{"id":25028,"date":"2015-02-13T01:41:29","date_gmt":"2015-02-13T00:41:29","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/12\/28\/sor-rosalia-rendu-parte-09\/"},"modified":"2015-02-13T01:41:29","modified_gmt":"2015-02-13T00:41:29","slug":"sor-rosalia-rendu-desmet-09","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-09\/","title":{"rendered":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 09"},"content":{"rendered":"<h2><strong>9. El barrio Mouffetard y el barrio latino<\/strong><\/h2>\n<h3>A\u00f1o 1839<\/h3>\n<div id=\"attachment_28980\" style=\"width: 263px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28980\" class=\"size-medium wp-image-28980\" title=\"Sor Rosal\u00eda Rendu\" alt=\"Sor Rosal\u00eda Rendu\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu-253x300.jpg?resize=253%2C300\" width=\"253\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28980\" class=\"wp-caption-text\">Sor Rosal\u00eda Rendu<\/p><\/div>\n<p>Era grande la efervescencia de los esp\u00edritus que reinaba despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n. El mundo se sent\u00eda agitado por todo un bullir de nuevas ideas, La revoluci\u00f3n, a pesar de haber atacado a la iglesia, de haber diezmado<\/p>\n<p>las filas del clero, de haber abierto grandes brechas en la masa de los fieles, hab\u00eda sin embargo lanzado a trav\u00e9s de todo el mundo algunas ideas genero\u00adsas. Pero sus vuelos entusiastas, rodeados de tantas y tantas esperanzas, se hab\u00edan visto acompa\u00f1ados de tan grandes excesos que la alegre y triunfal canci\u00f3n de la libertad acab\u00f3 tomando tonos falsos y sombr\u00edos que la des\u00adfiguraron y desacreditaron ante un gran n\u00famero de esp\u00edritus. Las almas, desconcertadas, se sent\u00edan deprimidas. La gente, desorientada, carec\u00eda de rumbo fijo. Los corazones, llenos de ardor pero ro\u00eddos por la inquietud, se mostraban vacilantes. Todo se ve\u00eda negra, oscuro. Faltaba un poco de luz. Las tinieblas lo rodeaban todo.<\/p>\n<p>La iglesia iba recobrando ciertamente un poco de la simpat\u00eda de anta\u00f1o. <em>El genio del cristianismo <\/em>de Chateaubriand hab\u00eda reavivado los sentimientos religiosos. \u00a1Celebraba con tanto acierto las bellezas de la iglesia! Aquella<\/p>\n<p>esposa de Cristo, despreciada, perseguida, proscrita en tiempos muy cerca\u00adnos, hab\u00eda visto te\u00f1ido su manto con la sangre de los m\u00e1rtires una vez m\u00e1s; pero sobre aquellos gloriosos y sangrantes ropajes el prestigioso escritor ha\u00adb\u00eda sabido arrojar flores a brazadas. Su bella prosa armoniosa y cantarina hab\u00eda enardecido a los esp\u00edritus delicados y abr\u00eda de nuevo paso a los bue\u00adnos sentimientos y a las nobles aspiraciones por el florido camino de la literatura.<\/p>\n<h3>Los estudiantes del barrio latino<\/h3>\n<p>Pero en el terreno de las ideas todav\u00eda quedaba mucho por hacer. Pues bien, en la Sorbona se daba cita todo un mundo juvenil, estudioso y lleno de generosidad, abierto a las nuevas ideas; una juventud muy hetero\u00adg\u00e9nea, ciertamente, pero que compart\u00edan todos ellos un mismo ideal, el de colocar definitivamente en el buen camino a una sociedad que anda des\u00adorientada, el de proyectar un poco de luz, el de fijar un objetivo, el de in\u00adyectar en aquella sociedad enferma una savia de vida nueva que le devol\u00adviera la salud y el vigor necesaria para emprender de nuevo el camino.<\/p>\n<p>Y buscaban a tientas aquel objetivo, aquel camino, a trav\u00e9s de una mez\u00adcla confusa de ideas de todas clases, a trav\u00e9s de una extraordinaria mara\u00f1a de opiniones y de teor\u00edas.<\/p>\n<p>Esta diversidad de opiniones hab\u00eda hecho surgir en el seno de la juven\u00adtud universitaria diversos partidos, muy distintos unos de otros pero entre los que la camarader\u00eda tradicional de los estudiantes manten\u00eda cierto con tacto. Y la buena voluntad, el deseo sincero de encontrar en las ideas un terreno de concordia hab\u00eda asociado a algunos de ellos en lo que se llamaba \u00abla conferencia de historia\u00bb, una especie de c\u00edrculo de estudios en donde se hablaba de historia, pero sobre todo de historia religiosa. Las reuniones se celebraban en casa del distinguido se\u00f1or Bailly,profesor de filosof\u00eda, hombre de coraz\u00f3n generoso, que hab\u00eda tomado algunas iniciativas muy afortunadas en favor de los estudiantes. Era natural que la hermosa histo\u00adria de la iglesia cat\u00f3lica gozara de especial atenci\u00f3n y simpat\u00eda entre sus defensores. Defendida por Ozanam, por Lamache, por Letaillandier y otras nobles figuras de temple y de erudici\u00f3n, la iglesia encontr\u00f3 en muchos de ellos sabios y elocuentes apologistas.<\/p>\n<p>Ozanam desplegaba por aquella \u00e9poca sus mejores cualidades de in\u00adgenio y de talento. Empezaba ya a distinguirse por aquella brillante y c\u00e1li\u00adda elocuencia que, sostenida por robustas convicciones, resonar\u00eda pronto en las aulas de la Sorbona, haciendo entrar en ellas despu\u00e9s de una larga ausencia el genio cristiano, ilustrado por un arte consumado y una ciencia que era el fruto de un pujante esfuerzo de erudici\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero sucedi\u00f3 un d\u00eda que, despu\u00e9s de aquellos sublimes discursos en la conferencia de la historia, un camarada les dirigi\u00f3 este duro ap\u00f3strofe: \u00ab\u00a1Vuestra iglesia! \u00a1Mostradnos qu\u00e9 es lo que hace vuestra iglesia! Es ver dad que en el pasado el cristianismo ha realizado cosas prodigiosas. \u00a1Pero hoy el cristianismo ha muerto! Vosotros, que os glori\u00e1is de ser cat\u00f3licos, \u00bfqu\u00e9 es lo que hac\u00e9is?\u00bb.<\/p>\n<p>Ciertamente, una mirada imparcial y profunda habr\u00eda encontrado, in\u00adcluso en aquellos a\u00f1os imbuidos todav\u00eda de esp\u00edritu volteriano, no pocos milagros de fe y de caridad en el seno de aquellas masas agitadas de aquella \u00e9poca desventurada. En el mismo Par\u00eds no faltaban obras abundantes per\u00adfectamente organizadas, que se esforzaban en aliviar las miserias que se cern\u00edan sobre la capital: se visitaban las c\u00e1rceles, se acud\u00eda a los hospitales, se recog\u00eda a los ni\u00f1os peque\u00f1os perdidos en el gran Par\u00eds, aquellos \u00abpeque\u00ad\u00f1os saboyanos\u00bb a los que se instru\u00eda y se preparaba para la primera comu\u00adni\u00f3n. En estas obras caritativas los estudiantes se encontraban con los miembros de la m\u00e1s alta aristocracia. A s\u00f3lo dos pasos de la Sorbona, muy cerca de aquellos estudiantes que discut\u00edan, el propio se\u00f1or Bailly les ofre\u00adc\u00eda generosamente la hospitalidad de su sal\u00f3n que se hab\u00eda convertido en una especie de \u00abc\u00edrculo de estudiantes\u00bb en donde \u00e9stos encontraban siempre acceso y refugio. Y hab\u00eda fundado muy cerca de la facultad de Derecho, en la calle de l&#8217;Estrapade, la \u00abSociedad de Buenos Estudios\u00bb, una especie de casino literario, en donde hab\u00eda biblioteca, peri\u00f3dicos, una sala de estu\u00addio bien iluminada y con calefacci\u00f3n, un anfiteatro para reuniones y con\u00adferencias. All\u00ed era precisamente donde se reun\u00edan para la \u00abconferencia de historia\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, la caridad cristiana era verdaderamente activa en aquellos tiempos tan turbulentos. Pero el bien no hace ruido; se difunde silenciosa\u00admente y el mundo ruidoso, aturdido por los placeres, no suele escuchar los ecos discretos de las voces caritativas. Y se muestra injustamente severo. De todas formas aquel ap\u00f3strofe conmovi\u00f3 profundamente a Ozanam. Al salir de la conferencia, se encontr\u00f3 con Letaillandier: \u00abEs verdad -se dijeron uno a otro-. No hablemos tanto de caridad. Hag\u00e1mosla\u00bb. Sent\u00edan la necesidad de a\u00f1adir a los bonitos discursos y a la apolog\u00e9tica m\u00e1s h\u00e1bil el ejemplo de las grandes virtudes y el espect\u00e1culo de los grandes servicios sociales.<\/p>\n<p>Aquella misma tarde Ozanam y su amigo fueron a llevar a unas fami\u00adlias necesitadas su provisi\u00f3n de le\u00f1a para finales de invierno; el sacrificio era duro.<\/p>\n<p>Pero aquello no era m\u00e1s que un rasgo de hero\u00edsmo individual. Era pre\u00adciso ir m\u00e1s all\u00e1. En aquellos d\u00edas de agitaci\u00f3n y de fiebre, los amigos se buscaban y se reun\u00edan. Durante una reuni\u00f3n, uno de ellos exclam\u00f3: \u00abFundemos una conferencia de caridad\u00bb. La idea hizo fortuna. Todos la aceptaron con entusiasmo. Y tambi\u00e9n le agrad\u00f3 al se\u00f1or Bailly. Y el se\u00f1or Bailly los envi\u00f3 a sor Rosal\u00eda. En efecto, no hab\u00eda nadie que fuera m\u00e1s apropiado que sor Rosal\u00eda para guiarlos en el aprendizaje de la caridad.<\/p>\n<p>El barrio latino no est\u00e1 lejos del barrio Mouffetard. Y en \u00e9ste llevaba ya treinta a\u00f1os sor Rosal\u00eda entreg\u00e1ndose a las tareas caritativas con un \u00e9xito que atra\u00eda a todo Par\u00eds y con una generosidad que conquistaba a todos los corazones de los pobres de aquel pobre barrio. Lo mismo que el peque\u00f1o despacho de sor Rosal\u00eda, tambi\u00e9n su coraz\u00f3n estaba siempre abierto a todas las miserias y todos los sufrimientos; por eso sucedi\u00f3 que algunos estudiantes, que hab\u00edan encontrado dificultades para instalarse en Par\u00eds o que se hab\u00edan metido imprudentemente en alg\u00fan asunto espinoso, o que inclusa ten\u00edan algunos apuros econ\u00f3micos o un poco de melancol\u00eda en su esp\u00edritu, fueron a buscar al lado de sor Rosal\u00eda informes, direcciones, recomendaciones y todo cuanto necesitaban. Sor Rosal\u00eda, gracias a sus m\u00fal\u00adtiples relaciones, les encontraba en Par\u00eds alg\u00fan piso que ofreciese las debidas garant\u00edas de honradez y a veces la acogida cari\u00f1osa de alguna familia. Con todos estos preciosos servicios los estudiantes recib\u00edan adem\u00e1s alg\u00fan consejo juicioso, a veces alguna ayuda econ\u00f3mica, y siempre un poco de aliento y de simpat\u00eda.