{"id":25026,"date":"2015-02-12T01:39:25","date_gmt":"2015-02-12T00:39:25","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/12\/27\/sor-rosalia-rendu-parte-08\/"},"modified":"2015-02-12T01:39:25","modified_gmt":"2015-02-12T00:39:25","slug":"sor-rosalia-rendu-desmet-08","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-08\/","title":{"rendered":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 08"},"content":{"rendered":"<h2><strong>8. Las obras<\/strong><\/h2>\n<h3>Siempre dispuestos para toda obra buena<\/h3>\n<div id=\"attachment_28980\" style=\"width: 263px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28980\" class=\"size-medium wp-image-28980\" title=\"Sor Rosal\u00eda Rendu\" alt=\"Sor Rosal\u00eda Rendu\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu-253x300.jpg?resize=253%2C300\" width=\"253\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28980\" class=\"wp-caption-text\">Sor Rosal\u00eda Rendu<\/p><\/div>\n<p>No faltaba tarea: estaba la escuela llena siempre de ni\u00f1os, estaban las numerosas visitas que hab\u00eda que hacer a casa de los pobres y de los enfer\u00admos, estaba el dispensario, la farmacia, el ropero&#8230; Y en torno a estas obras ya habituales en las casas de las Hijas de la Caridad se vio pronto surgir, una tras otra, bajo la mirada vigilante de sor Rosal\u00eda, todo un con\u00adjunto de obras caritativas, debidas a su iniciativa. En cualquier sitio que se encontrara con la miseria, intentaba poner el remedio m\u00e1s adecuado. Obras antiguas u obras con aires nuevos, todo estaba bien si se adaptaba realmente a las necesidades de sus pobres. Sab\u00eda utilizar las fecundas iniciativas de otros ap\u00f3stoles generosos, pero sab\u00eda tambi\u00e9n, en caso necesario, sacar obras de nuevo tipo del tesoro de su propio coraz\u00f3n. Algunas de ellas, muy co\u00adrrientes en la actualidad, eran entonces una verdadera novedad.<\/p>\n<p>Pronto hubo al lado de las escuelas, que vieron multiplicar sus clases gracias a su inter\u00e9s, una guarder\u00eda para los ni\u00f1os m\u00e1s peque\u00f1os y una casa cuna para los beb\u00e9s. Se cre\u00f3 para ello un patronato, que era una prolongaci\u00f3n de la escuela y que recibi\u00f3 el nombre de \u00abRecreatorio dominical\u00bb. Se trataba de algo nuevo por entonces. Se organiz\u00f3 tambi\u00e9n un taller de confecci\u00f3n para las muchachas mayores. Sor Rosal\u00eda tuvo incluso el atre\u00advimiento de abrir un asilo nocturno para los ancianos vagabundos; a veces llegaron a buscar all\u00ed un cobijo hasta ochenta ancianos desamparados. Para aquellos pobres vagabundos y para otros ancianos que llevaban una vida dif\u00edcil al estar aislados de los dem\u00e1s, lleg\u00f3 a so\u00f1ar con hacer algo m\u00e1s y abrir un asilo permanente, una especie de hospicio que fuera una casa familiar para todos aquellos ni\u00f1os grandes. Y el sue\u00f1o se realiz\u00f3, aunque despu\u00e9s de su muerte.<\/p>\n<p>Nunca se acaba de hacer el bien. La vida no se detiene. Y si es tan pr\u00f3diga en beneficios y en riquezas, tampoco faltan las desgracias y las desventuras. La savia del \u00e1rbol hace brotar de continuo nuevas ramas, a veces ramas in\u00fatiles que se multiplican a costa de los frutos. Lo mismo ocurre en la vida humana. Siguiendo su impulso interior, se va desarrollan\u00addo continuamente, pero a veces se atasca. Vencidos, los corazones perezo\u00adsos se abaten y dejan que se consuma su vida en medio de hojarasca. Pero los corazones valientes se enfrentan con las dificultades y siguen adelante en la tarea. Gracias a Dios, siempre los ha habido. Sor Rosal\u00eda no se abat\u00eda jam\u00e1s.<\/p>\n<p>A veces hay que contar con las cat\u00e1strofes. Un d\u00eda estalla el c\u00f3lera. En el barrio tan poco sano de la calle Mouffetard hizo numerosas v\u00edctimas entre los padres y madres de familia. Sor Rosal\u00eda pensar\u00e1 enseguida en un orfa\u00adnato y recoger\u00e1 en unos pocos d\u00edas hasta setenta ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Infatigable, buscaba al mismo tiempo a algunas j\u00f3venes que pudieran ayudarle en sus obras de caridad y creaba las \u00abLuisas de Marillac\u00bb (de es\u00adp\u00edritu, ya que todav\u00eda no se las designaba con ese nombre) para que aten dieran a algunos pobres ancianos abandonados. Por otra parte, algunas se\u00f1oras siguiendo sus consejos y sus indicaciones se ofrec\u00edan tambi\u00e9n a lle\u00advar personalmente a los necesitados su socorro y su simpat\u00eda.<\/p>\n<p>Pronto hubo toda una red de obras caritativas dedicada a captar por todas partes y a encerrar dentro de sus mallas protectoras todas las mise\u00adrias que andaban errantes y a la aventura en aquel pobre barrio de Par\u00eds.<\/p>\n<p>\u00a1Para ello se necesitaban no pocos recursos! Y sor Rosal\u00eda supo encon\u00adtrarlos. \u00a1Cuando la caridad es sincera logra abrir todas las bolsas!<\/p>\n<h3>El banco de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois<\/h3>\n<p>Por la casa de la calle de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois pasaba mucho dinero. Pero aquel dinero no se quedaba all\u00ed encerrado mucho tiempo. Las operaciones financieras se mostraban muy activas. Sor Rosal\u00eda recib\u00eda mucho, pero daba tambi\u00e9n mucho. A veces serv\u00eda de simple intermediario: el dinero no hac\u00eda m\u00e1s que pasar por sus manos para llegar inmediatamente a las manos de los infortunados que ella recomendaba a los bienhechores.<\/p>\n<p>Cuando ten\u00eda alg\u00fan dinero a su disposici\u00f3n, se lo distribu\u00eda siempre a los pobres, los suyos o los que la Providencia le enviaba. Su casa no se beneficiaba nunca directamente de los regalos que recib\u00eda; los pobres loca les de aquella pobre casa no lograban nunca embellecerse. La casa -ob\u00adserva una de sus compa\u00f1eras- conserv\u00f3 siempre el sello de la sencillez y de la pobreza m\u00e1s humilde. Por el a\u00f1o 1828 fue necesario hacer algunas obras: los alumnos iban siendo cada vez m\u00e1s numerosos, los locales resul\u00adtaban insuficientes, hubo que construir nuevas clases; fue una obra modesta y aquel presupuesto extraordinario pudo cubrirse a costa de muchas ges\u00adtiones y llamadas a la generosidad de los bienhechores, despu\u00e9s de haber considerado la importancia primordial de aquellas obras.