{"id":25022,"date":"2015-02-08T01:39:04","date_gmt":"2015-02-08T00:39:04","guid":{"rendered":"http:\/\/somos.vicencianos.org\/blog\/2010\/12\/23\/sor-rosalia-rendu-parte-04\/"},"modified":"2015-02-08T01:39:04","modified_gmt":"2015-02-08T00:39:04","slug":"sor-rosalia-rendu-desmet-04","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/vincentians.com\/es\/sor-rosalia-rendu-desmet-04\/","title":{"rendered":"Sor Rosal\u00eda Rendu (Desmet) 04"},"content":{"rendered":"<h2><strong>4. Siguiendo la vocaci\u00f3n<\/strong><\/h2>\n<h3>Gex. El pensionado de las Ursulinas<\/h3>\n<div id=\"attachment_28980\" style=\"width: 263px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu.jpg\"><img data-recalc-dims=\"1\" loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-28980\" class=\"size-medium wp-image-28980\" title=\"Sor Rosal\u00eda Rendu\" alt=\"Sor Rosal\u00eda Rendu\" src=\"https:\/\/i0.wp.com\/vicencianos.org\/wp-content\/2009\/11\/rendu-253x300.jpg?resize=253%2C300\" width=\"253\" height=\"300\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-28980\" class=\"wp-caption-text\">Sor Rosal\u00eda Rendu<\/p><\/div>\n<p>Juana Mar\u00eda iba creciendo en sabidur\u00eda y en gracia, objeto de las pre\u00addilecciones divinas. Pero como muchas ni\u00f1as de Francia por aquellos a\u00f1os de agitaci\u00f3n y de angustia, no ten\u00eda m\u00e1s que una instrucci\u00f3n francamente rudimentaria. La familia hab\u00eda ido supliendo m\u00e1s o menos bien las deficien\u00adcias de la escuela. Pero hab\u00eda muchas lagunas que colmar. Ya iba siendo tiempo.<\/p>\n<p>Casi por todas partes, aprovechando la calma que hab\u00eda seguido a la tempestad revolucionaria, las religiosas hab\u00edan ido regresando a sus puestos y hab\u00edan vuelto a tomar el h\u00e1bito, consagr\u00e1ndose de nuevo a la educaci\u00f3n de la juventud. En Gex las ursulinas acababan de abrir su antiguo pensio\u00adnado. La se\u00f1ora Rendu resolvi\u00f3 confiarles la educaci\u00f3n de su hija. Tendr\u00edan que separarse. Gex estaba a unos treinta o cuarenta kil\u00f3metros. Y se trataba de uno o dos a\u00f1os de pensi\u00f3n en perspectiva. Juana Mar\u00eda, tan apegada al hogar paterno que nunca hab\u00eda abandonado y donde tanto la quer\u00edan, de\u00adbi\u00f3 sufrir mucho con la separaci\u00f3n. Pero ten\u00eda fuerzas suficientes para do\u00adminarse y para reprimir prontamente las emociones de su viva sensibilidad. Su estancia en Gex le abrir\u00eda por otra parte los ojos a nuevos horizontes y enriquecer\u00eda su vida con nuevas experiencias.<\/p>\n<p>Gex est\u00e1 situado en la vertiente oriental del Jura, muy al norte. Para llegar all\u00e1 hab\u00eda que bordear la cordillera, por el norte o por el sur. Hab\u00eda dos caminos. Uno, saliendo de Confort, se dirige hacia el norte y corre al lado de la monta\u00f1a por la vertiente oeste, remontando el pintoresco valle de la Valserine casi hasta sus mismas fuentes. All\u00ed tuerce de pronto a la dere\u00adcha y escalando la monta\u00f1a por las laderas del Col de la Faucille llega enseguida a Gex. El otro camino baja hacia Bellegarde, rodea la monta\u00f1a por el sur, por los desfiladeros del R\u00f3dano y sube a continuaci\u00f3n hacia el norte, en l\u00ednea derecha hacia Gex.