{"id":25029,"date":"2015-02-14T01:32:19","date_gmt":"2015-02-14T00:32:19","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/12\/29\/sor-rosalia-rendu-parte-10\/"},"modified":"2015-02-14T01:32:19","modified_gmt":"2015-02-14T00:32:19","slug":"sor-rosalia-rendu-desmet-10","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-10\/","title":{"rendered":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 10"},"content":{"rendered":"<h2><strong>10. El ministerio de Asuntos Exteriores<\/strong><\/h2>\n<h3>El \u00absal\u00f3n\u00bb de sor Rosal\u00eda<\/h3>\n<div id=\"attachment_28980\" style=\"width: 263px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28980\" class=\"size-medium wp-image-28980\" title=\"Sor Rosal\u00eda Rendu\" alt=\"Sor Rosal\u00eda Rendu\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu-253x300.jpg?resize=253%2C300\" width=\"253\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28980\" class=\"wp-caption-text\">Sor Rosal\u00eda Rendu<\/p><\/div>\n<p>La casa de sor Rosal\u00eda, llena de gente y de obras, se hab\u00eda quedado demasiado peque\u00f1a; contaba ya con algunas filiales: escuelas, guarder\u00eda, patronatos, asilo, casa cuna, que irradiaban desde la casa primitiva hacia la calle de Francs-Bourgeais-Saint-Marcel. Otros varios servicios hab\u00edan encontrado tambi\u00e9n cobijo en el n\u00famero 3 de la calle l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois. All\u00ed, en una pobre casa, hab\u00eda establecido sor Rosal\u00eda su cuartel general.<\/p>\n<p>Era all\u00ed donde ten\u00eda su despacho. All\u00ed recib\u00eda a los visitantes. Era una peque\u00f1a habitaci\u00f3n estrecha de tres metros por cuatro, bastante mal iluminada, de modesta apariencia y muy modestamente amueblada: una mesa, un escritorio con cajones, cuatro sillas de paja, dos sillones para los visitantes; sobre la chimenea un reloj, y en la pared un crucifijo. Ese era todo el mobiliario. De alfombra una sencilla estera. Aquel pobre despacho era, seg\u00fan la frase picaresca de sus compa\u00f1eras, el \u00absal\u00f3n de sor Rosal\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>En este marco tan austero, pero vivificado par la mirada vigilante y la ardiente caridad de sor Rosal\u00eda, recib\u00eda todos los d\u00edas a un gran n\u00famero de visitantes de todas las categor\u00edas para asuntos de toda \u00edndole. Sor Rosal\u00eda pasaba all\u00ed jornadas enteras. Era peor que un despacho de m\u00e9dico o de ministro. \u00bfPero no era ella, por otra parte, en aquel pobre barrio el ministro de la Providencia en el terreno de la caridad? \u00a1Y la Providencia tiene tantas cosas en qu\u00e9 ocuparse!<\/p>\n<p>Las recepciones se ve\u00edan interrumpidas \u00fanicamente por las horas de los ejercicios de la comunidad y las comidas. Se dice que un d\u00eda lleg\u00f3 a tener hasta ciento cincuenta visitas. \u00a1Algo para aturdir a cualquiera! \u00a1Un verdadero sue\u00f1o! Aunque en este n\u00famero tengamos que contar quiz\u00e1s a los que ven\u00edan en grupo para tener alguna reuni\u00f3n de obras apost\u00f3licas y a los que sor Rosal\u00eda conced\u00eda algunos minutos de su tiempo para acogerlos y darles la bienvenida a su casa.<\/p>\n<p>Recib\u00eda a pobres y a ricos: a los pobres que ven\u00edan a pedir una limosna y a los ricos que ven\u00edan en busca de consuelo, de consejo, de oraciones; a la gente que acud\u00eda buscando ocupaci\u00f3n y trabajo, con que ganarse la vida. Sor Rosal\u00eda necesitaba una buena provisi\u00f3n de paciencia, pero tambi\u00e9n un esp\u00edritu clarividente y juicioso para discernir en aquella numerosa clientela a los que eran verdaderamente necesitados. Y necesitaba tambi\u00e9n una cabeza bien sentada, un alma poderosa y resuelta para actuar pronto y bien, para despedir en caso necesario, con caballerosidad y amabilidad, a los indiscretos y a los curiosos a fin de poder conceder a los dem\u00e1s todo su tiempo, toda su simpat\u00eda, y los consejos necesarios para que pudieran enfrentarse con sus problemas y sufrimientos.<\/p>\n<p>Hab\u00eda muchos pedig\u00fce\u00f1os realmente necesitados: \u00abHermana, hace mucho fr\u00edo. !No tengo ninguna manta!