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda se sinti\u00f3 maravillada de los resultados. \u00a1Qu\u00e9 buena herma\u00adna! Se content\u00f3 con unos pocos gastos. El 24 de mayo de 1829 escrib\u00eda a Confort: \u00abLas cosas van bien por nuestra casa. Hemos hecho algunas obras. Seguramente no la conocer\u00edais. Somos ocho y tenemos algunas clases m\u00e1s&#8230; Aqu\u00ed reina la paz y el esp\u00edritu de trabajo. Me siento mil veces m\u00e1s feliz en todos los aspectos&#8230;\u00bb. Sor Rosal\u00eda se sent\u00eda feliz. Feliz sobre todo al ver c\u00f3mo aflu\u00edan a la casa, debidamente agrandada, m\u00e1s ni\u00f1os del barrio a los que podr\u00eda conducir hasta Dios. Feliz de ver c\u00f3mo aumentaba a su alrede\u00addor el n\u00famero de compa\u00f1eras. En cuanto a los locales, siguieron conser\u00advando su apariencia tan modesta: aunque estuviera un poco m\u00e1s llena la caja del banco de los pobres, la casa de sor Rosal\u00eda seguir\u00e1 siendo tan pobre como siempre. Y sor Rosal\u00eda est\u00e1 contenta. Se siente feliz, lo mismo que sus compa\u00f1eras. La comodidad es algo muy secundario para aquellas almas. \u00a1Ten\u00edan su coraz\u00f3n muy lleno de otros pensamientos! Lo \u00fanico que les pre\u00adocupaba a todas aquellas almas fervorosas era el fruto de su abnegaci\u00f3n y de su apostolado.<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Bawcoffe de Montmahaut, hija de una amiga de la infancia de sor Rosal\u00eda, quer\u00eda mucho a la hermana y sol\u00eda acompa\u00f1arla de buena gana en sus visitas. Pero aquella gran se\u00f1ora, que acababa de frecuentar los salones de la nobleza y hasta del mismo palacio imperial, se encontraba un poco inc\u00f3moda en el pobre \u00absal\u00f3n\u00bb de sor Rosal\u00eda. A veces manifest\u00f3 con cierta dureza la compasi\u00f3n que sent\u00eda: \u00abLa vida de sor Rosal\u00eda -dec\u00eda en cierta ocasi\u00f3n (21 de julio de 1912)- estaba llena \u00fanicamente de amor a los pobres. Era muy buena con todas sus compa\u00f1eras; siempre les hablaba con ternura. \u00a1Pero qu\u00e9 casa! All\u00ed no se ve\u00eda m\u00e1s que miseria. Puede decirse que all\u00ed no se conoci\u00f3 nunca lo que es el bienestar. \u00a1Era una pena ver aquello! \u00ab.<\/p>\n<p>Evidentemente el \u00absal\u00f3n\u00bb de sor Rosal\u00eda no se parec\u00eda mucho a los sa\u00adlones que frecuentaba la se\u00f1ora de Montmahaut. Pero sor Rosal\u00eda pudo vivir all\u00ed cincuenta a\u00f1os. Y se sent\u00eda a gusto en aquella casa. Y all\u00ed hac\u00eda tambi\u00e9n felices a cuantas la rodeaban, tanto a ricos como a pobres.<\/p>\n<p>Las cosas superfluas desaparec\u00edan enseguida de aquel pobre \u00absal\u00f3n\u00bb. Las regalaban o las vend\u00edan. La hermana de Virieu, que lleg\u00f3 a casa de sor Rosal\u00eda como joven postulante, al ver su peque\u00f1a mesa de despacho que se ca\u00eda de vieja, crey\u00f3 que hac\u00eda una buena obra sustituy\u00e9ndola por una modesta secretar\u00eda. Las hermanas, a las que hab\u00eda confiado su proyecto de realizar aquel cambio, se prestaron de buena gana a aquella iniciativa que supon\u00edan habr\u00eda de ser una buena sorpresa para su buena madre. Y desapa\u00adreci\u00f3 aquel viejo armatroste. \u00a1Pero cu\u00e1l no ser\u00eda la sorpresa de todas ellas cuando, al ver el nuevo mueble que le hab\u00edan tra\u00eddo, la buena sor Rosal\u00eda empez\u00f3 a deshacerse en l\u00e1grimas! Para consolarla, no tuvieron m\u00e1s remedio que deshacerse de \u00e9l, venderlo y dar su dinero a los pobres. \u00a1Qu\u00e9 amor tan poderoso es el de la pobreza y el de la sencillez que hab\u00eda en aquel alma! iY qu\u00e9 hermoso ejemplo para las dem\u00e1s! La joven postulante se sinti\u00f3 real\u00admente conmovida. Y aquello supuso un buen impulso para toda su vida de hija de la Caridad.<\/p>\n<p>Como era de esperar, con frecuencia la caja de sor Rosal\u00eda se encontra\u00adba vac\u00eda. Y sin embargo ten\u00eda continuamente necesidad de dinero. Ella no se preocupaba. \u00a1Le hab\u00eda servido siempre con tanto esmero la Providencia de Dios! \u00abAceptemos -dec\u00eda entonces- todo lo que se presenta. Dios nos enviar\u00e1 dinero suficiente y medios adecuados, con tal que sepamos hacer buen uso de ellos\u00bb. \u00abNo teng\u00e1is miedo, hermanas -dec\u00eda en otra ocasi\u00f3n-; no nos faltar\u00e1n los socorros mientras nuestras manos sigan haciendo esto\u00bb: y hac\u00eda el gesto de dar con una mano y tender la otra para recibir. \u00abSi una de las manos se cierra -a\u00f1ad\u00eda-, la otra es in\u00fatil que se tienda&#8230; Dad sin prodigalidad&#8230; Administrad bien el dinero de los pobres y ya ver\u00e9is c\u00f3mo Dios os dar\u00e1 siempre lo que necesit\u00e9is\u00bb.<\/p>\n<p>Y sor Rosal\u00eda aguardaba siempre la intervenci\u00f3n de la Providencia. Entre tanto sab\u00eda tomar las cosas con paciencia y buen humor. Aludiendo en cierta ocasi\u00f3n al hermoso crucifijo de la parroquia de San Gervasio, que hac\u00eda a\u00f1os estaban pensando en volver a cubrir de plata, pero que por falta de dinero se encontraba siempre en el mismo estado, sor Rosal\u00eda dec\u00eda con una sonrisa en los labios: \u00ab\u00a1Yo estoy como el Cristo de san Gervasio!\u00bb. Tambi\u00e9n a ella le vendr\u00eda bien cubrirla un poco de dinero.<\/p>\n<p>Pero sus apuros econ\u00f3micos no duraban nunca mucho tiempo. La Pro\u00advidencia derramaba sus tesoros de oro y plata en manos de sor Rosal\u00eda con coraz\u00f3n generoso. Y entonces sus manos pod\u00edan abrirse por completo. Era un gesto que hac\u00eda de buena gana.