<\/p>\n<h3>Ozanam y la Conferencia de San Vicente de Pa\u00fal<\/h3>\n<p>Ozanam sab\u00eda el camino de la casa de sor Rosal\u00eda. Un d\u00eda, conociendo \u00e9sta la delicadeza de su hermoso esp\u00edritu compasivo que se ve\u00eda inclinado a una excesiva liberalidad, le hab\u00eda dicho: \u00abHijo m\u00edo, lo que les digo a sus amigos, no tengo necesidad de dec\u00edrselo a usted. Gracias a Dios, usted conoce bien a los pobres, como es debido. Pero temo un poco los excesos de su coraz\u00f3n. Escuche una historia; ha ocurrido hoy mismo\u00bb. Y sor Ro\u00adsal\u00eda le cont\u00f3 la historia, poco ordinaria, de un joven que ten\u00eda tambi\u00e9n un coraz\u00f3n demasiado bueno y que el d\u00eda anterior hab\u00eda dado todo cuanto ten\u00eda. Pues bien, aquella misma ma\u00f1ana le sorprendi\u00f3 un visitante cuando estaba a\u00fan en la cama; era un pobre desgraciado, medio desnudo, en un estado tan andrajoso que, escuchando s\u00f3lo la voz de su coraz\u00f3n, le dio lo \u00fanico que le quedaba, su traje, para que pudiera vestir correctamente. San Mart\u00edn no hab\u00eda hecho tanto como \u00e9l. Pero entonces fue necesario enviar un mensaje a sor Rosal\u00eda para pedirle ayuda y poderle sacar del apuro. Sor Rosal\u00eda pens\u00f3 enseguida en echar una mano al pobre joven. Pero, junto con un paquete de ropa, le hab\u00eda enviado la siguiente nota por escrito: \u00abMi pobre amigo, \u00a1si alg\u00fan d\u00eda le hacen obispo, va a quedarse usted sin su pectoral y sin su mitra! \u00ab.<\/p>\n<p>La lecci\u00f3n iba dirigida a Ozanam. Y sor Rosal\u00eda debi\u00f3 unir a ella una maliciosa sonrisa. Pero cuando envi\u00f3 aquella nota por la ma\u00f1ana al joven que se hab\u00eda mostrado tan pr\u00f3digo en sus limosnas, \u00bfhab\u00eda tenido acaso el don de profec\u00eda? Lo cierto es que aquel joven lleg\u00f3 un d\u00eda a ser obispo y que, conservando en su episcopado su costumbre de dar sin considera\u00adciones, tuvo a veces que desposarse con la santa pobreza por culpa de la generosidad y lleg\u00f3 a entregar tambi\u00e9n su pectoral y su mitra.<\/p>\n<p>Ozanam retuvo aquella lecci\u00f3n dada con tanta gracia. Poco a poco se fue convirtiendo en uno de los amigos privilegiados de sor Rosal\u00eda, que cultivaba con esmero su alma, manifiestamente llamada a los m\u00e1s altos destinos.<\/p>\n<p>Ozanam acud\u00eda de buena gana a la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois, a aquel san\u00adtuario de la caridad. Cuando sali\u00f3 de casa del se\u00f1or Bailly, preocupado por las \u00faltimas discusiones que hab\u00edan tenido en la Conferencia, no vacil\u00f3 en dirigir enseguida sus pasos para ir a buscar en casa de sor Rosal\u00eda las con\u00adsignas que impon\u00edan las circunstancias. Fue all\u00e1 acompa\u00f1ado de Letaillan\u00addier. Y decidieron que, para responder al reto que les hab\u00edan lanzado en la conferencia, ten\u00edan que emprender alguna obra, de las que m\u00e1s agradan a nuestro Se\u00f1or, una obra de caridad. Llevar\u00edan ayuda a los pobres; y a sus ayudas materiales a\u00f1adir\u00edan el regalo de una cordial simpat\u00eda a trav\u00e9s de una visita personal, amigable y fraternal.<\/p>\n<p>Qued\u00f3 disuelta la \u00abconferencia de Historia\u00bb y se convirti\u00f3 en \u00abconfe\u00adrencia de Caridad\u00bb: La \u00abconferencia de san Vicente de Pa\u00fal\u00bb.<\/p>\n<p>El camino de la Sorbona a la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois fue m\u00e1s que nun\u00adca conocido y recorrido. Y sor Rosal\u00eda tuvo la dicha de ver reunirse va\u00adrias veces en su casa a los primeros hermanos de san Vicente de Pa\u00fal, de ver entre ellos a un joven que tambi\u00e9n llevaba el apellido Rendu, y de sentir c\u00f3mo se avivaba y propagaba el hermoso fuego de la caridad. Los j\u00f3venes ven\u00edan en grupo a su casa; pero a veces ven\u00edan tambi\u00e9n individualmente a buscar consejos, recomendaciones y aliento. Se llevaban con\u00adsignas y \u00f3rdenes de servicio y se derramaban por las calles del barrio como mensajeros de la caridad.<\/p>\n<p>La experiencia de sor Rosal\u00eda, que conoc\u00eda bien a su \u00abdi\u00f3cesis\u00bb, tuvo para ellos un valor inestimable. Ella orient\u00f3 su apostolado, dirigi\u00f3 sus idas y venidas por el barrio, les dio direcciones, bien escogidas, de familias necesitadas. El \u00abbanco de la Providencia\u00bb, que ten\u00eda su sede en la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois, tuvo que funcionar a tope en aquellos primeros mo\u00admentos, ya que continuamente ten\u00eda que llenar con generosidad la caja de la conferencia; como \u00e9sta se alimentaba simplemente de la colecta se\u00admanal, nunca acababa de solucionar sus problemas. Era preciso que el \u00abbanco\u00bb funcionase. \u00bfAd\u00f3nde iba sor Rosal\u00eda a buscar fondos? Ven\u00edan de todas partes. La Providencia ten\u00eda sus emisarios en todos los rincones. Y la casa de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois ten\u00eda ese misterioso atractivo que siempre hace nacer la influencia de una heroica caridad. Los socorros acud\u00edan a medida de las necesidades. Y sor Rosal\u00eda daba, daba siempre a fondo perdido: todo se perd\u00eda en las manos de los pobres. Los miembros de la Conferencia gozaron en los comienzos de un largo cr\u00e9dito y pudieron dis\u00adtribuir por el barrio abundantes limosnas.<\/p>\n<p>Junto con su limosna daban tambi\u00e9n un poco de su cultura y de su distinci\u00f3n. La cultura del barrio latino, adornada por toda la distinci\u00f3n de unas almas cristianas generosas, esparc\u00eda ahora toda su influencia por el barrio Mouffetard, aquella querida \u00abdi\u00f3cesis\u00bb de sor Rosal\u00eda. Ozanam llev\u00f3 all\u00e1 su alma po\u00e9tica y realista a la vez, su frente majestuosa de pen\u00adsador profundo y de ap\u00f3stol, pero tambi\u00e9n su \u00abirresistible sonrisa\u00bb de joven piadoso \u00edntimamente unido a Dios. En compensaci\u00f3n, todos aquellos hu\u00admildes portadores del mensaje cristiano pudieron hacer, en el seno de la miseria de aquel pobre pueblo, el descubrimiento de una riqueza de sen\u00adtimientos que les dej\u00f3 edificados y enriquecidos: espontaneidad, nobleza, grandeza de alma, toda la belleza moral que descubrieron entre los po\u00adbres en el curso de sus visitas. Hab\u00eda entonces un afortunado intercambio de servicios, en el que quiz\u00e1s los miembros de las conferencias fueron los m\u00e1s favorecidos. La pr\u00e1ctica de la caridad desarrollaba en ellos el esp\u00ed\u00adritu de fe, y preservaba y elevaba sus almas.<\/p>\n<h3>La influencia de sor Rosal\u00eda y el alma de san Vicente de Pa\u00fal<\/h3>\n<p>Al principio, la conferencia de san Vicente de Pa\u00fal estaba destinada a funcionar entre los compa\u00f1eros de escuela; se limitar\u00eda a ejercer sus tareas en el c\u00edrculo \u00edntimo en que hab\u00eda sida fundada. As\u00ed es como funcion\u00f3 durante dos a\u00f1os. Pero un d\u00eda, uno de aquellos j\u00f3venes estudiantes, el se\u00f1or Le Pr\u00e9vost, llevado de su celo apost\u00f3lico, propuso en una reuni\u00f3n desdoblar la conferencia para poder extender sus obras de caridad. Se tra\u00adtaba de establecer una en San Sulpicio; quiz\u00e1s m\u00e1s tarde podr\u00edan fundarse otras&#8230; Se alborotaron los \u00e1nimos de aquellos buenos ap\u00f3stoles, celosos de su intimidad. La cosa lleg\u00f3 a calentarse tanto que el prudente se\u00f1or Bailly crey\u00f3 oportuno cerrar la discusi\u00f3n y levantar la sesi\u00f3n. Ocho d\u00edas m\u00e1s tarde, la reuni\u00f3n estaba a tope. Y la discusi\u00f3n volvi\u00f3 a enzarzarse. Una discusi\u00f3n dura, encarnecida, prolongada. Finalmente, el autor de la propuesta, como punto final de sus argumentos, hizo observar que la idea no era suya, sino que proced\u00eda de sor Rosal\u00eda, deseosa de extender cada vez m\u00e1s lejos el reino de Dios. Sus palabras fueron decisivas; el nombre de sor Rosal\u00eda hizo callar todas las oposiciones. Y se adopt\u00f3 la decisi\u00f3n de dividir la conferencia.<\/p>\n<p>Pronto habr\u00eda de verse c\u00f3mo, gracias a sor Rosal\u00eda, se iban extendien\u00addo las conferencias de san Vicente de Pa\u00fal, como un reguero de p\u00f3lvora, por toda la superficie del globo. \u00abLlegar\u00e1n a encerrar al mundo -dec\u00eda Ozanam- dentro de una red de caridad\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, San Sulpicio tuvo tambi\u00e9n su conferencia. La c\u00e9lula madre se desdobl\u00f3. Antes de separarse, los miembros oyeron del se\u00f1or Bailly estas graves palabras: \u00abSe\u00f1ores, amemos nuestras reglas. Si las guardamos con fidelidad, estemos seguros de que ellas nos guardar\u00e1n a nosotros y guardar\u00e1n nuestra obra\u00bb <sup>5<\/sup>.Le inspiraba el loable deseo de ver conservar\u00adse intacto el esp\u00edritu de la obra. Pero \u00bfqui\u00e9n hab\u00eda ense\u00f1ado al se\u00f1or Bai\u00adlly esta f\u00f3rmula tan en\u00e9rgica, empleada por san Vicente y que se hab\u00eda convertido en familiar a sus hijos, sino sor Rosal\u00eda, la consejera de aque\u00adlla hermosa obra, y que estaba tan empapada de las ense\u00f1anzas de su santo Padre?