\u00bb. Y aquel pobre hombre sal\u00eda con una manta. \u00abHermana, mi mujer est\u00e1 enferma; mis dos hijos no encuentran trabajo; pasamos hambre en casa\u00bb. Sor Rosal\u00eda tomaba nota, ped\u00eda la direcci\u00f3n, promet\u00eda ocuparse de ellos y devolv\u00eda las esperanzas a aquel pobre hombre. Y sus esperanzas no se ve\u00edan defraudadas. Porque sor Rosal\u00eda encontraba soluci\u00f3n para todo. Al salir a despedirlo observa en medio de la gente que aguardaba, a un cliente que conoce muy bien y con el que tiene algunas promesas que cumplir. En su despacho tiene un paquete ya preparado para envi\u00e1rselo, preciosa limosna para un buen hombre, un se\u00f1or de buena posici\u00f3n que hab\u00eda ca\u00eddo en la pobreza. Le hace un signo para que se acerque y le dice: \u00abSe\u00f1or, precisamente tengo aqu\u00ed un peque\u00f1o servicio que pedirle. Es bastante urgente: hay que llevar un paquete a alguien que vive cerca de su casa y que lo est\u00e1 esperando. Este es. Ya ver\u00e1 usted su direcci\u00f3n\u00bb. Y aquel hombre coge el paquete y ve con admiraci\u00f3n que es su propio nombre el que consta en la direcci\u00f3n del paquete. Era un pobre vergonzante, cuyo amor propio no hab\u00eda querido molestar sor Rosal\u00eda por medio de aquella estratagema. La delicadeza de sor Rosal\u00eda era una de las formas de su caridad. \u00abY el paquete estaba admirablemente preparado y adornado! Tambi\u00e9n \u00e9ste era un detalle de sor Rosal\u00eda en el ejercicio de la caridad: \u00abEs preciso que mis mercanc\u00edas -dec\u00eda sonriendo- le gusten a mis clientes\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Y prosegu\u00eda la serie de visitas! Muchos acud\u00edan a sor Rosal\u00eda para pedirle alguna recomendaci\u00f3n o en busca de trabajo. Suced\u00eda a veces entonces que en la mirada penetrante de sor Rosal\u00eda, necesariamente ocupa da en discernir las aptitudes de esos candidatos desconocidos, brillaba un peque\u00f1o rel\u00e1mpago malicioso y la conversaci\u00f3n tomaba un giro divertido. Se presenta un joven aguerrido que ya hab\u00eda hecho de antemano su elecci\u00f3n y so\u00f1aba con un cargo: lleno de confianza se acerca a sor Rosal\u00eda: \u00abHermana, yo quiero un puesto de cantor en una iglesia\u00bb. E inmediatamente, para demostrar sus cualidades, se pone a cantar el Magnificat, pero en un tono que la hermana no puede menos de reprimir una sonrisa: \u00abCantas bien -le dijo-; pero me figuro que est\u00e1s m\u00e1s acostumbrado a cantar en la taberna que en la iglesia\u00bb. \u00abPero \u00bfqu\u00e9 se imagina usted? -replic\u00f3-; no digo que de vez en cuando vaya a trincar un poco con los amigos, pero s\u00f3lo por excepci\u00f3n\u00bb. \u00abEntonces, amigo m\u00edo, creo que no podr\u00e9 ocuparme de ti. Porque un cantor que sea aficionado a beber no tiene las debidas cualidades\u00bb. \u00abPero, madre; \u00a1si a m\u00ed me gusta beber! \u00a1Ya lo creo! Lo que pasa es que ten\u00eda miedo de que usted me ri\u00f1era, si se lo dec\u00eda\u00bb. \u00abBien, amigo m\u00edo, le escribir\u00e9 una carta para que se la lleve al se\u00f1or cura de X&#8230; No le prohibo que beba un vaso despu\u00e9s de haber cantado las alabanzas del Se\u00f1or. \u00a1Pero que no se te ocurra beberlo antes! \u00bb 3. \u00a1Qu\u00e9 cordialidad y buen humor! A sor Rosal\u00eda le gustaba a veces pasar unos momentos de distensi\u00f3n en medio de sus graves ocupaciones. Aquella tarde, en la recreaci\u00f3n, toda la familia de hermanas escuch\u00f3 el relato de lo sucedido y pudo saborear la alegr\u00eda de los buenos hijos de Dios.<\/p>\n<h3>Las maravillas de la caridad<\/h3>\n<p>Estas visitas eran muchas veces la ocasi\u00f3n de trasformaciones radicales en la vida de los visitantes. Un d\u00eda fue el vizconde de Melun el que se present\u00f3. Ven\u00eda del sal\u00f3n de la se\u00f1ora Swetchine, que se lo present\u00f3 a sor Rosal\u00eda. Desde el primer momento se sinti\u00f3 subyugado. Y he aqu\u00ed que nuestro vizconde deja los salones de la aristocracia para acudir a los chamizos de los pobres: \u00a1una tarea desconcertante pero que se convierte en un verdadero deleite para \u00e9l!<\/p>\n<p>Otro d\u00eda es un viejo impresor que se ha quedado ciego y ha ca\u00eddo en la miseria. De car\u00e1cter independiente, sufre por el doble motivo de no poder ser due\u00f1o de s\u00ed mismo y tener que depender de los dem\u00e1s. Obligado sin embargo a solicitar la ayuda ajena, se irritaba ante la solicitud de los otros que le recordaban la humillaci\u00f3n de su estado. Orgulloso y sensible, su enfermedad lo hab\u00eda encerrado m\u00e1s a\u00fan en su obstinaci\u00f3n y terquedad.<\/p>\n<p>Afortunadamente hab\u00eda encontrado un amigo en la persona del se\u00f1or Thibaut, un viejo pescador ya jubilado que se hab\u00eda convertido en conserje. El se\u00f1or Thibaud hab\u00eda conseguido, a fuerza de sencillez, de cordialidad y de discreci\u00f3n, hacer que su obstinado amigo aceptara sus servicios.