<\/p>\n<p>\u00a1Magn\u00edfica excursi\u00f3n por medio de los esplendores de la naturaleza! Si Juana Mar\u00eda sali\u00f3 con el coraz\u00f3n encogido de su hogar y de su aldea, ense\u00adguida tuvo que entusiasmarse ante el espect\u00e1culo grandioso que la natura\u00adleza ofrec\u00eda a sus bellos ojos. Sea cual fuere el camino escogido, todo era maravilloso. Sin duda escogieron el que a lo largo de todo el viaje va si\u00adguiendo las orillas tan familiares de aquella Valserine cuyo murmullo y cuyos rugidos hab\u00edan acompa\u00f1ado tantas veces los juegos y las diversiones de las ni\u00f1as y que, a lo largo de todo su curso, ofrec\u00eda a los viajeros el juego cambiante de sus fantas\u00edas, sus saltos, sus cascadas, sus furores, sus asaltos a las rocas y sus aguas que formaban al chocar abanicos de finas perlas.<\/p>\n<p>Juana Mar\u00eda ten\u00eda diez a\u00f1os. Nos imaginamos f\u00e1cilmente a aquella ni\u00ad\u00f1a de gran coraz\u00f3n, insaciable de belleza, contemplando el espect\u00e1culo del r\u00edo desde el pescante de la tartana, lanzando gritos de admiraci\u00f3n y llenan\u00addo de alegr\u00eda a su madre con tu entusiasmo infantil.<\/p>\n<p>En Gex la esperaba una cordial acogida, que acabar\u00eda disipando, si fue\u00adra menester, toda melancol\u00eda. A Juana Mar\u00eda no le costar\u00eda trabajo acomo\u00addarse pronto a las exigencias de la vida del pensionado. Las necesarias imposiciones de la vida com\u00fan, si se aceptan con valent\u00eda, se convierten para las almas robustas en un saludable ejercicio de voluntad, en el placer del esfuerzo, en el gozo de la dificultad vencida. La dificultad se desvanece o simplifica y deja en el esp\u00edritu la conciencia gozosa de una batalla ganada. Juana Mar\u00eda, con su viva inteligencia y la viveza que pon\u00eda en todas las co\u00adsas se hizo pronto simp\u00e1tica a sus compa\u00f1eras y a las religiosas.<\/p>\n<p>Emprendi\u00f3 con coraje el trabajo escolar, que resultaba bastante nuevo para ella. Los dos a\u00f1os que all\u00ed pas\u00f3 la prepararon s\u00f3lidamente para la vida. Podr\u00e1 juzgarse de ello m\u00e1s tarde por los frutos de su trabajo, por la ductilidad y la agilidad de su talento, por el libre curso de su pluma en su co\u00adrrespondencia.<\/p>\n<p>Juana Mar\u00eda se enriqueci\u00f3 mucho en el pensionado. Pero a cambio supo tambi\u00e9n darle sus tesoros. Con sus buenos ejemplos, con su piedad, con toda la gracia de su alegre car\u00e1cter, amable y en\u00e9rgico, devolv\u00eda con gene\u00adrosidad todo cuanto le daban.<\/p>\n<p>Su piedad tanto tiempo contenida y oprimida por las medidas polic\u00eda\u00adcas de los gobiernos revolucionarios pod\u00eda en adelante expansionarse libre\u00admente, derramarse en fervientes coloquios can Dios en el curso de hermosas ceremonias y en conversaciones piadosas con sus compa\u00f1eras, sin aquel continuo sobresalto de antes y sin miedo a los delatores. \u00a1Qu\u00e9 bien se en\u00adsanchaba su alma en aquellos actos piadosos y llenos de fervor! Eran para ella una necesidad. Y acabaron siendo un verdadero deleite.<\/p>\n<p>Gracias a esta piedad robusta, totalmente impregnada de esp\u00edritu de fe y que con toda sinceridad pon\u00eda ya los intereses de Dios y su gloria por encima de sus intereses personales, pronto dio la impresi\u00f3n a cuantos la rodeaban de que Dios se hab\u00eda hecho un santuario en su alma y que la reservaba para s\u00ed, habi\u00e9ndola adornado de dones tan brillantes, dotado de virtudes tan s\u00f3lidas, rodeado de los encantos de su gracia. Dec\u00edan de ella que se har\u00eda ciertamente ursulina. Y las religiosas sin duda alguna dar\u00edan buena acogida a una novicia tan bien dotada y de tan buenas intenciones.