<\/p>\n<p>Por la \u00abRegla\u00bb, indicar\u00e1 m\u00e1s tarde, en 1841, el se\u00f1or Bailly, \u00abenten\u00addemos sobre todo las consideraciones generales que preceden a nuestro reglamento propiamente dicho, donde se expresa el esp\u00edritu que debe llenarnos a todos y que vivificar\u00e1 para siempre nuestros d\u00e9biles esfuerzos. Porque estas consideraciones son la palabra de Dios, son las m\u00e1ximas de los santos, son principalmente el pensamiento de san Vicente de Pa\u00fal, que nosotros no hemos hecho m\u00e1s que aplicar a las tareas de nuestra obra\u00bb.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en estas expresiones, \u00bfqui\u00e9n no ve perfilarse la sombra dis\u00adcreta de sor Rosal\u00eda?<\/p>\n<p>Por esta \u00e9poca el se\u00f1or Bailly contaba con unas sesenta conferencias. Poco tiempo m\u00e1s tarde, los miembros de las mismas llegaban al n\u00famero de nueve mil. En la actualidad son unos doscientos cincuenta mil, exten\u00addidos por setenta y un pa\u00edses, agrupados en quince mil conferencias.<\/p>\n<p>Se trata de un \u00e9xito que s\u00f3lo puede compararse con su humildad. Dichosos todos ellos por esta espl\u00e9ndida difusi\u00f3n de su obra, los miem\u00adbros de las conferencias no tienen sin embargo m\u00e1s ambici\u00f3n que la de procurar la gloria de Dios y el bien de las almas, especialmente de la suya propia. Se guardan muy bien de envidiar a las dem\u00e1s obras de resul\u00adtados m\u00e1s espectaculares. Se contentan con su apostolado discreto. Con su humildad abren su inmenso coraz\u00f3n a la caridad, como verdaderos disc\u00edpulos de san Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>San Vicente pod\u00eda estar contento de sor Rosal\u00eda. Ella hac\u00eda pasar al alma generosa de todos aquellos j\u00f3venes que gravitaban alrededor de la casa de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois un poco del alma de su santo fundador, tan humilde y tan sencillo en el seno de los m\u00e1s espl\u00e9ndidos ardores de su caridad. Pero tambi\u00e9n aquellos j\u00f3venes ap\u00f3stoles encontraban en sor Rosal\u00eda una simpat\u00eda arrolladora, que f\u00e1cilmente los conquistaba. Sor Rosal\u00eda se interesaba por su vida, por su comportamiento en Par\u00eds, por sus estudios, por sus \u00e9xitos, por sus proyectos para el porvenir. Les buscaba a veces protectores, bienhechores y, por medio de ellos, si era necesario, ayuda econ\u00f3mica. Obligada por las circunstancias a ocuparse de aquellos j\u00f3ve\u00adnes alumnos de las facultades y escuelas universitarias, acept\u00f3 religiosa\u00admente su tarea. Lanzaba continuamente sus almas hacia los m\u00e1s altos idea\u00adles. Deseosa de conservar en aquellas almas toda su belleza, de ahorrarles las imprudencias y locuras tan frecuentes en la gran ciudad, los sosten\u00eda con sus consejas y pon\u00eda a su servicio todo su cr\u00e9dito y su experiencia. Met\u00eda dentro de sus almas el amor a los pobres, entren\u00e1ndolos en el apren\u00addizaje de la caridad. Porque les ped\u00eda resueltamente que le ayudaran en su servicio; se convert\u00edan en sus intermediarios ante los pobres. Y as\u00ed sus al\u00admas se elevaban y crec\u00edan. \u00a1Se sent\u00edan felices! Y el espect\u00e1culo de su entre\u00adga y de su felicidad llenaba de noble emoci\u00f3n el coraz\u00f3n de sor Rosal\u00eda. Aquellos j\u00f3venes, sinti\u00e9ndose crecer, le manifestaban un vivo agradecimien\u00adto y una entrega absoluta, se pon\u00edan a su disposici\u00f3n para el apostolado caritativo y de esta forma se entablaba una verdadera amistad entre aquellas grandes almas.<\/p>\n<h3>La correspondencia de sor Rosal\u00eda<\/h3>\n<p>Los ecos de esta amistad pueden escucharse a trav\u00e9s de la correspon\u00addencia de la hermana. Porque estos j\u00f3venes, una vez establecidos en las diversas provincias o en los alrededores de Par\u00eds, deseaban seguir aprovech\u00e1ndose del patrocinio de aquella que les hab\u00eda protegida y guiado mater\u00adnalmente durante sus estudios en la capital. Sor Rosal\u00eda se prestaba de buena gana a este apostolado. Sus cartas podr\u00edan llevar lejos sus consejos y sus alientos. Habiendo adquirido sobre ellos una especie de autoridad ma\u00adternal, usaba de una gran libertad con ellos en sus avisos, en sus recomen\u00addaciones, en la expresi\u00f3n de su simpat\u00eda. Sus cartas est\u00e1n llenas de testi\u00admonios de afectuoso inter\u00e9s. Aparece con frecuencia la palabra \u00abamistad\u00bb. Estas p\u00e1ginas est\u00e1n esmaltadas de t\u00e9rminos delicados, casi cari\u00f1osos, que le permiten su autoridad casi maternal, el ascendente de su edad, de sus servicios, de su virtud, de su renombre, y la robustez de su alma. Porque, al mismo tiempo que ponen de manifiesto la delicadeza de su coraz\u00f3n, to\u00addas estas expresiones de religioso afecto revelan un alma de una calidad y de una fuerza excepcional, un alma espl\u00e9ndidamente sana, robusta, ardo\u00adrosa, apasionada por el bien, empapada totalmente de Dios, apost\u00f3lica, que olvid\u00e1ndose por completo de s\u00ed misma no piensa m\u00e1s que en derramar a raudales los beneficias de su caridad.<\/p>\n<p>En efecto, no se hace nada hermoso sin amor. Es preciso amar lo que se hace. El amor les da valor a las tareas m\u00e1s humildes. Sor Rosal\u00eda ten\u00eda el coraz\u00f3n lleno de amor. Sus servicios eran siempre un trozo de su cora\u00adz\u00f3n; iban siempre acompa\u00f1ados de simpat\u00eda y de cari\u00f1o. No sol\u00eda preocu\u00adparse muchas veces por el m\u00e9todo en la redacci\u00f3n de sus cartas; lo que realmente resalta en ellas es su instinto profundo de excelente naturaleza, sus deseos de ayudar en todo cuanto pudiera, de consolar cualquier pena, de alentar todo des\u00e1nimo y de acercar a todos un poco m\u00e1s a Dios.<\/p>\n<p>Prestemos nuestra atenci\u00f3n a estas notas claras y limpias que resuenan a trav\u00e9s de estas l\u00edneas, con acentos de una extra\u00f1a belleza.<\/p>\n<p>Se conserva toda una serie de cartas, llenas de encanto, dirigidas a un joven notario&#8217;, que durante el tiempo de sus estudios de Derecho en Par\u00eds hab\u00eda disfrutado de los consejos y de la vigilancia de sor Rosal\u00eda. Aquel joven le comunica sus esperanzas de matrimonio, m\u00e1s tarde le habla de su boda y de todos los acontecimientos de su vida familiar. Y sor Rosal\u00eda le contesta. Por urbanidad, pero tambi\u00e9n por sincera amistad y, en los co\u00admienzos, por verdadera vigilancia maternal sobre aquel joven que se lanza\u00adba a la vida lleno de ilusi\u00f3n. Se conservan unas treinta cartas, escalonadas en dos per\u00edodos, de cinco a\u00f1os cada uno. Del a\u00f1o 1835 al 13 de febrero de 1840 se intercambiaron treinta y cuatro; del 5 de enero de 1845 al 28 de diciembre de 1849 se cuentan solamente diez. Hay una interrupci\u00f3n de cinco a\u00f1os, perfectamente explicable por los acontecimientos, tr\u00e1gicos a veces, de aquella \u00e9poca.<\/p>\n<p>Estas cartas est\u00e1n llenas de cordialidad. Tienen un tono claramente amistoso. Sor Rosal\u00eda se siente, como siempre, apegada a sus grandes hijos, los estudiantes. Y sabe que, la misma que siempre, \u00e9stos se lo pagar\u00e1n con su afecto. Por eso no vacila en pedirles ayuda siempre que se presenta una ocasi\u00f3n. Nuestro notario, en particular, podr\u00e1 echarle alguna mano; le pe\u00addir\u00e1 incluso a veces que le preste dinero en favor de sus protegidos; y lleva\u00adr\u00e1 entonces en sus cartas una contabilidad en toda regla, al pie de la letra. Pero estas solicitudes se enmarcan en todo un diario de noticias familiares, mezcladas con testimonios de afectuosa amistad. Es un diario completo; las noticias son abundantes; pero todo dicho con sobriedad, con rasgos cla\u00adros y r\u00e1pidos. No se puede perder el tiempo. Tambi\u00e9n aparece la nota sen\u00adtimental, muy clara, muy limpia, muy discreta. Una vez dada esa nota, ya no es necesario apoyarla.<\/p>\n<p>Se tiene la impresi\u00f3n de una intimidad muy franca y muy sana, en la que con frecuencia se mezclan todas las dem\u00e1s hermanas: sor Victoria y sor Melania y sor Magdalena y sor Felicidad, y otras, entre ellas algunas primas o sobrinas de sor Rosal\u00eda. Porque el nombre de sor Rosal\u00eda ha pro\u00advocado en Confort el despertar de numerosas vocaciones. Y la casa madre ha confiado con frecuencia a esas j\u00f3venes hermanas al cuidado de sor Ro\u00adsal\u00eda; todas ellas se muestran muy felices en su estado. Todas estas her\u00admanas, tan unidas, se asocian cordialmente a los sentimientos de su madre; con un com\u00fan acuerdo env\u00edan sus saludos a los antiguos amigos del despa\u00adcho de la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois. La madre se preocupa de comunicar a las hermanas las noticias que le manda el joven notario. Han hablado de \u00e9l en la recreaci\u00f3n; han recordado sus antiguos tiempos de estudiante. Todas se han alegrado, sin duda, y se han edificado una vez m\u00e1s con el recuerdo de sus proezas caritativas de anta\u00f1o bajo las \u00f3rdenes de sor Rosa\u00adl\u00eda. Sor Rosal\u00eda toma entonces la pluma -pues suele ser el tiempo del recreo el que se dedica a la redacci\u00f3n de las cartas- y en aquella atm\u00f3s\u00adfera de alegr\u00eda familiar, de caritativos pensamientos y de preocupaciones apost\u00f3licas, le env\u00eda al joven notario, con la expresi\u00f3n de sus profundos sentimientos de religioso afecto, la ofrenda colectiva de saludos de la pe\u00adque\u00f1a familia.