<\/p>\n<p>Se hab\u00eda convertido en su lazarillo. Un d\u00eda de vacaciones le propuso ir a visitar los dos juntos a sor Rosal\u00eda. No era desde luego para pedirle una limosna, sino para ver algo extraordinario, para conocer a un ejemplo admirable de abnegaci\u00f3n, que estaba continuamente atento a las necesidades de los dem\u00e1s sin cansarse nunca.<\/p>\n<p>El ciego se dej\u00f3 llevar, pero decidido a no aceptar ninguna ayuda y a resistir cualquier testimonio de compasi\u00f3n indiscreta.<\/p>\n<p>Llegaron a casa de sor Rosal\u00eda. Y sor Rosal\u00eda acogi\u00f3 a sus visitantes con su amabilidad habitual, aunque te\u00f1ida esta vez de una verdadera y sincera compasi\u00f3n por la tremenda desgracia de aquel pobre hombre.<\/p>\n<p>El ciego se mostraba bastante fr\u00edo y hasta un poco seco. Respond\u00eda a las amables atenciones de la hermana con palabras m\u00e1s bien breves y desabridas. M\u00e1s a\u00fan, para que no se hiciera ninguna ilusi\u00f3n sobre \u00e9l, pronto empez\u00f3 a responderle con sarcasmos y palabras zumbonas.<\/p>\n<p>Pero no por eso se arredr\u00f3 sor Rosal\u00eda. Conmovida, llena de piedad ante su obstinaci\u00f3n, se guard\u00f3 muy mucho de expresar su desconcierto y su compasi\u00f3n. Y recurri\u00f3 a su remedia ordinario, a la caridad que, una vez que ha entrado en un alma, logra disipar toda su acritud y da vida a todos los buenos sentimientos.<\/p>\n<p>A la puerta de la habitaci\u00f3n de sor Rosal\u00eda hab\u00eda unos cuantos j\u00f3venes que esperaban poder acercarse a la buena madre para pedirle consejo sobre el estado que hab\u00edan de elegir. La hermana los llam\u00f3, los introdujo en su despacho, los present\u00f3 design\u00e1ndolos con su nombre y, dirigi\u00e9ndose a nuestro ciego, le pidi\u00f3 como un favor que diera a aquellos muchachos los consejos que estaban esperando. Su experiencia de la vida, le dijo, lo capacitaba m\u00e1s que a ninguna otra persona para dar los consejos m\u00e1s adecuados.<\/p>\n<p>Fue evidente el cambio que entonces se produjo. Nuestro hombre volvi\u00f3 a encontrar la serenidad de los buenos corazones. Era por otra parte una persona de esp\u00edritu despierto. Con la cultura que le hab\u00eda dado su largo trato con las obras de pensamiento que su trabajo de impresor le hab\u00eda hecho familiares y acostumbrado por su misma ceguera a reflexionar hondamente sobre los hombres y las cosas, pod\u00eda desempe\u00f1ar muy bien aquel papel de consejero. Ser\u00eda un consejero excelente. \u00a1Una buena tarea de educaci\u00f3n que se sinti\u00f3 muy feliz de poder realizar! \u00a1Un buen ministerio que ennoblece a cualquier hombre!<\/p>\n<p>La vida de aquel hombre se trasform\u00f3 por completo. De com\u00fan acuerdo, el conserje y el impresor se convirtieron en abnegados servidores de la caritativa sor Rosal\u00eda. Sus salidas, uno junto al otro, los condujeron siempre en adelante hacia alguna obra buena.<\/p>\n<p>Otro d\u00eda fue una noble se\u00f1ora la que se present\u00f3 s. La enviaba monse\u00f1or Dupanloup. Hab\u00eda perdido a su hija y no lograba consolarse. Sor Rosal\u00eda le dijo algunas buenas palabras y luego le indic\u00f3 la direcci\u00f3n de unas familias pobres para que fuera a visitarlas. Le entreg\u00f3 unos cuantos bonos de pan para que los distribuyera. Y a\u00f1adi\u00f3: \u00abSe\u00f1ora, tome estos bonos de pan. En cada uno de ellos escriba el nombre de su hija y d\u00e9selos a los pobres. Su hija recobrar\u00e1 nueva vida. No ser\u00e1 usted quien los reparta, sino ella\u00bb. Y aquella se\u00f1ora se march\u00f3 un poco m\u00e1s serena, pero sin consolarse del todo. No obstante, para cumplir su promesa, fue a visitar a los pobres que le hab\u00edan recomendado. En aquellos \u00abbonos de pan\u00bb hab\u00eda escrito el nombre de Mar\u00eda, su querida hija y fue a visitarlos. Una vez hecha 1a visita su pobre alma atribulada hab\u00eda conseguido consolarse por completo. Se encontr\u00f3 con personas m\u00e1s desgraciadas que ella y con algunos ni\u00f1os que la dejaron encantada. Y la gracia divina, que acompa\u00f1a a todos los gestos de caridad, entr\u00f3 a raudales en su alma, llen\u00e1ndola de unci\u00f3n y de santa alegr\u00eda.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda hac\u00eda feliz a mucha gente, d\u00e1ndoles a todos limosnas y consejos. Pero sobre todo se daba a s\u00ed misma. Entregaba su tiempo, su coraz\u00f3n, su condescendencia.