<\/p>\n<p>El dinero depositado en el banco de l&#8217;Ep\u00e9e-de-Bois era un dinero bien empleado. Aquel banco era algo as\u00ed como el banco de Dios, con abundan\u00adcia de intereses y de cr\u00e9dito en el banco del cielo. Por eso ten\u00eda no pocos clientes. Sor Rosal\u00eda ten\u00eda el arte de convencer a la gente de sus ventajas sobrenaturales. Y sus queridos clientes part\u00edan siempre con el coraz\u00f3n lige\u00adro, sabiendo que el negocio era seguro y que ofrec\u00eda magn\u00edficas esperanzas.<\/p>\n<h3>Un centro de acogida<\/h3>\n<p>Para todo aquel incremento de trabajo se necesitaba tambi\u00e9n un incre\u00admento de abnegaci\u00f3n y de dedicaci\u00f3n. Sor Rosal\u00eda y sus compa\u00f1eras ten\u00edan que estar siempre tomando nuevos alimentos ante la tarea que se multiplicaba, con la alegr\u00eda de ver c\u00f3mo se ofrec\u00eda cada vez un trabajo m\u00e1s fecun\u00addo. Todo resultaba posible para unas almas que viv\u00edan en aquel clima de alegr\u00eda, en aquel triunfo creciente de la Caridad. Se les pod\u00eda pedir cual\u00adquier clase de servicio. Se les pidi\u00f3 incluso hospitalidad para que pudieran reunirse diversas obras de Caridad en su casa. La casa y los corazones de sus moradores se abrieron con generosidad a todos. A veces se trataba de obras cuya fundaci\u00f3n hab\u00eda animado la misma sor Rosal\u00eda o que tuvieron en ella al gu\u00eda de sus primeros pasos.<\/p>\n<p>As\u00ed ocurri\u00f3 con la obra de san Francisco de Regis para la reconciliaci\u00f3n de los matrimonios. Sor Rosal\u00eda hab\u00eda animado al fundador y se celebraban las reuniones en su casa.<\/p>\n<p>Y as\u00ed ocurri\u00f3 tambi\u00e9n con las conferencias de san Vicente de Pa\u00fal, cu\u00adyos miembros acud\u00edan a su casa a recibir sus consignas y a los que encomen\u00add\u00f3 sus primeros pobres. Varios de sus miembros hac\u00edan ahora en grupo lo mismo que ya hab\u00edan hecho individualmente bajo su inspiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda les dio tambi\u00e9n a las hermanitas de los pobres su primer anciano, despu\u00e9s de haberles dado para su instalaci\u00f3n la ayuda m\u00e1s cordial. Por medio de sor Rosal\u00eda se relacionaron tambi\u00e9n con el reverendo pa\u00addre Ratisbona, para su Obra de la Providencia, las dos primeras ni\u00f1as jud\u00edas que iban a inaugurar su obra. Aquel acto de caridad convert\u00eda a sor Rosa\u00adl\u00eda, sin que ella tuviera la menor duda, en intermediaria de la sant\u00edsima Vir\u00adgen. En la persona de aquellas dos ni\u00f1as ella le enviaba al padre Ratisbona un vivo mensaje de la Virgen Mar\u00eda; aquel mensaje era la respuesta de la sant\u00edsima Virgen a la oraci\u00f3n de aquel padre, el signo que \u00e9l le hab\u00eda pedi\u00addo a la Virgen la misma ma\u00f1ana en que emprendi\u00f3 la obra tan delicada en que estaba so\u00f1ando. La sant\u00edsima Virgen se serv\u00eda de sor Rosal\u00eda; y sor Rosal\u00eda se mostraba una vez m\u00e1s atenta a las inspiraciones divinas.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda era una buena ayuda para muchas obras buenas. Otras mu\u00adchas comunidades gozaron de sus servicios. Lo mismo que hab\u00eda acogido a las hermanitas de los pobres, tambi\u00e9n acogi\u00f3 cordialmente a las herma\u00adnas de la Cruz, a las hermanas agustinas y a otras.<\/p>\n<p>Por todas partes sab\u00edan que pod\u00eda ofrecer una buena ayuda para cual\u00adquier obra buena.<\/p>\n<p>Cuando se organizaron las \u00abcocinas econ\u00f3micas\u00bb en diferentes barrios de Par\u00eds, tambi\u00e9n tuvo el suyo la casa de sor Rosal\u00eda y ella misma sent\u00eda una gran alegr\u00eda de poder atender personalmente a su servicio. En cada ocasi\u00f3n se llevaba consigo a una hermana, para la que era una verdadera recompensa poder acompa\u00f1arla. Se entreten\u00eda all\u00ed de buena gana, dichosa de poder entrar en contacto por aquel motivo con todos aquellos pobres y poder hacerles alg\u00fan bien. Y realmente era una buena ocasi\u00f3n. En febrero de 1838 llegaron a dos mil raciones las que tuvo que distribuir.<\/p>\n<p>Toda aquella multitud de obras, el ir y venir continuo de gente de paso, visitantes o pedig\u00fce\u00f1os, pobres miserables o grandes personajes que se dis\u00adtingu\u00edan por su nobleza o su piedad, todo aquel movimiento, toda aquella animaci\u00f3n que formaba ya parte del traj\u00edn de la casa, constitu\u00eda tambi\u00e9n un traj\u00edn para las almas. Las almas se sent\u00edan arrastradas por aquella pode\u00adrosa corriente de caridad, sumergidas por completo en aquella atm\u00f3sfera de alegr\u00eda contagiosa, en donde la entrega de s\u00ed mismo se convert\u00eda en una necesidad y en una actitud constante de los esp\u00edritus.<\/p>\n<h3>La visita a los pobres y a los enfermos<\/h3>\n<p>La obra primordial de cualquier casa de las Hijas de la Caridad es la visita a los pobres y a los enfermos. Es \u00e9se el esp\u00edritu que las mueve a a\u00f1a\u00addir a la firma de sus cartas y de sus documentos la f\u00f3rmula s.d.l.p.e., es decir, sirvienta de los pobres enfermos (\u00abservante des pauvres malades\u00bb). La hija de la Caridad est\u00e1 al servicio de los pobres, \u00absus amos y se\u00f1ores\u00bb, co\u00admo dec\u00eda san Vicente de Pa\u00fal. Y es preciso que sus se\u00f1ores tengan tambi\u00e9n la impresi\u00f3n de que les sirven bien, de que les sirven como si fueran pr\u00edncipes.<\/p>\n<p>En la casa de sor Rosal\u00eda todas las compa\u00f1eras ten\u00edan que estar dis\u00adpuestas para esta obra. Y no dejaban de trabajar en ello. Las mismas her\u00admanas encargadas de dar clase ten\u00edan que ir durante las vacaciones escolares a ayudar a las hermanas de los enfermos, cuyo servicio no se ve\u00eda nunca interrumpido. Siendo maestras de escuela sab\u00edan encontrar en parte su des\u00adcanso cambiando de ocupaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A sor Rosal\u00eda le gustaba iniciarlas en estos menesteres, que sol\u00edan ser nuevos para muchas. Se dedicaban algunos recreos con toda seriedad a este necesario aprendizaje. Alguna de las compa\u00f1eras desempe\u00f1aba el papel de enferma o de herida; y en aquellas circunstancias se aprend\u00eda a vendar heri\u00addas y a poner cataplasmas. En aquella \u00e9poca no hab\u00eda a\u00fan reglamentos ad\u00administrativos que exigieran ning\u00fan diploma. La hermana superiora, como buena due\u00f1a de casa, se mostraba atenta a las aptitudes de cada una, a las habilidades o inexperiencias de aquellas enfermeras improvisadas, ya que a ella es a la que incumb\u00eda el cuidado y la responsabilidad de juzgar qui\u00e9n era o no apta para desempe\u00f1ar seriamente sus funciones.