<\/p>\n<p>Pero la vocaci\u00f3n es un don de Dios. Y Dios, que distribuye sus dones con sabidur\u00eda y con una infinita variedad, tiene sus designios sobre cada una de las almas. Cada vocaci\u00f3n es un don de gran valor. Y si ese don es apreciado y cultivado con fervor, Dios a\u00f1ade a \u00e9l nuevos favores a lo largo de toda la vida. Para ello hay que entrar con decisi\u00f3n en los planes de la Providencia y no contrariar sus deseos.<\/p>\n<p>Dios, que lo dispone todo con energ\u00eda y suavidad, va preparando lenta\u00admente, pero con seguridad, a las almas para la gran llamada que alg\u00fan d\u00eda ha de dirigirles. Los caminos de la gracia en las almas son muy diversos. Dios obra a veces directamente por s\u00ed mismo. Otras veces les conf\u00eda a otros el mandato de dar a conocer su voluntad. Los pobres tienen muchas veces el privilegio de ser esos intermediarios de las gracias divinas.<\/p>\n<p>\u00abLos pobres -dice Bossuet- son los primeros hijos de la Iglesia, sus verdaderos hijos, a quienes les corresponden en derecho las gracias de Nues\u00adtro Se\u00f1or y quienes son ante los ricos, los intermediarios de su gracia\u00bb.<\/p>\n<p>El contacto con el pobre est\u00e1 lleno de bendiciones. Juana Mar\u00eda hab\u00eda sentido pronto el beneficio de este trato. En su entrega cordial a los po\u00adbres que se presentaban en su casa de Confort hab\u00eda recibido muchos favores divinos, que tienen como portadores al pobre. A1 darse a los peque\u00ad\u00f1os y a los humildes, se hab\u00eda llenado de sencillez y de humildad, hab\u00eda saboreado los goces de la cordialidad en el don de s\u00ed. Llevaba en su cora\u00adz\u00f3n el amor al pobre. Aquel era el primer rasgo de amor que el amor de Dios hab\u00eda grabado en aquella alma.<\/p>\n<p>Dios que deseaba hacerse con aquella alma escogida le hab\u00eda procurado adem\u00e1s el trato bienhechor con unas almas consagradas y el espect\u00e1culo de su felicidad. Por medio de ellas se insinuar\u00eda en el alma de Juana Mar\u00eda con todos sus encantos y har\u00eda brotar en ella toda la alegr\u00eda del gran amor. Juana Mar\u00eda encontraba en la casa de las ursulinas la paz, el recogi\u00admiento, la felicidad de orar. Le gustaba mucho aquella vida que rodeaba de estos alicientes el estudio, la disciplina escolar y las mismas distracciones en el recreo. Su exuberancia en los juegos y la aplicaci\u00f3n entusiasta de todo su esp\u00edritu al trabajo del estudio, lleno de novedad y de sorpresas, encon\u00adtraban despu\u00e9s del esfuerzo una agradable diversi\u00f3n en el descanso de la oraci\u00f3n y en aquella atm\u00f3sfera piadosa de la capilla, en donde se desarro\u00adllaban los d\u00edas de fiesta tan brillantes ceremonias.<\/p>\n<h3>El Hospital de las Hijas de la Caridad<\/h3>\n<p>Pero hab\u00eda en Gex otra casa en donde Juana Mar\u00eda hab\u00eda dejado un trozo de su coraz\u00f3n. La se\u00f1ora Rendu, en una de sus visitas a Gex, tuvo que dirigirse all\u00ed y fue acompa\u00f1ada de Juana. Era el hospital. Juana Mar\u00eda se encontr\u00f3 all\u00ed con la miseria humana, aquella miseria de la que siempre ha\u00adb\u00eda sentido compasi\u00f3n su tierno coraz\u00f3n. El mal revest\u00eda all\u00ed una forma distinta, la de la enfermedad. Se trataba de algo nuevo, de algo que ten\u00eda por ello m\u00e1s inter\u00e9s para la muchacha, llena de compasi\u00f3n por todas las formas de sufrimiento que iba encontrando.