<\/p>\n<h3>Algunos casos<\/h3>\n<p>El vizconde de Melun, que acud\u00eda habitualmente a la calle l&#8217;Ep\u00e9e-deBois para recibir all\u00ed las consignas de la caridad, se encontr\u00f3 un d\u00eda con un buen anciano que sal\u00eda radiante de gozo de la habitaci\u00f3n de sor Rosal\u00eda. Tambi\u00e9n \u00e9l era un cliente habitual de aquella casa. Hac\u00eda algunos servicios a la hermana escribiendo algunas notas que ella le encargaba. Aquel buen hombre se prestaba a ello de buena gana. Era lo corriente. Pero aquel d\u00eda estaba m\u00e1s contento que nunca.<\/p>\n<p>El se\u00f1or de Melun no pudo menos de decirle: \u00ab\u00bfPero qu\u00e9 le pasa para estar tan contento?\u00bb.<\/p>\n<p>El otro le replic\u00f3: \u00ab\u00a1Vaya! \u00a1Es que hoy ya he podido tomarme mi peque\u00f1a gota de consuelo!\u00bb.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfC\u00f3mo? \u00bfQu\u00e9 es lo que quiere decir?<\/p>\n<p>-\u00a1Pues que hoy he podido ver a la buena madre sor Rosal\u00eda! \u00a1Y me voy contento! Hoy he sido m\u00e1s afortunado que ayer.<\/p>\n<p>Esa dicha es lo que \u00e9l designaba con el nombre de \u00absu peque\u00f1a gota de consuelo\u00bb.<\/p>\n<p>Aquella expresi\u00f3n hizo fortuna. Cuando el se\u00f1or de Melun, al encontrarse con aquel buen hombre, quer\u00eda saber si hab\u00eda visto a sor Rosal\u00eda, le preguntaba si hab\u00eda tenido ya \u00absu peque\u00f1a gota de consuelo\u00bb. Pero a veces obten\u00eda esta triste respuesta: \u00abNo. No he podido tener esa dicha. Hab\u00eda demasiada gente. Y el deber me llamaba a otro lugar\u00bb.<\/p>\n<p>Realmente sor Rosal\u00eda sab\u00eda hacer feliz a la gente. Al dar mucho, al estar siempre entregada a los dem\u00e1s, aprend\u00eda continuamente a dar m\u00e1s todav\u00eda y a hacerlo de todo coraz\u00f3n: el don de s\u00ed va siempre acompa\u00f1ado de felicidad. \u00bfNo es acaso m\u00e1s agradable dar que recibir?<\/p>\n<p>Otro d\u00eda se le present\u00f3 una se\u00f1ora. Y no lloraba ciertamente. No eran lamentos los que sal\u00edan de sus labios, sino claros acentos de indignaci\u00f3n. Porque aquella se\u00f1ora, en un impulso de generosidad, le hab\u00eda dado como limosna a una pobre mujer, a la que visitaba por encargo de sor Rosal\u00eda, una sortija de gran valor. Era un rasgo de generosidad, pero de una generosidad unida sin duda a un gran sacrificio al tener que prescindir de un objeto cargado de recuerdos. Al recibir aquella joya la pobre mujer, maravillada, en vez de ir a venderla para atender a las necesidades de su hogar, la hab\u00eda, sencillamente, colocado en su dedo. En sus horas de miseria la contemplaba y se sent\u00eda feliz y orgullosa de poder acariciarla. \u00bfQu\u00e9 quer\u00e9is? \u00a1Todos tenemos nuestra coqueter\u00eda y nuestros caprichos!<\/p>\n<p>A1 visitarla en su pr\u00f3xima visita de caridad la dama que se hab\u00eda desprendido de aquella joya la vio brillando en la mano de la pobre mujer. \u00a1Estupefacci\u00f3n! \u00a1Indignaci\u00f3n! Sin embargo, ocult\u00f3 prudentemente su c\u00f3lera, que acab\u00f3 estallando luego en el despacho de sor Rosal\u00eda: si hab\u00eda hecho aquel sacrificio, hab\u00eda sido sin duda con la noble intenci\u00f3n de socorrer un caso de suma necesidad, no para atender al capricho tonto de poner un adorno in\u00fatil en el dedo de aquella mujer que por vanidad faltaba a sus m\u00e1s estrictos deberes familiares.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda sonri\u00f3 amablemente. Su sonrisa aplacaba a todos. Pero esta vez seguramente extra\u00f1\u00f3 y casi irrit\u00f3 m\u00e1s a\u00fan a su irritada visitante. Ella a\u00f1adi\u00f3: \u00abSe\u00f1ora, eso no es tan grave. Hay que perdonarle el que se haya querido poner esa joya. \u00a1Quiz\u00e1s es la \u00fanica satisfacci\u00f3n que ha tenido en su vida! \u00ab.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 bien comprend\u00eda a los pobres sor Rosal\u00eda! \u00a1Y c\u00f3mo ayudaba a los dem\u00e1s a comprenderles! El pobre no vive \u00fanicamente de pan, sino tambi\u00e9n de alegr\u00edas. Hay que saber proporcionarle lo uno y lo otro. Sor Rosal\u00eda dirig\u00eda ciertamente, desde su despacho, una verdadera escuela de Caridad. Cuando se presentaba en su casa alg\u00fan estudiante del barrio latino, no dejaba nunca de aprovecharse de su buena disposici\u00f3n. Despu\u00e9s de haberle hecho el servicio que hab\u00eda venido a buscar, le ped\u00eda alg\u00fan favor a cambio. Era un intercambio de beneficios, fecundo en resultados para el estudiante m\u00e1s a\u00fan que para la hermana. La vida est\u00e1 hecha de mutuos servicios que todos nos tenemos que prestar. Esa es la verdadera f\u00f3rmula de las vidas dichosas y de los pueblos felices. El estudiante tendr\u00eda que llevar alg\u00fan mensaje o alguna limosna a alguna familia. Y antes de partir tendr\u00eda que buscar alg\u00fan rinc\u00f3n de la casa donde pudiera sentarse, tomar su pluma y escribir una o dos cartas que luego firmar\u00eda sor Rosal\u00eda. \u00a1Y todo el mundo quedaba contento!