<\/p>\n<p>Ella misma se hab\u00eda dedicado en otros tiempos a esas tareas y lo segu\u00eda haciendo siempre que pod\u00eda. Se presentaba muchas veces la ocasi\u00f3n para ello en su peque\u00f1o despacho, que se convert\u00eda entonces en un dispensario cuando entre visita y visita le tra\u00edan alg\u00fan pobre enfermo. Otras veces se presentaban ocasiones inesperadas. Suced\u00eda que, en ausencia de sus com\u00adpa\u00f1eras o por la noche, se presentaba alg\u00fan caso urgente. Sor Rosal\u00eda, para sus correr\u00edas nocturnas, iba a buscar a sor Felicia, una de sus j\u00f3venes com\u00adpa\u00f1eras, que sol\u00eda ir con ella en aquellas excursiones heroicas. Y con una linterna en la mano recorr\u00eda, sin atender a las inclemencias del tiempo, aquel laberinto de callejuelas del barrio, buscando la pobre casa en donde yac\u00eda el pobre que apelaba a su caridad.<\/p>\n<h3>Desde el cadalso a las puertas del cielo<\/h3>\n<p>Cierto habitante del barrio de Saint-Marceau hab\u00eda asistido en otros tiempos, en la \u00e9poca del Terror, a las terribles ejecuciones de los ajusticia\u00addos en Nantes. Y hab\u00eda aplaudido con ganas aquellas escenas sangrientas.<\/p>\n<p>Sin embargo, un d\u00eda empezaron a brotar buenos sentimientos en su es\u00adp\u00edritu durante una de aquellas tristes hecatombes. Los condenados hab\u00edan ido cantando hasta el cadalso. Y era una hermosa canci\u00f3n que demostraba la alegr\u00eda que sent\u00edan los condenados. Era una canci\u00f3n a la Reina de los m\u00e1rtires.<\/p>\n<p>Cuando estuvo a punto de morir, sor Rosal\u00eda, que no deseaba que el demonio se llevara a ninguno de sus hijos, fue a verle. No le result\u00f3 f\u00e1cil que aceptara su visita aquel personaje. Pero finalmente cedi\u00f3. Y delante de sor Rosal\u00eda se puso a cantar aquella canci\u00f3n. Era un bonito cantar.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda lo escuchaba extasiada. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 hermoso es!\u00bb, le dijo de pronto.<\/p>\n<p>Aquel hombre, sorprendido y lleno de emoci\u00f3n, la mir\u00f3 como deslum\u00adbrado. Tambi\u00e9n \u00e9l se daba cuenta de que aquello era muy hermoso. Pero su mirada se hab\u00eda transfigurado. \u00a1Una bonita canci\u00f3n, ciertamente! Pero se hab\u00eda convertido de repente en su coraz\u00f3n en un c\u00e1ntico mucho m\u00e1s her\u00admoso, con una belleza superior. Y tambi\u00e9n resultaba hermoso a sus ojos, en la lejan\u00eda, el hero\u00edsmo de aquellos m\u00e1rtires que hab\u00edan subido al cadalso con aquella alegr\u00eda. Y tambi\u00e9n era hermoso el reino de Dios que se revelaba de repente a su vista en aquel alma tan santa, divinamente hermosa, de sor Rosal\u00eda, que comulgaba en su esp\u00edritu con el sacrificio heroico de los m\u00e1rtires.<\/p>\n<p>Desde aquel instante el alma de aquel pobre hombre se abri\u00f3 por com\u00adpleto al arrepentimiento. Tuvo una buena muerte. Muri\u00f3 cantando su c\u00e1ntico.<\/p>\n<p>Y hubo alegr\u00eda en el cielo y en la tierra.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda volv\u00eda santamente triunfante de aquellos duros combates. Sent\u00eda su alma inundada por completo de gratitud para con Dios. Y la alegr\u00eda de aquellas radiantes victorias estimulaba m\u00e1s que nunca su entrega al servicio de los enfermos, sosten\u00eda la fatiga incansable de sus salidas, de las visitas, de sus curas a los enfermos, de todos sus cuidados materiales. Y hac\u00eda que surgieran mil delicadas iniciativas en su noble coraz\u00f3n. Llega\u00adba hasta las almas a trav\u00e9s de los cuerpos. Mediante sus atenciones mate\u00adriales, llenas de abnegaci\u00f3n y prodigadas con cari\u00f1o, alcanzaba los corazo\u00adnes. Esa hab\u00eda sido tambi\u00e9n la f\u00f3rmula de san Vicente de Pa\u00fal.<\/p>\n<h3>Sor Rosal\u00eda, educadora. Las escuelas de p\u00e1rvulos<\/h3>\n<p>Sor Rosal\u00eda sent\u00eda por las almas de los ni\u00f1os una especial predilecci\u00f3n. La educaci\u00f3n era a sus ojos, lo mismo que el servicio a los pobres, una obra de importancia primordial. Porque la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os proyecta sobre su vida entera una luz radiante de vigor moral y de rectitud de ca\u00adr\u00e1cter, o por el contrario un peso de rebeld\u00eda y de ociosidad y molicie. Sor Rosal\u00eda quer\u00eda que en casa la tarea educativa fuera de la mejor ca\u00adlidad. Quer\u00eda que se diera una excelente educaci\u00f3n, que fuera el mejor complemento de una buena instrucci\u00f3n. Cuando hab\u00eda que dar alguna re\u00adcompensa a lo \u00e9xitos escolares, ten\u00eda parte especial en la apreciaci\u00f3n de los m\u00e9ritos, no solamente la ciencia adquirida, sino sobre todo la buena con\u00adducta de los alumnos. En la escuela reinaba siempre la disciplina. Pon\u00eda es\u00adpecial cuidado en que todo estuviera en orden, debidamente limpio, que el vestido de los ni\u00f1os fuera sencillo y correcto, que hubiera modestia, que se apreciase la buena educaci\u00f3n, que se inculcasen en el alma de los ni\u00f1os los sentimientos de respeto, base de toda buena educaci\u00f3n. En la escuela reinaba una sencillez de buena ley en el tono y las maneras de actuar. En aquellas almas confiadas se adivinaban sentimientos delicados, modestos, que daban cierto aire de distinci\u00f3n, y aquella belleza moral que se desarro\u00adllaba en un clima de puro cristianismo.