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 intimidad entre todas las almas grandes, que se animan mutua\u00admente a buscar a Dios! \u00a1Y qu\u00e9 unidos estaban todos en aquella casa de caridad! Lo compart\u00edan todo. Un mismo deseo del bien animaba a todos los corazones. Un mismo amor y afecto elevaba a todas las almas, el amor de su madre, de aquel gu\u00eda incomparable a la que admiraban y que. lleva\u00adba dentro de s\u00ed como un reflejo de la Caridad divina, insaciable siempre que se trataba de hacer bien a los dem\u00e1s, siempre activa a la hora de sem\u00adbrar la belleza a su alrededor. Porque ella, y con ella todas las dem\u00e1s hermanas, se interesaban por las cosas y los sucesos de aquellos j\u00f3venes, que ya se hab\u00edan convertido en padres de familia y que pon\u00edan a sor Rosal\u00eda al corriente de sus alegr\u00edas y de sus penas. Y el eco de esta uni\u00f3n en el apostolado no es el encanto m\u00e1s peque\u00f1o de esta encantadora co\u00adrrespondencia.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed, pues, a nuestro joven estudiante de derecho convertido en no\u00adtario. Se ha establecido bastante lejos de Par\u00eds, en Boulogne-sur-Mer. Pero en un reciente viaje a Par\u00eds se ha acercado a la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois. Todos han quedado encantados de la visita. Sor Rosal\u00eda se apresura a de\u00adc\u00edrselo. Es el comienzo de aquella correspondencia:<\/p>\n<p>\u00abMil y mil veces me han entrado ganas de escribirle, querido amigo, pero no siempre encuentro tiempo disponible y he de resignarme&#8230; \u00a1Es ya una vieja noticia el decirle que sent\u00ed una gran alegr\u00eda de volver a verle! Pero siempre me agrada dec\u00edrselo de nuevo e invitarle a que nos d\u00e9 esta misma satisfacci\u00f3n siempre que le sea posible\u00bb.<\/p>\n<p>Las cosas empiezan bien. \u00a1Qu\u00e9 cordialidad! Sin duda hay que excusarse de haberse retrasado un poco en la contestaci\u00f3n; en el g\u00e9nero epistolar se trata de un motivo vulgar. Pero la excusa es r\u00e1pida y la f\u00f3rmula no tiene nada de vulgar; menos vulgar todav\u00eda es la expresi\u00f3n de su alegr\u00eda y su invitaci\u00f3n a que renueve la visita que tanto ha agradado a todos. Amables sentimientos, expresados con rapidez y llenos de sinceridad. Y no hay que hablar m\u00e1s de ello. Enseguida empieza a tratar de asuntos serios:<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda tiene un pasante de notario que colocar. Se lo recomienda. Se trata de un joven de diecinueve a\u00f1os, prudente, piadoso, de una conducta capaz de inspirar toda la confianza a su patrono&#8230; Es hu\u00e9rfano y su familia ha tenido algunos reveses&#8230; \u00abHaga todo lo que pueda por \u00e9l para que pueda tener \u00e9xito esta petici\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda siempre tendr\u00e1 gente que colocar y que recomendar. Se ve continuamente solicitada para ello y ella misma se adelanta muchas veces en su preocupaci\u00f3n por buscar una soluci\u00f3n para las personas que ve apuradas. Un d\u00eda dir\u00e1 con la sonrisa en los labios, a prop\u00f3sito de las peticiones de todas clases que la asedian: \u00ab\u00a1Necesitar\u00eda en estos momentos una plaza de ministro!\u00bb. Sin llegar tan arriba, la verdad es que a veces recomendaba tambi\u00e9n para altos cargos. \u00a1Ten\u00eda tantas y tan distinguidas relaciones! Uno de sus parientes, el se\u00f1or Eugenio Rendu, estaba empleado en el ministerio. Se serv\u00eda de \u00e9l, con sencillez, cuando pod\u00eda ofrecer informes favorables.<\/p>\n<p>Un d\u00eda lleg\u00f3 a recomendar incluso a un candidato para la c\u00e1tedra de anatom\u00eda de la facultad de Montpellier. \u00a1Nada menos! Otra vez recomend\u00f3 al alcalde de su barrio a dos personas para que fueran inspectores municipales. En otra ocasi\u00f3n recomend\u00f3 a un sacerdote para p\u00e1rroco de la nueva parroquia Saint-Marcel. \u00a1Sor Rosal\u00eda ten\u00eda sin duda vara alta ante los gran\u00addes personajes! En 1854 procur\u00f3 un capell\u00e1n a las religiosas agustinas que atend\u00edan a la casa de Charenton. Este sacerdote, el abate Warnet, era co\u00adnocido en la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois; sor Rosal\u00eda le hab\u00eda hecho alguna vez alg\u00fan servicio. Y esta vez le pidi\u00f3 ayuda. Se trataba de servir a las buenas religiosas y a sus pensionistas, sacrificando para ello la agradable situaci\u00f3n de que gozaba en aquellos momentos el buen sacerdote en un castillo de Nantes. Y una vez m\u00e1s sor Rosal\u00eda, que tiene buen coraz\u00f3n y que quiere atenuar el sacrificio, se muestra llena de amabilidad en la carta que le es\u00adcribe: \u00abVa usted a ser nuestro&#8230; Le renuevo los deseos tan sinceros que tengo de volver a verle&#8230; La superiora de las religiosas quiere estar aqu\u00ed para cuando usted llegue y poder instalarle debidamente&#8230;, etc.\u00bb. Las cartas de sor Rosal\u00eda ten\u00edan siempre este tono.<\/p>\n<p>Serv\u00eda tambi\u00e9n de intermediaria para toda clase de buenas obras. La encontramos espl\u00e9ndidamente servicial en sus relaciones con la obra del \u00abBuen Salvador\u00bb de Caen. Su correspondencia nos revela el cr\u00e9dito de que gozaba y el santo atrevimiento que ten\u00eda cuando se trataba de servir a la caridad. Hay en sus cartas una verdadera abundancia de estas expresiones y recomendaciones caritativas.<\/p>\n<p>El joven notario se presta de buena gana a la correspondencia con sor Rosal\u00eda. Se muestra sumamente amable. De momento, en medio de sus papeles timbrados y de sus protocolos, se pone a so\u00f1ar en el porvenir. \u00a1Habr\u00e1 que pensar en casarse alg\u00fan d\u00eda! Pero con el ajetreo de su instalaci\u00f3n y los primeros asuntos que le caen entre manos, no se atreve a so\u00f1ar mucho&#8230; \u00a1Pero algo s\u00ed que sue\u00f1a! Y sor Rosal\u00eda entonces, con una familiaridad ma\u00adternal, entra en escena en aquel debate afectivo. Son los sabios y prudentes consejos de una madre, la sonrisa encantadora de un afecto verdadero, pro\u00adfundo, lleno de pureza, de elevada inspiraci\u00f3n, expresi\u00f3n simple y sincera de los sentimientos profundos de un alma hermosa. Hay que contar filial\u00admente con la Providencia: \u00abLa Providencia -dice- le proporcionar\u00e1 una buena ocasi\u00f3n. \u00a1Tenga paciencia!\u00bb. Y despunta entonces una sonrisa mater\u00adnal: \u00abHace usted bien en retrasar un poco las complicaciones del matri\u00admonio; ya tendr\u00e1 tiempo; \u00a1disfrute todo lo posible!\u00bb. S\u00ed, cuando se hayan calmado un poco los ajetreos del oficio, habr\u00e1 que enfrentarse con las preocupaciones del hogar. \u00a1Qu\u00e9 serena prudencia y qu\u00e9 sana libertad en es\u00adta amigable direcci\u00f3n! Y despu\u00e9s vienen los saludos a sus padres y el env\u00edo del recuerdo de las hermanas; en todo ello una gran cordialidad. Y finalmente esta despedida: \u00abAdi\u00f3s, mi querido y verdadero amigo, crea en mi inal\u00adterable afecto. Soy toda suya. Sor Rosal\u00eda\u00bb. Pero hay adem\u00e1s una postdata; se acerca la fiesta de Todos los Santos; la maternal solicitud de la buena madre no deja de aprovechar la ocasi\u00f3n: \u00abProcure -le dice- pasar esta fiesta como buen cristiano\u00bb. Y a\u00f1ade, con prudencia: \u00abYa me lo dir\u00e1\u00bb.<\/p>\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s sor Rosal\u00eda recibe la gran noticia: hay proyectos de matrimonio. Sor Rosal\u00eda se alegra de ello. Pero es un asunto serio: \u00abAmigo m\u00edo, me acuerdo de usted todos los d\u00edas en la misa\u00bb. Y le da algunos consejos: \u00abSea usted fervoroso, amigo m\u00edo. Consiga de Dios todas las gracias que va a necesitar para una empresa tan importante&#8230; \u00bfConoce usted a un buen director? V\u00e9ale con frecuencia y haga todo cuanto \u00e9l le indique&#8230; \u00ab. Y al final, los saludos habituales: \u00abAdi\u00f3s, con mis afectuosos sentimientos en el amor de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb.<\/p>\n<p>Estamos en el mes de enero de 1838. Un mes m\u00e1s tarde se han concre\u00adtado ya los proyectos de matrimonio. El 18 de febrero sor Rosal\u00eda le escri\u00adbe: \u00abPuede usted estar seguro de la alegr\u00eda que me ha dado la noticia de su porvenir, que me parece dibujarse con toda prosperidad. Deseo ardien\u00adtemente que la Providencia le d\u00e9 una buena compa\u00f1era, tal como usted se la merece. Usted sabr\u00e1 hacerla feliz y tendr\u00e1n paz, que es el mejor medio para ser felices\u00bb. Y a\u00f1ade: \u00abTodos nuestros amigos, que son los suyos, le env\u00edan los m\u00e1s cari\u00f1osos saludos. Hablamos muchas veces de usted y le recordamos con cari\u00f1o\u00bb. Este apostolado es una verdadera amistad. Todos est\u00e1n cordialmente unidos y se animan mutuamente a obrar el bien.<\/p>\n<p>Pero en aquellos momentos sor Rosal\u00eda se sent\u00eda aplastada por el peso de las pruebas: \u00abHemos pasado un fr\u00edo enorme. Los pobres han sufrido un verdadero martirio&#8230; Con ello hemos tenido mucho trabajo, acompa\u00f1ado de mala salud, pues nuestras hermanas han tenido que padecer el fr\u00edo y todos los rigores del invierno\u00bb. Adem\u00e1s, ha recibido malas noticias de Confort. Su madre, tambi\u00e9n enferma, ha sida acogida en casa de las hermanas de Ginebra, pero ha tenido que regresar a Confort. Ella misma tam\u00adbi\u00e9n ha estado en cama con fiebre durante diecisiete d\u00edas. A pesar de eso, ha tenido que servir de intermediario entre la casa madre y \u00abel Buen Sal\u00advador\u00bb de Caen para lograr la admisi\u00f3n de una o dos compa\u00f1eras que necesitaban tranquilizar su esp\u00edritu en una casa de reposo. Ha tenido que sufrir mucho con todo ello y sigue todav\u00eda bajo el peso de mil asuntos que no acaban de resolverse.