<\/p>\n<p>Y all\u00ed encontr\u00f3 tambi\u00e9n, atentas a aliviar todos aquellos sufrimientos, a las generosas Hijas de la Caridad, cuya abnegaci\u00f3n y sencillez pon\u00edan un aire de belleza y elevaci\u00f3n sobre aquel reino del sufrimiento e ilumina\u00adban los rostros sombr\u00edos de los pobres enfermos.<\/p>\n<p>Aquel espect\u00e1culo la impresion\u00f3. Y se despertaron entonces todos los instintos de su generosa naturaleza, atenta siempre a todas las miserias de los hombres. Ella hab\u00eda visto antes el desamparo de los refugiados, su rostro inquieto y temeroso, su cuerpo fatigado, sus pies sangrando, sus ojos agotados. Hab\u00eda visto todo aquello con sus ojos de ni\u00f1a, con su coraz\u00f3n sensible y con la frescura de su alma. Hab\u00eda guardado en su coraz\u00f3n una herida de amor que ya no se curar\u00eda jam\u00e1s. Sufr\u00eda con todos los que sufren; hac\u00eda suyas sus penas, sus inquietudes, as\u00ed como sus alegr\u00edas y sus esperan\u00adzas. Hasta su muerte, su coraz\u00f3n vibrar\u00e1; sensible al m\u00e1s peque\u00f1o dolor.<\/p>\n<p>El hospital estaba muy cerca del pensionado. Muchas veces durante el d\u00eda la campana del hospital recordaba a todos los vecinos que all\u00ed, muy cerca, estaba el dolor, la caridad, la oraci\u00f3n. Cuando Juana Mar\u00eda durante el recreo o\u00eda el ta\u00f1ido de aquellas campanas que desgranaban sus notas melanc\u00f3licas, se deten\u00eda en sus juegos, levantaba sus ojos a las ondas sono\u00adras en el azul del cielo y se quedaba como ensimismada, compadeci\u00e9ndose de todos los sufrimientos que adivinaba detr\u00e1s de las murallas de aquel jard\u00edn en donde ten\u00edan el recreo.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el haber visto en el hospital al lado del sufrimiento a unas almas compasivas, que hab\u00edan consagrado su vida entera al servicio de los pobres enfermos, era algo que inundaba su coraz\u00f3n de santa alegr\u00eda, como si aquello fuera la realizaci\u00f3n de un sue\u00f1o, casi inconsciente, pero que tomaba cuerpo all\u00ed, delante de ella, en toda su belleza y que le parec\u00eda ser el ideal m\u00e1s hermoso, capaz de dar todo su valor a una vida. \u00bfCu\u00e1l era, pues, aquella noble y santa voz que le hablaba desde el fondo de su alma? Una voz espont\u00e1nea de una bondad natural, pero empapada de la gracia divina y reforzada por el Esp\u00edritu Santo, que le inspiraba en el coraz\u00f3n la llamada de la vocaci\u00f3n. As\u00ed es como act\u00faa la gracia de Dios, abri\u00e9ndose lenta y discretamente el camino hacia el alma, hasta explotar un d\u00eda en r\u00e1fagas de luz y de alegr\u00eda y en la visi\u00f3n de un porvenir maravilloso.<\/p>\n<p>Y Juana Mar\u00eda, en medio del recreo, se quedaba ensimismada en su sue\u00f1o. Y hab\u00eda que sacarla de all\u00ed: \u00abAqu\u00ed no est\u00e1s para so\u00f1ar, hija m\u00eda; el recreo est\u00e1 hecho para jugar\u00bb.