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda pasaba todos los d\u00edas por las clases. Muchas veces se dete\u00adn\u00eda en la puerta, escuchando durante alg\u00fan tiempo las lecciones a fin de poder dar a continuaci\u00f3n a la maestra alg\u00fan consejo y est\u00edmulo en su tarea. Cuando ella entraba, todos se levantaban alegres y respetuosos. La apa\u00adrici\u00f3n de la madre hac\u00eda asomar la sonrisa en los peque\u00f1os. A la madre le gustaba estar entre sus peque\u00f1uelos. \u00a1Su inocencia se acomodaba tan bien a su candor! Los observaba. Con una ojeada pasaba revista a todo aquel mundillo; les daba a unos prudentes consejos; reprend\u00eda a otros cuando lo necesitaban, pero con acentos maternales; secaba las l\u00e1grimas de alguno; ten\u00eda a veces ocurrencias ingeniosas: cuando un ni\u00f1o no se sab\u00eda la lecci\u00f3n, encontraba palabras de aliento: \u00abHijo m\u00edo, tu mam\u00e1, cuando estaba aqu\u00ed en los mismos bancos que t\u00fa est\u00e1s, se sab\u00eda siempre muy bien la lecci\u00f3n; tienes que hacer como ella\u00bb. \u00a1Qu\u00e9 est\u00edmulo! \u00a1Qu\u00e9 \u00e1nimos! Y por la tarde, cuando volv\u00eda el peque\u00f1o a su hogar a su familia, \u00a1qu\u00e9 orgulloso se sent\u00eda de su madre.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de su visita a las clases, sor Rosal\u00eda pasaba por el pasillo donde estaban colgados los cestillos que conten\u00edan las provisiones de cada uno de los ni\u00f1os. Siempre maternal, completaba generosamente la pobre raci\u00f3n de algunos de ellos. Y se iba, saboreando de antemano la alegr\u00eda de aquellas ni\u00f1as ante la sorpresa que tendr\u00edan en el momento de buscar la comida.<\/p>\n<h3>Los programas<\/h3>\n<p>La instrucci\u00f3n, desde luego, no pod\u00eda tampoco abandonarse. Hab\u00eda que ense\u00f1ar con cuidado los conocimientos elementales. Hab\u00eda que hacer bien las cosas, leer bien, escribir bien, articular bien la lectura, llevar los cuadernos bien limpios, hacer bien las cuentas&#8230; Se trataba de respetar debi\u00addamente el trabajo que Dios les hab\u00eda encomendado. Y tambi\u00e9n de respetar a las personas ante las que hab\u00eda que hacer una lectura, o a la profesora de clase que ten\u00eda que corregir los cuadernos y, m\u00e1s tarde, a las personas a las que tuvieran que dirigir alguna vez su correspondencia.<\/p>\n<p>A medida que iban creciendo los ni\u00f1os, les aguardaba todo un programa de estudio, perfectamente adaptado a las funciones que m\u00e1s tarde hab\u00edan de desempe\u00f1ar en la sociedad. Aquellas futuras madres de familia ten\u00edan que adquirir todos los conocimientos pr\u00e1cticas, necesarios para el gobierno de un hogar. \u00abYo iba a clase de costura -recuerda una de sus antiguas alumnas-. Ten\u00edamos que trabajar bien. \u00a1Qu\u00e9 bien nos ense\u00f1aba y nos for\u00admaba a todas!&#8230; Ninguna se mostraba perezosa. Y aprendimos de todo. \u00a1No hab\u00eda ninguna tarea que nos asustase!\u00bb. \u00a1Qu\u00e9 testimonio tan admirable y lleno de sano orgullo!<\/p>\n<p>Pero sor Rosal\u00eda ten\u00eda miedo de todo aquello que, en los estudios, hu\u00adbiera podido infundir en aquellos ni\u00f1os ambiciones desmesuradas o quitar\u00adles el gusto por los sencillos trabajos del ambiente familiar. Como ten\u00eda que v\u00e9rselas con ni\u00f1os de condici\u00f3n familiar modesta y muchas veces de familias pobres, deseaba que siguieran estando, salvo excepciones justificadas, en la condici\u00f3n modesta de sus padres y que llevasen una vida de trabajo hon\u00adrado, a la que la fe y la conducta cristiana pudieran dar, a los ojos de Dios, un brillo incomparable y un gran valor sobrenatural. Seguramente habr\u00eda aplaudido con una fina sonrisa las protestas del buen Chrysale, rodeado de mujeres sabias y acosado por aquellas continuas discusiones y reproches gramaticales, sazonados por un vocabulario preciosista y una verborrea des\u00adconcertante&#8230; \u00a1Y c\u00f3mo exageraban aquellas \u00abmujeres sabias\u00bb!&#8230; El pobre Chrysale se sent\u00eda desgraciado. Y su desgracia repercut\u00eda en su pl\u00e1cido est\u00f3mago:<\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Por favor!-exclamaba-. \u00a1Dejemos la ciencia a los doctores de la ciudad!&#8230; \u00a1No vayamos a buscar lo que se hace en la luna! No es honrado, por una multitud de razones, que una mujer estudie y sepa tantas cosas. Formar en las buenas costumbres el alma de sus hijos. Llevar bien la casa, atender a los dem\u00e1s, gastar con econom\u00eda: \u00a1esa debe ser su escuela y su filosof\u00eda!&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Y a\u00f1ad\u00eda desolado:<\/p>\n<p>\u00abToda esta casa se dedica a razonar y con sus raciocinios han echado fuera a la raz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda no quer\u00eda que los futuros esposos de sus ni\u00f1as se sintieran tentados alg\u00fan d\u00eda a reprenderlas de esta forma. Por eso estaba dispuesta a adoptar todos los art\u00edculos del programa del buen Chrysale.<\/p>\n<p>En efecto, se la notaba un tanto desconfiada -o por lo menos con al\u00adgunos reparos- cuando se trataba de ciertas exquisiteces. Es verdad que no desterraba la m\u00fasica, que ilumina la vida y proyecta un rayo de alegr\u00eda en derredor; pero no quer\u00eda para sus ni\u00f1as 1a alta ciencia musical que qui\u00adz\u00e1s hubiera podido inspirarles deseos de seguir una carrera mundana, que no estaba hecha para ellas. La misma prudencia mostraba respecto a los cursos superiores de dibujo; es evidente que sab\u00eda admirar en los ni\u00f1os sus dibujos inocentes que desarrollaban su esp\u00edritu de observaci\u00f3n de una forma divertida; pero no le asustaban los estudios superiores de dibujo.