<\/p>\n<p>No son solamente sus dos compa\u00f1eras a las que ha tenido que reco\u00admendar a la buena madre superiora del \u00abBuen Salvador\u00bb. Con frecuencia ha tenido que escribir a aquella excelente casa de reposo en donde, gracias a las atenciones y a la competencia de las religiosas, muchos logran reco\u00adbrar su salud quebrantada. \u00a1Ha enviado all\u00e1 a tantos protegidos suyos! Estudiantes agotados por los estudios y la fiebre de los ex\u00e1menes, personas distinguidas cansadas del ajetreo de los negocios, sacerdotes y religiosos agotados por su ministerio, religiosas agobiadas por sus tareas caritativas han encontrado en aquel oasis de paz y de descanso, en una especie de clima de vacaciones, la tranquilidad de esp\u00edritu, la calma de los nervios, un nuevo vigor corporal y mental que les ha permitido proseguir sus estudios, sus tareas y su apostolado.<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntos servicios ha podido hacer sor Rosal\u00eda a las gentes del barrio y a otros muchos amigos, gracias a la acogida de las monjas del \u00abBuen Salvador\u00bb!<\/p>\n<p>Pero semejantes servicios complicaban m\u00e1s a\u00fan su correspondencia, ya bastante cargada. Un a\u00f1o tuvo que escribir trece cartas al \u00abBuen Salvador\u00bb; otro fueron dieciocho; al a\u00f1o siguiente, veintitr\u00e9s&#8230; Recomendaciones, consejos, s\u00faplicas preocupaciones econ\u00f3micas, contabilidad que hay que llevar al d\u00eda: toda esto hac\u00eda que se multiplicaran las cartas cada d\u00eda m\u00e1s&#8230;<\/p>\n<p>Y he aqu\u00ed que ahora una de las compa\u00f1eras de su misma casa le origina nuevas preocupaciones: sor Josefina est\u00e1 en cama, se va agravando su es\u00adtado, parece que no queda ya ning\u00fan remedio: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 dolor para todas pensar en este cruel desenlace!\u00bb. Por fortuna, despu\u00e9s de varias horas de agon\u00eda, sor Josefina lograr\u00e1 restablecerse. Pero, entre tanto, las dem\u00e1s her\u00admanas \u00abandan todas con achaques; con el fr\u00edo que han pasado, con el cansancio que han pasado, ahora todo se hace sentir en la indisposici\u00f3n de casi todas\u00bb. Y sor Rosal\u00eda llega a decir que \u00abse ve clavada por los mil asun\u00adtos de sus pobres\u00bb.<\/p>\n<p>En medio de este panorama, aquella \u00abmujer fuerte\u00bb que llevaba sobre sus espaldas el duro peso de tantas tareas, de tantos asuntos, de tantas pre\u00adocupaciones, de tantas penas, sab\u00eda compartir adem\u00e1s las preocupaciones y las alegr\u00edas de sus protegidos. Es que conoc\u00eda el bien que les hac\u00eda con su simpat\u00eda. Ella misma por otra parte, recompensada con la gratitud de todos sus hijos, encontraba en ello un precioso aliento y est\u00edmulo. Cuando nuestro notario tiene que prescindir de un viaje a Par\u00eds debido a sus obli\u00adgaciones de novio, que no desea estar alejado mucho tiempo de su prome\u00adtida, sor Rosal\u00eda deja caer amablemente en su carta esta queja que conocen todas las madres: \u00abPero no por eso nos querr\u00e1 usted menos, \u00bfverdad?\u00bb. Y al final de su carta, con un tono m\u00e1s grave, a\u00f1ade esta hermosa frase: \u00abAdi\u00f3s, mi querido amigo, qui\u00e9rame un poquito; as\u00ed me devolver\u00e1 en parte la amis\u00adtad que yo le he dado\u00bb. Atrevimiento, sin duda, pero que no nos sorprende en este gran coraz\u00f3n maternal, de una salud tan robusta y de tan enorme riqueza de esp\u00edritu, en el que se compaginaban maravillosamente los dos grandes amores, el amor de Dios y el amor de sus hijos.<\/p>\n<p>No es esta la \u00fanica vez que aparece en sus cartas esta f\u00f3rmula tan cari\u00ad\u00f1osa y atrevida, esta s\u00faplica acompa\u00f1ada del recuerdo de los servicios hechos al destinatario. En estas horas graves en que se est\u00e1 decidiendo el porvenir de aquel joven que se hab\u00eda confiado a su patrocinio, ella mezcla con sus austeros consejos la nota clara de su afecto. Estamos en el mes de marzo de 1838; sor Rosal\u00eda tiene m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os; en plena madurez, se encuentra en posesi\u00f3n de una larga y laboriosa experiencia de la vida. El comienzo de la carta es muy familiar: su joven notario ha empezado ya seguramente a asentarse en su empleo y est\u00e1 horondo y feliz. Familiarmente, sor Rosal\u00eda comienza: \u00abMi rechoncho amigo&#8230;, aprovecho con mucho gus\u00adto&#8230; \u00ab. Luego va enseguida derecha al asunto principal y el tono se hace m\u00e1s grave: \u00abConque ya est\u00e1 usted en camino de atarse para siempre. Es un asunto muy serio. Creo que usted tiene car\u00e1cter para preocuparse debida\u00admente por ello, pero que no por eso perder\u00e1 su sangre fr\u00eda. Disp\u00f3ngase para este gran acto con la oraci\u00f3n, con la penitencia y con la frecuencia de los sacramentos. Hay que hacer una buena confesi\u00f3n general. Tiene usted que empaparse de las obligaciones que va a contraer; comprende usted muy bien todo su alcance, pero hay que pensarlas bien. Si, querido amigo, va usted a atarse para toda la vida y a tomar una responsabilidad de la que se le pedir\u00e1n cuentas rigurosas alg\u00fan d\u00eda. Tendr\u00e1 usted momentos amargos; tam\u00adbi\u00e9n tendr\u00e1 alegr\u00edas, pero cortas. Todo sirve para el hombre que teme a Dios. Acost\u00fambrese a la idea de que tiene que ser el modelo que han de seguir todos los que le rodeen y le conozcan. Busque la fortaleza en la gracia que se nos da en la oraci\u00f3n, en los sacramentos, en las lecturas. Hay que saber acudir con frecuencia al recogimiento cristiano. Ya s\u00e9 que su vene\u00adrado padre le dar\u00e1 tambi\u00e9n sus consejos y sobre todo sus ejemplos; im\u00edte\u00adlos, mi querido amigo; camine por la senda que \u00e9l le ha trazado y vivir\u00e1 muchos a\u00f1os\u00bb.<\/p>\n<p>No resulta extra\u00f1o encontrar estos graves consejos en labios de sor Rosal\u00eda: no hace m\u00e1s que hacerse eco de la santa iglesia. Pero sobre todo se hace eco de su propia alma. \u00abMi pluma se deja llevar por mi coraz\u00f3n&#8230; Le rezo a Dios por usted todos los d\u00edas y les he pedido tambi\u00e9n a las almas buenas que recen y que atraigan de Dios las bendiciones sobre usted y sobre sus empresas&#8230; No dude de mi afecto, que es realmente inmenso y since\u00adro&#8230; \u00ab. Y todos estos sentimientos son compartidos por los amigos. Se trata de una amistad muy grande que une a todos estos corazones. Por eso el feliz esposo se cuidar\u00e1 de anunciar \u00e9l mismo su felicidad a sus amigos. Y siguen entonces, abundantes, las noticias de aquellas buenas personas tan cordialmente unidas entre s\u00ed. Desgraciadamente, entre tantas buenas noti\u00adcias hay tambi\u00e9n alguna un poco desagradable. Y entonces la buena madre acaba su carta con estas palabras: \u00abYa ve usted c\u00f3mo tengo mucha necesi\u00addad de saber que me sigue usted queriendo, pues esta idea creo que me podr\u00e1 hacer alg\u00fan bien\u00bb.<\/p>\n<p>Las cartas siguientes son cartas de p\u00e9same. El notario ha perdido a uno de sus parientes cercanos: \u00abTodas las hermanas -le dice sor Rosal\u00eda el 28 de mayo-, todos los amigos, desean compartir su pena\u00bb. Tambi\u00e9n ella se siente probada y al cabo de sus fuerzas. \u00abHace ya doce d\u00edas que la fiebre le va minando los huesos; guarda una dieta rigurosa; la han sangrado en abun\u00addancia y por consiguiente se encuentra muy agotada. Pero ya se est\u00e1 dis\u00adponiendo a volver a la vida normal y a hacerse cargo de sus asuntos\u00bb. Tambi\u00e9n sor Josefina se encuentra bastante enferma. En medio de tantas pruebas, sor Rosal\u00eda encuentra energ\u00edas para repetir su f\u00f3rmula tan cari\u00f1o\u00adsa: \u00abAdi\u00f3s, mi querido amigo, le ruego que exprese mis sentimientos de cari\u00f1o a su esposa y a todas las personas queridas\u00bb. Y vuelve una vez m\u00e1s la f\u00f3rmula amistosa: \u00abSiga queri\u00e9ndome un poquito; as\u00ed me devolver\u00e1 en parte lo que le he dado tan sinceramente. Adi\u00f3s. Toda suya. Sor Rosal\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>El 21 de julio, como el notario, muy atareado en sus asuntos y en los de su reci\u00e9n matrimonio, estuviera ya dos meses sin dar noticias suyas y se excusara por ello, sor Rosal\u00eda le escribi\u00f3: \u00abAcepto sus excusas, pero con un poco de mal humor, pues llevamos ya mucho tiempo sin tener noticias suyas. \u00bfSigue estando usted convencido de que le queremos con el mismo afecto de siempre?\u00bb. Y le encarga \u00abmil y mil saludos\u00bb para su joven esposa. \u00abMil y mil saludos\u00bb: s\u00ed, a sor Rosal\u00eda le gusta esta expresi\u00f3n que emplea con cierta frecuencia; es generosa; y la secretaria que ha escrito esta carta al dictado de sor Rosal\u00eda ha a\u00f1adido una s detr\u00e1s de cada una de estas dos cifras. \u00bfNo es el plural el signo de la abundancia? Nunca se dir\u00e1 bastante la abundancia y la riqueza de sentimientos que brotan de esa inagotable fuente de bondad. Las secretarias de sor Rosal\u00eda saben que ella derrama a raudales su tesoro y que todos salen ganando con ello; \u00a1y lo dicen a su manera! Sor Rosal\u00eda, despu\u00e9s de haber manifestado su alegr\u00eda a su notario \u00abpor la elecci\u00f3n que ha hecho la Providencia\u00bb al elegir para \u00e9l aquella espo\u00adsa, le dirige un peque\u00f1o serm\u00f3n: \u00abAy\u00fadense mutuamente a santificarse en su uni\u00f3n y caminen tras las huellas de sus venerados padres\u00bb.