<\/p>\n<p>S\u00ed, \u00a1jugar era lo que hab\u00eda que hacer entonces! Y jugaba, desde luego. Pero \u00a1impedid a vuestros o\u00eddos que escuchen una campana que os cautiva y os canta un porvenir de bondad y de belleza, de entrega ardiente y de gracias de Dios, de abnegaci\u00f3n y de gozo! \u00a1Habr\u00e1 que jugar, desde luego! \u00a1Y jugaba! Pero los ruidos y los gritos de los juegos de esta tierra se troca\u00adr\u00e1n, en labios de aquella ni\u00f1a, en c\u00e1nticos de alegr\u00eda. Acaba de surgir, llena de gozo, una obrera de Dios. Dentro de poco entrar\u00e1 en campa\u00f1a para ser\u00advir a los enfermos y a los pobres, a los humildes y a los d\u00e9biles, a todos los necesitados. Se pondr\u00e1 tambi\u00e9n a jugar con ellos con un alma cantarina. Su visi\u00f3n del futuro es mucho m\u00e1s hermosa que los juegos. Pero de todas formas, \u00a1tambi\u00e9n los juegos les gustan a los hijos de Dios! Y cuando un alma siente el gusto de Dios, \u00bfhabr\u00e1 algo que no le resulte gustoso si est\u00e1 seg\u00fan la voluntad divina? Todas sus alegr\u00edas ceder\u00e1n en bien. Todos los d\u00edas, todas las horas, son una fiesta para el que ama a Dios.<\/p>\n<p>As\u00ed es como act\u00faa la gracia en las almas; as\u00ed es como d\u00eda tras d\u00eda va surgiendo la llamada de la vocaci\u00f3n, discreta al principio, urgente y llena de misteriosos atractivos m\u00e1s adelante y finalmente explotando sonora y pujante como un grito vencedor. Lo que \u00e9l pide no asusta al que le escucha. No hay nada tan tranquilizante como la voz del Esp\u00edritu.<\/p>\n<p>Cuando Juana Mar\u00eda deje a las ursulinas de Gex se llevar\u00e1 consigo, junto con los conocimientos escolares que le faltaban, la revelaci\u00f3n de su porvenir. Su vida ten\u00eda ya un sentido. Se hab\u00eda manifestado por completo al se\u00f1or p\u00e1rroco de Gex, que hab\u00eda aprobado plenamente su proyecto. Se marchar\u00eda a saborear durante alg\u00fan tiempo las alegr\u00edas del hogar familiar, ya que era todav\u00eda demasiado joven. Pero cuando llegara la hora, le ofrece\u00adr\u00eda generosamente a Dios el sacrificio de todo lo que amaba en su pa\u00eds natal y en el hogar familiar y responder\u00eda a la llamada del Esp\u00edritu Santo que hab\u00eda depositado en su coraz\u00f3n su inmenso amor.<\/p>\n<h3>\u00daltimas alegr\u00edas en el pa\u00eds natal<\/h3>\n<p>Su estancia en Gex, interrumpida por algunos d\u00edas de vacaci\u00f3n, hab\u00eda durado dos a\u00f1os. Volvi\u00f3 a Confort. En el pensionado la vieron marchar con un poco de melancol\u00eda&#8230; Pero Juana Mar\u00eda, feliz de poder volver a ver a su familia, conservaba en su coraz\u00f3n un grato recuerdo de aquel pensio\u00adnado en donde hab\u00eda recibido tan buena acogida, donde hab\u00eda hecho tan buenas amistades y donde hab\u00eda escuchado la voz de Dios en la paz y en el recogimiento.<\/p>\n<p>Volvi\u00f3 a Confort con alegr\u00eda. Ve\u00eda de nuevo los lugares familiares que le eran tan queridos, la casona, las hermanitas que corrieron a su encuentro y que hab\u00edan crecido mucho: Mar\u00eda Claudina ten\u00eda once o doce a\u00f1os, Antonieta seis o siete&#8230; La mam\u00e1, con cierto orgullo leg\u00edtimo, contemplaba la alegr\u00eda de sus tres hijas, las verdaderas joyas de su casa. Juana Mar\u00eda, llena de gozo, volvi\u00f3 a saludar a los antiguos criados, tan fieles como siem\u00adpre, a los vecinos, a los amigos de los d\u00edas buenos y de los d\u00edas malos. Los rostros hab\u00edan cambiado; ya no estaban tan ensombrecidos como en los d\u00edas del Terror. Las miradas no eran ya vagas y lejanas; no se dirig\u00edan a un m\u00e1s all\u00e1 fuera de la visi\u00f3n presente, como hipnotizadas por una visi\u00f3n de los peligros que amenazaban. Miraban de frente y se posaban firmes so\u00adbre las gentes y las cosas. Todas las almas parec\u00edan ahora acariciadas