Los \u00faltimos momentos. La muerte Durante aquel a\u00f1o de 1855 muri\u00f3 en Par\u00eds la venerable superiora del convento de la Visitaci\u00f3n de Santa Mar\u00eda, la madre Fournier. Las herma\u00adnas de la Visitaci\u00f3n de san Francisco de Sales y las Hijas de la Caridad de san Vicente estaban ligadas, lo\u2026","rel":"","context":"En \u00abRosal\u00eda Rendu\u00bb","block_context":{"text":"Rosal\u00eda Rendu","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/la-familia-vicenciana-en-los-altares\/beatos\/rosalia-rendu\/"},"img":{"alt_text":"Sor Rosal\u00eda Rendu","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu-253x300.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":120718,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-3\/","url_meta":{"origin":25030,"position":1},"title":"Sor Rosal\u00eda Rendu","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"20\/05\/2013","format":false,"excerpt":"Cada vez que nos asomamos a la vida de Sor Rosal\u00eda nos invade el asombro. \u00bfC\u00f3mo pudo una mujer sencilla, de origen humilde y fr\u00e1gil de salud desplegar tanta y tan variada actividad? Algunos datos biogr\u00e1ficos Sor Rosal\u00eda nace el 9 de septiembre de 1786 en Confort, Jura. Sus padres,\u2026","rel":"","context":"En \u00abRosal\u00eda Rendu\u00bb","block_context":{"text":"Rosal\u00eda Rendu","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/la-familia-vicenciana-en-los-altares\/beatos\/rosalia-rendu\/"},"img":{"alt_text":"Sor-Rosalia-Rendu","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2010\/12\/Sor-Rosalia-Rendu-253x300.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":143683,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/federico-ozanam-y-sor-rosalia-rendu-un-encuentro-providencial\/","url_meta":{"origin":25030,"position":2},"title":"Federico Ozanam y Sor Rosal\u00eda Rendu, un encuentro providencial","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"09\/09\/2024","format":false,"excerpt":"En su carta enc\u00edclica Deus Caritas est, el Papa Benedicto XVI afirma: \u201cse comienza a ser cristiano\u2026 por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientaci\u00f3n decisiva.\u201d El Santo Padre habla aqu\u00ed del encuentro con el Verbo\u2026","rel":"","context":"En \u00abFederico Ozanam\u00bb","block_context":{"text":"Federico Ozanam","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/fundadores\/federico-ozanam\/"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/10\/hijas-caridad1.jpg?fit=846%2C446&resize=350%2C200","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/10\/hijas-caridad1.jpg?fit=846%2C446&resize=350%2C200 1x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/10\/hijas-caridad1.jpg?fit=846%2C446&resize=525%2C300 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/vincentians.com\/es\/wp-content\/uploads\/sites\/11\/2017\/10\/hijas-caridad1.jpg?fit=846%2C446&resize=700%2C400 2x"},"classes":[]},{"id":1315,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/biografia-de-sor-rosalia-rendu-desmet-en-descarga-directa\/","url_meta":{"origin":25030,"position":3},"title":"Biograf\u00eda de Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) en descarga directa","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"22\/02\/2015","format":false,"excerpt":"Juana Mar\u00eda ten\u00eda s\u00f3lo dos a\u00f1os cuando le naci\u00f3 una hermanita, una mu\u00f1equita viva a la que podr\u00eda admirar, acariciar, mecer, con la que podr\u00eda compartir las delicadezas de su coraz\u00f3n. Entretanto los d\u00edas sombr\u00edos de la revoluci\u00f3n se vislumbraban en el horizonte y en torno a aquellos ni\u00f1os inocentes\u2026","rel":"","context":"En \u00abHijas de la Caridad\u00bb","block_context":{"text":"Hijas de la Caridad","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/ramas\/hijas-de-la-caridad\/"},"img":{"alt_text":"Sor Rosal\u00eda Rendu","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu-253x300.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":25024,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-06\/","url_meta":{"origin":25030,"position":4},"title":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 06","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"10\/02\/2015","format":false,"excerpt":"6. En casa La \"Oficina de la Caridad\" La casa a donde iba destinada sor Rosal\u00eda era una \"oficina de la Cari\u00addad\" o \"casa de socorro\". Se llamaban de esta manera los establecimientos caritativos creados por el gobierno del Consulado para la distribuci\u00f3n de socorros entre los necesitados del barrio.\u2026","rel":"","context":"En \u00abRosal\u00eda Rendu\u00bb","block_context":{"text":"Rosal\u00eda Rendu","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/la-familia-vicenciana-en-los-altares\/beatos\/rosalia-rendu\/"},"img":{"alt_text":"Sor Rosal\u00eda Rendu","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu-253x300.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]},{"id":25015,"url":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-01\/","url_meta":{"origin":25030,"position":5},"title":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 01","author":"Francisco Javier Fern\u00e1ndez Chento","date":"05\/02\/2015","format":false,"excerpt":"1. Los or\u00edgenes El pa\u00eds A finales del siglo XVIII el pa\u00eds de Gex, as\u00ed como sus vecinos, los pa\u00edses de Bugey y de la Bresse, peque\u00f1as aldeas burgui\u00f1onas, que durante muchos a\u00f1os hab\u00edan sido tributarias del ducado de Saboya, llevaban ya dos siglos unidas a la corona de Francia.\u2026","rel":"","context":"En \u00abRosal\u00eda Rendu\u00bb","block_context":{"text":"Rosal\u00eda Rendu","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/category\/la-familia-vicenciana\/la-familia-vicenciana-en-los-altares\/beatos\/rosalia-rendu\/"},"img":{"alt_text":"Sor Rosal\u00eda Rendu","src":"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu-253x300.jpg?resize=350%2C200","width":350,"height":200},"classes":[]}],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25030","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25030"}],"version-history":[{"count":0,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25030\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25030"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25030"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/vincentians.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25030"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}