<\/p>\n<p>El 13 de noviembre un obsequia del notario trae de nuevo la alegr\u00eda a la familia de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois. Sor Rosal\u00eda toma enseguida la pluma: \u00abAyer por la tarde recibimos su hermoso y grande pastel. Tendremos para sabo\u00adrearlo toda una semana. Nuestras hermanas se unen a m\u00ed para expresarle su m\u00e1s cari\u00f1osa gratitud. Es usted mil veces demasiado bondadoso. Y me quedo todav\u00eda corta. Nos va a proporcionar usted unos cuantos a\u00f1os de purgatorio para expiar esta golosiner\u00eda. Me hubiera gustado poder ofre\u00adc\u00e9rsela tambi\u00e9n a usted aqu\u00ed. \u00a1Cu\u00e1nto siento no poder verle m\u00e1s que siempre de pasada y tan pocas veces! \u00a1C\u00f3mo me gustan esos trenes que vienen de Boulogne a Par\u00eds!\u00bb.<\/p>\n<p>En 1840, y durante cinco a\u00f1os, hay una interrupci\u00f3n en esta correspon\u00addencia. Por lo menos, no ha llegado hasta nosotros ninguna carta de este per\u00edodo. Por otra parte, la interrupci\u00f3n es explicable. Tanto en Boulogne como en Par\u00eds la enfermedad ha estado hacienda de las suyas. Tanto en Par\u00eds como en Boulogne las cosas han ido empeorando. Por esta \u00e9poca sor Rosal\u00eda est\u00e1 agobiada de peticiones. En 1845 hay nada menos que diecis\u00e9is mil pobres asediando la casa. Las calles se cubren de nieve. El pe\u00adsimismo lo invade todo. Rodeada de miserias escribe una carta tras otra al \u00abBuen Salvador\u00bb de Caen. En Par\u00eds, aunque el c\u00f3lera ya ha pasado, sigue todav\u00eda amenazando; hay que vigilar. En el barrio de la Poissonni\u00e9re hay una obra para col\u00e9ricos con la que sor Rosal\u00eda est\u00e1 en relaci\u00f3n. Est\u00e1 llena de ni\u00f1os a los que la epidemia ha dejado hu\u00e9rfanos. En Boulogne hay tam\u00adbi\u00e9n agitaciones, \u00abgrandes acontecimientos, independientes de la Revolu\u00adci\u00f3n, pero que son males incalculables\u00bb. En Par\u00eds se est\u00e1 sobre un volc\u00e1n&#8230; Reina una situaci\u00f3n violenta&#8230; \u00a1Imposible figurarse lo que ocurre en Par\u00eds! \u00abUna revoluci\u00f3n que se prepara\u00bb que no puede compararse con la de 1830. \u00abTenemos mucho trabajo. Nunca nos hemos visto tan preocupadas. Nues\u00adtros pobres est\u00e1n desanimados, desmoralizados, sin saber ad\u00f3nde acudir. Es un desorden espantosa\u00bb. \u00a1Pobre sor Rosal\u00eda! No encuentra expresiones bastante en\u00e9rgicas para expresar la magnitud del desastre.<\/p>\n<p>En Boulogne, el notario va adquiriendo categor\u00eda; su notariado va sien\u00addo cada vez m\u00e1s importante. Tiene que gobernar su hogar y su despacho. Ya est\u00e1n lejos los d\u00edas de \u00abla luna de miel\u00bb. La vida, all\u00ed como en todas partes, est\u00e1 rodeada de espinas y la vida se ha hecho m\u00e1s dura, sin respiro de ninguna clase. Un d\u00eda el notario ha tenido que pedir a una de sus herma\u00adnas que le sustituya en su correspondencia.<\/p>\n<p>Cuando despu\u00e9s de cinco a\u00f1os se reanudan las relaciones epistolares, el tono ser\u00e1 m\u00e1s grave, pero sigue lleno de atractivo por el inter\u00e9s religioso que lo inspira. \u00a1Todo es gracia! \u00a1Todo es caridad en aquel noble coraz\u00f3n de una hija de la Caridad! Sus cartas ir\u00e1n continuando, cada vez m\u00e1s dis\u00adtanciadas, hasta el a\u00f1o 1848, cuando tendr\u00e1n que cesar por culpa de las agitaciones de la revoluci\u00f3n y ante la tremenda prueba del c\u00f3lera.<\/p>\n<p>Gracias al lazo de uni\u00f3n que era sor Rosal\u00eda, la camarader\u00eda escolar de todos aquellos grandes j\u00f3venes se hab\u00eda prolongado en su vida derivando en una verdadera y s\u00f3lida amistad. La casa de la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois result\u00f3 ser algo as\u00ed como el centro de agrupaci\u00f3n y el correo central adonde llegaban y de donde part\u00edan las noticias del grupo. Se hab\u00eda convertido tambi\u00e9n en un servicio de ayuda mutua cuyos engranajes funcionaban mara\u00advillosamente, gracias a la experiencia y a la discreci\u00f3n de sor Rosal\u00eda. Y era tambi\u00e9n un hogar familiar en donde todos encontraban una cordial acogida cuando pasaban por Par\u00eds.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda procuraba lo mejor posible mantener esta amistad, sabiendo todo el bien que pod\u00eda hacer y encontrando a su vez en ella una buena y f\u00e1cil ocasi\u00f3n de hacer favores. Trataba a aquellos buenos j\u00f3venes y a aquellos padres de familia como amigos. Y ellos sent\u00edan para con ella una espe\u00adcie de veneraci\u00f3n, de respeto religioso, pues conoc\u00edan por experiencia las elevadas inspiraciones que constitu\u00edan el secreto de su abnegaci\u00f3n. Su bon\u00addad, su generosidad, su experiencia, todo esto resultaba ciertamente llama\u00adtivo y atra\u00eda las miradas de agradecimiento de todos ellos. Pero lo que atra\u00eda sobre todo su maravilloso afecto era precisamente ese puro reflejo de la caridad divina que irradiaba en ella.<\/p>\n<p>Uno de aquellos j\u00f3venes, que llegar\u00eda a ser un distinguido m\u00e9dico m\u00e1s tarde, goz\u00f3 durante sus estudios, en 1837, \u00abde la caridad y de la bondad verdaderamente maternal de sor Rosal\u00eda con ocasi\u00f3n de una grave enfermedad. Sor Rosal\u00eda supo ofrecerle enseguida su consejo y su ayuda moral, llev\u00e1ndolo a las casas de los pobres y facilit\u00e1ndole su carrera de iniciaci\u00f3n en la medicina\u00bb. Aquel joven m\u00e9dico se hab\u00eda instalado en la calle Saint\u00adVictor de Par\u00eds. Sor Rosal\u00eda le hab\u00eda ayudado, le hab\u00eda sin duda procurado clientes, ricos y pobres. Las relaciones entre el doctor y la casa de Caridad eran necesariamente frecuentes. Pero he aqu\u00ed que el doctor tiene que ausen\u00adtarse. Ha ido a Calais, con sus padres. Sor Rosal\u00eda le escribe a Calais. Tambi\u00e9n en esta ocasi\u00f3n, como con el joven notario de Boulogne, el tono es sumamente cordial. Le da algunas noticias pero sobre todo le hace un buen servicio: sus clientes le reclaman, tiene que volver enseguida. \u00ab\u00a1Vuelva lo antes posible! Nos damos perfecta cuenta de la alegr\u00eda y el gozo que est\u00e1 dando ah\u00ed a sus queridos padres. Pero por aqu\u00ed preguntan muchas ve\u00adces por usted. Creo que es conveniente obligarle a que no prolongue su ausencia m\u00e1s de quince d\u00edas. D\u00edgale a su buena madre que yo me encargo de que vuelva usted a hacer otro viaje para las pr\u00f3ximas navidades. D\u00edgale que salgo yo responsable de que podr\u00e1 entonces tener esta dicha\u00bb. \u00a1Qu\u00e9 amabilidad! Y tambi\u00e9n ahora interviene el recuerdo de las dem\u00e1s hermanas: \u00abTodas las hermanas le saludan con afecto\u00bb. Y para acabar: \u00abMi querido y verdadero amigo, est\u00e9 seguro de mi incomparable y sincero cari\u00f1o en el amor de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb. \u00bfIncomparable su cari\u00f1o, sor Rosal\u00eda? S\u00ed, tiene usted raz\u00f3n. Muy pocas personas tienen una abnegaci\u00f3n tan grande y una nobleza de alma tan inmensa como la suya. Tambi\u00e9n san Pablo, cuando escrib\u00eda a sus fieles, se atrev\u00eda a proclamar su cari\u00f1o y a decirles: \u00ab\u00a1Muchos pedagogos, pero pocos son realmente padres!\u00bb. Se necesitan sen\u00adtimientos paternales para hacer el bien. Como postdata, sor Rosal\u00eda a\u00f1ad\u00eda con la franca influencia que le daban sus servicios: \u00abD\u00edganos la fecha de su regreso. \u00a1Sea puntual! \u00ab.<\/p>\n<p>Tres a\u00f1os m\u00e1s tarde, el 14 de agosto de 1841, enviaba una segunda carta, o mejor dicho una nota, a la calle Saint-Victor: \u00abAl querido doctor\u00bb. La nota iba acompa\u00f1ando a un regalo que le ofrec\u00eda con ocasi\u00f3n de su pr\u00f3ximo matrimonio. En ella se formulaban sus mejores deseos de felicidad y se ped\u00edan las bendiciones del cielo para los reci\u00e9n casados. Y para aca\u00adbar, sobre aquel joven al que hab\u00eda protegido y guiado en una \u00e9poca dif\u00edcil de la vida y que ahora iba a entregar su fidelidad y su amor a la compa\u00f1era definitiva de su existencia, ca\u00edan las palabras maternales que reclamaban algunas migajas de aquel amor: \u00abSiga queri\u00e9ndonos un poquito. Y crea en la sinceridad de nuestro invariable afecto\u00bb. Y tambi\u00e9n entonces las dem\u00e1s hermanas se asociaban a estos testimonios de cordial amistad.<\/p>\n<p>Era l\u00f3gico que semejante simpat\u00eda y semejantes servicios encontrasen en el esp\u00edritu del joven m\u00e9dico sentimientos de la m\u00e1s viva gratitud, acom\u00adpa\u00f1ada de una verdadera veneraci\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a1Tales eran los nobles sentimientos que inspiraba nuestra piadosa y heroica hija de la Caridad en su paciente y delicado ministerio entre los estudiantes del barrio latino de Par\u00eds!<\/p>\n<h3>El vizconde de Melun y la escuela de caridad de la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois<\/h3>\n<p>Estas excepcionales cualidades de \u00e1nimo eran las que le hab\u00edan dado la llave de todos estos corazones juveniles. Y en este clima de c\u00e1lida simpat\u00eda, de profunda estima mutua, de grande y noble amistad, sor Rosal\u00eda iba haciendo penetrar insensiblemente, d\u00eda tras d\u00eda, en todas aquellas almas lo mejor de su propia alma, con las certeras m\u00e1ximas que ella misma hab\u00eda aprendido en la escuela de san Vicente. Y a su vez, su apostolado entre estos j\u00f3venes se convert\u00eda, casi espont\u00e1neamente, en una pujante y fecunda <em>escuela de caridad.<\/em><\/p>\n<p>El vizconde de Melun, que ya desde la primera visita que le hizo qued\u00f3 conquistado para la obra de sor Rosal\u00eda y que fue uno de los alumnos m\u00e1s asiduos de esta escuela bienhechora, nos ha revelado los secretos de la preciosa iniciaci\u00f3n que se daba en ella.