por el sol. La guerra civil hab\u00eda cesado y la paz de los esp\u00edritus hac\u00eda renacer la dicha, la esperanza, la claridad de la vida. En la casa reinaba una anima\u00adci\u00f3n sin miedo alguno; cierto aire de libertad se respiraba en la manera de vivir, en el trabajo, en el lenguaje; volv\u00eda la franqueza de anta\u00f1o, las can\u00adciones, las risas&#8230;<\/p>\n<p>Juana Mar\u00eda dio vueltas por toda la casa y vio de nuevo el huerto. \u00a1Ya no estaba all\u00ed Pedro el hortelano! Le habr\u00eda gustado volver a verlo, con su amable mirada y su aire majestuoso y con sus torpezas de hortelano que tanto le hab\u00edan desconcertado antes. Visit\u00f3 el sal\u00f3n grande; habr\u00eda escu\u00adchado la misa en aquel sitio con gran alegr\u00eda. \u00a1Pero ya no estaba all\u00ed Pedro el hortelano! La cueva de su primera comuni\u00f3n tom\u00f3 a su llegada el aspecto de un santuario. Su imaginaci\u00f3n iba repasando todos los momentos de aque\u00adlla gran ceremonia. \u00a1Qu\u00e9 recuerdos tan maravillosos! \u00a1Felicidad de las almas piadosas! \u00a1Lugares benditos de pasadas alegr\u00edas! \u00a1Cosas inanimadas que tienen un alma que se apega a nuestra alma y la obliga a amar!<\/p>\n<p>La vida reanud\u00f3 su curso tranquilo en aquella familia. Juana Mar\u00eda no ten\u00eda m\u00e1s que trece o catorce a\u00f1os, pero sent\u00eda m\u00e1s que nunca la conciencia de sus dones y de sus obligaciones. \u00a1Se encontraba ahora entre unas hermanas mayores que se hab\u00edan convertido en personas razonables! \u00a1Entre las tres iba a ser f\u00e1cil la tarea de la casa! La mam\u00e1 no tendr\u00eda que hacer otra cosa m\u00e1s que mirar a sus hijas y expresar sus deseos. \u00a1Ya lo creo que la obedecer\u00edan! \u00a1Eran tan juiciosas! Hab\u00edan tomado gusto a la obediencia. La casa marchar\u00eda estupendamente. Se ocupar\u00edan en atender a los pobres, a los vagabundos, a los mendigos. A toda aquella pobre gente les entusias\u00admar\u00eda verse atendidos par unas muchachas tan amables y gozar\u00edan de su amabilidad. Y Juana Mar\u00eda, que hab\u00eda recibido tan buena educaci\u00f3n, les dar\u00eda a sus hermanitas un poco de aquella sabidur\u00eda que hab\u00eda recibido en Gex.<\/p>\n<p>\u00a1Querido hogar de Confort! El porvenir se presentaba lleno de felicidad. La paz hab\u00eda vuelto a los esp\u00edritus y a los corazones, aunque todav\u00eda se segu\u00eda hablando de guerras, de expediciones, de combates y de victorias. En el coraz\u00f3n de Juana Mar\u00eda reinaba una gran paz y una inmensa alegr\u00eda, aunque empezaba a vislumbrar que ser\u00eda grande el sacrificio que habr\u00eda de hacer alg\u00fan d\u00eda, el d\u00eda se\u00f1alado por Dios, de todas aquellas cosas tan queridas que hab\u00edan rodeado de encanto su juventud.<\/p>\n<p>La guerra civil hab\u00eda cesado. Todos estaban ahora atentos a los triun\u00adfos militares que iban alcanzando los ej\u00e9rcitos imperiales. La religi\u00f3n, lo mismo que el estado, se iba levantando de las ruinas. Juana Mar\u00eda iba con frecuencia a la iglesia de la aldea. Saboreaba en paz la alegr\u00eda de ser cris\u00adtiana. \u00a1La sangre de los m\u00e1rtires hac\u00eda esperar un siglo maravilloso!