<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda entretanto se dedicaba a sus recepciones. Siempre hab\u00eda gente de importancia en su sala de espera. Aguardaban su turno, pero sor Rosal\u00eda sab\u00eda encontrar siempre la palabra delicada para que todos tuvieran paciencia.<\/p>\n<p>En medio de los pobres y de los enfermos, de las ilustres damas y de los j\u00f3venes estudiantes, se presentaban a veces los m\u00e1s preclaros visitantes: obispos y generales, ministros y gobernadores, caballeros de alcurnia y oficiales de polic\u00eda. Sor Rosal\u00eda ten\u00eda que v\u00e9rselas con todo este gran mundo y tratar de los asuntos m\u00e1s diversos: con unos hablar de buenas obras o de personas a quienes encomendaban a sus oraciones y a su solicitud, con otros escuchar la exposici\u00f3n de asuntos delicados y prometer su colaboraci\u00f3n, en otras ocasiones dar informes sobre ciertas familias de su barrio para alg\u00fan asunto caritativo, otras veces recibir reproches ya que su caridad, ante la miseria, no siempre se resignaba a mantenerse dentro de los estrictos l\u00edmites de las leyes y normas administrativas. \u00bfEs que acaso no se presentan circunstancias en las que no valen las leyes? Pero ese atrevimiento no debe ser cuesti\u00f3n de todos los d\u00edas.<\/p>\n<p>Algunas de aquellas visitas se han hecho c\u00e9lebres. Donoso Cort\u00e9s, el gran publicista y orador espa\u00f1ol, vibrante escritor de palabras inflamadas, hombre pol\u00edtico y diplom\u00e1tico, dejaba todas las semanas, durante sus estancias en Par\u00eds, los salones de los embajadores para acudir al \u00absal\u00f3n de sor Rosal\u00eda\u00bb. Se somet\u00eda a sus consignas caritativas e iba a visitar con toda su distinci\u00f3n a los pobres de barrio. Cuando, joven todav\u00eda, estaba a punto de morir, quiso que sor Rosal\u00eda acudiera junto a su lecho. Y se encomend\u00f3 a sus pobres. \u00abQue los pobres recen por m\u00ed -le dijo-. Que no me olviden\u00bb. Sor Rosal\u00eda pod\u00eda sentirse dichosa: \u00a1sus lecciones hab\u00edan sido bien aprendidas! Ella recogi\u00f3 piadosamente el \u00faltimo suspiro de aquel gran hombre de estado.<\/p>\n<p>Un c\u00e9lebre m\u00e9dico, el doctor Leuret, director de los servicios sanitarios de Bic\u00e9tre, a pesar de no ser un hombre religioso, quiso tener a sor Rosal\u00eda junto a su lecho de muerte. El doctor Tr\u00e9lat, que fue alcalde del distrito XII, dijo de \u00e9l que \u00abno hab\u00eda sabido encontrar ning\u00fan consuelo ni fortaleza m\u00e1s que en aquella hija de san Vicente de Pa\u00fal, cuya fe era lo bastante profunda y lo bastante segura de s\u00ed misma para no necesitar probar la de los dem\u00e1s sin dudar de ella\u00bb.<\/p>\n<h3>Algunos visitantes distinguidos<\/h3>\n<p>El doctor Tr\u00e9lat, que era tambi\u00e9n de ideas bastante avanzadas y que hab\u00eda tomado una parte muy activa en el movimiento liberal en tiempos de la Restauraci\u00f3n y del Gobierno de julio, profesaba sin embargo una gran admiraci\u00f3n por sor Rosal\u00eda y sus colaboradores. Cuando los motines de 1848 sublevaron su distrito y fueron acumulando v\u00edctimas, tanto muertos como heridos -que no se atrev\u00edan a declararse por miedo a los gendarmes-, recurri\u00f3 para excitar la confianza de la gente a todos los j\u00f3venes ap\u00f3stoles de la caridad, cuyas haza\u00f1as consiguieron finalmente serenar la opini\u00f3n p\u00fablica: \u00abMe gustar\u00eda -dijo entonces el vizconde de Melunenviar a sus amigos a todos esos desventurados, en vez de enviarles gendarmes&#8230; \u00bfCree usted que escuchar\u00e1n la llamada de su amigos, de sus auxiliares, de los miembros de san Vicente de Pa\u00fal? \u00bfLes gustar\u00eda venir al Despacho de Beneficencia de mi distrito para encargarse de las visitas y llevar a los necesitados socorro y buenas palabras?\u00bb.<\/p>\n<p>El vizconde trasmiti\u00f3 a sus amigos esta llamada. El d\u00eda convenido la sala de la alcald\u00eda del distrito XII estaba llena de voluntarios. Decididamente la escuela de caridad daba sus frutos; sus alumnos honraban realmente a su escuela.