<\/p>\n<p>Este joven arist\u00f3crata hab\u00eda frecuentado los salones m\u00e1s selectos del mundo parisino. Era entonces, junto con Lacordaire, Montalembert y Fa\u00adlloux, con Chateaubriand, Tocqueville y dom Gu\u00e9ranger, uno de los asis tentes habituales al sal\u00f3n de la piadosa se\u00f1ora Swetchine y gozaba de las predilecciones de la ilustre dama. Estaba lleno de ideales y so\u00f1aba con entregarse a ellos. La se\u00f1ora Swetchine se lo envi\u00f3 a sor Rosal\u00eda.<\/p>\n<p>Era durante el invierno de 1837-1838. El joven, despu\u00e9s de atravesar las pobres calles del barrio y el s\u00f3rdido \u00abmercado de los patriarcas\u00bb, se en\u00adcontr\u00f3 ante la casa de sor Rosal\u00eda en compa\u00f1\u00eda de los pobres que asediaban su puerta. La se\u00f1ora Swetchine que lo enviaba era para \u00e9l la mejor de las recomendaciones. Y ciertamente no result\u00f3 in\u00fatil. Es verdad que sor Rosal\u00eda lo recibi\u00f3 muy bien, \u00abcasi tan bien -nos dice \u00e9l mismo- como si hubiera sido uno de sus pobres\u00bb&#8230;, pero ella misma le confes\u00f3 m\u00e1s tarde, con una sonrisa maliciosa, que se hab\u00eda preguntado al ver a aquel joven tan apuesto si no ser\u00eda \u00e9l tambi\u00e9n uno de esos ap\u00f3stoles aficionados, a los que atra\u00eda a su casa m\u00e1s la curiosidad que la caridad, y que muchas veces no pod\u00edan resistir la visi\u00f3n poco atractiva de la miseria y dejaban despu\u00e9s de la primera visita todo aquel desconcertante apostolado.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, el joven ap\u00f3stol tuvo que sufrir la prueba com\u00fan de una visita a los pobres. Sor Rosal\u00eda le entreg\u00f3 unos cuantos bonos de pan, algu\u00adnos bonos de carne y alguna ropa, que ten\u00eda que llevar a alguna familia del barrio, acompa\u00f1ando dicha limosna con algunas palabras de cari\u00f1o.<\/p>\n<p>Parti\u00f3 para aquella prueba con no muchos entusiasmos. Le cost\u00f3 alg\u00fan trabajo decidirse a franquear el umbral de aquella pobre morada. Pero una vez que entr\u00f3 y le admitieron como amigo, sentado encima de un ba\u00fal o de un caj\u00f3n desvencijado, se rompi\u00f3 el hielo y le cost\u00f3 m\u00e1s trabajo todav\u00eda tener que marcharse, tener que dejar a aquella buena gente, que parec\u00edan tan contentos de verle, que le hablaban con tanta franqueza de su afecto por sor Rosal\u00eda, de su agradecimiento por aquella visita, y le contaban con tanta confianza su historia, sus sufrimientos y sus esperanzas.<\/p>\n<p>El joven vizconde se sinti\u00f3 ya desde entonces ganado para las obras de caridad. Y cuando sor Rosal\u00eda le dio a leer la <em>Vida de san Vicente de Pa\u00fal, <\/em>a quien venerar\u00e1 desde entonces y que fue para \u00e9l una verdadera revelaci\u00f3n, escribi\u00f3 a la se\u00f1ora Swetchine: \u00abDios es muy bueno. Me env\u00eda sus consejos, a sor Rosal\u00eda y a san Vicente de Pa\u00fal\u00bb. Como disc\u00edpulo fiel, aquel joven se sent\u00eda feliz de reconocer en san Vicente el maravilloso mode\u00adlo que hab\u00eda logrado tan bien reproducir en su propia vida sor Rosal\u00eda, aquella \u00abhija de san Vicente que mejor ha heredado su esp\u00edritu\u00bb. En adelan\u00adte su admiraci\u00f3n hacia ella no har\u00e1 m\u00e1s que crecer.<\/p>\n<p>Con toda fidelidad volver\u00e1 a verla, a buscar tarea apost\u00f3lica. Admirar\u00e1 la destreza con que poco a poco fue iniciando su alma en aquel servicio de caridad, su tacto en la elecci\u00f3n tan inteligente que hac\u00eda de las familias que le confiaba y que, seg\u00fan ella, ten\u00edan siempre alg\u00fan t\u00edtulo especial para granjearse sus simpat\u00edas y cosas muy interesantes que contarle. De esta forma ella despertaba su inter\u00e9s y duplicaba las ventajas de aquellas visitas que cada d\u00eda se iban convirtiendo m\u00e1s, para el coraz\u00f3n de aquel joven, en verdaderas alegr\u00edas hasta llegar a constituir para \u00e9l una verdadera necesidad. \u00abMe doy cuenta -dec\u00eda- que la caridad tiene que tener su cultivo, lo mismo que la fe. Esta no sirve de nada sin las pr\u00e1cticas que inspira y que le sirven de se\u00f1al. Tampoco la caridad puede prescindir de los hechos y de las obras con los que sufren y tienen necesidad de nosotros. Por eso he hecho el prop\u00f3sito para el futuro de no separar jam\u00e1s la idea de su expre\u00adsi\u00f3n y de consagrar toda mi vida a hacer a mis hermanos todo el bien que pueda, poniendo a su disposici\u00f3n todo el tiempo y todas las energ\u00edas de que dispongo\u00bb.<\/p>\n<p>De esta forma Armando de Melun se hizo miembro de la conferencia de san Vicente de Pa\u00fal. Y pronto fue invitado a tomar parte del Consejo general de la Sociedad. Desde el primer momento fue uno de sus miembros m\u00e1s activos.<\/p>\n<p>Desde 1833 hasta la muerte de sor Rosal\u00eda en 1856, no pas\u00f3 una sola semana sin que el vizconde de Melun se dirigiera a la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois para buscar all\u00ed consignas, direcciones de pobres a los que visitar, y tambi\u00e9n consejos para todas las obras que pensaba emprender o para solucionar las situaciones dif\u00edciles en que se encontraba. Magn\u00edfico ejemplo de fideli\u00addad por una parte y magn\u00edfico ejemplo de influencia moral por otra. Cuando se piensa que el se\u00f1or vizconde de Melun iba a ser un precursor, un inicia\u00addor, en el terreno de las obras sociales y que atribu\u00eda la paternidad de sus ideas tan acertadas a aqu\u00e9lla que lo hab\u00eda iniciado en el conocimiento de los pobres y en el esp\u00edritu de san Vicente, es cuando se mide toda la ampli\u00adtud del bien realizado por sor Rosal\u00eda, las repercusiones tan lejanas de su apostolado y el maravilloso ascendiente que hab\u00eda adquirido sobre todos aquellos j\u00f3venes, iniciados por ella en los trabajos de la caridad.<\/p>\n<p>El vizconde de Melun se mostr\u00f3 siempre agradecido a sor Rosal\u00eda, a la se\u00f1ora Swetchine que se la hab\u00eda dado a conocer y a la Providencia divina que hab\u00eda puesto en su camino a aquellas dos grandes almas: \u00abla Providencia -escribi\u00f3- envi\u00f3 en ayuda de mis aspiraciones a dos grandes almas que hab\u00edan encontrado en el cristianismo su fuerza sobrenatural y su santa seducci\u00f3n. Una de ellas me prest\u00f3 el apoyo de su inteligencia m\u00e1s elevada; la otra me abri\u00f3 los tesoros de la m\u00e1s ang\u00e9lica caridad\u00bb.<\/p>\n<p>De esta forma asociaba en su admiraci\u00f3n a otras dos grandes almas, despu\u00e9s de que hab\u00eda trabado conocimiento con san Vicente de Pa\u00fal. El pia\u00addoso joven Armando de Melun, aficionado a las letras y que se complac\u00eda en alimentar su esp\u00edritu con las <em>Meditaciones <\/em>de Bossuet que le hab\u00eda envia\u00addo la se\u00f1ora Swetchine, tuvo un d\u00eda la inspiraci\u00f3n de poner en paralelismo al Aguila de Meaux y al gran Santo de la Caridad, en esta sentencia lapi\u00addaria: \u00abUn escritor como Bossuet redime a la humanidad de muchas men\u00adtiras, lo mismo que san Vicente de Pa\u00fal la redime de muchos cr\u00edmenes\u00bb.<\/p>\n<p>Era normal que este trato habitual con la casa de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois y que el contacto frecuente con los pobres en las sucesivas visitas se convirtiesen para el vizconde de Melun y para todos los j\u00f3venes que actuaban como \u00e9l con un alma abierta plenamente a la simpat\u00eda, en una verdadera iniciaci\u00f3n en la verdadera caridad y en un excelente ejercicio de las virtudes necesarias para el apostolado.<\/p>\n<p>Todos ellos encontraban en la compa\u00f1\u00eda de los pobres un b\u00e1lsamo bien\u00adhechor que les compensaba sobradamente de su sacrificio; lograban descu\u00adbrir all\u00ed una belleza moral insospechada y saboreaban adem\u00e1s la dulzura de un agradecimiento que es tan vivo y tan sincero en las almas sencillas del pueblo.<\/p>\n<p>Encontraban sobre todo en sor Rosal\u00eda, junto con el beneficio de sus ejemplos y de su ardor apost\u00f3lico, la agradable sorpresa de su experiencia y de sus piadosas artima\u00f1as para aficionarles al bien. Iban adquiriendo poco a poco en su escuela la verdadera noci\u00f3n sobrenatural de la caridad y comprend\u00edan toda la hermosura, todos los atractivos seductores que alg\u00fan d\u00eda los encadenar\u00edan al amor de los pobres. Y como nuevo aliciente iban recogiendo de vez en cuando, en el curso de sus recomendaciones mater\u00adnales, algunas de aquellas frases tajantes, de aquellas expresiones lapida\u00adrias, heredadas de san Vicente de Pa\u00fal, que sal\u00edan, como lava ardiente, de aquel rico fondo del alma de fuego del gran Santo.<\/p>\n<p>Escuchemos algunos ecos de aquellas valientes palabras. Cualquiera a que se haya familiarizado un poco con las Obras de san Vicente de Pa\u00fal reconocer\u00e1 pronto en ellas un aire familiar. Son conocidos los t\u00e9rminos con los que san Vicente hac\u00eda el elogio de sus queridos pobres: los pobres son <em>otros Jesucristo&#8230;; son nuestros se\u00f1ores y nuestros amos&#8230;; <\/em>son los <em>pre\u00addilectos de Dios&#8230; <\/em>Son ellos los que nos atraen las <em>recompensas de Dios. <\/em>Escuchemos ahora a Ozanam hacerse eco de estas ideas y revestirlas con su bella prosa tan armoniosa:<\/p>\n<p>\u00abLa bendici\u00f3n del pobre es la bendici\u00f3n de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abLos pobres est\u00e1n ah\u00ed&#8230;, y podemos meter nuestros dedos y nuestras manos en sus <em>llagas. Y <\/em>las huellas de la <em>corona de espinas <\/em>son visibles en su frente&#8230; Deber\u00edamos caer a sus pies y decirles con el ap\u00f3stol: Tu <em>es dominus meus et deus meus!