<\/p>\n<p>La vida transcurr\u00eda con tranquilidad. Pero Juana Mar\u00eda segu\u00eda con sus sue\u00f1os. En el seno mismo de toda aquella felicidad familiar ella viv\u00eda el ideal religioso que hab\u00eda seducido su esp\u00edritu. Cuando se encontraba a veces con alg\u00fan vagabundo por la carretera a recib\u00eda a alg\u00fan mendigo en la puerta de casa, su coraz\u00f3n se enternec\u00eda, como siempre, ante la miseria humana; pera ahora se sent\u00eda sostenida por un fervor religioso, preludio y gusta anticipado de toda la vida de caridad que ella misma se promet\u00eda.<\/p>\n<p>En Gex, en su visita al hospital, hab\u00eda visto de cerca a los enfermos y a las hermanas abnegadas que les atend\u00edan. Deseaba volver a ver todo aquello, enfrentar una vez m\u00e1s su coraz\u00f3n con las grandes decisiones. Por otra parte, podr\u00eda ver de nuevo al se\u00f1or de Varicourt, el p\u00e1rroco de Gex que hab\u00eda sido su director. Y un buen d\u00eda indic\u00f3 a su madre su deseo: ir\u00eda a pasar en Gex unos d\u00edas en el hospital, para aprender a curar a los enfermos, una cosa que siempre es \u00fatil en la vida. \u00bfNo era adem\u00e1s una buena ocasi\u00f3n para visitar a las buenas religiosas ursulinas y agradecerles sus atenciones?<\/p>\n<p>La se\u00f1ora Rendu no se enga\u00f1\u00f3; no se hac\u00eda muchos proyectos sobre el porvenir de su hija, pues sab\u00eda que no pod\u00eda oponerse a sus deseos. Pero sobre todo no quer\u00eda contrariar a los designios de Dios, que ella empezaba a vislumbrar.<\/p>\n<p>Juana Mar\u00eda parti\u00f3 para Gex. Una de sus amigas le acompa\u00f1\u00f3 en el viaje. Las dos ten\u00edan el mismo deseo secreto de consagrar a Dios su por\u00advenir. En Gex se hicieron mutuamente confidencias. Y sus esperanzas com\u00adpartidas no hicieron m\u00e1s que reavivar sus deseas y aumentar su felicidad. Juana Mar\u00eda volvi\u00f3 a Confort, plenamente decidida a seguir la llamada divina. Y reanud\u00f3 la vida familiar, aguardando la llegada de la hora propicia. Y he aqu\u00ed que un buen d\u00eda -un gran d\u00eda- la se\u00f1orita Jacquinot, su amiga, vino a anunciarle su marcha: dentro de poco se ir\u00e1 a Par\u00eds, a las Hijas de la Caridad. Juana Mar\u00eda no ten\u00eda costumbre de vacilar. \u00a1La vida caminaba aprisa en su alma! \u00ab\u00bfTe marchas t\u00fa? \u00a1Me voy contigo!\u00bb Le di\u00adjeron que era demasiado joven; pero ella no se aten\u00eda a razones. \u00abA Dios le gusta la gente joven, lo mismo que a los hombres. \u00a1Entregu\u00e9mosle la flor en todo su frescor! Dios estar\u00e1 m\u00e1s contento\u00bb -\u00ab\u00bfPero, qu\u00e9 dir\u00e1 tu mam\u00e1?\u00bb -\u00abDe eso me preocupo yo\u00bb. Y acudi\u00f3 a los pies de su madre. -\u00abMadre, la se\u00f1orita Jacquinot se va a Par\u00eds. Me voy con ella\u00bb -\u00ab\u00bfA qu\u00e9 va?\u00bb -\u00abVa a entrar en el noviciado de Hijas de la Caridad. Y yo quiero entrar con ella\u00bb. Pero las cosas hay que pensarlas un poco; una madre no puede dejar marcharse as\u00ed a una hija tan joven. Es verdad que ella sab\u00eda muy bien que nada ser\u00eda capaz de estorbar la decisi\u00f3n de su hija. Sab\u00eda que era pia\u00addosa, reflexiva, tenaz, que conoc\u00eda muy bien lo que quer\u00eda y que lo quer\u00eda firmemente. Por otra parte sab\u00eda que aquella vocaci\u00f3n ten\u00eda todas las ga\u00adrant\u00edas que eran de desear. Pera a pesar de todo puso algunas reservas y se\u00ad\u00f1al\u00f3 todas las objeciones que exige la prudencia humana: hab\u00eda que esperar. Hab\u00eda que pedirle consejo al abuelo; y \u00e9ste se lo pedir\u00eda al se\u00f1or Emery, su padrino. Se atendr\u00edan a lo que \u00e9l dijera. Era lo m\u00e1s prudente. Y espera\u00adron. El se\u00f1or Emery escribi\u00f3 desde Par\u00eds que \u00e9l velar\u00eda por su ahijada, que las Hijas de la Caridad acababan de reconstruir su casa madre cerca de su residencia y que le ser\u00eda f\u00e1cil seguir a la novicia y velar por su salud. El abuelo dio tambi\u00e9n su consentimiento.