<\/p>\n<p>En el barrio Saint-Marcel todo el mundo ten\u00eda en la m\u00e1s alta estima la escuela de sor Rosal\u00eda, tal como ella la hab\u00eda concebido. La escuela goza\u00adba de la confianza total de los padres. Por eso estaba siempre llena de ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Y los locales enseguida resultaron insuficientes. Entonces sor Rosal\u00eda tendi\u00f3 la mano en busca de limosnas. Y pronto pudieron abrirse nuevas cla\u00adses en una calle cercana, la calle del Banquier. Sor Rosal\u00eda, siempre pr\u00e1ctica y habituada a la confianza, obtuvo que la ciudad de Par\u00eds se respon\u00adsabilizara de aquella escuela, pero dejando su direcci\u00f3n a la comunidad de las Hijas de la Caridad. De esta forma pudo abrirse una nueva casa, cargada de clases y asediada tambi\u00e9n por las visitas de los pobres del barrio de Ivry. Otras hermanas se encargar\u00edan de la direcci\u00f3n de aquella obra nueva, pero el coraz\u00f3n de sor Rosal\u00eda la seguir\u00eda desde lejos. Ella amaba a sus obras con un amor verdaderamente universal. Pues bien, el amor de una madre no disminuye al darse: \u00abCada uno tiene su parte y todos lo tienen entero\u00bb. As\u00ed es tambi\u00e9n la luz que Dios derrama a torrentes sobre todos los objetos que nos emocionan con su hermosura y que se desliza, bien\u00adhechora y penetrante, hasta el coraz\u00f3n de las cosas m\u00e1s humildes.<\/p>\n<p>Yo te bendigo, oh sol, que con tu luz radiante, tras bendecir todas las frentes y madurar todas las mieles entrando en las colmenas y en las chozas m\u00e1s pobres, te divides y contin\u00faas entero, lo mismo que el amor de una madre.<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n de sor Rosal\u00eda tampoco se empeque\u00f1ec\u00eda al darse. Segu\u00eda siendo todo para todos.<\/p>\n<h3>El asilo de ni\u00f1os<\/h3>\n<p>Cuando la gran obra de la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os se fue multiplicando y dando origen a un asilo, a una casa cuna y a un patronato, sor Rosal\u00eda tuvo que seguir derramando fielmente sobre el asilo, la casa cuna y el patronato todos los tesoros de su coraz\u00f3n. Las visitas que hac\u00eda a todas estas obras significaban para ella un verdadero descanso, en medio de tantas preocupaciones como la agobiaban continuamente. El contacto con los m\u00e1s peque\u00f1os la reconfortaba. Su candor la llenaba de encanto. El frescor de sus almas, sin malicia alguna, le ayudaba a olvidar tantas miserias y tantas situaciones turbias con las que se encontraba en sus visitas y en las confi\u00addencias que le hac\u00edan. Su buen coraz\u00f3n se desbordaba en atenciones mate\u00adriales sobre aquellos peque\u00f1os que se asomaban a la vida; les prodigaba sus sonrisas, sus caricias, sus obsequios; secaba a veces sus l\u00e1grimas y procura\u00adba llenarles siempre de alegr\u00eda. Por otra parte, era aquella a veces la mejor ocasi\u00f3n que se le presentaba para practicar su apostolado con las madres. Cuando \u00e9stas ven\u00edan a buscar a sus hijos se sent\u00edan agradablemente sor\u00adprendidas al verlos limpios y vestidos de ropa nueva y trajecitos calientes de lana. Hab\u00edan desaparecido los viejos harapos.<\/p>\n<p>Cuando sor Rosal\u00eda llegaba al asilo de ni\u00f1os, todo aquel mundo se po\u00adn\u00eda en ebullici\u00f3n, llenos de alegr\u00eda y acudiendo todos a saludar a aquella buena madre. Ella por su parte miraba con cari\u00f1o aquellos ojos confiados, les daba alg\u00fan consejo, les contaba alguna historia en la que los ni\u00f1os ocupaban siempre los papeles principales; gozaba con el espect\u00e1culo de todas aquellas caras colgadas de sus labios. Su sencillez cuadraba perfecta\u00admente can aquellas escenas infantiles. Y para ella era tambi\u00e9n la mejor ocasi\u00f3n de admirar una vez m\u00e1s la entrega de sus compa\u00f1eras, que se in\u00adgeniaban para instruir a los peque\u00f1os, para interesarles por las cosas buenas, para distraerles, que les hac\u00edan cantar canciones tan bonitas, que les hac\u00edan jugar y hacer gimnasia, todas tan formales, en la sala grande del asilo&#8230;<\/p>\n<h3>El patronato<\/h3>\n<p>Los d\u00edas de vacaciones era el patronato adonde hab\u00eda que ir. Tambi\u00e9n all\u00ed se prodigaba y se revelaba todo el inmenso coraz\u00f3n de sor Rosal\u00eda. Nunca dec\u00eda \u00a1basta!, pues siempre ten\u00eda algo bueno que hacer. Volv\u00eda a encontrarse all\u00ed con las ni\u00f1as mayores, que hab\u00edan pasado la semana en el ambiente familiar realizando all\u00ed la dura experiencia de la vida. La verdad es que sor Rosal\u00eda prefer\u00eda verlas all\u00ed que no metidas en un invernadero bien cerradas, con tal que pudieran acudir los d\u00edas de vacaci\u00f3n al patronato pa\u00adra volver a estar en contacto con ella y poder as\u00ed cobrar nuevos \u00e1nimos y volver decididas a la lucha.<\/p>\n<p>Y ven\u00edan con gusto al patronato. Eran muchas. Encontraban todas ellas el momento m\u00e1s oportuno para tener un rato de confidencia filial con la madre, para recibir sus preciosos consejos, para pasar unas horas de santa recreaci\u00f3n, de juego y de risas, de cantos y esparcimiento. Volv\u00edan a en\u00adcontrarse de nuevo con su alma de ni\u00f1as. Y regresaban a su hogar con el coraz\u00f3n alegre, despierto a los buenos pensamientos y a los buenos deseos. Aquellas tardes que pasaban en el patronato, oasis de paz y de alegr\u00eda, al abrigo de los placeres del mundo, les devolv\u00eda a todas la luz y la energ\u00eda. Regresaban valientes a las duras tareas cotidianas, a enfrentarse con la des\u00adpreocupaci\u00f3n religiosa de sus familias o con las seducciones del taller.<\/p>\n<h3>La Asociaci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora del Buen Consejo<\/h3>\n<p>Algunas encontraban tambi\u00e9n all\u00ed la ocasi\u00f3n de hacer un buen aposto\u00adlado. Las mejores entre las antiguas alumnas se encargaron efectivamente de trabar amistad con las j\u00f3venes aprendizas, que hab\u00edan salido reciente mente de la escuela y se hab\u00edan visto lanzadas en medio del mundo. Hab\u00eda ya unas se\u00f1oras que velaban desde lejos por aquellas j\u00f3venes y que ofrec\u00edan a sus familias necesitadas su socorro moral y material. Pero junto con esta lejana protecci\u00f3n quedaba tambi\u00e9n sitio abundante para que algunas j\u00f3ve\u00adnes del mismo ambiente les ofrecieran a aquellas muchachas el beneficio de su amistad. Las mayores pod\u00edan brindar a las m\u00e1s j\u00f3venes su ayuda y su aliento, su protecci\u00f3n y sus consejos fraternales. De ah\u00ed el nombre que tom\u00f3 esta obra nueva, la de asociaci\u00f3n