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda tuvo la dicha de ver c\u00f3mo se distribu\u00edan por su barrio, para ayudarle a levantar las ruinas, buenos equipos de valientes obreros. Tambi\u00e9n el general Cavaignac se pasaba algunas veces por el despacho de sor Rosalia. El general conoc\u00eda la influencia de la hermana sobre las rudas gentes del barrio y el papel de pacificadora que hab\u00eda representado en algunos momentos dif\u00edciles de los motines de 1830, de 1832 y de 1834. Y acud\u00eda a verla con satisfacci\u00f3n. Aquellas dos almas tan valientes, tan distintas, se sent\u00edan entonces perfectamente de acuerdo en muchas cosas. Aquellos encuentros le ven\u00edan bien al rudo soldado. La acogida tan noble y tan cordial de sor Rosal\u00eda, la distinci\u00f3n que en su noble sencillez se desprend\u00eda de toda su persona, todo esto inspiraba respeto y simpat\u00eda y hac\u00eda elevarse a las almas,<\/p>\n<p>Un d\u00eda, mientras sor Rosal\u00eda estaba en su despacho ocupada en hacer una sangr\u00eda a una pobre enferma, se present\u00f3 el general. Entr\u00f3 a saludarla: \u00abMadre, \u00bfpuedo verla unos momentos?\u00bb. \u00abMe honra usted demasiado, se\u00f1or general, pero permita que sangre antes a esta buena mujer, que no quiere confiar su brazo a nadie m\u00e1s que a m\u00ed. Ya comprende usted estas cosas, general. Cuando un ej\u00e9rcito est\u00e1 bajo las armas, usted no lo dejar\u00eda por ning\u00fan motivo\u00bb. El general pod\u00eda haber esperado tranquilamente en la antesala. Pero se le ocurri\u00f3 algo mejor. Quiso asistir a la operaci\u00f3n. Mostr\u00f3 mucho inter\u00e9s, aunque se sinti\u00f3 algo emocionado al ver la sangre. Palideci\u00f3, se puso a temblar y apenas tuvo tiempo para salir apoy\u00e1ndose en la pared para no caerse. \u00a1Sent\u00eda menos emoci\u00f3n en los campos de batalla!. El general se hab\u00eda convertido en asiduo visitante de aquella casa. Un d\u00eda, mientras estaba de visita, empez\u00f3 a sonar el \u00e1ngelus. Sor Rosal\u00eda, siempre tan sencilla y con el tono m\u00e1s natural, le dijo a su visitante: \u00abGeneral, es el \u00e1ngelus. \u00bfQuiere usted rezarlo conmigo?\u00bb Sor Rosal\u00eda lograba siempre que aceptasen de buena gana sus propuestas. Y se pusieron a rezar el \u00e1ngelus los dos juntos, un general y una hija de la Caridad.<\/p>\n<p>Por el despacho de sor Rosal\u00eda pas\u00f3 un d\u00eda un mariscal de Francia. Otro d\u00eda vinieron a visitarla el propio Napole\u00f3n III con la emperatriz. Y despu\u00e9s de ellos vino nada menos que un ministro para traerle la condecoraci\u00f3n de la legi\u00f3n de honor.<\/p>\n<p>\u00a1Realmente, el \u00absal\u00f3n de sor Rosal\u00eda\u00bb contaba con su elevada nobleza y con sus altos dignatarios, tanto por lo menos como los salones del boulevard Saint-Germain!<\/p>\n<p>Es f\u00e1cil de adivinar la acogida que a todos ellos les reservaba la se\u00f1ora de aquel lugar. Con aquella noble sencillez que es la suprema distinci\u00f3n de las almas grandes, les presentaba los honores de su casa. Pero dispuesta a volver enseguida con el mismo respeto y la misma solicitud a sus \u00abse\u00f1ores y amos\u00bb los pobres, que llevaban a sus ojos la aureola de Cristo y que ocupaban en su coraz\u00f3n, como en el coraz\u00f3n de cualquier hija de la Caridad, el lugar que se reserva a los privilegiados.<\/p>\n<p>Y sor Rosal\u00eda volv\u00eda a sus privilegiados. No hab\u00eda nada que impresionara tanto como la acogida que les reservaba. Era m\u00e1s amable y cari\u00f1osa que nunca. De una enorme delicadeza cuando se trataba de alg\u00fan ni\u00f1o enfermo y de sus mam\u00e1s; se notaba especialmente los d\u00edas en que hab\u00eda que vacunarlos. Ella misma se encargada con agrado de aquella tarea. Y era ciertamente una tarea agobiadora. Se reun\u00edan en la misma sala veinticinco, treinta y hasta ochenta madres de familia. Las madres charlaban, los ni\u00f1os se pon\u00edan a gritar; \u00a1un ruido imponente! Sin embargo, perfectamente due\u00f1a de s\u00ed misma, siempre encontraba una frase graciosa para cada madre, una caricia para cada peque\u00f1o. Por eso aquellas mujeres sol\u00edan presentarle con orgullo al primer reci\u00e9n nacido. Los peque\u00f1os raqu\u00edticos, mal cuidados, gozaban de una consideraci\u00f3n especial. Si la madre se sent\u00eda un poco confusa por la fealdad de su hijo, estaba segura de que la buena madre le dir\u00eda a la hermana que la acompa\u00f1aba: \u00abVea qu\u00e9 mirada tan inteligente. Es peque\u00f1o, pero ya se desarrollar\u00e1. Buena mujer, tr\u00e1igamelo con frecuencia. Es simp\u00e1tico y parece como si me conociera. Yo misma me encargar\u00e9 de que entre en la escuela cuando sea un poco mayor&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Y si se olvidaba de alguno o comet\u00eda alguna equivocaci\u00f3n con ellos, se excusaba graciosamente ante aquella pobre gente y les ped\u00eda perd\u00f3n. Aquellas buenas mujeres se quedaban aturdidas, sin comprender nada.