\u00bb. <\/em>\u00abVosotros sois nuestros se\u00f1ores y nosotros somos vuestros servidores. Sois para nosotros las <em>im\u00e1genes sagradas <\/em>de ese Dios al que no vemos; y como no sabemos amarle de otra manera, lo amamos en vuestras personas\u00bb.<\/p>\n<p>En 1835 aparec\u00eda el texto del <em>Manual <\/em>destinado a los miembros de las conferencias. Lleva por t\u00edtulo <em>R\u00e9glement, avec notes explicatives. <\/em>Est\u00e1 lleno da inter\u00e9s. Pero escuchemos c\u00f3mo empieza. Podr\u00edamos decir que su comienzo est\u00e1 sacado directamente, casi al pie de la letra, del comienzo de las Reglas o Instituciones que san Vicente hab\u00eda dejada a sus misioneros. He aqu\u00ed las primeras l\u00edneas, sacadas de la carta de env\u00edo:<\/p>\n<p>\u00abHe aqu\u00ed finalmente el comienzo de aquella organizaci\u00f3n escrita que llam\u00e1bamos nuestros votos. Se ha hecho esperar durante mucho tiempo, pues hace ya varios a\u00f1os que existe nuestra asociaci\u00f3n. Pero \u00bfno hab\u00eda que estar seguros de que Dios quer\u00eda que tuviese vida antes de imprimirle una forma de existencia? \u00bfNo era preciso que ella pudiera juzgar de sus posi\u00adbilidades bas\u00e1ndose en lo que ya hab\u00eda hecho, antes de imponerse unas reglas y fijarse unos deberes? Hoy ya no tenemos en cierto modo nada que hacer m\u00e1s que traducir a un reglamento las pr\u00e1cticas que hemos seguido con cari\u00f1o. Esto es una garant\u00eda segura de que nuestras reglas ser\u00e1n bien acogidas y de que no caer\u00e1n en el olvido\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 prudencia se advierte en todo esto! \u00a1Qu\u00e9 inteligencia de las ne\u00adcesidades pr\u00e1cticas de una obra llevada en com\u00fan! Pues bien, se trata de una herencia de san Vicente de Pa\u00fal. He aqu\u00ed otra lecci\u00f3n: \u00abProcuraremos no dar nunca a nuestra obra el nombre de ninguno de sus miembros&#8230;, por miedo a que nos acostumbremos a mirarla como una cosa humana; las obras cristianas no pertenecen m\u00e1s que a Dios, que es el autor de todo bien\u00bb. Esta lecci\u00f3n es igualmente caracter\u00edstica en la obra de san Vicente. Y los miembros de las conferencias est\u00e1n penetrados de ella, viviendo siempre de este principio y fundamento de toda acci\u00f3n apos\u00adt\u00f3lica.<\/p>\n<p>Continuemos. \u00abJesucristo quiso practicar \u00e9l en primer lugar lo que en\u00adse\u00f1\u00f3 despu\u00e9s a los hombres: <em>Coepit facere et docere. <\/em>Es nuestro deseo imi\u00adtar en la medida de nuestras pobres fuerzas a este divino modelo\u00bb. Nos da la impresi\u00f3n de que estamos leyendo al mismo Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<p>Y he aqu\u00ed finalmente una especie de profesi\u00f3n de fe: \u00abNos hemos puesto bajo el patrocinio de la sant\u00edsima Virgen y de san Vicente de Pa\u00fal, a quie\u00adnes consagramos un culto especial cuya huellas nos esforzamos en seguir\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n es entonces el que ha lanzado a Ozanam y a sus hermanos de apostolado tras las huellas de san Vicente de Pa\u00fal por los caminos de la prudencia, de la humildad, de la perfecta disponibilidad en las manos de Dios? \u00bfA d\u00f3nde iban a buscar estas normas, sino a la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois? Escuchemos todav\u00eda algunos otros ecos de la voz del gran santo, que son al mismo tiempo ecos de los nobles sentimientos de amistad cristiana, tan cultivados y alentados entre todos aquellos queridos estudiantes que frecuentaban la casa de sor Rosal\u00eda: \u00abLa uni\u00f3n de los miembros de la conferencia de caridad de san Vicente de Pa\u00fal podr\u00e1 citarse como un modelo de amistad cristiana, de una amistad m\u00e1s fuerte que la muerte&#8230; Este sentimiento har\u00e1 que todos queramos a nuestra humilde sociedad fraternal; la bendeciremos por causa del bien, por muy peque\u00f1o que sea, que nos ha permitido realizar; la amaremos con cari\u00f1o, y hasta con un afecto mucho mayor que a cualquier otra obra se\u00admejante, no ya a causa de su excelencia y por orgullo, sino como aman unos hijos bien educados a una madre pobre y poco hermosa m\u00e1s que a todas las dem\u00e1s mujeres, por muy importantes que sean y muy distinguidas por su riqueza o por sus gracias\u00bb.Son \u00e9stas textualmente las palabras de san Vicente.<\/p>\n<p>M\u00e1s todav\u00eda: \u00abSeguiremos con docilidad la direcci\u00f3n que los superiores eclesi\u00e1sticos crean conveniente darnos. San Vicente de Pa\u00fal no quer\u00eda que sus disc\u00edpulos emprendiesen ninguna obra buena sin haberse asegurado previamente el asentimiento y haber recibido la bendici\u00f3n de los pastores locales&#8230; \u00ab.<\/p>\n<p>\u00abEl esp\u00edritu de caridad, al mismo tiempo que la prudencia cristiana, nos llevar\u00e1 a desterrar para siempre de nuestras reuniones en com\u00fan o en particular todo tipo de discusiones pol\u00edticas. San Vicente no quer\u00eda&#8230; \u00ab. \u00a1San Vicente! \u00a1Siempre san Vicente! \u00a1Las m\u00e1ximas de san Vicente y su inimita\u00adble prudencia!<\/p>\n<p>En marzo de 1837 Lallier, el primer secretario general, hablando de la fe que anima a la caridad, insiste una vez m\u00e1s en su circular en aquella intimidad fraternal que los une a todos. Y a\u00f1ade: \u00abSe\u00f1ores, todos sacaremos un gran provecho de estas preciosas ventajas que nos da nuestra fe&#8230; Ofre\u00adcemos bien poca cosa, porque somos peque\u00f1os&#8230; Pero tenemos en el cora\u00adz\u00f3n una caridad que es capaz de hacer multiplicar nuestro dinero. Y los desgraciados que se dan cuenta de estas cosas nos reciben con honor y con gozo\u00bb.<\/p>\n<p>En su circular del mes de agosto anuncia que los miembros de las con\u00adferencias de Par\u00eds se reunieron para celebrar la fiesta de su santo patrono en una reuni\u00f3n piadosa en la iglesia de los pa\u00fales, el d\u00eda 19 de julio.<\/p>\n<p>A su vez, el se\u00f1or Bailly, en el a\u00f1o 1841, ante el desarrollo tan mara\u00advilloso que la Providencia daba a la sociedad de san Vicente de Pa\u00fal, re\u00adcordaba la designaci\u00f3n de \u00abpeque\u00f1a sociedad\u00bb que los miembros de las conferencias sol\u00edan darse en la humildad de los comienzos. Pero a\u00f1ade: \u00abEn estos momentos esta designaci\u00f3n ya no es verdadera a no ser por lo poco que hacemos en comparaci\u00f3n con todo lo que habr\u00eda que hacer. Pida\u00admos, pidamos a Dios con fervor que haga crecer nuestras obras en la mis\u00adma medida con que crece el n\u00famero de los que se alistan bajo la santa y caritativa bandera de san Vicente de Pa\u00fal&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Anuncia entonces a los miembros de la conferencia que se han esta\u00adblecido ya m\u00e1s de sesenta conferencias en Par\u00eds y en otros lugares. Y a\u00f1ade: \u00abEsta especie de despertar de la caridad pr\u00e1ctica es un hecho importante, inmenso, que nos impone serias obligaciones, ya que en parte ha comen\u00adzado por nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>El mismo se\u00f1or Bailly, en su circular de 1842, recordando la importan\u00adcia que tiene la fidelidad al reglamento, repite esta frase que fija definitiva\u00admente los v\u00ednculos de parentesco espiritual que unen a las conferencias de san Vicente de Pa\u00fal con su santo patrono: \u00abEl reglamento no es la palabra de un hombre, sino por lo menos la palabra de un hombre santificado, de un hombre cuyo discurso ha sido sancionado por Dios que ha sancionado igualmente su vida por medio de la gloria del cielo. En efecto, no ignor\u00e1is que estos pensamientos est\u00e1n sacados de los escritos m\u00e1s \u00edntimos de san Vicente de Pa\u00fal, de las reglas que \u00e9l impon\u00eda despu\u00e9s de largos a\u00f1os de experiencia a las obras ben\u00e9ficas que lo ten\u00edan como padre, para asegurar\u00adles su crecimiento y su duraci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La sociedad de las conferencias de san Vicente de Pa\u00fal llevaba enton\u00adces apenas diez a\u00f1os de existencia. Pero durante esos diez a\u00f1os algunos de sus miembros m\u00e1s influyentes acud\u00edan regularmente a la calle de l&#8217;Ep\u00e9e de-Bois a buscar su inspiraci\u00f3n al lado de sor Rosal\u00eda, la buena hija de la Caridad de san Vicente de Pa\u00fal, cuya presencia en el barrio Mouffetard ilu\u00adminaba toda su vida, a fin de renovar all\u00ed continuamente su contacto con el esp\u00edritu y el alma de san Vicente, que animaban y embalsamaban toda aquella casa. Desde hac\u00eda casi cuarenta a\u00f1os la buena sor Rosal\u00eda recib\u00eda en su casa, con los pobres de su barrio Mouffetard, a los queridos estudiantes del barrio latino. Y con su alma ardiente de hija de la Caridad iba forjando y modelando, d\u00eda tras d\u00eda, a todas aquellas almas generosas y d\u00f3ciles, in\u00adculc\u00e1ndoles su excepcional amor a los pobres y sembrando en ellas los grandes principios sobrenaturales que hab\u00edan inspirado y guiado a san Vi\u00adcente de Pa\u00fal en su obra de renovaci\u00f3n espiritual y caritativa.<\/p>\n<p>Desde hac\u00eda mucho tiempo hab\u00eda en la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois una mag\u00adn\u00edfica <em>escuela de Caridad.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>9. El barrio Mouffetard y el barrio latino A\u00f1o 1839 Era grande la efervescencia de los esp\u00edritus que reinaba despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n. 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