de nuestra Se\u00f1ora del Buen Consejo. Este precioso servicio que se les hac\u00eda a las j\u00f3venes aprendizas se vio pronto acompa\u00f1ado por los servicios hechos a otras personas necesitadas. Porque la verdad es que pronto se le saca gusto al apostolado; se da uno cuenta enseguida del bien que produce en el alma, cuando se act\u00faa con generosidad. Al lado de los ancianos acurrucados en sus buhardillas, al lado de las personas aisladas, de los incapacitados, no hay nada que resulte m\u00e1s agradable que la sonrisa de la juventud. Las j\u00f3venes de la asociaci\u00f3n de nuestra se\u00f1ora del Buen Consejo encontraron en todo esto un buen campo de acci\u00f3n, abierto a su celo por la solicitud universal de sor Rosal\u00eda. Iban a hacer compa\u00f1\u00eda durante una hora a aquellas pobres ancianas desampa\u00adradas; hablaban con ellas y sobre todo las escuchaban; les contaban cosas, les le\u00edan alg\u00fan libro para suplir la deficiencia de sus pobres ojos enfermos; les llevaban pastas o algunas golosinas; les lavaban la rapa. \u00a1Y todas se sent\u00edan muy felices de poder hacer algo por ellas!<\/p>\n<h3>El asilo de ancianos<\/h3>\n<p>Por su parte, tambi\u00e9n velaba sor Rosal\u00eda por los ancianos que recib\u00eda en su casa. Si hab\u00eda sabido hacerse un coraz\u00f3n de ni\u00f1a con los ni\u00f1os, tambi\u00e9n se hizo un coraz\u00f3n viril y fuerte con aquellos pobres viejos. Les comunicaba su serenidad. La ancianidad, en el otro extremo de la vida, es tambi\u00e9n una debilidad, pero una debilidad que ha conocido d\u00edas de fuerza y de vigor, de actividad y de lucha. Y el recuerdo de las energ\u00edas perdidas hace m\u00e1s amarga y m\u00e1s dif\u00edcil la debilidad presente. Por eso tienen necesidad de aliento, de consuelo, de ayuda, de entusiasmo, y a veces de luz y de con\u00adsejo en medio de la desesperaci\u00f3n. Sor Rosal\u00eda sab\u00eda tratar a sus buenos ancianos con una especie de religioso respeto. Su cari\u00f1o con los peque\u00f1os y la alegr\u00eda maternal que experimentaba entre ellos se trasformaba aqu\u00ed en compasi\u00f3n piadosa por esos pobres aplastados por la vida, por sus sufri\u00admientos, por sus preocupaciones. Su caridad alimentada por su ardiente fe le hac\u00eda ver en aquellos buenos ancianos unos caminantes hacia el cielo ya muy cercano, que se aproximaban a la casa del Padre por caminos muy dif\u00ed\u00adciles, tropezando sin cesar y necesitados de una mano que les ayudase a seguir caminando hasta el final.<\/p>\n<p>Ten\u00eda el arte de adaptarse a la situaci\u00f3n psicol\u00f3gica de sus buenos an\u00adcianos, al cansancio de su pobre cabeza fatigada. Se las ingeniaba de mil maneras para dar a aquellos ni\u00f1os grandes el alimento espiritual m\u00e1s adecuado a sus a\u00f1os y a sus almas, que hab\u00edan vuelto a la simplicidad de la infancia. De vez en cuando sol\u00eda entusiasmarles con el relato de algunas his\u00adtorias piadosas, cuyos h\u00e9roes eran los antiguos patriarcas, unos viejos tan simp\u00e1ticos como ellos. En la vida de aquellos ancianos servidores de Dios, en su fidelidad a las disposiciones de Dios, en su respeto y su sumisi\u00f3n a los designios de la Providencia, lograba encontrar magn\u00edficos ejemplos de fe, de sentido religioso, de respeto para con aquel Dios que se les revelaba en medio de solemnes manifestaciones. En la escuela de aquellos santos patriarcas que, a lo largo de toda su prolongada vida, a trav\u00e9s de frecuen\u00adtes peregrinaciones por medio de pueblos paganos, hab\u00edan llevado intactas en su esp\u00edritu y hab\u00edan transmitido a sus hijos las esperanzas de Israel, cuyo dep\u00f3sito les hab\u00eda confiado el Se\u00f1or, sor Rosal\u00eda intentaba mantener en el alma de sus buenos ancianos del asilo la paciencia y el coraje suficiente para enfrentarse con la dura tarea de vivir con la maravillosa esperanza del m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda llegaba hasta el extremo en su bondad con sus ancianos. Cuando observaba en ellos alg\u00fan defecto, su bondad se convert\u00eda en mise\u00adricordia. Y su misericordia no ten\u00eda l\u00edmites. Hab\u00eda tomado la costumbre de defenderles siempre. Pobres ancianos, pobres mendigos, pobres extraviados, para ella todos eran pobres necesitados que necesitaban su protecci\u00f3n y su defensa. \u00bfEs que la miseria y la misericordia no est\u00e1n hechas para estar siempre juntas? \u00bfNo es la miseria el trono de la misericordia?<\/p>\n<p>Sor Rosal\u00eda, rodeada de miserias, les ofreci\u00f3 un coraz\u00f3n realmente misericordioso.<\/p>\n<p>Cuando se hablaba en su presencia de los defectos de los pobres con cierto tono de amargura, siempre sab\u00eda encontrar una palabra de com\u00adpasi\u00f3n para excusar sus faltas.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 tantas buenas personas pierden la raz\u00f3n en el fondo de un vaso de vino? Sor Rosal\u00eda supo encontrar en su misericordioso coraz\u00f3n va\u00adrias razones para ello. A uno de sus viejos le gusta demasiado el vino y se lo recomienda a los dem\u00e1s diciendo que \u00abel vino es la leche de los viejos\u00bb. Y no se limita a alabarlo, sino que da ejemplo a los dem\u00e1s, pierde el rumbo y termina perdiendo la direcci\u00f3n. Sor Rosal\u00eda siente l\u00e1stima de \u00e9l, lo excusa y da la siguiente explicaci\u00f3n: \u00abEse pobre desdichado ya no razona. Cuando se emborracha, cree que con ello se olvida de todo lo que ha sufrido\u00bb. \u00a1S\u00ed! \u00a1Aquel pobre hombre no razona! \u00a1Su oficio no es precisamente el de razonar! La m\u00e1quina es la que razona por \u00e9l. Y la m\u00e1quina sigue su cami\u00adno. Y el hombre se convierte en m\u00e1quina. Y aquel pobre hombre se olvida de razonar. Y el clarete, en la copa de brillantes reflejos, le hace gui\u00f1os y el hombre se deja llevar tras \u00e9l. Sus reflejos pueden m\u00e1s que todos los raciocinios. Para conseguir que aquel hombre razonase un poco, habr\u00eda sido necesario tener la cabeza bien templada y cierto h\u00e1bito de pensar. Pero lo \u00fanico que ten\u00eda aquel viejete eran unos ojillos picarescos que se dejaban seducir con facilidad por aquellos bonitos reflejos del clarete en la copa.