<\/p>\n<h3>El correo. Cartas y secretarios ocasionales<\/h3>\n<p>Entre todos aquellos visitantes que asaltaban la habitaci\u00f3n de sor Rosal\u00eda hab\u00eda uno que se colaba todos los d\u00edas y que prolongaba sus visitas sin compasi\u00f3n: el correo. Cada d\u00eda tra\u00eda un mont\u00f3n de cartas que se acumulaban en el despacho de la buena hija de la Caridad. Cartas que ven\u00edan de Francia, de Europa, de Am\u00e9rica. Sor Rosal\u00eda hac\u00eda la primera revisi\u00f3n. Y si alguna de aquellas cartas parec\u00eda urgente, llamaba a alg\u00fan ben\u00e9volo secretario y le dictaba la respuesta en unas cuantas palabras claras y breves. Y el secretario se iba a alg\u00fan rinc\u00f3n donde pudiera sentarse a escribir la carta.<\/p>\n<p>Muchas de las cartas de sor Rosal\u00eda est\u00e1n escritas por consiguiente por secretarios ocasionales. Es f\u00e1cil darse cuenta de ello. Ciertamente, las ideas son siempre claras y firmes; es el eco directo de las f\u00f3rmulas de sor Rosal\u00eda; y el estilo es el hombre. Pero la ortograf\u00eda ofrece curiosas sorpresas y una gran variedad de trazos. Hay ortograf\u00edas acad\u00e9micas irreprochables. Pero tambi\u00e9n las hay que se permiten las m\u00e1s curiosas fantas\u00edas. Es la huella que dejan esos secretarios improvisados.<\/p>\n<p>Por otra parte, algunas de esas cartas fueron escritas aprisa bajo el dictado de sor Rosal\u00eda que no quer\u00eda perder el tiempo. Uno de esos secretarios a\u00f1ade un d\u00eda, como postdata, esta observaci\u00f3n ingenua pero significativa: \u00abPerdone, madre superiora, si esta carta ha sido escrita un poco aprisa; sor Rosal\u00eda no me da tiempo de escribir (Firmado). Su muy humilde servidor\u00bb. Va dirigida a la reverenda madre del \u00abBuen Salvador\u00bb de Caen, 22 de abril de 1838. Es f\u00e1cil de adivinar la escena: sor Rosal\u00eda dictando, quiz\u00e1s a varias personas, yendo de una a la otra, indicando en el curso de sus pensamientos las frases que han de escribir cada uno, pensando que van demasiado lentos, y los secretarios de buena voluntad que pierden la paciencia y escriben desconcertados y se sienten confusos de lo mal que les ha salido la carta. Y sor Rosal\u00eda, a pesar de los desaguisados de sus secretarios, pone su firma debajo de la carta. No tiene ni pizca de amor propio. Su amor propio, ese \u00abenemigo capital\u00bb, como ella lo llamaba, ha quedado tan maltrecho que est\u00e1 casi muerto.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n con frecuencia escrib\u00eda sus cartas la misma sor Rosal\u00eda. En sus aut\u00f3grafos limpios y hermosos, con su firme y amplia escritura, se permit\u00eda a veces ciertas libertades en el uso de la ortograf\u00eda. No obstante, cuando escrib\u00eda a alg\u00fan distinguido personaje, pon\u00eda m\u00e1s atenci\u00f3n y, en caso de necesidad, ped\u00eda auxilio al diccionario; y entonces la ortograf\u00eda era irreprochable. Otras veces la ortograf\u00eda segu\u00eda m\u00e1s o menos la fon\u00e9tica de las palabras. Por eso hay cosas que nos extra\u00f1an, acostumbrados como estamos a una ortograf\u00eda oficial, seguida escrupulosamente, como prueba de distinci\u00f3n y de respeto a la lengua francesa. Pero nos olvidamos a veces en nuestro siglo xx de que la ortograf\u00eda ha sufrido no pocas vicisitudes con<\/p>\n<p>si\u00f3n. Realmente, le hab\u00edan dado lo que se merec\u00eda. Pero la verdad es que sor Rosal\u00eda tampoco durmi\u00f3 aquella noche. Y al d\u00eda siguiente, muy de ma\u00f1ana, mand\u00f3 que le llevaran una manta a aquel desgraciado para que pudiera dormir un poco caliente&#8230;, y para que ella misma pudiera dormir en paz.<\/p>\n<p>Estos conflictos entre la prudencia y la compasi\u00f3n no siempre ten\u00edan una soluci\u00f3n tan benigna. Un joven por el que se hab\u00eda interesado mucho y al que hab\u00eda ayudado en varias ocasiones no respond\u00eda a su solicitud. Ya le hab\u00eda advertido que ten\u00eda que cambiar si quer\u00eda seguir contando con ella. Pero el muchacho no cambi\u00f3. Despu\u00e9s de madura reflexi\u00f3n, lo llam\u00f3 y le dirigi\u00f3 estas palabras: \u00abAmigo m\u00edo, tiene usted una plaza esper\u00e1ndole en Constantinopla. Aqu\u00ed tiene el pasaporte. Y aqu\u00ed una carta de recomendaci\u00f3n. M\u00e1rchese esta misma tarde\u00bb. Aquel joven implor\u00f3 su perd\u00f3n y empez\u00f3 a prometer de nuevo cambiar de vida. Pero sor Rosal\u00eda se mostr\u00f3 inexorable. Y aquel joven march\u00f3, como le hab\u00eda dicho, aquella misma tarde.