<\/p>\n<p>Desde entonces todo el mundo estuvo conforme. La noticia corri\u00f3 por toda la casa. Todos sintieron una gran emoci\u00f3n, mezcla de admiraci\u00f3n y de pena. Pero hab\u00eda un gran coraz\u00f3n en aquella casa privilegiada. Todos se inclinaron ante el hero\u00edsmo de aquella muchacha y pusieron su sacrificio al lado del de ella. En aquella cosecha magn\u00edfica el sacrificio de las dos hermanas desoladas no fue el menos agradable a Dios. Del coraz\u00f3n de los ni\u00f1os Dios hace brotar las alabanzas m\u00e1s perfectas.<\/p>\n<h3>La marcha hacia la gran aventura<\/h3>\n<p>A finales de mayo del a\u00f1o 1802 la diligencia de Par\u00eds se detuvo ante el portal de la gran casa familiar, para recoger a Juana Mar\u00eda y a su com\u00adpa\u00f1era, la se\u00f1orita Jacquinot. La mam\u00e1, en su puesto de ama de casa y de madre de familia, punto de mira, apoyo y modelo, daba a todos ejemplo de coraje. Le hab\u00eda dicho sencillamente a su hija: \u00abHija m\u00eda, cuando te lleve la diligencia, ponte al lado de ac\u00e1, para que te pueda ver por m\u00e1s tiempo\u00bb.<\/p>\n<p>Y el conductor restall\u00f3 el l\u00e1tigo. La diligencia parti\u00f3 al trote de los caballos. La mirada de Juana Mar\u00eda y la de su madre se cruzaron por \u00faltima vez, los ojos se llenaron de l\u00e1grimas, llenas de r\u00e1fagas de cari\u00f1o. Y en un recodo del camino desapareci\u00f3 la diligencia.<\/p>\n<p>Ya no volver\u00edan a verse la madre y la hija m\u00e1s que una sola vez en la tierra.Pero la Providencia preparaba para Juana Mar\u00eda un destino ma\u00adravilloso del que su madre pod\u00eda sentirse ciertamente orgullosa. Y la mam\u00e1, por su parte, que hab\u00eda conservado para Dios el alma magn\u00edfica de su hija, se quedar\u00eda en su puesto para proseguir en el hogar su hermosa misi\u00f3n maternal.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>4. Siguiendo la vocaci\u00f3n Gex. El pensionado de las Ursulinas Juana Mar\u00eda iba creciendo en sabidur\u00eda y en gracia, objeto de las pre\u00addilecciones divinas. 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Javier es laico vicenciano, afiliado a la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n y miembro del Equipo de Misiones Populares de la provincia can\u00f3nica de Zaragoza (Espa\u00f1a) de la Congregaci\u00f3n de la Misi\u00f3n. Graduado en la Universidad Oberta de Catalunya con cuatro grados (Asistente de direcci\u00f3n, Gesti\u00f3n Administrativa, Recursos Humanos y Contabilidad Avanzada). Bil\u00edng\u00fce Espa\u00f1ol\/Ingl\u00e9s. gestiona y mantiene varias p\u00e1ginas web cristianas y vicencianas, incluida including La Red de Formaci\u00f3n Vicenciana, de la que es cofundador. Actualmente es responsable del \u00e1rea de Espa\u00f1ol de .famvin, la Red de Noticias de la Familia Vicenciana. Tambi\u00e9n es m\u00fasico cat\u00f3lico y ha editado varios discos. Es Director General y cofundador de Trovador, una reconocida compa\u00f1\u00eda discogr\u00e1fica critiana de Espa\u00f1a. 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