<\/p>\n<p>La verdad es que de todas formas nuestro hombre razona todav\u00eda un poco. \u00bfNo dec\u00eda sor Rosal\u00eda que bebe para olvidarse de sus males? Nuestro hombre no est\u00e1 totalmente equivocado. Ha acertado y por unos momentos ha conseguido lo que deseaba. \u00a1Se sent\u00eda lleno de desventuras y aquel vaso de vino le ha ayudado a olvidarse de sus males! \u00a1Perdon\u00e9mosle! \u00a1Seamos tan misericordiosos como sor Rosal\u00eda! \u00a1Pero que aguce su ingenio y lleve m\u00e1s adelante su raz\u00f3n! Es un remedio peligroso que no resuelve nada. \u00a1Que vigile la dosis!<\/p>\n<p>A sor Rosal\u00eda se le ocurr\u00edan adem\u00e1s otras bonitas excusas: \u00abLos pobres -dec\u00eda- no tienen donde reunirse. Entran en la taberna para distraerse un poco y, sin quererlo muchas veces, sienten los efectos del vino\u00bb. Es ver dad. No hablemos mal de esa pobre gente que, por falta de salones, tienen que irse a la taberna. Y en la taberna tienen que pagar su estancia con vasos de vino; y a veces hay que pagarle tambi\u00e9n un vaso a los compa\u00f1eros, que nos brindan su compa\u00f1\u00eda. Adem\u00e1s, no s\u00f3lo emborracha el vino; tam\u00adbi\u00e9n est\u00e1n los amigos que se emborrachan mutuamente y el tabernero que, para redondear su negocio, anima a todos a beber. Realmente los pobres hombres que no tienen salones ni lugares de reuni\u00f3n tienen derecho a toda la misericordia de sor Rosal\u00eda y a nuestra comprensi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00a1Buena mujer sor Rosal\u00eda! Ten\u00eda excusas para todo. Un d\u00eda se le pre\u00adsent\u00f3 una buena persona. Era del barrio. Conoc\u00eda a la buena madre. Se po\u00add\u00eda entrar en su casa sin muchos requilorios; lo sab\u00eda muy bien. La madre estaba siempre a disposici\u00f3n de todos los que quisieran visitarla. Pero aquel d\u00eda no estaba all\u00ed. La sala de visitas estaba vac\u00eda. Y le dijeron a aquel buen hombre que sor Rosal\u00eda no pod\u00eda recibirle, que estaba con fiebre. Aquel hombre no acababa de convencerse y no se qued\u00f3 contento con la respues\u00adta. Tuviera o no tuviera fiebre, sor Rosal\u00eda siempre estaba dispuesta para recibir a todos. Si no le recib\u00eda, es que no quer\u00eda&#8230; Es que nadie quer\u00eda ocuparse de \u00e9l. \u00a1Fue aquella una buena soluci\u00f3n! \u00a1Aunque un tanto inopor\u00adtuna! A pesar de su fiebre, sor Rosal\u00eda acudi\u00f3 a la sala de visitas y arregl\u00f3 sus asuntos. Y aquel buen hombre se march\u00f3 victorioso. Despu\u00e9s de su mar\u00adcha fue la hermana portera la que recibi\u00f3 su lecci\u00f3n; como le dijera a la madre, para justificar su conducta, que aquel visitante inoportuno no se ha\u00adb\u00eda mostrado muy educado, la misericordiosa sor Rosal\u00eda encontr\u00f3 esta ine\u00adfable excusa: \u00ab\u00a1Vaya, hija m\u00eda! Ese pobre hombre ten\u00eda otras cosas que hacer m\u00e1s que estudiar las buenas maneras. No tenemos que enfadarnos por ninguna palabra viva ni fiarnos de las apariencias un poco groseras. Esa pobre gente vale bastante m\u00e1s de lo que a primera vista parecen\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando se trataba de defender a sus pobres, sor Rosal\u00eda siempre ten\u00eda la \u00faltima palabra. \u00a1Los quer\u00eda de verdad! \u00a1con un amor realmente maternal! Conoc\u00eda tan bien sus miserias que las med\u00eda con una inmensa piedad. Su coraz\u00f3n se sent\u00eda conmovido por ellas. Su sensibilidad tan viva estaba siempre alerta para descubrirlas. Las emociones se suced\u00edan ante el continuo desfile de miserias humanas que llamaban a su puerta. Le hubiera gustado aliviarlas todas, curarlas todas. Sufr\u00eda ella misma par los sufrimientos ajenos. Y nunca consegu\u00eda acabar con todos ellas. No era posible pensar en cruzarse de brazos en aquel hermoso combate contra la miseria. Cuando otras personas pensaron por ella en buscarle alg\u00fan descanso, ella no pudo marchar lejos de sus pobres. Sus mismos superiores pudieron experimentarla en cierta ocasi\u00f3n:<\/p>\n<p>Pensaron en darle a sor Rosal\u00eda un cargo en la casa central. Era una buena prueba de confianza. Conoc\u00edan muy bien sus \u00e9xitos y les constaba de la prudencia de sus iniciativas. Pero surgi\u00f3 una dificultad: para ella tendr\u00edan que alejarla de su barrio y de su buena gente de Saint-M\u00e9dard y el rumor p\u00fablico dec\u00eda que aquello no pod\u00eda compaginarse con el afecto ex\u00adtraordinario de sor Rosal\u00eda a sus pobres. Decidieron hacer un ensayo: vi\u00adnieron a Saint-M\u00e9dard a buscar a sor Rosal\u00eda para una excursi\u00f3n a Versa\u00adlles en compa\u00f1\u00eda de los venerables superiores, que deseaban tenerla a su lado en aquella fiesta. Pero apenas se vio fuera de la parroquia, aquella alma tan due\u00f1a siempre de s\u00ed misma no se pudo dominar. \u00a1Se puso a llorar! Y la compa\u00f1era que nos narra aquel hecho a\u00f1ade: \u00abLo mismo que san Vicente, ella ten\u00eda miedo de que las puertas de la ciudad cayeran sobre su cabeza por haber ido a distraerse abandonando a sus pobres\u00bb.<\/p>\n<p>Sinti\u00e9ndose siempre educadora, sor Rosal\u00eda ten\u00eda para todas las edades de la vida excelentes consejos y una inagotable caridad. Hasta los mismos j\u00f3venes del barrio latino se sintieron felices de acudir a aquella fuente limpia de sabidur\u00eda para gozar de los consejos, de la ayuda, de la protecci\u00f3n maternal de sor Rosal\u00eda. Perdidas en aquel Par\u00eds volteriano de la \u00e9poca, encontraban en pleno barrio Mouffetard un oasis de paz, de oraci\u00f3n, de caridad fraterna y de est\u00edmulo para la vida cristiana. Y acud\u00edan sin cesar a buscar all\u00ed el refrigerio para su esp\u00edritu.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>8. 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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