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 fuerza de voluntad hab\u00eda en aquella mujer, junto con una inefable bondad! \u00a1Y hasta d\u00f3nde llegaban sus relaciones! \u00a1Desde Par\u00eds pasaba tranquilamente a Constantinopla!<\/p>\n<h3>Vacaciones para sor Rosal\u00eda<\/h3>\n<p>Con semejante actividad al servicio de los dem\u00e1s, cualquier otra persona que no fuera sor Rosal\u00eda habr\u00eda visto pronto comprometida la escasa salud que ella ten\u00eda. En efecto, su salud era bastante fr\u00e1gil. Pero la alegr\u00eda de su alma la sosten\u00eda, le daba fuerzas, aligeraba su peso. Su temperamento sano y su vida regular contribu\u00edan a mantener su salud. Era admirable. Siempre trabajando. La fiebre la visitaba con frecuencia, pero nunca lograba rendirla. Las personas que la rodeaban se preocupaban por ella. Pero ella no deseaba preocupar a nadie. No les permit\u00eda que le hablaran de descansar. Se enfrentaba con todas sus tareas con una magn\u00edfica decisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, sin embargo, alguien la convenci\u00f3. Era el buen p\u00e1rroco que la hab\u00eda dirigido antes durante su estancia en Gex, el abate de Varicaurt, que hab\u00eda sido nombrado obispo de Orl\u00e9ans. En una visita a la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois durante los primeros a\u00f1os de su cargo de superiora, el aspecto cansado de sor Rosal\u00eda le hab\u00eda inspirado cierta inquietud y le aconsej\u00f3 unos d\u00edas de descanso. Y para que pudiera tom\u00e1rselo c\u00f3modamente, le ofreci\u00f3 su propia casa de campo, cerca de Orl\u00e9ans.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda, confiando en su antiguo p\u00e1rroco e incapaz de eludir esta paternal invitaci\u00f3n de una persona a la que estaba tan agradecida, salt\u00f3 esta vez por encima de su intransigencia y obedeci\u00f3.<\/p>\n<p>El coche del obispo estaba a su disposici\u00f3n. Una compa\u00f1era acompa\u00f1aba a sor Rosal\u00eda.<\/p>\n<p>Un bonito viaje. Pero sor Rosal\u00eda llevaba un poco de melancol\u00eda dentro de su alma.<\/p>\n<p>Llegaron a Orl\u00e9ans. La ciudad, el Loira, los campos, \u00a1una maravilla! Pero sor Rosal\u00eda no lograba distraerse y se mostraba preocupada.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es lo que le faltaba? \u00a1Sus pobres! \u00a1Ya no estaba con sus pobres! \u00bfQuer\u00eda pobres? \u00a1Pronto los encontr\u00f3!<\/p>\n<p>Fue a buscarlos enseguida, les visit\u00f3, les ayud\u00f3, los hizo felices. \u00a1Pero ella no lograba sentirse feliz! Ten\u00eda pobres. Pero no eran los suyos, los que tantas veces hab\u00eda socorrido y curado, a los que conoc\u00eda personalmente y llamaba \u00absus hijos\u00bb o a veces, con una sonrisa, \u00abmis diocesanos\u00bb. Cuando san Vicente fue llamado a gobernar todo un mundo de personas y de obras, \u00bfno lamentaba tambi\u00e9n verse lejos de los pobres, no poder hablar con ellos, consolarles, bendecirles, darles un testimonio de amistad? Deseaba ciertamente que tanto \u00e9l como sus hijos pudieran dar limosna a los pobres, pero sobre todo quer\u00eda que tomasen contacto con ellos y que los pobres se sintieran personalmente respetados y queridos.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda amaba demasiado a sus pobres, a sus \u00abdiocesanos\u00bb para que alguien pudiera pensar en quit\u00e1rselos. Fue preciso devolver pronto a sor Rosal\u00eda a su \u00abdi\u00f3cesis\u00bb.<\/p>\n<p>Las vacaciones hab\u00edan durado cinco d\u00edas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>10. 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. Trabaja en las Tecnolog\u00edas de la Informaci\u00f3n, ofreciendo servicios de alojamiento, dise\u00f1o y mantenimiento Web, as\u00ed como asesoramiento, formaci\u00f3n y soluciones inform\u00e1ticas, gesti\u00f3n documental y digitalizaci\u00f3n de textos, edici\u00f3n y maquetaci\u00f3n de libros, revistas, flyers, etc.\",\"sameAs\":[\"http:\/\/chento.org\",\"https:\/\/www.facebook.com\/JavierChento\",\"https:\/\/x.com\/https:\/\/twitter.com\/javierchento\"],\"url\":\"http:\/\/vincentians.com\/es\/author\/chento\/\"}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 10 - Somos Vicencianos","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-10\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 10 - Somos Vicencianos","og_description":"10. 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